«Debemos revisar y sanar la herida de la esclavitud»

#MAKMALibros #MAKMAEntrevistas | Carlos Bardem
‘Mongo Blanco’ (Plaza & Janés, 2019)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Viernes 10 de julio de 2020

Uniformado con los definitivos afeites del Premio Espartaco, que la Semana Negra de Gijón le ha concedido en la presente jornada, en tanto que responsable de la mejor novela histórica del último curso editorial, Carlos Bardem ha recalado en la trigésimo tercera edición del festival de la mano de su más reciente publicación, ‘Mongo Blanco’ (Plaza & Janés, 2019), una mayúscula narración –en corpus orgánico, semántico y estilístico– que asienta su porvenir sobre la figura de “Pedro Blanco, el gran negrero malagueño”.

Una cita marginal y a pie de página que el actor y escritor madrileño refiere como primera fuente de conocimiento de Pedro Blanco Fernández de Trava (1795-1854), conocido en los distantes predios decimonónicos de la trata y compra-venta de esclavos con el sobrenombre de El Mongo (o Rey) de Gallinas –entre otros y variopintos seudónimos–.

Una háptica, exuberante y ubérrima novela de aventuras sobre cuyos cimientos, adheridos al lecho hediondo del esclavismo, se ha edificado “una feroz travesía” por la cronología, delirante y vital, de “un monstruo, objetivamente, dedicado a una atrocidad. Un gran marino, apegado a las novedades técnicas, que revolucionó la trata”, sobre el que “siempre, hago un símil –no muy exacto, pero sí muy ilustrativo–: Pedro Blanco fue el Pablo Escobar de la trata de esclavos; la mejoró y la multiplicó exponencialmente. Su mecánica, su forma de esclavizar y de vender”, ha perfilado Bardem durante su primer encuentro con los medios.

“Un hombre culto y cínico” y, a la par, “excepcionalmente bueno en lo que hacía”, cuyos abominables actos –que le hubieron reportado varios millones de dólares de la época– “no los inventa Pedro Blanco. Es el sistema el que fabrica los ‘Pedro Blanco’ que necesita para realizarse. Porque el esclavismo era sistémico: todo se realizaba con mano de obra esclava en las Antillas”, advierte el autor.

Y he aquí donde el abolengo geopolítico torna su mirada histórica a las elefantiásicas implicaciones de España en este túrbido asunto, “el gran negocio de la época, sobre todo a finales del siglo XVIII y principios del XIX”. Un feudo de la soterrada memoria colectiva erigido, entonces, “en el lugar de máxima rentabilidad para el dinero: la compra y venta de seres humanos. Lo cual está muy documentado y eso significa que hay un consenso unánime sobre un mínimo de gente esclavizada por la trata transatlántica: 12,5 millones de personas, de africanos” –“una cifra consensuada gracias al arqueo y a los manifiestos de carga de los barcos”, si bien «hay autores que elevan esa cifra a más del doble porque, como en todo negocio legal, había una parte ilegal, una trata en b» (lugares de desembarco en paralelo para no pagar aranceles)–, cuyos descendientes pueblan la columna vertebral del continente americano. “Es imposible, para cualquiera de nosotros que haya viajado por América, desde Alaska –la Tierra del Fuego– hacia el sur, no ver la presencia de la negritud en todas sus sociedades. Hemos de tener en cuenta que allí no había negros: todo el que está allí es un descendiente de un esclavo en mayor o menor grado”.

Una contundente apreciación consecuencia de un hecho tan explícito como soterrado por quienes han reorientado, de un modo oscurantista, la narración del devenir histórico. “Este tipo de debates están encapsulados en el mundo académico. En España hay muy buenas monografías, debate a nivel universitario, pero es algo que nunca trasciende al gran público, y por eso no les molesta o no les preocupa a los que se han encargado de que no conozcamos este periodo de nuestra historia”, que sitúa los beneficios del esclavismo sobre la explotación de “los cañaverales de Cuba y Puerto Rico” por parte “de esclavistas españoles, surtidos por negreros españoles” como el Mongo Blanco retratado, desde las fauces sicológicas, en su novela.

Carlos Bardem junto al escritor y periodista Fermín Goñi, durante la presentación de ‘Mongo Blanco’. Fotografía cortesía de la Semana Negra de Gijón.

Recuerda Bardem, al respecto, ese epidérmico sedimento histórico que, a buen seguro, palpita “en el imaginario colectivo” de la mayoría de sus lectores, relativo a que “cuando se habla de esclavitud pensamos, habitualmente, en el relato de Hollywood: Kunta Kinte, ‘Doce años de esclavitud’, Alabama, el algodón…; pero alguien se ocupó de que no sepamos que, al mismo tiempo, coetáneas de esas plantaciones, igual de grandes e, igualmente, dotadas con esclavos secuestrados en África, eran los cañaverales de caña, los ingenios de azúcar” comandados por españoles, tan relevantes como el comercio del algodón; economías de plantación que responden a “las necesidades de las revoluciones industriales”, nutridas “por la trata tradicional africana” y que instituyen ese apogeo intersecular del esclavismo, entonces “una práctica legal” en la que “toda la sociedad participaba” y de la que, en diversos grados, “se beneficiaba”.

Un “fenómeno cultural universal”, idiosincrásico, y sustento de la “ideología de la clase dominante en España” –vertebradora de “una sociedad esclavista equiparable a la Atenas de Pericles”–, por la que transitan eximias (y obscenas) fortunas genealógicas como las de María Cristina de Borbón– “la mayor propietaria de esclavos”, “Carlos III, Felipe V, el Arzobispado de Toledo, el Marqués de Comillas” y el de “Argüelles”, Eusebi Güell –mecenas de Gaudí–, e, incluso, los ascendientes del político “Artur Mas” –“marinos mercantes” condenados por el tráfico ilegal de esclavos entre África y América a mediados del siglo XIX–, así como la constitución de “la Bolsa de Barcelona o las diputaciones provinciales”, tras cuyos pasos encontramos el legado anómino de “miles de indianos” que a su retorno, poblaron, con sus simbólicas palmeras, buena parte de la cornisa cantábrica tras granjearse fortuna con la trata.

Por ello, si uno de sus retos “como escritor era adentrarme en este monstruo (Pedro Blanco) para encontrarle matices y revelar sus razones” –“darle humanidad, comprenderlo, que no justificarlo”–, no de menor relevancia debía ser exhortar al lector a tratar de comprender “una herida abierta que está explotando ahora mismo”. En ese sentido, los acontecimientos del presente aportan un valor añadido a la deriva de la novela durante el último año: “explicarnos cuál fue nuestra parte de responsabilidad”, que hubo sido “extensa e intensa”.

La escritora Berna González Harbour (Premio Dashiel Hammett de novela negra 2020 por ‘El sueño de la razón’) y Carlos Bardem (Premio Espartaco a la mejor novela histórica por ‘Mongo Blanco’). Fotografía cortesía de la Semana Negra.

En consecuencia, Carlos Bardem perfila diversas interrogantes: “¿Por qué hay gente que derriba estatuas? ¿Por qué hay una herida brutal en muchas sociedades del planeta que tiene que ver con el esclavismo y con el racismo?”. Preguntas análogas a las que pueden formularse a partir del concepto de la ‘banalidad del mal’ –alumbrado por Hanna Arendt en ‘Eichmann en Jerusalén’–, asociado al nazismo: “¿Cómo era posible que un país de entre los más cultos, cuna de filósofos y grandes músicos como Alemania, la gente normal, entre comillas, apoyara una monstruosidad como el nazismo?”.

Dubitaciones a las que debemos dotar de respuesta a través del escenario que se aventura en el contexto de su novela: “Sería bueno que tengamos claro que el origen de esta herida sin coser y supurante, que está agitando tantas sociedades, está en este momento de la historia, y que mientras no hagamos nuestros deberes como sociedad y no nos pongamos manos a la obra en revisar, explicar y sanar esa herida, será una herida más que sumar a las muchas que desgarran nuestras sociedades”.

Porque, a la postre, “esta novela también es una reflexión sobre el mal; sobre cómo el mal se ejecuta y se realiza –el mal con mayúsculas–. No creo que exista una relación más viciada y más perversa como la que existe entre un amo y un esclavo. En ese cajón desastre cabe todo: las desigualdades sociales, de género, de religión, etcétera”.

Iniquidades que hunden sus raíces en el légamo de la infecta y tendenciosa memoria de los acaudalados: “Soy de los que piensa que no se puede amasar una gran fortuna siendo honrado. En algún momento aparece la explotación”.

Por ello, Bardem refiere “la importancia de estar siempre alerta, críticos frente a lo que nos dicen que es el sentido común” –en base a él muchos fueron responsables de la esclavitud, como “hoy podemos ser cómplices de una atrocidad” semejante–, en tanto que “vivimos tiempos excepcionales, en los que debemos intentar llevar reflexión y, también, belleza a la gente, frente a lo peor, el miedo. Nosotros (los creadores) debemos ser abanderados contra él”.

El actor y escritor Carlos Bardem en la XXXIII Semana Negra de Gijón. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

«La sociedad tiene que entender su responsabilidad»

#MAKMALibros #MAKMAEntrevistas | David Trueba
‘La tiranía sin tiranos’ (Anagrama, 2018)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Miércoles 8 de julio de 2020

En el contexto de una edición excepcional –tanto por razones cualitativas como insólitas en lo morfológico–, la XXXIII Semana Negra de Gijón ha recibido la visita del cineasta y escritor David Trueba, autor inédito en estas haciendas noir, por las que deambulan los males de Corcira, con sus progenies de Carvalhos, baladas de ahorcados, grandes Pirellis o lentos tranvías de la literatura túrbida y, en ocasiones, sanguinolenta que vertebra el género.

E irrumpe portando consigo los ecos reflexivos de ‘La tiranía sin tiranos’ (Anagrama, 2018), un frugal ensayo erigido, durante los dos últimos cursos, en lectura obligatoria para la EBAU en el plan de estudios asturiano –motivo por el que ya hubo paseado sus cavilaciones por diferentes institutos del Principado, con una bienvenida acogida y disculpas previas al alumnado ante su insospechada obligatoriedad–.

Una publicación que forma parte de la colección ‘Nuevos cuadernos de Anagrama’, que nos permite aproximarnos a las rúbricas de Zizek, Michel Houellebecq, Marina Garcés, Sara Mesa, Claudio Magris o Rafael Chirbes, y en la que Trueba encuentra acomodo mediante un florilegio de certeras ponderaciones que radiografían algunos de las insalubridades de nuestro tiempo, situando al individuo (nosotros) en el epicentro del análisis: “En las partidas de póquer, dicen los sabios profesionales que cuando miras a los contendientes y no das con el pardillo, con el tonto que va a ser desplumado, es que vas a serlo tú. (…) Y claro que sí, puede haber una tiranía sin tiranos, porque el mundo siempre contiene tiranteces, pero cuando no das con el tirano de manera clara, es que a lo mejor el tirano lo eres tú”, asevera en su concisa tesis, a modo de colofón.

En cierto modo, en la ‘La tiranía sin tiranos’, David Trueba procura advertirnos del negligente pálpito que reside en otear el devenir histórico desde una posición perniciosamente cronocéntrica, tal y como hubo manifestado en su encuentro con los medios: “Creo que una de las características del ser humano siempre es la de pensar que el tiempo se corresponde con su propio tiempo biológico y solemos tener la tendencia de pensar que todo pasa por primera vez y que todo terminará con nosotros. El carácter apocalíptico de la gente suele ser que, a medida que se va haciendo mayor o anciano, va pensando que el mundo se acaba, y entonces, realmente, el que se acaba es él. No sabemos cuándo se acabará el mundo, pero, seguramente, cuando se acabe no habrá una previsión; impactará de manera sorpresiva”.

Y tal perspectiva de los acontecimientos parece ser fruto de que “unimos la vicisitud del mundo y de la historia a la nuestra, y ahí creo que cometemos el mayor de los errores; si algo tiene la tradición intelectual, cultural y artística es la de haber analizado, de alguna manera, los problemas que continúan igual”.

En ese sentido, “el trabajo de un escritor o de alguien que reflexiona sobre su tiempo es tratar de entender las claves de lo que está sucediendo, incluso antes de que suceda, con el fin de prevenir la repetición de lo que antes ha sucedido, y de ofrecer a la gente una especie de consuelo o de guía para comportarse en esos periodos de total desamparo y confusión, como el que vivimos ahora”.

Tiempos inciertos e inefablemente convulsos en los que, “más allá de lo que los científicos puedan llegar a solucionar, el problema máximo es el de la indefinición. La gente no sabe qué planes hacer para dentro de tres meses porque no sabe qué va a pasar entonces. Pues, seguramente, la manera más inteligente de afrontar esas dudas es tratar de observar los tiempos diversos en que han sucedido cosas similares y cómo ha sido la evolución natural de la sociedad hasta llegar a una cierta calma o llegar a perder ese pánico existencial”.

Si en ‘La tiranía sin tiranos’ Trueba, con atinada y cáustica perspicacia, ironiza sobre el ponzoñoso manejo de la ternura para con las víctimas y los desamparados –cosmética, higiénica y sobreactuada–, el pánico virtual a la mala reputación, el imperio adulterado de las estadísticas mayoritarias o la ególatra consecución de un vacuo y efímero bienestar, buena parte de la responsabilidad de ese horizonte reside en el desnortado uso deontológico de las tecnologías, instituidas en una infructuosa y nueva religión, que nos ofrecía “la sensación de que con ellas todo se quedaba viejo, puesto que nosotros disponíamos de elementos técnicos muy novedosos y, por lo tanto, éramos capaces de adentrarnos en una nueva esfera de la humanidad; y, sin embargo, de una manera muy clara, se ha visto que la tecnología puede que sea un acompañante, un elemento más, pero en absoluto resuelve los problemas básicos del género humano desde su origen”.

David Trueba junto a los estudiantes Álvaro Méndez, Cecilia Cora y Sergio de la Calle (tras la presentación de su ensayo) en la portada de la edición del miércoles 8 de julio de 2020 de A Quemarropa, diario de la Semana Negra de Gijon. Fotografía cortesía del festival.

Un panel de herramientas en el que cobra condición de ubicuidad “la explosión de las redes sociales”, cuya omnipresencia trajo consigo “lo que denomino ‘la cosmética de la solidaridad’, del dolor, de la empatía, etc., que es que todos, por medio de un mensaje muy distante y muy poco comprometido, sentimos el dolor de quien está sufriendo. Pero cuando se requiere la participación en la solución o el compromiso o, incluso, la acción por tu parte, entonces ya es más complicado. Los chicos, ahora, lo llaman postureo”.

Por ello, para Trueba adquiere sobresaliente importancia el desarrollo de la acción comprometida frente al discurso pasivo y estéril. “En el cine, siempre, cuando empezábamos a escribir guiones, decíamos: ‘La diferencia entre un personaje que dice y un personaje que hace es que el que dice no está comprometido; el que hace, de alguna manera, con su acción, está hablando mucho más que el que dice’. Vivimos en una sociedad muy de decir, muy de colocar, muy de la foto, del corazoncito, del dedo para arriba; pero ¿las acciones?, porque las acciones son el verdadero compromiso. Esto ha pasado mucho durante el confinamiento, en el que vivíamos muchas expresiones de solidaridad, de empatía…, pero luego, a lo mejor, le pedías a alguien un piso vacío prestado para que un sanitario pudiera estar y protestaba el vecindario, o el casero te negaba la posibilidad de cederlo”.

Una orfandad de avenencia y compromiso cuya responsabilidad apela a los propios individuos en sociedad. “En ‘La tiranía sin tiranos’ hablo mucho de eso: la sociedad tiene que entender su propia responsabilidad, su propia capacidad de delimitar su vida, su experiencia vital y, a partir de ahí, de uno en uno, convertir en una suma un gran colectivo. Lo que no se puede es ‘yo me salvo de todo y los demás que hagan lo que quieran, esto no tiene que ver conmigo porque no soy responsable de lo que pasa’”, recuperando, de nuevo, a ese abismo que media entre la disertación y la materialización de los hechos:

“Entonces, entre la postura y la acción, ahí es donde uno debe hacerse la pregunta a sí mismo: ‘¿Estás dispuesto a convertir en acción lo que conviertes en discurso?’.

El escritor y cineasta David Trueba durante su encuentro con los medios en la XXXIII Semana Negra de Gijón. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

Radiografiar la cultura en español tras la COVID-19

‘El valor de la cultura’ | Jornadas sobre los efectos de la COVID-19 en la cultura
Fundación Ortega-Marañón (Revista de Occidente), en colaboración con Planner Media y el apoyo de Acción Cultural Española (AC/E)
Martes 7 y miércoles 8 de julio
Lunes 6 de julio de 2020

La Fundación Ortega-Marañón, a través de su Revista de Occidente, en colaboración con la consultora de comunicación Planner Media y el apoyo de Acción Cultural Española (AC/E), organiza las jornadas ‘El valor de la cultura’, que contará con la participación de 50 destacados expertos para analizar sector cultural en español tras la COVID-19.

Dirigidas por Joan Álvarez, Fernando R. Lafuente y Federico Buyolo, estas jornadas abordarán los efectos que ha tenido la COVID-19 en la cultura y la metamorfosis que se está produciendo en creadores y consumidores. Como destaca Joan Álvarez, «hemos organizado estas jornadas con la certeza de que la cultura es fruto de un proceso creativo conjunto como sociedad, de modo que, si su valor se incrementa, todos salimos beneficiados: las grandes empresas, el turismo, el propio producto de España; pero también cada ciudadano como persona y como español. La cultura en español tiene una gran marca, pero hay que ponerla al día. El objetivo es que la sociedad aproveche la energía de cambio que se está liberando durante la crisis de la covid-19 para dar un paso en esa dirección”.

Sobre los objetivos de este encuentro, Fernando R. Lafuente remarca, a su vez, que “es importante dejar muy claro ante la sociedad que para que nuestra cultura tenga un gran prestigio en el exterior nosotros tenemos que apreciarla sin reparos, como se merece”.

Las jornadas ‘El valor de la cultura’, que se celebran de forma presencial y virtual los días 7 y 8 de julio, pretenden generar un necesario punto de encuentro plural, reflexivo y, a su vez, propositivo. Está previsto que participen más de 50 protagonistas de la cultura, entre creadores, artistas, gestores culturales y profesionales estrechamente ligados al ámbito cultural en un momento donde este sector está sufriendo de forma muy directa los efectos de la COVID-19, pero donde es necesario más que nunca, como incide Federico Buyolo, detectar oportunidades y mirar hacia el futuro a través de las nuevas generaciones: “existe un compromiso con una nueva generación de líderes de la creación y de la gestión cultural para la que deberíamos tener los medios de formación adecuados y un reconocimiento sincero y sólido».

Las sesiones virtuales ya cuentan con más de 600 inscritos de países muy distintos, unidos por los valores que genera la cultura en español, y con interés por escuchar a especialistas tan destacados como Antonio Najarro, bailarín y coreógrafo; Ángeles González-Sinde, guionista, directora de cine, novelista, presidenta del Patronato del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía; Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, presidente del Teatro Real y la Fundación Ortega-Marañón; Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, poeta, catedrático de Literatura española de la Universidad de Granada; Jesús Cimarro, director del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida; Alicia Gómez Navarro, directora de la Residencia de Estudiantes o Peter Andermatt, director de la Oficina Media de la Unión Europea en España.

El programa se divide en paneles con diálogos y testimonios que girarán en torno a las siguientes temáticas: el valor de la cultura en su proyección exterior; los creadores y el aprecio de la cultura; lo que la pandemia está cambiando; nuevas estéticas y nuevos valores para la creación y la gestión; cómo cultivar la autoestima; para reforzar la proyección exterior. Una de las sesiones también ahondará sobre los valores que aporta la cultura, como se ha comprobado de forma visible durante el periodo de confinamiento, a los modos de vida de los españoles como muestra el diálogo que se producirá, con el título ‘La cultura como una clave del buen convivir’, entre José Andrés Torres Mora, presidente de AC/E y Manuel Cruz, filósofo y senador.

Ponentes y testimonios (por orden del programa): José Manuel Rodríguez Uribes, José Andrés Torres Mora, Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, Luis García Montero, Ángeles González-Sinde, Joan Álvarez, José Luis Gómez, Fernando Bayón, Luis Alfonso Albornoz, Salomón Castiel, Nadia Arroyo, María Acaso, José María Lassalle, Victor Gulías, Marta García Haro, Santiago Herrero, Verónica García, Lucía Sala, Javier Limón, Jesús Cimarro, Silvia Marsó, Nuria Enguita, Azucena Rodríguez, Antonio Najarro, Suso 33, Eva Manjón, Nico Casal, Curro Royo, Isabel Fuentes, Juan Cruz, Joan Carles Martí, Juana Escudero, Sara Rubayo, Federico Buyolo, Alicia Gómez Navarro, Inmaculada Ballesteros, Julián Zabala, Ángel López García, Peter Andermatt, Manuel Ortuño, Jorge Martínez, Conchi Cascajosa, Elisa Grafulla, Gustavo Salmerón, Charo Otegui, Ángel Badillo, Manuel Lucena, Rafael Soriano, Alfonso Lucini, Fernando R. Lafuente y Manuel Cruz. Se sumarán más testimonios.

Programa completo: El valor de la cultura

Fotografía de Carles Santos y Xavier Marmanya en la exposición ‘Univers Santos’ del Centre Cultural La Nau.

MAKMA

Prostíbulo Poético, íntimo lupanar heterodoxo

Prostíbulo Poético | ‘Happeging Poético/ Poesía Vis a Vis’
La Fábrica de Hielo
Pavia 37, València
Jueves 9 de julio a las 21:00
Viernes 3 de julio de 2020

Hijo primogénito del original Poetry Brothel de NY, dirigido en Barcelona y Madrid por la actriz y performer Sonia Barba, este colectivo transdisciplinar compuesto básicamente por poetas, músicos y performers, convierten cada evento en un campo de pruebas donde la poesía en privado y al oído le echa un pulso a los típicos recitales de poesía al uso.

¿Puede ser divertida y excitante la poesía aun descubriendo el lado más oscuro o atormentado de un alma? ¿Cómo valoramos el acto poético en la sociedad contemporánea? ¿Es la máscara de un alter ego una buena herramienta para acercar al gran público la “temida” poesía?

Poetas integrantes de Prostíbulo Poético. Fotografía cortesía de la organización.

Bajo la apariencia de un burdel fantástico del siglo pasado, las poetas venden sus versos al público asistente una vez han sido presentadas por la Madame, quien dará respuesta a diversas interrogantes: ¿cómo han ido llegando hasta allí? ¿en qué condiciones? ¿qué les diferencia del resto de sus compañeras?

Poesía inédita en estado puro. Irreverencia. Descaro. Juego de complicidad. Reivindicación del acto íntimo de recitar.

Durante los últimos meses, debido a la suspensión de eventos y al estado de alarma, el colectivo se reinventó, activando desde sus redes una línea de teléfono en la que podías contactar con tu poeta elegida; recaudaron fondos para la iniciativa ‘Descorónate’, invitando a actrices de la talla de Maggie Civantos, Alberto Velasco o Bárbara Santa-Cruz a que atendieran la línea los domingos y donando lo recibido, consiguieron sacar a la luz su antología anual, el ‘Libro Rojo’ del Prostíbulo Poético y consiguieron mantenerse a flote pese a las difíciles circunstancias.

Después de diez años de actividad en Barcelona y dos de conquistar al público de Madrid, Madame Taxi (Sonia Barba) ha abierto sede también en València el pasado mes de octubre. Los espacios a los que nos tienen acostumbrados guardan, por lo general, resonancia a tiempos pasados y son expertos en hospedar encuentros y situaciones de intercambio, donde la cultura, el ocio y la gastronomía suelen ir de la mano. Así ocurre en la ya mítica Sala Equis de Madrid o el Tinta Roja en Barcelona, y sucederá lo propio, de nuevo, el próximo jueves 9 de julio, en La Fábrica de Hielo de València.

Sonia Barba, directora de Prostíbulo Poético, encarnando a Madame Taxi. Fotografía cortesía de la organización.

El elenco de poetas estará compuesto por una selección de la nueva hornada de poetas reunidas por Sonia Barba y algunas de las asiduas que ya tienen una trayectoria más afianzada dentro del mundo de la poesía y la escena. Tras sus alter ego podréis encontraros con veteranas de la talla de Pilar Astray Boadicea, o Diego Mattarucco, en Madrid, la actriz Lorea Uresberueta, o Alicia Verdú en Barcelona, y Carlos Luna del grupo, Luna y Panorama de los insectos, o Nelo Sebastián Vera, de la CIA Vudú Teatro en València. Entre sus jovencísimas, descaradas e irreverentes poetas están Elsa Viegas o María Sánchez (Val), Juliana Mandolesi y Raúl Ornelas, (BCN) y Alicia Louzao o Blas Nusier que mantienen una actividad constante en la escena poética y cultural de las capitales.

En relación a los ‘Vis a Vis’ de poesía, marca de la casa, entre “cliente” y poeta, han ideado nuevas fórmulas de encuentro que van desde el juego con sombras chinescas, hasta la realidad virtual o la intensidad a través del contacto visual.

A la pregunta sobre cómo reaccionan los clientes que se acercan a sus eventos, Sonia Barba comenta que “por lo general, nadie viene preparado para lo que van a recibir, que básicamente es un baño de la realidad del otro. La gente quiere compartir experiencias, anécdotas, heridas semejantes. Se dispara la empatía, la curiosidad por el otro, hay personas que piden a la poeta que les deje solos, otras rompen a llorar. Es muy emocionante”.

+ Info en www.prostibulopoetico.com

Poeta y «cliente» durante un instante de Prostíbulo Poético. Fotografía cortesía de la organización.

MAKMA

La educación cultural como primera necesidad

#MAKMAOpinión | Comunicado de TAULA (Associació d’Educadores Culturals de Mallorca), AVALEM (Asociación Valenciana de Educadores de Museos) y AMECUM (Asociación de Mediadoras Culturales de Madrid)
Jueves 2 de julio de 2020

En momentos de supervivencia sobrevenida, parece haber cosas que nadie se atreve a replantear. Respecto a la educación, pocos y pocas reflexionan sobre su importancia y su valor de primera necesidad para construir, conjuntamente, una sociedad igualitaria, solidaria y comprometida. Ahora hay que incidir en aquello que entre muchos hemos conseguido y por el que tenemos que seguir luchando: el procomún. Por eso es tan importante visibilizar y poner en valor la educación cultural.

En los centros de arte y museos los procesos educativos tienen un largo recorrido. Si recurrimos a la historia, en 1961 aparece la educación por primera vez a la definición de la ICOM (Consejo Internacional de Museos) y ya no deja de formar parte hasta el día de hoy. Este año, para celebrar el Día Internacional de los Museos, el ICOM ha propuesto el lema «Museos por la igualdad: diversidad e inclusión», con el objetivo de potenciar procesos de mediación con el fin de empoderar la diversidad y la inclusión en nuestras instituciones culturales.

Ahora ya nadie duda de la importancia de estos procesos, de la educación desde el arte y el patrimonio, y en muchos museos y centros de arte los departamentos educativos se han consolidado como una pieza clave a la hora de comunicar y hacer presente el patrimonio cultural a todo tipo de colectivos. La educación se ha convertido en mediación cultural, la cual posibilita que se genere –desde el patrimonio, el arte contemporáneo o la cultura visual– pensamiento crítico y aprendizaje significativo, y, a partir de estos procesos artísticos, dar herramientas a todo tipos de visitantes para posicionarse como agentes activos, generadores de contenidos simbólicos diversos.

Todo ello coincide con el objetivo del ICOM para el pasado 18 de mayo del 2020: «Propiciar un punto de encuentro para celebrar la diversidad de perspectivas que conforman las comunidades y el personal de los museos, así como promover herramientas para identificar y superar los prejuicios en aquello que los museos muestran y en las historias que explican. Concienciar sobre la importancia de los museos como medio para el intercambio cultural, el enriquecimiento de las culturas, así como para el desarrollo de la comprensión mutua, de la colaboración y de la paz entre los pueblos».

Cartel promocional del Consejo Internacional de Museos (ICOM) con motivo del Día Internacional de los Museos 2020.

En el Estado español conviven diversidad de experiencias al respeto. Gran parte de las instituciones tienen una programación de mediación más o menos consolidada, a pesar de hacer falta todavía mucha más estabilidad laboral. Aun así, muchos de ellos han podido trabajar de lo lindo durante este confinamiento y sus propuestas han facilitado nuestro anormal día a día. Todo ello fruto de la función pedagógica que los museos, desde los setenta hasta ahora, han ido desarrollando con los años. Todo un largo e inestable recorrido con tiras y aflojas que hizo posible el surgimiento de los primeros DEAC (Departamento de Educación y Acción Cultural). Probablemente, los departamentos históricamente más mal dotados, lcuyos miembros se han considerado no profesionales con, a menudo, contratos precarios, o simples becarios o, directamente, como personal perteneciente a empresas externas.

No es de extrañar, pues, que en estos años hayan surgido asociaciones y colectivos para velar por todo ello. TAULA, por ejemplo, nació desde Mallorca con la voluntad de ser un espacio de encuentro para profesionales que, desde realidades pedagógicas diferentes, puedan reflexionar sobre las posibilidades y la importancia de la educación artística hoy.

Del mismo modo y en otro ámbito territorial, existen AMECUM, desde Madrid, y AVALEM, desde València. Las tres asociaciones estamos en contacto y sinergia, y las tres firmamos este manifiesto. Un texto que se quiere sumar al de tantos otros ámbitos y profesionales de la cultura de este país, como, por ejemplo, el que se está haciendo desde las mesas sectoriales sobre artes visuales en las respectivas comunidades autónomas.

Llegados aquí, queremos reflexionar sobre el momento actual de la educación y sobre la necesidad de su profesionalización en el campo del pensamiento y de la acción. La mediación cultural no es una mera traducción y transmisión de contenidos dados por el comisario, el artista o el especialista en patrimonio, ni tiene como único objetivo la captación de públicos. La mediación cultural es generadora de procesos reflexivos, que en una gran diversidad de formatos –talleres, prácticas colaborativas, visitas comentadas, seminarios, acciones, comisariados…– tiene como objetivo articular relaciones que construyen pensamiento crítico. La mediación cultural es una práctica crítica y transformadora, y necesita profesionales especializados que la lleven a cabo. A raíz del estado de alarma provocado por la pandemia de la COVID-19, queremos poner en valor los departamentos educativos de los museos y centros de arte y a todo el mundo que trabaja en este ámbito como profesionales autónomos.

En un momento en que incluso el ICOM reclama un interés en la diversificación del modelo cultural, la visibilización y consolidación de la tarea de las educadoras es más esencial que nunca. Como dice Carmen Mörsch, “son las que tienen las herramientas para conseguir que nuestras instituciones no sean excluyentes, sino mucho más progresistas… Intensificamos la dimensión educativa en estos momentos de miedo, pérdida y reorganización comunitaria, priorizando las relaciones con los colectivos más marginales”.

Ahora nuestros políticos tienen la oportunidad de reimaginar cuál tiene que ser el papel de la cultura en estos momentos de crisis. La supervivencia económica no tiene que competir con alimentar el espíritu. No podemos transformar la sociedad sin poner un acento importante en el pensamiento. Porque la cultura y, especialmente, la educación son también una primera necesidad. Sin ignorar las dificultades del momento actual, tenemos claro que para conseguir verdaderos cambios estructurales al respeto es necesario ser valientes. Esto es el que esperamos de aquellas y aquellos que nos representan.

‘Educación pública + arte público’, de Luis Miguel Jaramillo. Imagen cortesía de SeDI (UV).

TAULA (Associació d’Educadores Culturals de Mallorca),
AVALEM (Asociación Valenciana de Educadores de Museos) y
AMECUM (Asociación de Mediadoras Culturales de Madrid)

«El mundo literario del planeta mira a la Semana Negra»

#MAKMAEntrevistas | Ángel de la Calle (director de contenidos de la Semana Negra de Gijón)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Centro de Cultura Antiguo Instituto
Jovellanos 21, Gijón
Del 3 al 12 de julio
Jueves 2 de julio de 2020

Semejante a aquel célebre proemio alumbrado por René Goscinny y Albert Uderzo que, reiteradamente, nos exhortaba a inmiscuirnos en las vicisitudes gráficas de ‘Astérix el Galo’, la Semana Negra de Gijón resiste, indomable, al invasor –un virulento asaltante que, desprovisto de gladius y scutum, ha transformado en páramo (entre otras y más severas consecuencias) lo que en condiciones ordinarias hubiera sido, durante los próximos meses, un vergel cultural en sus múltiples y estivales acepciones–.

Y, efectivamente, conducido a través de un fértil programa de actividades y una heterogénea y eximia nómina de autores del género, el longevo (y pionero) festival noir gijonés ha logrado sobreponerse a las consabidas contingencias que nos han asolado (con nulos visos de haber tocado a su fin), erigiéndose en la primera cita de este insólito orden cotidiano con el sector de libro y sus heteróclitos habitantes.

Por ello, desde MAKMA entrevistamos a Ángel de la Calle, director de contenidos de la Semana Negra (y celebrado autor de cómic), cuya presente edición, eso sí, se ha visto mermada en lo morfológico, mudándose del populoso escenario de los antiguos astilleros navales (por el que transitaban más de medio millón de individuos) a las dependencias del Centro de Cultura Antiguo Instituto, dejando en cueros culturales lo que otrora era instruida celebración y literaria algarabía social.

La Semana Negra de Gijón formaliza, a partir de mañana, su trigésimo tercera edición. ¿Se ha revelado en una inopinada excepción con motivo de la COVID-19?

Sí. Pero en algún momento habrá que empezar a reunirse los lectores con los autores y estos entre ellos. El lunes tenía un conversatorio con Cristina y Marisol, las directoras del Hay Festival y la FIL de Guadalajara que acaban de recibir el Princesa de Comunicación y Humanidades, y hablábamos de eso. El Hay Festival fue todo telemático y la FIL no se sabe, falta mucho para noviembre, pero México aún está en periodo de ascenso del virus. Pero la idea es tratar de hacer presencial lo que se pueda. Con aforos limitados como nos pasa a nosotros. Por eso el mundo literario del planeta mira a la SN.

Cartel de la XXXIII Semana Negra de Gijón, creado por la artista italiana Lorena Canottiere.

Desde el primer avance de contenidos, en el (ahora distantísimo) mes de marzo, hasta la reciente y última rueda de prensa, ¿ha corrido la Semana Negra pandémico riesgo o, por contra, desde la organización os habéis mantenido incólumes?

Nosotros, ya antes del virus, perdimos a José Luis Morilla, Mori, nuestro fotógrafo desde hace más de 20 años. Llegó a la SN con 17 años. Eso nos dejó tocados, y días después el puto virus llegó y al rato se llevó a Luis Sepúlveda. En fin… El resto del equipo está bien; aquí, en Asturias la pandemia fue más benigna y el sistema sanitario público es de los mejores del mundo. Yo perdía a mi madre, aunque no directamente por la COVID, y cada cual del equipo a su alrededor tendría sus historias, pero directamente nadie fue afectado.

¿Qué te parece y qué esperas de este nuevo formato? ¿Puede compararse, en cierta medida, con las celebraciones incipientes de finales de los años 80?

Hacerla, asumiendo que es una contradicción con lo que nosotros planteamos. Ya saben, públicos masivos, accidentales, un festival literario de primer orden, callejero, en medio de una fiesta popular, etc. Es casi lo contrario de lo que va a ser este año. Lugar emblemático, pero cerrado, con públicos limitadísimos y medidas sanitarias muy exigentes. Entrada gratuita, pero sacada con anterioridad telemáticamente, etc. Por fortuna, podremos salir al aire emitiendo en directo las 6 horas diarias del encuentro literario y de ideas, a través del canal de YouTube de la SN y de la página web www.semananegra.org.

Pero sí es una apuesta vanguardista, como lo fue aquella Semana Negra de 1988, en tanto que somos adelantados en el mundo de cómo hacer un encuentro presencial de autores, tras (o durante, mejor) la pandemia.

(De izquierda a derecha) Pablo León, director general de Cultura del Principado de Asturias, Ana González, alcaldesa de Gijón, y Ángel de la Calle, director de contenidos de la SN, sostienen a la mascota Rufo (creada por el artista Quique Herrero), dedicada en la presente edición al fótografo Mori. Fotografía cortesía de la organización.

Como has mencionado, la presente edición se encuentra huérfana tras los fallecimientos del escritor Luis Sepúlveda y del fotógrafo Mori, dos figuras tan dispares como imprescindibles en el devenir del festival. ¿De qué modo serán homenajeados en los próximos días?

Una de las dos exposiciones, ‘Mori omnipresente’, está dedicada a él y son sus fotos de estos años. La expo la comisaría Alex Zapico, responsable del espacio de fotografía y fotoperiodismo de la SN. El primer acto literario de la SN será la presentación del libro póstumo de Luis –’Historia de Mix, de Max y de Mex’ (Tusquets Editores, 2020)–, con la presencia de su viuda y familia. Pero siempre el mejor homenaje es el recuerdo y la complicidad con sus ideales.

Carlos Zanón, Lorenzo Silva, Juan Bolea y Marta Robles debatirán acerca de lo que le espera a la novela negra española tras la pandemia. ¿Te aventuras a perfilar un horizonte al respecto?

No. Ya no hablo de futuro. Tenía una bola de cristal que heredé de Carlos Marx, pero se me rompió. Misma bola con la que Carlos Marx predijo que la revolución social acontecería en Alemania e Inglaterra.

Más allá de la omnipresencia del coronavirus, ¿qué otros temas destacados forman parte del ubérrimo cronograma?

Realmente, esperamos no hablar de coronavirus. Si miras el programa, en el que hay más de ciento y pico actos, en ninguno se habla del tema. Hablamos de novela negra LGTBI, de novela histórica, de un país sin sindicatos, de la obra maldita de Manuel Vázquez Montalbán, de la fortuna de la familia Franco, de la delincuencia de moqueta y de la de metralleta, de novela fantástica, de poesía, de los 75 años de la liberación de Mauthausen y Auschwitz, del cómic anarquista, del futuro… Y mucha música.

¿Es pronto para situar geográfica y cronológicamente la XXXIV Semana Negra de Gijón?

Te repito lo de mi rota bola de cristal.

Ángel de la Calle. Fotografía de Marina cortesía del autor.

Jose Ramón Alarcón

Pioneras del Greenwich Village antes de Stonewall

#MAKMALGTBIQ | Orgullo LGTBIQ 2020
‘Damas de Manhattan: las mujeres que forjaron la historia de Nueva York’, de Pilar Tejera
Ediciones Casiopea, 2020
Miércoles 1 de julio de 2020

Aún con resaca por las noticias publicadas con motivo del día del orgullo LGTBIQ, nos detenemos unos instantes a repasar algunas historias que tuvieron lugar en el Village neoyorquino mucho antes de los disturbios de Stonewall, desatados en 1969 después de que la policía hiciera una redada en un bar de ambiente gay.

Desde hacía varias décadas, las mujeres ya acudían a garitos, clubs y bares de la zona donde daban rienda suelta a su homosexualidad sin tapujos. Desde finales de siglo XIX, Greenwich Village ya era pionero en muchos aspectos; uno de ellos, el de albergar esa corriente liberal que aún le caracteriza y que lo convierte en centro neurálgico del movimiento LGTBIQ. Los fairy resorts o clubs de homosexuales ya salpicaban Bowery Street.

En fecha tan temprana como 1912, la feminista Henrietta Rodman trasladó allí la sede del Club Liberal, estableciendo así un patrón de comportamiento en la zona. Rodman era miembro también del Heterodoxy Club, institución feminista radical fundada por otra liberal del momento, Marie Jenney Howe. Ambos locales compartían la misma manzana. Sus socias manifestaban allí su recíproca atracción física y también su bisexualidad. Las veladas se celebraban de forma abierta a los excéntricos y artísticos vecinos que a veces se sumaban a ellas. De esta forma, MacDougal Street fue conocida por sus clubs frecuentados por los amantes del “amor libre”. La manzana que ocupaba el Club Liberal y el Heterodoxy Club, acogió también la librería Square Bookshop y el teatro amateur Provincetown Playhouse. El público que recorría las calles vecinas era, como podemos imaginar, de lo más heterodoxo.

Henrietta Rodman.

«Los hombres son admitidos, pero no bienvenidos»

En 1925, Eve Kotchever, una inmigrante polaco-judía abría en MacDougal Street un club literario para lesbianas. Eve’s Hangout (el rincón de Eva) brilló como pocos garitos en las noches neoyorquinas pese a que solo estuvo abierto un año. En su puerta colgaba el elocuente letrero: “los hombres son admitidos, pero no bienvenidos”. Una periodista lo calificó como “uno de los locales más encantadores del Village”. Allí, cada noche, esta inmigrante organizaba lecturas de poesía, actuaciones musicales y tertulias donde los temas sexuales se debatían libremente. El local se convirtió en refugio de escritores e intelectuales que celebraban el placer erótico y homoerótico tanto en su trabajo como en sus vidas. La calle estaba en la lista negra de la policía que ocasionalmente se dejaba caer por allí con una buena provisión de porras y de esposas. El 11 de junio de 1926 el club sufrió una redada. Una de las detectives, infiltrada en el local, había descubierto el libro ‘Lesbian Love’, escrito por la mismísima Eve Kotchever. Eve fue arrestada y declarada culpable de «obscenidad» y de «conducta desordenada» y acabó siendo deportada. El bar no sobrevivió al arresto de su propietaria y tuvo que cerrar.

Un rastro que se reparte por todo Manhattan

Algunos de los edificios y apartamentos neoyorquinos que habitaron algunas parejas de mujeres siguen aún en pie. Ahí están las dos residencias que compartieron la agente y productora teatral Elisabeth Marbury y su compañera sentimental Elsie de Wolfe (la primera diseñadora de interiores profesional del país), en el 49 de Irving Place y, más tarde, en el número 13 de Sutton Place. También siguen resistiendo el paso del tiempo el piso donde Elsa Gidlow escribió uno de sus más conocidos libros de poemas mientras vivió en Manhattan en la década de 1920 (en el 447 West 22nd Street) o la preciosa casa donde vivió Alice Austen en Staten Island, que frecuentaba el Darned Club, donde las damas se reunían para fumar, montar en bicicleta, vestirse de hombres o amarse libremente. Allí conoció a la institutriz y bailarina Gertrude Tate, que sería su compañera sentimental de por vida.

La residencia donde compartieron su amor la sufragista Marion Dickerman y Nancy Cook se encuentra en el 171 West de la calle 12 (en uno de los primeros edificios de apartamentos, por cierto, en acoger parejas del mismo sexo). Las reformadoras sociales Anna Rochester y Grace Hutchins, que lucharon por mejorar las condiciones laborales, especialmente para las mujeres, vivieron en un apartamento del edificio situado en el 85 de Bedford Street desde 1924 hasta su muerte en 1966 y 1969, respectivamente. Y la casa y estudio de la fotógrafa Berenice Abbott, en el 50 de Commerce Street, también en el Village, es otro ejemplo de supervivencia. El rastro de las casas habitadas por estas mujeres en Nueva York puede seguirse a través del proyecto ‘NY LGBT, Historic Sites Project’.

La escritora y luchadora por la igualdad, Lorraine Hansberry, la pionera de la sanidad pública LiIlian Wald, la fotógrafa Berenice Abbot, que inmortalizó la vida de Manhattan en la década de 1930, o la primera dama Eleanor Roosevelt, que durante dos décadas mantuvo una relación sentimental con la periodista Lorena Hickok, son otros ejemplos.

La fotógrafa Alice Austen, por ejemplo, frecuentaba el Darned Club de Staten Island, donde las damas se reunían para fumar, montar en bicicleta, vestirse de hombres o amarse libremente. Allí conoció a la institutriz y bailarina Gertrude Tate, que sería su compañera sentimental de por vida. También se conserva la preciosa casita donde la fotógrafa vivió la mayor parte de su vida en Staten Island.

Era una época en que la mujer ya reivindicaba su derecho a reunirse en clubs que no admitían el acceso a los hombres. El Colony Club de Nueva York, abierto en 1903 por la sufragista y reformadora social Daisy Harriman, el Woman’s Press Club y el Sorosis Club, ambos impulsados por Jane Cunningham Croly y abiertos también en Nueva York, son buena prueba de ello.

Una republicana española y una dama de la alta sociedad estadounidense

También la inmigrante republicana Victoria Kent, nacida en Málaga en 1891, y Lousie Crane, quince años más joven que ella, de familia millonaria y oriunda de Massachusetts, mantuvieron una estable historia de amor. Procedían de mundos distintos, eran como agua y aceite, pero desde que se conocieron nunca más se separaron. Ocurrió cuando Louise ya había roto con la poeta Elizabeth Bishop, su compañera sentimental de dos décadas. Al parecer, el motivo de la separación no fue otro que Elisabeht halló a su compañera y a Billie Holiday en la cama. Louise Crane y Victoria Kent marcaron tendencia cultural y política en el Nueva York de principios de siglo.

Pilar Tejera

* Estas y otras historias están recogidas en el libro de reciente aparición ‘Damas de Manhattan:las mujeres que forjaron la historia de Nueva York‘, de la escritora Pilar Tejera, que reúne la vida de más de 30 mujeres sorprendentes.

El IVAM adquiere obra de artistas mediterráneos

Colección del IVAM | Nuevas adquisiciones de obra de los artistas Mona Hatoum, Akram Zaatari, Rayyane Tabet, Mohamed Bourouissa, Bouchra Khalili y Gülsun Karamustafa
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Lunes 29 de junio de 2020

El Consejo Rector del IVAM ha aprobado la adquisición de obras de los artistas libaneses Mona Hatoum, Akram Zaatari y Rayyane Tabet, el argelino Mohamed Bourouissa, la marroquí Bouchra Khalili, la turca Gülsun Karamustafa, protagonista de una nueva exposición en el museo a partir del próximo 23 de julio, y del valenciano Andreu Alfaro. El IVAM mantiene así su objetivo de abrirse a la producción artística del Mediterráneo con la incorporación de obras que refuerzan la investigación en torno a este contexto geopolítico, una de las líneas fundamentales de la Colección del IVAM.

Con estas adquisiciones, un total de 18 obras por un total de 500.000 euros, el IVAM sigue enriqueciendo sus fondos con trabajos realizados por tres mujeres como son Bouchra Khalili, Gülsun Karamustafa y Mona Hatum, ganadora del Premio Julio González 2020, potenciando la igualdad también en materia cultural en cuanto a la visualización de las mujeres en el arte.

Por otro lado, se refuerza un eje fundamental de la Colección que es la investigación sobre el espacio urbano con el trabajo sobre las comunidades de migrantes de Mohamed Bourouissa, la cartografía de la sociedad árabe que lleva a cabo Akram Zaatari, la reflexión sobre los conflictos contemporáneos de Mona Hatoum o el cuestionamiento de las fronteras de Bouchra Khalili. Por último, el nombre de Andreu Alfaro reafirma el apoyo del IVAM a los artistas valencianos con la incorporación de la pieza ‘Cercle Berninià’, producida por el escultor en los años ochenta.

‘The Constellations’ (2011), de Bouchra Khalili. Fotografía cortesía del IVAM.

Entre las adquisiciones hay esculturas, fotografías y, sobre todo, grandes instalaciones que revelan el gusto de sus creadores por la mezcla de materiales, la invitación al público para que forme parte activa de las obras y la presencia de las últimas tecnologías.

La escultura ‘Bunker (Starco I)’ (2011), de Mona Hatoum (Líbano, 1950), que analiza las geografías urbanas, la violencia o la experiencia del exilio, junto con las ocho serigrafías de la serie ‘The Constellations’ (2011), de Bouchra Khalili (Casablanca 1975), aumentan los fondos del IVAM dedicados a investigar sobre la temática de las ciudades, así como la presencia de trabajos realizados por mujeres. El museo también adquiere tres importantes obras de Gülsun Karamustafa (Ankara, 1956), la artista turca contemporánea más importante, que explora cuestiones sociopolíticas en la Turquía moderna y aborda temas que incluyen la sexualidad, el origen étnico o el exilio.

Del artista Akram Zaatari (Líbano, 1966) se adquieren 77 fotografías que componen la obra ‘Objects of Study. Hashem el Madani, Itinerary’ (2007/2014), un trabajo de Zaatari sobre las imágenes tomadas por Hasem El Madani en los años 50 en el antiguo mercado de Saidia en las que plantea una reflexión sobre el tiempo y la historia.

Estas compras aprobadas por el Consejo Rector del IVAM suponen también la oportunidad de añadir a la colección unas fotografías fundamentales en la trayectoria de Mohamed Bourouissa (Argelia, 1978), muy representativas de su producción, ya que no quedan copias en el mercado tras su adquisición. La investigación sobre las comunidades de migrantes de este artista y su relación con el espacio urbano ampliará el número de obras que reflexionan sobre la ciudad en los fondos del museo.

‘AZ_Unfolding’ (2016), del artista Akram Zaatari. Fotografía cortesía del IVAM.

‘Ah, My Beautiful Venus!’ (2017), de Rayyane Tabet (Líbano, 1983) se engloba en un proyecto mucho más amplio titulado Fragments que toma como punto de partida su investigación sobre la excavación arqueológica en Tell Halaf, al noreste de Siria, dirigida por Max von Oppenheim a principios del siglo XX. El bisabuelo de Tabet, Faik Borcoche, fue nombrado en 1929 secretario de von Oppenheim para ayudarle en las excavaciones. En esta instalación Tabet se centra en una figura neohitita llamada la ‘Venus de Tell Halaf’ y en el recorrido histórico que ha sufrido desde su desenterramiento realizado durante la excavación dirigida por Max von Oppenheim, planteando cuestiones como las relaciones de poder, las prácticas museológicas, la preservación de los objetos arqueológicos y la relación con ellos o la apropiación y la destrucción cultural.

Todas estas obras se suman a las de otros artistas procedentes de los diferentes países del Mediterráneo compradas en los últimos años, tales como Nadia Benchallal, Yto Barrada, Rula Halawani, Ahlam Shibli, Zineb Sedira, Hadjithomas & Joreige o Taysir Batniji, que convierten al IVAM en el museo español que mayor número de obras posee de los países que conforman las dos orillas del Mediterráneo, signo de identidad de su Colección.

La adquisición de ‘Cercle berninià (b)’ (1980), de Andreu Alfaro (València, 1929 – Rocafort, València, 2012) completa la colección de obras que el IVAM ya posee de este artista fundamental para el contexto valenciano, al tiempo que permite profundizar en el estudio sobre los diferentes lenguajes escultóricos de los siglos XX y XXI. En esta pieza el maestro Alfaro volvió a dar un giro en su producción escultórica, alejándose de las construcciones geométricas, para centrarse en el estudio de los problemas esenciales del volumen.

‘Le Hall’, perteneciente a la serie ‘Périphéries’ (2007), de Mohamed Bourouissa. Fotografía cortesía del IVAM.

MAKMA

‘Ride’ viaja desde Terrassa al festival Incorto de México

‘Ride’, de Neus Flores
‘Incorto’ | Festival internacional de cortometrajes de México
Estreno: viernes 26 de junio a las 9:00 (hora peninsular)
Miércoles 24 de juno de 2020

El cortometraje ‘Ride’, ópera prima de la periodista, agente cultural y colaboradora de MAKMA Neus Flores, será exhibido en ‘Incorto’, festival internacional de cortometrajes de México, el próximo viernes 26 de junio de 2020, sumándose a la trayectoria que atesora este filme de docu-ficción desde su reciente première mundial del pasado noviembre de 2019, en la Sala Rasa64 de Terrassa, y su refrendado pase por el Clermont Ferrand International Short Film Festival –uno de los festivales de ineludible referencia en su género–.

‘Ride’ -o cinema veritée– basado en hechos reales y que pretende acercarse a la verdad cotidiana desde un punto de vista universal –territorio en el que las emociones se entienden en cualquier cultura– y con el uso de varios idiomas, mediante un guión de proyección internacional.

‘Ride’, que ha contado con el apoyo de Faktoria d´Arts y La Bonne (Centro de Cultura de Mujeres Francesca Bonnemaison), se postula a modo de un cinema veritée que pretende acercarse a la verdad cotidiana desde un punto de vista universal –territorio en el que las emociones se entienden en cualquier cultura– y con el uso de varios idiomas, mediante un guión de proyección internacional.

Un viaje por las emociones, un trayecto por la vida de dos mujeres (madre e hija, interpretadas por Mari Arveheim y Alba Manobens Flores, respectivamente) que pasan por una etapa de crecimiento propio y de enfrentamiento a nivel familiar, para terminar uniéndose a nivel personal a través de las vicisitudes de su recorrido por la Costa Brava.

El desencuentro entre ellas se inicia en el ámbito del hogar durante un desayuno cotidiano y desemboca en un club nocturno, donde Emma (la madre) encuentra a Alex (su hija, aún menor de edad) bailando a cambio de dinero.

Emma and Alex

Emma, Alex's mother, getting ready to celebrate mother's day.

Publiée par RIDE sur Dimanche 3 mai 2020

Alex decide irse de casa tras la virulenta reacción de su madre y Emma es consciente de que si deja marcharse a su hija la perderá para siempre; por este motivo decide irse con ella a lo largo de un viaje por la costa catalana -durante el que se encontrarán con diversos personajes que les harán crecer a nivel personal y emocional, hasta llegar a mejorar su relación y entenderse de nuevo.

‘RIDE’ es un viaje desde la oscuridad emocional y física, hasta encontrar la luz y el optimismo que mejorará la relación de estas dos mujeres para siempre, al final de su viaje y dentro del marco incomparable de la casa museo Dalí, en Port-Lligat (Cadaqués, Costa Brava).

“Una road-movie inspirada en ‘Thelma &Louise’ y ‘Little Miss Sunshine’, que no deja indiferente a nadie”, en palabras de su directora, Neus Flores.

MAKMA

Fassbinder y Fellini reabren las puertas de La Filmoteca

La Filmoteca | Reanudación de la temporada
Ciclos ‘Fassbinder: amor y rabia’ y ‘Centenario Fellini’
Plaza del Ayuntamiento 17, València
A partir del jueves 25 de junio
Domingo 21 de junio de 2020

La Filmoteca vuelve a abrir las puertas el próximo jueves 25 de junio para cerrar una temporada que se vio truncada a mediados del mes de marzo por la emergencia sanitaria. Debido a las medidas de seguridad derivadas de la nueva situación, se programará una única sesión al día de jueves a domingo y con reducción del aforo de la sala.

En esta programación se podrán ver cuatro títulos de los ciclos de ‘Fassbinder: amor y rabia’ y ‘Centenario Fellini’, las dos grandes retrospectivas que han vertebrado la programación de los últimos meses y que continuarán en La Filmoteca después del verano. Recordamos clásicos de dos maestros del cine moderno europeo, autores de filmografías coherentes y singulares como pocas, sintetizadas en estas cuatro películas que ahora presentamos.

Las películas de Fellini son ‘Roma’ –un retrato mítico y sensual, en clave autobiográfica de la Roma fascista de los años treinta y la del comienzo de la dècada de los setenta que aporta, mediante secuencias autónomas, anotaciones humorísticas sobre la especial psicología de sus habitantes– y ‘Amarcord’–palabra descrita por su autor como: “la síntesis, casi la reverberación sonora de un sentimiento, un estado mental, una actitud, una manera de sentir y pensar dual contradictoria… Si combinamos ‘amore’ (amor), ‘core’ (núcleo), ‘ricordare’ (recordar) y ‘amaro’ (amargo), el resultado es ‘Amarcord’”–. Son dos de los títulos de Fellini más abiertamente autobiográficos en los que encontramos el barroquismo, la fantasía y el halo melancólico que definen la última etapa del cineasta italiano.

Un instante de la película ‘Miedo al miedo’ (1975), de Fassbinder. Fotografía cortesía de La Filmoteca.

Los pases de estas dos películas de Fellini son también un acontecimiento para cinéfilos, ya que se proyectan en copias DCP de su última restauración, llevada a cabo por la Cineteca de Bolonia en colaboración con otras instituciones italianas.

Así, ‘Roma’ se proyectará el jueves 25 de junio a las 20:00 y el viernes 26 de junio a las 18:00, mientras que ‘Amarcord’ se podrá ver el sábado 4 de julio a las 20:00 y el domingo 5 de julio a las 18:00.

Los filmes de R. W. Fassbinder escogidos son ‘El viaje a la felicidad de mamá Küster’–en el que un obrero de una planta química a punto de ser despedido asesina inesperadamente al hijo de su jefe y se suicida a continuación. Este hecho transforma por completo la vida de su mujer, que iniciará una odisea personal en la que deberá enfrentarse a las manipulaciones mediáticas y políticas– y ‘Miedo al miedo’–historia de una ama de casa que no encaja en el rol de esposa y madre, víctima de una violencia estructural muy sutil–. Los dos giran, como todo el cine de este autor, en torno a las relaciones de poder y de la discriminación sexual y de clase, mostradas con la estilización y teatralidad que caracterizan a su puesta en escena.

‘El viaje a la felicidad de mamá Küster’ se proyectará el sábado 27 de junio a las 20:00 y el domingo 28 de junio a las 18:00, mientras que ‘Miedo al miedo’ se ofrecerá el jueves 2 de julio a las 20:00 y el viernes 3 de julio a las 18:00.

Fotograma de ‘Amarcord’ (1973), de Fellini. Fotografía cortesía de La Filmoteca.

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