Diez soledades bien compartidas

#MAKMAExposiciones | Exposición colectiva
Curro Canavese, María José Ballester, Rafa de Corral, Elena Martí, Vero Mc Clain, Josie Mc Coy, Ximo Micó, Lucia Peiró, Jose Picazo y Fernando Rincón
Comisario: Rafa de Corral
Sala Canavese
Sevilla 5 (bajo), València
Julio y agosto de 2020
Miércoles 5 de agosto de 2020

“Y se lamentaban de cuánta vida les había costado encontrar el paraíso de la soledad compartida”. Gabriel García Márquez recoge este sentimiento en ‘Cien años de soledad’, subrayando de esta forma algo que ha emergido con suma fuerza durante esta pandemia: la sensación de soledad, sin duda provocada por el confinamiento, y la de compartirla, obligados por el estado de alarma, pero que ha dado pie a subrayar la importancia de la ayuda mutua en medio del aislamiento, al tiempo que ponía en evidencia la conflictiva relación entre seguridad y libertad.

Soledad, exposición,
Obras de Curro Canavese. Imagen cortesía del Sporting Club Russafa.

El filósofo Epicuro ya advirtió, mucho antes, la importancia del lazo social cuando dijo aquello de que antes de buscar algo que comer y beber, debíamos buscar a alguien con quien comer y beber, “pues comer solo es llevar la vida de un león o un lobo”. Valga este rodeo para destacar el sentido de la nueva exposición colectiva del Sporting Club Russafa, comisariada por Rafa de Corral.

Exposición que reúne obras de los diez artistas residentes del Sporting y que tiene de especial, aparte de recuperar la normalidad robada por el coronavirus, la inauguración extraoficial de la Sala Canavese, en homenaje al artista Curro Canavese, presente en la muestra con dos obras de potente materialidad plástica.

Rafa de Corral, artista y comisario de la exposición de la Sala Canavese en el Sporting Club Russafa. Imagen extraída del video promocional de la muestra, obra de Fernando Rincón.

“Es una muestra que aúna los diferentes intereses de los artistas residentes en el Sporting”, señala De Corral. Intereses tan diversos como hermanados por esa soledad intrínseca al artista y esa necesidad, aumentada por la lupa de la pandemia, de compartir sentimientos a través de obras plásticas sin duda distintas entre sí, pero agrupadas en torno al lazo afectivo que supone a su vez rendir homenaje al compañero Canavese, quien dejara escrito: “Tardo mucho en pintar un cuadro. No para de hablarme”.

Como no paran de hablar las obras de los diez artistas reunidos en tan especial exposición colectiva: María José Ballester, Elena Martí, Vero McClain, Josie McCoy, Ximo Micó, Lucia Peiró, Jose Picazo, Fernando Rincón, y los propios Canevese y De Corral.

“Se trata de una exposición extraordinaria, ya que todo el programa actual del Sporting ha quedado congelado debido a esta situación de pandemia que todos conocemos. La idea es sumarnos a esta llamada nueva normalidad (muchos espacios ya lo han hecho), por ello estamos creando un formato nuevo de inauguración, previa cita o invitación personalizada, en la que nos reuniremos no más de 15 personas, con la ventaja de poder disfrutar de una manera más íntima y personal del trabajo de cada artista”, explica el comisario.

Vista de la exposición colectiva en la Sala Canavese del Sporting Club Russafa. Imagen cortesía de la organización.

“Cuando pinto lucho contra la razón, y mi subconsciente siempre me da la razón”, señala Canavese en ‘Las ideas’, último libro que escribió en vida y que fue publicado recientemente a título póstumo. Sus dos cuadros presentes en la muestra dan fe de ese subconsciente que le da la razón para quitársela, y de esa tardanza pintando por culpa del exceso verbal aludido. Subconsciente y razón que bien puede hacerse extensible al conjunto expositivo, donde la figuración más cercana a la razón dialoga con la abstracción de ese subconsciente sometido a los dictados de la intuición.

Fotografías de Fernando Rincón en la muestra de la Sala Canavese. Imagen cortesía del Sporting Club Russafa.

Josie McCoy, con sus retratos, es la más figurativa de todos, poniendo el énfasis en una belleza del rostro femenino libre de asperezas, diríase que angelical para captar cierto imaginario donde prima la ausencia de las sombras. Junto a ella, Vero McClain reivindica una sexualidad sugerida por las formas del cuerpo femenino, en connivencia con ciertos objetos que metaforizan la genitalidad encubierta. Mujer y sexo como binomio de una larga tradición que asocia la sexualidad al cuerpo femenino.

Obras de Rafa de Corral. Imagen cortesía del Sporting Club Russafa.

Fernando Rincón, vinculado con esa figuración que se va diluyendo entre las formas, fotografía los emblemas de hoteles y clubes de carretera, con el fin de poner el foco en los signos que los representan. Rafa de Corral también se hace cargo de ciertas arquitecturas urbanas, aunque en su caso para desligarse completamente del referente, en su afán por captar las estructuras sólidas que, mediante el uso espléndido de la geometría y del color, cobran sorprendente vida. Diríase que las arquitecturas de Rafa de Corral nos hablan y, por seguir a Canavese, no paran de hablar en un silencio magnético.

Obra de Jose Picazo. Imagen cortesía del Sporting Club Russafa.

Jose Picazo, en ese mismo ahondamiento del trabajo formal, que le ha llevado a manifestar su pasión por las estructuras deshabitadas (“soy un fan de las fábricas abandonadas”, ha llegado a decir), exhibe dos piezas en las que parecen animarse vallas, alambradas o fachadas, en comunión con un fondo telúrico del que tan pronto parecen salir a tientas, como a punto de sumergirse misteriosamente en él. Y, al igual que Joan Miró aplicaba colores como palabras y formas como si fueran notas musicales, también Ximo Micó juega con los signos, los colores y su distribución por el espacio del cuadro, para generar una percepción visual que rima con la poesía.

Obras de Elena Martí. Imagen cortesía del Sporting Club Russafa.

Con Lucia Peiró podríamos decir que volvemos a cierta figuración, por cuanto reconocemos una cama, una mano o una lámpara, pero, de nuevo tirando del subconsciente aludido por Canavese, para adentrarnos en un terreno de trasfondo onírico. Trasfondo que, en la obra de mayor formato, adquiere tintes de performance (especialidad en la que Peiró sobresale) al estilo de lo que proponía el animador Norman McLaren, cuando decía que su arte tenía mucho que ver con los movimientos que se dibujan. Al hilo de esto último, María José Ballester construye sutilmente líneas que parecen danzar en el espacio, jugando con los blancos a modo del silencio con el que John Cage se aproximaba a la poesía a través de la música.

Por último, Elena Martí, por aquello de hallarse frente a la obra del evocado Canavese, mezcla obra plástica y sutiles piezas escultóricas, para hacerse cargo de una materia que, en su obra pictórica, parece salida del subconsciente o territorio donde abundan los sueños. Subconsciente, en su caso, ligado a las profundidades de la tierra que, en forma de ocres, atraen nuestra mirada por el mimetismo con ese gran ojo a modo de inquietante globo terráqueo. Diez soledades, en suma, de otros tantos artistas compartiendo, junto a Curro Canevese, la dicha de existir.

Vista de la exposición colectiva en la Sala Canavese. Imagen cortesía del Sporting Club Russafa.

Salva Torres

«¡Mamá, yo a Montanejos ya no voy!»

’50 aniversari. València, seda i foc’, de Francis Montesinos
MuVIM
Quevedo 10, València
Desde el 30 de julio a diciembre de 2020
Viernes 31 de julio de 2020

“El país era marrón o negro, mientras que Ibiza era un mundo de color”. Mundo colorista que a Francis Montesinos le impactó: “Ibiza me marcó mucho por ese otro mundo mágico de libertad que me encontré”. A partir de ahí ya nada sería igual. “¡Mamá, yo a Montanejos ya no voy!”, dice que le espetó a su madre, dando por finalizadas sus estancias en el pueblo castellonense y abiertas las puertas de ese otro universo libertario recién descubierto. La pasión por el diseño y la moda, que su madre precisamente le inculcó simplemente dejándole hacer en su tienda Batallón, donde el entonces chaval se entretenía con bolitas, corchos, papeles y la más diversa pasamanería, ya no dejaría de correr al galope por sus venas.

Detalle de la fotografía de Francis Montesinos, obra de Colita, recogida en la exposición del MuVIM.

Y así, al galope, es como el MuVIM acoge alrededor de 300 piezas de sus 50 años de intensa creatividad al servicio de la moda: “Ha sido el motor de mi vida profesional y personal”, aseguró Montesinos con respecto a esa moda que, repleta de vivos colores y estampados, llena la Sala Alfons Roig del MuVIM. José Vicente Plaza, comisario de la exposición ’50 aniversari. València, seda i foc’, habló de “eclecticismo” en la obra del diseñador valenciano, que vendría a debatirse “entre el punk y la Virgen de los Desamparados”.

Esa mezcla de vanguardia y tradición, que desde sus inicios provocó sorpresa en el mundo de la moda, es lo que ha hecho de Francis Montesinos “un icono, uno de los valencianos que ha creado marca”, apuntó Carmen Ninet, subdirectora del MuVIM, quien se refirió a la tiranía de la moda contra la que el diseñador luchó mediante su “alegría de vestir”. Alegría que chisporrotea en la muestra con grandes hileras de sus más afamados vestidos, que aparece en el MuVIM como antídoto contra el tiempo gris del coronavirus que obligó a aplazar la inauguración de la muestra. “Es un regreso a la normalidad, que esperemos no se trueque”, precisó Ninet.

Vista de la exposición ’50 aniversari. València, seda i foc’, de Francis Montesinos en el MuVIM.

“El nuevo mundo comienza con esta exposición de Francis Montesinos”, ironizó Amador Griñó, jefe de Exposiciones del museo valenciano, espacio que abre así sus puertas a la moda con este recorrido por la insigne trayectoria del diseñador. Una moda que, a juicio de Griñó, guardaba todo su poder “en su caducidad”, porque simplemente con su valor de uso “no podría funcionar”. Montesinos, a rebufo de la máxima de Ralph Lauren (“yo no diseño ropa, diseño sueños”), supo sacarle partido al deseo que anidaba en él, para que mucha gente lo compartiera, hasta el punto, como dijo Plaza, que hay personas que han guardado su ropa “como un fetiche de sus propias vidas”.

El poeta Paco Brines se refiere a la obra del diseñador con estas palabras reproducidas en la nota de prensa: “El festín de los colores, las tentaciones del tacto, el deslumbramiento de la belleza. Una mirada niña, entre pagana y religiosa, se ha transmutado ahora en realización sorprendente y exaltada de la belleza del cuerpo humano”. De nuevo el colorido, a modo de gran “castillo” de fuegos artificiales, el tacto, que invita a restregar entre los dedos las telas de sus vestidos, y la belleza desencadenante, que Christian Dior ligaba al entusiasmo (“no existe belleza sin entusiasmo”), caracterizan la desbordante producción de Montesinos.

Dos piezas de la exposición ’50 aniversari. València, seda i foc’, de Francis Montesinos en el MuVIM.

Brines insiste en ese entusiasmo desde otra óptica más lírica: “Hagamos más hermosos al hombre y a la mujer, detengamos la vida en el filo emocionante de la trastornada juventud”, precisamente la que Montesinos descubrió en Ibiza. “Y advertimos”, concluye Brines, “que, gracias a Francis Montesinos, hemos aprendido a amar más y mejor la vida, porque nos la ha sabido entregar con aquello que la hace más valiosa: su mágica intensidad”. Fotografías, objetos relacionados con el trabajo de la moda, revistas, telas y vestidos muestran esa entrega del apasionado modisto en busca de una belleza que, en su caso, transita por el acto libertario de los primeros hippys y su secuela posterior más castiza que caracterizó a la movida.

Movida en la que se detuvo Montesinos para precisar que, si exceptuamos al manchego Pedro Almodóvar, todos los que la protagonizaron en Madrid fueron en su mayoría valencianos. “Fuimos la bandera de la Modernidad; decir que eras de Valencia te abría las puertas”, explicó quien resumió su actividad con esta frase: “Hablar de moda es hablar de libertad”. De ahí que Ibiza saliera en diversas ocasiones a relucir: “Ibiza ha sido el motor más importante de mi creatividad”.

Vista de la exposición ’50 aniversari. València, seda i foc’, de Francis Montesinos, en el MuVIM.

’50 aniversari: València, seda i foc’ reúne cientos de piezas, de las 800 que fueron almacenadas en Llíria para irla construyendo en la mente antes de su traslado al MuVIM, que a modo de “travelling” perfilan la trayectoria vital y profesional del diseñador. “No es barroca, sino acumulación de la memoria”, subrayó Griñó, para agregar a continuación: “Cada pieza es un trozo de Montesinos”. Trozos de un puzzle cuyo paisaje estaría integrado por su Valencia natal, la Barcelona industrial que después vivió, el Londres hippy, el Madrid de la Movida e incluso el París igualmente transgresor habitado por artistas que, como él, respiraban una libertad que no les cabía en el pecho.

Francis Montesinos aludió al salto que pensaba dar con esta muestra: “Del tour de las colecciones que empiece ahora un tour por los museos”. El punto de partida lo ha establecido el MuVIM: “Este es un trampolín de lujo para el tour de los futuros museos”, destacó Plaza, entre los que están el del Museo del Traje de Madrid o el de la Indumentaria de Barcelona, sin descartar otros con los que ya están en conversaciones. La complejidad de esta primera muestra “específica sobre moda que acoge un museo de estas características en los últimos años”, resaltó Griñó, da pie a esa apuesta por su itinerancia, a falta de la precisión relacionada con los supuestos derechos derivados de esta exposición de salida.

Dos piezas de la exposición ’50 aniversari. València, seda i foc’, de Francis Montesinos, en el MuVIM.

“La obra de Montesinos es un arte que nace y muere entre seda y fuego, tal y como lo hace su tierra, València”, explica el comisario de un artista cuyo discurso aparece enlazado por “la transgresión, la ironía y el folclore”, subrayando “la alegría, la libertad y el Mediterráneo” como constitutivos de su pasión. Pasión que tiene ecos de lo manifestado por el también diseñador Alexander McQueen, quien liga la moda a una forma de escapismo, más que a cierta privación de libertad. Nada de tiranía de la moda, como dejó dicho Ninet, sino de alegre manera de entender la vida a través de las prendas que nos alejan de la desnudez, sin por ello ocultar la naturaleza que, en el caso de Montesinos, emerge exultante mediante sus coloristas estampados.

Francis Montesinos, en su exposición. Fotografía de Raquel Abulaila por cortesía del MuVIM.

Salva Torres

Cuidados intensivos de Graners a los creadores

Graners de Creació
Presentación de los artistas residentes de la convocatoria 2021
Centre del Carme Cultura Contenporània (CCCC)
Jueves 30 de julio de 2020

Siguiendo la máxima de Oscar Wilde, aquella que dice que el arte jamás ha de intentar ser popular, sino que el público es el que ha de intentar ser artista, Graners de Creació ha decidido incluir al público como parte de su proyecto, para “que la mirada de los espectadores sume”, señaló Maribel Bayona, coordinadora junto a Jacobo Pallarés del proyecto de residencias artísticas del sector escénico. “Queremos poner al espectador en el lugar que se merece”, agregó Bayona. Un público, pues, artista que ayude a los propios creadores a orientar sus proyectos con sus puntos de vista y sugerencias. De manera que para Graners, al contrario que para Fernando Fernán Gómez, que dijo haberse retirado del teatro porque el público le molestaba, el espectador es “la tercera pata” del proyecto.

Un proyecto de artes escénicas que ha presentado a los artistas seleccionados para las residencias de 2021, en un momento marcado por la pandemia del coronavirus. “Se trata de mirar al futuro sin miedo”, dijo Pallarés, que volvió a insistir en su idea de la felicidad como parte intrínseca de Graners de Creació, en tanto esa felicidad, en el contexto de la incertidumbre vírica, pueda vencer al miedo. Ahí estarán, armados de creatividad y de espíritu resistente, los seleccionados: Fil d’Arena, Hongaresa Teatre, Miss Panamá, Alarcón y Cornelles, Irene Cortina, Onírica Mecánica, La República del Lápiz, La Lola Boreal, La Subterránea, Paula Serrano, Companyia Sonora, Migro Danza y Teatre Corrent.

Presentación de Graners de Creació en el Centre del Carme. Imagen cortesía de Graners.

Junto a todos ellos, las salas y festivales que los acogen: Espacio Inestable, Rambleta, La Mutant, Sala Off, Circuito Bucles, Teatro Círculo, Espacio BenAmil, Teatre El Musical, Festival 10 Sentidos, Sala Russafa, Teatre del Raval, Carme Teatre o Festival Russafa Escènica. Artistas, compañías, teatros y festivales que vienen sumando fuerzas para que los creadores puedan desarrollar sus trabajos en sus respectivas residencias, primando la experimentación e investigación al estreno, sin que éste quede excluido. Graners de Creació 2019-2022, que cuenta con el apoyo de la Dirección General de Patrimonio, el Consorci de Museus y el Ayuntamiento de València, es un proyecto de cuatro años, tiempo durante el cual se ofrece una visión de conjunto de cada una de las propuestas.

Además, como novedad, esta edición cuenta con el acompañamiento artístico y el asesoramiento técnico como dos vías complementarias a la hora de ayudar al creador en la realización de sus trabajos. Del primero, Pallarés dijo que se trataba de un acompañamiento destinado a aportar un “valor añadido” al creador, que de esta forma podrá contar con alguien que le escuche y le ayude a reflexionar. El asesoramiento también está pensado para que los residentes puedan “entender las pautas en las que se mueve el ecosistema escénico, el trato con las administraciones, la búsqueda de economías” o “la utilización adecuada de recursos”.

Presentación de Graners de Creació en el Centre del Carme. Imagen cortesía de Graners.

“El tiempo de confinamiento por el Covid”, dicen sus responsables, “ha servido al equipo de Graners para reflexionar sobre el trabajo realizado y proyectar el futuro”. “Durante las semanas de mayor parálisis, en las que se imponían las preocupaciones e incertidumbres en todos los ámbitos, Graners ha encontrado otro punto de vista más para entender el proyecto que ha surgido de la comunicación con los artistas residentes. Esta relación generada por la situación les ha permitido compartir sus miedos, preocupaciones y esperanzas. Y les ha hecho ver la necesidad de cuidar al creador”, añaden.

Graners de Creació se erige así en una especie de UCI en la que los artistas se sienten cuidados a la hora de desarrollar sus propuestas. Propuestas como la de Onírica Mecánica que suscita Jesús Nieto y que Festival 10 Sentidos llevará a Espai Rambleta, acogiendo su mundo poético e imaginario para amantes de lo extraordinario, precisamente ahora que lo extraordinario nos ha golpeado con la fuerza del virus. Fil d’Arena, con Rambleta llevando su proyecto a Espacio Inestable, trata de acercar la danza a todo tipo de públicos, como lo hará Migro Danza en Teatro Círculo con un espectáculo que se instala en el absurdo y la máscara, igualmente apropiado para estos tiempos de inseguridad epidemiológica.

Fil d’Arena, una de las compañías residentes de Graners de Creació 2021.

José Luis Pérez Pont, director del Consorci de Museus, alabó el trabajo de Graners de Creació por esa red de apoyo entre creadores y salas de teatro y festivales, subrayando a su vez la importancia de esa búsqueda de “nuevas fórmulas de colaboración y de aproximación a los públicos”. Públicos incorporados al proyecto con el objeto de “horizontalizar todos estos agentes (instituciones, creadores y espectadores) y ponerlos en el mismo nivel”, resaltó Bayona. Alrededor de 70 personas muy heterogéneas se han apuntado a esa llamada, para que el público participe de forma muy activa en Graners. “Lo bonito del grupo es que el placer está en los orígenes y no hay obligación de asistir”, apuntaron dos de esos espectadores. El placer y la felicidad, de nuevo, como motor de una iniciativa que pretende dignificar la creación, incluso desde el punto de vista económico, porque cada residencia está dotada con 6.000 euros. Como dijo el poeta Juvenal, lo que da valor a un placer es usarlo raramente. Graners de Creació en estado puro.

Onírica Mecánica, de Jesús Nieto, una de las propuestas residentes de Graners de Creació 2021.

Salva Torres

Karamustafa, un canto a lo kitsch y la pluralidad

Gülsün Karamustafa
Institut Valencià d’Art Modern (IVAM)
Guillem de Castro 118, València
Del 29 de julio al 18 de octubre de 2020
Miércoles 29 de julio de 2020

“Yo no me considero 100% de nada”, aseguró José Miguel Cortés, director del IVAM, al tiempo que comisario de la exposición dedicada a Gülsün Karamustafa, con la que cierra en Valencia su ciclo como máximo responsable del instituto valenciano. En la que es, por el contrario, la primera muestra de la artista turca en España, Cortés puso el acento en la “hibridez” de su obra, que viene a recoger “lo mejor de cada mundo”, refiriéndose al oriente y el occidente del Estambul donde reside. De manera que, al igual que Karamustafa no se siente de ninguno de esos dos mundos en su plenitud, también Cortés se despide del IVAM dejando esa impronta de museo mediterráneo, plural y ajeno a la modernidad homogénea de la que dijo huir.

Karamustafa
Un espectador contempla la obra ‘Shrine on line’, instalación de Gülsün Karamustafa. Imagen cortesía del IVAM.

Para hablar del trabajo de Karamustafa, Cortés titula su texto en el catálogo “Entre dos mundos”, recalcando en todo momento esa preposición “entre” como la mejor forma de caracterizar una obra que el IVAM acoge hasta el 18 de octubre. De manera que si “pintar es recordar la oscuridad”, tal y como proclama el Premio Nobel turco Orhan Pamuk, su homóloga en el terreno de la plástica se zambulle en esa oscuridad, motivada en su caso por el encarcelamiento durante meses por oponerse a la dictadura militar de su país, para aclarar las dudas que motivan su quehacer artístico.

“Soy una contadora de historias. Cuando un tema me atrae, para entenderlo y captar bien su esencia lo abordo, en un primer momento, desde un ángulo muy amplio”, dice la artista en una cita recogida en la exposición, entresacada de su entrevista con Frida Sandström, que continúa así: “Puede ser algo relacionado con mi vida diaria, un fragmento de la historia o de mi memoria”. A veces, incluso, le gusta ponerse “a prueba con relatos de otros lugares y conectarlos con los míos”. Todo ello, volviendo a lo expuesto por Cortés, con la finalidad de atrapar lo que ocurre entre esos dos mundos, recogiendo lo mejor de cada lado.

Visión parcial de la exposición de Gülsün Karamustafa. Imagen cortesía del IVAM.

Su visión, por tanto, no es nada oscura, aunque su creatividad transite por esas zonas sombrías a las que Pamuk alude, sino altamente colorista, rayando en ocasiones el kitsch del que se nutre para que emerja en su obra, de nuevo, el espacio fronterizo entre la alta cultura y la cultura popular. Como apuntó el director del IVAM, ante la imagen de esa niña asomada a la ventana del tren que le llevaba de su Ankara natal al gran Estambul, cruce de caminos entre Asia y Europa, Karamustafa no ha dejado de acoger en su trabajo los elementos traídos por la migración rural, imbricados con los propios de la ciudad cosmopolita, para reflejar las contradicciones de esa mezcolanza.

“La obra de la artista turca se ha centrado en representar todo ese mundo híbrido, barroco y sugerente que ofrecía una nueva realidad social en la que muy varios elementos, como la ropa o los diferentes objetos de uso cotidiano (alfombras, tejidos o piezas decorativas), nos abrían a nuevas visiones y relaciones con nuestro entorno más inmediato”, explica Cortés. Sus pinturas, he aquí la gestación del mundo plural fruto de la dialéctica entre espacios opuestos, “se convierten así en una especie de campo de batalla”, que el comisario de la exposición enseguida corrige para hablar mejor de “lugar de convivencia”, en el que cohabitan la cultura moderna, “producto de la desarrollada urbe metropolitana”, y ese otro “deseo por preservar las tradiciones más arraigadas en los pequeños pueblos de Turquía”.

Vista de la exposición de Gülsün Karamustafa. Imagen cortesía del IVAM.

Gülsün Karamustafa, siendo ésta su primera exposición en España, ya estuvo antes por aquí con un proyecto en torno a los travestis y transexuales realizado en Puerto de Sagunto, que la artista desarrolló en los balcones del renovado Teatro Romano. ¿Por qué en los balcones?, se preguntó Cortés, para poner el acento en ese carácter íntimo de las casas y el propiamente público de los balcones que dan al exterior. De nuevo, la frontera entre lo privado y lo social, siempre el “entre” como característico de su producción, en este caso poniendo en diálogo Valencia y Estambul, dos ciudades mediterráneas hermanadas por esa focalización de lo marginal.

“Más que los entornos artísticos lo que me atraía era la calle”, resalta la artista en su entrevista con Cortés. Una calle poblada de seres que tan pronto sacaban a relucir sus costumbres rurales, objeto de cierta controversia, como un cosmopolitismo igualmente desafiante. “Del choque entre la ciudad y la cultura rural nació una cultura híbrida que acabó enriqueciéndose considerablemente y conquistando a ciudad”, apunta Karamustafa, destacando los objetos más coloristas de los migrantes “para alegrar sus grises, tristes y paupérrimas vidas”, lo cual “condujo a una explosión de lo kitsch”.

Vista de la exposición de Gülsün Karamustafa. Imagen cortesía del IVAM.

Explosión recogida en la muestra a través de alfombras, paneras con edredones de chillones colores o instalaciones con gallos cerámicos y peanas de indudable homenaje kitsch. La memoria, el exilio, los orientalismos a ojos del occidental medio y propiamente el kitsch son las temáticas que atraviesan la obra de la artista turca, según explicó el comisario. También la masculinidad y la feminidad están contempladas en el conjunto expositivo, mediante videos y fotografías. Una masculinidad en su versión más llorona, fruto de la tristeza que en tres varones provoca el abandono de sus respectivas mujeres, que Karamustafa recoge en un audiovisual protagonizado por tres ilustres actores turcos.

El harén, en tanto espacio de esa otra feminidad fantasiosa desde el punto de vista masculino, le ofrece a la artista la posibilidad de poner en cuestión ese lugar, poniendo en relación cuerpos desnudos de mujer con otras siluetas negras que realzan la sensualidad enturbiándola. Aquella oscuridad de Pamuk recordándonos ahora que la frontera entre el placer y el goce siniestro es muchas veces sutil y objeto de indudables riesgos. “Mis obras abren casi siempre nuevas vías, creando a cada paso lecturas distintas con los espectadores”, destaca la artista en su entrevista con Cortés, quien resume así la exposición: “Es un canto a la pluralidad de visiones”. Amplitud que también asume como propia, a modo de despedida: “En contra de toda visión cerrada y sectaria, he apostado por la multiculturalidad y la amplitud de miras”. 

   

Vista de la exposición de Gülsün Karamustafa, que aparece de niña en la fotografía cuando viajaba en tren de Ankara a Estambul. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

“Los artistas vivimos siempre confinados”

‘La alegría de pintar’, de Olga Sinclair
Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Del 23 de julio al 27 de diciembre de 2020
Viernes 24 de julio de 2020

“Soy hija de un gran maestro”. Olga Sinclair se refiere, claro está, a su padre Alfredo Sinclair, de quien mamó su pasión por la pintura en el caribeño Panamá. Se dice que fue el primer panameño en explorar el expresionismo abstracto, algo que transmitió a su hija, no sin antes recordarle que para llegar a la abstracción primero tenía que hartarse de pintar bodegones. “El artista que no domina el bodegón, no domina la gran pintura”, dice Olga Sinclair que le insistía su padre. Y ella, que ya tenía en vena la sangre pictórica de su progenitor, no ha parado desde entonces de seguir otra de las máximas de su padre: la transformación constante de su pintura. “La vida me pide cambios, nunca reposo”, subraya.

Retrato de Olga Sinclair, junto a una de sus obras, en su exposición ‘La alegría de pintar’ en el MuVIM.

El MuVIM le dedica una exposición en la Sala Parpalló bajo el elocuente título de ‘La alegría de pintar, con obras en su mayoría de gran formato, realizadas en tres meses fruto de su confinamiento en Madrid. “Mi vida ha sido pintar, incluso con alegría dentro del confinamiento”, señala quien, además de mostrar esa alegría trufada de densos claroscuros, asume el legado de su padre en un apartado que contiene algunas de sus obras, al tiempo que exhibe una serie de “piezas domésticas”, a las que aludió Amador Griñó, Jefe de Exposiciones del MuVIM. “Las hice con restos de té de manzanilla, betadine o lavavajillas sobre papel fabriano”, apunta la artista, con respecto a esa serie de obras pequeñas que contrastan con el resto de la producción presentada.

Su pasión por la pintura queda ahí delatada, en los más diminutos detalles, luego ampliada en sus trabajos más contundentes, todos ellos caracterizados por esa alegría colorista, la gestualidad del trazo y una rotunda expresividad. Tan rotunda que, por seguir el halo de otro ilustre caribeño como Bob Marley, diríase que uno se da cuenta de la fuerza de su pintura, porque parece la única opción. Olga Sinclair, continuando los pasos de su padre y tras recalar en Madrid a los 18 años y empaparse de los grandes pintores que descubrió en el Museo del Prado, atesora esa fuerza que traslada a su pintura, porque parece que no le queda otra.

‘Arlequín con mascarilla’, de Olga Sinclair. Imagen cortesía del MuVIM.

Y al igual que Marley dijo que cuando la música llega ya no sientes el dolor, con la obra de Olga Sinclair pasa otro tanto: marcada por la luminosidad caribeña que baña de alegría su producción, el dolor también forma parte subterránea de su obra, que late bajo capas de pintura colorista, siendo el pálpito de ese ritmo apasionado el que contiene la desazón transformándola en un carnaval de rojos, naranjas, lilas, azules y sobre todo amarillos. “Soy puro Caribe, necesito luz”, resalta la artista, quien ante el tríptico ‘Umbras’ dice que empezó “confundida” y luego se fue “aliviando” hasta dar con ese amarillo a modo de luz al final del túnel.

Su confinamiento en Madrid, sin duda productivo, porque de ahí ha salido la obra que ahora expone en el MuVIM, “ha sido como un renacer”, destacando esa espiritualidad profana que atraviesa su trabajo, y que le lleva a señalar: “Me gusta saber que no estamos solos en el universo”. Soledad que también le da pie a manifestaciones como las incluidas en la muestra: “Los momentos de soledad son seductores y temibles convirtiendo el escenario en una parodia sin sentido ni memoria”. Olga Sinclair pinta, conmovida por esos estados de ánimo contradictorios, para aplacar el dolor que subterráneamente recorre igualmente su pintura, con el fin de alcanzar la catarsis que transforma las sombras en una luz resplandeciente.

Obras de Olga Sinclair en ‘La alegría de pintar’ en el MuVIM.

“Pinto porque los espíritus me susurran locamente dentro de mi cabeza, decía El Greco, y creo yo que no son espíritus los que susurran, son las neuronas cansadas de tanto mirar, sin intervenir en el aburrido escenario de lo contemplado, condenado a existir invariablemente, sin un toque placentero de explorar lo intocable, de manejar lo invariable”, apunta en otra cita recogida en la exposición. Su admiración por Francis Bacon, cuya carnalidad abrupta y desgarrada diríase en las antípodas de su pintura festiva, tiene su razón de ser si atendemos a la ejecución plástica que los emparenta: “La energía y la fuerza de Bacon ha dejado huella en mi obra”, reconoce.

Al haber vivido en seis países, Olga Sinclair piensa que cada cultura ha dejado igualmente huella en su trabajo: “Mi pintura es caribeña, con mucho color, pero con una densidad latente europea”. Por eso ‘El prisma de Orión’ (“punto de fuga de la exposición”, precisa Griñó), la única obra pintada con anterioridad al confinamiento, atesora el intenso amarillo del Caribe, salpicado de grises y negros que parecen restos tormentosos en pugna con la luminosidad de un Panamá igualmente contradictorio: tan bello como convulso.

Obras de Alfredo Sinclair, en un apartado de la exposición ‘La alegría de pintar’, de Olga Sinclair en el MuVIM.

Alfredo Sinclair (1914-2014) nació cuando se puso en pie el Canal de Panamá y, justo cuando se celebraba el centenario de ambos, del pintor y del Canal, el artista falleció. Su hija tuvo el honor, por encomienda de la Autoridad del Canal, de conmemorarlo pintando una obra colectiva por obra de la Fundación que lleva su nombre, en la que más de 5.000 niños batieron el récord de realizar una pieza con el mayor número de artistas posible. De nuevo la pasión por la pintura y el arte como motor de cambio, trazando el perfil de una Olga Sinclair que ya piensa en nuevos retos. “Me voy a tender hacia la verticalidad”, dice, señalando el ‘Priapo herido’ que sobresale del conjunto, precisamente por ser la única obra en formato vertical de toda la exposición. “El ser humano tiene que vivir todas las situaciones posibles”, resalta. ‘La alegría de pintar’ es una de ellas, y estará en el MuVIM hasta el 27 de diciembre.

Olga Sinclair en su exposición ‘La alegría de pintar’. Imagen cortesía del MuVIM.

Salva Torres

La música ‘inusual’ de Ensems recala en Les Arts

42 Edición del Festival Ensems
Diversos espacios de València
Del 10 de septiembre al 23 de octubre de 2020
Jueves 23 de julio de 2020

Si la música, como dijera el escritor Jean Paul Richter, es la poesía del aire, nada mejor que su sonido para combatir al más prosaico coronavirus contaminante de ese aire viciado por su letal presencia invisible. El Festival Ensems, que tenía prevista su 42 edición en los meses de abril y mayo, reaparece con ímpetu renovado tras haber tenido que aplazarse por la pandemia. Y lo hace, como apuntó Marga Landete, directora adjunta de Música y Cultura Popular del Institut Valencià de Cultura (IVC), haciendo de la necesidad virtud, de manera que el certamen se extiende al Palau de les Arts, cuyo recinto acoge la mayor parte de su programación. También será la primera vez que el festival recale en Alicante y Castellón, en ese afán por extenderlo a las tres provincias de la Comunitat Valenciana.

“Ensems tendrá mucha presencia en Les Arts”, subrayó Landete. Jesús Iglesias, director artístico del Palau de les Arts, recogió el guante para abundar en ello: “Es una pequeña extensión del Festival Ensems en Les Arts”, destacando la necesidad de colaboración entre todas las instituciones, siendo éste un primer paso que el responsable del coliseo valenciano espera sea, al modo en que acababa la mítica película ‘Casablanca’, de Michael Curtiz, el comienzo de una gran amistad: “Que seamos compañeros de un largo viaje”, apostilló. De esta forma, Les Arts, como resaltó Iglesias, dará “un paso adelante” en la nueva etapa del coliseo con él al frente de potenciación de la música contemporánea.

De izda a dcha, Voro García, Jesús Iglesias y Marga Landete, en la presentación del Festival Ensems. Foto: Makma.

Voro García, director del Festival Ensems, dijo que no le gustaba mucho la etiqueta de “música contemporánea” y que prefería en su lugar la de “músicas inusuales” o “poco habituales” en la programación de la mayoría de los recintos musicales. Así como John Cage, uno de los artistas pioneros en esa música inusual, no entendía que la gente se asustara de las nuevas ideas, porque a él las que le asustaban eran las viejas, también a Voro García le molestaba ese “aire casposo” que todavía sobrevuela en ciertos Conservatorios de Música para dejar que entren esos otros sonidos poco habituales que Ensems precisamente acoge para que vayan escuchándose con cierta naturalidad.

La Orquestra ADDA Simfònica de la Diputación de Alicante será quien abra el festival el 10 de septiembre, en el Auditori de la propia Diputación, extendiendo sus conciertos al Palau de Congressos de Castellón y el Palau de les Arts, tres y cuatro días después, respectivamente. El Aula Magistral de Les Arts será quien lo cierre el 23 de octubre con Ensemble d’Arts, presentando en estreno absoluto un proyecto surgido de la relación profesional entre la saxofonista Xelo Giner y el compositor György Kurtág, con especial protagonismo de la videoartista Judith Kurtág, nieta del compositor. La metamorfosis de Kafka será el nexo de unión de toda la pieza.

Ensemble d’Arts. Imagen cortesía de Ensems.

Ecos kafkianos atravesarán esta 42 edición sin duda marcada por el coronavirus. “El aislamiento es una forma de conocernos a nosotros mismos”, señaló el autor de ‘El proceso’, que entendía la creación de forma rotunda: “Un libro tiene que ser el hacha que rompa nuestra mar congelada”. Ensems, mezcla de música tradicional y esa otra inusual, quiere parecerse a ese hacha que viene a descongelar el raro ambiente tras la pandemia, al tiempo que se erige en el arma cargada de futuro para esa música extraña que aguarda con paciencia su lugar más habitual en las programaciones musicales.

“Hay muchísimo camino por recorrer”, admitió Voro García, con respecto a esa dificultad de la música contemporánea (con perdón) para ser plato habitual de las programaciones. “Ojalá Ensems no existiera”, resaltó, como ejemplo de que ya dejaría de ser el lugar de lo inusual, para convertirse en un evento musical con su especificidad, pero sin la rareza añadida. Entretanto, el festival sigue acogiendo propuestas tan singulares como las que ofrecen, entre otros, Amores Grup de Percussió & José Antonio Orts, Quintet Cuesta, Spanish Brass, Cuarteto Nel Cuore o Niño de Elche, quienes actuarán en Les Arts, salvo este último que lo hará en el IVAM, que con La Nau y el Teatro Rialto conforman el resto de espacios del festival.

José Antonio Orts. Imagen cortesía de Ensems.

Zahir Ensemble, Alfonso Gómez, Plural Ensemble, Trío Feedback y Neuma Quartet se suman a la programación, dentro del panorama nacional, para completarlo a nivel internacional los británicos Arditti Quartet, la formación londinense The Riot Ensemble y los alemanes de Freiburg Ensemble Recherche. Helena Tulve, Zeynep Gedizlioglu y Ramón Lazkano son los compositores invitados al festival. Un festival cuyo presupuesto asciende a 240.000 euros, con entrada libre a los conciertos. Entrada libre, que no gratuita, como se encargaron se subrayar Landete y García. “La gestión de las entradas requiere personal, lo cual es una complicación a nivel de producción”, subrayó la directora adjunta de Música y Cultura Popular, si bien remarcó que ella no era partidaria de las entradas libres.

El aforo, que en muchos recintos está siendo reducido para mantener entre el público la distancia de seguridad que exige la actual situación vírica, “dependerá de cómo esté en cada momento la normativa”, advirtió Landete. Los 25 estrenos absolutos con que cuenta el Festival Ensems están, por tanto, supeditados en cuanto al número de espectadores a la coyuntura de imprevisión reinante, lo cual casa irónicamente con el propio de la música inusual que caracteriza el Ensems, certamen ahora a contracorriente. Y, como dijo Benajamin Britten, otro de esos compositores inusuales, “aprender es como remar a contracorriente: en cuanto se deja, se retrocede”. Por eso Voro García insiste en que hay que seguir remando, porque queda mucho que hacer por delante.

Neuma Quartet. Imagen cortesía de Ensems.

Salva Torres

El Museo de la Ciudad se llena de afectos geométricos

‘Aproximación a la geometría valenciana’
Museo de la Ciudad
Plaza del Arzobispo, 3. València
Del 18 de julio al 22 de noviembre de 2020
Martes 21 de julio de 2020

Larga es la tradición que se hace cargo de una frase de Platón, grabada en la entrada de su Academia y que venía a decir lo siguiente: “No entre aquí nadie que no sepa de geometría”. El Museo de la Ciudad, enmendándole la plana al gran filósofo griego, no solo rompe con ese mandato, sino que anima al público en general, sepa o no de geometría, a que entre en sus salas para admirar el conjunto de obras expuestas hasta el 22 de noviembre. Lo hace, en este caso, siguiendo la estela de otro pensador que puso también la geometría en el frontispicio de su obra, relacionándola extrañamente con la ética: de ahí su libro ‘Ética demostrada según el orden geométrico’.

Vista de la muestra ‘Una aproximación a la geometría valenciana’. Imagen cortesía del Museo de la Ciudad.

Ligando a Platón con Spinoza, diríase que el Museo de la Ciudad violenta al primero, acogiendo una selección de obras de artistas valencianos dedicados a explorar las posibilidades de esas formas geométricas, adentrándose en los confines misteriosos del segundo, quien propuso tratar los afectos humanos como si estuvieran hechos de líneas, curvas, superficies y colores diversos. De manera que la naturaleza, sin estar escrita con el lenguaje matemático al que aludió Galileo, sí es verdad que se muestra pletórica a través de las distintas figuras geométricas trabajadas por artistas como Manolo Gil, Vicente Castellano, Eusebio Sempere, Monika Büch, José María Yturralde, Anzo, Encarna Sepúlveda, Patricia Bonet o Javier Calvo.

Artistas todos ellos reunidos en la muestra ‘Una aproximación a la geometría valenciana’, que la Fundación Chirivella Soriano presenta en el Museo de la Ciudad, en colaboración con la Concejalía de Patrimonio y Recursos Culturales del Ayuntamiento de Valencia, y que completan Salvador Victoria, Joaquín Michavila, Jordi Teixidor, Martín Noguerol, Salvador Montesa, Ferrán Gisbert, Oliver Johnson y Robert Ferrer. Un total de 17 artistas enganchados a esas formas para dar vida al sinfín de afectos vehiculados mediante esa geometría. Geometría, por tanto, ligada a los principios racionales de la matemática, asignatura eliminada por el actual Ministerio de Educación como materia obligatoria para los estudiantes de Bachilerato que se decanten por Ciencias y Tecnologia o por Humanidades y Ciencias Sociales, al tiempo que vinculada a las pasiones humanas que Spinoza trató con igual devoción geométrica.

Vista de la muestra ‘Una aproximación a la geometría valenciana’. Imagen cortesía del Museo de la Ciudad.

Esa mezcla de objetividad y subjetividad, de razón y altura emotiva, se conjuga en la obra de los 17 artistas valencianos reunidos en el Museo de la Ciudad como si de un todo se tratara. Un todo dividido en tantas partes como avenidas tomaron cada uno de ellos, por mucho que la etiqueta de arte geométrico los enfilara por un similar sendero de caminos que se bifurcan. “España se enganchó tarde, a mediados de los 50, a las corrientes vanguardistas del siglo XX”, explica Manuel Chirivella, presidente de la Fundación Chirivella Soriano, que añade: “En ese proceso de asimilación, el fragmento geométrico español no se puede entender sin los artistas valencianos; su importancia es enorme”.

Como enorme es la variedad de formas utilizadas por esos artistas a la hora de expresar sus afectos por la vía geométrica. Emociones como el amor, la ira, el temor, la alegría o la tristeza son sometidas, sin que tal palabra signifique sumisión de los afectos al concepto que los vehicula, a patrones de visión e interpretación modelados a través de figuras que exigen tanto rigor a la hora de plasmarlos sobre una superficie bidimensional, como talento para que el espectador sucumba a la plasticidad de un orden que de pronto se abre a múltiples dimensiones sensoriales.

Obras, en primer término, de Encarna Sepúlveda en la muestra ‘Una aproximación a la geometría valenciana’. Imagen cortesía del Museo de la Ciudad.

“La geometría está en el origen de la vida, que es lo más inventivo e interminable que conocemos”, señala el pintor Pablo Palazuelo, en una cita tomada por Javier B. Martín, de Ars Citerior, a la hora de explicar la obra de estos artistas valencianos. Artistas que Manuel Chirivella concita en torno a ese discurrir por el sendero geométrico que les llevará a todos ellos, seguramente, al intento de “desvelar plásticamente la gran pregunta que siempre subyace: ¿Y si fuera cierto que todo se reduce a un problema geométrico?”. De nuevo Spinoza y, de nuevo, la necesidad de aprehender los afectos humanos mediante formas que, aparentemente, excluyen la pasión que tiende a escapar de los confines cerrados del cuerpo geométrico.

Ya sea mediante el Grupo Parpalló, que, como dice Manuel Chirivella, “todavía hoy representa el más relevante fenómeno de coordinación de artistas del ámbito valenciano con un innegable y compartido espíritu renovador de la vida cultural”, o a través de otros “asimilados” al grupo, al igual que los reunidos bajo el epígrafe de Antes del Arte (Sempere, Michavila, Yturralde, Teixidor o Calvo), para desembocar en los 80 y de ahí hasta la actualidad, lo cierto es que todos ellos ahondaron en la investigación de la geometría para extraer la esencia siempre esquiva del ser y su naturaleza, siguiendo las leyes de la proporción matemática y su correlato cosmológico.

Obras de Martín Noguerol en ‘Una aproximación a la geometría valenciana’. Imagen cortesía del Museo de la Ciudad.

Esa tensión entre lo abstracto y lo figurativo que se desprende de los afectos evocados en las diversas figuras, Alfonso de la Torre, estudioso de la obra de Castellano traído a colación por Javier B. Martín, lo explica aludiendo a este “pintor minucioso sobre el que se podría aplicar también el calificativo de lírico”. Un lirismo que sobrevuela el conjunto expositivo, ya sea mediante formas en las que impera el trazo rectilíneo, ausente de curvas, o donde proliferan los círculos y cuadrados, y donde el color adquiere las tonalidades acordes con la manifestación de ese lirismo a veces apagado, triste, melancólico, y en otras producto de una pasión más abrupta y exacerbada.

‘Una aproximación a la geometría valenciana’ ha sido fruto de la colaboración entre el Ayuntamiento de Valencia y la Fundación Chirivella Soriano. Colaboración que la concejala de Cultura, Glòria Tello, confía en que sea “el principio para futuras colaboraciones” dada la afinidad con una institución privada que viene prestando indudable apoyo a la cultura valenciana, según palabras de la propia concejala. De momento, ahí está en el Museo de la Ciudad el fruto de este primer acuerdo. Una geometría en la que se dan la mano “orden y caos, fijeza y transformación en un incesante fluir que jamás concluye”, apunta el presidente de la Fundación, quién sabe si a modo premonitorio.

Obras de Martín Noguerol, Patricia Bonet y Ferran Gisbert en ‘Una aproximación a la geometría valenciana’. Imagen cortesía del Museo de la Ciudad.

Salva Torres

“Perder el sentido del humor nos hace débiles”

‘¿De qué se ríen en Europa?’
Ciclo de cine coordinado por Daniel Gascó
Centre del Carme
C/ Museo, 2. Valencia
Del 16 de julio al 8 de agosto de 2020
Viernes 17 de julio de 2020

“No sabemos de qué se ríen en Dinamarca, en Polonia, en Grecia o en Alemania, porque se ríen de cosas diferentes”, avanza Daniel Gascó, coordinador del ciclo de cine precisamente titulado ‘¿De qué se ríen en Europa?’, con el que el Centre del Carme Cultura Contemporània pretende acercarnos esas realidades tan cercanas, al tiempo que desconocidas, de nuestros vecinos europeos. Y, para ello, nada mejor que la comedia como género abierto a la risa con la que liberamos las tensiones propias de los seres humanos, en tanto seres sometidos a la cultura que nos distancia del más abrupto comportamiento animal. Como apuntara el escritor Víctor Hugo, “la risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano”.

Invierno que, en nuestro caso y el de buena parte del mundo, ha llegado en plena primavera en forma de coronavirus. Para ahuyentar las sombras de tamaña pandemia, nada mejor que el cine al aire libre, teniendo como marco incomparable el claustro gótico del Centre del Carme, donde se proyectarán 21 películas de 12 países diferentes hasta el 8 de agosto. “Este ciclo viene a complementar otro anterior dedicado a la comedia española, que ahora no se contempla para dejar paso a esas otras europeas tan distintas entre sí”, explica Gascó, de un programa que entiende “muy cultural, muy alternativo”, con el fin de “descubrir esas otras cinematografías”.

‘The naked civil servant’, de Jack Gold. Imagen cortesía del Centre del Carme.

“El humor cambia mucho de unos países a otros”, añade, poniendo como uno de los muchos ejemplos el de Portugal, “donde parece que tienen un humor trágico”. El filósofo Nietzsche ya advirtió que el hombre sufría tan terriblemente en el mundo, que se había visto obligado a inventar la risa. Una risa que ahora parece querer contenerse desde una corrección política harto peligrosa. “Perder el sentido del humor nos hace débiles”, señala Gascó, partidario de reírse de todo, incluso de aquello que más duele, porque ayuda a metabolizar la desgracia.

En este sentido, Gascó opina que la comedia “ilumina las partes oscuras y nos hace perder el miedo”, de ahí su intensa búsqueda de aquellas películas que mejor sirvieran a este fin dentro del ciclo. Un ciclo donde la risa se hace cargo de diferentes aspectos sombríos del ser humano, arrojando esa luz vivificante, aunque solo sea, como apuntara otro notable novelista como Oscar Wilde, porque la risa nunca es un mal comienzo para la amistad, “y está lejos de ser un mal final”. ‘The naked civil servant’ (El funcionario desnudo), de Jack Gold, sería un buen ejemplo de esta risa cauterizadora de heridas. “Se estrenó en 1983 y, como sucede con ‘Las aventuras de Arsenio Lupin’ (1956), de Jacques Becker, son películas casi olvidadas y raras, que conviene redescubrir”.

Cartel de ‘Siempre soñé con ser un gángster’, de Samuel Benchetrit. Imagen cortesía del Centre del Carme.

En la primera, protagonizada por un magnífico John Hurt (“fue el papel que le consagró como actor”), se cuenta la vida de Quentin Crisp, escritor inglés homosexual cuya extravagancia escandalizó a tantos como le divirtió a él, haciendo precisamente de esa provocación histriónica su mejor arma contra la intolerancia. Como dice el propio Daniel Gascó, el humor “es un revulsivo capaz de relajar cualquier estado de alarma; el arma que mejor descompone la solemnidad de un momento”. Lo cual no quiere decir que el humor no tenga en cuenta la letalidad del virus actual, sino que lo acoge sin el pánico paralizante que asume la derrota sin plantar batalla. “La risa no es una ciencia exacta, hay un punto de incertidumbre”, resalta el coordinador del ciclo tomando como referencia una frase de Woody Allen en su último libro autobiográfico ‘A propósito de nada’.

De esta forma, el ciclo ‘¿De qué se ríe Europa?’, con entrada gratuita hasta completar un aforo cercano a las 300 butacas, contiene mucho humor, pero dentro del orden que exigen las medidas de seguridad en tiempos de pandemia. “Más que la distancia de metro y medio, lo importante es que será obligatorio el uso de mascarilla”, subraya Gascó, que se ha encargado de subtitular al castellano cada una de las películas, con lo que eso supone de ahorro (“la mitad del trabajo ya está hecho”) y cuya labor cede, como dice él, “por la causa”. “Es un ciclo lujoso y caro, porque subtitular es costoso”, pero incluido ese trabajo, “ya solo queda pagar los derechos de exhibición”.

‘La ragazza con la pistola’, de Mario Monicelli. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Dice haber trabajo con entera libertad, si bien ha sido él quien se ha impuesto algunas reglas, en ocasiones difíciles de cumplir. “Quería que hubiera películas dirigidas por mujeres y su presencia es muy patente, aunque la realidad es que hay pocas directoras en Europa y no suelen tratar la comedia, de forma que hemos tenido que renunciar lamentablemente a poner más películas”. También ha querido incluir trabajos de temática homosexual, para que se vieran otros puntos de vista distintos al heterosexual, recomendando en este sentido la mencionada ‘El funcionario desnudo’, “de una inteligencia brutal”.

Como inteligente es, a su juicio, la de Doris Dörrie ‘¿Bich ich schön?’ (¿Soy linda?, 1988), en la que se narran las peripecias de 12 alemanes por tierras españolas. “Son personajes que vienen a España a desconectar y que encuentran, en medio de la luminosidad del país, el lugar idóneo para cuestionarse a sí mismos, interrogándose sobre su identidad”, explica Gascó, sorprendido por la visión optimista que de fuera tienen de nuestro país, “mientras que aquí somos muy autocríticos y nos pasamos a veces siete pueblos”. Este filme sería “la burbuja española dentro del ciclo”, por aquello de hablar de nosotros pero con una comedia firmada por la alemana Dörrie.

“Hay que volver a la vida siguiendo, lógicamente, ciertas pautas de seguridad”, concluye Gascó, que anima a acercarse al Centre del Carme para descubrir, a través de un ciclo que acogerá 16 películas inéditas en España, cómo son los habitantes de ese continente europeo amigo “y del que tanto desconocemos”. De nuevo la risa como vía privilegiada para llevar a cabo tamaña inmersión tragicómica. 

 

Daniel Gascó. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

El hogar, extraño hogar, del IVAM más internacional

‘¿Cuál es nuestro hogar?’
Comisariado: José Miguel Cortés
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Del 16 de julio de 2020 al 31 de enero de 2021
Jueves 16 de julio de 2020

‘¿Cuál es nuestro hogar?’ Tal es el título de la exposición con la que el director del IVAM, José Miguel Cortés, a su vez comisario de la misma, se va despidiendo del museo que ha dirigido durante los últimos seis años. “Me voy con la satisfacción inmensa de haber sido director del IVAM”, dijo. Termina contrato en septiembre y la Conselleria de Cultura ha decidido dar por finalizada su etapa, sacando a concurso público la plaza. ¿Hogar, dulce hogar? Sí al menos para Cortés, a tenor de la experiencia acumulada al frente del museo (“tengo una sensación de gran placer”), pero no tanto si observamos las 12 instalaciones que integran la exposición, destilando ahora una “sensación de extrañamiento y de soledad”, según palabras del propio Cortés.

Aristóteles habló del Domus (Oikos) para referirse a la casa u hogar, por oposición a la polis, en tanto espacio de lo social. Y del Oikos dijo que se trataba de una “comunidad naturalmente constituida para satisfacer las necesidades cotidianas”, mediante la cual amortiguar el acoso de lo político. Cortés se refirió a esta doble vertiente, poniendo en relación el hogar íntimo y el público: “No se entiende el uno sin el otro”. Mediante las 12 piezas distribuidas con holgura por las Galerías 4 y 5 del IVAM, en una exposición realizada en colaboración con el Museo Nazionale delle Arti del XXI Secolo (MAXXI) de Roma, ese hogar va dejando una estela más tenebrosa que luminosa, más agreste que dulce, más carcelaria que protectora del alma sometida al ingrato cuerpo social.

José Miguel Cortés junto a la pieza de William Kentridge, en la exposición ‘¿Cuál es nuestro hogar?’

“Eso a lo que usted llama infierno, él lo llama hogar”, dice un coronel con respecto a  Rambo en la película Acorralado. La exposición del IVAM también se hace cargo de ese hogar más próximo al infierno que al espacio amable, íntimo, sin duda difícil de construir simbólicamente por esa amenaza de lo real que procede de la sociedad. Sociedad que en la muestra aparece desde la vertiente del consumo alienante o desde el sistema de control político que, en ambos casos, impide la emergencia de un hogar a salvo de la corrupción sistémica.

Hay, eso sí, hogares refugio a modo de casas pensadas para defendernos del acoso social. Por ejemplo el de Jana Sterbak quien, bajo el título de ‘Faradayurt’, muestra un espacio físico en forma de tienda nómada, en la que protegerse de la inclemencias del tiempo, siguiendo en esto la idea de casa del arquitecto Le Corbusier: “Es darle al ser humano una cáscara”. Esa dualidad entre el adentro protector y ese afuera inhóspito y amenazante atraviesa el conjunto, según resaltó Cortés: “Hay una doble lectura en todas las piezas, algunas contradictorias”.

‘Infinite Cell’, de Alfredo Jaar, en la exposición ‘¿Cuál es nuestro hogar?’

Doble lectura que, sin embargo, suele escorarse del lado de esa extrañeza apuntada por el propio director del IVAM, aflorando en todo momento una idea de hogar más próxima al sentimiento carcelario que Alfredo Jaar, en una de las piezas más impactantes de la muestra, construye basándose en ‘Los cuadernos de la cárcel’ de Antonio Gramsci, de quien todavía colea su famoso “pesimismo del espíritu, optimismo de la esperanza”. Diríase que estos ecos del pensador italiano están en la base del conjunto expositivo y del propio talante de Cortés, quien se refirió al confinamiento vivido recientemente como caracterizado por un “silencio sepulcral”, apenas alterado por el “sonido de las ambulancias”, sonido que dijo no olvidará jamás.

De hecho, ante la pregunta ‘¿Cuál es nuestro hogar’?, con la que se interpela al espectador, Cortés apuntó como una de las posibles respuestas: “Si es que lo hay”. Acto seguido, se refirió a la muestra en estos términos: “Habla de espacios físicos, pero sobre todo de espacios mentales”. Una mentalidad sobrecogida por esa sensación de extrañeza que destilan en todo momento las diferentes instalaciones, “la mayoría de ellas jamás vistas en España”, recalcó el director del instituto valenciano.

José Miguel Cortés, al fondo, durante la presentación de la muestra ‘¿Cuál es nuestro hogar?’ Imagen cortesía del IVAM.

El diálogo entre algunas piezas de la colección del IVAM, obra de Bruce Nauman, Richard Hamilton o Gabriele Basilico, y aquellas otras del MAXXI, firmadas por Mario Merz, Francis Alys, Kara Walker, Teddy Cruz, Ilya y Emilia Kabakov, William Kentridge, Atelier Van Lieshout o el propio Jaar, revela esa construcción del hogar amenazado por fuerzas externas, ya no solo climáticas sino de la incontinencia y depredación del poder, que hace que las personas se sientan “extranjeras en cualquier lugar pues llegan a pensar que sus existencias transitan, con un cierto sentimiento de angustia, por unas ciudades que ya no se reconocen y por unos espacios urbanos en los que no encuentran ni sitio ni lugar”, señala Cortés.

Hogar, triste hogar, más bien, el que transcurre a lo largo de la exposición, que arranca con la mencionada pieza de Sterbak, ubicada en el exterior justo de la entrada a las Galerías 4 y 5, y prosigue, ya una vez dentro, con las de Hamilton, dedicadas a la sociedad de consumo y sus iconos culturales. Una instalación “multisensorial” en la que el espectador se puede dejar llevar por esa otra sensación más optimista que ofrecen la publicidad y los mass media, una vez vaciados de contenido sus referentes para una digestión ya baja en calorías.

‘Cultural Traffic’, de Teddy Cruz. Imagen cortesía del IVAM.

Francis Ays se hace cargo de esa otra cara menos amable de las ciudades, tomando como referencia de su obra fotográfica a los denominados sleepers o durmientes en la calle, gente sin otro hogar que la intemperie, contrastando con el bienestar de la sociedad que malamente los acoge. Teddy Cruz abunda en esta línea subrayando la idea de frontera que separa y aísla a los seres humanos, con una instalación repleta de agresivos conos de tráfico a modo de punzante recinto amurallado. De la soledad se ocupa Basilico, mediante sus imágenes de grandes ciudades deshabitadas. “Quién podía imaginar que íbamos a vivir lo que estamos viviendo”, subrayó Cortés, con respecto a esas fotografías tomadas hace 20 años y que ahora de pronto cobran sorprendente actualidad.

‘¿Where is our place?’, de Ilya y Emilia Kabakov. Imagen cortesía del IVAM.

Kentridge y Van Lieshout, cada cual a su manera, ponen el acento en el control social por parte del poder, mientras Nauman se centra en la fragilidad que, paradójicamente, pueden llegar a poseer las estructuras más sólidas. La pareja formada por Ilya y Emilia Kabakov deconstruye un Salón de Arte del siglo XIX, para revelar la inconsistencia del propio arte por la desproporción de sus elementos. Las piezas de Mario Merz y la ya mencionada de Jaar destacan del conjunto. El iglú acristalado de Merz remite a “tiempos pretéritos”, aunque “construidos con materiales de la modernidad”, señaló Cortés, para resaltar la importancia del cristal por su transparencia ligada al control y la vigilancia, y los números Fibonacci incluidos en su interior a modo de infinitud replicante.

Como infinita es la cárcel de Alfredo Jaar, con sus barrotes de acero y, de nuevo, los cristales de 12 espejos reflejando la extensión inabarcable del encierro. Una ventana de luz permite imaginar un mundo exterior, como contrapunto a tanta clausura. ‘¿Cuál es nuestro hogar?’ interroga al espectador, precisamente ahora que el reciente confinamiento nos ha obligado a repensar nuestra posición dentro de él, tal y como lo hiciera Picasso: “Tu hogar es tu refugio, pero no acabes encerrado en él”. Un hogar extraño que José Miguel Cortés está a punto de dejar a modo de legado: “Si alguien considera que el IVAM no ha sido internacional, la pregunta está contestada”, dijo tras enumerar las diferentes exposiciones realizadas en colaboración con diversos museos extranjeros. Lo dijo tras habérsele mencionado lo que figura en las bases del concurso público convocado para elegir al nuevo director del IVAM, quien deberá tener “una perspectiva clara hacia la intensificación de la internacionalización del museo”. La Conselleria de Cultura, al parecer, considera insuficiente la internacionalización hasta la fecha realizada. Aunque eso será ya otra historia.

‘Senza titolo (Triplo Igloo), de Mario Merz. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

Sagunt a Escena, haciendo de tripas corazón

Festival Sagunt a Escena
Teatre Romà de Sagunt y otros espacios de la localidad valenciana
Del 4 de agosto al 5 de septiembre de 2020
Martes 14 de julio de 2020

Hacer de tripas corazón es una expresión documentada en el siglo XVI que viene a ser algo así como sacar fuerzas de donde no hay o, más literalmente, convertir el ardor de tripas en un oxigenante y saludable corazón. El festival Sagunt a Escena, que este año cumple su 37 edición, ha estado sometido a las dudas generadas por la pandemia, hasta el punto, como recordó Abel Guarinos, director general del Institut Valencià de Cultura (IVC), de barajarse lógicamente su suspensión, para salir finalmente adelante “with a little help from my friends” (con una pequeña ayuda de mis amigos), que dirían The Beatles. En este caso, con una gran ayuda de las compañías valencianas, algunas de las cuales han optado por aguardar el estreno de sus últimas producciones a la llegada de Sagunt a Escena, festival revitalizado, en plena depresión por el todavía amenazante virus, gracias a esos estrenos.

Representantes institucionales y artistas en la presentación de Sagunt a Escena. Imagen cortesía del IVC.

Juan Vicente Martínez Luciano, director del festival que acoge Sagunto del 4 de agosto al 5 de septiembre, quiso dar las gracias “a todos los profesionales valencianos que se han volcado en ayudar al festival en todos los sentidos”. Ayuda que ha permitido, dijo, “mantener una calidad extraordinaria”, a pesar de las circunstancias tan desfavorables con las que se han encontrado este año para llevar a cabo su realización. “Lo hemos hecho muy conscientemente, porque es momento de estar junto a nuestras compañías y equipos artísticos, que han pasado por una gran oscuridad durante unos meses y queremos que brillen y muestren sus trabajos a los espectadores” del festival, recalcó Martínez Luciano.

De la oscuridad de las tripas, pues, a la luz que ofrece el corazón palpitante de todos los artistas y compañías aludidas. De ahí que el lema de esta 37 edición, alejándose de las habituales temáticas de otros años, se haya centrado precisamente en esa recuperación de la escena por parte de los profesionales valencianos que han estado tres meses largos parados, teniendo que suspender actuaciones y esperando que el temporal vírico amainara para reubicar sus proyectos. Recuperem l’escena se convierte, así, en el grito de guerra contra el coronavirus por parte del sector teatral.

Sol Picó y Jesus Salvador ‘Chapi’. Imagen cortesía de Sagunt a Escena.

Un grito, eso sí, contenido o, cuando menos, delimitado a la obligatoriedad impuesta para combatirlo, ya que el virus sigue ahí presente a la espera del anunciado rebrote otoñal. Sol Picó, haciendo de nuevo de tripas corazón, aunque en su caso menos, por cuanto la coreógrafa alcoyana tiene larga trayectoria de trabajo con las vísceras adscritas a su pasión por la danza más creativa y rompedora, estrenará en el Teatre Romà de Sagunt lo que ha dado en llamar de forma harto elocuente ‘Incovidsació en Do Major’, bajo la dirección musical de Jesús Salvador ‘Chapi y con la colaboración de Carles Dénia.

Como se apunta en la sinopsis de la obra, se trata de “un espectáculo de danza donde la improvisación, la repetición, el minimalismo y el concepto vírico de la situación actual, así como la ternura hacia nuestros mayores, el reencuentro con nuestros seres más queridos y el deseo de normalizar de alguna manera las relaciones sociales, rinden un homenaje a la sociedad en general”. Por fortuna, Sol Picó trasciende tan amable mensaje para convertirlo, sin duda, en una obra de arte que, como suele ser habitual en sus trabajos, se aleja de los tópicos establecidos por la buena comunicación.

‘Eduardo II, ojos de niebla’, de Jaime Azpilicueta. Imagen cortesía de Sagunt a Escena.

‘Incovidsació en Do Major’ es uno de los cuatros estrenos de los 11 espectáculos programados en el Teatre Romá. Los otros tres son ‘Elektra.25’, de la compañía Atalaya bajo la dirección de Ricardo Iniesta; ‘Eduardo II, ojos de niebla’, dirigido por Jaime Azpilicueta, y ‘Saguntilíada’, de Hongaresa de Teatre, dirigida por Paco Zarzoso, que cuenta con la coreografía de Jéssica Martín y, de nuevo, con la dirección musical de ‘Chapi’. Atalaya, que cumple 25 años adaptando textos del teatro clásico universal, se fija en esta ocasión en la Electra griega para reflexionar en torno al sentimiento universal de la venganza. Un tema tan actual como el virus que nos acecha y en el que han visto muchos una suerte de venganza contra la depredación medioambiental del ser humano.

Cartel de ‘Saguntilíada’, de Paco Zarzoso. Imagen cortesía de Sagunt a Escena.

‘Eduardo II, ojos de niebla’ también se sumerge, tirando del hilo de los clásicos, en las profundidades del ser humano, ahora cuestionando las instituciones que hemos fabricado para defendernos de la cruenta vida, en tanto son la iglesia, las monarquías o los bancos, es decir, la religión, la política y el dinero, los que se vuelven en nuestra contra. Zarzoso se vale de ‘Saguntilíada’ para ahondar en esas mismas grietas, poniendo en valor la cultura en tanto contenedora de “todas las preguntas que el ser humano se plantea continuamente”.

Darío Moreno, alcalde de Sagunt, se refirió precisamente a esa cultura, no como “un lujo”, sino como un “servicio público” que los representantes políticos como él debían tener muy en cuenta, de ahí los “precios asequibles” de los 39 espectáculos de Sagunt a Escena, como ejemplo de esa “democratización de la cultura”. Democratización que tiene, lógicamente, un coste. Guarinos señaló que este año se había incrementado en 100.000 euros el presupuesto, que alcanzaba los 645.000, de los que Diputación aportaba 70.000, como indicó Glòria Tello, diputada de Teatres.

‘Carmen.Maquia’, de Titoyaya Dansa. Imagen cortesía de Sagunt a Escena.

El mantenimiento del metro y medio de distancia entre los espectadores, lo que obliga a limitar el aforo al 75%, supone una merma en los ingresos de taquilla. Reducción que “asumiremos las instituciones públicas con gusto”, resaltó Guarinos, en la línea de lo apuntado por Darío Moreno con respecto a la cultura como servicio público. Tello abundó en esto: “Lo hacemos con la convicción de que la cultura es un servicio que resulta muy necesario para la sociedad y más en estos tiempos”.

Tiempos de pandemia que Sagunt a Escena combate con una programación “amplia, diversa y de calidad”, aseguró Guarinos. A los estrenos ya reseñados, se suman en el Teatre Romà los espectáculos ‘Carmen.Maquia’, de Titoyaya Dansa; ‘Romeo y Julieta’, en versión de Alfonso Zurro; ‘Anfitrión’, de Juan Carlos Rubio, además de la música de Manel, la Orquestra de la Comunitat Valenciana, la danza de Mayte Martín y la XVI Gala Benéfica de l’Alzheimer organizada por Afacam. El festival se abrirá con el teatro de calle ‘The Wolves’, de Carmen Esquivel, y el ‘Homenaje a Alicia Larrocha’, de Jorge Tabarés, dentro del Off Romà que viene a completar la programación de Sagunt a Escena.

Y, como suele ser habitual, un año más salió a colación el nombre de Juan Vicente Martínez Luciano y su continuidad al frente del festival, teniendo en cuenta que “habrá licitación”, según constató Guarinos, para la dirección del certamen: ¿el último de Martínez Luciano? “Este es su mejor festival”, señaló con ironía el director general del IVC, con respecto a la 37 edición, la quinta bajo su dirección. El aludido, tras referirse a la trama argumental de cierta película, se acogió a una frase repetida por el personaje fílmico: “Sin comentarios”, aunque luego añadiera que se trata de una decisión que tiene que estar “muy meditada”.

‘Elektra’, de la compañía Atalaya. Imagen cortesía de Sagunt a Escena.

Salva Torres