“He contado la forja de un picoleto”

#MAKMALibros #MAKMAEntrevistas | Lorenzo Silva
‘El mal de Corcira’
Ediciones Destino, 2020
Domingo 2 de agosto de 2020

Titular una novela es como poner la guinda al pastel. Un título desafortunado puede echar por tierra años de trabajo. Conscientes de ello, los escritores se emplean a fondo en un supremo esfuerzo de síntesis, pues se trata de resumir el contenido del libro en un puñado de palabras. Y cuanto menos palabras mejor. A veces, se recurre a una referencia histórica para lograr ese fin. Lo hizo Javier Cercas en ‘Soldados de Salamina’ y lo ha hecho otro gran autor, Lorenzo Silva, en ‘El mal de Corcira‘ (Ediciones Destino, 2020), décima entrega de su serie sobre Bevilaqcua. En Corcira, la antigua Corfú, se produjo, hace 2.450 años, una terrible guerra civil relatada por Tucídides en la que Silva ve un espejo de la lucha que vivió en España contra ETA, pues tuvo efectos muy parecidos en la población vasca: “el enaltecimiento de los airados, el ostracismo de los sensatos y la perversión del lenguaje”, explica Silva.

Con esta novela cumple el deseo aplazado de abordar la lucha contra el terrorismo vasco en la que se forjó un joven Bevilacqua, en Guipuzcoa. A la vez que relata los orígenes de su personaje y cuenta la resolución de un crimen en el presente, plantea una cuestión crucial: en qué medida nos conforma aquello contra lo que luchamos.

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Portada de ‘El mal de Corcira’, de Lorenzo Silva.

“El mal de Corcira es un virus que cuando te lo inoculan te permite considerar que tu vecino, por no someterse a tu agenda o a tu visión de la vida, es un enemigo al que se puede no solo combatir, sino abatir”, dice Silva. “Desde el momento en el que una ideología acepta el sacrificio humano como instrumento de promoción, el desastre está servido. Sus efectos se proyectan más allá del presente, en las generaciones posteriores, sobre todo si ignoran lo que pasó porque alguien les ha legado una desmemoria selectiva”.

En una playa de Formentera aparece asesinado un varón que ha sido visto frecuentando ambientes gays. Cuando encargan a Bevilacqua la investigación, debido a la identidad del muerto, un ciudadano vasco condenado por colaborar con ETA, el subteniente y su equipo se trasladan a Guipúzcoa, una zona que conoce bien por su implicación, casi treinta años atrás, en la lucha antiterrorista. Sus recuerdos de juventud se entrelazan con sus pesquisas. 

“La novela es el relato de una investigación criminal en el presente, pero también la narración de cómo alguien aterriza casi como un marciano en la lucha antiterrorista, se implica a fondo en ella y esto acaba marcando su carácter para siempre”, comenta Silva. “En esa narración vemos a un guardia civil veinteañero que contrasta con el Bevilacqua maduro que lo recuerda. Es una especie de bildungsroman, o novela de formación, de cómo se hace mi protagonista lo que es. Muy bien podría llamarse ‘La forja de un picoleto’”.

Lorenzo Silva. Imagen cortesía del autor.

A la hora de abordar este proyecto, Silva pensó que resultaría difícil armar el pasado y el presente en un todo. “Tenía bien pensadas, antes de empezar, las dos historias y sus intersecciones, pero siempre, al pasar a la ejecución, es normal que surjan dificultades y problemas de ajuste. Sin embargo, y salvo un giro que era particularmente complejo, sobre todo a la hora de sincronizarlo en las dos historias, todo fluyó con una naturalidad que creo que se nota en la lectura”.

Para Silva, evolucionar y envejecer a la par que sus personajes estrella “es una gozosa forma de vivir dos existencias, en la que los logros de una hasta pueden llegar a compensar los tropiezos de la otra, y esto funciona en las dos direcciones. Para mí, Bevilacqua y Chamorro han sido el salvoconducto hacia la literatura como forma de vida. Gracias a ellos puedo dedicarme a tiempo completo a mi vocación, y hacerlo con entera libertad pese a haber renunciado a los ingresos que me daban las otras profesiones que tuve y que me permitían ser libre de escribir lo que quisiera cuando no me leía nadie. Esa libertad incluye escribir otras cosas que no tienen tanta venta ni despiertan tanto interés, y la siento también dentro de la escritura de la serie. Con Bevilacqua no hay tema que me interese al que no pueda acercarme, así lo he demostrado. Su mirada me da la posibilidad de hacerlo sin servidumbres ni deudas con nadie, ni siquiera con la Guardia Civil, que acepta que en mis novelas no todo sea ejemplar o idílico —y este libro es una muestra— con una naturalidad que ya quisiera uno ver en otros colectivos”.

Es inevitable la comparación de ‘El mal de Corcira’ con ‘Patria’, de Fernando Aramburu. “Tratan el mimo tema de fondo, pero las diferencias son grandes. Aramburu se centra en el drama de los vascos. En su novela, los guardias civiles, en su mayoría no vascos, son figurantes al fondo. En la mía, esos figurantes son protagonistas, y miran y cuentan cómo sufrieron, más que ningún otro colectivo, ese drama de los vascos e hicieron, más que nadie, para que al fin concluyera: para que ETA dejara de existir”.

En relación a los efectos de la COVID-19 en el mundo de la cultura, Silva reconoce que los escritores están más habituados al aislamiento y al trabajo en solitario que otros creadores, pero eso no le reconforta. “Espero que esta situación pase y todas las formas de cultura tengan la manera de producirse y comunicarse como antes. Como dijo Pericles a los atenienses, y recuerda Tucídides, nadie puede sentirse afortunado en medio de la desgracia de su ciudad”, concluye Silva.

Lorenzo Silva con su libro ‘El mal de Corcira’. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

“La mejor forma de narrar la realidad es con la ficción»

‘Nunca fuimos héroes’, de Fernando Benzo
Editorial Planeta
Novela negra / Thriller
España, 2020

El País Vasco vivó largo tiempo en un estado de excepción. Una sociedad dividida, enfrentada, cercada por la violencia de uno y otro signo. Una violencia que traspasaba su ámbito natural para estallar en cualquier lugar de España dejando una estela de sangre y desolación. El ingente caudal de sufrimiento que generó el conflicto vasco estuvo vedado a la recreación literaria por la proximidad de las víctimas y la profundidad del daño sufrido. El extraordinario éxito de la novela ‘Patria’, de Fernando Aramburu, marcó un hito. Era posible un relato integrador que superase maniqueísmos y  abismos ideológicos. El pasado ya no era un campo sembrado de minas, sino un sendero tortuoso que había que desbrozar. Y a eso se han dedicado estos últimos años diversos autores, tanto desde el ensayo como desde la ficción. 

La rutina diaria de la lucha policial contra la banda terrorista en clave de thriller es el tema de ‘Nunca fuimos héroes’ (Editorial Planeta), de Fernando Benzo (Madrid, 1965). Un relato que combina la amenidad y la hondura psicológica de los personajes con un profundo conocimiento de la historia real.

Imagen de la portada de ‘Nunca fuimos héroes’, de Fernando Benzo.

Gabo es un comisario retirado que tuvo un papel importante en la lucha contra ETA en el País Vasco durante los años de plomo. Su vida de jubilado da un giro cuando su antiguo jefe le comunica que Harri, un miembro de la banda que estuvo muchos años refugiado en países de Latinoamérica, acaba de regresar a Madrid con sospechosas intenciones. En compañía de una inspectora de Estupefacientes, Gabo emprende el seguimiento de quien fue su peor antagonista, mientras rememora los años que vivió en primera línea de fuego. 

Fernando Benzo es director de Madrid Destino y autor de media docena de novelas. Con anterioridad ocupó cargos en distintos Ministerios y fue director de la Fundación de Víctimas del Terrorismo. Conoce de primera mano los avatares de la lucha contra ETA y ese conocimiento aporta fuerza y verismo a su historia. Describe con detalle las tácticas policiacas para localizar y cazar a los etarras, «porque lo importante es pillar a los malos». Su rutina diaria, a base de tediosas jornadas de seguimiento conviviendo en pisos con sus compañeros y procurando pasar desapercibidos, en cierta manera de forma simétrica a sus presas. Y cómo algunos acababan obsesionados por sus objetivos hasta convertirse en su fijación personal. Como le ocurre a Gabo con Harri.

«He cocinado un libro con ingredientes reales y ficticios», dice Benzo. «Una vez escrito, el resultado final ya no permite diferenciar unos y otros, ya han pasado a formar un todo. Este libro es una novela, pero con sabor a realidad. Lo importante para mí era que, cuando se termine de leer, uno tenga la sensación no solo de haberse entretenido, sino, también, de haber conocido cómo era la vida cotidiana de aquellos policías».

Portada de la novela ‘Nunca fuimos héroes’, de Fernando Benzo. Editorial Planeta.

El lector no conoce el apellido de Gabo, pero sí que nunca ha disparado su arma, que es adicto a los Ducados y que se enamoró de una compañera infiltrada en la banda. Hijo de un policía de la antigua escuela, sentimientos de lealtad y culpa marcan su existencia.  

«Todos los personajes llevan incorporadas vivencias, experiencias, sentimientos y recuerdos de quienes vivieron todo aquello», señala Benzo. «He tratado de crear personajes complejos, que no se queden encajonados ni en tópicos ni en arquetipos. En cierto modo, quería que cada uno de esos policías tuviera la personalidad y la fuerza suficiente como para poder haber sido los protagonistas. Y era tambien importante construir personajes interesantes en el bando contrario, en el de los malos. Todos ellos son muy diferentes entre sí y creo que enriquecen la trama policiaca. He buscado que la novela fuese un retrato coral, un retrato no ya solo de los dos personajes esenciales, sino también de todo el abanico de personajes que les rodean».

A través de Xavi, uno de los compañeros de Gabo que se involucra en la guerra sucia la novela aborda esta oscura faceta de la historia. «La guerra sucia no debe empañar la labor de tantas generaciones de miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que se dejaron la piel protegiéndonos a todos de la amenaza terrorista. No fue algo generalizado sino un grave error estratégico, además de una actuación fuera de la ley, en la que estuvieron implicados algunos. Es un asunto que no podía quedar fuera de una novela como ésta, pero lo que hay que recordar es la valentía y capacidad de sacrificio de tantos policías y guardias civiles que vivieron cosas que dan no ya para inspirar una novela sino muchas».

Benzo opina que se debe consolidar el recuerdo y la memoria del horror del terrorismo etarra desde la ficción y el ensayo. «A veces, paradójicamente, la mejor forma de narrar la realidad es a través de la ficción. Ahí está el ejemplo de ‘Patria’, que retrata con maestría cómo se vivió todo ello en el Pais Vasco. Tenemos que superar prejuicios, tabúes y pudores creativos y que la ficción entre de lleno en estas cuestiones, como ha entrado en otras etapas de nuestra historia», concluye Benzo.

Fernando Benzo. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Ecos distantes y disidentes de Xavier Ribas

It Would Never Be Quite The Same Again, de Xavier Ribas
Espaivisor
C / Carrasquer, 2. Valencia
Del 20 de noviembre de 2015 al 22 de enero de 2016

Compuesta por tres fotografías de gran formato y dos imágenes encontradas, junto a textos del artista y reproducciones de documentos originales, It Would Never Be Quite The Same Again (Nunca volverá a ser la misma) entreteje historias que remiten a lugares disputados y actos de disidencia. Las obras articulan una serie de acontecimientos y documentos presentados como ecos distantes, en la historia reciente de Chile, Gran Bretaña y España, de las detonaciones llevadas a cabo a finales del siglo XIX y principios del XX en los campos de salitre del Desierto de Atacama.

Realizada como epílogo del proyecto Nitrato que Ribas presentó en el Museu d’Art Contemporani de Barcelona [MACBA] en 2014, esta serie evoca de nuevo una amplia red de geografías e historias entrelazadas, de recuerdos personales y colectivos en torno a los contextos políticos particulares de España y de Chile en 1973, y en torno a las relaciones históricas entre Chile y Gran Bretaña, donde Ribas reside desde el año 2000. En ambos trabajos el Desierto de Atacama hace de punto de fuga.

Xavier Ribas al lado de una de sus obras. Imagen cortesía de Espaivisor.

Xavier Ribas al lado de una de sus obras. Imagen cortesía de Espaivisor.

El título It Would Never Be Quite The Same Again está tomado de las palabras pronunciadas por un juez británico para apoyar su veredicto del caso de la decapitación en 2002 de una estatua de Margaret Thatcher, ferviente defensora del dictador chileno Augusto Pinochet.

El mismo magistrado que inculpó al activista por la desfiguración de la estatua de la primera ministra británica reaparece de nuevo en Now You Have To Look At The Evidence Coldly And Dispassionately (Ahora debes encarar la evidencia fría y desapasionadamente) como juez instructor en el juicio de un grupo de activistas que, coincidiendo con el ataque de Israel a Gaza en 2009, destruyeron una fábrica de armas propiedad de ITT en Brighton. Curiosamente, en esa ocasión los activistas fueron absueltos al considerarse que actuaron «movidos por la necesidad» de evitar la destrucción ilícita de bienes palestinos por parte de Israel con armamento fabricado en Brighton, a la vez que el juez fue acusado de antisemitismo.

El sonado arresto domiciliario en 1991 de Augusto Pinochet en Londres es el tema de Thus The Dream Of My Youth And The Love Of My Life Passed Away And Left Me Desolate (Así, el sueño de mi juventud y el amor de mi vida pasaron, dejándome desolada). El destino de Pinochet se superpone al de un militar español del siglo XIX, el Conde de Morella, y al de unas piedras procedentes de la antigua ciudad romana de Leptis Magna, en la actual Libia, que fueron llevadas a Inglaterra en 1816 como regalo al Príncipe Regente.

Con esas piedras se construyó en los jardines del palacio de Windsor, un capricho arquitectónico denominado en su día el Templo de Augusto, el cual se encontraba verdaderamente deteriorado el año que Pinochet cumplió su arresto domiciliario a unos meros trescientos metros de distancia del monumento.

Imagen de la exposición It Would Never Be Quite The Same Again, de Xavier Ribas, cortesía de Espaivisor.

Imagen de la exposición It Would Never Be Quite The Same Again, de Xavier Ribas, cortesía de Espaivisor.

A Unique and Inevitable Voice (Una voz única e inevitable) rememora una entrevista a Salvador Allende a partir de unas fotocopias que se conservan en el Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni, en Vilafamés, Castellón. La entrevista ­(hoy desaparecida) fue filmada en 16 mm en 1972 por un periodista italiano para su emisión en la cadena de televisión norteamericana CBS, pero fue censurada y guardada hasta su exhibición por primera vez en la Bienal de Venecia de 1974, con Allende ya fallecido y Chile sumido en el violento régimen militar que siguió al golpe de estado de Pinochet, quien contó con el apoyo encubierto de la CIA y de grandes corporaciones norteamericanas con intereses en Chile como ITT.

Por último, Everyone Casts Their Own Shadow (Cada cual tiene su sombra) traza una serie de acontecimientos en torno al asesinato en Madrid del Almirante Carrero Blanco a manos de ETA en 1973, que alteró los planes de sucesión del anciano dictador General Francisco Franco a penas cinco meses después de que éste entregara el gobierno del país a su mano derecha.

Un cuadro de Antoni Tàpies, L’esperit català, adquirido en el verano de 1973 en París por una acaudalada coleccionista de Pamplona cuyo hermano había sido secuestrado aquel mismo año por ETA, es como una premonición de la detonación que hizo volar por los aires al coche de Carrero Blanco. El hecho de que este cuadro forme parte de la colección del Museo Universidad de Navarra, al igual que el álbum fotográfico del siglo XIX de la mina de nitrato Alianza en el Desierto de Atacama, sirve a Ribas para cerrar el círculo y dar por concluido su trabajo sobre el nitrato de Chile.

Obra de Xabier Ribas. Imagen cortesía de Espaivisor.

Obra de Xavier Ribas. Imagen cortesía de Espaivisor.

Una mirada escénica sobre ETA

La mirada del otro, de Chani Martín
Espai Rambleta
C/ Bulevar Sur, esquina Pío IX. Valencia
Sábado 7 de noviembre de 2015, a las 20.30h

“En una sala de la cárcel, víctima y victimario conversan ante la presencia de un mediador externo que figura como punto equidistante para que ambos puedan ver a través de los ojos del otro”. Esta escena que se desarrolla sobre las tablas del teatro refleja otras situaciones reales que se han vivido entre víctimas de ETA y presos arrepentidos de la banda terrorista.

La obra teatral La mirada del otro documenta estos encuentros, desconocidos para gran parte de la sociedad, con una puesta en escena directa e impactante -solo tres actores- y un objetivo: contar esta realidad desde un punto de vista humano y dejar al espectador un poso de reflexión.

El espectáculo, dirigido por Chani Martín e interpretado por Ruth Cabeza, Pablo Rodríguez y María San Miguel, documenta los encuentros entre víctimas de ETA y presos arrepentidos de la banda. La pieza contribuye a dar a conocer una realidad desconocida para gran parte de la sociedad y genere diálogo.

Un instante de la representación de 'La  mirada del otro'. Fotografía cortesía de Rambleta.

Un instante de la representación de ‘La mirada del otro’. Fotografía cortesía de Rambleta.

La compañía Proyecto 43-2  (primera vez en Valencia y tras un exitoso paso por otras ciudades) presenta la segunda parte de una trilogía sobre Euskadi, la memoria colectiva y la convivencia con el Otro, con el que la compañía trabaja y pretende establecer una nueva forma de entender la realidad social utilizando como medio el teatro y el diálogo conjunto con el público.

Si en el primer espectáculo Proyecto 43-2 exponía las distintas percepciones de la realidad que se vive en Euskadi, La mirada del otro, documenta sobre lo que fueron los encuentros entre ex miembros de ETA y víctimas directas o indirectas, con la preparación previa de los mediadores, que se desarrollaron en 2011.

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Ruth Cabeza, María San Miguel y Pablo Rodríguez conforman el trío actoral de 'La mirada del otro'. Fotografía cortesía de Rambleta.

Ruth Cabeza, María San Miguel y Pablo Rodríguez conforman el trío actoral de ‘La mirada del otro’. Fotografía cortesía de Rambleta.

Cámaras en el exilio

Fotógrafos valencianos
Proyección internacional a través del exilio

En un mundo plagado de imágenes que viajan a velocidad de vértigo a través de Internet y las redes sociales, qué distingue a un artista de la fotografía de un profesional o un aficionado. Un cúmulo de factores difíciles de cuantificar. La mirada, la perspectiva, el encuadre, el punto de vista… Amén de una técnica más depurada, el artista aporta su visión personal, a través de la cual un fragmento atrapado de la realidad muda en arte al aportar un ángulo diferente, otra manera de ver las cosas que provoca en el espectador una reacción de identificación o rechazo.

La fotografía artística en Valencia incluye un amplio catálogo de autores, obras y tendencias unidos por un denominador común. El exilio a Madrid, Barcelona u otra gran capital europea es obligatorio si se desea lograr una proyección internacional. “En los ochenta el mundo de la fotografía artística estaba atomizado y habían más oportunidades para los nuevos creadores”, comenta Juan Pedro Font de Mora, de la librería y galería fotográfica Railowsky. “En los últimos años se ha ‘recentralizado’ en Madrid y los catalanes viven inmersos en su propio espacio y sólo se interesan por sus propias producciones”.

Fotografía de Joaquín Collado.

Fotografía de Joaquín Collado.

El ‘cándido’ artesano

Pese a esta situación, dos grandes veteranos, Joaquín Collado y Francisco Moltó, han visto recompensada su larga trayectoria. Durante la primavera de 2014 se celebraron actos y exposiciones para rescatar la ingente obra de Collado, que también se expondrá, a partir del próximo 8 de octubre, en la galería Clément Kauterde París. Collado inició su actividad fotográfica a principios de los años cincuenta y a lo largo de varias décadas su mirada amable, próxima y humana captó la evolución de la sociedad valenciana. “Cuando se quiere hacer una foto de personas, lo más importante es la conversación”, dice el fotógrafo que mejor ha captado la realidad en tonos de grises del Barrio Chino.

De niño, Francisco Moltó fantaseaba con la idea de ser aviador y espía, y muy joven empezó a hacer fotos en el Puerto, a los aviones de Manises y a la gente con quien se cruzaba en sus viajes. La exposición Rostros de ciudad,  presentada la primavera pasada en el MuVIM, reunía un centenar de sus instantáneas realizadas entre 1962 y 2009. También es autor de Stockholm, una galería de imágenes captadas a la intemperie de una hermosa y fría ciudad sueca, Estocolmo.

Fotografía de Paco Moltó.

Fotografía de Paco Moltó.

Fiel a la cámara analógica y al blanco y negro, Moltó se incluye en la llamada fotografía cándida, emparentado con Salomon, Cartier-Bresson, Evans, Winogrand o Català-Roca. Es un cazador de imágenes en el bullicio de la calle. “Fotos de gente vista de modo muy simple, como a través de los ojos de los paseantes; la humanidad del momento”, señaló Moltó en la inauguración de su muestra citando a Robert Frank.

Junto a estos veteranos de avanzada edad, otros fotógrafos valencianos han alcanzado la consagración en el mundo del arte: Eduardo Nave, Sergio Belinchón, Ricardo Cases, Julián Barón y Xavier Mollà.

Fotografía de Eduardo Nave.

Fotografía de Eduardo Nave.

Atentados de ETA

La impresión que le produjo a Eduardo Nave el atentado de la ETA contra el padre de un compañero, Manuel Broseta, fue el punto de inspiración de uno de sus principales trabajos, A la hora, en el lugar, una crónica desnuda del horror que reúne 45 escenarios donde la banda ETA ejecutó sus crímenes.

Ricardo Cases nació en Orihuela, pero estudió periodismo en Bilbao y ha trabajado como fotógrafo de prensa en El Mundo y varias revistas. Es uno de los autores incluidos en la Biblioteca de LaFábrica en su colección de bolsillo. Imágenes de caza y personajes pintorescos atraen el interés de una cámara que atrapa el momento sin concesiones estéticas. Su mirada rehúye la imaginería pop y se centra en las pulsiones que laten bajo la superficie banal, kistch y poco glamurosa de la España contemporánea.

Sergio Belinchón trabaja actualmente en Berlín, también en forma soporte vídeo. Los temas sobre los que gira su obra son la ciudad como escenario, la transformación del territorio, el turismo y los espacios donde la realidad y la artificialidad se confunden. Muchos de sus proyectos hablan de la relación que el ser humano establece con este entorno desde su ausencia.

Julián Barón se especializa en fotolibros, proyectos comprometidos con la actualidad, como los que ha publicado sobre la muerte de Franco o el relevo del Rey. Relatos sin palabras basados en una personal manipulación de imágenes televisivas.

Fotografía de Xavi Mollà, de su exposición Correspondencia amb Mediterránia en el Museo de Etnologia de Valencia.

Fotografía de Xavi Mollà, de su exposición Correspondència amb Mediterrània en el MuVIM.

La exposición del MuVIM Correspondència amb Mediterrània reúne la primera obra individual de Xavier Mollà presentada en un museo valenciano. Desde su objetivo, el Mediterráneo es como «la gran plaza del pueblo y los países son las casas alrededor», dice Mollà. Sus instantáneas en blanco y negro abarcan desde 1987 hasta 2015, divididas en diversos capítulos que despliegan la grandiosidad del mar y de los lugares detrás de su orilla, retratos, circunstancias, la vida o el tránsito de personas, entre los que se incluye el drama del éxodo  provocado por la Guerra de los Balcanes u otros conflictos.
No es una retrospectiva, no narra la crónica de la actualidad, es una utopía para “demostrar que en cualquier lugar podemos convivir, porque nos entendemos a pesar de las diferencias religiosas y de los intereses”, afirma el fotógrafo de Ontinyent.

Históricos

La maldición del obligado exilio de las cámaras se proyecta también hacia el pasado. Autores como José Martínez Sánchez (1807-1874), retratista de la alta sociedad madrileña de mediados del siglo XIX, uno de los primeros reporteros gráficos  e inventor de técnicas fotográficas como la leptografía. Nació y falleció en Valencia aunque ejerció su oficio en Madrid.

Fotografía de José Martínez Sánchez.

Fotografía de José Martínez Sánchez.

Una de las fotos que realizó en el Puerto de Valencia, con motivo del viaje de la reina Isabel II, en 1858, está considerada como la primera que se tomó de un amanecer. María José Rodríguez y José Ramón Sanchis, archiveros valencianos, recuperaron en un libro la obra y memoria de este artista que, tras una época de gloria en su estudio madrileño, murió arruinado en un hospital de Valencia.

Gabriel Cualladó (1925- 2003), miembro del Grupo Afal y del movimiento de renovación de la fotografía española, es otro valenciano  que triunfó en Madrid, donde trabajaba en una empresa de transportes de su familia. Realizó sus primeras fotografías a su hijo con una cámara Capta, y a partir de ahí se inició su interés por la fotografía.

Bel Carrasco

Gabi Ochoa: “Ya no se hace periodismo”

Las guerras correctas, de Gabriel Ochoa
Espai Rambleta
Bulevar sur, esquina Pío IX. Valencia
Jueves 4, viernes 5 y sábado 6 de junio de 2015, a las 20.30h
Charlas coloquio de Jordi Évole (4 de junio) e Hilario Pino (día 5), al término de la representación

Felipe González, presidente del Gobierno entre 1982 y 1996, fue entrevistado en TVE por Iñaki Gabilondo en enero de 1995. La pregunta en torno al denominado terrorismo de Estado practicado por los GAL contra ETA levantó ampollas: “Organizó, autorizó o toleró usted la guerra sucia del GAL?” Aquello fue cara a cara. De eso hace ya 20 años. Ahora, otro presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha llegado a comparecer ante los medios de comunicación a través de un televisor de plasma para evitar preguntas comprometidas.

Chani Martín, Manuel Solo, Luis Callejo y César Tormo en 'Las guerras correctas', de Gabriel Ochoa. Imagen cortesía de La Rambleta.

De izquierda a derecha, Chani Martín, Manolo Solo, Luis Callejo y César Tormo en ‘Las guerras correctas’, de Gabriel Ochoa. Imagen cortesía de La Rambleta.

Gabi Ochoa, que presenta del 4 al 6 de junio en La Rambleta su obra ‘Las guerras correctas’ dramatizando aquella entrevista, establece esa comparación para afirmar: “Actualmente no se hace periodismo”. Y recuerda la frase de George Orwell: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que se publique. Todo lo demás son relaciones públicas”. Fue Jordi García Candau, entonces director de Televisión Española, quien propuso a Gabilondo esa entrevista al presidente que, un año después, perdería las elecciones sin duda minado por el asunto de los GAL.

“Gabilondo me contó, en una cita que tuve con él durante dos horas y media,  todo lo relacionado con la gestión de aquella entrevista”, explica Ochoa. Para documentarse, también se reunió con García Candau, pero no ha podido hacer lo mismo con Alfredo Pérez Rubalcaba, entonces portavoz del Gobierno, y el propio Felipe González. “Nunca me han dicho que no, pero tampoco que sí; se limitan a decirme desde el partido que están ocupados”.

Manolo Solo (izquierda) y Luis Callejo en 'Las guerras correctas', de Gabriel Ochoa. Imagen cortesía de La Rambleta.

Manolo Solo (izquierda) y Luis Callejo en ‘Las guerras correctas’, de Gabriel Ochoa. Imagen cortesía de La Rambleta.

¿Miedo? Gabilondo, según recuerda Ochoa, insistió a la hora de preguntar a González si era “políticamente responsable” de los GAL. Y tanta fue la insistencia del entrevistador, como insistente la negativa del entrevistado. Negativa que todavía pesa en el ánimo de Iñaki Gabilondo. “Él insistió en el tema de los GAL, porque era un asunto candente, y aunque no fuera conocedor de ello Gabilondo dice que insistió para que Felipe González pudiera al menos reconocer su responsabilidad política”. Jamás lo hizo.

‘Las guerras correctas’ es teatro documental del que hace menos de un mes tuvimos otro buen ejemplo con la obra ‘Ruz-Bárcenas’, de Alberto San Juan, en el Teatro Talía de Valencia. “Más que una moda yo diría que, con la crisis económica, hay más conciencia social y el creador tiene que implicarse con esa realidad”, admite Ochoa. Manolo Solo, que en el espectáculo de San Juan interpretaba al juez Ruz, se mete ahora en la piel de González. Luis Callejo es Iñaki Gabilondo, mientras Chani Martín y César Tormo se encarga de dar vida a Rubalcaba y García Candau, respectivamente.

Manolo Solo (izquierda) y Luis Callejo en 'Las guerras correctas', de Gabriel Ochoa. Imagen cortesía de La Rambleta.

Manolo Solo (izquierda) y Luis Callejo en ‘Las guerras correctas’, de Gabriel Ochoa. Imagen cortesía de La Rambleta.

“La verdad es que pasados 20 años no sé si hemos avanzado en periodismo o retrocedido”, destaca Ochoa. Ruedas de prensa sin preguntas, connivencias entre los grandes medios de comunicación y los emporios empresariales, amén de la transformación orwelliana del periodista en relaciones públicas, confirman la tendencia al sospechoso silencio de un periodismo que, al igual que sucede en lo político, debería ser objeto de una sana mutación.

Con ‘Las guerras correctas’, Gabi Ochoa viene a reclamar cierta vuelta a las esencias periodísticas. “Hay que volver a hacer periodismo de verdad”. Él se limita, mediante una “puesta en escena sobria”, a recrear ese ambiente del periodista pretendiendo arrancarle la verdad a quien la esquiva. Quién sabe si la guerra correcta a la que se refiere Ochoa en su obra, tiene que ver con esa lucha por vencer la resistencia de quien no quiere que algo se publique. “La ficción permite interpretar la realidad, ir más allá de los hechos observables”. Ochoa arroja luz allí donde proliferan las sombras.

Una escena de la obra 'Las guerras selectas', de Gabriel Ochoa. Imagen cortesía de La Rambleta.

César Tormo (izquierda) y Luis Callejo en una escena de ‘Las guerras selectas’, de Gabriel Ochoa. Imagen cortesía de La Rambleta.

Salva Torres

Eduardo Nave: A la hora, En el lugar

Eduardo Nave: A la hora, En el lugar
Espaivisor
C/ Carrasquer, 2. Valencia.
Espacio #2 – escaparate + espacio #3 – ventana
Inauguración 28 de marzo a las 20:00 h.
Hasta el 23 de mayo de 2014

Nos dice Mireia A. Puigventós “Lo estremecedor de la obra de Eduardo Nave no es lo que se ve, sino lo que se oye. Su fotografía es un acto de escucha permanente sobre el paisaje”.

En los próximos días tendrá lugar la inauguración de la exposición de la serie fotográfica A la hora, en el lugar de Eduardo Nave. Un trabajo de fotografía en el que ha conseguido la captura de atmósferas en un estado de calma aparente, pero que encubren un gesto de dolor, que genera un clima portador de sospecha y desasosiego. “A través de la fotografía explora la patología del paisaje con el fin de liberar una señal enmudecida”.

Un proyecto que podríamos definir como un trabajo de documentación. Para el que el artista se ha desplazada hasta los lugares donde la organización terrorista ETA ha cometido un atentado, desde la década de los años sesenta hasta a día de hoy, y se somete a la naturaleza de los hechos perpetrados.

Eduardo Nave “el mismo día, a la hora exacta” se presenta en el escenario preciso y realiza una fotografía. Omitiendo el punto de vista más apropiado o la luz más idónea, sino capturando la realidad.

A la hora, en el lugar es un retrato de la pérdida y de la ausencia, pero sobre todo es el reconocimiento de un mundo arrebatado”. Una superficie sensible que retiene huellas e incisiones.

Eduardo Nave, "A la hora, en el lugar" (serie fotográfica). Imagen cortesía de Espaivisor.

Eduardo Nave, «A la hora, en el lugar» (serie fotográfica). Imagen cortesía de Espaivisor.