A contratiempo: Historias ocultas

A contratiempo. Medio siglo de artistas valencianas (1929 – 1980)
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
C/ Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 2 de septiembre

La reciente exposición inaugurada el 26 de abril y que se titula “A contratiempo. Medio siglo de artistas valencianas (1929 – 1980)”, constituye un homenaje a todas las mujeres represaliadas y oprimidas durante el franquismo y la repercusión que sufrieron hasta bien entrados los 80. “A quienes una vez detenidas, les rapaban el pelo, obligaban a beber aceite de ricino para provocarles diarreas y pasearlas por las calles, mientras que el resto del pueblo las insultaba y apedreaba”.

Dolores Casanova. Historia de Inglaterra. Óleo sobre lienzo, 180 x 150 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Dolores Casanova. Historia de Inglaterra. Óleo sobre lienzo, 180 x 150 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Exhibición comisariada por Mª Jesús Folch e Isabel Tejeda, ambas con un mismo objetivo, reconstruir las biografías borradas de aquellas creadoras femeninas que a pesar de la continuidad de su trabajo, se las asocia a sus maridos y sus nombres quedan en el olvido. Artistas que dan un paso hacia la modernidad jugando con la representación de nuevos estereotipos sociales y artísticos. La muestra se divide en 2 grandes bloques, en primer lugar “Una generación perdida: II República, Guerra Civil y Exilio” marcada con el inicio de la publicación en Blanco y Negro en 1929 de Manuela Ballester, determinando así su oposición contra el academicismo que dominaba en la ciudad de Valencia. En segundo término, “Dictadura y Transición”, con  toda una recopilación de fotografías y obras pictóricas en las que es evidente el retorno a los estándares de la mujer sumisa, obedeciendo a la representación de temas concretos marcados por el régimen franquista. Muestra que reúne a artistas como Cecilia Bartolomé, Soledad Sevilla, Victoria Civera, Cristina Grau, Ángela García Codoñer, Isabel Olvier, Monika Buch, Ana Peters, Juana Francés, Jacinta Gil o Amparo Segarra.

Conseguir mayor visibilidad dentro de un mundo machista en el que la mujer debía estar bajo sumisión y que tradicionalmente ha sido y es asociada a un rol de valores característicos, cordialidad, sensibilidad, compasión y como no, obediencia. Donde en el campo del arte únicamente se permitía participar a damas de alta posición social o vinculadas a dirigentes y hombres que estuvieran relacionados con el régimen franquista. Prototipos de mujer a las que se les preestablecían  temas concretos a representar como son los religiosos, políticas de propaganda con mujeres realizando las actividades ‘propias’ a su sexo, bodegones, paisajes, retratos de personajes de la alta sociedad. Ideas que se alejaban en gran mesura a la representación de vanguardias históricas consideradas contrarias al ‘espíritu español’. Incluso en las diversas Exposiciones Nacionales de Bellas Artes realizadas tras la Guerra Civil, donde escasas artistas como Julia Minguillón,  Rosario de Velasco, Amparo Palacios Escrivá entre otras y no menos importantes, participan verso un aplastante número de hombres siendo reconocidas nacionalmente pero nunca a la proyección mediático-propagandística que podía llegar cualquier artista de sexo masculino. No porque sus obras fueran de menor exquisitez, técnica o gusto sino porque la ambición, competencia y ego predominantes del rol masculino machista causaba gran estruendo dentro de las estructuras sociales.

Carmen Calvo. Sin título, 1969. Técnica mixta y gouache sobre tabla, 90 x 65 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Carmen Calvo. Sin título, 1969. Técnica mixta y gouache sobre tabla, 90 x 65 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

A partir de 1960/70 y gracias al aumento económico y la entrada masiva de turistas en el país, en el ámbito artístico se decide romper con el academicismo implantado hasta el momento y se lleva a cabo una nueva búsqueda hacia la renovación estética y prácticas abstractas que estimulará a las artistas para desarrollar técnicas, colores y representaciones novedosas, destacando las figuras de  Juana Francés y Jacinta Gil, quien realiza composiciones donde la metáfora del hombre y de la maquina adquieren un significado crítico a la sociedad y orden social. Aun así, la falta de visibilidad en torno a la creatividad femenina llevó a muchísimas artistas a asociarse en los conocidos “Salones Femeninos de Arte Actual” con el objetivo de mostrar y recuperar todo el trabajo desaparecido o borrado de las biografías de las artistas en las diferentes regiones del país, dándolas a conocer y ser valoradas dentro del contexto artístico general.

Ana Torralva y Javier Valenzuela. "Hemos abortado en el País Valenciano". Valencia Semanal, núm. 94, 4 - 11 de noviembre, 1979, pp.6 - 9. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Ana Torralva y Javier Valenzuela. “Hemos abortado en el País Valenciano”. Valencia Semanal, núm. 94, 4 – 11 de noviembre, 1979, pp.6 – 9. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Una dura lucha de la igualdad de género que ni mucho menos acaba aquí. Tenemos y debemos luchar por nuestros derechos desde la igualdad de género, ser  valoradas en el trabajo que realizamos, cobrar el mismo salario que los hombres y no inferior, vestirse como se quiera sin estar sometidas a comentarios misóginos, desprendernos y eliminar el falso mito de canon de belleza, repartir de manera justa las actividades domésticas y sobre todo, de camino a casa ser libres y no valientes.

Isabel Oliver. Cosmética (serie La mujer), 1970 - 73. Acrílico sobre tela, 98 x 98 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Isabel Oliver. Cosmética (serie La mujer), 1970 – 73. Acrílico sobre tela, 98 x 98 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Lucía Cajo

Aquellas cabezas rapadas

Jo sóc. Memòria de les rapades, de Art al Quadrat
Sala Alta del MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 1 de abril de 2018

“Yo recuerdo un día, estando en la cola del horno ‘Los amantes’ [Puerto de Sagunto], entró la Guardia Civil y cogió a varias mujeres para llevárselas; todo el mundo permaneció callado, sin protestar, y a continuación se las llevaron y las raparon”. El testimonio de Lola Alonso, recogido en el libro ‘Voces contra el olvido’ e incluido en la exposición ‘Jo sóc. Memòria de les rapades’, es uno de tantos que ha servido a Art al Quadrat para recrear en su exposición del MuVIM la serie de vilezas perpetradas contra numerosas mujeres durante el franquismo.

“El recuerdo de las mujeres a las que se rapaba la cabeza por “rojas” no lo ha podido olvidar”, se añade en el libro. Un recuerdo en el que sin duda sobresale el acto vil de sus ejecutores, pero del que conviene igualmente prestar atención a ese silencio de “todo el mundo” que asistía pasivo, “sin protestar”, ante semejante canallada. Quizás por eso, Rafael Company, director del Museo de la Ilustración y de la Modernidad, amplió el radio de acción de ese maltrato, a modo de advertencia: “No hay sociedad vacunada contra el desastre”.

Gema y Mónica del Rey, Art al Quadrat. Imagen cortesia del MuVIM

Gema y Mónica del Rey, Art al Quadrat. Imagen cortesia del MuVIM

Gema y Mónica del Rey, integrantes de Art al Quadrat, han querido por eso mismo trascender los límites espacio temporales de tan sistemática vileza, con el fin de hacer “memoria del presente”. Una memoria que ellas mismas caracterizaron así: “No es una recreación, sino la reescritura de esa memoria”. El proyecto que presentan en el MuVIM, que reúne fotografías, testimonios escritos y sonoros, e incluso la trenza cortada a una de aquellas rapadas, Marina Torres Esquer, viene precedido de una profunda investigación que culminó en noviembre con una acción performance en Sagunto.

En aquella acción, las hermanas Gema y Mónica del Rey se raparon mutuamente el cabello e hicieron el mismo paseíllo al que obligaban a esas mujeres “rojas”, con el fin de recrear la humillación sufrida. “Eran castigos aleatorios que ocurrían sin sanción jurídica alguna; eran cotidianos”, explicaron las artistas, que rememoran tan singular calvario mediante fotografías tomadas durante su acción en Sagunto. “Las víctimas quedaban marcadas indefinidamente, aunque no tuvieran secuelas físicas, pero sí quedaron grabadas en el imaginario colectivo de toda la población, probablemente para siempre”, recuerda Enrique González Duro en ‘Las rapadas. El franquismo contra la mujer’, también recogido en la exposición.

Art al Quadrat en una imagen de su acción en Sagunto. Imagen cortesía del MuVIM.

Art al Quadrat en una imagen de su acción en Sagunto. Imagen cortesía del MuVIM.

Un imaginario colectivo que Art al Quadrat está poco a poco reconstruyendo gracias a los testimonios de algunas de aquellas mujeres. “Existen en el álbum familiar, pero al ser tan íntimo se guardan. No ha llegado el momento de sacar todo eso con orgullo”, subrayan. Gema y Mónica del Rey están ello: “Vamos a ir ampliando la investigación”. Su intención es evocar lo que subyace en el título de la exposición ‘Jo sóc. Memória de les rapades’, que permanecerá en el MuVIM hasta el 1 de abril: “Aquello que sucedió de forma cotidiana, darle visibilidad hoy”. Actualizarla y que el espectador llegue a encarnar, sentir como propias, aquellas vejaciones.

Susana Blas, comisaria de la muestra, señaló que el rapado no era más que “la punta del iceberg”, bajo el cual se esconden acciones más viles aún, como pueden ser el rapado del pubis e incluso las violaciones. Art al Quadrat pretende sacar a la luz ese oscuro pasado: “Cuanto más se habla del problema menos miedo se tiene”. Company, consciente de los límites de toda exposición, pero también de sus virtudes, agregó: “No se puede reparar el mal, pero es una exposición sanadora”. Amador Griñó, jefe de exposiciones del MuVIM, abundó en ese aspecto sanador del arte, en el sentido de servir de vehículo para “restituir el honor perdido”.

Montaje fotográfico de la exposición de Art al Quadrat en el MuVIM.

Montaje fotográfico de la exposición de Art al Quadrat en el MuVIM.

‘Jo sóc. Memòria de les rapades’ tiene esa doble vertiente de investigación acerca de sucesos ocurridos en el pasado, al tiempo que arroja luz al presente. De hecho, hay una sección compuesta por nueve fotografías, en la que se recrea mediante instantáneas tomadas en la actualidad, los diversas causas por las que eran sometidas al rapado: asistir a ciertos mítines, repartir determinadas hojas, tomar el sol con vestidos de escote o simplemente atreverse a pensar o leer de forma diferente a la estipulada.

“Cuando alguna se había significado por su firmeza de juicio, por su combatividad político-social o por lo llamativo de sus actitudes, era vista como algo fuera de lo común por la gente bien pensante, debiendo ser públicamente corregida para que se arrepintiera”, recoge González Duro. Company apeló a los “esfuerzos útiles” de exposiciones como la de Art al Quadrat, “porque ayudan a pensar en lo que ocurrió”. Incluso fue más lejos: “Intentamos modificar pautas en un sentido humanístico”.

Art al Quadrat en el MuVIM.

Imagen de la exposición de Art al Quadrat. Imagen cortesía del MuVIM.

Salva Torres

Los hijos del ‘Tejerazo’

40 años de paz, de la compañía La Abducción
Sala Russafa
C / Dénia, 55. Valencia
Del 25 al 27 de noviembre de 2016

Dentro del ‘Ciclo Compañías Nacionales’ llega a Sala Russafa uno de los espectáculos revelación del 2016, que se ha convertido en un referente del talento emergente en la escena nacional. Del 25 al 27 de noviembre, el teatro de Ruzafa convierte su escenario en una piscina alrededor de la que una familia narra, mediante sus historias personales, los 40 años de paz que siguieron a la dictadura franquista.

Tras su paso por el Festival Tercera Setmana, celebrado el pasado mes de julio, regresa a Valencia esta pieza de la compañía madrileña La Abducción, escrita y dirigida por Pablo Remón, que obtuvo 4 nominaciones a los Premios Max y fue finalista a la Mejor Autoría Revelación.

Escena de '40 años de paz', de la compañía La Abducción. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Escena de ’40 años de paz’, de la compañía La Abducción. Imagen cortesía de Sala Russafa.

En una noche de borrachera, celebrando el golpe de Estado de Tejero, un general franquista cae infartado a la piscina y muere sin saber el desenlace de aquel 23F. Años después su fantasma regresa para pedirles a sus hijos que arreglen España. Pero las vidas de sus vástagos han sido el reflejo de esas tensas cuatro décadas en que todo y nada ha pasado, en que se puso un punto y seguido a la historia.

Ana Alonso, Fernanda Orazi, Francisco Reyes y Emilio Tomé dan vida a esta pieza que se generó a partir de improvisaciones y que se presenta con una sugerente puesta en escena. Retomando y cuestionando el placer de narrar, de contar, un caluroso día de julio en la meseta castellana, se reviven las anécdotas anónimas que dibujan la transición y democracia española.

Teatro de sombras.

‘Años de luz’, de la compañía Luzmicroypunto. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Teatro de sombras

Cada vez es más difícil encontrar en las carteleras el teatro de sombras, una disciplina de las artes escénicas que la compañía asturiana Luzmicroypunto trabaja por recuperar. La temporada pasada, dentro de una gira con más de 60 representaciones, trajeron a Sala Russafa ‘On el funambulista’. Ahora, Chantal Franco, Patricia Toral y Verónica R. Galán regresan con ‘Años Luz’ (26 y 27 nov) una propuesta que funciona como un delicado engranaje.

Sobre el escenario, con cañones de luz, música, recortables y siluetas se van construyendo las escenas y personajes. Una creación de la que el público es testigo y cómplice. Las protagonistas son tres hechiceras que se divierten modificando el destino de quienes le rodean hasta que descubran la amistad de la mano de una niña y un pequeño pájaro. Un espectáculo para estimular la imaginación de espectadores a partir de 4 años.

Escena de '40 años de paz'.

Escena de ’40 años de paz’, de la compañía La Abducción. Imagen cortesía de Sala Russafa. 

“Los maquis no fueron héroes ni villanos”

La España del maquis (1936-1965), de José Antonio Vidal Castaño
Punto de Vista Editores

La figura del guerrillero inspira simpatía y admiración. Un hombre decidido que, impulsado por sus ideales y convicciones más profundas, se enfrenta a una fuerza notablemente superior. España es tierra de guerrilleros. Aquí surgió esa palabra durante la Guerra de la Independencia cuando brotaron numerosas partidas y grupos de combatientes irregulares, como las de Juan Martín El Empecinado o El cura Merino. A esa estirpe de osados luchadores  pertenecen los maquis, los últimos republicanos que, una vez finalizada la guerra civil, combatieron el franquismo en grupos que actuaban de forma clandestina en zonas agrestes casi siempre amparados por la población local.

Los maquis han inspirado numerosos relatos de ficción en la literatura y el cine, así como diversos ensayos históricos que estudia el tema desde diversos ángulos y enfoques. La obra del valenciano José Antonio Vidal Castaño, ‘La España del maquis (1936-1965)’ (Punto de Vista Editores) que presentó Justo Serna el 14 de octubre en la librería Ramón Llulll, puede considerarse una novedad historiográfica destinada tanto a los expertos como a  los lectores no especializados interesados por este fascinante episodio. “Un libro necesario, un libro que no existía todavía, a medio camino entre la rigurosa investigación historiográfica y la no menos rigurosa divulgación histórica”, escribe Mercedes Yusta en el prólogo.

Portada de 'La España del maquis'.

Portada de ‘La España del maquis’.

“Hasta ahora la historia de los maquis se ha contado de manera parcializada o regionalizada, pero mi libro pretende, justamente, lo contrario”, dice Vidal Castaño. “Es el único intento de reflejar las contradicciones políticas, sociales, de la vida cotidiana y  las costumbres de la sociedad española durante un período de tiempo que abarca desde la guerra civil hasta buena parte de la inmediata posguerra, incluyendo el exilio de los republicanos españoles y su participación como resistentes antinazis en la Segunda Guerra Mundial”.

La obra refleja el fenómeno maqui en el conjunto de España pero da mayor protagonismo a la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA),  derivación del  XIV Cuerpo de Guerrilleros que se formó y actuó entre 1937 y 1939  cuya primera escuela para formación de mandos estuvo en Benimámet.

“La AGLA se desarrolló en un territorio bastante extenso que abarcaba las zonas de serranía de la provincia de Valencia, y buena parte de las de Teruel, Castellón, Cuenca, e incluso algunas zonas de Tarragona, siendo tal vez la más nutrida y bien preparada formación guerrillera de las muchas que se distribuyeron por el territorio español”, dice Vidal Castaño. “Fue la que acumuló más expectativas y generó mayores estudios y valoraciones de todo tipo”.

En ‘La España del maquis’ el autor hace un planteamiento global que abarca desde  la génesis y las causas de la violencia política y malestar social que suelen dar origen a las rebeliones, a la lucha armada, pasando por su desarrollo interno, hasta su evolución cultural en relación con la sociedad que le rodea y el contexto histórico en el que se desenvuelve.  “El libro abunda en penetraciones culturales. Por sus páginas desfilan no solo guerrilleros, militares, políticos y agentes secretos, sino también escritores como Hemingway, Céline, Muñoz Molina o Almudena Grandes. Periodistas como Félix Azzatti o Manuel Chaves Nogales; gentes del cine, como Fernán Gómez, Banderas, Marisol, Mario Camus o Gregory Peck; cantantes como Joséphine Baker, Celia Gámez, Antonio Machín y Conchita Piquer”, concluye Vidal Castaño.

José Antonio Vidal Castaño.  Fotografía de Biel Aliño.

José Antonio Vidal Castaño. Fotografía de Biel Aliño.

Bel Carrasco

¿No les suena ‘La Traca’?

La Traca. La transgresión como norma
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. València
Hasta el 15 de enero de 2017

Durante un tiempo la ciudad de Valencia produjo la revista de mayor tirada de España y también la más polémica y jocosa. Su propietario, Vicente Miguel Carceller, era además el editor más importante del país, pero el destino de ambos se interrumpió súbita y fatalmente por compartir compromiso antifascista: la publicación tuvo que dejar de editarse y Carceller fue fusilado. La Universitat de València recupera esta historia en la exposición ‘Revista La Traca. La transgresión como norma’.

La primera exposición que se realiza sobre esta publicación, que vio la luz entre finales del siglo XIX y el fin de la II República, recupera una extensa documentación que no se ha mostrado públicamente. Portadas y números completos de ‘La Traca’, ejemplares todos de gran valor que pudieron salvarse, ya que en su mayoría fueron destruidos durante el régimen franquista. La muestra podrá visitarse hasta el próximo 15 de enero en la Sala Estudi General del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

El vicerrector de Cultura e Igualdad, Antonio Ariño, señala el carácter popular de esta publicación satírica y, cómo, a través de esta muestra única, la Universitat de València rinde homenaje no solo a ‘La Traca’, sino también al conjunto de la cultura popular satírica valenciana. Asimismo, destaca el mensaje homogéneo de ‘La Traca’ que llegaba a toda la sociedad, a diferencia de Internet que propicia una forma diferente de circular la información.

Antonio Ariño estuvo acompañado en la presentación de la muestra por los comisarios, los profesores Antonio Laguna y Francesc-Andreu Martínez, para quienes esta exposición no solo reconstruye la historia del semanario y de su editor, sino también la de una cultura popular alternativa que cuajó en la Valencia de los años 30 del siglo XX a través de ‘La Traca’. Aquel semanario, que se escribía en valenciano frente a la cultura oficial en castellano, fue importante porque reflejó una cultura alternativa, a la contra, inmisericorde con la corrupción y que reivindicó la fiesta laica y popular.

Tanto Laguna como Martínez reconocen la singularidad de esta exposición producida por la Universitat de València: “No solo es la primera exposición que se realiza sobre este semanario, es que además reúne auténticas piezas de coleccionista, ya que los ejemplares que se conservan sobre ‘La Traca’ son una rareza”, coinciden ambos, que agradecen el apoyo de la Universitat por la realización de esta muestra, así como la aportación del coleccionista y erudito Rafael Solaz, crucial para reunir el material exhibido, y la ayuda de la Biblioteca Valenciana y de las Hemerotecas Municipales de Valencia y Madrid.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Martínez reivindica, además, la figura del editor valenciano Vicente Miguel Carceller (1890-1940), el hombre que editó ‘La Traca’ desde 1909 y que fue el creador de un imperio editorial, al conseguir que sus publicaciones -más de una decena-, fueran las más leídas de España, siendo el primer editor que consiguió superar el medio millón de ejemplares con ‘La Traca’ en 1931. Un total de 50 familias entre impresores, redactores, grabadores, dibujantes, personal administrativo y otros trabajaban para las publicaciones de Carceller. Pero que ‘La Traca’ fuera casi la única publicación en caricaturizar la figura de Franco tuvo consecuencias: Carceller fue fusilado en junio de 1940 en los muros del cementerio de Paterna y su obra fue destruida. Esta exposición pretende dar a conocer la historia del semanario.

La exposición, ubicada en la Sala Estudi General, está estructurada en 10 secciones, en las que se analiza, entre otras cuestiones, el papel de ‘La Traca’ en el periodismo, la figura de Carceller o las señas de esta publicación, símbolo de la República, el anticlericalismo y el erotismo, que marcaron la cultura alternativa de la época.

‘La Traca’ fue la heredera de una prensa satírica que nació a principios del siglo XIX, un periodismo que vivió su primera edad de oro entre 1868 y 1874. Tramoyeres (1880-81) contabiliza 101 periódicos entre 1868 y 1874 aparecidos en la ciudad de Valencia, de los que 28 fueron satíricos. La mayor parte de ellos eran republicanos o carlistas, lo que indica que se dirigían a un público que compartía características intelectuales y económicas; un público iletrado que requería de imágenes y nuevas formas narrativas.

La conexión entre la prensa satírica y la primera ‘Traca’ se llama Constantí Llombart, que fue su inspirador a través de las publicaciones que impulsó. En noviembre de 1884, los hijos políticos de Llombart, Manuel Lluch Soler y Luis Cebrián Mezquita, creaban ‘La Traca, Semanari pa la chent de tro’. Con todo, el protagonista indiscutible de ‘La Traca’ es Vicent Miguel Carceller (1890-1940), no solo por retomar en 1909 la cabecera creada por Lluch Soler dos décadas atrás, sino por dotarla de todos los ingredientes que acabarán convirtiéndola en la publicación señera del valencianismo que Sanchis Guarner denominó de “espardeña”, es decir, popular.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

Revista La Traca. Imagen cortesía de La Nau.

‘La Traca’ fue denunciada insistentemente a lo largo de su existencia, no solo por la crítica política que pudiera efectuar, cuanto por los dibujos y el contenido sexual que pudiera sugerir. En 1913 tuvo tres denuncias interpuestas por el fiscal por sus dibujos “pecaminosos”, que conllevaban una sanción económica de entre 25 y 125 pesetas, además del secuestro de la tirada, incluidos los clichés.

A pesar de las multas, el éxito de la publicación fue rotundo: en el balance que efectuaba en 1913 informaba tener una tirada de 12.000 ejemplares, lo que se traducía en unos ingresos que se aproximarían a las 500 pesetas semanales. Las claves de este éxito radican en la conjunción de múltiples factores, entre los que se encontraba su precio de venta, ‘una aguileta’ (5 céntimos), al alcance de cualquiera, la originalidad y la comicidad de sus contenidos.

Suspendida con la dictadura, reaparecida con la República, desde entonces, en abril de 1931, ‘La Traca’ multiplica sus contenidos para hacerse más didáctica, más visual, más provocativa. El anticlericalismo y el erotismo fueron marcas de la casa, por eso ocupan dos secciones de la exposición. El erotismo, que Carceller exprime hasta donde fiscales y jueces lo permitieron, con el fin de ganar lectores y dinero. Pero en ambos ámbitos siempre discurren con sutileza, en un velado juego de metáforas y de alusiones indirectas.

En 1934, con la llegada de la derecha al poder, la revista quedó silenciada, y la editorial que la publicaba, desmantelada. Después, con el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, la publicación que más ejemplares había sido capaz de vender en la historia del periodismo español volvió a reaparecer. Con el inicio de la Guerra Civil, ‘La Traca’, por su incidencia social, deja de tener un sentido comercial para pasar a ser, por encima de todo, un potente medio de propaganda, hasta su fin en 1938.

 

Contra el olvido y el silencio

Donde germinan los silencios. Abel Azcona, Alejandro Mañas, Art al Quadrat, Marie-Pierre Guiennot, Pepe Bea
Sala de Exposiciones del Centro Social de Teruel
C / Yagüe de Salas, 16. Teruel
Hasta el 27 de mayo de 2016

El arte es una herramienta de sensibilización frente a cualquier abuso. Un lenguaje que otorga palabra al silencio y presencia a lo extinguido, además de un instrumento de sensibilización en torno a la defensa de los derechos humanos de mujeres y hombres.          Desde 1936 hasta la actualidad, una parte de la historia de España ha sido en primer lugar perseguida, para ser posteriormente silenciada y borrada de nuestra memoria. La vida de los muertos y de las muertas habita en nuestro pensamiento, sin embargo, hasta el franquismo quiso matar esa memoria. Acabar con la memoria de un pueblo con la estrategia sibilina del paso del tiempo, ha sido la manera más burda de mostrar desprecio por los ciudadanos y ciudadanas, víctimas de la represión franquista.

En la actualidad, España es el segundo país del mundo con mayor número de fosas tras la Camboya de Pol Pot. Todavía muchas personas siguen sin saber qué sucedió con sus familiares desaparecidos, mientras que los responsables de aquellos hechos, considerados crímenes de lesa humanidad(1), siguen impunes. El juez Baltasar Garzón considera que hay más de 150.000 personas que permanecen enterradas en fosas comunes repartidas por toda la geografía española. Los olvidados y las olvidadas por el franquismo, no olvidan, por lo que sus tragedias, no pueden ser borradas de nuestra memoria, a pesar de que la historia oficial ha considerado que el pasado no debe ser removido. Su escudo protector ha sido la ley de Amnistía del 15 de octubre de 1977, a través de la cual se exoneraban todos los crímenes cometidos en España desde el 15 de diciembre de 1936 hasta el 15 de junio de 1977, lo que supuso el gran triunfo del franquismo, hasta el momento, evitando que fueran juzgados por crímenes contra la humanidad(2).

Cartel de la exposición.

Cartel de la exposición.

La Transición se ha construido sobre el olvido de los desaparecidos y de las desaparecidas. Los familiares fueron condenados al silencio durante el franquismo, mientras que durante la Transición, han sido abandonados y abandonadas por la mayoría de los políticos al ser dadas por buenas las condenas dictadas por los consejos de guerra franquistas(3). Dichas muertes han sido borradas de nuestra memoria al ser consideradas unas muertes pasadas que no afectan nuestro presente(4) porque no entran dentro del marco dominante de lo humano. En 2013, Naciones Unidas instó a España a investigar las desapariciones durante la Guerra Civil y el franquismo, además de neutralizar la ley de Amnistía de 1977. Mientras, la ley de Memoria Histórica aprobada en diciembre de 2007, la cual contribuía a cerrar las heridas y a eliminar cualquier elemento de división entre los ciudadanos y las ciudadanas, ha sido “paralizada” por el Partido Popular.

“Donde germinan los silencios” es una exposición relacionada con la vida y la tierra, la misma que cubrió los cuerpos y que redime a quienes los cubrieron. Por otra parte nos habla de sanación, reparación y construcción de la memoria que pretendemos contribuya a cerrar heridas, a abrir políticas del perdón, a mantener viva la memoria y sobre todo a recordar. Aragón y el País Valenciano de donde proviene la asociación Pozos de Caudé y el lugar de nacimiento de la galería Coll Blanc, respectivamente, nos ofrecen la posibilidad con esta exposición, de restar protagonismo a la frontera de ambos territorios, la misma línea divisoria que tanto protagonismo tuvo durante la Guerra Civil, sinónimo del Frente de Aragón y de la Ofensiva de Levante, que culminó con la división de la zona republicana en dos partes y finalmente con la caída de Valencia.

Al mismo tiempo, los y las artistas, con sus respectivas obras van a proponernos a través de diferentes trabajos y lenguajes contemporáneos, un encuentro traumático a la vez que real, con la memoria invisibilizada y con el silencio, impuesto por la fuerza de las armas. La exposición dará inicio este viernes día 6 de mayo de 2016 a las doce del mediodía con la macroperformance Desafectos de Abel Azcona (Pamplona, 1988) a partir de la cual, el artista pretende llamar la atención sobre la ceguera de una sociedad que ha permanecido adormecida demasiado tiempo. Tanto durante la Guerra Civil española como en la época franquista, se asesinó a una cantidad brutal de personas, la mayoría de las cuales yacen en fosas comunes todavía sin identificar. Sus cuerpos fueron olvidados literal y metafóricamente porque al privarles de identidad, de liturgia, de duelo, se les condenó al olvido. Exiliados, fusilados, calumniados, deshonrados, mutilados, maltratados, heridos, muertos, enterrados.

Aquellos seres humanos sobreviven en el recuerdo pleno de su humanidad a través de parientes descendientes que el artista, en su labor de investigador, sirviéndose de las redes sociales y los recursos de internet, localiza y convoca para esta ceremonia performativa en que consiste Desafectos, la mayor macroperformance que se haya realizado hasta ahora de estas características y con este valor activista, que bien podría parecer de inspiración accionista de los años 70, pero no. Marie Pierre Guiennot (Dijon – Francia, 1970) interpreta, de una manera abstracta, el dolor y el sufrimiento inspirados en los testimonios de los habitantes de la zona de Teruel en sus dos obras Sólo habremos muerto si vosotros nos olvidáis, frase que está en la actualidad junto al monumento levantado en Pozos de Caudé donde fueron fusilados y fusiladas según diversas estimaciones, casi mil personas, y en El estruendo del silencio, trece piezas a través de las cuales homenajea a las trece mujeres fusiladas en Villarquemado y enterradas en los Pozos de Caudé, así como a las trece jóvenes fusiladas en Cella, una de ellas embarazada, enterradas en el cementerio de Albarracín. Alejandro Mañas (Castellón, 1985) recoge en sus dos trabajos el sufrimiento de los represaliados y de las represaliadas.

En Mi última noche, el artista rescata testimonios epistolares de despedidas llenas de sufrimiento ante el inminente fusilamiento, mientras que en Sonidos a la libertad recoge palabras de recuerdo, angustia e impotencia, las cuales surgen del recuerdo de las personas entrevistadas en la población de Cella. El colectivo Art al Quadrat formado por las hermanas Mónica y Gema del Rey Jordà (Sagunt, 1982), relatan la historia de seis mujeres reales en el video Jota de las olvidadas, mujeres que por otra parte sufrieron la represión franquista en carne propia y en cuyos lugares donde dicha violencia aconteció, es cantada, sacándolas del olvido y del silencio. Pepe Beas (Córdoba – Argentina, 1955) en la instalación De hijas y madres nos muestra el dolor de los vivos y el dolor de los muertos. El dolor de los padres, muertos en vida, ante el fusilamiento de los hijos e hijas.

Sus obras pretenden recuperar la memoria de los desaparecidos y de las desaparecidas, contando la historia no escrita y visibilizando la historia perseguida. La obra de todos estos artistas nos habla de resistencia. Sus obras no nos dejan indiferentes ante una realidad aterradora borrada por la dictadura, cuya historia fue reescrita con la intención de que se adecuase a la cosmogonía franquista. En ellas cobran protagonismo las mujeres republicanas, las grandes olvidadas por la represión franquista, víctimas de violaciones tumultuarias y de escarnios públicos en los que fueron rapadas y obligadas a beber aceite de ricino(5), lo cual les provocaba diarreas constantes, porque encarnaban la mujer no sumisa. Las violaciones en base al género fueron constantes durante la Guerra Civil y la posterior represión franquista, siempre al amparo de la misoginia establecida por Antonio Vallejo-Nájera, psiquiatra del régimen quien ha pasado a la historia por ser uno de los impulsores de la segregación entre las madres rojas y sus hijos e hijas, con el objetivo de evitar que se “contagiaran” de su ideología.

Centro Social Teruel.

Donde germinan los silencios. Centro Social de Teruel.

Lamentablemente, todavía en la actualidad no hay ningún registro oficial documental sobre la represión franquista a las mujeres torturadas en base al género, pues fueron violadas, sometidas a abortos forzados, a descargas eléctricas en sus genitales y a los robos de sus bebés hasta bien entrados los años ochenta. Ellas han sido doblemente invisibilizadas: por ser mujeres y por ser rojas o compañeras de rojos, esposas de rojos o hijas de rojos. Y todavía, son las grandes olvidadas de la memoria histórica. Por otra parte esta exposición pretende recuperar la figura de los desaparecidos y desaparecidas, quienes se ha considerado, como dijo Videla, el dictador argentino, no tienen entidad: ni están muertos o muertas, ni están vivos o vivas(6).

España es la única democracia que no ha abierto ninguna comisión para esclarecer los horrores del franquismo. Nuestro país, en su momento, optó por el olvido. En la actualidad, es en Argentina donde se lleva a cabo la única querella contra el franquismo en base a la jurisdicción internacional y la única querella por la represión sufrida por las mujeres en base al género, desde marzo de este mismo año. Los represaliados y las represaliadas buscan justicia frente a la impunidad otorgada por la propia ley de Amnistía que otorgó perdón a los asesinos(7). Después de cuarenta años de la muerte del dictador Franco, es necesario visibilizar la memoria, la verdad y la justicia.

 

1 Este tipo de delitos según la legislación internacional siempre son perseguibles, independientemente del tiempo transcurrido. Lizundia, Fernando I.: El exterminio de la memoria. Una comisión de la verdad contra el olvido de las víctimas del franquismo, Editorial Catarata, Madrid, 2015, p. 99

2 Basterra, Mauricio: “Ley de Amnistía: cómo apuntalar los pilares de una dictadura”, Diagonal Saberes, 16 de octubre de 2012

https://www.diagonalperiodico.net/saberes/ley-amnistia-como-apuntalar-pilares-dictadura.html 24-4-2016

3 Lizundia, Fernando I: Op. cit, p. 105

4 Butler, Judith: Marcos de guerra. Vidas lloradas, Ediciones Paidós, Madrid, 2009, p. 79

5 González Duro, Enrique: Las rapadas. El franquismo contra la mujer, Siglo XXI Editores, Madrid, 2012

6 Carlos, Carmen de: <La Pantera Rosa” Videla: “No están vivos ni muertos, estás desaparecidos”>, ABC Internacional, 18 de mayo de 2013

http://www.abc.es/internacional/20130518/abci-videla-vivos-muertos-desaparecidos-201305181314.html 24-4-2016

7 Martínez, Isabel: “Anna Mesutti: con las víctimas del franquismo no sirve borrón y cuenta nueva”, La Vanguardia, 29 de enero de 2015

http://www.lavanguardia.com/vida/20150129/54424032617/ana-messuti-victimas-franquismo.html 25-4-2016

Irene Ballester Buigues

Comisaria de la exposición

 

“La corrupción valenciana proviene del franquismo”

València sic transit, de Francesc Bayarri
Companyia Austrohungaresa de Vapors

La ciudad de Valencia es escenario de un juicio sumarísimo a la Transición española en la última novela del periodista y escritor, Frances Bayarri, ‘València sic transit’, presentada el jueves 7 de abril en la Fábrica de Hielo, que inaugura un nuevo sello editorial Companyia Austrohungaresa de Vapors. El relato repasa cuatro décadas de historia desde el crepúsculo del franquismo a la celebración de la Copa América y mezcla personajes reales con otros imaginarios. “No es una novela política, sino una narración sobre la inconsistencia de una vida humana y la perplejidad ante los movimientos de la Historia”, dice Bayarri. “Sus principales personajes son a menudo ridículos, casi siempre alcohólicos, a veces drogadictos, y en ocasiones suicidas. Una galería de caracteres donde se puede reconocer la caricatura de una generación”.

Francesc Bayarri (Almàssera, 1961) es autor de las novelas ‘L’avió del migdia’, premio Valencia de Literatura 2001; ‘Febrer’ (2004); ‘Cita en Sarajevo’, premio de los Escritores Valencianos de 2007. Ha participado en los libros colectivos ‘Nosaltres, exvalencians y País Valencià’, segle XXI. Actualmente es jefe del Gabinete de Prensa de la Universitat de València. Antes de incorporarse a la Universitat, en 1996, trabajó como periodista en varios medios.

Cubierta del libro 'València sic Transit', de Francesc Bayarri.

Cubierta del libro ‘València sic transit’, de Francesc Bayarri.

Se han vertido un sinfín de opiniones sobre la Transición tanto a favor como en contra. ¿Cuál es su ‘juicio sumarísimo’ a este proceso?

Creo que hay dos grupos de opiniones. Las generadas desde el poder, que siguen el mismo patrón: período modélico, reconciliación, superación de las dos Españas… Y un segundo grupo crítico con esta visión. En mi opinión, la Transición fue una gran decepción, que sólo se puede explicar por el miedo de todos y por la ausencia de cultura democrática después de cuarenta años de devastación.

¿Se identifica plenamente con la voz del narrador de la novela?

La novela está narrada en primera persona. Ese protagonista comparte con el autor el tiempo biológico y casi todos los escenarios, además del conocimiento personal de algunos personajes, que son reales en muchos casos. Pero la visión del mundo va divergiendo al compás del avance de la historia, entre el narrador y el autor. En el período de la infancia del protagonista existe una mayor carga autobiográfica, pero la realidad se va diluyendo con el paso de los años.

¿Qué rasgos definen la generación que describe en su libro?

Es una generación marcada por una ausencia de cultura democrática, que no se puede compensar de la noche a la mañana, pero con unas esperanzas, quizá excesivas, en la democracia. Una generación tremendamente politizada, a la que el desencanto por los sueños rotos marcó para siempre. También una generación que abrió los ojos al mundo, a la sexualidad, justo en el momento que caía la dictadura y comenzaba el nuevo tiempo.

En la novela aparecen personajes históricos como Vicent Ventura o Joan Monleón. ¿Por qué esos y no otros?

Son personajes con los que he coincidido realmente. Ventura era cliente de la imprenta de mi padre, por ejemplo. Y luego coincidimos en algunas iniciativas. Monleón presentaba un espacio Radio Cadena en los años ochenta, la misma radio donde yo hacía un programa de 6 a 8 de la mañana. Aparecen muchos más personajes reales, como Toni Mestre, Rosa Solbes, J.J. Pérez Benlloch, Maria Beneyto, Juli Esteve, Ferran Belda…, mezclados con otros de ficción, que son los verdaderos protagonistas.

Francesc Bayarri. Imagen cortesía del autor.

Francesc Bayarri. Imagen cortesía del autor.

Gregorio Morán dice que la raíz de la corrupción de los políticos valencianos está en la época de Zaplana. “Hemos venido a forrarnos”, dixit. ¿Está de acuerdo con su juicio o discrepa?

La corrupción valenciana proviene del franquismo. Antes también existía, por supuesto, pero el franquismo, que fue una dictadura sanguinaria en los primeros años, se acabó convirtiendo al final en una simple cloaca de corrupción. Como la Transición no limpió a fondo los resortes del franquismo, muchas prácticas han continuado activas. Todo esto unido a la falta de cultura democrática que deja indefensos a los ciudadanos por el mal funcionamiento de los controles y las garantías exigibles a una democracia consolidada. Sin que yo quiera restar a Zaplana y a los suyos su contribución al despropósito.

Sic gloria. ¿Qué glorias y miserias ha generado esta Comunidad en los últimos años?

Contrariamente a la idea según la cual los valencianos somos más corruptos que nadie, yo creo que tampoco en esto destacamos. Aquí, unos corruptos contaban 12.000 euros en un coche con una vaca por testigo, cuando un solo hijo de Pujol desvió cientos de millones. Si algún día se conociera el origen geográfico del dinero escondido en paraísos fiscales, los valencianos, para desilusión de aquellos que dicen que somos los mejores en todo, quedaríamos en posiciones muy modestas. Una cosa es que aquí los corruptos sean muy brutos, y otra cosa es que exista mayor corrupción per cápita.

¿Qué opina del presente impasse político?

Prefiero no tener gobierno a tener un mal gobierno. A pesar de las presiones de los medios, de las empresas del Ibex, de los mercaderes internacionales, de los cocineros de encuestas… el país no va peor que cuando gobernaba Rajoy con mayoría absoluta, o Rita Barberá, o Carlos Fabra o Rafael Blasco. Otra cosa es que la situación no deba eternizarse. Confío en el sentido común de la izquierda para poder llegar a un acuerdo de mínimos, insatisfactorio para todos, pero que regenere la atmósfera de este país.

Háblenos de la nueva editorial, la Companyia Austrohongaresa de Vapors.

Se trata de una editorial muy pequeña, de carácter familiar que dirige mi hija Anna. Sólo pretendemos publicar cinco o seis títulos al año, de diferentes géneros, con preferencia por temas de memoria histórica.

Francesc Bayarri. Imagen cortesía del autor.

Francesc Bayarri. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Palabras de hoy para fotografías de ayer

Relatos en blanco y negro
Generación Bibliocafé (GB)

Un grupo de amigos y conocidos amantes de la literatura en su doble vertiente como lectores y escritores. Una serie de talleres literarios para iniciarse en sus misterios. Un local donde reunirse a intercambiar conocimientos e ideas, la librería cafetería Bibliocafé de José Luis Rodríguez y su esposa Fernanda.  Así surgió de una forma espontánea la Generación Bibliocafé (GB) a partir de una idea tan simple como eficaz: ¿Por qué esperar que publiquen nuestros escritos? ¡Hagámoslo nosotros! Y se lo tomaron tan en serio que unos tres años después ya tienen una biblioteca propia de doce volúmenes de contenido variopinto. Desde temas ligeros, como viajes, gastronomía y mascotas, a asuntos candentes de plena actualidad; violencia de género o el drama de la inmigración.

Pese a la lamentable desaparición de la librería Bibliocafé, los miembros del colectivo se mantienen unidos, ilusionados y  productivos como el primer día. Varios de ellos ya han publicado novelas en solitario y en conjunto demuestran su capacidad de superación en cada proyecto que emprenden.

Portada de Relatos en blanco y negro. Generación Bibliocafé.

Portada de Relatos en blanco y negro. Generación Bibliocafé.

El pasado mes de diciembre apareció su duodécimo título presentado con gran expectación en el palacio de los Condes de Alpuente, en la calle Caballeros. Se trata de un libro homenaje a  Valencia y sus habitantes de un ayer relativamente próximo que parece muy lejano en el tiempo. A partir de la colección de fotografías antiguas del blog de Julio Cob, dos docenas de autores, con declarada mayoría femenina, han urdido otras tantas historias, 24 en total, reunidas en Relatos en blanco y negro.

Variedad de estilos, de temas, brevedad y concisión. Es el aliciente de esta obra colectiva que sumerge al lector en una época de tonalidades grises, la sociedad del franquismo atenazada por la hipocresía, la represión y las secuelas del gran desastre que fue la guerra civil.

En ‘Cola de caballo’ Susana Gisbert cuenta la historia de dos hermanos huérfanos separados por duras circunstancias que vuelven a reencontrarse tras muchos años. Inmaculada Martínez describe en ‘Crisantemos, 1934’  el estado de ánimo de una madre viuda a causa de la guerra de África que se dispone a comprar flores para la tumba de su marido.

Saler. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

Saler. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

No sólo hay espacio para el drama. En clave humorística Mauro Guillén recuerda el gran impacto que tuvo en la sociedad española la llegada del Seiscientos (Modernidad), y Fuensanta Niñirola relata en ‘Una vida a trompicones’ la vida de una mujer que, pese a su tendencia a sufrir accidentes, tiene una vida dichosa y plena. La nota rural la pone Ángel Marqués con su cuento ‘Alegría’, nombre de la mula del abuelo del narrador, un avispado animal que es testigo de su iniciación en el sexo y la muerte.

Don Vicente Blasco Ibáñez protagoniza dos relatos. ‘El Boa’, de Herminia Luque recrea la relación del fogoso escritor con la famosa escritora doña Emilia Pardo Bazán, varios años mayor que él. Confesiones a María de Luisa Berbel es el propio Blasco Ibáñez quien, en una carta imaginaria a su primera esposa María Blasco, le pide disculpas por no haber prestado suficiente atención a su familia debido a sus vocación viajera y aventurera.

El bibliófilo e historiador Rafael Solaz, Pilar Martínez, el equipo de Côdez Iuvenis y el joven diseñador Marcos Escolano son otros colaboradores de este proyecto.

Riada en Valencia. Imagen cortesía de Bibliocafé.

Riada. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

Bel Carrasco

Mery Sales evoca a Hannah Arendt

El incendio y la palabra, de Mery Sales
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 17 de enero de 2016

El título de la exposición es harto elocuente: ‘El incendio y la palabra’. Si al principio fue el verbo quien con su palabra introdujo sentido en el caótico mundo, ahora es Mery Sales quien trata de hacer lo propio en La Nau siguiendo el rastro de la filósofa alemana Hannah Arendt. Apoyándose en muchas de sus reflexiones, la artista se esfuerza por contener el incendio que se propaga por el mundo, utilizando el cortafuegos de las palabras. En su caso, palabras en forma de textos plásticos de gran intensidad evocadora.

Imagen de la exposición 'El incendio y la palabra', de Mery Sales, en La Nau de la Universitat de Valéncia.

Imagen de la exposición ‘El incendio y la palabra’, de Mery Sales, en La Nau de la Universitat de Valéncia.

El mar bravío y en ocasiones enrojecido, alusiones al franquismo y al movimiento 15M, sujetos anónimos que luchan por sustantivarse en pugna con el colectivo, y el rostro y la boca en múltiples detalles junto a las palabras de la propia Hannah Arendt, integran el conjunto expositivo. Lo real de la naturaleza, estallando o a punto de hacerlo, enfrenta a esa otra naturaleza, la humana, consigo misma, en un ejercicio de tensión que a Mery Sales, como a la misma Arendt, les provoca múltiples interrogantes.

“Lo que el sentido común y la gente normal se niega a creer es que todo es posible” (‘Los orígenes del totalitarismo’). Esta cita, al pie de la obra ‘Arde el Reichstag’, indaga en la extrañeza que la propia Mery Sales no deja de revelar en ‘El incendio y la palabra’. Porque, sin duda, todo es posible: la realización de aquello que abre una vía de esperanza allí donde no cabía ninguna, pero también la manifestación de un horror inimaginable. A este último, Arendt denominó con acierto “la banalidad del mal”. Un mal perpetrado no por desalmados y criminales, sino por personas anodinas que cumplen metódicamente con su trabajo de exterminio.

Obra de Mery Sales en 'el incendio y la palabra'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Mery Sales en ‘el incendio y la palabra’. La Nau de la Universitat de València.

El asunto de la libertad, ejercida con valentía, y el de la violencia, letal cuando forma parte de un programa político, ocuparon un lugar central en las reflexiones de Hannah Arendt. Mery Sales, en conversación con Fina Birulés, especialista en la pensadora alemana, habla de la filósofa como una “avisadora” de incendios o “vigía de su tiempo”. Avisadora o vigía de cuanto amenaza con destruir el esfuerzo de las  palabras por habitar el mundo.

El reto, explica Mery Sales, “residía en cómo pintar políticamente”. Porque si el arte está allí donde cesan las evidencias, al pintar políticamente se corre el riesgo de caer en el panfleto. Por eso las citas que acompañan a ‘El incendio y la palabra’ no deben ser tomadas al pie de la letra, sino al modo de señales luminosas que guían al espectador en medio de la tormenta desatada por las inquietudes artísticas. Inquietudes que Sales cifra en ese “pensar sin barandillas”. Una de las obras, de hecho, se titula así: ‘Sin barandillas’, por encima de las cuales vuelan unos papeles al aire. Y aquí vuelve sobre Arendt para decir: “Atrévete a pensar por ti mismo, párate, ten el coraje de equivocarte”.

Obra de Mery Sales en la exposición 'El incendio y la palabra'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Mery Sales en la exposición ‘El incendio y la palabra’. La Nau de la Universitat de València.

Esa lucha entre la palabra que busca a tientas, que trata de comprender lo incomprensible, y el incendio que amenaza con destruirlo todo, está en el germen del trabajo que Mery Sales expone en La Nau, pero también del que atraviesa el conjunto de su obra. Hannah Arendt lo explica así: “Comprender no significa justificar lo injustificable…la carga que nuestro siglo [refiriéndose al pasado siglo XX] ha colocado sobre nosotros, y no negar su existencia ni someterse mansamente a su peso”.

Por eso Mery Sales tan pronto muestra el mar revuelto de las pasiones como las manos que se aferran a un altavoz. Lo real a punto de desestabilizarnos y el coraje de las palabras que intentan, como brazadas desesperadas, encontrar el equilibrio. También hay en su obra cierta denuncia a la impostura política. Impostura cuyos trazos leves no llegan a emborronar lo que después de todo prima en ‘El incendio y la palabra’ y de lo que Arendt se hace eco al pie de la serie ‘Hervideros’: “Alzar desde lo profundo es la tarea de la poesía y de todo el arte”. En esa tarea insiste una y otra vez Mery Sales.

Noticia en El Mundo Comunidad Valenciana:

PREWEB27DI – Valencia – VALENCIA – pag 30

Imagen de la exposición 'El incendio y la palabra', de Mery Sales, en La Nau de la Universitat de València.

Imagen de la exposición ‘El incendio y la palabra’, de Mery Sales, en La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

Un centenar de rostros literarios

El rostro de las letras
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 21 de febrero de 2016

Miguel de Unamuno, ante una fotografía de su juventud, dice asombrado: “Por nuestro cuerpo van desfilando diversos hombres, es un cementerio de almas”. Así lo recoge el documental de Arantxa Aguirre, precisamente titulado ‘Cementerio de almas’, que acompaña a la exposición El rostro de las letras en el Centro del Carmen. Publio López Mondéjar, comisario de la muestra, llegó a decir que después de ver casi 200 fotos de Pío Baroja le daban “ganas de darle un abrazo”. Así de vivos parecen ofrecerse esos retratos de ilustres de la literatura española, inmortalizados por no menos ilustres fotógrafos.

Lástima que nuestra clase política no esté a la altura de tantísimo talento. Así lo afirmó López Mondéjar, tras criticar a su vez el trato tan brutal de los poderes públicos hacia la cultura: “Los políticos no están a la altura de sus narradores”. Escuchando mudos esas palabras estaban allí retratados Unamuno, Ortega y Gasset, Pardo Bazán, Baroja, Rosalía de Castro, Azorín y Blasco Ibáñez, estos dos últimos menospreciados por lo que Felipe Garín, director del Centro del Carmen, entendió que era la ideología del 98 que prevaleció durante el franquismo: “No se les perdonó que fueran ricos”.

Fotografía de Miguel de Unamuno en la exposición El rostro de las letras, en el Centro del Carmen.

Fotografía de Cándido Ansede a Miguel de Unamuno en la exposición El rostro de las letras, en el Centro del Carmen.

El rostro de las letras. Escritores y fotógrafos en España desde el Romanticismo hasta la Generación de 1914, tal es el título completo de la amplia exposición, reúne, además de fotografías, libros, documentos y un audiovisual con registros sonoros y filmaciones de la época. Todo ello en el marco del “carácter narrativo” con el que López Mondéjar ha concebido la muestra. “Es fundamentalmente narrativa”, subrayó. Le gusta la fotografía más poética de Chema Madoz o Castroviejo, pero su opción ha sido la de “hacer memoria” de ese periodo histórico mediante fotografías de corte más novelesco.

Para ello echó mano de unas palabras de Baroja, ya que al igual que éste dijo que en la novela cabía de todo, “también en la fotografía cabe todo”. Cabe el documento de esas almas que parecen revivir en la Sala Dormitorio, cabe la técnica depurada de fotógrafos como Nicolás Muller, Santos Yubero, Catalá-Roca, Ramón Masats o Christian Franzen, cuyo retrato de Sorolla encabeza la exposición como si el pintor valenciano “nos estuviera mirando”. Plubio López Mondéjar no se cansó de subrayar ese carácter narrativo, en tanto relato vivo y fuente de memoria que revelaba “lo que fue el mundo de nuestros padres”.

Visfa de la exposición El rostro de las letras, en el Centro del Carmen.

Visfa de la exposición El rostro de las letras, en el Centro del Carmen.

La llegada de Blasco Ibáñez a Buenos Aires dijo el comisario que era una de las fotos que más le emocionaban. “Por donde pasaba Blasco dejaba el aire de su estatura personal”. Un aire que recorre toda la exposición, articulada en cinco ámbitos diferentes repletos de citas y testimonios esparcidos bajo los retratos y ambientes literarios de la época. Uno de esos testimonios, el de Carmen Baroja que el comisario recordó, venía a decir que no comprendía el afán de la gente por conocer a escritores y artistas.

El rostros de las letras viene a responder en parte a esa perplejidad mostrando, a través de todas esas imágenes, fruto de la colaboración entre la Comunidad de Madrid, Acción Cultural Española, la Real Academia Española y el Consorcio de Museos, la huella de quienes conformaron la cultura de casi un siglo. El “ingente trabajo de investigación” de Plubio López Mondéjar, seleccionando todo ese material de un fondo de 6.000 retratos, ha obrado el milagro de tan “exitosa” exposición, que después de Valencia recalará en Alcalá de Henares, Santander y Pontevedra. Todo ello gracias al apoyo de las instituciones organizadoras y a pesar de la baja estatura cultural de la clase política. Con todo, el comisario subrayó la figura de Juan Ramón Jiménez, “una persona dignísima de la que tenemos mucho que aprender”. Y de Blasco Ibáñez, “despreciado por los progres”, y a quien López Mondéjar dijo haber empezado a respetar.

Imagen de la exposición Rostros literarios en el Centro del Carmen.

Imagen del video de la exposición Rostros literarios en el Centro del Carmen.

Salva Torres