Bailarás en el infierno con Uzzhuaïa

Uzzhuaïa
Sala Moon
C / San Vicente, 200. Valencia
Sábado 24 de noviembre de 2018

Asistíamos a un momento histórico en València el pasado 24 de noviembre, con la gira conmemorativa del décimo aniversario del disco ‘Destino Perdición’ de Uzzhuaïa. El título del mágico álbum, y que les sirvió para explotar a nivel nacional, podría utilizarse como definición de lo que me sucedió al ir al concierto. Equivocación de sala, desembarco de un amigo para asistir al concierto, posterior adhesión del mismo, recogida in extremis cerca de Nuevo Centro y periplo para aparcar cerca de Moon, sí, la extinta Roxy.

Entramos sofocados, con la cena regurgitando en mi interior y con la voz de Pau Monteaguado sonando en la sala, llena como pocas veces. ‘Bailarás en el infierno’ era el tema que tocaban en ese instante, mirada cómplice entre nosotros dos: estamos dentro, en un evento histórico. La gente estaba enfervorecida, no era para menos, recordemos que Uzzhuaïa fueron muy grandes, tejieron parte de ese sonido Costa Este que colocaba a la ciudad del Bakalao en una posición privilegiada. Este disco, como sus posteriores obras, situaban al rock en las estanterías del imaginario colectivo, alcanzable para todos.

Uzzhuaïa en un momento del concierto en la Sala Moon. Fotografía: Irene Bernad

Uzzhuaïa en un momento del concierto en la Sala Moon. Fotografía: Irene Bernad

Algunos decían en la época que los valencianos serían la perla del mediterráneo en cuanto a hard rock, esperando un disco que los colocase en el disparadero, y este magnífico elepé fue el que hizo el milagro. El público, su público, coreaba temas como ‘La otra mitad’ o ‘La flor y la guerra’, mientras Pau, muy cariñoso y emocionado durante todo el concierto, agradecía a un fan que había cruzado el charco desde Guatemala para verlos, para disfrutar de esta gira homenaje a un disco, de este momento irrepetible (aunque quizás tengamos un dvd del mismo).

‘Blanco y negro’ y ‘Una historia que contar’ nos encogieron el alma; aún les quedaba fuelle para rato, también buenas palabras para el técnico de sonido, también para la fotógrafa Irene Bernad y para el directo de cine SAM. ’13 veces por minuto’ sonó fantástica, con un recuerdo muy sentido a Gonzalo Parreño, productor del álbum homenajeado que falleció al poco. La emoción flotaba en la sala, una emoción de ser (aparentemente) el final para un grupo que se merecía más, mucho más.

Uzzhuaïa, en un momento del concierto en la Sala Moon. Fotografía: Irene Bernad.

Uzzhuaïa, en un momento del concierto en la Sala Moon. Fotografía: Irene Bernad.

Una amiga con la que me encontré me comentó que unos amigos suyos de Zaragoza habían estado en el concierto de Bilbao, Zaragoza y éste de València. Sin duda Uzzhuaïa removían los sentimientos. La traca final llegó con ‘Desde septiembre’ y la aclamada, y ultracoreada, ‘Nuestra revolución’. Estos valencianos son parte de la memoria emocional de muchas personas, mi amigo, el que me abrió los ojos a un grupo tan interesante como ellos, estaba muy contento. Él también es parte de ese cuerpo emocional que tiene un vínculo con las canciones, a modo de banda sonora, de los valencianos. Ese chico vivirá ligado a ellos de por vida: en un concierto en Madrid, en medio del revuelo formado por sus canciones, se declaró a la que hoy es su mujer. Uzzhuaïa es más que un grupo y, por supuesto, ese concierto fue más que un concierto.

Uzzhuaïa, en un momento del concierto en la Sala Moon. Fotografía: Irene Bernad.

Uzzhuaïa, en un momento del concierto en la Sala Moon. Fotografía: Irene Bernad.

Javier Caro

Necesitábamos a la Mostra

Mostra de València – Cinema del Mediterrani
Del 18 al 28 de octubre de 2018

Estar en la entrada de la renacida Mostra de València fue algo que no hubiera esperado nunca. Muchos años, sobre todo desde la entrada al gobierno de Compromís, se llevaba hablando de la necesidad de retomar aquel sueño, aquel festival que unía a los pueblos de Mediterráneo bajo un mismo paraguas. El festival estaba en la boca de todos. La Mostra significaba mucho para mí cuando era bastante más joven.

Fotograma de 'Plaga Zombie'

Fotograma de ‘Plaga Zombie’, de Pablo Parés y Hernán Sáez.

Recuerdo las secciones de cine gore, sí amigos, de cine gore. Aquellas tardes de juventud con un buen amigo mientras en la pantalla se proyectaban películas como la argentina ‘Plaga Zombie’ (1997), de Pablo Parés y Hernan Sáez. Y también ‘Demonium’ (2001), de Andreas Schnaas, el cual estaba detrás nuestro con el equipo. Aquella sensación de estar con ellos, con el equipo, el director y la actriz, aquello nos hechizó, no se me olvidará jamás. Creo incluso que fue mi primera película en versión original subtitulada.

Fotograma de 'Volver a empezar', de José Luis Garci.

Fotograma de ‘Volver a empezar’, de José Luis Garci.

Otro año, en los extintos y añorados ABC Martí, vi por primera vez ‘Volver a empezar’ (Jose Luís Garci, 1982), historia de nuestro cine y un logro que trascendió fronteras. La Mostra no solo nos hacía pasar grandes horas de cine, sino que nos ilustraba, nos enseñaba. Iba a La Mostra como cualquiera, pagaba mi entrada y hasta me hice socio, pero un día desapareció de nuestras vidas. La ciudad se quedó huérfana, había que recortar presupuesto y el festival parece que era innecesario.

Sobre el escenario, Eduardo Guillot (dcha) y Efti Philipou. Fotografía de Javier Caro.

Sobre el escenario, Eduardo Guillot (dcha) y Efthimis Filippou. Fotografía de Javier Caro.

Cinema Jove se quedó entonces como único festival grande de la ciudad: era ahora la bandera de València y no lo hicieron nada mal, de hecho, lo hicieron muy bien, aunque en las retinas de todos nosotros aún estaba la olvidada Mostra. El sueño del que nos despertaron por la fuerza. València sin ella estaba fuera del circuito de festivales, algunos nos adelantaron como Sevilla (Festival de Cine Europeo), otros se alzaron con el trono del cine español como Málaga, y València y su Mostra seguían encerrados en el recuerdo de los cinéfilos que habían asistido a un festival único en su especie.

Fotograma de 'Un día más con vida'

Fotograma de ‘Un día más con vida’, de Raúl de la Fuente.

Y ahora estoy aquí, en los magníficos cines Babel, rodeado de gente a punto de ver ‘Un día más con vida’ (Raúl de la Fuente, 2017) en La Mostra, porque aunque estuvo en coma, sobrevivía en nuestros deseos y sueños. De la Fuente ha hecho una obra maestra, ¿para qué vamos a negarlo? No sabemos cómo catalogarla, ¿documental, animación, una nueva clasificación…? La cuestión es que estamos ante una bomba de relojería, de esos filmes que te atrapan y te hacen esbozar una sonrisa idiota, siendo plenamente consciente que has asistido a algo que se desparrama por los márgenes de lo normal, de lo usual.

Es el relato autobiográfico de Ryszard Kapuściński que narra los últimos días de Angola como colonia portuguesa en 1975, y las terribles consecuencias de esta descolonización. Es eso, y más, mucho más. Es sentimiento, lucha, pasión e ideología. Un sistema de creencias en unos valores que se han perdido.

Desenterrando Sad Hill

Desenterrando Sad Hill, de Guillermo de Oliveira.

Otro de esos platos de gourmet que tanto se llevan en restaurantes de nivel, es lo que nos sirvió Eduardo Guillot, director de La Mostra, al traerse, directamente desde su paso por Sitges, con el Premio Mejor Película en Noves Visions, ‘Desenterrando Sad Hill’ (Guillermo de Oliveira, 2018). Hacía tiempo que no escuchaba un aplauso tan prolongado como el que le dimos al director, que muy amablemente charló sobre el rodaje, la idea y la ilusión que habían depositado todos en ese trabajo.

Estamos ante un largometraje documental sobre la reconstrucción del cementerio construido en España, en la plena época franquista, hace 50 años, para la secuencia final de la película ‘El bueno, el feo y el malo’ (Sergio Leone, 1968). ¡Qué emocionante ver éste tipo de cine! Solo con estas dos obras, ya lo tienen muy difícil para superar esta edición, que se quedará prendida de nuestras retinas durante mucho tiempo.

Fotograma de 'El pico', de Eloy de la Iglesia.

Fotograma de ‘El pico’, de Eloy de la Iglesia.

Por supuesto, antes de marcharme a la Seminci de Valladolid, no podía perderme ‘El Pico’ (Eloy de la Iglesia, 1983), una denostada película muy interesante, que con los años ha ido transformándose más en un testimonio fidedigno de un momento muy concreto de nuestra historia más reciente. Eduardo Guillot nos ha devuelto, aunque quizás no lo sepa, algo más que un festival, nos ha devuelto el sueño de una semana de otoño. Nos vemos el año que viene, porque, ¡València es cine!

Desenterrando Sad Hill

Desenterrando Sad Hill, de Guillermo de Oliveira.

Javier Caro

Valladolid: el reino del cine de autor

Seminci – Semana Internacional de Cine de Valladolid
Del 20 al 27 de octubre de 2018

El frío nos dio la bienvenida en Valladolid, un frío seco, sin rastro de la humedad que experimentamos en València. La imagen otoñal de la ciudad es preciosa a nuestra entrada. Íbamos con la alegría propia de los que se lanzan por primera vez a una aventura, un aventura de buen cine. Recorrimos los kilómetros que nos separan en coche con buena música y mejor charla, y nos detuvimos, por aquello de la fatiga al volante, en Carbonero El Mayor (Segovia). Justo ese pueblo era muy conocido por un restaurante llamado ‘El Riscal’, donde servían un tipo de buey, llamado Cabu, que estaba delicioso.

Fue nuestra primera sorpresa en Castilla y León. Con el estómago lleno nos dirigimos a Valladolid, la meca del cine de autor durante esa semana. Lo primero era recoger las acreditaciones, inspeccionar un poco los aledaños del Teatro Calderón, donde se celebran tanto la Gala Inaugural como la de Clausura, además de las proyecciones de la sección oficial. Necesitábamos comenzar ya con la experiencia, después de haber disfrutado en València del fabuloso regreso de La Mostra.

Celia Riera y Ana Ramón Rubio en el rodaje de 'Almost Ghosts'.

Celia Riera y Ana Ramón Rubio en el rodaje de ‘Almost Ghosts’. Seminci de Valladolid

Allí había un buen destacamento de valencianos con ganas de cine, por ejemplo, la web Ineditofilms (gracias por la ayuda en todo). Cogimos un taxi, una vez nos acreditamos, y nos dirigimos al Cine Broadway, un típico cine de barrio lleno de encanto y palomitas. En la barra estaba Carlos Madrid, último director de Cinema Jove, con un café dispuesto a disfrutar de la Seminci como nosotros. Una breve charla y a la sala.

Lo primero era encontrarnos con la directora valenciana Ana Ramón Rubio y su productora Cristina Vivó, para presentar el documental ‘Almost Ghost’, un recorrido por la Ruta 66 a través de las historias de tres personajes maravillosos que nos transportan a esa carretera de cine, parte fundamental de nuestra imaginación colectiva. Luego un debate que tuvo que detener el moderador porque las preguntas se sucedían sin tregua. Una joya llena de quilates. Quizás, y a título muy personal, lo que más me gustó del festival.

Generation Wealth

Generation Wealth, de Lauren Greenfield. Seminci de Valladolid

No paramos quietos, un festival de esta envergadura está lleno de cine y su programación es pegajosa y adictiva. No teníamos claro qué era lo siguiente que íbamos a visionar; llevábamos solo unas horas en la tierra de Concha Velasco y estábamos abrumados por la amabilidad. ‘Generation Wealth’ (Lauren Greenfield, 2018) fue la siguiente en otro lugar diferente, el Teatro Cervantes. Nos enfrentábamos a un documental sobre la belleza, el dinero, la fama, algo que ya habíamos visto mil veces contado, y que aquí llegaba a aburrir por acabar siendo un documental más centrado en la autora que sobre el tema que anunciaba.

Es curioso cuando vas descubriendo, tan rápido como nosotros, las sedes de proyección: todas te parecen especiales y todas querrías que estuvieran en tu ciudad para visitarlas más a menudo. La jornada siguiente tenía que comenzar temprano, pero el sueño nos obligó a desistir de nuestra idea. Por fin entramos al imponente Teatro Calderón. Subimos unas escaleras y ahí estaba su escenario, sus butacas (1.141) y su techo.

In den Gängen

In den Gängen, de Thomas Stuber. Seminci de Valladolid

El filme que íbamos a ver era la alemana ‘In den Gängen’ (Thomas Stuber, 2018), titulada en España como ‘A la vuelta de la esquina’. Aunque no fue una película que nos enamorara: una historia de un trabajador tímido y poco hablador de supermercado que se enamora de su compañera, y que no es correspondido. La obra no causó furor, pero miren ustedes por donde, se alzó con la Biznaga de Plata.

Yuli, de Icíar Bollaín.Seminci de Valladolid

Yuli, de Icíar Bollaín. Seminci de Valladolid

Comida pantagruélica, no podía ser de otra forma, y nos dirigimos de nuevo al Cervantes a ver ‘Yuli’, la última cinta de Icíar Bollaín. Me pareció floja, pero a mi acompañante le gustó mucho. La película nos cuenta la historia del bailarín cubano Carlos Acosta, una persona que rompió fronteras y estereotipos al interpretar algunos papeles de ballet en los que siempre habían trabajado bailarines blancos. Personalmente la vi como un biopic sin más.

Notti magiche. Seminci de Valladolid

Notti magiche, de Paolo Virzi. Seminci de Valladolid

Nos quedamos en el teatro para la última de la noche, en ese momento mágico donde el estómago te ruge y la mente y la ilusión te empujan a quedarte en la butaca. ‘Notti Magiche’ (Paolo Virzi, 2018), director que ya estuvo en Valladolid en 2016 con ‘Locas de alegría’, y que en este caso nos dio una lección de historia de cine italiano, lleno de humor (algo aburrido). Unos jóvenes se presentan a un concurso de guión, el premio es suculento y a su alrededor aparece un destacamento de inaceptables sinvergüenzas dispuestos a quitarles el dinero, regalándoles la esperanza de trabajar en el cine. Una pena que el filme no funcionara y aburriera a un público que bostezaba en el teatro. Nos enfrentamos al frío de la calle para marcharnos al hotel a dormir.

A land imagined

A land imagined, de Yeo Siew Hua. Seminci de Valladolid

Penúltimo día en Seminci, saludos a los periodistas que ya conocíamos, un café con un pepito de bacon en el ambigú, un coqueto bar enfrente del Teatro Calderón, y nos metemos otra dosis de cine. Esta jornada fue la más cinematográfica de todas: con cuatro películas entre pecho y espalda. ‘A land imagined’ (Yeo Siew Hua, 2018), que retrata una Singapur llena de luces, trabajadores explotados y que huyen de la miseria emocional a través de juegos en red en un cibercafé, y un policía, Lok, que se transmuta en Wang, el joven al que busca. Era la primera del día. El filme, sin ser nada del otro mundo, se alzó con el Leopardo de Oro como Mejor Película en el Festival de Locarno; de Valladolid tampoco se fue de vacío, llevándose el premio a la Mejor Fotografía.

Salimos del teatro acelerados, algunos tenían que enviar sus crónicas inmediatas desde el centro de comunicaciones, otros teníamos que llegar a un restaurante a comer puchero de garbanzo, y luego nos esperaba Matt Dillon (en una película, no en persona), al que le habían reconocido su extensa carrera con la Espiga de Honor.

Ana de día. Seminci de Valladolid

Ana de día, de Andrea Jaurrieta. Seminci de Valladolid

Por fin entrábamos en el Teatro Zorrilla: las sedes de este festival son increíbles, metido en la imponente Plaza Mayor (antiguo Convento de San Francisco). Un teatro lleno de historia (¿acaso hay algún lugar del centro de Valladolid que no la tenga?), donde íbamos a ver ‘Honey in the Head’ (Til Schweinger, 2018). Una película que avergonzaría a cualquier persona que quiera el cine, o como mínimo, lo respete. De ahí, volvemos al cine Broadway para ver ‘Ana de día’ (Andrea Jaurrieta, 2018), un filme muy interesante y misterioso. Su directora estuvo con nosotros en un coloquio muy ameno, donde resolvió alguna de las dudas que plantea esta enrevesada historia con Ingrid García-Jonsson como prima donna. Solo con la premisa, ya genera las ganas de verla: “un día Ana descubre que una doble idéntica a ella ha ocupado su lugar, llevando a cabo todas sus responsabilidades y obligaciones”.

Casi 40, de David Trueba. Seminci de Valladolid

Casi 40, de David Trueba. Seminci de Valladolid

Nos despedimos de los Cines Broadway y de las proyecciones del festival con ‘Casi 40′ (David Trueba, 2018), un viaje al pasado, a los amores que se pierden por la vida y a los sueños e ilusiones que se chocan con la realidad y cambian. Una fiesta en el Hotel Olid nos aguardaba, pop rock español de calidad y a dormir. En la última jornada nos quedaba la Gala de Clausura, algo aburrida pero con el Teatro Calderón a reventar de público. Se nota que pese al frío y el conato de lluvia, los vallisoletanos aman en cine y su festival. Nos marchamos de allí con una sensación de tristeza. Valladolid nos ha regalado tanto cine en tan pocos días que no puedes irte sin sentir pena.

PALMARÉS DE LA SEMINCI:

Espiga de Oro: ‘Genèse’, de Philippe Lesage (Canadá)
Espiga de Plata: Ex aequo a ‘The miseducation of Cameron Post’, de Desirée Akhavan (EE.UU) y ‘A la vuelta de la esquina’, de Thomas Stuber (Alemania)
Mejor director: Philippe Lesage por ‘Genèse’ (Canadá)
Mejor actor: Théodore Pellerin, por ‘Genèse’ (Canadá)
Mejor actriz: Halldóra Gerihardsdóttir, por ‘La mujer de la montaña’ (Islandia)
Premio Pilar Miró al mejor nuevo director: Milko Lazarov por ‘Aga’ (Bulgaria)
Premio Miguel Delibes al mejor guion: Emil Nygaard Albertsen y Gustav Möller por ‘The guilty’ (Dinamarca)
Mejor fotografía: Hideho Urata por ‘A land imagined’ (Singapur)
Premio del público: ‘Mi obra maestra’ de Gastón Duprat (Argentina)

Ainhoa Calvillo y Javier Caro, en la Seminci de Valladolid.

Ainhoa Calvillo y Javier Caro, en la Seminci de Valladolid. Fotografía: Edu Llorente

Premio de la Juventud: ‘The miseducation of Cameron Post’ de Desirée Akhavan (EE.UU)
Espiga de Oro al mejor cortometraje: ‘Cadavre exquis’, de Stéphanie Lansaque y François Leroy,(Francia)
Espiga de Plata al segundo mejor cortometraje: ‘Drzenia’, de Dawid Bodza (Polonia)
Premio Doc España: ‘Morir para contar’, de Hernán Zin (España)
Primer premio Punto de Encuentro: ‘Libre’, de Michel Toesca (Francia)
Segundo premio Punto de Encuentro: ‘Our new president’, de Maxim Pozdorovkin (EE.UU)
Mejor cortometraje Punto de Encuentro: ‘Un monde sans bêtes’, de Emma Benestan y Adrian Lecouturier (Francia)
Premio del público (Punto de Encuentro): ‘Yomeddine’, de A. B. Shawky (Egipto)
Premio FIPRESCI: ‘La Chute de l’empire américain’ (La caída del imperio americano)’, de Denys Arcand (Canadá)
Espiga Verde (Premio otorgado por Greenpeace a la película que mejor representa los valores medioambientales): ‘Aga’, de Milko Lazarov (Bulgaria)

Genèse, de Philippe Lesage, Espiga de Oro de la Seminci 2018

Genèse, de Philippe Lesage, Espiga de Oro de la Seminci 2018

Javier Caro y Ainhoa Calvillo

Festardor crece y desborda previsiones

Festardor
La Pobla de Vallbona (Valencia)
11, 12 y 13 de octubre de 2018

Un año más el puente de El Pilar ha sido la fecha elegida por el festival Festardor para obsequiarnos con las actuaciones de las mejores bandas nacionales. El jueves 11 el recinto estaba a reventar, tanto es así que las colas se eternizaron para algunos asistentes. Era normal que hubiera tanta gente, no sólo por la extraordinaria fecha elegida, sino por el cartel que lo conformaba.

Lehendakaris Muertos estaban sobre las tablas a nuestra llegada, como siempre en estado de gracia escupiéndonos letras ácidas y divertidas, irreverentes y cargadas de un humor negrísimo. Temas como ‘Centro comercial’, ‘El último txakurra’ o ‘Veteranos de la Kale Borroka’ sonaron genial, son himnos para un público entregado, porque si algo tienen estos navarros, es la fiesta que llevan a sus directos. Nos dejaron con ‘Oso Panda’, del lejano ‘Se habla español’ de 2006, coreada y bailada hasta la extenuación, y todavía nos quedaba festival por delante.

Ambiente de Festardor durante uno de sus conciertos. Imagen cortesía del festival.

Ambiente de Festardor durante uno de sus conciertos. Imagen cortesía del festival.

Luego llegaba el turno de Porretas en el escenario contiguo, un clásico de la escena nacional, que dieron un repaso a su discografía, recordemos que llevan en activo desde Hortaleza (Madrid) para todo el Estado desde 1985. Un poco de menos gente que en Lehendakaris, pero la misma diversión, aunque llegábamos cansados del recital de los pamploneses.

Los madrileños destilaron temas como ‘Tripis’, ‘Si lo sé me meo’ o la icónica ‘Marihuana’ cantada por todas las gargantas como si no hubiera un mañana. Siguen igual de contestatarios que siempre. Recuerdo que en 2015 comentaban para el diario 20 minutos: “Somos personas sencillas de barrio y unos rebeldes entre comillas, porque somos buena gente y no nos gusta meternos con nadie. Pero en nuestra música siempre va a estar el punto rojero, si no, no seríamos nosotros”. Esperemos que sigan esa senda de rojerío divertido y bailable.

Desakato llegaba con las pilas cargadas. Lo de estos asturianos es de otro mundo, pues su nuevo plástico, ‘Antártida’ (2018), es colosal. ¡Menudos directos ofrecen!, rabia, pasión y fuerza. Son un espectáculo encima del escenario, algo diferente a las coordenadas del festival, muy cercano al punk y el ska (salvando algunas bandas).

El viernes llegamos más pronto y con el estómago más vacío, así que por la noche pudimos disfrutar de los puestos de comida del festival, sin duda los mejores que he degustado en calidad precio en mucho tiempo.

El último ke zierre sobre el escenario: voz rasgada y potentes atronando a la masa. Rober está cada día más en forma, personalmente hacía años que no los veía en directo, desde un Marea Rock, y la verdad es que sus temas me siguen pareciendo muy buenos. La gente se desgañitó con himnos generacionales como ‘Escupiré jodidos’ del ‘A cara de perro’ de 1998, cuando Internet era un sueño, y sobre todo ‘Tus bragas’, el grito desgarrador de desamor que se marcaron en 2003 los de Burriana.

Festardor. Imagen cortesía del festival.

Festardor. Imagen cortesía del festival.

Una rica cena sin demasiada cola, y otra vez al ruedo con Mafalda, de los que no había escuchado nada, llegaba virgen a su concierto y regresé enamorado. Estrenaban su nuevo redondo, ‘Palabras forman caos’ (2018). En el festival, íbamos a ser los primeros en disfrutarlo en directo: un placer. Con una puesta en escena llena de luces, que jugaban con las melodías, estos chicos y chicas sacaban lo mejor a sus instrumentos, cargados de rabia y dulzura.

Por desgracia, hubo algún tipo de problema con el cableado y el concierto se quedaba sin sonido en alguna ocasión. De hecho, ellos desde el escenario no se daban cuenta (sus monitores seguían funcionando). Una lástima porque su bolo fue uno de los mejores, aunque no congregaron a tanta audiencia como se merecían. Sin duda estamos ante una banda que crece a un ritmo frenético, solo hace falta ver el número de fechas que tienen en su gira.

Berri Txarrak nos recordó desde el escenario, en un perfecto valenciano, una de sus primeras visitas a València, concretamente a L’Eliana, un concierto que estuvo a punto de ser suspendido por culpa de algunos grupos de extrema derecha. ‘Infrasoinuak’ (2017) es la última referencia sonora que tenemos de los navarros, que despacharon clásicos con actuales. Nos vamos a dormir, sabiendo que nos quedan grupos como The Locos o Vadebo, pero los párpados mandan y queríamos estar frescos.

En la última jornada el Noi del Sucre se había caído del cartel; desencuentros con la organización habían propiciado que el sevillano no viniese, una lástima, pero sus sucesores me pusieron los pelos de punta, y aquí es donde los festivales tienen una gran razón de ser: descubrir nueva o antiguas bandas que no conocías, o que ignorabas por prejuicios, y que en directo, habitualmente, suman enteros.

Prozak Soup llenaba un hueco, en realidad los habían movido en el horario (una suerte para ellos, pues podrían ser vistos por más personas). Prozak merecen una estatua con un directo duro, hardcoreta y electrónico, heredero de la música makineta de València. Una mezcla explosiva pero efectiva: nos hicieron bailar, sudar y rompernos la voz. Su nuevo disco, ‘Very empastre’, es una pasada, y ellos muy grandes en el escenario.

Hablar de Soziedad Alkohólica es hablar de una de la más grandes bandas estatales. Unos tipos que revientan los oídos más valientes y avezados. Seguían dando cera con su último trabajo, ‘Sistema antisocial’ (2017), pero les quedó tiempo para golpearnos con ‘Palomas y buitres’, la oldschool ‘Ratas’ del disco homónimo de 1995, ‘Piedra contra tijera’ o ‘Cuando nada vale nada’. En ese concierto es donde presenciamos los pogos más bárbaros del festival, estaba claro que el sonido ensordecedor y rabioso de los vascos desataría la locura en el foso, y así fue.

Con ese directo tan enérgico, nos preguntamos por un nuevo disco en directo. Esto mismo pensaron en mondosonoro y se lo preguntaron: “El tema del directo es algo que a mí personalmente me gustaría hacer, ya que el ultimo fue el ‘Corrosiva’ y de eso hace ya…¡pufff!, 11 añitos, así que molaría hacer algo de eso que muestre a la banda hoy en día, porque la verdad es que en directo la maquinaria ahora está bien engrasada y el repertorio actual es un buen repaso a nuestra trayectoria, así que no estaría mal”.

Ambiente durante uno de los conciertos de Festardor. Imagen cortesía del festival.

Ambiente durante uno de los conciertos de Festardor. Imagen cortesía del festival.

El festival continuaba en una noche bastante cálida, con los valencianos Son of Aguirre acompañados de los alicantinos Scila. El sonido fue muy malo en la actuación, una pena porque su propuesta me gustaba mucho. Si hay algo que se le pide, casi se le implora a un festival, es que la limpieza en los aseos sea lo mejor posible, en este caso, y a diferencia de otros festivales, los aseos estaban muy limpios, algo que aliviaba mucho a la gente. Todo en el festival funcionaba bastante bien, excepto las colas del primer día.

Los de Marras sonaron genial, como suele ser habitual en ellos. Narco, que llegaban al festival con un discazo bajo el brazo, ‘Espichufrenia’ (2017), en la edición anterior todavía no lo tenían en la calle. Como siempre, nos pasaron por encima; la gente parecía destrozada por las dos jornadas anteriores, donde el nivel de bandas era muy alto. Por desgracia llegábamos muy desgastados a este concierto: Soziedad Alkohólica hizo estragos en la mayoría de nosotros.

Aun así, no pudimos resistirnos a agitar la testa al oír la primera canción ‘Suicídate’, de su último plástico: nos revolvimos con canciones como ‘Ahí fuera’, de unos de sus grandes discos, ‘Dios te odia’ (2014) o ‘Tu Dios de madera’ del ‘Talego pon pon’ (1999) (gracias Radio 3, cuando lo escuché mi vida metalera cambió). Y hasta ahí llegó el festival, lleno de cansancio, buenas intenciones, grupos grandes, gente sonriendo, y una temperatura muy buena. Estamos salivando ya con el próximo, donde deseamos menos colas y más bandas internacionales.

Javier Caro

Mediterránea Festival, nuevo referente

Mediterránea Festival
Playa de Tavernes de Valldigna (Valencia)
Del 23 al 25 de agosto de 2018

“El final del verano llegó y tú partirás…”, cantaban los ínclitos El Dúo Dinámico, y a mi me ha venido a la cabeza esta canción cuando salía por la puerta del Mediterránea Festival. Caminando hacia el coche se levantó un poco de fresquito, algunos asistentes se pusieron una camiseta de manga larga, y me di cuenta que el verano, con las alegrías que nos da, se estaba terminando y que este festival era uno de sus últimos estertores. Fueron tres jornadas de buena música indie, y de buen rollo, algo necesario para cualquier evento de estas características.

Yo me acerqué por allí el último día, el que traía consigo el plato más apetitoso de cuantos se sirvieron en el menú: Izal. Nada que comentar a que su actuación estaba tan llena de gente que apenas me pude aproximar a tararear ‘La mujer de verde’ o ‘Pequeña gran revolución’. Mi llegada estuvo marcada por los sevillanos Beret, un fenómeno salido de Youtube e impulsado por su propia música, un artista que descubrieron antes el público que las grandes discográficas, hasta que vieron el potencial, concretamente Warner.

Ambiente en uno de los conciertos. Imagen cortesía de Mediterránea Festival

Ambiente en uno de los conciertos. Imagen cortesía de Mediterránea Festival

Beret ofreció un espectáculo muy entretenido, el público se lo pasó en grande con desparpajo. Al ABC les confesó su amor por la composición: “A mí lo que más me gusta de este trabajo es componer, el resto ya no tanto. Los conciertos los disfruto, pero no me lo paso tan bien como experimentando en un estudio de grabación”.

Un poco de espera amenizada por un carpa donde pinchaban Djs, por cierto, geniales, y teníamos al segundo grupo, los madrileños Sexy Zebras, que llegaban con mucha fuerza a un festival, que a priori, parecía no ser su festival. Rock garajero y sin concesiones fueron lo que demostraron, sacando temas de su nuevo plástico, ‘La Polla’. Algún pogo, muchos saltos y temas como ‘Quiero follar contigo’ o ‘Hijo de puta’.

Ambiente en uno de los conciertos. Imagen cortesía de Mediterránea Festival

Ambiente en uno de los conciertos. Imagen cortesía de Mediterránea Festival

Acerca de sus letras, y de los títulos de las mismas, comentaban en mondosonoro: “Estamos en esta mierda de corrección política que nos tiene machacados a todos, y es como ‘Que le den por culo a todo, yo digo lo que pienso y lo plasmo’”.

Luego de otro descanso, nos encontramos, ya con escasos rayos del astro rey, a Sidonie, con muchas luces a sus espaldas, lo que simulaba una gran discoteca de los años setenta. El recinto estaba en ese momento en ebullición, sobresaltados con las canciones y coreando hasta el último suspiro. Sidonie habían llegado para ganar y lo lograron, el público acabó exhausto y con ganas de más, estaban al punto, muy cerca de ese gran momento vivido y creado por Izal.

Un joven toma una fotografía durante los días de festival. Imagen cortesía de Mediterránea Festival.

Un joven toma una fotografía durante los días de festival. Imagen cortesía de Mediterránea Festival.

Los madrileños presentaban un nuevo disco, ‘Autoterapia’ y pese a su éxito seguían sin estar en una de las grandes discográfica, algo que se agradece, por algo hacen indie… El concierto, abarrotado, masivo, divertido, lleno de entrega, estuvo marcado por los clásicos, por temas nuevos, por momentos de verdadera pasión.

El sonido estaba genial, no fallaba nada. La máquina estaba tan bien engrasada que la fiesta no quería acabarse. Se les notó cercanos, emocionados por ser los cabeza de cartel de un nuevo festival. En mondosonoro, Mikel habló de esa naturalidad que vimos en el escenario: “Nunca hemos dejado de ser nosotros mismos: ni cuando nos subimos a un escenario, ni cuando vamos a comprar el pan”.

El Mediterránea tiene muy buena pinta y unos mimbres de mucha calidad, seguro que desde ya podemos hablar de un festival que ha venido para quedarse y que irá mejorando su cartel edición tras edición. Eso sí, agradeceríamos un segundo escenario para disfrutar de más bandas.

Ambiente durante uno de los conciertos. Imagen cortesía de Mediterránea Festival.

Ambiente durante uno de los conciertos. Imagen cortesía de Mediterránea Festival.

Javier Caro

“Hemos perdido las películas bienintencionadas”

‘El mejor verano de mi vida’, de Dani de la Orden
Kinépolis Valencia
Av. Francisco Tomás y Valiente s/n, Paterna (Valencia)
Julio de 2018

La anterior película de Dani de la Orden, ‘El pregón’ (2016), me pareció en su momento (y todavía a día de hoy) una de las grandes historias de humor, quizás la mejor película del género española de los último años, muy por encima de la sobrevalorada ‘Ocho apellidos vascos’ (Emilio Martínez-Lázaro, 2014) y su secuela (aunque ésta me gustó más). Por desgracia para los espectadores y para la ficción nacional, la producción no tuvo el éxito esperado –y eso que contaba con un reparto de lujo, con Buenafuente y Berto Romero a la cabeza–.

El mejor verano de mi vida, de Dani de la Orden.

El mejor verano de mi vida, de Dani de la Orden.

Sea como fuere, fue un gran instante para poder conocer cómo se las ingeniaba el director de ‘El mejor verano de mi vida’. Y no nos ha decepcionado en su cuarto trabajo. La trama sirve para divertirnos y para ensalzar al protagonista, Leo Harlem, y su fino humor. Leo lleva el peso de la historia, donde también tiene un papel muy destacado Alejandro Serrano, el hijo de Harlem en la película.

Me encuentro en los preestrenos del Festival Antonio Ferrandis de Paterna, concretamente en el Kinépolis, para interrogar al director y, lo primero, darle las gracias por su anterior largo, y lo segundo, entrar a conocer en qué consiste la comedia para él.

“La comedia es eso, colocar el pulpo en un garaje o el garaje en el pulpo” (hace una pausa en su discurso y piensa lo que ha dicho). “Hay comedia que funciona por peripecias y hay comedias que funcionan por meter a un personaje que no quiere estar ahí, y se puede reír de eso”, explica de la Orden.

El mejor verano de mi vida, de Dani de la Orden.

El mejor verano de mi vida, de Dani de la Orden.

En la historia no hay tiempo para el mando caca-culo-pedo-pis ni para la chufla absurda, aquí hay verano, aventura, alegría en un road movie estival y familiar. “La película es un riesgo, porque es la antítesis de la estructura de guión convencional. Hay un momento donde la película pierde cualquier conflicto y a Leo Harlem le va muy bien; (…) una vez que el niño conoce la verdad, las cosas solo van a mejor”.

“Teníamos que tener claro que la comedia iba a funcionar y luego ya volvemos a los conflictos y entra el tema de la película: el sentido del humor como núcleo y pegamento de cualquier relación, la facilidad de cómo los niños se enteran de cosas, van apareciendo temas muy humanos, muy blancos y naif. Creo que las películas bienintencionadas las hemos perdido un poco, a no ser que sea de dibujos. Yo soy defensor de ‘Vacaciones’ (2015) y de ‘Señora Doubtfire’ (1993) y me gusta mucho la comedia familiar banca”, sentencia. Estamos ante una gran película, que si bien está por detrás de su anterior obra, entretiene y es muy divertida.

El mejor verano de mi vida

El mejor verano de mi vida, de Dani de la Orden.

Javier Caro

Los distintos planetas de hombres y mujeres

Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, de Edu Pericas
Con Manu Badenes
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Del 4 de abril al 5 de mayo de 2018

“Mi teoría de Marte y Venus cuestionó todo lo que se estaba enseñando en las escuelas a principios de los 90. Entonces, los estudios de género predicaban que las mujeres debían actuar como hombres. Eran muy sexistas”, decía John Gray en una entrevista por los 20 años desde la publicación del libro, ‘Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus’. Su adaptación al teatro ha estado en cartel muchos años, siendo siempre un auténtico éxito, y ahora pasó por València de la mano de uno de los cómicos más divertidos y punzantes de la actualidad, como Manu Badenes. Edu Pericas dirige la fantástica adaptación de Paco Mir de la original de Paul Dewandre, y así hasta llegar a nuestras manos.

Manu Badenes en 'Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus'. Teatre Talia de Valencia.

Manu Badenes en ‘Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus’. Teatre Talia de Valencia.

Badenes se mueve como pez en el agua sobre las tablas, apuntando las vergüenzas de hombres y mujeres y sus relaciones, en un espectáculo que va desde lo local, con alusiones a su propia vida en pareja, hasta temas universales. El humor es un arma poderoso que nos muestra la realidad de un modo lúdico, pero no menos ilustrativo. Para cualquier actor enfrentarse a semejante libreto debe de constituir un reto absoluto. “La verdad es que la versión de Paco Mir es tan acertada y la dirección de Edu Pericas tan precisa, que para mí fue bonito trabajar el texto y hacerlo propio. Lo difícil es no verse reflejado”, explica Badenes.

Tiene tan asumido el texto que lo ejecuta con precisión, hace del espectáculo algo tan personal que parece un monólogo suyo. Con un texto tan rico cualquier persona parece tener las estrategias para mejorar su relación de pareja. “No es tanto una obra sobre hombres y mujeres, sino más bien sobre parejas o relaciones, de cualquier tipo. Todo el mundo puede verse reflejado”, apunta el actor.

La obra, al igual que el libro (con 50 millones de copias despachadas), sirve de guía para que las relaciones de pareja funcionen desde el conocimiento y aceptación del otro, desde la diferencia entre los sexos y lo que buscan en una relación. Con esta premisa, Badenes parece sobre el escenario tener todas las respuestas y quizás la gente lo pare por la calle para preguntarle cosas sobre el amor. “La gente me para más para saber la hora o cómo llegar a una calle. Soy más bien un gurú urbano”. Después de haber pasado 26 años desde la publicación, Gray tiene muy claro que “yo les enseño a hombres y a mujeres cómo adaptarse a un mundo en el que ambos son iguales, pero también únicos”. Un texto que cambió en cierta medida la visión de las diferencias individuales mediada por el sexo.

Manu Badenes en 'Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus'. Teatre Talia de Valencia.

Manu Badenes en ‘Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus’. Teatre Talia de Valencia.

Javier Caro

La incomunicación según La Cantante Calva

La cantante calva, de Eugène Ionesco, dirigida por Luis Luque
Con Adriana Ozores, Fernando Tejero, Carmen Ruiz, Joaquín Climent, Helena Lanza y
Javier Pereira
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Del 24 de enero al 4 de febrero de 2018

“Vaya, son las nueve. Hemos comido bien. Sopa, pescado, patatas con tocino, ensalada inglesa”, dice Adriana Ozores sentada en el suelo de un lujoso comedor. No pasa mucho más en esos primeros compases de la obra, un espectador desconocedor de la trama no sabrá qué pensar sobre el texto de Eugène Ionesco. La obra cumbre del teatro absurdo, de la sin razón, algo que nos parece muy extraño al principio pero que nos damos cuenta que se parece demasiado a la realidad: gente que habla de tonterías y que no se comunican bien, de hecho ni se comunican.

La cantante calva, de Eugéne Ionesco. Teatro Olympia de Valencia.

La cantante calva, de Eugéne Ionesco. Teatro Olympia de Valencia.

Dos parejas que se encuentran en un palacio vetusto y rancio, un bombero buscando fuego en cualquier lugar, como si de un emparanoiado con el trabajo y con apagar fuegos inexistentes se tratara y una criada divertida, alocada y desparramada, que seduce al bombero sin ambages. Una criada sin la tibieza de sus señores, sin el encorsetamiento de la gente de bien, de las parejas respetuosas.

La obra, protagonizada por Javier Pereira, Joaquin Climent, Carmen Ruíz, Fernando Tejero y Helena Lanza, propone muchas e interesantes reflexiones como la soledad, el caos existencial que supone sobrevivir a una guerra mundial (en nuestro caso, por ejemplo, a una crisis que nos ha vuelto más pobres), la incomunicación entre personas, inclusos entre personas que se aman (o se amaban). Todo desde el absurdo, desde la transgresión que supone hacer que el espectador sea el que tenga que sacar sus conclusiones, sus propias ideas.

Escena de 'La cantante calva', de Eugène Ionesco, dirigida por Luis Luque. Teatro Olympia de Valencia.

Escena de ‘La cantante calva’, de Eugène Ionesco, dirigida por Luis Luque. Teatro Olympia de Valencia.

Luís Luque se lanza a la adaptación de esta obra, no teme que la gente se quede con cara de póker, sabe que el público español está preparado para asimilar la vicisitudes de la vida moderna, de las frases sin sentido. Parejas que viajan juntos, viven juntos o tienes hijos juntos pero que se desconocen. Parejas aburridas, tristes, miserables, que subliman con poder escuchar cualquier historia, la de un bombero y sus aventuras, con tal de salir de su tedio, de sus circunloquios, de la pesadez de sus existencias sin más.

Una obra difícil, por mucho que recurra al humor, compleja en su propuesta de diálogos absurdos, extraños y apartados (aparentemente) de la realidad. Somos hijos de esa sociedad, por que en el fondo es la nuestra, ¿quién no ha hablado sin saber qué decía o solo por hablar…?

Elenco de 'La cantante calva', de Eugène Ionesco, dirigida por Luis Luque. Teatro Olympia de Valencia.

Elenco de ‘La cantante calva’, de Eugène Ionesco, dirigida por Luis Luque. Teatro Olympia de Valencia.

Javier Caro

 

Maquiavelo ilumina el camino

El príncipe de Maquiavelo, de Juan Carlos Rubio, protagonizado por Fernando Cayo
Teatro Talía
C / Caballeros, 31. Valencia
Del 29 de noviembre al 10 de diciembre de 2017

Cuando un actor se enfrenta solo en la escena a un texto de complejidad, de lenguaje culto y de expresión corporal animada, solo podemos ponernos en las manos de grandes profesionales de la interpretación para que aquello no se convierta, por desgracia, en una sucesión de equivocaciones y despistes. Por suerte, el guión de Juan Carlos Rubio, a partir de los textos de Maquiavelo, estaban en las expertas y expresivas manos de Fernando Cayo. Todo un alivio y acicate para la asistencia de público.

Fernando Cayo en 'El príncipe de Maquiavelo'. Teatro Talía.

Fernando Cayo en ‘El príncipe de Maquiavelo’. Teatro Talía.

Fernando nunca falla en la obra, es preciso como el disparo de un francotirador e impregna de fuerza y contundencia las palabras que siguen tan en boga. Esta obra estuvo parada, haciendo un peligroso paréntesis (ya sabemos las posibilidades que tiene una obra de seguir en cartel por tiempo prolongado) de nada menos que un año y medio, debido a la actividad de su actor, un hombre plagado, gracias a su capacidad interpretativa, de otros encargos.

El texto de Maquiavelo está, para la desgracia de la inmensa mayoría, muy de moda, muy en la actualidad de nuestro día a día. Es importante que los ciudadanos sigamos conociendo cómo ha sido y, por ende, cómo son las maneras de trabajar y operar de los gobernantes sumidos en su egocentrismo particular.

Fernando Cayo en 'El príncipe de Maquiavelo'. Teatro Talía.

Fernando Cayo en ‘El príncipe de Maquiavelo’. Teatro Talía.

‘El príncipe de Maquiavelo’ nos coloca como testigos de las divagaciones certeras y medidas de Maquiavelo, de cómo puede dictar consejos a los mandatarios, esos que impondrán su ley y vivir del pasado, de las glorias y loas. En el texto existen cientos de frases que podrían ser pronunciadas hoy, en boca de políticos, periodistas o los palmeros de todos estos. Frases que descarnan nuestros sentidos. Recordemos que han pasado 500 años, pero la presencia de Maquiavelo y la impronta que dejó sigue de pasmosa, o más bien triste, actualidad.

La brillante escenografía no hace más que realzar la calidad del texto, que nos muestra a un señor bien trajeado en una habitación elegante, revestida del encanto de los años 50, con magnetófono incluido. Es la escenografía parte del discurso narrativo del texto, de la vida cuesta abajo de Maquiavelo, con sus luces y sus sombras (incluido un corte de suministro eléctrico). Es, pues, el escenario perfecto donde la caída del todopoderoso consejero se ve reducida al campo, un lugar aparentemente para ignorantes u orates. Un texto y una interpretación para pensar, para reflexionar sobre el cíclico camino del poder.

Fernando Cayo en 'El príncipe de Maquiavelo'. Teatro Talía.

Fernando Cayo en ‘El príncipe de Maquiavelo’. Teatro Talía.

Javier Caro

El ‘Oro’ que no resplandece

Oro, de Agustín Díaz Yanes
Estreno en cines
España. 2017

Díaz Yanes llevaba sin rodar una película nueve años, en los cuales no se le ha llorado demasiado. Ahora ha regresado con la fórmula que no tuvo buena acogida, que fue pasto de las críticas y que perdió bastantes millones de por medio, algo sumamente inteligente. ‘Alatriste’ se fundió 25 millones de euros y recuperó, a nivel mundial, 20. Ahora le han dado ocho millones para levantar un texto inédito de Pérez Reverte, pero el concepto se le asemeja.

Una buena aventura, con personajes bien perfilados, pero que se va desdibujando desde los primeros compases, con una historia de amor ridícula. Lo que siempre logra Reverte, que no Díaz Yanes, es radiografiar el extraño cainismo de los españoles, las diferencias culturales y sociales de las diferentes Españas, de los señoritos y los pobres, de la tozudez al sibaritismo.

Fotograma de 'Oro', de Agustín Díaz Yanes.

Fotograma de ‘Oro’, de Agustín Díaz Yanes.

Raúl Arévalo y Óscar Jaenada vinieron a València, una vez más a los Preestrenos del Festival Antonio Ferrandis, y pudimos hablar con ellos. Sentado en medio de los dos, Jaenada hablaba de los conflictos interregionales que se exponen en el filme. “Cuando uno está encerrado y ves el miedo por todas partes, pues se localiza más y cada vez se hace más pequeño hasta llegar a la autonomía como defensa. Es el miedo, la poca cultura, la situación de estos hombres que, sin tener ninguna cartografía, ningún registro de la fauna y la flora del lugar, pues van a saco a por algo que es lo único que les importa, que es lo único que han ido a hacer allí”, cuenta Jaenada. “Y ese miedo de no saber lo que se van a cruzar hace que te salgan cosas muy primigenias, como el yo soy de aquí y tú no, pero es totalmente fruto del miedo y la poca cultura”, sentencia el catalán.

La historia no solo habla de la búsqueda del oro, eso es el MacGuffin del filme, lo relevante, lo que  se cuestiona aquí, es el sueño de salir de la pobreza escapando de tu país de origen y viajando a otro lugar, en este caso El Dorado, en busca de la gloria, la fama y la riqueza. Una historia que se repite a lo largo de  los siglos en España; ahora lo vemos en los jóvenes, y no tan jóvenes, que emigran, en lo que la ministra de trabajo, Fátima Báñez, denominó “movilidad laboral”.

Fotograma de 'Oro', de Agustín Díaz Yanes.

Fotograma de ‘Oro’, de Agustín Díaz Yanes.

A este respecto, Raúl Arévalo, que se encontraba a mi diestra, comentó: “Era gente que aquí en España se moría de hambre muy joven, que trabajaba en el campo, que eran ex soldados, que no tenían dónde caerse muertos y que en los escritos de la época decían que allí había oro y ríos de perlas (…) Se iban en busca de fama y sobre todo fortuna y, cuando llegaban allí, se daban cuenta que no había esto”.

El filme podría haber sido un trabajo con un mayor grado de acción, pero las escenas que intentan mostrarnos la brutalidad de las escaramuzas de la época, se pierden en movimientos de cámara rápidos y temblorosos, que se van repitiendo a lo largo de la duración de la historia, y que a base de reincidir en dicho recurso, no solo no aporta nada sino que aburre. Un elemento que se percibe desde el principio es el aparente buen rollo que se desprende en los personajes. El rodaje nos comentaron que se realizó básicamente en Canarias, con algunas escenas sueltas en Sevilla, así que tuvo que ser muy entretenido por los maravillosos (estos sí) decorados y el fantástico vestuario.

Fotograma de 'Oro', de Agustín Díaz Yanes.

Fotograma de ‘Oro’, de Agustín Díaz Yanes.

“Fue muy divertido. De esos rodajes que son duros pero son los que más recuerdas -sonríe Arévalo-. Una convivencia muy buena entre todos y complicado -aquí tuerce el gesto-. Doce horas de rodaje, llenos de barro, llenos de sudor, mojados todo el día. Cansados y agotados, pero eso ayudaba mucho para trabajar estos personajes, aparte del maquillaje, la peluquería y el vestuario tan maravillosos. La cara de cansados muchas veces era real”, sentencia.

Se pueden sacar de esta película cosas positivas: como por ejemplo, que en España, pese a los batacazos en taquilla, se siga apostando por géneros ajenos a lo más común. Charlamos un rato con los actores de esto y sonríen, sabiendo que lo que tiene éxito en este país (no siempre, por suerte) son las comedias. “Lo interesante es que hayan productores”, comenta Jaenada; “televisiones o plataformas que apuesten por historias diferentes, géneros diferentes y formas de contar diferentes”, concluye Arévalo.

Seguimos agradeciendo que Pau Gómez y Eva Montesinos sigan apostando por el cine español y por los preestrenos en esta ciudad, algo más que necesario.

Fotograma de 'Oro'.

Fotograma de ‘Oro’, de Agustin Diaz Yanes.

Javier Caro