«Nada hay más fantástico que lo real»

‘El amante germano’, de Pilar Pedraza
El Club Diógenes
Valdemar

En el barrio de Carmen de Valencia en una calle sinuosa por la que fluyen torrentes de turistas habita una Aracné rubia de voz dulce que teje terroríficas historias. En sus últimas novelas Pilar Pedraza evoca el mundo antiguo grecorromano que conoce al dedillo pero impregnado de preocupaciones muy actuales, como el papel de la mujer en la sociedad o esos territorios ambiguos entre la vida y la muerte, lo femenino y lo masculino, lo humano y lo divino. Con ‘El amante germano’ cierra una trilogía que comprende: ‘La perra de Alejandría’ y ‘Las lobas de Tesalia’. Valeria es una joven patricia prometida a un germano integrante de la guardia del emperador asesinado durante una conjura. Viuda antes que esposa, contrae una profunda melancolía que su madre intenta aliviar recurriendo a una hechicera que propone modelar un muñeco de cera a imagen y semejanza de su amado. Pero sus planes no acaban como estaba previsto y se desencadena la tragedia.

¿Cuando la empezó a escribir ya tenía el germen de los tres libros en su cabeza?

Desde mi adolescencia he tenido la idea de cada una de estas novelas, de forma nebulosa. Con el tiempo han ido cobrando vida autónoma y ahora veo claramente por qué. Las tres tratan de mujeres de la Antigüedad que no se resignan a ser esposas y madres. Tienen vida y deseos propios y viven aventuras tan apasionantes y peligrosas como los hombres. Salvo ‘La perra de Alejandría’, inspirada en  Hipatia, son personajes ficcionales aunque, en su locura, verosímiles”.

Portada del libro 'El amante germano'.

Portada del libro ‘El amante germano’.

¿Respeta fielmente los usos y costumbres del mundo clásico o se ha tomado alguna licencia poética? ¿Es cierto que indultaban a los reos si de camino del cadalso se cruzaban con un grupo de vestales?

Lo de las vestales es rigurosamente cierto, como casi todo lo que aparece en la novela, aunque no se trata en absoluto de una novela histórica. Creo que las cosas tremendas que hay en ella son las más realistas. Y los personajes también. La belleza deslumbrante y la curiosa manera de ser del germano son verosímiles. Los emperadores tenían realmente una guardia germana con su propio cuartel y confiaban en ella más que en los pretorianos comunes. Por lo demás, mi libertad para manejar el mundo grecorromano es total, aunque descansa en muchas horas de estudio académico. Mis novelas y cuentos son ficciones fantásticas, pero nada hay más fantástico que lo real.

¿De dónde procede su fascinación por el mundo greco-romano y qué cree que es lo peor y lo mejor de la herencia que nos han dejado?

En ‘La vida de Brian’ se explica fantásticamente lo que debemos a los romanos. El legado grecorromano en nuestra civilización es enorme. Va desde la filosofía y la justicia hasta las carreteras, pasando por la mal llamada cocina mediterránea y el gusto por teñirse el pelo de rubio.

¿Con el personaje de Domicio Porcino, padre de Valeria,  ha querido representar el espíritu práctico y realista del páter familias?

El pater familias romano también es muy nuestro: un señor barrigudo, pragmático y dominante, que se dedica a sus asuntos públicos y al fútbol (perdón, al circo), ignorando los avatares sentimentales y las necesidades afectivas de sus hijos e hijas, alternando con prostitutas de más o menos nivel, y dejándolo todo en manos de la dómina (esposa y madre) y demás mujeres de la casa.

El capítulo que describe una jornada en el circo es uno de los platos fuertes del libro ¿Que las luchadoras, aurigas y cazadoras sean mujeres forma parte del mensaje feminista?

Las aurigas, gladiadoras y demás mujeres luchadoras son reales. En Roma había escuelas de gladiadoras, y se utilizaban prisioneras britanas guerreras en el circo para las carreras de cuadrigas. El hecho de que ese capítulo esté protagonizado exclusivamente por mujeres es un reto que me impuse a mí misma y al lector, para variar el punto de vista tradicional sobre los roles de género, pero en el fondo hay algo de verdad en todo ello.

¿Qué le diría a quien considera lo fantástico una forma de escapar de la realidad?

Que se lo haga mirar por una psiquiatra o que amplíe su cultura al respecto. La cultura de lo fantástico no es de evasión sino de introspección. Lo oscuro habita en nosotros y es bueno conocerlo y trabar amistad con ello, salvo que quieras mirar hacia otro lado y te entretengas -en el arte y en la vida- con comedias románticas más viejas que la tos y totalmente perniciosas. Lo monstruoso sirve también para sobrevivir en medio del capitalismo sin entrañas y no volverse loco.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía del autor

Pilar Pedraza. Imagen cortesía del autor

Bel Carrasco

“Lo fantástico va a más con la modernización del país”

Mystic Topaz, de Pilar Pedraza
Editorial Valdemar

La escritora Pilar Pedraza vive hace años en el barrio del Carmen. En medio de un entramado de callejuelas, plazas, recodos y recovecos en los que, a ciertas horas del día, el tiempo parece haberse detenido. Los edificios históricos y nobiliarios se alternan con los ruinosos y primorosamente rehabilitados. Los  ángulos muertos, con pasadizos secretos y laberintos mágicos. Pedraza se camufla en esa atmósfera y en un rincón del salón de su casa teje y entreteje brillantes tramas con las que captura a sus lectores. Su último libro, Mystic Topaz, una colección de relatos, se inspira en un curioso establecimiento del barrio dedicado a piedras exóticas y actividades esotéricas que frecuenta, aunque no crea ni deje de creer en tales cosas.

Cubierta de 'Mystic Topaz'.

Cubierta de ‘Mystic Topaz’.

Mystic Topaz. ¿El título del libro encierra algún significado esotérico? 

Mystic Topaz es el nombre de la tienda de objetos esotéricos donde se desarrolla la mayoría de las acciones del libro. Los topacios místicos son una variedad de gema tratada tecnológicamente añadiendo una finínisima capa de titanio a una pieza de topacio o de cuarzo de buena calidad, con lo que se logra un brillo y una gama de colores extraordinaria. Los topacios son las piedras de la alegría, para quien crea en esas cosas. No seré yo, desde luego.

Lo inició como una serie de cuentos que se publicaban cada semana en la revista digital desaparecida, El Butano popular. ¿Cómo llevó esa obligada periodicidad? ¿Cuál es el hilo conductor del libro?

Al comienzo, un relato a la semana me resultó demasiado y me agobió un poco, pero pronto pareció crecer en mi interior como una planta, mis fuerzas aumentaron y fui feliz cumpliendo el plazo, sobre todo cuando el hilo conductor del libro se marcó y tomó forma por sí mismo. Esto ocurrió al consolidarse las protagonistas, Delirio Presencia y Geles, y la comunicación entre ellas en el universo mágico de la tienda. Y cuando a lo fantástico se unió el humor.

Lo insólito, lo extraordinario y prodigioso impregnan la mayoría de los relatos. Sus lectores deben preguntarse en qué misteriosa y tal vez oscura biblioteca cosecha tales conocimientos.

Los relatos de Mystic Topaz  son de género fantástico, tanto los referidos a la naturaleza y los monstruos como los que tienen que ver con la literatura gótica. Hay que leer mucho, ciertamente, para escribir algo coherente y gracioso sobre los zombis que aparecen en la trastienda, sobre los retratos de muertos o sobre determinados temas tibetanos. Hay mucha fuente libresca, pero también muchas impresiones de viajes y sobre todo el aprendizaje directo en la propia tienda, con los materiales en la mano y los personajes exóticos a la vista. He conocido personalmente a algunos de ellos, como el chamán Sergio Magaña, el cabalista Eduardo Madirolas o el cátaro Laurel, de los que he aprendido mucho, sobre todo a respetar lo que no pertenece a mi cultura.

Pilar Pedraza en la Feria del Libro de Madrid. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza en la Feria del Libro de Madrid. Imagen cortesía de la autora.

Emilio Bueso y usted son los únicos escritores españoles incluidos en el catálogo de la editorial Valdemar, ambos, por cierto instalados en la Comunidad Valenciana. ¿Por qué cree que apuestan por ustedes dos?

Porque somos los mejores. Bromas aparte, creo que Emilio y yo damos el perfil ideal de Valdemar por nuestra acentuada y fiel especialización en la literatura fantástica y de terror, y porque personificamos dos de sus más notables generaciones, yo la más antigua y clásica, y Emilio la más juvenil. También, supongo, publicamos en Valdemar por pura chamba y porque les gustamos a los editores, que son muy suyos.

Hace años se consagró como autora de culto con unos fieles seguidores. ¿Cuál es el perfil de sus lectores?

Por lo que veo en las redes y en la Feria del Libro de Madrid, suelen ser frikis de entre veinte y cuarenta años, mucha chica con aire independiente –alguna con un halcón en el puño, como te lo digo- y madurotes que empezaron a leerme al comienzo y no me han abandonado. Cuando los conozco, me encantan, porque son gente ilustrada, amable y genuinamente amiga de lo raro, como yo misma.

La literatura fantástica en España no gozó nunca de gran predicamento pero hoy parece que despega y atrae a los jóvenes. ¿Qué piensa de la evolución del género estas últimas décadas?

Sin duda va a más con la modernización del país. Cuanto más civilizado es un sitio, más se cultiva y se degusta en él la cultura Dark, por su carácter trasgresor y libertario. Hay que desconfiar totalmente de la gente palurda a la que no le interesan los vampiros porque no existen o a los que abominan de la tinta roja. En España la ignorancia está de parte de la Inquisición, como en todas partes, y la Inquisición de la inteligencia y del humor de cualquier color que sea éste. En el fondo pienso que la única literatura es la fantástica. Y Zola, claro.

El próximo otoño visitará la Feria Gótica de Madrid para cosechar el Premio de Literatura Fantástica a su trayectoria en el Museo Romántico. ¿Ya sabe qué atuendo va a lucir para la ocasión?

El de siempre. Soy de los que piensan que el hábito no hace al monje.

Portada de 'Lobas de Tesalia', de Pilar Pedraza.

Portada de ‘Lobas de Tesalia’, de Pilar Pedraza.

Si fuera bruja, ¿en qué tipo de hechizos y sortilegios le gustaría especializarse?

En lo concerniente a la resurrección de los muertos, como en Lobas de Tesalia, y también en la ayuda a los mismos a alcanzar la luz si están despistados, sobre todo a las víctimas de los accidentes. Pero lo cierto es que no soy bruja ni se espera que vaya a serlo.

El Papa Francisco quiere que las mujeres casen y bauticen. ¿Algún comentario al respecto?

A mí lo que quieran los papas me tiene sin cuidado. No pertenezco a su grey. Lo que sí me gustaría es que la Iglesia nos devolviera todo el patrimonio que nos ha robado.

¿Qué proyectos tiene entre manos?

Varios. Estoy terminando un estudio sobre la vida y obra del extraordinario creador Jean Cocteau (La Bella y la Bestia, Orfeo), para el que ya tengo una buena editorial, y maquino los inicios de una novela romana gore que completará la trilogía de La perra de Alejandría y Lobas de Tesalia. Me gusta mucho el mundo grecorromano. Actualmente colaboro con una revista digital llamada ‘La Charca literaria’ con pequeños relatos sobre las travesuras de Eros y otros niños del Olimpo. Espero que, como Mystic Topaz, se conviertan en un libro.

¿Cómo espera que salga el país tras el 26-J?

Trasquilado, pero peor de lo que ya está, imposible. Me gustaría que los partidos de izquierdas se unieran y nos sacaran del estercolero en el que nos ha hundido el bipartidismo; que la derecha heredera del franquismo desapareciera definitivamente y que nuestro país dejara de ser una monarquía bananera. Ya sé que son muchas cosas. Con una de ellas me conformaría, porque las otras irían detrás.

¿Le preocupa que GB abandone Europa?

Me tiene sin cuidado GB. Inglaterra no me merece ningún respeto. No contenta con no arreglar sus propios problemas e ir a la suya ilegítimamente en la Unión, incluido servirse de su propia, se está deteriorando económica y socialmente, y nos manda los peores turistas. Lo único que siento es que van a salir perjudicados los emigrantes, incluidos los españoles.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

CARLOS DOMINGO, JUAN OLIVARES Y NELO VINUESA

Carlos Domingo, Juan Olivares y Nelo Vinuesa
Galería Rafael Ortiz
Mármoles 12 (Tel. 954214874). Sevilla
Hasta el 30 de abril de 2015
L: 18,00–21,00 h.
M-V: 11,00–13,30/18,00–21,00 h.
S: 11,00 – 13,30 h

La diadema, imagen evocadora encontrada en la relectura de una traducción del poema “Lamia”, nos reconduce al arco iris por su estructura formal pero también a la bóveda celestial-celeste que nos contiene, al universo, al viaje, al descubrimiento. Como imagen simbólica conecta con la idea de corona, que en un sentido amplio y profundo simboliza la propia idea de superación. A su vez, el arco iris, es a menudo el símbolo del puente entre el cielo y la tierra, expresa siempre y en todo lugar unión, relación e intercambio entre ambos. Nos gusta pensar que la diadema parece querer sujetar la razón, pero también nos conecta con el universo mágico y misterioso de la naturaleza.

“Trenzar Diademas”,  hace entonces referencia al modo en que cada uno construye su universo creativo, a la creación de mundos. La poesía, el misterio o la magia, son el punto de partida y la materia de nuestros trabajos, que no se desvinculan del razonamiento y la investigación. Es más, pensamos que hay una razón poética en cada acontecimiento, recordando a María Zambrano.

Si Newton desteje el arco iris en un intento por revelar el misterio de lo oculto, nosotros volvemos a trenzar con la emoción y la razón nuevas diademas. El acto de trenzar representa  un conjunto de tres o más ramales que se entretejen, cruzándolos alternativamente. Esta acción nos sirve conceptualmente como punto de partida para establecer el diálogo y la comunicación entre las tres propuestas.

Carlos Domingo. Paso. 2015. Pasta de papel y madera.

Carlos Domingo. Paso. 2015.
Pasta de papel y madera.

Por un lado, el trabajo de Carlos Domingo se centra en el interés por las cuestiones que sitúan al individuo frente a la metáfora de la representación animal, vegetal o mineral como estrategia plástica y conceptual para reflexionar sobre su naturaleza “humana”. Es un tipo de trabajo que pretende ser un resumen de los procesos de lo natural-orgánico frente a lo humano. La ciencia y el arte han elevado el nivel de humanidad del hombre y al mismo tiempo lo han alejado de su origen natural y primitivo (animal). El conjunto de lo natural, entendido como referente amplio y abierto, se mezcla con los artificios y las convenciones de la cultura.

Nelo Vinuesa. Penyagolosa. 2013. Grafito s/papel. 30,5 x 23,5 cm

Nelo Vinuesa. Penyagolosa. 2013.
Grafito s/papel. 30,5 x 23,5 cm

De un modo similar, Nelo Vinuesa sugiere y evoca narraciones que se construyen mediante la utilización de imágenes simbólicas, estableciendo conexiones entre lo fantástico, lo espiritual y lo mágico. Por otro lado, hay cierto romanticismo en las composiciones que plantea, un anhelo por lo lejano, por lo infinito. En su trabajo, el tratamiento del paisaje se relaciona con la idea de espejismo, fenómeno que hace referencia a la distorsión de la percepción sensorial, a la apariencia engañosa de algo que nos lleva a apreciar la realidad erróneamente.

Juan Olivares se identifica emocionalmente con todo lo que le rodea, sea una taza de café, una canción, las sombras proyectadas sobre un asfalto gris cromático, unos luminosos zapatos verdes con matices azules que cruzan las franjas blancas de un paso de cebra, un vestido precioso y su danza, el ruido amarillo del tráfico…

She´s like a rainbow VIII. De Juan Olivares. (110 x 100 cm.)

Juan Olivares. She’s like a rainbow V. 2014.
Pintura vinílica y óleo s/tela. 200 x 180 cm.

En este sentido su pintura está muy cerca de lo que acontece, del fluir permanente de las cosas y su misterio. Sus trabajos se alimentan de destellos cotidianos e instantes huidizos, momentos fugazmente perfectos en los que de alguna manera sales colmado.

(Imagen portada, Carlos Domingo. Tronco, Cactus, Abrazo. 2015. Carboncillo, pasta de papel y madera. Diversas medidas)

 

 

Ocho miradas ‘Bestias’ en Kir Royal

Bestias. Exposición colectiva
Kir Royal Gallery
C / Reina Doña Germana, 24. Valencia
Hasta el 20 de enero

Debe de ser cosa de la crisis. En momentos de quiebra, sin duda producida por ciertos excesos pasionales que vulneran las más elementales leyes de la convivencia solidaria, es cuando suelen aflorar visiones fantásticas de lo humano. Visiones que vuelven confusa la línea que separa al hombre del animal. Es lógico pensar así, cuando el instinto depredador prevalece sobre el comportamiento racional. De manera que la bestia que nos habita se adueña de la realidad, para mostrarnos su inquietante universo. Es lo que hacen ocho artistas plásticos en la galería Kir Royal: abrirnos las puertas de lo fantástico y de lo tenebroso a través de una serie de simbólicas imágenes.

Ciervo blanco, de José Luis Serzo. Imagen cortesía de Kir Royal.

Ciervo blanco, de José Luis Serzo. Imagen cortesía de Kir Royal.

Bestias, tal es el título de la exposición, es un amplio muestrario de esas figuras limítrofes entre lo humano y lo monstruoso; entre lo reconocible y lo que nos asusta contemplar, en tanto reverso inquietante de nuestra faz amable. El rostro hiperrealista de Miguel Scheroff sería ejemplo de esa vulnerabilidad que nos constituye. Como lo es ese pilar de la anatomía dibujado por Gem Díaz, un cuerpo bello que descubre su abierta osamenta cadavérica. Dispuestos a levantar la máscara supuestamente hipócrita que oculta la verdad del ser humano, emerge la descarnada realidad.

El baño, de Sergio Delicado. Imagen cortesía de Kir Royal.

El baño, de Sergio Delicado. Imagen cortesía de Kir Royal.

Fabio La Fauci lo revela mediante cuerpos tullidos, a los que el corte sangriento les infunde una extraña vitalidad mortal. Pablo Fernández Pujol se hace cargo de la metamorfosis, menos lúgubre que la de Kafka pero igualmente inquietante, del ser humano animalizado, en el que prevalece la cabeza salvaje frente al cuerpo civilizado. Hartos probablemente de la tan extendida actitud corrupta por parte de los humanos, volvemos nuestra mirada hacia el animal como emblema de la naturaleza incorrupta. Incluso poética. Tal es el caso de Yu Jie, cuyos contenidos de fábula dan pie a la construcción de un universo poblado de seres fantasiosos.

Fly, de Tom Venning. Imagen cortesía de Kir Royal.

Fly, de Tom Venning. Imagen cortesía de Kir Royal.

La pesadilla, sin duda negativo del positivado sueño, aparece en la obra de Tom Venning en forma de figuras telúricas, tan pronto sujetas a la vida por el tatuaje civilizatorio, como próximas a hundirse en su propia materia. Y al hilo de esa tendencia antihumanista que parece dominar la ciencia ficción actual (bastaría seguir el rastro de Avatar), Sergio Delicado y José Luis Serzo nos proponen adentrarnos en esa atmósfera poblada de extrañas criaturas venidas de cierto más allá. Si nuestra realidad se revela insatisfactoria, en tanto amenazada por la estulticia humana, parece llegada la hora de los seres fantasmales que vienen a ocupar el lugar de los muertos vivientes que, al parecer, somos los habitantes de esta tierra asolada por la corrupción.

Robert, de Miguel Scheroff. Imagen cortesía de Kir Royal.

Robert, de Miguel Scheroff. Imagen cortesía de Kir Royal.

Bestias, que permanecerá en Kir Royal hasta el 20 de enero, es una exposición repleta de inquietantes pinturas que, al modo de los Bestiarios Medievales, se asocian al universo animal y sus simbólicos consejos. “Una sugerencia para tomar la vida de manera diferente, un ‘take it easy’ en un periodo de crisis donde es mejor entrar en este mundo fantástico y sortear la realidad”, según se explica en el texto que acompaña la exposición. Sugerencia que en ningún caso debería invalidar esa otra entrada de lleno en el universo bestial que nos proponen los ocho artistas de la muestra. Extraño universo de figuras habitadas por el malestar que supone vivir a caballo entre la civilización y la naturaleza.

Metamorfosis, de Pablo Fernández Pujol. Imagen cortesía de Kir Royal.

Metamorfosis, de Pablo Fernández Pujol. Imagen cortesía de Kir Royal.

Salva Torres

El striptease fílmico de Tomas Alfredson

Tomas Alfredson. Premio Luna de Valencia

Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove

Del 21 al 28 de junio

Fotograma de Déjame entrar, de Tomas Alfredson. Cinema Jove

Fotograma de Déjame entrar, de Tomas Alfredson. Cinema Jove

El cine de Tomas Alfredson no entiende de géneros, a pesar de tocarlos casi todos. Como tampoco entiende de política, si entendemos por ella ese cuerpo a cuerpo directo con los acontecimientos desde posiciones herméticas. Al director sueco le interesan las emociones y, para llegar a ellas, hay que prescindir de moldes, etiquetas, puños cerrados o palmas abiertas. El propio Alfredson lo apuntó, al intentar explicar el terror fantástico de su película Let the right one in (Déjame entrar): “Igual que en la mecánica del striptease, una mujer que sale directamente desnuda tiene menos interés que imaginar lo que hay detrás de su ropa”. Mejor, imposible. Sus películas, si provocan miedo, suspense o, en definitiva, emoción, se debe más a esa mecánica del striptease que al porno visual que nos invade.

Un poco antes de que Cinema Jove presentara en el Hotel Astoria al Premio Luna de Valencia, los guionistas debatían en la SGAE sobre su dramática situación. Y, entre otras cosas, el productor Sergio Castellote decía precisamente que el cine de terror había pegado “un bajón brutal” por las temáticas “excesivamente retorcidas”. Los cuerpos despedazados y la sangre a borbotones han llegado a cansar. Por eso Alfredson, al margen del supuesto terror de Déjame entrar, emociona: porque sugiere lo que el espectador debe completar con su inquisitiva mirada. Así lo explicó el propio director sueco: “El miedo está en las cosas que no muestras, dejando al público que rellene los huecos”.

Imagen de El topo, de Tomas Afredson. Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove

Imagen de El topo, de Tomas Afredson. Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove

Sus películas están plagadas de esos momentos, de ese striptease cinematográfico que atrapa la mirada de un espectador magnetizado por la cadencia con que cae la nieve, la sutil geometría de los edificios o esos rostros a punto de revelar un íntimo secreto. “Es más fácil mostrar ríos de sangre, al igual que a un hambriento mostrarle un festín, que describir con palabras el ansiado filete de carne”. El director de Tinker tailor soldier spy (El topo) huye como de la peste de tanta explicitud visual. “Hacer películas es algo más sutil que reflejar acontecimientos de actualidad”. Hacer películas es preguntarse “con qué elementos activar la imaginación del espectador”.

Y los elementos con que cuenta Tomas Alfredson en sus películas no tienen nada que ver con el propio cine, sino con ”olores, sabores o canciones”. Sin ir más lejos, el tema La mer con el que Julio Iglesias clausura El topo, o “el olor del tweed  o lana británica mojada” que Alfredson dice haber querido recrear en esta misma película. Atmósferas, sensaciones, encuentros velados, en el interior de una arquitectura igualmente destinada a mostrar por fuera, lo que dentro no termina de cuadrar. “La arquitectura me emociona personalmente, porque es con lo que se relaciona la gente”. Por eso tan importante como el encuadre es “lo que queda fuera”.

Imagen de Déjame entrar, de Tomas Alfredson. Cinema Jove

Imagen de Déjame entrar, de Tomas Alfredson. Cinema Jove

Lo mismo sucede con un tema tan explícito en Déjame entrar como es el acoso escolar. En lugar de quedarse con la explicitud social del problema, y su envoltorio de terror fantástico, Alfredson nos sitúa, de nuevo, en el complejo y misterioso terreno de las emociones. “La sensación de soledad, de no pertenencia a un grupo, es universal”. Al igual que el acoso escolar tiene “muchas caras” y puede darse ya de adulto “en el trabajo o cuando no te habla alguien o te ignoran”. Por eso su aproximación a los géneros, de cuyo etiquetado huye porque “no es mi trabajo”, no es “intelectual, sino emocional”. Como también huye de dar explicaciones del remake que Matt Reeves ha hecho de Déjame entrar. “La industria del cine es tan añeja, que se ha vuelto un poco antropófaga: se nutre de sí misma”.

Y puestos a hablar de emociones, Alfredson no duda en calificar de “ídolo” al compositor Alberto Iglesias, con el que trabajó en El topo, y con el que estaría “encantado” de volver a trabajar. El striptease del Premio Luna de Valencia también alcanzó al mismísimo Ingmar Bergman, retratista de “la burguesía de su época”, y a John Le Carré, “persona cálida y de un humor desbordante”. Su mirada inteligente, apenas disimulada con unas gafas de pasta, dejó entrever más cosas. Todas ellas al alcance de un espectador avezado en la mecánica del striptease con que construye cada una de sus películas.

Fotograma de Déjame entrar, de Tomas Alfredson. Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove

Fotograma de Déjame entrar, de Tomas Alfredson. Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove

 

Salva Torres