Cartografías de Silvia Mercé en Xàbia

‘Profundidades accesibles’, de Silvia Mercé
Comisariada por Marisa Giménez Soler
La Casa del Cable Espai D’Art
Triana 24, Xàbia (Alicante)
Del 1 de junio al 1 de julio de 2018
Inauguración: viernes 1 de junio a las 20h

Buscar a través del arte su lugar en el mundo, descubrir y conquistar ese recodo íntimo en el que las ausencias se transforman en luz y ya no duelen tanto, cartografiar un mapa propio de emociones donde las coordenadas crucen en el mismo plano recuerdos y anhelos, espejismos y vivencias. Enloquecer la brújula, esquivar el Norte, distraer los rumbos y lanzarse al mar.

Y entonces cambiar de esencia, de piel, fundirse con las profundidades teñidas de leyendas e historias, plantar cara a las mareas, escuchar sin miedo el eco lejano de los cantos que en la antigüedad cautivaron a aquel héroe aqueo, superar límites y así… dejarse mecer, permanecer.

Solo desde ese lado, desde esas aguas, rocas, islas, orillas…, desde esa mirada, es posible imaginar visiones contemporáneas inyectadas de color, energía y talento como las que nos propone en esta exposición, ‘Profundidades accesibles’, la artista Silvia Mercé. Sirenas, “sirenos”, seres mitológicos revolcados de modernidad; hábitats, fondos y paisajes marinos imbuidos de fuerza y sugerente transgresión. Peces, cetáceos… que se escapan de su ámbito, sumergiéndose en un fascinante caos de trazos, líneas y esbozos.

Silvia Mercé. Makma

El agua que seduce y atrapa, el cielo que empuja a la elevación, a la trascendencia. Lo desconocido, lo misterioso, siempre ha despertado la curiosidad de la artista. Su primera exposición, allá por los años noventa, que tuvo lugar en La Esfera Azul, se llamó ‘Mirando las estrellas’. Desde entonces, su inspiración ha transitado varias veces en busca de respuesta por el octavo cielo, desde donde, según la teoría medieval geocéntrica, estos astros irradian su luz. También las plantas que imagina Silvia trepan y se elevan hacia lo infinito. De savia bruta y hoja perenne, se agarran a la vida negando su rareza y fragilidad.

Los títulos que aúnan sus series guían su recorrido artístico y también vital; ‘Algunas especies raras. Géneros, familias, tribus y subespacios’, representada con varias piezas en esta muestra, nos habla de la identidad inmutable, de la incapacidad manifiesta de la raza humana de mezclarse con los otros, de mimetizarse con la naturaleza, de empatizar.

Errante y viajera, Silvia Mercé necesita experimentar, lanzarse a nuevos retos, dar vueltas por el mundo, enriquecerse de sensaciones, alimentar su alma, para más tarde parar, tomar aliento y regresar a sus puntos de referencia a los que se aferra fuertemente.

De sus viajes, de cómo vive y cómo siente, nacen obras que encapsulan recuerdos. Fotografías, collages, dibujos, pinturas… que ella luego mezcla y manipula digitalmente, deteniendo en el tiempo imágenes que son ya reminiscencias, momentos que fueron mágicos; frases repetidas, marcadas a modo de tatuaje que reflejan un estado de ánimo, un grito en la noche, un estallido de felicidad, una ráfaga de placer. Esquinas de la memoria que el color tiñe, intensificando para siempre instantes que no volverán, pero que reivindican su presencia en estos micromundos que componen la existencia.

Imagen general de una parte de la exposición 'Profundidades accesibles', de Silvia Mercé, comisariada por Marisa Giménez, en La Casa del Cable Espai D'Art de Xàbia. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen general de una parte de la exposición ‘Profundidades accesibles’, de Silvia Mercé, comisariada por Marisa Giménez, en La Casa del Cable Espai D’Art de Xàbia. Fotografía cortesía de la artista.

Marisa Giménez Soler

 

MISSED CALL. Gema Rupérez

MISSED CALL. Gema Rupérez
Espacio Dörffi
C/Guagáro 6, Arrecife. Las Palmas
Hasta 9 de mayo de 2018

Clausurado el proyecto expositivo de Gema Rupérez, éste sigue golpeando consciencias. MISSED CALL, creación realizada en colaboración con la Fundación César Manrique, ha resultado ser la sexta exposición de Espacio Dörffi, centro de arte contemporáneo, donde artistas de diferentes puntos geográficos, establecen conexiones enriquecedoras. En el proyecto, se contrapone algo tan sublime como la poesía, inmortalizada en libros, con su contrario simbólico en el imaginario colectivo, la prostitución, sometida a la invisibilidad.

El trabajo de  Rupérez gira en torno al anhelo de supervivencia. La confrontación y la lucha por el poder hegemónico es una constante en sus últimos proyectos. La inestabilidad, la vulnerabilidad y la frustración también forman parte del contenido emocional de sus obras. A través de diferentes medios como la instalación, la fotografía, el vídeo o el dibujo, reflexiona sobre el poder o la incapacidad de comunicarnos y, en definitiva, sobre las distopías de la sociedad contemporánea. Su trabajo aspira a ser una distorsión lírica de la realidad.

Para el proyecto, la artista publica en la sección de contactos una selección de poemas de mujeres junto a un número de contacto. Este, funcionará como punto inicial de MISSED CALL que se contextualiza en el trabajo de pared realizado a partir de dichos anuncios, junto con dos vídeos donde se puede seguir el proceso de creación de la obra. Desde las conversaciones de la artista para la inclusión del anuncio a una selección de mensajes de voz recibidos. Transporta al espacio expositivo el teléfono encapsulado a la par que activo, que expone al público a la incertidumbre de que una nueva llamada pueda sonar en cualquier momento.

De éste modo, se aúna el componente instalativo con el performativo, tanto el de la artista, como el de quienes han llamado al teléfono facilitado o pueden llamar en cualquier momento, incluso como el del propio público, interpelándose la obra desde diferentes ángulos. También Rupérez borra todo distintivo, alegando que no importa el lugar ni el periódico, pues como norma general no se encuentra ningún atributo diferenciador en las secciones de contactos de distintas publicaciones. “Quiero morder tu carne, salada y fuerte” de Gioconda Belli, “Sé gritar hasta el alba” de Alejandra Pizarnik, “Que tus brazos me ciñan entera y temblorosa”, de Dulce Maria Loynaz, o “Mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega”, de Alfonsina Storni, son algunos de los poemas que en el periódico aparecen firmados solamente con el nombre de pila.

Imagen: Cortesía de Espacio Dörffi. Detalle del montaje expositivo.

Imagen: Cortesía de Espacio Dörffi. Detalle del montaje expositivo.

A través del aparentemente sencillo gesto de sustituir poesía por un anuncio de contactos, se esconde una postura de subversión. Este traslado de un limitado espacio de lectura (literatura) a otro (prensa) enfrenta al espectador ante la ruptura de un supuesto sistema de representación social, ese que de manera implícita parece responder a lo normativo y complaciente con el statu quo.

El componente poético –correspondiente al sentimiento y al intelecto– se contrapone al lenguaje usado en páginas de contacto –ese que apela a la búsqueda de un mercado, de un intercambio comercial–. Es así como la estrategia de la artista se apropia de un lirismo que simula paliar la agresividad implícita en el lenguaje de transacción comercial de la sección de “contactos”. Un pseuodónimo naturalizado para hablar de un espacio de mercado más, pues al fin y al cabo como apunta el filósofo feminista Paul B. Preciado “las prostitutas son la carne productiva subalterna del capitalismo global”. Con el uso de la poesía, se descomprime la distensión que aún genera el hecho de tratar el tema de una profesión no exenta de controversia y que incluso,  ni siquiera es capaz de poner de acuerdo a las distintas facciones del corpus plurivocal de los feminismos.

El caso es que, dejando de lado el debate entre abolicionismo o reglamentarismo, la clave aquí es la capacidad de la artista de situarnos ante ese ábaco de sentimientos encontrados, ante la prostitución como espacio de encrucijada, apelando así a la inmovilidad en torno a ciertas estructuras relativas al género y a la sexualidad. Y es que se trata más de entender la importancia de la apertura de nuevos espacios, los puntos de fuga y las posibilidades de descodificar que dirían Deleuze y Guattari, pues “El problema no es el de una libertad, sino el de una salida”. La creadora se enfrenta al imaginario que se ha ido perpetuando a través de la propia historia del arte, desde Picasso y Las señoritas de Avignon hasta las bailarinas del Moulin Rouge retratadas por Toulouse Lautrec, en todos los casos perpetuando una visión por todos reconocible de prostituta estereotipada.

Imagen: Cortesía de Espacio Dörffil.

Imagen: Cortesía de Espacio Dörffi.

Rupérez hace un viraje al tema ofreciendo una visión en la que el cuerpo de ellas también está presente pero invisible, la misma invisibilidad con que la sociedad nos ha acostumbrado a confrontar el tema, ya que como apuntaba Griselda Pollock “lo que aprendemos del mundo y sus gentes está ideológicamente construido en conformidad con el orden social dentro del que es producido”. Al fin y al cabo las prácticas culturales no consiste en retratar una realidad, sino con un conjunto de elementos simbólicas que facilitan una semi comprensión del mundo, y por ende, nuestro modo de conectar con él. El papel del arte se intuye en la producción de nuevos significados y la desarticulación de simbólismos previos, dejando siempre una puerta abierta hacia una relectura de nuevos espacios de negociación social.

 

Amarillo Negro

AmarilloNegro, de Laureano Núñez
Hygiene Centro de Operaciones Artísticas
C/ Pintor Domingo, 18 bajo. Velluters, Valencia
Hasta el 5 de mayo de 2018

En el momento en que pusimos un pie en la exposición comprobamos lo esclarecedor que resulta el titulo de ésta con las obras que se encontraban colgadas. Y es que todas ellas estaban compuestas por amarillo y por negro, ya fuera de manera conjunta o aislada. En este segundo caso monocromático se adoptan algunos métodos de creación distintos. Debemos destacar también que se alterna el tipo de soporte, algunas veces se usa el lienzo, otras la tabla. Pero es que aparte, las obras tienen una amplia gama de texturas realizadas ya sea con telas o con la propia pintura.

Obras de Laureano Núñez. Fotografía de Asun Bonilla y cortesía de la galería Hygiene Centro de Operaciones Artísticas.

Obra de Laureano Núñez. Fotografía de Asun Bonilla por cortesía de la galería Hygiene Centro de Operaciones Artísticas.

Llegados a este punto nos hicimos varias preguntas. La primera y posiblemente la que más fuerza tomó en nuestras mentes fue por qué solo amarillo y negro como pigmentos. En un inicio pensamos que posiblemente debido a que, para el autor, estos colores tienen cierto simbolismo. Llegamos a pensar antes de llegar a la inauguración que tal vez el autor jugaría con la composición y los colores, en un estado puro, de una manera similar a la que haría Mondrian, donde la estética radicaba en la armonía compositiva y la pureza cromática.

La verdad es que esto no ocurrió. Sí que que hay composición, pero no es como lo hace Mondrian. Pocas veces es perfecta la delimitación entre los colores, si con perfecta nos referimos a una línea completamente recta que delimite a ambos, más bien, en la mayoría de los casos, se trata de un cambio transitorio. Los colores tampoco se encuentran en su forma más pura, sino que más bien se encuentran en una especie de “cromatismo contaminado”. Con esto nos referimos a que ni el negro ni el amarillo se encuentran aislados totalmente. Los amarillos se encuentran ennegrecidos, como cubiertos por hollín. Por el contrario, en algunas obras se puede ver como la parte negra se encuentra por encima del amarillo, lo contamina, puesto que ésta deja ver lo que hay debajo. Además, formalmente se contrapone la densidad líquida del negro con la levedad vaporosa del amarillo.

Obras de Laureano Núñez. Fotografía de Asun Bonilla y cortesía de la galería Hygiene Centro de Operaciones Artísticas.

Obra de Laureano Núñez. Fotografía de Asun Bonilla por cortesía de la galería Hygiene Centro de Operaciones Artísticas.

Estos juegos de tonalidades dan a entender que lo que se está mostrando es una especie de lucha cromática en la que los pigmentos tienen una especie de relación de simbiosis, pero, a su vez, de rechazo. Es como el Yin y el Yang. Uno no puede existir sin el otro. Se necesitan y rehúyen al mismo tiempo. Se trata de un diálogo  entre luz y oscuridad. Del silencio del corruptor, el negro, a la agonía de aquel que ha perdido su luminosidad y júbilo, el amarillo.

Obras de Laureano Núñez. Fotografía de Asun Bonilla y cortesía de la galería Hygiene Centro de Operaciones Artísticas.

Obra de Laureano Núñez. Fotografía de Asun Bonilla por cortesía de la galería Hygiene Centro de Operaciones Artísticas.

Cuando ya pudimos hablar con Laureano Núñez le hicimos la pregunta que tanta respuesta necesitaba para nosotros, ¿por qué amarillo y negro? Él nos respondió que no tenía un por qué en sí. Siempre había trabajado con el negro, pero añade algunos colores para acompañarlo. Normalmente, estos colores son cálidos y el rojo sería un ejemplo de ellos. De hecho, en la galería había otras obras de ese tipo, pero que no se expusieron porque no se adecuaban a la exposición en sí.

Obras de Laureano Núñez. Fotografía de Asun Bonilla y cortesía de la galería Hygiene Centro de Operaciones Artísticas.

Obras de Laureano Núñez. Fotografía de Asun Bonilla por cortesía de la galería Hygiene Centro de Operaciones Artísticas.

También quisimos saber cómo realizaba lo que antes llamamos “cromatismo contaminado”, a lo que nos dijo que ambos colores comienzan siendo trabajados en su forma más pura y a raíz de ese punto, se modifican. De hecho, muchas de las obras comienzan siendo totalmente amarillas, lo que demuestra que, efectivamente, el negro es quien se abalanza sobre el amarillo. No son colores independientes.

En cuanto a las texturas, sobre todo fue importante el hecho de que incorporase telas como la tarlatana. Esta tela, como nos dijo, es muy buena para trabajar, puesto que no caerá ni estropeará el cuadro, como ha pasado algunas veces con otras obras del siglo XX.

Obras de Laureano Núñez. Fotografía de Asun Bonilla y cortesía de la galería Hygiene Centro de Operaciones Artísticas.

Obras de Laureano Núñez. Fotografía de Asun Bonilla por cortesía de la galería Hygiene Centro de Operaciones Artísticas.

En cuanto a qué es lo que lo que observamos, Laureano nos habló de que se trata de un paisaje. Un paisaje que dependiendo de la persona será de un tipo u otro debido a la gran capacidad evocadora que presenta la obra. Él trabaja mucho con la línea del horizonte, algo que se puede ver en muchas de las obras expuestas. Este recurso formal tan sencillo – una línea horizontal en medio del cuadro – da lugar a que pueda aparecer en nuestra cabeza la imagen de una playa, por ejemplo. Y es que este tipo de ideas probablemente se encuentren dentro de nosotros porque tenemos tradición estética. Ésta nos permite percibir, a veces de manera inconsciente, cierto tipo de imágenes y las ideas que revelan a través de pequeños detalles, como en este caso, la línea del horizonte. Este concepto de memoria visual en que las imágenes trascienden incluso entre civilizaciones fue una de las grandes propuestas de Aby Warburg, y es una idea que bien podemos incluir en estas obras debido a su alto potencial sugerente .

Así pues, la exposición de las obras estuvo muy cuidada y la obra de Laureano es sin duda para nosotros algo muy original y digno de observar con detenimiento para realizar un diálogo interior con ella, puesto que, como ya sabemos, en cuanto a este tipo de arte no figurativo, toda opinión y consideración acerca de una obra puede ser aceptada por la persona que la observa.

Obras de Laureano Núñez. Fotografía de Asun Bonilla y cortesía de la galería Hygiene Centro de Operaciones Artísticas.

Obras de Laureano Núñez. Fotografía de Asun Bonilla por cortesía de la galería Hygiene Centro de Operaciones Artísticas.

Bancho: “Partí del blanco sin conocer ningún color”

‘El camino interior’, de Esteban Castellano, Bancho
Museo del Ruso. Espacio de Arte Contemporáneo
Capitán Julio Poveda 21, Alarcón (Cuenca)
Hasta el 22 de abril de 2018

Esteban Castellano, Bancho (Valencia, 1965), vuelve a Alarcón. En realidad nunca se ha ido. La vinculación que siente con este pueblo castellanomanchego es férrea y viene de lejos. Fue aquí, cuenta el artista, donde hace tiempo comenzó a ver atisbos de luz después de atravesar un periodo personal negro, y fue aquí también donde iniciará un íntimo camino artístico salpicado de trascendencia y compromiso.

Esta charla tiene lugar en el Museo del Ruso, donde expone sus últimas obras bajo el título ‘El camino interior’, una instalación que él describe como “un homenaje a lo imperfecto, a lo puro, a lo políticamente incorrecto, a la amistad, a lo que nadie quiere, al sol y la luna, a la alquimia, a la materia prima y a la piedra filosofal, a los que se fueron pero siempre estarán con nosotros, a los que están con nosotros, a lo mágico, al planeta Tierra, a la vida y al Amor… principio y fin último de todas las cosas”.

Bancho. Makma

Vuelves con esta exposición individual a Alarcón, lugar de referencia en tu vida…

Sí, conocí Alarcón hace 23 años por mi gran amigo Raúl Poveda. Estaba pasando una etapa complicada, una crisis personal tras una ruptura sentimental, y Raúl me rescató, me animó a venir, me dijo: “Vente que te lo pasarás fenomenal, que son las fiestas”. Tras esta estancia nació una relación especial que sigo manteniendo, me alentó muchísimo anímicamente.

Tu primera exposición individual tiene lugar también en Alarcón, en la iglesia de Santo Domingo, un espacio imponente y mágico, restaurado hace unos años y que hoy, desgraciadamente, permanece cerrado.

Sí, fue en el año 2006, Raúl y don Luis (el recordado cura del pueblo) me animan a exponer mis obras en esta iglesia. Fue una gran experiencia de la que guardo muchísimos recuerdos bonitos. Espero que ese lugar tan especial vuelva a abrir sus puertas.

Luego volverás a este mismo espacio con otras exposiciones.

Sí, así es; hice otra individual al año siguiente y otra colectiva tiempo después junto a los artistas Julio Mayordomo, Luis Moscardó y Bernardo Tejeda. Nunca se ha roto mi vinculación artística y personal con Alarcón; tengo un espacio permanente en una sala del restaurante La Cabaña, he expuesto en dos colectivas en el Museo del Ruso… Vengo periódicamente, tengo mucha conexión con este pueblo, con las personas que viven aquí… y le estoy muy agradecido.

En tu obra, el color adquiere mucha importancia. Tus comienzos están teñidos de rojos intensos, incisivos azules y negros. Esta vez nos llevas a la claridad, al blanco absoluto. Me gusta mucho cómo narras esta transición, este viaje, en el texto de introducción de la exposición: “Partí del blanco sin conocer ningún color. Pasé por el rojo, el naranja, el amarillo, el verde, el azul, el violeta, el marrón y el negro y ahora vuelvo hacia atrás conociéndolos todos, limpiando la paleta de mi vida con el disolvente de mi corazón, en busca de aquel blanco inmaculado del cual… partí”.

Sí, el color para mí es una necesidad y tiendo mucho al monocromo. Dependiendo de la época necesito expresarme a través de un color u otro. En mi primera muestra predominaban negros y rojos, aunque ya había unos atisbos de azul. En esa época era muy fuerte la necesidad de expresarme, según mi punto de vista de una forma dramática, muy fuerte a nivel energético, con un lenguaje cargado en lo matérico.

Imagen general de la exposición 'El camino interior', de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Imagen general de la exposición ‘El camino interior’, de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

El uso de materiales abandonados, infravalorados por la sociedad de consumo en la que vivimos, de objetos encontrados, es también parte sustancial de tu trabajo.

Disfruto mucho experimentando con distintos materiales y objetos. De siempre me ha encantado el objeto encontrado. A mi madre le gustaba mucho pintar y ya lo utilizaba, y yo me he criado con eso. Me interesa mucho porque rompe las dos dimensiones del cuadro, se convierte casi en escultura, el cuadro tiende a salir, recupera una tercera dimensión y deja de ser plano, intenta escapar del espacio bidimensional… Utilizo objetos que ya no tienen uso o que se han desechado para darles una nueva vida y un nuevo sentido, a poder ser mejor que el que tenían porque muchos son objetos muy bastos, muy burdos, como maderas, papeles, hierros… que me encuentro por ahí, latas de gasolina oxidadas, objetos que consigo en el Rastro.

En tu obra siempre subyace una llamada a lo trascendente, un eco que alienta  la elevación moral, espiritual, de quien la contempla.

La única premisa que pienso que debe tener un artista a la hora de crear es la sinceridad,  la pura expresión de lo que cada uno lleva dentro. Considerar el arte como fin y el artista como medio también será de gran ayuda a la hora de intentar materializar algo que pueda llegar a ser trascendente. El artista debe dejar que la fuerza interior aflore por encima de nuestra, hoy por hoy, tiranizante “razón”. Vivimos en un mundo dominado por la “lógica” en detrimento de la emoción y el sentimiento, que son el origen de toda verdadera expresión artística. En mi obra, hablo de la autosuperación y de la búsqueda de la “perfección”, aunque sé que la perfección no existe. Es clave para mí dejar claro que el artista tiene que ser un medio, el ego tiende a hacer creer a los artistas que son un fin en sí mismos y que son protagonistas de lo que hacen, el centro de todo, y yo creo que el artista tiene que ser un medio para crear su obra y un medio de expresión trascendente. Debes intentar conectar con tu propio inconsciente con el inconsciente colectivo, aunque esto pueda parecer pretencioso. El artista tiene que aspirar a ser un canal a través del cual se exprese la vida

Yo mismo flipé el otro día cuando tuve que explicar mi obra en la inauguración, no me había preparado nada y, solo después de explicarla, me di cuenta que todo tenía sentido. Yo nunca sé lo que estoy haciendo. Cuando pinto un cuadro, no hay una idea previa, me enfrento al vacío y ese vacío se va llenando de cosas que ni yo soy consciente de que las llevo dentro, al final aparecen realidades que ni me había planteado que existían dentro de mí, igual ni siquiera están dentro de mí, están en el subconsciente o el inconsciente colectivo. A veces me sorprendo a mí mismo hablando muy bien de mi propia obra, no es que no tenga pudor, es que en realidad no la considero mía del todo, la juzgo como si fuera un extraño, de hecho siempre firmo “Bancho o no?” ¿Soy yo o es algo dentro de mí?

Sobre este tema, me interesa mucho (Carl Gustav) Jung, por ejemplo. He leído mucho sobre él, y yo mismo he pasado por episodios –calificados en su día por un psiquiatra del Clínico de Valencia– como místicos y paranormales. Estuve año y medio viviendo unas experiencias muy cañeras y a partir de esto asumo el deseo de hacerme artista. Nació la inquietud de expresarme, de dejarme todo… la seguridad, un buen trabajo fijo con el que me podía haber jubilado y tener una vida sin complicaciones. Decidí arriesgarlo todo para poder autorrealizarme y expresar lo que llevo dentro. Estoy convencido de que a mi madre se la comió su propia creatividad, su capacidad de hacer cosas y su energía, yo creo que un artista si no se expresa, revienta.

Fachada del siglo XVI, de estilo renacentista, del Museo del Ruso de Alarcón, en cuyo interior se disponen las obras que configuran la exposición 'El camino interior', de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Fachada del siglo XVI, de estilo renacentista, del Museo del Ruso de Alarcón, en cuyo interior se disponen las obras que configuran la exposición ‘El camino interior’, de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Es complicada la relación del creador frente a un mercantilismo al que no puede renunciar. ¿Cómo ves la escena artística de hoy y qué papel juegan los artistas?

Hoy, tal y como yo lo veo, el mundo del arte vive de la ilusión de los artistas y de su capacidad de creación. Para mí el mundo del arte ha caído en manos de un capitalismo atroz. El centro es el dinero que fagocita todo, se come todo. El dinero que es un medio se convierte en un fin, y el dinero como fin no es nada, porque el fin último debería ser el hombre que, sin embargo, se convierte en un medio de generar dinero, de conseguir dinero o de explotar para conseguir dinero. Con el arte pasa lo mismo, se ha convertido en mercantilismo y es un valor, que además es subjetivo, y que gente con mucha capacidad de influencia utiliza para inflacionar y especular. El problema es que la gran mayoría de artistas está sobreviviendo a duras penas, y en el otro lado hay una élite, algunos que viven como auténticos pachás.

El circuito del arte se está monopolizando, las pequeñas galerías tienden a desaparecer, está diluyéndose el circuito habitual, se está concentrando en manos de unos pocos (como pasa en el resto de empresas) y ahora mismo hay grandes emporios, grandes galerías, que lo manejan todo.

En pocos años, ha cambiado drásticamente la manera de relacionarnos en todos los ámbitos de la vida. ¿Qué papel crees que ocupan las redes sociales en el mundo del arte?

Si no estás en una red social estás muerto y esto supone un problema, porque es un terreno artificial. Creo que estamos mostrando una fachada que no es nada profunda, en las redes no somos nosotros de verdad, somos un “quiero gustar”, “quiero que me acepten”, “quiero que todo el mundo me valore”, ahí perdemos el sentido de nosotros mismos, nos estamos prostituyendo en aras de algo que no existe porque realmente es algo virtual que como medio está fenomenal pero que tampoco puede ser un fin. Yo creo que muchas de las “cagadas” del ser humano se producen al convertir los medios en fines y lo hacemos continuamente, lo que debería ser un medio de comunicación para que el planeta esté en contacto, para que se faciliten un montón las relaciones entre las personas, se ha acabado convirtiendo en un fin en sí mismo y la persona está a su servicio, subyugada, y se acaba prostituyendo para ser aceptada en esa falsa sociedad. A mí me da pena porque podría ser utilizado de forma maravillosa –a veces también se usa así–, pero el problema es ese, nuestro ego siempre acaba apoderándose de las cosas.

¿Qué referentes artísticos motivan o han influido de alguna manera en tu obra?

Me interesa mucho el racionalismo abstracto, me inspira la obra de Francis Bacon, Anselm Kiefer, Tapiès, Anish Kapoor, Jaume Plensa o De Chirico y toda la pintura metafísica, me gusta todo lo que es trascendente, lo que comunica con otros mundos. Creo que hay un exceso de realidad, la realidad es aburrida, es gris y cualquier persona que nos haga volar, alucinar, y nos transporte a otras dimensiones del pensamiento y del sentimiento me aporta, el arte tiene que ser emoción y ahora hay un exceso de racionalidad. La racionalidad es buena porque si no nos iríamos tirando por los barrancos, pero creo que necesitamos un toque de irrealidad. Me gusta mucho la gente que conecta con el hemisferio derecho y vuela. Los grandes artistas para mí han sabido crear nuevas maneras de ver las cosas, veían la vida de una forma que nadie contemplaba y han sabido expresar, comunicar y conectar con la gente –algunos no en su época sino en tiempos futuros–, han sido pioneros. Transformando la forma de ver las cosas se transforma todo, no hace falta cambiar lo que hay, sino tu forma de ver lo que hay.

El artista Bancho posa junto a las obras de su exposición 'El camino interior', en el Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del museo.

El artista Bancho posa junto a las obras de su exposición ‘El camino interior’, en el Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del museo.

Marisa Giménez Soler

 

Ambolo y los significados del arte contemporáneo

Ambolo. Una mirada al arte contemporáneo de hace medio siglo
La Casa del Cable, Espai d’Art.
C/ Triana, 24. Jávea (Alicante)
Hasta el 22 de abril de 2018

Se cumplen 50 años de la apertura de la Galería de Arte Ambolo que estuvo ubicada en el puerto de Jávea. Iniciada y promovida por un gran apasionado del arte contemporáneo, Tomás Ruiz Company, apostó enteramente para que dicho espacio pudiera ofrecer una mirada diferente a lo que hasta entonces se movía en materia de arte contemporáneo a lo largo del arco mediterráneo en España. Ambolo, concedió especial interés a la proyección de obras de los artistas valencianos más sobresalientes de aquellos tiempos, sin dejar de lado, al conjunto de artistas españoles, que hasta la fecha -más o menos reconocidos-, encontraron en este espacio un lugar desde el que dar visibilidad a su creaciones.

Columnas de la Casa del Cable, Jávea. Imagen cortesía ART XÀBIA.

Columnas de la Casa del Cable, Jávea. Imagen cortesía ART XÀBIA.

La exposición-homenaje, registra una selección de piezas que tiene como finalidad dar a conocer al público el carácter riguroso y coherente de Ambolo. Siendo así la única manera de que este ‘nuevo arte’ (de entonces) adquiera diferentes significados de aquello habitual que entendemos como ‘canónico’ y ‘armónico’. Que las nuevas técnicas, contrastes, texturas y soportes acerquen al espectador verso una nueva realidad más conceptual y no tan figurativa. Gracias a la presencia de piezas de artistas como Vicente Peris, Ximo Michavila, Josep Ginestar, Joan Castejon, Joan Cardells y Ramón Puig, -por nombrar algunos entre otros muchos- se adivina que la magia no se encuentra en la forma sino en la idea. Versatilidad y fuerza que se unen en una misma pieza: el cuadro.

Por último y no menos importante, la galería Ambolo siempre tuvo en la recámara, la intención de dotar a todos y cada uno de los artistas valencianos que expusieron entre sus paredes, de un carácter reconocido a nivel nacional e incluso internacional.

A, B, C EMOCIONAL. Agrupació fotogràfica Xàbia. Imagen cortesía ART XÀBIA

A, B, C EMOCIONAL. Agrupació fotogràfica Xàbia. Imagen cortesía ART XÀBIA

Carmen Calvo. Una jaula para vivir

Carmen Calvo. Una jaula para vivir
Galería Ana Serratosa
C / Vicente Beltrán Grimal, 26. Valencia
www.anaserratosa.es
Presentación, jueves 1 de febrero
Hasta el 28 de febrero de 2018
Visitas gratuitas, lunes a viernes de 17 a 20.30 horas

La instalación se inicia el mismo día en que Carmen Calvo lee la noticia en un periódico, (noviembre de 1997) sobre una niña de siete años que pasó dos semanas de su vida viviendo encerrada en una jaula. Un trágico suceso que la autora quiso reflejar a través de su particular mirada.

‘Una jaula para vivir’ combina elementos como juguetes, peluches, muñecas y otros objetos relacionados con la infancia, que junto con la iluminación, el sonido y la propia mirada del espectador, recrean y ponen hincapié en el universo de la primera edad.
La presencia de espejos y de la jaula (la parte más importante de la instalación, e idéntica a la aparecida en la foto de la noticia) convierten la obra en una experiencia asombrosa y escalofriante que pone en el punto de mira un tema tan relevante y actual como es el maltrato infantil.

Montaje con algunas imágenes de la instalación. Imagen cortesía de la Galería Ana Serratosa.

Montaje con algunas imágenes de la instalación. Imagen cortesía de la Galería Ana Serratosa.

La diversidad de materiales que Carmen Calvo emplea en la creación de sus obras, representan un rasgo característico personal en la composición de la instalación. Elementos encontrados o, también, adquiridos en mercadillos y rastros, junto a materiales como el cemento, el mármol, el cristal, el barro, el yeso y un largo etcétera, forman parte de sus composiciones.

En relación con su trayectoria, Carmen Calvo (Premio Nacional de de Artes Plásticas, 2013) inicialmente ingresa en la Escuela de Artes y Oficios y, posteriormente, en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Sus trabajos adquieren reconocimiento internacional sobre todo a partir de mediados de los 90. En 2003, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía le dedicó una exposición individual de toda su obra.

‘Una jaula para vivir’, ahora reinterpretada casi dos décadas después de su creación, se presentará el día 1 de febrero en una velada en la que la autora también protagonizará una charla sobre su carrera artística. Esta instalación coincide en el tiempo con la exposición ‘Peces de colores en la azotea’, una muestra de obra totalmente inédita que acoge la otra sede de la Galería Ana Serratosa (ubicada en el ático de la calle Pascual y Genís, 19 de Valencia) y que continuará hasta finales de febrero.

Virginia Kelle y la ciudad ideal

Virginia Kelle. Looking-off
Galeria Benlliure
Cirilo Amorós, 47
Valencia

“El pintor persigue la línea y el color, pero su fin es la poesía”
Rembrandt van Rijn

El diálogo con la arquitectura urbana solo llega después de un rato de silencio, y en el caso de Virginia Kelle, el tamiz del silencio tiene varias fases. Desde la toma de imágenes con la cámara y los apuntes manuales, hasta la composición y ejecución de la obra en soledad. En su estudio. Donde transforma el primer apunte con esmero, donde cualquier detalle urbano pre-existente es enjuiciado por su imaginación y donde le dará otra oportunidad, tanto da, puede tratarse de una gran avenida, un establecimiento comercial, un grafiti, un callejón sin salida, un logotipo maravilloso o el escaparate más atractivo. Pocas composiciones previas son definitivas, siempre suele faltar un pequeño detalle que altera el equilibrio sobre la disposición ideal. Lo incorporará, pero no será suficiente en absoluto. No para ella. Sí, para cualquier otra mirada. Se trata de inconformismo autocrítico. La búsqueda de lo perfecto.

Como base, no todo son apuntes y fotografías, los seres humanos tenemos la capacidad y el deseo de coleccionar y conservar objetos, documentos o imágenes de todo tipo, en el caso de Virginia Kelle, también personajes y perspectivas urbanas que permanecen en la colección que atesora su inconsciente, elementos que a la postre pasarán a formar parte de sus escenarios, a la reubicación que les concederá el ejercicio de su templanza. Una por una, cada pieza representada en las siguientes páginas, es un alarde de esos elementos que previamente ha coleccionado, que ha ido interiorizando para después alojar en el gran álbum imaginario que representan sus composiciones.

Probablemente se trata de la eficacia imaginativa, una condición separada de lo que entendemos por fantasía: el proceso relacionado directamente con la acción de ver, y concretamente con la visión. Visión que no necesita de los ojos, porque es precedente. Se adelanta a su tiempo.

Museum Tavern, óleo y acrícilo s/aluminio y metacrilato (90 x 120 cm), de Virginia Kelle. Imagen cortesía de la artista.

Museum Tavern, óleo y acrícilo s/aluminio y metacrilato (90 x 120 cm), de Virginia Kelle. Imagen cortesía de la artista.

Arquitectos, urbanistas, sociólogos, filósofos, o economistas, llevan lustros deliberando por qué determinadas ciudades, distritos, o arterias urbanas se desarrollan en positivo, y simultáneamente, otras están amenazadas por la despoblación y la degradación. Las discusiones no parecen dar con las claves definitivas, los problemas son variados y están más o menos identificados, pero siempre hay elementos que no obedecen a las estadísticas ni a las proporciones. Y sin eso, no hay soluciones. El problema de la contaminación, la sostenibilidad, el tráfico, el orden urbano y la forma de organizarse en las grandes urbes son factores clave, y la civilización entera se equivoca cuando no confía en sus creativos para visionar salidas.

UNKNOWN READER, óleo y acrílico s/aluminio y metacrilado (150 X 150 cm), de Virginia Kelle. Imagen cortesía de la artista.

UNKNOWN READER, óleo y acrílico s/aluminio y metacrilado (150 X 150 cm), de Virginia Kelle. Imagen cortesía de la artista.

En los escenarios de Virginia, parece que el bienestar está instalado en las tertulias de los cafés, espacios para gastronomía, o el cuidado de la salud. Pero también ante paisajes urbanos en los que el grafiti se percibe absolutamente armonizado con el entorno. Las casualidades no existen. Destaca la presencia de libros y la importancia de los personajes que intervienen entre ejemplares relacionados con el diseño (Art Cottage Bookstore), pero también con el placer de la lectura. Es evidente el disfrute sereno entre volúmenes de una librería (Unknown reader). Sin duda, el estudio y la lectura están muy asociados a la ciudad soñada.

Curiosamente, la presencia del icono urbano más representativo de la cultura en las ciudades después de la catedral: el museo, está coligado al nombre de una taberna (Abbot and holder). Lo lúdico y lo cultural se asocian, proponen cercanía y tertulia. El mensaje, suavemente se va colando. Es una vieja receta a tener en cuenta por encima de “Pan y circo para todos”. Muy por encima de la “Letra con sangre entra”. El saber, toma su ángulo más permeable, se convierte en debate. Pasará de boca en boca, desde la acera, cruzará a la terraza de un café, engordará en la librería, se aprovechará en el túnel del metro, en la sala de espera de una clínica. Siempre hay un primer paso para salvar a las ciudades. Para salvar a la humanidad. No se debe perder la oportunidad tampoco desde la pintura. Por un clavo se perdió una herradura, por una herradura se perdió un caballo, por un caballo un caballero, por un caballero una batalla, por una batalla una guerra, por una guerra un país, por un país el mundo entero. Lo dice el famoso verso de Shakespeare.

Cofee house teen, óleo y acrílico s/aluminio y metacrilato (90 x 150 cm), de Virginia Kelle. Imagen cortesía de la artista.

Cofee house teen, óleo y acrílico s/aluminio y metacrilato (90 x 150 cm), de Virginia Kelle. Imagen cortesía de la artista.

“La ciudad ideal es aquella en la que todo es escuela”
Albert Jacquard

Las imágenes de espacios y vida cotidiana de Richard Estes (1932, Kewanee, Illinois, EEUU) plantean premisas estéticas y filosóficas sobre las urbes: también plasman instantes urbanos de paisajes eternos, automóviles, escenas triviales, artículos de consumo, y escaparates de establecimientos relucientes. Son referencias en la memoria visual colectiva del s. XX. Virginia las tiene interiorizadas, al igual que el propio Richard Estes debió interiorizar a Edgar Degas, Edward Hopper o Thomas Eakins en su día. La vida, y en consecuencia las urbes, siguen inspirando búsquedas y adaptaciones de autores de todos los tiempos. En el caso de Richard Estes, la presencia de vehículos relucientes es una constante que denota un determinado modelo de ciudad. En el caso de Virginia, la presencia del automóvil ha desaparecido en su obra (respecto a anteriores exposiciones).

Se trata de una ausencia notable para el análisis, -sin duda- por representar uno de los iconos del progreso, omnipresente en las metrópolis, la identidad del yo, o como objeto de deseo, capricho y ostentación.

La ausencia del vehículo a motor representa una acción de renuncia. Un cambio de dirección que se dirige hacia un modelo de ciudad que da respuesta a nuevas necesidades. Por un lado, la presencia de la bicicleta como elemento alternativo e icono de sostenibilidad (Gerken’s bike shop), y por otro, la sensibilidad sobre el problema de la contaminación acústica que parece estar presente obra por obra, cuadro por cuadro. El exceso de decibelios también se transmite en la pintura. Suena la música, ronrroneos de debates, gotas de lluvia, incluso suenan las páginas de los libros, puede percibirse la respiración, y puede escucharse el silencio, pero no hay ruido.

Reflections IV, óleo s/aluminio y metacrilato (60 x 60), de Virginia Kelle. Imagen cortesía de la artista.

Reflections IV, óleo s/aluminio y metacrilato (60 x 60), de Virginia Kelle. Imagen cortesía de la artista.

“Encuentro hermoso construir un edificio e imaginarlo en su silencio”
Peter Zumthor

Por poder, se puede observar la oscuridad, y puede adivinarse la emoción. Y hasta pueden sentirse los iconos publicitarios, estos últimos ordenados y ubicados al detalle en la escenografía, e integrados en estricta compensación del ya mencionado código estético propio del que participa el espectador ejerciendo el papel de observador como un personaje más. Frente al cuadro, al igual que cualquier personaje imaginario contempla la ciudad a través del escaparate que separa interior y exterior, la vida en sí, ese escenario del que todos somos partícipes.

Detiene la metrópoli, detiene el tiempo, y en ese parón, ordena detalles y busca los rincones perfectos para crear su paisaje urbano de comisuras impecables. Para el buen viajero, todas las ciudades tienen su encanto, su rincón inolvidable, los rincones de Virginia Kelle tienen el encanto propio de sus reflejos, los destellos de luces interiores, los tonos especiales de sus gamas cromáticas, y por lo tanto, tienen el encanto propio y el de todas las demás ciudades.

Vicente Chambó

Transversalia, la educación por el arte

Transversalia. Curso 2017-2018
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia

¿Pueden las prácticas artísticas contemporáneas activarse pedagógicamente en el contexto de la escuela de manera autónoma y en relación a saberes múltiples? ¿Son las formas, métodos y discursos del arte contemporáneo susceptibles de transformar críticamente los relatos de la educación?

El Consorci de Museus ha puesto en marcha Transversalia, un proyecto educativo realizado en colaboración con CEFIRE, que pretende introducir las prácticas contemporáneas en el ámbito educativo ofreciendo herramientas pedagógicas al profesorado a través del arte.

Según el director del Consorci de Museus, José Luis Pérez Pont, “Transversalia busca potenciar y generar un alcance mayor en las transformaciones que se están realizando en el ámbito de la educación artística, tanto mejorando el conocimiento que tiene el profesorado sobre el arte actual como la forma de implementarlo en su labor educativa con los jóvenes”.

Transversalia indaga en las relaciones entre las prácticas artísticas y educativas a través de talleres, seminarios y recursos ʻon line’. Estas experiencias operan como espacios propositivos, laboratorios pedagógicos desde los que diseñar experiencias, situaciones y materiales para activar en las aulas.

El proyecto está comisariado por Clara Boj, artista, docente e investigadora cultural, quien ha manifestado que “nuestro objetivo es que las prácticas artísticas contemporáneas tengan un lugar en el currículo escolar. Las dinámicas de la escuela no coinciden con los tiempos de las exposiciones. Transversalia pretende servir de puente entre los docentes y la práctica artística más allá de los ritmos que marcan las exposiciones”.

Los talleres no se dirigen solo a profesores de artes plásticas y visuales sino también a educadores de otras materias, que puedan encontrar en el trabajo de los artistas una nueva aproximación al conocimiento desde el arte. Transversalia ya está en marcha. Para el curso 2017-18, se han propuesto tres talleres semipresenciales para profesores de Secundaria.

Transversalia. Imagen cortesía del Centre del Carme perteneciente a la  jornada Edusionat.

Transversalia. Imagen cortesía del Centre del Carme perteneciente a la jornada Edusionat.

En el estudio

‘Muebles en el estudio’
Ángel Masip
Sala exposiciones La Lonja
Paseo Almirante Julio Guillén Tato. Alicante
Hasta el 18 de febrero de 2018

Sin abandonar el paisaje y su reflexión ante el mismo, Ángel Masip presenta su nuevo proyecto ‘Muebles de estudio’ en la Lonja del Pescado de Alicante. ‘Muebles de estudio’ recoge tres acciones, siempre sugerentes, que aúnan algunas de sus creaciones más recientes, entre ellas ‘Two and a half minutes to the midnight’ que ya pudo verse en el Centro del Carmen de Valencia. En pocas ocasiones Ángel Masip ha expuesto en su ciudad de origen y, en este caso, la oportunidad se da gracias a la convocatoria pública que la Concejalía de Cultura de Alicante abrió el pasado 2017 con objeto de dotar de contenido a las diferentes salas de exposiciones de la ciudad.

A lo largo de toda su trayectoria, Masip viene elaborando un discurso entorno a la significación del paisaje, siempre desde distintas perspectivas y siempre como pretexto para analizar el individuo. En ‘Muebles de estudio’ diversifica y amplia este concepto de paisaje llevándolo a un punto casi íntimo, totalmente introspectivo. La muestra comienza con ‘Domesticidades Fantasma’ donde impresiones digitales y un gran foto-collage, acompañan a una gran escultura de tubos de aluminio. Masip otorga aquí una nueva mirada sobre los objetos cotidianos, sobre nuestros espacios domésticos, aquellos que casi podríamos recorrer con los ojos cerrados, pero ahora descontextualizados, desposeídos de la familiaridad provoca un sentimiento de extrañeza en el espectador. ¿Acaso somos capaces de reconocer esos lugares? Ese orden inconsciente deja de tener sentido y tropieza con lo preestablecido.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

Es quizá esta la actitud revuelta y descolocada necesaria para enfrentarse a las siguientes instalaciones, ambas relacionadas con una visión post-apocalíptica de la realidad. ‘Escaparatismo salvaje’ es el resultado de una instalación que el artista llevó a cabo en 2013 site-specific para una galería de Madrid. El resultado conjuga diferentes materiales de desecho domésticos que refuerzan la meditación sobre diferentes cuestiones clave: paisaje, naturaleza, producto artístico… ¿Nos sentimos cómodos reiterando la participación generalizada sobre estas ideas? El confort del no pensamiento obliga al espectador a rodear la obra, a crear una escenografía distinta para cada mirada.

Finalmente, ‘Two and a half minutes to midnight’ parte del Doomsday clock, un reloj simbólico que marca la medianoche como aproximación al fin del mundo. En 2017 ese reloj se adelantó. La instalación de Ángel Masip muestra en una serie de elementos museográficos, objetos encontrados o construidos, enmarcados, expuestos. Pero no es la estética lo que cuenta, sino que partiendo del cuestionamiento del objeto artístico como tal, surge el interrogatorio inconsciente. La presentación lleva inevitablemente a reflexionar sobre lo inminente en el día a día del individuo, quizá mostrando un principio de incertidumbre que el orgullo no deja externalizar.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

En resumen, Masip trata de manera ponderada la visibilización de aquello que normalmente no apreciamos. Aquí encaja bien el concepto social que propuso Zygmunt Bauman, el de una sociedad líquido-moderna, en la que todo fluye y el cambio es constante pero no hay conclusión. Pararse a reflexionar sobre lo imposible de averiguar no es sino una manera de detenernos, de alejarnos de ese confort producido por la domesticidad, por las paredes confortables y también, como no, por nuestros muebles de estudio.

María Ramis

Accionar la maquinaria: juntos, aquí, ahora

‘Here, Together, Now’ Convocatoria Tangent
Entrevista a Diana Guijarro
Museo de Arte Contemporáneo de Alicante
Plaza Sta. María, 3. Alicante
Hasta mayo de 2018

En abril de 2017 se publicaban las primeras convocatorias públicas que el Consorcio de Museos de la Comunidad Valenciana ponía en marcha en relación con materias clave museísticas que, en numerosas ocasiones, se dejan fuera del programa por falta de tiempo o recursos. Proyectos sociales, de mediación o de educación son quizá algunas de las asignaturas pendientes de muchas instituciones.

El MACA (Museo de Arte Contemporáneo de Alicante) es una de las instituciones afortunadas de contar con uno de estos programas. ‘Tangent’, la convocatoria relativa a mediación cultural tiene lugar desde el pasado mes de octubre hasta el próximo mes de mayo. Diana Guijarro, comisaria alicantina, es ideadora y guía en todo este complicado proceso que es mediar con la sociedad en un museo. Además, recientemente se anunció que su proyecto ‘Totalidad e infinito. Economías de la transferencia en otro (s) tiempo (s) para el arte.’ ha sido seleccionado en la convocatoria 365 VLC, donde podremos ver tres exposiciones a lo largo de un año en la sala Carlos Pérez del Centro del Carmen. De momento, nos desvela algunas clave de ‘Here, Together, Now’.

¿Por qué el título ‘Here Together Now’?

El título del proyecto fue algo que surgió cuando ya tenía avanzada la idea sobre la que quería investigar. Ante todo me interesaba plantear una programación que permitiese reflexionar sobre el dilema de la incomunicación dentro de la creación contemporánea y para ello consideré que era necesario apoyarse en 3 pilares: los diferentes tipos de públicos, el museo entendido como una institución dispuesta a ser renovada y las prácticas artísticas contemporáneas.

Quería proponer dinámicas colaborativas que explorasen las posibilidades que implica un aprendizaje experimental y donde a través de una experiencia compartida y comprometida, se llegase a una reflexión crítica sobre nuestra presencia y participación en los espacios culturales.

De modo que desarrollé la idea de accionar el museo apoyándome en diversos planos, un concepto que se extendería en una especie de presente continuo y que se activaría durante cada sesión por sus participantes (Aquí Juntos Ahora). Ellos serían los responsables de poner en marcha la maquinaria reflexiva empleando otras esferas comunicativas.

¿Cómo reacciona el público ante la permisividad de realizar acciones no convencionales en el museo?

Llevamos dos meses aproximadamente desarrollando las actividades y la actitud del público es muy abierta respecto a todo aquello que se le propone. Me refiero a las diversas formas de desenvolverse,  experimentar y  ocupar el espacio expositivo, siempre bajo unas pautas claras de trabajo y fomentando el respeto hacia el espacio, las obras y hacia los otros.

Creo que si lo analizamos con cierta perspectiva es un factor sobre el que habría que reflexionar, apostar por actividades que exploren otro tipo de capacidades y que se apoyen en el sentido crítico de sus participantes supone asumir un mayor grado de riesgo al programar lo que implica ser flexible y readaptar la investigación. Es un cambio necesario si queremos invitarles a pensar desde otros ángulos.

La mediación es una herramienta que sirve como puente, en este caso entre la institución cultural y el público, pero no hay que olvidar que es el espectador quien tiene ahora una responsabilidad nueva y debe ser capaz de activar su mirada y su presencia de forma más activa, porque con su experiencia completa unas obras o exposiciones que no tienen una lectura única.

Taller Re-Ocupar el Museo. Imagen cortesía Diana Guijarro.

Taller Re-Ocupar el Museo. Imagen cortesía Diana Guijarro.

¿Se amplía así también no solo la forma de entender y ver arte, sino también una nueva manera de “sentir” el museo?

Sí, la estructura de la programación busca amplificar miradas y acercar el museo de otros modos pero esto tan sólo puede lograrse si tenemos la posibilidad de utilizar el espacio expositivo y cultural como espacio compartido. Cuando permitimos que el territorio cultural se active de forma diferente y hacemos que los participantes se sientan parte integrante de él hacemos de la institución algo no ajeno a nosotros.

Tras el desarrollo de las sesiones intercambiamos impresiones con los asistentes y es gratificante escuchar que sienten el espacio diferente, con sus ritmos y sus tiempos, que se han sentido más libres y que al apoyarse en la emoción, se han encaminado hacia otro tipo de comprensión del arte.

Dentro de las actividades se emplea la metáfora de que el museo es una maquinaria que nosotros accionamos, actuamos como una especie de interruptor diferencial y nuestra presencia y participación activa es la que provoca otras historias paralelas igualmente válidas.

¿Es necesaria una actitud predispuesta en el participante o es algo que puede trabajarse?

Hasta ahora todos los participantes han tenido una actitud muy predispuesta con el desarrollo de las actividades. No obstante, ante actividades experimentales es necesario un trabajo de acercamiento más continuado en el tiempo, no es fácil ni sencillo llegar a todo tipo de público y la comunicación es muy importante.

A esto habría que añadir que son prácticas con las que se busca generar comunidad y donde el participante debe concienciarse de manera progresiva, formando parte de esa construcción simbólica.

Si bien en la difusión de todas ellas aportamos información sobre las líneas que se trabajarán durante cada sesión, las claves de la actividad y sus dinámicas propias sólo se conocen en el momento de su desarrollo. Es una forma de compartir la experiencia, de vivir el presente y de sacar a los participantes de su “zona de confort”.

Algunos talleres planteados son para diferentes segmentos de edad, ¿cómo trabajas ese tema y por qué decidiste plantearlos así?

Cuando comencé a preparar el proyecto decidí programar las actividades con la mayor amplitud posible respecto a los parámetros a trabajar y jugar así con las posibilidades de conjugar diferentes segmentos de edad.

Atendiendo a los conceptos y dinámicas que se iban a tratar, consideré que una gran mayoría de estas actividades podrían ser intergeneracionales. Mi propósito era interconectar la experiencia de niños y mayores re-mezclando al público familiar con el juvenil y adulto, posibilitando otras lecturas del espacio expositivo.

Algunas actividades se orientan únicamente a público adulto simplemente por los conceptos, que se encuentran algo más ligados a la re-interpretación de los mensajes y de la colección, y por tanto contienen una carga conceptual más profunda. Pero en su gran mayoría las actividades conjugan a todo tipo de público, su respuesta ante las dinámicas propuestas supone para mí una valiosa herramienta de observación a la hora de conducir esta investigación progresiva.

Las acciones performativas o la comunicación con el cuerpo es una constante en ‘Here Together Now’, ¿por qué esa técnica?

Una de las premisas de esta programación era la de conseguir desmontar etiquetas en torno al conocimiento del arte contemporáneo y por esta razón las actividades trabajan diversos planos adscritos a las prácticas artísticas, relacionando las disciplinas desde otros puntos de vista.

Me interesaba ante todo profundizar en prácticas no objetuales o al menos en aquellas donde el objeto no fuese la parte esencial de la actividad. El cuerpo ocupa en exclusiva uno de los bloques de trabajo pero es cierto que es una constante que atraviesa todo el proyecto a modo de espina dorsal. Es algo que está unido de forma intrínseca a la filosofía experimental, del aquí y del  ahora, un medio con el que poder entender el cuerpo como presencia activa pero también como herramienta colaborativa a la hora de participar en el museo y de construir comunidad.

Atender a esa unión entre cuerpo y museo nos hace ser más conscientes de la acción y del tiempo, como si la exposición se convirtiese en una cápsula del presente donde reflexionar sobre nuestros modos de estar y hacer junto a los otros.

Puede parecer que la mediación es el conjunto de diferentes apuestas pensadas para un momento preciso asociado a una exposición concreta, ¿cómo tratas de que tus talleres no sean efímeros?

Bueno, inevitablemente en lo que a su desarrollo práctico se refiere tienen un principio y un final, pero la esencia de estos talleres busca configurar todo un planteamiento que se dirige hacia la creación de un circuito paralelo de información, capaz de retroalimentar los contenidos que emanan desde la institución.

La idea de trabajar a partir de cuatro planos interconectados (huella, cuerpo, palabra y elementos) se fundamenta en la posibilidad de extender las actividades más allá de un momento concreto o exposición determinada, permitiendo a los participantes enlazar con cierto sentido crítico los conceptos que se van trabajando.

Por esta razón la mayoría de las actividades se ramifican a lo largo de las diferentes exposiciones, obras y del propio edificio museístico.

Sería fantástico dejar una impronta en todos los participantes sobre la experimentación compartida, una línea elástica de conocimientos que quede en nosotros como experiencia adherida y que nos sirva para reflexionar en un futuro sobre nuestro acercamiento al arte contemporáneo, independientemente del espacio cultural en el que nos situemos.

Taller 'Espejismos'. Imagen cortesía Diana Guijarro.

Taller ‘Espejismos’. Imagen cortesía Diana Guijarro.

Y es que dejar huella es la utópica función del arte y de cualquier espacio cultural. Una importante labor que siempre está presente en la mente de todos los profesionales del mundo de la cultura ya que, y recordando a Selma Lagerlof, Premio Nobel en 1909, “la cultura es lo que queda cuando se olvida todo lo que se aprendió”.

Para consultar la programación de ‘Here, Together, Now’ pincha aquí.

María Ramis