La vuelta de Nora a su casa sin muñecas

La vuelta de Nora, de Lucas Hnath, dirigida por Andrés Lima
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Hasta el 20 de enero de 2019

“He sido una muñeca grande en casa de papá. Y nuestros hijos, a su vez, han sido mis muñecas”. Esa es una de las quejas de Nora, el personaje de la novela de Henrik Ibsen Casa de Muñecas. Otro de sus malestares proviene de la interrogación que le formula su marido Torvald: “¿Hay alguien que te haya amado más que nosotros?”. Y su respuesta: “Jamás me amaron. Les parecía agradable estar en adoración delante de mí, ni más ni menos”. Entre esa alienación y ese amor mal entendido se mueve la obra de Ibsen que Lucas Hnath reescribió en 2017, a modo de segunda parte con el título de La vuelta de Nora.

El Teatro Olympia la acoge con Aitana Sánchez-Gijón encarnando a Nora, junto a Roberto Enríquez, María Isabel Díaz Lago y Elena Rivera. Una obra dirigida por Andrés Lima que comienza allí donde el autor sueco la había dejado: con el portazo de la mujer hastiada de su vida que regresa al hogar 15 años después. “Nora se sentía una muñequita alienada, por eso entiendo que decidiera marcharse ante la falta de elección que tenía en su vida”, señaló la actriz protagonista. “Es una heroína, pero por otro lado no, porque abandona a sus hijos”, añadió.

Escena de 'La vuelta de Nora'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘La vuelta de Nora’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Considerada como la primera obra teatral feminista, a pesar de que Ibsen nunca la defendiera como tal, Casa de Muñecas primero y ahora La vuelta de Nora cuestionan los roles de pareja y, por extensión, los estereotipos aplicados a la complejidad humana. “Hay discurso feminista, pero no es un panfleto”, advirtió Sánchez-Gijón, que reconoció gustarle la comedia (“aunque no me llegan textos interesantes”), porque “esto es un desgaste brutal, te agota; la implicación emocional aquí es de alto voltaje”.

Roberto Enríquez defendió la necesidad de textos tan intensos como el de Ibsen y Hnath. “Esta postura indolente de no querer ver cosas ásperas, que para eso ya tengo la vida, nos convierte en seres vacíos”. “No creo que haya que cerrarse a la tragedia o el drama”, agregó quien se pone en la piel de Torvald. Un marido igualmente atosigado por las convenciones sociales del momento, fácilmente trasladables a la actualidad con otras formas. “Frente a las razones de Nora, nosotros también somos prisioneros de un patrón social”. Y mi personaje también se rebela contra ello”, apuntó Enríquez.

Escena de 'La vuelta de Nora'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘La vuelta de Nora’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Elena Rivera y María Isabel Díaz Lago se sumaron al sentir de sus compañeros de reparto, al incidir en el hecho de que La vuelta de Nora huye de los maniqueísmos. “Empatizas con los cuatro personajes. Esa es la magia de la función”, explicó Rivera. “Todos los personajes tratan de cerrar heridas y cada espectador verá si se cierran o se hacen mayores”, subrayó Díaz, que reveló haber interpretado a Nora hace muchos años en Cuba. “Entonces no la entendí”, apostilló quien ve a la protagonista como “una heroína que reivindica su postura” junto a “otros tres personajes nada maniqueos”.

La vuelta de Nora, tal y como se avanza en la sinopsis de la obra, cuestiona la actitud de la mujer que abandona su casa dando un portazo, el tiempo que ha estado desaparecida y la recriminación por las consecuencias de su huida. “El cambio de actitud de Torvald se produce gracias al portazo. Gracias a esos portazos los hombres reaccionan y se cuestionan. Otros, por el contrario, se encastillan y reaccionan con violencia”, destacó Sánchez-Gijón. “La vuelta de Nora es impactante”, manifestaron todos al unísono.

Escena de 'La vuelta de Nora'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘La vuelta de Nora’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Enríquez abundó en ello: “Es tan inaceptable que una mujer pueda dejar su hogar, que mienten para seguir viviendo. Pero su vuelta es un revulsivo, porque les obliga a mover la silla en la que han estado cómodamente instalados”. Su marcha de casa, vivida como inapelable, es ligeramente corregida por el actor que interpreta a Torvald: “Sí tiene otra opción, quedarse, pero no sé si es una opción de vida o de muerte”.

Lucas Hnath aseguró que su intención a la hora de escribir la secuela de Casa de Muñecas era reflejar “cómo las personas se juntan y se mantienen unidas, cómo se conocen y cómo están seguros de que se conocen entre sí”. Por eso Sánchez-Gijón habló de la complejidad de la obra y de que iba “más allá de la heroína y del hombre terrible que la somete”, para adentrarse en el laberinto propuesto por Hnath: “En el fondo se está hablando de la dificultad de comunicación. Hay que aprender a comunicarnos desde otros lugares, abrir nuestros corazones”.

Escena de 'La vuelta de Nora'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Escena de ‘La vuelta de Nora’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Salva Torres

El ECA tira del hilo de la fotografía

Al hilo de…la fotografía
Comisaria: Alicia Ventura
Mira Bernabeu, Ángel Marcos, Ana Palacios, Castro Prieto y Gervasio Sánchez
Espai d’Art Contemporani El Castell (E CA)
C / Cisternas, 28. Riba-Roja de Túria (Valencia)
Hasta el 15 de marzo de 2019

“¿La fotografía es arte?”, se preguntó Alicia Ventura, comisaria de la exposición Al hilo de…la fotografía. La respuesta exige cierta pausa meditativa, pero bastará con recorrer la muestra que el ECA de Riba-roja acoge hasta el 15 de marzo para contestarla afirmativamente. Si el artista es aquel que da forma a lo real de la existencia, a lo que se nos resiste por situarse en los márgenes de la percepción, entonces Mira Bernabeu, Ángel Marcos, Ana Palacios, Castro Prieto y Gervasio Sánchez lo son, “cada cual con una diferente visión de los temas que aborda y mediante la confrontación de lenguajes”, explicó Paco Caparrós, responsable del Espai d’Art Contemporani ubicado en el antiguo castillo del municipio del Camp de Túria.

La exposición permite el diálogo entre artistas que confluyen en algunos aspectos y se distancian en otros, pero que tienen en común “lo social y enseñarnos lo que no vemos”, subrayó Ventura. La huella, la memoria, esa mirada detenida y minuciosa sobre las cosas, junto al carácter resistente y obcecado contra el olvido, atraviesa el conjunto expositivo. La propia comisaria, respondiendo a su pregunta inicial, consideró que se trataba de una muestra singular porque “los cinco son fotógrafos y los cinco son artistas”.

Vista de la exposición 'al hilo de...la fotografía'. Imagen cortesía del E CA de Riba-Roja.

Vista de la exposición ‘al hilo de…la fotografía’. Imagen cortesía del E CA de Riba-Roja.

“La fotografía es una nueva forma de expresión que tiene su propio lenguaje”, avanzó Castro Prieto, que presenta piezas de su serie La seda rota, compuesta por imágenes tomadas en la casa abandonada de la familia Madrazo. “Me gusta fotografiar casas deshabitadas”, dijo. Casas que tienen como reverso de su vacío el halo fantasmal que dejan las huellas de quienes las habitaron. “Allí había quedado algo como fantasmal”, reconoció el Premio Nacional de Fotografía 2015, quien apeló a la huella de la mirada, “tanto descriptiva como simbólica”, allí depositada. “La memoria es el eje fundamental de mi trabajo”, agregó.

El año y medio que pasó visitando y recorriendo el Hospital de Denia es lo que exhibe Mira Bernabeu. No es la visión de pacientes y familiares, sino la más periférica centrada en lugares, objetos e incluso personal hospitalario que suelen pasar desapercibidos. Se empapó tanto de aquella atmósfera marginal, que tuvo que contener las sucesivas memorias que le venían a la mente, tras penetrar, por ejemplo, en un quirófano: “Mantener la cabeza fría  para no dejarte llevar por esa parte más macabra y emocional”.

Instalación en la muestra 'Al hilo de...la fotografía'. Imagen cortesía del E CA de Riba-Roja.

Instalación en la muestra ‘Al hilo de…la fotografía’. Imagen cortesía del E CA de Riba-Roja.

La subversión íntima es el trabajo que muestra Ángel Marcos, fruto de su participación en la Bienal de Venecia de 2013, en cuyo proyecto colaboró DKV Seguros a través del programa DKV Arteria.  “Mi trabajo incorpora los mecanismos de los poderes”, refiriéndose a los rabos de lagartija que sueltan estos reptiles “para escapar del peligro y volver tiempo después con todo su esplendor y estrategia”. Su obra explicó que se situaba en el “campo del afecto, esa memoria que fotografío para no olvidar”. Los interiores de las casas de sendos barrios de su natal Medina del Campo son objeto de su cadenciosa mirada.

“Los fotógrafos tenemos el compromiso de registrar y documentar la realidad”, señaló Castro Prieto, alejándose del “mero ejercicio estético”, sin abandonar por ello el concepto de belleza: “No entiendo el arte feo”, remarcó quien intenta “decir las verdades de forma poética”. Verdades que afloran en las obras de los cinco fotógrafos de distinta manera. Más palpable o documental en el caso de Gervasio Sánchez  y Ana Palacios, con sus trabajos sobre los campos minados y los albinos, respectivamente, más archivístico e incluso grupal en Bernabeu (“para mí la memoria es sinónimo de archivo y el archivo puede ser bello”), y más estrictamente poético en Castro Prieto y Marcos.

De izda a dcha, Paco Caparrós, Robert Raga, Alicia Ventura. Imagen cortesía del E CA de Riba-Roja.

De izda a dcha, Paco Caparrós, Robert Raga, Alicia Ventura, Castro Prieto, Mira Bernabeu y Ángel Marcos. Imagen cortesía del E CA de Riba-Roja.

“Cuando aludo a la memoria aludo a la resistencia”, afirmó el artista vallisoletano, que dijo utilizar esa memoria para trabajar. Preguntados por el tan cacareado compromiso de los artistas, apuntó que le preocupaba la “excesiva narrativa” de muchos proyectos: “Con esa literalidad, pienso que se está abusando”. Castro Prieto puso en cuestión la relación entre compromiso y denuncia, aduciendo a su trabajo en torno a las sociedades que se va encontrando: “Eso es compromiso, pero yo no denuncio nada”. Bernabeu solo pidió que el artista fuera “coherente con su propia personalidad”.

“Yo diría que el verdadero compromiso de todo artista es la defensa del arte y la cultura”, añadió Alicia Ventura. “El arte y la cultura son la clave en la que tendrían que ponerse de acuerdo todos los partidos políticos”, aseguró Caparrós. Robert Raga, alcalde de Riba-roja, se congratuló por ello, agradeciendo a los fotógrafos su trabajo: “La política es un espacio de libertad y de honestidad, para que quien sabe haga las cosas”. “Esta exposición es muy pedagógica”, concluyó la comisaria, no sin antes subrayar que los puntos suspensivos del título de la exposición era su manera “de invitar al espectador a que lea entre líneas”.

Salva Torres

Grandes ciudades a simple vista

Travel Art, de José Juan Gimeno
Galería Alba Cabrera
C / Joaquín Costa, 4. Valencia
Hasta el 13 de enero de 2019

Dice Italo Calvino en ‘Las ciudades invisibles’ que todas las bellezas que el viajero ya conoce, por haberlas visto también en otras ciudades, pueden adquirir, bajo una atenta mirada, el esplendor de lo visto por primera vez. Y cuando eso sucede, uno “se pone a envidiar a los que ahora creen haber vivido ya” un día igual a éste “y haber sido aquella vez felices”. Las ciudades que José Juan Gimeno muestra en la Galería Alba Cabrera poseen ese mismo misterio que salta a simple vista, a condición de detenerse ante ellas más allá de la urgencia del turista.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición 'Travel Art'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición ‘Travel Art’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Por eso resulta apropiado el título de la exposición: Travel Art. Es decir, viaje y arte en franca comunión reveladora de lo que ocultan las grandes ciudades. En este caso, Nueva York y Maryland. Porque lo que diferencia al turista del viajero es precisamente la mirada atenta de éste, frente a la monótona de aquel, más preocupado por captar la imagen que atestigüe su paso por esa ciudad de postal, que de imbuirse de su misterio. Un misterio que Gimeno atrapa en sus cuadros leyendo, como se leen las líneas de una mano, las huellas de las casas de Maryland y las fachadas de Nueva York.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición 'Travel Art'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición ‘Travel Art’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Como señala el propio artista, él parte de fotografías tomadas en esas ciudades para después irse olvidando de ellas. Hasta el punto que el referente, sin duda obvio para la mirada del turista, alcanza de pronto la singularidad de lo visto por primera vez, a la que alude Calvino. De la fotografía, pues, a la pintura. De la más estricta figuración, a la más inquietante percepción de un paisaje urbano deshabitado y en el que parecen aflorar ciertos fantasmas.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición 'Travel Art'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición ‘Travel Art’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Resulta a este respecto igualmente apropiado el diálogo entre las obras en color, referidas a Nueva York y Maryland, y las difuminadas en blanco y negro, que aluden al encuentro con personas y detalles del viaje. Los fantasmas de las casas y fachadas estrechamente vinculados a esos otros diríase más explícitos, por la evocación sugerida en la tonalidad de grises. Fantasmas inscritos en las sombras de los bajos edificios de Maryland y en las fachadas de la gran metrópoli neoyorquina.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición 'Travel Art'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición ‘Travel Art’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Ximo Rochera, escritor y fundador de ediciones Canibaal, apunta en el texto que acompaña a la exposición otro detalle: “En la actualidad dejamos constancia de nuestros viajes en las redes sociales. Para José Juan Gimeno esto no es así”, ya que la muestra es “un cuaderno de viaje”, que “nos transporta junto a él en un recorrido apasionante”. Por eso incluye ciertos iconos en sus obras, a modo de guiño irónico que alude a la forma en que nos recomiendan ciertos alojamientos en las páginas de viajes. Las redes sociales interfiriendo la belleza plástica de los lugares sin duda contaminados por esa mirada turística.

Los cielos más bien apagados, de un azul y un gris mortecino, contrastan con las fachadas coloridas. Aún así, hay algo inquietante en todas esas casas y edificios. Como si el color no pudiera suplir la nostalgia que supuran esos paisajes deshabitados. Como si el exterior evocara los fantasmas interiores que nos asolan a quienes habitamos un mundo agitado al tiempo que vacío. A ese vacío se asoma José Juan Gimeno, tratando de llenarlo con la poesía que destila su pintura.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición 'Travel Art'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición ‘Travel Art’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres

Tic-Tac, la hora del teatro valenciano

Tic-Tac, de Carles Alberola, Pasqual Alapont y Rodolf Sirera
Teatro Principal
C / Barcas, 15. Valencia
Hasta el 20 de enero de 2019

Es un texto escrito a seis manos, entre los dramaturgos Carles Alberola, Pasqual Alapont y Rodolf Sirera. Un texto cuyo título Tic-Tac se ha convertido en metáfora de lo que el Institut Valencià de Cultura (IVC) y la Diputación de Valencia pretenden que sea el teatro público en la Comunidad Valenciana. “Es un ejemplo de producción pública, pero no debería ser el único ejemplo”, resaltó Sirera. “No como un espectáculo aislado, sino como proyecto cultural que se ha de completar en los próximos años”, recalcó, proponiendo como bases de ese teatro público “repertorio, repertorio y repertorio”, además de obras “de gran producción y de autores contemporáneos”.

Rodolf Sirera expuso esas líneas como profesional del sector teatral al que las instituciones públicas, dijo, “debería consultar”, para confeccionar ese futuro plan de las artes escénicas. Ahí quedó eso. Enseguida reaccionó Rosa Pérez Garijo, diputada de Cultura, para decir: “Soy una intrusa y, por tanto, hay que escuchar a los profesionales. Y eso es lo que estamos haciendo”, señalando a Josep Policarpo, al frente del Teatro Escalante de la Diputación. Abel Guarinos, director del IVC, reconoció también que esa era la línea: “A grandes líneas, será lo que ha dicho Rodolf [Sirera]”.

Responsables del espectáculo Tic-Tac durante su presentación  en el Teatro Principal de Valencia. Imagen cortesía del Institut Valencià de Cultura.

Responsables del espectáculo Tic-Tac durante su presentación en el Teatro Principal de Valencia. Imagen cortesía del Institut Valencià de Cultura.

Todo ello en el marco de la presentación del reestreno de Tic-Tac en el Teatro Principal de Valencia, cuyo ejemplo viene a marcar la hora de ese impulso de la escena pública valenciana, al ser “el musical más visto de la historia del teatro público valenciano, que si bien no se remonta a las cuevas prehistóricas, lo cierto es que ha gozado del favor del público”. No solo eso, sino que también ha recibido el favor del sector al recibir, entre otros galardones, el de Mejor Espectáculo Musical en los Premios Max. La creación “100% valenciana” ha costado a las arcas públicas 270.000 euros.

Noèlia Pérez, que junto a Josep Zapater ha firmado la banda sonora de Tic-Tac, se congratuló del éxito del espectáculo, subrayando igualmente lo que todavía faltaba por hacer para culminar tan triunfal recorrido: “Hay que exportarlo”. “Como los caquis”, añadió Zapater. Pasqual Alapont salió al quite para completar la reflexión: “Esperemos que la exportación sea mejor que la de los caquis, porque la agricultura no está para echar cohetes”. Y ya más en serio explicó que, a pesar del éxito, “el teatro trabaja para un solo espectador”, señalando cómo “a partir de la ficción, que no alienación, la obra es la vacuna que nos hace vivir”.

Tic-Tac. Imagen cortesía del Institut Valencià de Cultura.

Tic-Tac. Imagen cortesía del Institut Valencià de Cultura.

¿Cuáles son los ingredientes de esa vacuna? “Es un texto interesante de contenido y de forma”, destacó Guarinos. “Tiene la magia del teatro y de la ficción”, resaltó Noèlia Pérez, que también avanzó algunos de los cambios introducidos en el espectáculo que después del Principal de Valencia irá al de Castellón: “”El deber de un artista es que si crees que hay algo a mejorar tienes que hacerlo. Y cuando los profesionales que protagonizan el espectáculo crecen has de ir a la par, de ahí que hayamos dado más contundencia al número final, porque nos lo pedía”.

¿Y por qué Tic-Tac? Guarinos desveló que al principio se barajó la posibilidad de otro título: “Mai no caminaràs sol”. Alapont explicó que los títulos se suelen poner in extremis “por la presión del productor”. Y, tras la ironía, señaló que el título era perfecto porque simbolizaba el espíritu del espectáculo: “Está la redención [entre un padre y un hijo] y la urgencia por parte del protagonista principal de aprobar cierta asignatura sentimental. Es bonita metáfora de la urgencia para vivir y ser felices”. Porque Tic-Tac, como apuntan sus responsables, “es un musical sobre la necesidad de la ficción en nuestra vida, aquel territorio mágico donde los sueños se hacen realidad”.

Un total de 14 intérpretes, entre los que están los propios Carles Alberola, Noèlia Pérez y Josep Zapater, llevan a cabo tan difícil misión. Detrás de ellos, un amplio equipo técnico sostiene la tramoya de un espectáculo que estará en el Principal más de un mes. “Cinco semanas en un teatro es una locura, pero es una sana locura”, subrayó Guarinos, quien emocionado con la obra musical (“la he podido escuchar en el coche y he llorado de emoción”) sentenció: “Está a la altura de cualquier musical de Madrid o de Broadway”.

Escena de Tic-Tac. Imagen cortesía del Institut Valencià de Cultura.

Escena de Tic-Tac. Imagen cortesía del Institut Valencià de Cultura.

Salva Torres

250 años de la Academia resumidos en La Nau

De ayer a hoy. 250 años de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos
La Nau
C / Universitat, 2. València
Hasta el 17 de febrero de 2019

Son muchos años atesorando arte. De hecho, la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos fue creada en 1768 y, desde entonces, ha ido acumulando obras hasta alcanzar las más de 15.400 que integran actualmente su patrimonio. 250 años resumidos en La Nau de la Universitat de València mediante la exposición De ayer a hoy. Muestra que reúne obras de 25 artistas de los siglos XVIII y XXI, para contrastar lo antiguo y lo moderno como signo de la vitalidad que todavía hoy posee tan centenaria institución.

“En el año 1754 un grupo de artistas valencianos, asumiendo el espíritu de la Ilustración, decidieron reunirse para crear una Academia de Bellas Artes, con la finalidad de sistematizar la enseñanza de las distintas disciplinas que, hasta el momento, se seguían desarrollando en los talleres y en los obradores”. Manuel Muñoz y Román de la Calle son los comisarios de una exposición que ilustra, como entonces, la vitalidad de una Academia que, a pesar de los años, no envejece. De ahí que las obras antiguas, de artistas como José Vergara, Benito Espinós, José Puchol o Jerónimo Martín, apenas languidezcan al lado de las más contemporáneas de Carmen Calvo, José María Yturralde, Amparo Carbonell, Joan Cardells, José Saborit o Aurora Valero.

Vista de la exposición 'De ayer a hoy', en La Nau.

Vista de la exposición ‘De ayer a hoy’, en La Nau.

Obras que han podido ser reunidas en fructífero diálogo gracias al empeño de la propia Academia, que las ha ido acumulando y salvaguardado, procedentes de sus profesores y alumnos, junto a las donaciones de los valencianos. Que la exposición se celebre en la Sala Acadèmia no deja de ser un guiño de La Nau de la Universitat de València que la acoge, fruto del convenio firmado entre ambas instituciones con motivo de su 250 aniversario. Un “homenaje al espíritu y al trabajo de sus fundadores”, mostrando así “testimonio de su pervivencia como institución de amplia utilidad para la sociedad valenciana del siglo XXI”, subrayan sus comisarios.

La muestra se divide en dos partes para hacerse cargo del rico legado actualizado. En la primera, los maestros del siglo XVIII ya anticiparon el carácter moderno de la institución, asumiendo el “academicismo ilustrado” para desprenderse de “las hipérboles postbarrocas precedentes” mediante “el orden y la razón”, según apuntan lo comisarios En la segunda parte, son artistas como Calvo, Mestre, Yturralde, Valero, Michavila o Carbonell, por citar algunos ejemplos, los que insisten en esa capacidad creadora que vincula el pasado centenario con el presente y el futuro. Presente exhibido en la muestra De ayer a hoy, pero que tiene su prolongación en el Museo de la Ciudad, con la selección de obras pertenecientes a los 20 años del Premio Nacional de Pintura creado por la Academia para perpetuar su legado.

Vista de la exposición 'De ayer a hoy', en La Nau.

Vista de la exposición ‘De ayer a hoy’, en La Nau.

La intención de Real Academia de Bellas Artes de San Carlos es continuar mostrando su rico patrimonio “en sucesivas bienales”. Lo hacen “con la finalidad de acercar más sus fondos y sus experiencias al servicio de una comunidad de la que es deudora y en la que siempre nuestra institución se ha sentido profundamente arraigada”. Un plano de Vicent Gascó de 1767, en el que se recogen las aulas de la antigua Academia, sirve de punto de arranque del recorrido expositivo a modo de brújula.

Josep Vergara, con su autorretrato, el aguafuerte de Rafael Esteve, la decoración de una biblioteca pública obra de Gerónimo Martín, junto a las pinturas de Benito Espinós, Francisco Alberola, José Puchol o Joaquín Llop, conviven con esculturas, fotografías (José Aliexandre y Joaquín Collado), videos y otras pinturas actuales que se salen del academicismo inaugural. Como apuntó Manuel Muñoz al hilo de la exposición del Museo de la Ciudad, la radiografía de estas obras más contemporáneas revelaría una “foto fija de algo que es inestable, de una modernidad mutante”. Modernidad donde “va todo más deprisa” y que dificulta el establecimiento de un rasgo común. De ahí que los estilos artísticos “se vayan alternando, incluso en la propia biografía del autor”.

Vista de la exposición 'De ayer a hoy', en La Nau.

Vista de la exposición ‘De ayer a hoy’, en La Nau.

Así, entre los autores del siglo XXI tan pronto pasamos del academicismo actualizado de Rafael Armengol  con su De Tiepolo, Venus y Cronos, al desgarro de la infancia de Carmen Calvo en su Anar als meus vint anys, pasando por la cósmica expresión de Nassio Bayarri o la Augusta y muy expresionista obra de Aurora Valero. Las fotografías en blanco y negro de Aleixandre, con la provocadora Cicciolina recibiendo la insignia de la falla Na Jordana, o de Collado, ponen el contrapunto a ese diálogo entre antigüedad y modernidad.

La exposición De ayer a hoy, 250 años de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos está organizada por el Vicerrectorado de Cultura de la Universitat de València y la propia Academia, permaneciendo en La Nau hasta el 17 de febrero. Dos intensos meses para adentrarse en los entresijos de una institución que inauguró la muestra con un concierto Homenaje a Matilde Salvador, con Carmen Calvo, Aurora Valero, Amparo Carbonell y Pilar Roig como representantes de la cambiante actualidad.

Vista de la exposición 'De ayer a hoy', en La Nau.

Vista de la exposición ‘De ayer a hoy’, en La Nau.

Salva Torres

Las urgencias e insurgencias de PAM! PAM!

V Edición del Festival PAM! PAM!
Atarazanas
Plaza Juan Antonio Benlliure, s/n. València
Hasta el 6 de enero de 2019

Cultura emergente. Tal es el lema de la quinta edición de PAM! PAM!, proyecto de la Universitat Politècnica de Valencia que da a conocer el trabajo de los alumnos de los Máster en Producción Artística, Artes Visuales y Multimedia. Cultura emergente que, como señala su comisario José Luis Clemente, tiene que ver con la idea de “emergencia, de urgencia en la que se debate la cultura, y también con lo que surge de nuevo”. Fiel a ese espíritu, que atraviesa al proyecto mismo, también él sometido a la incertidumbre y la urgencia de no saber últimamente dónde recalará, los nueves jóvenes artistas seleccionados, de entre un total de 72 trabajos, exponen sus obras en Atarazanas hasta el 6 de enero.

Durante las tres primeras ediciones, PAM! PAM! fue acogido en el Centre del Carme, hasta que ciertas desavenencias por el espacio a ocupar llevó a sus responsables a buscar otro lugar. Lo encontró el pasado año en el IVAM, donde los diez artistas seleccionados ocuparon el hall, los pasillos y otros rincones del museo alejados de las salas convencionales. “Es una especie de ginkana de arte emergente”, tal y como describió Clemente esa cuarta edición. Ginkana que ha dado paso este año a un despliegue fastuoso por la gran nave del edificio de Atarazanas, de nuevo un reto para los jóvenes artistas a la hora de expresar lo que llevan dentro.

Obras de Juande Morenilla. Imagen cortesía de PAM! PAM!

Obras de Juande Morenilla. Imagen cortesía de PAM! PAM!

“Si fuera PAM solo, le faltaría algo. De ahí que la relación con esto sea tan necesaria, porque les obliga a una profesionalización de su trabajo, al tener que salir del recinto universitario a exponer sus obras”, explica Clemente. “Esto de ser artista no es fácil, porque están sometidos a un escrutinio”, añade el comisario. Escrutinio de un conjunto de obras desplegadas por el interior de Atarazanas, a modo de bengalas con las que iluminar el siempre oscuro porvenir de la cultura, a pesar de las continuas llamadas acerca de su necesidad. Como ésta de André Malraux: “La cultura es la suma de todas las formas de arte que han permitido al hombre ser menos esclavizado”.

Algunas de esas formas se pueden ver en la exposición Cultura emergente. “Son obras que se pretende sean representativas de lo que sucede hoy mismo en el mundo del arte. Es muy panorámica”, señala Clemente. Abarca desde pintura a fotografía, pasando por instalaciones y videos. Y los temas, aunque variados, terminan reflejando esa urgencia e insurgencia a la que alude la temática de este año, en forma de conflictos en torno a la identidad, la imagen y la muerte, unas veces manifiesta y otras latente, en tonos poéticos o más irónicos.

Obras de Kateryna Borovschi. Imagen cortesía de PAM! PAM!

Obras de Kateryna Borovschi. Imagen cortesía de PAM! PAM!

Juande Morenilla, por ejemplo, se hace cargo de esa relación con cierta naturaleza mortífera, tomando como referencia la película Deep Blue Sea, el tiburón que la protagoniza, junto a una serie de bosques con hachas y sierras que amenazan con destruirla, utilizando una desbordante imaginación sarcástica. La muerte, en forma de ataúd rosa cubierto de flamencos igualmente rosas, también está presente en el trabajo kitsch de Valerie Oleshchenko titulado #Lovesourface. Mireia Donat alude directamente a la Morgue en su obra caracterizada por lo amorfo, sin duda producto de la extrañeza que el cuerpo muchas veces nos produce. Podríamos hablar de La metamorfosis de Kafka, pero también de El hombre elefante de David Lynch.

Obras de Laura Palau. Imagen cortesía de PAM! PAM!

Obras de Laura Palau. Imagen cortesía de PAM! PAM!

A esa identidad confusa se refiere Kateryna Borovschi, con su trabajo elocuentemente titulado La ambigüedad: el individuo en un espacio virtual. En él, la artista habla de Internet como un “laboratorio de experimentación de la identidad humana”. Raúl Lorenzo, en otro registro más histórico, se enfrenta a la ilegibilidad de los textos una vez pasado el tiempo, mediante las partes de un mural fragmentado en la obra Heee. “Pretendo suscitar una poética de la ruina”, señala el artista. Sutileza que comparte Laura Palau con su instalación Observatorio y la serie de fotografías que la acompañan, tomadas de una serie de capturas en el interior de cajas de abejas a modo de cámara oscura. “Me interesa más la luz, que el rastro que deja”, afirma Palau.

Obra de Alejandro Granero. Imagen cortesía de PAM! PAM!

Obra de Alejandro Granero. Imagen cortesía de PAM! PAM!

Patricia Cadavid habla de la hispanidad a través de documentos de su archivo personal, en una videoinstalación que hurga en cierta identidad nacional, con esta rúbrica: En los márgenes del adiestramiento. La España humanista y la científica se enfrentan en la pieza Herreros y alquimistas, de Daniel Álvarez, con una serie de cuadros de “líneas góticas y pinceladas orgánicas”. Inquietante, a pesar de su carácter constructivo, racional y arquitectónico, es la obra de Alejandro Granero, cuyos espacios guardan ecos del cineasta Michelangelo Antonioni, quien dijera: “Muchas veces para entender, tenemos que mirar al vacío”.

Obras de Juande Morenilla. Imagen cortesía de PAM! PAM!

Obras de Juande Morenilla. Imagen cortesía de PAM! PAM!

Salva Torres

Andreu Alfaro, como nunca

Alfaro. Laboratorio de forma escultóricas
Fundación Bancaja
Plaza de Tetuán, 23. Valencia
Hasta el 3 de febrero de 2019

“Esta es la exposición más ambiciosa que se ha presentado nunca, para dar a conocer al público ese aspecto experimental e íntimo de Alfaro”, a quien Tomás Llorens, comisario de la muestra junto a Boye Llorens, calificó como “uno de los más importantes escultores del siglo XX”. Las 89 piezas de que consta la exposición Alfaro. Laboratorio de formas escultóricas, que la Fundación Bancaja acoge hasta el 3 de febrero de 2019, ilustran su larga trayectoria comprendida entre los años 1958 y 2000. Una trayectoria marcada por “su apertura” a la hora de “inventar continuamente nuevas formas y de experimentar con materiales”, destacó Llorens, para quien Andreu Alfaro (1929-2012) era un escultor de una imaginación inagotable.

La fascinación que profesó por el novelista y dramaturgo alemán Goethe puede servir para dibujar el perfil del propio Alfaro, según explicó Llorens: “Vio en él esa combinación entre instinto y razón, esa dicotomía tan marcada y tan fascinante, que le permitió reconocer algo que estaba en su propia personalidad”. Esa “curiosidad infinita”, agregó el comisario, la percibió igualmente “en Joan Fuster como trasunto de Goethe”. El considerado padre del romanticismo acuñó esta frase también reveladora de la trayectoria de Alfaro: “La vida pertenece a los vivos y el que vive debe estar preparado para los cambios”.

Vista de la exposición 'Alfaro. Laboratorio de formas escultóricas' en Fundación Bancaja.

Vista de la exposición ‘Alfaro. Laboratorio de formas escultóricas’ en Fundación Bancaja.

Cambios que constituyen otro de los rasgos definitorios del escultor valenciano. “Es un artista difícil de categorizar, de etiquetar, y, como se sale de ellas, los críticos, que suelen ser muy rutinarios, no pueden seguirle. Todos los virajes y exceso de creatividad a lo largo de su trabajo son difíciles de asimilar por la crítica”. Y Tomás Llorens fue enumerando, de forma pausada y exhaustiva, cada uno de esos cambios o virajes. “En su primera etapa, que coincide con el ecuador del franquismo, practica una experimentación formal, sintáctica, que enlaza con la tradición constructivista”.

Luego, a comienzos de los 60, Andreu Alfaro, siempre según el comisario, “da un giro en el que a la dimensión formal añade un componente de compromiso con la comunidad”. Y eso se manifiesta en sus “emblemas”, sintetizados en sus famosas generatrices o “superficies regladas conocidas en el ámbito de la ingeniería” y a las que Alfaro les otorga de una “expresión más elegante”. A partir de los 70, sus esculturas públicas eran muy aceptadas, “pero su imaginación iba mucho más allá”. De ahí que pasara “de la tradición abstracta del siglo XX” a preocuparse “por los antecedentes de la escultura europea, sobre todo el barroco”.

Boye Llorens, hijos de Andreu Alfaro, Rafael Alcón y Tomás Llorens. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Boye Llorens, Andrés y Anna Alfaro, Rafael Alcón y Tomás Llorens. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Es en ese momento cuando se interesa por el universo de Goethe, recogido en la exposición, al igual que su serie en torno al jazz y los ángeles, para concluir en el contra minimalismo de finales de los 80 y 90. ”Se hace escultor historicista”, ahondando en la “sencillez y simplicidad del arte moderno”, pero “recuperando la riqueza del pasado histórico”. Un nuevo viraje en su abracadabrante trayectoria que da lugar a otro estimulante cambio, el que va “del objeto contemplado a la escultura pensada para apoderarse del espectador, obligándole a participar de su propio juego mediante trucos de perspectiva”, explicó Llorens.

“Ahí llega la imaginación de Alfaro a su punto de máxima intensidad”, subrayó el comisario. Andrés Alfaro, hijo del escultor, reconoció haberse emocionado con el montaje de la exposición, porque sentía como si “estuviera controlada por mi padre, al haber captado su espíritu”. Espíritu cifrado en la disposición de las piezas, precisamente ubicadas “para ser visibles desde todos los ángulos”. Una visibilidad ampliada en la escultura Homenaje a Platón instalada frente a la fachada de la Fundación Bancaja, obra de gran formato que contrasta con las de menor tamaño del interior de la exposición, que completa el audiovisual Visión urbana de Alfaro, dirigido por Vicente Tamarit y producido por Mediterráneo Media Entertainment y Marben Media.

Esa dimensión mediana y pequeña de la muestra es la que evoca el Laboratorio de formas escultóricas del título. Una mirada íntima y cercana de la obra de Alfaro, que permite al espectador sumergirse en su taller, brevemente subrayado mediante una treintena de maquetas o bocetos experimentales realizados con materiales frágiles. Más de 40 años de trabajo caracterizados por esa imaginación desbordante de la que habló Llorens, causa de su necesidad perentoria de cambios. Cambios que responden “a una imperiosa creatividad, generosidad y entrega en su obra”, enfatizó el comisario.

Vista de la exposición 'Alfaro. Laboratorio de formas escultóricas' en Fundación Bancaja.

Vista de la exposición ‘Alfaro. Laboratorio de formas escultóricas’ en Fundación Bancaja.

Salva Torres

“Todos los artistas hacemos autorretrato”

‘Embody’, entrevista a Elvira Carrasco
Galería Mark Hachem
28 Place des Vosges, París
Del 18 al 28 de diciembre de 2018

La artista Elvira Carrasco, nacida en Cuenca pero afincada en Valencia, proviene de una familia donde la influencia cultural fue una constante desde que era pequeña. Decidió estudiar Historia del Arte pero en los últimos años su faceta artística ha resurgido y, a partir de su formación fotográfica en Londres, entró en la escena artística con su característico ‘Faces project’. Este proyecto llama la atención por lo versátil y colorido, así como por la aplicación del “conócete a ti mismo”. Su obra puede encontrarse en distintas galerías repartidas por la geografía española e internacional. En Valencia, sus obras puedes encontrarse en la Galería Maika de Valencia. Si bien Elvira produce su su obra principalmente en Valencia, tiene una gran repercusión en el extranjero, contando con el apoyo de galerías extranjeras como Mark Hachem, donde se expondrá su obra con motivo de la exposición ‘Embody’. Makma contacta con ella para acercarse un poco más a su producción.

Sé que probablemente es una pregunta que te hacen mucho pero ya que me gustaría empezar por tus estudios, ¿cómo influye a la hora de tomar referentes en tu producción el hecho de ser Historiadora del Arte?

Influye de manera muy contundente. Por supuesto, un rico y amplio conocimiento de la Historia del Arte, te ayuda a poder crear algo nuevo partiendo de tus predecesores e incluso contemporáneos. Me he dedicado durante, los años previos a “Faces Project”, a estudiar a fotógrafos creativos que me dieron una visión totalmente diferente de lo que para mí, hasta entonces, había sido la fotografía. Descubrí un mundo nuevo, lleno de posibilidades y quise, por supuesto, añadir mi granito de arena al mundo del arte con un proyecto innovador, que aportase algo distinto a lo ya conocido y realizado. Trabajé con varios proyectos hasta decantarme definitivamente por el actual y darle mayor protagonismo en mi carrera. Sin embargo, a pesar de estar más focalizada en fotógrafos en estos últimos años, cierto es que durante la carrera aprendí muchísimo sobre artistas, sus épocas, vivencias y producción; llamándome la atención numerosos de ellos, aunque no fue hasta que terminé mis estudios cuando me di cuenta de que yo quería formar parte de esta apasionante historia.

'Panacea'. Imagen cortesía de la artista.

‘Panacea’. Imagen cortesía de la artista.

En tu obra podemos ver como unes diversas técnicas (body painting, fotografía, dibujo…) para lograr un resultado final que, en realidad, aparenta ser muy improvisado…

En cada autorretrato doy una parte de mí. Ciertamente parece improvisado y, hay que darle rienda suelta a la improvisación, al nervio que te corre por el cuerpo a la hora de enfrentarte al “lienzo en blanco”, en este caso, mi rostro. Antes de comenzar cada obra, analizo y pienso qué colores quiero emplear, qué quiero transmitir a través de ellos y, no nos olvidemos, del papel tan importante que tiene la mirada en mis fotografías, te lleva a sentimientos y sensaciones placenteras o inquietantes. Juego con bocetos, anotaciones, composiciones de color. Pienso qué quiero conseguir y a dónde quiero llegar y después, el “nervio” o comúnmente llamado “genio creativo” hace su trabajo. No sé cómo explicar lo que se siente cuando vas a pintar o a crear algo, incluso a recitar un poema que sientes que te atraviesa el pecho… Es energía, vibración, miedo, angustia, frenesí y, el conjunto de todas esas emociones y sentimientos, ayudan a la ejecución de la obra.

Recientemente has empezado a trabajar la escultura en ‘Faces Project’, ¿cómo te estás enfrentando a este nuevo reto?

Pues con muchísima ilusión. Era algo que llevaba bastante tiempo pensando, dándole vueltas en mi cabeza para encontrar el mejor modo de conseguir esculturas para poder pintarlas como hago actualmente. Como suelo decir, son mis pequeñas joyas que produzco como complemento para seguir investigando “Faces Project” y materializar algo que, en mi rostro, acaba siendo fugaz. Además, esta técnica me permite también añadir complementos (ramas, huesos, collage…) a las figuras, lo cual me resulta extremadamente creativo y revitalizante.

Aunque la técnica cambie, el soporte siempre es el mismo: tu rostro. El uso del cuerpo y su experimentación en el arte está ligado muchas veces al concepto de identidad, ¿es este tu caso?

Considero que cuando un artista trabaja, ya sea consigo mismo o sobre un lienzo, está dándole al espectador (y por qué no, a sí mismo) un hilo del que tirar en cuanto a su personalidad se refiere. Todos los artistas hacemos autorretrato. Nuestras obras son parte de nosotros mismos, de nuestro interior y de nuestro propio mundo. Por supuesto que creo fielmente que los artistas nos cuestionamos cosas que para el resto del mundo seguramente pasen desapercibidas, tenemos dudas existenciales, cuestiones acerca de quiénes somos y por qué hacemos lo que hacemos para seguir vivos. El arte es un veneno que te ayuda a seguir hacia delante, es la mecha que enciende cada uno de nuestros días.

El autorretrato contemporáneo tiene muchas versiones. Por ejemplo, Cindy Sherman lo utilizó en su momento desde una perspectiva feminista, o Gillian Wearing con sus máscaras para mostrar la sociedad actual oculta; ¿te interesa explotar el autorretrato desde varias perspectivas?

Me interesa el autorretrato en todas sus versiones. Recuerdo que fui al IVAM de Valencia a ver la exposición que se hizo de Gillian Wearing y quedé realmente fascinada. Es una gran artista, me transportó a otro mundo, algo que grabo con gran ilusión dentro de mí. Incluso recuerdo la escultura de una de sus manos, también recuerdo los vídeos en los que la gente hablaba de sus miedos, inseguridades y preocupaciones, siempre dentro de una máscara que tapase su identidad. Creo que tanto Wearing como Sherman han abierto un gran debate en cuanto al autorretrato se refiere. Yo, sin embargo, podría hablar del autorretrato como soporte, como lienzo, dándole también valor a la obra de Yves Klein cuando utilizaba a esas mujeres llenas de pintura para sus creaciones. Lo tomo como el lienzo sobre el que expresaré con abstracción, forma y color, un mundo de posibilidades. Sin embargo, hay algo en lo que sí quiero hacer énfasis y es el uso de la mirada como referente, punto de encuentro entre el espectador y yo, de conexión mutua, como podría verse en los ojos de cualquier personaje de un museo, atravesando el lienzo.

'The Garden'. Imagen cortesía de la artista.

‘The Garden’. Imagen cortesía de la artista.

Hay algo de performático que, unido al concepto de lo efímero, hace que ‘Faces project’ pueda interpretarse desde lo multidisciplinar…

El proyecto abarca diferentes disciplinas artísticas. Se trata de una performance oculta al público, desde la soledad e intimidad de mi estudio, que se materializa en forma de fotografía. La pintura del rostro acaba formando parte del olvido, muy a mi pesar, y cambia de estado del propio cuerpo al soporte fotográfico. Sin embargo, todo este proceso, para mí, es un ritual, un momento en el que me encuentro sola conmigo misma, delante de diferentes pinturas, pigmentos y colores con los que realizaré un baile para conseguir mi objetivo final, el momento en el cual decido que la obra está preparada para ser fotografiada. A pesar de dicha soledad, sí que me planteo hacer performance delante de un público, algo que espero no tarde mucho en producirse.

¿Puedes adelantarnos algo de tus próximos proyectos?

Ahora mismo estoy ultimando detalles antes de empezar el nuevo año. 2019 viene cargado de viajes y nuevas exposiciones importantes para mi carrera, además de ferias de arte. Milán, Taiwán, Barcelona o Nueva York son algunas de las ciudades que puedo adelantar. En cuanto a ‘Faces Project’, sigo investigando cada día una nota nueva, sé que en mi cabeza todavía quedan miles de melodías por tocar y es eso lo que al final continúa moviendo mi motor.

¿Qué opinas sobre el panorama actual artístico?

El arte actual está colmado de sabiduría y experiencias. Los artistas más jóvenes nos movemos en los mundos de la tecnología y las redes sociales, lo cual nos permite exponer nuestro trabajo de forma eficiente. Miles y millones de personas estamos conectadas a través de aplicaciones en las que subimos nuestras creaciones para que un porcentaje elevado de gente pueda saber qué hacemos, cómo y por qué. El mundo está cada vez más globalizado, tendemos a unirnos cada vez más. Considero que, el estudio incansable de la Historia del Arte (desde sus inicios hasta hoy) llena de posibilidades una esfera que necesita artistas nuevos, apasionados y hábiles para llegar a las grandes galerías del mundo. Me considero afortunada por estar entrando en este bucle, tan importante a la vez que sufrido, en el que todo se convierte en una lucha constante del propio ser humano.

El giro constante del planeta nos lleva a los artistas a producir, pensar, viajar, distribuir y, poco a poco, crear una atmósfera reconocible y seria que pueda ser entendida por el público en general.

'Rock Gold'. Imagen cortesía de la artista.

‘Rock Gold’. Imagen cortesía de la artista.

Con esta reflexión sobre la hiperconexión actual y su ya inevitable incursión en gran cantidad de producciones artísticas, Elvira Carrasco presenta su personal proyecto ‘Faces project’ haciendo hincapié no solo en la parte técnica, sino en aquella que explora sus inquietudes, profundizando en la historia de la retratística y siempre con nuevos proyectos en mente. Para más información, se puede consultar su web www.elviracarrasco.com

María Ramis.

Cantos rodados de muerte y de vida

Mercurio entre los dedos. Piedras calaverinas, de Sebastián Nicolau
Prólogo de Alfonso de la Torre
Museo de la Ciudad
Plaza del Arzobispo, 3. Valencia
Martes 18 de diciembre de 2018, a las 19.30h

Dice el filósofo Fernando Savater que la novela moderna está orientada por la muerte, mientras que la narración clásica sirve de orientación en la vida. “A fin de cuentas, la muerte no sabe más que desmentir a la vida”, subraya el autor de La infancia recuperada. Por eso apunta que la novela es un género desesperado, frente a la narración como género esperanzador. “En la narración, la muerte está siempre presente, pero nunca es necesaria ni en modo alguno dispensadora de sentido”. Y añade: “El sentido es cosa de la vida, es la vida misma y por ello es la vida quien puede dar sentido a la muerte, nunca viceversa”.

Mercurio entre los dedos. Piedras calaverinas, de Sebastián Nicolau, se halla en esa estela. Reúne en sus páginas una selección de piedras con forma de calavera, que el artista ha ido recogiendo durante los ocho últimos años de sus paseos por la playa de Corinto en Sagunt. Las fotografió en un principio sin otra finalidad que la de apreciar los infinitos rostros que el azar ha ido esculpiendo de tanto rodar y rodar. “No sé por qué pero sólo unas pocas parecen mirarme desde el suelo. Piedras redondeadas con oquedades que recuerdan cuencas oculares, mandíbulas, bocas”, explica Nicolau.

Fotografía de una de las piedras calaverinas del libro 'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor

Fotografía de una de las piedras calaverinas del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor

Rostros imposibles que le obligan, casi sin querer, como sin querer fueron esculpidos, a inclinarse y recogerlos. Piedras que ha ido guardando, fotografiando “sin modificarlas ni intervenirlas”, dibujando a continuación “sobre su imagen el recuerdo sugerido”. El libro que presentará el próximo martes en el Museo de la Ciudad de Valencia reúne un buen puñado de las imágenes de esas piedras, relacionando sus identidades con textos, canciones, pensamientos, películas y libros. Relaciones que únicamente pretenden evocar “el concepto de finitud o, por quitarle cualquier dramatismo a la expresión, con el paso del tiempo, el transcurrir de los días”, apostilla Sebastián Nicolau.

La muerte, pues, está presente, muy presente en el libro, pero su autoridad queda supeditada al sentido de la vida que emana de las conexiones y los recuerdos. Y el más claro ejemplo de esa vitalidad existencial que recorre sus páginas se encuentra al poco de iniciarse el trayecto. Lo reconoce el propio autor en la introducción del ejemplar. Se trata del momento en que relaciona una de esas inquietantes piedras con una secuencia de Mad Men. A Don Draper, protagonista de la serie televisiva, se le aparece el difunto Bert Cooper, fundador de la empresa de publicidad en la que trabaja.

Piedras calaverinas del libro  'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Piedras calaverinas del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Y lo hace desde el más allá para recordarle, mediante una canción estilo Broadway, que lo más importante aquí es vivir la vida. “Un canto desde la muerte a la Joie de vivre [alegría de vivir]”, apunta Nicolau, aprovechando tal evocación para poner como frase bajo la piedra que la acompaña, la de Las mejores cosas de la vida son gratis, recogida en la propia canción entonada por el difunto Cooper. Por ejemplo, la luna y las estrellas, que son de todos. Así se van sucediendo las 191 páginas del libro, entre piedras calaverinas y sus correspondientes asociaciones artísticas.

“En esas páginas [22 y 23] está concentrada la esencia, porque está la vida, que es la del protagonista, la muerte, por el difunto que se le aparece, y en medio, el tiempo”. Además, prosigue Sebastián Nicolau, “tiene el sentido musical que recorre el conjunto del libro”, donde hay acordes cerrados que vienen a rematar la composición, y acordes abiertos que permiten relacionar con otras páginas y textos. “No hay nada trágico en el libro. Es muy vital”, remarca el artista, pintor y escultor valenciano con una dilatada carrera profesional.

Piedra calaverina del libro 'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Piedra calaverina del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

En todo caso, el posible sentido trágico del libro se debería más “a la cultura en que vivimos”, según su autor, que al propio espíritu del ejemplar editado por Makma y distribuido por Obra Propia. “Es cuestión de educación”, subraya. De ahí que la muerte, revelada a través de esas piedras con forma de calavera, comparezca como lo que es: la única certeza de la incierta existencia. Por eso las citas y vinculaciones artísticas ofrecen el sentido que la muerte destruye con su palmario destino. “Siempre me interesaron las pinturas de vanitas”, reconoce el autor, aludiendo al género pictórico “que representa la vacuidad de la existencia a través de elementos como el esqueleto o la calavera”.

Sebastián Nicolau, del mismo modo que privilegia la vitalidad frente al dramatismo del texto, también destaca la simple constatación de la vida, por encima de mensajes con carga moral. Por eso cuando dice que la temporalidad o finitud de la existencia es “un regalo que no debería desaprovechar” el espectador, aclara que está poniendo el énfasis en la pura “arqueología física, humana” del propio vivir. “Las vanitas se resumen en ese cráneo, la caja contenedora de lo que es la vida, que al final es lo único que nos queda porque después no hay nada”.

Piedras calaverinas del libro 'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Piedras calaverinas del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Mercurio entre los dedos hace igualmente alusión a ese tiempo que se nos escapa y que por mucho que lo intentemos atrapar se desvanece. El acto creativo, en el fondo, viene a suplir esa impotencia reinventando la realidad para dotarla de sentido. O para que tomemos conciencia de su finitud y la saboreemos. La referencia a la película No es país para viejos lo ilustra a la perfección, cuando el psicópata Tom Bell (Javier Bardem) hace que el responsable de una gasolinera se tenga que jugar a cara y cruz su vida. Esa moneda lanzada al aire ya no será una moneda más.

“Las piedras que aparecen en este libro son sólo piedras, sólo distintas si se las separa de las otras por alguna razón”, explica Nicolau. Sus largos paseos por la playa de Corinto recogiéndolas han dado lugar a esas evocaciones del tiempo que, “como el mercurio entre los dedos, se escurre de las manos tras iluminarnos por un instante y quedar atrás como un relámpago. Nada más”, concluye el autor de un libro en el que han sido referidos artistas como Mery Sales, Miguel Borrego, Chema López, Sebastiá Miralles, Joan Verdú, Ximo Amigó, Joan Cardells o Carla Fuentes, entre otros. Además de un amplio número de películas, libros, pinturas y canciones.

“Es un libro que se ha ido haciendo solo, más que escribiendo. Y en ningún momento lo planteé con una intención seria, filosófica o erudita”. Y Sebastián Nicolau se refiere a la naturalidad con la que se produce, por ejemplo, una ola polar. “La naturaleza no tiene intenciones, pero a ti te obliga a abrigarte. Lo mismo ocurre con este libro, que sin intención de establecer cargas profundas, a cada cual le impulsa a establecer sus propias relaciones”, concluye.

Piedra calaverina del libro 'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Piedra calaverina del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

“Con 10.000 exhumaciones no se puede mirar para otro lado”

Exhumando el silencio. Memoria, ciencia, identidad
Palau de Cerveró
Plaza Cisneros, 4. Valencia
Hasta el 11 de enero de 2019

De momento hay buenas palabras por parte del actual Gobierno de España, que se plantea realizar lo que denomina una “reforma integral” de la Ley de la Memoria Histórica. La ministra de Justicia, Dolores Delgado, avanzó recientemente la intención, en el marco de esa reforma, de establecer una serie de planes de búsqueda y exhumación de desaparecidos de la Guerra Civil. “Es inaceptable”, llegó a decir la ministra, “que España siga siendo el segundo país del mundo en números de desaparecidos después de Camboya”.

Inaceptable, pero machaconamente pospuesta en el tiempo una solución. Como se recuerda en uno de los apartados de la exposición ‘Exhumando el silencio. Memoria, ciencia, identidad’, en el Palau de Cerveró de la Universitat de València, “a pesar de la vigente Ley de la Memoria Histórica, los desaparecidos y represaliados tampoco constituyen un tema de Estado en pleno siglo XXI, estando muchas de las acciones de recuperación de su memoria condicionadas a arbitrariedades personales y políticas”.

Fotografía de la exposición 'Exhumando el silencio', en el Palau de Cerveró.

Fotografía de la exposición ‘Exhumando el silencio’, en el Palau de Cerveró.

Fuera del debate público, son las asociaciones privadas las que viene encargándose de escarbar en esa memoria con el fin de poder restañar viejas heridas. Como lo viene haciendo el Grupo Paleolab, impulsor de la muestra que hasta el 11 de enero permanecerá en el Palau de Cerveró, comisariada por Francesc-Xavier Duarte, Elisa García-Prósper y Manuel Polo, quien aborda la cuestión aportando un dato y una reflexión exclamativa: “Con 10.000 cuerpos exhumados en toda España no se puede mirar para otro lado”.

La exposición ofrece una “visión transversal científica de cómo se vienen exhumando los cuerpos”, señala Polo: “Damos una respuesta científica a la demanda social”, añade. De manera que la muestra lo que hace es acercar al ciudadano las técnicas de investigación objetivas encaminadas a esclarecer la identidad de los cadáveres, siempre por iniciativa de las familias que lo solicitan. “Somos un equipo interdisciplinar, independiente y que trabaja a demanda de los familiares. Y hay peticiones que son viables y otras no”, apunta el comisario.

Vista de la exposición 'Exhumando el silencio', en el Palau de Cerveró.

Vista de la exposición ‘Exhumando el silencio’, en el Palau de Cerveró.

A lo largo de los últimos 15 años, Paleolab ha participado en una treintena de proyectos y ha podido exhumar alrededor de dos centenares de víctimas y desaparecidos, gran parte de los cuales han sido identificados. ¿Gran parte? “Sí, claro, porque hay condicionantes, como la degradación del ADN, que impiden el reconocimiento de los cuerpos”. La exposición, estructurada mediante una docena de paneles, vitrinas con libros y un par de audiovisuales, va desgranando tanto las técnicas de investigación como describiendo los lugares y la problemática de los desaparecidos.

Así, hay paneles sobre el derecho a la verdad, los escenarios de la ocultación, los juicios sumarísimos, las fosas de la guerra, la represión y el maquis o, más estrictamente, sobre las técnicas de identificación. En uno de ellos se advierte que “exhumar no es identificar, solo supone una parte de un largo proceso de investigación, donde la figura ausente siempre es el Juez de Instrucción”. Y hablando de figuras ausentes, Polo pone el acento en las “políticas autonómicas desiguales, porque en Castilla y León, Andalucía o País Vasco se ha intervenido mucho, mientras que aquí en la Comunidad Valenciana apenas hay exhumaciones”.

Imagen de la exposición 'Exhumando el silencio', en el Palau de Cerveró.

Imagen de la exposición ‘Exhumando el silencio’, en el Palau de Cerveró.

Lo señalado por Manuel Polo queda constatado en uno de los paneles de la siguiente forma: “En el año 2011 el Grupo Paleolab, con la colaboración de la Asociación Gavilla Verde y con la financiación del Gobierno Central, realizó el mapa de fosas de la Guerra Civil y la dictadura franquista de la provincia de Valencia, sin el apoyo del gobierno autonómico [valenciano]”. El resultado de ese inventario arrojó la existencia “de, el menos, 172 puntos geográficos con fosas, de los cuales 55 se encuentran en el cementerio de Paterna”.

Un caso singular es el hallazgo en 2012 de la exhumación, en dicho cementerio de Paterna, de la saca de fusilados del 14 de septiembre de 1940, donde estaba un agricultor de Massamagrell (José Celda Beneyto), fusilado junto a otros 38 vecinos de su pueblo. Singular porque los restos de los cadáveres aparecieron junto a unas botellas que contenían los datos de cada víctima. “Los familiares pudieron pagar para que los enterradores introdujeran en el ataúd esas botellas identificativas. Es un caso excepcional, por su documentación, en la Comunidad Valenciana y, a nivel nacional, solo comparable en el País Vasco”, declara Polo.

A pesar de la intensa labor realizada por Paleolab, cuyas investigaciones aglutinan los informes periciales  de cada una de las ciencias forenses que participan (arqueología, antropología, patología, balística, genética), lo cierto es que, como reconoce Polo, “aún queda mucho trabajo por hacer”. Y, de momento, por la senda privada. “No forma parte de la política de Estado”, lamenta el comisario, a pesar de la elocuencia de los datos y la investigación científica: “Estamos en un punto sin salida”, concluye.

Fotografía de la exposición 'Exhumando el silencio'. Imagen cortesía del Palau de Cerveró.

Fotografía de la exposición ‘Exhumando el silencio’. Imagen cortesía del Palau de Cerveró.

Salva Torres