Greta Alfaro

#MAKMAArte
‘La sangre de la tierra’
Greta Alfaro
Galería Rosa Santos
Carrasquer 1, Valencia
Del 19 de enero al 12 de febrero de 2024

“La sangre es vida mientras está contenida en el cuerpo, pero cuando ves la sangre vertida, entonces estás hablando de muerte”. Greta Alfaro, en su exposición ‘La sangre de la tierra’ que gira alrededor del cultivo de la vid y de la creación del vino, se refiere precisamente a la dicotomía encerrada en ese rojo del vino asociado a la sangre, tan pronto vivificante como próximo a perderse entre las brumas de una intensa y salvaje embriaguez.

La Galería Rosa Santos acoge en sus dos alturas una serie de piezas, entre videos y pinturas, que viene a dar cuenta de la mitología en torno al vino, al tiempo que levanta acta de su otra cara más directamente sangrienta y, por tanto, germen de vida y aniquilación.

“Yo he intentado hablar de algo tan normal como es el trabajo en la tierra, que ha sido nuestro sustento durante miles de años, pero ligándolo después con las creencias religiosas y los mitos, que también nos han acompañado durante todo nuestro tiempo”, explica Alfaro.

De manera que ‘La sangre de la tierra’ es un desparrame de historias concentradas en pequeñas piezas, donde la artista deja entrever cierto humor negro, mientras en las obras de mayor formato opta por ilustrar plásticamente esa doblez entre lo bello y lo siniestro. Dos videos completan la exposición –‘Las labradoras’ y ‘Los labradores’-, reuniendo en sus imágenes la misma dicotomía entre lo que es fuente de vida y puede serlo igualmente de destrucción.

Como señala Alfaro, con respecto al video en el que una mujer golpea un saco de boxeador para que vierta el rojo del vino contenido en su interior, “se trata de una performance en la que, en una antigua bodega abandonada, he colgado este saco que está lleno de hollejos, para vincular el vino con la sangre”.

Una de las obras de la exposición ‘La sangre de la tierra’, de Greta Alfaro, en Galería Rosa Santos. Foto: Nacho López Ortiz.

“La boxeadora” -continúa explicando la artista- “empieza con el saco en blanco y poco a poco va sollando el vino con su esfuerzo, de manera que no solo se va ensuciando el saco, sino que también ella se va agotando. Y esta fotografía es el resultado de la escena cuando la boxeadora ha acabado”.  

La fatiga asociada a ese denodado esfuerzo por golpear un saco lleno de vid(a) es metáfora del destilado del vino, cuyo goteo da lugar a esa simbiosis entre la sangre de la tierra y el agotamiento de un cuerpo sometido a los avatares del propio acto creativo y destructivo.

Todo esto tiene lugar en San Martín de Unx, localidad de la merindad de Olite en la comarca navarra de Tafalla, donde Greta Alfaro residió para llevar a cabo el proyecto que ahora presenta en la Galería Rosa Santos: “Quería también hacer un homenaje a la gente del campo, porque es de donde venimos todos. Las ciudades son relativamente recientes y el éxodo masivo a las grandes urbes es del siglo XX”.

Todo ese territorio navarro se quemó prácticamente por entero durante el pasado verano. “Juego con el folclore y las tradiciones por esa capacidad que tienen de reinvención; se van adaptando a cada momento histórico. Y eso es Dioniso, es Jesucristo y es la realidad de cada tradición popular. Son, en el fondo, los ritos de la naturaleza y los ciclos de las estaciones. Yo relaciono todas las creencias religiosas y el folclore con eso”.

De nuevo, destrucción y creación dándose la mano en ‘La sangre de la tierra’, allí donde la naturaleza se ofrece como sustrato para la vid, al igual que por las venas corre la sangre de un rojo tan apolíneo como dionisiaco. “En la embriaguez dionisiaca” -dirá el filósofo Nietzsche- “o en el desencadenamiento de los instintos primaverales, la naturaleza se manifiesta en su fuerza más alta: vuelve a juntar a los individuos y los hace sentirse como una sola cosa”.

Vista de la exposición ‘La sangre de la tierra’, de Greta Alfaro, en Galería Rosa Santos. Foto: Nacho López Ortiz.

“La pregunta es” -sostiene Alfaro- “¿ahora que somos primordialmente urbanos, todo esto cómo va a continuar? Porque esta sensación que tenemos de permanecer ajenos al mundo natural -la comida está envasada y ya no sabes ni de dónde viene-, separados de algo tan básico como es el lugar de donde proceden nuestros alimentos, no sé hacia dónde nos conduce. Se pierden el sembrado y las cosechas con todas sus celebraciones”.

Aún así, ella insiste en que “las fiestas en los pueblos siempre son después de la vendimia y siguen muy vivas. Ese carácter orgiástico de alguna de mis piezas guarda relación con esto”. Dioniso, al que la artista se refiere junto a las figuras de Jesucristo o Mitras, viene a ser metáfora de la importancia del alimento extraído del campo que ha pasado a la religión y se extiende por las tradiciones populares.

“Hay una serie de collages en la que ahondo más en esta idea de los pueblos referentes culturales que conocemos en la cultura mediterránea del vino”. Y añade: “La civilización nace del vino. Ahora están diciendo que los primeros asentamientos humanos no se dieron por la agricultura para comer, por el pan, sino que se dieron por el cultivo del alcohol”.

Lo cual le da pie a Alfaro para seguir estableciendo conexiones entre lo telúrico y lo infernal, el magma creativo y su correlato destructivo. “Vivimos en una realidad edulcorada, pero la sangre está ahí. Lo dionisiaco también está relacionado con el carnaval, donde se liberan las emociones para que luego vuelvan a su orden. Estableces un tiempo en el que está permitido todo, para que después todo siga en orden. Las bacanales también eran así”.

Varias de las obras de la exposición ‘La sangre de la tierra’, de Greta Alfaro, en Galería Rosa Santos. Foto: Nacho López Ortiz

“Al final nosotros somos naturaleza”, agrega la artista. “No somos una máquina, sino un animal que vive en esa naturaleza”. Por eso hay series en su exposición “más fantasiosas” -subraya Alfaro-, como la del decapitado, “que tiene más que ver con la propia sangre y sudor sacando el fruto de la tierra”. O el collage con la cabeza cortada de un santo mártir. “Mis trabajos, no sé si la gente lo percibe, pero, cuando se ponen un poco macabros, tienen mucho humor negro que está siempre ahí de manera latente”.

Como está siempre atravesando su trabajo la idea de huella, en tanto rastro que va dejando el paso del tiempo sobre los sujetos y las cosas. “Lo matérico es muy importante, cuando ahora todo es tan virtual. De manera que, con esta exposición, reivindico la experiencia física”.

“En casi todo mi trabajo” -prosigue Alfaro- “siempre está el antes y el después, cómo quedan las cosas tras determinados procesos; como si fuera la prueba de lo ocurrido. Me interesa la huella que deja el tiempo. Por eso es vino lo que ves, pero parecen heridas, cosas arqueológicas”.

‘La sangre de la tierra’ de Greta Alfaro es una sangre sin duda roja de la que la artista se hace eco en una doble dirección: la telúrica de la que procede el vino y la mitológica enmarcada en la tradición popular, mediante la cual simbolizar los estragos positivos -alimenticios- y conflictivos -embriaguez orgiástica- a los que da lugar el fruto de la vid. Una exposición que abre más interrogantes de los que cierra.

“Yo el arte lo entiendo como una manera de hacer preguntas, con el fin de tratar de entender el mundo, y esas preguntas trasladárselas al espectador para establecer un diálogo. Para eso es muy importante la parte plástica, que te intrigue lo que ves, para ir avanzando en esas pequeñas cosas que tenemos interiorizadas y no nos detenemos a pensar en ellas”, concluye Alfaro.

Greta Alfaro
Greta Alfaro, junto a algunas de las obra de su exposición ‘La sangre de la tierra’, en Galería Rosa Santos. Foto: Nacho López Ortiz.