#MAKMAArte
‘Tania Candiani. Radix’
Comisariado: Blanca de la Torre
Coordinación: Marta Arroyo y Raquel Gutiérrez
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, València
Del 29 de abril al 6 de septiembre de 2026
“Sobre la superficie de la tierra, en las noches más tenebrosas, la luz no abandona jamás sus derechos por completo; se difunde, se sutiliza, pero, por poca que quede, acaba por percibirla la retina”. Lo dice Julio Verne en su novela ‘Viaje al centro de la tierra”. Y es así, también, como se encuentra el espectador que penetra en la exposición ‘Radix’, de Tania Candiani: palpando a tientas con la vista el universo plantar que, poco a poco, aparece misteriosamente.
Se trata de un ecosistema creado por la artista mexicana, a base de plantas vivas, esculturas de vidrio soplado, un raizotrón o dispositivo para observar el crecimiento de las raíces, dos proyecciones audiovisuales y una composición sonora octofónica, con el fin de, una vez la vista se haya ido adaptando a esa oscuridad subterránea, poder “sintonizar con un tiempo profundo”, en palabras de Candiani.

“La palabra caverna no expresa bien mi pensamiento para describir este inmenso espacio”, puesto que “los vocablos del lenguaje humano no son suficientes para los que se aventuran en los abismos del globo”, se dice en un momento de ‘Viaje al centro de la tierra”.
Y, de nuevo, lo mismo se podría decir del ecosistema de ‘Radix’, que el IVAM acoge hasta el 6 de septiembre, y en el que Tania Candiani nos invita a penetrar en un mundo subterráneo que requiere, para quienes se aventuren en él, del despojamiento de las palabras con las que habitualmente aprehendemos la realidad cotidiana.
De manera que, para sintonizar con ese tiempo profundo propuesto por la artista, se hace necesario “ampliar nuestro conocimiento sobre lo demostrable o no”, al tiempo que activamos “la atención que viene con la pausa”. “Al público le pediría un poco más de tiempo para que sintonice con la obra”, subrayó Candiani durante la presentación de su instalación inmersiva.
Blanca de la Torre, directora del IVAM y comisaria de ‘Radix’, utilizó la siguiente metáfora para describir ese viaje a las profundidades de la tierra: “Se trata de tirar de un hilo para ver lo que hay debajo de la alfombra, del museo”. Y, como Alicia en el país de las maravillas, el espectador debe seguir esa pista para adentrarse en la madriguera que conduce a las memorias del subsuelo recreadas por la artista.
Memorias del subsuelo que, al hilo también de la novela de Dostoyevski, bien pudieran leerse como una inmersión a las profundidades de la mente, tan pronto dando lugar a visiones de una belleza fantástica como inquietantemente tenebrosas. En este sentido, el sonido cacofónico que atraviesa el conjunto expositivo vendría a hacer las veces de cierta música lúgubre: “Es un sonido bajo que genera temor; el susto de no saber. Y lo que no conocemos nos da miedo”, señaló Candiani, apelando, por ello, “a sintonizar de otra manera”.

Para ello, dijo, conviene “poner en diálogo los conocimientos ancestrales y los más modernos occidentales”, ligando el lenguaje sobre el tiempo “de los físicos teóricos con el del chamán”. De esta manera, ‘Radix’ se convierte en un medio privilegiado para contemplar “cómo son las cosas que no somos capaces de ver a simple vista”.
Y es así, en medio de la oscuridad a la que se ve conminado el visitante a la exposición cuando entra de repente en ella, como van revelando poco a poco su ser las cosas contenidas en el ecosistema de Candiani: un ecosistema de carácter fabuloso –es decir, de fábula–, al tiempo que científico; entre fantástico y natural.

En la exposición, se van sucediendo vitrinas que reúnen láminas antiguas del archivo botánico; ilustraciones científicas especulativas; esculturas colgantes de vidrio soplado, junto a vasos igualmente suspendidos que alojan plantas acuáticas de raíces también colgantes; el citado raizotrón para experimentar el desarrollo de las raíces; audiovisuales lanzando imágenes sorprendentes de las profundidades abisales, y la octofonía amplificando el carácter misterioso del conjunto.
Esa mezcla de memoria botánica y de ficción científica, como forma de especular con lo que acontece en las entrañas de la tierra, nos devuelve la pregunta formulada por el físico Albert Einstein: ¿Por qué el mundo es comprensible? O esta otra del filósofo Gottfried Leibniz: ¿Por qué hay algo en lugar de nada?
Tania Candiani, más que responderlas, diríase que nos propone con ‘Radix’ precisamente su simple formulación en forma de instalación inmersiva y especulativa. Así, viene a cuestionar la comprensibilidad de lo que vemos, situándonos en el fértil terreno de la duda. Y que haya algo en lugar de nada es, igualmente, la interrogación que se abre ante nuestra atónita mirada.


