Andreas Muller

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La Albufera
Proyecto fotográfico ‘L’Albufera. Visió tangencial’ (1985), junto a obras actuales de Bleda y Rosa, Paula García-Masedo, Lucía Loren, Teresa Marín, Jorge Ribalta y Jorge Yeregui
Comisaria: Sandra Moros
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, València
Hasta el 18 de octubre de 2026

Georg Simmel en su ‘Filosofía del dinero’ ya hablaba del carácter asocial de un dinero que, al volverlo todo contable, nada quiere saber de lo incalculable. “Todo tiene un precio”, se nos dice, salvo que alguien –quién sabe si más romántico– se resista diciendo: “Menos el cariño verdadero”. Esa dialéctica entre el frío cálculo y la más cálida percepción de cuanto nos rodea es la que atraviesa el conjunto expositivo de ‘La Albufera’, muestra que el IVAM acoge hasta el 18 de octubre.

En ella, se trata de establecer una comparativa entre las visiones de diversos fotógrafos con respecto a uno de los principales humedales mediterráneos, en una serie de imágenes realizadas en 1985, y lo que diferentes artistas han percibido en la actualidad sobre ese mismo parque natural del que se celebra su 40 aniversario.

Ya entonces, artistas como Gabriel Cualladó, Joan Fontcuberta, Humberto Rivas, Diana Block, Andreas Müller-Pohle, John Goto, Vicente del Amo, Dereck Bennett, o Rafael Navarro, entre otros, se acercaron con su cámara a ese entorno natural poniendo el acento en las cualidades plásticas de tan emblemático paisaje, sin dejar, por ello, de mostrar la amenaza que entrañaba la mercantilización del territorio.

Dos ejemplos bastan. El primero, de Joan Fontcuberta: una fotografía en la que una planta se yergue frente al extenso mar, mientras en el margen izquierdo de la imagen, de una forma sutil, una regla parece medir, calcular, ese idílico espacio. El segundo, de Müller-Pohle, en la que se puede ver un bosque sobre dunas y al fondo, sobresaliendo por encima, los últimos pisos de un bloque de edificios.

Vista de la exposición 'La Albufera', en el IVAM. Foto: Miguel Lorenzo.
Vista de la exposición ‘La Albufera’, en el IVAM. Foto: Miguel Lorenzo.

He ahí el contraste entre la belleza del paisaje y el amenazante carácter asocial de aquellos que, dinero en mano, pretenden convertir ese mismo paisaje en atalaya de sus más pulsionales deseos. Romanticismo del territorio versus siniestra ocupación del mismo por la vía especulativa.

Y es así, especulando sobre la Albufera, ahora en su acepción de conjeturar o reflexionar sobre su parque natural, como otro grupo de artistas lo representan en la actualidad, sobrepasando su carácter fotográfico para ampliarlo a la escultura, la instalación o la video creación multi pantalla.

Todos ellos, de nuevo, aunque con diferentes lenguajes plásticos, poniendo el foco en esa misma tensión entre la belleza del entorno natural objeto de la exposición y el peligro que supone la siempre controvertida acción humana, tan pronto ejercida para mostrar las maravillas del mundo como para intervenir desaforadamente en él con fines espurios.

‘La Albufera’, comisariada por Sandra Moros, es una exposición que reúne alrededor de 200 piezas a modo de mapa y territorio de lo que ha venido sucediendo en tamaño humedal en los últimos 40 años. Mapa y territorio, siguiendo a Michel Houellebecq, que tiene que ver con la visión más aérea del mismo –más calculable o fríamente analizada–, en contraste con la más terrenal o material.

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Bleda y Rosa, por ejemplo, reflexionan sobre la relación histórica entre el marjal, el lago y la Dehesa, actuando sobre el paisaje con una serie de mojones delimitadores que aparecen en las imágenes documentales de su proyecto. Jorge Ribalta se ocupa, también mediante una serie de fotografías, de la vida y la muerte de la anguila, cuya sobrepesca pone en peligro su hábitat natural.

Como en peligro pone a la Albufera el turismo exacerbado, aspecto igualmente controvertido del que se hace eco Jorge Yeregui con su proyecto ‘Figuras’. La conservación del territorio se ve, en este caso, amenazada por ese modelo de turismo de masas en los que todos de alguna manera estamos inmersos en los países desarrollados.

Lucía Loren, por su parte, se sirve de la techumbre de las barracas para mostrar una suerte de entrelazado material de ese territorio caracterizado por la confluencia de lo vegetal y lo acuático, mientras que Paula García-Masedo muestra la tensión a la que se ve sometido el territorio por el contorno industrial, mediante una instalación con planchas de carrocería de automóvil.

Instalación de Teresa Marín García, en la exposición 'La Albufera'. Foto: Miguel Lorenzo.
Instalación de Teresa Marín García, en la exposición ‘La Albufera’. Foto: Miguel Lorenzo.

Es Teresa Marín García la que mejor ilustra ese choque entre el romanticismo del paisaje ­–sus videoinstalaciones poseen una gran belleza plástica– y la inquietante zozobra que provoca cuanto se halla en el interior mismo del parque natural, en connivencia con la apreciación y depreciación humanas.

Así, su elocuente ‘Zona de fluctuación’ lo que hace es precisamente eso: mostrar poéticamente los “múltiples intereses cruzados”, en palabras de la artista, que permean a lo largo del tiempo la Albufera. Un tiempo que, en este caso, va de 1985 a la actualidad, todo él atravesado por una misma pregunta, más allá de los diversos lenguajes empleados para tratar de responderla: ¿dónde nos duele la naturaleza?