Forner recupera la pintura expansiva en Alba Cabrera

‘Color, espacio y forma’, de Juan Carlos Forner
Galería Alba Cabrera 
C / Joaquín Costa, 4. Valencia
Del 27 de junio al 27 de julio de 2019

Si la pintura se encuentra entre la exuberancia, la ansiedad y el equilibrio, abriéndose paso hacia una subjetividad desenfrenada, la exposición de Juan Carlos Forner titulada ‘Color, espacio y forma’, que expone la Galería Alba Cabrera, huye de la confrontación figuración – abstracción para establecer el debate puramente visual del color.

Vista de la exposición ‘Color, espacio y forma’, de Juan Carlos Forner. Foto: Irene Valdés.

“El color en su formato mancha es el epicentro de su exploración’’, apunta el crítico de arte Alejandro Villar Torres. Y es que no cabe duda de que cuando se observan con atención cada uno de sus cuadros, hallamos la valoración del pigmento, la mancha y el color en estado puro y solidificado como expresión pictórica.

El “jugador de pintura’’ busca comunicar sensaciones y emociones a través del binomio color – pintura y juega con el volumen, el espacio y la forma, pues es completamente rígido su tratamiento de volúmenes espaciales. Sin embargo, también ha tratado técnicas como el grattage (basada en el surrealismo pictórico y que hace referencia al desgarro de la tela, creando una especial textura con efecto de relieve o tercera dimensión) y otras acciones directas sobre las capas uniformes de color.

Una de las piezas de la exposición ‘Color, espacio y forma’, de Juan Carlos Forner. Foto: Irene Valdés.

Como apunta Graciela Devicenzi, directora de la Galería Alba Cabrera, “Juan Carlos Forner ha buscado consciente y técnicamente resultados abstractos y duros, estando su obra a caballo entre la pintura y la escultura’’.

“El color – pigmento y sus cualidades líquidas dirigen la técnica hasta materializarse en el espacio o en el lienzo donde exhibe su identidad bidimensional… El color como producto-material condiciona la forma que surge de manera ligeramente espontánea, acercándonos al campo de la referencia tema–significado’’, tal y como expone Villar Torres.

Vista general de la exposición ‘Color, espacio y forma’, de Juan Carlos Forner. Foto: Irene Valdés.

“En el trasfondo de la pintura derramada o en los chorretones de su taller, vemos los ecos de maestros como Pierre Soulages, Rothko o Yves Klein’’, apunta el crítico de arte. No obstante, ‘el jugador’ ha construido su propio estilo creativo dando como resultado expresiones puramente abstractas y líricas.

Vista de la exposición ‘Color, espacio y forma’, de Juan Carlos Forner. Foto: Irene Valdés.

Irene Valdés

Cristina Alabau. Abstracción y equilibrio

Cristina Alabau
Galería Alba Cabrera
Art Madrid’19
Del 27 de febrero al 3 de marzo de 2019

Es 29 de enero de 2019, la tarde es oscura y ventosa en València. En el barrio de Ruzafa llego a un callejón sin salida que reconozco, me detengo buscando el número del portal y, antes de verlo, una luz tenue a través de una ventana me hace sentir que ya estoy.

Mientras subo por la pequeña escalera de acceso noto cómo el frío va quedando atrás. La calidez, la calma, te invaden de golpe cuando entras en el estudio, en el refugio donde Cristina Alabau trabaja desde hace más de tres décadas. Todo allí parece pararse en el tiempo: el aire molesto del exterior –cuyo murmullo hace olvidar ahora una música suave–, las urgencias, las prisas. Es un espacio acogedor, de altos techos de madera y cubierta a dos aguas. Ella transmite también esa sensación plácida, que invita a compartir un momento de charla sosegada, aunque su ritmo de trabajo sea estos días acelerado, ya que se encuentra inmersa en plena vorágine productiva (en breve presenta su último trabajo en Art Madrid’19, feria internacional de arte contemporáneo donde acude con la Galería Alba Cabrera).

Imagen de la obra 'Espacio interior', de Cristina Alabau, que podrá contemplarse en el stand de la Galería Alba Cabrera durante Art Madrid'19. Fotografía cortesía de la galería.

Imagen de la obra ‘Espacio interior’, de Cristina Alabau, que podrá contemplarse en el stand de la Galería Alba Cabrera durante Art Madrid’19. Fotografía cortesía de la galería.

Observar así su obra, detenerte en los nuevos trabajos y adivinar antiguas series que se asoman, apoyadas unas sobre otras en las paredes, es también admirar un ejercicio de coherencia y perseverancia, un estilo defendido y reafirmado a lo largo de su extensa trayectoria, que comenzó a mediados de los ochenta y que hoy sigue consolidando exposición a exposición.

Sus cuadros elegantes, poéticos y sugerentes, encierran íntimas iconografías, enigmáticas formas que son ya reconocibles en su pintura y que definen universos propios, intransferibles, construidos con elementos simbólicos que nunca abandona y que dispone a través de resortes intuitivos.

Figuras esenciales, sutiles, que el color refuerza y que parecen latir bajo una musicalidad que se percibe cercana. Alabau une a su sensibilidad, a su gusto por lo bello, sus férreas referencias intelectuales. Admiradora y estudiosa de Paul Klee y Vassily Kandinsky, se reconoce tocada por el influjo que alentó a los maestros en el camino hacia la abstracción geométrica, y su imaginación vuela lejos, surcando los mismos cielos.

La artista Cristina Alabau en su estudio de Ruzafa. Fotografía: Juan Peiró.

La artista Cristina Alabau en su estudio de Ruzafa. Fotografía: Juan Peiró.

Cuando el sentimiento y el deseo marcan el objetivo, cuando la búsqueda del equilibrio supera fisuras, aúna energías, esquiva lo superfluo, prioriza la luz ante el tenebrismo y esquiva recovecos imposibles, el proceso lleva implícito el pausado ejercicio de distinguir y valorar lo esencial, lo que prevalece. Las figuras que aparecen en sus grandes lienzos, casi siempre cuadrados, de fondos limpios y claros, obedecen a tres conceptos que se repiten de manera hipnótica una y otra vez: el hombre, la naturaleza y el tiempo.

Al hombre, situado en el centro de la composición, siempre lo representan formas geométricas de tonos cálidos: rojos, anaranjados… que remiten al color de la sangre, del cuerpo, de la piel. En algunos de sus cuadros, la pintura acrílica aparece rayada, arañada, creando texturas llenas de experiencia, de vida. La noción de naturaleza se cuela en sus obras a través del verde, el gris… pero también lo hace de la mano de fotografías o de elementos orgánicos sacados del paisaje; fósiles, musgos, hongos, líquenes, flores… que durante el proceso creativo se revisten de cera, papel o capas de resina. Las formas blancas, a veces casi transparentes, son espacios que irradian luz, fulgor y que contagian, unen y difuminan las otras figuras que parecen dejar estelas, áureas que insinúan leves movimientos, etéreos balanceos.

La gestualidad manda, impulsada por la repetición de esquemas en una constante búsqueda de matices y ritmos para sublimar escenarios y plasmar visiones de vida. A veces, la representación se expande, parece dispersarse, pero la artista de nuevo la envuelve, encaja las piezas que une con líneas casi imperceptibles y regresa al todo. Y en ese todo huye de estridencias, lima aristas, oculta evidencias y se acerca a la forma redonda de la vida, porque es así como Cristina Alabau visualiza la existencia, al igual que Van Gogh –“La vida es probablemente redonda”– o que el poeta francés Joë Bousquet, quien recitaba “Le han dicho que la vida es hermosa. No, la vida es redonda”.

Imagen de la obra 'Espacio sensible', de Cristina Alabau, que podrá contemplarse en el stand de la Galería Alba Cabrera durante Art Madrid'19. Fotografía cortesía de la galería.

Imagen de la obra ‘Espacio sensible’, de Cristina Alabau, que podrá contemplarse en el stand de la Galería Alba Cabrera durante Art Madrid’19. Fotografía cortesía de la galería.

Las teorías de Gaston Bachelard, filósofo y amante de las ciencias, son otras de las influencias que han marcado su discurso. En su libro ‘La poética del espacio’ el autor se refiere también a esta idea, escribiendo que “lo que se aísla, se redondea, adquiere la figura del ser que se concentra sobre sí mismo” y remite al lector a los poemas franceses de Rilke:

“Árbol, siempre en medio
De todo lo que te rodea
Árbol que saborea
La bóveda entera del cielo […]”

El impulso creativo que guía a la artista se nutre de materiales y técnicas distintas. La pintura, el collage, la acuarela, el dibujo o la escultura tienen cabida en la evolución de su trabajo, aportando y enriqueciéndose entre sí. En la acuarela, sus formas se hacen más ágiles, se desdibujan y superponen; el papel, los trazos, la plumilla… plasman perspectivas fluidas y libres. Aunque ella se define como pintora, la escultura se ha convertido en compañera de viaje y aliada en sus últimas exposiciones. Tras una estancia en Italia, encontró en el cristal de Murano el material perfecto para desarrollar las piezas soñadas durante años. Blancas, translúcidas y frágiles, contienen colores y materiales en su esencia, que parecen reivindicar la importancia de lo sutil.

La artista Cristina Alabau en su estudio de Ruzafa. Fotografía: Juan Peiró.

La artista Cristina Alabau en su estudio de Ruzafa. Fotografía: Juan Peiró.

Marisa Giménez Soler

Grandes ciudades a simple vista

Travel Art, de José Juan Gimeno
Galería Alba Cabrera
C / Joaquín Costa, 4. Valencia
Hasta el 13 de enero de 2019

Dice Italo Calvino en ‘Las ciudades invisibles’ que todas las bellezas que el viajero ya conoce, por haberlas visto también en otras ciudades, pueden adquirir, bajo una atenta mirada, el esplendor de lo visto por primera vez. Y cuando eso sucede, uno “se pone a envidiar a los que ahora creen haber vivido ya” un día igual a éste “y haber sido aquella vez felices”. Las ciudades que José Juan Gimeno muestra en la Galería Alba Cabrera poseen ese mismo misterio que salta a simple vista, a condición de detenerse ante ellas más allá de la urgencia del turista.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición 'Travel Art'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición ‘Travel Art’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Por eso resulta apropiado el título de la exposición: Travel Art. Es decir, viaje y arte en franca comunión reveladora de lo que ocultan las grandes ciudades. En este caso, Nueva York y Maryland. Porque lo que diferencia al turista del viajero es precisamente la mirada atenta de éste, frente a la monótona de aquel, más preocupado por captar la imagen que atestigüe su paso por esa ciudad de postal, que de imbuirse de su misterio. Un misterio que Gimeno atrapa en sus cuadros leyendo, como se leen las líneas de una mano, las huellas de las casas de Maryland y las fachadas de Nueva York.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición 'Travel Art'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición ‘Travel Art’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Como señala el propio artista, él parte de fotografías tomadas en esas ciudades para después irse olvidando de ellas. Hasta el punto que el referente, sin duda obvio para la mirada del turista, alcanza de pronto la singularidad de lo visto por primera vez, a la que alude Calvino. De la fotografía, pues, a la pintura. De la más estricta figuración, a la más inquietante percepción de un paisaje urbano deshabitado y en el que parecen aflorar ciertos fantasmas.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición 'Travel Art'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición ‘Travel Art’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Resulta a este respecto igualmente apropiado el diálogo entre las obras en color, referidas a Nueva York y Maryland, y las difuminadas en blanco y negro, que aluden al encuentro con personas y detalles del viaje. Los fantasmas de las casas y fachadas estrechamente vinculados a esos otros diríase más explícitos, por la evocación sugerida en la tonalidad de grises. Fantasmas inscritos en las sombras de los bajos edificios de Maryland y en las fachadas de la gran metrópoli neoyorquina.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición 'Travel Art'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición ‘Travel Art’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Ximo Rochera, escritor y fundador de ediciones Canibaal, apunta en el texto que acompaña a la exposición otro detalle: “En la actualidad dejamos constancia de nuestros viajes en las redes sociales. Para José Juan Gimeno esto no es así”, ya que la muestra es “un cuaderno de viaje”, que “nos transporta junto a él en un recorrido apasionante”. Por eso incluye ciertos iconos en sus obras, a modo de guiño irónico que alude a la forma en que nos recomiendan ciertos alojamientos en las páginas de viajes. Las redes sociales interfiriendo la belleza plástica de los lugares sin duda contaminados por esa mirada turística.

Los cielos más bien apagados, de un azul y un gris mortecino, contrastan con las fachadas coloridas. Aún así, hay algo inquietante en todas esas casas y edificios. Como si el color no pudiera suplir la nostalgia que supuran esos paisajes deshabitados. Como si el exterior evocara los fantasmas interiores que nos asolan a quienes habitamos un mundo agitado al tiempo que vacío. A ese vacío se asoma José Juan Gimeno, tratando de llenarlo con la poesía que destila su pintura.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición 'Travel Art'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de José Juan Gimeno en la exposición ‘Travel Art’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres

Miedos Cruzados. Ángeles Corella y Victoria Santesmases

Miedos cruzados. Ángeles Corella y Victoria Santesmases
Galería Alba Cabrera
C/Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta el 10 de noviembre 2018

Las paredes de la Galería Alba Cabrera generan un gran abanico de emociones encontradas, desde el terror más absoluto hasta una sensación de libertad privada y ganada. La visión vibrante de Victoria Santesmases y Ángeles Corella, en torno a una temática de rabiosa actualidad, como la violencia machista, concuerda a la perfección con las bases rompedoras de la galería.

Miedos Cruzados pertenece a la extensa trayectoria creativa de Santesmases, donde aúna artes plásticas y su labor como docente. Gracias a su capacidad traductora de vivencias, usando el arte como vehículo, obtuvo la medalla al mérito cultural de Castilla La Mancha el pasado día 8 de octubre de 2018.

Sin embargo, toda prosa necesita un verso que refuerce el mensaje. Con este fin, la escritora Ángeles Corella compuso una serie de poemas donde plasma la quinta esencia del trabajo plástico. Evocadores y a su vez reflexivos, cargando contra consciencias acomodadas, lanzando el guante a una sociedad falta de lucha y hermanamiento.

‘Miedo a morir, miedo de seguir viviendo.
Miedo del miedo’

La obra expuesta creada a partir de verso y prosa, como la vida misma, juega con rojos vibrantes sobre fondos blancos, espirales blancas, e interacciones directas con el visitante. La inteligente utilización de la perspectiva genera diferentes gamas cromáticas a partir de un mismo blanco mate.

Imagen: cortesía de la galería Alba Cabrero. 'Grafías del dolor', selección de Miedos Cruzados

Imagen: cortesía de la galería Alba Cabrera. ‘Grafías del dolor’, selección de Miedos Cruzados

Para alcanzar este punto catártico destaca el empleo de diferentes materiales, desde hilo rojo cosiendo heridas imaginadas y clavadas, hasta papel de distintos gramajes simulando el relieve de la piel. Esta elección aporta un carácter más humano y cercano, recreando obras tridimensionales, que implican la sensibilidad y consciencia social usando la voz femenina, anónima, como narrador de una historia próxima a todos.

‘Parí un deseo y luego otro, otro y uno más.
Según iban naciendo los dejaba en el camino
Cuando me miro, sólo veo una cicatriz cosiéndome la cara’

Imagen: cortesía de la galería Alba Cabrero. Obra titulada Camino de espinas, se compone a partir de pintura sobre plexiglás y la incorporación de varillas.

Imagen: cortesía de la galería Alba Cabrera. Obra titulada Camino de espinas, se compone a partir de pintura sobre plexiglás y la incorporación de varillas.

La violencia machista siempre estuvo presente en el plano artístico, bien como modelo o como ejecutora. El arte rupestre presenta estudios apoyando una discriminación al papel femenino en la sociedad, relegando su función a actividades meramente familiares. Esta reflexión invita a buscar en los grandes yacimientos representaciones femeninas, para darnos cuenta que serán los hombres quienes pueblan paredes y plaquetas en su mayoría.

El movimiento renacentista presenta como paradigma una nueva consciencia antropocentrista, un despertar a la reflexión. Sin embargo, seguimos encontrando  representaciones que destacan esta situación de infravaloración  femenina como ocurre en Susanna ei  vecchioni de Artemisa Gentileschi, o El rapto de las Sabinas, raptadas y violadas como afrenta a los Sabinos.

Imagen: Cortesía Galería Alba Cabrero. Obra recogida en el   magnífico libro-artista que se integra en la colección. Por Ángeles Corella.

Imagen: Cortesía Galería Alba Cabrera. Obra recogida en el magnífico libro-artista que se integra en la colección.  Construido por Ángeles Corella.

Pero no debemos remontarnos cientos de años, en el siglo XX destaca la gran revolución femenina, donde las artistas obtuvieron su sitio en la historia del arte no sin tener que luchar día a día. Es el caso de Nan Goldin o Louise Bourgeois, quienes expusieron la problemática machista sin tapujos. De nuevo la violencia sigue siendo un tema recurrente en sus representaciones.

Podríamos creer que, a día de hoy, las obras que muestran escenas de supremacía machista resultan trilladas y vinculadas al pasado, incluso casposas. Sin embargo, no tenemos más que recurrir a Miedos Cruzados y a la necesidad de recordar que estamos aquí, que siguen muriendo mujeres a manos de quienes eligen amarlas libremente, que siguen teniendo un papel de segunda en la sociedad, que siguen siendo objeto de burla y discriminación. Y surgen varias preguntas evidentes: ¿si desde los primeros tiempos existe esta desigualdad, será algo inherente al ser humano? ¿Estamos predestinadas a ser personal de segunda? ¿La unión de dos cromosomas al azar tiene el poder de dictar nuestro estatus social?

Realmente no existe una respuesta que calme todas las consciencias, pero lo que sí queda patente es la responsabilidad que tenemos como sociedad, para que las generaciones venideras se apoyen en los ejemplos mencionados exclusivamente para defender el gran recorrido andado, y no para tener que seguir escribiendo crónicas de muertes anunciadas.

Imagen: Cortesía de Galería Alba Cabrero. Detalle  la portada. Grafías del dolor. Pintura y papel cortado

Imagen: Cortesía de Galería Alba Cabrera. Detalle la portada. Grafías del dolor. Pintura y papel cortado.

Victoria Herrera Lluch

Los versos robados con admiración por Moisés Yagües

Versos robados, de Moisés Yagües
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta el 12 de junio de 2018

Ha robado (“la verdad es que suena mal”) versos de grandes poetas: Miguel Hernández, Caballero Bonald, Luis Cernuda, Cristina Peri Rossi, Antonio Gamoneda, Juan José Téllez, Ana Merino… Aunque lo ha hecho “con buena intención”: la de trasladar a su particular universo creativo la hondura de sus admirados poetas. De hecho, Moisés Yagües reconoce en ellos su verdadera vocación: “Más que pintor, me hubiera gustado ser poeta”. Y la verdad es que viendo su obra, diríase impregnada de ese aliento poético que tanto anhela.

A veces confundo el amor con una escalera, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

A veces confundo el amor con una escalera, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Los Versos robados que dan título al conjunto expositivo que presenta en la galería Alba Cabrera le han permitido indagar en las relaciones humanas, con esa mezcla de profundidad e ironía que caracteriza su trabajo. Si comedia es igual a tragedia más tiempo, como dice uno de los personajes de Delitos y faltas (Woody Allen), la obra de Yagües estaría atravesada de esa vis cómica, bajo cuya apariencia emerge una sutil amargura. “La vida es un poco tragicomedia”, secunda el artista murciano, que el 15 de mayo inaugura en su natal Molina de Segura otra exposición, esta vez en torno a las fronteras, realizada con la ayuda de sus alumnos de primaria.

De nuevo la poesía y la realidad, en forma de drama migratorio, dándose la mano entre una exposición y otra, y en el interior de cada una de sus obras. Un conjunto de versos robados, de cuyo proyecto seleccionó Graciela Devincenzi, responsable de Alba Cabrera, las piezas que integran la muestra. “No soy un especialista en poesía, pero he ido anotando en una libreta ideas de los poetas que leía”. Ideas que ha trasladado a su pintura, a veces partiendo de los versos y otras simplemente dejándose llevar.

Qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

“Jugar con el lenguaje es una de las cosas que más admiro”. Un juego en el que los poetas se la juegan de tanto buscar en el interior de las palabras su esencia. “Es una cosa que no está valorada. Ningún poeta vive de la poesía, ni siquiera los que tienen una gran trayectoria”. Por eso proclama Moisés Yagües: “Los poetas son gente admirable, porque trabajan verdaderamente por amor al arte”. Un arte basado en “contar tanto con tan pocas palabras”. A rebufo de ese espíritu lacónico, pero intenso, él también juega con los colores, sus entrañables personajes y las ideas que le pasan por la cabeza, destilando un sinfín de sugerentes historias.

“Siempre intento contar algo con las imágenes y los títulos”. Imágenes protagonizadas por unos seres que quieren comunicarse entre sí, pero que hallan dificultades para hacerlo, a pesar de las escaleras y los puentes trazados entre ellos. “La incomunicación está ahí y yo creo que, a raíz de Internet y la aparente comunicación existente, incluso ha empeorado”. Y agrega: “La tecnología puede ser maravillosa en un sentido, pero en otro empobrece”. De nuevo la faz amable y su envés amargo manteniendo un pulso en su trabajo.

Es bonito el amor cuando se hace, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Es bonito el amor cuando se hace, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Hay alusiones a sus admirados poetas, pero también a la música (Serrat, Rosendo, Burnbury, Rafa Berrio) y el cine (La estrategia del caracol, de Sergio Cabrera). Y gustándole jugar con todo ello, una veces impulsado por la admiración y otras por la ironía (Enrique Iglesias y su spanglish I want to be contigo), insiste en lo difícil que es la comunicación, tanto en la vida como en su obra, reflejo de aquella. “Que dos personas lleguen a conectar y permanecer juntas es uno de los misterios de la vida”. Como misterioso, más bien trágico, es que no nos demos cuenta de lo que sucede en ese “Mediterráneo en el que nos bañamos en verano”. “Se están muriendo miles de personas y, a ese ritmo, va a ser con el tiempo una bestialidad que pasará a la historia como lo ocurrido con los nazis”. Eso sí, pese a todo, Moisés Yagües proclama: “Siempre son buenos tiempos para la lírica”. Sus Versos robados lo demuestra.

No dejes que tus ideas se pierdan en el fondo de tu cabeza, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

No dejes que tus ideas se pierdan en el fondo de tu cabeza, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres

A El Manchas no se le va de la cabeza

Amores imposibles, de El Manchas
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de abril de 2017

“Soy un artista no bipolar, sino tripolar, que es mucho más jodido”. Quien esto dice es Antonio Mancheño ‘El Manchas’, cuya obra da fe de ese carácter dividido que confluye en una mezcla de arte pop (“muy popi, exageradamente pop, que es como empecé”) y figuración centrada en sus ya famosos hombres con cabeza de caja. “Llevo haciéndolos desde hace seis o siete años y no hay manera de quitármelos de encima”, explica. De quitarse de encima a esos hombres respetables (“sí, pueden ser políticos o banqueros”) y las cajas de cartón que sustituyen a sus cabezas: “Todo muy siniestro”.

El casi medio centenar de piezas que presenta en la galería Alba Cabrera lleva por título Amores imposibles: “En esta ocasión, más que las propias obras, lo que más me ha costado ha sido dar con el título”. Pensó en ‘The sun and the rain’ (El sol y la lluvia), pero al final se decantó por esos amores imposibles que terminan describiendo su propia actitud artística: “Es que yo pongo un cuadro que haya hecho el lunes con otro realizado el martes y no se parecen”. La gente sí los reconoce como propios de él, menos él: “Me extrañan a mí, no a los demás, que parecen ver cierta coherencia”.

Obra de El Manchas. Galería Alba Cabrera.

Obra de El Manchas. Galería Alba Cabrera.

Y la coherencia se halla precisamente en esa visión exultantemente “tripolar” que atraviesa su obra. “Me gusta mucho dibujar y mezclar cosas”. También salirse por la tangente, sin saber por qué lo hace. “La tradición del abstracto aquí en Cuenca [su ciudad natal] es la ostia y a mí me ha dado por el pop; cada uno tiene que perderse en su camino”. Algunos de esos caminos por los que se pierde se hallan en Alba Cabrera, donde El Manchas expone por primera vez, tras haberlo hecho antes en la ya desaparecida galería Rosalía Sender.

“Creo que lo que hago tiene un rollo mediterráneo, muy Equipo Crónica, muy del tipo Fallas; no sé, pega conmigo”, dice para justificar su presencia, más o menos habitual, en Valencia. Como pega su querencia por las cosas desproporcionadas: “Me gusta poner a los animales en sitios extraños o bien comparados con elementos pequeños que no funcionan entre sí”. Lo dice en alusión a ese enorme rinoceronte abatido por una avioneta de mucho menor tamaño. O al elefante que supera ciertos tejados de un barrio de Cuenca.

Obra de El Manchas. Imagen cortesía de la Galería Alba Cabrera.

Obra de El Manchas. Imagen cortesía de la Galería Alba Cabrera.

“Me gusta crear cierto desasosiego”. Y con esto vuelve a su serie de hombres con cabezas de caja. “A un mendigo no le puedes poner una de esas cajas”. Por eso las vincula con representantes del poder a los que rebaja su status transformando sus cabezas en cajas, en sobresalientes lápices, en tuercas o simples ralladuras, muy propias de quien reconoce que “si tuviera una labia más buena, sabría explicar todo eso que se me pasa por la cabeza”.

Su obra lo dice por él, relacionando esa animalidad literal aquí representada por elefantes o rinocerontes, con esa animalidad más humana de quienes nos a veces torpemente nos representan: “No lo había pensado así, pero me gusta esa lectura”. Al igual que le gusta la publicidad tan presente en su obra: gomas Milan, pegamento Imedio, papel Elefante…”No se puede pensar en una imagen de gran poder icónico sin pensar en la publicidad”. De nuevo sale a flote lo bipolar e incluso tripolar de la conducta humana, que tan pronto abomina de esa publicidad que nos seduce y manipula, como se siente poderosamente atraído por ella: “Coca Cola o Apple, con la puta manzana, tienen imágenes muy potentes”.

Obra de El Manchas. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de El Manchas. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

También hay calaveras en su obra (“me gustan mucho, no sé por qué”) y referencias a The Rolling Stones, más en concreto al jardinero de Keith Richards: “Se llamaba Jack y me lo imagino dando saltos, de ahí lo de Jumpin’Jack [una de las piezas de la exposición]”. Y retoma las calaveras: “Son más parecidas entre sí que las caras de cada uno, que son todas distintas”.

Hay textos periodísticos, la mayoría fragmentados, en el interior de algunos de sus trabajos: “Textos que no dicen nada, garabatos muchas veces y meramente estéticos”. Aún así, reconoce que el hecho de que no utilice, por ejemplo, recortes de recetas de cocina, “seguramente quiere decir algo, pero no lo sé”. Lo que sí sabe es de dónde le viene El Manchas: “Los chavales en EGB, como me apellidaba Mancheño, se pusieron a jugar con él y, como ya entonces dibujaba garabatos y manchas, pues El Manchas, y la verdad es que me gusta”.

Obra de El Manchas. Galería Alba Cabrera.

Obra de El Manchas. Galería Alba Cabrera.

Salva Torres

Metrópoli, un instante solidificado

‘Con-vivencias urbanas’, de José Juan Gimeno
Galería Alba Cabrera
C / Felix Pizcueta, 20. Valencia
Inauguración 26 de enero de 2017 a las 20h

En un mundo tan convulso como apasionante, la coexistencia pacífica y armoniosa en las ciudades nos remite a los espacios de con-vivencia que propone José Juan Gimeno (Valencia, 1961) en esta exposición. La singularidad marca el límite entre lo público y lo privado; desdibuja la realidad de lo cotidiano en un envite anónimo que se resigna a interpretar aquellas curiosidades que esconde ante los ojos fascinados del espectador. Esto no es una ciudad, es la ciudad por donde el artista deambula observando cuando la ciudad enmudece y el ocaso asoma, y aguarda hasta que todo y el todo silencian su actividad para dejar la vida solidificada y captar ese instante. Gimeno, apuesta por una soñada quietud donde la linealidad del trazo ordenado del lienzo o soporte se yuxtapone y este ejercicio requiere que el artista agudice sus sentidos “en una búsqueda donde la poética de lo privado y el lugar de paso marca una sinfonía pictórica”, en sus palabras.

Lo primero que observamos es la intencionada ausencia humana, una acción inactiva que cubre de misterio su aguda mirada de la metrópoli. José Juan Gimeno intercala y superpone iconografías donde modula, por ejemplo, dos estaciones que indican la salida y la llegada con dos puntos geográficos distantes en más de 300 kilómetros de distancia. A nuestra imaginación se le otorga el encargo de realizar el recorrido que une a dos ciudades o a dos barrios, en segundos, facilitando en una misma instantánea esta quimera fantástica. Esta particular visión de congregar en una misma obra dos ubicaciones, como se señala, y proponer líneas como ‘excusas visuales’ es una realidad capaz de establecer vínculos cercanos al imaginario cubista.

Se nos descubren escenografías en un paseo que se detiene donde los espacios recobran el anonimato que el antropólogo francés Marc Augé (1935) denominó como “no-lugar”: esos lugares donde la transitoriedad carece de importancia para ser verdaderos “lugares”. José Juan Gimeno convierte lo urbano en un tema recurrente y coincide con Augé en fijar su foco en la configuración de los espacios, esos espacios donde se han definido sin duda por el transitar inexistente de individuos en el momento captado en una iconografía muy característica en su obra.

Una de las piezas de José Juan Gimeno. Imagen cortesía Alba Cabrebra.

Una de las piezas de José Juan Gimeno. Imagen cortesía Alba Cabrebra.

¿Cuál es el sentido de la persistencia de las ventanas que aparecen diseminadas a lo largo de estas pinturas? las ventanas son el elemento que Gimeno utiliza como verdadero ‘paréntesis’, moratorias de las conjeturadas cotidianas y, al mismo tiempo, una extensión de su vida interior recluida a un segundo plano y exponiendo la fachada como plano principal. El literato griego Constantino Kavafis (1863-1933), afirmaba: “Sin darme cuenta me encerraron fuera del mundo”, y es en su mundo donde José Juan nos muestra un mismo patrón que se repite en casi toda la obra de esta exposición: parte de una imagen de un lugar público (tienda, museo, aeropuerto, estación de trenes… ), y la fusiona con un edificio o vivienda particular pero con una forma de acción inactiva. En el cuadro en el que no aparece el espacio público, esa imagen está próxima a una estación o lugar de tránsito que busca sin duda esas Con-vivencias urbanas. La ventana es un motivo visual, es un instante, una escena o un momento significativo donde el tiempo es el comensal del espacio de arte.

Asoma una manifiesta coincidencia que recuerda a la codificada modernidad líquida que el sociólogo, filósofo y ensayista polaco de origen judío, Zygmunt Bauman (1925- 2017), acuñó en la década de los 90. La “modernidad líquida” describe un mundo contemporáneo en un flujo donde los individuos subsisten sin raíces y son despojados de cualquier signo de referencia imaginable e incluso son obviados hasta ser invisibles e inexistentes, como en el caso de las Con-Vivencias Urbanas que dan título a esta muestra. Tanto en las obras de Bauman como en la  obras de José Juan Gimeno, se explora la fragilidad de la conexión humana en su tiempo, sin importar a qué siglo referencia cada uno, poniendo de manifiesto la inseguridad que crea un mundo en constante cambio. La vida dentro del proceso por el cual el individuo pasa a integrarse en el engranaje de una sociedad cada vez más global /local/ glocal, turba la identidad fija y la hace maleable, indivisible este proceso que arrastra la vida. Se torna voluble inquietando hasta tal punto al artista que se cuestiona el desintegramiento de las sociedades colectivas.

En este espacio es donde la con-vivencia de cada día asoma por la ventana en una cambiante fisonomía que adecua a los tiempos y a los habitantes. En una quietud vertiginosa ubica una identidad escurridiza en donde esconde y replica su individual dependencia del otro, y es ahí donde se encuentra la esperanza de crear condiciones de crecimiento sostenible, aumentar la conciencia colectiva positiva por el bien individual a partir del común, en unos versos donde pinceles, materiales y pigmentos trazan y dibujan pura poesía. La técnica que utiliza el artista es acrílico sobre tabla y serigrafía sobre metacrilato, esto le permite crear estratos que integran la entidad del conjunto y fingen el nivel social. El pintor considerado italiano, aunque nacido en Grecia, Giorgio de Chirico (1888-1978), representa obras dentro de la propia obra, característica propia del surrealismo, y aquí podemos establecer un vinculo cercano a José Juan Gimeno, ya que ambos invitan al espectador a participar dando un sentido final de lo representado en cada obra.

Imagino al artista preocupado por la propuesta de una nueva ciudad, la Smart City – ciudad inteligente-  como resultado de la necesidad cada vez más imperiosa de orientar nuestra vida hacia la sostenibilidad. Tal vez esta nueva metrópoli necesite más que nunca humanizarse y convivir con sus ciudadanos digitales, una ciberciudadanía donde la comprensión de asuntos humanos, culturales y sociales relacionados con el uso de las tecnologías conquiste a los pinceles de Gimeno.

Chele Esteve Sendra

Extremos sobre el dibujo

Naturaleza extrema, de Calo Carratalá y Helen Jones
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta el 15 de noviembre de 2016

Sin duda alguna lo que caracteriza esta nueva temporada en la galería Alba Cabrera es una fuerte apuesta por el dibujo. Esta puesta en valor de la disciplina viene de la mano de dos artistas que, aunque proyecten una producción muy diferenciada, dialogan a través de una estética cuidada.

Al entrar en la galería reconocemos pronto la mano del valenciano Calo Carratalà que, siempre interesado por el paisaje, se adentra en la selva amazónica y la representa, como un añadido y no como eje central de la producción, restando importancia al lugar físico y con el objetivo de imponer expectación a la escena. En este sentido, Carratalà plantea texturas que van desde el reflejo del agua a las marañas de los árboles, haciendo uso de una línea completamente recta.

Obra de Calo Carratalá en la exposición 'Naturaleza extrrema'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Calo Carratalá en la exposición ‘Naturaleza extrrema’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Estos territorios inhóspitos con breves atisbos de humanidad presentados por Calo Carratalà, conversan con otra tipología de naturaleza extrema hacia la que el ser humano suele dirigir su mirada con asiduidad: el cielo. Helen Jones explora, sintetiza y sobre todo realza esas formas que seguro más de una vez hemos imaginado al admirar hipnóticos cielos nebulosos. Casi a modo de muestrario, la obra expuesta de Helen Jones hace hincapié en una magnífica técnica que le ha valido el premio Jerwood Drawing 2016 recientemente. Jones no cesa de mostrar la fuerza de estos fenómenos meteorológicos y sobre todo, sus infinitas posibilidades.

Las texturas suaves y esponjosas de Jones, contrastan con los trazos duros y rectos del grafito de Calo Carratalà. Pero, contrariamente a lo que pudiera parecer, mientras que la consistencia del dibujo de Calo transmite calma y tranquilidad, el sutil y ligero método de Jones traspasa una fuerza imponente. Por ello, la extremidad referida en el título de la exposición no se refleja solo en las escenas, que son al fin y al cabo, reales; sino en el lazo existente entre técnica y concepto. El hecho de utilizar sistemas contrarios para dar a entender concepciones completamente contrarias es lo que logra encajar en un solo recorrido expositivo la obra de estos dos artistas tan diferentes, demostrando, una vez más, las infinitas posibilidades del dibujo.

Obra de Helen Jones en 'Naturaleza extrema'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Helen Jones en ‘Naturaleza extrema’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

María Ramis

Naturaleza extrema en Alba Cabrera

Naturaleza extrema, de Calo Carratalá y Helen Jones
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Inauguración: jueves 22 de septiembre, 2016, a las 20.00h

Con ‘Naturaleza extrema’, magnífica exposición de dibujo realizada por el artista torrentino Calo Carratalá y la británica Helen Jones, inicia la galería Alba Cabrera su temporada expositiva 2016-2017, que se inaugurará el jueves 22 de septiembre a las 20 hs.

Con esta muestra, la galería quiere volver a constatar el hecho, no por conocido menos importante, de la internacionalidad de sus propuestas. Los artistas puede que trabajen en distintos países, islas, o continentes, incluso que estén separados por una o más generaciones; también pertenecer a ámbitos académicos distintos. Todo ello no es óbice para que sus trabajos puedan coincidir e incluso establecer fuertes vínculos de unión antes de llegar a conocerse respectivamente.

En ‘Naturaleza extrema’ además de resaltar este hecho, se puede disfrutar de la maestría de estos dos artistas especializados en el campo del dibujo-paisaje, y pertenecientes a las últimas generaciones de artistas figurativos vinculadas a esta problemática; no sólo entendido el paisaje como el territorio que habitamos, conocemos, estudiamos, protegemos o soñamos, sino también el que interpretamos y cómo lo interpretamos.

Obra de Calo Carratalá en 'Naturaleza extrema'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Calo Carratalá en ‘Naturaleza extrema’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Una propuesta donde nos damos de bruces con unos paisajes silenciosos, majestuosos y atávicos; donde el hombre y su presencia se reduce a la anécdota, como son las interpretaciones de las selvas de Calo Carratalá, inspirados en sus viajes al Amazonas.

Obra de Helen Jones en 'Naturaleza extrema'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Helen Jones en ‘Naturaleza extrema’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Y como complemento, que no como contrapunto, apreciamos otros mares embravecidos, otros cielos de nubes blancas y fondos negros de la británica Helen Jones, paisajes vividos día a día, soñados noche tras noche desde su infancia y desde sus islas.

En esta exposición, se pueden apreciar unas obras que transitan entre la nueva metafísica del valenciano y el nuevo romanticismo de la británica, sustentado con una depurada técnica, tan pictórica y plástica como es la del carboncillo o el lápiz compuesto sobre distintos soportes, papel, calco, tabla, tela….

Obra de Calo Carratalá en la exposición 'Naturaleza extrrema'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Calo Carratalá en la exposición ‘Naturaleza extrrema’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

No sé qué pasa que lo veo todo negro

Black is Back, de Luis Rivera
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de julio de 2016

La versión al castellano que muchos grupos han hecho del ‘Paint it black’ de The Rolling Stones, ahora que se cumplen 50 años de su grabación, comienza así: “No sé qué pasa que lo veo todo negro”. Entonces sabíamos que se debía al racismo y la ausencia de ciertos derechos civiles por los que Rosa Parks, una década antes, luchó negándose a ceder su asiento a un blanco en un autobús. ¿Hay razones ahora para verlo todo negro? Sí, pero desde otro punto de vista: el que muestra Luis Rivera en la galería Alba Cabrera mediante la exposición Black is back.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

“El machismo y el racismo son dos grandes atrocidades”, exclama Rivera. Y a lomos de esas dos grandes lacras va dando rienda suelta a su imaginación en forma de siluetas, figurativas y abstractas. Siluetas que parecen devolver la vida, a partir de sombras y viceversa, a quienes hicieron del jazz un enorme acto creativo y reivindicativo por su discriminado color. El propio Rivera lo subraya al pie del retrato de James Brown, cuando este canta orgulloso: “Say it loud, I’m black I’m proud” (Dílo alto, soy negro y estoy orgulloso).

Y orgulloso exhibe Luis Rivera el centenar de piezas, 22 más grandes y móviles, 80 pequeñas y 11 compuestas, que conforman su Black is back visual y sonoro. Visual, porque mediante una aplicación de móvil con linterna saltan a la vista esas siluetas como prolongación de sombras ilustres: Billie Holiday, Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Miles Davis, Louis Armstrong, B.B. King, Ray Charles, Aretha Franklin o Jimi Hendrix. Y sonoro, porque mediante la aplicación de lector QR se puede escuchar la música incorporada en las piezas.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Así es como Black is back convierte la galería Alba Cabrera en Nueva Orleans o Nueva York, para que Valencia destile autenticidad negra. “Juego a la abstracción desde la figuración y viceversa en un acto reivindicativo de la negritud”. Una negritud que Rivera rescata de su lectura peyorativa en torno a lo oscuro y negativo, para que resalten y brillen los astros del jazz. Desde el “grito de protesta” con el que arranca la exposición con Billie Holiday y su “saxo preferido” Lester Young, al puñetazo con el que cierran el recorrido Malcom X, Martin Luther King o Cassius Clay, del que Rivera recuerda su famoso “vuelo como una mariposa, pico como una abeja”.

“A mí en la facultad me decían que el negro es la ausencia de color. Bueno, pues yo aquí digo que el negro es color”. Dicho y hecho. A partir de numerosas sombras, Rivera ha ido dando forma a esos rostros del jazz, algunos fácilmente reconocibles y otros reducidos a unos cuantos trazos minimalistas.  “Se crea un lenguaje con el espectador que se contagia de la idea de descubrir quién es quién”. Todos esas siluetas poblando la sala como si de una jam session antológica se tratara. Mezcla de pintura, escultura, efectos de luz y sombras y evocaciones sonoras. “Es una proyección, un léxico que va más allá, creando incluso cierto espacio arquitectónico”.

Jimi Hendrix en 'Black is back', de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Jimi Hendrix en ‘Black is back’, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Luis Rivera dice en el propio texto de la exposición que en la sala se pueden “escuchar canciones con sus teléfonos móviles, despertar sensaciones, descubrir recuerdos”. No es un ejercicio de nostalgia, sino la condensación de una vitalidad que el artista exhibe como muestra del poder energético que rezuma cierta memoria. “Es una reivindicación de la sombra”. Cómo desde el fondo inconsciente que el arte da forma, ese negro que está detrás, al que alude el título, puede transformarse en el blanco de la mirada. “Investigando sobre el negro, yo voy complicando el ojo”, que salta de una estructura a otra a modo de notas musicales de las primeras big bands a los sonidos más pop, pasando por el be bop, el rhythm and blues, el funk o el rock.

Por si cabía alguna duda, Luis Rivera explica que en Black is back  hay “música negra”, en un viaje que va “desde el origen del jazz con olor a algodón y libertad, hasta la rebeldía y el desafío, todo entre la luz, el color y las sombras, la expresividad, lo abstracto y lo figurativo”. Porque basta un ligero movimiento de la luz de la linterna del móvil para que Chuck Berry, Stevie Wonder, Bob Marley o la andrógina Grace Jones muden su expresión. Ahora ya se sabe por qué Luis Rivera lo ve todo negro.

Francisco Blanco Latino, de Sedajazz, con sus jóvenes músicos, interviniendo con motivo de la exposición 'Black is Back', de Luis Rivera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Francisco Blanco Latino, de Sedajazz, con sus jóvenes músicos, interviniendo con motivo de la exposición ‘Black is Back’, de Luis Rivera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres