#MAKMAAudiovisual
Premios Feroz 2026
Organiza: Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE)
Pazo da Cultura de Pontevedra
24 de enero de 2026
“La creación artística siempre se ha manifestado en mí como un hambre”, rubricaba Ingmar Bergman en plena madurez profesional. Un hambre que para el cineasta sueco “siempre ha sido nueva”, en tanto que “el dinero, la fama y el éxito llegaron sorpresivamente y, en el fondo, fueron consecuencias indiferentes a mis avatares”.
Vicisitudes que basculan con desorden reflexivo en su colección de artículos ‘Las palabras nunca están ahí cuando las necesitas‘ (Fulgencio Pimentel, 2025), en cuyo porvenir convenía acomodar las posaderas cinéfilas mientras una docena de vagones atravesaba el pasado fin de semana la península, rumbo de ida y vuelta al noroeste, con un apetito feroz que AICE trata de saciar desde hace ya trece ediciones.

Un chárter que, a pesar de las condiciones meteorológicas adversas, aventuraba ya un fragor extracinematográfico que bien podría recordar a ciertas excursiones escolares en las que se concita una insólita nómina de personalidades de toda clase de pelaje y condición, acaso imposible de reeditar en el mundo adulto salvo cuando se congregan, como es el caso, las afinidades profesionales, sean estas asalariadas o de autónoma incertidumbre.
Trayecto de horas y trasiego por los pasillos –doblegados al retorno– durante el que consumar reencuentros como el que mi compañera Merche Medina y un servidor mantuvimos con Gui de Mulder, celebrado corresponsal de Canal+ y Movistar Plus+ en Los Ángeles (de quien daremos buena cuenta por estos predios), recién aterrizado en València de unos sufridos Globos de Oro en el que el delirio logístico apenas permitió consumar la crónica.
Un lugar que se tornaba efímeramente festivo para Salvador Jiménez tras dejar atrás, al menos durante tres jornadas, la trágica memoria de Adamuz, de la que el director y presentador del programa ‘Patio de voces’ de Radio 5 fue inopinado y preciso testigo directo.
Así que, rumbo a la gala de los Premios Feroz, el periodista de RTVE aún habitaba en una neblinosa lucidez secundada por el afecto de muchos de sus colegas de oficio, entre ellos Diego Burbano, responsable del programa radiofónico ‘De serie‘, y el fotoperiodista y creador audiovisual Tony Matey.
Y ya con el quehacer nocturno a cuestas, el Liceo Casino de Pontevedra aguardaba a los más avezados para desentumecer la muy dilatada odisea comunal al ritmo de Silvia Superstar y la Terremoto de Alcorcón.
Mientras, incólume frente al desorbitado atletismo promocional, compartíamos con Oliver Laxe las amistades tangerinas en común, fraguadas en una ciudad siempre disidente en la que el cineasta hispanofrancés encontró acomodo a sus primeras inquietudes cinematográficas de la mano, entre otros, de la diseñadora de moda y actriz Salima Abdel-Wahab y Fayçal Maanan Algandouzi, figura decisiva en las producciones cinematográficas rodadas en Marruecos y confeso responsable de alumbrar el título de ‘Sirat’.

Así pues, cumplidas primero las muy diversas expectativas referidas por Bergman, se trataba ahora de refrendar el hambre creativa y la celebridad con la legítima defensa que confiere siempre la cosecha anual de unos galardones de la prensa que, a pesar de las exhortaciones, no pueden evitar el reiterado consenso entre periodistas, productores y académicos a la hora de dibujar el palmarés cinematográfico del curso, por muchas que sean las bondades cualitativas que habitan, al menos, en una decena de producciones de tiro largo o por capítulos.
No en vano, así lo deslizaron muy cáusticamente Javier Durán y Diego Soto, guionistas de una gala correcta en sus formas, comedida en discursos y agradecimientos y respaldada desde los catódico por la narración de Aitor Albizua y la voz de Elena S. Sánchez.
“Unos premios supernecesarios que la Asociación de Informadores Cinematográficos de España creó para premiar las mismas películas que los Goya, los Platino, los Forqué…”, reprendía con mordacidad interpuesta Elisabet Casanovas, copresentadora de los Premios Feroz 2026 junto a Petra Martínez, Antonio Durán Morris y Samantha Hudson. Un autocrítica de carácter preventivo a la que un servidor suma sus cautelas para venideras ediciones.
Sin embargo, habitando aún en los rescoldos de una ceremonia que retornaba al Pazo da Cultura de Pontevedra (bienvenidos sean los garbeos lejos de los fagocitantes epicentros), resulta sugestivo orientar el foco en la periferia de un palmarés donde los Feroz justifican su naturaleza constitutiva: los premios Arrebato, de ficción para ‘Ciudad sin sueño’, de Guillermo Galoe, y de no ficción otorgado a ‘Tardes de soledad‘, de Albert Serra, quien a la postre sería el responsable, bajo el gafón ahumado de su sempiterna boutade, del discurso más lúcido y sardónico de la velada.
“Todo, ahora, es esto de acumular data, collect data. Pues, en esta película, mi actitud fue la contraria: delete data. Esperar a que la película fuera apareciendo con esta inocencia”, confesaba el autor de ‘Un brindis por San Martiriano’. “Las máquinas nunca podrán ser inocentes; entonces, es la única manera de que no puedan hacer algo mejor que nosotros. Y no me salió tan mal… Ya veréis que esto se pondrá de moda y la gente tendrá esta actitud”, concluía el cineasta catalán, cuyo filme cosechaba, además, el premio al mejor cartel, diseñado por Ana Domínguez y Rafa Castañer.
Dos reconocimientos, los de Galoe y Serra, conferidos bajo criterio curatorial de la Asociación de Informadores presidida por la periodista María Guerra –quien, tras ocho años de muy fecunda actividad, afrontaba sus últimos Premios Feroz al frente de AICE–, que bien pudieran haber recibido, a juicio de quien aquí suscribe, títulos como ‘Jone, batzuetan’, de Sara Fantova Barrena; ‘Balearic’, de Ion de Sosa; o ‘Los Tortuga’, de Belén Funes, en la categoría de ficción.

Y a carta cabal que, bajo otras condiciones promocionales, hubiéramos completado semejante lista con el puente hacia el paraíso de Oliver Laxe, que hubo de conformarse con guardar en el morral de caza los premios a mejor tráiler, para el realizador Aitor Tapia, y mejor música, recompensando el sobresaliente trabajo de un ausente Kangding Ray que permitió ver al director de ‘Sirat’ con un Feroz en las manos sobre el escenario antes de pasear la prosodia sufí en su camino internacional hacia Los Ángeles.
Y para la de no ficción, por qué no, ‘El último arrebato’, de Marta Medina y Enrique López Lavigne; ‘Madrid, Ext.’, de Juan Cavestany; o ‘Un hombre libre’, de Laura Hojman. Un muy digno florilegio –ineludiblemente orillado, en muchos casos, por los temas de conversación (y comunicación)– que auxilia a medir, también, la altura (y la memoria audiovisual) de la industria cinematográfica española.
Igualmente, debemos celebrar la travesía que conecta las lúbricas playas de ‘Maspalomas’ con los armarios de Orduña gracias al incontestable y muy aplaudido reconocimiento que recibieron los actores José Ramón Soroiz y Kandido Uranga por sus respectivos roles en un modélico y silente drama de los Moriarti (¿será uno de esos filmes que recordemos, por el encima del resto, pasado el estrépito de la actualidad?).
Predilecciones que no pretenden desmerecer la envergadura artística de ‘Los domingos’, concentrando sobre sí nada menos que cinco Feroz (mejor película dramática, dirección, guion, actriz protagonista y de reparto), con los que Alauda Ruiz de Azúa apuntala a su criatura fílmica tras haber comulgado con un desnortado escrutinio popular y periodístico que puso el foco de la discusión donde la pretensión de su tercer largometraje tal vez no pretendía.
Un foco secundado en taquilla por un público que, de igual manera, encontró en ‘La cena’ el divertimento argumental que el jurado de los Feroz supo premiar como mejor película de comedia. Una recompensa por la que “te dan ganas de continuar. Y cuando estás empezando, es fantástico…”, apostillaba un muy ocurrente Manuel Gómez Pereira con tres décadas de trabajo y más de una veintena de títulos de cine y televisión en su filmografía.
Una atención más presta a lo libérrimo en el caso las series españolas del año, territorio en el que los Premios Feroz robustecen su singularidad y donde resulta más factible equilibrar el entretenimiento doméstico con cierto atrevimiento en las formas para disfrutar, así, con la hilarante agudeza de la segunda temporada de ‘Poquita fe’ –mejor serie de comedia, actriz protagonista y de reparto– y, a la par, entrenar el paladar para reconocer el heterodoxo y sugestivo delirio ‘Superestar’ de Nacho Vigalondo, que al menos enjugó algunas cuitas secundarias con el primer premio de la noche a Secun de la Rosa por su encarnación de Leonardo Dantés.

Encomios que atribuir, así mismo, a otra excelsa anomalía como ‘Yakarta’, con la que Diego San José, aupado por las interpretaciones de Javier Cámara y Carla Quílez, ha sabido hurgar bondadosamente en las úlceras del fracaso edificando un no-lugar que sus personajes habitan sin estruendos. Un itinerario tragicómico por las hormas traumáticas de la derrota con el que rubricar la fiesta a base de guion, actor protagonista y mejor serie dramática.
De modo que, a pesar de todos los bocados agridulces que propicia esta profesión, “¿qué otro oficio voy a ejercer yo?”, se interrogaba, tras recoger su Feroz de Honor, la actriz Marta Fernández-Muro al rememorar su propia travesía tragicómica. “Llevo toda la vida haciendo esto. Es el único oficio que me ha sostenido; el oficio por el que he renunciado a muchas cosas y, por otro lado, he ganado muchísimas. El único que conozco a fondo”.

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