Saura: «siempre estoy pensando en el futuro»

Entrevista al director de cine, fotógrafo y escritor Carlos Saura, con motivo de la presentación su última novela, ‘Ausencias’, editada por el sello Laborinto
Librería Railowsky
53 Fira del Llibre de València

El eximio director de cine Carlos Saura ha recalado en la ciudad, en compañía del editor Emilio Pascual y del catedrático de la Univesidad de Alcalá de Henares Antonio Fernández Ferrer, para presentar ‘Ausencias’ –cuarta novela del autor, publicada por el sello madrileño Laborinto–, invitado por la Librería Railowsky y en pleno cronograma de la 53 Fira del Llibre de València.

Con tal motivo y tras los encuentros con el público celebrados en La Llotgeta y en la sede de la Librería Railowsky, Makma entrevista en los Jardines de Viveros (entre rúbicras y dedicatorias) al provecto y prolífico autor aragonés con el fin de aventurar una mirada reflexiva sobre algunos aspectos de su cosmogonía metodológica.

Se presenta en Valencia con su cuarta novela, ‘Ausencias’, polarizada en torno de la ausencia fotográfica, de la cámara como germen y elemento vertebrador y, a la par, como enigma.

Sí. Aunque no me gusta desvelar demasiadas cosas de la novela, la asuencia proviene de un libro de Diane Arbus, la fotógrafa americana (por cierto, maravillosa). Me compré un libro sobre su obra en Madrid y tenía una página rasgada, rota, y me pareció como una especie de violación de un libro tan precioso. Lo iba a devolver y entonces pensé: “en vez de devolverlo, voy a pensar qué es lo que había en esta página”. Entonces comencé a escribir la novela.

¿Se advierte usted en la narrativa transitando por un territorio libérrimo, en comparación con otros oficios artísticos?

No. Lo que pasa es que escribir es un proceso solitario, es una maravilla. En el cine escribir un guión es igual, estás solo, pero luego tienes que hacer una película y estás con cuatrocientas personas; es un lío trabajar con un grupo tan grande de gente. En cambio, dibujar, pintar, escribir música (no interpretarla, claro) o escribir una novela son procesos solitarios y todo lo que ocurrre te sucede a ti, no hay nadie que te pueda ayudar; eso me parece muy interesante.

Carlos Saura, durante un instante del acto de presentación de su novela 'Ausencias', en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Carlos Saura, durante un instante del acto de presentación de su novela ‘Ausencias’, en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Sin duda, un concepto que puede ajustarse a su perfil creador es el dilentantismo, en tanto que usted ejerce y se nutre de múltiples campos, influjos e inquietudes.

Es verdad. Yo digo siempre que soy un aficionado de todo. De la fotografía menos, porque he sido profesional y puedo ser un buen fotógrafo si quiero, aunque no me interesa serlo tampoco. Pero en cuanto a todo lo demás, excepto el cine, son cosas periféricas que me sirven, en el fondo, para cultivarme y estar con la cabeza despierta y para hacer alguna película, aunque no siempre. Creo que escribo ahora mucho mejor que antes, porque, como todo en la vida, si escribes todos los días un poco terminas escribiendo bien, como sucede con la fotografía, la pintura, todo; si practicas terminas haciéndolo mejor. Pero bueno, nunca presumo de ser un gran pintor ni escritor, ni me interesa.

¿Encontrarse en permanente ebullición creativa también es un motivo para no volcar la mirada o no revisitarse?

Sí, a mí no me interesa revisitar mi obra, nada. A veces, no tengo más remedio, porque he hecho más de cuarenta películas y, en ocasiones, me reclaman de un festival o me realizan un homenaje y me da vergüenza levantarme y marcharme; no tengo más remedio que verlo. No me gusta nada ver mis películas, siempre estoy pensando en el presente y en el futuro, en lo que vas a hacer, y no en lo que has hecho ya, porque eso es muy aburrido. Es más, a veces las veo y no me parece que sean mías.

¿Qué le ha parecido el trabajo documental sobre su trayectoria implementado por Félix Viscarret en ‘Saura(s)’?

Me pareció bien. Un trabajo muy agradable. Me convenció, vino a mi casa, me habló del proyecto, fue muy simpático y amistoso y dije: “Venga, vamos a lanzarnos a esta aventura”. Lo malo es que ahora hay varias personas que quieren hacer lo mismo y ya me niego. Ese documental está hecho y ya está.

Sobre usted puede componerse un retrato de infatigable y diversificado autor que se adentra en ciertos territorios recurrentes. ¿Qué papel de relevancia concede a la obsesión como elemento de creación?

Creo que eso es muy importante, siempre que eso no te lleve a ausencias. Debe tenerse mucho cuidado con esos límites. Pero las obsesiones son fundamentales en la vida; y no solo eso, sino la pasión por las cosas. Buñuel decía una cosa que a mí me interesaba mucho: “la pasión lo justifica todo”. Si embargo, yo creo que no, que no justifica un crimen, por ejemplo. Para él hasta un crimen, si es pasional, estaba justificado. Yo creo que eso es una barbaridad, sobre todo ahora.

Carlos Saura, en compañía de Juan Pedro Font de Mora, propietario de la Librería Railowsky, y Merche Medina, miembro de la revista Makma y co-directora de Versos y Trazos Editorial, durante la firma de ejemplares del director y escritor aragonés en la 53 Fira del Llibre de Valéncia. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Carlos Saura, en compañía de Juan Pedro Font de Mora, propietario de la Librería Railowsky, y Merche Medina, miembro de la revista Makma y co-directora de Versos y Trazos Editorial, durante la firma de ejemplares del director y escritor aragonés en la 53 Fira del Llibre de Valéncia. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Una de sus pasiones artísticas de fuste profesional, como mencionaba, se encuentra en la fotografía. Sin embargo, no solo le concede relevancia a la composición de la imagen sino a los entresijos de su mecánica, a las entrañas de la cámara fotográfica. 

Sí, siempre he sido muy manitas, muy habilidoso. Durante una temporada construía muebles para mi casa, por ejemplo. Y, sobre todo, llevo muchos años trabajando con los objetivos y las cámaras, desmontándolas, tratando de arreglarlas, aunque a veces no las arreglo, sino que las destruyo (risas). Encuentro fundamental trabajar con las manos, con los dedos. Es una cosa esencial, no solo escribir y pensar, sino que hay que hacer cosas manuales. Esa es una gran ventaja de los pintores, por ejemplo; por eso ellos suelen vivir muchos años en general, porque trabajan de pie, permanecen activos, etc.

¿Qué les aconsejaría al respecto a los nativos digitales?

A los nativos digitales hay que decirles que trabajen con las dos manos. No solamente con la derecha, sino también con la izquierda. Me parece que es muy importante tener ocupadas siempre las dos manos; no perder la manualidad. Es algo que veo en mis propios hijos, especialmente a través de los teléfonos móviles. Aunque he visto a mi hija escribir con las dos manos y no parece una cosa tan fácil.

Esta transformación técnológica aplicada al cine puede convertir a la figura del director en un potencial y verdadero demiurgo, que no solo es capaz de controlar aquellas cuestiones que afectan a la semántica y al contenido de sus creaciones, sino que también se encuentra facultado para dominar todos los elementos técnicos. Sin embargo, usted siempre se ha caracterizado por procurar una férrea autoridad sobre todas las facetas metodológicas que entran en juego durante el rodaje. 

Yo he intentado siempre controlarlo todo. Sobre todo a partir de ‘La caza’, porque yo hice una película anterior, que se llamaba ‘Llanto por un bandido’, que la montaron en Italia y no llevaron a cabo nada de aquello que quería montar. A partir de ahí decidí controlar absolutamente todo, haciendo películas pequeñas que pudiera controlar (aunque he hecho alguna grande); que no se escape nada, ni la música, ni la fotografía. He trabajado con fotógrafos estupendos, pero si hay algo que no me gusta lo digo directamente. No hay nada que no me guste que esté presente en mis películas.

De todos modos, en el cine tienes que delegar. Si tienes un fotógrafo como Vittorio Storaro, que es una maravilla, ya sabes que llegas a un acuerdo con él. Puede haber alguna cosa que no te guste, pero, vamos, pocas cosas, porque ya estamos muy de acuerdo. Es una tranquilidad tener a una persona que es una maravilla iluminando y que sabe iluminar mucho mejor que tú. Yo puedo hacer técnicamente una película en blanco y negro, pero nunca la podría hacer en color; el color es muy complicado.

¿Cómo ha recibido y aplicado esta metamorfosis digital en el universo cinematográfico?

El cine ha cambiado radicalmente, como la fotografía. Las cámaras digitales son cada vez más perfectas. Rodar con cámaras digitales es una comodidad enorme, porque antes se paraba cada diez minutos, había que cambiar el rollo, nunca veías el material hasta que no se positivaba en el laboratorio y, de repente, te llevabas sorpresas, como un micrófono que se veía por ahí y había que cambiar la toma. Ahora con un par de monitores y demás estás viendo y dominando todo ese campo. En ese sentido, como en la fotografía, se ha dado un salto vertiginoso; estoy completamente a favor de estos cambios. No soy como algunos que piensan que todo era mejor antes (eso es una tontería).

El director de cine y escritor aragonés Carlos Saura posa frente al Mercado Central de Valéncia en los instantes previos a su encuentro con el público en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

El director de cine y escritor aragonés Carlos Saura posa frente al Mercado Central de Valéncia en los instantes previos a su encuentro con el público en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

 

El hombre que ríe

‘El hombre que ríe’ de Iñigo Royo
ARTIUM, Sala Este Baja
C/ Francia, 24, Victoria-Gasteiz
Hasta el 16 de octubre de 2016

Artium, Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo, presenta ‘El hombre que ríe’, una exposición de Iñigo Royo sobre «el barullo idiota que formamos viviendo juntos» y «la risa amarga que asoma (…) ante la contemplación del espectáculo». La muestra reúne instalaciones, vídeos, fotografías y una pieza sonora, contiene referencias literarias habituales en Royo, y establece una mirada irónica y escéptica sobre muchos aspectos de la realidad cotidiana, desde la política hasta las nuevas tecnologías. La exposición es una producción de Artium y cuenta con un catálogo con textos del artista, de Santiago Eraso y del escritor José Luis Arántegui. Su inauguración se completa con una conferencia previa de Iñigo Royo, mientras que en otoño tendrá lugar un ciclo de cine.

El dramaturgo, novelista y poeta irlandés Samuel Beckett se encuentra en el origen de ‘El hombre que ríe’. En su recuerdo, Iñigo Royo ha encontrado dos palabras, barullo y risa, a partir de las cuales ha construido un relato, una forma de explicar el mundo desde «el humor y el caos». Trece obras –instalaciones, fotografías, vídeos y una pieza sonora- se ordenan en la Sala Este Baja y en el exterior de Artium, ofreciendo además una muestra de los trabajos de Royo desde 2009 hasta el presente.

Iñigo Royo reclama la atención del visitante en su entrada al Museo con ‘Advertencia’, una acción sobre la fachada principal de Artium, en la que ha rotulado en grandes caracteres «aquí no caben ni fantasías ni ocurrencias». El mismo aviso se repetirá después, ya en la Sala Este Baja, en una instalación fotográfica con el mismo título, en cuyas imágenes se reconocen distintos edificios públicos con el mismo lema rotulado en sus muros.

Pero antes de acceder a la galería, justo ante su puerta, el visitante aún podrá esbozar una primera sonrisa con ‘Unión Europea. Manual de autoayuda’. El artista ha tomado el programa electoral de un partido en las últimas elecciones europeas y ha reordenado y grabado las palabras en función del número de veces que aparecen en el texto.’El hombre que ríe’, la obra que da título a la exposición, se despliega en 10 monitores nada más traspasar la puerta: el artista utiliza el detector de sonrisas de algunas cámaras fotográficas avanzadas dejando que el instrumento decida qué es risa y que no. A su lado ‘Hello Barbie’, una pieza en la que la muñeca –un modelo teóricamente capacitado para responder a lo que se le dice- recibe mil insultos del idioma castellano.

El hombre que ríe. Imagen cortesía Artium.

El hombre que ríe. Imagen cortesía Artium.

De Buñuel a Buñuel
El perímetro del espacio central de la exposición está recorrido por ‘Babel’, en la que escribe el resultado de la traducción sucesiva de un texto de Buñuel a través de los noventa idiomas del intérprete automático de Google, para regresar finalmente al castellano; la frase final, como cabe esperar, no tienen nada que ver con la original. En este mismo espacio, ‘Advertencia’ retoma en más de 50 fotos la idea plasmada en la fachada del Museo.

‘Tribulaciones y mudanzas’ es una serie de siete fotografías que reproduce siete figuras de papel –una pajarita, un barco, un avión…- realizadas con las portadas de los periódicos del 21 de octubre de 2011, con la noticia del abandono de la violencia por parte de ETA. A su lado, ‘Esperpento’ es una instalación fotográfica en la que sesenta imágenes de Google Earth y fragmentos de diálogos de ‘Luces de Bohemia’, de Valle-Inclán, conforman un particular mapa de España. En el centro de este espacio, ‘Ab-alio’, proyecto videográfico basada en los conocidos ‘Listados’ de Ignasi Aballí y que, en sus múltiples vídeos, ofrece “un variado y tragicómico abanico de asuntos relacionados con la vida cotidiana”.

La muestra se cierra con tres obras finales: ‘Benditos tímidos’, una serie de fotografías a partir de álbumes familiares en los que se destaca a los «maravillosos tímidos, que no querían perpetuar su imagen, convencidos de que es preferible pasar sin dejar rastro»; ‘Diálogos con Luciano’, el canario que tuvo durante un tiempo y que un día dejó de cantar; y ‘Quid pro quo’, cortometraje en el que un lector pone al día de las noticias de prensa a Luis Buñuel en un monte cercano a Calanda, donde fueron esparcidas sus cenizas.

Fotógrafo, profesor de fotografía, foto-reportero, guionista y director de cortometrajes, artista, Iñigo Royo (Donostia-San Sebastián, 1962) es, por formación, licenciado en psicología. Desde que en 1988 recibiera el premio Jóvenes fotógrafos del Ministerio de Cultura, ha participado en innumerables exposiciones colectivas en ciudades como Madrid, Barcelona, Vigo, Bilbao, Vitoria-Gasteiz, Donostia- San Sebastián, Berlín o Nueva York. Su obra forma parte de las colecciones de la Fundación La Caixa, Museo Reina Sofía, CGAC, Banco de España y Ordóñez-Falcón y otros fondos privados, entre otras.

La autenticidad siniestra de José Hernández

José Hernández
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 6 de septiembre, 2015

José Hernández, lo recordó Manuel Chirivella, era un pintor del “soñar despierto”. De manera que cabría entroncarlo con el movimiento romántico, allí donde éste se hace cargo de la irrupción de lo siniestro como fenómeno estético allá por el siglo XIX. Romanticismo que viene a su vez a dar voz a todo aquello que la Ilustración, en tanto discurso de la racionalidad científica, negaba. De ahí que José Hernández (Tánger, 1944, Málaga, 2013) pintara despierto los sueños que sin duda nos atemorizan. La objetividad exacerbada de la vigilia dándose paradójicamente la mano con la no menos intensa visión subterránea de los sueños. ¿O habría que decir, para ser más exactos, pesadillas?

Obra de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Obra de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Porque en José Hernández se aprecia el encuentro, después de todo, de ambas tendencias disociadas de la mente humana. Por un lado, cierto naturalismo extremo, que se puede ver en la proliferación de extraños bichos y monstruos tan propios de la literatura fantástica. Y, por otro, cierto desgarro existencial, sin duda proveniente de esa misma pasión por alcanzar las capas más profundas del inconsciente. No es extraño, por ello, que ‘La metamorfosis’ de Kafka sea uno de los libros ilustrados por Hernández y, sin duda, de los mejores.

Obras de José Hernández en el Centro del Carmen.

Obras de José Hernández en el Centro del Carmen.

Los artistas como José Hernández no se encuentran cómodos en los juegos de seducción y comunicación que ahuyentan lo real de la experiencia humana, para ofrecernos a cambio una visión reconfortante de nuestro paso por la tierra. Frente a esos otros discursos más amables de la lógica comunicativa o el glamour publicitario, Hernández contrapone el áspero acercamiento a la vida corrupta que el tiempo inexorablemente impone. Lo auténtico, parece decirnos José Hernández con su obra, se encuentra próximo a lo siniestro, nunca cerca de la almibarada realidad.

Ópera veneciana, de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Ópera veneciana, de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Esta práctica artística, que sin duda entronca igualmente con la prolongación del romanticismo que supuso la emergencia de las vanguardias, tiene mucho que ver con ese soñar despierto antes aludido. José Hernández, del que su viuda Sharon Smith dijo que trabajaba diez horas diarias en su estudio, se limitaba a plasmar lo que su mente afloraba durante su apasionada vigilia. De manera que más que interpretar los sueños que cristalizan en su premiada obra, lo que Hernández hace es dejar que estos emerjan a borbotones para captarlos al vuelo en estado de hipnosis.

Memoria meteorológica, de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Memoria meteorológica, de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

El Centro del Carmen del Consorcio de Museos y el Palau de Valeriola de la Fundación Chirivella Soriano han tenido que sumar sus espacios para acoger tamaña cantidad de seres monstruosos, a mitad de camino entre el sueño de la razón y su pesadilla siniestra. Más de 150 obras, entre las de su primera etapa (acogidas en Valeriola) y las realizadas a partir de los 80 (en el Carmen), que dan cuenta del desgarro existencial que provoca el encuentro de ambas exacerbaciones: la realista científica y la surrealista romántica.

Privilegios deshidratados, de José Hernández. Centro del Carmen.

Privilegios deshidratados, de José Hernández. Centro del Carmen.

Pinturas, dibujos, ilustraciones, carteles, esculturas y diseños de escenografías teatrales (conoció a Bacon, Buñuel, Ginsberg, Kerouac y Orson Welles, entre otros), que dejan espléndida huella del quehacer artístico del que fuera, con todo merecimiento, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1981. Un quehacer basado en la autenticidad que, al estar ligada al horror, daría pie a otra historia no menos apasionada acerca de lo siniestro como destino del arte vaciado de dimensión simbólica. José Hernández la promueve con su obra inquietante y sin duda fantástica en todos los sentidos.

Detalle de una de las obras de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Detalle de una de las obras de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Salva Torres

Xismo Mensua, premio FCB en La Nau

II Premio Adquisición Fundación Cañada Blanch
Common. 2015, de Xisco Mensua
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 2 de mayo, 2015

La sala Acadèmia del Centre Cultural La Nau acoge la exposición ‘II Premio Adquisición Fundación Cañada Blanch’ (FCB). Juan López Trigo, presidente de la FCB, fue el encargado de entregar el premio al ganador de esta segunda edición, Xisco Mensua, con la obra ‘Common. 2015’. Juan Viña, doctor en Medicina y miembro del jurado, Olga Adelantado, presidenta de la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana (LaVAC) y el vicerrector de Cultura e Igualdad de la Universitat de València, Antonio Ariño, destacaron asimismo, durante la el acto de entrega del premio, la labor de las tres instituciones implicadas a favor de la difusión del arte contemporáneo y la consolidación de este galardón.

La FCB con este premio busca “fomentar la difusión de la cultura en general y del arte contemporáneo en particular así como la labor indispensable de las galerías de arte”. Y para conseguir su objetivo, este año ha querido mostrar al público la calidad de las obras que optaban al galardón, en una exposición única, con 30 piezas seleccionadas por 19 prestigiosas galerías como partes  especiales de sus colecciones para optar a este premio.

En la primera edición, López-Trigo aseguró que el premio nacía con “vocación de futuro” porque “si queremos que las galerías y los artistas reciban apoyo y se les ponga en valor, no se puede hacer sólo un año y de forma aislada, así que esperamos el año que viene más propuestas”. La exposición inaugurada el pasado martes 31 de marzo podrá verse en la sala más importante de la Nau hasta el 2 de mayo de 2015.

Fotograma de 'El ángel exterminador', de Luis Buñuel, una de las referencia utilizadas por Xisco Mensua para su obra 'Common. 2015', II Premio Adquisición Fundación Cañada Blanch.

Fotograma de ‘El ángel exterminador’, de Luis Buñuel, una de las referencia utilizadas por Xisco Mensua para su obra ‘Common. 2015’, II Premio Adquisición Fundación Cañada Blanch.

La selección fue realizada por el jurado representado por Lorena Corral, historiadora del Arte, comisaria independiente y directora de la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación Coca-Cola; José Luis Clemente, historiador del Arte, profesor del máster de producción artística en BBAA de Valencia especialista en arte contemporáneo; Juan López-Trigo, presidente de la Fundación Cañada Blanch; Carlos Pascual, patrono de la FCB, notario y coleccionista de Arte; Juan Viña, patrono de la FCB, doctor en medicina y coleccionista de Arte y Norberto Piqueras, de exposiciones del vicerrectorado de Cultura de la Universitat de València.

Finalmente y tras varias horas de deliberaciones,  Xisco Mensua, con su obra ‘Common. 2015’ (impresión de tintas pigmentadas sobre papel Hahnemühle Ultrasmoth 305 gms., montada sobre cartón pluma de 10 mm)  recogió el II Premio Adquisición FCB junto a su galerista Rosa Santos y a los artistas de las galerías  Luis Adelantado, Aural, Benlliure, Isabel Bilbao, Alba Cabrera, Cànem, Espaivisor, Misterpink, Galería del Palau, Parking Gallery, pazYcomedias, Punto, Rosalía Sender, Set Espaid’Art, EspaiTactel, Galería Thema, TrentatresGallery y Galería 9, que también presentaron obras.

El trabajo de Xisco Mensua utiliza el tiempo como espacio donde verter y desarrollar una serie de conceptos y temas complejos relacionados entre sí. Materias como la poesía, filosofía, medios de comunicación, educación e infancia, entre otros, son referencias recurrentes en sus series de dibujos, generalmente polípticos, pinturas y collages.

Así, en ‘Common. 2015 conviven Blas de Otero, José María Goytisolo, Boris Pasternak, Jean Marie Straub, Danièle Huillet, Jean Tinguely, Niki de Saint-Phalle, Pier Paolo Pasolini, Wolf Vostell, Nam June Paik, Benjamin Patterson, Andy Warhol, Gilles Deleuze, Félix Guattari…con fotogramas de El Angel Exterminador de Luis Buñuel.

Common. 2015, obra de Xisco Mensua premiada.

Common. 2015, obra de Xisco Mensua galardonada con el II Premio Adquisición Fundación Cañada Blanch. Cortesía de los organizadores. 

Buñuel, la imposible relación sexual

Él, de Luis Buñuel
Básicos de la Filmoteca
Filmoteca de CulturArts IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Jueves 19 de febrero, a las 19.00h

Luis Buñuel dirige en 1929 con Salvador Dalí su primera película, ‘Un perro andaluz’ que, junto a ‘La edad de Oro’ (1932), representa al movimiento vanguardista surrealista. En ‘Un perro andaluz’ está recogido uno de los planos más estremecedores de la historia del cine: aquél en el que una mano de hombre corta con una navaja de afeitar un ojo femenino.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

En 1977, Luis Buñuel rueda su última película, ‘Ese oscuro objeto del deseo’. Un film que termina con otro potente primer plano de una mano de mujer zurciendo el desgarro de un encaje ensangrentado, un instante antes de que la explosión de una bomba ponga fin a la historia. “Es el último plano que yo he rodado, me conmueve (…)”, declaró Buñuel.

Fotograma de 'Ese oscuro objeto del deseo', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Ese oscuro objeto del deseo’, de Luis Buñuel.

Estos dos planos condensan y connotan la filmografía de Luis Buñuel. El primero nos remite al ‘cine-navaja’, que desgarra la mirada del espectador a través de la escritura surrealista que atraviesa la obra del realizador de Calanda. Y el segundo hilvana metafóricamente ese oscuro objeto femenino de deseo que arrebata el universo fílmico del director.

Surrealismo y pulsión

Luis Buñuel quedó fascinado con el movimiento surrealista desde que lo descubre en su primer viaje a París (1929-31). “Por primera vez en mi vida, había encontrado una moral coherente y estricta, sin una falla. Por supuesto, aquella moral surrealista, agresiva y clarividente solía ser contraria a la moral corriente, que nos parecía abominable, pues nosotros rechazábamos en bloque los valores convencionales. Nuestra moral se apoyaba en otros criterios, exaltaba la pasión, la mixtificación, el insulto, la risa malévola, la atracción de las simas”.

Si las proclamas del surrealismo en torno a esa total libertad, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, prendaron a Buñuel, su cine cautivó igualmente al líder y pensador del movimiento surrealista, André Breton: “El genio de Buñuel siempre me ha parecido que radicaba en lo que exaltado y exasperado hasta el límite tiene en él el conflicto entre el instinto sexual y el instinto de muerte”.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

El cine de Luis Buñuel está, de hecho, surcado por esa mirada surrealista y atravesado por cierta pulsión. Una pulsión que proviene de esa visión surrealista que está más allá de cualquier límite. Y, como señala el catedrático Jesús González Requena, un surrealismo abocado a la representación favorable “de toda manifestación pulsional, primaria, violenta y destructiva”. Representación pulsional que sólo puede conducir “a la aniquilación inevitable, en un solo y único movimiento, de la cultura, del sujeto y del deseo”. Porque la pulsión refleja la violencia que nos habita como sujetos, al no querer saber nada del límite de la represión.

Para corroborar esta idea sólo hay que leer las palabras de André Bretón y Luis Buñuel recogidas en la biografía del director, ‘Mi último suspiro’: «Decía Breton, por ejemplo, que el gesto surrealista más simple consiste en salir a la calle revólver en mano y disparar al azar a la gente. Por lo que a mí respecta, no olvido haber escrito que ‘Un chien andalou’ no era si no un llamamiento al asesinato”.  Y Buñuel agrega: “El símbolo del terrorismo, inevitable en nuestro siglo, siempre me ha atraído; pero del terrorismo total cuyo objetivo es la destrucción de toda sociedad, es decir, de toda especie humana”.

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Así pues, el cine de Luis Buñuel, influenciado por el pensamiento surrealista, como señala González Requena, “no ve en la civilización otra cosa que el sistema de mascaras hipócritas con las que se reprime y somete el deseo del individuo hasta la aniquilación total de su libertad. Y, por eso, en la medida en que hace de la liberación absoluta de su deseo su bandera, proclama su rechazo a toda restricción, a toda represión”.

Por tanto, podríamos pensar que en el cine de Luis Buñuel no hay límite a la satisfacción de los deseos de los personajes. En cambio, como comenta el propio director, la estructura de su cine conlleva “la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo. En ‘La edad de oro’, una pareja quiere unirse sin conseguirlo. En ‘Ese oscuro objeto de deseo’, se trata del deseo sexual de un hombre en trance de envejecimiento, que nunca se satisface”. A estas dos películas que cita el director podemos añadir ‘Un perro andaluz’ (1929), ‘Susana’ (1950), “Él” (1952) –la película que se presenta este jueves en Básicos de la Filmoteca- y ‘Ensayo de un crimen’ (1955).

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Las palabras de Luis Buñuel reflejan una curiosa paradoja y abren una inquietante pregunta: ¿Cómo es posible que un universo narrativo cuyo sentido tutor está habitado por las premisas surrealistas de libertad total, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, los personajes se hallen ante la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo, como que una pareja pueda consumar la relación sexual?

¿No será porque en el cine de Luis Buñuel el deseo no moviliza a los sujetos, sino la pulsión, como muy bien alabó André Breton cuando habló del genio de Buñuel?

Como subraya González Requena: “Si la represión de la pulsión es la condición de la civilización, no por ello el concepto de represión debe ser concebido como antagónico con el deseo. Por lo contrario: la represión no es lo opuesto al deseo, sino su condición; es la represión de la pulsión lo que determina la configuración del deseo, no menos que del inconsciente”.

Razón por la cual, la cámara de Luis Buñuel, que graba a nivel del inconsciente surrealista, sin represiones, ni límites, termina finalmente narrando historias donde el encuentro sexual se torna imposible.

Fotograma de la película 'Él', de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Fotograma de la película ‘Él’, de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Begoña Siles

Berlanga ya sienta Cátedra

Amor y cine: Berlanga, Buñuel y Hitchcock
Palacio de Colomina
C / l’Almodí, 1. Valencia
Del 11 al 15 de diciembre

La Cátedra Berlanga nació oficialmente a principios de este año, mediante el acuerdo establecido entre la Universidad CEU-Cardenal Herrera y la Filmoteca de CulturArts IVAC. Nació para propiciar la investigación de la obra del cineasta valenciano más internacional y nutrir de contenidos académicos el Berlanga Film Museum (BFM), que dirige Rafael Maluenda. Hasta ahí la secuencia oficial. Lo que viene después corresponde a su puesta de largo, de manera que ese nacimiento no quede en un simple parto imaginario.

Fotograma de 'Novio a la vista', de Luis García Berlanga.

Fotograma de ‘Novio a la vista’, de Luis García Berlanga. Jornadas de cine en el Palacio de Colomina. Imagen cortesía de los organizadores.

La puesta en marcha de unas jornadas de análisis, que arrancaron el jueves en el Palacio de Colomina y se extienden al lunes, ya es síntoma de que la Cátedra Berlanga va en serio. En esas jornadas se analizan la película ‘Novio a la vista’, junto a las de Buñuel y Hitchcock ‘Abismos de pasión’ y ‘La ventana indiscreta’, bajo el lema ‘Amor y cine’ y aprovechando que las tres cumplen 60 años. Serán los primeros contenidos, a nivel académico, del BFM aportados desde la Cátedra Berlanga que dirige Begoña Siles, profesora de la Universidad Cardenal Herrera.

“Queremos que sea un referente a nivel nacional e internacional no sólo en cuanto espacio de investigación de la obra de Berlanga, sino del cine mediterráneo, español y europeo de manera que sus películas puedan ser relacionadas con otras cinematografías afines a su trabajo”, destaca Begoña Siles. Las jornadas ‘Amor y cine’, organizadas por CulturArts IVAC y CEU-Cardenal Herrera, en colaboración con la Asociación Cultural Trama y Fondo y el Berlanga Film Museum, son el primer paso en esa dirección. Un segundo paso ilustrativo de esa voluntad lo anuncia la propia directora de la cátedra: “Hemos establecido contactos con Departamentos de Hispánicas de países anglosajones y su reacción ha sido tremendamente positiva”. Y pone el ejemplo del Trinity College de Dublín, donde se están realizando dos tesis doctorales sobre Berlanga.

Fotograma de La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock. Jornadas de cine en Palacio de Colomina. Imagen cortesía de los organizadores.

Fotograma de La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock. Jornadas de cine en Palacio de Colomina. Imagen cortesía de los organizadores.

“¿Qué envidia, no?”

“Eso es lo que pretendemos hacer extensible aquí”.

Begoña Siles quiere potenciar la investigación acerca de la obra de Berlanga, sobre todo después de constatar este hecho: “Los alumnos no conocen a Berlanga y cuando lo hacen se sorprenden de la contemporaneidad de sus películas”. Tal y como ha ocurrido en el ‘Maratón sobre Berlanga’, incluido en el certamen audiovisual Proyecta que el CEU realiza desde hace 10 años, y de donde han salido los tres cortometrajes finalistas relacionados con el trabajo del autor de ‘Bienvenido, Mr. Marshall’. Una alusión paródica a este último film fue el ganador: ‘Bienvenido Mr. Whatssap’.

“La Cátedra Berlanga es un paso de gigante para dar a conocer la obra de un cineasta cuya figura muchos consideran equivalente a la de Goya o Valle Inclán”, afirma Rafael Maluenda. José Luis García Berlanga ha señalado en múltiples ocasiones que la obra de su padre contiene la historia de España del siglo XX. Maluenda indica que la contemporaneidad de sus películas se debe a “la universalidad de lo que cuenta”. Y pone como ejemplo el “enorme éxito” de un reciente ciclo en la República Checa, donde “el público estalló en carcajadas con ‘Bienvenido Mr. Marshall’ y con ‘Tamaño natural’, que es una película que a Berlanga se le achacó de ponerse serio”.

Las jornadas de cine en el Palacio Colomina cuentan con la participación de profesores de diferentes universidades, como Jesús González Requena, Luis Martín Arias e Ignacio Lara, además de los mencionados José Luis García Berlanga, Rafael Maluenda y Begoña Siles. Como actividad paralela, se presentó el jueves el libro ’29 miradas sobre Spielberg’, coordinado por Pau Gómez y que contó con la presencia del director Jaume Balagueró, el escritor Santiago Posteguillo, la editora Susana Alfonso y el propio Rafael Maluenda.

Programa completo de las jornadas:

JornadasAmoryCine

Fotograma de 'Novio a la vista', de Luis García Berlanga.

Fotograma de ‘Novio a la vista’, de Luis García Berlanga. Jornadas de cine en el Palacio de Colomina. Imagen cortesía de la organización. 

Salva Torres

“La Cátedra será referente de estudio al cine español”

Desayunos Makma en Lotelito
Con Begoña Siles, directora de la Cátedra Berlanga, y Rafael Maluenda, director del Berlanga Film Museum
Entrevistados por Vicente Chambó y Salva Torres, dirección Makma

Aunque Begoña Siles, directora de la Cátedra Berlanga, y Rafael Maluenda, director del Berlanga Film Museum (BFM), se sorprendan de que haya estudiantes universitarios que todavía no conozcan a Luis García Berlanga, lo cierto es que el autor de ‘Bienvenido, Mr Marshall’ es de sobra el director valenciano más conocido a nivel nacional e internacional. Es más: su obra fílmica constituye toda una referencia cultural dentro y fuera de nuestro país. Referencia que, a falta de otros impulsos que tienen más que ver con la idiosincrasia autóctona, la alianza entre la Universidad CEU Cardenal Herrera y Filmoteca de CulturArts IVAC están dispuestas a explotar como se merece.

Rafael Maluenda en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Rafael Maluenda en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

“La Cátedra es un paso de gigante para dar a conocer la obra de Berlanga”, señala Maluenda, que equipara la figura del autor de ‘El verdugo’ con la de Goya o Valle Inclán. “Queremos que sea un referente a nivel nacional e internacional en la investigación no sólo de su obra, sino del cine español, mediterráneo y europeo”, apunta Siles. Para empezar, ahí están las jornadas de cine organizadas por el CEU, impulsora de la Cátedra Berlanga, y CulturArts, que firmó un acuerdo de colaboración con la institución académica para que la cátedra surtiera de contenidos el Berlanga Film Museum.

Begoña Siles en un momento de los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Begoña Siles en un momento de los Desayunos Makma de Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

“En las jornadas (que arrancan el jueves 11 en el Palacio de Colomina) ponemos a Berlanga en relación con otros directores, en este caso, Luis Buñuel y Alfred Hitchcock”, explica Siles. Mediante el análisis de las películas ‘Novio a la vista’, ‘Abismos de pasión’ y ‘La ventana indiscreta’, por parte de estudiosos del cine, la Cátedra Berlanga dispondrá de un valioso material que colgará en su web y en el museo virtual BFM, arrancando así la alianza entre ambas entidades.

Rafael Maluenda en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito.

Rafael Maluenda en un momento de la entrevista en los Desayunos Makma de Lotelito.

La Cátedra Berlanga es, junto a la de Valladolid (ésta con más de 50 años a sus espaldas), la única que hay en España sobre cinematografía. Singularidad a la que se suma el museo virtual que, junto al de Calanda dedicado a Buñuel, es también único a la hora de difundir la obra y personalidad de un cineasta. Por eso Begoña Siles y Rafael Maluenda son conscientes del valor de lo que tienen entre manos.

De izquierda a derecha, Salva Torres, Vicente Chambó, Begoña Siles y Rafael Maluenda. Fotografía: Fernando Ruiz.

De izquierda a derecha, Salva Torres, Vicente Chambó, Begoña Siles y Rafael Maluenda. Fotografía: Fernando Ruiz.

“Estamos ya en contacto con Departamentos de Hispánicas de países anglosajones e Institutos Cervantes para establecer acuerdos de investigación y la reacción ha sido tremendamente positiva”, destaca Siles, que agrega con envidia: “En el Trinity College de Dublín se han presentado ya varias tesis doctorales sobre Berlanga”. Maluenda, por su parte, subraya las más de 25.000 visitas del BFM, lo cual es “mucho para un museo que no ha tenido tanta publicidad en su arranque”. Y añade: “Lo que tenemos expuesto es la punta del iceberg, porque falta catalogar todo lo que existe en su estudio”.

Begoña Siles, en un momento de la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

Begoña Siles, en un momento de la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

Y aquí empiezan los problemas debido a la falta de dinero. “Es necesario tener ayudas públicas y privadas, porque el Centro Buñuel de Calanda, por ejemplo, cuenta con ayudas del Gobierno aragonés”, algo que Begoña Siles apunta en su debe como directora de la Cátedra: “Intentaré involucrar a empresas privadas de cara a próximas jornadas y proyectos”. Maluenda, cuyo presupuesto se gestiona directamente desde CulturArts (“la verdad es que no sé la cantidad disponible”), reconoce la falta de dinero de un proyecto que nació como plataforma de difusión de la obra de Berlanga. Lo de museo físico ya es otro cantar. “Sería interesante que tuviera un espacio como lo tiene Calanda”, dice Siles. Maluenda asiente, pero reconoce que el museo virtual permite que “cualquiera puede acceder a la obra de Berlanga a un solo clic de casa”.

De izquierda a derecha, Salva Torres, Vicente Chambó, Begoña Siles y Rafael Maluenda. Fotografía: Fernando Ruiz.

De izquierda a derecha, Salva Torres, Vicente Chambó, Begoña Siles y Rafael Maluenda. Fotografía: Fernando Ruiz.

Tan dados a valorar lo ajeno en detrimento de lo propio, Begoña Siles y Rafael Maluenda suman fuerzas para revertir esta tendencia a favor del autor de ‘Plácido’. “Para explicar un plano secuencia solemos acudir a películas como ‘Sed de mal’ (Orson Welles), cuando nada mejor que el cine de Berlanga para poder ilustrarlo”, sostiene Siles. “En un ciclo que se le dedicó hace poco en la República Checa, que tuvo gran éxito, el público estalló en carcajadas con ‘Bienvenido Mr. Marshall’ y ‘Tamaño natural’, lo cual dice bien a las claras la proyección internacional de su cine”.

¿Por qué?

Maluenda: “Porque lo que cuenta tiene carácter universal; toca temas como la envidia, el miedo o la hipocresía, y allí donde hay un ser humano se entiende. Incluso la España de hoy es tan berlanguiana como la de los 80”.

Siles: “A los estudiantes, cuando les pones cualquiera de sus películas, les sorprende su contemporaneidad. Habló de la corrupción en ‘Todos a la cárcel’ y de la importancia de la publicidad, que el producto tenga imagen aunque esté vacío, en ‘Moros y cristianos’. Y ahora seguiría haciendo lo mismo”.

Porque Berlanga, pese a definirse a sí mismo como “fanfarrón negativo”, en tanto se ufanaba de todo aquello que otros desprecian, Maluenda se sorprende del orden con que guardaba sus cosas quien se tildaba de anárquico y la enorme producción de obras quien se consideraba un vago. Al final, Begoña Siles y Rafael Maluenda tuvieron que admitir, entre risas, que quizás fuera más bien un “perezoso compulsivo”. Alguien que ahora sienta definitivamente cátedra, gracias al empeño de los responsables de la Cátedra Berlanga y el Berlanga Film Museum. De Valencia a Tombuctú o incluso más allá.

Begoña Siles, directora de la Cátedra Berlanga, y Rafael Maluenda, director del Berlanga Film Museum. Fotografía: Fernando Ruiz.

Begoña Siles, directora de la Cátedra Berlanga, y Rafael Maluenda, director del Berlanga Film Museum. Fotografía: Fernando Ruiz.

Salva Torres

Stanbrook, 1939: la memoria a flote

Stanbrook, 1939. El exilio republicano hacia el norte de Àfrica
EX.IL exiliados e ilustrados
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 30 de noviembre

Hay maletas, objetos, documentos, mapas, fotografías y material audiovisual. “La mayor parte inédito y muy íntimo”, subrayó Ricard Camil, comisario de la exposición ‘Stanbrook, 1939. El exilio republicano hacia el norte de África’. Maletas en las que apenas cabía lo imprescindible para sobrevivir e imprescindibles recuerdos. Objetos tan hacinados como los propios exiliados republicanos en el carguero británico ‘Stanbrook’, que a duras penas zarpó del puerto de Alicante salvando los proyectiles franquistas.

Fotografía de la exposición 'Stanbrook, 1939', en la que se pueden ver las condiciones de los exiliados republicanos en los campos de trabajos forzados de Argelia. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de la exposición ‘Stanbrook, 1939’, en la que se pueden ver las condiciones de los exiliados republicanos en los campos de trabajos forzados de Argelia, en la muestra de La Nau de la Universitat de València.

La dura travesía de las 2.638 personas que huían a bordo del ya mítico buque, sin reparar en el cruel destino que les aguardaba en Orán (Argelia), es recreada en La Nau de la Universitat de València con motivo del 75 aniversario del exilio republicano. “No es una conmemoración, sino la rememoración de un pasado que tratamos de rescatar de forma digna”, señaló Camil. Junto a él, haciendo de tripas corazón, estaba Laura Gassó, hija de Antoni Gassó Fuentes, internado en varios campos de trabajos forzados y de castigo en el desierto argelino.

Instalación de las maletas usadas por los exiliados republicanos en su huida hacia Argelia en el carguero Stanbrook, en la exposición 'Stanbrook, 1939' de La Nau.

Instalación de las maletas usadas por los exiliados republicanos en su huida hacia Argelia en el carguero Stanbrook, en la exposición ‘Stanbrook, 1939’ de La Nau.

También estaba presente Rosa Brines, de la Plataforma Stanbrook. “Es de justicia”, aclaró, con respecto a la exposición rememorativa. “En este país no se está por la labor de reconciliación nacional. Y eso nos duele”. Como le dolía comprobar el apoyo de las instituciones argelinas, a la hora de acceder a los lugares de aquel exilio, mientras el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo “ni respondió a nuestras cartas”. Finalmente fue el embajador de Argelia en España quien facilitó los visados.

Instalación imitativa de las traviesas de tren en las que trabajaron los exiliados republicanos para la construcción del Transahariano, en la exposición 'Stanbrook, 1939' de La Nau de la Universitat de València.

Instalación imitativa de las traviesas de tren en las que trabajaron los exiliados republicanos para la construcción del Transahariano, en la exposición ‘Stanbrook, 1939’ de La Nau de la Universitat de València.

A pesar de los pesares, y de ese “velo para que no se conozca la República impuesto por la Transición”, según Camil, la memoria de aquella lamentable huida de los exiliados y posterior abandono en tierras argelinas sale a flote en La Nau. Como si fueran restos de un cruento naufragio, la Sala Estudi General recoge testimonios escritos de quienes vivieron aquella triste odisea, gracias a diarios como el de Antoni Gassó, pasajero 753 del Stanbrook. Fotografías de familiares ilustran las penosas condiciones de trabajo en los campos de concentración (centros de acogida, según las autoridades francesas).

En primer plano, Manuel Azaña, del ilustrador Micharmut, con Francisco Ayala al fondo, obra de Juan Miguel Aguilera, en la exposición 'EX.IL exiliados e ilustrados' de La Nau.

En primer plano, Manuel Azaña, del ilustrador Micharmut, con Francisco Ayala al fondo, obra de Juan Miguel Aguilera, en la exposición ‘EX.IL exiliados e ilustrados’ de La Nau.

Traviesas ferroviarias, a modo de instalación, recuerdan la construcción del ferrocarril transahariano pactado entre Francia y Alemania. Allí se dejaron la piel, y en muchas ocasiones la vida, los exiliados republicanos forzados a un trabajo tan cruento como ignominioso. Algunas de las imágenes sepia lo rememoran. Como hay objetos que recuerdan el interior del Stanbrook. Camil destaca, procedente del Museo Histórico Militar de Cartagena, la cola del torpedo alemán que hundió el carguero británico, meses después de su odisea hacia Argelia.

Max Aub, ilustrado por Ajubel, y Angelí Castanyer i Fons, obra de Txemacantropus, en la exposición 'EX.IL exiliados e ilustrados' de La Nau.

Max Aub, ilustrado por Ajubel, y Angelí Castanyer i Fons, obra de Txemacantropus, en la exposición ‘EX.IL exiliados e ilustrados’ de La Nau.

Paco Roca se suma a la rememoración con las viñetas de su cómic ‘Los surcos del azar’, que narra la odisea de la partida hacia Orán. Y, de la mano de Paco Roca, Mac Diego introdujo la particular visión que 36 ilustradores valencianos ofrecen de otras tantas figuras ilustres del exilio republicano en la muestra ‘EX.IL exiliados e ilustrados’, en la Sala Oberta de La Nau. La lista es larga, pero valgan a modo de ejemplo, los nombres de Max Aub, Josep Renau, Manuel Azaña, Clara Campoamor, Pedro Salinas, Dolores Ibarruri, Federica Montseny, Luis Buñuel o Amado Granell, ilustrados respectivamente por Ajubel, Rafa Fonteriz, Micharmut, Luis Demano, Carlos Ortín, María Herreros, Juan Almela, Mique Beltrán y el propio Paco Roca.

En primer plano, Castelao, del ilustrador Ortifus, en la exposición 'EX.IL exiliados e ilustrados' de La Nau.

En primer plano, Castelao, del ilustrador Ortifus, en la exposición ‘EX.IL exiliados e ilustrados’ de La Nau.

Imagen del carguero británico Stanbrook en la exposición 'Stanbrook, 1939. El exilio republicano hacia el norte de África'. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Imagen del carguero británico Stanbrook en la exposición ‘Stanbrook, 1939. El exilio republicano hacia el norte de África’. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

 

Salva Torres

Bernard Plossu, de México a Valencia

‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’
Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 15 de septiembre

El primer viaje que Bernard Plossu (Vietnam, 1945) realizó a México en 1965 fue un golpe para el alma”. Aquí se encontró con una cultura y un entorno cuya “fuerza terrenal” lo impactaron de inmediato. La belleza de los paisajes recorridos a través de serpenteantes carreteras, los contrastes entre escenarios turísticos y barrios urbanos, así como su avidez por apresar cada instante de la travesía lo transformarían en uno de los mejores retratistas del espíritu de un país que describió como sublime.

Procedente de París, Plossu llegó a México a los 20 años, su equipaje incluía una cámara Kodak Retina y un objetivo de 50 mm. Lejos estaba de saber que con esos instrumentos se convertiría en fotógrafo profesional. En la Cinemateca, donde acostumbraba pasar las tardes, había aprendido el gozo de mirar, con películas de Jean-Luc Godard, François Truffaut, Louis Malle y Luis Buñuel. De pronto, se encontraba en un universo distinto, “viviendo la vida real, no la vida a través de las pantallas”, rememora el autor francés de origen vietnamitasobre esa primera travesía en tierras mexicanas.

Fotografía de Bernard Plossu del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’. Imagen cortesía de Railowsky.

Deslumbrado, se dedicó a retratar todo lo que ocurría ante sus ojos, más que la fotografía le interesaba la vida. Al final de esa aventura “estaba irreconocible y tenía un oficio: fotógrafo”, recuerda el creador. Plossu regresó en tres ocasiones más al país que le reveló su profesión y cambió para siempre su forma de ver el mundo.

No obstante la profundidad de la obra realizada y la entrañable relación que estableció con México, Bernard Plossu ha sido hasta ahora poco apreciado en el país al que dedicó incontables disparos fotográficos. Para reparar, en cierta medida, esa omisión Fundación Televisa y Ediciones Turner han publicado el espléndido libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’, que reúne 300 imágenes, algunas inéditas, capturadas por el fotógrafo durante sus cuatro viajes por nuestro país en los años 1965-66, 1970, 1974 y 1981.

“Es un fotógrafo muy escondido en la historia de la imagen mexicana a pesar de la amplitud de su trabajo. La idea es dar cuenta de esas imágenes y sacarlo de la sombra, ponerlo en el mapa de la fotografía mexicana”, registra Salvador Albiñana, editor de la publicación.

¡Vámonos! revela también el singular método del fotógrafo viajero por excelencia: “Andar, mirar y luego fotografiar”. Esta obra es también la guía de la exposición conformada por 150 imágenes a inaugurarse el próximo 28 de agosto en el Museo de Arte Moderno. La muestra, con el comisariado de Albiñana, se dividirá en cuatro secciones correspondientes a cada uno de sus viajes.

Fotografía de Bernard Plossu del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México. Imagen cortesía de Railowsky.

ESTÉTICA BEAT/HIP

Bernard Plossu se desplazó a México para vivir con sus abuelos maternos, refugiados de Indochina, e iniciar sus estudios en la Universidad de las Américas. Los planes no llegaron a realizarse: bastaron un par semanas para que el joven parisino dejara la escuela y el acomodo familiar para emprender un viaje que lejos de agotarse en la geografía se transformaría en una odisea interna.

Casi inmediatamente se encontró con un grupo de amigos ávidos, como él, de experiencias. Sobre los lazos que formó, Albiñana apunta que la mayor parte fue con estadunidenses, aunque también había franceses, latinoamericanos y, por supuesto, mexicanos como Guillermo Olguín, quien fue su guía por el país. “Los registros, las experiencias y las inquietudes de esos jóvenes oscilaban entre el ocaso beat y el preludio hippie, unidos todos ellos por su vinculación a los movimientos contra la guerra de Vietnam, por el consumo de mariguana y el desenfado amoroso”.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Durante los 15 meses posteriores, se volvió un “trotamontes” que un día deambulaba por la capital y otro transitaba por carreteras con rumbo a Michoacán, Guerrero, Oaxaca o Chiapas. “¡Nos íbamos en cualquier momento, a donde fuera, improvisando siempre, con los coches llenos! Lo mismo a Acapulco, donde dormíamos en la playa, que al magnífico Guanajuato, a San Miguel de Allende, a Uruapan… Lo que menos buscábamos era un destino preciso. Nos íbamos para irnos, para vagar; la aventura tenía que ser total, siguiendo el instinto”, registra Plossu en uno de los textos del libro ¡Vámonos!

México fue para el creador francés el escenario donde todo era posible y en su empeño por eternizar el momento destinó cientos de rollos fotográficos a registrar su travesía. Aquel fue un viaje de iniciación en el que, recuerda, se encontraba “en un estado fotográfico constante”. Las imágenes capturadas durante aquellos recorridos que se antojaban inacabables tienen algo en común, según describe Albiñana, también historiador de la Universidad de Valencia: “Una suerte de mirada interior maravillada ante el esplendor de la propia vida: el descubrimiento de la amistad, de la libertad y la belleza; una extraña luz de serenidad y de confianza, aún no dañada por la frustración de los paraísos perdidos de una generación que se adoraba a sí misma y que creó algo nuevo y glorioso: la juventud”.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

La bitácora visual de ese primer viaje se compone en gran medida de imágenes de sus cómplices de aventura: aparece Bill Coleman, quien lo inició en la cultura beat; las largas piernas de su amiga Karina Schimdt, Guillermo Olguín y Mari en la playa de Zipolite, Oaxaca; la boda de Taide, su vecina. Se advierte también en esas instantáneas una mirada sensual hacia los gestos de las mujeres: rostros, cuellos, peinados. Carreteras y automóviles son personajes siemprerecurrentes en sus fotografías.

El creador “escribió” con su cámara un apunte autobiográfico: “La escritura es lo que más se acerca a mi forma de fotografiar. Yo tomo notas sobre todo lo que veo… la fotografía es eso: tomar notas. Soy un autor que hace fotos”, dice quien ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Fotografía en Francia.

Fotografía de Bernard Plossu del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’. Imagen cortesía de Railowsky.

LOS REGRESOS

Ya en 1970, Bernard Plossu vovió a México con un espíritu diferente al de la primera visita. Después de algunos años y de muchas travesías había abandonado el andar beatnik. El creador describió así su mudanza: “La época beat/hip se interrumpió por sí sola, porque ser fotógrafo y descubrir el mundo me interesaba más que quedarme sentado en una bonita playa en la India. Cuando vi que los jóvenes se quedaban en las playas de Goa en lugar de viajar, decidí dejar todo aquello”.

La serie que realizó ese año, la cual tituló “Retorno a México”, muestra a un fotógrafo socialmente comprometido. Como un homenaje a la cinta ‘Los olvidados’, de Luis Buñuel, se trasladó a los suburbios de la Ciudad de México y se enfocó en los barrios marginales. Su cámara capturó, sin concesiones, la crudeza de una realidad implacable vivida por niños y adolescentes de la periferia.

En 1974, en su tercera visita, recorrió las ciudades de Ensenada y Tijuana. Sus imágenes revelan lo que significa “estar de paso”. La temporalidad y acritud de vivir “al límite”. Para Plossu, la frontera, más que una geografía, era “una manera de vagar sin moverse… el instinto de saber estar. La opción callada de vivir perdido”, comenta Osvaldo Sánchez, en el texto publicado en el libro ¡Vámonos!

“Trópico mexicano” es la última serie de fotografías realizadas en México en 1981. Son imágenes de su cita amorosa en el norte de Veracruz, con Françoise, fotógrafa francesa que se convirtió en su esposa.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

MIRADA PROPIA

Si bien es cierto que Bernard Plossu no fue el primer extranjero en retratar con maestría las escenas del México cotidiano, sí puede decirse que fue pionero en eludir las recurrentes imágenes de los fotógrafos europeos y estadunidenses sobre México. El autor francés construyó una mirada propia, alejada de prejuicios. No hay en su fotografía, como bien señala Albiñana, “día de muertos, volcanes, enormes magueyes, miserables casas o teporochos olvidados en una acera”.

El blanco y negro define la mayoría de su obra, pero también ha recurrido al color haciendo uso de la técnica Fresson: un proceso artesanal sobre papel carbón realizado sin transferencias. Sin embargo, ya sea desde los matices del blanco y negro o desde la infinidad cromática, su fotografía logra la intimidad con el objeto atrapado por su lente. “No hay azar para el fotógrafo: le toca el azar que merece”, asegura a sus 69 años, quien no ha perdido su condición fugitiva de viajero.

Si Henri-Cartier-Bresson es el maestro del instante decisivo, el creador viajero es justamente la contrafigura: “El fotógrafo de los instantes no decisivos”. Su mirada logró transformar cada escena, por ordinaria que pareciera, en una imagen relevante, cargada de significado. Su obra es una secuencia de momentos cotidianos convertidos en poesía. Bernard Plossu es, sobre todo, el fotógrafo de todos los instantes.

Fotografía de Bernard Plossu, del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu, del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’. Imagen cortesía de Railowsky.

Laura Cortés

Buñuel, el Guernica y Gaza

Luis Buñuel
Fallecido hace 31 años
Centro Buñuel de Calanda

Aunque Buñuel falleció hace 31 años, el 29 de julio en un hospital de la ciudad de México, su obra y su pensamiento siguen estando vivos, tanto como para hacerle reflexionar al espectador que ve por primera vez sus películas. Pero Buñuel también fue un intelectual comprometido con sus ideas y con su tiempo.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel. Centro Buñuel de Calanda.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel. Centro Buñuel de Calanda.

Defensor de la legalidad que representaba la República Española colaboró en el pabellón español de la Exposición Internacional de París del año 1937, para la que Picasso pintó una de las obras más emblemáticas del siglo XX, su famoso Guernica, una obra que reflejaba la tragedia de este pueblo bombardeado brutalmente por la Legión Cóndor alemana con el beneplácito franquista, y que Picasso pintó para que nunca más se repitiera esta tragedia. Buñuel ayudó a colgarlo en París y luego, exiliado tras la guerra civil española, convivió con este cuadro durante su estancia en el MOMA de Nueva York.

En su libro de memorias, Buñuel reflexiona sobre la guerra civil, y afirma: “Lo que me digo ahora, mecido por los sueños de mi inofensivo nihilismo, es que el mayor desahogo económico y la cultura más desarrollada que se encontraban al otro lado, en el lado franquista, hubieran debido limitar el horror. Pero no fue así. Por esta razón, a solas con mi dry-martini, dudo de las ventajas del dinero y de las ventajas de la cultura”. ¿Qué diría ahora al ver cómo la población indefensa de Gaza es bombardeada durante días por el ejército del Estado de Israel con total impunidad? ¿Qué diría de los cultos europeos que ignoran esta masacre? ¿Qué pensaría de los que la justifican?

Tras 31 años de su fallecimiento, es duro constatar el retroceso moral de nuestra sociedad, la escasa talla de los líderes políticos, incapaces de defender los derechos humanos, de imponer la paz a Israel y llevar ante la justicia a los responsables de crímenes contra la humanidad.

Detalle de la obra 'Guernica', de Pablo Picasso.

Detalle de la obra ‘Guernica’, de Pablo Picasso.

Javier Espada