Miedos Cruzados. Ángeles Corella y Victoria Santesmases

Miedos cruzados. Ángeles Corella y Victoria Santesmases
Galería Alba Cabrera
C/Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta el 10 de noviembre 2018

Las paredes de la Galería Alba Cabrera generan un gran abanico de emociones encontradas, desde el terror más absoluto hasta una sensación de libertad privada y ganada. La visión vibrante de Victoria Santesmases y Ángeles Corella, en torno a una temática de rabiosa actualidad, como la violencia machista, concuerda a la perfección con las bases rompedoras de la galería.

Miedos Cruzados pertenece a la extensa trayectoria creativa de Santesmases, donde aúna artes plásticas y su labor como docente. Gracias a su capacidad traductora de vivencias, usando el arte como vehículo, obtuvo la medalla al mérito cultural de Castilla La Mancha el pasado día 8 de octubre de 2018.

Sin embargo, toda prosa necesita un verso que refuerce el mensaje. Con este fin, la escritora Ángeles Corella compuso una serie de poemas donde plasma la quinta esencia del trabajo plástico. Evocadores y a su vez reflexivos, cargando contra consciencias acomodadas, lanzando el guante a una sociedad falta de lucha y hermanamiento.

‘Miedo a morir, miedo de seguir viviendo.
Miedo del miedo’

La obra expuesta creada a partir de verso y prosa, como la vida misma, juega con rojos vibrantes sobre fondos blancos, espirales blancas, e interacciones directas con el visitante. La inteligente utilización de la perspectiva genera diferentes gamas cromáticas a partir de un mismo blanco mate.

Imagen: cortesía de la galería Alba Cabrero. 'Grafías del dolor', selección de Miedos Cruzados

Imagen: cortesía de la galería Alba Cabrera. ‘Grafías del dolor’, selección de Miedos Cruzados

Para alcanzar este punto catártico destaca el empleo de diferentes materiales, desde hilo rojo cosiendo heridas imaginadas y clavadas, hasta papel de distintos gramajes simulando el relieve de la piel. Esta elección aporta un carácter más humano y cercano, recreando obras tridimensionales, que implican la sensibilidad y consciencia social usando la voz femenina, anónima, como narrador de una historia próxima a todos.

‘Parí un deseo y luego otro, otro y uno más.
Según iban naciendo los dejaba en el camino
Cuando me miro, sólo veo una cicatriz cosiéndome la cara’

Imagen: cortesía de la galería Alba Cabrero. Obra titulada Camino de espinas, se compone a partir de pintura sobre plexiglás y la incorporación de varillas.

Imagen: cortesía de la galería Alba Cabrera. Obra titulada Camino de espinas, se compone a partir de pintura sobre plexiglás y la incorporación de varillas.

La violencia machista siempre estuvo presente en el plano artístico, bien como modelo o como ejecutora. El arte rupestre presenta estudios apoyando una discriminación al papel femenino en la sociedad, relegando su función a actividades meramente familiares. Esta reflexión invita a buscar en los grandes yacimientos representaciones femeninas, para darnos cuenta que serán los hombres quienes pueblan paredes y plaquetas en su mayoría.

El movimiento renacentista presenta como paradigma una nueva consciencia antropocentrista, un despertar a la reflexión. Sin embargo, seguimos encontrando  representaciones que destacan esta situación de infravaloración  femenina como ocurre en Susanna ei  vecchioni de Artemisa Gentileschi, o El rapto de las Sabinas, raptadas y violadas como afrenta a los Sabinos.

Imagen: Cortesía Galería Alba Cabrero. Obra recogida en el   magnífico libro-artista que se integra en la colección. Por Ángeles Corella.

Imagen: Cortesía Galería Alba Cabrera. Obra recogida en el magnífico libro-artista que se integra en la colección.  Construido por Ángeles Corella.

Pero no debemos remontarnos cientos de años, en el siglo XX destaca la gran revolución femenina, donde las artistas obtuvieron su sitio en la historia del arte no sin tener que luchar día a día. Es el caso de Nan Goldin o Louise Bourgeois, quienes expusieron la problemática machista sin tapujos. De nuevo la violencia sigue siendo un tema recurrente en sus representaciones.

Podríamos creer que, a día de hoy, las obras que muestran escenas de supremacía machista resultan trilladas y vinculadas al pasado, incluso casposas. Sin embargo, no tenemos más que recurrir a Miedos Cruzados y a la necesidad de recordar que estamos aquí, que siguen muriendo mujeres a manos de quienes eligen amarlas libremente, que siguen teniendo un papel de segunda en la sociedad, que siguen siendo objeto de burla y discriminación. Y surgen varias preguntas evidentes: ¿si desde los primeros tiempos existe esta desigualdad, será algo inherente al ser humano? ¿Estamos predestinadas a ser personal de segunda? ¿La unión de dos cromosomas al azar tiene el poder de dictar nuestro estatus social?

Realmente no existe una respuesta que calme todas las consciencias, pero lo que sí queda patente es la responsabilidad que tenemos como sociedad, para que las generaciones venideras se apoyen en los ejemplos mencionados exclusivamente para defender el gran recorrido andado, y no para tener que seguir escribiendo crónicas de muertes anunciadas.

Imagen: Cortesía de Galería Alba Cabrero. Detalle  la portada. Grafías del dolor. Pintura y papel cortado

Imagen: Cortesía de Galería Alba Cabrera. Detalle la portada. Grafías del dolor. Pintura y papel cortado.

Victoria Herrera Lluch

Los versos robados con admiración por Moisés Yagües

Versos robados, de Moisés Yagües
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta el 12 de junio de 2018

Ha robado (“la verdad es que suena mal”) versos de grandes poetas: Miguel Hernández, Caballero Bonald, Luis Cernuda, Cristina Peri Rossi, Antonio Gamoneda, Juan José Téllez, Ana Merino… Aunque lo ha hecho “con buena intención”: la de trasladar a su particular universo creativo la hondura de sus admirados poetas. De hecho, Moisés Yagües reconoce en ellos su verdadera vocación: “Más que pintor, me hubiera gustado ser poeta”. Y la verdad es que viendo su obra, diríase impregnada de ese aliento poético que tanto anhela.

A veces confundo el amor con una escalera, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

A veces confundo el amor con una escalera, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Los Versos robados que dan título al conjunto expositivo que presenta en la galería Alba Cabrera le han permitido indagar en las relaciones humanas, con esa mezcla de profundidad e ironía que caracteriza su trabajo. Si comedia es igual a tragedia más tiempo, como dice uno de los personajes de Delitos y faltas (Woody Allen), la obra de Yagües estaría atravesada de esa vis cómica, bajo cuya apariencia emerge una sutil amargura. “La vida es un poco tragicomedia”, secunda el artista murciano, que el 15 de mayo inaugura en su natal Molina de Segura otra exposición, esta vez en torno a las fronteras, realizada con la ayuda de sus alumnos de primaria.

De nuevo la poesía y la realidad, en forma de drama migratorio, dándose la mano entre una exposición y otra, y en el interior de cada una de sus obras. Un conjunto de versos robados, de cuyo proyecto seleccionó Graciela Devincenzi, responsable de Alba Cabrera, las piezas que integran la muestra. “No soy un especialista en poesía, pero he ido anotando en una libreta ideas de los poetas que leía”. Ideas que ha trasladado a su pintura, a veces partiendo de los versos y otras simplemente dejándose llevar.

Qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

“Jugar con el lenguaje es una de las cosas que más admiro”. Un juego en el que los poetas se la juegan de tanto buscar en el interior de las palabras su esencia. “Es una cosa que no está valorada. Ningún poeta vive de la poesía, ni siquiera los que tienen una gran trayectoria”. Por eso proclama Moisés Yagües: “Los poetas son gente admirable, porque trabajan verdaderamente por amor al arte”. Un arte basado en “contar tanto con tan pocas palabras”. A rebufo de ese espíritu lacónico, pero intenso, él también juega con los colores, sus entrañables personajes y las ideas que le pasan por la cabeza, destilando un sinfín de sugerentes historias.

“Siempre intento contar algo con las imágenes y los títulos”. Imágenes protagonizadas por unos seres que quieren comunicarse entre sí, pero que hallan dificultades para hacerlo, a pesar de las escaleras y los puentes trazados entre ellos. “La incomunicación está ahí y yo creo que, a raíz de Internet y la aparente comunicación existente, incluso ha empeorado”. Y agrega: “La tecnología puede ser maravillosa en un sentido, pero en otro empobrece”. De nuevo la faz amable y su envés amargo manteniendo un pulso en su trabajo.

Es bonito el amor cuando se hace, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Es bonito el amor cuando se hace, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Hay alusiones a sus admirados poetas, pero también a la música (Serrat, Rosendo, Burnbury, Rafa Berrio) y el cine (La estrategia del caracol, de Sergio Cabrera). Y gustándole jugar con todo ello, una veces impulsado por la admiración y otras por la ironía (Enrique Iglesias y su spanglish I want to be contigo), insiste en lo difícil que es la comunicación, tanto en la vida como en su obra, reflejo de aquella. “Que dos personas lleguen a conectar y permanecer juntas es uno de los misterios de la vida”. Como misterioso, más bien trágico, es que no nos demos cuenta de lo que sucede en ese “Mediterráneo en el que nos bañamos en verano”. “Se están muriendo miles de personas y, a ese ritmo, va a ser con el tiempo una bestialidad que pasará a la historia como lo ocurrido con los nazis”. Eso sí, pese a todo, Moisés Yagües proclama: “Siempre son buenos tiempos para la lírica”. Sus Versos robados lo demuestra.

No dejes que tus ideas se pierdan en el fondo de tu cabeza, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

No dejes que tus ideas se pierdan en el fondo de tu cabeza, de Moisés Yagües. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres

A El Manchas no se le va de la cabeza

Amores imposibles, de El Manchas
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de abril de 2017

“Soy un artista no bipolar, sino tripolar, que es mucho más jodido”. Quien esto dice es Antonio Mancheño ‘El Manchas’, cuya obra da fe de ese carácter dividido que confluye en una mezcla de arte pop (“muy popi, exageradamente pop, que es como empecé”) y figuración centrada en sus ya famosos hombres con cabeza de caja. “Llevo haciéndolos desde hace seis o siete años y no hay manera de quitármelos de encima”, explica. De quitarse de encima a esos hombres respetables (“sí, pueden ser políticos o banqueros”) y las cajas de cartón que sustituyen a sus cabezas: “Todo muy siniestro”.

El casi medio centenar de piezas que presenta en la galería Alba Cabrera lleva por título Amores imposibles: “En esta ocasión, más que las propias obras, lo que más me ha costado ha sido dar con el título”. Pensó en ‘The sun and the rain’ (El sol y la lluvia), pero al final se decantó por esos amores imposibles que terminan describiendo su propia actitud artística: “Es que yo pongo un cuadro que haya hecho el lunes con otro realizado el martes y no se parecen”. La gente sí los reconoce como propios de él, menos él: “Me extrañan a mí, no a los demás, que parecen ver cierta coherencia”.

Obra de El Manchas. Galería Alba Cabrera.

Obra de El Manchas. Galería Alba Cabrera.

Y la coherencia se halla precisamente en esa visión exultantemente “tripolar” que atraviesa su obra. “Me gusta mucho dibujar y mezclar cosas”. También salirse por la tangente, sin saber por qué lo hace. “La tradición del abstracto aquí en Cuenca [su ciudad natal] es la ostia y a mí me ha dado por el pop; cada uno tiene que perderse en su camino”. Algunos de esos caminos por los que se pierde se hallan en Alba Cabrera, donde El Manchas expone por primera vez, tras haberlo hecho antes en la ya desaparecida galería Rosalía Sender.

“Creo que lo que hago tiene un rollo mediterráneo, muy Equipo Crónica, muy del tipo Fallas; no sé, pega conmigo”, dice para justificar su presencia, más o menos habitual, en Valencia. Como pega su querencia por las cosas desproporcionadas: “Me gusta poner a los animales en sitios extraños o bien comparados con elementos pequeños que no funcionan entre sí”. Lo dice en alusión a ese enorme rinoceronte abatido por una avioneta de mucho menor tamaño. O al elefante que supera ciertos tejados de un barrio de Cuenca.

Obra de El Manchas. Imagen cortesía de la Galería Alba Cabrera.

Obra de El Manchas. Imagen cortesía de la Galería Alba Cabrera.

“Me gusta crear cierto desasosiego”. Y con esto vuelve a su serie de hombres con cabezas de caja. “A un mendigo no le puedes poner una de esas cajas”. Por eso las vincula con representantes del poder a los que rebaja su status transformando sus cabezas en cajas, en sobresalientes lápices, en tuercas o simples ralladuras, muy propias de quien reconoce que “si tuviera una labia más buena, sabría explicar todo eso que se me pasa por la cabeza”.

Su obra lo dice por él, relacionando esa animalidad literal aquí representada por elefantes o rinocerontes, con esa animalidad más humana de quienes nos a veces torpemente nos representan: “No lo había pensado así, pero me gusta esa lectura”. Al igual que le gusta la publicidad tan presente en su obra: gomas Milan, pegamento Imedio, papel Elefante…”No se puede pensar en una imagen de gran poder icónico sin pensar en la publicidad”. De nuevo sale a flote lo bipolar e incluso tripolar de la conducta humana, que tan pronto abomina de esa publicidad que nos seduce y manipula, como se siente poderosamente atraído por ella: “Coca Cola o Apple, con la puta manzana, tienen imágenes muy potentes”.

Obra de El Manchas. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de El Manchas. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

También hay calaveras en su obra (“me gustan mucho, no sé por qué”) y referencias a The Rolling Stones, más en concreto al jardinero de Keith Richards: “Se llamaba Jack y me lo imagino dando saltos, de ahí lo de Jumpin’Jack [una de las piezas de la exposición]”. Y retoma las calaveras: “Son más parecidas entre sí que las caras de cada uno, que son todas distintas”.

Hay textos periodísticos, la mayoría fragmentados, en el interior de algunos de sus trabajos: “Textos que no dicen nada, garabatos muchas veces y meramente estéticos”. Aún así, reconoce que el hecho de que no utilice, por ejemplo, recortes de recetas de cocina, “seguramente quiere decir algo, pero no lo sé”. Lo que sí sabe es de dónde le viene El Manchas: “Los chavales en EGB, como me apellidaba Mancheño, se pusieron a jugar con él y, como ya entonces dibujaba garabatos y manchas, pues El Manchas, y la verdad es que me gusta”.

Obra de El Manchas. Galería Alba Cabrera.

Obra de El Manchas. Galería Alba Cabrera.

Salva Torres

Metrópoli, un instante solidificado

‘Con-vivencias urbanas’, de José Juan Gimeno
Galería Alba Cabrera
C / Felix Pizcueta, 20. Valencia
Inauguración 26 de enero de 2017 a las 20h

En un mundo tan convulso como apasionante, la coexistencia pacífica y armoniosa en las ciudades nos remite a los espacios de con-vivencia que propone José Juan Gimeno (Valencia, 1961) en esta exposición. La singularidad marca el límite entre lo público y lo privado; desdibuja la realidad de lo cotidiano en un envite anónimo que se resigna a interpretar aquellas curiosidades que esconde ante los ojos fascinados del espectador. Esto no es una ciudad, es la ciudad por donde el artista deambula observando cuando la ciudad enmudece y el ocaso asoma, y aguarda hasta que todo y el todo silencian su actividad para dejar la vida solidificada y captar ese instante. Gimeno, apuesta por una soñada quietud donde la linealidad del trazo ordenado del lienzo o soporte se yuxtapone y este ejercicio requiere que el artista agudice sus sentidos “en una búsqueda donde la poética de lo privado y el lugar de paso marca una sinfonía pictórica”, en sus palabras.

Lo primero que observamos es la intencionada ausencia humana, una acción inactiva que cubre de misterio su aguda mirada de la metrópoli. José Juan Gimeno intercala y superpone iconografías donde modula, por ejemplo, dos estaciones que indican la salida y la llegada con dos puntos geográficos distantes en más de 300 kilómetros de distancia. A nuestra imaginación se le otorga el encargo de realizar el recorrido que une a dos ciudades o a dos barrios, en segundos, facilitando en una misma instantánea esta quimera fantástica. Esta particular visión de congregar en una misma obra dos ubicaciones, como se señala, y proponer líneas como ‘excusas visuales’ es una realidad capaz de establecer vínculos cercanos al imaginario cubista.

Se nos descubren escenografías en un paseo que se detiene donde los espacios recobran el anonimato que el antropólogo francés Marc Augé (1935) denominó como “no-lugar”: esos lugares donde la transitoriedad carece de importancia para ser verdaderos “lugares”. José Juan Gimeno convierte lo urbano en un tema recurrente y coincide con Augé en fijar su foco en la configuración de los espacios, esos espacios donde se han definido sin duda por el transitar inexistente de individuos en el momento captado en una iconografía muy característica en su obra.

Una de las piezas de José Juan Gimeno. Imagen cortesía Alba Cabrebra.

Una de las piezas de José Juan Gimeno. Imagen cortesía Alba Cabrebra.

¿Cuál es el sentido de la persistencia de las ventanas que aparecen diseminadas a lo largo de estas pinturas? las ventanas son el elemento que Gimeno utiliza como verdadero ‘paréntesis’, moratorias de las conjeturadas cotidianas y, al mismo tiempo, una extensión de su vida interior recluida a un segundo plano y exponiendo la fachada como plano principal. El literato griego Constantino Kavafis (1863-1933), afirmaba: “Sin darme cuenta me encerraron fuera del mundo”, y es en su mundo donde José Juan nos muestra un mismo patrón que se repite en casi toda la obra de esta exposición: parte de una imagen de un lugar público (tienda, museo, aeropuerto, estación de trenes… ), y la fusiona con un edificio o vivienda particular pero con una forma de acción inactiva. En el cuadro en el que no aparece el espacio público, esa imagen está próxima a una estación o lugar de tránsito que busca sin duda esas Con-vivencias urbanas. La ventana es un motivo visual, es un instante, una escena o un momento significativo donde el tiempo es el comensal del espacio de arte.

Asoma una manifiesta coincidencia que recuerda a la codificada modernidad líquida que el sociólogo, filósofo y ensayista polaco de origen judío, Zygmunt Bauman (1925- 2017), acuñó en la década de los 90. La “modernidad líquida” describe un mundo contemporáneo en un flujo donde los individuos subsisten sin raíces y son despojados de cualquier signo de referencia imaginable e incluso son obviados hasta ser invisibles e inexistentes, como en el caso de las Con-Vivencias Urbanas que dan título a esta muestra. Tanto en las obras de Bauman como en la  obras de José Juan Gimeno, se explora la fragilidad de la conexión humana en su tiempo, sin importar a qué siglo referencia cada uno, poniendo de manifiesto la inseguridad que crea un mundo en constante cambio. La vida dentro del proceso por el cual el individuo pasa a integrarse en el engranaje de una sociedad cada vez más global /local/ glocal, turba la identidad fija y la hace maleable, indivisible este proceso que arrastra la vida. Se torna voluble inquietando hasta tal punto al artista que se cuestiona el desintegramiento de las sociedades colectivas.

En este espacio es donde la con-vivencia de cada día asoma por la ventana en una cambiante fisonomía que adecua a los tiempos y a los habitantes. En una quietud vertiginosa ubica una identidad escurridiza en donde esconde y replica su individual dependencia del otro, y es ahí donde se encuentra la esperanza de crear condiciones de crecimiento sostenible, aumentar la conciencia colectiva positiva por el bien individual a partir del común, en unos versos donde pinceles, materiales y pigmentos trazan y dibujan pura poesía. La técnica que utiliza el artista es acrílico sobre tabla y serigrafía sobre metacrilato, esto le permite crear estratos que integran la entidad del conjunto y fingen el nivel social. El pintor considerado italiano, aunque nacido en Grecia, Giorgio de Chirico (1888-1978), representa obras dentro de la propia obra, característica propia del surrealismo, y aquí podemos establecer un vinculo cercano a José Juan Gimeno, ya que ambos invitan al espectador a participar dando un sentido final de lo representado en cada obra.

Imagino al artista preocupado por la propuesta de una nueva ciudad, la Smart City – ciudad inteligente-  como resultado de la necesidad cada vez más imperiosa de orientar nuestra vida hacia la sostenibilidad. Tal vez esta nueva metrópoli necesite más que nunca humanizarse y convivir con sus ciudadanos digitales, una ciberciudadanía donde la comprensión de asuntos humanos, culturales y sociales relacionados con el uso de las tecnologías conquiste a los pinceles de Gimeno.

Chele Esteve Sendra

Extremos sobre el dibujo

Naturaleza extrema, de Calo Carratalá y Helen Jones
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta el 15 de noviembre de 2016

Sin duda alguna lo que caracteriza esta nueva temporada en la galería Alba Cabrera es una fuerte apuesta por el dibujo. Esta puesta en valor de la disciplina viene de la mano de dos artistas que, aunque proyecten una producción muy diferenciada, dialogan a través de una estética cuidada.

Al entrar en la galería reconocemos pronto la mano del valenciano Calo Carratalà que, siempre interesado por el paisaje, se adentra en la selva amazónica y la representa, como un añadido y no como eje central de la producción, restando importancia al lugar físico y con el objetivo de imponer expectación a la escena. En este sentido, Carratalà plantea texturas que van desde el reflejo del agua a las marañas de los árboles, haciendo uso de una línea completamente recta.

Obra de Calo Carratalá en la exposición 'Naturaleza extrrema'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Calo Carratalá en la exposición ‘Naturaleza extrrema’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Estos territorios inhóspitos con breves atisbos de humanidad presentados por Calo Carratalà, conversan con otra tipología de naturaleza extrema hacia la que el ser humano suele dirigir su mirada con asiduidad: el cielo. Helen Jones explora, sintetiza y sobre todo realza esas formas que seguro más de una vez hemos imaginado al admirar hipnóticos cielos nebulosos. Casi a modo de muestrario, la obra expuesta de Helen Jones hace hincapié en una magnífica técnica que le ha valido el premio Jerwood Drawing 2016 recientemente. Jones no cesa de mostrar la fuerza de estos fenómenos meteorológicos y sobre todo, sus infinitas posibilidades.

Las texturas suaves y esponjosas de Jones, contrastan con los trazos duros y rectos del grafito de Calo Carratalà. Pero, contrariamente a lo que pudiera parecer, mientras que la consistencia del dibujo de Calo transmite calma y tranquilidad, el sutil y ligero método de Jones traspasa una fuerza imponente. Por ello, la extremidad referida en el título de la exposición no se refleja solo en las escenas, que son al fin y al cabo, reales; sino en el lazo existente entre técnica y concepto. El hecho de utilizar sistemas contrarios para dar a entender concepciones completamente contrarias es lo que logra encajar en un solo recorrido expositivo la obra de estos dos artistas tan diferentes, demostrando, una vez más, las infinitas posibilidades del dibujo.

Obra de Helen Jones en 'Naturaleza extrema'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Helen Jones en ‘Naturaleza extrema’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

María Ramis

Naturaleza extrema en Alba Cabrera

Naturaleza extrema, de Calo Carratalá y Helen Jones
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Inauguración: jueves 22 de septiembre, 2016, a las 20.00h

Con ‘Naturaleza extrema’, magnífica exposición de dibujo realizada por el artista torrentino Calo Carratalá y la británica Helen Jones, inicia la galería Alba Cabrera su temporada expositiva 2016-2017, que se inaugurará el jueves 22 de septiembre a las 20 hs.

Con esta muestra, la galería quiere volver a constatar el hecho, no por conocido menos importante, de la internacionalidad de sus propuestas. Los artistas puede que trabajen en distintos países, islas, o continentes, incluso que estén separados por una o más generaciones; también pertenecer a ámbitos académicos distintos. Todo ello no es óbice para que sus trabajos puedan coincidir e incluso establecer fuertes vínculos de unión antes de llegar a conocerse respectivamente.

En ‘Naturaleza extrema’ además de resaltar este hecho, se puede disfrutar de la maestría de estos dos artistas especializados en el campo del dibujo-paisaje, y pertenecientes a las últimas generaciones de artistas figurativos vinculadas a esta problemática; no sólo entendido el paisaje como el territorio que habitamos, conocemos, estudiamos, protegemos o soñamos, sino también el que interpretamos y cómo lo interpretamos.

Obra de Calo Carratalá en 'Naturaleza extrema'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Calo Carratalá en ‘Naturaleza extrema’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Una propuesta donde nos damos de bruces con unos paisajes silenciosos, majestuosos y atávicos; donde el hombre y su presencia se reduce a la anécdota, como son las interpretaciones de las selvas de Calo Carratalá, inspirados en sus viajes al Amazonas.

Obra de Helen Jones en 'Naturaleza extrema'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Helen Jones en ‘Naturaleza extrema’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Y como complemento, que no como contrapunto, apreciamos otros mares embravecidos, otros cielos de nubes blancas y fondos negros de la británica Helen Jones, paisajes vividos día a día, soñados noche tras noche desde su infancia y desde sus islas.

En esta exposición, se pueden apreciar unas obras que transitan entre la nueva metafísica del valenciano y el nuevo romanticismo de la británica, sustentado con una depurada técnica, tan pictórica y plástica como es la del carboncillo o el lápiz compuesto sobre distintos soportes, papel, calco, tabla, tela….

Obra de Calo Carratalá en la exposición 'Naturaleza extrrema'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Calo Carratalá en la exposición ‘Naturaleza extrrema’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

No sé qué pasa que lo veo todo negro

Black is Back, de Luis Rivera
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de julio de 2016

La versión al castellano que muchos grupos han hecho del ‘Paint it black’ de The Rolling Stones, ahora que se cumplen 50 años de su grabación, comienza así: “No sé qué pasa que lo veo todo negro”. Entonces sabíamos que se debía al racismo y la ausencia de ciertos derechos civiles por los que Rosa Parks, una década antes, luchó negándose a ceder su asiento a un blanco en un autobús. ¿Hay razones ahora para verlo todo negro? Sí, pero desde otro punto de vista: el que muestra Luis Rivera en la galería Alba Cabrera mediante la exposición Black is back.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

“El machismo y el racismo son dos grandes atrocidades”, exclama Rivera. Y a lomos de esas dos grandes lacras va dando rienda suelta a su imaginación en forma de siluetas, figurativas y abstractas. Siluetas que parecen devolver la vida, a partir de sombras y viceversa, a quienes hicieron del jazz un enorme acto creativo y reivindicativo por su discriminado color. El propio Rivera lo subraya al pie del retrato de James Brown, cuando este canta orgulloso: “Say it loud, I’m black I’m proud” (Dílo alto, soy negro y estoy orgulloso).

Y orgulloso exhibe Luis Rivera el centenar de piezas, 22 más grandes y móviles, 80 pequeñas y 11 compuestas, que conforman su Black is back visual y sonoro. Visual, porque mediante una aplicación de móvil con linterna saltan a la vista esas siluetas como prolongación de sombras ilustres: Billie Holiday, Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Miles Davis, Louis Armstrong, B.B. King, Ray Charles, Aretha Franklin o Jimi Hendrix. Y sonoro, porque mediante la aplicación de lector QR se puede escuchar la música incorporada en las piezas.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Así es como Black is back convierte la galería Alba Cabrera en Nueva Orleans o Nueva York, para que Valencia destile autenticidad negra. “Juego a la abstracción desde la figuración y viceversa en un acto reivindicativo de la negritud”. Una negritud que Rivera rescata de su lectura peyorativa en torno a lo oscuro y negativo, para que resalten y brillen los astros del jazz. Desde el “grito de protesta” con el que arranca la exposición con Billie Holiday y su “saxo preferido” Lester Young, al puñetazo con el que cierran el recorrido Malcom X, Martin Luther King o Cassius Clay, del que Rivera recuerda su famoso “vuelo como una mariposa, pico como una abeja”.

“A mí en la facultad me decían que el negro es la ausencia de color. Bueno, pues yo aquí digo que el negro es color”. Dicho y hecho. A partir de numerosas sombras, Rivera ha ido dando forma a esos rostros del jazz, algunos fácilmente reconocibles y otros reducidos a unos cuantos trazos minimalistas.  “Se crea un lenguaje con el espectador que se contagia de la idea de descubrir quién es quién”. Todos esas siluetas poblando la sala como si de una jam session antológica se tratara. Mezcla de pintura, escultura, efectos de luz y sombras y evocaciones sonoras. “Es una proyección, un léxico que va más allá, creando incluso cierto espacio arquitectónico”.

Jimi Hendrix en 'Black is back', de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Jimi Hendrix en ‘Black is back’, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Luis Rivera dice en el propio texto de la exposición que en la sala se pueden “escuchar canciones con sus teléfonos móviles, despertar sensaciones, descubrir recuerdos”. No es un ejercicio de nostalgia, sino la condensación de una vitalidad que el artista exhibe como muestra del poder energético que rezuma cierta memoria. “Es una reivindicación de la sombra”. Cómo desde el fondo inconsciente que el arte da forma, ese negro que está detrás, al que alude el título, puede transformarse en el blanco de la mirada. “Investigando sobre el negro, yo voy complicando el ojo”, que salta de una estructura a otra a modo de notas musicales de las primeras big bands a los sonidos más pop, pasando por el be bop, el rhythm and blues, el funk o el rock.

Por si cabía alguna duda, Luis Rivera explica que en Black is back  hay “música negra”, en un viaje que va “desde el origen del jazz con olor a algodón y libertad, hasta la rebeldía y el desafío, todo entre la luz, el color y las sombras, la expresividad, lo abstracto y lo figurativo”. Porque basta un ligero movimiento de la luz de la linterna del móvil para que Chuck Berry, Stevie Wonder, Bob Marley o la andrógina Grace Jones muden su expresión. Ahora ya se sabe por qué Luis Rivera lo ve todo negro.

Francisco Blanco Latino, de Sedajazz, con sus jóvenes músicos, interviniendo con motivo de la exposición 'Black is Back', de Luis Rivera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Francisco Blanco Latino, de Sedajazz, con sus jóvenes músicos, interviniendo con motivo de la exposición ‘Black is Back’, de Luis Rivera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres

Rocío Villalonga. Éxodo o genocidio

Rocío Villalonga. El extraño flujo de la monarca
Galería Alba Cabrera, Valencia
C/ Félix Pizcueta, 20, bajo. Valencia
Inauguración: 12 de noviembre de 2015, 20h.

Reproducimos un fragmento del texto del comisario de esta exposición, acerca del proyecto de Rocío Villalonga, en el que la artista aborda la actual crisis humanitaria, que transita entre el éxodo o la migración, el destierro o el genocidio. Se trata de un nuevo trabajo de Villalonga, en el que destaca una gran instalación realizada ex profeso, que bien merece una visita.

“(…) Para abordar la cotidianidad no es posible abstraerse conscientemente de lo político, pues la lectura de un trabajo artístico no puede realizarse desligada de la realidad social que representa una determinada geografía y un determinado tiempo, pues de lo contrario nos quedaríamos en la superficie, en la anécdota. Rocío Villalonga, con su exposición en la Galería Alba Cabrera de Valencia, centra su atención en los desplazamientos no voluntarios de personas. Los movimientos migratorios no son un problema nuevo, ni es la primera vez que la artista lo trabaja en su obra. En esta exposición apuesta por formatos cargados de simbolismo, que trasladan al soporte artístico los aspectos múltiples de esta realidad fragmentada.

La ONU[1] planteó en el año 2000 la necesidad de combatir los desastres del mundo enunciando 8 objetivos de desarrollo para el Milenio, poniéndose como meta para lograr resultados el año 2015. La propia organización siempre ha reconocido el retraso que se cernía sobre el plan de trabajo establecido y la dificultad de cumplir con las previsiones. El ejercicio de la doble moral hace que los mismos estados que han contribuido a determinar una política de “tierra quemada” a favor de sus intereses, sin considerar las consecuencias humanas, ambientales y culturales, sean los que pretendan expiar sus culpas representando la figura del “donante”. Bien está que contribuyan económicamente a paliar los efectos de su codicia, pero mejor estaría si reconsideraran y modificaran los medios de explotación que emplean, para de verdad transformar la realidad del planeta. Tres cuartas partes del mismo agoniza claramente, pero en el mundo desarrollado, en la zona de privilegio, han estallado ya las alarmas que evidencian el fin de una era. La angustia humana, retransmitida por televisión durante años, provenía de lugares que nos resultaban lejanos pero, en una magnitud infinitamente menor, se ha trasladado ahora a nuestro propio escenario, para que entendamos un poco mejor su significado.

Las mariposas monarcas (Danaus plexippus) migran desde México a Canadá, y en años con vientos favorables llegan al suroeste de Gran Bretaña, a España, a Marruecos y a Rusia, siendo uno de los pocos insectos que logra realizar travesías transatlánticas. Pero lo más llamativo es que durante esos desplazamientos la mariposa se reproduce, muere y es su descendiente la que continúa el viaje sin haber recibido las enseñanzas parentales.

Rocío Villalonga toma como referencia el ejemplo de superación de esta especie para abordar la larga y dolorosa crisis humanitaria que obliga a millones de personas a abandonar sus entornos vitales para emigrar, para huir, buscando ponerse a salvo, persiguiendo el sueño de una vida mejor ante el fracaso de unos derechos humanos universales que, en realidad, no son más que tinta seca sobre papel.

Explica Enzensberger[2] que en todas las épocas ha habido grandes masacres y pobreza endémica; los enemigos eran enemigos, y los pobres eran pobres. Pero sólo desde que la historia se ha convertido en historia mundial se ha condenado a pueblos enteros declarándolos superfluos. Y curiosamente los autores de tales sentencias se mantienen despersonalizados: se llaman “colonialismo”, “industrialización”, “progreso tecnológico”, “revolución” o “colectivización”; las sentencias se dictan en voz alta y se ponen sistemáticamente en práctica, de modo y manera que a nadie le puede quedar la menor duda del destino que le ha sido asignado: éxodo o emigración, destierro o genocidio.

¿Por cuánto tiempo? ¿Por cuántas vidas?”

Rocío Villalonga. El extraño flujo de la monarca, 2015. Cortesía Galería Alba Cabrera.

Rocío Villalonga. El extraño flujo de la monarca, 2015. Cortesía Galería Alba Cabrera.

José Luis Pérez Pont


[1] http://www.un.org/spanish/millenniumgoals/
[2] ENZENSBERGER, Hans Magnus. La gran migración. Anagrama, Barcelona, 1992.

Las estructuras anímicas de Rafa de Corral

Persistencia del vacío, de Rafa de Corral
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta noviembre de 2015

¿A qué vacío se refiere Rafa de Corral cuando lo alude en una de las cuatro piezas inéditas que muestra en la galería Alba Cabrera? Para responder a esta pregunta, sin duda clave en su obra, se hace necesario desprenderse de la seguridad con la que habitualmente nos manejamos. Porque al hacerlo, descubrimos precisamente el lugar hacia el que los artistas (y Rafa de Corral lo es en alto grado) nos convocan. Lugar que no es otro que ese vacío aludido, en torno al cual los creadores van generando formas que hagan soportable la angustia de quien se arriesga a vivir próximo al caos.

Estructura ambigua, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Estructura ambigua, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Por eso Rafa de Corral combina en su obra estructuras pesadas que parecen unas veces flotar y otras alejarse de su condición sólida para evocar tumultuosos estados de ánimo. La firmeza y la fragilidad van dialogando en su obra, mostrando la tensión de la vida bajo múltiples formas. Todo empieza así: “Tengo sensaciones, veo formas y colores y los dibujo”, dice el artista. Diríase que del fondo oscuro, ése que algunas noches de infancia llegó a provocar la angustia de la que se nutre el vacío, van surgiendo esas formas y colores que, a base de inspiración y mucha transpiración, permiten alcanzar la plétora del sentido.

Rafa de Corral confiesa que a veces se pasa más de ocho horas seguidas intentando domesticar esas estructuras que parecen figuras. Porque la suya es una abstracción con los pies en el suelo, aunque sienta cómo cada vez más huye del referente. “Me impone mucho respeto la abstracción geométrica”, comenta. Esa sensación de perder pie, de alejarse por completo de la realidad, hasta caer en ese vacío que, no obstante, se muestra persistente en su obra. No sólo porque lo evoca una de sus últimas piezas (Persistencia del vacío), sino porque es su forma de trabajar.

Puerta del olvido, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Puerta del olvido, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

El vacío en la obra de Rafa de Corral se intuye en esas “estructuras con vida dentro”, según expresión del propio artista, que sin duda sirven de guía de su trabajo. Estructuras y formas que sin retorcerse, porque la línea nunca pierde su compostura, destilan una energía desbordante. Como si esas formas arquitectónicas, pesadas y firmes, perdieran precisamente su firmeza en medio de la nada. Como si la orgánica naturaleza del fondo mantuviera un pulso con esas formas próximas a derrumbarse, a pesar de su energía, de su mayestática presencia.

The Infinitive Live Ii, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

The Infinitive Live Ii, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

“Yo lo veo como estados de ánimo, siempre bajo el signo de la dualidad, entre una parte orgánica y otra parte estructural; en lucha ambas partes”. Rafa de Corral dice trabajar con muchos bocetos previos, como si él mismo luchara por contener el vacío. Esto es, por dotarlo de contenido que amortigüe la angustia del fondo magmático, y por literalmente contenerlo a base de formas que casen con esa luz propiciada por el trabajo con los colores. “Trabajo por capas: del oscuro al claro”, dice. Y añade: “Trabajo con acrílico, pero la plasticidad me lo da el óleo”.

A base de una “luz escenográfica que genera inquietud”, Rafa de Corral va creando esas estructuras anímicas que recorren su obra en dirección a una cada vez más depurada realidad. Como si ese vacío persistente (“los títulos en mi obra son pistas, partes del cuadro”) le obligara a afinar su  propuesta con vistas a ceñirlo mejor. A reconocerse digno de la verdad que ese vacío encierra. Porque el vacío al que Rafa de Corral insiste en acercarse es, más que sinónimo de angustia, la posibilidad última de afrontarla sin miedo a perderse.

La persistencia del vacío, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

La persistencia del vacío, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres

Las geometrías depuradas de Rafa de Corral

La persistencia del vacío, de Rafa de Corral
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Inauguración: viernes 18 de septiembre, a las 20.00h

La obra de Rafa de Corral (Bilbao, 1967) ha evolucionado desde un panorama de edificaciones organizadas hacia una depuración arquitectónica, donde lo lineal cobra su máximo sentido.
Las estructuras razonadas de sus trabajos, que nos recuerdan a las obras de Mies van der Rohe, de la escuela de La Bauhaus, o a las arquitecturas de Le Corbusier, unen racionalismo, figuración y abstracción.
La depuración formal, arquitectónica y pictórica del trabajo actual de Rafa de Corral proyecta una síntesis que une lo geométrico al ilusionismo pictórico. Realiza una perfecta unión entre lo onírico y lo real, lo íntimo con lo personal.

Obra de Rafa de Corral. Cortesía de la galería Alba Cabrera.

Obra de Rafa de Corral. Cortesía de la galería Alba Cabrera.

En sus exuberantes escenas de arquitecturas geométricas, el color recalca su maestría. Los cielos brumosos, los contrastes entre las luces y las tinieblas y la intensidad de su color, nos guían al aspecto más íntimo del autor.
Se nos presenta un juego de sensaciones, donde la experiencia visual del espectador y la propia experiencia de Rafa de Corral, se unen en sus estructuras dramáticas, donde no solo la contemplación conduce hacia lo más íntimo del artista.
Un ejemplo de ello son los títulos de sus obras, que esconden historias y sensaciones, dejando la puerta abierta al espectador para profundizar en el interior y en el estado emocional del propio  autor.
Su trabajo actual se sigue sosteniendo sobre unas bases que han sido constantes a lo largo de toda su trayectoria artística. Rafa de Corral trabaja arduamente sus obras, realizando estudios previos sobre ellas, analizando cada detalle y manteniendo la arquitectura como tema primigenio. La ubicación de las escenas en un espacio atemporal, la sensación de inmensidad y el estudiado control de las formas,  también forman parte de dichas bases que tanto caracterizan al artista.
Rafa de Corral atraviesa actualmente una etapa de madurez artística, donde une lo posible con lo imposible y la realidad con la ficción, donde el vacío se expresa en su máximo exponente.

Obra de Rafa de Corral. Galería Alba Cabrera.

Obra de Rafa de Corral. Galería Alba Cabrera.