Generación Bibliocafé ‘re-cuenta’ a Blasco

150 aniversario del nacimiento de Blasco Ibáñez
‘Reescribiendo a Blasco’, de Generación Bibliocafé
Wayco
C / Gobernador Viejo, 29. Valencia
Viernes 26 de enero de 2018

A lo largo de su vida Blasco Ibáñez recibió un sinfín de homenajes y honores que culminaron en su multitudinario sepelio en Valencia, además de llegar a ser un hombre acaudalado. Excepto algunos fracasos puntuales como su fallido proyecto argentino, su trayectoria fue la del triunfador por antonomasia que destacó en múltiples facetas desde la política y el periodismo a la literatura y el amor. Sin embargo, tras su muerte la potente luz que irradiaba se fue debilitando y su figura quedó postergada en un puesto secundario en la historia de las letras.

Su 150 centenario celebrado el pasado año con la publicación de una serie de libros y varios eventos ha intentado sin mucho éxito revertir esa injusta situación. Pese al fervor que despertaba en las clases populares, Blasco nunca fue profeta en su tierra y la envidia que suscitaron sus éxitos en sus colegas de la pluma le pasaron factura. Masón, anticlerical y fiel a los ideales republicanos, despertó suspicacias tanto en los partidos de derechas como en los de izquierdas que condenaban su estilo de vida burgués. En los actuales libros de texto su presencia es anecdótica, casi insignificante y el centenario de su best seller,  Los cuatro jinetes del Apocalípsis pasó sin pena ni gloria.

Portada del libro

Portada del libro ‘Reescribiendo a Blasco Ibáñez’, de Generación Bibliocafé.

Pero los lectores de a pie de calle no olvida su memoria y así un grupo de escritores y jóvenes estudiantes de diseño se confabularon para, sin ningún apoyo institucional brindar su espontáneo homenaje al gran autor. El resultado es ‘Reescribiendo a Blasco’, una colección de 16 relatos y 17 ilustraciones en torno a su vida y obra que se presentará el 26 de enero en Wayco, en la calle Gobernador Viejo, 29. Los textos son obra de los miembros de Generación Bibliocafé y, aunque el tema era libre, curiosamente la mayoría se centraron en la faceta amorosa de Blasco en atención a su fama de mujeriego y su gran pasión por Elena de Ortúzar y Bulnes.

Las imágenes las ha aportado un grupo de alumnos de la asignatura Profesionalización y empleo en la ilustración y diseño gráfico, a cargo de la profesora de BBAA de la Universidad Politécnica, Victoria Cano. Entre los 20 proyectos presentados se eligieron 16 más el que por su originalidad se destinó a la portada, obra de Aarón Gabino.

El libro se cierra con El retrato del historiador José Antonio Vidal Castaño, autor de varios estudios sobre los maquis y la guerra civil española, que se pone en la piel de una nonagenaria Elena de Ortúzar y Bulnes para evocar una apasionada historia de amor. Blasco eludió muchos peligros incluso una bala que pudo acabar con su vida en un duelo, “pero nunca supo nunca escapar del atractivo fatal de las mujeres”, dice Vidal Castaño,  “o mejor de ciertas mujeres y en particular de Elena de Ortúzar, la bella y enigmática hispano-chilena que pintara su fraternal compadre Joaquín Sorolla.

 

Sin dejar de eludir sus responsabilidades conyugales o, eso creía —siendo lo contrario— flirteó o coqueteó con algunas de las más deslumbrantes damas de su época. Pero lo de Elena fue distinto: una relación desbordante, compleja, adictiva, sujeta y sujetada a la vida de una mujer que buscaba y defendía un espacio propio. Una historia interminable, la de Vicente y Elena, de la que él no llegaría a escapar con vida. De eso va mi homenaje al escritor. De realidad y fantasía mezcladas, de historia y ficción revueltas como la literatura requiere”.

Reescribiendo a Blasco Ibáñez. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

Reescribiendo a Blasco Ibáñez. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

Alicia Muñoz Alabau también se ha transformado en otra mujer, en su caso en uno de los personajes de Flor de mayo, que en un monólogo interior titulado La Dolores recrea sus tribulaciones. “Elegí esta novela que narra la dura existencia de las familias que se dedicaban a la pesca por motivos personales ya que mi abuelo navegaba en uno de esos barcos y mi abuela, mi madre y mis tías se dedicaban a la venta de pescado”, cuenta Muñoz Alabau.  “Así que mi homenaje a Blasco Ibáñez lo es también a mi familia materna”.

La obra maldita de Benjamín Blanch plantea un inquietante paralelismo entre pasado y presente en torno a una pieza teatral de Blasco, El juez que él mismo retiró de la circulación al coincidir su estreno con la muerte de su madre Ramona. “Desde el punto de vista literario lo que más admiro de Blasco son sus  novelas de ambiente valenciano por la magnífica recreación de personajes, escenarios y ambiente de la sociedad valenciana de su época, que nos permite conocer y respetar nuestro pasado reciente”, dice Blanch. “También su capacidad de convocatoria y agitación del pueblo. La transmisión no solo escrita, sino oral, de los valores republicanos pisando los barrios y pueblos, la cercanía con la gente llana”.

Vidal Castaño también prefiere al Blasco Ibáñez  más próximo, narrador de personajes y tensiones familiares, de paisajes y ambientes cercanos al lugar que le vio nacer. “Fue un cuentista genial, tan bueno como Gógol o Maupassant, salvando las diferencias. Sus relatos cortos son expresión de su capacidad para la síntesis y retrato social de formas arcaicas de convivencia teñidas de violencia. El melodrama impregna su naturalismo para formar una amalgama, un estilo con matices impresionistas moteados de barroquismo nativo. Lo mejor de su escritura está ya en sus Cuentos valencianos y en los relatos de La condenada y otros cuentos. Su costumbrismo es un tanto engañoso, los tipos y situaciones corrientes son tratados como universales. Sus novelas valencianas, con sus derramas pasionales como: Cañas y barro, Entre naranjos, La barraca, Flor de mayo o Arroz y tartana refuerzan esa dirección.

Muñoz Alabau destaca la labor que su literatura realiza como crónica social. “Sus obras más costumbristas están impregnadas de un sentido de denuncia, además de reflejar fielmente cómo vivían sus contemporáneos en distintos ámbitos económicos y sociales. Se adentra en los recovecos de las vidas de los personajes y dibuja un panorama exterior e interior de los mismos tan creíble que rezuma estilo cinematográfico”.

Reescribiendo a Blasco Ibáñez. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

Reescribiendo a Blasco Ibáñez. Imagen cortesía de Generación Bibliocafé.

Bel Carrasco

Los cuatro jinetes del apocalipsis, en valencià

‘Els quatre genets de l’apocalipsi’, de Vicente Blasco Ibáñez, en versió de Juli Disla
Teatre Rialto
Plaça de l’Ajuntament, 17. València
Del 12 al 28 de maig de 2017

L’Institut Valencià de Cultura presenta del 12 al 28 de maig, al Teatre Rialto, l’adaptació teatral de ‘Els quatre genets de l’apocalipsi’ una de les obres més conegudes del novel·lista Vicente Blasco Ibañez. Dirigida per Inma Sancho està interpretada per Empar Canet, Vanessa Cano, Enric Juezas, Borja López Collado, María Maroto, Carles Sanjaime, Bruno Tamarit i Guille Zavala. La escenografia es de Carlos Montesinos, la il·luminació de Victor Antón i el vestuari de Pasqual Peris.

El director general de l’Institut Valencià de Cultura ha dit: ‘’Es voluntat de les produccions del Teatre del Poble Valencià acostar al públic valencià als grans textos de la literatura universal i fer-lo en la seua llengua, en aquesta línia, l’efemèride del 150 aniversari del naixement de Blasco Ibáñez ens permet rellegir la seua literatura en el context social i cultural contemporani’’.

L’espectacle que proposa l’Institut Valencià de Cultura es concreta en l’adaptació teatral de la novel·la, conclosa en 1916, quan l’escriptor vivia en un París assetjat per la gran guerra europea. Blasco gaudeix d’una vida intensa com a literat, i en pren partit en la contesa.

Conscient del moment històric s’alinea com a entusiasta partidari dels aliats, que són postulats com el bàndol que mereix la victòria. L’escriptor apassionat acaba convertint-se en activista francòfil. Per això escriu una història d’amor i de conflicte familiar en un context destructiu i tràgic: la Primera Guerra Mundial.

Per a Juli Disla, autor de la versió valenciana: ‘’Ens enfronten al repte de posar en escena l’obra de Vicente Blasco Ibáñez amb tot el respecte que imposa un dels autors més importants de la nostra literatura. I volem fer-ho amb l’únic propòsit d’apropar-lo al públic de la manera més honesta i fidel en relació a la novel·la original’’.

No és la primera vegada que aquesta novel·la s’adapta a altres formats artístics, a més de les conegudes versions cinematogràfiques, la companyia d’Enrique Rambal ja va fer una adaptació teatral que es va estrenar al Teatre Principal de València a l’octubre de 1923 amb un text de Luís Linares Becerra. Òbviament la proposta que presentem al 2017 és ben diferent.

La directora de l’espectacle Inma Sancho ha inssitit en que ‘’la dificultat (o l’aposta) de fer una adaptació teatral d’una novel·la es troba, bàsicament, en prendre decisions. I desitjar que aquestes decisions siguen les més encertades per explicar la història i traslladar el material necessari per a que, al capdavall, estiguem contant el mateix. Així que adaptar és, sobretot, saber triar. Triar els personatges, triar els llocs on passen les escenes, triar la informació, les trames i els detalls. És justament en l’acte de triar on sorgeix tot allò que s’ha de descartar. I és ací quan apareix la pena per haver de sacrificar tantíssim material que en la lectura original ens han semblat meravellós però que les necessitats escèniques fan impossible’’.

Elenco y responsables institucionales de 'Els quatre genets de l'apocalipsi'.

Elenco y responsables institucionales de ‘Els quatre genets de l’apocalipsi’.

Amb la producció de ‘Els quatre genets de l’Apocalipsi’ l’Institut Valencià de Cultura vol fer accessible el context històric que Blasco Ibáñez ens narra de manera quasi periodística en alguns passatges i que la manca de coneixements que puga tindre l’espectador sobre la primer Guerra Mundial no li impedisca seguir i enganxar-se a la història. Els motius que desencadenaren el conflicte, la situació política prèvia, els esdeveniments que anaven succeint-se en els mesos en què transcorre l’acció poden suposar una dificultat per entendre el comportament dels personatges i el viatge que realitzen.

La novel·la de Blasco Ibáñez, ens retrata una societat en un moment de canvi, de trasbals. I serà la guerra cruel la que aboque els personatges a fer aparèixer els instints, comportaments i valors que només s’entenen si els llegim amb emoció i humor.

Com influeix un context hostil (bèl·lic) en les persones: els efectes i la necessitat d’adaptar-se als temps que estan vivint, la incertesa d’un futur desconegut, el desbaratament dels plans burgesos, posar en qüestió les idees polítiques, religioses, patriòtiques fins i tot l’amor a la família. Tot això és el que hem trobat a la novel·la i és el que volem portar a l’escenari.

 

Stan Laurel y su parodia de Sangre y arena

Sangre y arena, de Marx André y Vicente Blasco Ibáñez
Barro y arena, de Gil Pratt
La Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Martes 14 de marzo, 2017, a las 18.00h

La Filmoteca proyecta el martes 14 de marzo, a las 18 horas, en sesión doble ‘Sangre y Arena’ (1916) de Max André y Vicente Blasco Ibáñez  y ‘Barro y arena’( ‘Mud and Sand’, 1922) de Gil Pratt, una película cómica protagonizada por Stan Laurel que parodia el exitoso melodrama ‘Sangre y arena’ dirigido por Fred Niblo y protagonizado por Rodolfo Valentino, que se basaba en la novela homónima de Vicente Blasco Ibáñez. La proyección contará con el acompañamiento musical a piano de Arcadi Valiente.

Sangre y arena.

Cartel de ‘Sangre y arena’. Imagen cortesía de La Filmoteca de Valencia.

‘Barro y arena’ es una de las primera películas de Stan Laurel, antes de formar la pareja cómica ‘el Gordo y el Flaco’ con Oliver Hardy, y en ella participa también su mujer Mae Laurel. La Filmoteca proyecta la primer adaptación de ‘Sangre y Arena’, una coproducción hispano-francesa, dirigida por Max André y el propio Vicente Blasco Ibáñez que tuvo como protagonistas a Luis Alcaide y Matilde Domenech y que se anticipa al gran éxito de Hollywood protagonizado por Rodolfo Valentino seis años después.

Barro y arena.

Cartel de ‘Barro y arena’. Imagen cortesía de La Filmoteca de Valencia.

Con esta proyección especial, la Filmoteca prosigue el ciclo sobre Blasco Ibáñez que forma parte  de las actividades previstas por el Institut Valencià de Cultura para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento del escritor valenciano. El ciclo, que se extenderá a lo largo del año, está compuesto fundamentalmente por las adaptaciones cinematográficas de algunas de las  novelas de Blasco Ibáñez llevadas a cabo durante el período mudo y recuperadas a finales de la década de los noventa por el Archivo Fílmico de la Filmoteca como parte de su labor de conservación del patrimonio audiovisual valenciano.

Además de ‘Sangre y arena’ (1916) de Vicente Blasco Ibáñez y Max André y ‘Barro y arena’ (1922)  de Gil Pratt, entre las películas que se proyectan en las próximas semanas figuran  ‘Los cuatro jinetes del Apocalipsis’ (1921) de Rex Ingram;  ‘Sangre y arena’ (1922) de Fred Niblo; ‘Mare Nostrum’ (1926) de Rex Ingram;  ‘La tierra de todos ‘(1926) de Fred Niblo y  Mauritz Stiller; ‘El torrente’ (1926) de Mauritz Stiller y Monta Bell; y ‘La bodega’ (1929) de Benito Perojo.

Sangre y arena.

Stan Laurel en un fotograma de ‘Barro y arena’. Imagen cortesía de La Filmoteca de Valencia.

La revista más explosiva del siglo XX

Almanacs de La Traca (1915-1918)
Rafael Solaz y Marc G. Zacarés
Alenar Llibres

Nuestros padres tenían que cruzar los Pirineos, como Aníbal con sus elefantes para proveerse de revistas guarras y darse un baño de erotismo: Último tango en París, imágenes de mujeres desnudas, la mínima alusión al sexo estaban totalmente prohibidos por la censura franquista amparada por el nacionalcatolicismo. Nuestros abuelos, sin embargo, sólo tenían que ir al quiosco más próximo para alegrarse el ojo con señoras descocadas, más o menos pelanduscas, y reírse a mandíbula batiente con semanarios como La Traca, editado por el valenciano Vicent Miquel Carceller.

La revista más explosiva del primer tercio del siglo XX. No fue la única de este tipo, pero sí la de mayor difusión, llegando a los 300.000 ejemplares a principios de los treinta. Colaboraban en ellas escritores de la talla de Vicente Blasco Ibáñez, Maximilià Tous, Hernández Casajuana y Contell, entre otros, además de numerosos ilustradores. Algunos, como el propio Carceller pagaron su osadía y fueron fusilados tras la guerra civil. Cada fin de año la revista editaba un almanaque en formato más pequeño que resumía lo más selecto de los últimos doce meses.

Portada del libro Almanacs de La Traca.

Portada del libro Almanacs de La Traca.

Un siglo después de la aparición del primero de estos almanaques, en 1915, un libro reúne los cuatro primeros, hasta 1918. Almanacs de La Traca (1915-1918) (Alenar Llibres) es un trabajo conjunto del historiador y bibliófilo Rafael Solaz y el editor Marc G. Zacarés que se presentó el 23 de noviembre en el Ateneo Mercantil. El texto reproduce en facsímil  los cuatro almanaques que Solaz adquirió en una subasta, en julio de 2003, procedentes de un coleccionista catalán, comentados por él mismo.

“El descubrimiento de los almanaques fue para mí algo importante porque como bibliófilo no los había visto nunca, sabía de su existencia pero eran muy raros verlos en el mundo del comercio y del coleccionismo”, recuerda Solaz. La idea del esta edición peculiar surgió durante una conversación con el veterano editor Marc Zacarés, y ambos se pusieron manos a la obra. “Con este libro pretendemos que las nuevas generaciones conozcan y valoren estas revistas curiosas”, dice Solaz. “También recordar a quienes colaboraron en ellas, especialmente a los autores y dibujantes, algunos de ellos con trágico final como el de Carceller”.

Su valor es considerable, pues tanto los semanarios como los almanaques fueron destruidos tras la guerra civil a causa de una persecución que culminó con la muerte de  Carceller ejecutado en el Cementerio de Paterna. A lo largo de su existencia, entre 1911 y 1938, La Traca reflejó fielmente la transformación de hábitos y costumbres que se produjo en la Europa de entre guerras. Los locos años veinte, la Belle Époque, un paréntesis de libertad para unos, de libertinaje para otros, durante el cual la mujer se libró de los corsés y comenzó a recortarse el cabello y acortar la longitud de sus faldas, mientras agitaba las caderas al ritmo frenético del charleston.

Aires de cambio y de renovación que no tardarían en congelarse con el estallido de la Segunda Gran Guerra. La Traca absorbió esos cambios que venían desde más allá de nuestras fronteras y les infundió el marchamo de la casa, el hedonismo mediterráneo, la socarronería de la huerta, la lujuria hortofrutícola. Carceller diseñó la perfecta publicación  de corte popular que conquista a los lectores con una dosis de erotismo y humor. Ilustraciones picantes, chistes de doble sentido, historietas y otras secciones de entretenimiento llenaban sus páginas al módico precio de 25 a 30 céntimos.

Portada del almanaque Bésame. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

Portada del almanaque Bésame. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

El semanario  tuvo dos épocas, la primera de 1911 a 1922 y, tras dos años de prohibición durante la dictadura de Primo de Rivera, otra etapa hasta 1938. “La primera es más interesante respecto a sus contenidos humorísticos y de carácter erótico”, indica Solaz. “Después se politizó y se hizo anticlerical debido a los intereses de la época”. A raíz de su éxito surgieron otras cabeceras similares: Bésame, La Sombra, Colección Fifí, El Piropo, Colección Popular, La Chala. “También estas herederas de La Traca tenían sus respectivos almanaques, y como ella estaban redactadas en un valenciano sin rigor idiomático ni gramatical, con abundantes vulgarismos”, señala Solaz, una autoridad en V.M. Carceller al que menciona en varios de sus obras: La Valencia Prohibida, Figues i Naps o Pasiones bibliográficas.

Al hojear hoy esas páginas plagadas de opulentas féminas ligeras de ropa y chascarrillos eróticos festivos salta a la vista la liberalidad de una sociedad española a principios de siglo. Un ambiente muy diferente a la rancia e hipócrita moral que se impondría poco después. Aunque estas revistas sicalípticas estaban dirigidas al público masculino y su contenido denota cierto machismo inherente a la época, no dejan de tener su encanto y frescura. Demuestran que nuestros abuelos no eran unos mojigatos sino viejos verdes, aunque con el triunfo de Franco se impusiera la rancia moral y se acabara la fiesta por muchas décadas, hasta que llegó  el destape y surgieran revistas como Interviú o El Jueves dispuestas a desafiar las rígidas reglas del viejo régimen.

Ilustración del semanario La Traca. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

Ilustración del semanario La Traca. Imagen cortesía de Rafael Solaz.

Fusilamiento de Carceller

Nada más acabar la guerra civil, en junio de 1939, se abrió una diligencia para localizar y poner a disposición de la Brigada Militar a “los colaboradores del soez, obsceno e impúdico semanario valenciano La Traca, que se distinguió siempre por sus campañas anticlericales, antipatrióticas y difamatorias”. Carceller y su segunda esposa Francisca Veres vivían en la calle Correo, junto a la tienda de artículos de piel conocida como la del Cocodrilo.

Pese a los consejos de algunos amigos preocupados por su suerte, el editor se negó a huir, arguyendo que nunca se había manchado las manos de sangre. Pronto los acontecimientos desmintieron su optimismo. Oculto en el domicilio de unos conocidos, fue detenido y tras un Consejo de Guerra, el 28 de junio de 1940, fusilado en el Terrer de Paterna. Según relata el profesor Antonio Laguna en uno de sus estudios, en la misma saca se encontraba el líder socialista Isidro Escandell, el escultor Alfredo Torán, el artista Alfredo Gomis y uno de los colaboradores de La Traca, el caicaturista Carlos Gómez Carrera, Bluff considerado una “inteligencia satánica”.

Efemérides de 1915

Con una colorista portada de lavanderas culo en pompa, el Almanaque de 1915 reúne las firmas de Luis de Val, Vicente Blasco Ibáñez, Bisbert del Cabanyal, Hernández Casajuana, Rivelles, Michó, Gascó Contell y Quiles Pitarch entre otros. Cada ejemplar tenía 64 páginas y su precio era de 25 céntimos. Tan sólo se incluyen un par de anuncios, el  papel de fumar Bambú y la pluma estilográfica Ideal Waterman. Contiene una referencia a las cuatro estaciones representadas por cuatro estaciones de ferrocarril: Norte, Aragón, Pont de Fusta y Jesús. Un tal Boticari de Villareal ofrece consejos de salud, se habla de toros y se ofrecen predicciones sobre el futuro. En el año 3.000 “la velocitat dels ferrocarrils será de dos mil kilómetros per hora”…

Bel Carrasco

El principiante Segrelles

Los dibujos académicos de Segrelles
Sala de Exposiciones de IberCaja
C / Barón de Cárcer, 17. Valencia
Inauguración: jueves 30 de abril
Hasta el 30 de mayo, 2015

Antes de alcanzar el éxito internacional, de ilustrar las portadas de publicaciones como The New York Times o la traducción de ‘Las 1.001 noches’ firmada por Vicente Blasco Ibáñez, mucho antes de convertirse en el artista que acabaría inspirando a cineastas como Guillermo del Toro, José Segrelles fue un niño de 8 años que demostraba un talento innato para dibujar en la escuela de su Albaida natal.

Un modesto centro de enseñanza primaria que un día visitó el Rector del Distrito Universitario de Valencia por aquel entonces, Francisco Moliner Nicolás, quien se quedó impresionado por el retrato que le hizo uno de los niños hasta el punto de insistir a su familia para que lo llevaran a la Escuela de Bellas Artes.

Fue así, por casualidad, como Segrelles llegó a la Academia de San Carlos en Valencia, donde de  1898 a 1903 tallaron a ese diamante en bruto con una formación cuyos frutos recoge la muestra ‘Los dibujos académicos de Segrelles’. Una exposición que se inaugura el 30 de abril y que puede visitarse hasta el 30 de mayo en la Sala de Exposiciones de IberCaja.

Dibujo de José Segrelles. Cortesía de IberCaja.

Dibujo de José Segrelles. Cortesía de IberCaja.

La colaboración de coleccionistas privados ha permitido reunir un total de 34 piezas, la mayoría inéditas. Un extenso conjunto para trazar un recorrido por el aprendizaje del joven Segrelles en aulas que compartían talentos como Pinazo, Benlliure o Fillol, casi una escuela de genios en uno de los periodos más fértiles del arte valenciano.

“Esta selección de obra permite asomarse a una de las etapas más desconocidas y curiosas de un artista, su formación, cuando empiezan a despuntar las claves de su estilo” comenta Vicent Vila, comisario de la muestra y director del Escalante Centre Teatral, que ya acogió esta temporada una exposición sobre el pintor.

Sandro Carbó, miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte y coautor del catálogo de esta exhibición, destaca el retrato que se realiza a través de sus obras tempranas de un periodo fundamental del artista cuando adquirió los sólidos fundamentos técnicos que le acompañarían el resto de su trayectoria, convirtiéndole en un ilustrador a la altura de maestros como Doré o Rackman. Pero antes tuvo que pasar por las aulas y someterse a las directrices de profesores como Antonio Muñoz Degrain o Sorolla, que llevaba a los alumnos a la playa para dibujar en movimiento.

Con solo 13 años, Segrelles recibió la Medalla de San Carlos por sus excelentes calificaciones, “aunque en sus trabajos de clase encontramos a un artista que intenta cumplir con las normas académicas al tiempo que va conformando su propio estilo” señala Joan Josep Soler Navarro, Miembro de ICOM-Unesco y otro de los autores del catálogo.

Una personalidad artística que, a medida que crece, va sintiéndose asfixiada por el ambiente académico. Sin embargo, su formación se verá truncada por la muerte de su hermano, que le obliga a regresar a su Albaida natal. Pero éste no es más que el cierre del primer episodio de una apasionante historia en la que Segrelles desarrolló una rica y fructífera carrera.

Una trayectoria a la que, paralelamente, se rinde homenaje en la muestra ‘J. Segrelles. El laberinto de la fantasía’, programada  hasta finales de mayo en el MuVIM. Una propuesta que se complementa perfectamente con este acercamiento al despertar del artista valenciano que realizan los 34 dibujos alojados en la Sala de Exposiciones de IberCaja, cercana al Mercado Central.

Dibujo de José Segrelles. Cortesía de IberCaja.

Dibujo de José Segrelles. Cortesía de IberCaja.

El alienígena José Segrelles

José Segrelles. El laberinto de la fantasía
Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 31 de mayo, 2015

H. G. Wells publicó ‘La guerra de los mundos’ en 1898. Por aquel entonces, José Segrelles tenía 13 años. Una edad tan tierna como propicia para ponerle imágenes al fantástico relato de la invasión marciana de la Tierra. Algo que sin duda fue madurando con el tiempo, en medio del aluvión de imágenes que hizo de Segrelles un pintor e ilustrador de fama mundial. Fama que consiguió primero en Nueva York, donde estuvo entre 1929 y 1935, y que luego fue ampliándose por Europa hasta alcanzar su Albaida natal, la Barcelona donde vivió y Valencia. Murió en 1969, año en que aquel cielo alienígena de su infancia era surcado por el Apolo IX.

Obra de José Segrelles en la exposición del MuVIM.

Detalle de una de las obras de José Segrelles en la exposición del MuVIM.

El MuVIM recorre todo ese espacio sideral del que se nutrió en vida José Segrelles, en la más amplia retrospectiva dedicada al artista valenciano que compitió en fama con Sorolla y Blasco Ibáñez. Recorrido que se inicia precisamente con pinturas e ilustraciones evocadoras de ‘La guerra de los mundos’. Una de ellas, prácticamente calcada por Steven Spielberg en una de las secuencias de su versión cinematográfica (2005) del clásico de Wells. Calco no reconocido, pero sin duda explícito en la comparativa de imágenes que sirve de arranque de la exposición ‘José Segrelles. El laberinto de la fantasía’.

Els gats (Cuentos de Grimm), de José Segrelles, en la exposición del MuVIM.

Els gats (Cuentos de Grimm), de José Segrelles, en la exposición del MuVIM.

Como sí reconoce Guillermo del Toro, “Segrelles es conocido y estudiado por creadores visuales de todos los países y todos los medios incluido, claro está, el del cine”. Creadores como Spielberg, John Howe, por ‘El señor de los anillos’, o William Stout y el propio Del Toro, por ‘El laberinto del fauno’. El director de ‘Mimic’ no escatima elogios hacia el artista de Albaida: “Segrelles pertenece a la más selecta lista de los grandes de la ilustración mundial: Doré, Rackham, Dulac”. Incluso va más lejos: “Es un creador total, un maestro de la narrativa y un tesoro mundial”.

Gran parte de ese tesoro, con 260 obras originales y más de 300 ejemplares entre libros y revistas que recogen sus innumerables ilustraciones, se muestra en el MuVIM, haciéndose eco de tan brillante legado. Un legado que abarca desde sus ilustraciones más fantásticas, a las realizadas para editoriales como Araluce, ilustrando novelas como La Eneida, Fausto, La Divina Comedia, Lazarillo de Tormes, Cuentos de Edgar Allan Poe, algunas de Blasco Ibáñez y, por encima de todas, las del Quijote o Las 1001 noches. Ilustraciones que lejos de acompañar tan sobresalientes narraciones, disputan en calidad con ellas.

Boceto de 'El laberinto de los faunos', inspirado en José Segrelles, mostrado en la exposición del MuVIM.

Boceto de ‘El laberinto de los faunos’, inspirado en José Segrelles, mostrado en la exposición del MuVIM.

De nuevo, Del Toro: “Segrelles transforma el texto y crea imágenes que se vuelven definitivas; reclama para sí gran parte de la gloria de contar esas historias entrañables”. Todo lo que tocó Segrelles se elevó por encima del género que trabajaba, como se puede igualmente comprobar en los carteles publicitarios que realizó para numerosas revistas entre 1920 y 1939 e incluso para las Fallas. Hasta se le recuerda como cartelista oficial del Fútbol Club Barcelona.

Tras el desastre de la Guerra Civil española, Segrelles se dedicó a realizar encargos de pintura religiosa. Pintura, una vez más, que transforma el motivo en objeto de una singular percepción estética, de nuevo próxima a la ensoñación fantástica. Ensoñación que no abandonó hasta el final de su vida, atareada en reflejar la carrera espacial de la década de los 50. Fue la manera que tuvo José Segrelles de cerrar el círculo que le llevó de ‘La guerra de los mundos’ a la conquista del espacio. Espacio que sin duda conquistó con sus sobresalientes creaciones. El MuVIM, cual isla del tesoro, las acoge hasta finales de mayo.

Obra de José Segrelles.

Obra de José Segrelles, de ‘La guerra de los mundos’, en la exposición del MuVIM.

Salva Torres

Las 10.001 noches del Escalante

Les 1001 Nits, de Vicent Vila
Escalante Centre Teatral
C / Landerer, 5. Valencia
Estreno: lunes 13 de octubre
Hasta el 21 de diciembre, 2014

Para celebrar sus 30 años, el Escalante estrenará la producción propia ‘Les 1001 Nits’, un proyecto largamente deseado por su director Vicent Vila. Y ahora que han pasado más de 10.000 noches desde que el Centre Teatral de la Diputación de Valencia arrancará en 1985, la famosa recopilación de cuentos ve la luz con nueve actores en escena que dan vida a 72 personajes, apoyándose en el uso de marionetas.

Una escena de 'Les 1001 Nits', de Vicent Vila, en el Escalante. Imagen cortesía de Escalante Centre Teatral de la Diputación de Valencia.

Una escena de ‘Les 1001 Nits’, de Vicent Vila, en el Escalante. Imagen cortesía de Escalante Centre Teatral de la Diputación de Valencia.

Para reforzar la magia del libro, y el milagro que supone contar con un teatro público reiteradamente premiado, el Escalante exhibe 87 dibujos de Josep Segrelles realizados en 1932 para ilustrar precisamente ‘Las 1001 noches’ que tradujo Vicente Blasco Ibáñez. Como recordó el comisario de la exposición, Joan Josep Soler, hablamos del artista plástico valenciano por el que sienten admiración (“son auténticos fanáticos de su obra”) Guillermo del Toro (‘El laberinto del fauno’) o John Howe, ilustrador de ‘El señor de los anillos’. Soler avanzó que el cineasta, de hecho, tiene previsto visitar en breve el Museo Segrelles de Albaida.

La efemérides se completa con una macro exposición en el MuVIM, que tendrá lugar en diciembre. Ocupando la Sala Parpalló, podrán verse los diseños, el vestuario, las escenografías y los carteles originales de ilustradores valencianos que han ido participando durante estos 30 años en las producciones y exposiciones del Escalante. Y para remate conmemorativo también se editará, en colaboración con Bromera, un anexo al libro que celebraba el 25 aniversario del teatro, con textos de las últimas producciones teatrales.

Escena de 'Les 1001 Nits', de Vicent Vila, en el Escalante. Imagen cortesía de Escalante Centre Teatral.

Escena de ‘Les 1001 Nits’, de Vicent Vila, en el Escalante. Imagen cortesía de Escalante Centre Teatral.

¿Que por qué un teatro como el Escalante sigue vivo y coleando, pese a la sempiterna crisis del teatro y la más reciente pero devastadora crisis económica? La palabra la tiene Vicent Vila: “Es un secreto publico: porque nunca nos ha faltado el apoyo de la Diputación de Valencia y porque había un público que atender y una demanda por parte de los profesionales”. Lo cual ha hecho que el Escalante haya montado más de 40 producciones propias, obteniendo prácticamente otros tantos premios, para un total de 2.500.000 espectadores.

“Es un ejemplo de teatro público de calidad y sostenible”, que cuenta con “un 90% de ocupación en cada función”, destacó Cristóbal Grau, diputado de Teatres, encantado de poder ofrecer una buena noticia en tiempos de descrédito de la clase política. Una buena noticia que, en el caso del Escalante, “casi pasa desapercibida por lo habitual que resulta”, subrayó su director.

Actores y responsables institucionales, tras uno de los ensayos de 'Les 1001 Nits' ante los medios de comunicación. Imagen cortesía del Escalante.

Actores y responsables institucionales, tras uno de los ensayos de ‘Les 1001 Nits’ ante los medios de comunicación. Imagen cortesía del Escalante.

‘Les 1001 Nits’ que ha escrito y dirige Vicent Vila, cuenta con un reparto encabezado por María Almudéver, con sonido original del Premio Nacional de Música, Joan Cerveró, y dirección artística de Ana Garay, escenógrafa que ha trabajado con Pilar Miró, Adolfo Marsillach, Mario Gas o Josep Maria Pou, entre otros. La exposición de Segrelles se completa igualmente con esculturas de la ceramista Reme Tomás.

‘Las 1001 noches’ representa sin duda el espíritu del Escalante: un  teatro que se mantiene vivo, como Sherezade, porque el rey Shahriar (la Diputación) no puede dejar morir a quien embelesa con tanta narración ya vista y por venir. De nuevo Vicent Vila: “Es un homenaje al equipo técnico del Escalante, que se ha entregado al montaje con abnegación, amor y profesionalidad”. Y así durante ya más de 10.000 y una noches.

Escena de Les 1001 Nits, de Vicent Vila, en el Escalante. Imagen cortesía del Escalante Centre Teatral de la Diputación de Valencia.

Escena de Les 1001 Nits, de Vicent Vila, en el Escalante. Imagen cortesía del Escalante Centre Teatral de la Diputación de Valencia.

Salva Torres

El Quinto Jinete en el Palau de les Arts

El Quinto Jinete. Una visión de la Primera Guerra Mundial
Documental dirigido por Rosana Pastor y Enrique Viciano
Buenpaso Films
En torno a la novela ‘Los cuatro jinetes del Apocalipsis’, de Blasco Ibáñez
Palau de les Arts Reina Sofía
Jueves 2 de octubre, a las 20.00h

Vicente Blasco Ibáñez escribe la novela ‘Los cuatro jinetes del Apocalipsis’, entre el otoño de 1915 y la primavera de 1916, cuando las tropas aliadas defendían en el frente del Marne el acoso del imperio alemán en plena Guerra Mundial.

Observamos a Blasco Ibáñez en su estudio de la rue Rennequin de París, cómo va escribiendo los artículos periodísticos a favor de los aliados, su estado de ánimo, las disputas con su editor, la visita que el Presidente de la República francesa le facilita al frente del Marne y a Reims, la persecución que sufre por sus ideas, y cómo ello va orquestando la escritura de la novela.

Imagen de la película 'Los cuatro jinetes del Apocalipsis' extraída del trailer de 'El Quinto Jinete', documental realizado por Rosana Pastor y Enrique Viciano.

Imagen de la película ‘Los cuatro jinetes del Apocalipsis’ extraída del trailer de ‘El Quinto Jinete’, documental realizado por Rosana Pastor y Enrique Viciano.

Una realizadora de televisión se ha propuesto desentrañar la madeja de opiniones, documentos e imágenes que envuelven al escritor de cara a un encargo para la conmemoración del inicio de la I Guerra Mundial. Para ello tiene que documentarse, realizar entrevistas a personalidades relacionadas con las dos versiones cinematográficas de 1921 y 1962, a expertos sobre la obra de Blasco Ibáñez y grabar con su equipo en localizaciones como Valencia, París, Londres y Los Ángeles.

Con imágenes de fondo de la I y II Guerra Mundial, la abundancia de documentos y el apoyo del final cut, se va desgranando la historia.  Clara, la realizadora, debe lidiar con las contradicciones de las opiniones que encuentra a su paso, los ataques de los detractores y las decisiones que se ve obligada a tomar para hallar la objetividad e imparcialidad en un escritor tan controvertido como apasionante.

Imagen extraída del trailer del documental 'El Quinto Jinete', de Rosana Pastor y Enrique Viciano.

Imagen extraída del trailer del documental ‘El Quinto Jinete’, de Rosana Pastor y Enrique Viciano.

En ‘El Quinto Jinete’ se muestra una imagen de Blasco Ibáñez desde una perspectiva moderna y global a través de un trabajo profundo de investigación que llevó a entrevistarse con doctores de otros países como EE.UU., hecho que también ha posibilitado que la película viaje a este país en noviembre.

Esto se complementa con la exposición que tendrá lugar el 15 de octubre en el Centro del Carmen, en la que se muestran 54 imágenes de gran tamaño que cuentan la historia de la guerra a través de los 9 tomos de la crónica de la guerra europea. Son imágenes inéditas jamás mostradas. Los textos que acompañan son textos de Blasco Ibáñez que le dan una visión social y personal.

Imagen extraída del trailer del documental 'El Quinto Jinete', de Rosana Pastor y Enrique Viciano.

Imagen extraída del trailer del documental ‘El Quinto Jinete’, de Rosana Pastor y Enrique Viciano.

Finalmente, también se celebrarán los días 16, 17 y 18 de octubre, un congreso que reunirá a destacados investigadores en torno al tema de “Arte, literatura y cine en la I Guerra Mundial”.

La cita más próxima será, no obstante, el 2 de octubre en el Palau de les Arts Reina Sofia, ya que se celebrará la presentación de la película y se hará un pase previo a su salida en salas comerciales el día 3 de octubre.

Ver trailer del documental:

EL QUINTO JINETE – Trailer from Lavisible Cultura on Vimeo.

 

“La ciencia ficción es más difícil que la fantasía”

Sindbad en el País del Sueño
Juan Miguel Aguilera
Editorial Fantascy
De venta en liberías

Juan Miguel Aguilera (Valencia, 1960) estudió diseño industrial, pero su vocación es la de diseñar historias en mundos paralelos, tanto en el ámbito de la ciencia ficción hard como de la fantasía oriental. A esta modalidad del género fantástico pertenece su última novela, Sindbad en el País del Sueño, un magnífico relato de aventuras de corte clásico, inspirado en las leyendas de Las Mil y Una Noches. Su trayectoria lo sitúa en uno de los peldaños más altos del podio de los escritores de literatura fantástica que en Valencia cuenta con dos primeras figuras: Laura Gallego, en versión juvenil, y Pilar Pedraza, en la línea gótica.

Una de las ilustraciones del libro 'Sindbad en el País del Sueño', de Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Una de las ilustraciones del libro ‘Sindbad en el País del Sueño’, de Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Aguilera escribió sus primeras obras en colaboración con Javier Redal, historias enmarcadas en la ciencia ficción dura, y ambientadas en La Saga de Akasa-Puspa, una recreación de mundos y ambientes consistente y detallista. Mundos en el abismo y sus continuaciones, Hijos de la eternidad y Mundos y demonios, combinan una trama típica de Opera Space con elementos de ciencia ficción hard. El refugio muestra una gran influencia científica en biotecnología, bioquímica, comunicación entre especies o en evolución. También ha colaborado con el conocido autor Rafael Marín Trechera y participado como guionista en la película Náufragos y en el cómic Avatar. Como ilustrador ha elaborado numerosas portadas para libros de ciencia ficción.

¿Su Sindbad tiene algo que ver con el de Las Mil y Una Noches?

He jugado con la idea de que se trata del personaje real cuya leyenda dio origen a los relatos de Las Mil y Una Noches. Para ello lo he situado en esta época, en el Bagdad del califa Harún al-Rashid, en el año 800 de nuestra era. Nunca me planteé adaptar los cuentos originales, sino crear una historia nueva con este personaje legendario. El que esté interesado en las historias de Sindbad que aparecen en Las Mil y Una Noches, podrá acceder a ellas en la traducción de Vicente Blasco Ibáñez gracias a unos códigos QR contenidos en mi libro. También he usado estos códigos, que se pueden entender como notas a pie de página, para ampliar la información histórica relacionada con la época y la ambientación de la novela.

¿El País de los Sueños y los seres que lo pueblan como djinn en sus diversas variantes están inspirados en algún relato o leyenda oriental, o son fruto de su imaginación?

Los djinn son citados muchas veces en el Corán. Es más, una de las suras está dedicada íntegramente a ellos. Por lo tanto, para un musulmán devoto los djinn existen sin ninguna duda, creen en ellos como yo creo en los maoríes aunque nunca haya visto a ninguno. Según el Corán, Alá creó a los ángeles en primer lugar, pero los hizo perfectos y sin voluntad propia. Luego se le ocurrió la idea de crear a los djinn, unas criaturas menos poderosas que los ángeles pero con libre albedrío, que decidirían por sí mismos si le eran fieles o no, y les dio la Tierra para habitarla. Por fin, Alá creo al ser humano, le dio la capacidad de decidir y también le dio la Tierra, lo que hizo inevitable el enfrentamiento entre hombres y djinn. Me parece una mitología fascinante, y aún más cuando es algo real para una parte importante de la humanidad. Organizando y dándole un poco más de coherencia a estas leyendas creé la trama fantástica de mi novela, imagino que de una forma semejante a como Tolkien utilizó las antiguas leyendas centroeuropeas como base para su Tierra Media.

Portada del libro 'Sindbad en el País del Sueño', de Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Portada del libro ‘Sindbad en el País del Sueño’, de Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

¿Cómo combina la fantasía y la realidad en cuanto a la descripción de lugares reales como Bagdag o las costas de África?

He intentado ser lo más riguroso posible con el entorno histórico, no olvidando nunca que se trata de una novela de aventuras. Es divertido pensar que algún detalle histórico le parecerá increíble a más de uno. Por ejemplo, el personaje de Yahiz es real; escribió el Libro de los Animales del que se habla en la novela, un claro precedente a la teoría de la evolución de Darwin. La embajada de Carlomagno es real y sucedió en esa época. Carlomagno, al hostigar a los rebeldes de al-Ándalus desde el norte, se convirtió en un inesperado aliado del califa Harún al-Rashid. Mi objetivo de mezclar datos reales con fantasía es suspender la incredulidad del lector, facilitarle que se sumerja en la historia, que crea que está leyendo algo real y que así disfrute más con la novela. Es como hacer un truco de magia: es una ilusión pero parece verdad.

¿Cómo se inserta este libro en el conjunto de tu obra?

Suelo decir que soy aficionado a la ciencia ficción pero no tanto a la fantasía. Sin embargo hay un tipo de fantasía que siempre me ha fascinado y es la que leía de niño, la que está relacionada con el universo de Las Mil y Una Noches y con películas como El viaje fantástico de Simbad, con los maravillosos efectos de Ray Harryhausen, o El ladrón de Bagdad, la versión protagonizada por Sabú. Es decir: Bagdad, las aventuras de navegantes en océano Índico, los comerciantes que regatean en un mercado por el valor de unas perlas, los genios (o djinn) saliendo de una lámpara, los animales gigantescos y fabulosos como el ave Roc, los desiertos misteriosos, las noches árabes, las junglas impenetrables… Ese era el mundo de fantasía de las novelas con las que crecí y todo eso está en Sindbad en el País del Sueño. Descubrí a Tolkien mucho más tarde y aunque también me gusta no puede emocionarme igual.

Varias veces ha escrito a cuatro manos con otro autor. ¿Qué sistema utilizasen estos casos?

Es difícil. Para empezar necesitas trabajar con alguien con quien ya exista un respeto mutuo, una admiración por la obra del otro, sólo así es posible confiarse tanto como para ceder parte de tu autonomía como autor. Después de eso, lo mejor es seguir un esquema muy detallado, no puedes empezar sin tenerlo todo claro de antemano. Aun así he tenido varios fracasos, novelas que he empezado con algún compañero y que no he llegado a terminar. Pero cuando sale bien, te sientes arrastrado por una especie de sinergia que hace que todo el esfuerzo valga la pena.

Una de las ilustraciones del libro 'Sindbad en el País del Sueño', de Juan Miguel Aguilerea. Imagen cortesía del autor.

Una de las ilustraciones del libro ‘Sindbad en el País del Sueño’, de Juan Miguel Aguilerea. Imagen cortesía del autor.

¿La ciencia ficción es en su opinión un apartado dentro del género fantástico o algo autónomo? Lo fantástico arrasa, sin embargo la ciencia ficción parece en punto muerto.  ¿Qué opina al respecto?

Creo que son géneros diferentes y tienen historias diferentes. La fantasía existe desde hace mucho, las novelas de caballería que leía don Quijote eran novelas de fantasía no muy diferentes a las actuales. La ciencia ficción es hija de la revolución industrial y la primera novela que podemos considerar como tal es el Frankenstein de Mary Shelley. Creo que la ciencia ficción es un género más difícil, mucha gente piensa en la saga de Star Wars cuando se habla de ciencia ficción, pero estas películas están más cerca de la fantasía que de la ciencia ficción. Blade Runner es un buen ejemplo de película de ciencia ficción, es más difícil, responde a los miedos de una época, muchas veces trata temas profundos y no suele ser tan divertida y escapista como la fantasía. Quizá por eso tiene menos éxito.

Es evidente que siente una fascinación por lo oriental y su rica y milenaria civilización. ¿Qué piensa cuando lee las noticias sobre los conflictos que asolan esa parte del mundo? ¿Por qué esos países se han quedado tan atrasados?

Tras publicar mi novela Rihla, palabra que significa viaje iniciático en árabe, me invitaron a un festival en Egipto, unos meses antes de la caída de Mubarak. Pasé el mes de junio de 2010 en el Cairo e hice buenos amigos allí. Gran parte de la documentación sobre los djinn, y la forma en la que los musulmanes los ven, la obtuve en ese viaje. Cuando volví a España seguí en comunicación con mis amigos y amigas egipcios, que a través de chats me informaban de todo lo que estaba pasando y cómo lo estaban viviendo. Muchos de ellos fueron muy activos durante la revolución y recuerdo que me emocioné a altas horas de la madrugada, cuando me contaron desde la plaza de Tahrir la dimisión de Mubarak. Me recordaron los sentimientos de alegría durante la Transición española, ese deseo legítimo de vivir en un país libre. Pero claro, entonces aparecieron los religiosos que habían permanecido agazapados durante toda esa lucha. ¿Por qué están atrasados? Porque el gran avance de occidente es la separación entre la religión y el Estado, y ese es un paso que ellos aún no han dado.

Las ilustraciones del libro son también suyas. ¿Aparte de escribir se dedica también a la pintura?

Soy diseñador. Tenía un estudio de diseño e ilustración con Paco Roca, el autor de Arrugas. La portada y las ilustraciones interiores de Sindbad en el País del Sueño las tuve claras desde el principio, formaban parte de mi imaginación mientras estaba escribiendo la novela. Hice muchos bocetos para decidir el aspecto de los djinn, quería diferenciar las distintas razas que los componen y a la vez ser fiel a las descripciones de los textos antiguos. Hice un modelo en 3d del dhow de Sindbad para orientarme en las descripciones, imaginaba la luz del puerto de Basora y también la de la jungla, y el aspecto físico de los personajes con mucho detalle. Tengo una imaginación visual y a veces intento plasmar estar imágenes con palabras y otras con ilustraciones.

Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Juan Miguel Aguilera. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

EFE le da un baño a su archivo fotográfico

València anys 30. Arxiu Fotográfic Agencia EFE
Vestíbulo de Baños del Almirante
C/ Baños del Almirante, 3-5. Valencia
Hasta finales de marzo

La historia más reciente conviviendo con la historia más antigua. La fotografía, como documento gráfico de la sociedad y la cultura valenciana de principios del siglo XX, compartiendo espacio con lo que fueron los baños termales durante seis siglos en el casco antiguo de Valencia. Pilar Zaragüeta, responsable del archivo fotográfico de la agencia EFE, lo resumió a la perfección: “Somos un bebé comparado con este edificio”. Y el bebé responde a las características de una exposición compuesta por 21 imágenes del archivo de una agencia que, contra viento y marea, aguanta con sobresaliente determinación los embates de la crisis. Los 17 millones de imágenes, “que guardamos como oro en paño” (Zaragüeta), son el legado que la agencia opone a los Baños del Almirante, un edificio rehabilitado y puesto al servicio de la sociedad valenciana, como testigo mudo de los avatares de la higiene pública y privada.

Una de las imágenes expuestas en los Baños del Almirante perteneciente al Archivo fotográfico de la agencia EFE.

Una de las imágenes expuestas en los Baños del Almirante perteneciente al Archivo fotográfico de la agencia EFE.

Esos Baños del Almirante, construidos en 1313 por Pere de Vilarasa, de estilo mudéjar pero heredero de las termas romanas, han pasado, como apuntó Felipe Garín, director del Consorcio de Museos, por “épocas en que fue mejor visto y otras peor”. Pero, en todo caso, fue siempre “lugar de higiene y de encuentro social”, ahora que los baños se entienden de una forma impensable hace siglos. Para hacer memoria de todo ello, aprovechando la rehabilitación de tamaño edificio histórico, nada mejor que echar mano de otra fuente privilegiada de imágenes, como es el Archivo Fotográfico de la agencia EFE.

Imagen del Archivo fotográfico de la agencia EFE.

Imagen del Archivo fotográfico de la agencia EFE.

En las paredes del vestíbulo que sirve de acceso al interior del espacio termal, cuelgan 21 fotografías vinculadas con Valencia, “de carácter cultural, social, agrícola y algunas de ellas inéditas”, según explicó Garín. El director del Consorcio de Museos también justificó el hecho de que tales imágenes fueran de la década de los años 30 del pasado siglo. “En 1937, el gobierno de la República declaró los Baños del Almirante monumento nacional, algo que también hizo en 1944 el gobierno franquista”. Tamaña coincidencia, en gobiernos tan dispares, es la que finalmente ha servido de excusa para la fijación histórica de la exposición.

Imagen del archivo fotográfico de la agencia EFE.

Imagen del archivo fotográfico de la agencia EFE.

Son, además, fotografías que tienen otra sobresaliente particularidad. “Se trata de imágenes realizadas con placas de cristal, el mejor sistema de conservación y que son la joya de la corona del archivo de EFE”, destacó Zaragüeta. Imágenes en blanco y negro que tan pronto muestran los retratos de Concha Piquer, de Mariano Benlliure o de Elena Ortúzar, entonces ya viuda de Blasco Ibáñez, como una formación de época del equipo de fútbol del Valencia, una instantánea de la Lotería Nacional, que por primera vez trasladaba su sede de Madrid a la capital del Turia, o un mitin del presidente de Derecha Regional Valenciana, Luis Lucía, y del líder de la CEDA, José María Gil Robles en el campo de Mestalla.

Más allá de su valor artístico, predomina el valor documental de unas fotografías que se suman al legado histórico que supone la recuperación de los Baños del Almirante de Valencia. Fotografías y baños termales que hablan de la higiene por vía de la memoria. Porque lo mismo que cabe recordar la indudable importancia de los baños públicos en épocas tan alejadas de nuestra modernidad sanitaria, también conviene destacar la importancia del periodismo ahora que la crisis amenaza con reducirlo a la mínima expresión. València anys 30. Arxiu Fotogràfic Agencia EFE abre en los Baños del Almirante una nueva fuente de acceso a la cultura.

Una de las imágenes expuestas en los Baños del Almirante perteneciente al Archivo Fotográfico de la agencia EFE.

Una de las imágenes expuestas en los Baños del Almirante perteneciente al Archivo Fotográfico de la agencia EFE.

Salva Torres