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‘El gabinete del doctor Caligari’; ‘Los Nibelungos’; ‘Laurel & Hardy: La colección completa de cortos de 1929’; ‘María Estuardo’; ‘Esmeralda, la zíngara’; ‘Gunga Din’; ‘Yo anduve con un zombie’
Robert Wiene, Fritz Lang, Leo McCarey, Lloyd French, J. Wesley Horne, Lewis R. Foster, John Ford, William Dieterle, George Stevens y Jacques Tourneur
Blu-ray
Compañía Divisa
Con el comienzo del nuevo curso, como es habitual, los diferentes sellos editoriales presentan una importante colección de novedades. Esta estrategia, naturalmente, no compete únicamente a la expresión escrita. Las principales distribuidoras dedicadas al cine en formato doméstico también inician, después de las vacaciones de verano, una nueva etapa con la presentación de algunos títulos recién incorporados a sus catálogos o de reimpresiones lustrosas.
Lo hacen, eso sí, con un grado de riesgo y ambición considerablemente menor que hace años, especialmente después del notable crecimiento experimentado por las distintas plataformas durante los últimos tiempos y, sobre todo, de la transformación que ha sufrido el consumo de este tipo de material por parte de muchos aficionados.
Por todo ello, resulta particularmente relevante el empuje de este tipo de iniciativa comercial y cultural, si se tiene en cuenta la dificultad que existe en ocasiones para acceder a muchos títulos de la historia del cine, pese al supuesto poderío de la exhibición online, y —¿por qué no decirlo?— el fervor romántico que una cierta cinefilia continúa manifestando por el ejemplar físico.
Divisa Home Video comienza el curso 2026-27 con la edición en Blu-ray de varios títulos de reconocida relevancia dentro de la historiografía cinematográfica y que alcanzaron en su momento una notable visibilidad a través de filmotecas, emisiones televisivas o anteriores ediciones en VHS y DVD.
Entre las novedades de estas semanas encontramos, por ejemplo, una nueva aproximación al cine silente, con películas restauradas de manera impecable por la Fundación Murnau; un recorrido por el clasicismo norteamericano de los años treinta; y una singularidad esencial para el género de miedo.

‘El gabinete del doctor Caligari’, el filme de Robert Wiene, sobresale entre las novedades por una magnífica publicación en 4K Ultra HD, más allá de su trascendencia fundamental en la historia del cine.
Obra capital del Expresionismo Alemán, mantiene intacta, más de cien años después de sus primeras exhibiciones en Berlín, su acentuada aspiración artística, impulsada por los vigores de la vanguardia, y su perturbador poder de clarividencia.
En efecto, su travesía por las alucinaciones de un hombre psicológicamente dañado parece augurar, a partir del trauma de la Gran Guerra, algunas de las visiones de horror asociadas posteriormente al Estado totalitario.
De igual manera, anticipa ciertas misteriosas configuraciones de los movimientos renovadores inmediatamente posteriores, vinculados a figuras como Buñuel o Dulac, mientras contempla el deambular de unas figuras fantasmales por escenarios de angustia, determinados por líneas quebradas y diagonales, en una insólita inmersión en la mente de un personaje.
La edición doble de ‘Los Nibelungos’ (1924) completa el recorrido por el movimiento cinematográfico de la vanguardia alemana del periodo de entreguerras. Dividida en dos largometrajes —‘La muerte de Sigfrido’ y ‘La venganza de Krimilda’—, la obra, majestuosa y sobrecogedora, con guion de Thea von Harbou, permite a Fritz Lang sumergirse en las profundidades de la mitología y fijar sobre el plano sus formas.
Al igual que Caligari, con la que comparte el deseo de identificar sobre la pantalla una dimensión alternativa, conectada a los sueños, propone en el planeta Cine sus propias normas y exprime las posibilidades del medio en busca de la utopía de la concreción de lo sublime. De igual forma, en su resurrección sobre el celuloide de los héroes de las leyendas del pasado, articula otra turbadora visión de futuro conquistada por los monstruos.

La tercera entrega de ‘La colección completa de cortos de Laurel & Hardy’, situada en 1929, permite establecer un puente, pese a la naturaleza antagónica de sus propuestas, entre las dos revisiones anteriores y las siguientes, localizadas ya en el Hollywood de los años treinta.
Lo hace no solo desde una perspectiva cronológica, sino también técnica, pues el conjunto ofrece una clara síntesis de una época de transformaciones sustanciales marcada por el tránsito del cine silente al hablado.
Así, aunque buena parte de la cabalgata de los cómicos se desarrolla, como en las entregas precedentes, dentro de los códigos del cine mudo, dos de las películas —‘Juerga doble’ (Lewis R. Foster) y ‘Amor por la angora’ (Foster)— incorporan ya procedimientos sonoros.
¿Qué encuentra el aficionado en la selección reunida? Principalmente, la definición fundamental de la personalidad de la serie y del carácter de sus dos protagonistas, así como de sus curiosas relaciones personales y profesionales.
Todo ello queda perfectamente plasmado en cortometrajes como ‘Ojo por ojo’ (J. Wesley Horne), una de las obras maestras del dúo, donde pueden apreciarse con claridad las transformaciones experimentadas por la comedia norteamericana en un periodo relativamente breve.

Las próximas notas corresponden al ciclo del clasicismo de la industria de Hollywood. Las tres primeras películas —‘María Estuardo’ (John Ford, 1936), ‘Gunga Din’ (George Stevens, 1939) y ‘Esmeralda, la zíngara’ (William Dieterle, 1939)— pertenecen a la segunda mitad de los años treinta; la cuarta, ‘Yo anduve con un zombie’ (Jacques Tourneur), corresponde a 1943.
La visión general sobre el bloque ofrece la ocasión de descubrir y reflexionar a propósito de la tradición literaria, el sistema de estrellas o los mecanismos entonces inseparables de los géneros populares, del melodrama al tebeo de aventuras.
Como casi siempre en la maquinaria de producción de entonces, se plantea una reformulación tajante de la historia y de las relaciones personales o políticas en busca de un gran espectáculo de evasión, naturalmente no desprovisto de distintas capas de lectura sugestivas y reveladoras.
De esta manera, un poema de Kipling, el novelón de Victor Hugo o la crónica de la reina de Escocia se convierten, bajo el foco de Hollywood, en reconfiguraciones fascinadas y emocionantes, movidas por el intenso duelo interpretativo de Katharine Hepburn y Fredric March frente a la cámara de un Ford caracterizado de poético reportero de la historia, o quizá por la exposición en la India colonial de cartón piedra de las desventuras de esos tres soldados amigotes encarnados por Victor McLaglen, Douglas Fairbanks Jr. y un Cary Grant extrañamente incómodo en el papel.
Por otro lado, aunque comparte con los otros dos títulos una parte considerable de las composiciones, ‘Esmeralda, la zíngara’ justifica un nuevo punto y aparte por la densidad de sus atmósferas y ese sentimiento de irrealidad que abraza toda la narración y emana de la representación, al tiempo grotesca e inocente, de Charles Laughton del campanero parisino Quasimodo y de la puesta en escena, desmesurada y precisa, del alemán Dieterle.
Seguramente, la sensibilidad esencialmente europea y la formación en la escuela de las vanguardias del cineasta, uno de los muchos emigrados a Estados Unidos poco antes del comienzo de la locura nazi, explican la excepcionalidad de la película dentro del cine norteamericano de su tiempo, además de sus evidentes enlaces plásticos y fantasmales con las cintas de Wiene y Lang.

A su vez, ‘Yo anduve con un zombie’ también se organiza en torno a la representación de un entorno espeso y progresivamente demente, sumido en un relato de profunda irrealidad.
Segunda entrega del ciclo de horror producido por el productor Val Lewton para la RKO en la década de los cuarenta, y también dirigida por el francés Jacques Tourneur, autor de la película inaugural, ‘La mujer pantera’ (1942), muestra, desde sus raíces populares y antropológicas, una versión del cadáver resucitado que contiene ya, en esencia, algunos de los rasgos que definirán las grandes representaciones posteriores del zombi.
Situada en la cronología del cine entre las producciones de terror de la Universal y la revolución de la Hammer, en un momento de dudas y vacíos del horror cinematográfico, aparece en el conjunto, como el resto de las obras del ciclo, en forma de rara avis y de claro presagio del futuro.
En cierto sentido, la selección comentada de largometrajes editados en formato doméstico por Divisa Home Video con motivo del comienzo de curso plantea al aficionado una suerte de aproximación singular a un tramo excepcional de la historia del cine.
Vinculados entre sí, aportan una apasionante lectura de las transformaciones del lenguaje, desde las experiencias innovadoras del cine silente hasta las inesperadas formas de renovación surgidas en el corazón mismo del clasicismo. Estos filmes ponen de manifiesto, una vez más, la pericia del cine para revelar, en sus mejores experimentos, los misterios y los deseos más secretos del alma humana.

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