Girar la vista sobre Europa con Atlàntida Film Fest

Atlàntida Film Fest 2020
Centro Cultural La Misericòrdia (Palma)
Del 27 de julio al 2 de agosto
Filmin
Del 27 julio al 27 de agosto
Viernes 24 de julio de 2020

Atlàntida Film Fest ultima los preparativos de su 10ª edición, que arranca el próximo 27 de julio. En Palma, sede física por quinto año consecutivo, el festival se celebrará del 27 de julio al 2 de agosto, mientras que en la plataforma Filmin la programación se podrá ver de forma online desde el 27 de julio hasta el 27 de agosto.

Cartel de Atlàntida Film Fest 2020, diseñado por Sergio Caballero. Imagen cortesía de Filmin.


A pesar de las dificultades generadas por la crisis sanitaria de la COVID-19, la edición de este año cuenta con la programación más ambiciosa y estimulante de las celebradas hasta el momento. En la versión online del festival se podrán ver 113 títulos de 25 países: 53 estrenos absolutos en España, 37 óperas primas, 30 documentales, 5 series y 30 títulos dirigidos por mujeres.

En Palma se podrá disfrutar de una cuidada selección compuesta por 42 títulos: 16 documentales, 10 conciertos, 8 conferencias y 5 series. Además se celebrará por tercer año consecutivo el proyecto Mallorca Talents Lab, un taller dirigido a jóvenes guionistas.

La décima edición del festival continúa girando en torno a Europa y analiza la realidad, los problemas y los retos del Viejo Continente y de sus habitantes. Europa dividida en 6 bloques temáticos: ‘Memoria histórica’ (obras centradas en los errores del pasado), ‘Política y controversia’ (historias hacia las que está prohibida la indiferencia), ‘Muros y fronteras’ (las barreras reales o imaginadas de la UE), ‘Generación’ (películas que analizan el comportamiento de las jóvenes generaciones europeas), ‘Identidad’ (cine de temática LGBTI) y ‘Domestik’ (la intimidad del ciudadano dinamitada por la política y la economía).


PREMIO MASTERS OF CINEMA: STEPHEN FREARS

Sumergiéndonos ya en el apartado cinematográfico, el director británico Stephen Frears apadrina la edición de este año y recibirá en Mallorca el premio Masters of Cinema en reconocimiento a su trayectoria. Además ofrecerá una clase magistral y se podrá ver su película ‘The Hit’, rodada en España en 1984 y protagonizada por John Hurt, Terence Stamp y Tim Roth. En años anteriores recibieron este reconocimiento Ken Loach, Guy Hamilton (póstumamente), Vanessa Redgrave y Roland Joffé. El actor británico Joseph Fiennes será el encargado de entregar este premio.

INAUGURACIÓN Y CLAUSURA

La inauguración tendrá lugar en el patio del Centro Cultural La Misericòrdia. La película inaugural será ‘Destrucció creativa d’una ciutat’, un documental dirigido por Carles Bover (ganador del Goya al Mejor Cortometraje Documental por ‘Gaza’). Bover disecciona la realidad de una ciudad como Palma que, hasta hace poco, estaba abocada al turismo. Los problemas de gentrificación e identidad urbana analizados por quienes los sufren y por quienes los deberían solucionar.

La clausura del festival en Palma se celebrará en Ses Voltes y correrá a cargo de la película ‘Sempre dijous’, de Joan Porcel. El evento será muy singular ya que los espectadores serán testigos del rodaje del tercer acto de la película. ‘Sempre dijous’ es un retrato de una de las artistas baleares emergentes con más talento de los últimos años, Júlia Colom. La historia de una veinteañera que busca su voz entre las tonadas populares y la nueva música electrónica. La de un viaje de ida y vuelta entre Mallorca y Barcelona. Al término de la proyección, la cantante ofrecerá el primero de los conciertos en la isla.


De este modo, Stephen Frears, Ethan Hawke, Ben Wishaw, Anya Taylor-Joy, Ane Dahl-Torp, Tilda Swinton, Adèle Exarchopoulos, Charlotte Gainsbourg, Banksy, Gerard Depardieu, Michel Houllebecq, Vanessa Paradis, Joanna Hogg, Jóhann Jóhannsson, Tom Cullen, Angela Merkel, Robert Fisk, Alex Brendemühl, Ana Pastor y Óscar Camps son algunos de los nombres propios de esta edición.

Consulta la programación completa en https://atlantidafilmfest.com/es.

MAKMA

Retorno introspectivo a los orígenes del sida

#MAKMAOpinión #MAKMACine | ‘1985’, de Yen Tan
85′
Estados Unidos, 2018
‘Back to Indie’ | Filmin
Martes 16 de junio de 2020

Desequelibrados, aún, por el insólito escenario sanitario que ha devenido de la COVID-19, prosiguen palpitando con vigorosa actualidad las escenas y reflexiones rubricadas por Albert Camus en su novela ‘La peste’ (1947) –a buen seguro, uno de los títulos más generosamente referidos durante las primeras semanas de confinamiento–, en la que el autor procura una inquietante radiografía de la epidemia de contemporáneos acentos: «La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones. (…) Continuaban haciendo negocios, planeando viajes y teniendo opiniones. ¿Cómo hubieran podido pensar en la peste que suprime el porvenir, los desplazamientos y las discusiones? Se creían libres y nadie será libre mientras haya plagas”.

Sin embargo, ni aquella peste oranesa –de coléricas inspiraciones históricas– ni la presente pandemia por coronavirus han adquirido el vergonzante estigma social que hubieron de padecer los primeros afectados por el virus del sida, una de las pandemias más severas –hoy cronificada y perniciosamente silenciosa– que han asolado el orbe de nuestra contemporaneidad.

Desde finales de los años ochenta, han sido innumerables las incursiones narrrativas y aproximaciones cinematográficas –desde el verídico testimonio documental, la memoria autobiográfica o la diégesis de la ficción– que han situado en el epicentro de la argumentación las complejas derivas y consecuencias sociales y sicológicas de la enfermedad durante sus primeros años de incidencia sobre la población de Estados Unidos –país de ineludible referencia tanto por el carácter pionero de su producción artística y su activismo sobre la materia como por la reaccionaria política social y sanitaria implementada durante la ultraconservadora era Reagan–.

De este modo, el cineasta estadounidense de origen malasio Yen Tan –director de los notables filmes de subgénero queer ‘Happy Birthday’ (2002) y ‘Pit Stop’ (2013)– retorna al núcleo cronológico de la pandemia en ‘1985’ (2018) –película que forma parte del ciclo de cine independiente norteamericano de la plataforma Filmin ‘Back To Indie’–, con el fin de seguir los pasos emocionales de Adrian (Corey Michael Smith), un joven publicista gay que viaja por Navidad, desde Nueva York, a Fort Worth, pueblo texano del que es oriundo, tras varios años de ausencia y distanciamiento familiar, portando consigo el oneroso secreto de su orientación sexual y de su reciente condición de enfermo de sida.

Un regreso, en absoluto estocástico, a un momento decisivo en el desarrollo universal de la pandemia por razones mediáticas y sanitarias, siendo 1985 el año en que se comercializaron, internacionalmente, las pruebas serológicas para el diagnóstico del VIH y, a la par, en el que fallecío el actor Rock Hudson –primera figura de reconocimiento internacional muerto (oficialmente) a causa del sida–, dotando de eximia fisicidad a una enfermedad que ya se había cobrado más de 20.000 víctimas anóminas en el país, guarismos que apenas se instituían en una lacra estadística del “cáncer gay” que era el desarrollo del sida para las autoridades.

Sin embargo, Tan huye de la convulsión urbanita de la enfermedad para acudir a su periferia geográfica y sicológica, perfilando un emotivo retrato, sapientemente contenido y doméstico, en el que confrontar la devastadora cuita introspectiva de Adrian con la atmósfera familiar, provinciana y (aparentemente) reaccionaria, en la que sus progenitores (espléndidos Virginia Madsen y Michael Chiklis) encarnan, sin mácula, el perfil del ciudadano medio norteamericano, abocado a mimetizar y perpetuar las tradiciones religiosoas y heteronormativas que prosiguen constituyendo el devenir moral de Estados Unidos.

Yen Tan, cuya película se inspira en diversos detalles de su cortometraje hómonino ‘1985’ (2016), recurre al empleo de un cacofónico blanco y negro, en tanto que “la idea es que el sida era un problema pintado en blanco y negro y la sexualidad también era un problema en blanco y negro: era bueno o malo. En un mundo en el que la sexualidad ahora está siendo vista más como un espectro, lo que es maravilloso, la monocromía nos lleva a un tiempo en el que las cosas no eran tan fluidas, y nuestra individualidad era reflejada como algo bueno o malo, como un etiqueta social”, asevera el director.

Una individualidad lacerada, entonces, por el flagelo del oscurantismo, abocada a aquella ausencia de libertad aventurada por Camus, no tanto por la incontenible diseminación de las plagas –en sus múltiples morfologías posibles–, sino por la gestión usufructuaria que las políticas reaccionarias siempre han viralizado en tiempos de desequilibrio.

Jose Ramón Alarcón

“Hay mucha paranoia y derrotismo por el futuro”

#MAKMAEntrevistas #MAKMACine | Álex Montoya
‘Asamblea’
75′
Kaishaku Films, Nakamura Films, À Punt Media, 2019
Filmin
13 de mayo de 2020

“Estrenamos en exclusiva ‘Asamblea’, la primera película española que, debido a la crisis del Covid-19, decide trasladar su estreno en cines a Filmin”. Así presenta la plataforma de cine en línea la película de Álex Montoya basada en la obra de teatro de Juli Disla y Jaume Pérez. Película que, en el contexto de la pandemia, llama la atención por esa reunión en un mismo espacio de un grupo de personas, ahora impensable cuando hasta hace bien poco tal circunstancia hubiera pasado desapercibida. Lo cierto es que ahí están, tratando de resolver sus conflictos laborales, también ahora en auge por la crisis económica consecuencia del parón empresarial. Y lo están igualmente a modo de grupo desnortado por el carácter rocambolesco de la propia asamblea.

“La ironía estaba en la obra de teatro que escribieron Juli Disla y Jaume Pérez, y esa idea también de que todo es humo, que pasa con las asambleas y un poco con todo”, explica Álex Montoya, sorprendido todavía, en este mismo sentido, con el libro de Ferran Adrià que se descargó, una vez que el famoso cocinero lo pusiera gratis en Internet: “Son 230 paginas de las cuales 180 son paja. Es acojonante”.

Fotograma de ‘Asamblea’, de Álex Montoya. Fotografía cortesía de Filmin.

Lo dice para subrayar ese aspecto fútil que liga tal lectura gastronómica con el ambiente que respira en muchas asambleas. “Las asambleas tienen un par de problemas: que la gente se toma muy en serio lo que está pasando, cuando muchos de los que acuden a esas asambleas no saben muy bien de qué se está hablando y, por otro lado, que hay quienes están buscando, más allá de entender lo que pasa, como un tema que te toque para soltar la tuya. Y esto pasa en las asambleas, en las reuniones de vecinos o en las reuniones de trabajo, que se alargan hasta límites insospechados sin que nadie diga que ya se ha hablado todo lo que se tenía que hablar y que todo lo demás ya es paja”, resalta Montoya.

‘Asamblea’, presentada en el Festival de Málaga, figura en el catálogo de Filmin, cuya plataforma también ha inaugurado con éxito un festival de cine online: D’A Film Festival Barcelona, que se mantuvo pese al estado de alarma trasladándose al formato digital con gran éxito. “Yo esta película no la produzco, con lo cual en la parte pecuniaria no entro mucho, pero me dijeron que Filmin es una plataforma muy adecuada para este tipo de películas, porque la gente que se suscribe es un público bastante sofisticado y con cultura cinematográfica”, señala Montoya, quien añade: “Además está el tema de los idiomas, porque en ‘Asamblea’ se va pasando del valenciano al castellano, al catalán, y Filmin tiene mucha implantación en Cataluña. Nos dijeron que la tendrían un mes en portada, con mucha promoción, y la verdad es que lo han hecho muy bien y la película está funcionando fenomenal”.

Fotograma de ‘Asamblea’, de Álex Montoya. Fotografía cortesía de Filmin.

‘Asamblea’, planteada en tono de comedia, hurga en los entresijos de un grupo de personas que, tratando de resolver sus problemas laborales con la empresa, va mostrando sus diferencias, muchas veces motivadas por inquinas latentes y planteamientos que rayan el absurdo. “El problema era no caer demasiado en el estereotipo y eso es muy complicado porque hay muchos personajes, la película es corta y de ahí que nos hayamos centrado en cuatro o cinco que son los que más papel tienen. Son diversos tipos que te vas encontrando en las asambleas”.

Por ejemplo, el descreído, “que dice que todo esto es un mamoneo, que están todos comprados, que son unos vendidos de Madrid”, donde supuestamente está radicada la empresa. “Luego hay también pequeñas animadversiones personales, que queda representado muy bien en ese sutil triángulo amoroso, en el que se ve a Josep (Francesc Garrido) y Francesc (Nacho Fresneda) como si fueran dos gallos de corral peleándose por la atención de Cristina (Cristina Plazas)”.

Un instante de ‘Asamblea’, de Álex Montoya. Fotografía cortesía de Filmin.

La película, en la que también intervienen Greta Fernández, Marta Belenguer, Jordi Aguilar, Sergio Caballero o Juan Mandli, plantea en tono sarcástico esa imposibilidad para llegar a acuerdos, extensible incluso al plano de las relaciones más íntimas, ligando la desorientación existente en ambos universos. “La verdad es que no se termina de saber de qué están hablando exactamente en la asamblea”, subraya Montoya. Como tampoco se termine de saber qué es lo que le cuchichea Cristina a Josep, que el director vincula con una secuencia de ‘Lost in Translation’ (Sofia Coppola), donde también alguien dice algo a la oreja de otro personaje, dejando sin resolver el enigma. “Este gesto se ancla con el resto de la película en la que nadie se entera de nada”, añade quien ahora está preparando su segundo largometraje, ‘Lucas’, basado en un corto suyo que fue finalista de los Premios Goya.

“La gente tiende en las asambleas a sabotearse mucho entre ellos y eso lo refleja muy bien Monty Python en ‘La vida de Brian’, donde un pequeño grupo, que no tenía mucha opción contra los romanos, la pierde toda cuando se dividen en grupúsculos más pequeños todavía. Y eso pasa constantemente. Los Països Catalans, o como quieras llamarlos, en vez de hacer fuerza juntos, porque somos como un gran imán de turismo que supone muchos ingresos para el Estado, pues nos peleamos por nuestras cosas: que si el catalán, que si el valenciano, que si los de Alicante nos tienen manía a los valencianos, nosotros a los catalanes, y entonces no conseguimos nada de provecho con tanto nacionalismo excluyente”, afirma Montoya, igualmente sorprendido por la pandemia y las reacciones de la gente durante el confinamiento.

Greta Fernández durante un instante de ‘Asamblea’, de Álex Montoya. Fotografía cortesía de Filmin.

“Yo espero que todo esto sea temporal. La gente va pasando de un extremo al otro con lo del coronavirus, porque al principio mucha gente decía que cuando acabara todo esto se iba a pegar una fiesta y demás, y ahora está de repente la gente muy pesimista, diciendo que ya nunca será como antes, lo cual me parece una idiotez, porque ¡claro que volveremos a lo de antes una vez se consiga controlar la enfermedad! Pero sí es verdad que ahora vemos todas estas películas y estamos sufriendo todo el rato pensando en las partículas que se expulsan por la boca y que pueden contagiarnos unos a otros, sobre todo cuando estamos tan juntos en un espacio cerrado”.

Y prosigue en tono tan irónico como el destila su película. “Yo creo que empezarán los atracos con la amenaza de estornudarte encima de la cara, algo que ya pasó con el sida, que te atracaban con una jeringuilla que decían tenía sida. De manera que ahora estoy esperando que se me acerque un chaval y me diga que le dé la pasta o me estornuda encima”. Álex Montoya piensa que “hay mucha paranoia y mucho derrotismo por el futuro”. “La gente ha asimilado que nunca será igual, lo que me parece una chorrada, la verdad. De hecho, el otro día leía que después de la gripe española de 1918, los cines volvieron con mucha más fuerza. Habrá más ganas, lógicamente con la seguridad de que todo estará controlado, que si pillas el coronavirus el tratamiento médico estará tan avanzado, que sea ya como una gripe normal”, concluye.

Álex Montoya, en un momento del rodaje de ‘Asamblea’. Fotografía cortesía de Filmin.

Salva Torres

Tarkovski según Tarkovski

#MAKMACine | ‘Andrey Tarkovsky. A Cinema Prayer’
Andréi A. Tarkovski
97′
Rusia, Suecia, Italia, 2019
D’A Film Festival Barcelona | Filmin
10 de mayo de 2020

Cuando la obra artística se gesta y porta consigo una honda necesidad lírica y reflexiva, acudir a la fuente –voz a través de la que el autor expresa sus pensamientos en paralelo y como complemento de su producción– suele constituirse en una tentación no siempre satisfecha por el resultado. Debe admitirse que son escasos los autores de nuestra contemporaneidad que gocen de la agudeza y competencia suficientes para situar su discurso a la altura de la creación vernácula que les ha granjearo celebridad. Sin embargo, el caso que nos ocupa se revela como una de esas imprescindibles excepciones que ratifican el axioma.

A finales de 1985 veía la luz, en Alemania Occidental, ‘Die versiegelte Zeit. Gedanken zur Kunst, Ästhetik und Poetik des Films’, compilación de cavilaciones y dietario personal del cineasta Andréi Tarkovski (1932-1986) –cuya primera edición en castellano sería publicada, en 1991, bajo el título ‘Esculpir en el tiempo. Reflexiones sobre cine’ (y en ulteriores ediciones, sencillamente, ‘Esculpir en el tiempo’)–, en cuya introducción, a modo de propedéutica, asevera que “con este libro (…) no quiero adoctrinar a nadie, a nadie quiero imponer mi punto de vista. Surge por la necesidad de encontrar yo mismo mi camino en la jungla de posibilidades que ofrece este joven y maravilloso arte del cine, (…) algo tiene que ver con la necesidad general de aprehender el mundo, de todos aquellos aspectos, inumerables, que unen a los hombres con la realidad viva”.

Andréi Tarkovski en pleno rodaje. Fotografía cortesía del D’A Film Festival Barcelona y Filmin.

Una colosal herramienta con la que aproximarse al complejo y clarividente cosmos del director soviético, quien exhibe su particular visión en torno de la creación artística y sus fundamentos morales, la espiritualidad en el marco de la existencia, el tiempo y el destino, amén de formular sus predilecciones técnicas relativas al empleo de la imagen cinematográfica, el paisaje sonoro y la música, entre otras y derivadas cuestiones presentes en su manejo del celuloide.

Y al calor y sustento de tales antecentes, su hijo, Andréi A. Tarkovski (encargado del archivo del director en Florencia), edifica con morfología audiovisual la estructura fundamental del pensamiento de su progenitor, en el documental ‘Andrey Tarkovsky. A Cinema Prayer’ (2019) –filme que forma parte de la sección ‘Especials’ del D’A Film Festival Barcelona 2020, cuya presente edición acoge la plataforma Filmin hasta el 10 de mayo–.

Un proyecto, anhelado y perseguido por su vástago durante varios años, instituido con la voluntad de mostrar en pantalla –tras el escrutinio de cientos de horas de grabaciones (muchas de ellas inéditas) e ingente documentación personal– su horizonte de predilecciones mediante el testimonio oral de su progenitor, estructurando el filme –con sugestiva apariencia de found footage– a través de ocho capítulos que siguen fielmente el curso cronológico y semántico de sus películas y, por ende, de su deriva vital. A saber:

Capítulo | Título | Películas

Capítulo 1 | Radiante día (Bright, bright day) | ‘El espejo’ (‘Mirror’) (1975).
Capítulo 2 | El Debut (The Debute) | ‘La apisonadora y el violín’ (‘Steamroller and the Violin’) (1960), ‘La infancia de Iván’ (‘Ivan’s Childhood’) (1962).
Capítulo 3 | La Pasión de Andrey (Andrey’s Passion) | ‘Andréi Rubliov’ (‘Andrey Rublev’) (1966).
Capítulo 4 | De regreso al hogar (Homecoming) | ‘Solaris’ (1972).
Capítulo 5 | A Través del Espejo del Tiempo (Through the Mirror of Time) | ‘El espejo’ (‘Mirror’) (1975).
Capítulo 6 | En el Laberinto de la Zona (Into the Maze of the Zone) | ‘Hamlet rehearsal’ (1976), ‘Stálker’ (1979).
Capítulo 7 | En la fuente de Nostalgia (At the Source of Nostalghia) | ‘Nostalgia’ (‘Nostalghia’) (1983).
Capítulo 8 | Al Borde del Apocalipsis (At the Verge of Apocalypse) | ‘Sacrificio’ (‘Offret’) (1986).

Fotograma de ‘Sacrificio’ (1986). Fotografía cortesía del D’A Film Festival Barcelona y Filmin.

Tarkovski según Tarkovski

Como muestra fehaciente de cuanto decimos a modo de introducción de su universo fílmico, sin duda enriquecido o, cuando menos, en ningún caso por debajo de su singular y excelsa obra cinematográfica, pasamos a transcribir algunas de las hondas reflexiones que el propio cineasta formula en torno a sus películas y, por extensión, acerca de la importancia de la creación en general. Creación que, a su juicio, y con esto arrancamos la serie de pensamientos recogidos en el documental y que rubrican la magnitud de su obra, gira en torno a la importancia del artista en la sociedad actual.

“El papel del artista en la sociedad contemporánea es crucial. Sin artistas no existiría la sociedad, porque son su conciencia. Cuanto menos capaz sea un artista de expresarse, de interactuar con su audiencia, con otra gente, peor para la sociedad. Se vuelve desalmada y en una sociedad así, una persona no puede cumplir con su función, con su propósito en la vida. No importa para nada dónde ocurra: en Rusia, en África o en Suecia, Lo que importa es que con la desaparición del último poeta, la vida pierde todo sentido”.

De esa sociedad desalmada, es decir, sin alma que nos eleve hacia cotas más altas producto de la exigencia creativa, se hace cargo, después, refiriéndose al concepto de espiritualidad que Tarkovski define así: “A lo que me refiero con espiritualidad es, principalmente, a que una persona sea inquisitiva en referencia al llamado ‘sentido de la vida’. Digamos que al menos es un primer paso. Una persona que se hace esa pregunta, ya no bajará de ese nivel, empezará a evolucionar hacia otras preguntas como: ¿por qué existimos? ¿de dónde venimos y adónde vamos? ¿cuál es el propósito de nuestra presencia en este planeta durante los, seamos optimistas, ochenta y pico años que estamos en este mundo?”.

Transitando por esa senda puede suceder que, de forma ya natural, accedamos al alma del arte y del artista que, según Tarkovski, comparece una vez descubierta la espiritualidad que nos habita: “El arte o el artista que no se tome este problema en serio no es tal porque no es realista, porque ignora uno de los problemas más importantes de la humanidad, el que convierte en humano a un humano. Cuando nos referimos a esos problemas aparece el auténtico arte”. Y añade: “Según creo, el sentido de la vida reside en elevar nuestro nivel espiritual a lo largo de nuestra existencia. Solo si conseguimos mejorarla, aunque sea un ápice, con respecto a cuando nacemos, nuestra vida no habrá sido en vano”.

En la obra fílmica de Tarkovski late ese carácter poético que hace de sus películas singulares obras donde la humanidad comparece en toda su vasta complejidad, imposible de reducir al preclaro mensaje ideológico. De ahí que insista en la espiritualidad como aquello que escapa al tópico (que no utópico) horizonte de la más angosta realidad. “Si una sociedad necesita espiritualidad empieza a producir obras de arte y a generar artistas. Si no necesita la espiritualidad, una sociedad se las apañará sin arte, pero crecerá el número de gente infeliz, de gente espiritualmente insatisfecha. Los humanos perderán su objetivo y ya no entenderán el porqué de su existencia”.

Una existencia que, en tanto artista de amplia y honda mirada espeleológica del corazón humano, entiende conformada por los extremos entre los que se debate el individuo. “Los humanos albergamos el mal así como el bien. Y el propósito de nuestra existencia es luchar, sobre todo, contra el mal que habita en nosotros. Por eso se nos otorga el libre albedrío. Podemos luchar contra el mal o podemos dejar que ese mal prevalezca. Solo es responsabilidad nuestra. Lo peor es cuando empezamos a luchar contra el mal no en nuestro interior, sino en el de los demás”.

Y, para concluir, Tarkovski nos advierte del peligro que nos acecha, más allá de las beligerancias entre naciones o de pandemias como la que estamos sufriendo en la actualidad, para centrarse, de nuevo, en la responsabilidad individual, no exenta, sin duda, de las tensiones sociales que zarandean al sujeto en la sociedad que habita. “La civilización podría terminar muy pronto, antes de que caiga la primera bomba nuclear. Sucederá cuando muera el último hombre que crea en el Creador. Una civilización sin espiritualidad, sin fe en la inmortalidad del alma humana, no es más que una manada de animales, ya no es una civilización. Es el fin, el declive”.

Andréi Tarkovski. Fotografía cortesía del D’A Film Festival Barcelona y Filmin.

Salva Torres y Jose Ramón Alarcón

David Moragas: «mi prioridad es cuestionar la norma»

#MAKMAEntrevistas | David Moragas
‘A Stormy Night’
75′
España, 2020
D’A Film Festival Barcelona | Filmin
5 de mayo de 2020

La 69 edición de la Berlinale, celebrada en febrero de 2019, rindió oportuno y afortunado tributo a la grand-mère de la nouvelle vague Agnès Varda, proyectando su último documental ‘Varda por Agnès’, una escritura cinematográfica con la que revisar y sumergirse en su personalísimo y edificante horizonte de fundamentos artísticos y cinematográficos, desarrollados, a la postre, a lo largo de tres etapas: “En toda película entran tres fases: la idea, la creación a partir de esta y cómo compartirla”.

Sustentado, entre otras ascendencias, por el influjo de su figura y compromiso, el cineasta tarraconense David Moragas (Almoster, 1993) incursiona en el largometraje, mediante ‘A Stormy Night’, con la destacada prez de clausurar, el próximo 10 de mayo, la presente edición del D’A Film Festival Barcelona –cuya programación adquiere carácter excepcional (tanto por razones cualitativas como insólitas) al celebrarse a través de la siempre excelsa plataforma de video bajo demanda Filmin–.

Filmada, en blanco y negro, con un sugestivo naturalismo que enaltece las cualidades del guion y las aptitudes interpretativas, ‘A Stormy Night’ cobra morfología argumental mediante el encuentro de Marcos –un cineasta debutante (encarnado por el propio Moragas) en tránsito hacia San Francisco para la proyección de su película, cuyo vuelo desde Nueva York es cancelado por razones climatológicas– y Alan (Jacok Perkins) –programador informático de una red social gay y compañero de piso de una amiga universitaria de Marcos, a quien acoge durante una noche de virulento temporal–.

Por ello, desde MAKMA cumplimos con el tercero de los preceptos literales de Varda y compartimos con Moragas la travesía hacia las dos primeras fases de la película para esclarecer y reflexionar en torno de los propósitos y determinaciones de su ópera prima.

¿En qué momento eclosiona como proyecto de largometraje ‘A Stormy Night’?

Me encontraba en el último año del máster de dirección de cine en Nueva York. Había rodado un par de cortos, siempre bajo la misma premisa: aprovechar los recursos que tenía a mano para contar historias. Se habían proyectado en algunos festivales de cine y tenía ganas de arriesgar y probar algo un poco más ambicioso. Le planteé a mi amigo y director de foto del proyecto Alfonso Herrera-Salcedo la posibilidad de rodar algo un poco más ambicioso que un corto. Todo el mundo en la universidad nos dijo que esa no era la forma natural de hacerlo y que no saldría bien; excepto un reducido grupo de amigos que terminaron formando el equipo de rodaje. En el momento en el que decidimos tomar nuestra propia iniciativa, sin esperar el permiso de nadie, eclosionó el proyecto: íbamos a rodar una película.

¿Qué influjos y referencias han sido determinantes en tu formación/mirada cinematográfica para aventurarte con este filme?

Uno de mis géneros favoritos es el de la comedia romántica, y todas las mutaciones que ha tenido el género a lo largo del tiempo. Me apasiona el mumblecore: los hermanos Duplass. El minimalismo extremo de Hong Sang-Soo.

Concretamente, cuando estudiaba la forma de realizar este filme, me inspiraron mucho las primeras obras de cineastas a los que admiro. Kelly Reichardt con ‘Old Joy’, por ejemplo. Me apasiona ese filme, e inspiró de forma muy generosa tanto el proceso de escritura como el proceso de realización. ¡O la idea de que se puede contar una gran historia sobre el afecto con muy pocos recursos!

Alan (Jacok Perkins) y Marcos (David Moragas) durante un instante de la película. Fotografía cortesía de Filmin.

¿Cuáles han sido las complejidades de afrontar tu ópera prima?

Cuando empiezas a hacer cine crees que necesitas el permiso de tus mentores, compañeros o de la industria para hacerlo. ¡Y no es verdad! Lo que necesitas es un contexto socioeconómico suficientemente privilegiado como para encontrar el tiempo y los recursos para rodar. Y una educación previa. Todo lo demás es una construcción sistemática que cuesta mucho de romper, o cuestionar. Cuando afrontas tu ópera prima, la principal complejidad es la duda de que no tienes la capacidad para hacerlo. O de que no deberías estar haciéndolo.

¿Confiere el presente confinamiento una razón de mayor peso para empatizar con tus personajes?

¡No lo sé! Cuando reflexionábamos la opción de hacer la presentación de la película online hicimos un visionado colectivo en el comedor de la casa donde estaba confinado.

De repente, ver la película desde la intimidad del hogar, a través de la pantalla del ordenador, creaba una nueva relación con los personajes. En el fondo, se trata de una película contada desde una mirada un poco privada. Con muchas reflexiones sobre quién mira, y cómo mira. Hacerlo desde la soledad y aislamiento de un confinamiento puede ser una forma muy interesante de acercarse a esta noción.

Me intriga mucho cuál será la respuesta creativa a esta crisis. De una forma muy similar a como un acontecimiento como el 11S tuvo un impacto notable en el arte del momento, y el posterior.

Aparentemente, Marcos (introspectivo, lacónico e inmutable) y Alan (expansivo, locuaz y vacilante) se erigen en perfiles ineludiblemente antagónicos. Sin embargo, ¿estás de acuerdo con que su convivencia indoor bajo el diluvio propicia una mutación de sus respectivos caracteres, desnudando sus fragilidades y encontrando un nexo inopinadamente común?

Absolutamente. Con Marcos y Alan quería explorar las contradicciones que he vivido desde mi propia experiencia. Lo bonito del cine es que me permite personalizar cada argumento, forzarles a pasar una noche juntos y esperar a que la tormenta llegue a su calma. A través de sus historias personales, y las relaciones afectivas que se establecen entre ellos, consiguen cuestionar sus valores: incluso los más interiorizados. El reto para mi sería que el mismo efecto surgiese sobre el espectador. Y que al llegar al final de la cinta todxs nos hayamos cuestionado las mismas ideas. Sin necesidad de cambiarlas. Solo explorarlas…

Marcos (David Moragas) y Alan (Jacok Perkins) durante su tormentoso y efímero confinamiento. Fotografía cortesía de Filmin.

¿Debe bucear un espectador avezado entre la teoría de lo simbólico de Slavoj Žižek o, por contra, la referencia al controvertido filósofo esloveno es mera predilección personal?

Me encanta esta pregunta. Me gusta mucho leer a Žižek porque su discurso se plantea desde un acercamiento a las contradicciones, y una invitación a cuestionar los extremos. Mientras escribía el guion releía algunos de sus textos y ensayos. Sobre todo en torno a las cuestiones del amor, el deseo y la clase. Fue por eso que decidí incluirle en la escena. Me parecía graciosísimo que alguien como Marcos le idolatrara, pero escogiera usar una camiseta como abanderamiento. Para mí era también una forma de reírme del carácter adoctrinador de este.

Una frugal afirmación de Žižek ha terminado mutándo en aforismo: “Si tienes razones para amar a una persona, entonces no la amas”. ¿Es plausible para definir la deriva vital de Marcos?

¡Lo es! Y constituye la tesis que sustenta la película.

El problema de Marcos es que asume esta afirmación como forma de darle sentido a la vida.

En el momento en el que dichas contradicciones son cuestionadas, tiene que replantear todo su sistema de valores. Pero, al final del día, la teoría y la práctica no suelen ir por caminos sincrónicos. La deriva vital de Marcos empieza con el cuestionamiento de estas afirmaciones. Alan se convierte en el catalizador de la noche. Pero lo bonito de la confrontación es que hasta él tiene sus propias dudas.

¿Sucede lo propio con Agnès Varda y ‘Cleo de 5 a 7’ que con Žižek?

La referencia a la película de Agnès Varda sirve como contrapunto a otra referencia fílmica, la de ‘Annie Hall’, de Woody Allen. Me parecía bonito que, al final de su encuentro, Alan tuviese su momento Marcos, adoctrinándole esta vez en cuestiones de diversidad. Para ser completamente honesto, al principio de la película Marcos le explicaba a Alan que había dejado de ver películas de Woody Allen a raíz de su toma de conciencia con la problemática presente. En el montaje final, decidimos quitar la explicación para mantener un poco más la sutileza del personaje. He sido un gran admirador del cine de Varda, que falleció justo antes de empezar el rodaje de la película. Me pareció una forma entrañable de rendirle homenaje. Del mismo modo, la película está llena de pistas para entender mis obsesiones fílmicas. Una pista: hay unas cuántas en las pinturas de las paredes… Como director me gusta jugar con todos estos elementos. Me gusta pensar en la idea de que con cada visionado el espectador encuentra nuevas pistas para entender el universo donde ocurre la historia. Ningún objeto es arbitrario.

Elucubraba Goethe que “al entrar en contacto con un color determinado, éste se sincroniza de inmediato con el espíritu humano, produciendo un efecto decidido e importante en el estado de ánimo”. ¿Eran esas tus intenciones con el empleo del blanco y negro en tu película?

Qué frase tan maravillosa. Honestamente, me cuesta teorizar sobre el uso del blanco y negro en la película, porque para mí no parte de un análisis formal previo. Como muchas decisiones en la dirección, parte de una intuición sobre qué acompaña mejor a la historia.

Cuando planteábamos la película con Alfonso, el director de foto, la visualizamos así sin cuestionarlo. Para nosotros se trataba de una película de un minimalismo extremo: dos personajes, una localización, dos valores que se ponen en duda. Dos razones de un argumento que entran en contradicción. El blanco y negro nos pareció una forma efectiva de expresar esta noción. Algo así como el yin y el yang.

En el rodaje, la luz y la oscuridad son nuestros dos aliados, como si de acordes menores y mayores se tratase. Alfonso tiene una sensibilidad muy meticulosa y premeditada; que a la vez consigue traducir en decisiones prácticas muy efectivas: ¿qué personaje se encuentra en el origen de la luz, y quién recibe la luz en cada escena? Y lo mismo se aplica a la dirección de arte, a cargo de Juliana Barreto, que tuvo mucho en cuenta esta misma cuestión: ¿qué colores visten? ¿Cuándo?

En buena medida, ‘A Stormy Night’ procura una reflexión en torno de la actitud del colectivo LGTBI frente a la idiosincrasia del mundo heteronormativo. ¿Marcos y Alan encarnan dos modos de ser/estar/actuar en él? ¿Cuál es tu posición al respecto?

Vivir una identidad que queda al margen de la norma es vivirla en resistencia y lucha. Esta noción se aplica a la gran diversidad sociocultural de la sociedad. Por lo que la lucha, por definición, asume la intersección de muchos colectivos, y muchas causas. Para mí, la prioridad es cuestionar la norma. Y promover este mismo mensaje a través de mis películas, y de las historias que decido compartir. Esa es la visión que presenta Marcos.

Pero, por otro lado, a veces asumo la conclusión de que el hecho de pertenecer a un colectivo minoritario no me responsabiliza necesariamente de todas las demás causas. Son días un poco amargos en los que me levanto un poco enfadado con el mundo y, como Alan, parto de una visión un poco más gruñona que opina que a lo mejor todxs seríamos más felices segregándonos “como monjas en un convento”. Esos días los disfruto yendo a espacios exclusivamente gays y enorgulleciéndome mucho de mi colectivo tan pequeñito. ¡Y no pasa nada! Como todo en esta película, las dos visiones se informan entre ellas, y al final del día lo importante es que no se escapen comportamientos sin cuestionar.

David Moragas.

Jose Ramón Alarcón

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (II)

#MAKMAOpinión #MAKMACine #MAKMALibros | Harterofilias domésticas | Estado de alarma (II)
3 de abril de 2020

Lacerado su espíritu por la insania apremiante –y en los días previos a su internamiento clínico por enajenación sifilítica y megalomanía–, Friedrich Nietzche (1844 – 1900) rubricaba uno de sus últimos ensayos, ‘Ecce homo. Cómo se llega a ser lo que se es’ (1889) –cuya publicación se demoraría hasta 1908–, un insólito dietario costumbrista de predilecciones domésticas en el que, amén de estas prosaicas periferias, el pensador sajón revisita su opus filosófico y, a la par, inficiona con vaticinios apocalípticos sus desenfrenadas reflexiones.

En el tercer punto del proemio Nietzche advirte del “aire fuerte” de sus escritos y sugiere la necesidad ineludible de adaptarse a sus alturas, puesto que “de lo contrario se corre el no pequeño peligro de resfriarse en él”. Y en su pertinaz búsqueda ”de todo lo proscrito hasta ahora”, se interroga:

“¿Cuánta verdad soporta, cuánta verdad osa un espíritu? Esto fue convirtiéndose cada vez más, para mí, en la auténtica unidad de medida. El error (el creer en el ideal) no es ceguera, el error es cobardía. Toda conquista, todo paso adelante en el conocimiento es consecuencia del coraje, de la dureza consigo mismo, de la limpieza consigo mismo. Yo no refuto los ideales, ante ellos, simplemente, me pongo los guantes”.

Y uno, encaminado por su heterodoxa senda, toma el guante (con la asepsia del látex) y prosigue el curso (¿ilimitado?) de ‘Harterofilias domésticas | Estado de alarma’.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XI) | Martes 24 de marzo de 2020

“(…) Cada individuo es virtualmente un enemigo de la civilización, a pesar de tener que reconocer su general interés humano. Se da, en efecto, el hecho singular de que los hombres, no obstante, serles (sic) imposible existir en el aislamiento, siente como un peso intolerable los sacrificios que la civilización les impone para hacer posible la vida en común. Así, pues, la cultura ha de ser defendida contra el individuo, y a esta defensa responden todos sus mandamientos, organizaciones e instituciones, los cuales no tiene tan sólo por objeto efectuar una determinada distribución de los bienes naturales, sino también mantenerla e incluso defender contra los impulsos hostiles de los hombres los medios existentes para el dominio de la Naturaleza y la producción de bienes. Las creaciones de los hombres son fáciles de destruir, y la ciencia y la técnica por ellos edificada pueden también ser utilizadas para su destrucción” (‘El porvenir de una ilusión’ | Sigmund Freud)

Primera serie para MAKMA, a modo de memorando/dietario, de las diez primeras jornadas de confinamiento, fruto del decreto de estado de alarma por la pandemia de coronavirus.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XII) | Miércoles 25 de marzo de 2020

“El final del presidio nos impide llegar con nuestra conciencia viva a las míticas regiones subterráneas. Nos han despojado del más dramático desplazamiento: nuestro éxodo. (…) El retorno, esa misma procesión en dirección contraria, no tiene ya sentido. En mí, la destrucción del presidio corresponde a una especie de castigo del castigo: me castran, me extirpan la infamia”.

Intoxicarse con la ebria abyección, confesional y decadente, de un instruido descuidero, excelso chapero de la lectroescritura.

‘Diario del ladrón’ (1949), de Jean Genet (RBA, 2010).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XIII) | Jueves 26 de marzo de 2020

–“(…) en algunos aspectos, el humor y la ironía son respuestas políticas y son reductivas. (…) Está pretendiendo protestar cuando realmente no lo es. Alguien alguna vez llamó a la ironía la canción de un pájaro que ha llegado a amar su jaula. Y aunque canta sobre no gustarle la jaula, realmente le gusta estar ahí” (David Foster Wallace).

Frente a la pulsión feraz y posmoderna de un ahorcado.

David Foster Wallace unedited interview‘ (ZDF, 2003 | Manufacturing Intellect).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XIV) | Viernes 27 de marzo de 2020

–“Si nosotros nos vamos a un país utópico, siempre sería a un país que encarga muy bien, pero no solo el diseño, sino todas las actividades culturales, por ejemplo. Gente que sabe utilizar los recursos disponibles de la mejor manera posible, con la máxima economía, la máxima rentabilidad, la máxima eficacia, la más pedagógica, la más formativa. Eso es una utopía (José María Cruz Novillo).

Cruz Novillo, el sujeto que actualizó un país y lo perfumó de semiótica y Helvética.

El hombre que diseñó España‘ (2019), de Andrea G. Bermejo y Miguel Larraya.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XV) | Sábado 28 de marzo de 2020

(François Truffaut) –“Porque la actitud de James Stewart constituye la curiosidad pura…”.
(Alfred Hitchcock) –“Digámoslo, era un voyeur, un mirón… (…) Sí, el hombre era un voyeur, pero ¿no somos todos voyeurs?”.
(F.T.) –“Somos todos voyeurs, aunque no sea más que cuando miramos un filme intimista. Además, James Stewart en su ventana se encuentra en la situación de un espectador que asiste a un filme”.

Mayúscula entrevista estival, uniformada de canículas, almuerzo en Universal y cine en paños menores.

‘El cine según Hitchcock’ (1966), de François Truffaut (Alianza Editorial, 2016).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XVI) | Domingo 29 de marzo de 2020

(Goreng, leyendo ‘Don Quijote de la Mancha’) –“El grande que fuere vicioso será vicioso grande y el rico no liberal será un avaro mendigo, que al poseedor de las riquezas no le hace dichoso tenerlas, sino el gastarlas, y no el gastarlas comoquiera, sino el saberlas bien gastar”.
(Don Quijote) –“Al caballero pobre no le queda otro camino para mostrar que es caballero sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido, y oficioso; no soberbio, no arrogante, no murmurador, y, sobre todo, caritativo”.

Descollado abreboca dominical. Frugal divertimento ético.

El hoyo‘ (2019), de Galder Gaztelu-Urrutia.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XVII) | Lunes 30 de marzo de 2020

“Durante la cuarta semana en Venecia, Aschenbach hizo algunas observaciones desagradables relacionadas con el mundo exterior. (…) –’Usted se quedará, caballero, usted no tiene miedo al mal’. (…) Le pareció que aquel aroma venía envolviéndolo todos los días, sin él haberse dado cuenta; un olor dulzón, oficial, que hacía pensar en plagas y pestes y en una sospechosa limpieza” (Thomas Mann).

Oler/discenir, escuchar/advertir, leer/descifrar el ocaso, la decadencia y ruina del ensueño sobre las quiméricas aguas hediondas y delicuescentes.

Muerte en Venecia‘ (2013), de Deborah Warner, obra musical de la English National Opera basada en la novela ‘La muerte en Venecia’ (1912), de Thomas Mann.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XVIII) | Martes 31 de marzo de 2020

–“Poder ver lo que una persona puede llegar a hacerle a otra”.
–“Tengamos una pequeña charla”.
–“La salsa no te ha salido lo suficientemente sabrosa”.
–“Toda esta mala gente”.
–“Bien, pues vete a dormir. Adiós”.

Enlodadas cuitas de interior. Sorda vecindad de obsesiones y parafilias en un tórrido verano periférico de Viena.

Dog Days‘ (2001), de Ulrich Seidl.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XIX) | Miércoles 1 de abril de 2020

“Hay asombro y censura ante lo que se perciben como muestras de decadencia, pero también una curiosidad evidente por lo que parece ser el nacimiento de un mundo nuevo” (‘Influencias disolventes en la España de los pantanos’ | Alejandro Alvarfer).

Descender a los aljófares subterráneos del hedonismo mod, overol “moderno y retromaníaco”.

‘In Crowd. Aproximaciones a una subcultura escurridiza’, de VV.AA (Colectivo Bruxista, 2019).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XX) | Jueves 2 de abril de 2020

🏋🏻‍♂️ Harterofilias domésticas | Estado de ⏰ 2️⃣0️⃣..🗣 (Escritor) —“Vaya experimento. Experimentos, hechos, la verdad en su última instancia. En sí no hay hecho alguno y menos aún aquí. Todo esto es un invento idiota de alguien. ¿Acaso no lo notan? Cómo es natural, ustedes necesitan saber quién lo inventó. ¿Por qué? ¿Qué de bueno tienen sus conocimientos? ¿A quién le remorderá la conciencia por ellos? ¿A mí? No tengo conciencia, solo nervios”..👉 Escudriñar las afligidas brumas postapoacalípticas. Acechar La Zona, proscrita y miraculosa..🎥 ‘Stalker’ (1979), de Andrei Tarkovski..#CulturaVsCoronavirus #ConfinadoVerCine #PelículasPandémicas #Stalker #AndreiTarkovski

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Jeudi 2 avril 2020

(Escritor) –“Vaya experimento. Experimentos, hechos, la verdad en su última instancia. En sí no hay hecho alguno y menos aún aquí. Todo esto es un invento idiota de alguien. ¿Acaso no lo notan? Como es natural, ustedes necesitan saber quíen lo inventó. ¿Por qué? ¿Qué de bueno tienen sus conocimientos? ¿A quién le remorderá la conciencia por ellos? ¿A mí? No tengo conciencia, solo nervios”.

Escudriñar las afligidas brumas postapocalípticas. Acechar La Zona, proscrita y miraculosa.

Stalker‘ (1979), de Andrei Tarkovski.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XXI). Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

Harterofilias domésticas | Estado de alarma

#MAKMAOpinión #MAKMACine #MAKMALibros | Harterofilias domésticas | Estado de alarma

Instituida en una obra de referencia durante el último tercio de su producción ensayística, el pater patriae del psicoanálisis Sigmund Freud (1856 – 1939) publicaba, en 1927, ‘El porvenir de una ilusión’, una sucinta aproximación a los principios y razones de la existencia de las desemejantes religiones y dogmas de fe que pueblan la geografía cultural de Occidente, así como un esperanzado anhelo por alumbrar un período de laicismo ilustrado, huérfano de los menoscabos del pasado.

A modo de prefacio, Freud aventura su pensamiento por la vasta y uliginosa senda de “la cultura humana”, entre cuyas líneas debo rescatar (permitiéndome una extensa cita) un singular y apropiadísimo parágrafo que bien pudiera ilustrar, a modo de sumario de pretensiones, la vigente necesidad de amparo de la cultura –en calidad de entidad semántica relativa a la educación, ilustración y sabiduría–, en tanto que preciado erario de las heterogéneas colectividades frente a las volubilidades y contingencias del individuo/ínsula:

“(…) Cada individuo es virtualmente un enemigo de la civilización, a pesar de tener que reconocer su general interés humano. Se da, en efecto, el hecho singular de que los hombres, no obstante, serles (sic) imposible existir en el aislamiento, siente como un peso intolerable los sacrificios que la civilización les impone para hacer posible la vida en común. Así, pues, la cultura ha de ser defendida contra el individuo, y a esta defensa responden todos sus mandamientos, organizaciones e instituciones, los cuales no tiene tan sólo por objeto efectuar una determinada distribución de los bienes naturales, sino también mantenerla e incluso defender contra los impulsos hostiles de los hombres los medios existentes para el dominio de la Naturaleza y la producción de bienes. Las creaciones de los hombres son fáciles de destruir, y la ciencia y la técnica por ellos edificada pueden también ser utilizadas para su destrucción”.

Clarividente exordio que un servidor incorpora a modo de estribo y capítulo, a la par, del memorando/dietario que he incoado desde la primera jornada de confinamiento, fruto del decreto de estado de alarma coronavírico, y consecuencia ubérima con la sortear nuestro compartido aislamiento sine die, bajo el encabezamiento ‘Harterofilias domésticas | Estado de alarma’.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (I) | Sábado 14 de marzo de 2020

Foto: Jose Ramón Alarcón.

“No soy más que un pequeño productor de tofu. Si se pide a un pequeño productor de tofu que prepare un plato de curri, o unas costillas de cerdo empanadas, nunca conseguirá que le salgan bien” (Yasujiro Ozu).

Sumergirse en la idiosincrásica hacienda cinematográfica de Yasujiro Ozu de la mano de sus confesas y reiterativas predilecciones.

‘La poética de lo cotidiano. Escritos sobre cine’, de Yasujiro Ozu (Gallo Nero, 2017).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (II) | Domingo 15 de marzo de 2020

Foto: Jose Ramón Alarcón.

–“Necesito un cigarrillo. ¿Me acompañas?”.

Mesmerizante trayecto por el inasible horizonte de las variaciones a partir del encuentro de dos personajes y el confín de una jornada.

‘Ahora sí, antes no’ (2015), de Hong Sang-soo.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (III) | Lunes 16 de marzo de 2020

–“Tu fantasía no es real. Adiós”.

Eclosión matutina de seres taciturnos tras los vanos.

Aloys‘ (2016), Tobias Nölle.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (IV) | Martes 17 de marzo de 2020

Foto: Jose Ramón Alarcón.

“Si bien los rancios castillos europeos eran abandonados ahora por los modernos laboratorios científicos (…), la esencia del miedo en Hollywood seguía siendo de raigambre gótica. (…) Su formato, esencialmente melodramático y romántico, y su mensaje moral y moralista, podría resumirse en la advertencia que ya lanzara la novela de Mary Shelley en 1918, al presentar a su Frankenstein como el moderno Prometeo: ‘No desafiéis a Dios ni a la naturaleza” (Jesús Palacios).

Inmaculada antología alumbrada por el túrbido escritor y crítico de cine Jesús Palacios, en cuyas entrañas habita un pormenorizado recorrido por los precedentes literarios que han cimentado nuestros pavores nocturnos procurados por el celuloide.

‘TerrorVisión. Relatos que inspiraron el cine de terror moderno’, edición de Jesús Palacios (Valdemar, 2018).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (V) | Miércoles 18 de marzo de 2020

–“Que la arquitectura tenga poder para curar”.
–“Este es mi segundo edificio favorito”.

Las razones arquitectónicas que habitan en la inefable circunspección de las emociones.

Columbus‘ (2017), de Kogonada.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (VI) | Jueves 19 de marzo de 2020

–“Yo paso a encarnar un típico personaje de Orwell, una no-persona” (Reinaldo Arenas).

Peregrinar tras los estigmas orbiculares de un proscrito.

Reinaldo Arenas, escritor cubano, nos habla de su vida‘. Cuatro fragmentos de entrevistas realizadas entres 1980 y 1988.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (VII) | Viernes 20 de marzo de 2020

“Se ha perdido una idea del teatro. Y mientras el teatro se limite a mostrarnos escenas íntimas de las vidas de unos pocos fantoches, transformando al público en voyeur, no será raro que las mayorías se aparten del teatro, y que el público común busque en el cine, en el music-hall o en el circo satisfacciones violentas, de claras intenciones” (Antonin Artaud).

No cabe más razón de sobremesa que acechar la nada.

‘El teatro y su doble’ (1938), de Antonin Artaud.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (VIII) | Sábado 21 de marzo de 2020

(Don) –“¿Qué ha pasado?”
(Ann) –“No nos damos cuenta cuando somos felices, y eso también es injusto. Uno debería vivir la felicidad y poder guardarla para cuando falte, sólo un poco, como guardar cereales en la despensa, o papel higiénico de recambio”.
(Don) –“¿Recambios de felicidad?”.

Provisiones para la incertidumbre.

Cosas que nunca te dije‘ (1996), de Isabel Coixet.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (IX) | Domingo 22 de marzo de 2020

(Sebastian Flye) –“Pensaba que estaba de vuelta en Oxford… lo que es extraño… ¿no crees? Porque ya no podría salir de aquí”.
(Charles Ryder) –“No”.
(Sebastian Flye) –“… que de momento no puedo viajar”.
(Charles Ryder) –“No”.
(Sebastian Flye) –“Charles… si vas a venir a verme… ¿Podrías traerme una botella de brandy?”.

Descender al Marruecos francés tras los vestigios sanitarios de Sebastian (Flyte para los advenedizos).

Retorno a Brideshead‘ (1981), de Derek Granger, basada en la novela homónima de Evelyn Waugh.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (X) | Lunes 23 de marzo de 2020

(Jacques Cormery | Infante) –“¡Me aburro! ¡Me aburro!”.
(Abuela) –“¡A benidor!” (“Au, vine i dorm!” | “¡Venga, ven y duerme!”).
(Jacques Cormery | Adulto) –“La memoria de los pobres está menos alimentada que la de los ricos, tiene menos puntos de referencia en el espacio, puesto que rara vez dejan el lugar donde viven, y también menos puntos de referencia en el tiempo de una vida uniforme y gris…”.

Eviscerar la memoria ontológica, gráfica y última de Camus.

‘El primer hombre’, de Jacques Ferrandez (Alianza Editorial, 2019), novela gráfica basasa en la obra homónima de Albert Camus.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XI). Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

MyFrenchFilmFestival y su cine inédito en Filmin

MyFrenchFilmFestival 2020
Unifrance
Filmin
Del 16 de enero al 16 de febrero de 2020

La plataforma de VOD Filmin será un año más sede en España de MyFrenchFilmFestival, el certamen online organizado por Unifrance que promociona en todo el mundo el cine francófono, en especial aquel que ha tenido poca visibilidad lejos de las fronteras de sus respectivos países.

La décima edición de uno de los festivales online más importantes del mundo se celebrará del 16 de enero al 16 de febrero de 2020, y ofrecerá en Filmin 11 largometrajes y 15 cortometrajes, muchos de ellos estrenados y premiados en festivales de todo el mundo, pero que todavía no habían pasado por los cines españoles.

Entre los títulos más destacados de su programación se encuentran ‘Los confines del mundo’, de Guillaume Nicloux –una historia de venganza ambientada en la guerra de Indochina en 1945– con Gaspard Ulliel y Gérard Depardieu en el reparto; ‘La caravana’, de Méryl Fortunat-Rossi y Valéry Rosier –documental belga sobre los aficionados que acuden a animar a los ciclistas en las etapas del Tour de Francia; ‘El escape’, de Emmanuel Hamon –thriller político sobre una operación de exfiltración de una mujer francesa arrepentida de haberse unido al ISIS en Siria; ‘Perdrix’, de Erwan Le Duc – presentada en la Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes, cuenta con Fanny Ardant en su reparto; y ‘Jessica Forever’, de Jonathan Vinel y Caroline Poggi – distopía futurista y reflexión sobre la violencia–, que será una de las películas más comentadas de un MFFF2020 que no se olvida del público infantil, al que dedica una sección con 5 cortos de animación.

MAKMA

La poética del agua en el cine de Tarkovski

Plataforma online Filmin
Adquisición de siete películas del director ruso Andrei Tarkovsky
Septiembre de 2019

Atrapar en una sola palabra toda la complejidad estética de la mirada singular de ciertos directores, no es sólo un trabajo arduo de síntesis clasificatoria, sino también un intento de atrapar todo el desconcierto y desasosiego que provoca su obra cinematográfica.

La obra de Tziga Vertov, de Sergei Eisenstein o de Luis Buñuel puede quedar definida, según se aventuraron algunos, como de ‘cine-ojo’, ‘cine-puño’ o ’cine-navaja’, respectivamente. Tres palabras que denotan, más allá de  todas las diferencias narrativas y plásticas que encierran estas filmografías, una intención común: perturbar emocional e intelectualmente la mirada ‘clásica-pasiva’ del espectador. Tres miradas cinematográficas cuyo sentido pasa por la transgresión del pensamiento racional de la cultura de la modernidad, y la subversión de la moral y la ética del pensamiento burgués, hasta la provocación revolucionaria. 

Fotograma de ‘Solaris’, de Andrei Tarkovski.

Por una parte, el ‘cine-ojo’ pretende movilizar al espectador a través de la mirada-mecanizada de la cámara; por otra, el ‘cine-puño’ se propone golpear la mirada del público mediante el montaje de atracciones; y, por último, el ‘cine-navaja’ produce cierto desgarro con la escritura automática surrealista. 

Siguiendo esta línea de verbalizar la esencia de la obra de ciertos directores en una sola palabra, la belleza espiritual de la filmografía del director ruso Andrei Tarkovski podría quedar subsumida con la palabra agua.  

Fotograma de ‘El espejo’, de Andrei Tarkovski.

‘Cine-agua’. Toda la puesta en escena del cine de Tarkovski queda encharcada por la presencia simbólica del agua. El agua fluye por el tiempo y el espacio poético de la obra del director. Y la humedad propia de ella irrumpe como fluido orgánico en cada plano, en cada secuencia. Una humedad acuosa, desangelada, se apropia de la imagen, del texto, de las emociones de los personajes. Lo acuoso constituye la verdadera naturaleza nostálgica, melancólica, sacrificial  del trascendente y ético arte de Tarkovski.

Fotograma de ‘La infancia de Iván’, de Andrei Tarkovski.

El agua, por tanto, como materia acuosa donde esculpir el tiempo de la vida y de la muerte. El agua como metáfora de reflexión de la experiencia vital y artística. 

“(…) cualquier arte que no quiera ser consumido como una mercancía consiste en explicar por sí mismo y a su entorno el sentido de la vida y de la existencia humana. Es decir: explicar al hombre cuál es el motivo y el objetivo de su existencia en nuestro planeta. O quizá no explicárselo, sino tan sólo enfrentarlo a este interrogante” (Tarkovski).

Fotograma de ‘Stalker’, de Andrei Tarkovski.

A modo informativo

La plataforma online Filmin (2008), especializada en cine, principalmente de autor e independiente, aunque también ofrece series, ha adquirido recientemente siete obras del director ruso Andrei Tarkovski, cuya filmografía completa consta de los siguientes largos: ‘La infancia de Iván’ (1962); ‘Andrei Rublev’ (1966); ‘Solaris’ (1972); ‘El espejo’ ( 1974);  ‘Stalker’ (1986); ‘Nostalgia’ (1983), y ‘Sacrificio’ (1986).

Cuatro cortometrajes: ‘Los Asesinos’ (1958);  ‘Concentrado’ (1958); ‘Hoy no se licenciará’ (1959) y ‘El violín y la apisonadora’ (1960), todos ellos realizados en su etapa de estudiante en el Instituto Pansoviético de Cinematografía, actualmente Universidad Panrusa Guerásimov de Cinematografía. Asimismo,  ‘Boris Godunov’ (1982), filmación de la puesta en escena de la ópera Músorgski, y un documental para la televisión italiana, ‘Tempo di viaggio’ (1983) . 

De esta breve, pero densa y apasionante filmografía,  Filmin ofrece los siguientes títulos: ‘Los Asesinos’; ‘El violín y la apisonadora’; ‘La infancia de Iván’; ‘Andrei Rublev’; ‘Solaris’; ‘El espejo’ y ‘Stalker’.

Fotograma de ‘Solaris’, de Andrei Tarkovski.

Begoña Siles

«‘Cantares’ es una película barricada del presente»

‘Cantares de una revolución’, de Ramón Lluís Bande
Con Nacho Vegas
80′
De La Piedra Producciones, 2018
IX Atlàntida Film Fest

Citados en el distrito oeste de Gijón, entre vestigios de industria decadente, extintas ciudadelas, astilleros, lozas y suzukis, Ramón Lluís Bande, provisto con antiparras de inquietante cineasta y densos aditamentos de nicotina, eclosiona, tan introspectivo como locuaz, de su despacho en el estudio de De La Piedra Producciones, ubicado en el corazón periférico del barrio del que es oriundo: El Natahoyo.

Su más reciente película, ‘Cantares de una revolución’ –un heterodoxo musical sustentado por la elocuente prosodia del cantautor Nacho Vegas, cuyos fundamentos y estructura se polarizan en torno de la figura y testimonio del sindicalista y político socialista asturiano Belarmino Tomás [Lavandera, (Gijón), 1892 – México, 1950] y las canciones populares que nos hubo legado la revolución proletaria asturiana de 1934 (ambos abatidos por el olvido oscurantista e inmisericorde)– participa en la novena edición de Atlàntida Film Fest, implementado por Filmin, cuya plataforma aloja, sapientemente, el último lustro cinematográfico de Bande, vertebrado, en buena parte, por los soterrados acentos de la memoria histórica en Asturias durante la Guerra Civil.

Con tal motivo, MAKMA entrevista a este ubérrimo y lúcido creador –novelista, poeta, dramaturgo, músico, director del magazín cultural ‘Pieces’ para la TPA–, con el fin de desentrañar alguna de las copiosas singularidades históricas y cinematográficas que convierten a ‘Cantares de una revolución’ en un filme tan eminente como imprescindible.

La gestación del proyecto ‘Cantares de una revolución’ se sustenta en dos elementos fundamentales: la figura de Belarmino Tomás y la historia de los cantares populares de la lucha obrera durante el siglo XX, en ambos casos circunscritos a la revolución asturiana de octubre de 1934. ¿Quién fue Belarmino Tomás y qué papel desempeñó durante esta revolución?

Belarmino Tomás creo que fue la figura política más importante del siglo XX en Asturies, y por sus característiques, completamente desconocida en el tiempu actual. Hubo una campaña premeditada de olvido hacia su figura. Describiendo muy pocos elementos de su vida podemos ver su importancia.

Él fue discípulo de Manuel Llaneza y, a través de su relación con él, fue responsable del SOMA (Sindicato de Obreros Mineros de Asturias) a principios del siglo XX. Con esa experiencia en el SOMA, hay un primer momento que a mí me parez muy importante: fue el dirigente del pozo San Vicente, que fue el primer caso de mina socializada en el Estado español, de mina que pasó al control de los propios trabajadores. Después, en 1934, fue uno de los principales dirigentes de la Revolución y el que negoció la rendición, el final, con López Ochoa (Eduardo López Ochoa, general de división del Ejército de Tierra). En las elecciones del 36 fue diputado por Asturies en Madrid y, con el golpe de estado, fue la máxima autoridad republicana en Asturies, primero como representante del Frente Popular y como gobernador de Asturies del Gobierno de la República y, después, como presidente del Consejo Interprovincial de Asturies y León.

Los dos últimos meses de guerra –cosa muy interesante–, desde el 24 de agosto al 21 de octubre de 1937 –que cae Xixón, Asturies y el Frente Norte– fue presidente del Consejo Soberano de Asturies y León. El Consejo se vio obligado a declarar la soberanía, con lo cual el fascismo derrota en Asturies a un gobierno soberano. Tras la caída de Xixón sale a Francia y vuelve a entrar en zona republicana, siendo delegado del Aire del Gobierno de la República hasta el 39 y, después, vive el exilio en México, donde no abandona ni la militancia socialista ni el compromiso, por un lado, con los exiliados asturianos en México –de los que siguió cuidando, entre comillas–, ni su papel como máximo representante de los mineros asturianos en organizaciones sindicales a nivel mundial.

Este paso a vuela pluma por su vida creo que da la entidad del personaje. Entonces, siempre me pareció muy extraño que los asturianos no conozcamos a Belarmino Tomás; y también hay algo que siempre me gusta en mi trabajo, que es encontrar los espacios donde la memoria se politiza, donde la memoria conflictúa al presente.

Por ello me parecía muy interesante ver por qué, aún estando en un país, en Asturies, en el que –menos estos últimos cuatro años de gobierno anecdótico de la derecha– gobernó el mismo partido en el militaba Belarmino Tomás, no se conoce esa figura y por qué no se interpretaron políticamente todos estos sucesos: el 34, el 36 y el 37. Por qué se nos hurtó esa historia, que paye fundamental para entender lo que significó la clase obrera como sujeto político en Asturies y en la conformación de la identidad colectiva de los asturianos; cómo esa identidad colectiva está directamente vinculada a la clase, que es una cosa que no pasó en otros sitios del Estado. Mientras en la resistencia antifascista catalana o vasca había elementos de la burguesía y elementos nacionalistas propios, aquí siempre se vinculó nación, o esti conceptu de colectivo, a clase.

Parezme que ahí hay muchas claves pa entender quién fuimos y quién somos; y en el momento político actual que vive el Estado español, muchas claves muy interesantes para resolver ciertos embrollos que tienen que ver con identidad de clase.

Esta reflexión se emparenta con la extremidad musical de la película. ¿Qué relato componen y qué elementos destacarías de las letras de las nueve canciones interpretadas por Nacho Vegas en ‘Cantares de una revolución’?

La parte musical de la película nació de un proyecto anterior. Nacho y yo estábamos preparando para la televisión pública asturiana una serie que se acercaba a la historia de Asturies del siglo XX a través de la música popular. Encontrábamos cómo había canciones que contaben la Guerra Civil, la Revolución, la inmigración de principios de siglo, la lucha de la guerrilla en el monte; cómo todos esos momentos históricos, que pa nosotros eren muy importantes, habíen quedao prendíos en la música popular. Entós, estábamos trabajando en esto y, a la vez, yo en el guion sobre la vida de Belarmino Tomás. Llegó un momento en el que unimos les dos coses: ¿Y si contamos la vida de Belarmino Tomás solo durante la Revolución y a través de la música popular?

Nacho Vegas en el cementerio de El Salvador de Oviedo, durante un instante de ‘Cantares de una revolución’, de Ramón Lluís Bande. Fotografía cortesía de Filmin.

Lo que más nos interesó, en concreto, de las canciones de la Revolución era que nacíen de los propios revolucionarios. Había dos coses: una, temáticamente, que las canciones cuentan la revolución en marcha, tal y como la están sintiendo y viviendo los protagonistas, y, por otro lado, lo nacional, cómo para hacer popular eses letres o compartir esos mensajes se apoyaben en la cultura musical tradicional; cómo utilizaben eses melodíes tradicionales pa enganchar esas letras de la revolución en marcha. Entós, están los dos pilares, que a mí me parecen interesantes, pa definir la identidad colectiva de aquel momento: la clase y la pertenencia a una realidad cultural determinada, a la que llegaben o a la que traducían a través de las melodías de la música popular.

En entrevistas previas has afirmado que “no podemos estudiar el presente sin volver al 34” y, a la par, “el pasado me interesa lo justo para enmendar el presente”.

Yo creo que se corre un peligro, que se vio en el Estado español –hay ejemplos en Argentina y en otros sitios–: cuando la memoria se institucionaliza se despolitiza y se elimina su poder de influencia en el presente político. A mí una memoria política desprovista de su capacidad de influencia en el presente político no me interesa. Creo que ye muy interesante recuperar todo el siglo XX político, porque creo que es un período histórico no clausurado; vivimos dentro de ese momento histórico.

Sobre todo vinculado con la memoria democrática, a la que te refieres.

Sí. El relato hegemónico que tiene el Estado español sobre la Guerra Civil es el relato franquista: el de la guerra fratricida de hermanos contra hermanos, de un falsu humanismo de baja intensidad y de baja calidad humana. Hay otra cosa más peligrosa que esta, que ye que el relato hegemónico de la Transición también es el franquista; el del proceso ejemplar de reconciliación, con ciento veinte mil conciudadanos en cuentas, todavía. Entós, algo huele mal ahí.

Yo planteé desde hace años mi cine como la generación de relatos contrahegemónicos de esto. Mis películas empiezan en el 34, en el 37, pero hablan del 2018, del 2019, de la poca calidad democrática de los consensos del 78. Y yo, que quiero que mi cine sea muy poco impositivo al espectador, sí perfila una pregunta base, que ye por qué no conocemos estas historias, qué significa esto en nuestro presente democrático y cómo condiciona la lectura de ese relato hegemónico.

¿Crees que hay una predominante perspectiva de equidistancia en el relato oficial?

Sí, pero es un relato que compró la izquierda, también. No vamos a decir nombres, pero novelistas de izquierdes comparten el relato del franquismo; hay muches noveles así de escritores, masculinos y femeninos, vinculados claramente con la izquierda, sobre todo porque sí que ye cierto, y yo creo que no ye discutible, que en la Guerra Civil hubo republicanos que eren unos grandes hijos de puta y, seguramente, hubo fascistas que eren buenes persones. Eso no entra en la discusión, porque eso no ye importante; lo importante está en explicar bien el origen de la guerra, y el origen de la guerra fue un golpe de estado fascista contra la legalidad republicana. Esto sitúa la historia en su justa medida. No ye una historia tampoco de buenos y malos ni de repartir carnés, pero sí que hay unas legitimidades que son atacades.

Ramón Lluís Bande durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Siempre digo, ahora que estoy estudiando mucho la Guerra Civil en Asturies, que aquí no hubo guerra de asturianos contra asturianos, ni siquiera, específicamente, de asturianos contra españoles. Aquí hubo una guerra de asturianos contra italianos, contra moros, contra alemanes; y esto sitúa a la guerra en un terminu que sería más justo, que sería Guerra de España, no como Guerra Civil, que ye una manera de nombrarla que no define lo que fue. Una Guerra de España que fue la primera batalla de la II Guerra Mundial, donde el fascismo internacional probó armas y estrategies, y fue la primera batalla que el fascismo internacional ganaba en Europa, que después se llevó a otros lados y que en el 45, con la desnazificación, se olvidaron de España. La lucha contra el fascismo en el 45 tendría que haber acabado con la liberación de España, con la vuelta de la República española. Eso no se hizo por miedo al comunismo.

Todo esto parez como muy complejo y con muchos nudos. Yo creo que ye hora de aplicase, poco a poco, a ir deshaciendo nudos y tener una plasmación más cercana, porque si no no podemos entender nuestro presente políticu. Si no entendemos que ninguna persona digna puede defender la bandera rojigualda como bandera de unidad –porque la legítima era la tricolor y la actual era la bandera del fascismo–, no va a poder haber una reconciliación con esa bandera.

Albert Camus –autor referido, por cierto, en el introito de la película– escribió que “Fue en España donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, golpeado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa”, sentencia que uno emparenta con una de tus declaraciones, en las que manifiestas que “hay derrotas que son fuente de identidades”, en tanto que “parámetros simbólicos de reconocimiento”.

Sí, yo creo que, sobre todo teniendo en cuanta a la clase y al país al que pertenezco, que como no reivindiquemos derrotas no tenemos nada que reivindicar. Hay derrotas que son generadoras de identidad. El intento de hacer una revolución en 1934, aunque ese intento fuera fallido, debería servir, casi, como momento fundacional de la clase obrera asturiana como sujeto político. Todo esto marcaría mucho la evolución de Asturies a lo largo del siglo XX.

Una de las medidas que tomó el franquismo en respuesta a la Revolución fue generar una dependencia de la economía pública de toda la economía asturiana. La manera que tenía el franquismo de controlar a la clase obrera asturiana era controlar los puestos de trabajo, controlar les condiciones de vida de los trabajadores –por eso Hunosa y Ensidesa–, por su fuerte carga identitaria, como clase que pertenece a un territorio. El franquismo tuvo mucha precaución con eses dos realidades. Tampoco le salió muy bien, porque la única vez que el franquismo se ve obligado a sentarse a negociar es en el 63, en Asturies otra vez, donde el franquismo negocia con el movimiento obrero asturianu.

«Hay una secuencia de la yo estoy muy orgullosu, que ye la de los herederos de la Revolución en el parque (Sama). Esa secuencia representa lo que paye el arte cinematográfico. En un plano grabado en presente tienes cien años. Cómo el cine cuenta un siglo». Fotografía cortesía de Filmin.

Toda esa identidad de lucha –que ya había tenido y había dado señales de preexistencia, con les huelgues del 17 y del 19–, en el 34, con el nacimiento del UHP (Uníos Hermanos Proletarios), esta unión de todes les sensibilidades de la izquierda –socialistas, republicanos, comunistas o libertarios–, que tuvieran un proyecto común, condicionó una identidad muy fuerte de la izquierda asturiana que con la Transición no se llegó a reivindicar; la izquierda, los protagonistas de la Revolución, siempre tuvieron muy mala conciencia sobre esa revolución, sobre todo el Partido Socialista, pero también el Partido Comunista (los libertarios dejaron de existir). No se reivindicó con orgullo aquel intento. Ni, incluso cuestionándolo: fue un error, pero vamos a estudiar ese error, por qué llegamos a él.

En esta parte de lucha contra la identidad de clase, que quiere debilitar la posible pervivencia de la lucha de clases, juega un papel importante volver a contarnos nuestra historia. Porque el olvido del 34, en la gira de presentación de ‘Cantares de una revolución’, siempre lo relacioné mucho con la capacidad de normalizar a la extrema derecha en España, que fue tan sencillo. Cómo la presencia de VOX, cómo ser fascista volvía a ser una opción tolerable en España.

Cuando la izquierda institucional hizo que la clase obrera se quedara sin referentes históricos, sin relato, ye mucho más fácil legitimar cualquier otra cosa. Date cuenta que el 34 realmente estalla cuando es posible que tres ministros de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) y la extrema derecha entren en el gobierno de la República.

Por tanto, ¿adviertes semejanzas con el presente político?

Hay una equivalencia con el momento político actual. Hay una evolución que la extrema derecha tien clara. Ahora, les reuniones entre PP, Ciudadanos y VOX ye la nueva CEDA, sin embargo la izquierda tien miedo a, frente a eso, nos defendenos con el Frente Popular.

El PSOE no quiere ni oir hablar del Frente Popular. Pedro Sánchez solo podía ser presidente el jueves (25 de julio de 2019) con el Frente Popular, es decir, con el voto a favor de Unidas Podemos y la abstención de nacionalistas catalanes y vascos, que sería una reorganización del Frente Popular 2.0 o 4.0 del Frente Popular. Pero como no cuidemos esa historia, como no nos contemos ese relato, como incluso la izquierda tien miedo a este relato… Hay que evolucionar y, seguramente, el Frente Popular hizo cosas mal, pero la unidad de la izquierda y la unidad de clase van a ser imprescindibles si nos queremos seguir defendiendo. Hay que darse cuenta de que del 34 llegamos a Santi Abascal, sin forzar, o sea que… Pero también ellos lo tienen claro. El 34 estalla por un discurso de Gil-Robles (José María Gil-Robles, diputado en las Cortes republicanas y ministro de la Guerra en 1935) en Covadonga, que vino a provocar, y Santi Abascal empezó la campaña electoral en Covadonga.

En qué medida ‘Cantares de una revolución’, amén de una reivindicación, es una celebración?

Yo creo que el elemento musical lo convierte en celebrativo. La música popular siempre mete ese carácter, no diría festivo, pero sí celebrativo. Desde el cine ye más fácil celebrar que reivindicar, porque en la celebración va implícita la reivindicación. Pero al decidir que la vamos a montar sobre canciones, que cuenten coses muy dures, estas siempre te llevan a la celebración. Sí que a mí me gusta definir la película así, más que como reivindicación –que va de suyo, sobre todo por el otro cincuenta por ciento de la película, que son los testimonios de Belarmino Tomás–.

Ramón Lluís Bande y Jose Ramón Alarcón durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

¿Debe considerarse la película como un musical, en todo caso, heterodoxo?

Sí, yo siempre dije que esta película era un musical; heterodoxo dijeron otros (yo siempre me encuentro a gusto con la palabra heterodoxo). En el fondo ‘Cantares de una revolución’ bebe de ‘Equí y n’otro tiempu’ (Ramón Lluís Bande, 2014), en la importancia de los espacios y la resignificación que el cine puede hacer de los espacios, pero aquí teníamos el añadidu de situar cuerpos en espacios; y, después, una cosa que la gente no ve a primera vista, pero, claro, no hay nada más coreográfico que la lectura, que el movimiento de las palabras en la pantalla y en la sala. Era un trabajo de cómo la imagen sonora llenaba la imagen visual; cómo conseguía construir una imagen dialéctica que fuera la suma de lo que se oye y lo que se ve, dentro de la conciencia de estar haciendo una película musical, no un documental musical, que también.

Eso es una segunda parte, una segunda lectura de la película, que ye cómo un músico popular del siglo XXI se enfrenta a la reconstrucción de la herencia musical. Esa ye otra película que está en esta, pero la que está en primer término es la otra, la que cuenta la historia. Era esta relación de cuerpo-espacio-palabra en el espacio lo que decidió la puesta en escena de todes les secuencies.

Sueles perfilarte como un director obsesionado por la estructura de tus películas.

Sí, yo soy un director que me gusten mucho les estructures muy cerraes. A mí lo único que me preocupa de una película ye la estructura; en una estructura bien cerrada puedes meter cualquier cosa; cómo estén los actores ya me importa menos si todo lo demás funciona. Precisamente por esto, soy un director que me gusta imponer poques coses a mis películes. La suerte con este tipo de pelis ye que me vienen heches: al aceptar una cronología, unos hechos y unos espacios, yo solo tengo que ordenar eso dentro de la generación de un relato, pero no tomo decisiones gratuitas que me costaría mucho tomar. Soy incapaz de decir “que el actor haga esto”, porque podría hacer esto o cualquier otra cosa.

Si te fijes en todas mis películas, como en ‘Equí y n’otro tiempu’, las secuencias están rodadas en el mismo día en que pasó, en el espacio, porque así el plan de producción ya me lo da la realidad y yo no tengo que imponer nada a la película, ye ir detrás d’ella. Aquí (‘Cantares de una revolución’) pasa un poco lo mismo, sí que está todo muy controlado, pero todo está editado. A Aída de la Fuente la mataron donde la mataron, la Universidad de Oviedo está donde está, el parque de Sama, el balcón del Ayuntamiento, etc. Todo ve viene dado y yo lo que intento ye organizalo en una estructura que tenga más o menos sentido; solo tengo que intentar contalo bien.

¿Cuáles han sido hasta ahora las reacciones y expectativas de los espectadores frente a ‘Cantares de una revolución’, tanto asturianos como de otras localidades en las que se ha exhibido la película?

En Asturies fue espectacular, muy emocionante estrenar en el Festival de Cine de Xixón (Premio Especial del Jurado del 56 FICX), un festival con el que yo estuve varios años enfadado –estuve fuera, estrenaba en Sevilla–. El año anterior había vuelto con ‘Escoréu’ (‘Escoréu, 24 d’Avientu de 1937’, Ramón Lluís Bande, 2018), con el cambio de dirección del festival. ‘Cantares de una revolución’ ya se estrenó en sección oficial en Xixón, en el Teatro Jovellanos, que, por otru lau, ye un espacio muy vinculado a la figura de Belarmino Tomás, cuando era el Teatro Dindurra.

Del estreno me quedo con un momento: al final, con los primeros créditos, cuando mi hija sale y le pone una flor a la tumba de Belarmino Tomás y sale la foto de Belarmino, el público se levantó en el teatro y empezó a aplaudir a la figura de Belarmino Tomás, que para mí eso era muy importante en esta película. También funcionó muy bien en el estreno en Madrid –estuvo nueve días en la Cinemateca– y en otros festivales y ciudades en las que se proyectó.

Hay la confirmación de una tristeza. Los encuentros con el público son casi iguales en Asturies que fuera; el nivel de desconocimiento es el mismo en Madrid que en Llanes o que en Mieres. Eso creo que indica la necesidad de la existencia de la película. Es un poco triste por lo que dice de nosotros, pero también muy interesante, porque conocíen poco o nada que en el 34 en Asturies se hubiera intentado la última revolución proletaria en Europa Occidental y que fuera triunfante durante quince días.

Por otru lau, yo veía durante el proceso de ‘Cantares’ su relación con el presente y, de repente, la explosión de VOX y la naturalización de la extrema derecha convirtieron la película en completamente actual. Vimos cómo en quince días y en tres puntos del mundo la extrema derecha estaba completamente normalizada en España, dándole un significado que no tenía: que era una película barricada del presente, en el sentido de que hay que parar a la extrema derecha. La extrema derecha puede vendenos su discurso porque desconocemos estes histories, porque no tenemos anticuerpos de relato contra ellos. La actualidad repolitizó el presente de la película.

Ramón Lluís Bande. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón