«En la danza cada uno es una pieza de un gran puzzle»

#MAKMAEntrevistas | Amaya Lubeigt (coreógrafa)

Amaya Lubeigt, asistente donostiarra, trabajó trece años como bailarina en una importante compañía de danza, después de pasar diez años como estudiante de danza profesional en Barcelona y Essen (Alemania), además de haber sido bailarina invitada en las compañías de danza teatro de Essen y Wuppertal.

Amaya Lubeigt y Wilfried van Poppel durante los ensayos de ‘Five Days to Dance’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

A qué te dedicas? ¿Cuál es tu especialidad dentro de la danza?

Soy bailarina profesional de danza contemporánea y llevo muchos años haciendo danza-teatro como espectáculo. En primer lugar, durante varios años en Alemania, en la compañía Bremen Dance Teatro. Estuve allí trece años trabajando, aunque empecé a bailar cuando era pequeñita, y en el conservatorio hacía ballet, pero con doce años lo dejé y hasta los veinte no volví a empezar. 

Cuando digo a los veinte me refiero a que empecé a bailar en serio a partir de esa edad, puesto que primero hice dos años de baile como hobby y luego, a los veintidós, entré en el Instituto de Teatro de Barcelona.

¿Cuándo empezaste a hacer danza?

Hice la carrera profesional de danza contemporánea durante tres años, y antes de acabar me fui a Alemania, a Essen, a continuar los estudios allí, en La Folkwang Schule (Universidad Folkwang), la escuela que está relacionada con Pina Bausch. De hecho, cuando yo estudié allí ella era la directora artística. 

Años después, fue también en Essen donde empecé a trabajar, primero en la compañía de la escuela y luego me fui a Bremen Tanztheater, el teatro donde bailé todos esos años hasta 2007. Posteriormente, cuando acabé el contrato, dejé la compañía y empecé a ayudar a Wilfried van Poppel, a quien conocí en la compañía de danza de Bremen, quien se convirtió en mi marido y con quien tuve dos hijas. Él acabó antes que yo, salió antes de la compañía, y empezó a hacer coreografías y proyectos con jóvenes, sobre todo danza-teatro para niños o, mejor dicho, para todos los públicos. 

Años después yo dejé la compañía y empecé a ayudarle en esos proyectos de baile que hacía, simplemente por apoyarle, pero me gustó tanto que desde entonces (concretamente, desde 2008) trabajo colaborando con él en la compañía de The Loopers Dance Teathre, también llamada The Loopers Dance Together, ya que tiene las dos connotaciones. Primero empezamos a hacer obras más profesionales, que consistían en un grupo de expertos bailando para todos los públicos y, sobre todo, para los niños, pero más adelante los proyectos de ‘Five Days to Dance’ cogieron tanta fuerza que, a día de hoy, llevamos dos años sin poder bailar de manera profesional, ya que estamos haciendo de coreógrafos continuamente, realizando proyectos por todas partes.

¿Qué habéis venido a hacer en València? Háblame del proyecto que lleváis desarrollando durante un tiempo.

Estos días en València hemos hecho un proyecto llamado ‘Five Days to Dance’, que realmente son los trabajos que hacemos habitualmente. La historia u origen de este gran proyecto comienza cuando un amigo nuestro de hace muchos años que es periodista, que trabajaba en el antiguo Canal 9, y que hacía documentales, nos plantea lo siguiente: grabar un documental sobre nuestro trabajo, a lo que nosotros lo llamábamos «proyectos escolares de danza». Primero empezamos a hacer estos ensayos en España, “a ver qué pasaba’’. 

Representación de la coreografía ‘Parade’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Ese documental, que finalmente se llevó a cabo, se llamó ‘Five Days to Dance’. Se grabó en 2013 en Bremen, durante una semana, otra semana en un colegio de San Sebastián y, luego, se estrenó a finales de mayo de 2014. Tuvo mucho éxito en España, ya que estuvo en cartelera durante mucho tiempo en València y también en Barcelona. Precisamente, en la ciudad condal fue el documental del año en junio de 2014. Mucha gente lo vio, sobre todo muchos profesores de escuelas y padres de alumnos; desde entonces nos piden que vayamos a los centros escolares a hacer bailes con estudiantes. 

Por ello, desde ese momento tomó ese nombre, pero no siempre son escolares. Por ejemplo, cuando estuvimos en Galway (Irlanda) eran vacaciones de otoño, nada de trabajo académico. Lo que nunca cambia es el formato, son proyectos de una semana de duración de cinco a seis días; empezamos el lunes con un grupo nuevo de personas –treinta mínimo y ciento ochenta máximo–, aunque los grupos escolares suelen ser entre sesenta y ciento veinte, normalmente.

No obstante, tenemos uno o dos proyectos al año de unas ciento cincuenta personas. También hay escuelas que nos piden participación de alumnos de varios cursos, y no son proyectos optativos, sino que la escuela decide que los niños van a hacer este proyecto; todo nuestro equipo vamos allí y ocupamos todas sus horas escolares, y esa semana no tienen clases de ninguna otra materia. Simplemente, vienen por la mañana hasta que acaban el horario escolar (5-6 horas diarias) y el viernes o sábado, por la tarde o de la mañana, dependiendo de la disponibilidad del lugar donde actuarán los niños.

Ahora, en València hemos estado haciendo este proyecto de ‘Five Days to Dance’ con un grupo de ochenta niños y adolescentes de 3º de la ESO, que han aprendido una obra que toma el nombre de ‘Parade’, inspirada en una exposición que hubo sobre pintura alemana en Bremen hace unos años, cuyo pintor se llama Max Bergman. El Museo de Arte Contemporáneo de Bremen suele hacer colaboraciones con nosotros y es en estas exposiciones donde nos inspiramos para realizar nuestros proyectos, donde participa gente desde siete hasta setenta años. 

Representación de la obra ‘Parade’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

De estas grandes obras sacamos otras más pequeñas de una media hora, cuarenta o cuarenta y cinco minutos de duración, según cómo se vaya a gestionar la obra. Tenemos un repertorio de cinco obras para adolescentes y tres o así para niños, por lo que, según lo que nos pidan las escuelas, hacemos unos proyectos u otros, ya que los propios colegios nos piden que hagamos proyectos diferentes, nunca repetidos. 

En este caso, la obra ‘Parade’ hablaba sobre la identidad de los personajes que nos toca representar en la vida y cómo este cambio de personalidad no lo hacemos nosotros solamente, sino que nos toca representarlo como intérpretes de la propia obra. Pero cuando estos papeles cambian, cuando nos desprendemos de estos personajes, seguimos siendo nosotros mismos.

Volviendo al tema de que trabajamos con los niños, el lema que pusimos cuando hicimos el proyecto de Bremen fue ‘El mundo es un teatro, la vida es un teatro’, y jugamos un poco a representar los papeles. ‘Parade’ es una de las obras más locas, pero los niños lo vivieron con mucha diversión y genial desde el primer día, pensando: «¿Qué nos va a tocar hacer ahora?». Cuando les decimos que van a representar media hora de coreografía no se lo pueden creer, pero al final lo sacan con muchísimo éxito. 

¿De qué trataba la representación en el Monasterio de Sant Miquel del Reis?

En la escuela donde trabajamos en Valencia es Juan Comenius, es una cooperativa y tiene un 30% o más de niños con diferentes capacidades, tanto físicas como conjuntivas, intelectuales, ideológicas, socioculturales… Se trata de una escuela muy rica en diversidad. 

En el grupo donde hemos trabajado ahora había dos niñas con sillas de ruedas; una de ellas tenía una fuerte discapacidad, como si dijéramos que le era imposible el movimiento en cualquier parte del cuerpo, incluso la cabeza, pero eso sí, hablaba genial, era capaz de traducir del inglés al español cuando Wilfried hablaba en inglés. La discapacidad no ha significado para nada un problema, ha sido parte de la obra desde el primer segundo hasta el último, y protagonista en todo lo que hiciera falta; la otra niña sí que tenía movilidad en la parte de arriba del cuerpo, y también se impregnó de ideas para la coreografía.

Detalle de una de las niñas en silla de ruedas que también bailan. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Los alumnos y compañeros son parte del grupo, no hay ninguna división, simplemente cada uno coge su sitio y va encontrando su posición, van ayudándose unos a otros. En la obra que hemos hecho hay partes que son fijas y que deben aprender, y hay otras donde ellos tienen que poner de sí mismos unos movimientos o poses que les pedimos, caracteres que han de elegir. Por otro lado, tienen que hacer también pequeñas coreografías en grupos reducidos con diferentes temas que les mandamos, y luego otros fragmentos eran más nuestra coreografía. En total salía una obra de unos treinta y cinco minutos o así, y el lugar donde actuamos era precioso e impresionante. El acto fue en una iglesia que ahora se usa para para actuaciones como este, pero lo nuestro era difícil de adaptar.

La verdad es que ha sido un reto muy grande no solo porque es un reto en sí mismo, sino porque además el hacer la obra de media hora con niños que no saben bailar y que la mayoría ni siquiera quieren hacerlo, es una aventura difícil. El truco está en ir conquistándoles para que llegue el viernes y la actuación vaya sobre ruedas. La semana es agotadora, pero día a día es como subir al Everest. Es impresionante. 

Los alumnos del Colegio Juan Comenius atentos a las explicaciones e indicaciones de los coreógrafos. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Además, digo que es un reto porque el sitio en sí no es un teatro, tenía unas tres alturas que podíamos utilizar y lo que era el escenario era demasiado pequeño y ni siquiera tenía una rampa para subir las sillas de ruedas. Con lo cual delante del escenario había una explanada muy grande, pero tampoco era suficientemente grande como para que bailaran todos juntos. Además, si colocábamos al público abajo tampoco lo podían ver, así que tuvimos que hacerlo a tres alturas. La parte de arriba, la de abajo del escenario, y unas escaleras que también utilizamos, además de la parte del altar que tenía espacio como para bailar con un grupo más pequeño. En total, sumándole a todo ello, el pasillo que había entre los bancos, no spudimos arreglar en cuanto a la disposición de todos los alumnos. 

La obra, como he dicho, se titulaba ‘Parade’, quiere decir pasacalle, y es por ello por lo que en un momento las chicas hacen una especie de pasacalle con unos movimientos en fila, pasando entre el público: ha sido una obra muy artística, muy bonita, muy personal y preciosa. Y lo han bailado precioso, han defendido la obra como si fuera realmente suya, y estaban orgullosísimos. Lo han hecho con una entereza y grandeza que incluso a nosotros mismos nos han embelesado, aunque estamos súper acostumbrados a hacer estos proyectos, cada vez nos enamoran más los participantes.

Porque es nuestro trabajo, pero si se lo damos y ellos van haciendo lo suyo, al final brillan en el escenario, y por eso ha sido tan emocionante. Esto fue el viernes 15 de noviembre, y seguimos disfrutando con esto. Este tipo de proyectos los hacemos continuamente, la semana que viene nos vamos a Sardanyola (Barcelona) a hacer otro proyecto con otra obra, llamada ‘Voyage’, en otra escuela formada por noventa chavales de 3º de la ESO. 

Los alumnos del Colegio Juan Comenius en plena coreografía. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Antes de venir a Valencia estuvimos en Galway, donde conocimos a Estíbaliz y, al final, fueron como treinta y tantos niños de diferentes edades, entre doce y dieciocho años, los que interpretaron la obra ‘Home sweet home’.

Con todo ello, en suma, nosotros vamos viajando de Alemania, a España, a Galway, estuvimos en Irlanda, vamos a ir a China, a Bruselas el año que viene, hemos estado en Palestina, en Corea, en Nigeria… Esta es nuestra vida: ir de lugar en lugar haciendo proyectos, disfrutando muchísimo y haciendo disfrutar a los demás, que es una maravilla.

¿Qué sientes al bailar?  

No sé. A ver, yo bailo muchas veces en muchas situaciones diferentes. No es lo mismo bailar cuando estás ensayando o enseñando una coreografía, que bailar libremente; yo bailo en cualquier momento, es algo muy natural e innato. 

La danza es algo muy natural y agradable, además de bonita. Cuando estoy en el escenario es más que eso, porque la sensación que siento mientras lo estoy haciendo me viene muy de dentro, es como si en mi interior creciera algo enorme, como si se hincharan todas las células, y como si al expulsarlo al exterior saliese el movimiento y la energía. Yo siento al público, a veces lo veo y otras no, según la iluminación, pero yo siempre sé que está ahí. Yo cuando hago danza crezco, me hago grande, y desde esa grandeza me empiezo a mover y sale toda esa energía preciosa como una cascada muy bonita que llega hasta el público y que sirve como regalo para ellos.

Además, como ellos se colocan en ese punto tan sensible, tan bonito, tan mágico de revivir eso que tú estás dando, esa relación que se tiene con el público es como si fuera una pared, donde tú tiraras la pelota y te devolvieran. Cuando ellos sienten lo que tú estás dando, automáticamente se ponen en ese punto, un punto muy del corazón, con mucha alegría profunda y bonita que da como resultado algo precioso e imposible de describir.

¿Hay algo que te haga sentir algo parecido a lo que experimentas cuando haces danza?

Lo que me hace sentir lo mismo es que desde muy jovencita aprendí a meditar, a estar conmigo misma, son esos momentos de intimidad y de alegría por dentro, profundos, los que me hacen sentir algo tan cercano a la danza. Cuando medito, estoy quieta y cuando bailo, me muevo. Quizás no es lo mismo, pero sí que viene de la misma fuente. 

Y no, no es la música, no es la música la que me hace bailar, no es el movimiento el que me hace bailar, sino lo que sale de dentro. Puede que haya un impulso ahí fuera, una propuesta, algo que oyes, pero normalmente es algo que sale de ti y que, luego al añadir la música que es maravillosa, se agranda aún más. A mí me gusta que sea el sentimiento profundo, no me gusta que sea la música la que me influya a hacer algo, a bailar una coreografía, sino que sea una idea, una sensación, algo que vaya definiendo.

Niños del colegio Juan Comenius saludando tras la representación en el Monasterio de Sant Miquel del Reis. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Como digo, cuando se añade música se hace cada vez más grande, pero si no hay música para mí la danza es igual de preciosa, me encanta también bailar sin música.

Entonces sí, un maestro me enseñó a meditar y a sentirme bien conmigo misma, la misma sensación que tengo al bailar. Tanto cuando medito como cuando hago danza, lo siento y lo quiero regalar a los demás. Es la vida quieta y en movimiento, dejándola fluir, disfrutándola y agradeciéndola con toda mi alma en ambas situaciones.

¿Cuál es la situación de la danza hoy en día? Ya que, aunque sea un gran arte, es la disciplina menos valorada, generalmente.

Esta pregunta me cuesta mucho responderla, porque estamos tan metidos en lo que hacemos y he trabajado tanto con la danza, que siempre me cuesta hablar de ella, en general.

Pienso que vivir de la danza es realmente complicado para los bailarines, aunque hayamos estudiado muchísimos años y nos hayamos formado mucho, e incluso a pesar de que la gente empieza a bailar desde pequeña y después invierte muchas horas, mucha energía, mucho dinero, mucho de todo en hacerse profesional. 

En España las posibilidades de vivir de la danza profesionalmente como he vivido yo en Alemania, creo que son casi inexistentes, o el porcentaje es muy bajo. La gente cuando quiere vivir de la danza quiere hacer otros trabajos o, al menos, dar clases de baile para poder conseguir un buen sueldo al mes. Sin embargo, lo que es vivir de la danza, bailar estando en una compañía, con actuaciones, eventos, y luego un proyecto, una producción, como hemos hecho nosotros en Alemania, es súper difícil que suceda. 

No obstante, al mismo tiempo pienso que la danza en sí es una disciplina de verdad, una herramienta muy impresionante a nivel social, a nivel humano, con grandes posibilidades, porque con cualquier idea y mezcla de artes se puede utilizar. Nosotros por ejemplo en Alemania lo hemos vivido con un placer inmenso; el poder crear obras con todos los elementos que te puedas imaginar que tengas ganas de experimentar y poner juntos me parece que es un arte riquísimo aparte de ser una herramienta social, una pasada. 

Los proyectos que estamos haciendo ahora son tan bienvenidos en tantos aspectos, en tantos ámbitos sociales… Acabamos de venir de la cárcel de Barcelona, donde hemos estado trabajando con los presos de allí y ha sido una auténtica pasada, no solamente por lo bonito que ha sido el proyecto, sino por la aceptación, la apreciación, el cómo lo han sentido y vivido ellos, y todos los demás. Todos juntos, en verdad. Nosotros hicimos este proyecto con cuarenta o cincuenta presos, pero es que los cuatrocientos cincuenta presos restantes que estaban mirando, acogieron la actuación con una franqueza y con una veracidad gigante. En este caso era danza teatro y ellos no están acostumbrados a verlo, pero desde el primer momento no se movían un pelo, se quedaban embelesados, había una concentración increíble, una sensación de sincronización con lo que estaba pasando en el escenario, realmente inconcebible.

Tres de las alumnas del Colegio Juan Comenius durante la representación de danza-teatro ‘Parade’. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Era una sensación tan potente y fuerte que pienso que la danza tiene muchísimas posibilidades, lo que pasa es que no está casi apoyada, no sé por qué, quizás porque los bailarines no sabemos comunicarlo tan bien como otras artes o porque no hemos luchado tanto. ¿Puede ser porque en la historia ha sido un arte más y hemos sido simplemente instrumentos de la élite? No lo sé. No sé por qué no está más en la sociedad, por qué no está tan aceptada o apoyada institucionalmente, pero al mismo tiempo también justo por este motivo de que no está tan apoyada, el alma de la danza es muy fuerte, es muy salvaje. Los que todavía queremos vivir del baile y llevarla a muchos lugares lo hacemos muy visceralmente, nos faltan medios, pero no nos falta pasión. 

Y sí, hay muchas disciplinas, hay muchas cosas que por institucionalizarlas a veces pierden esta fuerza que tiene la pasión cuando eres tú quien las mueve. Me parece que la danza tendría que estar muchísimo más apoyada porque de verdad es muy potente, pero con cuidado de no cortarnos las alas; porque la danza es un arte que de verdad necesita volar, no puede estar anclada a unas cadenas, tiene que ser libre. Eso sí, al mismo tiempo apoyada para que tengamos fuerza y no nos caigamos en medio.

¿Cómo definirías la danza en cinco palabras?

Pasión, desnudez, entrega, sensibilidad y magia.

Dentro de las cinco palabras que he elegido, he dicho desnudez, pero porque a mí me parece que nosotros al bailar estamos desnudos. Nada nos protege, no hay un instrumento, no hay algo, somos nosotros mismos tan a pelo que por eso la vergüenza es algo que nos impide sentirnos cómodos, porque realmente la gente te mira como si fuera un acuario, una pecera como si lis demás mirásemos desde fuera al piececito desde fuera, el pececillo solo puede nadar, no puede pensar lo que están pensando todos los que te están mirando, y te sientes como un pececito muy desnudito muy poquita cosa pero al mismo tiempo muy grande porque así somos los eres humanos, por fuera quizás pequeñitos pero por dentro muy grandes.

Para muchos niños y niñas, además de jóvenes, cuando colaboran en los proyectos anteriormente comentados, es la primera vez que toman contacto con la danza moderna y la danza teatro, e incluso con la música y el arte contemporáneo. El resultado es un enfoque diferente hacia el arte y la cultura.

Varios niños del Colegio Juan Comenius en un altar del Monasterio de Sant Miquel del Reis – Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Con la experiencia sensorial de la expresión artística a través de la danza, los jóvenes ven cómo se les abre una nueva dimensión que fortalece su potencial como individuos, estimula su auto-confianza y les ayuda a la comunicación entre ellos. Amaya y Wilfried creen firmemente en el hecho de que la danza comunitaria puede afectar en la vida de los individuos y de las comunidades de una forma muy positiva.

¿Qué pregunta me haría a mí misma?

Esto siempre lo comento porque me impresiona mucho y al mismo tiempo me parece súper importante. Y es que cuando hacemos los proyectos, la implicación que necesitan los participantes cuando se está bailando es total, han de estar tan completamente concentrados en el presente, en lo que está sucediendo, y no con la cabeza en otras mil cosas, que se les exige mucho a los participantes, una intensidad de la que no están acostumbrados. Por lo tanto, lo que más les suele molestar al principio y lo que más miedo les da en realidad es tener vergüenza, que piensan que van a hacer el ridículo, que no les va a salir, se comparan unos con otros… Esas cosas, todos esos miedos capaces de eliminar.

Por este motivo, desde el principio Wilfried les dice que hay que poner la vergüenza en la basura, y se quedan solo con eso, con que la vergüenza se va a la basura. Y este es el primer reto. Este es el primer gran paso que tienen que dar, pero luego ya cuando van sintiéndose más contentos y seguros, el segundo día o incluso el primer día a mediodía, ya están mucho más a gusto.

No obstante, lo que más impide a los niños, sobre todo en las escuelas, es llevar adelante el proyecto. En realidad en cualquier ámbito de la vida, en cualquier cosa que hagan, siempre el problema al que se enfrentan es la falta de concentración, el ponerse en lo que están haciendo, y no estar distrayéndose con seiscientas otras cosas; esos jueguecitos, hacer lo mínimo para que nadie se dé cuenta… “Yo simplemente paso el día así, lo más liviano posible’’, “yo estaba ahí porque tenía que estar, pero bueno hago el mínimo y así no me canso tanto”. 

Los alumnos del Colegio Juan Comenius posando, felices, al final de la actuación. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Este tipo de actitud que es lo que llevan normalmente en la clase, que es sobrellevar el día a día larguísimo, el hecho de que la escuela sea interminable y las asignaturas vayan una detrás de otra, un examen después de otro, es un estado de supervivencia. Esto para un espectáculo que tenemos que montar en cinco días con tantísimas personas no puede ser, necesitan concentrarse, implicarse al cien por cien, estar en lo que están, no sirve ese “me quito y los demás hacen el resto’’. Como dije en una de las preguntas anteriores que me hiciste, por un lado, creo personalmente que el movimiento es lo que tienes dentro de ti, eres tú quien mueves a tu cuerpo, no es que tu cuerpo dirige y tú vas detrás, sino que eres tú el que te implicas, el que mueves.

Por tanto, es obvio que a nivel físico es súper importante en la danza, porque mover el cuerpo es la única herramienta que tenemos, y no solo para bailar, sino para toda la vida, y no la usamos, no lo trabajamos, al final acabamos muy mermados de posibilidades, lo que hace que luego tengamos dolor, tengamos problemas… Eso a nivel físico y emocional, el movimiento es súper importante.

Si estás contigo mismo, las emociones van saliendo con ese movimiento, te vas liberando de congojas, de esas cosas que te pasan.  Eso sí, moverse por moverse tampoco es danza, si te mueves “por hacer algo’’ tampoco sirve, así que la danza hay que hacerla junto a las emociones, hay que poner esa emoción y sentimiento, esa sensación de llegar hasta el final, de sentir nuestro cuerpo y luego el espacio, a la hora de danzar.

No tienen ni idea, “¿para delante?’’ “¿para detrás?” “¿tengo sitio o no tengo sitio?’’ “Si me pongo en línea, luego no podré moverme’’, “bueno pues coge más espacio, ponte más delante, más detrás…’’ Toda la cuestión espacial que es imprescindible para la vida tampoco se trabaja en la escuela, entonces para ellos tantas personas compartiendo un espacio donde encima tienen que moverse, donde no están simplemente sentados en una silla, es muy complicado y muy difícil de vivirlo, la musicalidad ¡imagínate! Los movimientos no son 1,2,3,4, no tienen el mismo acento.

Varias alumnas interpretando la danza-teatro ‘Parade’ en el Monasterio de Sant Miquel del Reis. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Nosotros al menos les ponemos retos muy grandes, la música que ponemos no es la que ellos escuchan normalmente, cuando nos piden esas músicas les decimos que las escuchan todo el rato, les decimos que las sigan escuchando en su casa si quieren, pero que nosotros venimos con un proyecto de fuera, un proyecto profesional, con una música específica para el mismo.

En este tipo de proyectos hay una profesionalidad, se utilizan muchos más elementos, hay mucha más variedad, entonces claro, la música que les ponemos no es “pum, pum, pum’’, tienen que aprender a oírla, a escucharla, a coger los acentos, a saber cuándo sube y baja, cuándo esperan…. Es enorme lo que tienen que aprender y para mí, en mi opinión, lo que más les ayuda y nos afecta en la sociedad es que es un proyecto, se trata de montar una coreografía, somos un montón de personas juntas, pero no es competitivo, no vamos a competir contra nadie, ni vamos a competir contra otro grupo, se acabó. 

No va a haber gente que brilla y otros que no, ni unos que ganen y otros que pierden, no, no y no. Lo nuestro es muy de unirnos para, juntos, conseguir un objetivo común, que es lo que necesitamos para el mundo, la vida, la sociedad, para que el día a día funcione, que todos encontremos el gran puzzle de la vida, donde cada uno va encontrando su sitio, se va moviendo en algún momento, va cogiendo diferentes responsabilidades.

Familiares, amigos y profesores de los alumnos del Colegio Juan Comenius que no quisieron perderse la gran actuación. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

Cada persona es igual de importante, si en algún momento estás abajo o estás en el medio o estás arriba, si en un puzzle estás en una esquina o estás en el medio o estás en cualquier sitio, eres importante estés donde estés. Si cada uno está en su sitio, todos juntos conseguimos que la imagen sea preciosa y maravillosa, y que cada uno se sienta bien.

Pues con el movimiento ocurre lo mismo: también se puede ejercitar con las clases de gimnasia, pero en estas clases y en el deporte en general, hay mucha competencia y mucha competitividad, al igual que en la escuela, donde, por desgracia, también te enseñan a que hay que ser el mejor, a ser demasiado exigente contigo mismo.

Cartel de la representación realizada por los alumnos. Fotografía de Paco Martí, director del Colegio Juan Comenius.

El hecho de saber el máximo de ti mismo es importantísimo, pero no hace falta que porque yo esté arriba, los otros tengan que estar abajo, sino que cada uno coge su sitio, si alguien tiene que liderar, lo lideras, pero no tienes que ser más importante que los demás. En ese momento tienes esa responsabilidad, es por ello por lo que esto me parece una riqueza impresionante, el hecho de que podamos traer proyectos de danza que se conviertan en mucho más que eso, en algo que se hace conjuntamente. Supongo que con las orquestas y con los coros pasará lo mismo, pero yo lo hablo desde mi persona, desde nuestro trabajo con la danza. 

Para muchos niños y niñas, además de jóvenes, esta será la primera vez que tomen contacto con la danza moderna y la danza teatro e incluso con la música contemporánea y el arte contemporáneo. El resultado es un enfoque diferente hacia el arte y la cultura. Con la experiencia sensorial de la expresión artística a través de la danza, los jóvenes ven como se les abre una nueva dimensión que fortalece su potencial como individuos, estimula su auto-confianza Y les ayuda a la comunicación entre ellos.Creemos que la danza comunitaria puede afectar en la vida de los individuos y de las comunidades de una forma muy positiva.

Irene Valdés

Una ‘Carmen’ inédita desde Londres

Carmen, de Georges Bizet, dirigida por Barrie Kosky
En 18 cines de la Comunidad Valenciana y 150 de toda España
Desde la Royal Opera House de Londres
Martes 6 de marzo de 2018, a las 19.45h

La ópera Carmen, después de que el Palau de Les Arts acogiera hace apenas diez días la singular versión de la compañía Antonio Gades, vuelve a Valencia de la mano de la distribuidora Versión Digital. Del escenario a la gran pantalla de cine, ahora en su formato original e inédito. “Nunca antes se había representado tal y como la concibió Bizet para su estreno en la Opéra Cómique de París en 1875”, avanza Francisco Bueno, profesor de Historia de la Ópera de la Universitat de València.

Lo hará en 18 salas de cine de la Comunitat Valenciana este martes 6 de marzo, a las 19.45 horas, en directo desde la Royal Opera House de Londres, al mismo tiempo que se proyecta en más de 150 salas de toda España. La originalidad de esta Carmen responde a su partitura. “La que se representó en París tenía partes habladas que Bizet cambió tras el fracaso cosechado en su estreno, incorporando recitativos”, explica Bueno. Seis meses después volvió a representarse, esta vez en Viena, con gran éxito. La pena es que para entonces Georges Bizet ya había muerto.

Carmen, de Georges Bizet. Foto de Monika Rittershaus por cortesía de Versión Digital.

Carmen, de Georges Bizet. Foto de Monika Rittershaus por cortesía de Versión Digital.

Hay quienes dicen que su fallecimiento pudo deberse, en parte, al fracaso parisino. Lo cierto es que el compositor francés murió con tan solo 36 años en junio de 1875, a caballo entre el mes de marzo del estreno de Carmen y octubre, que es cuando se repuso en Viena. De manera que jamás pudo escuchar sobre un escenario la versión que no ha dejado de ser aclamada en todas las partes del mundo, siendo a día de hoy la ópera francesa más famosa del repertorio operístico. La distribuidora valenciana Versión Digital la acerca a los cines, como parte del acuerdo suscrito con la Royal Opera House para proyectar en la gran pantalla su temporada de ópera.

La novedosa y ahora rompedora versión dirigida por el australiano Barrie Kosky consiste precisamente en la recuperación de la partitura original. “Hay tres temas que Bizet incorporó para suplir el fracaso que supuso en su estreno las partes habladas: La Habanera, en fa mayor con coro, La Romanza del acto tercero, y La canción del toreador”, apunta Bueno. La Carmen que presenta la Royal Opera House, y que podrán ver en directo los espectadores de cine, es la que aún no había incorporado estos tres temas para darle el dinamismo que Bizet creía conveniente, tras el fiasco parisino que tanto le afectó.

Carmen, de Georges Bizet. Foto de Monika Rittershaus por cortesía de Versión Digital.

Carmen, de Georges Bizet. Foto de Monika Rittershaus por cortesía de Versión Digital.

Las convenciones de la ópera cómica, la opereta, la revista y el vodevil que inspiraron a Bizet son recuperadas por Barrie Kosky para ofrecer la conflictiva relación entre Don José y la pasional Carmen tal y como fue presentada originariamente. El director musical Jakub Hrusa es quien dirige a la orquesta y coro del teatro Royal Opera House, de una ópera que encabeza la mezzo-soprano rusa Anna Goryachova, en el papel principal, junto al tenor italiano Francesco Meli, como Don José.

“El musicólogo alemán Fritz Oeser fue quien descubrió en 1964 la partitura original, restableciendo la idea con la que Bizet estrenó la ópera”, señala Francisco Bueno, quien subraya la paradoja que supone el éxito de una obra de la que no pudo gozar el propio compositor. La mezcla de escenas trágicas y pasajes ligeros, la algarabía de los coros y la intimidad de aquellas otras protagonizadas en solitario por los amantes, así como la simbiosis de música clásica y canción popular, han hecho de Carmen un espectáculo de notable éxito cada vez que se representa, tal y como sucedió con la versión de la compañía de Antonio Gades.

Ahora, justo el mes en el que se cumplen los 143 años de su estreno en París, Versión Digital la proyecta en los cines valencianos y del resto de la geografía nacional en directo desde Londres. Otra ocasión, esta vez en verdad única, de seguir las andanzas de Carmen, una mujer mal entendida en su momento y ahora de plena actualidad.

Carmen, de Georges Bizet. Foto de Monika Rittershaus por cortesía de Versión Digital.

Carmen, de Georges Bizet. Foto de Monika Rittershaus por cortesía de Versión Digital.

Salva Torres

Una coreografía seductora

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral
Serie de 10 dibujos creado en técnica mixta sobre papel Fabriano de 300 gramos
Taller Indusart
C / Clero, 6 bajo. Valencia

Entre-dos, serie de 10 dibujos creados mano a mano por Hélène Crécent y Rafa de Corral  para  Russafart 2016, lleva inscrita la tensión surgida de la fusión de los dos universos pictóricos tan diferentes de estos artistas. Crécent y De Corral han creado una coreografía seductora con las figuras abstractas y conceptuales más emblemáticas de sus respectivos universos pictóricos.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Imagen cortesía de sus autores.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Imagen cortesía de sus autores.

Figuras crepitantes

La pintura de Hélène Crécent está habitada, principalmente, por figuras abstractas: “manos llameantes”, “bolas enmarañadas”, -“de pelo”, matiza la artista-, “cuerpos contorsionados, sin rostro y sin sexo”, “bocas-vaginas dentadas”. Figuras dibujadas con mina de plomo sobre un fondo blanco y salpicadas con golpes de color rojo, verde, azul. Figuras de trazo curvo, inmediato, fogoso. Figuras crepitantes.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Imagen cortesía de sus autores.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Fotografía: Fernando Rincón.

Figuras ingrávidas

En cambio, en la obra de Rafa de Corral gravitan misteriosas piezas de rasgos arquitectónico-geométricos que brotan de una superficie acuosa, metálica o flotan sobre un espacio nuboso, etéreo.  Estas piezas, dibujadas con un trazo firme, recto y preciso, fluyen ingrávidas por el espacio conceptual futurista de la obra de Rafa de Corral. Figuras ingrávidas, densas piezas arquitectónico-geométricas, donde la levedad de la existencia se hace metáfora.

Cuatro piezas de 'Entre-dos', de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Imagen cortesía de sus autores.

Cuatro piezas de ‘Entre-dos’, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Fotografía: Fernando Rincón.

Fusión

Entre-dos es el resultado de la fusión de estos dos mundos pictóricos                    “formalmente tan diferentes”, como considera Hélène Crécent. “Aún así -precisa la artista- pensamos que podría ser un reto pintar y exponer juntos”.

Una experiencia cuyo resultado, señala Rafa de Corral, “ha sido espectacular tanto desde un punto de vista formal como de fondo. En mi opinión se ha producido una simbiosis en un principio lúdica, pero si ahondas más en cada pieza sorprende la frescura y el contenido tan potente”.

Las figuras crepitantes -“manos llameantes” y “bolas enmarañadas”- y las figuras ingrávidas -las piezas arquitectónico-geométricas- componen, en estos diez dibujos, un juego rítmico y colorista de movimientos. Las figuras se desplazan marcando el compás pasional de un tango; se atraen y se repelen connotando la pasión seductora que emana entre lo femenino y masculino.

Los dibujos de “manos llameantes” y de “bolas enmarañadas” de Hélène Crécent denotan una feminidad que arde, que quema. Por lo contrario, las piezas arquitectónico-geométricas de Rafa de Corral emanan una masculinidad que intenta escindir el fuego femenino.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Imagen cortesía de sus autores.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Fotografía: Fernando Rincón.

Hélène Crécent describe el proceso creativo como “mágico y excitante». Y añade: «El primer dibujo lo hicimos conjuntamente en la misma mesa de manera muy concentrada y espontánea a la vez. Entendimos que la fusión podía funcionar. Pero empezó a complicarse: la fuerza de mis “bolas de pelo” podían comerse la fuerza de los elementos arquitectónicos de Rafa. No se trataba de una lucha de poder. Non obstante, empezamos a competir, pero con amor, somos amigos».

«Entonces, Rafa empezó a utilizar la mina de plomo, herramienta importante en mi obra, creando una superficie color plomo negra y brillante. Me impresionó y respondí con un personaje rojo. Luego, Rafa cambió su paleta por tonos fluorescentes pintados con spray. Él se adaptó y yo me tranquilicé, frente a la tensión creada, enrollándome o enroscándome en sus arquitecturas irreales, amenazantes y atractivas a la vez, como si fuera un juego sexual  pasional”, concluye Crécent.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Imagen cortesía de sus autores.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Imagen cortesía de sus autores.

Begoña Siles

«Trato hacer de lo obvio algo nuevo»

GraffitiPop, de Antonio de Felipe
Galería Thema
C / Plaza América, 4. Valencia
Hasta el 15 de abril de 2016

Dice que lo importante es “ser auténtico, hacerlo con verdad”. Curioso de un artista que ha convertido la ficción que representan los grandes iconos de masas en materia de su impactante obra. Curioso, pero de ninguna forma incoherente. De hecho, la autenticidad de la que habla Antonio de Felipe (Valencia, 1965) pasa precisamente por trabajar ese glamour de las grandes estrellas del cine, de la música y del deporte, hasta convertirlo en objeto de reflexión manifiesta en su obra. “Hay que aprender a ver y no quedarte con la primera impresión”, subraya.

Detalle del propio Antonio de Felipe en una de sus obras en la Galería Thema. Imagen de Carles Traver y Josevi Marco.

Detalle del propio Antonio de Felipe en una de sus obras en la Galería Thema. Imagen de Carles Claver y Josevi Marco.

Y la impresión que ofrece su trabajo es la de un artista pop que ha sabido aprovechar el atractivo de ciertos iconos para capturar la mirada fascinada del público. Marilyn Monroe, Audrey Hepburn o Madonna a modo de reclamo, de cebo. Nada más lejos de la verdad que Antonio de Felipe busca. “Le doy dos millones de vueltas a cada boceto”. Y si utiliza esos iconos en su obra, sin duda lo primero que salta a la vista, “es para tomar impulso”. Dice que es su manera de empezar, aferrándose a “algo seguro” para después dejar que vuele la imaginación. También porque él trabajó como creativo en una agencia de publicidad en los años 80 y le resulta “natural” utilizar esos iconos. “Toda esa formación es mi legado”, remarca.

A partir de ahí, Antonio de Felipe ha ido construyendo una obra que empezó mostrando hace 25 años en la galería Thema de Valencia, a la que ahora vuelve con su nueva serie GraffitiPop. Serie que exhibió en el Centro Cultural Casa Vacas de Madrid y que fue vista por más de 70.000 personas. Una selección de 12 lienzos y unas 15 obras sobre papel integran la exposición de su regreso a los orígenes. “No es un ejercicio de nostalgia, pero sí remueve ciertos sentimientos”. Como el hecho de que su padre, fallecido cinco años antes de aquella su primera exposición, no haya podido ver la rutilante trayectoria de su hijo.

Vista general de la exposición GraffitiPop, de Antonio de Felipe, en la Galería Thema. Imagen de Carles Traver y Josevi Marco.

Vista general de la exposición GraffitiPop, de Antonio de Felipe, en la Galería Thema. Imagen de Carles Claver y Josevi Marco.

“Soy un artista de pico y pala”

“Hago mi trabajo con tanta pasión que el espectador luego me lo devuelve”. Pasión y energía que convierten una charla con De Felipe en un alegato a favor de la creación como estímulo vital. “Tengo un pop más sofisticado”. Cuatro años le ha llevado crear su última serie. “Soy un artista de pico y pala; un trabajador nato”. Por eso no dudó en pintarse a sí mismo en medio de esos trabajadores que inmortalizó el fotógrafo Charlie Clyde Ebbets subidos en lo alto del Rockefeller Center, mientras se construía en plena Gran Recesión. Detrás de ellos, el artista valenciano coloca a la Marilyn Monroe que igualmente inmortalizó Winston.

“No es una Marilyn cualquiera y la imagen de los obreros es un guiño a Equipo Crónica”, explica el artista. Ese contraste entre el glamour de la estrella cinematográfica y la aspereza de los trabajadores atraviesa buena parte de la obra de Antonio de Felipe. “Trato de hacer de lo obvio algo nuevo”. Lo mismo sucede con la imagen de la Audrey Hepburn de ‘Desayuno con diamantes’, colocada frente a un graffiti que interpela su aura para hacerla más terrestre. “No estoy de acuerdo con eso de que el pop es fácil y no tiene discurso crítico”. Y vuelve a insistir en la necesidad de rascar esa primera capa de su obra.

Audrey Hepburn en una de las obras de Antonio de Felipe en la Galería Thema. Imagen de Carles Traver y Josevi Marco.

Audrey Hepburn en una de las obras de Antonio de Felipe en la Galería Thema. Imagen de Carles Claver y Josevi Marco.

“Me parece un error politizar el arte”

“El pop es como un puñetazo”, dice. Luego es cada espectador el que tiene que encajarlo a su manera. Ahora ese pop viene de la mano del graffiti. “Era un reto personal; nunca había utilizado el spray y es un ejercicio que ha catalizado mi creatividad”. De forma que el “chorreón” se mezcla con su “pintura depurada” para “fundir dos mundos de los que creo haber salido airoso”. También le ha perdido el miedo al autorretrato, porque dice haber alcanzado “un grado de madurez en la técnica y en lo personal”.

Con cerca de medio millar de exposiciones a sus espaldas, no entiende que todavía haya gente que relacione su obra con el anterior gobierno del PP, cuando en 25 años sólo ha expuesto en cuatro ocasiones en Valencia. “Me parece un error politizar el arte”. Y como en su obra siempre hay “aportaciones irónicas”, Antonio de Felipe se toma esas inquinas con espíritu fallero. “Es que mi obra es muy fallera porque conecta con lo lúdico y el pop”. E insiste: “Mi política es el arte”. Un arte repleto de iconos de la cultura de masas que Antonio de Felipe descontextualiza para crear su singular universo. Pasión y energía que hasta el 15 de abril eclosiona en la galería Thema.

Ver la noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Salva Torres

Video de la exposición ‘GraffitiPop’ realizado por Carles Claver y Josevi Marco:

 

Los sótanos más oscuros de la sociedad austríaca

En el sótano, de Ulrich Seidl
Sala Berlanga de La Filmoteca de CulturArts
Plaza del Ayuntamiento, 18. Valencia
Viernes 15 de enero, a las 22.30h

La Filmoteca de CulturArts estrena el viernes 15 de enero en la sala Berlanga el documental En el sótano (2014) del cineasta austríaco Ulrich Seidl, uno de los  directores más controvertidos y originales del cine europeo actual.

Fotograma de 'En el sótano', de Ulrich Seidl. Imagen cortesía de La Filmoteca de CulturArts.

Fotograma de ‘En el sótano’, de Ulrich Seidl. Imagen cortesía de La Filmoteca de CulturArts.

Tras la aclamada Import-Export (2007) y la perturbadora trilogía Paraíso (Fe, Amor y Esperanza) de 2012, Ulrich Seidl retorna al campo documental de sus orígenes con una indagación sobre los usos insospechados  que suelen dar los austríacos a los sótanos de sus casas.

Ulrich Seidl vuelve a sumergirse en los aspectos más oscuros de la sociedad austriaca y se aproxima a ciertos temas polémicos como el sadomasoquismo, la pasión por las armas de fuego o la ideología nazi, desde una perspectiva en la que conviven el humor y la ternura con lo sórdido, lo terrorífico y lo grotesco.

La última película de Ulrich Seidl se estrena en Valencia en la Filmoteca de CulturArts,  tras exhibirse en certámenes como la Mostra de Venecia, el Festival Europeo de Sevilla o el Festival Internacional de Cinema d´Autor de Barcelona.

Fotograma de 'En el sótano', de Ulrich Seidl. Imagen cortesía de La Filmoteca de CulturArts.

Fotograma de ‘En el sótano’, de Ulrich Seidl. Imagen cortesía de La Filmoteca de CulturArts.

Cartel de la película 'En el sótano', de Ulrich Seidl. Imagen cortesía de La Filmoteca de CulturArts.

Cartel de la película ‘En el sótano’, de Ulrich Seidl. Imagen cortesía de La Filmoteca de CulturArts.

 

 

 

Samson et Dalila, la tentación vive abajo

Samson et Dalila, de Camille Saint-Saëns
Dirección musical: Roberto Abbado. Escenografía: Carlus Padrissa, La Fura dels Baus
Palau de Les Arts
Avenida del Professor López Piñero, 1. Valencia
Días 12, 14, 17, 20 y 23 de enero de 2016

Sansón posee la fuerza que Dios le concedió al nacer. Pero esa fuerza divina se ve comprometida por esa otra fuerza más terrenal y seductora que posee la tentadora Dalila. Esa tensión entre lo metafísico y lo telúrico, al igual que entre el orden del relato místico y el desorden pulsional está en el núcleo de la ópera de Saint-Saëns. Carlus Padrissa (La Fura dels Baus) lo dijo desde Chile, en conexión vía skype con Les Arts: “Es una relectura del Samson et Dalila que se estrenó en Roma en 2013”. Relectura de la ópera de Saint-Saëns, con hasta ocho mandalas de dos metros cada uno que sirven para ir transformando la escena, un anillo de luz “valenciana, muy clara” y, “cada vez más” (subrayó Padrissa) “con el arte de la entropía”. Y se explicó: “Lo que está arriba, está para caer”, concluyendo que “la destrucción nos mantiene fascinados”.

Samson et Dalila. Fotografía de Tato Beza por cortesía del Palau de Les Arts.

Samson et Dalila. Fotografía de Tato Beza por cortesía del Palau de Les Arts.

Fue su explicación al poder que todavía hoy posee la historia mítica de Sansón y Dalila, relato bíblico contenido en el Libro de los Jueces del Antiguo Testamento. Con esos mimbres, Camille Saint-Saëns compuso la ópera estrenada en Weimar en 1877, “no en Francia”, subrayó Roberto Abbado, director musical que cederá su batuta a Plácido Domingo en la representación del día 20 para celebrar el 75 cumpleaños del tenor. “Es una ópera compleja que en tiempo de Saint-Saëns no fue entendida en Francia”. No sólo por las reticencias a que un tema bíblico fuera llevado a escena, sino “por su dificultad”.

Samson et Dalila, una vez recuperado a bombo y platillo el eco de la saga Star Wars, hurga también en ese lado oscuro de la fuerza. Y lo hace con una “producción minimal de bajo presupuesto, adaptado a los tiempos de crisis, pero con mucha imaginación”, destacó Padrissa. Zamira Pasceri, que colabora con La Fura dels Baus en la escenografía, apuntó que les había interesado el tema de la guerra, pero desde un punto de vista más personal. “Es un viaje del concepto histórico a lo individual”.

Samson et Dalila. Fotografía de Tato Baeza por cortesía del Palau de Les Arts.

Samson et Dalila. Fotografía de Tato Baeza por cortesía del Palau de Les Arts.

De manera que el “conflicto entre pueblos [filisteos y judíos] y religiones”, que indicó Davide Livermore, intendente de Les Arts, queda absorbido por el más penetrante conflicto interior de los propios Samson (Gregory Kunde) y Dalila (Varduhi Abrahamyan). “Siempre son bienvenidas obras que nos hacen reflexionar sobre la génesis de la guerra”, que Padrissa recordó al mencionar los 18 conflictos bélicos más recientes, el medio millón de muertos y los 13 millones de refugiados. Pasceri subrayó que aunque el tema central de Samson et Dalila sea la ceguera como castigo, en realidad este castigo “es una oportunidad para que Sansón mire en su interior enfrentándose a la verdad, a nosotros mismos”.

Es la doble faz del poder de la fuerza: constructiva y destructiva a un tiempo. “Sansón es un semi dios, que tiene tentaciones que no puede evitar”, de las cuales se da cuenta en el tercer acto y por las que “pido perdón a Dios”, explicó Gregory Kunde, cuyo papel de Sansón ha tenido que ejercer incluso fuera de escena: “Tuve un cáncer hace unos años y ahora estoy de vuelta”. Ni siquiera un accidente durante los ensayos, por el que aún cojea, ha podido quitarle el protagonismo: “Hace 35 años hice de segundo filisteo en Chicago”.

La gran fuerza de Sansón contenida en su larga cabellera Kunde la resumió así: “Es la historia de un hombre con una gran responsabilidad sobre sus hombros”. Falla debido a las tentaciones y pide “que le den una segunda oportunidad”. La rima entre sus cabellos y las cuerdas que luego le atan a las columnas del templo, Pasceri la derivó hacia el bondage: “Son las ataduras o condicionamientos de nuestra propia cultura”, algo que ata y tan pronto puede ser placentero como doloroso. El mismo diálogo que Roberto Abbado explicó entre la música asociada a los judíos y a los filisteos: “La judía es más profunda, asociada a Dios mismo, y la filistea más superficial, ligada a los placeres más terrenales”. Todo ello, como recordó Livermore, “al servicio de la partitura”, del 12 al 23 de enero en Les Arts.

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Samson et Dalila. Imagen cortesía del Palau de Les Arts.

Samson et Dalila. Fotografía de Tato Baeza por cortesía del Palau de Les Arts.

Salva Torres

Poesía y pintura de Esther Gómez

Exposición colectiva, con obra de Esther Gómez
Museo Manaut
Santa Amalia, 2. Valencia

“La expresión de los sentimientos, los recuerdos y la pasión”, así conjuga la artista Esther Gómez Gómez sus obras poéticas con su obra artística, cerca de una veintena de obras pintadas al óleo y en las que imprime una gran sensibilidad, fuerza y emoción. En su libro ‘Mirando al mar’, publicado el 17 de diciembre, se presentan sus primeros trabajos como poeta acompañados de sus obras más emblemáticas, aquellas que ya han sido expuestas en salas privadas de países como República Checa, Polonia, Roma y, por supuesto, en ciudades españolas como Madrid, Almería, Córdoba, Marbella o Valencia.

“Me gusta captar los colores, la belleza y el encanto de un paisaje o figura. Es en mis viajes donde tomo fotografías que luego me sirven para traspasar esa imagen a un lienzo y crear obras contemporáneas, que beben del realismo, pero con toques impresionistas inspirados en algunos de mis autores favoritos: Eduardo Manet, Monet o Velázquez”, explica la pintora.

Obra de Esther Gómez. Imagen cortesía de la autora.

Obra de Esther Gómez. Imagen cortesía de la autora.

Nacida en Talavera de la Reina pero afincada en la ciudad del Turia, Esther Gómez Gómez es artista desde niña, aunque no ha sido hasta recientemente que ha comenzado a pintar de manera más profesional. Igual que la pintura, la poesía es una de las constantes a lo largo de su vida. “Desde pequeña siempre he escrito poesía, es intrínseco a mi, es mi manera de expresarme y comunicar mis sentimientos”, señala.

De la misma manera que su vertiente literaria, Esther también ha cultivado la pintura desde bien pequeña, además de cursar estudios y participar en exposiciones. La primera de ellas fue en 1986, a la edad de 18 años, cuando intervino de su primera exposición colectiva en la Casa de la Cultura de Talavera de la Reina, con muy buenas críticas. Desde entonces, no ha dejado de exponer en muestras tanto colectivas como individuales, en ciudades como Roma, Polonia, Madrid, Praga, y distintas ciudades de España. Tiene obras en colecciones privadas como Japón, Inglaterra, Roma, Polonia, Praga y  España.

Obras de Esther Gómez. Imagen cortesía de la autora.

Obras de Esther Gómez. Imagen cortesía de la autora.

“Me encanta combinar poesía y pintura. Soy una feroz lectora de poesía, y siempre escribo al mismo tiempo que estoy trabajando en un cuadro. Una labor complementa a la otra y me permite exprimir todo lo que siento en cada proceso creativo”. Sus poesías siempre han sido acompañadas de sus obras pictóricas, pinturas que se mueven en un mundo real de marinas, paisajes, escenarios urbanos o dibujos a lápiz. Cada uno de sus lienzos, introduce a su espectador en un mundo real, en el que los sentidos y los sentimientos, expresan la magia de sus pinceles plasmados poéticamente.

Además de la presentación del libro de Esther Gómez Gómez, el Museo Manaut ha inaugurado su Exposición Colectiva de Navidad en la cuál se incluyen las obras ‘Atardecer en Venecia’ y ‘Música’ de la pintora, acompañada de los lienzos de 21 artistas más, entre los que se incluyen Manuel Adlert, Miguel Aparicio, Marisa Arcos, Amparo Berenguer, Adoración Blanch, Tatiana Boïls, José Carretero, José Casanova, José Luis Checa, Carmen Ciorraga, Miguel Diana, José Estellés, Sacramento Hernandis, Gilberto Macareño, Lola Manaut, Stella Manaut, Pascual Marcos, Flora Miravalles, Julia de la Rua, Paco Seoane y Hampton Terry. La exposición también cuenta con dos piezas escultóricas de Maite Andrés y Antonio Sánchez.

Obra de Esther Gómez. Cortesía de la autora.

Obra de Esther Gómez. Cortesía de la autora.

Reyes de la improvisación

La crazy class, de L’Om Imprebis
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 15 de noviembre de 2015

Los latinos tenemos fama de buenos improvisadores, especialmente los valencianos, maestros del  ‘pensat y fet’. Tal vez esa predestinación marcó a la compañía L’Om imprebís destinada a convertirse en referente de la improvisación teatral. Ahora los veteranos teatreros presentan hasta al 15 de noviembre en el Talía su nuevo espectáculo, La crazy class, un homenaje al teatro que hace girar a toda marcha una noria de 14 cangilones (personajes). Como regalo especial para celebrar sus 20 años en escena, la compañía ofrece los viernes y sábados seis funciones extraordinarias de su famoso espectáculo de improvisación Imprebís.

La crazy class, de L'Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

La crazy class, de L’Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Michel López y Santiago Sánchez son los artífices del montaje en el que los actores Carles Castillo, Carles Montoliu, Elena Lombao y Santiago Sánchez se multiplican para dar vida a 14 personajes. Paloma Díaz en la coreografía, y Ángel Ruiz como coach de canto. La obra cuenta con la colaboración del escritor valenciano Juan José Millás.

La crazy class es un homenaje al teatro y a lo que significa: pasión, juego, emociones, diversión y espectáculo en vivo”, dice Santiago Sánchez. “Nuestro amor por él y la implicación diaria para hacerlo presente nos mantiene unidos y, lo que es más importante, nos une con un gran número de público, que es lo que nos mantiene en los escenarios”.

¿Están locos esos actores y actrices por seguir peleando contra los elementos? “A veces vemos más locura fuera del escenario”, responde Sánchez. “Por ejemplo, esas tertulias en las que ya no puedes distinguir si tratan de política, de deportes o del corazón, donde se impone el grito y el exabrupto como forma de comunicación. Estar en escena nos acerca a sentimientos mucho más nobles como la palabra justa, la ironía, el humor inteligente. Eso, nos mantiene muy vivos”.

La crazy class, de L'Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talía.

La crazy class, de L’Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talía.

La crazy class no es propiamente una comedia, pero hay mucho humor. No es un musical, pero los actores cantan y bailan. “No sabes qué vas a ver, pero no puedes dejar de verlo”, dicen sus autores.

Sánchez y los suyos están más que satisfechos de volver al Talía donde empezó a despegar su carrera hace la friolera de veinte años, que si en la canción no son nada en una trayectoria teatral son muchos. Su amplio repertorio  abarca desde grandes textos de la dramaturgia universal (Galileo, de Brecht; Quijote, de Cervantes; Calígula, de Camus; o Tío Vania, de Chejov), hasta espectáculos innovadores, como Los mejores sketches de Monty Python o Imprebís, estrenado en 1994, que los convirtió en pioneros de la improvisación en nuestro país.

Al próximo gobierno que salga de las urnas en diciembre le piden, “un poco de decencia y honestidad, sea de derechas, de izquierdas o mediopensionista”, concluye Sánchez.

La crazy class, de L'Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

La crazy class, de L’Om Imprebis. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Bel Carrasco

Bodas de sangre flamencas en Flumen

Bodas de sangre, de Federico García Lorca, bajo la dirección de José Sáiz
Saga Producciones
Teatro Flumen
C / Gregorio Gea, 15. Valencia
Estreno: jueves 15 de octubre, a las 21.00h
Hasta el 29 de noviembre de 2015

La terrible historia que en su día escribiera Lorca, tras quedar impresionado al leer la noticia en un periódico, del cruento suceso acaecido en El Cortijo del Fraile de Nijar (Almería), el 22 de Julio de 1928, representada en el Teatro Flumen de Valencia.

Bodas de Sangre, dirigida por José Saiz, reproduce los versos de Lorca al compás del flamenco más puro, donde el amor y la traición, la tradición y el instinto, el honor y la muerte se conjugan en una noche sin luna. Con esta obra Lorca consigue hacer uno de sus mejores trabajos con la tragedia como base, ya que todos los protagonistas mueren o viven sin motivo, guardando sus penas en su interior. En Bodas de Sangre se viven sentimientos tan fuertes como el amor, el deseo y los celos, capaces de cegar la razón y hacer añicos la cordura.

Bodas de sangre, de Federico García Lorca, bajo la dirección de José Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

Bodas de sangre, de Federico García Lorca, bajo la dirección de José Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

Es la mañana de una boda. Leonardo es el primero en llegar a la casa de la novia y habla con ella, recordándole el pasado. Leonardo ha amado a la hermosa novia y ha sido correspondido; pero rechazado por el padre debido a la dudosa moralidad de su familia, se ha casado con otra mujer, prima de ella; sin embargo, en ambos ha quedado latente la primera pasión y él sigue asediándola con su deseo. La novia, llena de orgullo y despecho, ha aceptado un matrimonio que le significa liberación, pero no siente amor por el que será su esposo.

El recuerdo del pasado se hace tan apremiante entre ambos que, celebrada la ceremonia nupcial, la recién casada huye con su antiguo pretendiente. El novio persigue a la pareja fugitiva. Cae la noche. La luna, desde arriba, contempla la huida y la persecución. Se producen el encuentro y el duelo entre los dos hombres, en el que ambos mueren. La novia sobrevivió de milagro a las manos de mujer que la intentaron estrangular.

Es también una historia de viejas rencillas familiares, la familia del joven novio había sido víctima de la pérdida del padre y el hijo mayor en manos de la familia del joven Leonardo, lo cual engendra en la madre un rencor-odio hacia todo lo relacionado con dicha familia, y un temor-odio hacia cualquier arma que atente contra la vida del hombre.

La novia, que siente que ya no tiene motivo por el que vivir, visita a la madre, no para pedirle perdón sino para que le quite la vida a ella también. La madre, por su parte, no es capaz ni de tocarla, aunque le gustaría hacerlo hasta acabar con ella, no tiene fuerzas para hacer nada, ya que acaba de perder a lo único que le quedaba; su hijo.

Con esta obra, Lorca consigue hacer uno de sus mejores trabajos a base de la tragedia, ya que todos los protagonistas mueren o viven sin motivo, guardando sus penas en su interior. El amor, el deseo, los terribles celos que nacen de las mismas entrañas y abrasan el corazón, cegando la razón que hace añicos la quebradiza cordura. Este es el auténtico catalizador que libera la furia aletargada en el interior de las pasionales personas.

Imagen promocional de Bodas de sangre, de Federico García Lorca, dirigida por José Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.

Imagen promocional de Bodas de sangre, de Federico García Lorca, dirigida por José Saiz. Imagen cortesía de Teatro Flumen.