Las geometrías orgánicas en origami textil de Geldenhuys

‘OR(I)GÁ(M)NICA’, de Pierre Louis Geldenhuys
Comisarios: Merche Medina y Jose Ramón Alarcón
5ª edición de Abierto Valencia
Galería 9
Conde de Salvatierra 9, Valencia
Del 29 de septiembre al 28 de octubre de 2017
Inauguración: viernes 29 de septiembre a las 19h

Con motivo de la quinta edición de Abierto Valencia, organizado por LaVAC, Galería 9 presenta la exposición ‘OR(I)GÁ(M)NICA’, un proyecto en torno de la obra del artista sudafricano, afincado en España, Pierre Louis Geldenhuys, comisariado por Merche Medina y Jose Ramón Alarcón (Ecomunicam), cuya inauguración tendrá lugar el viernes 29 de septiembre a las 19h, pudiendo ser visitada durante el fin de semana del evento y hasta el próximo 28 de octubre de 2017.

Imagen de la obra 'Field of Johan's Carnations', de Pierre Louis Geldenhuys, presente en la exposición. Fotografía cortesía de la galería.

Imagen de la obra ‘Field of Johan’s Carnations’, de Pierre Louis Geldenhuys, presente en la exposición. Fotografía cortesía de la galería.

Las diferentes técnicas de origami textil desarrolladas por Pierre Louis Geldenhuys en la obra de su última etapa -que evolucionan sobre piezas únicas de seda salvaje-, proponen una combinación de obras translúcidas y retroiluminadas que desvelan al espectador complejas formulaciones geométricas que trascienden las composiciones sobre el plano, cuya luz permite revelar, a modo de radiografía, el concepto de belleza matemática proveniente de las teselaciones -formas repetitivas bi/tridimensionales que encajan entre sí, desprovistas de espacio entre los bordes-, suponiendo el vehículo idóneo para reflexionar en torno de la matemática aplicada a la representación geométrica, inspirada en las denominadas ‘Leyes de la Gestalt’, generosamente popularizadas por el eximio artista neerlandés Maurits Cornelis Escher, que deben ser entendidas como aquellas reglas que perfilan la génesis de la percepción a partir de los estímulos, cuyos principios elementales de organización perceptiva se sustentan en dos leyes generales y una teoría de contigüidad de la formas -decisivas para la comprensión teórica de la obra y praxis de Geldenhuys-, denominadas ‘Ley de la figura y fondo’, ‘Ley de la buena forma’ y ‘Metamorfosis’.

Imagen de la obra 'Joey's Rose Garden', de Pierre Louis Geldenhuys, presente en la exposición. Fotografía cortesía de la galería.

Imagen de la obra ‘Joey’s Rose Garden’, de Pierre Louis Geldenhuys, presente en la exposición. Fotografía cortesía de la galería.

En base a ello, ‘OR(I)GÁ(M)NICA’ implementa, mediante el desarrollo de los axiomas del origami y las ‘Leyes de la Gestalt’, un proceso inductivo o análisis de las relaciones orgánicas existentes entre las diversas morfologías de la geometría plana, como son el hexágono y el triángulo equilátero, verbigracia -consanguíneos, regulares y congruentes en su vertebración angular-, así como la deriva de la matemática hacia mapas de la argumentación en los que las formas orgánicas naturales, perfiladas y delimitadas por líneas sensibles, adquieren un carácter de evocación e imprevisibilidad que precisan del sentido geométrico para consumarse.

De este modo, ‘OR(I)GÁ(M)NICA’ focaliza su raquis sobre el territorio de la fundamentación sistemática, es decir, sobre el orden proveniente de los preceptos de la geometría (para ejercer un estudio tanto de las vinculaciones intrínsecas existentes en la orgánica artificial como de la estocástica que habita en la orgánica natural), emparentado, en sincronía, con el lirismo armónico y el acervo técnico que sustentan el norte estético de los postulados del tipo de origami gestado por Pierre Louis Geldenhuys.

Tarjetón Galería 9

Tras la sombra origámica de Geldenhuys

‘Elogio de la sombra. Tras la in’ei de los shojis origámicos’, de Pierre Louis Geldenhuys
Comisarios: Merche Medina y Jose Ramón Alarcón
Fundación Antonio Pérez
Centro de Arte Contemporáneo
Calle de Julián Romero 20, Cuenca
Del 15 de septiembre de 2017 al 7 de enero de 2018
Inauguración: viernes 15 de septiembre a las 19h

El Centro de Arte Contemporáneo de la Fundación Antonio Pérez de Cuenca acoge la exposición ‘Elogio de la sombra. Tras la in’ei de los shojis origámicos’, un proyecto en torno de la obra del artista sudafricano, afincado en España, Pierre Louis Geldenhuys, comisariado por Merche Medina y Jose Ramón Alarcón (Ecomunicam), cuya inauguración tendrá lugar el viernes 17 de septiembre a las 19h.

Su génesis parte del concepto estético desarrollado por el escritor japonés Junichiro Tanizaki, quien, en uno de los ensayos más celebrados del siglo XX, ‘Elogio de la sombra’ (1933), se aproxima al concepto de la in’ei (sombra), en el que ésta no sólo asume un rol de obscuridad proyectada por un cuerpo opaco, sino que determina por completo el raquis de la perspectiva asumida por Tanizaki, para desarrollar una insólita argumentación estética del costumbrismo nipón -emparentado con lo telúrico-, y fiscalizar la irrefrenable injerencia tecnológica de Occidente, cuyo sentido clínico y refulgente de la armonía pervierte y metamorfosea los espacios de introspección y desnorta el territorio tradicional japonés tanto en la cosmogonía cultural como en la doméstica.

Imagen trasera de la pieza 'Kimono', de Pierre Louis Geldenhuys, presente en la exposición. Fotografía: Espacio de Luz.

Imagen trasera de la pieza ‘Kimono’, de Pierre Louis Geldenhuys, presente en la exposición. Fotografía: Espacio de Luz.

Las diferentes técnicas de origami textil desarrolladas por Pierre Louis Geldenhuys en la obra de su última etapa proponen una combinación de piezas transparentes, opacas y retroiluminadas, que permiten revelar al espectador sus complejas formulaciones geométricas, actuando como exentos shojis -paneles correderos de los vanos en la arquitectura tradicional japonesa- que proyectan sombras y trascienden las composiciones sobre el plano, cuya luz permite revelar, a modo de radiografía, el concepto de belleza matemática proveniente de las teselaciones -formas repetitivas bi/ tridimensionales que encajan entre sí, desprovistas de espacio entre los bordes-, suponiendo el vehículo idóneo para reflexionar en torno de la matemática aplicada a la representación geométrica, inspirada en las denominadas ‘Leyes de la Gestalt’, generosamente popularizadas por el eximio artista neerlandés Maurits Cornelis Escher, que deben ser entendidas como aquellas reglas que perfilan la génesis de la percepción a partir de los estímulos, cuyos principios elementales de organización perceptiva se sustentan en dos leyes generales y una teoría de contigüidad de la formas -decisivas para la comprensión teórica de la obra del grabador y dibujante holandés y, por ende, de la praxis de Geldenhuys-, denominadas ‘Ley de la figura y fondo’, ‘Ley de la buena forma’ y ‘Metamorfosis’.

Imagen de la pieza 'Metamorfosis 3', de Pierre Louis Geldenhuys, presente en la exposición. Fotografía: Espacio de Luz.

Imagen de la pieza ‘Metamorfosis 3′, de Pierre Louis Geldenhuys, presente en la exposición. Fotografía: Espacio de Luz.

‘Elogio de la sombra. Tras la in’ei de los shojis origámicos’ dota de preeminencia a los fundamentos sistemáticos que, a la par de posibilitar el desarrollo tras la gestación del concepto, iluminan el horizonte de la razón metodológica que habita en el raquis mismo de la obra, reportando sentido concluyente al acervo técnico empleado por el creativo sudafricano y erigiéndose en sincronía con el lirismo propio de la razón estética, en sempiterno equilibrio y consanguíneo rumbo. No cabe, por tanto, desarrollar una estrategia reflexiva acerca de cuantos elementos se concitan en su tarea origámica sin el vigor simultáneo de ambas hechuras de la razón. Por tanto, methodus ergo aesthetica.

Pierre Louis Geldenhuys. Makma

 

Javier Chapa, en busca de la belleza

Javier Chapa
Galería Shiras
C / Vilaragut, 3. Valencia
Hasta finales de julio de 2017

“Se lleva el arte comprometido y aquí hay solo pintura”. Javier Chapa lo dice como disculpándose por transitar un camino ajeno a la moda imperante, que consiste en dejarse invadir por la ideología allí donde debería prevalecer la interrogación que caracteriza al arte y la cultura. Lo demás, como en cierto momento apunta el propia artista, es impostura. “Uno debe hacer lo que verdaderamente siente”. Y lo que Chapa siente tiene mucho que ver con la estética, que el catedrático José María Valverde ligó a la ética: “Busco la belleza, y por ahí me pueden dar caña”, reconoce quien expone una treintena de esas obras bellas en la galería Shiras.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Coincidiendo con su exposición, el recién inaugurado espacio de Bombas Gens se cuestiona algo parecido en la muestra ¿Ornamento=delito?, lo cual permite una revisión del supuesto carácter decorativo de ciertas obras tildadas de bellas y, por tanto, de inútiles frente a las cuestiones “auténticas” que nos aquejan. “La verdad es que cuando descubrí al autor que lo decía [Adolf Loos], sentí cierto sonrojo, porque efectivamente yo hacía cosas de esas que no son necesarias y que, por ello, se consideran delito”. Pero, como decía el personaje de la película Amistades peligrosas, también Chapa insiste en la belleza, porque no puede evitarlo.

“Puede sonar cursi, pero la verdad es que los que sentimos la necesidad de pintar lo hacemos por embellecer el mundo, a pesar de tanta fealdad como nos rodea”. Las galería Shiras, que hasta finales de mes acoge sus últimos trabajos, da fe de ello: en sus paredes cuelgan piezas realizadas sobre tela, en las que Javier Chapa mantiene un diálogo tenso entre la materia del fondo y las geometrías de la superficie con la novedad de un intenso color. “El demonio me decía ‘métele colores fuertes’ y yo me preguntaba, ¿no me estará pasando?”. Y con ese “sentido de culpa” fue avanzando felizmente el artista en busca de la emoción más sincera.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“La propia obra me anima a seguir”. Y enseguida matiza que en realidad él da el primer paso (“trabajo sin boceto ni estudio”), para que “a través de la niebla” vaya apareciendo algo “que me limito a continuar”. Para ello, como es el caso, no duda en utilizar materiales como restos de ventanas o puertas, incluso telas recicladas o estampados de tapicería, con los cuales sostiene una lucha por que aflore desde lo primario un objeto igualmente salvaje, pero más dócil. De manera que la belleza perseguida está atravesada por cierta energía telúrica que debe ser canalizada, domesticada, embridada por la obsesión creativa del artista.

Sabe, a rebufo de lo dicho por André Gide, que “con buenos sentimientos no se hace buena literatura”. Y como lo sabe, los deja a un lado para centrarse precisamente en ese fondo real que descubre por la calle en cualquier material desechable, con el objeto de descifrar su enigma. “Aquí hay pintura y me parece interesante hablar de ella, incluso bien”, apunta con ironía. Es su manera de contrarrestar esa tendencia a la crítica del objeto bello, como si la belleza sin el carácter fiero del cómodamente posicionado ideológicamente no sirviera más que para epatar.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Tenemos que ser auténticos y hacer aquello que sentimos”, insiste Chapa, ahora que el color, en ocasiones rabioso, ha aparecido en su obra como por sorpresa. “Mi evolución me llevaba a la monocromía y el color se quedaba oculto. Y ahora, sin embargo, me veo pensando que se han acabado los límites”. He ahí un buen ejemplo de interrogación, de verse incomodado el propio sujeto por efecto de su búsqueda. Por eso enseguida surge la duda: “Mi deseo es volver a cierta austeridad, pero me está costando”.

A partir de lo basto, de lo rudimentario, Chapa va cubriendo su obra con esas geometrías características de lo racional. “Hay una dualidad entre lo racional y lo emocional”, dice, para subrayar a su vez la “mucha expresividad sutil, con veladuras y manchas” integradas en estos últimos trabajos. Ningún título para el conjunto, ni para cada una de sus obras. “Me encantan los títulos que veo en algunos trabajos de mis compañeros, pero yo prefiero no ponerlos, precisamente para no desorientar la mirada del espectador”. Una mirada que Javier Chapa busca toda ella volcada hacia esa belleza inútil, tan necesaria en tiempos de extrema utilidad.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Salva Torres

Las evocadoras y poéticas líneas de Corujeira

La pauta leve, de Alejandro Corujeira
Galería Ana Serratosa
C/ Pascual y Genís 19, ático. Valencia
Hasta el 28 de julio de 2017

La galería Ana Serratosa presenta su última exposición de la temporada. El protagonista de la misma será el artista Alejandro Corujeira (Buenos Aires, 1961). La muestra reune, bajo el título ‘La pauta leve’, obras de pequeño y gran formato que el autor argentino ha realizado durante las tres etapas de su trayectoria profesional (entre 2009 y 2016) haciendo una retrospectiva de su propuesta artística hasta el momento.

En ‘La pauta leve’ se pueden apreciar desde pinturas más tempranas, marcadas por la geometría y sinuosidad de las formas, hasta su último trabajo, dotado de un biomorfismo menos predecible, con trazos sutiles que juegan y conversan con el espacio que los contiene.

La pintura de Corujeira está a caballo entre la abstracción más lírica y la abstracción geométrica, trasformando la línea en órgano evocador de formas que tienden a lo poético. En el discurso creativo de este pintor se domina la elegancia del género junto al buen hacer y la exigencia de la técnica.

La estructura del viento, de Alejandro Corujeira. Imagen cortesía de Galería Ana Serratosa.

La estructura del viento, de Alejandro Corujeira. Imagen cortesía de Galería Ana Serratosa.

El lápiz de color, la acuarela, el grafito y la pintura acrílica crean, en las piezas de este artista, una reflexión sobre la construcción y composición pictórica, sumergiéndose en una lírica orgánica y en sus devenires, llenando de pintura un espacio vacío en donde evolucionar hacia lo enigmático.

Al contemplar las obras de Corujeira sentimos que la mirada no se detiene en ningún momento, pues el dinamismo que generan las líneas de sus cuadros, hacen de la pintura un ente sensible, delicado y liberador. En coherencia con la pintura, los títulos de las piezas evocan sinergias con elementos del paisaje ‘Océano’, ‘Aire’ o ‘Luz’.

El artista de Buenos Aires presentó en el CAB de Burgos, el pasado febrero, una exposición de pinturas y esculturas pertenecientes a su última etapa; coincidiendo precisamente con la última edición de la Feria Arco Madrid, que contaba con Argentina como país invitado.

Alejandro Corujeira. Imagen cortesía de Galería Ana Serratosa.

Alejandro Corujeira. Imagen cortesía de Galería Ana Serratosa.

Licenciado en la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires en 1986, Alejandro Corujeira está asentado en Madrid desde 1991 y cuenta con galardones como el Premio Artista Joven de la Asociación Argentina de Críticos de Arte (1997), el Premio Todisa (2002) y el Premio de Artes Plásticas “Obra Abierta” (2011).

Entre los escenarios que han acogido sus muestras se encuentran: el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá (1993), el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber (1996), la galería Dialogue de París (1998), el Espacio Uno del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (2002), el Instituto Valenciano de Arte Moderno (2006), el Museo Barjola de Gijón (2010), la galería Alejandra von Hartz de Miami (2013), o la Casa Iberoamérica de Cádiz (2014).

Los abismos de Javier Calvo

El abismo, de Javier Calvo
Galería Cuatro
C / La Nave, 25. Valencia
Hasta finales de abril de 2017

No uno, ni dos, ni tres, sino casi medio centenar de abismos son los que muestra Javier Calvo en la Galería Cuatro. Abismos en forma de cráteres, cenotes y simas que parecen abrir su universo geométrico, pleno de color en diversas gradaciones, como se abre la tierra sacudida por un terremoto. En su caso, el terremoto es místico (“entre comillas”, dice), provocado por cierta experiencia nacida de un viaje a Perú y de la propia madurez: “Es que hay muchos amigos que se van yendo últimamente”.

De esa edad madura, conformada por una dilatada trayectoria profesional, habla en dos sentidos: el que le ha llevado a tener oficio (“de haber estado pintando todos los días e investigando”) y el que recusa el paso del tiempo como sinónimo de un temprana caducidad: “Esta sociedad está pensada para alcanzar el éxito rápido y a los 40 años ya te consideran caduco”. La demostración de su falsedad está en El abismo, un total de 45 piezas de pequeño formato (“una exposición de gabinete”) en la que Javier Calvo sigue mostrando su enorme vitalidad plástica.

El silencio del abismo, de Javier Calvo. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

El silencio del abismo, de Javier Calvo. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

“Aquí me tiro al abismo”, señala. Y al tiempo que él se arroja por esas aberturas en blanco, anima al propio espectador a que lo haga. “El blanco, logrado simplemente respetando el del propio papel Arches, es casi metafísico; también el blanco de cuando hablas de quedarte en blanco o del que dicen que ves al final del túnel”. Un blanco puro por el que entra el abismo en su obra, realizada principalmente en los dos últimos años. El artista apunta que son continuación del Itinerario hacia la vacuidad que expuso en la Fundación Chirivella Soriano y en la que ya entonces habló del vacío en tonos místicos. “No da miedo, sino que resulta inquietante”, subrayó allí.

Esa inquietud, no exenta de riesgo y provocación, es la que pretende evocar en la Galería Cuatro, para que los jóvenes perciban la dificultad del oficio de pintar y el público en general la fragilidad de que está hecha la vida. “Me gusta el enigma, cuestionarme en todo momento acerco de lo que hago y no hago; no ser pasivo”. Se explica a borbotones, como animado por la actividad volcánica que parecen a punto de desprender sus cuadros. “Quiero sacudir al espectador”. Y cuando lo dice vuelve a meterse en la obra, describiendo las gamas de colores, sus gradaciones y delicados perfiles, al tiempo que subraya la contradicción entre la racionalidad geométrica y el instinto que amenaza con destruirlo todo.

La soledad del abismo, de Javier Calvo. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

La soledad del abismo, de Javier Calvo. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

“La armonía es fundamental, aunque sea arrítmica”. Y entonces se reivindica como pintor: “Estos cuadros me cuestan mucho”. Como cuesta mantener equilibrada toda esa geometría a punto de estallar por efecto de tanto cráter y tanto rayo abismal. Javier Calvo se vuelca en ella, como queriendo atrapar la esencia del vació y el misterio que dice atravesar el conjunto: “Es la búsqueda de algo”. Búsqueda que ya le está llevando en la dirección “de la ausencia y la presencia”; de la “poesía pura”.

Para que el espectador le acompañe en esa búsqueda, el artista ha dispuesto una exposición “minimalista, que se escape, que respire”, al tiempo que está montada para sea “silenciosa, mística”. Una mística nada religiosa, en el sentido institucional e ideológico del término, pero muy religiosa, en el sentido de sacra o que hurga en los contornos del lenguaje allí donde éste se abre presionado por nuevas y constantes interrogaciones. “Es una exposición en la que hablo muy bajito para soltar cosas muy fuertes”. Ninguna seguridad de por medio: “No me interesa, porque me puede la curiosidad”. En ese espacio repleto de incertidumbres es al que quiere llevar al espectador: “Que entre y se cuestione”.

Las dimensiones reducidas de sus abismos, a modo de bocetos preparatorios o escuetos prólogos de un libro, ayudan a asomarse a esos blancos inquietantes sin necesidad de grandes alardes. Y aludiendo a la “obra abierta” de Umberto Eco, anima a que sea el espectador quien complete sus diferentes trabajos. Javier Calvo dispone el itinerario, pero el encuentro con los sucesivos abismos es algo ya muy personal. Cada cual tiene los suyos.

Rayo abismal, de Javier Calvo. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

Rayo abismal, de Javier Calvo. Imagen cortesía de Galería Cuatro.

Salva Torres

Doble excepción

Shape & Forms de 1010, CT, Nawer, Nelio y SatOne
Plastic Murs
C/ Dénia 45, Valencia.
Inauguración 16 diciembre a las 20.00h
Hasta el 21 de enero de 2017

Mucho ha evolucionado el fenómeno ochentero del grafitti de raíces Hip-Hop, al tiempo que ha ido adoptando nuevas denominaciones y naturalezas menos vandálicas y callejeras. Desde entonces, el mundo de las galerías no ha dejado de echar cables y tender puentes para tratar de integrar aspectos sin duda valiosos e interesantes. Sin embargo, no es sino hasta fechas recientes cuando estamos viendo superado el enorme recelo que los artistas urbanos han sentido hacia el mercado del del arte y acortando la distancia que han estado guardando. Afortunadamente, la convivencia está demostrando que las incompatibilidades no son ni mucho menos genéticas, sino más bien culturales.

La segunda excepción tiene que ver con la minoritaria presencia de la abstracción en el arte urbano. Sus orígenes derivados de la firma y el poder iconográfico de determinados tipos de imágenes, han dejado un papel muy secundario a las manifestaciones abstractas… pero también esto está cambiando a velocidad de vértigo.

Bajo el doble juego de Shapes & Forms, nos encontramos con obras de cinco artistas sobradamente conocidos en el panorama internacional. Todos han sabido compaginar diferentes facetas de su actividad artística con una naturalidad que sería inimaginable hace un par de décadas. Cuando menos evidentes son las referencias figurativas, más claras y profundas han de ser las motivaciones y las raíces que animan y vivifican sus respectivas poéticas.

Obra de Nelio. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de Nelio. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Nawer construye unos espacios expansivos que como pequeñas galaxias parecen extenderse desde su centro hasta rebasar los márgenes perimetrales del soporte. Formas geométricas y líneas duras conviven con unos contrapuntos evanescentes y un tanto gestuales.

SatOne despliega una actividad que se podría calificar de barroca. Con una cuidada puesta en escena en la que domina una paleta limpia, de formas abigarradas que generan ritmos sinuosos y dinámicos cuya fuerza no puede encerrarse en los límites ortogonales de la obra.

Nelio realiza una propuesta que conjuga la acción inherente al proceso de pintar con una geometría sintética -a veces orgánica- que suele dialogar con el fondo, especialmente cuando el soporte es un muro abandonado, mientras que en sus pinturas tiende a una ordenación cuasi alfabética.

1010 juega a la repetición creciente o decreciente de una forma cerrada marcadamente lobular que somete a variaciones cromáticas que finalizan o empiezan en un negro absoluto que todo lo absorbe, que todo lo contiene y, por lo tanto, todo puede surgir de él.

Finalmente, CT, su trabajo, es a la vez el más estrictamente geométrico y el que entronca de modo más directo con la tradición del nombre. Aunque en su caso, fuerza el juego de variaciones y fragmentaciones de sus iniciales de referencia a extremos y resultados tan independientes como autónomos. Dos letras, dos tintas.

Como no hay dos sin tres, ¡una exposición de excepción!

Juan Bautista Peiró

Un alumbramiento de vértigo

Ángulos del vacío, de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 5 de febrero de 2017

“Muy inquietante y desasosegante”, acertaron a decir dos jóvenes cuando Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda les preguntaron acerca de la instalación que recoge el título del conjunto expositivo: ‘Ángulos del vacío’. Y no es para menos. Los 16 módulos cuadrangulares, dispuestos sobre un gran espejo, iluminados como grandes luciérnagas en la noche cerrada, desconciertan. De manera que el alumbramiento de la primera instalación que juntas realizan, después de compartir estudio durante años y trayectorias por separado, resulta de vértigo. Un vértigo que asumen como parte intrínseca del propio proceso creativo.

“La verdadera herramienta del artista es la incertidumbre”, comentan. Incertidumbre nacida del mismo instante en que la comisaria Isabel Justo les propuso la realización de la que a la postre ya es su primera exposición conjunta. Y visto lo visto, exclaman: “¡No concebimos cómo no se nos ha ocurrido antes!” Lo cierto es que ahí está, invitando al espectador, en la Sala Refectorio del Centre del Carme, a perderse por el infinito túnel de geometría y luz que Sepúlveda y Ferrer construyen a modo de inquietante sueño.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en 'Ángulos del vacío'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en ‘Ángulos del vacío’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

“Queremos que el espectador se sienta inmerso en otro mundo”. Siguiendo a Paul Éluard, que dijo aquello de “hay otros mundos, pero están en éste”, las artistas ensayan en ‘Ángulos del vacío’ a sentir esa experiencia. Lo hacen sumando sus respectivos lenguajes: más geométrico, lineal, poblado de repeticiones, en el caso de Encarna Sepúlveda, y más lumínico, alentando cierta poética del vacío, en el caso de Carolina Ferrer. De ahí que, sumadas ambas visiones, a la poetisa Lola Andrés se le ocurriera el título que ha dado forma a la exposición realizada ex profeso para las salas Refectorio y Contrafuertes. Suyos son, al mismo tiempo, los poemas que acompañan la muestra.

“La instalación no tiene fin y posibilita múltiples puntos de vista”, explican a pie de obra. Esa multiplicación obedece al modo en que ha sido concebida tan enriquecedora fusión de elementos. Y en semejante marco. “Lo gótico y lo futurista conviven felizmente”. De manera que el Refectorio del Centre del Carme, al tiempo que remite a una época pretérita, se proyecta hacia delante estirando ese tiempo como suele hacerse en los mejores sueños y las peores pesadillas. “En el arte no hay propósitos, sino descubrimientos. Los artistas no sabemos lo que buscamos”, explican ambas artistas.

Esos descubrimientos, alumbrados en la exposición tras hurgar en lo desconocido (el propio ensamblaje de sus respectivas trayectorias), convierten ‘Ángulos del vacío’ en una experiencia creativa en toda regla. Experiencia ofrecida al espectador con la intención de “hacerle sentir algún tipo de emoción”. Para ello, se hace necesario, dicen, “dejarse embargar” por la instalación, que “ha de verse en soledad”. Porque Ferrer y Sepúlveda conciben así el arte, como un acto que “requiere contemplación y un ejercicio lento de asimilación”.

Carolina Ferrer (izquierda) y Encarna Sepúlveda (en el centro hablando), con José Luis Pérez Pont, director del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana, entre ambas, durante la presentación de 'Ángulos del vacío'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Carolina Ferrer (izquierda) y Encarna Sepúlveda (en el centro hablando), con José Luis Pérez Pont, director del Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana, entre ambas, durante la presentación de ‘Ángulos del vacío’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Esa lentitud, en una sociedad agitada por las prisas y la “sobredosis informativa, icónica”, ya es de por sí un acto de resistencia. “Sí, pensamos que es un ejercicio de resistencia, porque te obliga a entrar en un espacio regido por otros parámetros”. Y aunque el espectador tiene siempre la última palabra, se atreven a decir: “Ojalá tuviera nuestra obra el poder de sugerir, evocar, formular preguntas” y, en última instancia, “suscitar la reflexión”. En todo caso, como dijeron los jóvenes que en ese momento observaban la instalación, “impresiona”.

Es a partir de esa impresión que la obra de Sepúlveda y Ferrer puede dar pie a la reflexión. Para ello sólo es necesario sumar el espejo, a modo de profundas aguas, la repetición de los módulos cuadrangulares, la intensa y cautivadora luz de las fluorescentes y el reflejo que producen conjuntamente la “sensación de abismo”, a la que aluden las propias artistas. Abismo hacia el mundo telúrico vertical y hacia el espacio infinito horizontal que remite al sueño o la pesadilla.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en 'Ángulos del vacío'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en ‘Ángulos del vacío’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

-¿A ti qué te sugiere?, cuestionan ahora las artistas.

-Me viene la secuencia final de ‘La dama de Shanghai’, en la que un desencajado Orson Welles dispara contra sucesivos espejos intentando matar a su antagonista reflejado en multitud de cristales. La sensación, tan contemporánea, de fractura del yo dada la dificultad para construir una identidad que ya no es uniforme.

Y vuelven a evocar la tarea del espectador, a quien corresponde interpretar su obra. “Como autoras, no disponemos de más respuestas que los espectadores”, subrayan. Además, explican que a la hora de producir son “lentas”, porque controlan mucho el proceso. Aún así, atesoran una larga trayectoria artística, representada en numerosas colecciones y jalonada de premios. Trayectorias que ahora desembocan en su primera exposición común y su primera instalación. Carolina Ferrer ya tuvo una experiencia similar antes, mientras que para Encarna Sepúlveda es su estreno, aunque no dudan a la hora de señalar el buen sabor de boca que les ha dejado tan feliz descubrimiento.

“Sí, pensamos repetir, seguir haciendo nuevas instalaciones”. Como piensan seguir ahondando en la creación: “Es lo que nos da vida”, apuntan iluminadas por la cercanía de su más reciente instalación y por la propia pasión creativa. Agradecidas por el apoyo de las empresas Cristalería Berol, Alumida, Re-habitStudio o Bodegas Chozas Carrascal, que patrocina a su vez el concierto del 20 de diciembre en la Sala Refectorio a cargo de la soprano Isabel Monar con Conchita Sánchez-Ocaña al piano, Ferrer y Sepúlveda apuntan el vértigo que les provoca cada nueva obra. Un vértigo al que no se pueden resistir.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en 'Ángulos del vacío'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Instalación de Carolina Ferrer y Encarna Sepúlveda en ‘Ángulos del vacío’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

Geometría para disfrutar

‘Wet Paint’
Toño Barreiro, Cristina Silván, Alan Sastre y Elvira Amor
Área 72
Avda. Barón de Carcer, 37. Valencia
Hasta el 30 de julio

El color ha explotado en el sótano de Área 72 en forma de manchas, círculos y con la consecución de superfícies abstractas en general. Los artistas Toño Barreiro, Cristina Silván, Alan Sastre y Elvira Amor, herederos de la tradición pictórica y de una técnica depurada, nos ofrecen nuevas formas de interpretación donde lo sencillo puede llegar a ser muy complejo. Referencia para el título de la exposición es la famosa frase de Marcel Duchamp “Beware Wet Paint” con la que se nos invita a posicionarnos en la lejanía del tiempo y a esperar para valorar.

El gran formato de la mayoría de las obras permite observar de cerca los detalles aunque, probablemente, sea preferible una observación no estática. ‘Wet paint’ transmite movimiento y sobre todo, conjunta en las piezas de varios artistas un sentido único que el comisario Jorge López magistralmente explica: “‘Wet Paint’ propone un viaje no narrativo por la sencillez aparente de medios y procesos pictóricos (la forma, el espacio, el color) como medio de expresión de ideas complejas en términos simples”.

Obra de Alan Sastre. Imagen cortesía Área 72.

Obra de Alan Sastre. Imagen cortesía Área 72.

La simplicidad estética con un resultado nada imprevisible es lo que aporta a la muestra Toño Barrreiro donde profundidad mediante opticalidad es una descripción de su trabajo que se queda corta. Barreiro ha concebido, a través de un único color predominante, la forma de perpetuar la masa del propio objeto que resulta conformarse, finalmente, completamente etérea. La serie responde a la intención del artista por alejarse de lo ya asimilado. Cristina Silván encaja en ‘Wet Paint’ componiendo sus características figuras circulares o semicirculares y jugando con el interior de las mismas de nuevo, para construir a través de la repetición geométrica. El ejercicio que propone Silván es un juego en el que espectador debe recorrer cada una de las formas perfectamente definidas, incorporándolas a su imaginario.

Este efecto se difumina con Alan Sastre que en lugar de presentar la obra sobre el lienzo, usa el lienzo para intervenir a través de la pintura y texturizarla al máximo. Los relieves dejan entrever una cuidada abstracción orgánica que actúa de frontera para fomentar la dualidad entre la superfície plana del lienzo y la estructura creada por la materia, entre la visión y el hecho. Por su parte, Elvira Amor apunta sobre los conjuntos sencillos cuyos componentes, aunque diferentes, no deslucen entre si. Una composición cuidada donde los detalles externos al propio lienzo coordinan todos los elementos y de nuevo, realzan el valor del pigmento en estado puro.

A pesar de que Josef Albers con sus geometrías y odas al cuadrado, está considerado como uno de los padres del Op art, podría extrapolarse su intención de analizar la discrepancia entre el hecho físico y el psíquico, al resto de las vertientes geométricas que también hemos podido observar en la exposición. ’Wet Paint’ nos muestra una realidad óptica, modular, texturizada y compuesta según la estética artística de cada uno de los artistas. Un repaso por la abstracción, una verificación de lo innegable.

Obra de Elvira Amor. Imagen cortesía Área 72.

Obra de Elvira Amor. Imagen cortesía Área 72.

María Ramis

Una coreografía seductora

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral
Serie de 10 dibujos creado en técnica mixta sobre papel Fabriano de 300 gramos
Taller Indusart
C / Clero, 6 bajo. Valencia

Entre-dos, serie de 10 dibujos creados mano a mano por Hélène Crécent y Rafa de Corral  para  Russafart 2016, lleva inscrita la tensión surgida de la fusión de los dos universos pictóricos tan diferentes de estos artistas. Crécent y De Corral han creado una coreografía seductora con las figuras abstractas y conceptuales más emblemáticas de sus respectivos universos pictóricos.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Imagen cortesía de sus autores.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Imagen cortesía de sus autores.

Figuras crepitantes

La pintura de Hélène Crécent está habitada, principalmente, por figuras abstractas: “manos llameantes”, “bolas enmarañadas”, -“de pelo”, matiza la artista-, “cuerpos contorsionados, sin rostro y sin sexo”, “bocas-vaginas dentadas”. Figuras dibujadas con mina de plomo sobre un fondo blanco y salpicadas con golpes de color rojo, verde, azul. Figuras de trazo curvo, inmediato, fogoso. Figuras crepitantes.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Imagen cortesía de sus autores.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Fotografía: Fernando Rincón.

Figuras ingrávidas

En cambio, en la obra de Rafa de Corral gravitan misteriosas piezas de rasgos arquitectónico-geométricos que brotan de una superficie acuosa, metálica o flotan sobre un espacio nuboso, etéreo.  Estas piezas, dibujadas con un trazo firme, recto y preciso, fluyen ingrávidas por el espacio conceptual futurista de la obra de Rafa de Corral. Figuras ingrávidas, densas piezas arquitectónico-geométricas, donde la levedad de la existencia se hace metáfora.

Cuatro piezas de 'Entre-dos', de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Imagen cortesía de sus autores.

Cuatro piezas de ‘Entre-dos’, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Fotografía: Fernando Rincón.

Fusión

Entre-dos es el resultado de la fusión de estos dos mundos pictóricos                    “formalmente tan diferentes”, como considera Hélène Crécent. “Aún así -precisa la artista- pensamos que podría ser un reto pintar y exponer juntos”.

Una experiencia cuyo resultado, señala Rafa de Corral, “ha sido espectacular tanto desde un punto de vista formal como de fondo. En mi opinión se ha producido una simbiosis en un principio lúdica, pero si ahondas más en cada pieza sorprende la frescura y el contenido tan potente”.

Las figuras crepitantes -“manos llameantes” y “bolas enmarañadas”- y las figuras ingrávidas -las piezas arquitectónico-geométricas- componen, en estos diez dibujos, un juego rítmico y colorista de movimientos. Las figuras se desplazan marcando el compás pasional de un tango; se atraen y se repelen connotando la pasión seductora que emana entre lo femenino y masculino.

Los dibujos de “manos llameantes” y de “bolas enmarañadas” de Hélène Crécent denotan una feminidad que arde, que quema. Por lo contrario, las piezas arquitectónico-geométricas de Rafa de Corral emanan una masculinidad que intenta escindir el fuego femenino.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Imagen cortesía de sus autores.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Fotografía: Fernando Rincón.

Hélène Crécent describe el proceso creativo como “mágico y excitante”. Y añade: “El primer dibujo lo hicimos conjuntamente en la misma mesa de manera muy concentrada y espontánea a la vez. Entendimos que la fusión podía funcionar. Pero empezó a complicarse: la fuerza de mis “bolas de pelo” podían comerse la fuerza de los elementos arquitectónicos de Rafa. No se trataba de una lucha de poder. Non obstante, empezamos a competir, pero con amor, somos amigos”.

“Entonces, Rafa empezó a utilizar la mina de plomo, herramienta importante en mi obra, creando una superficie color plomo negra y brillante. Me impresionó y respondí con un personaje rojo. Luego, Rafa cambió su paleta por tonos fluorescentes pintados con spray. Él se adaptó y yo me tranquilicé, frente a la tensión creada, enrollándome o enroscándome en sus arquitecturas irreales, amenazantes y atractivas a la vez, como si fuera un juego sexual  pasional”, concluye Crécent.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Imagen cortesía de sus autores.

Entre-dos, de Hélène Crécent y Rafa de Corral. Imagen cortesía de sus autores.

Begoña Siles

Las cruces de Corduente

Creus, de Teresa Herrera Corduente
Galería del Palau
C/ Palau 10, Valencia
Hasta el 27 de mayo de 2016

Las cruces son una de las formas más usadas en diferentes ámbitos de la vida cotidiana, por su simpleza y utilidad. De la observación de la naturaleza el ser humano copió la forma hasta la saciedad, creando grandes cruces, artificiales, incluso componiendo auténticos símbolos identificatorios. La cruz es la forma mínima de intersección. Teresa Herrera Corduente presenta con ‘Creus’ los avances de su investigación artística aunque siempre fiel a sus figuras geométricas, de escondidos significados, y sobre todo con la técnica implacable de experimentación con distintas arenas de todo el mundo.

A pesar de que la formación geométrica de la cruz se puede intuir a lo largo de toda la trayectoria artística de la artista, es ahora, en la Galería Palau, cuando ha decidido dedicarle varias series relacionadas entre si. En un primer lugar, a modo de retrospección, comienza la muestra con piezas donde presiden los tonos terrosos. Estas piezas son de producción anterior pero sirven para dar pie a la nueva producción que ocupa la mayor parte de la exposición. Conforme avanzamos los marrones van desapareciendo, sirviendo de apoyo a las grandes cruces que se componen de negros y grises, aunque esos tonos terrosos vuelven a aparecer con más potencia al terminar el recorrido. Se genera así un recorrido cíclico para nada casual. Algunas piezas están colocadas directamente sobre el suelo con la intención de generar esa sensación de verticalidad. Las cruces se construyen en este caso desde el punto más bajo de la vista del espectador con lo que se consigue que, a modo de “objetos totémicos”, tal y como las define acertadamente Inma Boscà, hacen que las obras contengan ese tono de sacralización intrínseco al significado de las cruces.

Algunas piezas de la exposición. Fotografía: María Ramis.

Algunas piezas de la exposición. Fotografía: María Ramis.

Su formación artística es autodidacta algo que no deja de sorprender si atendemos al perfecto acabado de todas sus piezas. Tanto las formas como la texturas están conseguidas a través de arenas de diferentes lugares del mundo. Pensar que parte de esas playas, montañas o desiertos han viajado por todo el mundo para acabar formando parte de una obra de arte es un añadido a la observación de las piezas. En esta ocasión, la artista ha conseguido el blanco de Cayo Blanco, Cuba, los brillantes grises de Katmandú, Nepal, el negro de Agua Amarga, Almería y el marrón rojizo del desierto del Namib, Namibia.

‘Creus’ es sencillez en la reflexión, algo que en el lenguaje artístico resulta a veces complicado de conseguir. A pesar de que se pueden llevar a cabo tantas lecturas como observadores, en las geometrías creadas por Corduente no vemos una intencionalidad preestablecida, sino que parece dejarse guiar por la línea marcada, esa que la misma gravilla le indica. Esa misma que hace que sus solemnes cruces continúen la línea desde lo más bajo para coincidir en lo más alto.

Algunas piezas de la exposición. Fotografía: María Ramis.

Algunas piezas de la exposición. Fotografía: María Ramis.

María Ramis