En el estudio

‘Muebles en el estudio’
Ángel Masip
Sala exposiciones La Lonja
Paseo Almirante Julio Guillén Tato. Alicante
Hasta el 18 de febrero de 2018

Sin abandonar el paisaje y su reflexión ante el mismo, Ángel Masip presenta su nuevo proyecto ‘Muebles de estudio’ en la Lonja del Pescado de Alicante. ‘Muebles de estudio’ recoge tres acciones, siempre sugerentes, que aúnan algunas de sus creaciones más recientes, entre ellas ‘Two and a half minutes to the midnight’ que ya pudo verse en el Centro del Carmen de Valencia. En pocas ocasiones Ángel Masip ha expuesto en su ciudad de origen y, en este caso, la oportunidad se da gracias a la convocatoria pública que la Concejalía de Cultura de Alicante abrió el pasado 2017 con objeto de dotar de contenido a las diferentes salas de exposiciones de la ciudad.

A lo largo de toda su trayectoria, Masip viene elaborando un discurso entorno a la significación del paisaje, siempre desde distintas perspectivas y siempre como pretexto para analizar el individuo. En ‘Muebles de estudio’ diversifica y amplia este concepto de paisaje llevándolo a un punto casi íntimo, totalmente introspectivo. La muestra comienza con ‘Domesticidades Fantasma’ donde impresiones digitales y un gran foto-collage, acompañan a una gran escultura de tubos de aluminio. Masip otorga aquí una nueva mirada sobre los objetos cotidianos, sobre nuestros espacios domésticos, aquellos que casi podríamos recorrer con los ojos cerrados, pero ahora descontextualizados, desposeídos de la familiaridad provoca un sentimiento de extrañeza en el espectador. ¿Acaso somos capaces de reconocer esos lugares? Ese orden inconsciente deja de tener sentido y tropieza con lo preestablecido.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

Es quizá esta la actitud revuelta y descolocada necesaria para enfrentarse a las siguientes instalaciones, ambas relacionadas con una visión post-apocalíptica de la realidad. ‘Escaparatismo salvaje’ es el resultado de una instalación que el artista llevó a cabo en 2013 site-specific para una galería de Madrid. El resultado conjuga diferentes materiales de desecho domésticos que refuerzan la meditación sobre diferentes cuestiones clave: paisaje, naturaleza, producto artístico… ¿Nos sentimos cómodos reiterando la participación generalizada sobre estas ideas? El confort del no pensamiento obliga al espectador a rodear la obra, a crear una escenografía distinta para cada mirada.

Finalmente, ‘Two and a half minutes to midnight’ parte del Doomsday clock, un reloj simbólico que marca la medianoche como aproximación al fin del mundo. En 2017 ese reloj se adelantó. La instalación de Ángel Masip muestra en una serie de elementos museográficos, objetos encontrados o construidos, enmarcados, expuestos. Pero no es la estética lo que cuenta, sino que partiendo del cuestionamiento del objeto artístico como tal, surge el interrogatorio inconsciente. La presentación lleva inevitablemente a reflexionar sobre lo inminente en el día a día del individuo, quizá mostrando un principio de incertidumbre que el orgullo no deja externalizar.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

Detalle de la exposición. Imagen cortesía Ángel Masip.

En resumen, Masip trata de manera ponderada la visibilización de aquello que normalmente no apreciamos. Aquí encaja bien el concepto social que propuso Zygmunt Bauman, el de una sociedad líquido-moderna, en la que todo fluye y el cambio es constante pero no hay conclusión. Pararse a reflexionar sobre lo imposible de averiguar no es sino una manera de detenernos, de alejarnos de ese confort producido por la domesticidad, por las paredes confortables y también, como no, por nuestros muebles de estudio.

María Ramis

Accionar la maquinaria: juntos, aquí, ahora

‘Here, Together, Now’ Convocatoria Tangent
Entrevista a Diana Guijarro
Museo de Arte Contemporáneo de Alicante
Plaza Sta. María, 3. Alicante
Hasta mayo de 2018

En abril de 2017 se publicaban las primeras convocatorias públicas que el Consorcio de Museos de la Comunidad Valenciana ponía en marcha en relación con materias clave museísticas que, en numerosas ocasiones, se dejan fuera del programa por falta de tiempo o recursos. Proyectos sociales, de mediación o de educación son quizá algunas de las asignaturas pendientes de muchas instituciones.

El MACA (Museo de Arte Contemporáneo de Alicante) es una de las instituciones afortunadas de contar con uno de estos programas. ‘Tangent’, la convocatoria relativa a mediación cultural tiene lugar desde el pasado mes de octubre hasta el próximo mes de mayo. Diana Guijarro, comisaria alicantina, es ideadora y guía en todo este complicado proceso que es mediar con la sociedad en un museo. Además, recientemente se anunció que su proyecto ‘Totalidad e infinito. Economías de la transferencia en otro (s) tiempo (s) para el arte.’ ha sido seleccionado en la convocatoria 365 VLC, donde podremos ver tres exposiciones a lo largo de un año en la sala Carlos Pérez del Centro del Carmen. De momento, nos desvela algunas clave de ‘Here, Together, Now’.

¿Por qué el título ‘Here Together Now’?

El título del proyecto fue algo que surgió cuando ya tenía avanzada la idea sobre la que quería investigar. Ante todo me interesaba plantear una programación que permitiese reflexionar sobre el dilema de la incomunicación dentro de la creación contemporánea y para ello consideré que era necesario apoyarse en 3 pilares: los diferentes tipos de públicos, el museo entendido como una institución dispuesta a ser renovada y las prácticas artísticas contemporáneas.

Quería proponer dinámicas colaborativas que explorasen las posibilidades que implica un aprendizaje experimental y donde a través de una experiencia compartida y comprometida, se llegase a una reflexión crítica sobre nuestra presencia y participación en los espacios culturales.

De modo que desarrollé la idea de accionar el museo apoyándome en diversos planos, un concepto que se extendería en una especie de presente continuo y que se activaría durante cada sesión por sus participantes (Aquí Juntos Ahora). Ellos serían los responsables de poner en marcha la maquinaria reflexiva empleando otras esferas comunicativas.

¿Cómo reacciona el público ante la permisividad de realizar acciones no convencionales en el museo?

Llevamos dos meses aproximadamente desarrollando las actividades y la actitud del público es muy abierta respecto a todo aquello que se le propone. Me refiero a las diversas formas de desenvolverse,  experimentar y  ocupar el espacio expositivo, siempre bajo unas pautas claras de trabajo y fomentando el respeto hacia el espacio, las obras y hacia los otros.

Creo que si lo analizamos con cierta perspectiva es un factor sobre el que habría que reflexionar, apostar por actividades que exploren otro tipo de capacidades y que se apoyen en el sentido crítico de sus participantes supone asumir un mayor grado de riesgo al programar lo que implica ser flexible y readaptar la investigación. Es un cambio necesario si queremos invitarles a pensar desde otros ángulos.

La mediación es una herramienta que sirve como puente, en este caso entre la institución cultural y el público, pero no hay que olvidar que es el espectador quien tiene ahora una responsabilidad nueva y debe ser capaz de activar su mirada y su presencia de forma más activa, porque con su experiencia completa unas obras o exposiciones que no tienen una lectura única.

Taller Re-Ocupar el Museo. Imagen cortesía Diana Guijarro.

Taller Re-Ocupar el Museo. Imagen cortesía Diana Guijarro.

¿Se amplía así también no solo la forma de entender y ver arte, sino también una nueva manera de “sentir” el museo?

Sí, la estructura de la programación busca amplificar miradas y acercar el museo de otros modos pero esto tan sólo puede lograrse si tenemos la posibilidad de utilizar el espacio expositivo y cultural como espacio compartido. Cuando permitimos que el territorio cultural se active de forma diferente y hacemos que los participantes se sientan parte integrante de él hacemos de la institución algo no ajeno a nosotros.

Tras el desarrollo de las sesiones intercambiamos impresiones con los asistentes y es gratificante escuchar que sienten el espacio diferente, con sus ritmos y sus tiempos, que se han sentido más libres y que al apoyarse en la emoción, se han encaminado hacia otro tipo de comprensión del arte.

Dentro de las actividades se emplea la metáfora de que el museo es una maquinaria que nosotros accionamos, actuamos como una especie de interruptor diferencial y nuestra presencia y participación activa es la que provoca otras historias paralelas igualmente válidas.

¿Es necesaria una actitud predispuesta en el participante o es algo que puede trabajarse?

Hasta ahora todos los participantes han tenido una actitud muy predispuesta con el desarrollo de las actividades. No obstante, ante actividades experimentales es necesario un trabajo de acercamiento más continuado en el tiempo, no es fácil ni sencillo llegar a todo tipo de público y la comunicación es muy importante.

A esto habría que añadir que son prácticas con las que se busca generar comunidad y donde el participante debe concienciarse de manera progresiva, formando parte de esa construcción simbólica.

Si bien en la difusión de todas ellas aportamos información sobre las líneas que se trabajarán durante cada sesión, las claves de la actividad y sus dinámicas propias sólo se conocen en el momento de su desarrollo. Es una forma de compartir la experiencia, de vivir el presente y de sacar a los participantes de su “zona de confort”.

Algunos talleres planteados son para diferentes segmentos de edad, ¿cómo trabajas ese tema y por qué decidiste plantearlos así?

Cuando comencé a preparar el proyecto decidí programar las actividades con la mayor amplitud posible respecto a los parámetros a trabajar y jugar así con las posibilidades de conjugar diferentes segmentos de edad.

Atendiendo a los conceptos y dinámicas que se iban a tratar, consideré que una gran mayoría de estas actividades podrían ser intergeneracionales. Mi propósito era interconectar la experiencia de niños y mayores re-mezclando al público familiar con el juvenil y adulto, posibilitando otras lecturas del espacio expositivo.

Algunas actividades se orientan únicamente a público adulto simplemente por los conceptos, que se encuentran algo más ligados a la re-interpretación de los mensajes y de la colección, y por tanto contienen una carga conceptual más profunda. Pero en su gran mayoría las actividades conjugan a todo tipo de público, su respuesta ante las dinámicas propuestas supone para mí una valiosa herramienta de observación a la hora de conducir esta investigación progresiva.

Las acciones performativas o la comunicación con el cuerpo es una constante en ‘Here Together Now’, ¿por qué esa técnica?

Una de las premisas de esta programación era la de conseguir desmontar etiquetas en torno al conocimiento del arte contemporáneo y por esta razón las actividades trabajan diversos planos adscritos a las prácticas artísticas, relacionando las disciplinas desde otros puntos de vista.

Me interesaba ante todo profundizar en prácticas no objetuales o al menos en aquellas donde el objeto no fuese la parte esencial de la actividad. El cuerpo ocupa en exclusiva uno de los bloques de trabajo pero es cierto que es una constante que atraviesa todo el proyecto a modo de espina dorsal. Es algo que está unido de forma intrínseca a la filosofía experimental, del aquí y del  ahora, un medio con el que poder entender el cuerpo como presencia activa pero también como herramienta colaborativa a la hora de participar en el museo y de construir comunidad.

Atender a esa unión entre cuerpo y museo nos hace ser más conscientes de la acción y del tiempo, como si la exposición se convirtiese en una cápsula del presente donde reflexionar sobre nuestros modos de estar y hacer junto a los otros.

Puede parecer que la mediación es el conjunto de diferentes apuestas pensadas para un momento preciso asociado a una exposición concreta, ¿cómo tratas de que tus talleres no sean efímeros?

Bueno, inevitablemente en lo que a su desarrollo práctico se refiere tienen un principio y un final, pero la esencia de estos talleres busca configurar todo un planteamiento que se dirige hacia la creación de un circuito paralelo de información, capaz de retroalimentar los contenidos que emanan desde la institución.

La idea de trabajar a partir de cuatro planos interconectados (huella, cuerpo, palabra y elementos) se fundamenta en la posibilidad de extender las actividades más allá de un momento concreto o exposición determinada, permitiendo a los participantes enlazar con cierto sentido crítico los conceptos que se van trabajando.

Por esta razón la mayoría de las actividades se ramifican a lo largo de las diferentes exposiciones, obras y del propio edificio museístico.

Sería fantástico dejar una impronta en todos los participantes sobre la experimentación compartida, una línea elástica de conocimientos que quede en nosotros como experiencia adherida y que nos sirva para reflexionar en un futuro sobre nuestro acercamiento al arte contemporáneo, independientemente del espacio cultural en el que nos situemos.

Taller 'Espejismos'. Imagen cortesía Diana Guijarro.

Taller ‘Espejismos’. Imagen cortesía Diana Guijarro.

Y es que dejar huella es la utópica función del arte y de cualquier espacio cultural. Una importante labor que siempre está presente en la mente de todos los profesionales del mundo de la cultura ya que, y recordando a Selma Lagerlof, Premio Nobel en 1909, “la cultura es lo que queda cuando se olvida todo lo que se aprendió”.

Para consultar la programación de ‘Here, Together, Now’ pincha aquí.

María Ramis

“Me gusta jugar con los contrastes”

Pneuma, de Pablo Capitán del Río
Premio Mustang Joven 2016
Elche Parque Empresarial
Edificio MTNG Experience
C / Severo Ochoa, 36. Elche (Alicante)
Hasta el 15 de diciembre de 2017

En esta exposición, que se celebra con motivo del Premio Just MAG premio Joven 2016 otorgado en la feria de arte emergente Just Madrid 2016, Pablo Capitán del Río (Granada, 1982) presenta una serie de obras que parecen suspendidas en un instante de tensión antes de su transformación o colapso. En ellas el artista ha querido trabajar con nociones ópticas que buscan lograr un extrañamiento perceptivo en el espectador y trabajos en los que se combinan experimentos formales aparentemente científicos con otros de carácter más subjetivo y personal.

Juan Fuster, responsable de Art Mustang, presentando la exposición 'Pneuma', junto al artista Pablo Capitán del Río. Imagen cortesía de Art Mustang.

Juan Fuster, responsable de Art Mustang, presentando la exposición ‘Pneuma’, junto al artista Pablo Capitán del Río. Imagen cortesía de Art Mustang.

En ‘Pneuma’ vas a mostrar piezas que activan procesos físicos de equilibrio, gravedad, precariedad o anticipación, un tipo de obras que tienen relación con tu interés por los libros científicos que en ocasiones ilustran sus explicaciones teóricas con ejemplos visuales; una ciencia aplicada que emparenta tu trabajo con el mundo de la Biología, las Matemáticas o la Etología.

Sí, ese tipo de lecturas de análisis científico son importantes en mi trabajo porque me sirven como punto de partida para arrastrarlos al terreno de lo simbólico humano. Me gustan las obras aparentemente científicas, que en su origen parecen no querer contar nada más allá de su concreción física, pero que quizá por nuestro plano físico, real, nos hablan también de nuestra propia existencia. Lo interesante de ciertos procesos físicos o químicos es que muestran la condición ostensible de las cosas, la incapacidad del lenguaje para dibujar la experiencia real con lo que nos rodea. Por eso intento desestabilizar esa aparente frialdad objetiva mediante la metáfora y el contrasentido. Me gusta jugar con la combinatoria de conceptos y materiales, con los contrastes: mecánica y gesto, naturaleza y cultura, figuración y abstraccion,… Este ejercicio me permite ensayar una gramática que articule esos elementos aparentemente neutros para extrañarlos.

En la exposición este objetivo te lleva a mostrar unas obras que generan una suerte de tensión en el espectador. Pienso en la serie fotográfica titulada Petardo y vela, Soga suspendida o Vidrio y ventosa.

Digamos que los visitantes pueden aventurar lo que va a suceder pero dentro de un margen de probabilidad. El arranque narrativo de estas obras funciona a partir de una causalidad a la que el espectador está tan familiarizado que es su propia mente la que de un modo automático anticipa el desarrollo: si enciendes un petardo generalmente explotará, si pones un vaso al borde de una mesa generalmente acabará cayendo, etc… El primer eslabón de fascinación se percibe de un golpe. Después puedes activar otras lecturas más complejas o sutiles pero si le das un indicio al espectador, su propia animalidad le pone en contacto con la obra.

Pablo Capitán del Río. Imagen cortesía de Art Mustang.

Pablo Capitán del Río. Imagen cortesía de Art Mustang.

Me motiva ese interés por la “animalidad” de los espectadores. ¿Quizás por eso te interesa la Etología? Además de buscar esa suerte de impulso automático o primario en los receptores de la obra, en ocasiones también incluyes representaciones animales en tu trabajo: perros, osos hormigueros o murciélagos. Animales observando a otros animales….

Sí, de hecho la Etología se basa en la observación, en lo perceptivo. Me gusta vincular lo aparentemente natural con lo producido por lo humano. Juego con la combinación de elementos que han sido modelados con otros que son copias directas de elementos reales, como las texturas de pieles o frutas. Esta intención puede apreciarse en obras como El cebo, una columna en la que se muestran los diferentes estados de maduración de una piña. Me gusta combinar estas texturas extraídas de lo real con estructuras abstractas, activando una ambigüedad en la que no se llega a comprender qué proviene de la mano del hombre y que ha sido delegado o extraído de la naturaleza.

Además de tus lecturas de corte técnico también eres un gran lector de ficción. Esta afición responde a cierto interés narrativo en tu obra que también te aleja de lo exclusivamente científico ¿Cómo crees que te han influenciado este tipo de lecturas?

Quizás en cierto tipo de narración. Pienso en el modo tan interesante en el que algunos relatos de Franz Kaa, por ejemplo, construyen la escena o, mejor dicho, en cómo la cierran. Siempre se produce una conclusión extraña, como cuando casa mal un molde y se ven las costuras.

Vista de la exposición 'Pneuma', de Pablo Capitán del río. Imagen cortesía de Art Mustang.

Vista de la exposición ‘Pneuma’, de Pablo Capitán del río. Imagen cortesía de Art Mustang.

Entiendo lo que comentas porque en tu obra a veces contrapones elementos de una factura más depurada con otros en los que no has ocultado las marcas producidas durante su construcción.

Sí, quizás porque las obras que más me impresionan y a las que vuelvo son aquellas que consiguen convencerte de una realidad que ellas mismas están desmintiendo simultáneamente; obras que fracasan en su ficción. Quizás por eso también me gusta introducir estados cambiantes de la materia, activando sus cualidades químicas, como en 5 poliedros de levadura fresca, unos videos que muestran la serie de los cinco poliedros platónicos en perpetuo proceso de transformación. Me interesa contraponer estas obras con otras más “estables” porque me fascina la idea de que la obra pueda seguir evolucionando sin mi intervención.

Vista de la exposición 'Pneuma', de Pablo Capitán del Río. Imagen cortesía de Art Mustang.

Vista de la exposición ‘Pneuma’, de Pablo Capitán del Río. Imagen cortesía de Art Mustang.

Algo similar sucede con XX, una instalación realizada especialmente para ‘Pneuma’, en la que un grupo de panes tallados en espuma floral, mojados y suspendidos de un fino muelle metálico, van dispuestos cada uno sobre diferentes cubos de caucho. Pero aunque cada uno queda a una altura determinada según la cantidad de agua que haya absorbido, todos ellos se irán elevando hacia las alturas a medida que se evaporen y pierdan peso. Pneuma es una palabra del griego antiguo que significaba respiración, pero también pasó a significar espíritu, “ forma en que circula el elemento aire” o “aliento de vida”.

David Bestué

Disonantes y efectivos

Disonancias fronterizas. La artificialidad del límite político
Colectivo 1668. Dómix Garrido y Mario Gutiérrez
Sala exposiciones La Lonja
Paseo Almirante Julio Guillén Tato. Alicante
Hasta el 26 de noviembre de 2017

Disonantes y efectivos. Así se exponen Dómix Garrido y Mario Gutiérrez en su intervención en la Lonja de Alicante. Un toque de atención, una llamada de alerta y un grito socavado de auxilio. En esta línea de llamamientos el sonido es una de las herramientas inmersivas clave que destaca en la exposición ‘Disonancias fronterizas. La artificialidad del límite político’. Se trata de una serie de piezas de videoarte y performance que toman sentido en su conjunto. El objetivo es exteriorizar  el resultado de aquellas prácticas, sobre todo gubernamentales, que tienen un efecto directo en el individuo migrante, que normalmente es obligado a ello, y que solo trata de practicar su libertad supuestamente innata.

‘Lo ideal hubiera sido no inaugurar esta exposición, eso significaría que no existe este problema’, declara Dómix Garrido, resumiendo la necesidad compartida que tienen ambos artistas de expresar la injusticia de una situación. Cuentan que, en junio de 2014, llegaron a la ciudad de Melilla, ciudad fronteriza y comenzaron el proyecto que se expone. Reflexionan sobre el término fronterizo, estando precisamente en la frontera, pero sin ser eso mismo, situándose frente a frente, casi al margen. Esa línea divisoria (a veces imaginada) nos traslada inevitablemente a reflexionar sobre el inclasificable y casi interminable no-lugar.

Instalación en Disonancias fronterizas. Imagen cortesía de los artistas.

Instalación en Disonancias fronterizas. Imagen cortesía de los artistas.

Las disonancias se definen como un conjunto de sonidos que son poco inteligibles ya que se entremezclan. Cabe pararse a observar, y a escuchar. Pero antes se debe atravesar la negra cortina de entrada a la sala, donde ya se empiezan a escuchar esas disonancias. La famosa e hipnotizante apertura de ‘Europa’ de Lars Von Trier, nos da la bienvenida y nos lleva de lleno a una parte de Europa poco idealizada. Accedemos de esta forma a una especie de viaje estático, cuyo ambiente predominante está siendo reproducido por ‘Diálogos sordos (o la imposibilidad de un diálogo transfronterizo’, murmullos y voces rotas que parecen tratar de dialogar pero solo escupen sus historias ya sabidas y todavía por solucionar.

Las acciones del Colectivo 1668 se hayan recogidas en piezas audiovisuales. Entre las sucesiones de imágenes, algunas cifras se desvanecen casi de inmediato. Ante esta situación ha dejado de ser algo lejano, un hecho que hemos tratado de ignorar ante la escucha de los telediarios, pero que ahora se hace más real. Trata de nuevo de desaparecer pero algo queda en la memoria, acompañando, normalmente, a esas voces rotas y sordas. Los símbolos son también un continuo. La simbología que ya arranca en la propia imagen del colectivo, alcanza su punto álgido en los restos de la instalación ‘Balsa’ y la performance ‘Banderas mojadas’ que ocupan el final de la sala.

También invitan a la reflexión y participación. No importa que esas banderas estén mojadas, secas, clavadas en la pared u ondeando al viento. Son símbolos de una identidad. En este caso, una identidad perdida que trata de alcanzar una nueva en lugar alejado… Y para alcanzarla se hace necesario inventar y re-inventar, traspasar esa artificialidad de lo político que solo parece entender de límites. Esta importante misión se concreta en la intervención interactiva de Olga Diego ‘Alfombras voladoras’ [o como sobre volar una frontera]. En este taller participativo la imaginación da paso a la utopía y al trabajo conjunto, poniendo punto y final de una forma podríamos decir optimista. Pero la reflexión continúa ya que la problemática persevera en permanecer. Al igual que la frontera cuyas líneas parecen no tener fin.

Instante durante el Taller de Olga Diego. Imagen cortesía de los artistas.

Instante durante el Taller de Olga Diego. Imagen cortesía de los artistas.

María Ramis

La escritura asémica de Zirotti en la Fundación Frax

‘Pre-Texto’, de Claudio Zirotti
Comisaria: Natividad Navalón
Sala Pedro Delso
Fundación Frax
Paseo de las estrellas 3, L’Alfàs del Pi (Alicante)
Del 6 de octubre de 2017 al 7 de enero de 2018

La escritura es el asidero en el que tomar aliento en la travesía de la vida. Es el aliviadero que nos permite representar, dibujar, expresar ideas o pensamientos, sentimientos, rabia o dolor, el acontecer, a veces sin sentido, expresado por medio de palabras, números, notas musicales o trazos; grafías que recogen lo impreciso del ser humano. Ese pensamiento abstracto es el que nos consiente cambiar a voluntad de una situación a otra, el que nos consiente descomponer el todo en partes, el que nos permite analizar de forma simultanea distintos aspectos de una misma realidad.

Las obras que componen la exposición ‘Pre-Texto’ nos presentan la escritura como aparejo que transforma el lienzo, convirtiéndolo en el teatro donde el texto cobra vida, donde el texto entra en acción. Texto que ya no toma por modelo a la frase, pero sigue siendo el brote de sentimientos que supone los goces del lenguaje, texto que conforma las páginas de historia para cancelar, de las que, como nos señala Claudio Zirotti, sólo quedan mapas para contar, mapas para trazar un pensamiento abstracto que le permita planear y asumir simulacros, y pensar, y sentir, y actuar.

Las obras que presenta el artista para esta exposición se construyen en el paraíso de los signos, conformando un texto utópico sin lugar donde varar; donde todos los significantes están ahí, desafiantes, pero ninguno alcanza su fin porque todos son parte de un narración. Formas alfabéticas en continuo movimiento, que se encuentran y se funden, que se enfadan y separan, creando un espacio vivo, a veces saturado, otras veces sereno y calmo. En cada uno de los textos que el autor nos despliega en sus obras convierte la caligrafía en movimiento. En ella, la frescura del trazo, el equilibrio de la línea o la transparencia de la tinta, son partes de la coreografía que se desarrolla en la escena del lienzo. Ese texto se convierte en nuestra tabla de náufrago, en el lugar de la memoria.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

Cuando Zirotti proyecta esta obra la plantea y la razona desde un punto de vista semiótico. Desde una perspectiva semiológica, la narración se puede realizar con cualquier clase de signos, por ello, siempre trabaja con la visión real del elemento, del signo, glifos o personajes, como el autor los llama, que se podrían esculpir uno a uno. Y es en este contexto plástico en el que Claudio recompone la narración a través de recursos plásticos como el color, las formas, el tachado o lo huidizo, lo escondido, lo oculto o lo encubierto, disimulado, tal vez. Una manera de dibujar el discurso sin volverlo insensato.

La deconstrucción de la palabra en su obra, viene determinada por el metro, por la asonancia, por el ritmo prosódico de trazos caligráficos que nos dibujan las pinceladas como notas musicales en un pentagrama: blancas, negras, piano, crescendo, silencio. Es en esa danza en la que el espectador logra aprehender los signos y el espejismo del lenguaje que representan. Una escritura asémica que a modo de mantra lo mece en la cuna del recuerdo. Como nos evoca Rimbaud, no existe poesía sino cuando existe meditación del lenguaje, lo cual supone la ruptura de los cuadros fijos del lenguaje, de las reglas de la gramática y de las leyes del discurso. Y es en esa libertad del discurso en la que se mueve este artista italiano.

Lo que nos atrapa precisamente de los cuadros de Zirotti no son directamente las referencias, ni su estructura, sino más bien la percepción que nos ofrece el propio texto allí representado: colores, formas, personajes que aparecen y desaparecen, historias más allá de la narración. La visión de la coreografía y puesta en escena nos permite recorrer, saltar, descubrir, abstraernos y volver a sumergirnos en un profundo desgarramiento que imprime el propio lienzo y no la simple temporalidad de su lectura.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

En el espacio expositivo de la Fundación Frax, el artista nos presenta sus dos últimas series, ‘Alegoría de los signos’ (2015-2016) y ‘Pre-texto’ (2016-2017), que, en su devenir, nos muestran la metodología empleada por el artista en la génesis de las obras y en la libertad de creación que le permite la producción de las mismas. La obra de Zirotti, que nace con el Art Brut en sus comienzos en Italia, vuelve a retomar a través de estos dos trabajos el territorio de la escritura asémica. Si revisamos el arte contemporáneo, grandes personajes en el mundo artístico como Jean Dubuffet, Paul Klee, Twombly, Joan Miró o Zhang Xu se han adentrado en algún momento de su recorrido artístico en este interminable recurso y fascinante contexto. En este artista italiano, la práctica de la escritura asémica se afinca cada vez más en su obra y cobra así un protagonismo que tinta sus últimas series.

La serie ‘Alegoría de los signos’ empieza presentándonos cada una de las iconografías, cada uno de los signos que constituyen el alfabeto utilizado a lo largo de este trabajo. Signos que son abocetados, identificados, protagonistas, formas dotadas de personalidad y movimiento para después, en una danza con el resto de personajes, ir configurando cada uno de los textos que componen y organizan el discurso de los cuadros. La estructura del texto se transforma en iconografía, la iconografía en movimiento y el movimiento se expande por toda la tela. Signos que cobran vida y se transforman en personajes antropomorfos que interactúan entre sí. Iconografías que juegan en el espacio del lienzo libremente, sin un orden aparentemente lógico, tal vez, la incomodidad de la aglomeración las resitúe, provoque la necesidad de cambiar trazos, espesores o armonías, para llegar a una estética del equilibrio a través de la danza, de la musicalidad, de la expresión sin preconceptos en el instante de la creación. En el transcurrir del tiempo, el acto de escribir se convierte en una melodía cinética. A cada nota un trazo, repetición, tonos y colores, ritmos y sonidos. El lienzo es el escenario de cada una de las composiciones que plasma en sus cuadros, de cada uno de los textos que nos narra, para llegar a una comunicación que va más allá de la palabra.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

En la segunda serie titulada ‘Pre-texto’, que da nombre a la exposición, los signos se rebelan, sus personajes se reducen, juegan, son como duendes que aparecen y desaparecen y la caligrafía toma protagonismo dentro de un mundo donde prevalece la forma, el color, estructura, procesos gráficos y proporción. Inmerso en esa imagen abstracta, Claudio Zirotti incorpora una caligrafía donde la expresión adquiere más importancia que la legibilidad de las letras. En un intento de hacer fluctuar al espectador entre el leer y el mirar se apropia de una escritura no convencional, sin semántica, los manuscritos que nos deja leer no corresponden con alfabeto ninguno ni forma predeterminada, nos introducen en la escritura asémica. El espectador llega al entendimiento con la obra, no por la narración del texto sino por la forma caligráfica del mismo. En la escritura anémica no hay interpretaciones erradas, pues siempre está sujeta al ciclo comunicativo que se completa entre el artista-escritor y el lector-espectador. Como el mismo artista señala, la escritura que usamos para comunicarnos es estática, pero la escritura asémica siempre tiene un mínimo de movimiento, es creada desde el sentimiento, es arrojada por movimientos palpitantes descritos en la acción. El espectador desconoce el alfabeto; la lectura, muda, no tiene ningún significado, el artista solamente nos dibuja el relato del recuerdo, más allá de las palabras.

Poetas visuales como Tim Gaze y Jim Leftwitch, partituras de Jonh Cage u obras de Cy Twombly nos acercan también a una caligrafía propia, individual, sin significado pero sin error, sin contexto semántico específico, una escritura abstracta e inmaterial, no sonora e ilegible, una escritura que no se puede leer, sino observar.

Claudio Zirotti expresa sensaciones que si bien pueden ser armónicas y representativas nos apuntan hacia un discurso íntimo y particular mediante el cual transmite emociones, acciones y recuerdos, dudas y temores. Los cuadros plantean una escritura pensativa inmaterial que busca preservar su aliento primario de pensatividad, plantear la textura de las meditaciones entre azarosas y automáticas, donde cobra protagonismo el trazo en el borde del discurso, en un intento de dotar aura a la escritura. Textos que no se pueden leer, pero con una caligrafía perfecta. Textos que no se pueden recitar, pero se sienten en la impresión de la línea. Procesos que nos remiten a la frase del poeta Osvaldo Lamborghini “no leía, pero sus subrayados eran perfectos”, en el caso del artista italiano, textos llenos de pasión, imposibles de leer, pero con una caligrafía impecable.

La escritura asémica que nos presenta en sus cuadros va apoderándose del lienzo, comparte espacio con colores y formas, con grafismos y signos, con trazos y fuertes pinceladas que a veces quieren apartarla. La escritura asémica, sigue sigilosamente recuperando su lugar porque está acostumbrada a liberarse de los límites impuestos, aun así guarda una relación formal con los recursos plásticos que le acompañan.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

Es precisamente su aparición la que seduce al espectador porque está abierta a múltiples interpretaciones. La forma de la caligrafía y la estructura del texto sugieren un significado, más allá de las palabras, más allá de los objetos, más allá de los signos, connotaciones al dictado de la percepción y de la intuición de quien la hace y quien la ve. Esta intuición y esta percepción describen un mundo, un mundo que como apunta Eco adquiere una rica complejidad de significados a través de la sucesión de los signos, una obra abierta a la interpretación del espectador. Este sentido de la semiótica es el que Claudio Zirotti va desarrollando a través de estas dos series.

El espacio, a veces el color, a veces la incisión en una textura, tejen el intervalo entre los signos, dibujan los ritmos de la gramática que compone los cuadros. Tiempos, simetrías y tenores nos construyen la serie espacial en la que los términos se relacionan entre sí. En este caso, las frases, aunque ilógicas, continúan siendo frases. El diálogo entre los recursos utilizados por el artista es el pilar donde descansa la significación. Podría decirse que el método de trabajo utilizado por Zirotti coincide con el concepto intuitivo, en semiología, de caos. Cada uno de los textos, cada uno de los signos no se pueden decir, se ven pero son indecibles, como cuando un hombre recuerda lo que estuvo pensando en un momento anterior, o cuando continua pensando en algo.

Cuando relaciona cualquier elemento, cualquier signo uno detrás de otro, está creando una escritura, porque al dar un valor a cada signo, o un nombre a cada signo comienza a establecerse un diálogo. La abstracción del diálogo, de la palabra, la abstracción del lenguaje, la abstracción de la idea. El signo potencia en su obra una estructura abstracta. Una estructura formada por varios signos que representa el propio acto de comunicación. Si cuando leemos una palabra, cada una de las letras van configurándonos la imagen al que alude el significado. Cuando percibimos el texto creado por Claudio, cada una de las letras, cada uno de los signos, se transforman en personajes protagonistas de la escena, figuras en una narración, en el escenario de la acción. Su obra no ofrece mensajes unívocos, en este sentido hace referencia a la evasión del didactismo que nos relata Kafka y acepta múltiples interpretaciones. Se mantienen las leyes naturales pero el conflicto surge de la relación ente el mundo normal y los elementos descolocados. Alude más de lo que muestra.

A veces los lienzos son el PRE-TEXTO para presentar momentos vividos, momentos guardados en el lugar de la memoria hasta que el impulso de la escritura los hace aflorar. Una colección de recuerdos compartidos, una fusión de vivencias por la estética, un camino acompañado que no deja de enseñar, una mujer querida que marca el movimiento, una vida deseado que dibuja el equilibrio. El tiempo y la frescura siempre de la mano, en perfecta armonía son uno en el devenir de los tiempos. Es el momento para reencontrase con el placer de la madurez que concreta con simplicidad las ideas, que valora la esencia del ser, que entra en el intimismo. Como nos sugiere Jakobson, es el momento de dejar las palabras en libertad.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

Natividad Navalón

 

Insondables raíces

‘Un inmeso baniano’, de Máximo González
Galería Aural
C / Labradores, 17. Alicante
Hasta 23 de septiembre de 2017

Máximo González se adentra en la Galería Aural dejando tras de si un rastro inconfundible de reflexión con el entorno, no en un sentido tan ecológico, como meditativo. El pretexto e hilo conductor de las dos instalaciones y el video presentados es, en este caso, casi un aplique literario, un símbolo: un inmenso baniano. El baniano, es un árbol ficus que llega a alcanzar grandes dimensiones y que en muchos lugares del mundo llega a tener un carácter sagrado. No es de extrañar, por tanto, que la hoja de sala de la exposición, empiece un fragmento de Salman Rushdie, sobre la vida de un pueblo, de las costumbres de sus gentes, entorno a un árbol como este. Todo un acierto que consigue predisponer al lector y observador ante la obra de Máximo González.

Tras este breve y necesaria lectura, nos hallamos ante la primera instalación que presenta el artista, participativa e ineludible. Se disponen tres grupos de mesas, con dos sillas cada una. Estas sillas y mesas están realizadas mediante patrones de una madera que suele usarse en la construcción sostenible. Estos moldes se pueden montar y desmontar, al igual que el puzzle sobre la mesa. Estas piezas no forman ninguna imagen, solo recuerdan acciones del ser humano, que construye nuevos entornos pero que, sobre todo, destruye y saquea a su paso.

González, en el coloquio previo a la inauguración comentaba que ‘El arte no tiene por qué cumplir una función (…) Es como el lenguaje, hacen falta dos y cabe tener en cuenta, que unos lo usan mejor que otros’. El instante comunicativo artístico deja paso al silencio, y a la concentración de construir una pieza de puzzle vacía de contenido, aunque no de significado.

Instalación realizada en la Residencia de Lizières (Francia), 2015.

Instalación realizada en la Residencia de Lizières (Francia), 2015.

El Espacio 2 de la Galería Aural se ha transformado en un casual paisaje que, al igual que un árbol, enraiza con la tierra. Esta instalación fue concebida en 2015 durante la residencia del artista en el Centre de Cultures et de Ressources de Lizières (Francia), donde recopiló una serie de lienzos. Estas pinturas, no resultan aleatorias. Son paisajes elaborados por artistas decimonónicos poco conocidos, pero que representaron, como toda la corriente de la época, una serie de valores que oscilan entre representaciones pintorescas y otras, como las de Constable y Friedrich, sublimes. Ese interés por la naturaleza inundó el siglo XIX y Máximo González, casi en un viaje conceptual por el tiempo, pone en valor la naturaleza real con la pintada.

Un paisaje que se transforma bajo la acción humana continuamente y que no podemos ignorar, pues forma parte de nuestros orígenes y también de nuestro futuro. Puzzles, muebles, pinturas, objetos naturales encontrados y hasta una animación crean el discurso narrativo de Máximo González, su razón de crear, su baniano más personal.

María Ramis

La reflexión contemporánea de Casasola en Juan Gil-Albert

‘De ida y vuelta’, de Juan Carlos Rosa Casasola
Comisaria:  Andrea Brotons
Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
San Fernando 44, Alicante
Del 11 de julio al 1 de septiembre de 2017

‘De ida y vuelta’, exposición de Juan Carlos Rosa Casasola, comisariada por Andrea Brotons, seleccionada en el concurso Arte en la Casa Bardín que se inaugura el próximo 11 de julio a las 20h en el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, presenta obras de gran riqueza conceptual cargadas de un alto impacto visual. A través de piezas site-specific – realizadas gracias a la ropa donada en el proyecto colaborativo ‘Dona tu ropa al arte’- el artista benidormense crea nuevas columnas que ensalzan la arquitectura del centro para sumergimos en un entorno ficticio.

Las instalaciones de Casasola inundan la antesala de la Casa Bardín generando una búsqueda hacia reflexiones sobre temas profundamente contemporáneos, como son el choque de las nuevas tecnologías con nuestra percepción de la realidad, el distanciamiento y la añoranza en la escena digital, o la necesidad de una apariencia visible ante el espionaje juicioso de unas extrañas vecinas cotillas.

Imagen de 'BestSeller. HorrorVacui. Bildung ropa', de Juan Carlos Rosa Casasola. Fotografía cortesía de los organizadores.

Imagen de ‘#BestSeller #HorrorVacui #bildung’, de Juan Carlos Rosa Casasola. Fotografía cortesía de los organizadores.

El recorrido de Juan Carlos Rosa Casasola (Alicante, 1988) alberga desde 2010 numerosas exposiciones de las que destan aquellas que mostraron piezas que la comisaria Andrea Brotons rescata del estudio. Como es el caso de  ‘División del espacio – tiempo I,’ que fue expuesto en el IVAM en 2011 por el XXXVII Premio Bancaja de Pintura, Escultura y Arte Digital; ‘#BestSeller XVIII’, que fue seleccionado para el III Premio Mardel, en el Centro Cultural Las Cigarreras de Alicante en 2015; ‘Everybody wants an iPhone’, que formó parte de EMERGE 2014, en la Galería Rafael Pérez Hernando de Madrid; y ‘#Smartpaint, Lección de anatomía’, que fue expuesto en la colectiva de 2015 del Premi de Pintura Fundació Guasch Coranty de Barcelona. Además, se han seleccionado proyectos relacionados con los últimos años de su estancia en Nueva York y Berlín, donde reside desde hace ya dos años, produciendo sus obras tanto en el estudio de la capital alemana como en el de Benidorm, su ciudad natal.

Tanto el documento audiovisual proyectado en bucle, ‘#Show #WaitingTime’ -que refleja los conceptos hipnóticos de inmersión/emersión propios de la expectación ante el paso del tiempo-, como una de sus piezas más destacas por su componente crítico hacia la industria textil, ‘#WorldFlags’ -en la que da visibilidad a los principales países productores de ropa-, son dos de las obras inéditas en las que el material de archivo reutilizado, tanto videos privados como ropa donada, evidencian la existencia de historias anónimas para remarcar dos caras de una misma moneda.

“Como el que emigra con la mente ya fijada en regresar, De ida y vuelta, - back and forth-, de aquí para allá, genera una nueva dimensión inclusiva que, desde el afecto que une la trayectoria personal del artista con el espectador implicado, crea un feedback entre lo conocido y lo novedoso. Un éxtasis que brota de los rincones más remotos como la naturaleza misma, desdibujando la línea divisoria entre realidad y ficción, entre lo privado y lo público, exterior e interior, el antes y el después, sujeto y objeto (Marta Gili, ‘Las lágrimas de las cosas’, 2014). Una invitación a la intervención contributiva del imaginario colectivo a idealizar otros mundos. Una escena en la que la personalidad del yo real y la del yo avatar puedan bailar desatados sin importar el omnipresente enfoque de las cámaras” (texto deAndrea Brotons, comisaria de la muestra, extraído del catálago).

Imagen de 'Show Artistoftherugs', de Juan Carlos Rosa Casasola. Fotografía cortesía de los organizadores.

Imagen de ‘#Show #Artistoftherugs’, de Juan Carlos Rosa Casasola. Fotografía cortesía de los organizadores.

 

El excepcional legado de la saga de los Madrazo

El Mundo de los Madrazo. Colección de la Comunidad de Madrid
Museo de Bellas Artes Gravina (MUBAG)
C / Gravina, 13-15. Alicante
Hasta el 15 de octubre de 2017

Los Madrazo están considerados como la saga más célebre e influyente del ámbito artístico decimonónico español. A través de sus obras se pueden recorrer las diferentes corrientes artísticas del siglo XIX. Tres generaciones de pintores nos transmiten el pulso de su tiempo: José de Madrazo Agudo, sus hijos Luis y Federico de Madrazo Kuntz, y los hijos de Federico, Raimundo y Ricardo de Madrazo Garreta.

El Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, la Diputación de Alicante y la Comunidad de Madrid exhiben en el Museo de Bellas Artes Gravina de Alicante la mayor colección que se ha reunido sobre esta familia de pintores. La exposición ‘El Mundo de los Madrazo. Colección de la Comunidad de Madrid’ se podrá ver en el museo alicantino hasta el 15 de octubre.

Raimundo de Madrazo Garreta.Margarita Tewart de Madrazo. Imagen cortesía del MUBAG.

Raimundo de Madrazo Garreta. Margarita Tewart de Madrazo. Imagen cortesía del MUBAG.

La colección de los Madrazo pertenece a la Comunidad de Madrid desde 2006, gracias a una dación por pago de impuestos por parte de los descendientes directos de los pintores: María Teresa de Madrazo y Madrazo (hija única del pintor Luis de Madrazo Kuntz) y su esposo, Mario de Daza y Campos, que conservaban en su domicilio de Madrid un patrimonio extraordinario con obras de estos pintores.

Los Madrazo fueron pintores de éxito reconocidos y admirados internacionalmente. Artistas cosmopolitas e infatigables viajeros, completaron su formación en París y Roma ciudades en las que se relacionaron con las instituciones y los artistas más influyentes de la época. Desde sus importantes cargos oficiales en el Museo del Prado, la Academia y la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, José y Federico, pintores de Cámara, ejercieron de árbitros del arte español decimonónico.

Los Madrazo triunfaron como retratistas y posaron para ellos prestigiosos políticos, literatos y artistas de su tiempo, además de la aristocracia y la burguesía. Se transmitieron generacionalmente la habilidad en la captación del carácter de los representados que pintaron con depurada maestría.

La muestra reúne a través de 80 obras, “los tesoros” de temática costumbrista, religiosa y retratos recopilados y guardados por Mª Teresa de Madrazo y Madrazo. Obras que permiten al espectador un conocimiento de los hábitos y modas decimonónicas y dan rostro a una extensa familia que también destacó en el ámbito de la literatura, la arquitectura y la música.

Luis de Madrazo Kuntz. Maria Teresa de Madrazo y Madrazo. Imagen cortesía del MUBAG.

Luis de Madrazo Kuntz. Maria Teresa de Madrazo y Madrazo. Imagen cortesía del MUBAG.

Desde que la Comunidad de Madrid adquiriera la colección, ésta ha visitado diferentes ciudades españolas y europeas, pero es en Alicante cuando se podrá ver un discurso expositivo que reúne por primera vez a cinco generaciones Madrazo en una misma sala. Junto a ellos dos retratos de Isabel II sitúan a los autores en el contexto histórico del momento.

A continuación la muestra dedica, de forma cronológica, una sala a cada uno de los autores, lo que permite contemplar con detenimiento la estética que dominaba cada pintor. Además, como novedad, a las obras pictóricas, se ha sumado un conjunto de objetos y fotografías familiares así como correspondencia y apuntes de trabajo de los autores, una oportunidad única para descubrir los entresijos de esta familia de artistas y la historia que envuelve a estos retratos.

Según los comisarios, Montse Martí y Carlos González, para comprender la colección hay que tener en cuenta que esta selección no estaba pensada para ser obra de museo, sino para ser expuesta en una casa. Cada uno de estos cuadros guarda una historia.

La colección formaba un conjunto homogéneo, y a la vez cerrado, que había estado conservado en la esfera de la intimidad de la familia Madrazo, rasgo que la convierte en un legado excepcional. La exposición incluye un valioso testimonio que nos muestra cómo se hallaban las obras tras el desmantelamiento de la casa. Juan José Daza, heredero final de este patrimonio, abrió las puertas de su casa al fotógrafo Juan Manuel Castro Prieto, Premio Nacional de Fotografía, quien realizó una serie denominada con el sugerente nombre de “La seda rota”, en la que se puede ver el ambiente y el contexto en el que se encontraban estas obras.

Jose de Madrazo Agudo. Marquesa de Branciforte. Imagen cortesía del MUBAG.

Jose de Madrazo Agudo. Marquesa de Branciforte. Imagen cortesía del MUBAG.

Fotofestival Benidorm nace lleno de retratos

Fotofestival Benidorm 2017
Retrato. Mujeres fotógrafas
Diversos espacios de Benidorm (Alicante)
Del 15 de julio al 15 de agosto de 2017

La primera edición del Fotofestival Benidorm se dedica al retrato, a la representación, y en especial a la mujer en la fotografía; nueve fotógrafas que han hecho del retrato su modo de reflexionar y trabajar el medio fotográfico: 9+9 exhibiciones durante un mes.

Nueve exposiciones, intervenciones en el callejero de Benidorm, ya que Fotofestival Benidorm se caracteriza por utilizar el espacio público como lugar de encuentro, disfrute y reflexión del arte fotográfico. Y nueve escaparates de comercios de la ciudad que albergarán en sus vitrinas piezas de retratos de otras tantas fotógrafas.

Fotografía de Angelica Dass. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

Fotografía de Angelica Dass. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

Se apuesta por formatos y espacios expositivos no habituales: fachadas empapeladas, vinilos, escaparates, para acercar el arte fotográfico al público. Habrá conferencias, charlas, intervenciones, talleres, recorridos y cine. Un festival que se realiza gracias a la implicación directa de diferentes agentes locales, comerciantes y hoteleros y que cuenta con la participación de autoras de Méjico, Brasil y Argentina pero que a su vez está muy bien representado por fotógrafas nacionales, consolidadas, de media carrera y emergentes.

Obra de Sofía Moro. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

Obra de Sofía Moro. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

El leitmotiv o el motivo central del mismo es el retrato. En esta primera edición se ha querido rendir merecido homenaje a las fotógrafas. De entre las autoras afianzadas,  se cuenta con la presencia de la artista de Terrassa, Joana Biarnés (1935), la mexicana Lourdes Grobet (1940) y la hispano-brasileña, carioca, Angélica Dass (1979).

Fotografía de Bárbara Traver. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

Fotografía de Bárbara Traver. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

En la media carrera, están en las artistas madrileñas Sofía Moro (1966) y Estela de Castro (1978); y la bonaerense Romina Ressia (1981). También participan la toledana María Gómez (1990); la madrileña Bárbara Traver (1992) y la ilicitana María Urbán (1971), en virtud al I Premio del Festival Internacional de Fotografía de Benidorm, en el que fueron seleccionadas por un jurado compuesto por: Lucía Casani, directora de La Casa Encendida; Pilar Citoler, coleccionista y promotora del premio de fotografía de su nombre; Rosina Gómez-Baeza, directora de Factoría Cultural Madrid; Chantal Grande, de la Fundación Forvm para la fotografía; Ana Tallés, docente; y los co-directores del Fotofestival Alicia Lamarca Auer y José Luis Martínez Meseguer. Premio que ha sido patrocinado la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Benidorm.

Fotografía de Lourdes Grobet. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

Fotografía de Lourdes Grobet. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

Fotofestival Benidorm quiere implicar al pequeño comercio de Benidorm, de ahí que organice también una ruta de escaparates. Se trata de una exposición paralela de fotógrafas de Benidorm. Sus fotografías estarán expuestas en los escaparates de los nueve comercios que participan es esta edición; itinerario señalizado en el plano general. De esta manera los visitantes recorrerán los establecimientos y se promocionarán sus actividades comerciales. Las artistas que participan en este recorrido son: Dori Galiana, Alicia Lamarca, Gema Macias, Lola Marpi, Laura Medrano, Dara Nemethova, Ana Sanmartín, Ana Gemma Soto Sanchez y Olivia Such.

Fotografía de Joana Biarnés. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

Fotografía de Joana Biarnés. Imagen cortesía de Fotofestival Benidorm.

La pintura de Javier Lorenzo

Javier Lorenzo
Llotja de Sant Jordi
Plaça Espanya. Alcoi (Alicante)
Del 11 de junio al 30 de julio de 2017

Es Javier Lorenzo (Alicante, 1950) artista de larga y fecunda trayectoria, como demuestran sus más de cuarenta exposiciones individuales y las innumerables colectivas en las que ha participado tras más de cuatro décadas como profesional. Toda una carrera dedicada a pintar y a crear sus composiciones, encuadres o atmósferas. En definitiva, a dar vida dentro del cuadro. En cuanto a su relación con Alcoi, cabe reseñar que anteriormente expuso en la Galería Crida (1978) y en el Centre Cultural (1991), por lo que nos encontramos ante la tercera ocasión en la que la obra de Javier Lorenzo se muestra individualmente en esta ciudad, en una sala de enorme personalidad como es la Llotja de Sant Jordi.

Y es precisamente esta localidad la que, desde el siglo XIX, ha llevado a lo más alto del panorama artístico su renombrada escuela de pintura, a través de unas prolíficas generaciones de artistas locales iniciadas con Antonio Gisbert -que llegó a ser director del Museo del Prado y cuya obra ‘Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga’ sirvió de imagen de la exposición ‘El Siglo XIX en el Prado’- junto con Plácido Francés, Ricardo Navarrete, Lorenzo Casanova, Emilio Sala, Fernando Cabrera, Francisco Laporta y todos sus discípulos. Y ya en el siglo XX, y citados en orden cronológico, Rigoberto Soler, el arquitecto Miguel Abad Miró, Castañer, Saura, Polín Laporta, Mila Santonja, Mario Candela, Rafael Aracil, Llorens Ferri o Antoni Miró, por citar solo a unos pocos de los muchos artistas que han surgido desde la industrialización de la ciudad.

Obra de Javier Lorenzo. Imagen cortesía de Llotja Sant Jordi.

Obra de Javier Lorenzo. Imagen cortesía de Llotja Sant Jordi.

Javier Lorenzo se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia; realiza sus primeras exposiciones individuales en Alicante, en las desaparecidas galerías Set i Mig y Galería 11, en 1975 y 1977. En esa primera etapa y hasta los 80, su obra se movía dentro del ámbito de la abstracción, trabajando también el collage. Generalmente, y debido a la formación académica, la trayectoria de un artista transcurre desde la figuración hasta la abstracción a través de la reducción de elementos, colores o formas pero, en esta ocasión, una vez que Lorenzo llega a esa forma de expresión artística -final del camino para muchos creadores y punto de no retorno-, vuelve nuevamente a la figuración. Un paso a la inversa, apoyado por una vuelta al objeto y a su realidad cotidiana, temáticas con las que el autor se siente cómodo.

Para este pintor, que afirma que no se considera artista, cada cuadro es un reto y alterna tres o cuatro obras a la vez para jugar con los tiempos de secado. Su producción anual no excede de más de seis u ocho obras. En sus composiciones utiliza preferentemente el formato cuadrado o el cuadrado áureo, basado en la teoría de la proporción áurea del matemático italiano Leonardo de Pisa, Fibonacci (c-1175- c.1250) y de cuya aplicación han resultado obras consideradas técnicamente perfectas como el ‘David vencedor de Goliat’ (c.1610) de Caravaggio, ‘Las Meninas”’(1656) de Velázquez, ‘Construcción en rojo y ocre’ (1931) de Joaquín Torres García o la ‘Leda atómica’ (1949) de Dalí, entre otras muchas; por tanto, un formato muy utilizado a lo largo de las diferentes etapas de la Historia del Arte.

Obra de Javier Lorenzo. Imagen cortesía de Llotja Sant Jordi.

Obra de Javier Lorenzo. Imagen cortesía de Llotja Sant Jordi.

Una mirada al pasado nos descubre que, por un lado, el secado más lento y la posibilidad de realizar correcciones junto con una mejor conservación del color, contribuyeron a que los pintores flamencos de finales del siglo XIV y principios del XV se decantaran por la técnica del óleo frente al fresco o el temple. Por otra parte, desde el siglo XVI y por influencia de los pintores venecianos, se va a utilizar la tela como soporte porque ofrece una serie de ventajas frente a la tabla, entre ellas el menor precio y peso, así como la posibilidad de realizar obras de mayor tamaño sin necesidad de recurrir al encolado.

Y precisamente Javier Lorenzo, pintor de oficio aprendido a lo largo de los años y con un excelente dominio de la técnica, trabaja con maestría el óleo aunque también se ejercita en el dibujo y la acuarela. Mezcla el color en la paleta y lo aplica una vez que ha conseguido el matiz que busca. Utiliza veladuras, superponiendo capas de colores oscuros sobre otras opacas más claras, hasta seis o sietes capas de veladuras, con las que consigue dar sensación de luminosidad, densidad, profundidad y transparencia a su pintura y captar la atmósfera de la obra. La calidad del resultado es indudable.

Le gusta leer poesía y busca la inspiración en el simbolismo de Arthur Rimbaud (1854-1891), el lenguaje desnudo y coloquial de Jaime Gil de Biedma (1929-1990) o el misticismo de San Juan de la Cruz (1542-1591). Entiende sus creaciones como un poema al que va quitando elementos hasta depurar cada obra, invitándonos a descubrir el entorno que le rodea: retratos, paisajes, flores o pequeños detalles que captan su atención. Con un trazo minucioso y un rico y variado cromatismo crea composiciones extraordinariamente realistas. El resultado nos muestra la sabiduría pictórica, la precisión y el buen hacer de un Javier Lorenzo entendible y cercano.

Obra de Javier Lorenzo. Imagen cortesía de Llotja de Sant Jordi.

Obra de Javier Lorenzo. Imagen cortesía de Llotja de Sant Jordi.

Temáticamente, y en un primer grupo de obras, se encuentran pequeños objetos, animales o flores que le acompañan en su quehacer diario. Le interesan las transparencias del vidrio y el agua así como la refracción de la luz en esos jarrones que acogen pequeños ramos de rosas o claveles o incluso una única flor que atrae la luz y centra el foco de atención del espectador. El resultado es aparentemente sencillo pero no está exento de dificultad, pues requiere un estudio previo del espectro cromático, de la refracción y descomposición de la luz blanca, natural o artificial, así como de las variaciones que produce al traspasar el vidrio, de las distintas sombras que refleja y que contribuyen tanto a modelar los objetos como a crear el volumen de la obra.

Otro grupo temático lo conforman sus paisajes, rurales o marinos, inspirados en los lugares por los que camina, entornos que siente próximos y en los que se recrea. Busca dejar constancia de un momento determinado de luz o cualquier variación atmosférica. Recuerdan la obsesión de los pintores a plein air por captar el momento, de detenerlo, como si de una fotografía se tratara.

Artistas que comenzaron a salir al exterior -mayoritariamente desde mediados del XIX- a tomar sus apuntes del natural, interesados en apresar cualquier cambio atmosférico y que nada tenían que ver con las obras realizadas en el interior de un estudio. Como podemos ver en estas pinturas, el sol cegador de mediodía, un chubasco, el atardecer, un paisaje nevado o la variación lumínica de cada estación acaparan el interés del autor, que consigue plasmarlos en sus lienzos con una excelente aplicación de las veladuras, en un alarde de técnica y con una gama cromática muy rica en matices en la que dominan los azules, verdes, ocres o grises.

Obra de Javier Lorenzo. Imagen cortesía de Llotja Sant Jordi.

Obra de Javier Lorenzo. Imagen cortesía de Llotja Sant Jordi.

Sobresale el tratamiento que da a los celajes: nubes, nubarrones, nieblas, neblinas, lluvia, chubascos o cielo raso, con el máximo de luminosidad, se abren paso sobre esos caminos que llevan al infinito, resultando así composiciones de profundas perspectivas. La armonía entre luces y sombras crea en nuestra mente la misma sensación que la luz verdadera.

Quizás el Javier Lorenzo más reconocible lo encontramos en las composiciones en las que aparecen sus protagonistas, mayoritariamente de espaldas, que pueden dar la sensación de enigmáticas figuras dentro de la obra pero son, precisamente, las personas que tiene más cerca: su familia, amigos o él mismo. Todos retratados de espaldas y en diferentes paisajes. Pinta a las personas de su entorno, las que le acompañan en el trascurrir de la vida y las que, por medio de la postura, juegan a introducir al espectador dentro de la obra porque tienen el mismo campo de visión haciéndonos así partícipes del paisaje y de las actividades que están realizando.

Para el autor son como las figuras secundarias de las grandes composiciones manieristas que aparecen de espaldas y acaparan el foco de luz de la obra. De la mano de Javier Lorenzo nacen retratos íntimos y personales, de rico colorido. En unas ocasiones, los fondos son planos y brillantes, monocromos, en los que el recurso de la gradación cromática o una pequeña sombra dotan a la obra de sensación de profundidad. En otras ocasiones, las figuras forman parte de una gran atmósfera, como ya hemos comentado anteriormente al hablar de los paisajes, pero todas las obras tienen la impronta de este pintor alicantino.

Podemos encontrar algunas semejanzas con las obras del gran artista del romanticismo Caspar David Friedrich (1774–1840), dotadas de lirismo y evocación, con enorme carga simbólica y alegórica. El pintor alemán presenta a sus personajes frente a la inmensidad de naturaleza, con un amplísimo campo de visión que se extiende hacia el infinito.

En definitiva, las obras de esta exposición transmiten oficio, técnica depurada y expresión profunda e íntima de sentimientos y emociones, plasmados a través de la pintura de Javier Lorenzo.

Obra de Javier Lorenzo. Imagen cortesía de Llotja Sant Jordi.

Obra de Javier Lorenzo. Imagen cortesía de Llotja Sant Jordi.

Pilar Tébar
Associació Valenciana de Crítics d’Art