Xavi Font: «Es imposible estancarse con este trabajo»

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Xavi Font (Compositor y productor ejecutivo)
Miércoles 27 de mayo de 2020

Su larga experiencia en cortometrajes, TV movies, y spots publicitarios ha llevado al compositor catalán Xavi Font (Bellpuig, Lleida, 1972) a colaborar en diversos largometrajes y series de notable recorrido, como, por ejemplo, ‘Agallas’, ‘El Diario de Carlota’, ‘Tiempo sin Aire’, ‘Hierro’ y ‘O que Arde’, uno de los filmes más relevantes de 2019.

¿Cómo entras a colaborar con el proyecto de ‘O que arde’?

Conocí a Oliver Laxe en 2015; él impartía un taller de haikus, fue muy revelador para mí y aprendí mucho de esa experiencia con él. Unos meses más tarde me llamaron desde Miramemira para comentarme que se empezaba a desarrollar el proyecto de una película que Oliver dirigía (‘O que arde’) y no lo pensé dos veces. Al principio, estuve más en el frente financiero, pero poco a poco fuimos compartiendo el trabajo de producción con mi compañera Andrea Vázquez, con la que hemos crecido mucho juntos durante estos últimos cuatro años, ya que se trata de la primera vez que actuamos de productores.

Parte del equipo de rodaje durante los preparativos de un incendio en ‘O que arde’, de Oliver Laxe.

Imagino que la complejidad técnica ha sido importante en este largometraje ¿Cuál ha sido la parte más difícil para ti? ¿Alguna anécdota que nos puedas contar?

La complejidad de ‘O que arde’ ha residido en cuestiones de valentía que partían del propio concepto de película: filmar con fuegos reales, cuatro períodos de rodaje (algo muy poco frecuente en el cine), rodaje en 16 mm… Esto ha ocasionado un trabajo de ingenio para llegar con la producción hasta donde no llegaba el dinero, incluyendo una colaboración estrecha con la Consellería de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia. Una curiosidad es que hemos tenido que convertirnos en bomberos y pasar las pruebas de brigadistas para poder filmar los incendios reales junto a los servicios de extinción.

Anteriormente, ya te hubieron premiado por ‘Hierro’. ¿Crees que el hecho de ganar premios ayuda a los artistas en general?

Es cierto que ‘Hierro’ ha tenido mucho reconocimeinto con el Ondas, el Feroz a la mejor serie dramática, etc. Pero, en realidad, el único premio que hemos tenido por la música fue el Mestre Mateo (Academia Galega) que nos dieron el pasado día 7 de Marzo.

Los premios son algo necesario para visibilizar la industria y promocionar los mejores contenidos del año, tienen el componente de ser el reconocimeinto de los compañeros de profesión a los trabajos destacados del año. Son buenos si se permite poner el foco en los nuevos valores y los profesionales que aportan aire fresco e innovación, pero pueden ser peligrosos si se quedan en reconocimiento endogámico o en el vasallaje laboral, por seguir la cadena trófica.

¿Aspiras a conseguir un Óscar o, mejor, un Grammy?

No me quita el sueño, creo que ejercer la libertad de trabajar en proyectos con una buena dosis de compromiso y motivación es mejor que cualquier premio. De hecho, si algún día ocurriera, no lo disfrutaría si no fuera un proyecto con estos componentes.

Xavi Font y Manuel Riveiro recibiendo el premio Mestre Mateo por ‘La sombra de la ley’ (Dani de la Torre, 2018)

¿Cómo valoras las ventajas de haber tenido experiencia en tantos formatos audiovisuales distintos?

Es una suerte, aunque algo buscada. Cuando dejé el trabajo estable que tenía en el sector financiero, busqué precisamente esto: trabajar con equipos diferentes en cada proyecto, profundizando en una temática distinta, asumiendo nuevos retos… Es imposible estancarse a nivel profesional haciendo este trabajo, pero también es sacrificado aprender a vivir con la incerteza de cuál va a ser el siguiente proyecto, si será satisfactorio, si colmará tus necesidades para vivir.

¿Crees que el público nacional es más agradecido que el internacional, o al revés?

Es difícil contestar a esto, pero creo que no generalizaría. Hay perfiles de público por encima del origen de los espectadores y eso se detecta muy bien cuando se acude a festivales como Berlín o San Sebastián. La gente habla de cine en todas partes, es una fiesta multicultural muy contagiosa y eso es lo importante. Sí es cierto que cuando una producción triunfa en los festivales internacionales es más sencillo que tenga impacto en el territorio nacional.

¿Cómo crees que se desarrollarán las artes de nuestro país ahora que estamos muy afectados y con los presupuestos oficiales tan ínfimos para el sector?

España va muy por detrás en la dotación presupuestaria al cine; es algo que el ICAA conoce bien y está intentando mejorar. Curiosamente, el desarrollo de las artes audiovisuales de los países con mayor dotación no responde de una manera proporcional a esa dotación económica. Suele crear mucho músculo industrial, pero poco a nivel creativo, por lo que (además del aumento presupuestario) habría que alentar la innovación, la valentía y el riesgo, entre otros.

Xavi Font en su estudio. Fotografía cortesía del compositor.

¿Hay alguna faceta artística que te gustaría desarrollar y no hayas hecho aún?

Afortunadamente, no tengo anhelos sin cumplir, pero sí me gustaría retomar la vida musical que tenía a los 20. Volver a tener un proyecto musical con el que hacer giras una parte del año, etc. Espero no tardar mucho en hacerlo.

¿Qué consejo le darías a un estudiante, hoy en día, para mejorar su futuro? ¿Hacia dónde evolucionamos?

Es toda una responsabilidad hablar a un estudiante que busca la forma de labrar su futuro, pero se me ocurren dos cosas: creo que lo más importante no es cumplir una ambición personal, sino hacerla sin dejar de ser uno mismo. Como decía mi abuela, lo primero es “ser persona”, la persona que queremos ser. Por otra parte, no creo mucho en los modelos educativos, los especializados tampoco, parecen más modelos de negocio que de formación. Creo más en eso tan arcaico que es la relación entre un maestro y un aprendiz. Alguien que escuche al que quiere aprender y le ayude a llegar a donde quieres.

¿Tienes nuevos proyectos que se hubieran visto afectados por la COVID-19? ¿Puedes contarnos algo de ellos?

Estaba terminando mi segunda película como productor, el largometraje ‘Ons’, del director Alfonso Zarauza. Ha sido una aventura apasionante en la que hemos filmado durante seis semanas en la isla de Ons, en la ría de Pontevedra, en una partida de ajedrez contra la climatología y los elementos. Además, estábamos arrancando la segunda temporada de ‘Hierro’(cuyo rodaje fue suspendido a mediados de marzo), en la que también hago la música junto a Elba Fernández y se presentaba un año con algunas series más para grandes plataformas.

El compositor Xavi Font durante una de las presentaciones de ‘O que arde’. Fotografía de AIGI BOGA Photography cortesía del autor.

Neus Flores

«Lo contrario a pobreza es justicia e igualdad»

#MAKMAEntrevistas | Javier Fesser
‘El Monstruo Invisible’, de Javier y Guillermo Fesser
35′
Películas Pendelton y Acción Contra el Hambre, 2020
Jueves 21 de mayo de 2020

Refrendado por una singularísima filmografía que incluye cinco largometrajes y más de una decena de cortos –con los que ha cimentado una laureada trayectoria tan heteróclita como reconocible–, el cineasta Javier Fesser retorna a las pantallas (digitales) tras convulsionar la taquilla y engrosar con recompensas académicas su morral de caza mediante su hilarante y pedagógico filme ‘Campeones’ (2018).

De este modo, ‘El Monstruo Invisible’ –cortometraje estrenado en Movistar Plus el pasado 1 de mayo–, amén de atesorar, igualmente, la fraternal rúbrica (estilística y consanguínea) de los Fesser, ubica su acento proposicional sobre el objetivo de visibilizar (con voluntades emotivo-reflexivas y didácticas) la crónica e ignominiosa desnutrición infantil –que sitúa en el epicentro de la iniquidad a casi 200 millones de niños en todo el planeta– encarnada en un grupo de recolectores de basura, encabezados por el diestro y sagaz Aminodin, en el abyecto escenario de un desmesurado muladar de Marawi –ciudad al sur de Filipinas cuyo Gobierno se encuentra en pleno proceso de negociación con las guerrillas independentistas islámicas, quienes, en 2017, emprendieron el intento de consumación de un califato bajo el sanguinolento paraguas del ISIS–.

¿Qué razones habitan en la gestación de este proyecto conjunto, en colaboración con Acción contra el Hambre?

El proyecto nace del deseo de cerrar la trilogía iniciada con ‘Binta y la gran idea’ (2005) y ‘Bienvenidos’ (2014), poniendo en esta ocasión el hambre y la guerra como paisaje de fondo. El objetivo ha sido, una vez más, hacer cine para educar. Generar un contenido que sirva como herramienta para los maestros, un elemento atractivo que invite al debate.

¿Cuáles fueron las singularidades humanas y logísticas de rodar en la isla filipina de Mindano?

Marawi es un territorio en guerra. Hemos rodado la película en situación de toque de queda y con grandes medidas de seguridad, pero tengo que decir que Acción contra el Hambre gestionó todos los permisos y nos facilitó absolutamente la logística, de forma que el pequeño equipo técnico que hicimos la película nos pudimos concentrar al 100% en nuestro trabajo. Es una suerte moverte en lugares así en calidad de miembro de una ONG tan querida y respetada como Acción Contra el Hambre.

(De dcha. y izda.) Javier Fesser, Guillermo Fesser y el productor Luis Manso junto al grupo de niños que protagonizan ‘El Monstruo Invisible’. Fotografía cortesía de Acción Contra El Hambre.

La teoría del ‘círculo vicioso de la pobreza’, acuñada por el premio Nobel de economía sueco Gunna Myrdal, incide en la dificultad para ahorrar que experimentan los ciudadanos de los países pobres –una complejidad que atesora carácter inelubible y hereditario. ¿Es el hambre el más funesto de los círculos posibles? ¿Tiene el hambre una naturaleza hereditaria?

El hambre no es el problema, es solo una consecuencia de una circunstancia mucho más trágica llamada ‘injusticia’. Los protagonistas de ‘El Monstruo Invisible’ son personas sin oportunidad alguna de abandonar su situación de pobreza. Uno de los aspectos más terribles es el hecho de que la desnutrición en los primeros meses de vida provoca daños irreversibles en el desarrollo del cerebro. Es decir, las personas que lo sufren ven drásticamente limitadas sus capacidades cognitivas e intelectuales para labrarse un futuro mejor.

Transitar tras las pasos de Aminodin sobre el elefantiásico vertedero de Papandayan auxilia a fraguar una radiografía que se transforma en dinámico discurso frente a la carestía (en todas sus formas posibles). ¿Es la ficción cinematográfica más enérgica y empática que el simple documento audiovisual?

Guillermo y yo hemos apostado definitivamente por la ficción. Creemos en la inmensa capacidad de empatía que tiene una historia con nombre y apellidos. Nos parece que la película ha de mostrar la vida de un chaval alegre, divertido y juguetón, como cualquier niño del planeta, al que le pasan muchas cosas, entre otras, que no tiene qué comer y que no puede ni soñar con acudir a una escuela.

¿Qué papel concedes en este cortometraje al humor –en tanto que agudeza, ingenio y ocurrencia– y al entusiasmo –entendido como una forma de ilusión, aliento y optimismo–, tan presentes en tus películas anteriores?

El humor es un vehículo de expresión muy poderoso que, además, hace a los personajes muy atractivos. Esta es una película que deseamos sea vista por miles de niños de todo el mundo y que les haga sonreír, les entretenga y les interese. La reflexión vendrá después porque, detrás de ese envoltorio luminoso y desenfado se esconden mensajes profundamente humanos que habitarán sus conciencias por mucho tiempo. Es una película para que el espectador descubra y llegue a sus conclusiones. En ‘El Monstruo Invisible’ hay más preguntas que respuestas.

¿Caben razones para encontrar belleza y armonía entre la inmundicia? ¿Son los cometas manufacturados con deshechos vívido ejemplo de ello?

Donde hay seres humanos hay belleza y donde hay infancia esta belleza se multiplica por mil. Las cometas son una expresión externa de la dignidad y esperanza de estas personas tan injustamente maltratadas. No hay basurero en el mundo que pueda eclipsar la belleza en la sonrisa de un niño.

Afirmaba el filósofo y matemático escocés Thomas Carlyle que “la contemplación es un lujo, mientras que la acción es una necesidad”. ¿Confías en que ‘El Monstruo Invisible’ exhorte a la acción a quienes simplemente contemplamos?

Claro. En el momento en el que el cine nos da la oportunidad de ponernos en la piel de quienes sufren, en el momento en que uno entiende que lo contrario a pobreza no es riqueza, sino justicia e igualdad, en ese mismo instante, es casi imposible no menear el culo. ¿Se nota mucho que amo mi profesión?

Javier Fesser. Fotografía cortesía de la Academia de Cine.

Jose Ramón Alarcón

Tarkovski según Tarkovski

#MAKMACine | ‘Andrey Tarkovsky. A Cinema Prayer’
Andréi A. Tarkovski
97′
Rusia, Suecia, Italia, 2019
D’A Film Festival Barcelona | Filmin
10 de mayo de 2020

Cuando la obra artística se gesta y porta consigo una honda necesidad lírica y reflexiva, acudir a la fuente –voz a través de la que el autor expresa sus pensamientos en paralelo y como complemento de su producción– suele constituirse en una tentación no siempre satisfecha por el resultado. Debe admitirse que son escasos los autores de nuestra contemporaneidad que gocen de la agudeza y competencia suficientes para situar su discurso a la altura de la creación vernácula que les ha granjearo celebridad. Sin embargo, el caso que nos ocupa se revela como una de esas imprescindibles excepciones que ratifican el axioma.

A finales de 1985 veía la luz, en Alemania Occidental, ‘Die versiegelte Zeit. Gedanken zur Kunst, Ästhetik und Poetik des Films’, compilación de cavilaciones y dietario personal del cineasta Andréi Tarkovski (1932-1986) –cuya primera edición en castellano sería publicada, en 1991, bajo el título ‘Esculpir en el tiempo. Reflexiones sobre cine’ (y en ulteriores ediciones, sencillamente, ‘Esculpir en el tiempo’)–, en cuya introducción, a modo de propedéutica, asevera que “con este libro (…) no quiero adoctrinar a nadie, a nadie quiero imponer mi punto de vista. Surge por la necesidad de encontrar yo mismo mi camino en la jungla de posibilidades que ofrece este joven y maravilloso arte del cine, (…) algo tiene que ver con la necesidad general de aprehender el mundo, de todos aquellos aspectos, inumerables, que unen a los hombres con la realidad viva”.

Andréi Tarkovski en pleno rodaje. Fotografía cortesía del D’A Film Festival Barcelona y Filmin.

Una colosal herramienta con la que aproximarse al complejo y clarividente cosmos del director soviético, quien exhibe su particular visión en torno de la creación artística y sus fundamentos morales, la espiritualidad en el marco de la existencia, el tiempo y el destino, amén de formular sus predilecciones técnicas relativas al empleo de la imagen cinematográfica, el paisaje sonoro y la música, entre otras y derivadas cuestiones presentes en su manejo del celuloide.

Y al calor y sustento de tales antecentes, su hijo, Andréi A. Tarkovski (encargado del archivo del director en Florencia), edifica con morfología audiovisual la estructura fundamental del pensamiento de su progenitor, en el documental ‘Andrey Tarkovsky. A Cinema Prayer’ (2019) –filme que forma parte de la sección ‘Especials’ del D’A Film Festival Barcelona 2020, cuya presente edición acoge la plataforma Filmin hasta el 10 de mayo–.

Un proyecto, anhelado y perseguido por su vástago durante varios años, instituido con la voluntad de mostrar en pantalla –tras el escrutinio de cientos de horas de grabaciones (muchas de ellas inéditas) e ingente documentación personal– su horizonte de predilecciones mediante el testimonio oral de su progenitor, estructurando el filme –con sugestiva apariencia de found footage– a través de ocho capítulos que siguen fielmente el curso cronológico y semántico de sus películas y, por ende, de su deriva vital. A saber:

Capítulo | Título | Películas

Capítulo 1 | Radiante día (Bright, bright day) | ‘El espejo’ (‘Mirror’) (1975).
Capítulo 2 | El Debut (The Debute) | ‘La apisonadora y el violín’ (‘Steamroller and the Violin’) (1960), ‘La infancia de Iván’ (‘Ivan’s Childhood’) (1962).
Capítulo 3 | La Pasión de Andrey (Andrey’s Passion) | ‘Andréi Rubliov’ (‘Andrey Rublev’) (1966).
Capítulo 4 | De regreso al hogar (Homecoming) | ‘Solaris’ (1972).
Capítulo 5 | A Través del Espejo del Tiempo (Through the Mirror of Time) | ‘El espejo’ (‘Mirror’) (1975).
Capítulo 6 | En el Laberinto de la Zona (Into the Maze of the Zone) | ‘Hamlet rehearsal’ (1976), ‘Stálker’ (1979).
Capítulo 7 | En la fuente de Nostalgia (At the Source of Nostalghia) | ‘Nostalgia’ (‘Nostalghia’) (1983).
Capítulo 8 | Al Borde del Apocalipsis (At the Verge of Apocalypse) | ‘Sacrificio’ (‘Offret’) (1986).

Fotograma de ‘Sacrificio’ (1986). Fotografía cortesía del D’A Film Festival Barcelona y Filmin.

Tarkovski según Tarkovski

Como muestra fehaciente de cuanto decimos a modo de introducción de su universo fílmico, sin duda enriquecido o, cuando menos, en ningún caso por debajo de su singular y excelsa obra cinematográfica, pasamos a transcribir algunas de las hondas reflexiones que el propio cineasta formula en torno a sus películas y, por extensión, acerca de la importancia de la creación en general. Creación que, a su juicio, y con esto arrancamos la serie de pensamientos recogidos en el documental y que rubrican la magnitud de su obra, gira en torno a la importancia del artista en la sociedad actual.

“El papel del artista en la sociedad contemporánea es crucial. Sin artistas no existiría la sociedad, porque son su conciencia. Cuanto menos capaz sea un artista de expresarse, de interactuar con su audiencia, con otra gente, peor para la sociedad. Se vuelve desalmada y en una sociedad así, una persona no puede cumplir con su función, con su propósito en la vida. No importa para nada dónde ocurra: en Rusia, en África o en Suecia, Lo que importa es que con la desaparición del último poeta, la vida pierde todo sentido”.

De esa sociedad desalmada, es decir, sin alma que nos eleve hacia cotas más altas producto de la exigencia creativa, se hace cargo, después, refiriéndose al concepto de espiritualidad que Tarkovski define así: “A lo que me refiero con espiritualidad es, principalmente, a que una persona sea inquisitiva en referencia al llamado ‘sentido de la vida’. Digamos que al menos es un primer paso. Una persona que se hace esa pregunta, ya no bajará de ese nivel, empezará a evolucionar hacia otras preguntas como: ¿por qué existimos? ¿de dónde venimos y adónde vamos? ¿cuál es el propósito de nuestra presencia en este planeta durante los, seamos optimistas, ochenta y pico años que estamos en este mundo?”.

Transitando por esa senda puede suceder que, de forma ya natural, accedamos al alma del arte y del artista que, según Tarkovski, comparece una vez descubierta la espiritualidad que nos habita: “El arte o el artista que no se tome este problema en serio no es tal porque no es realista, porque ignora uno de los problemas más importantes de la humanidad, el que convierte en humano a un humano. Cuando nos referimos a esos problemas aparece el auténtico arte”. Y añade: “Según creo, el sentido de la vida reside en elevar nuestro nivel espiritual a lo largo de nuestra existencia. Solo si conseguimos mejorarla, aunque sea un ápice, con respecto a cuando nacemos, nuestra vida no habrá sido en vano”.

En la obra fílmica de Tarkovski late ese carácter poético que hace de sus películas singulares obras donde la humanidad comparece en toda su vasta complejidad, imposible de reducir al preclaro mensaje ideológico. De ahí que insista en la espiritualidad como aquello que escapa al tópico (que no utópico) horizonte de la más angosta realidad. “Si una sociedad necesita espiritualidad empieza a producir obras de arte y a generar artistas. Si no necesita la espiritualidad, una sociedad se las apañará sin arte, pero crecerá el número de gente infeliz, de gente espiritualmente insatisfecha. Los humanos perderán su objetivo y ya no entenderán el porqué de su existencia”.

Una existencia que, en tanto artista de amplia y honda mirada espeleológica del corazón humano, entiende conformada por los extremos entre los que se debate el individuo. “Los humanos albergamos el mal así como el bien. Y el propósito de nuestra existencia es luchar, sobre todo, contra el mal que habita en nosotros. Por eso se nos otorga el libre albedrío. Podemos luchar contra el mal o podemos dejar que ese mal prevalezca. Solo es responsabilidad nuestra. Lo peor es cuando empezamos a luchar contra el mal no en nuestro interior, sino en el de los demás”.

Y, para concluir, Tarkovski nos advierte del peligro que nos acecha, más allá de las beligerancias entre naciones o de pandemias como la que estamos sufriendo en la actualidad, para centrarse, de nuevo, en la responsabilidad individual, no exenta, sin duda, de las tensiones sociales que zarandean al sujeto en la sociedad que habita. “La civilización podría terminar muy pronto, antes de que caiga la primera bomba nuclear. Sucederá cuando muera el último hombre que crea en el Creador. Una civilización sin espiritualidad, sin fe en la inmortalidad del alma humana, no es más que una manada de animales, ya no es una civilización. Es el fin, el declive”.

Andréi Tarkovski. Fotografía cortesía del D’A Film Festival Barcelona y Filmin.

Salva Torres y Jose Ramón Alarcón

David Moragas: «mi prioridad es cuestionar la norma»

#MAKMAEntrevistas | David Moragas
‘A Stormy Night’
75′
España, 2020
D’A Film Festival Barcelona | Filmin
5 de mayo de 2020

La 69 edición de la Berlinale, celebrada en febrero de 2019, rindió oportuno y afortunado tributo a la grand-mère de la nouvelle vague Agnès Varda, proyectando su último documental ‘Varda por Agnès’, una escritura cinematográfica con la que revisar y sumergirse en su personalísimo y edificante horizonte de fundamentos artísticos y cinematográficos, desarrollados, a la postre, a lo largo de tres etapas: “En toda película entran tres fases: la idea, la creación a partir de esta y cómo compartirla”.

Sustentado, entre otras ascendencias, por el influjo de su figura y compromiso, el cineasta tarraconense David Moragas (Almoster, 1993) incursiona en el largometraje, mediante ‘A Stormy Night’, con la destacada prez de clausurar, el próximo 10 de mayo, la presente edición del D’A Film Festival Barcelona –cuya programación adquiere carácter excepcional (tanto por razones cualitativas como insólitas) al celebrarse a través de la siempre excelsa plataforma de video bajo demanda Filmin–.

Filmada, en blanco y negro, con un sugestivo naturalismo que enaltece las cualidades del guion y las aptitudes interpretativas, ‘A Stormy Night’ cobra morfología argumental mediante el encuentro de Marcos –un cineasta debutante (encarnado por el propio Moragas) en tránsito hacia San Francisco para la proyección de su película, cuyo vuelo desde Nueva York es cancelado por razones climatológicas– y Alan (Jacok Perkins) –programador informático de una red social gay y compañero de piso de una amiga universitaria de Marcos, a quien acoge durante una noche de virulento temporal–.

Por ello, desde MAKMA cumplimos con el tercero de los preceptos literales de Varda y compartimos con Moragas la travesía hacia las dos primeras fases de la película para esclarecer y reflexionar en torno de los propósitos y determinaciones de su ópera prima.

¿En qué momento eclosiona como proyecto de largometraje ‘A Stormy Night’?

Me encontraba en el último año del máster de dirección de cine en Nueva York. Había rodado un par de cortos, siempre bajo la misma premisa: aprovechar los recursos que tenía a mano para contar historias. Se habían proyectado en algunos festivales de cine y tenía ganas de arriesgar y probar algo un poco más ambicioso. Le planteé a mi amigo y director de foto del proyecto Alfonso Herrera-Salcedo la posibilidad de rodar algo un poco más ambicioso que un corto. Todo el mundo en la universidad nos dijo que esa no era la forma natural de hacerlo y que no saldría bien; excepto un reducido grupo de amigos que terminaron formando el equipo de rodaje. En el momento en el que decidimos tomar nuestra propia iniciativa, sin esperar el permiso de nadie, eclosionó el proyecto: íbamos a rodar una película.

¿Qué influjos y referencias han sido determinantes en tu formación/mirada cinematográfica para aventurarte con este filme?

Uno de mis géneros favoritos es el de la comedia romántica, y todas las mutaciones que ha tenido el género a lo largo del tiempo. Me apasiona el mumblecore: los hermanos Duplass. El minimalismo extremo de Hong Sang-Soo.

Concretamente, cuando estudiaba la forma de realizar este filme, me inspiraron mucho las primeras obras de cineastas a los que admiro. Kelly Reichardt con ‘Old Joy’, por ejemplo. Me apasiona ese filme, e inspiró de forma muy generosa tanto el proceso de escritura como el proceso de realización. ¡O la idea de que se puede contar una gran historia sobre el afecto con muy pocos recursos!

Alan (Jacok Perkins) y Marcos (David Moragas) durante un instante de la película. Fotografía cortesía de Filmin.

¿Cuáles han sido las complejidades de afrontar tu ópera prima?

Cuando empiezas a hacer cine crees que necesitas el permiso de tus mentores, compañeros o de la industria para hacerlo. ¡Y no es verdad! Lo que necesitas es un contexto socioeconómico suficientemente privilegiado como para encontrar el tiempo y los recursos para rodar. Y una educación previa. Todo lo demás es una construcción sistemática que cuesta mucho de romper, o cuestionar. Cuando afrontas tu ópera prima, la principal complejidad es la duda de que no tienes la capacidad para hacerlo. O de que no deberías estar haciéndolo.

¿Confiere el presente confinamiento una razón de mayor peso para empatizar con tus personajes?

¡No lo sé! Cuando reflexionábamos la opción de hacer la presentación de la película online hicimos un visionado colectivo en el comedor de la casa donde estaba confinado.

De repente, ver la película desde la intimidad del hogar, a través de la pantalla del ordenador, creaba una nueva relación con los personajes. En el fondo, se trata de una película contada desde una mirada un poco privada. Con muchas reflexiones sobre quién mira, y cómo mira. Hacerlo desde la soledad y aislamiento de un confinamiento puede ser una forma muy interesante de acercarse a esta noción.

Me intriga mucho cuál será la respuesta creativa a esta crisis. De una forma muy similar a como un acontecimiento como el 11S tuvo un impacto notable en el arte del momento, y el posterior.

Aparentemente, Marcos (introspectivo, lacónico e inmutable) y Alan (expansivo, locuaz y vacilante) se erigen en perfiles ineludiblemente antagónicos. Sin embargo, ¿estás de acuerdo con que su convivencia indoor bajo el diluvio propicia una mutación de sus respectivos caracteres, desnudando sus fragilidades y encontrando un nexo inopinadamente común?

Absolutamente. Con Marcos y Alan quería explorar las contradicciones que he vivido desde mi propia experiencia. Lo bonito del cine es que me permite personalizar cada argumento, forzarles a pasar una noche juntos y esperar a que la tormenta llegue a su calma. A través de sus historias personales, y las relaciones afectivas que se establecen entre ellos, consiguen cuestionar sus valores: incluso los más interiorizados. El reto para mi sería que el mismo efecto surgiese sobre el espectador. Y que al llegar al final de la cinta todxs nos hayamos cuestionado las mismas ideas. Sin necesidad de cambiarlas. Solo explorarlas…

Marcos (David Moragas) y Alan (Jacok Perkins) durante su tormentoso y efímero confinamiento. Fotografía cortesía de Filmin.

¿Debe bucear un espectador avezado entre la teoría de lo simbólico de Slavoj Žižek o, por contra, la referencia al controvertido filósofo esloveno es mera predilección personal?

Me encanta esta pregunta. Me gusta mucho leer a Žižek porque su discurso se plantea desde un acercamiento a las contradicciones, y una invitación a cuestionar los extremos. Mientras escribía el guion releía algunos de sus textos y ensayos. Sobre todo en torno a las cuestiones del amor, el deseo y la clase. Fue por eso que decidí incluirle en la escena. Me parecía graciosísimo que alguien como Marcos le idolatrara, pero escogiera usar una camiseta como abanderamiento. Para mí era también una forma de reírme del carácter adoctrinador de este.

Una frugal afirmación de Žižek ha terminado mutándo en aforismo: “Si tienes razones para amar a una persona, entonces no la amas”. ¿Es plausible para definir la deriva vital de Marcos?

¡Lo es! Y constituye la tesis que sustenta la película.

El problema de Marcos es que asume esta afirmación como forma de darle sentido a la vida.

En el momento en el que dichas contradicciones son cuestionadas, tiene que replantear todo su sistema de valores. Pero, al final del día, la teoría y la práctica no suelen ir por caminos sincrónicos. La deriva vital de Marcos empieza con el cuestionamiento de estas afirmaciones. Alan se convierte en el catalizador de la noche. Pero lo bonito de la confrontación es que hasta él tiene sus propias dudas.

¿Sucede lo propio con Agnès Varda y ‘Cleo de 5 a 7’ que con Žižek?

La referencia a la película de Agnès Varda sirve como contrapunto a otra referencia fílmica, la de ‘Annie Hall’, de Woody Allen. Me parecía bonito que, al final de su encuentro, Alan tuviese su momento Marcos, adoctrinándole esta vez en cuestiones de diversidad. Para ser completamente honesto, al principio de la película Marcos le explicaba a Alan que había dejado de ver películas de Woody Allen a raíz de su toma de conciencia con la problemática presente. En el montaje final, decidimos quitar la explicación para mantener un poco más la sutileza del personaje. He sido un gran admirador del cine de Varda, que falleció justo antes de empezar el rodaje de la película. Me pareció una forma entrañable de rendirle homenaje. Del mismo modo, la película está llena de pistas para entender mis obsesiones fílmicas. Una pista: hay unas cuántas en las pinturas de las paredes… Como director me gusta jugar con todos estos elementos. Me gusta pensar en la idea de que con cada visionado el espectador encuentra nuevas pistas para entender el universo donde ocurre la historia. Ningún objeto es arbitrario.

Elucubraba Goethe que “al entrar en contacto con un color determinado, éste se sincroniza de inmediato con el espíritu humano, produciendo un efecto decidido e importante en el estado de ánimo”. ¿Eran esas tus intenciones con el empleo del blanco y negro en tu película?

Qué frase tan maravillosa. Honestamente, me cuesta teorizar sobre el uso del blanco y negro en la película, porque para mí no parte de un análisis formal previo. Como muchas decisiones en la dirección, parte de una intuición sobre qué acompaña mejor a la historia.

Cuando planteábamos la película con Alfonso, el director de foto, la visualizamos así sin cuestionarlo. Para nosotros se trataba de una película de un minimalismo extremo: dos personajes, una localización, dos valores que se ponen en duda. Dos razones de un argumento que entran en contradicción. El blanco y negro nos pareció una forma efectiva de expresar esta noción. Algo así como el yin y el yang.

En el rodaje, la luz y la oscuridad son nuestros dos aliados, como si de acordes menores y mayores se tratase. Alfonso tiene una sensibilidad muy meticulosa y premeditada; que a la vez consigue traducir en decisiones prácticas muy efectivas: ¿qué personaje se encuentra en el origen de la luz, y quién recibe la luz en cada escena? Y lo mismo se aplica a la dirección de arte, a cargo de Juliana Barreto, que tuvo mucho en cuenta esta misma cuestión: ¿qué colores visten? ¿Cuándo?

En buena medida, ‘A Stormy Night’ procura una reflexión en torno de la actitud del colectivo LGTBI frente a la idiosincrasia del mundo heteronormativo. ¿Marcos y Alan encarnan dos modos de ser/estar/actuar en él? ¿Cuál es tu posición al respecto?

Vivir una identidad que queda al margen de la norma es vivirla en resistencia y lucha. Esta noción se aplica a la gran diversidad sociocultural de la sociedad. Por lo que la lucha, por definición, asume la intersección de muchos colectivos, y muchas causas. Para mí, la prioridad es cuestionar la norma. Y promover este mismo mensaje a través de mis películas, y de las historias que decido compartir. Esa es la visión que presenta Marcos.

Pero, por otro lado, a veces asumo la conclusión de que el hecho de pertenecer a un colectivo minoritario no me responsabiliza necesariamente de todas las demás causas. Son días un poco amargos en los que me levanto un poco enfadado con el mundo y, como Alan, parto de una visión un poco más gruñona que opina que a lo mejor todxs seríamos más felices segregándonos “como monjas en un convento”. Esos días los disfruto yendo a espacios exclusivamente gays y enorgulleciéndome mucho de mi colectivo tan pequeñito. ¡Y no pasa nada! Como todo en esta película, las dos visiones se informan entre ellas, y al final del día lo importante es que no se escapen comportamientos sin cuestionar.

David Moragas.

Jose Ramón Alarcón

Monos: Una mirada primitiva de la humanidad

Título: Monos
Año: 2019
Dirección: Alejandro Landes
Reparto: Moisés Arias, Julianne Nicholson, Sofía Buenaventura, Julián Giraldo, Karen Quintero, Laura Castrillón, Deibi Rueda, Paul Cubides, Sneider Castro
Fotografía: Jasper Wolf
Música: Mica Levi

El conflicto armado en Colombia ha estado azotando el país durante casi medio siglo. Numerosos cineastas han luchado desde el frente cinematográfico denunciando los horrores de la guerra, llegando a constituir casi un subgénero. Recientemente, Alejandro Landes se ha hecho un hueco en el panorama del cine colombiano con una propuesta y un enfoque innovador respecto al conflicto.

Tras tocar el documental (Cocalero, 2007) y el género biográfico (Porfirio, 2011), en 2019 el joven cineasta colombiano estrenó su tercer largometraje Monos. Su recorrido por varios festivales internacionales (como Sundance, Berlín, San Sebastián, Cartagena) ha resultado un asombroso éxito, llegando a obtener numerosos premios. Además, fue escogida para representar a Colombia en los Óscar.

Escena de los ocho jóvenes y el mensajero de la película Monos

La película nos presenta un grupo de ocho adolescentes guerrilleros, de los cuales no conocemos más que su apodo de guerra, que viven apartados de la sociedad como una manda de monos y luchan por una causa que tampoco conocemos. Entrenados en la dureza y la crueldad de la guerra, son comandados por un pequeño hombrecillo, el mensajero (personaje encarnado por William Salazar, excombatiente de las FARC). Su misión es cuidar y vigilar a una rehén estadounidense, la doctora, y a una vaca que han recibido como regalo, obedeciendo las indicaciones de “La Organización”.

Partiendo de esta situación, el film avanza como una espiral de conflictos, tanto internos entre los propios adolescentes, como externos como la guerra, que sacan a la luz lo más salvaje de lo humano.  Un proceso de deshumanización y embrutecimiento en el que la violencia, sugerida poéticamente, es el motor de la historia.

Escena del personaje Rambo de la película Monos

Una de las cosas más llamativas de la película es la majestuosidad audiovisual con la que es resuelta. La imponente fotografía de Jasper Wolf, que captura la belleza sublime de las montañas y la selva, y la música experimental de Mica Levi hacen de esta una auténtica experiencia sensorial que atrapa al espectador en una atmósfera psicodélica y asfixiante por momentos.

Cabe mencionar que casi todo el elenco son actores amateurs, exceptuando a Moisés Arias y Julianne Nicholson, y para estar enfrentados a situaciones extremas, no lo han hecho nada mal. En cuanto al guion, los diálogos son bastante escasos. No obstante, los personajes se exponen a través de gestos, ruidos y miradas, como los monos. Se produce así un fascinante juego de miradas entre los jóvenes.

Escena del personaje Perro de la película Monos

Pero lo más destacable sin duda de la nueva película de Alejandro Landes es el enfoque con el que aborda el tema, imponiéndose como algo diferente. Aunque la historia narra hechos que podrían ocurrir perfectamente, se encuentra al servicio de la metáfora y el simbolismo. Parece tratarse de un sueño, un realismo al borde de lo fantástico y lo alucinógeno. 

El director usa el conflicto armado para explorar temas universales como la condición humana y las relaciones de poder. Así, crea un micro universo descontextualizado y despolitizado, centrándose en el asunto humano.

Este vacío ideológico ha causado algunas opiniones contrarias. Sim embargo, teniendo en cuenta la trayectoria del cineasta, considero que es todo un acto político. No pretende posicionarse ni emitir ningún juicio, tarea que le deja al espectador, sino sugerir nuevas preguntas y continuar una conversación.

Escena de los ocho jóvenes en la selva de la película Monos

Monos es una auténtica experiencia inmersiva que aborda algunos de los temas que más se ha ocupado la literatura universal. Resulta toda una rareza interesantísima dentro de la cartelera comercial actual y que recomiendo a todo amante del cine.

Pau Tronch

Todo sobre (mi) Berlanga

Trayectos (des)esperanzados: de ‘París-Tombuctú’ (Luis García Berlanga) a ‘Todo sobre mi madre’ (Pedro Almodóvar)
XIX Jornadas de Historia y Análisis Cinematográfico
Cátedra Luis García Belanga de la Universidad CEU Cardenal Herrera
Palacio de Colomina
Almudín 1, València
Lunes 8 y martes 9 de diciembre de 2019

Elías Durán, decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU Cardenal Herrera, inauguró las XIX Jornadas de Historia y Análisis Cinematográfico, organizadas por la Cátedra Luis García Berlanga, un proyecto que lleva varios años en pie y que pretende dar a conocer la vida y obra de Luis García Berlanga, intentando llegar a todas las generaciones posibles mediante el análisis y la comparación de sus películas con otras de directores de su misma generación, en particular, y del cine español, en general.

De izquierda a derecha: José Luis Moreno, Elías Durán, Juan Viña y César Martí. Fotografía: Eva Min.

Las jornadas contaron con personalidades como César Martí, director de contenidos de À Punt Mèdia; José Luis Moreno, director adjunto de Audiovisuales y Cinematografía del Institut Valencià de Cultura; Juan Viña, presidente de la Fundación Cañada Blanch; los analistas cinematográficos y miembros de la revista Trama y Fondo Jesús González Requena (Universidad Complutense de Madrid) y Luis Martín Arias (Universidad de Valladolid); Toni Cantó, actor y político; Rafael Maluenda, cineasta y gran conocedor de la obra de Berlanga; Javier Rioyo, periodista, escritor y cineasta, actual director del Instituto Cervantes de Tánger; y Julián Núñez, ayundante de dirección de Berlanga y Almodóvar, entre otros.

El cineasta Rafael Maluenda durante su conferencia. Fotografía: Eva Min.

Durante el acto inaugural, Juan Viña, a partir de la interrogante «¿Cuándo un trabajo se convierte en obra de arte?», que él mismo planteó, señaló que «yo, que vengo del campo de la ciencia, se me ocurrió formular esta pregunta, y para su difícil respuesta pensé en la originalidad, porque esta originalidad capta la imaginación; la segunda característica de la obra de arte es que perdura en el tiempo, y la tercera es que nos permita y nos haga ver el mundo del cine y de la ciencia».

José Luis Moreno indicó, por su parte, que «Berlanga, aparte de ser internacional e universal, es el dios del cine valenciano», y estimó que la presente temática de las jornadas eran, además, un magnífico «preámbulo antes de empezar a preparar el centenario de su nacimiento en 2021». Moreno, además, dio a conocer tres acciones que tiene pensadas para el IVC: docencia con talleres, seminarios y actividades, conferencias («hacer que el esfuerzo en el análisis de cine aumente, lo que hará que salgan nuevas interpretaciones»), proyectos científicos («mediante la exposición de la vida y obra de Luis García Berlanga») y los productos audiovisuales donde se proyectarán documentales.

Si durante las jornadas la mayoría de ponentes hablaron de las dos grandes películas del cine español protagonistas de estas –’Todo sobre mi madre’ (Pedro Almodóvar, 1999)’ y ‘París-Tumbuctú (Luis García Berlanga, 1999)’–, Jesús González Requena profundizó en la primera, haciendo un análisis minucioso de la figura de la madre y, de esta forma, de la ausencia del padre.

Jesús González Requena realizando su comparación y análisis durante las jornadas. Fotografía: Eva Min.

«Si es todo sobre mi madre, simultáneamente, es nada sobre mi padre. Para que pudiera haber algo para el padre habría que restar algo al todo originario de la madre. Sería necesario, en suma, que se produjera el complejo de Edipo, el proceso por el cual el individuo sale de esa relación originaria para nacer como persona independiente».

Por otro lado, hablemos de ‘La cuestión del padre o el padre en cuestión’. Así tituló su conferencia Begoña Siles, directora de la Cátedra Berlanga, en la que realizó una comparación entre las dos películas que se trataron en el evento, apuntando que «la sexualidad está relacionada con la soledad; soledad que queda manifestada maternalmente y en el todo para el otro».

De este modo, «dos universos y trayectos donde la paternidad y el propio marido son epidemias. Ante este eclipse, es la presencia materna, en su protagonismo femenino, quien toma las riendas. Por tanto, la herida abierta de la muerte del hijo que dio lugar al trayecto se cierra con este nuevo hijo, llenando el hueco, protagonizando esta película, el título (‘Todo sobre mi madre’), donde nada falte sobre ella y su hijo. Es ese goce femenino el que se enfrenta a la cultura patriarcal».

Además, Siles comenta que «el miedo que aparece en el cartel de Osborne al final del filme ‘Paris-Tombuctú’ está vinculado con la dialéctica del goce femenino y los valores de la sociedad moderna y, a su vez, relacionado con el surrealismo de autores como Buñuel, Dalí o Ramón Ramírez de la Serna. La sociedad le tiende las trampas suficientes para que se produzca el suicidio individual o colectivo».

Begoña Siles, directora de la Cátedra Berlanga, y Salva Torres, miembro de Trama y Fondo y director de MAKMA, durante la presentación de la ponencia. Fotografía: Eva Min.

Finalmente, como no podía ser de otra manera, acaba su ponencia con el concepto de lo berlanguiano: «Aquello que convierte las películas en crónicas de un fracaso».

Otro de los principales invitados a estas jornadas fue Toni Cantó, actor y político español, actual portavoz de Ciudadanos en Les Corts Valencianes, quien se siente un privilegiado por haber tenido una estrecha relación con Berlanga y por haber vivido una experiencia unida con Almodóvar, quien, según sus palabras, «es un director que está pendiente de todo y de todos para que absolutamente todo vaya como él quiere y que nada ni nadie se quede sin ese vistazo».

El mundo de la interpretación y de la política son tan distintos que ha sido muy curioso de sobrellevar y que no ha acabado de entender. Cuando entró en el Congreso por primera vez, en calidad de diputado, estaba haciendo una obra de teatro, de la que destaca una frase: «Los actores tenemos la memoria en los pies (poner el texto en pie, practicarlo), y ni los políticos podían entender qué hacía en un teatro ni los actores podían comprender qué hacía en el Congreso de los Diputados».

Sin embargo, nunca ha abandonado ninguno de ambos. De hecho, Cantó expone que »es difícil conseguir que el público aplauda hasta levantarse y que, si es así, ese es el mayor espectáculo que el actor puede llevarse consigo».

Toni Cantó, junto a José Enrique March (CEU), durante su ponencia. Fotografía: Eva Min.

Además, endulzó su charla mediante diversas anécdotas, una de las cuales tenía a una mosca como accidental protagonista de uno de sus planos en ‘Todo sobre mi madre’, hecho que provocó que el director manchego hiciese más caso al insecto que a su propia interpretación: «En aquel momento, a Almodóvar le encantó ese detalle, ya que la muerte estaba sobrevolando a mi personaje, y eso fue algo que valoró mucho».

Para acabar, durante el turno de preguntas, comentó que se deberían introducir materias vinculadas con la escena y la interpretación en la educación: »¿Por qué no me dieron danza en vez de educación física? ¿Habría conseguido un vehículo de expresión del que ahora carezco? Lo más grande que me ha brindado el teatro es ir conociéndome mejor a mí mismo, porque no puedes entrar en un personaje si no sabes cuál es tu persona y tu propio carácter. Lo mágico y lo bonito de la interpretación funciona cuando no estás tú y está el personaje. Sale solo, no sabes cuándo. Introduzcamos las artes y la cultura de forma más decidida y confiemos en quienes saben».

Finalmente, los #EncuentrosCañadaBlanch, patrocinados por la Fundación Cañada Blanch, contaron con la figura del periodista y cineasta Javier Rioyo, quien vino ex profeso a las jornadas desde Tánger –ciudad en la que es director del Instituto Cervantes, tras su paso por las sedes de Nueva York y Lisboa– para conversar en torno de ‘Luis García Berlanga: un mal español’.

«Yo vivo de lo que he visto, vivido y viajado. ‘Un mal español’ se me ocurrió cuando supe que acudiría a estas jornadas para hablar de Berlanga», indicó Rioyo, quien empleó irónicamente este apelativo sobre el director valenciano a propósito de la conocida respuesta del dictador Francisco Franco tras visionar ‘El verdugo’. Y es que Berlanga –quien participó con su testimino sobre la División Azul en el documental ‘Extranjeros de sí mimos’ (Javier Rioyo y José Luis Linares, 2000)– “era un ilustrísimo liberal, un hombre que no había negado nada de su pasado aunque parecía poco ejemplar. Era un hombre muy interesante, muy cercano, un guarro limpio, afectuoso sin ser ninguna pegajoso, educado sin pasarse, divertido sin contar chistes, generoso sin tener un duro, un intelectual antipedante. Era vanidoso disfrazado de gente elegantemente sencilla, sin esfuerzos, elegancia natural en sus formas, dubitativo con una ametralladora cargada, desigual, inquieto por casi todo, republicano y burgués liberal».

Javier Rioyo, junto a Jose Ramón Alarcón (MAKMA), durante un instante de su intervención. Fotografía: Eva Min.

Rioyo cuenta que Buñuel dijo, en varias ocasiones, que después de ver películas sería cineasta, y que Berlanga pronunció las mismas palabras después de leer ‘Don Quijote de la Mancha’, que fue ahí cuando pensó que el cine merecía la pena. A pesar de su proximidad generacional, inquietudes y amistad, sus caminos fueron muy alejados.

En cuanto a su relación profesional con el guionista Rafael Azcona, Rioyo considera que «Berlanga, en soledad, habría hecho cosas espléndidas, pero junto Azcona ha hecho cosas espectaculares». De este modo, si «lo que hace Valle-Inclán con el teatro es modelar un espejo cóncavo del Callejón del Gato y, después sale el esperpento, en el caso de Berlanga-Azcona es lo mismo: la realidad que trataban en sus películas era lo que pasaba en la calle».

En ese sentiddo, «Fernando Fernán Gómez también pertenece a esa tribu heredera de España de actuar en la vida y en las películas; la picaresca es nuestra manera de contar nuestro siglo más lujoso, donde el Imperio, con la miseria al lado, era lo más absoluto, así como parte de la pintura española y pintura negra, humor negro». Por otro lado, «Berlanga era un gran lector, no solo del español, sino también de otros idiomas como el francés. Un ilustrado».

Para concluir su intervención, Javier Rioyo compartió con el público una anécdota seria con un toque de humor, como habría hecho Berlanga. Cuenta que, hace unos años, durante unas ponencias con motivo del 50 anviersario de ‘¡Bienvenido, Mister Marshall!’, en las que participaba junto a Berlanga, José Luis García Sánchez y Luis Alegre, entre otros, recibieron la noticia del fallecimiento del cineasta Juan Antonio Bardem («Bardem y Berlanga se querían y se odiaban», matizó Rioyo). Al escuchar la noticia, Berlanga se quedó bloqueado, pero, de repente, pronunció las siguientes palabras: «Vámonos a algún sitio a ver el partido, que juega el Valencia».

«Sin hablar durante los 90 minutos para no pensar en ello, haciendo como que veía el partido, haciendo no sé qué y no sé cuántos… Ahí me di cuenta de que ese también era Berlanga: ‘¡Joder, tengo miedo! ¡Se acaba de morir y yo no quiero morir!’. Cuando ya había hecho la última película, y parecía que no iba a rodar más, se propuso a sí mismo buscar una nueva producción, todavía quiso seguir trabajando y seguía teniendo esas ganas de contar cosas y ver y escuchar a gente que también las contaba. Echaba de menos un mundo y se dio cuenta de que le pertenecía y ya no lo tenía: sus amigos, sus mujeres, el humor berlanguiano, Berlanga…», concluyó Rioyo.

Estudiantes de Comunicación Audiovisual de la UCH-CEU durante un instante de las jornadas. Fotografía: Eva Min.

Epílogo a unas jornadas, un año más, llenas de historias y anécdotas contadas en primera persona, que dejan huella en profesores, ponentes, oyentes y, sobre todo, en generaciones de alumnos que están estudiando para llegar a ser como nuestro cineasta valenciano por excelencia o, al menos, que se acercan cada día un poco más a la profesión. Una profesión llena de avatares y experiencias inolvidables que culminan en planos subjetivos, porque ¿qué mejor manera de expresar lo que siente el personaje desde su propio yo? ¿Acaso los futuros cineastas no van a sentir en sus pieles lo que alguna vez ha sentido ese personaje? ¿Acaso Berlanga no ha contado la realidad española desde su humor más interior? ¿Acaso el futuro cinematográfico no está en manos de los grandes emprendedores que aprenden observando y copiando a los grandes?

Irene Valdés

‘Chris the Swiss’ conquista el Atlàntida Film Fest

‘Chris the Swiss’, de Anja Kofmel
90′
Suiza, 2018
Premio de la Crítica de la Asociación de la Crítica y la Escritura Cinematográfica de Catalunya (ACCEC)
Atlàntida Film Fest 2019
Filmin

Difusos vestigios familiares y oníricos sótanos del recuerdo; documentos inconexos y datos inextricables; legado sepulcral de acentos eslavos y periodismo de guerra. De este modo, con la memoria distante e ignota del asesinato (durante el primer período de las guerras yugoslavas de finales del siglo veinte) del reportero suizo Christian Würtenberg en el cruento frente invernal de Osijek (Croacia), la directora lugana Anja Kofmel –prima del periodista abatido– se embarca, un cuarto de siglo después, en la compleja e incierta singladura de acudir tras los pasos de Würtenberg durante su inopinada y decidida incursión en la turbulenta Guerra Croata de Independencia como colaborador de la agencia de noticias suiza ATS-SDA, con el fin tanto de edificar un plausible relato etopéyico del corresponsal como de esclarecer cuantas dubitaciones se hubieron alumbrado en torno de su fallecimiento el 6 de enero de 1992 –supuestamente a manos de los chetniks (guerrilleros serbios)–, tras aparecer “muerto cerca de la aldea de Ernestinovo, con un fuerte golpe en la cabeza y señales de haber sido estrangulado” y vistiendo “uniforme de brigadista”, tal y como refería Hermann Tertsch para El País desde Belgrado (27/02/1992).

Provista de cuadernos de campo de Würtenberg, imágenes de archivo, registros audiovisuales y vívidos testimonios de algunos de sus colegas de contienda –el corresponsal valenciano Julio César Alonso, entre ellos–, Kofmel alimenta su filme con la extremidad de melaníticas e ilustrativas animaciones allá donde no llega el documento, asentando un equilibrio entre la sustantividad del suceso y la lírica reconstrucción del supuesto, elementos que le han granjeado el reciente Premio de la Crítica de la Asociación de la Crítica y la Escritura Cinematográfica de Catalunya (ACCEC) en el marco de la novena edición de Atlàntida Film Fest 2019, organizado por Filmin, tras su fecundo paso por el Trieste Film Festival y los Swiss Film Prize (en ambos galardonado con el premio al Mejor Documental), así como su estreno en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes y su proyección en el Festival de Sevilla, entre otros.

‘Chris the Swiss’ se revela, así, en un singularísimo y distinguido documental que, tal y como rubrica el jurado, “combina con acierto memoria personal y colectiva para introducir al espectador en una de las dolorosas heridas de la Europa reciente, el conflicto y la guerra de los Balcanes”.

Sin embargo, más allá de la epidérmica y previsible lista de truculentos episodios y turbios apellidos como Milosevic, Martic, Raznatovic y otros anacarados criminales de guerra, el largometraje procura abrirse paso por una densa y subterránea calima de estremecedores y despiadados personajes terciarios: mercenarios que hubieron alimentado el sucio y hediondo curso de la contienda civil y con los que Christian Würtenberg se integró con la supuesta intención de recabar información de primera mano de la deriva de este grupo paramilitar de extranjeros de extrema derecha, que conformaban el Prvi Internacionalni Vod (PIV) –o Primera Compañía Internacional– y que combatían al ejército serbio con el soporte económico y logístico del Opus Dei y de diversos partidos neofascistas europeos, comandados por el lóbrego y extemporáneo personaje boliviano-húngaro Eduardo Rózsa Flores, alias Chico –periodista, actor, poeta, de ascendencia judía, miembro del Opus Dei y convertido ulteriormente al islamismo, quien fue tiroteado y abatido en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) en 2009, acusado de planificar un atentado contra Evo Morales, presidente del Estado Plurinacional de Bolivia– y el auxilio, como segundo de a bordo, del exmilitar y espía ilicitano Alejandro Hernández Mora, alias Malaria. Personajes cuyos perfiles y deriva biográfica bien parecieran extraídos de una hiperbólica ficción pulp, tan distópica como deficiente.

Y en tanto que no debe ser el ánimo de un servidor ni del presente artículo eviscerar detalles que anuncien desenlace alguno, cabe tan solo, amén de exhortar a su visionado, refrendar las virtudes estilísticas y las razones semánticas esgrimidas por la ACCEC y que la incipiente cineasta suiza ha concentrado en ‘Chris the Swiss’, “un documental que muestra con honestidad su naturaleza subjetiva y lanza varias reflexiones sobre este capítulo de la Historia (sic) de Europa. Lo hace sin obsesionarse con encontrar o imponer una respuesta única a las cuestiones que halla la directora a lo largo de su investigación”.

Fotograma animado de ‘Chris the Swiss’, de Anja Kofmel. Fotografía cortesía e Filmin.

Jose Ramón Alarcón

«‘Cantares’ es una película barricada del presente»

‘Cantares de una revolución’, de Ramón Lluís Bande
Con Nacho Vegas
80′
De La Piedra Producciones, 2018
IX Atlàntida Film Fest

Citados en el distrito oeste de Gijón, entre vestigios de industria decadente, extintas ciudadelas, astilleros, lozas y suzukis, Ramón Lluís Bande, provisto con antiparras de inquietante cineasta y densos aditamentos de nicotina, eclosiona, tan introspectivo como locuaz, de su despacho en el estudio de De La Piedra Producciones, ubicado en el corazón periférico del barrio del que es oriundo: El Natahoyo.

Su más reciente película, ‘Cantares de una revolución’ –un heterodoxo musical sustentado por la elocuente prosodia del cantautor Nacho Vegas, cuyos fundamentos y estructura se polarizan en torno de la figura y testimonio del sindicalista y político socialista asturiano Belarmino Tomás [Lavandera, (Gijón), 1892 – México, 1950] y las canciones populares que nos hubo legado la revolución proletaria asturiana de 1934 (ambos abatidos por el olvido oscurantista e inmisericorde)– participa en la novena edición de Atlàntida Film Fest, implementado por Filmin, cuya plataforma aloja, sapientemente, el último lustro cinematográfico de Bande, vertebrado, en buena parte, por los soterrados acentos de la memoria histórica en Asturias durante la Guerra Civil.

Con tal motivo, MAKMA entrevista a este ubérrimo y lúcido creador –novelista, poeta, dramaturgo, músico, director del magazín cultural ‘Pieces’ para la TPA–, con el fin de desentrañar alguna de las copiosas singularidades históricas y cinematográficas que convierten a ‘Cantares de una revolución’ en un filme tan eminente como imprescindible.

La gestación del proyecto ‘Cantares de una revolución’ se sustenta en dos elementos fundamentales: la figura de Belarmino Tomás y la historia de los cantares populares de la lucha obrera durante el siglo XX, en ambos casos circunscritos a la revolución asturiana de octubre de 1934. ¿Quién fue Belarmino Tomás y qué papel desempeñó durante esta revolución?

Belarmino Tomás creo que fue la figura política más importante del siglo XX en Asturies, y por sus característiques, completamente desconocida en el tiempu actual. Hubo una campaña premeditada de olvido hacia su figura. Describiendo muy pocos elementos de su vida podemos ver su importancia.

Él fue discípulo de Manuel Llaneza y, a través de su relación con él, fue responsable del SOMA (Sindicato de Obreros Mineros de Asturias) a principios del siglo XX. Con esa experiencia en el SOMA, hay un primer momento que a mí me parez muy importante: fue el dirigente del pozo San Vicente, que fue el primer caso de mina socializada en el Estado español, de mina que pasó al control de los propios trabajadores. Después, en 1934, fue uno de los principales dirigentes de la Revolución y el que negoció la rendición, el final, con López Ochoa (Eduardo López Ochoa, general de división del Ejército de Tierra). En las elecciones del 36 fue diputado por Asturies en Madrid y, con el golpe de estado, fue la máxima autoridad republicana en Asturies, primero como representante del Frente Popular y como gobernador de Asturies del Gobierno de la República y, después, como presidente del Consejo Interprovincial de Asturies y León.

Los dos últimos meses de guerra –cosa muy interesante–, desde el 24 de agosto al 21 de octubre de 1937 –que cae Xixón, Asturies y el Frente Norte– fue presidente del Consejo Soberano de Asturies y León. El Consejo se vio obligado a declarar la soberanía, con lo cual el fascismo derrota en Asturies a un gobierno soberano. Tras la caída de Xixón sale a Francia y vuelve a entrar en zona republicana, siendo delegado del Aire del Gobierno de la República hasta el 39 y, después, vive el exilio en México, donde no abandona ni la militancia socialista ni el compromiso, por un lado, con los exiliados asturianos en México –de los que siguió cuidando, entre comillas–, ni su papel como máximo representante de los mineros asturianos en organizaciones sindicales a nivel mundial.

Este paso a vuela pluma por su vida creo que da la entidad del personaje. Entonces, siempre me pareció muy extraño que los asturianos no conozcamos a Belarmino Tomás; y también hay algo que siempre me gusta en mi trabajo, que es encontrar los espacios donde la memoria se politiza, donde la memoria conflictúa al presente.

Por ello me parecía muy interesante ver por qué, aún estando en un país, en Asturies, en el que –menos estos últimos cuatro años de gobierno anecdótico de la derecha– gobernó el mismo partido en el militaba Belarmino Tomás, no se conoce esa figura y por qué no se interpretaron políticamente todos estos sucesos: el 34, el 36 y el 37. Por qué se nos hurtó esa historia, que paye fundamental para entender lo que significó la clase obrera como sujeto político en Asturies y en la conformación de la identidad colectiva de los asturianos; cómo esa identidad colectiva está directamente vinculada a la clase, que es una cosa que no pasó en otros sitios del Estado. Mientras en la resistencia antifascista catalana o vasca había elementos de la burguesía y elementos nacionalistas propios, aquí siempre se vinculó nación, o esti conceptu de colectivo, a clase.

Parezme que ahí hay muchas claves pa entender quién fuimos y quién somos; y en el momento político actual que vive el Estado español, muchas claves muy interesantes para resolver ciertos embrollos que tienen que ver con identidad de clase.

Esta reflexión se emparenta con la extremidad musical de la película. ¿Qué relato componen y qué elementos destacarías de las letras de las nueve canciones interpretadas por Nacho Vegas en ‘Cantares de una revolución’?

La parte musical de la película nació de un proyecto anterior. Nacho y yo estábamos preparando para la televisión pública asturiana una serie que se acercaba a la historia de Asturies del siglo XX a través de la música popular. Encontrábamos cómo había canciones que contaben la Guerra Civil, la Revolución, la inmigración de principios de siglo, la lucha de la guerrilla en el monte; cómo todos esos momentos históricos, que pa nosotros eren muy importantes, habíen quedao prendíos en la música popular. Entós, estábamos trabajando en esto y, a la vez, yo en el guion sobre la vida de Belarmino Tomás. Llegó un momento en el que unimos les dos coses: ¿Y si contamos la vida de Belarmino Tomás solo durante la Revolución y a través de la música popular?

Nacho Vegas en el cementerio de El Salvador de Oviedo, durante un instante de ‘Cantares de una revolución’, de Ramón Lluís Bande. Fotografía cortesía de Filmin.

Lo que más nos interesó, en concreto, de las canciones de la Revolución era que nacíen de los propios revolucionarios. Había dos coses: una, temáticamente, que las canciones cuentan la revolución en marcha, tal y como la están sintiendo y viviendo los protagonistas, y, por otro lado, lo nacional, cómo para hacer popular eses letres o compartir esos mensajes se apoyaben en la cultura musical tradicional; cómo utilizaben eses melodíes tradicionales pa enganchar esas letras de la revolución en marcha. Entós, están los dos pilares, que a mí me parecen interesantes, pa definir la identidad colectiva de aquel momento: la clase y la pertenencia a una realidad cultural determinada, a la que llegaben o a la que traducían a través de las melodías de la música popular.

En entrevistas previas has afirmado que “no podemos estudiar el presente sin volver al 34” y, a la par, “el pasado me interesa lo justo para enmendar el presente”.

Yo creo que se corre un peligro, que se vio en el Estado español –hay ejemplos en Argentina y en otros sitios–: cuando la memoria se institucionaliza se despolitiza y se elimina su poder de influencia en el presente político. A mí una memoria política desprovista de su capacidad de influencia en el presente político no me interesa. Creo que ye muy interesante recuperar todo el siglo XX político, porque creo que es un período histórico no clausurado; vivimos dentro de ese momento histórico.

Sobre todo vinculado con la memoria democrática, a la que te refieres.

Sí. El relato hegemónico que tiene el Estado español sobre la Guerra Civil es el relato franquista: el de la guerra fratricida de hermanos contra hermanos, de un falsu humanismo de baja intensidad y de baja calidad humana. Hay otra cosa más peligrosa que esta, que ye que el relato hegemónico de la Transición también es el franquista; el del proceso ejemplar de reconciliación, con ciento veinte mil conciudadanos en cuentas, todavía. Entós, algo huele mal ahí.

Yo planteé desde hace años mi cine como la generación de relatos contrahegemónicos de esto. Mis películas empiezan en el 34, en el 37, pero hablan del 2018, del 2019, de la poca calidad democrática de los consensos del 78. Y yo, que quiero que mi cine sea muy poco impositivo al espectador, sí perfila una pregunta base, que ye por qué no conocemos estas historias, qué significa esto en nuestro presente democrático y cómo condiciona la lectura de ese relato hegemónico.

¿Crees que hay una predominante perspectiva de equidistancia en el relato oficial?

Sí, pero es un relato que compró la izquierda, también. No vamos a decir nombres, pero novelistas de izquierdes comparten el relato del franquismo; hay muches noveles así de escritores, masculinos y femeninos, vinculados claramente con la izquierda, sobre todo porque sí que ye cierto, y yo creo que no ye discutible, que en la Guerra Civil hubo republicanos que eren unos grandes hijos de puta y, seguramente, hubo fascistas que eren buenes persones. Eso no entra en la discusión, porque eso no ye importante; lo importante está en explicar bien el origen de la guerra, y el origen de la guerra fue un golpe de estado fascista contra la legalidad republicana. Esto sitúa la historia en su justa medida. No ye una historia tampoco de buenos y malos ni de repartir carnés, pero sí que hay unas legitimidades que son atacades.

Ramón Lluís Bande durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Siempre digo, ahora que estoy estudiando mucho la Guerra Civil en Asturies, que aquí no hubo guerra de asturianos contra asturianos, ni siquiera, específicamente, de asturianos contra españoles. Aquí hubo una guerra de asturianos contra italianos, contra moros, contra alemanes; y esto sitúa a la guerra en un terminu que sería más justo, que sería Guerra de España, no como Guerra Civil, que ye una manera de nombrarla que no define lo que fue. Una Guerra de España que fue la primera batalla de la II Guerra Mundial, donde el fascismo internacional probó armas y estrategies, y fue la primera batalla que el fascismo internacional ganaba en Europa, que después se llevó a otros lados y que en el 45, con la desnazificación, se olvidaron de España. La lucha contra el fascismo en el 45 tendría que haber acabado con la liberación de España, con la vuelta de la República española. Eso no se hizo por miedo al comunismo.

Todo esto parez como muy complejo y con muchos nudos. Yo creo que ye hora de aplicase, poco a poco, a ir deshaciendo nudos y tener una plasmación más cercana, porque si no no podemos entender nuestro presente políticu. Si no entendemos que ninguna persona digna puede defender la bandera rojigualda como bandera de unidad –porque la legítima era la tricolor y la actual era la bandera del fascismo–, no va a poder haber una reconciliación con esa bandera.

Albert Camus –autor referido, por cierto, en el introito de la película– escribió que “Fue en España donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, golpeado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa”, sentencia que uno emparenta con una de tus declaraciones, en las que manifiestas que “hay derrotas que son fuente de identidades”, en tanto que “parámetros simbólicos de reconocimiento”.

Sí, yo creo que, sobre todo teniendo en cuanta a la clase y al país al que pertenezco, que como no reivindiquemos derrotas no tenemos nada que reivindicar. Hay derrotas que son generadoras de identidad. El intento de hacer una revolución en 1934, aunque ese intento fuera fallido, debería servir, casi, como momento fundacional de la clase obrera asturiana como sujeto político. Todo esto marcaría mucho la evolución de Asturies a lo largo del siglo XX.

Una de las medidas que tomó el franquismo en respuesta a la Revolución fue generar una dependencia de la economía pública de toda la economía asturiana. La manera que tenía el franquismo de controlar a la clase obrera asturiana era controlar los puestos de trabajo, controlar les condiciones de vida de los trabajadores –por eso Hunosa y Ensidesa–, por su fuerte carga identitaria, como clase que pertenece a un territorio. El franquismo tuvo mucha precaución con eses dos realidades. Tampoco le salió muy bien, porque la única vez que el franquismo se ve obligado a sentarse a negociar es en el 63, en Asturies otra vez, donde el franquismo negocia con el movimiento obrero asturianu.

«Hay una secuencia de la yo estoy muy orgullosu, que ye la de los herederos de la Revolución en el parque (Sama). Esa secuencia representa lo que paye el arte cinematográfico. En un plano grabado en presente tienes cien años. Cómo el cine cuenta un siglo». Fotografía cortesía de Filmin.

Toda esa identidad de lucha –que ya había tenido y había dado señales de preexistencia, con les huelgues del 17 y del 19–, en el 34, con el nacimiento del UHP (Uníos Hermanos Proletarios), esta unión de todes les sensibilidades de la izquierda –socialistas, republicanos, comunistas o libertarios–, que tuvieran un proyecto común, condicionó una identidad muy fuerte de la izquierda asturiana que con la Transición no se llegó a reivindicar; la izquierda, los protagonistas de la Revolución, siempre tuvieron muy mala conciencia sobre esa revolución, sobre todo el Partido Socialista, pero también el Partido Comunista (los libertarios dejaron de existir). No se reivindicó con orgullo aquel intento. Ni, incluso cuestionándolo: fue un error, pero vamos a estudiar ese error, por qué llegamos a él.

En esta parte de lucha contra la identidad de clase, que quiere debilitar la posible pervivencia de la lucha de clases, juega un papel importante volver a contarnos nuestra historia. Porque el olvido del 34, en la gira de presentación de ‘Cantares de una revolución’, siempre lo relacioné mucho con la capacidad de normalizar a la extrema derecha en España, que fue tan sencillo. Cómo la presencia de VOX, cómo ser fascista volvía a ser una opción tolerable en España.

Cuando la izquierda institucional hizo que la clase obrera se quedara sin referentes históricos, sin relato, ye mucho más fácil legitimar cualquier otra cosa. Date cuenta que el 34 realmente estalla cuando es posible que tres ministros de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) y la extrema derecha entren en el gobierno de la República.

Por tanto, ¿adviertes semejanzas con el presente político?

Hay una equivalencia con el momento político actual. Hay una evolución que la extrema derecha tien clara. Ahora, les reuniones entre PP, Ciudadanos y VOX ye la nueva CEDA, sin embargo la izquierda tien miedo a, frente a eso, nos defendenos con el Frente Popular.

El PSOE no quiere ni oir hablar del Frente Popular. Pedro Sánchez solo podía ser presidente el jueves (25 de julio de 2019) con el Frente Popular, es decir, con el voto a favor de Unidas Podemos y la abstención de nacionalistas catalanes y vascos, que sería una reorganización del Frente Popular 2.0 o 4.0 del Frente Popular. Pero como no cuidemos esa historia, como no nos contemos ese relato, como incluso la izquierda tien miedo a este relato… Hay que evolucionar y, seguramente, el Frente Popular hizo cosas mal, pero la unidad de la izquierda y la unidad de clase van a ser imprescindibles si nos queremos seguir defendiendo. Hay que darse cuenta de que del 34 llegamos a Santi Abascal, sin forzar, o sea que… Pero también ellos lo tienen claro. El 34 estalla por un discurso de Gil-Robles (José María Gil-Robles, diputado en las Cortes republicanas y ministro de la Guerra en 1935) en Covadonga, que vino a provocar, y Santi Abascal empezó la campaña electoral en Covadonga.

En qué medida ‘Cantares de una revolución’, amén de una reivindicación, es una celebración?

Yo creo que el elemento musical lo convierte en celebrativo. La música popular siempre mete ese carácter, no diría festivo, pero sí celebrativo. Desde el cine ye más fácil celebrar que reivindicar, porque en la celebración va implícita la reivindicación. Pero al decidir que la vamos a montar sobre canciones, que cuenten coses muy dures, estas siempre te llevan a la celebración. Sí que a mí me gusta definir la película así, más que como reivindicación –que va de suyo, sobre todo por el otro cincuenta por ciento de la película, que son los testimonios de Belarmino Tomás–.

Ramón Lluís Bande y Jose Ramón Alarcón durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

¿Debe considerarse la película como un musical, en todo caso, heterodoxo?

Sí, yo siempre dije que esta película era un musical; heterodoxo dijeron otros (yo siempre me encuentro a gusto con la palabra heterodoxo). En el fondo ‘Cantares de una revolución’ bebe de ‘Equí y n’otro tiempu’ (Ramón Lluís Bande, 2014), en la importancia de los espacios y la resignificación que el cine puede hacer de los espacios, pero aquí teníamos el añadidu de situar cuerpos en espacios; y, después, una cosa que la gente no ve a primera vista, pero, claro, no hay nada más coreográfico que la lectura, que el movimiento de las palabras en la pantalla y en la sala. Era un trabajo de cómo la imagen sonora llenaba la imagen visual; cómo conseguía construir una imagen dialéctica que fuera la suma de lo que se oye y lo que se ve, dentro de la conciencia de estar haciendo una película musical, no un documental musical, que también.

Eso es una segunda parte, una segunda lectura de la película, que ye cómo un músico popular del siglo XXI se enfrenta a la reconstrucción de la herencia musical. Esa ye otra película que está en esta, pero la que está en primer término es la otra, la que cuenta la historia. Era esta relación de cuerpo-espacio-palabra en el espacio lo que decidió la puesta en escena de todes les secuencies.

Sueles perfilarte como un director obsesionado por la estructura de tus películas.

Sí, yo soy un director que me gusten mucho les estructures muy cerraes. A mí lo único que me preocupa de una película ye la estructura; en una estructura bien cerrada puedes meter cualquier cosa; cómo estén los actores ya me importa menos si todo lo demás funciona. Precisamente por esto, soy un director que me gusta imponer poques coses a mis películes. La suerte con este tipo de pelis ye que me vienen heches: al aceptar una cronología, unos hechos y unos espacios, yo solo tengo que ordenar eso dentro de la generación de un relato, pero no tomo decisiones gratuitas que me costaría mucho tomar. Soy incapaz de decir “que el actor haga esto”, porque podría hacer esto o cualquier otra cosa.

Si te fijes en todas mis películas, como en ‘Equí y n’otro tiempu’, las secuencias están rodadas en el mismo día en que pasó, en el espacio, porque así el plan de producción ya me lo da la realidad y yo no tengo que imponer nada a la película, ye ir detrás d’ella. Aquí (‘Cantares de una revolución’) pasa un poco lo mismo, sí que está todo muy controlado, pero todo está editado. A Aída de la Fuente la mataron donde la mataron, la Universidad de Oviedo está donde está, el parque de Sama, el balcón del Ayuntamiento, etc. Todo ve viene dado y yo lo que intento ye organizalo en una estructura que tenga más o menos sentido; solo tengo que intentar contalo bien.

¿Cuáles han sido hasta ahora las reacciones y expectativas de los espectadores frente a ‘Cantares de una revolución’, tanto asturianos como de otras localidades en las que se ha exhibido la película?

En Asturies fue espectacular, muy emocionante estrenar en el Festival de Cine de Xixón (Premio Especial del Jurado del 56 FICX), un festival con el que yo estuve varios años enfadado –estuve fuera, estrenaba en Sevilla–. El año anterior había vuelto con ‘Escoréu’ (‘Escoréu, 24 d’Avientu de 1937’, Ramón Lluís Bande, 2018), con el cambio de dirección del festival. ‘Cantares de una revolución’ ya se estrenó en sección oficial en Xixón, en el Teatro Jovellanos, que, por otru lau, ye un espacio muy vinculado a la figura de Belarmino Tomás, cuando era el Teatro Dindurra.

Del estreno me quedo con un momento: al final, con los primeros créditos, cuando mi hija sale y le pone una flor a la tumba de Belarmino Tomás y sale la foto de Belarmino, el público se levantó en el teatro y empezó a aplaudir a la figura de Belarmino Tomás, que para mí eso era muy importante en esta película. También funcionó muy bien en el estreno en Madrid –estuvo nueve días en la Cinemateca– y en otros festivales y ciudades en las que se proyectó.

Hay la confirmación de una tristeza. Los encuentros con el público son casi iguales en Asturies que fuera; el nivel de desconocimiento es el mismo en Madrid que en Llanes o que en Mieres. Eso creo que indica la necesidad de la existencia de la película. Es un poco triste por lo que dice de nosotros, pero también muy interesante, porque conocíen poco o nada que en el 34 en Asturies se hubiera intentado la última revolución proletaria en Europa Occidental y que fuera triunfante durante quince días.

Por otru lau, yo veía durante el proceso de ‘Cantares’ su relación con el presente y, de repente, la explosión de VOX y la naturalización de la extrema derecha convirtieron la película en completamente actual. Vimos cómo en quince días y en tres puntos del mundo la extrema derecha estaba completamente normalizada en España, dándole un significado que no tenía: que era una película barricada del presente, en el sentido de que hay que parar a la extrema derecha. La extrema derecha puede vendenos su discurso porque desconocemos estes histories, porque no tenemos anticuerpos de relato contra ellos. La actualidad repolitizó el presente de la película.

Ramón Lluís Bande. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

Sótano de excelsos: Ángel Vázquez

‘La vida perra. Ángel Vázquez y el Tánger Internacional’
Pablo Macías y Soledad Villalba
60 minutos
España, 2019

“Un hombre es la imagen de una ciudad
y una ciudad las vísceras puestas al revés de un hombre”
(‘Tiempo de silencio’, Luis Martín-Santos)

Bajo la tórrida arquitectura del Magreb se alza un territorio cronológico henchido de históricos acontecimientos de la geopolítica internacional, lubricado por el perfumado oropel de las mandarinas literarias: la nocturnidad tangerina y el fascinante desorden de hambre y smoking, velos y lenocinio, marineros y contrabandistas, falsarios, impostores y beat generation, combinados espirituosos y admoniciones espirituales, cuyos oleosos vestigios se concitan, como una densa canícula de sempiterno estío, al otro lado del Estrecho.

En aquella dilatada Zona Internacional de Tánger – bajo el protectorado de países como Francia, España, Portugal, Países Bajos y Bélgica, de 1923 a 1956– se congregaban soldados de las fuerzas aliadas, gerifaltes del ejército nazi y espías de ambos bandos; urbe revelada en refugio y lupanar para gánsteres, estraperlistas, exiliados, escritores, homosexuales, canallas y un nutrido y heterogéneo grupo de inclasificables y heterodoxos de diverso orden. “Caracola que va recogiendo los peores ruidos del mundo” (Ángel Vázquez).

En este fecundo, onírico e irrepetible dominio tingitano es alumbrado –prematuro, achampañado y ungido por una maldición judío sefardí– Antonio Vázquez Molina (Ángel Vázquez para el oficio literario), y así lo narra el fúlgido relato polifónico y documental ‘La vida perra. Ángel Vázquez y el Tánger Internacional’, de Pablo Macías y Soledad Villalba, recientemente estrenado en el XVI Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger (FCAT).

Macías y Villalba recuperan, de este modo, la postergada y pulverulenta figura del malogrado e inaudito escritor Ángel Vázquez (Tánger, 1929 – Madrid, 1980), quien conoció los efímeros oropeles del orbe literario peninsular –premio Planeta en 1962 por ‘Se enciende y se apaga una luz’– y legó para la posteridad –el “milagro literario” (Javier Valenzuela), el “libro obligatorio” (Alberto Gómez Font), ”la vida derrotada de una mujer que vive en un paraíso” (Jesús Nieto)– una de las obras cumbre (tan omitida como excelsa) de la literatura española del siglo XX: ‘La vida perra de Juanita Narboni’ (Planeta, 1976).

Emulando el raquis morfológico de Juanita Narboni, ‘La vida perra’ transita durante dos partes y seis capítulos –’El mito de Tánger’, ‘Mariquita la sombrerera’, ‘Antoñito’, ‘Emilio y los anglosaxons’, ‘Se enciende y se apaga la luz’ y ‘Juanita’– por la apocada y dipsómana biografía tangerina y madrileña del autor, de la mano testimonial de afectos y conocidos, investigadores, artistas, cineastas, escritores y periodistas de aquel o este lado del Estrecho, consanguíneos por motivos personales, diletantes o profesionales con el autor, como son: Sharon E. Smith, Javier Valenzuela, Alberto Gómez Font, Jose Ramón Da Cruz, Rocío Rojas-Marcos, Alfonso Fuentes, Farida Benlyazid, Rachel Muyal, Randa Jebrouni, Sonia García Soubriet, Ignacio Gómez de Liaño, Ibírico, Luis Antonio de Villena, Alberto Pimienta, Domingo del Pino, Lydia Sanz de Soto, Paco Cumpián y Jesús Nieto.

Fotograma del documental ‘La vida perra. Ángel Vázquez y el Tánger Internacional’. Fotografía cortesía de Pablo Macías y Soledad Villalba.

Entre los acordes de la canción ‘El día que nací yo’ (“¿Por qué me llevas por este calvario llenito de cruces?”), interpretada por la reina del cuplé, el tango, la copla y la vidalita, Imperio Argentina –que principia y reporta epílogo al documental–, amanecen al unísono el Tánger Internacional –“refugio de traidores” (Jean Genet), como apunta Valenzuela; “Torre de Babel de concordia”, verifica Rachel Muyal; “una deliciosa mentira”, acostumbraba a sentenciar el acendrado e imprescindible “polinizador de la cultura” (Farida Benlyazid) Emilio Sanz de Soto– y las reminiscencias infantes del relato alcahueto en haquetía –dialecto judío sefardí del norte de Marruecos, tan preciado y presente en Juanita Narbori–, entre chambergos, monteras, pamelas y canotieres, de Mariquita Molina la Sombrerera –madre omnipresente del escritor, frente a la ebria y violenta ausencia del padre– y sus clientas. Orbe cosmopolita y ciénaga particular de un cohibido, autodidacta y desnortado Antonio Vázquez, quien sortea la mácula sempiterna de los oficios perecederos y se bebe el pecunio de los franqueos en los cafés, etílicos y diurnos, del Zoco Chico o la tinta de su “castellano hermoso” (Sonia García Soubriet) en la redacción del diario España.

Antoñito se transmuta para la literatura en Ángel, huyendo, así, de la referencia homónima del torero sevillano Antonio Vázquez Garcés –“la única vez que le he visto reir”, apostilla Luis Antonio de Villena, al interrogarle por el motivo de este exiguo seudónimo– y uno advierte que planea, a partir de entonces, la ubicua sombra tangerina y capital del referido y opíparo Emilio Sanz de Soto, quien sumerge al escritor en los fértiles sótanos del marjal intelectual tingitano y las ulteriores madrugadas del proverbial y fructuoso pub madrileño Oliver, paseando, así, su precaria longitud focal y el sempiterno overol de oficinista –ajeno al “show off tangerino de las apariencias” (Alfonso Fuentes)– de la Rue d’Italie, junto al Gran Zoco, y los preclaros influjos biográficos y literarios de Jane Bowles, a la “mansión de Drácula” de Atocha 98 de Madrid –tras una sucinta y censal estancia en el Jubrique familiar y malagueño–, donde habría de recalar tras el fallecimiento hepático y miserable de abuela y madre, huérfano ya de las primeras referencias y ante un horizonte decadente de la ciudad portuaria que le hubo amamantado.

Y habrá de ser el Madrid ulterior a Juanita Narboni el que se convierta en sepultura última para este escritor “fuera de nómina”, camposanto en el que incinerar sus postreros e inéditos relatos, feudo nocturno de homoeróticas lujurias incógnitas y existencias al margen.

Si Emilio Sanz de Soto dejó escrito en su obituario sobre Ángel Vázquez para El País, el 12 de marzo de 1980, que “El poeta surrealista y erudito en arte, el norteamericano Edouard Roditi, escribió en World Literature Today: ‘A esta novela, estoy convencido, le llegará su hora’” –en relación a ‘La vida perra de Juanita Narboni’–, uno se aventura a concluir que al hijo de la Sombrerera le ha llegado la suya, tras lustros de periferia y olvido, merced al mirífico trabajo de Pablo Macías y Soledad Villalba. Deba ser ‘La vida perra. Ángel Vázquez y el Tánger Internacional’ testamento y referencia audiovisual ineludible del último réprobo de la literatura española.

Fotograma del documental en el que figura una instantánea del escritor Ángel Vázquez. Fotografía cortesía de Pablo Macías y Soledad Villalba.

Jose Ramón Alarcón.

Una sápida epidermis para ‘La favorita’

‘La favorita’, de Yorgos Lanthimos
Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos, 2018
Estreno en España: 18 de enero de 2019

Si bien el altonormando Flaubert aseveraba que “el estilo es la vida y la sangre misma del pensamiento”, supeditado a la obsesiva búsqueda de le mot juste (la palabra exacta) que uniformara un inédito horizonte estético-narrativo perfumado de realismo literario, uno recupera el aforismo para erigirlo en referencia, sea cual sea el objeto final o las pretensiones de lo creado y de su creador.

Quizás abunde en demasía aquel arquetipo de lector (o espectador, si entramos ya en materia cinematográfica) al que la acusada presencia del autor suele resultarle molesta e incómoda, acaso un folículo piloso apustulado y supurante que debe extinguirse a base de yemas vitriólicas, lengua amanecida, desdén e indiferencia. Para aquel solo será de relevancia la deriva del relato, el acontecer de la trama, la ficción ilusoria o el documento estricto: el discurso de la narración.

La favorita. MAKMA

Como lector, siempre he celebrado el atuendo de la palabra inexacta (aquella que perfuma) en detrimento del vocablo aséptico o utilitario, y como espectador no puedo evitar debitilarme ante la imagen ociosa, desmesurada y exorbitante y aquella que embalsama o mesmeriza. Porque ese aparente postín, si deambula con garbo y atinado maquillaje, no solo aditamenta la crónica, el cuento o la epopeya, sino que culmina erigida en motivo último con el que amamantar la diégesis.

Así me sucede con buena parte de la filmografía de Kenneth Anger, James Bidgood, Greenaway, Jean-Pierre Jeunet, Roger Corman, Terry Gilliam, Almodóvar y un sobresaliente etcétera al que sumar, ahora, la figura de Yorgos Lanthimos, merced a su pantagruélica ‘La favorita’.

El director ateniense ya había sumado su rúbrica –gracias a ‘Canino’, ‘Alpes’, ‘Langosta’ y ‘El sacrificio de un ciervo sagrado’– a una acendrada nómina de cineastas, amén de los anteriores, capaces de edificar un singularísimo cosmos inconfundible –Lynch, Kubrick, Wenders, von Trier, Jarmusch, Cronenberg, Kaurismäki o Tarkovski, verbigracia–, tan impar y heteróclito como estructurado y meticuloso.

El celebrado y laureado filme –merecedor del León de Plata en el Festival de Venecia y trufado de copiosas nominaciones a los Oscar, entre otros encomios– hiende su cepa en las obscuras urdimbres palaciegas de la última soberana británica de los Estuardo y primera monarca de Gran Bretaña, la Reina Ana, cuya excepcionalidad biográfica y veleidades amatorias alimentaron la inquietud de un par de guionistas –Deborah Davis y Tony MacNamara– y un proyecto de encargo para Lanthimos, quien por vez primera transita huérfano de su inseparable Efthimis Filippou para encauzar el libreto.

El discurso de la narración deambula tras las inquinas de alcoba y poder entre la Duquesa de Marlborough, Sarah Churchill (Rachel Weisz), y Abigail Masham (Emma Stone), consanguíneas residentes en palacio, quienes beligeran por granjearse los ciclotímicos favoritismos de la regia y antojadiza Ana Estuardo (Oliva Colman, Copa Volpi en Venecia, Globo de Oro y Premio Aisge en el 56FICX). A la postre, una sugerente y despiadada crónica de tríos amorosos, regalías, dispensas y desequilibrios que brindan al cineasta griego la oportunidad de ecumenizar y popularizar su producto, refrendado por presupuesto, excelsas actrices y un argumento inteligible.

Sin embargo, son su epidermis y morfología, su ocioso y emancipado estilo, aquella sangre misma del pensamiento que convierte a ‘La favorita’ en una película desusadamente mirífica, excesiva, apetitosamente petulante, suntuosa y opípara, sainada de picados, grandes angulares y meteorológicos ojos de pez, escenografías bizarras, ritmos contemporáneos y verbo anacrónico; aditamentos imprescindibles para iluminar el castigo, la crueldad, el sometimiento, las tribulaciones de la ascensión y la descomposición del descenso.

Emma Stone, como Abigail Masham, durante un instante de 'La favorita', de Yorgos Lanthimos, Fotografía cortesía de la distribuidora.

Emma Stone, como Abigail Masham, durante un instante de ‘La favorita’, de Yorgos Lanthimos, Fotografía cortesía de la distribuidora.

Jose Ramón Alarcón