Perspectiva aérea

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Felicia Puerta (artista y docente de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos, UPV)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Desde hace décadas eclecticimo y pluralismo son rasgos generales que caracterizan el panorama artístico y parece que permanecerán manteniendo su vigencia dada la persistente proliferación de formas, lenguajes y experiencias artísticas que, ligadas ahora a la introducción masiva de nuevos materiales y tecnologías, han venido a diversificar, multiplicando tanto los valores estéticos como las resultantes icónicas; nuevos conceptos y funciones que, distanciándose en apariencia de condicionamientos clásicos, han transformado y abierto paulatinamente nuestro modo de entender lo que hoy puede considerarse arte.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

La perspectiva temporal no sólo remite al aumento vertiginoso en cantidad, variedad de imágenes y acciones creativas, sino a los cambios estructurales en su proceso de evolución, su fuerza expresiva; quizás sea esta la causa, justo el exceso y la frecuencia lo que haya hecho disminuir su capacidad de impactar o asombrar, así como su proximidad. Con la masiva divulgación, gracias al gran incremento de medios de comunicación, por un lado, y la facilidad de acceso a su consumo, por otro, ocupan y compiten en los mismos espacios que el resto de imágenes, enfrentándose con otras más poderosas derivadas, por desgracia, de nuestra realidad política social.

Esta producción inconmensurable provoca irremediablemente una gran contaminación, sobre todo en las artes visuales, planteando una mayor dificultad tanto para la innovación, como para su aprehensión. Volver hoy sobre la noción de experiencia estética, criterios de evaluación o, incluso, juicios sobre el gusto, es aceptar la pluralidad y, con ella, alguna de sus peores consecuencias; no obstante, de un modo riguroso, es necesario repensar esta pluralidad, pues la diversificación y la masificación no deben transformarse en puro relativismo; para ello, seguramente hemos de agrandar, al tiempo que flexibilizar, nuestra manera de percibir y estar en la contemporaneidad.

Cada vez son más los actores que participan en lo que ya no se denomina actividad, sino “Industria Cultural», y esta nueva designación introduce un rasgo muy significativo del cambio. El artista ahora no es el único protagonista de la acción, críticos, historiadores, galeristas, programadores, profesores, diseñadores, ilustradores, estudiantes de arte, políticos … configuran, agrupados, lo que también se ha venido a calificar como el “Sistema del Arte”; así, siguiendo el patrón empresarial, se estudian y proponen nuevos modelos de fabricación.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

El arte, por fin, ha ampliado su reducida y elitista esfera de proyección para integrarse, numerosa y profesionalmente, como una rica actividad productiva en y para la sociedad, con nuevas funciones como la mediación, la gestión, el comisariado… nuevas preocupaciones globales relacionadas con la justicia social o el medioambiente, que generan trayectorias de artistas cada vez más comprometidos con su contexto local/temporal, como lo demuestra la proliferación del arte urbano, la introducción de lo “eco” y lo sostenible; por otra parte, nuevas facultades dan paso a carreras directamente relacionadas con la innovación digital enfocadas hacia el diseño, moda, animación, vídeo arte, etc.

En este momento, pienso que tan necesario es celebrar esta rápida expansión y profesionalización de la cultura artística, como ser conscientes o saber gestionar los efectos del cambio. Regular la actividad exige cumplir con códigos establecidos, lo que puede llevar a la banalización de la idea del “ser creativo”, uso unidireccional de las funciones del arte, explotación de su aspecto didáctico, ilustrativo, abuso del enfoque social u otras tantas aplicaciones pragmáticas. La utilización del arte como medio, aún siendo lícita y deseable, puede diluir parte de la libertad para los creadores, que en demasiadas ocasiones están condicionados o dependen de proyectos predeterminados por convocatorias, bases temáticas, dirigidas a grupos sociales concretos, etc.

Dedicarse a la creación, como cualquier otra profesión, exige conocimiento previo, metodología, y mucha vocación; no es una actividad divina, pero tiene rasgos distintivos, pues en su génesis está el placer unido a la necesidad.

‘Sin dogma, solo rigor I y II’, de Felicia Puerta.

Felicia Puerta

Estival y periférica comedia europea en el CCCC

Ciclo de cine ‘¿De qué nos reímos en Europa?’
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
Museu 2, València
Programación del martes 20 al domingo 25 de agosto de 2019
A las 22:00

El Centre del Carme Cultura Contemporània, dentro de su ciclo de cine ‘¿De qué nos reímos en Europa?’, abre la puerta a la comedia griega con firma femenina con la proyección, el martes 20 de agosto, de ‘Attenberg’ (2010), dirigida por la cineasta Athina Rachel Tsangari.

Probablemente sea el cine griego el que está produciendo el cine más crítico y arriesgado de Europa. Este es el filme más celebrado de Athina Rachel Tsangari, quien produjo los primeros filmes de Yorgos Lanthimos. ‘Attenberg’ ofrece surrealismo punk en manos de sus dos jóvenes protagonistas, capaces, entre otras muchas cosas, de reproducir con gracia algunas piruetas de los Monty Python, las del sketch del ‘Ministerio de los Andares Tontos’. La Academia de Cine de Grecia la escogió para optar al Oscar a la mejor película extranjera.

‘Århus by night’ (1989), de Nils Malmros.

Otro de los platos fuertes de la semana se podrá ver el miércoles 21 de agosto. La comedia danesa ‘Århus by night’ (1989), de Nils Malmros, es aparentemente una versión nórdica de ‘La noche americana’ (1973), de François Truffaut, pero esta obra, inédita en España, resulta muy superior.

Que el cine puede ser una herramienta que ayuda a trascender nuestras propias limitaciones es lo que acaba contando este memorable filme de Nils Malmros. A diferencia del mítico filme francés, aquí el rodaje expuesto alude a una película que sí existe, ‘Dregen’ (Boys, 1977), que significó el tránsito de cineasta amateur a profesional cuando era el único que hasta entonces rodaba en su ciudad. En cada una de sus obras, este personalísimo cineasta danés va narrando su vida, siendo esta la más divertida.

El jueves 22, llega el turno de ‘Shik’ (‘El traje’, 2003), con dirección de Bakhtyar Khudojnazarov, una coproducción de Rusia, Alemania, Francia, Italia y Ucrania.

‘El traje’, de Bakhtyar Khudojnazarov.

Los protagonistas de ‘El traje’ tan solo buscan mejorar sus oportunidades, pero el éxito de este empeño puede resultar titánico en un país tan complejo como Rusia. Como ya demostró en ‘Luna Papa’, Bakhtyar Khudojnazarov imprime ese brío alegre que despide la poética de Emir Kusturica para aliñar el periplo ingenuo de sus tres protagonistas, ansiosos de obtener y compartir un precioso traje que debería cambiar sus grises vidas.

En medio de sus colaboraciones con Pier Paolo Pasolini, Mauro Bolognini presenta con ‘Arrangiatevi’ (1959), el viernes, 23 de agosto, una obra magistral que se origina a raíz del grave problema de la vivienda que se dio tras la II Guerra Mundial. Con un argumento muy propio de la época de su producción, ofrece un retrato mordaz de un país azotado por una ley, Merlín, y volcado en la elección de un papa que sucediera a Pío XII.

El sábado 24, la comedia alemana ‘Das leben ist eine Baustelle’ (‘La vida en obras’, 1997), de Wolfgang Becker, nos conduce hacia un viaje a lo desconocido, como lo definió su director “porque nunca sabemos qué nos depara el mañana”.

‘La vida en obras’, de Wolfgang Becker.

Muy propio del momento de su producción, este filme de culto de Wolfgang Becker tiene la habilidad de utilizar el caótico paisaje germánico que siguió a la caída del muro para generar una saludable y torrencial diversión. Todo un mérito para una comedia ligeramente romántica gestada cuando Eros y Tánatos estrechaban fuertes lazos, ese cine de los noventa que daba cuenta del azote temible que produjo el sida en las relaciones más personales.

Otra de las joyas de este ciclo se podrá ver el domingo 25. ‘Tandem’ (Francia, 1987) supuso el descubrimiento asombroso por parte de la crítica de Patrice Leconte, quien hasta entonces no pasaba de ser un cineasta comercial especialista en urdir comedietas y películas de acción. Esta road movie de aires claramente quijotescos oculta una historia íntima y sutil. En sus capas externas, disfrutamos de un argumento delicioso y amargo; en las más profundas, de una historia de amor entre hombres que, por supuesto, también palpitaba en la pluma compleja de Cervantes. Su primera secuencia no narrativa describe perfectamente qué es exacta y visualmente eso que llamamos cine. Según Daniel Gascó, “aparte de guionista y director, Patrice Leconte hizo de operador de cámara dando una lección magistral de cómo se escribe con la luz y las imágenes”.

‘Tandem’, de Patrice Leconte.

¿De qué nos reímos en Europa?

El Centre del Carme Cultura Contemporània refresca las noches de agosto con su ciclo de cine de comedia europea ‘¿De qué nos reímos en Europa?’. Hasta el próximo 30 de agosto de 2019, el ciclo presenta varios títulos producidos en el siglo XX y XXI pertenecientes a diversos puntos de la geografía europea. Clásicos poco vistos, obras maestras ignotas, filmes asombrosos que no llegaron a estrenarse en España comparten cartel con perlas imprescindibles de la comedia europea que hace mucho tiempo que no son exhibidas.

El CCCCinema del Centre del Carme se ofrece a las 22 horas, con entrada gratuita, cada noche de agosto, excepto los lunes. Las películas se proyectan en versión original, con subtítulos en español. Toda la programación se puede consultar en www.consorcimuseus.gva.es.

‘Attenberg’, de Athina Rachel Tsangari.

MAKMA

‘El pionero’: tras el truhanismo de Jesús Gil

‘El pionero’, de Enric Bach
Miniserie de TV | 4 capítulos
HBO España, 2019

En pleno diástole canicular eclosiona, (f)estival y nocturno, el retrato audiovisual de un ser elefantiásico e hiperhidrósico, uniformado con bermudas y guayaberas de impúdica abertura frontal en la que se refugian los ecos de una forma de ser/estar en el procaz orbe patrio, cuyos vestigios de aluminosis y truhanismo prosiguen erigidos en el plúmbeo perfume de verano de perillanes, galopines y soplagaitas, menesterosos émulos de una las figuras indispensables del hediondo y vigente pasado reciente, opulento adalid del vasto y necrosante feudo de la endémica corrupción española: Gregorio Jesús Gil y Gil (El Burgo de Osma, Soria, 1933 – Madrid, 2004).

Precursor, adelantado, ascendiente, tan fundador como un brandi invernal y burgense, su fastuosa y ya onírica remembranza se revelan en suficiente alimento para que la taquilla en casa de HBO haya tenido a bien implementar su primera producción por estos dispares dominios, procurando el sacramento que une al alevoso/insigne con la idiosincrasia pútrida, lega y verbenera de aquellos que fueron, siempre han sido y prosiguen estando.

De este modo, ‘El pionero’, del sabadellense Enric Bach, en compañía del brítanico Justin Webster (‘Muerte en León’, 2016), dirige la atención sobre el curso biográfico, carcelario, colchonero y marbellí del primogénito de los Gil y Gil, transitando epidérmicamente por sus gélidos y exiguos orígenes castellanos y edificando la entoldada semblanza bajo las vergonzantes ruinas del vasto y funesto comedor de la urbanización Los Ángeles de San Rafael –luctuoso episodio cuya negligencia se hubo cobrado 58 víctimas en la primavera de 1969 y, a la par, su primera encarcelación (por homicidio involuntario) e indulto ulterior (beneficiándose de una segunda conmutación, preelectoral y socialista, a mediados de los años 90)–; su atlético y convulso dominio durante varios lustros (1987-2003) del palco del Vicente Calderón –siendo cesado de su cargo durante el invierno de 2000 por decreto de la Audiencia Nacional y repuesto cuatro meses después, tras la crispada administración de Luís Manuel Rubí– y las tres desconcertantes mayorías absolutas que le auparon como regidor del Ayuntamiento de Marbella (1991-2002) bajo el acrónimo ególatra y personalista del GIL (Grupo Independiente Liberal) –interrumpidas por su inhabilitación tras ser condenado por malversación y falsedad documental en el célebre caso ‘Camisetas’ y su eximia publicidad de Marbella en las camisetas de diversos equipos de la LFP–, hasta su fallecimiento el 14 de mayo de 2004 a la edad de 71 años.

‘El pionero’ cobra morfología serial –henchida de constantes analepsis y diversas reiteraciones prescindibles– con el rutilante sustento del archivo audiovisual legado por su facundia improvisada y visceral –registrada en innumerables apariciones televisivas y grabaciones particulares– y el refrendo testimonial y decisivo de una nutrida nómina de individuos, próximos por consaguinidad o confrontación profesional y judicial, que auxilian a recomponer los rasgos fundamentales de su estampa, tan ladina y diestra como charanguera y facinerosa.

Así, restauran la parte más afín, amable e hilarante del relato diacrónico de ‘El pionero’, entre otros, las evocaciones de sus hijos Jesús Gil Marín (insólito alcalde de Estepona por el GIL, de 1995 a 1999); Miguel Ángel Gil Marín (consejero delegado del Atlético de Madrid); hermanos y amigos infantes; el productor cinematográfico y presidente del Atlético de Madrid Enrique Cerezo; el inefable e hidrocarbúrico José María García; el proverbial extremo portugués Paulo la pantera de Montijo Futre y la epicúrea hazaña del doblete del entrenador serbio Ramodir Antic, cuyas respectivas aserciones, si no reveladoras, cuando menos no eluden la ratificación de un modus operandi nebuloso y túrbido, aún cuando (supuestamente) bienintencionado.

Por su parte, amén de otros inquietantes testigos, Isabel García Marcos –otrora obstinado (resignado y tránsfuga en el epílogo) azote del gilismo desde el PSOE marbellí– y el jurista madrileño Carlos Castresana –fiscal del caso ‘Gil’– aportan luz –desde la dubitación (la primera) y la determinación (el segundo)– sobre alguno de los sótanos uliginosos erigidos en los cimientos del hampa del GIL, que operaba en el latifundio de oropeles y golfería en que se había convertido la Costa del Sol Occidental.

Se concitan, por tanto, los suficientes elementos enardecedores como para propugnar de un modo sobresaliente la necesidad de instituir a ‘El pionero’ en una exuberante radiografía que trasciende la propia y crasa figura de Jesús Gil, efímero cenit de un putrefacto trastorno político y económico irresoluble (me temo) y vigente. Si Gil hubo encarnado los profanos males de la demagogia –discurso simple, efectista y seductor–, la ineptitud y el oscurantismo, el presente nos revela un horizonte uniformado de populismo aventajado y predominante, reduciendo a Gil y Gil –cuestión que Enric Bach y Justin Webster eluden sapientemente– en desdeñadas noches de tal y tal, remedos imperiosos e ignominiosas caricaturas de un tiempo febril, disparatado y estrambótico que, sin duda, fue y, quizás, siga siendo ahora con distintos afeites.

Jesús Gil y Gil en un fotograma de ‘El Pionero’. Fotografía cortesía de HBO España.

Jose Ramón Alarcón

La danza del arte

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Meritxell Barberá (codirectora de Taiat Dansa y del Festival 10 Sentidos)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

En los inicios del siglo XX la que hoy conocemos como Danza Moderna aparece gracias a coreógrafas y bailarinas como Isadora Duncan, que se enfrenta a los cánones clásicos del Ballet Romántico, o Loïe Fuller, que experimenta con la luz y el movimiento. En los años veinte Josephine Baker explosiona, ante el estupor de muchos, con su danza sensual, una actitud feminista y un decidido estilo que defiende el nuevo rol que quiere ocupar la mujer en el mundo. Un poco más avanzados en el siglo XX, figuras como Mary Wigman, Martha Graham o Doris Humphrey irrumpen con un nuevo estilo de danza que apela al sentimiento, la necesidad de expresar diferentes estados de ánimo a través del cuerpo, en íntima relación con los acontecimientos que convulsionan al mundo entero ante la Segunda Guerra Mundial.

La aparición, a principios de los años 60 en la Judson Church de Nueva York, de una generación de bailarines –tales como Lucinda Childs, Trisha Brown, Steve Paxton o Yvonne Rainer–, conocida como Nueva Danza, propone un rechazo total a la formación dancística clásica. Utilizan movimientos cotidianos para realizar coreografías, diferencian la presentación de la representación y apuestan más por obras inacabadas, por mostrarlas en proceso de creación. Se trata de una generación que comienza a trabajar con artistas de otras disciplinas. Todas las experimentaciones entre cuerpo, espacio y tiempo que tuvieron lugar en la Judson Church de Nueva York constituyen una nueva estética de danza, nuevas motivaciones, nuevos objetivos donde, a partir de ahora, la danza empieza una carrera, desde nuestro punto de vista, por querer formar parte de eso llamado arte, de la historia del arte.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Esta generación de la Judson Church apuesta por lo no espectacular, por el no al virtuosismo, no a la representación y no a la emoción. A partir de aquí, coreógrafos como Anne Teresa De Keersmaeker o Wim Vandekeybus crean otra revolución en los años ochenta. Su danza parte de un movimiento no académico y en sus obras la relación entre danza y otras disciplinas como el cine, la música… es fundamental. Pero ellos, de manera muy original, apuestan por un estilo más sofisticado en relación a la generación anterior, conjugan la plasticidad de la escena y una cuidada estética, sin perder de vista lo cotidiano y humano.

En los últimos veinticinco años Ohad Naharin ha supuesto un nuevo paradigma, el nuevo escenario de movimiento y composición coreográfica a partir del cual trabajan (y trabajamos) una gran mayoría de coreógrafos y coreógrafas en la actualidad, aunque desde lugares, intereses, inquietudes y universos muy diferentes. La habilidad física, la formación en danza clásica se recupera para luego cada creador transformar el cuerpo con cualidades diferentes y extremas que puedan poner en relación a la danza y el discurso de una obra, a la necesidad de comunicar diferentes estados o situaciones.

La relación entre placer y esfuerzo son importantes para Naharin. “Se trata sobre todo del porqué, por qué se baila. He visto bailarines que tienen una gran habilidad física pero que no escuchan a su cuerpo, sino que se mueven solo en pos de la forma”, apunta. Y añade: “lo importante es escuchar la gama de sensaciones del cuerpo para poder danzar. La danza es una escucha del cuerpo”, afirma el coreógrafo.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

La magia reside, en los últimos años, en buscar universos coreográficos que propongan algo diferente, una estructura corporal nueva, códigos de movimiento diferentes que sorprendan pero que, sobre todo, no estén solo al servicio de la forma y la virtuosidad, sino más bien en estrecha relación con el discurso de la obra. El intercambio con otras disciplinas ofrece un juego más colectivo de expresión y, con el protagonismo sabido que ofrece la danza y el movimiento, es una manera interesante de trabajar en la creación coreográfica actual para compartir ideas, opiniones y emociones a través del cuerpo.

El riesgo actual puede estar en la excesiva importancia que está tomando el movimiento virtuoso, una imponente técnica dancística, que pueda poner en peligro la relación entre una obra de danza y su contexto. Es decir, que el soporte expresivo que supone la danza para reproducir el mundo que le rodea esté más atento a la forma.

El arte es la llave para abrir fronteras y fusionar culturas. La danza, una forma de expresión ancestral, natural en el ser humano desde la infancia, parece que sea la disciplina menos comprometida, pero no es así, la expresión corporal tiene mucha fuerza y su lenguaje no tiene en cuenta las fronteras. En los últimos años la transmisión de los significados culturales que nos construyen como seres humanos, utilizando el cuerpo como herramienta fundamental para cuestionar o proponer nuevos valores, como la diferencia, conceptos nuevos de belleza y perfección, diferentes capacidades o temas de denuncia que afectan a nuestra sociedad, son fundamentales en la creación coreográfica actual.

‘Canvas of bodies’, de Taiat Dansa.

Meritxell Barberá

Una España negra como el carbón

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Javier Valenzuela
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Me hubiera gustado inventarme un personaje tan fantástico como el llamado Yonqui del Dinero, ese valenciano que, una vez detenido por la Guardia Civil, tuvo una epifanía: descubrió que llevaba la vida miserable de un drogadicto, siempre en busca de material, siempre necesitando más y más. La droga, en su caso, era el dinero que conseguía mediando en chanchullos corruptos de los políticos de derechas y sus amiguetes empresarios. Puesto en libertad provisional, el Yonki del Dinero, como ustedes saben, se marchó en busca de iluminación a la India, de donde regresó convertido en un gurú y dispuesto a colaborar con la Justicia.

Cuando en 2016 escribí ‘Limones negros’, mi novela sobre la corrupción española, el Yonki del Dinero era ampliamente conocido en España, así que no pude inventármelo como personaje de ficción. Lo que hice fue otorgarle una especie de cameo, hacer que la imaginaria Lola Martín, capitana de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, le contara en Tánger al también imaginario profesor Sepúlveda cómo ella había participado en su detención e interrogatorio. Pero, ¿saben una cosa?, creo que jamás me hubiera atrevido a concebir un personaje semejante al del Yonki del Dinero, lo hubiera considerado demasiado perfecto, poco verosímil por decirlo de alguna manera.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Y es que la realidad de la corrupción española, revelada por el periodismo y la justicia independientes, supera la imaginación más fértil. Un presidente de una comunidad autónoma que guarda un millón de euros en billetes de quinientos en un altillo y cuando es descubierto afirma que se lo olvidó allí un fontanero o un empleado de IKEA. Una presidenta que falsifica un máster y solo dimite cuando también se airea que robaba cremas de belleza en un supermercado. Un banquero que ha estafado a miles de pequeños inversores y termina apareciendo muerto de un disparo de escopeta en una partida de caza. Políticos y empresarios que pagan con el dinero de los contribuyentes a las putas que llevan a sus orgías. Fiscales anticorrupción a los que les roban en sus casas los portátiles donde guardan los datos de sus investigaciones. No me digan que todo esto no es negro como el carbón.

Negro, por supuesto, a la manera española. Más próximo al cine de Azcona y Berlanga o la literatura de Eduardo Mendoza que a los ríos de sangre y vísceras del thriller norteamericano. Más emparentado con la picaresca del Siglo de Oro que con las obras de James Ellroy y Don Winslow. Más pegado a tierra que a las angustias existenciales de los escandinavos. En definitiva, tan español como el chorizo.

Como en el resto del planeta, el género negro ha sido el gran protagonista de la escena literaria española en el último lustro. ¿Qué premio prestigioso no ha recaído más de una vez sobre una novela negra? ¿Qué presentadora de televisión no ha publicado ya la suya? ¿Qué ciudad de la piel de toro no cuenta con su festival consagrado a la ficción policial y criminal? ¿Qué librería no dispone de un generoso rincón dedicado a ella? Año tras año, se equivocan los que predicen que el noir va a pasar de moda. Año tras año, cuenta con más autores y lectores.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

¿Por qué? Pues porque seguimos en crisis. Aquí y en todo el mundo. Crisis profunda de modelo político e institucional, de sistema económico y social, de ideas y valores. Y, como también saben ustedes, ningún género novelesco cuenta tan bien como el negro la realidad del mundo urbano y capitalista en crisis. Nació por y para ello en el Estados Unidos de la Ley Seca y la Gran Depresión, con las obras de Dashiell Hammett, James M. Cain, Jim Thompson y Raymond Chandler. Y llegó a la España de la Transición, la Crisis Petrolera y la Inseguridad Ciudadana con las obras de Vázquez Montalbán, Andreu Martín y Juan Madrid.

Convendrán conmigo en que lo que llevamos de siglo XXI tiene muchas más sombras que luces. Es difícil contar en rosa un siglo que arrancó con el derribo de las Torres Gemelas y la quiebra de Lehman Brothers y sigue hoy con las barbaridades de los yihadistas y los despropósitos de Donald Trump. Un siglo que, en el caso español, ha sido el de la ruina de las clases populares y medias, el de la denuncia de la mediocridad de nuestra democracia por los jóvenes de edad o espíritu del 15-M y el del descubrimiento de que el régimen está podrido de corrupción. La novela realista solo puede contar en negro este tiempo.

Muchos autores y autoras están en ello. También aquí. No citaré ningún nombre porque bastantes de ellos son amigos míos y no quiero incurrir en ningún olvido. Lo que si diré es que todos intentan que sus ficciones no se queden cortas en comparación con lo que ocurre en nuestras cloacas y callejones oscuros. Y añadiré que muchos cuentan lo que no cuenta la Prensa adocenada: que los que mandan de verdad son los grandes banqueros y empresarios, no los políticos a los que votamos, y que los corruptos de postín, los curas pedófilos y los violadores de mujeres reciben mejor trato en nuestros tribunales que los que roban gallinas o no pagan la hipoteca. Por eso la gente los lee, porque entretienen dando las claves del presente.

La vie en rose? Pas maintenant, cherie.

‘Salón con lobo’, de Marta Beltrán.

Javier Valenzuela

MuVIM: un museo diferente

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Marc Borràs (jefe de investigación y gestión cultural del MuVIM)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

El MuVIM es un museo que se avanzó a su tiempo. Una declaración tan pomposa puede resultar presuntuosa, sin duda, pero en este caso es rigurosamente cierta. Porque el Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat se definió, desde su inauguración en 2001, como un museo de ideas (consagrado, por tanto, a preservar, proteger y transmitir un bien intangible) y, sin embargo, no fue hasta 2007 —seis años después— que el ICOM modificó su definición de museo para amparar bajo ese concepto a aquellas instituciones que se ocupaban exclusivamente de conservar patrimonio inmaterial.

Es evidente que la particular naturaleza incorpórea del objeto museográfico del MuVIM le obligaba a modificar las estrategias discursivas empleadas hasta entonces en los museos cuyo cometido era almacenar, catalogar y exponer objetos materiales: un retrato, un resto arqueológico, una herramienta de labranza tradicional. Eso explica que la exposición permanente del MuVIM prescinda de objetos y textos explicativos y se vehicule a través de la palabra y las nuevas tecnologías de comunicación.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Contra la univocidad del objeto museográfico

Los museos son entidades expertas en tratar con objetos. Pero no sólo eso. En el museo tradicional la relación entre el museo y el objeto es tan estrecha que la naturaleza del segundo determina el carácter del primero. Parece obligado pensar que un retrato al óleo solo puede ser expuesto en un museo de arte, el resto arqueológico en un museo de Prehistoria o la herramienta tradicional de labranza en un museo etnológico. Porque según parece, cada objeto solo puede ser interpretado de una —y solo una— manera.

A finales del siglo XIX, el matemático y filósofo alemán Gottlob Frege —fundador de la moderna filosofía del lenguaje— estableció una diferencia entre referencia (bedeutung) y sentido (sinn) que puede resultarnos especialmente útil ahora. Un mismo referente — Cervantes, por ejemplo— puede ser aludido a través de diferentes expresiones o descripciones definidas —“el manco de Lepanto”, “el autor de El Quijote”— que, a pesar de tener un mismo significado, tienen distinto sentido, porque nos aportan distinta información: puede ser que yo supiera que Cervantes escribió ‘El Quijote’, pero desconociera que quedó manco como desafortunada consecuencia de una batalla.

Esa —sutil— distinción fregeana permite combatir la tradicional univocidad del objeto museográfico, porque un mismo objeto —o referente— puede servirnos para distintos propósitos expositivos, es decir, que puede ser interpretado de distintas maneras que aportan también distinta información sobre él: nada impide que una obra de arte pueda ser utilizada para reflejar una idea o representar una época, ni que podamos valorar un resto arqueológico o cualquier objeto etnográfico tan solo por sus cualidades estéticas. El MuVIM apuesta, precisamente, por romper esa disciplina del sentido único proponiendo, en cambio, una lectura transversal: los objetos que aparecen en sus exposiciones no sólo se exhiben por sus (supuestas) características intrínsecas, sino porque sirven como acicate y excusa para reflexionar sobre un tema de más amplio calado intelectual o interés sociológico. Distintos retratos regios permiten explicitar cómo ha cambiado la imagen del poder. Fotografías de personajes mediáticos ilustran hasta qué punto se ha modificado el ideal de belleza.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

La herida siempre abierta de la modernidad

Sin embargo, alguien podría pensar que hablamos de preservar ideas muertas, que han perdido la utilidad que un día tuvieron —como el bifaz de sílex o el molino manual de piedra— y que, precisamente por eso, se conservan en un museo: como residuos históricos que ya no tienen función social. Nada más lejos de la realidad. La Ilustración fue, en efecto, un movimiento intelectual que quiso reorganizar la (vida en) sociedad a partir de premisas racionales con un claro propósito emancipador: el de liberar al individuo de las numerosas trabas que impedían su pleno desarrollo. La liberación es —como dice Alain Finkielkraut— el gesto moderno por excelencia: libertad de conciencia y de pensamiento, libertad de expresión, libertad de reunión e incluso libertad para elegir quién y cómo nos gobierna.

La Ilustración propició una auténtica revolución de la mente que sentó las bases intelectuales y políticas de nuestro mundo, es cierto. Pero no fue la única partera de la modernidad: la industrialización, la expansión —también colonial— del capitalismo y, en general, la progresiva implantación de una racionalidad eminentemente instrumental han desembocado en una situación paradójica. Por una parte, la veta ilustrada ha permitido que el individuo atesore ahora una serie de derechos y libertades políticas inalienables. Pero, por otro lado, la racionalidad tecnocientífica ha reducido a ese mismo individuo a la impotencia: puede ejercer democráticamente sus derechos políticos pero difícilmente podrá cambiar el statu quo económico, por ejemplo, dado que la economía se presenta como una ciencia contra cuyas leyes poco o nada se puede hacer.

Esa ambivalente situación estructural genera conflictos, tensiones y disfunciones que se expresan social y, sobre todo, culturalmente. Y son precisamente esas manifestaciones culturales —en sus múltiples variantes expresivas (pensamiento, palabra, acción, perfomance, artes plásticas, audiovisuales, etc.)— la materia prima con la que trabaja un museo como el MuVIM, dado que son exteriorizaciones de ese permanente hiato entre promesa de plenitud e impotencia efectiva que caracteriza la vida del individuo moderno. En el siglo XVIII tanto como en el XXI.

Eso quiere decir que aquel ideal emancipador sigue vigente y no deja de desplegar nuevas estrategias discursivas ni de actualizar aquel caudal de ideas primigenio, con la esperanza de cerrar definitivamente la herida siempre abierta de la modernidad, aspirando, así, a completar la tarea inacabada de la Ilustración. Una Ilustración que no es tanto un corpus doctrinal como una actitud siempre crítica hacia el presente que nos ha tocado vivir, como dijo en su día Foucault. Y por todo eso —tanto por la particular naturaleza como por la permanente actualidad del objeto que custodia— el MuVIM es un museo diferente que no quiere dejar indiferente a nadie.

Imagen del hall del MuVIM. Fotografía de Jesús Granada cortesía del museo.

Marc Borràs

Carlos Cruz-Diez, el artista que reinventó el color

Ha fallecido en París, a los 95 años, Carlos Cruz-Diez, dejando un enorme legado al arte contemporáneo y un mensaje de optimismo y esperanza a los venezolanos.

Conocí a Cruz-Diez un día de 1986 en los amplios espacios del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. A la sazón, yo trabajaba como periodista en el suplemento cultural de El Diario de Caracas. La directora del museo, Sofía Imber, también periodista, me llevó hacia donde se producía una febril actividad de montaje y me lo presentó.

Entre muchos operarios que instalaban sus obras, me encontré a un artista con aspecto de laboratorista, debido a su bata blanca. Era un hombre más bien pequeño, de grandes patillas y mirada afable tras los lentes.

Yo estaba emocionado pues sabía que estaba ante uno de los grandes artistas contemporáneos no solo de Venezuela sino de todo el mundo, cuyo su nombre se inscribía, junto al de otros renombrados representantes del arte cinético y del op art como Vasarely, Le Parc o el también venezolano Jesús Soto.

Imagen de una de las obras de Carlos Cruz-Diez. Fotografía cortesía de @ateliercurzdiez.

Como visitante de museos había disfrutado en muchas ocasiones de sus obras, pero también en muchos espacios urbanos de Caracas y otras ciudades, pues Cruz Diez siempre se planteó la integración de la obra con la ciudad como lo demostró en la ‘Inducción Cromática por Cambio de Frecuencia’, el mural cinético más largo de América (2 kilómetros) en la pared del puerto de La Guaira, obra hoy lamentablemente desaparecida.

Acostumbrado a las entrevistas, respondió a las preguntas con mucha seguridad, haciendo gala de sus profundos conocimientos en teoría del color. Pero yo, fiel a mi escuela de periodismo rompedor, guardaba la pregunta-gatillo para el final:

–¿Qué les diría a quienes opinan que es un pintor de rayitas?

No voy a decir que se molestó, porque Cruz-Diez tenía buen humor, pero sí abrió los ojos bastante y diría que se sobresaltó porque hasta entonces la entrevista había discurrido por un muy civilizado intercambio de preguntas y respuestas.

–¡No soy un pintor de rayitas! –me dijo airado. Y, a continuación, explicó por enésima vez sus teorías y su convicción de que el color es capaz de suscitar la emoción del movimiento sin la necesidad de la anécdota. Así fue que me regaló uno de los títulos más redondos en mi carrera periodística.

Obra de Carlos Cruz-Diez en el Buffalo Bayou Park Cistern de Houston (EE.UU.). Fotografía cortesía de @ateliercurzdiez.

Muchas cosas pasaron desde entonces, Cruz-Diez se fue a vivir a Francia y su obra siguió, indetenible, su proceso de internacionalización. Aquí en España tuvo lugar en 2009 su primera individual, llamada ‘Carlos Cruz-Diez: el color sucede’, promovida por la fundación Juan March en Palma de Mallorca

Su obra ‘Cromointerferencia de color aditivo’, en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, se ha convertido en un icono de la diáspora, ya que millones de venezolanos se llevan como último recuerdo una foto con ella.

En una entrevista reciente se lamentaba de este éxodo y sus circunstancias, pero a la vez se mostraba optimista y esperanzado, como escribió en una carta a la juventud venezolana.

Carlos Cruz-Diez. Fotografía cortesía de @ateliercurzdiez.

Eloi Yagüe Jarque

‘Arde’ Sagunt

XXXVI Sagunt a Escena
‘Palabras y Sonidos’
Teatro Romano de Sagunto
Hasta el 7 de septiembre de 2019

Inmunes al azote del calor, las piedras del Teatro Romano enmarcan la 36 edición del festival Sagunt a Escena con un contenido versátil que incluye desde piezas dramáticas inspiradas en los grandes clásicos a recitales de música, danza y circo. En total 32 espectáculos para todos los gustos que combinan producciones internacionales, estatales y valencianas. Bajo el lema ‘Palabras y Sonidos’, es el programa más musical de los últimos años.

A punto de cruzar el ecuador, el festival deja buen sabor de boca con montajes espléndidos como ‘Viejo amigo Cicerón’, coproducción del Teatro Romea y el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, un texto de Ernesto Caballero, dirigido por Mario Gas e interpretado por Josep Maria Pou, Bernat Quintana y Miranda Gas. Una obra que aproxima a los ciudadanos de hoy esta figura histórica, cuyas reflexiones mantienen plena vigencia, y que revive en escena junto a su secretario Tirón y su hija Tulia.

Cicerón fue protagonista de las luchas y transformaciones ocurridas en el siglo primero anterior a nuestra era en Roma, personificando la imagen de la integridad moral de quien mantiene la coherencia de sus convicciones políticas incluso en las circunstancias más adversas. Un político excepcional en medio de un mundo de mezquinas ambiciones personales, deslealtades y pequeños enredos propios de la vida pública. Político, jurista, orador, filósofo, divulgador, el personaje encarna la máxima de Terencio: Nada humano le era ajeno.

Una original versión del clásico inmortal ‘Hamlet’ se estrenó en el Centro Cultural Mario Monreal, producción de la compañía valenciana Bambalina Teatre Practicable, dirigida por Jaume Policarpo e interpretada por un solo actor manipulador de títeres, Jorge Valle. Bambalina propuso en su ‘Hamlet’ un juego particular con una de las tragedias de Shakespeare sin dar nada por supuesto, intentando hacer lo más difícil de la manera más sencilla. Con este punto de partida planteó un reto con títeres que representan los personajes de la tragedia y un solo intérprete-demiurgo buceando en la obra como quien llega a un planeta inexplorado. Otros espectáculos destacados fueron ‘Somni’, del Institut Valencià de Cultura, con Núria Vizcarra y Juan Carrillo, el homenaje al maestro Joaquín Rodrigo o el ballet ‘El Quijote de plata’, dirigido por Igor Yebra.

Imagen de la puesta en escena de ‘Divinas palabras’, dirigida por José Carlos Plaza. Fotografía cortesía de Sagunt a Escena.

Superados los rigores de la canícula, el festival afronta su segunda mitad en la que todavía tiene mucho que ofrecer. Un aluvión de propuestas entre las que destaca el ya sexto montaje que realiza José Carlos Plaza de ‘Divinas palabras’, de Valle-Inclán, en escena el 24 y 25 de agosto. Lo interpretan María Adánez, Javier Bermejo, Alberto Berzal, María Heredia, Chema León, Carlos Martínez Abarca, Ana Marzoa, Diana Palazón, Luis Rallo, José Luis Santar y Consuelo Trujillo. Escrito en 1919 y publicado en 1920, este texto se sitúa en un momento en que Ramón María del Valle-Inclán da forma a su visión esperpéntica de la realidad. Dividido en tres jornadas, se centra en la figura de un idiota, hidrocéfalo que, al morir su madre es explotado por sus tíos que lo exhiben por las ferias como un monstruo, que igual inspira compasión que burlas grotescas.

En palabras de José Carlos Plaza, se trata de “una obra claramente agresiva, a veces brutal. Inmersa en las raíces de un pueblo que, sin perder su pasión, se comporta con el instinto y no con la razón. Un instinto deformado que lleva a cometer acciones inimaginables y que corroen los pilares de una sociedad burguesa, retrógrada y castradora. Y todo ello a través de un acidísimo humor negro. Desde el concepto de la familia, reflejada como una unión forzada que se usa como tabla de salvación, al concepto del dinero como único y auténtico dios que todo lo domina. Desde una miseria social y moral, al concepto de orden establecido, corrupto y mezquino. O hasta los miedos más profundos de la ignorancia. Y, dominándolo todo, la religión”.

Enrico Barbaro y Asier Etxeandia protagonizan ‘Mastodonte’. Fotografía cortesía de Sagunt a Escena.

El 22 de agosto, Asier Etxeandia y Enrico Barbaro lanzan su primer proyecto musical, ‘Mastodonte’. Un viaje conceptual a través de la vivencia del ser humano desde una vida anterior a su nacimiento pasando por la niñez, la adolescencia, el descubrimiento de la pasión y el amor, la madurez, la perdida, el perdón y la muerte y serena aceptación de sus errores. El último día de agosto los amantes del flamenco tienen una cita con ‘Bailando con Carmen’, la primera ópera flamenca en la que el amor y la tragedia reflejan la sociedad actual.

Dentro del circuito Off Roma se incluye, entre otras opciones, ‘Juicio y muerte de Sócrates’ (19 y 20 de agosto), un espectáculo dividido en dos partes que revive los momentos de mayor tensión vividos durante el juicio al que sometieron al filósofo griego, acusado de introducir nuevas divinidades en Atenas y de corromper a la juventud, y su posterior suicidio. ‘Con dos coplas de más’ llega el 4 de septiembre, combinando música y poesía, y el 7 de septiembre tendrá lugar una actuación del ganador o ganadora de la edición de 2019 del Festival del Cante de las Minas.

Josep María Pou durante un instante de ‘Viejo amigo Cicerón’, dirigida por Mario Gas. Fotografía cortesía de Sagunt a Escena.

Bel Carrasco

Alarcón celebra su festival de música ecléctica

IV El Ruso Festival de música ecléctica de Alarcón
Alarcón (Cuenca)
Del 26 al 28 de julio de 2019

Reunir con ánimo de conciliar valores, ideas y tendencias. Así nació El Ruso Festival de música ecléctica de Alarcón y con esa misma filosofía ha llegado a su cuarta edición, celebrada este año entre el 26 y el 28 de julio. Nada mejor para arrancar que los soportales del ayuntamiento, un espacio abierto que, a modo de ágora griega, sirvió de escenario para dar la bienvenida al festival con el proyecto del inclasificable Gilbertástico, alter ego de Gilberto Aubán. El artista valenciano actuó solo, cual trovador del siglo XXI, y una vez más consiguió dar coherencia a una mezcla de estilos de lo más variada, una propuesta musical que aúna folk, jazz, psicodelia y ritmos balcánicos. Además, sentado al piano deleitó al público con un homenaje a Franco Battiato, una de sus mayores influencias.

Veinticuatro horas después, la tarde noche del sábado acogió el resto de conciertos. En esta ocasión el escenario ganó en altura y en vistas con el traslado a la terraza del restaurante de Raúl Poveda, ‘La cabaña de Alarcón’, uno de los patrocinadores del festival y parada ineludible en una visita a la localidad. El primer plato del menú lo cocinó el director artístico del festival, Néstor Mir, a quien su inquietud artística le ha movido más allá de los confines de la música para adentrarse también en las artes escénicas, la narrativa y el audiovisual. Agitador sociocultural y alma mater de la discográfica independiente Malatesta Records, Mir es un especialista en escribir y musicar historias cotidianas para discos arriesgados y atrevidos. En la cuarta edición del festival optó por presentarse en versión one man band para dar voz a parte de su repertorio más reciente acompañado de una Fender Jaguar, un secuenciador y un looper, aparatos que sumó a su propuesta asesorado por las alcoyanas Júlia, artistas invitadas a la primera edición del festival en el verano de 2016.

Con los últimos rayos de sol llegó Petit Mal. El anaranjado atardecer acompañó en escena a este grupo liderado por Suso Giménez, asiduo al festival y que en esta ocasión estuvo acompañado por Anna Sanz de Galdeano al violín, y Lourdes Casany al bajo acústico. Juntos interpretaron buena parte del nuevo álbum de Petit Mal. ‘Andar sobre hielo frágil’ha visto la luz casi 15 años después de ‘Finlandia’, pero mantiene su esencia. Canciones intimistas de aire nostálgico con melodías delicadas, letras que conjugan el existencialismo y el día a día en un propuesta musical que busca la emoción y lo consigue. También hubo tiempo para recordar grandes éxitos de ‘Finlandia’ como ‘Yo soy tu fan¡ y para versionear, con absoluta libertad, temas clásicos como el ‘China girl’, coescrito por Iggy Pop y David Bowie.

Gilberto Aubán, Gilbertástico, durante su actuación en el festival. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Después de cenar se encargó de amenizar el postre la dulce y potente voz de Elen & Roseville, proyecto personal de Elena G. Morillas, acompañada por el artista de Java (Indonesia) Hans van de Stadt (ármonica, voz y guitarra). Su propuesta musical, también ecléctica, hizo viajar al público por diferentes rincones del mundo. A través de la unión de diferentes estilos musicales y letras compuestas en francés, inglés y árabe, Elen & Roseville camina con equilibrio entre el rock, el blues, el folk francés y la música étnica.

Fue el broche final a la parte musical de un festival alejado de modas y carteles de renombre, pero con proyectos de indudable calidad. Una propuesta sólida que goza de la belleza de la intimidad en un entorno medieval envidiable. También del apoyo incondicional del Ayuntamiento de Alarcón.

Paralelamente a la propuesta musical, el festival tiene su vertiente cultural con sede en el Museo del Ruso, espacio de arte contemporáneo dirigido por Marisa Giménez Soler, directora del festival, galerista y comisaria de arte, pero sobre todo una mente inquieta que desde aquellos maravillosos años de La Esfera Azul no ha parado de idear interesantes proyectos. El museo fue parte del desaparecido palacio de los Castañeda, del que solo se conserva la imponente portada del siglo XVI y su nombre procede del pintor y coleccionista ruso Miguel Ourvantzoff, que vivió durante años en Alarcón.

Posado grupal de artistas, músicos, gestores y patrocinadores del festival. Fotografía cortesía de Marisa Giménez Soler.

En su pequeña y única sala, y coincidiendo con el festival, se ha inaugurado la exposición ‘Colectiva ecléctica’, que reúne tres propuestas completamente diferentes: obras de Calo Carratalá (Torrent, 1959), Felicia Puerta (Murcia, 1967) y Fernando García del Real (València, 1967).

Calo Carratalá, considerado uno de los exponentes del nuevo paisajismo contemporáneo, muestra obras de su viaje a Tanzania, una mirada cautivadora sobre la naturaleza. La obra de Felicia Puerta, profesora de la Facultad de Bellas Artes de València, se caracteriza por la abstracción pura, la geometría y el minimalismo, plasmados en texturas y una sobria paleta cromática. Fernando García del Real se expresa a través del collage digital. Sus obras destilan un atractivo estilo retro contemporáneo que sorprende por la original descontextualización de imágenes, con claras influencias del cine, la música, la literatura y el cómic.

El festival es una ocasión perfecta para conocer Alarcón, pero cualquier momento es bueno para descubrir un lugar que atrapa. Un pueblo asentado sobre un promontorio y rodeado por una doble muralla, la medieval y la formada por un meandro del Júcar. Coronado por una fortaleza medieval de origen musulmán, Alarcón ofrece al visitante una buena dosis de arquitectura religiosa y civil que le valieron el reconocimiento de conjunto histórico artístico hace ya más de tres décadas.

Petit Mal durante un instante de su concierto durante la cuarta edición de El Ruso Festival de música ecléctica. Fotografía: Marisa Giménez Soler.

Carmen Pastor

Contra las muletas, cultura universitaria

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Antonio Ariño (vicerrector de Cultura e Igualdad de la UV)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Cuando llegué por primera vez al Vicerrectorado de Cultura se me preguntó, desde un medio de comunicación, que cuál era el proyecto que traía para La Nau y en qué medida iba a suplir las carencias de otras administraciones –estoy hablando del año 2011–. No dudé ni un segundo (creo) en la respuesta: la misión cultural de la Universidad viene regulada en la legislación universitaria, por tanto, no entra en competencia con otras administraciones ni debe adoptar una función supletoria.

¿Cuál es el planteamiento que debe seguir la Universidad en relación con la cultura? Al menos hay que remontarse al último cuarto del siglo XIX cuando, entre otros, Rafael Altamira puso en marcha la extensión universitaria, para encontrar un enfoque certero. Su planteamiento era muy claro. En una universidad elitista, había que sacar el saber a las calles, a los barrios obreros, a las clases populares. Por otro lado, decía que toda persona es siempre “más que su profesión”, el químico también se ha de formar como ser humano (y, añadiríamos hoy, como ciudadano).

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Así pues, la misión cultural de la Universidad se bifurca en dos dimensiones: la democratización del saber que se genera en sus espacios de investigación y se transmite en sus aulas, y la formación integral para quienes forman parte de la comunidad universitaria y, en especial, para el estudiantado.

Esta misión no ha perdido vigencia, aunque en una sociedad digital y del aprendizaje han cambiado (o deben cambiar) los medios, los programas y las formas de llevarlos a cabo. La cultura que debe transmitir y/o crear la Universidad no es cualquier cultura. Hay muchas formas culturales aborrecibles. El sello “cultura” no es garantía de nada. La cultura que compete a la Universidad ha de ser, en primer lugar y sin género de dudas, una cultura científica y crítica, que se basa en el conocimiento más sólido y se orienta a desmontar prejuicios y mitos de toda clase que proliferan y abundan en cualquier sociedad.

Puede resultar sorprendente, pero hay que afirmarlo con rotundidad: nuestra sociedad da pábulo y crédito a toda clase de prejuicios y mitos. Los estamos viendo apoderarse de gobiernos y gobernantes estos días, en la Europa post-ilustrada, como si retornáramos a épocas nefastas. Miles de millones de personas murieron y mataron en las dos guerras mundiales por mitos y prejuicios. Ahora estos pueden sustentarse en un ropaje científico o incluso revestirse con los argumentos de que se actúa por el bien general y el bien público, pero no hay tal y la función de la Universidad debe seguir siendo la de desenmascarar y la de provocar.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Desenmascarar. Cuando se dice que vivimos en la era de la posverdad se da pábulo a un mito. ¿Ha existido alguna era de la verdad? ¿Cuándo no han intentado todos los poderes existentes legitimarse más allá del cimiento democrático? ¿Cómo defender sin sonrojo que la educación nos hace libres? ¿Qué educación? ¿Qué libertad?

Provocar. Porque es muy fácil acomodarse a clichés explicativos y parece tarea ardua cambiarlos por otros más convincentes si alguien no sacude nuestro sopor. Conviene recordar el poema de Brecht sobre el hombre con muletas que fue a visitar al médico. Este le preguntó: ¿por qué llevas muletas? Porque estoy tullido, respondió el paciente. El médico le invitó a caminar, aunque fuera a cuatro patas; le quitó las muletas y se las rompió en la espalda. “Ahora estoy curado. Ando. Me curó una carcajada. Tan sólo a veces, cuando veo palos, camino algo peor por unas horas”.

La cultura que proponemos en exposiciones, seminarios, conferencias, talleres, debería provocar nuestros modos de pensar y quitarnos las muletas. Cultura crítica, pero también cultura inclusiva y democrática.

Claustro y deambulatorio del Centre Cultural La Nau. Fotografía: Miguel Lorenzo.

Antonio Ariño