World Press Photo: el espectáculo de lo real

World Press Photo 2020
Fundación Chirivella Soriano
Palau Joan de Valeriola
Valeriola 13, València
Del 17 de octubre al 8 de noviembre
Lunes 19 de octubre de 2020

Lo real: dícese de aquello que viene a abrir una grieta en el mundo, quebrando su estabilidad, para mostrar cuanto escapa a la inteligibilidad humana. Lo real, por tanto, asusta tanto como atrae, por cuanto el miedo a lo desconocido provoca un temblor tan angustiante como proclive a la narración de historias que amortigüen su terrible impacto emocional. Lo real, por invivible, necesita de relatos que se hagan cargo del dolor de la existencia. World Press Photo, el concurso de fotoperiodismo más importante a nivel mundial, nació en 1955 con la idea de acercarnos lo real del mundo a través de imágenes, cuya espectacularidad provoca un asombro conmovedor.

World Press Photo
Pablo Brezo, ante una de las fotografías de la exposición World Press Photo 2020. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Las alrededor de 150 imágenes de los 44 ganadores, seleccionadas de un total de 74.000 instantáneas de unos 4.000 fotógrafos, sin duda conmueven, movilizando al espectador que asiste sobrecogido al espectáculo de tamaño carrusel de imágenes. Un espectáculo que la información agregada al lado de las fotografías rebaja para que, mediante el periodismo, se ahonde en el fastuoso contenido expuesto a modo de reflexión, aflorando en cada una de las historias lo real de la existencia, a falta de un relato mayor.

“Las fotos no están hechas para salir solas, deben ser explicadas”, apuntó Pablo Brezo, responsable de la exposición organizada por la Fundación Chirivella Soriano, que la acoge del 17 de octubre al 8 de noviembre, y Doctornopo. Y como todos los trabajos de World Press Photo tienen un “trasfondo social”, resaltó Brezo, la muestra se va desplegando en sus diferentes categorías (noticias generales, de actualidad, medio ambiente, naturaleza, deportes) con diversas explicaciones en torno a ese trasfondo, que vendría a contener la espectacularidad, para que el espectador pase del asombro a la reflexión.

‘The Carbon Threat’, fotografía de Katie Orlinsky para National Geographic. Imagen cortesía de World Press Photo Valencia 2020.

“Las imágenes queremos que sean estéticamente buenas, pero también necesitan tener una historia”, señaló Brezo, en palabras extraídas del comunicado enviado por fuentes de la organización en Valencia. Belleza y una serie de historias dándose constantemente la mano en la exposición, que va así moviéndose, de nuevo, entre el asombro y la descripción de los hechos que han motivado cada una de las fotografías. “Máxima intensidad, máxima belleza y máximo efecto” como triada descrita por Pablo Brezo, para señalar la deriva que van tomando las imágenes en la era de las redes sociales.

“El jurado obvia las fotos que buscan ese modelo, de manera que sean más reflexivas”, advirtió el responsable de la muestra que alcanza ya su octava edición en la ciudad de Valencia. “Las primeras eran más salvajes”, resaltó Rafael Tejedor, coordinador de exposiciones de la Fundación Chirivella Soriano. “Ese mensaje efectista y dramático se ha ido diluyendo”, añadió quien ha percibido esa evolución año por año.

‘Clash with de Police During an Anti-Government Demonstration’, fotografía de Farouk Batiche. Argelia. Deutsche Presse-Agentur. Imagen cortesía de World Press Photo Valencia 2020.

El morbo de aquellas primeras imágenes (“había impresionantes mutilaciones”, recuerda Tejedor) ha ido dejando paso a otras en las que la estética pretende amortiguar lo real del mundo fotografiado, sin que por ello haya desaparecido ese carácter espectacular que atrapa la mirada del espectador. Lo real, en forma de paisajes desolados, violencia extrema y nefastas condiciones de vida derivadas de la migración por culpa de las guerras, no alcanza ahora la categoría de lo siniestro, pero sigue evocando lo terrible que todavía podemos soportar, aunque las explicaciones que acompañan a las imágenes informen y, por tanto, quieren dar forma, a cuanto inquieta nuestra mirada.

Joan Mansanet, secretario de la Fundación Chirivella, se refirió a la exposición como una “vacuna perfecta para combatir las fake news [noticias falsas]” y al “documento gráfico como exponente de la realidad”, en un momento en el que «es más necesario que nunca el fotoperiodismo”. El diputado de Turismo, Jordi Mayor, incidió en la cualidad no solo estética de las fotografías, sino en los mensajes que transmiten, al tiempo que señalaba la “rabia y esperanza de un futuro blanquinegro” contenido en la muestra.

‘Straight Voice’, de Yasuyoshi Chiba. Japón. Agencia France-Presse. Imagen cortesía de World Press Photo Valencia 2020.

La fotografía ganadora de World Press Photo 2020 ha sido obra del japonés Yasuyoshi Chiba por su imagen ‘Straight Voice’ (Voz directa), en la que se condensan la belleza y el trasfondo social que atraviesa el conjunto expositivo. Sin la información agregada, veríamos a un joven proclamando algo, mano en el pecho y rodeado de gente, iluminado con teléfonos móviles. La estética deja luego paso, una vez conocido el contexto (el clima de protesta contra la dictadura de Omar al-Bashir en Jartum, capital de Sudán), a lo real que subyace en ese grito poético reclamando el poder ciudadano. Poesía y política, o arte como resistencia contra el abuso del poder, entrelazándose en esa fotografía.

La serie ganadora ha correspondido a la obra del francés Romain Laurendeau ‘Kho, the Genesis of a Revolt’ (Kho, el Génesis de una revuelta). En este caso, la serie de imágenes ya recoge, en su mayoría, lo real del mundo agitado por cierta convulsión social. Grupos de jóvenes y una muchedumbre de gente protestando contra lo que luego sabremos, por la información que acompaña a la serie, que es una revuelta para derrocar al presidente de Argelia, Abelaziz Buteflika. El blanco y negro suaviza el ardor guerrero de la multitud o la vida amorosa en las playas, sin restarle al trasfondo la violencia subyacente.

‘Kho, the Genesis of a Revolt’, de Romain Laurendeau. Francia. Imagen cortesía de World Press Photo Valencia 2020.

Tres fotógrafos españoles, Ricard García, Ramon Espinosa y Antonio Pizarro, figuran entre los galardonados por sus imágenes en tres categorías diferentes. García, por documentar lo sucedido en Irak, donde también hubo protestas civiles contra el gobierno. Espinosa, en una imagen tan lírica como inquietante, por reflejar el desastre, sin duda contenido, del huracán Dorian en las Bahamas. Y Pizarro, en el apartado de naturaleza, recogiendo el instante en que dos linces ibéricos en Doñana parecen huir sobresaltados tras abatir una presa.

Las imágenes se suceden en la exposición de World Press Photo con ese ritmo trepidante marcado por la espectacularidad de las fotografías, que el fotoperiodismo trata de contener mediante los mensajes que las acompañan. Un duelo entre la estética y la crítica social, entre la belleza y la información, entre el asombro y el mensaje que proclama cierta rectitud moral, con el fin de que el público más o menos acomodado de la sociedad del bienestar perciba lo real de la existencia.

Fotografía de Matthew Abbott. Australia. Panos Pictures, para The New York Times. Imagen cortesía de World Press Photo Valencia 2020.

Salva Torres

“El éxito de la Mostra es poder celebrarla”

#MAKMAEntrevistas | Eduardo Guillot (director de programación de la Mostra)
Mostra de València – Cinema del Mediterrani
Del 22 de octubre al 1 de noviembre
Viernes 16 de octubre de 2020

Eduardo Guillot, al frente de la Mostra de València como director de programación, lamenta que el festival desapareciera en 2012, por muy degradado que por aquel entonces estuviera. Recuperado hace tres años, aboga, esté quien esté dirigiéndolo, por que el certamen de cine mediterráneo no se vuelva a ver envuelto en la bronca política. Él, desde luego, no se ve como responsable del mismo durante muchos años, de manera que se limita a ir sembrando para que las mejores cosechas de ese cine mediterráneo tengan larga vida en València.

Se muestra cauto con respecto al hecho de que las series, ahora en auge, lleguen a competir en la Mostra: “Lo veo muy complicado”, aunque manifieste que “igual me desdigo de esto dentro de unos años”.

Tiene claro que la respiración de un festival pasa por su presencia en las calles, aunque eso cueste dinero, y por su difusión mediática, que lamenta sea tan escasa. Defiende que Portugal y Serbia, sin estar bañados por el Mediterráneo, puedan entrar con sus películas a competición, porque así ha sucedido desde que nació el certamen, e insiste en el espíritu romántico del cine proyectado en la gran pantalla, donde radica el alma de todo festival cinematográfico.

Eduardo Guillot. Fotografía de Fernando Ruiz.

¿Cuándo tuvieron claro que la Mostra se celebraría de forma presencial? ¿Pensaron en un plan B online

Pensamos en un plan B, no solo porque tal y como está la situación hay que tenerlo previsto, sino porque dependemos de una institución pública y tenemos que rendir cuentas de lo que hacemos. De manera que si la opción online estaba ahí, teníamos al menos que valorarla. José Luis Rebordinos, director del Festival de San Sebastián, dijo que San Sebastián sería presencial o no sería. Y si el Festival de Cannes, el más importante del mundo, había cancelado, nosotros no podíamos andarnos con medias tintas.

Sí es cierto que éramos pesimistas en primavera, porque veíamos que los eventos se cancelaban o se aplazaban, pero, al mismo tiempo, cuando un festival como Málaga decidió que lo haría en agosto, San Sebastián y Venecia lo mismo, teniendo además en cuenta que los cines estaban abiertos con reducciones de aforo, pensamos que sí se podía hacer presencial. Hubiera sido terrible tener que dar marcha atrás y no celebrar el festival, cuando la Mostra se está reiniciando, tras un parón de seis años.

Eduardo Guillot, en un momento de la entrevista. Foto: Fernando Ruiz.

¿Los festivales, visto lo visto, llevan camino de potenciar su carácter virtual?

La pandemia lo que ha hecho, sobre el debate de los festivales online y/o presenciales, ha sido acelerarlo un poco, pero estaba en el ambiente. Un festival no solo es un espacio donde se proyectan películas, sino un punto de encuentro. Eso el online no lo va a tener nunca, de ahí que el festival presencial no vaya a morir. Otra cosa es que si la pandemia se alarga, a lo mejor haga una criba.

Por lo que están optando algunos festivales es a hacer online las secciones de industria. Es decir, los encuentros, los pitchings, las reuniones con productores, se hacen a través de Zoom para no tener que desplazarse, pero las películas y los autores sigue siendo fundamental que sean presenciales. Ver el cine en sala sigue siendo importante, hasta el punto de que los propios creadores de las películas, cuando negocias con ellos, te preguntan si el festival es presencial u online y muchos, si les dices que va a ser online, te dicen que prefieren esperarse.

Eduardo Guillot, en un momento de la entrevista. Foto: Fernando Ruiz.

Además de un mayor presupuesto económico por parte del Ayuntamiento de València, ¿se necesita una mayor presencia visual de la Mostra en la ciudad?

Para que se respire festival tiene que haber sin duda una presencia en las calles, pero es que eso también cuesta dinero. Que los autobuses lleven publicidad, que haya banderolas, que haya mupis, todo eso requiere de una inversión económica. Nosotros no podemos ser San Sebastián, porque ellos tienen ocho millones de presupuesto y nosotros no llegamos a medio millón. Pero, por otro lado, tanto en Sebastián, como en Valladolid, Gijón o Sevilla, parte de esa respuesta que recibe el festival tiene que ver con la difusión mediática, y eso en València tampoco pasa, lo cual lamento profundamente.

Que un evento como la Mostra, de un nivel importante para la ciudad, tenga más o menos difusión en función de inversiones publicitarias, pues es una pena, aunque sepamos que se hace así porque es de dominio público. En cualquiera de los casos, en el contexto de pandemia que estamos padeciendo, el éxito de la Mostra es poder celebrarla. Y, a partir de ahí, veremos lo que nos depara el futuro.

Detalle de las manos de Eduardo Guillot, durante la entrevista. Fotografía: Fernando Ruiz.

La película inaugural de la Mostra, ‘The mystery of the Pink Flamengo’, es de los valencianos Hermanos Polo, aunque su producción no sea de ámbito local.

Bueno, cada película es un mundo. Hay de todo, pero lo que sí creo es que en València se está apoyando al sector. Nosotros este año teníamos 13 películas valencianas sobre la mesa para programar, contando con que al Festival de Málaga ya fueron otras 12. Estamos hablando de un volumen de producción que en València hace unos años era impensable. Después, hasta dónde llegan esas películas, cuáles son valencianas o no, pues son temas para entrar en detalle en cada uno de los títulos.

Hay películas dentro de la Mostra que son de Portugal y de Serbia, países ajenos a la cuenca mediterránea.

Nosotros cuando llegamos dijimos que queríamos recuperar el espíritu de la Mostra original. Y en el 80, cuando empezó el festival, Portugal ya formaba parte del mismo, porque, si bien es cierto que geográficamente no toca el Mediterráneo, si queremos hablar de cultura ibérica, que siempre ha estado ahí. Lo incluía la Mostra desde sus orígenes y nos pareció que debíamos mantenerlo.

También en la década de los 80 participaba Yugoslavia y nuestro criterio desde el principio ha sido que todos los países surgidos de la antigua Yugoslavia formaran parte de la Mostra. Los límites son siempre un poco elásticos, pero las únicas excepciones de países no bañados por el Mediterráneo son ésas.

De izda a dcha., Merche Medina y Salva Torres (Makma), y Eduardo Guillot. Fotografía de Fernando Ruiz.

Hay una sección de películas dedicada al conflicto vasco, de moda por las series ‘La línea invisible’, de Mariano Barroso, o ‘Patria’, de Aitor Garmendia. ¿Las series terminarán siendo parte de los festivales de cine?

Las series forman parte de los contenidos audiovisuales hoy en día y nosotros no les cerramos la puerta. Igual me desdigo de esto dentro de unos años, pero veo muy complicado que una serie esté en una competición oficial de la Mostra. En las competiciones paralelas sí se puede estrenar alguna, como ya sucedió con ‘Parany’, o si dentro de un ciclo hay algo en televisión que nos parece interesante, por supuesto que vamos a contar con ello.

Hacer maratones, como hacen otros festivales, solo tiene sentido si estrenas la serie, como ocurrió con ‘Patria’ en el Festival de San Sebastián. En nuestro caso, no creo que en un futuro cercano, ni a medio plazo, vayamos a tener una sección de series, ni nada por el estilo.

¿Qué películas de las que compiten en la Mostra conviene subrayar?

Estoy encantado con muchas de las películas de la ‘Sección Oficial’, pero entiendo que no debo hablar de unas sobre otras, porque todas tienen valores y motivos para estar ahí. Pero sí es cierto que, por subrayar alguna, estaría ‘Kala Azar’, ópera prima de Janis Rafa, que es una artista visual griega; ‘Luxor’, de Zeina Durra, artista egipcia afincada en Londres, o ‘Between heaven and earth’, de la directora palestina Najwa Najjar.

La buena noticia, con todo esto, es que no tenemos que buscar películas de directoras, simplemente llegan. En el caso de ‘Coses a fer abans de morir’, que es una película valenciana, ha sido también una sorpresa, porque Cristina Fernández es sobre todo actriz y Miguel Llorens director de fotografía, y se han aliado un poco los dos, a partir de un guion de Cristina, para hacer su primer largo juntos.

Eduardo Guillot, en una de salas del Palau de la Música, donde se realizó la entrevista. Fotografía de Fernando Ruiz.

¿El público que acude a los cines en nuestro país, como ha señalado en alguna ocasión el director Jaime Rosales, es conservador? 

Al final es una cuestión de educar la mirada. Nosotros tenemos películas que son del alcance de todos los públicos, junto a otras quizás más lentas o raras o difíciles. Sí es cierto que cuando volvimos en 2018, una de las dudas que teníamos era saber si el público vendría, porque, si no viene, carece de sentido el festival. En este sentido, va creciendo cada año. Conservar públicos cuesta, pero crearlos cuesta todavía más. Ése es uno de los objetivos del festival y creo que estamos en el buen camino.

La artista Marina Abramovic es uno de los platos fuertes de la Mostra.

A Marina Abramovic la vamos a tener en directo, lo que pasa es que va a ser online porque, dada la edad que tiene, es persona de riesgo. La esencia del festival es la presencia de los autores e invitados, pero, en un año como éste, tener a Marina Abramovic, aunque fuera online, es un lujo.

Eduardo Guillot, durante la entrevista en el Palau de la Música. Foto: Fernando Ruiz.

La Mostra de València fue objeto, antes de su desaparición hace ocho años, de intensa confrontación política. ¿Han entendido los partidos políticos que el festival hay que dejarlo al margen de las disputas ideológicas?

A mi me gustaría que fuera así. Cuando la Mostra desapareció en 2012 yo trabajaba como periodista y a mí me resultó muy triste constatar que las reacciones eran contrarias, aunque fuera cierto que el festival se había degradado mucho; se había desnaturalizado. Lo que yo lamentaba, con todo, era que se perdía una dotación cultural para la ciudad. Nosotros dependemos del Ayuntamiento y de un Consejo Rector en el que están representados todos los partidos políticos y al que rendimos cuentas.

Pues bien, cuando hablamos del festival en ese consejo, nos encontramos con una receptividad por parte de la oposición que me sorprende. Creo que han entendido perfectamente el proyecto. Y que el festival siga será señal, esté quien esté, de que València tiene una oferta cultural interesante. Cualquier evento cultural que desaparece es una pérdida para la ciudad. Incluso la Mostra de 2012 fue una pérdida para la ciudad, por lo degradada que estuviera, pero es que se trataba de tenerla degradada o no tenerla.

 

La Mostra
Eduardo Guillot, en un momento de la entrevista realizada en el Palau de la Música de Valencia. Fotografía de Fernando Ruiz.

Salva Torres

Festival Circuito Bucles, a la danza de cabeza

Festival Circuito Bucles Danza
‘Delirantes 2020’
Diversos puntos de la ciudad de Valencia
Del 29 de octubre al 8 de noviembre de 2020
Jueves 15 de octubre

El Festival Circuito Bucles, en su afán por superar el actual estado de incerteza derivada de la pandemia por el coronavirus, ha decidido, como el propio virus, propagarse por la ciudad de Valencia con fines bien distintos. Si la covid-19 parasita nuestro organismo, provocando alteraciones en muchos casos letales, el certamen de danza busca el efecto contrario: alterar nuestro ánimo mediante propuestas ‘Delirantes’, por utilizar el lema de esta octava edición, de manera que el baile se convierta en un acto de transgresión contra el miedo reinante.

Que sea Friedrich Nietzsche el filósofo elegido para ejercer de guía en medio de tanta propuesta delirante (hasta 24 compañías de la Comunitat Valenciana, siete nacionales e internacionales), no deja de ser consecuente con el espíritu dionisíaco del festival. Isabela Alfaro, directora del certamen, citó al autor de ‘Más allá del bien y del mal’ para ofrecer una pista clarividente de la travesía que nos aguarda: “Deberíamos considerar perdidos los días en que no hemos bailado al menos una vez”.

Circuito Bucles
Representantes institucionales y artistas, durante la presentación del Festival Circuito Bucles Danza en el Centre del Carme. Imagen cortesía la organización.

“La libertad a través de la música, la poesía y la danza, ligada con la situación actual que vive la sociedad como consecuencia de la crisis provocada por la covid” es, para Alfaro, lo que caracteriza esta edición “delirante” que, del 29 de octubre al 8 de noviembre, se propagará por diferentes puntos de la ciudad de Valencia. Lo “desmesurado”, por seguir a Nietzsche, se revela como verdad, brotando “espontáneamente del corazón de la naturaleza”. “¡Ay de vosotros!”, proclamaría el filósofo, que no se deje encandilar por las propuestas dionisíacas de Circuito Bucles.

Entre ellas, la de Iker Gómez, que presentará en la Plaza de Santa Cruz del barrio del Carmen una singular versión de ‘El lago de los cisnes’, con Xana Llaneza y Rubén Cobas como bailarines. “Un canto a la belleza, la fragilidad y el amor imposible”, que “oculta en lo profundo de sus aguas un significado más esencial”, recoge la sinopsis del espectáculo previsto para el 31 de octubre. De nuevo la belleza apolínea, en contraste con la embriaguez dionisíaca. Y de nuevo el virus, como trasfondo letal, amortiguado mediante el arte de la danza.

‘The Lamb’, de la compañía ‘Kor’Sia’. Imagen cortesía de Circuito Bucles.

‘The Lamb’ (compañía Kor’Sia), de Mattia Russo y Antonio de Rosa, con dramaturgia de María Velasco y que el Teatre El Musical acoge el 7 de noviembre, es otra vuelta de tuerca a ese delirio provocado por la covid-19 y que el espectáculo parece evocar así: “Y desperté sobresaltado, como ante un peligro repentino y perverso, como si en la oscuridad hubiese tocado con mis manos la piel helada de un reptil”, sacado de ‘Informe sobre ciegos’, de Ernesto Sábato.

La Intrusa también se sumerge en los fondos dramáticos de la existencia con una obra que utiliza la expresión ‘It’s a wrag’, con la que se dice a los actores que una escena ha terminado, para hablar de lo que acaba, del fin, con dramaturgia de Virginia García. El Centre del Carme acoge la creación el 31 de octubre. Los artistas de la embriaguez, como denominó Nietzsche a cuantos arriesgaban su salida del rebaño para vivir a solas el mundo, confrontados a los del ensueño, como trasunto que atraviesa muchas de las propuestas de Circuito Bucles.

Escena del espectáculo de La Intrusa. Imagen cortesía de Circuito Bucles.

La producción del Institut Valencià de Cultura, ‘(R)Minds’, que Roberto García, director adjunto de Artes Escénicas, describió como el modo en que varias personas deambulan por la ciudad movidos por sus pensamientos”, con cierto “clímax final”, bajo la dirección de Tomás Ibáñez, es otro ejemplo del baile gozoso nietzscheano que la propia Isabela Alfaro no se cansó de recordar: “La danza abre caminos a la transgresión de los límites espirituales y ofrece la posibilidad de un delirio creador”.

Un delirio que la directora del festival se encargó de matizar: “Lo que estamos viviendo [pandemia del covid-19] nos frena. Debemos crear y seguir siendo libres a nivel mental”. Que es lo que hace a su vez la compañía La Quebrá con su pieza ‘Get No’, conjunto de historias breves en torno al espacio de transición que supone el área de los aeropuertos. “El tiempo pasa y el vacío no cesa”, aunque la obra se anuncia también por su “deseo de seguir, de entender, de cambio”. La coreografía es de Irene García.

Cartel de la octava edición del Festival Circuito Bucles Danza, por cortesía de la organización.

Circuito Bucles, “un festival que no deja de sorprendernos”, en palabras de Maite Ibáñez, concejala de Acción Cultural del Ayuntamiento de Valencia, también cuenta con la novedosa Plataforma de Residencias Artísticas Virtuales, mediante la cual se pretende fomentar la producción artística entre la comunidad virtual y el bailarín, y cuya formación corre a cargo de Jerónimo Forteza, Lali Ayguadé y Jose Manuel Álvarez, durante los meses de noviembre y diciembre.

Como señalaron tanto Roberto García como Maite Ibáñez, el festival Circuito Bucles tiene una “personalidad propia” y el objetivo de “acercar la danza a la ciudadanía”, promoviendo “nuevas compañías y artistas emergentes”. La “importancia de los nuevos creadores, que tienen la oportunidad de presentar sus trabajos”, es algo que destacó Paco Salmerón, director del Conservatorio Superior de Danza de Valencia. ‘Delirantes’ es el intento, este año, de “sentirnos libres a través de la creación”, concluyó Alfaro.

‘El lago de los cisnes’, de Iker Gómez. Imagen cortesía de Circuito Bucles.

Salva Torres

Portugal ya es Mediterráneo en la Mostra de València

Maria de Medeiros, Palmera de Honor 2020
Mostra de València – Cinema del Mediterrani
Del 22 de octubre al 1 de noviembre
Miércoles 14 de octubre de 2020

“Nací en Madrid, pero me siento de Bilbao, porque los de Bilbao nacemos donde queremos”, ha dicho con ironía en más de una ocasión Maribel Verdú. Y como la también actriz, además de directora, guionista y cantante, Maria de Medeiros nació en Lisboa, pero se siente catalana, porque está casada con un catalán y sus hijos también son catalanes, la Mostra de València ha decidido concederle la Palmera de Honor de su 35ª edición ampliando los límites de su Cinema del Mediterrani, de manera que Portugal ya es Mediterráneo.

También Serbia, a la que el Mediterráneo tampoco baña, como le sucede a Portugal, forma parte de los países que están en la órbita de la Mostra. De hecho, hay dos películas en la Sección Informativa (‘My morning laughter’ y ‘Mare’), y la artista serbia Marina Abramovic, pionera de la performance, impartirá el próximo 27 de octubre una clase magistral en el Centre del Carme, dentro de la programación del festival, en la que supondrá su única actuación pública en España, si bien la actividad será online para evitar los riesgos derivados de la pandemia por el coronavirus.

Fotograma de ‘The mystery of the Pink Flamingo’, de los Hermanos Polo. Imagen cortesía de Mostra de València.

“Los artistas pueden hacer lo que quieran”, ha señalado muchas veces Abramovic en defensa de la libertad creativa. La Mostra, sin duda amparándose en esta máxima y en aquella otra que acompaña los sentimientos de Verdú y Medeiros, también extiende ahora sus tentáculos a territorios próximos a la cuenca mediterránea, con el fin de acercar al público valenciano el mejor cine y el más sobresaliente arte. Unos kilómetros arriba o abajo no deben ser excusa para alcanzar este noble objetivo.

Como noble es que, a pesar de la pandemia, la Mostra de València haya decidido mantener el festival de forma presencial, descartando, como ya sucediera con su festival hermano, Cinema Jove, la versión digital. Eduardo Guillot, director de programación del certamen, lo justificó así: “Los de Málaga, San Sebastián o Venecia se han hecho de forma presencial, y pensamos que el nuestro también debía hacerse”.

Más aún cuando vio la cara de Javier Polo, codirector de ‘The mystery of the Pink Flamingo’, película que abrirá el día 22 la Mostra, al ver proyectado su trabajo en Rambleta, a modo de prueba. “Eso demuestra la importancia que todavía tiene ver la película en una sala en pantalla grande”, apuntó Guillot, tras escuchar que Polo decía: “La gente va a flipar”.

Mostra de València
De izda a dcha., Glòria Tello, Rosa Roig y Eduardo Guillot. Imagen cortesía de Mostra de València.

El conflicto vasco, por mucho que suceda junto al mar Cantábrico, también es objeto de interés para la Mostra de València, lo que demuestra que el arte no entiende de lejanías territoriales, en este caso trenzadas por lazos políticos y sociales de más hondo calado.

Así, el festival presenta un ciclo de películas que abordan dicho conflicto desde diferentes ópticas, motivado por el eco que series como ‘La línea invisible’ (Movistar +), de Mariano Barroso, o ‘Patria’ (HBO), de Aitor Garmendia, adaptación de la novela de Fernando Aramburu, han promovido. ‘Operación Ogro’, de Gillo Pontecorvo; ‘Días contados’, de Imanol Uribe; ‘Negociador’, de Borja Cobeaga; ‘Lasa y Zabala’, de Pablo Malo, y ‘Mudar la piel’, de Anna Schulz y Cristóbal Fernández, son algunos de los títulos del ciclo.

Mostra de València, que en esta 35ª edición cuenta con un presupuesto de 452.000 euros, sigue apostando por el talento local y la presencia femenina. “Queremos servir de ventana a la producción valenciana”, señaló Guillot, poniendo el énfasis no solo en la cantidad, hasta diez películas, sino en la calidad de las propuestas, entre las que destaca la ópera prima como director de la actriz Cristina Fernández, que presenta en la Sección Informativa, ‘Coses a fer abans de morir’, en la que un grupo de amigos deberá cumplir la última voluntad del más joven, tras su muerte.

Maria de Medeiros, Palmera de Honor 2020. Fotografía de Sophie Boulet por cortesía de Mostra de València.

‘Working girls’, igualmente en la Sección Informativa, también supone el debut como directora de la actriz Anne Paulicevich, en este caso junto a Frédéric Fonteyne. Coincidencia que bien merece una explicación: “No trabajamos con cuotas”, señaló Guillot, con respecto a la presencia cada vez mayor de mujeres cineastas en el festival.

“Cada vez hay más películas dirigidas por mujeres. No hay que buscarlas, porque llegan de modo natural”, añadió. Como llegan cada vez más películas al festival, no solo a través de su propio caladero (150), sino mediante la plataforma FilmFreeway a la que se han adscrito y a la que han llegado 755. “La calidad sube, porque ha habido un incremento debido a ese mayor acceso y al hecho”, subrayó Guillot, “de que confían en nuestro festival, tras haber vuelto”.

Glòria Tello, concejala de Cultura del Ayuntamiento de València, entidad organizadora, resaltó la importancia de que el festival fuera presencial, en un año marcado por la pandemia: “Teníamos claro que el festival debía hacerse en los cines y lo hemos conseguido”, subrayando el protagonismo de las salas como “gran espacio de proyección” que no debía perderse.

Eso sí, con las lógicas medidas de seguridad, tal y como avanzó Rosa Roig, directora técnica del certamen: “No será como el de anteriores ediciones”, debido a la necesidad de reducir a la mitad los aforos y al hecho de que habrá muchos invitados internacionales que no podrán acudir, pero animando a la gente a que continúe acudiendo al cine, “porque es un espacio seguro”.

Guillot destacó que se trataba de “la mejor programación de los tres últimos años”, lamentando que no pudiera lucir como debiera por esas restricciones, que, resaltó, “han sufrido todos los festivales”. Maria de Medeiros, a pesar de todo, acudirá a la Mostra, donde se presentará el estreno en España de su segunda película de ficción como directora, ‘Aos Nossos Filhos’, ofreciendo a su vez una clase magistral en Fundación Bancaja el jueves 29 de este mes. Una Mostra, por tanto, especial, que se celebrará del 22 de octubre al 1 de noviembre en los cines Babel y la Filmoteca, con Portugal como país agregado al espíritu mediterráneo.

Maria de Medeiros, Palmera de Honor 2020. Imagen cortesía de Mostra de València.

Salva Torres  

Un Sorolla para comérselo

‘Sorolla. Visión y Sabores de España’, por el chef Jorge de Andrés
Colabora: Fundación Bancaja
Vertical Restaurante
Ático Hotel Ilunion
Luis García-Berlanga Marti 19, València
Desde el 15 de octubre
Domingo 11 de octubre de 2020

Apuntaba Joan Miró que un cocinero era un artista cuando tenía cosas que decir a través de sus platos, “como un pintor en un cuadro”. El chef Jorge de Andrés, más modesto, dijo durante la presentación de la propuesta gastronómica ‘Sorolla. Visión y Sabores de España’, en colaboración con Fundación Bancaja, que él se consideraba “un currante, no un artista”, porque “cuando hay que fregar el arte desaparece”. Sin embargo, alguien alzó la voz para enmendarle la plana: “Estos platos son obras de arte”. El cocinero salió pronto al quite señalando a la autora de semejante proclama: “Es mi madre”.

Sorolla
‘Cataluña. El pescado’, de Joaquín Sorolla.

El también cocinero Joan Roca, de El Celler Can Roca (Girona), ha repetido en numerosas ocasiones que más que dar de comer, lo que se trata en gastronomía es de crear emociones. Por eso se entiende que Jorge de Andrés pusiera a su madre en el origen de su pasión por la cocina y al pintor Sorolla, y sus 14 paneles regionales creados para la Hispanic Society of America, como soporte natural de los menús ideados para celebrar el maridaje entre arte y devoción culinaria.

“He descubierto a un Sorolla gastrónomo”, resaltó el chef de Vertical Restaurante, encargado de traducir la pintura luminosa del artista valenciano en jugosos platos. Un total de 14 correspondientes a cada una de las regiones de su visión de España. “Pude ver”, explicó De Andrés, “que Sorolla nos dejaba un simbolismo” en sus 14 obras, “donde la gastronomía estaba muy presente”. Por eso Rafael Alcón, presidente de Fundación Bancaja, se refirió a la “ejecución gastronómica e inspiración artística” que caracterizaba la propuesta.

Jorge de Andrés (izda) y Rafael Alcón, en la presentación de ‘Sorolla. Visión y Sabores de España’. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

“Tradición e innovación apelando a la emoción de los sentidos”, subrayó Alcón. “La gastronomía profesional siempre se ha inspirado en la cocina popular”, agregó poco después el chef valenciano, ahora sí reconociendo que la cocina era un arte, aunque no estuviera reconocida en las bellas artes. En cualquiera de los casos, ahí están los 14 paneles de Sorolla, que Archer Milton Huntington encargó al pintor en 1911, en perfecto maridaje con el arte culinario de Jorge de Andrés. Un total de 14 menús que, desde el pasado 7 de octubre, ya podrán ser paladeados por todos aquellos que lo soliciten a partir del próximo día 15, con una duración mínima de un año. “Para los comensales, esperan diferentes sorpresas, antes, durante y después del menú”, señala el equipo responsable de la propuesta.

Pieza de Laura Maldonado, para la propuesta gastronómica de Jorge de Andrés ‘Sorolla. Visión y Sabores de España’.

El mar, la huerta, el campo y la montaña, tan presentes en las mencionadas obras de Sorolla, serán los “conectores” de ese viaje gastronómico a través de la pintura. La fiesta del pan de Castilla, a través de sus torrijas; Aragón y sus jotas, con el protagonismo del cordero; los nazarenos de Sevilla, concentrados en un potaje con espinacas y bacalao; unos salmonetes con romesco ligados al pescado de Cataluña; los bolos de Gipuzkoa representados en un plato claroscurista como el calamar sin su tinta; el Concejo del Roncal, en Navarra, con verduras de su huerta; el atún de Ayamonte (Huelva); el dátil con bacon vinculado al palmeral de Elche, o el arroz con gamba de Denia, ya ligado a su natural valencianía, son algunos de los platos de ese viaje territorial con óleo al fondo.

“Sibarita, gurmé, bebedor de vino y gran fumador de habanos”, así recordó De Andrés al gastrónomo Sorolla. Un Sorolla, para comérselo, que ya pintara las figuras y destellos de la luz mediterránea, en los reversos de los menús de los restaurantes que visitó en Estados Unidos. “Muchos artistas lo han hecho como pago por la comida”, ironizó el chef valenciano, tras hablar de un “Sorolla de kilómetro cero”, que aguardaba, por ejemplo, a que un dátil estuviera maduro para pintarlo tal y como su mirada requería.

Imagen virtual de uno de los platos de ‘Sorolla. Visión y Sabores de España’, del chef Jorge de Andrés.

Al igual que Joaquín Sorolla componía un paisaje, Jorge de Andrés ha confeccionado distintos sabores. Y al igual que el maestro de la luz captaba la atmósfera delicuescente del húmedo calor mediterráneo, el cocinero también reúne en sus platos los variados aromas y sabores de la gastronomía española, apoyándose en las piezas diseñadas a tal fin por la artista Laura Maldonado. De nuevo, el maridaje entre la creación pictórica, el diseño contemporáneo y el arte culinario más rompedor desde la tradición.

Como Cicerón resaltara, ligando el placer de los banquetes con la reunión de los amigos y la buena conversación, también De Andrés reconoció que en las mesas ocurría todo. De hecho, reveló el importante encuentro que tuvo lugar en el Hotel Savoy de Londres entre Archer Milton y Sorolla, como germen del famoso encargo, y donde trabajaba Auguste Escoffier, considerado el creador de la cocina moderna, para quien los grandes platos eran muy sencillos. Los grandes vinos, con sus respectivas denominaciones de origen, ponen el broche dionisíaco a esos 14 platos del Sorolla más sibarita.

Imagen de uno de los platos de la propuesta ‘Sorolla. Visión y Sabores de España’, del chef Jorge de Andrés.

Salva Torres

26 creadores en libertad encajonada

‘Encajar un cautiverio: 63 días que cambiaron nuestra realidad’
Comisarios: Luis Crespo, María José Mora y Julia Valencia
Sala Oberta
Centre Cultural La Nau
Universitat 2, València
Del 6 de octubre de 2020 al 10 de enero de 2021
Jueves 8 de octubre de 2020

Decía el cantante John Lennon (The Beatles) que hay dos fuerzas motivadoras básicas: el miedo y el amor. Los 26 creadores reunidos en La Nau de la Universitat de Valéncia, en la exposición ‘Encajar un cautiverio: 63 días que cambiaron nuestra realidad’, han optado por juntar las dos, con el fin de expresar las emociones vividas durante el reciente confinamiento a causa de la pandemia por el coronavirus. El miedo localizado en las cajas negras de 100×70 centímetros, utilizadas como contenedor, y el amor puesto en el interior de cada una de las 26 cajas, a modo de resistencia artística contra el abatimiento sufrido esos días.

Presentación de ‘Encajar el cautiverio’, en el claustro de La Nau, con los artistas participantes. Foto: Alicia Alcantud.

Si es cierto aquello de que el temor agudiza los sentidos, mientras que la ansiedad los paraliza, podría decirse que los 26 creadores reunidos en La Nau, bajo el comisariado de Luis Crespo, María José Mora y Julia Valencia, fueron dejando de lado la ansiedad paralizante, profundizando en los sentimientos que el encierro obligado les iba deparando. “A algunos les provocó una explosión de creatividad, mientras a otros les produjo cierto sentimiento baldío, de bloqueo”, señala Julia Valencia, que además de comisaria participa como artista con el video titulado ‘Transmisión’, realizado junto a Miguel Ángel Valencia y Dani Sa-Lo.

El artista Daniel Tejero y la comisaria de la exposición Julia Valencia. Foto: MAKMA.

De aquel baldío inicial, con el que algunos recibieron el impacto de verse confinados, se pasó al estallido de creatividad que hasta el 10 de enero acoge la Sala Oberta de La Nau. Estallido expresado mediante distintas formas plásticas (pintura, dibujo, videocreación, fotografía, danza, instalación y cerámica), que los 26 creadores transforman en grito liberador, tristeza contenida que sale a la luz, incertidumbre plagada de signos y señales, silencios elocuentes y, sobre todo, mucha carga poética atravesando el conjunto.

“El no poder tocarte y el hecho de haber pasado por el tránsito de verte aislado es lo que quizás ha producido este carácter más poético de la exposición”, apunta Valencia, cuyo video es un claro ejemplo de esa vivencia lírica, ajena a “cierta carga de irritación” como la que dice la propia artista y comisaria haber percibido durante aquellos días. “El tiempo se volvió elástico”, recoge Valencia en el texto que acompaña a la videocreación que rezuma un aire a Bill Viola, quien hablara del paisaje como “un vínculo entre nuestro yo exterior y nuestro yo interior”.

Hablamos de un vínculo que, en el fondo, caracteriza al conjunto expositivo, ya que cada una de las 26 cajas negras encierran ese diálogo entre el exterior y el interior, entre la ciudad vacía de aquellos días y los individuos que trataban de apropiarse de ese silencio rumiando por dentro la contrariedad de una libertad cercenada. “Se trata de intervenir dentro de la caja”, resalta Valencia, para disponer paradójicamente de una “libertad absoluta” a la hora de crear en tan limitado espacio.

Imagen del video de Julia Valencia. Foto: MAKMA.

De manera que esas cajas negras, al modo de esas otras cajas negras de los aviones, contienen la memoria de los últimos sucesos que, una vez liberados, arrojan luz sobre la pretérita oscuridad. “El arte utilizado para hablar de las emociones propias”, subraya Valencia, por oposición a la comunicación más cerrada de los discursos ideológicos. ‘Transmisión’, el video creado para la ocasión, rezuma “los claroscuros pictóricos” puestos al servicio de otra esa otra comunicación basada más en el gesto poético, que en la proclama altisonante.

“Él me pasa el agua, que es la vida y el conocimiento”, apunta la artista de un video en el que un cuenco con agua pasa de una pantalla a otra, de forma velada y muy sutil, para mostrar la ligazón entre el hombre que lo ofrece y la mujer que lo recibe. “Porque como el agua pura vertida en agua pura permanece inalterable, así se ilumina el rostro que recibe luz del otro”, se apunta en el texto que acompaña a la pieza.

Obra de Daniel Tejero, en la exposición ‘Encajar el cautiverio: 63 días que cambiaron nuestra realidad’. Foto: MAKMA.

El vínculo entre el interior y el exterior también caracteriza la obra de grafito sobre papel realizada por Daniel Tejero. “Es la ventana de mi casa en Valencia. Tú estás dentro y lo de fuera está ahí. Es una ventana hacia el exterior”, explica el artista, con relación a esa casa ubicada en el ‘Paseo de la Pechina nº 35’, título de la obra, “donde pasé gran parte del encierro tras el confinamiento por la covid-19”. El trazo, por el que Tejero dice sentir atracción, permite reflejar, con un esmerado juego de blancos y negros, esa ventana que da a la calle y que, a modo de barrotes, destila un aire de reclusión a la que nos hemos visto enfrentados los ciudadanos de la sociedad del bienestar.

‘Autoportrait et le bois’, obra de Carmen Selma, en la exposición ‘Encajar el cautiverio: 63 días que cambiaron nuestra realidad’. Foto: MAKMA.

Carmen Selma utiliza el autorretrato para hacerse cargo del silencio dominante en aquellos 63 días. Silencio apenas interrumpido por aplausos y la sensación de estar protagonizando una película de ciencia ficción. “’Autoportrait et le bois’ lo pinté de noche en mi taller de Normandía”, subraya Selma, quien añade: “El confinamiento nos obligó a ralentizar la velocidad a la que nos hemos malacostumbrado, y nos dimos cuenta de los altos intereses que pagamos para seguir ese ritmo frenético”.

Tamaño frenesí queda transformado, en la exposición ‘Encajar un cautiverio: 63 días que cambiaron nuestra realidad’, en una suerte de caleidoscopio de imágenes mentales que van dando forma onírica a aquel tiempo de clausura forzada.

Paco Ortí, María Cárdenas, Anna Fonollosa, Patricia Varea, Laura Salguero, Rafaela Pareja, Ana Spoon, Carlos Maiques, Jose Plá, Assad Kassad, Radiante, Luis Crespo, Juana Varela e Inés Parcero, Juan Ortí, Sergi Palau y Maria José Llergo, Inma Liñana, Pablo Vindel, Claudia Martínez, coRTarcabezas collages (Toño FM y Raúl Lago), Marea Danza y Corinne Films, Eduardo Almiñana, Toni Tordera, Alejandra de la Torre, y los ya mencionados Valencia, Tejero y Selma, son los 26 creadores encargados de asomarse a esas ventanas por las que se cuela “algo que te conmueve”, señala Valencia. La conmoción de unos días cuyo “conjunto de historias hacen un relato”, concluye Tejero. 

Libertad
Vista de la exposición ‘Encajar el cautiverio: 63 días que cambiaron nuestra realidad’. Foto: Alicia Alcantud por cortesía de La Nau.

Salva Torres    

Las plantas insurrectas de Nieves Torralba

‘Respiracion botánica’, de Nieves Torralba
Gabinete de Dibujos
Literato Azorín 33, València
Hasta el 11 de diciembre
Lunes 5 de octubre de 2020

“Los poemas son ceremonias mágicas del lenguaje”. Con esta frase del filósofo Byung-Chul Han, el comisario de la exposición ‘Respiración botánica’, Sebastián Nicolau, nos introduce en la obra que Nieves Torralba muestra en Gabinete de Dibujos. Una frase que luego tiene su lógica continuación en el libro ‘La desaparición de los rituales’ y que dice lo siguiente: “El principio poético devuelve al lenguaje su gozo al romper radicalmente con la economía de la producción de sentido. Lo poético no produce. Por eso lo poético -citando aquí a Jean Baudrillard- es la insurrección del lenguaje contra sus propias leyes”.

Las plantas que Nieves Torralba ha dibujado primorosamente, siguiendo los principios del más apasionado botánico, en simbiosis con el igualmente fervoroso orfebre -de hecho, botánica y orfebrería parecen ir de la mano en el minucioso trabajo de la artista-, tienen ese carácter insurrecto de las plantas que no aceptan ser categorizadas. Tienen sus nombres de raigambre botánica, pero Torralba, conteniendo la respiración aludida en el título de la exposición, parece soltar el grafito una vez dibujadas, para manifestar su sorpresa por el hallazgo.

Nieves Torralba
Nieves Torralba, junto a una de sus obras en la exposición ‘Respiración botánica’ de Gabinete de Dibujos. Foto: MAKMA.

Son plantas conocidas (“tengo un botánico, amigo y profesor de la Universidad de Granada, que me aconseja y me asesora”), todas con su etimología, pero que Nieves Torralba transforma en seres vivos que acaban formando parte de una naturaleza extraña. “Me encanta crear formas diferentes y darles nombres. Tengo seis familias de plantas y busco en la etimología de las palabras el sentido de las propias plantas. Cuando viajo, fotografío mucho, porque me interesa la geolocalización. La gente que vive con esas plantas para mí es como si fueran las mismas plantas”, explica la artista.

Nieves Torralba, junto al comisario de la exposición, Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gabinete de Dibujos.

“Sus dibujos”, señala Sebastián Nicolau, “podrían situarse en un espectro indeterminado y extenso entre la belleza de la Botánica naturalista descriptiva y la magia de las formulaciones de sus esencias”. Esa magia, a veces próxima al cuento fantástico de naturaleza naif despojado de colorismo, y ese espectro, ahora evocado en su sentido fantasmal, sin duda entreverados con el naturalismo descriptivo, terminan dibujando el perfil gozoso de un ecosistema extraño, más próximo a la ciencia ficción que a la realidad de la que parte.

Obra de Nieves Torralba en la entrada de la exposición ‘Respiración botánica’. Imagen cortesía de Gabinete de Dibujos.

“No quiero que las plantas que dibujo sean blanditas”, apunta Torralba. Entre el encuadre (“es muy importante”) y la escala (“me interesa mucho”), lo cierto es que las piezas dibujadas exhalan, por seguir con esa respiración atinadamente empleada por el comisario como título del conjunto expositivo, un misterio que sin duda tiene que ver con ese carácter gozoso del lenguaje, en este caso pictórico, que quiebra la lógica del sentido.

“En los dibujos de Nieves Torralba se trataría de formulaciones alineadas con el ámbito poético, tan cercano a la alquimia de las fórmulas perfectas, con las proporciones exactas en cada uno de sus elementos: la idea, la línea, el trazo, la textura, el tono, el mensaje y la interpretación del receptor”, explica el comisario. Y, frente a esa formulación perfecta, cierto exceso que transforma las plantas de Torralba en seres vivos de rasgos sobrenaturales.

Vista de la exposición ‘Respiración botánica’, de Nieves Torralba. Imagen cortesía de Gabinete de Dibujos.

Byung-Chul Han incide en ello en el mismo apartado del libro dedicado al imperio de los signos, aludiendo a los poemas breves japoneses, los haikus, definidos “por el exceso del significante”. “Apenas tienen en cuenta el significado. No comunican nada. Son un puro juego con el lenguaje”, añade el filósofo. Juego al que también se suma la propia artista cuando dice que le interesa mucho “la distorsión óptica, que pienses que lo has visto todo y, al moverte, se vuelva borroso”. “Eso me encanta. Lo hago adrede. Quiero ver hasta dónde puede llegar la percepción del espectador y la mía”, apostilla Torralba.

Y puestos a forzar esa percepción, tanto el montaje, dispuesto de manera que la vista tenga que alzarse por encima de lo previsto, como la escala de los dibujos y su expansión más allá del marco que los acoge, dotan a la muestra de ese carácter extraño. “Siempre me he salido del formato, expandiéndome por la pared. Siempre”, remarca la artista, para añadir a continuación que le molesta mucho “el dibujo pequeño; no es que me moleste, pero ver un gran dibujo me gusta”.

Dos obras de la exposición ‘Respiración botánica’, de Nieves Torralba. Imagen cortesía de Gabinete de Dibujos.

Como le gusta la cita de Hannah Arendt (“es cosa de Paco [Sebastián Nicolau], que me ha parecido muy oportuna”) y que dice: “Todo declina. El lubricán asciende. Nada me domina. Es el curso de la vida”.

“Es un verso de un poema, ‘Cansancio’, y lo pongo porque relaciono los dibujos de Nieves con la poesía en general, pero, en el caso de este verso, con el ciclo de la vida. Con la naturalidad con la que la naturaleza nace, vive, crece, muere y se regenera sin diferenciar etapas”, señala el comisario, concentrando en ese curso de la vida la importancia del inhalar, exhalar y respirar que, en el caso de Torralba, adscribe al acto mismo de dibujar: “Contener la respiración. Ejercitar una apnea de concentración hasta separarnos del papel”.

Respiración tan profunda que, a punto de faltar el aire, provoca cierta alteración de la mirada. Sin necesidad de sustancias psicotrópicas, Nieves Torralba, de tanto forzar escalas, distorsionar la óptica y jugar con la etimología, logra que sus plantas adquieran formas insólitas. Partiendo del dibujo, en diálogo con la botánica, trasciende los límites de la percepción naturalista para adentrarse en el misterio de las cosas. La mirada, siguiendo a Han, desviándose del contenido, para remitirnos a una extraña fastuosidad del continente que la acoge. 

 

Detalle de la exposición ‘Respiración botánica’, de Nieves Torralba, en Gabinete de Dibujos. Foto: MAKMA.

Salva Torres

¿A nadie le importa lo que nos está pasando?

‘Mujeres del Congo. El camino hacia la esperanza’, de Isabel Muñoz
Sala Martínez Guerricabeitia
Centre Cultural La Nau
Universitat 2, València
Hasta el 10 de enero de 2021
Viernes 2 de octubre de 2020

“¿Soy alguien? ¿A nadie le importa lo que nos está pasando? ¿Por qué me vuelve loca el miedo?” Estas son algunas de las preguntas que Isabel Muñoz, Premio Nacional de Fotografía 2016, dice que podrían plantearse las mujeres congoleñas sometidas a sismoterapia en un centro psiquiátrico de Kinsasa y que ella ha fotografiado, entre otras muchas, devolviéndoles la dignidad perdida.

La tragedia de estas mujeres viene de lejos, incluso de los tiempos de Leopoldo II que Mario Vargas Llosa narra en ‘El sueño del celta’: “Soldados y milicianos de la Fuerza Pública eran codiciosos, brutales e insaciables tratándose de comida, bebida, mujeres, animales, pieles, marfil y, en suma, de todo lo que pudiera ser robado, comido, bebido, vendido o fornicado”.

Isabel Muñoz
Isabel Muñoz, ante una de sus fotografías en la exposición ‘Mujeres del Congo. El camino hacia la esperanza’. Imagen cortesía de La Nau.

“Lo que ha sucedido sobrepasa la ficción”, apuntó Jorge Sebastián, de la Fundación Mainel que, junto con la Colección Martínez Guerricabeitia, organiza la exposición ‘Mujeres del Congo. El camino hacia la esperanza’, en colaboración con Casa África y que hasta el 10 de enero acoge La Nau de la Universitat de València. “El horror sobrepasa lo que vemos en las noticias”, resaltó Muñoz, quien, a pesar de todo, prefiere transformar el dolor de tan cruenta realidad en belleza plástica y, a través de ella, dignificar a las mujeres que fotografía con un sobresaliente blanco y negro, empoderándolas.

“Después de vivir el horror han elegido vivir. Son verdaderas heroínas”, subrayó la artista de un proyecto que nace de su colaboración con la periodista congoleña Caddy Adzuba, premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2014.

Mediante 27 obras y un total de 34 fotografías, Isabel Muñoz muestra el dolor de tamaña tragedia sin recrearse en los aspectos escabrosos, sino dejando que sean esas miradas dignas de las retratadas las que nos interpelen frontalmente. El blanco y negro, de una fuerza incontenible que, sin embargo, la artista logra encauzar para que en medio de tanta oscuridad aflore aunque sea un débil rayo de luz, permite adentrarnos en las imágenes con el fin de entrever las dramáticas historias que hay detrás de cada una de esas vidas.

Serie de fotografías de Isabel Muñoz en la exposición ‘Mujeres del Congo. El camino de la esperanza’. Foto: MAKMA.

“Creo en el poder de la palabra”, destacó Muñoz. Le faltó añadir que, también, en el poder de la imagen. Porque sus imágenes, exentas de palabras, pero de un elocuente silencio, parecen salidas de un relato que, plagado de horrores, termina por dibujar un horizonte de sentido allí donde éste ha sido aniquilado por culpa de la ignominia humana. “Después de grabar sus testimonios, me regalaban su imagen silenciosa, donde son sus ojos los que hablan”, agregó la artista.

Isabel Muñoz prefiere la belleza al testimonio gráfico más crudo. “Cada uno tiene su forma de denunciar”, dijo, atenuando con sus fotografías el sufrimiento (“bastante tiene cada uno con el suyo”), para contar “las historias a través de la esperanza”. A pesar de tanta adversidad, ella insiste en mostrar “una luz, una esperanza” colándose por la negritud condensada en tanta tragedia. “Mostrando ejemplos de superación al resto de mujeres, ellas sabrán que pueden recomponer sus vidas”, apostilló.

Isabel Muñoz, entre dos de sus fotografías de la exposición ‘Mujeres del Congo. El camino de la esperanza’. Foto: MAKMA.

Aludió, en este sentido, a los microcréditos que con gran sacrificio pueden dotar de independencia económica a todas esas mujeres supervivientes. La violencia sexual que las degrada encuentra en esa forma crediticia una tabla de salvación a la que agarrarse, en un país, como recordó José Pedro Martínez, director de actividades de la Colección Martínez Guerricabeitia, paradójicamente caracterizado como República Democrática del Congo. “Es uno de los cinco países del mundo donde ser mujer resulta tremendo”, remarcó Muñoz.

La exposición se divide en cuatro apartados dedicados a las niñas huérfanas, “sometidas a abusos y que no son reconocidas por la propia sociedad”, precisó Martínez; a la locura, ejemplificada en los hospitales psiquiátricos mal gestionados; a la heroínas, en tanto mujeres que, a pesar de tan inhóspita realidad, siguen luchando por seguir adelante, y, por último, el dedicado a la esperanza, por débil que ésta sea y que es el motor de la propia muestra: “Me gusta buscar la esperanza, porque existe”, aseveró Muñoz, que con su cámara viene dando testimonio de esa voluntad inquebrantable por hallar sentido incluso en medio del caos.

Vista de la exposición ‘Mujeres del Congo. El camino de la esperanza’, de Isabel Muñoz. Foto: MAKMA.

“Ser mujer y ser niña en el mundo es peligroso, pero en algunos lugares resulta horroroso y tremendo”, apuntó Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València. Lo mismo cabe decir de África, continente “especialmente duro”, en el que destaca igualmente el Congo, “que lleva muchos años” dificultando la vida de las mujeres “sin que puedan salir de un círculo infernal”, agregó Ariño, apelando a las imágenes por su “poder de convulsión interna”.

“Las imágenes hablan por sí solas”, señaló José Pedro Martínez, que las calificó de “duras”, hasta el punto de rebasar los límites del placer: “No se puede hablar de disfrute estético”. Jorge Sebastián puso el acento en lo que calificó de “maldición de la riqueza” de un país cuyas políticas extractivas someten a la explotación de buena parte de la ciudadanía.

“Debemos poner cara a esa realidad”, añadió, que es lo que hace de forma primorosa Isabel Muñoz, cuyas fotografías encarnan la dignidad de las más doloridas mujeres congoleñas. Siguiendo a Gandhi, para quien la dignidad de la naturaleza humana requería que nos enfrentáramos a las tormentas de la vida, diríase que Isabel Muñoz lleva tiempo sorteándolas con su cámara fotográfica.

Una de las fotografías, en primer plano, de la exposición ‘Mujeres del Congo. El camino de la esperanza’, de Isabel Muñoz. Foto: MAKMA

Salva Torres

«He visto a Susan Atkins a través de ella»

#DesayunosMAKMA | María José Goyanes y Chema Cardeña
‘Susan y el diablo’, de Chema Cardeña
Con María José Goyanes (Susan Atkins), Manuel Valls (Paul Wilkins) y Marisa Lahoz (Rosemary)
Cía. Euroscena & Arden Producciones
Sala Russafa
Dénia 55, València
Hasta el 4 de octubre
Entrevista realizada por Salva Torres, Merche Medina y Jose Ramón Alarcón
Jueves 1 de octubre de 2020

¡“No voy a tener ninguna piedad por ti, perra!”, profería Sexy Sadie al calor narcótico de ácidos lisérgicos y hedores sonoros de “Helter Skelter, take seventeen” de los Beatles, antes de asesinar a la joven actriz Sharon Tate. Dieciséis puñaladas sobre el torso fundacional de una época que fenecía bajo el Cielo Drive angelino durante la madrugada del 9 de agosto de 1969.

Un sanguinario y célebre crimen cometido por una de las acólitas más representativas de ‘La familia Manson’, Susan Denise Atkins (1948-2009), quien habría de molturar los cenagosos ecos de sus actos a lo largo de su sentencia a cadena perpetua en la cárcel de mujeres de ChowChilla (California).

Y a tales haciendas acude la tortuosa y bienvenida inquietud del dramaturgo Chema Cardeña para eviscerar de la mente de Atkins las sinrazones primeras y las contriciones últimas en la obra ‘Susan y el diablo‘ –con la que Sala Russafa emprende su ‘Ciclo de Compañías Nacionales’ de la presente temporada–, de la mano escénica de la siempre excelsa María José Goyanes –límpida y equilibradamente acompañada por Manuel Valls y Marisa Lahoz–, con quien MAKMA desciende, junto a Cardeña, a los sugestivos sótanos de la malignidad y de la compunción.

Susan Atkins

¿De qué modo se alumbra el proyecto de ‘Susan y el diablo’?

Chema Cardeña (CHC): Aquí hay un culpable que se llama Salvador Collado, a quien conocí hace 20 años, y que había leído una obra mía, ‘La puta enamorada’, quien me reveló que a María José Goyanes le gustaría que le escribiera un texto; y me dije: “¡Madre mía, que le escribo yo a esta señora!

María José Goyanes (MJG): Estaba loca por trabajar con él.

(CHC): Tenía muy presente aquella historia de la familia Manson (recuerdo a los adolescentes de la época con la fotografía de ellas tres rapadas camino de la cámara de gas) y el asesinato de Sharon Tate. Es algo que se me quedó muy grabado. Además, había visto todas las audiencias ante el tribunal de Susan Atkins para solicitar la condicional durante más de 40 años. En cuanto a María José, estaba convencido de que este tipo de papel no lo había hecho nunca, tan oscuro y lumpen. Se interesó y le gustó.

En cuanto a la producción, esto fue una gran putada del Institut Valencià de Cultura, porque esto iba a ser una coproducción de tres comunidades: las de Castilla la Mancha, Madrid y Comunidad Valenciana. El día 28 de mayo de 2018 teníamos la primera lectura en València, con lo cual venía todo el equipo y tuve que llamar y avisar de que no se hacía (por la ley de la nueva contratación, etcétera), sin más explicación. Salvador Collado me consultó y yo no he tirado ningún proyecto a la basura en mi vida. Así que la hicimos. Fuimos al Principial (qué menos después de todo lo que nos habían hecho), pero ya con Arden y Euroescena.

(MJG): Fue devastador. Dos días antes de comenzar la lectura…

(CHC): Tardamos un año en hacerla. A la Administración le intersa muy poco lo que hacemos los autores fuera de València. Cuando estás nominado a los Max los tienes a todos a tu alrededor. Si no, no viene nadie.

¿Cómo se recibe un personaje de semejante naturaleza?

(MJG): Me entró un miedo terrible. Me horroricé pensando que no podría. La anterior obra de teatro que había hecho era ‘Teresa de Jesús’, así que me parecía un triple salto mortal sin red. A lo largo de mi vida he hecho cosas muy potentes, pero pensé que esto era muy arduo. Estaba un poco acojonada, pero me ponen un reto delante y es como si fuera un merengue. Sabía que Chema me iba a guiar y me iba ayudar.

En cuanto a la complejidad psicológica del personaje, este acontece entre dos zonas oscuras: la Susan Atkins abducida por Charles Manson y la que languidece en la cárcel, abrazando la Biblia…

(MJG): Que está en la cácel y que ya han pasado 40 años, en donde ha estudiado, se ha formado, ha abrazado la religión evangélica y, supongo, se ha dado cuenta del horror; porque todo eso es consecuancia del horror.

Chema Cardeña y María José Goyanes durante un instante de la entrevista. Foto: MAKMA.

Horror que debe revisitar en forma de virulento monólogo, transitando por la memoria explícita del crimen. Un pasaje determinante de la obra.

(MJG): Ese monólogo no me lo aprendía nunca; me sabía toda la función y llegaba ahí y me caía, porque yo, María José, estaba interfiriendo sin quererlo. Mi inconsciente no me dejaba aprenderlo y disfrutar. Eso, contado desde la conmiseración o desde la pena, no era posible. Así que me decía: “¡Aquí, a disfrutar como una perra!” (Risas). Sufrí bastante, la verdad sea dicha.

(CHC): Sé que los actores sufren mucho; el problema es que ella (María José Goyanes) es otro monstruo. No tuve ninguna duda de que lo iba a hacer. Ella ha defendido a Susan hasta la muerte. Otra cosa es que necesitase su tiempo para digerirlo. Trabaja como a mí me gusta, jamás la he oído decir “estoy cansada”, ni ha llegado tarde a un ensayo. Con estos mimbres, soy yo el que me he asustado mucho con este monólogo, porque he visto a Susan a través de ella.

(MJG): El proceso de ensayos en una función dramática siempre es doloroso; es doloroso hasta haciendo comedia (ahí donde la tienen, en un lugar extraño y denostado), que es muy difícil de hacer. Aquí juegas con todos y cada uno de tus nervios sensitivos y la inteligencia emocial. Es mucho más jodido que desnudarse y empelotarse físicamente. Ensayar es un acto descarnado y un acto de amor.

¿Crees que esa resistencia inicial del inconsciente a adentrarse en el papel de la Susan Atkins más truculenta es semejante al reparo del espectador a descender junto a ella a esos hediondos sótanos? Curiosamente, hay una cierta repulsión, pero también una ineludible atracción hacia este tipo de personajes…

(MJG): Eso es lo que se pretende. Que la gente en ese momento sienta repulsión por ese ser y diga: “¡Qué espanto, qué hija de la grandísima puta!”. No tiene paliativos. Mi personaje fue un monstruo, pero ya no lo es, tras 40 años en la cárcel –que deben ser muy duros–. Se dice de ella que fue una presa modelo, ejemplar. A partir de que ella deja de meterse de todo (en la prisión), esta mujer empieza a tomar conciencia del horror que hizo. Por eso, creo firmemente en el arrepentimiento de Susan, de ahí que pida la compasón para con ella con el fin de morir en casa. Como ella dice: “Ser libre para morir”, no libre para vivir.

Sala Russafa
María José Goyanes, Marisa Lahoz y Manuel Valls durante un instante de ‘Susan y el diablo’, de Chema Cardeña. Fotografía cortesía de Sala Russafa.

¿Ha evolucinado el concepto de monstruo y el modo en que la sociedad se confronta a él?

(CHC): Afortunadametne, a la sociedad todavía le quedan entrañas. Si Susan no hubiese asesinado a una embarazada (asestándole 16 puñaladas) ni le hubiese rajado el vientre, creo que sería un crimen más. Del resto de víctimas no se habla, solo de Sharon Tate, no solo por su figura, sino por su embarazo. Eso provocha mucho rechazo en la sociedad.

Hay una frase desgarradora –que el público recibe como un golpe en el estómago– que le dice Sharon Tate a Susan Atkins: “Secuéstrame, déjame vivir una semana más, deja que nazca mi bebé y luego podrás matarme”.

¿Estar en contacto con el mal puede mejorarnos de algún modo?

(CHC): Siempre he aplicado una máxima de Shakespeare: “Lo bello es feo y feo lo que es bello”. Mi vida personal y profesional me ha enseñado que todo el mundo es capaz de cualquier cosa. Tal y como dice mi personaje en ‘Shakespeare en Berlín’: “Que nunca sepa el ser humano lo que es capaz de resistir”, que nunca sepa nadie a dónde te pueden llevar las circunstancias, a causa de la ambición, el sexo, el juego o la envidia.

(MJG): Estar en contacto con Susan me ha mejorado. Ahora pienso que quiere morir en su casa, y lo entiendo muchismo más. En la cárcel se vende la idea de la reinserción, y jamás puede ser así, porque termina siendo el infierno de Dante. En las cárceles se viola la ley constamente, una y otra vez, cada día. La opción de que un recluso puedar ir a morir a su casa, por muchas personas que haya matado, es algo que las instituciones penitenciarias y la propia sociedad jurídica deben revisar.

Deben separar a las personas que están dispuestas a cambiar de las que no. Si un preso logra formarse y llega a entender el horror de sus actos, a arrepentirse, entonces esa persona debe tener un poquito de compasión, porque ya no puede hacer daño a los demás ni así misma.

Otra cosa que veo de otra manera es esa especie de gueto que hacemos con las perosnas que matan. Tal y como dice Susan, “todos podemos hacer cosas terribles sin necesidad de ser un monstruo”, y eso algo en lo que yo tampoco creía. La sociedad occidental construye guetos constantemte: los que matan, los que delinquen y los que no. ¿Qué pasa, entonces, en la cabeza de una persona, a causa del estrés, la miseria o las drogas? Bajo esas circunstancias, todos podríamos hacer algo tremebundo. No somos diferentes. Por eso esta funcón es vigente y acutal, y seguirá siéndolo dentro de muchos años.

El dramaturgo Chema Cardeña y la actriz María José Goyanes entre rejas escéncias. Foto: MAKMA.

Jose Ramón Alarcón

Al coronavirus le salen 50 creadores críticos

Coronacrisis y cultura: Propuestas de creadores valencianos
Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València
Universitat 2, València
Hasta el 29 de noviembre
Miércoles 30 de septiembre de 2020

La filósofa Adela Cortina, aludiendo a la sociedad del riesgo de la que hablaba el sociólogo alemán Ulrich Beck, dice que lo que tal peligro nos demuestra “es que los riesgos o se asumen mundialmente o vamos a quedar desarbolados”, añadiendo que “los independentismos y los nacionalismos que cortan los lazos unos con otros son verdaderamente desafortunados”. Cortina es uno de los 50 pensadores a partir de cuyos textos otros tantos creadores valencianos, del ámbito del diseño y la ilustración, han reflexionado gráficamente y de forma crítica en torno a los desafíos que plantea la irrupción de la pandemia por el coronavirus.

A esa visión general del problema mundial causado por la covid-19 y la respuesta a la que nos conmina, la filósofa valenciana ha denominado “hospitalidad cosmopolita”. Una hospitalidad que La Nau de la Universitat de València refleja en la Sala Acadèmia, reuniendo a ese medio centenar de artistas tan bien avenidos como disparmente entregados a la causa crítica de mostrar por dónde chirría esa sociedad del riesgo, ahora expuesta a la letalidad de un virus invisible.

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Diseñadores e ilustradores valencianos participantes en la exposición ‘Coronacrisis y cultura’, en una foto de grupo. Imagen cortesía de La Nau.

Marisa Gallén, Premio Nacional de Diseño 2019 y comisaria de la exposición ‘Coronacrisis y cultura: Propuestas de creadores valencianos’, puso el dedo en la llaga cuando señaló que uno de los objetivos de la muestra era “concienciar sobre los desafíos que tenemos como especie”, en estos momentos de incerteza por la pandemia. “Hay que crear una nueva arquitectura política universal, porque la humanidad está amenazada como especie en su totalidad”, añadió.

Gallén insistió en que somos una especie “en peligro de extinción, que lo ha dominado todo y ha destrozado sus condiciones de vida”, para terminar remarcando que el mayor desafío ahora mismo era el de “permanecer vivos”. “Esto no va de la Comunidad Valenciana, de Europa o de África. Va de todos”, resaltó. Por eso Antonio Ariño, vicerrector de Cultura, habló en todo momento de “reinventar la vida, a partir de un hecho existencial que nadie imaginaba, al menos en Occidente”.

Vista de la exposición ‘Coronacrisis y cultura: Propuestas de creadores valencianos’, en la Sala Acadèmia de La Nau. Foto: MAKMA.

La nómina de creadores que críticamente someten esa sociedad del riesgo a debate es tan amplia como ilustre, destacando, por citar algunos, los nombres de Pepe Gimeno, Paula Sanz, Yinsen, Dani Nebot, Xavier Monsalvatge, Iban Ramón, María Herreros, Mariscal, Sandra Figuerola, Boke Bazán, MacDiego, Cento Yuste, Paco Roca, Carla Fuentes, Dídac Ballester, Ana Penyas o Escif. Y entre los pensadores, autores como Maite Larrauri, Richard Sennett, Daniel Innerarity, Edgar Morin, Joan Romero, Jane Goodall, Alicia Puleo, Byung-Chul Han, Juan Luis Arsuaga, Noam Chomsky, Ai Weiwei o la propia Cortina.

Seis ejes temáticos van agrupando por pares las obras y los textos de los respectivos creadores y pensadores: Sociedad y vida; valores y cultura; política; ecología; ciencia y tecnología, y economía. Hay ilustradores como Elías Taño que se las han tenido que ver con textos acalorados como el de Naomi Klein: “Necesitamos estar indignados, muy indignados. Necesitamos inspirarnos por el tipo de movimientos de masas que han derrocado a los gobiernos en momentos de crisis anteriores”. Indignación que, como ya dijera el filósofo Daniel Innerarity en otro contexto (su libro precisamente titulado ‘La política en tiempos de indignación’), hay que tener mucho cuidado con ella porque suele dejarlo todo perdido de lugares comunes.

Detalle de la obra de Lalalimola (Sandra Navarro), en la exposición ‘Coronacrisis y cultura: Propuestas de creadores valencianos.

Innerarity nos recuerda, ahora en el texto incluido en la exposición y del que se hace cargo gráficamente Fase Estudio, que “en medio de la inmaterialidad de la inteligencia artificial, el transhumanismo y temas similares que estábamos estudiando, de repente un modesto virus nos recuerda nuestra condición corporal, nos devuelve al cuerpo, a la finitud, a la vulnerabilidad”. Y añade: “Y otro tipo de aprendizaje que vamos a hacer, bajo mi punto de vista, es que se pone de manifiesto lo poco que somos capaces de protegernos y lo mucho que somos capaces de autoamenazarnos con nuestra movilidad, con nuestra forma de consumo…y el poco esfuerzo que hemos hecho para encontrar unas protecciones equivalentes”.

Carmen Amoraga, directora general de Cultura y Patrimonio, que junto al Ayuntamiento de Valencia colabora en la exposición, aludió a la reflexión que precisamente desde la cultura se hacía con respecto a esa fragilidad humana delatada por la pandemia. Reflexión crítica, porque, como apuntó Ariño, la muestra tiene un “contenido crítico, porque sin crítica no puede haber esperanza”. “Huimos del buenismo”, aseveró.

Obra de Escif en la exposición ‘Coronacrisis y cultura: Propuestas de creadores valencianos’.

La politóloga Seyla Benhabib, cuyo pensamiento evoca gráficamente Juarez Casanova, se hace eco de la contradicción humana, sin duda objeto del arte allí donde éste se interroga más allá del corsé ideológico, poniendo el énfasis en la tensión entre la interconexión y la separación: “De repente, el mundo parece haberse hecho más pequeño, porque el virus está en todas partes; al mismo tiempo, todos estamos más separados, en la cuarentena de nuestros espacios privados”.

Los 50 creadores valencianos, utilizando estilos diferentes ya sea desde el diseño o la ilustración, hurgan en esa contradicción humana, a veces de una forma poética y en otras de una manera más palmaria, por aquello de servirse de las recurrentes mascarillas con resultados variopintos. Los hay más textuales, abstractos y figurativos, líricos o directamente políticos, humorísticos o más serios, pero en todo caso, plenos de una inventiva y cualidad artística sin duda proclives a contagiar sanamente ese mundo que se quiere hospitalario y que, en ocasiones, deviene agreste, cuando no insulsamente mágico.

“A la ciencia ahora de pronto se le atribuyen las cualidades de la religión, incluyendo la inmortalidad. Es decir, vamos a tener energía limpia, de todo, gratis, y además vamos a ser inmortales. ¿Y quién lo va a hacer? “La ciencia”. Eso es pensamiento mágico”, señala el paleontólogo Juan Luis Arsuaga, al que Dídac replica gráficamente. Esa mezcla de discursos acogedores, en contraposición con esos otros más ásperos e inclementes, junto a ilustraciones igualmente amables u optimistas, enfrentadas a otras de mayor carga explosiva, dibuja el perfil poliédrico de una exposición que hasta el 29 de noviembre acoge La Nau.

Y como el debate “sigue abierto”, subrayó Gallén, no parece descabellado pensar en su itinerancia. “Hay algunas universidades interesadas”, reconoció Ariño, como por ejemplo la de Castilla La Mancha, algunos de cuyos responsables vendrán a verla. “Pueden incorporar artistas de su territorio para que siga creciendo. El efecto de bola de nieve”, apostilló Ariño. Creatividad a raudales para combatir lo real de un virus que está provocando fértiles reflexiones, no exentas de estériles discusiones.

Vista de la exposición ‘Coronacrisis y cultura: Propuestas de creadores valencianos’. Imagen cortesía de La Nau.

Salva Torres