Estellés y Hernández, juntos por primera vez

Miguel Hernández / Vicent Andrés Estellés. La palabra toma parte
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 15 de abril de 2018

Hablaban idiomas distintos, en pueblos distintos y en un tiempo atravesado por una misma convulsión bélica, si bien igualmente distinto en cuanto a sus consecuencias. Y, a pesar de todo, les terminó uniendo un idéntico sentimiento ligado a la pasión poética. Miguel Hernández nació en Orihuela en 1910, un poco antes de que lo hiciera Vicent Andrés Estellés en Burjassot 14 años después. De manera que no llegaron a cruzar sus vidas, puesto que el poeta alicantino falleció muy pronto por culpa de una tuberculosis derivada de su estancia en la cárcel. Y, a pesar de todo…

“Per tu, amic meu, que mai no he conegut, que mai no he vist, però que et sent a prop, molt a prop meu, del meu dolor més gran”. Así reconoce Estellés a ese amigo suyo que, sin haber conocido, ni visto nunca, lo siente muy próximo, porque el dolor les hermana. La frase en valencià está extraída de la exposición Miguel Hernández / Vicent Andrés Estellés. La palabra toma parte, que el Centre del Carme acoge para unir por primera vez sus respectivos legados poéticos. Lo hace mostrando esas palabras de su honda poesía colgadas en diversas instalaciones metálicas, a modo de hierro que viene a fijarlas con vocación de eternidad.

Vista de la exposición sobre Miguel Hernández y Vicent Andrés Estellés. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vista de la exposición sobre Miguel Hernández y Vicent Andrés Estellés. Imagen cortesía del Centre del Carme.

“Queríamos tender puentes entre estos dos grandes poetas valencianos que se expresaron en las dos lenguas oficiales de la Comunitat Valenciana”, señaló José Luis Pérez Pont, director del Consorcio de Museos. Rubén Trenzano, director general de Política Lingüística, incidió en esa misma coexistencia del valencià y el castellano, poniendo en valor a quienes enriquecieron ambas lenguas con su brillante poesía: “Hemos sido capaces de poner en valor en una misma exposición a nuestros dos poetas más importantes del siglo XX”.

“Hay temas comunes como la vida y la muerte, la naturaleza. Intentamos recuperar el ambiente en el que vivieron; la quintaesencia de su poesía”, apuntó Carmen Alemany, comisaria junto a Vicent Salvador y Nacho París, de la exposición que permanecerá en la Sala Refectori del Centre del Carme hasta el 15 abril. “Queremos que sea itinerante”, destacó Pérez Pont, teniendo previsto que se exponga en los municipios natales de ambos poetas. “Hablaron dos idiomas distintos pero de una manera fraterna”, incidió Alemany, como diferencia que les unió en lugar de mantenerlos separados en los compartimentos estanco de sus respectivas lenguas.

“La intención era hacer visible la poesía, por eso no queríamos una exposición al uso bibliográfico, sino que las palabras nos entren”, explicó París, encargado del montaje expositivo, repleto de fotografías, poemas, ejemplares de la revista Hoja de España, carteles de Renau, un libro escultura de Jaume Plensa y diversos audiovisuales. “Son dos poetas que no vivían en su torre de marfil, sino que eran parte de su tiempo”, precisó París.

Vista de la exposición sobre Miguel Hernández y Vicent Andrés Estellés. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vista de la exposición sobre Miguel Hernández y Vicent Andrés Estellés. Imagen cortesía del Centre del Carme.

“Aquella mort que no trobava terme”, señala Estellés en uno de los poemas impresos como si fueran hierro candente. “Las palabras tienen peso, no se las lleva el viento”, afirmó Pérez Pont, para subrayar la importancia de esa poesía cuya lectura puede propiciar cambios en la vida. “Mis abarcas heladas, mis abarcas desiertas”, se puede leer en otro de los poemas, esta vez de Miguel Hernández, quien a su vez dice: “Agredimos al tiempo con la feliz cigarra”. También: “El hombre acecha al hombre”.

Este último pensamiento, que evoca a Hobbes (el hombre es un lobo para el hombre), da fe de la propia experiencia en la cárcel, motivada por sus ideas políticas y su resistencia a la guerra. “Queríamos traer la poesía al presente; la poesía a los días de hoy”, subrayó París. Vicent Andrés Estellés y Miguel Hernández eran “hombres comprometidos”, destacaron los responsables de la exposición, de manera que su poesía, a ras de suelo, pedía a gritos esa forma de exponerla.

La muestra, organizada en seis módulos o estructuras portátiles que vienen a sostener las intensas y emotivas palabras de ambos poetas, recoge el contexto histórico, una pequeña biblioteca elocuentemente titulada La paraula encesa en una mà, así como otros paneles que vienen a hacerse eco de esa búsqueda de la palabra precisa que les atormentaba. Un mural audiovisual relaciona finalmente el trabajo de Estellés y Hernández con otras formas de producción cultural. Juntos por primera vez, Miguel Hernández y Vicent Andrés Estellés dialogan en el Centre del Carme sobre el amor, la vida y la muerte de la que se nutrieron mutuamente.

Estellés y Hernández

Vista de la exposición sobre Vicent Andrés Estellés y Miguel Hernández. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

Fallece el coleccionista Vicent Madramany

Vicent Madramany (L’Alcudia, 1946). Coleccionista y mecenas
Director de À cent mètres du centre du monde, de Perpignan (Francia)
Sábado 31 de marzo de 2018
Con motivo de su fallecimiento el 29 de marzo, reproducimos la entrevista realizada en la Fundación Chirivella Soriano como parte responsable de la exposición de Artur Heras.
Descanse en paz.

“Coleccionistas de verdad hay muy pocos”, advierte Vicent Madramany. Le faltó añadir que él es uno de ellos. Director del museo de arte contemporáneo de Perpiñán, que lleva el significativo nombre de À cent mètres du centre du monde, en alusión a Dalí, Madramany se acercó a Valencia como parte responsable de la exposición de Artur Heras en la Fundación Chirivella Soriano. De las 44 piezas exhibidas, 42 pertenecen a su colección; las otras dos son propiedad del propio artista. Piezas de gran formato que, a modo de antológica, permiten contemplar 50 años del trabajo de Heras, los que van de 1964 a 2013 (Ver: https://www.makma.net/seduccion-iconografica-elegante-protesta/).

Aunque “lo importante son los artistas”, razón por la cual Vicent Madramany prefirió mantenerse en un segundo plano durante la presentación de la antológica, lo cierto es que su trayectoria como coleccionista bien merece un aparte. Su trabajo de importación y exportación de frutas le llevó, entre otros lugares, a Perpignan, donde fue barruntando la idea de crear un museo de arte contemporáneo. Idea que dio sus frutos (nunca mejor dicho), tras la compra de un viejo almacén de frutas y verduras, que se hallaba muy cerca de la estación de tren de Perpignan, a la que Salvador Dalí dedicó una de sus obras tras delirante visión: “El universo, que es una de las cosas más limitadas que existe, sería –guardando las proporciones, similar por su estructura a la estación de Perpignan”.

Vicent Madramany, junto a la obra 'Consum nacional brut' de Artur Heras. Foto: MAKMA

Vicent Madramany, junto a la obra ‘Consum nacional brut’ de Artur Heras. Foto: MAKMA

Madramany, haciendo uso explícito del delirio daliniano, bautizó su museo tomando como referencia esas palabras y los aproximadamente 100 metros que lo separaran de la estación de tren: À cent mètres du centre du monde. Museo del que provienen la 42 piezas de Artur Heras y donde Madramany acumula y exhibe obras principalmente de artistas valencianos y franceses. “El coleccionista es la persona que intenta hacer un homenaje a los artistas coleccionando su obra para que perdure en el tiempo”. Nada que ver con los coleccionistas que, como champiñones, brotaron a causa del esplendor inmobiliario. “Hay quienes han comprado arte por una finalidad especulativa, como un producto financiero”.

Madramany entiende que esa “especulación del producto artístico” ha terminado por “marear mucho” el mercado del arte. “Ha habido un exceso de artistas y de obras”, lo mismo que “hay muchos museos que son almacenes de obras mediocres”, y pone como ejemplos el Hermitage de San Petersburgo o el Louvre de París. “Prefiero el Museo del Prado o la National Gallery de Londres”. Para Madramany, “la pintura, salvo milagros, no es una inversión”. Y como “el olvido” suele ser a su juicio el “destino normal de la mayor parte de la obra creativa”, la función del coleccionista es la de poder “rescatar” de ese olvido a los artistas.

Vicent Madramany, junto a la obra 'Consum nacional brut' de Artur Heras. Foto: MAKMA

Vicent Madramany, junto a la obra ‘Consum nacional brut’ de Artur Heras. Foto: MAKMA

“Hay mucha gente que invierte, pero coleccionistas de verdad, los que lo hacen por placer, no abundan, y no es el principal motor del mercado del arte”. Conjugar ese placer, que permite dar testimonio de la “obra bien hecha”, con la justa proporción de rentabilidad derivada del valor creativo, es lo que Vicent Madramany persigue con su colección de obras en À cent métres du centre du monde. Casi medio centenar está ahora en la Fundación Chirivella Soriano. Piezas de gran formato, porque “una obra cuando es buena tiene más fuerza a tamaño grande”. Que es lo que le suceden a las 44 piezas de Artur Heras. Madramany está de enhorabuena.

Vicent Madramany, al lado de la obra 'El sueño del capitán España' de Artur Heras. Foto: MAKMA

Vicent Madramany, al lado de la obra ‘El sueño del capitán España’ de Artur Heras. Foto: MAKMA

Salva Torres

Tras el velo de la mujer iraní

Como todos los días, de Shadi Ghadirian
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 1 de abril de 2018

“En Irán todos los artistas sabemos las líneas rojas que hay”. Shadi Ghadirian (Teherán, 1974) lleva desde su primera serie fotográfica titulada Qajar, realizada con tan solo 24 años, tratando de burlar esas líneas de flotación que marcan la censura en su país. “Sobre todo centradas en la imposibilidad de atacar a los políticos o de mostrar a mujeres sin velo”, dijo. Mediante el “humor y la ironía”, tal y como advirtió Mario Martín Pareja, comisario de la exposición ‘Como todos los días’, Ghadirian se las arregla para revelar lo que pretende ser velado: esa censura pétrea a las mujeres.

“No he tenido niñez, ni adolescencia”. De manera que ella, madre ahora de una hija, no ceja en su empeño de mostrar esa censura con el fin de restañar ciertas heridas. “Con la revolución iraní se produjo una regresión en mi país”. Regresión de la que va dando cuenta en la diferentes series fotográficas que, a modo de retrospectiva, muestra el Centre del Carme hasta el 1 de abril en la Sala Dormitorio. “Quizás la única percepción de un extranjero sobre la mujer iraní es un chador negro. No obstante, trato de representar todos los aspectos de esa mujer iraní”, cuenta la artista.

Like Everyday, de Shadi Ghadirian. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Like Everyday, de Shadi Ghadirian. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Aspectos relacionados todos ellos con ese velo tras el cual se oculta la mujer en Irán. De hecho, la mayor parte del medio centenar de imágenes de la exposición tiene que ver (valga la contradicción) con el ocultamiento y borrado del rostro o de partes del cuerpo femenino. Por eso Martín Pareja, en connivencia con Ghadirian, ha pretendido resaltar en el título de la retrospectiva ese carácter cotidiano de tamaña práctica censora. “Son temas que pertenecen a mi propia biografía”.

Puestos a comparar esa censura practicada contra la mujer iraní y la revuelta del movimiento #MeToo estadounidense, igualmente centrado en la violencia contra la mujer, Ghadirian fue rotunda: “No se puede comparar, porque en Irán las leyes islámicas son mucho más estrictas; se entiende como censura, pero esas mujeres son libres 100% para manifestarse en contra”. Ni siquiera guardaba relación, dijo, con el hecho de que Facebook prohibiera ciertas imágenes de desnudos: “Yo convivo con eso todos los días, pero en Facebook tú puedes decidir salirte de ahí”.

Qajar II (1988), de Shadi Ghadirian. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Qajar II (1988), de Shadi Ghadirian. Imagen cortesía del Centre del Carme.

En su serie West by East, recoge imágenes de mujeres iraníes cuyos cuerpos aparecen borrados, al modo en que lo hacen los censores de su país con las revistas occidentales que muestran esos cuerpos femeninos. Y en Ctrl + Alt + Del, utiliza las letras del ordenador para incidir en esa misma veladura de la mujer. “Nos han transformado. Nos han velado…Con un solo clic, a veces somos eliminados…’Ellos’, esos minúsculos iconos de nuestro ordenador. Nos definen de la misma manera que ustedes nos ven ahora, a mí, una mujer de hoy”, apunta con respecto a esta serie, cuyas teclas son de control y supresión. “Sirven para reiniciarlo al pulsar las tres a la vez”.

Y a rebufo de esa explicación, la propia Ghadirian parece buscar con su práctica fotográfica una especie de limpieza del sistema que favorece ese barrido de la mujer en Irán. “Así es como yo trabajo: pienso largo y tendido sobre el tema y en la forma en la que imagino las imágenes antes de empezar”. E imaginando llegó en cierto momento a toparse con la canción de John Lennon Imagine, reflejo de ese universo imaginario donde los seres son libres de los poderes que anulan sus movimientos.

Too Loud A Solitude (2015), de Shadi Ghadirian. Imagen cortesia del Centre del Carme.

Too Loud A Solitude (2015), de Shadi Ghadirian. Imagen cortesia del Centre del Carme.

“Las campañas están bien”, apuntó al hilo del #MeToo, “pero ha estado ahí siempre y la única forma de combatirlo es con educación”. La suya le lleva a empuñar con firmeza la fotografía y a disparar imágenes contra ese estado de cosas que, ‘como todos los días’, impera en el régimen iraní. Un audiovisual que completa la exposición sumerge al espectador en ese caminar a solas rodeado de personas. Su más famosa fotografía, de la joven con hiyab y radiocasete en el hombro, muestra al mismo tiempo las contradicciones de ese régimen a caballo entre la tradición y la modernidad.

Martín Pareja se hizo eco de esas contradicciones aludiendo a la representación de Ghadirian, “iluminando con el color zonas de un mundo que de otra manera se antojaría oscuro y usando el humor para derribar tabúes”. Las mujeres veladas y en ocasiones literalmente borradas en el contexto de la revolución iraní, llevó a pensar a la artista que tal revolución, lejos de suponer un avance, ha terminado siendo un retroceso y un confinamiento para las de su género: “Deseo continuar hablando de las mujeres porque todavía tengo mucho que decir”. Y lo seguirá haciendo sin duda a través de fotografías que aúnan estética y reflexión.

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Qajar (1988), de Shadi Ghadirian. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Qajar (1988), de Shadi Ghadirian. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

Los Vidal: una saga del Cabanyal

El Cabanyal 1900-1991. Fotografías de la familia Vidal
Museu Valencià d’Etnologia (Muvaet)
C / Corona, 38. Valencia
Hasta el 27 de mayo de 2018

El Cabanyal, ahora que ese espíritu está tan de moda, fue municipio independiente desde 1837 hasta 1897, con el nombre de Poble Nou de la Mar. La historia que muestra el Museu Valencià d’Etnologia (Muvaet) arranca tres años después, en 1900, con el famoso barrio ya anexionado a Valencia. Son de entonces las primeras imágenes de la exposición ‘El Cabanyal 1900-1991. Fotografías de la familia Vidal’, con la que se pretenden rendir dos homenajes: al propio barrio y a las tres generaciones de una saga que “gracias a su tesón y amor por la fotografía” ha dejado testimonio vivo de tan singular enclave cercano al mar.

Luis Vidal Ayala que, junto a Manuel Cerdà, comisaría la exposición, subraya ese tesón y fervor fotográfico de sus antecesores, como principales “culpables” de las imágenes que ahora puede disfrutar el público. Imágenes que sirven tanto para el deleite estético, dada su impecable factura técnica, como para rastrear las huellas de un barrio repleto de cicatrices, reveladas gracias al carácter documental de la muestra. Martín Vidal Romero, Luis Vidal Corella y Luis Vidal Vidal son los artífices, mitad artistas mitad antropólogos, del mapa generacional y arquitectónico inscrito en las fotografías.

Fotografía de Luis Vidal Vidal. Imagen cortesía de Muvaet.

Fotografía de Luis Vidal Vidal. Imagen cortesía de Muvaet.

Se trata de un “breve recorrido por el trabajo de los fotógrafos Vidal”, explica Vidal Ayala, al tiempo que una muestra de “cómo vivía la gente, de su acerbo cultural”. Vivencias que abarcan 91 años, la más temprana firmada en 1900 en torno a una pareja de toros, una barca y dos pescadores a contraluz, recogiendo a ese pueblo pescador del que se hace eco el trabajo de Martín, el primero de los Vidal. Cierra cronológicamente el recorrido expositivo, la fotografía en la que se puede ver a la ex alcaldesa de València Rita Barberá durante una visita a las obras del paseo marítimo, con otras autoridades de la época.

Precisamente a Barberà y a su política urbanística se refirió de soslayo el director del MuVIM, Rafael Company, durante su presentación: “Había una deuda moral de las instituciones públicas valencianas con el Cabanyal, porque su destrucción también es obra de las propias instituciones”. A la espera de su futura reconstrucción, la familia Vidal lo que hace con sus imágenes es recrearlo, devolviéndole la vida al barrio con instantáneas de gran poder documental. “Buceando en nuestro archivo proponemos realizar un recorrido por la Valencia que mira al mar”.

Fotografía de Luis Vidal Vidal. Imagen cortesía de Muvaet.

Fotografía de Luis Vidal Vidal. Imagen cortesía de Muvaet.

Un recorrido por sus calles, su singular trama urbana y sus cicatrices, más o menos “naturales” por efecto de los raíles del tranvía, o provocadas por la fuerza intempestiva de los acontecimientos en forma de disturbios callejeros. Testimonios, en cualquiera de los casos, “de la tenacidad de un pueblo para mantener vivas las tradiciones y las costumbres propias, a pesar de tanto impedimento como tuvieron que superar durante el periodo que comprende la exposición”, señala Cerdà.

Son varios los aspectos que se recogen en torno al Cabanyal, barrio descrito como “popular”, “de trabajadores”, “un pueblo pescador”, “puerta de Valencia al mar” y que resultó “fuente de inspiración” para Blasco Ibáñez, Sorolla y José Benlliure, los tres apareciendo en algunas de las fotografías de la exposición. Edificios, casas, raíles, tranvías, barcos varados, vistas panorámicas del puerto, de Las Arenas, de la gente tumbada en la playa, tirándose al agua del puerto, del mercado, de sus trabajadores. El Cabanyal en estado puro captado por la familia Vidal en sucesivas generaciones.

Fotografía de Luis Vidal Vidal. Imagen cortesia de Muvaet.

Fotografía de Luis Vidal Vidal. Imagen cortesia de Muvaet.

“Tres generaciones de fotógrafos de una misma familia es una circunstancia difícilmente comparable, que sólo se explica por la transmisión de padres a hijos del amor por el oficio y la tradición”, destaca Cerdà. De tan singular transmisión, en justa correspondencia con la singularidad del propio barrio, pretende hacerse eco la exposición que hasta el 27 de mayo acoge el Muvaet. Igualmente aparecen las tensiones entre el entorno habitado por pescadores y la oligarquía local que, como apuntan los comisarios, vio en el Cabanyal “no un patrimonio, sino un mercado, el inmobiliario”, dificultando la conservación de “sus costumbres y sus tradiciones, su patrimonio artístico y cultural”.

La ropa colgada en mitad de sus calles empedradas, las cajas de pescado custodiadas por mujeres que lo ofrecían para el sustento propio y tantas otras faenas, aparecen en las fotografías de la familia Vidal a modo de registro documental de un tiempo que, gracias a ese tesón fotográfico, perdura. Manuel Cerdà cita a Raimon cuando canta, “quien pierde los orígenes, pierde la identidad”, para concluir: “Afortunadamente, la saga de los Vidal continúa y el Cabnyal también”.

Pesca del bou, de Martín Vidal Romero. Imagen cortesía de Muvaet.

Pesca del bou, de Martín Vidal Romero. Imagen cortesía de Muvaet.

Salva Torres

“El humor debe disparar siempre hacia arriba”

Refugi Il.lustrat. Entre el taüt i la maleta
Organizada por la Asociación Profesional de Ilustradores de València (APIV)
Col.legi Major Rector Peset
Plaza del Horno de San Nicolás, 4. València
Hasta el 25 de marzo de 2018

Hay datos escalofriantes. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el número de personas desplazadas en el interior de un país, pendientes de resolución tras haber solicitado protección internacional y refugiadas, supera los 68 millones. Ante semejante drama, la Asociación Profesional de Ilustradores de València (APIV) ha querido llamar nuestra atención con la muestra Refugi Il.lustrat. Entre el taüt i la maleta, que reúne en el Col.legi Major Rector Peset 150 ilustraciones alusivas al tema migratorio.

Ilustradores que, como bien apunta Manuel Garrido, comisario de la exposición que se puede visitar hasta el 25 de marzo, utilizan en unos casos el humor y en otros la crudeza, dependiendo del talante de cada autor que es luego extrapolable a la sensibilidad del receptor. Garrido apela al arte y a las demás manifestaciones culturales para dar visibilidad a una situación tan lacerante, que exige a su juicio la misma altura de miras de nuestros gobernantes. Éstas son algunas de sus reflexiones.

Ilustración de Materia Dispersa. Imagen cortesía de APIV.

Ilustración de Materia Dispersa. Imagen cortesía de APIV.

Refugi Il.lustrat, ¿el mejor refugio para combatir el drama de los refugiados es la ilustración, en el doble sentido de más pensamiento ilustrado y más arte?

Efectivamente, sería necesario regresar al pensamiento ilustrado, a la confianza en el conocimiento humano como herramienta para mejorar el mundo, pero de poco sirve la filosofía o la ética si no va acompañada de una férrea voluntad política y de una sociedad que la reclame. El arte, la ilustración y las demás manifestaciones culturales pueden contribuir a que la sociedad conozca y se cuestione la situación actual y, consecuentemente, exija a nuestros gobernantes que estén a la altura.

Al refugiado, si quiere sobrevivir, y visto lo que sugiere el título de la exposición, ¿en estos momentos no le cabe otra que coger la maleta y largarse?

Esa disyuntiva que plantea el título de la exposición se basa en una cita de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado – CEAR y no quiere decir otra cosa que la situación de las personas que huyen de una guerra o de la persecución por razones políticas, de etnia, de orientación sexual, etcétera, no lo hacen de una manera caprichosa sino porque, literalmente, se juegan la vida si se quedan.

Ilustración de Noemi Seguí. Imagen cortesía de APIV.

Ilustración de Noemi Seguí. Imagen cortesía de APIV.

Más de 68 millones de personas lo hacen, desde países como Afganistán, Irak, Nigeria, Sudán o Siria. Ahora que cierto discurso anticapitalista prolifera, alguna bondad tendrá ese capitalismo para que sea destino de quienes huyen de la guerra y la pobreza, ¿no?

Es fácil imaginar que los países de acogida de estas personas pueden resultar menos peligrosos que sus países de origen, pero no creo que haya ninguna bondad en el sistema capitalista que se perpetúa precisamente gracias a mantener los privilegios de unos pocos y en el binomio opresor/oprimido. No hay más que ver el insignificante número de personas a las que España ha otorgado el estatus de refugiadas a pesar de las cifras a las que se había comprometido. Eso, por no hablar de que el capitalismo es la razón última de algunas de esas guerras y regímenes corruptos de esos países a los que aludes.

Anotada esa cara más o menos amable de los países enmarcados en la denominada sociedad del bienestar, ¿tanto supuesto bienestar acolcha nuestra mirada ante el drama que nos asola y preferimos no querer ver?

Ese supuesto bienestar hace que, efectivamente, miremos hacia otro lado para que nadie nos pinche la burbuja o que no nos impresionen las tremendas cifras de muertos y desparecidos de distantes territorios. Que nos sobrecoja amargamente cuando algo parecido ocurre en nuestros países aunque sea a escala reducida, pero no tanto si se trata, como decía el poeta Ángel González, “de crímenes lejanos, de huérfanos pequeños”.

Ilustración de Guridi. Imagen cortesía de APIV.

Ilustración de Guridi. Imagen cortesía de APIV.

La exposición pretende remover conciencias. ¿Cómo se remueven mejor con ilustraciones descarnadas, dramáticas, ásperas o mediante el sentido del humor?

En eso hay tantas sensibilidades distintas en los receptores como en los emisores: quien prefiera una imagen cruda que le revuelva las tripas, le contagie la rabia y le mueva a la acción, y quien prefiera un mensaje igualmente profundo pero dicho de un modo más amable, cosa que, en muchos casos, parece que llegue de manera menos incómoda.

La exposición reúne 150 ilustraciones, ¿cómo ha sido el proceso de selección, cuáles han sido los criterios?

A la campaña gráfica que lanzamos desde APIV nos llegaron más de 270 ilustraciones de distintos países del mundo y todas ellas pueden verse en la web refugioilustrado.tumblr.com pero por una cuestión de espacio físico tuvimos que realizar esta selección de 150. La única cortapisa que nos pusimos fue que las imágenes no atentaran contra los derechos humanos ni la dignidad de las personas, y los criterios de selección que primaron fueron los de calidad gráfica y conceptual. Eso no quiere decir que, con un comité de selección distinto, la selección no hubiera sido diferente.

Ilustración de Vicente Soriano. Imagen cortesía de APIV.

Ilustración de Vicente Soriano. Imagen cortesía de APIV.

De las tantas imágenes que integran la exposición, descríbame algunas cuya potencia y cualidad resida en el tono ácido, frente a aquellas otras que se caractericen por el tono irónico.

Preferiría no resaltar ninguna por encima de las demás, pero aprovecho para reivindicar el uso del humor, la crítica y la ironía en un momento en el que la libertad de expresión y de pensamiento se está viendo seriamente amenazada en nuestro país. No sólo como un ejercicio catártico sin igual sino, además, como una herramienta utilísima para difundir un mensaje y que corra como la pólvora. Ya lo dijo Óscar Wilde: “Si tienes que decirles la verdad, hazles reír o te matarán”. Eso sí, en mi opinión, el humor debe disparar siempre hacia arriba.

Ilustración de Mikko. Imagen cortesía de APIV.

Ilustración de Mikko. Imagen cortesía de APIV.

Salva Torres

El MuVIM, con los pioneros del cómic

L’esclat dels clàssics
L’inici del còmic a la Península
MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia

Hasta llegar a ser el “noveno arte”, el cómic ha tenido que atravesar un largo camino que, al igual que en el salvaje oeste americano, ha necesitado de la pasión de muchos aventureros. Quizás emulando su propia experiencia, de artistas fajándose contra las adversas circunstancias, perfilaron el imaginario heroico del que después se nutrieron muchas personas. Entre ellas, el propio Rafael Company, director del MuVIM que acoge dos exposiciones centradas en esos orígenes del cómic: “Yo aprendí a leer con el TBO y Pulgarcito”, reconoció.

“El cómic está dentro de la cultura popular que ha llegado a atravesar fronteras”. Y precisamente a esas fronteras a las que se refirió Company aluden tanto la muestra L’esclat dels clássics, ubicada en la sala Alfons Roig, como L’inici del còmic a la Peninsula, instalada en el vestibulo del MuVIM. Dos exposiciones repletas de piezas únicas cedidas por coleccionistas privados y de las que, en algunos casos, sólo quedan “una decena de ejemplares en todo el mundo”, subrayó Enrique Trilles, comisario de ambas exposiciones.

L'esclat dels clàssics. Imagen cortesía del MuVIM.

L’esclat dels clàssics. Imagen cortesía del MuVIM.

A esos coleccionistas privados se refirió también Company, poniéndolos al mismo nivel que los artistas y personajes de tan rutilantes historietas: “El coleccionismo privado es una tarea constante, callada y heroica”, rematándolo con el adjetivo de “insustituible”. Gracias a todos ellos, el MuVIM reconstruye la historia del cómic internacional y español, evocando a sus pioneros en los Estados Unidos de principios del pasado siglo.

“En un mundo mayoritariamente analfabeto en el que no existía la televisión, los cómics eran el instrumento de comunicación para las clases más desfavorecidas”, citando Trilles a Umberto Eco, cuando dijo que el cómic “era el arte de los pobres y el paradigma de la cultura popular”. Entretenimiento y educación a partes iguales. A veces, incluso a contracorriente de lo que se proponía, como puso en evidencia Company: “Yo leí Hazañas bélicas y me hice objetor de conciencia”.

L'inici del còmic a la Peninsula. Imagen cortesía del MuVIM.

L’inici del còmic a la Peninsula. Imagen cortesía del MuVIM.

Esta y otras muchas lecturas se pueden extraer de las dos exposiciones del MuVIM, que han venido a coincidir con el gran evento de este fin de semana, el Salón Héroes Comic Con València: “Nos parece magnífico”. Tanto es así que el propio Museo de la Ilustración y de la Modernidad cuenta con un stand en dicha feria, en coherencia con la línea museográfica del MuVIM, que Xavier Rius, diputado de Cultura, ligó al València en vinyetes de principios de 2017.

La eclosión de los clásicos, cifrada en torno a los grandes maestros de la historieta norteamericana y a superhéroes como Superman, Batman o Flash Gordon, e incluso heroínas como Wonder Woman, fue sin duda una referencia para los grandes del cómic más próximos como Manuel Gago, José Sanchis (Pumby) o Víctor Mora (El Capitán Trueno), por citar algunos. “Los tebeos españoles –desde los años 30 hasta la actualidad- habrían sido otra cosa sin la presencia de los grandes personajes americanos, que sirvieron de molde para forjar los héroes más idiosincráticamente hispanos”, explicó Trilles.

Las piezas originales que se muestran en ambas exposiciones tienen el valor que se deduce del hecho, subrayado por el comisario, de que “se trataba de un arte industrial y serializado en el que la mayoría de fotolitos se desechaban”. Hay en la exposición primeras tiradas de Yelow Kid, el personaje con el que empezó el cómic moderno, según los especialistas, al igual que de Little Nemo o de Flash Gordon. “Todo el material que se exhibe en ambas exposiciones son piezas originales”, destacó Trilles.

L'esclat dels clàssics. Imagen cortesía del MuVIM.

L’esclat dels clàssics. Imagen cortesía del MuVIM.

El periodo que va de los años 30 a mediados de los 50, conocido como la edad de oro del cómic, protagoniza la parte central de La eclosión de los clásicos. A partir de ahí, tirando de se hilo, se llega a El inicio del cómic en la Península, donde aparecen personajes como El guerrero del antifaz, Cuto, El pequeño luchador o Pumby, nacidos a rebufo de los pioneros. “¿Cómo negar la influencia de aquellos héroes, de aquel estilo de dibujo, en Manuel Gago o en Jesús Blasco, por citar dos de las más grandes referencias de la historieta en la España franquista?”, se pregunta el comisario.

Las dos exposiciones que el MuVIM inaugura, y que se extenderán hasta finales de mayo y principios de junio, se incrustan justo en medio de lo que Company celebró como dos hechos significativos: el Salón Héroes Comic Con València y la novela gráfica El día 3, de Cristina Durán y Miguel Ángel Giner, sobre las víctimas del accidente del Metro en Valencia, que se presentó recientemente en el museo valenciano. “Estamos en el medio”, precisó Company, sacando pecho por ello y por que el MuVIM sea “el lugar natural para el cómic”.

El Guerrero del Antifaz. Imagen cortesía del MuVIM.

El Guerrero del Antifaz. Imagen cortesía del MuVIM.

Salva Torres

“ARCO no es el objetivo”

Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau
Semana del Arte de Madrid
Hasta el 25 de febrero de 2018
Con Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), Sara Joudi (Galería Shiras), Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Vicente Torres (Plastic Murs)
Entrevista realizada por Merche Medina, Jose Ramón Alarcón y Salva Torres, del equipo de redacción de Makma

Con motivo de la presente Semana del Arte de Madrid, que concita en la capital a un nutrido grupo de galerías, artistas, comisarios y gestores culturales valencianos, Desayunos Makma ha procurado reunir a cuatro galeristas participantes en diveras ferias satélite de específicos contenidos –como son Drawing Room, Urvanity e Hybrid Art Fair & Festival–, con el fin de conocer sus respectivas inquietudes y apuestas, en el marco de la 37ª edición de ARCO, la cita artística ferial más relevante del país.

Asumiendo de un modo implícito esta condición de preponderancia que atesora la feria de IFEMA, sus proyectos respectivos se centran en escenarios diversos. En tanto que para Marisa Giménez “ARCO no es el objetivo”, el Museo del Ruso desembarca por primera vez en Hybrid Art Fair & Festival. Por su parte, Sara Joudi afirma que “todavía no ha aplicado” para postular su presencia en ARCO a causa “de los requisitos de participación que exige” y, por el momento, se centra en otras propuestas, mientras que Cristina Chumillas destaca el perfil que Drawing Room –de la que Shiras y Pepita Lumier forman parte– ha logrado consolidar en las dos ediciones anteriores, siendo el que más fielmente responde a los contenidos de su galería, tal y como le sucede a Vicente Torres con Urvanity, en la que Plastic Murs participa por segundo año consecutivo.

En esta nutrida diversificación de planteamientos que se dan cita durante la presente semana, “a los artistas les da vida participar en las ferias; años atrás únicamente existía ARCO y hay que celebrar que Madrid alberga ahora una mayor oferta”, señala Giménez; Joudi, así mismo, no duda en manifestar que “quisiera que aumentasen las galerías españolas” en IFEMA, a la par que Torres exhorta a intensificar el “riesgo de las propuestas que habitualmente se presentan” allí.

(De izquierda a derecha) Cristina Chumillas (Pepita Lumier), Sara Joudi (Galería Shiras)y Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

(De izquierda a derecha) Cristina Chumillas (Pepita Lumier), Vicente Torres (Plastic Murs), Sara Joudi (Galería Shiras) y Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Conversar acerca de la consolidación del presente mapa ferial supone, necesariamente, reparar en las nuevas fórmulas venales y poner la atención sobre la figura y perfil asociado al coleccionismo, ante lo cual Vicente Torres indica que “el coleccionista convencional se plantea, de este modo, visitar también otras opciones”; “sin duda, ARCO crea un tirón de público especializado que beneficia al resto”, corrobora Marisa Giménez, mientras que Joudi estima que “cada una tiene su target“. En cambio, Chumillas diagnostica el efecto inverso: “es el público de estas ferias satélite el que se plantea visitar ARCO”, si bien todos coinciden en que, en el entorno ferial, es la dirección y su organización quienes deben contar previamente con un público objetivo específico, propiciar el acceso y el contacto con los espacios participantes.

Para Sara Joudi los coleccionistas “son, por lo general, personas muy formadas que investigan constantemente acerca de sus intereses y que, en muchas ocasiones, se centran en un artista determinado”. Marisa Giménez amplía este comentario e insiste “en potenciar la figura del nuevo coleccionista entre gente joven y es en estas ferias donde puedes arriesgar con las propuestas y educar en el coleccionismo”, a la par que Cristinas Chumillas apuesta por “rescatar al coleccionista abruptamente desaparecido por la pérdida de poder adquisitivo, de ahí la importancia de esta visibilidad y asistencia a las ferias”, a través de las que “hay que lanzar un mensaje e incentivar al coleccionismo”, especialmente entre el público joven que se acerca a las galerías, en tanto que “sus intereses varían y hay que detectarlos”, insiste Vicente Torres.

Sin duda, factores tan determinantes y decisivos como la labor de refrendo y mecenazgo que se debe exigir a la instituciones. En este sentido, prosigue Torres, “el mercado y las instituciones son muy estáticas; por ejemplo en Frieze London éstas no diferencian entre ferias convencionales y de largo recorrido y otras satélite o de reciente creación”. Lo que piden, en comunión, a las instituciones y los museos es mayor apoyo, tanto a nivel local como a través comisiones de compra equitativas, el fomento de relaciones más estrechas y directas con los agentes que las representan, tanto cuando se establece un primer contacto como en el momento en el que éstas seleccionan y materializan las compras en las ferias nacionales. Reclaman, en consecuencia, una mayor transparencia en sus decisiones.

Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Vicente Torres (Plastic Murs) durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Vicente Torres (Plastic Murs) durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Atendiendo a estas cuestiones previas, los presentes galeristas no solo adaptan, sino que, ante todo, formulan sus apuestas en plena búsqueda y ejercicio de la especificidad, como una consecuencia natural de la línea expositiva trazada en sus respectivos espacios.

A través del Museo del Ruso de Alarcón (Cuenca), Marisa Giménez, para quien “acceder a una feria ya es un reto”, pone a su servicio una larga trayectoria como galerista y comisaria, gestada entre Valencia y Madrid, participando en la segunda edición de la feria internacional de arte emergente Hybrid Art Fair & Festival, en colaboraicón con los comisarios y agentes culturales Merche Medina y Jose Ramón Alarcón (Ecomunicam), mediante una propuesta colectiva que atiende a las razones metodológicas y finales de diversos artistas emparentados con la fotografía –Jose Manuel Madrona, Ignacio Evangelista, Alicia Martínez y Fotolateras (Lola Barcia y Marinela Forcadel-) y los procesos infográficos (Silvia Mercé).

Comandada por Vicente Torres, Plastic Murs repite en Urvanity, feria que centra su leitmotiv en la “expresión artística desarrollada en el contexto urbano, que construye hoy un diálogo con la modernidad”-, oportuno y propicio escaparate ferial para exhibir el inquietante y celebrado street art individual o colectivo de PichiAvo, Hyuro, Vinz y Deih.

Sara Joudi (Galería Shiras) y Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Sara Joudi (Galería Shiras) y Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), durante un instante de los Desayunos Makma en el Centre Cultural La Nau. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Cristina Chumillas (junto con Lucía Vilar) apuesta por el dibujo, la ilustración y el cómic como disciplinas que vertebran la senda de Pepita Lumier, galería que se encuentra presente en la tercera edición de Drawing Room –especializada “en la práctica transgeneracional de los nuevos artistas por el el dibujo contemporáneo”–, en la que participan con los proyectos de Agente Morillas (‘Ecosistemas Invisibles’) y David de las Heras (Cazadores).

Por su parte, Sara Joudi formula con Galería Shiras una linea discursiva en la que se concitan emergentes y celebrados artistas del ámbito valenciano y nacional. En la incipiente semana de las ferias, Shiras hace doblete. En Drawing Room estará con Nuria Rodriguez, Miquel Navarro y Nieves Torralba y en Art Madrid contará con obra de Miquel Navarro, Horacio Silva, Sebastián Nicolau, José Saborit y Javier Chapa.

La conversación entre los galeristas evoluciona hacia las necesidades que afectan al ámbito local y regional, territorio en el que se desarrolla su labor profesional. Cristina Chumillas asevera: “tengo que dar un tirón de orejas al gobierno actual; se debería haber preocupado en dialogar con nosotros e incluirnos dentro de la oferta turística. Por ejemplo, podía generar una ruta, porque el comercio hace cultura”, apreciación que el resto de participantes respaldan.

Un diagnóstico común que se suma a los requerimientos vinculados con la optimización de las subvenciones públicas, así como la necesidad de elaborar en conjunto un sistema realmente efectivo que impulse el desarrollo del sector o “la posibilidad de generar un efecto Guggenheim ampliado a librerías, anticuarios” y otros agentes determinantes del ámbito empresarial emparentado con las diversas extremidades del mercado cultural.

Vicente Torres (Plastic Murs), Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Sara Joudi (Galería Shiras) posan en las inmediaciones del Centre Cultural La Nau, instantes previos al Desayuno Makma. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Vicente Torres (Plastic Murs), Marisa Giménez (Museo del Ruso de Alarcón), Cristina Chumillas (Pepita Lumier) y Sara Joudi (Galería Shiras) posan en las inmediaciones del Centre Cultural La Nau, instantes previos al Desayuno Makma. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Merche Medina

El Palau se abre a grupos emergentes

Emergents al Palau
Palau de la Música
Passeig de l’Albereda, 30. Valencia
De febrero a junio de 2018

Hay, por supuesto, música clásica. También hay jazz, con su festival de julio por montera. Igualmente pop y rock, de primer nivel. Pero faltaba algo, porque siempre falta. Y tanto Glòria Tello, presidenta del Palau de la Música, como Vicent Ros, director del coliseo valenciano, han decidido paliarlo con lo que han venido a llamar Emergents al Palau, un ciclo destinado a las bandas independientes, que arranca este sábado con Lanuca y Samuel Reina, a los que seguirán otro nueve conciertos con una veintena de grupos.

Samuel Reina. Imagen cortesía del Palau.

Samuel Reina. Imagen cortesía del Palau.

“El pop y el rock sí que han estado abandonados por todos en el Palau. De ahí nuestro apoyo a la música moderna”, apuntó Ros cuando fue presentado el ciclo hace cuatro meses. “No lo planteamos en términos de modernidad, sino de ayudas al sector. No resta, sino que suma a lo que ya venimos haciendo en el Palau”, agregó Tello, quien subrayó la importancia del proyecto en estos términos: “Queremos que todas estas bandas que no suelen tener oportunidades vengan a la Sala Rodrigo y el público las conozca”.

Bandas como Yobamochi, dúo de artistas de performance que utilizan, además de la música, la fotografía, el video y la imagen gráfica, o Durga, la formación valenciana de post-rock finalista del Sona la Dipu del pasado año. O Mr Perfumme, rock y cabaret más swing, y Las Víctimas Civiles, al que el rock se le queda corto y se nutren de cierta experimentación. Son algunos ejemplos de esas bandas Emergents a las que el Palau ofrece la posibilidad de tocar en un escenario de altos vuelos.

Mr Perfumme. Imagen cortesía del Palau.

Mr Perfumme. Imagen cortesía del Palau.

“Mis inicios como músico han sido tocando en locales con una condiciones que no eran las más adecuadas”, se sincera Ros. Consciente de ello, por haberlo vivido en sus carnes, el director del Palau dice que ahora, y subraya lo de “ahora”, todos esos músicos “tendrán un lugar inmejorable para tocar y unos canales de difusión que yo nunca he podido disfrutar de joven”. No sólo eso, sino que gozarán de una remuneración acorde a su trabajo: “Es muy importante apostar por la dignificación y que estén sus conciertos dados de alta en la Seguridad Social”.

Los conciertos, además, han sido objeto del más escrupuloso sorteo para que todas las bandas se sintieran en igualdad de condiciones. Un sorteo que tuvo lugar el pasado mes de enero en el marco del programa ‘Territorio sonoro’ en À Punt radio, conducido por Amàlia  Garrigós, y en el que participaron, además del propio Vicent Ros, los coordinadores del ciclo Amadeu Sanchis y Manolo Tarancón, el músico Miquel Àngel Landete y el crítico musical Carlos Pérez de Ziriza. “Siempre trabajamos con total transparencia y es por ello que hemos hecho un sorteo de las fechas de actuación, para que todos los grupos tengan la misma consideración”, aclaró Tello.

Las Víctimas Civiles. Imagen cortesía del Palau.

Las Víctimas Civiles. Imagen cortesía del Palau.

Lanuca, alter ego de Ángela Bonet, y viceversa, abrirá este sábado Emergents al Palau, mezclando amor y desamor, lo tierno y lo turbio, junto a Samuel Reina, grupo folk reciente vencedor del Concurso Vinilo Valencia. El domingo 25 de febrero les tocará el turno a Yobamochi y Nathan Jaime, para ir dejando paso en sucesivos meses hasta junio a Mr Perfumme, Wild Ripple, Nanga Parbat, Rascanyà, Sempere, Dual, Juanjo Pérez, Victoria Ros & Andreu Soler, Ainda Nao Street Band, Stéphanie Cadel et la Caravane, Twise, Los Fabulosos Blueshakers, Eleness, Matic, Durga y Las Víctimas Civiles.

Un total de 20 grupos divididos en dúos por estilos de música (pop, rock, indie, autor, folk, blues, electrónica, jazz fusión, garaje y hip hop), ilusionados todos ellos, según constata la presidenta del Palau, “por tocar en la Sala Rodrigo” y a los que el Palau les abre sus puertas. Con un presupuesto de 16.000 euros, las bandas dispondrán del 90% de la recaudación, siendo para el coliseo valenciano el 10% restante. “Hemos establecido sinergias con diferentes salas de la ciudad de Valéncia y hemos incluido charlas, mesas redondas y conferencias antes del ciclo para potenciarlo”, concluye Tello.

Lanuca. Imagen cortesía del Palau.

Lanuca. Imagen cortesía del Palau.

Salva Torres

Humans Fest: ¿los derechos humanos en peligro?

Humans Fest
Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos
Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Del 9 al 18 de febrero de 2018

Javier Vilalta, director de Humans Fest, el Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos que celebra del 9 al 18 de febrero su novena edición, avisó del peligro que se corre por la vulneración de esos derechos universales de forma sistemática en muchos lugares del mundo, incluyendo a España. “Tenemos que ser críticos y la situación no es halagüeña”, dijo, tras subrayar el hecho de que “está pasando ahora” en nuestro país “la cadena perpetua revisable”. Y agregó: “Tenemos más información y cada vez más miedo”.

Esa relación entre medios de comunicación y el miedo que generan algunas de sus noticias, principalmente relacionadas con las personas migrantes, es uno de los diversos temas que aborda un festival con alrededor de 49.000 euros de presupuesto (“ahora tan solo hay 1050 en caja”, ironizó su director), organizado por la Fundación de la Justicia y que cuenta como patrocinador principal con Caixa Popular. Precisamente su director de Negocio y Marketing, José María Company, se refirió a Humans Fest como “algo más que un festival”.

Cartel de 'Secuestrando el Tíbet', de Jaime Chavarrías. Humans Fest.

Cartel de ‘Secuestrando el Tíbet’, de Juanma Chavarrías, en Humans Fest.

Y, desde luego, algo más que un festival de cine: “El cine es una excusa para hablar de derechos humanos”, reconoció Vilalta. Abel Guarinos, director general del Institut Valencià de Cultura, aludió al certamen como “uno de los pocos festivales que unen ética y estética”. La ética, más bien moral, quedaba reflejada en ese carácter “comprometido” de su programación, que el propio director del festival ratificó al definirlo como “una herramienta de cohesión, un vehículo que remueva conciencias”. De la estética se ocupó Vilalta al subrayar “la calidad, el contenido y el mensaje” de las 10 películas documentales que integran la programación, el 50% de las cuales estaba dirigido por mujeres, “sin haber discriminación positiva”, apostilló.

Un festival “hecho por personas”, en régimen “cooperativo” y, sobre todo, dado el escaso presupuesto, a base de una “vitalidad” que el propio Vilalta reconoció que no era “sostenible” con el paso del tiempo: “No podemos basarnos en el voluntariado”. El equipo de Humans Fest lo integran 40 de esos profesionales voluntariosos, capaces incluso de hacerse cargo de la producción propia del festival: en esta ocasión, el documental ‘Marhaba’, de Emilio Martí, cuyo viaje a un campo de refugiados en Grecia lo financió Caixa Popular, corriendo con el resto de los gastos el propio Martí.

De izda a dcha, José María Company, Abel Guarinos, Enma, Javier Vilalta y José Luis Moreno. Imagen cortesía del Institut Valencià de Cultura.

De izda a dcha, José María Company, Abel Guarinos, Neus Fábregas, Javier Vilalta y José Luis Moreno. Imagen cortesía del Institut Valencià de Cultura.

“Vivimos momentos complicados”, señaló Vilalta, refiriéndose no a esa precariedad presupuestaria, sino a la vulneración de los derechos humanos objeto del festival. Vulneración que afecta a las personas refugiadas, a quienes poseen una orientación e identidad sexual diferente y a cuantos se desplazan a otros países huyendo de la guerra o el hambre. Neus Fábregas, Regidora de Cooperación del Ayuntamiento de València, que colabora por segundo año en el festival, conminada a que cerrara su intervención con una frase, dijo: “Espero que los derechos humanos se puedan conseguir y que se sume la gente a su lucha”.

El cine “comprometido” que podrá verse en la Filmoteca de Valencia, sede de la sección oficial de largometrajes, cuenta con un estreno mundial: Forgotten Childhood, de la iraní Reza Farahmand. También habrá dos estrenos en España: Complicit, de Heather White (EEUU), y Freedom for the Wolf, de Rupert Russell (Alemania). Juanma Chavarrías también presentará en primicia mundial su documental ‘Secuestrando el Tíbet’, película producida junto a Samuel Sebastian, en torno a la beligerancia china sobre el territorio vecino, objeto de esa vulneración de los derechos humanos de cuya carta se celebran los 70 años, y a los que dedica el festival atención especial en esta su novena edición.

La incorporación por primera vez del teatro a la programación de Humans Fest, la subrayada presencia de directoras al grueso del cartel y la variada procedencia de las películas, hasta de nueve países aunque principalmente de Europa, son aspectos sobresalientes de un certamen al que tanto Guarinos como Company desearon larga vida. El Premio Pau i Justícia, otro de los elementos destacables del festival, ha recaído este año en Silvia Munt, en reconocimiento a su activismo e implicación social y, claro está, a su “trayectoria como artista comprometida con los derechos humanos”. La actriz y directora recogerá el premio en la gala inaugural del festival que se celebrará el 9 de febrero en la Filmoteca. “Somos frágiles”, recordó Vilalta, en alusión a esos derechos humanos amenazados.

Cartel de Marhaba.

Cartel de Marhaba, de Emilio Martí, en Humans Fest.

Salva Torres

En el estudio

‘Muebles en el estudio’
Ángel Masip
Sala exposiciones La Lonja
Paseo Almirante Julio Guillén Tato. Alicante
Hasta el 18 de febrero de 2018

Sin abandonar el paisaje y su reflexión ante el mismo, Ángel Masip presenta su nuevo proyecto ‘Muebles de estudio’ en la Lonja del Pescado de Alicante. ‘Muebles de estudio’ recoge tres acciones, siempre sugerentes, que aúnan algunas de sus creaciones más recientes, entre ellas ‘Two and a half minutes to the midnight’ que ya pudo verse en el Centro del Carmen de Valencia. En pocas ocasiones Ángel Masip ha expuesto en su ciudad de origen y, en este caso, la oportunidad se da gracias a la convocatoria pública que la Concejalía de Cultura de Alicante abrió el pasado 2017 con objeto de dotar de contenido a las diferentes salas de exposiciones de la ciudad.

A lo largo de toda su trayectoria, Masip viene elaborando un discurso entorno a la significación del paisaje, siempre desde distintas perspectivas y siempre como pretexto para analizar el individuo. En ‘Muebles de estudio’ diversifica y amplia este concepto de paisaje llevándolo a un punto casi íntimo, totalmente introspectivo. La muestra comienza con ‘Domesticidades Fantasma’ donde impresiones digitales y un gran foto-collage, acompañan a una gran escultura de tubos de aluminio. Masip otorga aquí una nueva mirada sobre los objetos cotidianos, sobre nuestros espacios domésticos, aquellos que casi podríamos recorrer con los ojos cerrados, pero ahora descontextualizados, desposeídos de la familiaridad provoca un sentimiento de extrañeza en el espectador. ¿Acaso somos capaces de reconocer esos lugares? Ese orden inconsciente deja de tener sentido y tropieza con lo preestablecido.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

Es quizá esta la actitud revuelta y descolocada necesaria para enfrentarse a las siguientes instalaciones, ambas relacionadas con una visión post-apocalíptica de la realidad. ‘Escaparatismo salvaje’ es el resultado de una instalación que el artista llevó a cabo en 2013 site-specific para una galería de Madrid. El resultado conjuga diferentes materiales de desecho domésticos que refuerzan la meditación sobre diferentes cuestiones clave: paisaje, naturaleza, producto artístico… ¿Nos sentimos cómodos reiterando la participación generalizada sobre estas ideas? El confort del no pensamiento obliga al espectador a rodear la obra, a crear una escenografía distinta para cada mirada.

Finalmente, ‘Two and a half minutes to midnight’ parte del Doomsday clock, un reloj simbólico que marca la medianoche como aproximación al fin del mundo. En 2017 ese reloj se adelantó. La instalación de Ángel Masip muestra en una serie de elementos museográficos, objetos encontrados o construidos, enmarcados, expuestos. Pero no es la estética lo que cuenta, sino que partiendo del cuestionamiento del objeto artístico como tal, surge el interrogatorio inconsciente. La presentación lleva inevitablemente a reflexionar sobre lo inminente en el día a día del individuo, quizá mostrando un principio de incertidumbre que el orgullo no deja externalizar.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

En resumen, Masip trata de manera ponderada la visibilización de aquello que normalmente no apreciamos. Aquí encaja bien el concepto social que propuso Zygmunt Bauman, el de una sociedad líquido-moderna, en la que todo fluye y el cambio es constante pero no hay conclusión. Pararse a reflexionar sobre lo imposible de averiguar no es sino una manera de detenernos, de alejarnos de ese confort producido por la domesticidad, por las paredes confortables y también, como no, por nuestros muebles de estudio.

María Ramis