#MAKMAArte
Photo Tanger
Festival Internacional de la Imagen
Diversos espacios de Tánger
Hasta el 31 de agosto de 2026
Cuenta el escritor Tahar Ben Jelloun, Premio Goncourt en 1987 y presidente de Photo Tanger, el Festival Internacional de la Imagen que celebra estos días su primera edición, que fue precisamente en la ciudad tangerina, y más concretamente en el Hotel Djenina, donde Tennessee Williams escribió su novela ‘De repente, el último verano’, luego llevada al cine por Joseph L. Mankiewicz.
En dicha película, una jovencísima Elizabeth Taylor trata de expirar el trauma de haber contemplado un asesinato que la horrorizó dejándola en estado de shock. No hace falta llegar tan lejos para sentir lo que irradia el cine, el arte y, más en general, la cultura, como vehículo privilegiado para elaborar aquello que nos atormenta o simplemente nos produce una honda impresión.
Por eso es de celebrar el nacimiento de Photo Tanger, que, jugando con el título de la novela de Tennessee Williams, se ha presentado así, de repente, pero en su primer verano, como el festival de la imagen que pretende poner a la ciudad tangerina en el mapa internacional de la cultura, haciéndose eco, a través de exposiciones de fotografía y ciclos de películas, de cuanto anida en nuestro interior y clama por trascender fronteras.
De ahí el lema de su primera edición: ‘L’appel du large’, expresión marina que se puede traducir como ‘La llamada del mar’, ese mar que separa las costas de Marruecos y España, al tiempo que las une para explorar, según Brahim Alaoui, director artístico del festival, “las nociones de viaje, alteridad e imaginario”.

Fuimos testigos de todo ello, visitando exposiciones e intercambiando ideas con algunos de los artistas presentes en el festival, de la mano de sus organizadores –los ya citados Tahar Ben Jelloun y Brahim Alaoui, junto con Jamal Souissi, encargado de la producción– para dejarnos empapar de ese espíritu tangerino resumido por otro ilustre de la ciudad, el escritor e historiador Rachid Taferssiti, como “la falta de extrañeza ante ese otro distinto a nosotros”.
Alteridad, pues, imaginarios y viajes por el mundo concitados en las obras de los artistas que, desplegados por diferentes espacios de la ciudad –las galerías Drissi, Kent, Dar D’Art, Artingis, Medina Art Gallery o Delacroix, las librerías Des Colonnes y Les Insolites, la Fondation pour la Photographie, Villa Harris, el Palais des Arts y el Instituto Cervantes de Tánger–, fomentan la curiosidad hacia esa ‘llamada del mar’ que los aúna a todos ellos, al tiempo que los diferencia a la hora de expresarla.
España, como primer país invitado a Photo Tanger, ha tenido el honor de presentar la obra de Isabel Muñoz, que, bajo el título de ‘El mar que somos’, reúne una serie de fotografías en la Galería Cervantes, del Instituto Cervantes de Tánger, ahora dirigido por Juan Vicente Piqueras, quien habló de dicho trabajo como la necesidad que tiene la artista, Premio Nacional de Fotografía en 2016, de “captar lo fugaz, lo milagroso, lo innombrable”, que se manifiesta en las profundidades de ese mar tomado como objeto de su cámara.
Jamal Souissi ejerce, igualmente, de comisario encargado de la selección de una serie de películas españolas que vienen a resumir seis décadas de audiovisual en nuestro país. Películas como ‘Bienvenido, Míster Marshall’ (1953), de Luis García Berlanga; ‘El ángel exterminador’ (1962), de Luis Buñuel; ‘¡Ay, Carmela!’ (1990), de Carlos Saura; ‘Siete mesas de billar francés’ (2007), de Gracia Querejeta, o ‘El 47’ (2024), de Marcel Barrena. Antes de que arranque ese ciclo en julio y agosto, se pudieron ver ‘Calle Málaga’, de Maryam Touzani; ‘Juanita Narboni’, de Farida Benlyazid, y ‘Morjana’, del propio Souissi.
La presencia de España, tanto a nivel fotográfico como audiovisual, destila un mismo aroma, entre nostálgico y vívidamente existencial, del mar que nos une y nos separa de Marruecos. Quizás sea una ‘Cuestión de fe’, por utilizar el título del brillante poemario de Juan Vicente Piqueras, la que anida en tan paradójica vivencia del español en Tánger y que podría quedar reflejado en uno de los poemas del libro, el titulado ‘Due cuori’: “Laten dos corazones en mi pecho. Uno late en mi contra, el otro a mi favor. Uno quiere perderme, el otro hallarme. Uno me ayuda, el otro me atormenta”.

Y es así, hallándonos y perdiéndonos, como podemos dar cuenta de algunas de las propuestas del festival. Por ejemplo, la presentada por Marco Guerra en la muestra colectiva ‘¿Tanger, pourquoi Tanger?’, de la Fondation pour la photographie de Tanger, una exposición que viene a retratar 150 años de fotografía, desde los primeros creadores y viajeros que llegaron a Tánger hasta los más recientes.
Guerra, a rebufo de la extrañeza que supone ese diálogo entre lo amable y lo tormentoso, recoge en sus imágenes a individuos que parecen irrumpir con su soledad el espacio vacío de un territorio asfaltado débilmente iluminado, mediante puntos de vista en picado.

Como apunta el propio artista, su colección de imágenes, bajo el título de ‘Tangiers’, refleja la vulnerabilidad de los sujetos como estampados en la materia del espacio que a duras penas los acoge. Instantáneas tomadas en un mismo lugar y a una misma hora, la del crepúsculo.
Junto a Marco Guerra, exponen Cecil Beaton, Roland Beaufre, Mounir Fatmi, Jellel Gasteli, Harry Gruyaert, Nicolás Muller, Gérard Rondeau y Martine Voyeux, entre otros. Todo ellos preguntándose, cada uno a su manera, por ese Tánger interrogativo de pasado ya inexistente, pero cuyas huellas se perciben en una exposición de marcado talente étnico, antropológico y sociológico, trufado de aliento poético.
La inauguración oficial tuvo lugar en la Galería Mohamed Drissi, donde los organizadores reunieron a los artistas Leila Alaoui –tristemente fallecida en 2016 a causa de un atentado mientras trabajaba para Amnistía Internacional–, Mohamez El Baz, Yoriyas y Youssef Nabil, en la muestra que sirve de lema del festival: ‘L’appel du large’.
De Nabil se proyectan tres películas realizadas como trabajo en paralelo a sus fotografías: películas en las que intervienen Marina Abramovic, Charlotte Rampling y Salma Hayek, conformando un fresco colorista, entre fantasioso y humorístico, de la vida cotidiana de su Egipto natal. De hecho, el propio artista ha reconocido la vinculación entre su cine y sus fotografías, las cuales provienen de los viejos carteles de películas pintadas a mano.
La Galería Drissi también contiene un diálogo entre Hicham Benohoud y Denis Darzacq, que luego da pie a la obra de Louisa Ben, cuya serie ‘Yelli’ llamó la atención del jurado del Concurso de la Joven Fotografía Marroquí, obteniendo el primer premio. Ayoub Essayeb y Sanae Zaidi lograron el segundo y tercer premio por sus respectivos trabajos ‘Behind the eyes’ y ‘Traverser’.
Otro artista destacado de Photo Tanger es Khalil Nemmaoui, cuyo trabajo ‘Waiting for Magellan’ se expone en Tanja Marina Bay. Su obra arroja una luz extraña sobre espacios, personas y objetos que, bajo su atenta mirada, conforman una atmósfera de ensueño, donde la tierra parece hundirse en la niebla, al tiempo que se subrayan los materiales desgastados por el óxido.

Aziza Laraki, por su parte, ha reunido en Gallery Kent a cuatro artistas del mundo árabe: Meriem Bouderbala, Amina Benbouchta, Zoulikha Bouabdellah y Fadia Ahmad, artista libanesa residente en Alicante que traslada a su obra la tensión entre el violentado espacio de Beirut y el más calmado Mediterráneo de la costa valenciana. Dos espacios, dos mundos, que quieren darse la mano, a pesar de los pesares.
El Festival Internacional de la Imagen que este verano ha echado a andar en Tánger pretende hacerse eco del trabajo de los fotógrafos noveles, de los que aún porfían por encontrar su sitio en el frágil universo de la fotografía, o de los que, consolidados, necesitan todavía que la memoria los guarde para siempre. Fotógrafos tangerinos, marroquíes, de aquí y de allá, unidos por esa llamada del mar que los separa y los agrupa.
Photo Tanger, recién nacido, es un festival de la imagen que, por ser Tánger “una ciudad novelesca” (Ben Jelloun dixit), “libera las imaginaciones, provoca a los poetas y ofrece a los pintores la luz que necesitan”, resalta el presidente de una cita que ya busca su proyección allende los mares. “Haber amado más. Amar más todavía. Este es, para empezar, mi último deseo”, concluye Juan Vicente Piqueras otro de sus poemas. El mismo deseo que atesoran quienes pretenden hacer de Photo Tanger un escaparate de la imagen proyectada por los vientos del Estrecho.

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