La melancolía suicida de Werther

Werther, de Jules Massenet basada en la novela de Goethe
Dirección musical: Henrik Nánási
Dirección escénica: Jean-Louis Grinda
Palau de les Arts
Avda. del Professor López Piñero, 1. Valencia
Días 20, 23, 26, 28 y 31 de mayo de 2017

“Werther vive fuera de la realidad y ella [Charlotte] opta por vivir en la sociedad tal y como es”. Así explica su personaje la soprano Anna Caterina Antonacci. Palabras acertadas para describir el carácter del famoso personaje literario que Goethe creó en su novela ‘Las penas del joven Werther’ y que tanto fascinó al compositor Jules Massenet. De hecho, obsesionado con ese escrito y su melancólico protagonista, lo trasladó a la ópera con libreto en francés de Édouard Blau, Paul Milliet y Geroges Hartmann. El Palau de les Arts acoge tan desgarrada ópera, bajo la dirección musical de Henrik Nánási y escénica de Jean-Louis Grinda.

La novela de Goethe ya provocó en su momento una ola de suicidios en Europa, quién sabe si motivados por el profundo dramatismo de un joven Werther aspirando a consumir su vida al margen de la realidad. Esa misma realidad, ahora virtual, dibujando un perfil similar a través del juego de ‘la ballena azul’ que actualmente tantos quebrantos está produciendo. Anselmo Alonso Soriano, en el escrito que acompaña al ‘Werther’ que se presenta en Les Arts, contextualiza esa presencia de la muerte en periodos distintos: “Werther es paradigma de un periodo revolucionario en lo estético [Revolución Francesa de 1789], en el que la actitud de protesta contra lo estable y lo establecido, prefiguran una nueva concepción de la vida para una juventud que vive la quimera de ser un mundo y aspirar a otro nuevo y en exceso distinto”.

Escena de Werther. Fotografía de Miguel Lorenzo y Mikel Ponce por cortesía de Les Arts.

Escena de Werther. Fotografía de Miguel Lorenzo y Mikel Ponce por cortesía de Les Arts.

Esa aspiración excesiva, característica del espíritu romántico que reaparece a lo largo de la historia, es lo que resaltaron los protagonistas de la ópera que hasta el 31 de mayo acoge Les Arts. “No es fácil entrar de golpe en esa intensidad del personaje”, explicó el tenor Jean-François Borras, encargado de dar vida al Werther suicida. Además, está el aspecto musical: “Tenemos cuatro arias y tres dúos. No hay coro. De manera que todo descansa sobre tres personajes, de ahí que sea una ópera tan exigente”.

El director escénico Jean-Louis Grinda aporta un elemento más a esa actualidad de la ópera de Massenet. “Me planteé la escena con flash-back. Empieza con el suicidio de Werther y a partir de ahí se ofrece una visión de las tres etapas por las que pasa el personaje hasta el momento final”. Un espejo que se rompe, y a través del cual se ve el transcurso de tan atormentada vida, es otro de los elementos escénicos, junto a un video, que aportan la “particularidad” de este nuevo Werther de la que habló a su vez el intendente de Les Arts, Davide Livermore.

Escena de Werther. Fotografía de Miguel Lorenzo y Mikel Ponce por cortesía de Les Arts.

Escena de Werther. Fotografía de Miguel Lorenzo y Mikel Ponce por cortesía de Les Arts.

Antonacci, que ya ha interpretado en otras ocasiones a Charlotte, la mujer por la que suspira el joven suicida, señaló que volver a vivir de nuevo esta apasionante historia, “ahora con la aportación del flash-black”, le había permitido descubrir nuevos aspectos de su personaje. “Es una mujer burguesa alejada de la heroína de la tragedia griega”. Mujer que duda “entre lo que debe sentir y lo que realmente siente”, frente al excesivo Werther, “de aspecto romántico y que tiene una gran incapacidad para vivir en la realidad”.

Henrik Nánási, de quien Livermore dijo que era “uno de los maestros a los que más amo del mundo”, es la tercera vez que dirige una ópera en Les Arts, tras haberlo hecho con El castillo del duque Barbazul, de Béla Bartók, y dirigir a Plácido Domingo en el Macbeth de Verdi. Werther, en coproducción de Les Arts con la Ópera de Montecarlo, narra ese amor imposible del joven Werther con Charlotte, cuyo protagonismo en la ópera de Massenet es mayor que en la novela de Goethe, más centrada en el protagonista que da título a la novela.

“En un tiempo ya de vanguardias, que no son sino revoluciones, así como el Werther de Goethe anunciaba la Revolución Francesa, el de Massenet proclamaba las tormentas políticas y estéticas del siglo XX”, concluye Soriano en su escrito. Diríase que el que se presenta en el Palau de les Arts continúa sumido en esa corriente revolucionaria tan caracterizada por los excesos. Una energía desbocada que, por seguir las palabras de la soprano Antonacci, denota cierta vivencia al margen de la realidad.

Escena de Werther. Fotografía de Miguel Lorenzo y Mikel Ponce por cortesía de Les Arts.

Escena de Werther. Fotografía de Miguel Lorenzo y Mikel Ponce por cortesía de Les Arts.

Salva Torres

La construcción del estereotipo femenino

I Am A Cliché, de Natacha Lesueur
Espai Tactel
C / Denia, 25-B. Valencia
Inauguración: viernes 24 de junio, a las 20.00h
Hasta el 5 de agosto de 2016

Decía Salvador Dalí que lo mínimo que se le debe exigir a una escultura es que no se mueva. Quizás, seguro, porque el tipo de escultura al que se refería era la representación de un cuerpo vivo a través de un material duro. Siguiendo el ideal clásico, ese carácter escultórico detenía, según Hegel, una figura espiritual en plena expresión corporal para mostrar al ser humano tal y como es. Pero quieto, detenido, inmóvil. Estático, como nosotros cuando el fotógrafo nos pedía que no nos moviéramos para salir bien en la foto.

La naturaleza de nuestro cuerpo es limitada —aunque ya dijo Spinoza que nadie sabe lo que puede un cuerpo— y primero la escultura y después la fotografía han pretendido la universalidad de los cuerpos, el reconocimiento de la diferencia, frente a lo antinatural que supone la instauración de un canon, de un molde, a lo que también han colaborado paradójicamente.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

El trabajo de Natacha Lesueur (París, 1971) aborda estas cuestiones haciendo énfasis en la construcción social del estereotipo y denunciando el diseño cultural de los clichés de género. Sus fotografías subrayan una serie de usos, de huellas, de marcadores de la identidad femenina (gesto, maquillaje, vestuario, peinado) sobre los que interviene para señalar el artificio de la apariencia.

A través de estas obras podemos entender cómo la fotografía se ha acercado mucho a la escultura en la (re)presentación de las cosas y, también, en el retrato del cuerpo como algo performativo. Sus fotografías son la evidencia crítica de una realidad, de un volumen (el cuerpo, las cosas) que se muestra bajo una apariencia y esgrimiendo una actitud determinadas, detenidas en la foto, que ponen en cuestión los arquetipos establecidos.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Cierto carácter barroco en el manejo de alimentos ajustados al cuerpo, el gusto por exagerar el color y su contraste, del pop al tropicalismo, los juegos con las prendas, el maquillaje o el arreglo del peinado, y hasta una ironía a veces melancólica, a veces sarcástica, han marcado una trayectoria de la que se entresacan para esta exposición un conjunto de obras que recoge trabajos iniciales de los años noventa y otros más actuales, haciendo especial hincapié en un hecho acromático, en un continuum en blanco y negro que, además, acentúa el efecto estatua y el vínculo entre fotografía y escultura, entre el retrato y la naturaleza muerta.

Dos fotografías de 1996 nos muestran fragmentos de un cuerpo andrógino en el que la piel de los brazos (como guantes largos) y las piernas (como medias de encaje) está marcada por la huella de una impresión que es, por un lado, ornamentación y, por otro, prueba del dolor, de lo que cuesta. Lo más profundo que tenemos —como escribió Paul Valéry— es la piel, una profundidad camuflada de superficie.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Otras tres piezas, más bodegones que retratos, se centran en la agresión a unos peinados esculturales, decadentes. Dos gemelas idénticas, Carine y Barbara, y otra modelo, Anita, exhiben recogidos extravagantes que recuerdan la peluquería de la generación de nuestras madres y abuelas. Ese arreglo del cabello que marcaba el rigor y la honra, la rectitud y lo decoroso de la mujer, se muestra “herido” por las quemaduras de un cigarro, símbolo del machismo.

La serie central pone de relieve la norma en la construcción de los estereotipos femeninos al jugar directamente en las fotografías con la conversión del cuerpo en escultura. La asertividad del blanco y negro como índice de realidad en la imagen fotográfica —como declara la misma Lesueur: su valor de memoria, de informe— confunde nuestra mirada, que cree estar ante estatuas de piedra. Apenas un resquicio de naturalidad, de color abajo en la espalda, revela la verdad de lo aparente: se trata de cabelleras modeladas y cuerpos reales pintados en un falso blanco y negro que sugiere el mármol o ese yeso documental donde ha quedado solidificado el paso del tiempo y las modas para la historia. Un video completa esta magnífica idea presentando todo el bulto redondo de una de las modelos/estatuas girando en bucle.

El contrapunto, cambiando de canon, lo pone un jarrón con forma de busto que, apuntando a la negritud y al tropicalismo sobre el horizonte de un paisaje mural, contendrá una docena de hortensias, símbolo de obstinación y dignidad, que quién sabe si se irán marchitando a lo largo de la exposición.

Obra de Natacha. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Ricardo Forriols

El documental melancólico de Chris Marker

Sans soleil, de Chris Marker
Presentación a cargo de Begoña Siles
Filmoteca de CulturArts
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Jueves 28 de abril, a las 19.00h

La Filmoteca de Valencia proyecta este jueves 28 de abril (19.00h), en la sala Berlanga, ‘Sans soleil’ (1982) del cineasta francés Chris Marker. La proyección se enmarca dentro del ciclo semanal Básicos Filmoteca, que en esta edición se centra en la historia del cine documental. La presentación del documental y del posterior coloquio corren a cargo de Begoña Siles, profesora de la Universidad CEU-Cardenal Herrera.

Sans soleil, de Chris Marker. Filmoteca de Valencia.

Sans soleil, de Chris Marker. Filmoteca de Valencia.

A medio camino entre el documental y la ficción, Marker reflexiona en ‘Sans Soleil’ sobre la memoria humana, sobre sus mecanismos de funcionamiento y sus limitaciones. ‘Sans soleil’ es una película documental, pero también un cuaderno de viaje y un ensayo cinematográfico de carácter experimental, ya que Marker piensa, reflexiona y hace filosofía, a través de las imágenes.

Sans soleil, de Chris Marker. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Sans soleil, de Chris Marker. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

La película no es una narración convencional, sino más bien un recorrido personal, con múltiples conexiones y relaciones, que se vale de las imágenes para transmitirnos las ideas, los pensamientos y las reflexiones del realizador. En el film, una narradora lee y a veces comenta las cartas que le envió el camarógrafo (ficticio) Sandor Krasna. La película también contiene imágenes de archivo, fragmentos de programas de televisión y escenas filmadas en Japón y Guinea Bissau, entre otros lugares del mundo.

Las sesiones de ciclo semanal Básicos Filmoteca se celebran todos los jueves a partir de las 19.00 horas, son de un marcado carácter didáctico y cuentan con una presentación y un coloquio a cargo de un especialista cinematográfico.  La entrada de todas las sesiones es gratuita con la presentación del carnet de estudiante.

Fotograma de 'Sans soleil', de Chris Marker. Filmoteca de CulturArts IVAC.

Fotograma de ‘Sans soleil’, de Chris Marker. Filmoteca de CulturArts.

Una abyecta melancolía

Ho Tzu Nyen
La nube del no saber (The cloud of Unknowing, 2011): Videoinstalación de cuatro canales, en color, con sonido, 17 min, con focos. Edición 1/1
Sala Film & Video del Museo Guggenheim Bilbao
Avenida Abandoibarra, 2. Bilbao
Hasta el 24 de abril de 2016

“Mi única estrella ha muerto -y mi laúd constelado lleva el sol negro de la melancolía” (El desdichado, Gérard de Nerval)

‘La nube del no saber’ (The cloud of unknowing), una instalación de vídeo multicanal creada por Ho Tzu Nyen (Singapur, 1976) en 2011 para representar a su país, Singapur, en la Bienal de Venecia de ese año, lleva ese sol negro de la melancolía al que alude Nerval.

La pieza, presentada a través de cuatro inmensas pantallas y una compulsiva banda sonora compuesta por doscientos fragmentos musicales cuyas letras mencionan a las nubes, sumerge al espectador en el mundo desconsolado y desolado de la melancolía.

Un mundo, como señala Julia Kristeva en su libro ‘Sol negro. Depresión y melancolía’, habitado por un “abismo de tristeza, de dolor incomunicable que nos absorbe a veces, y a menudo duramente, hasta hacernos perder el gusto por cualquier palabra, cualquier acto, inclusive, el gusto por la vida”.

Imagen de la videocreación de Ho Tzu Nyen. Museo Guggenheim de Bilbao.

Imagen de la videocreación de Ho Tzu Nyen. Museo Guggenheim de Bilbao.

La cámara de la videocreación ‘La nube del no saber’ penetra de manera indiscreta -al igual que la cámara de Hitchcock en ‘La ventana indiscreta’ (Rear Window, 1954)-, en la habitación donde vive cada uno de los cinco inquilinos de un edificio cualquiera de los suburbios de la ciudad de Singapur. Cinco inquilinos abrumados por una realidad que les absorta hasta la impotencia: un escritor que destruye cada hoja que escribe, una anciana obnubilada por la inmensa naturaleza que imaginariamente emana de la maceta que cuida, un hombre maduro absorbido por la cama, al igual que el agua se hunde en la tierra seca, una mujer madura decaída en una silla, descomponiéndose al igual que los platos de comida que le rodean y, por último, un anciano cuya piel está literalmente quemada por las numerosas bombillas encendidas que cuelgan del techo. Ninguna palabra, sólo miradas devastadas sobre esos objetos que les rodean y les sobrecogen.

La mirada voyeur de Ho Tzu Nyen contempla sin misericordia  a estos personajes: los cuerpos pesados y grasientos, las miradas ojerosas y extrañadas consigo mismas, el color glauco de la tez de sus rostros. Personajes cuyos efluvios emanan un hedor abyecto que impregnan cada habitación donde habitan; personajes más cerca de la muerte que de la vida.

Imagen de la videocreación de Ho Tzu Nyen. Museo Guggenheim de Bilbao.

Imagen de la videocreación de Ho Tzu Nyen. Museo Guggenheim de Bilbao.

‘La nube del no saber’ toma su título de un tratado anónimo escrito en inglés del siglo XIV. Un ensayo teológico donde “la nube del no saber” representa la metáfora de la distancia que existe entre el amor inconmensurable de Dios y el  amor humano. Una distancia que se puede acortar a través de la contemplación mística, pero, tal y como propone el tratado, siempre existirá una nube del no saber entre lo divino y lo humano.

La melancolía es ese sentimiento que no quiere saber nada de la existencia de esa distancia. De la distancia como metáfora de lo mensurable, de lo mortal, de la pérdida, de lo ininteligible que configura la existencia humana.

La nube del no saber, que surge constantemente como una bruma, como una niebla en el universo representado de la videocreación de Ho Tzu Nyen, sumerge a los personajes en la impotencia melancólica: “Un estado de ánimo -como decía Freud en ‘Duelo y melancolía’- profundamente doloroso”.

Un estado de ánimo que atrapa al espectador de la instalación. El montaje fragmentado compuesto por las cuatro pantallas, la iluminación tenebrosa al estilo de cierta obra de los pintores manieristas Zurbarán y Caravaggio, y la impulsiva banda sonora introducen al espectador en ese universo de abyecta melancolía donde el sol negro eclipsa la nube del no saber.

Imagen del video de Ho Tzu Nyen. Museo Guggenheim de Bilbao.

Imagen de la videocreación de Ho Tzu Nyen. Museo Guggenheim de Bilbao.

Begoña Siles

Del mito al espanto

Entre el mito y el espanto. El Mediterráneo como conflicto
Comisario: José Miguel Cortés
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 3 de julio de 2016

En la parte de la exposición que corresponde al mito se puede leer esta cita de Rilke: “Lo bello no es sino el comienzo de lo terrible”. La cita no recoge lo que viene justamente después: “lo terrible…que todavía podemos soportar”. Entre el mito y el espanto. El Mediterráneo como conflicto, que hasta el 3 de julio permanecerá en el IVAM, reúne 100 piezas de 30 artistas reveladoras de esa belleza como antesala del horror desplegado en el más amplio espacio destinado al conjunto expositivo. Espanto, eso sí, amortiguado para que pueda ser soportable y, por tanto, objeto de estudio. “No queríamos imágenes truculentas, sensacionalistas, sino aquellas otras que invitaran a la reflexión”, indicó José Miguel Cortés, director del IVAM.

Imagen de Adrian Paci. Entre el mito y el espanto. IVAM.

Imagen de Adrian Paci. Entre el mito y el espanto. IVAM.

De manera que “más que un puñetazo en el rostro”, la muestra pretende motivar con sus imágenes poéticas a una indagación profunda acerca de ese Mediterráneo conflictivo, “con muchas aristas y de difícil solución”, precisó Cortés. De la visión cálida, amable, con la que se entra en la exposición, a través de las obras de Benlliure, Pinazo, Sorolla o Muñoz Degraín, se pasa al espanto “más contemporáneo” que ofrecen las imágenes de Xavier Arenós, Adrian Paci, Zineb Sedira, Montserrat Soto, Sergio Belinchón, Yto Barrada o Ursula Biemann.

Como explicó José Miguel Cortés, en calidad igualmente de comisario de la exposición, por un lado está el mar de finales del siglo XIX y principios del XX como espacio de “tranquilidad, sosiego y búsqueda del placer” y, por otro, ese Mediterráneo más problemático de nuestra contemporaneidad relacionado con la migración, los refugiados, las fronteras y las guerras. “El desarraigo está muy presente en toda la exposición”. El desarraigo y, con él, esa sensación de “melancolía por lo perdido”, abundó Cortés.

Fotografía de Mohamed Bourouissa. Entre el mito y el espanto. IVAM.

Fotografía de Mohamed Bourouissa. Entre el mito y el espanto. IVAM.

“Queríamos huir de la simple denuncia y que las imágenes fueran de gran belleza poética”, señaló el comisario. Más que impactar, Entre el mito y el espanto establece un pacto lleno de fisuras entre lo imaginario y lo real; entre el mito de las tierras luminosas bañadas por el Mediterráneo, y el horror que contienen esas mismas tierras anheladas por cuantos buscan una vida mejor. Aunque el mar que protagoniza la exposición ha sido durante siglos objeto de disputas, “nunca como ahora ha sido lugar de fronteras e inmensa tumba”, recordó Cortés.

Fotografía de Nicolas Muller. Entre el mito y el espanto. IVAM.

Fotografía de Nicolas Muller. Entre el mito y el espanto. IVAM.

A esa tumba se llega después de atravesar el más florido jardín que propone el mito del Mediterráneo, en cuya entrada está Kavafis con su ‘Viaje e Ítaca’. “Que Kavafis nos acompañe en este viaje placentero”, señaló el comisario. Las palabras del poeta sirven de introducción a la muestra, corroborando las de Cortés: “Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje”. Y así, cadenciosamente, fue Cortés desgranando el cambio en la visión del Mediterráneo que se ha producido en menos de dos siglos.

Fotografía de Yto Barrada. Entre el mito y el espanto. IVAM.

Fotografía de Yto Barrada. Entre el mito y el espanto. IVAM.

Rogelio López Cuenca, insertado en el mito, desvela lo que se oculta tras esa visión amable. Es la primera advertencia de lo que nos aguarda. Enseguida empiezan a aparecer las imágenes de refugiados (Biemann), de límites y fronteras (Arenós), de personas hacinadas en las escalinatas que conducen a un avión que jamás llega (Paci), de hombres mirando a un horizonte imposible (Sedira), de interminables esperas (Barrada), de lugares fantasmales (Montserrat Soto) y de simple supervivencia (Mohamed Bourouissa).

Debates, talleres, jornadas, un ciclo de cine y diversas actividades completan la exposición Entre el mito y el espanto, con el fin de profundizar en tan controvertido Mediterráneo. Un mar al que se abocan 22 pueblos en busca de felicidad no exenta de melancolía muchas veces siniestra. Cortés apuntó en todo momento su intención de “huir de las visiones fáciles, sensacionalistas”, para que mediante fotografías “menos evidentes pero más profundas” la reflexión fuera posible.

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Fotografía de Zineb Sedira. Entre el mito y el espanto. IVAM.

Fotografía de Zineb Sedira. Entre el mito y el espanto. IVAM.

Salva Torres

Le Garçon Révé y sus hombres mediocres

Songs for mediocre men Vol. 1
Le Garçon Révé
John Martínez (voz) y Diego Summo (guitarra)
Producido por Sergio Devece

John Martínez (ex cantante de Megaphone Ou La Mort) y Diego Summo (también ex Megaphone Ou La Mort) son ahora el dúo Le Garçon Révé. Tras la salida del segundo y último disco A Silent Language con Megaphone, y una vez disuelto el grupo, decidieron durante el verano de 2013 seguir adelante con un proyecto musical mucho más íntimo, cuyo resultado es Le Garçon Révé.

John Martínez (voz) y Diego Summo (guitarra) han realizado su primer trabajo como dúo bajo la producción artística de Sergio Devece. El disco, elocuentemente titulado Songs for mediocre men Vol. 1, se compone de 10 canciones que incluyen varias colaboradores locales (Luis Alcober Aubán, Stéphanie Cadel, Carolina Otero, componentes de La Muñeca de Sal, y el saxofonista José Luis Granados) y no locales (Marion Küchenmeister, Mario Ferreira, Nathan Mozes).

Diego proviene del underground porteño y John del underground parisino. Juntos son ahora Le Garçon Réve, proyecto de canciones elegantes y poseídas, con el denominador común de la voz melancólica y tenebrosa de John sobre las estructuras y sutiles arreglos de guitarra armados por Diego.

Portada del disco Songs for mediocre men vol. 1, del dúo Le Garçon Révé. Foto de Rohan Thapa y diseño de Stella Blasco.

Portada del disco Songs for mediocre men Vol. 1, del dúo Le Garçon Révé. Foto de Rohan Thapa y diseño de Stella Blasco.

Lo nuevo de Mist y Lülla en Sala Russafa

Mist y Lülla
Sala Russafa
C / Dénia, 55. Valencia
Viernes 29 (20.30h) y sábado 30 de mayo (23.00h) de 2015

Sala Russafa centra su programación semanal en la música. El viernes 29 marcará el regreso de Mist, que vuelve tras siete años de silencio con un nuevo disco, ‘The Loop of Love’. Un descanso que su líder, Rick Treffers, ha aprovechado para dar salida a proyectos personales como ‘El Turista Optimista’, una divertida y entrañable colección de canciones en español surgida de la experiencia de vivir en Valencia los últimos cuatro años.

Rick Treffers, líder de Mist. Cortesía de Sala Russafa.

Rick Treffers, líder de Mist. Cortesía de Sala Russafa.

Este holandés creó Mist en Amsterdam, en 2002. La banda publicó tres álbumes y un EP que alcanzaron repercusión en Holanda, España, Alemania, Méjico y Chile, presentándolos en varias giras por Europa y América del Sur, y haciéndose un hueco en la música independiente nacional, gracias a su estrecha relación con nuestro país.

Ahora, afincado en España, retoma su antiguo proyecto con un nuevo disco en el que recupera su característico sonido onírico, lleno de pasajes cálidos, íntimos y envolventes. ‘The Loop of Love’ crea bucles en los que Treffers entra y sale para hablar del amor, de la intención de soltar lastres del pasado para empezar de nuevo, mezclando el optimismo como cierta nostalgia y melancolía.

Para defender este nuevo trabajo en directo en España, ha integrado en la banda a destacados músicos de la escena local como Gilberto Aubán (Gilbertástico), Remi Carreres (Comité Cisne), Sergio Devece (Corcobado) o Javi “Galope” (La Muñeca de Sal). Además, en su actuación en Sala Russafa contarán con la colaboración especial de la vocalista Rebeca Ibáñez (Uncle Son). Y Marta Domingo aportará su voz y violín en una velada de pop evocador, marcada por la cercanía, la sensibilidad y el positivismo que caracterizan a Treffers.

La banda valenciana Lülla. Fotografía: Rubén Soler.

La banda valenciana Lülla. Fotografía de Rubén Soler cortesía de Sala Russafa.

La programación musical del fin de semana se completa con la presentación en directo del tercer trabajo de la banda valenciana Lülla (sábado 30 mayo 23h). Una formación que cumple diez años sobre los escenarios y donde se encuentran músicos de la escena independiente valenciana como Juanjo Frontera (Frontera y Uncle Son), Javier Lacasta (Lola Puñales), Diego López (Ontario), Carolina Otero (The Someone Else’s y Mad Robot) y Juan Terol (Trinidad y Ontario).

Su anterior trabajo, ‘Fall in love with your self because I love no more’ (2012) tuvo una buena acogida por críticos como Julio Ruiz (Disco Grande, Radio 3), Pilar Arzak (Peligrosamente juntos, Radio 3), Carlos Pérez de Ziriza  (El País, Efe Eme, Rolling Stone…), Eduardo Guillot (Levante-EMV, Rockdeluxe, ByTheFest…) o Raúl Serrador (Mondo Sonoro), entre otros. Y fue seleccionado entre los mejores discos de la Comunidad Valenciana por publicaciones especializadas.

En Sala Russafa recorrerán las canciones de su nueva propuesta ‘Lülla’, editado por Malatesta Records. Un disco homónimo, influido por el género negro, en el que caben historias de asesinatos aparentemente involuntarios, mórbidas infidelidades descubiertas, novias de las sombras, inquietantes despedidas de femmes fatales, noches con niños perdidos (o abandonados) o leonas enamoradas de las dulces cebras que van a devorar… Elegantes medios tiempos que crean una atmósfera íntima y que se alternan con temas más luminosos,  combinando los instintos más salvajes y las emociones más desnudas.

 

Penev, el fútbol como puro teatro

Penev, de Xavo Giménez
Dirección: Toni Agustí y Xavo Giménez
Sala Russsafa
C / Denia, 55. Valencia
Viernes 1 y sábado 2 (20.30h), y domingo 3 de mayo (19.00), 2015

La programación escénica de Sala Russafa para esta semana se cierra con una propuesta para los que aman el fútbol y odian el teatro. Y viceversa. Pero también para los que aman el fútbol y el teatro.

Del 1 al 3 de mayo, el teatro de Ruzafa acoge la pieza ‘Penev’, una obra escrita por el actor Xavo Giménez, quien ya se estrenó como autor en 2011 con ‘Ártico’, que recibió muy buena acogida. Junto a Toni Agustí dirige esta obra que ambos interpretan y en la que se desvela el punto en común entre el deporte de masas y las artes escénicas: la ilusión, la esperanza de creer que siempre irán a mejor y la capacidad de hacer que los espectadores se sientan mejor viendo actuar a otros.

Toni Agustí (izquierda) y Xavo Giménez en una escena de Penev. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Toni Agustí (izquierda) y Xavo Giménez en una escena de Penev. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Sobre el escenario, el dependiente de una tienda de artículos de segunda mano y un ex trabajador de Canal 9 barajan cromos de la alineación del Valencia FC. En una sociedad en que los individuos son intercambiables y en la que un gol en la portería contraria puede hacernos sentir alguien, ‘Penev’ construye una trama llena de ternura, humor ácido, melancolía y sátira.

Mediante saltos temporales y espaciales, vamos conociendo la historia de estos dos personajes, que mantienen una intensa relación sobre las tablas, magistralmente interpretados por Giménez y Agustí.

Esta propuesta de la compañía local La Teta Calva se estrenó la pasada temporada con excelentes críticas y constituye una muestra de la viveza y la originalidad de la escena valenciana, capaz como ninguna de realizar un retrato de nuestro tiempo. A mitad camino entre la comedia y la crítica social, ‘Penev’ hace un regateo a la apatía y una magnífica chilena a quienes creen que el buen teatro solo puede ser clásico.

VÍDEO: https://www.youtube.com/watch?v=MzK0O0u52lQ

Toni Agustí (izquierda) y Xavo Giménez en una escena de 'Penev'. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Toni Agustí (izquierda) y Xavo Giménez en una escena de ‘Penev’. Imagen cortesía de Sala Russafa.