Albert Moncusí

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Albert Moncusí
Vicerrector de Cultura, Deportes y Vínculo Social
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
Universitat 2, València

Albert Moncusí, nuevo vicerrector de Cultura de la Universitat de València, es antropólogo social y, como tal, lleva a bien la observación de la vida como un conglomerado de sujetos y grupos con sus diferentes ideas e intereses. Por eso apela al pensamiento crítico para, en lugar de ceñirse al conocimiento encapsulado de cada individuo o grupo, abrir las mentes.

Su intención, durante el tiempo que esté dirigiendo las actividades del Centre Cultural La Nau, es fomentar ese pensamiento, desde el rigor propio que se le supone a la Universidad, y que piensa genera respeto en otras instancias, incluidas las políticas, más allá de sus distintas coloraciones.

Los colaboratorios puestos en marcha, como una de sus líneas de trabajo, buscan, precisamente, trabajar con los agentes sociales para producir con ellos proyectos que enriquezcan el diálogo. Un diálogo que, trayendo a colación a uno de sus referentes, el antropólogo Manuel Delgado Ruiz, se caracterice por un pensamiento a la contra.

Albert Moncusí, vicerrector de Cultura, durante la entrevista en La Nau. Foto: Fernando Ruiz.

La Nau de la Universitat de València la conocías desde fuera, pero ahora estás dentro dirigiéndola como vicerrector de Cultura. ¿Te ha sorprendido algo?

La Nau siempre la he visto, y esto no es una novedad, como un lugar solemne, un sitio muy simbólico para la Universidad. Eso, cuando estás dentro te impresiona, porque toda esa carga histórica e institucional que tiene, ahora, por el cargo que ostentas, la llevas tú encima.

También, a nivel de actividad, yo tenía cierto conocimiento, pero sí que me ha sorprendido su gran volumen, o sea, el volumen de actividad que tiene, la cantidad de proyectos que lleva detrás y de gente implicada en esos proyectos.

La Nau es como una ventana de la Universidad abierta hacia la sociedad. Y eso también me gusta mucho; es la parte que más me gusta de mi trabajo: esa posibilidad de potenciar su carácter público dándose la mano con otras instituciones públicas y entidades sociales que coincidimos en las finalidades.

Y, luego, hay elementos patrimoniales que no los conocía y que poseen, también, una gran solemnidad, como, por ejemplo, visitar y ver los incunables que tenemos, algunos cuadros de figuras históricas que en su momento visitaron el edificio.

En este mismo sentido, recientemente, el Centre Cultural La Nau ha recibido el Sello del Patrimonio Europeo 2025, en parte debido a ese equilibrio entre memoria y pensamiento crítico.

Es un reconocimiento que tengo que agradecer al gobierno predecesor porque, al final, es un reconocimiento a un trabajo, pero también al carácter de este este lugar y lo que representa como centro cultural de la Universitat de València. Es pensamiento crítico con una visión muy contemporánea y muy de actualidad, siempre con una mirada también al pasado. Y, por otro lado, la parte patrimonial que tiene.

Este edifico se fundó en 1499, y La Nau como centro cultural lleva unos 25 años aglutinando esa memoria y ese pensamiento crítico. ¿De qué pensamiento crítico estamos hablando?

Muchas veces, cuando te preguntan por el Sello, te dicen: “¡Mira, claro, es que el edificio!”. Ya, pero es que el Sello lleva aparejadas las actividades, porque son estas las que le dan contenido al edificio. Y es ese contenido del continente el que creo que se ha reconocido.

Mira, el pensamiento crítico para mí es buscar los bordes. ¿Los bordes de qué? Pues los bordes en dos sentidos: el borde en relación con hasta dónde podemos llegar pensando para que las cosas sean posibles, abarcables, pero también el borde porque pincha. O sea, desde dentro hacia fuera y desde fuera hacia adentro. Estamos para eso: para pinchar y para que nos pinchen.

Para mí, eso es absolutamente nuclear, porque la cultura tiene muchas vertientes, pero favorecer el pensamiento crítico es nuestra obligación, nuestra finalidad y lo que debemos promover. Un pensamiento crítico, por tanto, que pinche y que se expanda.

Me estoy encontrando en situaciones en la que hay gente que te dice que esto es casi como una especie de oasis o que tenemos una misión que cumplir: la de llegar a espacios donde otras instituciones a lo mejor no llegan en este momento o no están llenando ese espacio. Yo creo que ese es nuestro papel.

Aún más: pinchar y ser pinchado es incómodo, pero esa incomodidad es la que hace que el pensamiento avance. Yo soy antropólogo social y uno de mis referentes es Manuel Delgado, el antropólogo quizás más conocido en España. Pues bien: en una conferencia que compartí con él, me acuerdo que dijo que pensar es pensar contra, y yo creo que en buena medida es así. Y es esa controversia, esa contradicción, la que tenemos que poner encima de la mesa, porque si no se piensa lo que hacemos es únicamente reproducir lo que piensan otros y ya está.

Y el otro concepto aludido es el de memoria. ¿Cómo la entiendes?

Bueno, la memoria es, de alguna manera, hacer justicia al pasado, siendo capaces de hacer emerger aquellas cosas que merece la pena no olvidar. A ver, todo se puede recordar, pero la memoria construida desde el presente es buscar en el pasado herramientas para seguir avanzando. Y esa es una búsqueda de conciencia consciente, premeditada, digamos, en la cual te esfuerzas porque salgan cosas que no se pueden olvidar en el camino.

Para mí, es eso la memoria, aunque luego hay muchas que se pueden conjugar de muchas formas: en la familiar, es nuestro recorrido biográfico, pero las sociedades también tienen biografía. Si queremos decirlo así, se trata de irle poniendo esos puntos que nos hacen crecer, que nos hacen avanzar. Se pasa mucho mejor de una generación a la otra si haces justicia a esa memoria, si la tienes presente. Y eso es un poquito también el papel que tiene la Universidad.

Por otro lado, la memoria siempre es una construcción, siempre. Es la gran diferencia entre memoria e historia, porque, en el caso de la historiografía, la cuestión es elaborar un dato, digamos, una información objetivada. Con la memoria, se puede intentar objetivar, pero siempre parte de la experiencia acumulada. La cuestión es qué memoria construimos y qué elementos ponemos encima de la mesa para construir la memoria.

Por eso tiene una vertiente política y en este país lo sabemos muy claramente. Entonces, bueno, según cómo cuentes las cosas o qué elementos pongas, le das un contenido u otro.

De ahí que sea siempre una construcción, lo que pasa es que tenemos que ser conscientes de eso y poner hechos, porque, ojo, la memoria tiene hechos que son las cosas que han sucedido y no es una invención. Construimos un relato a partir de elementos que han existido. Y de experiencias. Y esa construcción del relato se tiene que hacer de forma rigurosa.

Albert Moncusí, vicerrector de Cultura, durante la entrevista en La Nau. Foto: Fernando Ruiz.
Albert Moncusí, vicerrector de Cultura, durante la entrevista en La Nau. Foto: Fernando Ruiz.

Hablando de memoria, tenemos en el claustro gótico de La Nau una estatua de Lluís Vives, quien en cierta ocasión dijo que tan perjudicial es desdeñar las reglas como ceñirse a ellas con exceso.

Claro, yo creo que en realidad la cuestión es ampliar el espacio de lo pensable, de lo posible. Esa es la idea. Pienso que lo que ha hecho avanzar a la humanidad, y que el propio Luis Vives experimentó en su propia biografía, son esas mismas tensiones de su sociedad, diciendo lo que pensaba y escribiendo lo que escribía, trasladadas a nuestro tiempo.

Y creo que ese es el papel de una institución como la Universidad, su porqué. Ese es el valor por el cual se nos reconoce, el poseer cierta independencia. Te das cuenta de que hay un respeto por la Universidad como lugar donde se puede pensar.

Y, hablando antes de lo que me sorprende, está ese respeto que lo encuentras en responsables institucionales. Y te diré más: lo ves incluso por encima del color político que tengan, lo cual es remarcable.

¿Cuáles son las líneas estratégicas de tu proyecto?

Vale, a ver, yo en el tiempo que llevo he visto que se hacen muchísimas cosas magníficas. Y una de las cosas que voy a intentar, aunque las he heredado también de mis predecesores, es enlazar, por ejemplo, las distintas aulas que tenemos; que se conjunte todo un poco más, incluso las convocatorias que hacemos.

Algunas convocatorias, por ejemplo, para festivales, que se conjunten alrededor de alguna cuestión del pensamiento crítico dentro de una programación que no sea mensual, sino trimestral y que, a lo mejor, sin quitar que haya una cierta independencia entre los distintos proyectos, que, al menos en cada trimestre, podamos identificar que hay algo que los liga entre sí. Se trata de sacar potencia a lo que ya había, sean las exposiciones, la música o las artes escénicas.

Y, luego, ¿qué más puedo aportar? Pues lo nuevo está en el nombre del propio vicerrectorado, a su, digamos, tercera pata. Porque este vicerrectorado se llama Cultura, Deportes y Vínculo Social, y la parte del vínculo social es donde está un poquito la impronta que me gustaría darle.

Es la parte que en otros momentos se ha llamado sociedad, a la que le hemos puesto vínculo social para reforzar, digamos, la relación estrecha que ya tiene la Universidad con el resto de la sociedad.

Así, tenemos líneas de trabajo muy interesantes que se han abierto, que son los colaboratorios. que tienen el objetivo de ir al territorio, de trabajar con los agentes sociales interactuando con ellos para producir, digamos, pensamiento o proyectos. En definitiva, se trata de acercar la Universidad a la sociedad, al resto de la sociedad, con actividades colaborativas. Esa sería un poco la cosa.

Acercar al alumnado universitario la programación cultural era uno de los objetivos de tu antecesora en el cargo. ¿Hay que insistir en ello, porque algunos profesores de Bellas Artes me dicen que gran parte de sus alumnos no va a ver exposiciones?   

Hay un programa, que es el llamado ‘Cultura als Campus‘, que lleva esa idea de acercar la programación cultural a los campus. Luego tenemos ‘Activa Cultura‘, que es un proyecto, una iniciativa, donde se hace una convocatoria de actividades. Me gustaría, igualmente, potenciar también la relación con el SEDI, que es el Servicio de Información y Dinamización del Estudiantado, que trabaja mucho con las asociaciones de estudiantes, con el fin de recuperar ese espíritu que tenía el Lluís Vives de trabajo cultural de estudiantado.

Y, luego, tenemos proyectos nuevos, como la Big Band [Jazz UV], que es un proyecto que no existía. Vamos a empezar con ella ya oficialmente, como proyecto igual que la orquesta u otros que tenemos en la Universidad y que esperamos que sirva también para atraer gente a la música, que es un tema en Valencia fundamental.

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La Nau cuenta con áreas muy potentes, como el Aula de Cómic, el Festival Serenates, que va a cumplir la 40 edición, el Aula de Cine o Escena Erasmus. ¿Cuál es tu intención con todas ellas?

Mi intención, sobre todo, es que se articulen entre ellas. Lo que decía antes de los tres meses, ¿no? Intentar una articulación entre las diferentes actividades a áreas. Esto entronca con lo del pensamiento crítico y la nueva aula de conferencias, debates y escuela de pensamiento, que viene a agarrar un poco el testigo de la escuela de pensamiento Lluís Vives, justamente.

La creación de esa aula de pensamiento es una de las novedades. Luego, en el caso del Aula de Cómic, le hemos añadido ilustración, porque había una, que era la de artes visuales, que no va a mantenerse como aula propia, pero que una parte de lo que se hacía allí, que era ilustración, ahora estará en la de cómic.

¿Cómo se articula en la programación cultura de La Nau esa doble manera de entender al público como ciudadanía a la que ilustrar, frente a la de clientes a los que hay que seducir?

Bueno, en este último sentido, las redes sociales hacen un buen papel, sobre todo en Instagram. Y, en cualquier caso, esa idea que tenemos de que a la gente joven le interesan otras cosas, lo que tenemos que hacer es ofrecerles oportunidades para que se sienten a pensar. Y eso muchas veces depende también de que las personas lo muevan, de que lo hagan atractivo.

Esto lo pueden hacer los responsables de las actividades y a nosotros nos toca ponerlo un poquito en el escaparate a través de las redes sociales. Una virtud del proyecto ‘Activa Cultura’ es que son ellos, los mismos responsables de hacer la actividad, los encargados de atraer a sus propios compañeros, a sus amigos, a que vengan. 

¿Una sociedad en la que, por ejemplo, florezca el conocimiento científico y la experiencia estética está, digamos, más protegida frente a los desvaríos que vemos muchas veces por parte de la política?

Sí, es lo que te señalaba antes, que hay gente que te dice: “Con vosotros ahí, podemos encontrar cosas que no encontramos en otros espacios”. Hay temas fundamentales como, por ejemplo, la lengua, la lengua propia, o la memoria democrática, que son dos cuestiones en este momento críticas. Críticas en el sentido de que hay que cuidar.

Y nosotros, en ese sentido, pues intentamos trabajar para que siga preocupando y se siga pensando en ello. Y la misión de la Universidad es hacer eso y hacerlo por ese respeto que digo institucional hacia temas que preocupan.

Otra cosa es que, efectivamente, el pensamiento crítico se basa en que somos seres humanos y todos tenemos diferentes maneras de pensar las cosas. Pero hay una parte en lo que hacemos que se respeta y por lo que nos vemos obligados a pensar como pensamos haciéndolo con rigor. Y si las instituciones nos respetan es porque todo el mundo sabe que la Universidad es sinónimo de rigor.

¿Cuentas con presupuesto suficiente para llevar a cabo con dignidad toda la programación cultural?

Bueno, el presupuesto ahora es el del ejercicio 2026, que es el que ya había y con el que estamos trabajando. Todavía no hemos hecho los próximos presupuestos, pero sí que te diré que ayer justo [23 de julio] se hizo público un informe de la situación económica de la Universidad que vale la pena mirar para saber que, dentro de ese rigor, ese mismo rigor que decíamos, lo tenemos que aplicar en la cuestión presupuestaria.

Por ejemplo, ahora estamos aquí hablando y ahí detrás, ¿ves eso? [balconada superior de La Nau], pues requeriría una restauración. Es decir, el mantenimiento de este edificio y toda la parte de patrimonio es tremenda y es una cosa importante que no se suele tener en cuenta.

Ahora, por ejemplo, estamos embarcados en la Universidad en la cuestión de la climatización, porque, claro, tenemos unas obras de arte que hay que conservar, que es necesario que tengan una situación de temperatura, humedad y calidad de aire. Hay que medirlo y en las mediciones nos salen que hay que mejorar el sistema de climatización, que es carísimo.

Albert Moncusí, en su despacho en La Nau, durante la entrevista con Salva Torres. Foto: Fernando Ruiz.
Albert Moncusí, en su despacho en La Nau, durante la entrevista con Salva Torres. Foto: Fernando Ruiz.

La Nau acudirá a la Feria Internacional del Libro Universitario (FILUNI) de México, ¿se ajusta esta actividad a ese rigor presupuestario?

Se ha hecho un muy buen trabajo y la programación está estupenda, además de que pone en el mapa a nuestro servicio de publicaciones al relacionarnos con una Universidad tan potente como es la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Sí que es verdad que ha tenido un coste muy importante, pero creo que se ha hecho un esfuerzo en distintas áreas para ajustarlo bien. También tengo que decir que, cuando nosotros agarramos el proyecto, faltaba todavía por definir el ajuste presupuestario de las actividades previstas y que ese trabajo se ha hecho bien.

De manera que vamos a tener una participación más que digna en una feria que no deja de ser un escaparate internacional y a la que vamos con actividades, con exposiciones, con música, es decir, que colaboramos de muchas formas y haciendo una cosa muy importante que es generar sinergias entre instituciones públicas para hacer eso que he dicho antes de entretejernos para poder hacer las cosas juntos.

Como vicerrector de Cultura, dejando ahora aparte esas otras dos denominaciones, ¿qué entiendes por cultura?

Todo es cultura, pero, claro, después la cuestión es cómo la labramos, ¿no? Cómo trabajamos, qué hacemos con ella y cómo la construimos. Como vicerrector de Cultura, me compete poner el acento en la serie de prácticas que desarrollamos las personas, las distintas maneras de hacer las cosas, más o menos estéticas o no.

Y hacerlas de modo que nos puedan hacer crecer, no sé si como especie, pero sí como seres pensantes. Y no solo desde el pensamiento, sino también desde el sentimiento, la emoción.

Decía el filósofo Gustavo Bueno que la silla eléctrica también es cultura.

Claro, todo es cultura, pero te voy a poner ejemplo. Una de las cosas que ahora tenemos en marcha es una exposición de la colección Martínez Guerricabeitia en Gandía: ‘Estampas de transición’. En esa exposición, al mismo tiempo que te encuentras obras de arte bellísimas, hay un debate interior, un discurso sobre una serie de valores, que lo que hace es construir un espacio de libertad.

Y esto es lo que nosotros tenemos que hacer: construir un espacio de libertad donde se pueda pensar, se pueda hablar, se pueda sentir y eso es para mí la experiencia cultural que tenemos que conseguir que haya. Y el día que no se pueda hacer eso tendremos un problema grave. Por eso tenemos que tratar de preservar siempre ese espacio de libertad. Para mí eso es lo que tenemos que hacer como entidad cultural.

¿Con qué te darías por satisfecho cuando cumplas los seis años que tienes de mandato al frente del vicerrectorado de Cultura?

Hombre, pues que siga funcionando La Nau con esta idea de la libertad; que siga estando ahí, siendo lo más plural posible. También, hablando de los colaboratorios, que la Universidad, como un sitio cerrado donde se piensa, consigamos abrirla cada vez más poniéndola al servicio de la sociedad.