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‘When the process becomes a painting’, de Juan Olivares
Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC)
Museu 2, València
Del 17 de noviembre de 2023 al 25 de febrero de 2024

Dice José Bergamín en uno de sus poemas: “Por no querer perder tiempo, pierdes el tiempo y el alma, estás perdiendo la vida de tanto querer ganarla”. Juan Olivares lleva ya tiempo ganándole a su vida artística, que es tanto como decir la suya propia, la demora con la que las cosas recuperan el alma que le arrebata la precipitación y la grosera utilidad de todo cuanto nos rodea.

Por eso en el texto que, a modo de manifiesto, sirve para presentar su exposición ‘When the process becomes a painting’ en el Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC) de València, recoge el propio Olivares, refiriéndose a César Vallejo en palabras del escritor Charles Bukowski: “Estamos cansados de casi todo el arte. Vallejo escribe como un hombre y no como un artista”. “Del mismo modo” -precisa Olivares- “me encantaría pintar como un ‘hombre’ y no como un artista”. “La pintura es el proceso”, remacha.

Y acto seguido puntualiza lo que quiere subrayar con esa distinción entre el hombre y el artista. “Pintar como un hombre significa que no tienes que tener en cuenta ni el mercado, ni el reconocimiento, sino que tienes que ser auténtico, mostrar eso que a ti te hace vibrar. Te tienes que olvidar del ego del artista y hacerlo como un hombre para quien lo importante es la experiencia que quiere transmitir”.

Y es así a base de tiempo, de demora, de poner atención a los accidentes que van surgiendo durante el proceso pictórico, sintiendo el desvelamiento de una experiencia asociada al repentino fulgor de lo imprevisto, como Juan Olivares plantea su exposición en el Centre del Carme. Una muestra, como él mismo señala, que “orbita en torno al proceso. Me emociona más todo lo que hay alrededor de la pintura que el lienzo ya terminado”, resalta.

Esa práctica pictórica liberada de las ataduras del mercado y centrada en los pormenores del propio trabajo, en su atenta escucha, dice Olivares que le da mucha libertad, “porque cualquier parte de ese proceso lo puedo presentar como trabajo en un momento determinado. La necesidad de plantear una obra acabada entra dentro de un ideario. Mi descubrimiento ha sido eliminar ese cauce, esas fronteras, que me permitan disfrutar el propio proceso pictórico”.

Seis grandes piezas de la exposición ‘When the process becomes a painting’, de Juan Olivares, en el Centre del Carme. Foto: Paco Alcántara.

Nada más entrar al espacio expositivo, el visitante se encuentra con seis piezas grandes dominadas por el color verde que, paradójicamente, son la conclusión de la tesis que plantea el artista en ‘When the process becomes a painting’. Para ello, recuerda una frase del poeta Paul Valéry que dice gustarle mucho y que dice así: “Un poema nunca se acaba, se abandona”. “Y el abandono llega en un momento de pura intuición o cuando se produce cierta vibración que te anuncia que es ahí cuando has de pararte”.

Ligada a esa reflexión se halla esta otra que afirma haber encontrado en las redes sociales y que recoge igualmente en su ‘manifiesto’: “Quien se obsesiona con la cima se pierde la montaña”, que tiene que ver a su vez con la de Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Un haz de citas con la que Olivares deja clara su fijación en el proceso pictórico, más que en su resultado final, aunque, obviamente, no sea ajeno a cierta conclusión que, no obstante, llega por la propia maduración del trabajo.

De ahí que el fondo de sus obras -la imprimación inicial de las mismas- tenga mucho valor en sus trabajos. “Creo una atmósfera con esa imprimación, concibiendo el espacio donde va a ocurrir todo: la generación de una imagen abstracta. Y la genero de una manera muy determinada, porque en muchos casos dejo que se vea la imprimación, con elementos menos cargados de pintura”.

Y añade: “Es muy importante el silencio, porque la parte “no pintada” es tan importante como la pintada; tan importante la ausencia de color, como el color. La pintura necesita anclajes y espacios de silencio para poder bucear en ellos y conectarte con la abstracción”.

Tríptico en blanco de la exposición ‘When the process becomes a painting’, de Juan Olivares’, en el Centre del Carme. Foto: Paco Alcántara.

La imprimación se convierte así en parte del proceso pictórico. De hecho, el tríptico en blanco situado junto a las seis grandes piezas ‘conclusivas’ adquiere gran protagonismo. “Los orientales hacen de todo un ritual y la pieza más grande de toda la muestra es este tríptico, en el que hago de la propia imprimación un ritual; que aparezca el cuadro en su primera fase”, explica Olivares.

Para esa imprimación utiliza una de las propuestas contenidas en un libro recetario que aprendió en la Facultad de Bellas Artes de la Universitat Politècnica de València y que lo presenta hundido en 30 kilos de pigmento. Esa pieza grande la completa con la silla del estudio que usa para reflexionar sobre las cosas que van sucediendo durante el proceso de pintar.

“En el tríptico no aparece el color sobre el lienzo, pero, sin embargo, aparece el color por accidente en la silla. Con eso quiero decir que la pintura es también pensamiento, reflexión, no solo superficie. La pintura tiene que ver con el concepto y la idea; está en nuestras mentes”, señala quien pone el acento, a su vez, en la importancia de la propia paleta, “porque en ella está todo el tiempo de búsqueda, de pruebas y errores; está el rastro de ese tiempo necesario contenido en el proceso a la hora de pintar”.

Juan Olivares resalta la importancia que tiene asumir el accidente como parte del proceso, “porque el azar te abre puertas”, subraya, y recuerda una frase del escritor Fernando Pessoa que dice maravillarle: “Ser nuevo con cada madrugada”. Frase que el novelista portugués pone en boca de su alter ego Bernardo Soares en ‘Libro del desasosiego’ y que se explicita así: “Vivir es ser otro. Y sentir no es posible si hoy se siente como ayer se sintió…Borrar todo el cuadro de un día para otro, ser nuevo con cada madrugada, en una revirginidad perpetua de la emoción”.

Ese redescubrimiento de la obra, sentida durante su lenta gestación, es lo que le ha permitido a Olivares el desvelamiento de “cosas nuevas que estaban ahí, pero no las veía, como los palos de remover la pintura -que ahora los estoy utilizando como marcos o como propia obra-, porque al estar años activos poseen una paleta repleta de huellas del proceso”.

Diversas piezas de la exposición ‘When the process becomes a painting’, de Juan Olivares, en el Centre del Carme. Foto: Juan R. Peiró.

En este mismo sentido, la exposición contiene listones que aparecen como parte de su trabajo; pinceles momificados a base de tanta pintura acumulada; el trapo saturado de colores con el que limpia esos pinceles; pruebas de cartón, o partes de aquellos cuadros con los que el artista se queda cuando está pintando, descartando el resto porque no le termina de gustar.

También hay un homenaje a Goya, a la época de sus pinturas negras, en lo que Olivares ha denominado ‘Looking for Goya’, mostrando el rastro de una búsqueda: “Quería hacer un homenaje a quien me parece uno de los pintores más potentes y que sigue siendo actual”.

Para ello, utiliza sobre todo la paleta que el genio aragonés empleó para la realización de sus pinturas negras, “con las que, sin querer ser activista, realizaba una denuncia de lo que sucedía en su tiempo; de cómo se transforma la gente en lo que hoy vemos igualmente reflejado con tanta polarización”, afirma Olivares, quien agrega: “Esta serie es una advertencia poética y no solo un juego hedonista de disfrute de la paleta”.

‘When the process becomes a painting’ se encuentra salpicada de una serie de singulares autorretratos que Juan Olivares ha dispuesto interviniendo algunos de los libros que han dejado huella en él. Por ejemplo, un libro de Simón Marchán Fiz “que estudiábamos en la Facultad y que trataba del arte objetual al arte concepto”, y que le permite reflexionar de nuevo sobre la distinción entre el artista y el hombre: “Arte y vida tienen que estar unidos, son inseparables”, apunta, mientras llama la atención acerca del pincel usado que atraviesa el libro para conformar el autorretrato.

‘La obra maestra desconocida’, novela de Balzac, también la utiliza para otro de sus autorretratos. En dicho relato, su protagonista, Frenhofer, se obsesiona con la obra perfecta, volviéndose loco y muriendo. Cuando sus familiares y amigos van a ver en lo que estaba últimamente trabajando descubren un lienzo lleno de garabatos. “Yo lo acompaño con un montón de pinceles usados, queriendo decir con ello que yo no me convertiré en Frenhofer, sino que soy el montón de pinceles usados; la parte del proceso, esa experiencia”.

Una de las piezas de la exposición ‘When the process becomes a painting’, de Juan Olivares, en el Centre del Carme de València. Foto: Paco Alcántara.

Un último autorretrato viene a resumir el conjunto expositivo. Se trata de un clavo con los tres colores básicos de los que sale todo el universo pictórico con sus mezclas, y con los que está hecha toda la exposición: “Están sobre un clavo, porque realmente el artista está siempre agarrado a un clavo ardiendo”, subraya Olivares.

Las composiciones de todas las obras que integran ‘When the process becomes a painting’ son, como destaca el propio artista, “muy volcánicas”. “Son como erupciones que van surgiendo a modo de borbotones”, añade, para esbozar luego el espíritu que anida en todo proceso creativo.

“Hay una aceptación del esfuerzo, con decisiones que has de tomar, acompañadas de muchas renuncias. La pintura necesita un tiempo, una elaboración y muchos descartes. Hay mucha frustración, porque la mayor parte del tiempo no te sale lo que quieres. Por eso cuando descubres algo nuevo, ese día te sientes feliz. Estás dialogando contigo mismo todo el tiempo y ahí surgen cosas bellas y cosas oscuras también; te vas conociendo a ti mismo”.

Con esta exposición del Centre del Carme, Juan Olivares se olvida de la obra terminada como producto para el mercado del arte, centrándose en la emoción que le provoca la experiencia del propio proceso pictórico. “La abstracción habla de esencias, no es quedarte solo con la experiencia estética, de disfrute, que, por supuesto, también lo tiene, pero quería ir más allá”, concluye. Ser nuevo-retomando a Pessoa- con cada instante de ese proceso creativo.

Juan Olivares, junto a su obra, en la exposición ‘When the process becomes a painting’, en el Centre del Carme Cultura Contemporània de València. Foto: Juan R. Peiró.