Joan Fontcuberta o la ficción como mentira

Fake. No es verdad, no es mentira, de Joan Fontcuberta
La falsa historia del fotógrafo valenciano Ximo Berenguer
Junio 2017

Con motivo de la exposición ‘Fake. No es verdad, no es mentira’ que exhibió el IVAM desde el 20 de octubre de 2016 hasta el 29 de enero de 2017, el artista y fotógrafo Joan Fontcuberta, en colaboración con el comisario de la muestra José Luis Marzo, propusieron organizar un proyecto fake: inventar y difundir la historia del fotógrafo valenciano Ximo Berenguer. El objetivo era comprobar si en la era de la información y las redes sociales todavía es posible crear una historia falsa.

El IVAM aceptó el reto como parte del discurso crítico de la exposición y coorganizó con la Facultat de Bellas Artes de Valencia y la Facultad de Historia del Arte el seminario ‘La metodología del fake’ entre los meses de mayo y junio de 2016. La primera fase de este curso, impartido por Joan Fontcuberta, Premio Nacional de Fotografía en 1998 y Premio Nacional de Ensayo en 2011, consistió en inundar la red de referencias sobre Ximo Berenguer, desde entradas en la Wikipedia, noticias falsas y hasta artículos académicos.

El Molino, del falso Ximo Berenguer. Imagen cortesía del IVAM

El Molino, del falso Ximo Berenguer. Imagen cortesía del IVAM

Ximo Berenguer se presentó como un fotógrafo valenciano, fallecido prematuramente, y conocido por una serie documental sobre el popular music hall barcelonés El Molino, que fotografió bajo la influencia de su amante, el coreógrafo cubano Negrito Poly. El trabajo de falseado fue tan minucioso que Fontcuberta logró libros de familia del archivo de Picanya, lugar de nacimiento de Ximo Berenguer, para hacerlos pasar por verdaderos. Asimismo, contó con la complicidad de una religiosa quien, supuestamente, era hermana de Berenguer y custodiaba los 15.000 negativos que se le atribuían.

Para legitimar esta falsa historia, Joan Fontcuberta también logró la ayuda de Mira Bernabeu, codirector de la galería Espai Visor de Valencia, para organizar una exposición dedicada a Ximo Berenguer con materiales “inéditos” que se presentaron en la ciudad en el marco del evento Abierto Valencia en septiembre de 2016.

El IVAM adquirió seis fotografías de Ximo Berenguer para su colección con absoluto conocimiento de que se trataba de un proyecto de Joan Fontcuberta. Los miembros del Consejo Asesor y del Consejo Rector del museo refrendaron la propuesta de adquisición, tras ser informados de que se trataba de un proyecto fake del artista catalán.

El Molino, fotografía del supuesto Ximo Berenguer. Imagen cortesía del IVAM

El Molino, fotografía del supuesto Ximo Berenguer. Imagen cortesía del IVAM

Siguiendo con esta pormenorizada ficción, la galería Fernando Pradilla colaboró exponiendo las fotografías de Ximo Berenguer en su espacio de Madrid, bajo el comisariado de Mira Bernabeu. Y la editorial RM, especializada en fotolibros, publicó ‘A chupar del bote’, un recopilatorio del trabajo de Ximo Berenguer en El Molino. La publicación incluía fotografías de Berenguer y textos de Manolo de la Mancha.

Fue durante la presentación de este libro cuando Joan Fontcuberta, sentado entre el público, reveló que la figura de Ximo Berenguer era un fake y que las fotografías mostradas en las exposiciones eran suyas. Así culminaba la historia de Ximo Berenguer/Fontcuberta, orquestada con una voluntad pedagógica: demostrar que todavía es posible jugar con los límites entre realidad y ficción, manipular la percepción y crear historias que caminan entre la verdad y el fake.

Joan Fontcuberta. Imagen cortesía del IVAM.

Joan Fontcuberta. Imagen cortesía del IVAM.

En primera persona

Capturar, de Fernando Merinero
Estreno en cines
Marzo de 2017

Jean-Luc Godard afirmaba que el cine era la verdad 24 fotogramas por segundo. Una célebre boutade que contradecía la actriz protagonista de su film ‘L’amore’ (1969): “El cine es el arte de la mentira”. Un nexo paradójico de ambas sentencias nos daría una frase muy similar de otro artista eternamente joven por deconstructivo, rebelde y contestatario: “El arte es la mentira que nos ayuda a ver la verdad” (Pablo Picasso).

El nuevo viaje que nos propone Fernando Merinero nos transporta directamente al corazón de ese antagonismo. Si una primera visión de su película ‘Capturar’ puede desconcertar es, precisamente, porque ese juego constante de máscaras que caen hace imposible averiguar dónde se halla la frontera de la ficción.

Fotograma de 'Capturar', de Fernando Merinero.

Fotograma de ‘Capturar’, de Fernando Merinero.

Su argumento divaga en torno al ensayo y el error, aborda la preproducción de una película y utiliza el nombre real tanto de las actrices como el director y dedica varias alusiones directas a los dispositivos de grabación y hasta enfoca y transforma en personajes a las cámaras. En muchos momentos, ‘Capturar’ parece un documental de su propio rodaje.

El cine no ha muerto: ¡hagamos, entonces, películas vivas! Una obra muerta está pactada, cerrada, planeada de antemano. Ruedas conforme a guión; montas de acuerdo a rodaje. Una obra viva, sin embargo, es sensible a las circunstancias de su producción, parece haberse construido sobre la marcha. No oculta el boceto, el trazo, las primeras pinceladas. No sólo admite la media frase, el titubeo, el desliz, tampoco corrige esa mirada que, consciente de ser grabada, se clava en varios instantes en el objetivo la a cámara.

‘Capturar’ puede resultar perturbadora si no se acepta esa puesta en escena que reproduce el directo, o no se entiende su tono constante de comedia autoparódica que se ríe de los propios elementos que pone en juego. “Estamos aquí, ahora. Y tú nos estás viendo”. Esa primera persona del singular o plural agresiva desde la que cuenta Merinero pone en crisis la figura de un espectador que cuestiona, por momentos, la posibilidad del relato.

Cartel de la película 'Capturar', de Fernando Merinero.

Cartel de la película ‘Capturar’, de Fernando Merinero.

La narración cabalga con un montaje frenético que enlaza, casi solapa, los tres tiempos: pasado, presente y futuro. Sus planos no se unen, copulan; hasta que todo se rompe, adquiere cordura, profundidad, y la sonrisa se congela. Importante: una película que se pretenda viva, cambia de dirección; un film que no quiera ser difunto, jamás se conforma, no quiere la comodidad de encajar sus aristas en un sólo género. Y, sobre todo, nunca se agota en sí misma: sea porque carece de un verdadero final, porque tiene continuidad o por dejar abierto un debate posterior de difícil solución.

La áspera dialéctica hombre-mujer que exhibe, a ratos jocosa, la mayoría de veces absurda, no se reduce a una cuestión de género, a una mayor o menor empatía con el hombre o la mujer. Para Merinero cada desencuentro está relacionado con una puesta en imágenes que se boicotea a sí misma, que cuestiona su propio dispositivo de narración. Poco importa si lo presenciado es verdadero o falso, si caes rendido ante esa intriga o seducción que su autor activa, dentro y fuera de la pantalla, lo único relevante es que toda esa mascarada, esa mentira, está expuesta con una abrumadora verosimilitud.

Fotograma de 'Capturar'.

Fotograma de ‘Capturar’, de Fernando Merinero.

Dani Gascó

La imagen digital en tela de juicio

File Genesis, de Solimán López
Sala Dormitori del Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 19 de enero de 2017

Génesis u origen de archivos digitales. Así ha titulado Solimán López el conjunto de piezas multimedia que muestra en la Sala Dormitori del Centre del Carme. Es decir, File Genesis. Nada que ver con el génesis bíblico, pues allí donde primero fue el verbo, ahora el origen laico lo constituye la imagen. Origen sobre el que el propio artista ya nos advierte que hay que mantenerse alerta, por cuanto “en una sociedad tecnológico-dependiente, en la que se dan por sentadas las verdades emitidas por lo digital en la pantalla”, la verdad intrínseca a esa imagen pasa por su carácter representacional “y la mentira implícita en lo digital”.

Una de las piezas de la exposición 'File Genesis', de Solimán López, en el Centre del Carme.

Una de las piezas de la exposición ‘File Genesis’, de Solimán López, en el Centre del Carme.

File Genesis viene a ser la puesta en escena del trampantojo al que finalmente nos abocan las imágenes desprovistas de relato. Solimán López, desmontando precisamente la supuesta verdad de esas imágenes acríticas, escora su discurso del lado de la sospecha diletante. De manera que la obra expuesta, centrada principalmente en las piezas File Genesis. Fisher Price y Red Cloth, interpela al espectador “estableciendo un vínculo confuso entre lo real y lo virtual”. Confusión que dificulta cualquier aproximación a la verdad, por cuanto esta aparece estrangulada entre la pura fisicidad y su traslación engañosa al código digital.

Por eso resulta pertinente la alusión que Solimán López hace al Mahabharata: “Un único proyectil cargado con todo el poder del Universo…Una columna incandescente de humo y llamas tan brillante como 10.000 soles se elevó en todo su esplendor…era un arma desconocida, un rayo de hierro, un gigantesco mensajero de muerte que redujo a cenizas a una raza entera”. Esa especie de apocalipsis, destilando una imagen tan siniestra como cautivadora, diríase que atraviesa el conjunto expositivo.

Vista de la exposición 'File Genesis', de Solimán López, en el Centre del Carme.

Vista de la exposición ‘File Genesis’, de Solimán López, en el Centre del Carme.

Primero, capturando al espectador en la misma red donde aparecen atrapadas diversas pantallas con peces digitales (Fisher Price). Después, con el sonido machacón que va permitiendo la génesis de los archivos digitales a los que alude el título File Genesis, almacenados en seis esculturas de mármol “que funcionan como templos de la imagen digital”. Y, por último, desembocando en la pantalla donde una imponente arma parece abrirse paso entre burbujas. En medio, la pieza Red Cloth traza el horizonte de la visión conjunta: “Nos presenta la duda sobre la verdad de la representación digital a través de un video y un fragmento de tela roja”, señala el artista.

Esa mezcla de ficción cautivadora y fondo siniestro, de peces de colores atrapados en la red y armas que amenazan con destruir un mundo de burbujas, caracteriza el proyecto File Genesis. Proyecto que el propio Solimán López define así: “La construcción de la mirada a través de lo digital se convierte en arma de doble filo”. Por una parte, “la aceptación categórica de lo que vemos en la pantalla”. Y, por otro, la imposibilidad de “contemplar la posibilidad de una mentira absoluta derivada de la representación tecnológica”.

Vista de la exposición 'File Genesis', de Solimán López, en el Centre del Carme.

Vista de la exposición ‘File Genesis’, de Solimán López, en el Centre del Carme.

Representación, continúa subrayando el artista, “encargada en todo momento de representarnos una verdad inducida…suscitando una subjetividad extenuada que nos miente y convierte en individuos atrapados en la red digital”. File Genesis es la representación de esa vacuidad a la que convoca el trampantojo de la imagen. Engaño del ojo que fascina por su virtualidad al tiempo que angustia por la ausencia de sentido. File Genesis, que permanecerá en el Centre del Carme hasta el 19 de enero, ha sido producida por ESAT (Escuela Superior de Arte y Tecnología) y Etopía (Centro de Arte y Tecnología), en colaboración con Gandía Blasco y ASUS y la asistencia técnica de Toni Vaca y José Luís Hidalgo.

Ver noticia en ARTS de El Mundo Comunidad Valenciana

Solimán López en su exposición 'File Genesis'. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Solimán López en su exposición ‘File Genesis’. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

El cine huella de Rithy Panh

La imagen perdida, de Rithy Panh
Encuentro con el público en la Sala Berlanga
Domingo 19 de junio, con Rithy Panh, Luis Martínez (El Mundo), José Antonio Hurtado (Filmoteca de Valencia), Rafael Maluenda (Cinema Jove) y Carlos García (traducción)
Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove
Del 17 al 24 de junio de 2016

“Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”, dijo el filósofo Theodor Adorno, derivando tamaña expresión en esta otra interrogativa: “¿Se puede escribir poesía después de Auschwitz?” El director camboyano Rithy Panh responde afirmativamente, acogiendo en su cine la barbarie que supuso la pérdida de toda su familia durante el genocidio de los Jemeres Rojos.

Rithy Panh. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Rithy Panh. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Panh, que mantuvo un encuentro con el público tras el pase en la Filmoteca de Valencia de su singular película La imagen perdida (2013), se planteó, a preguntas de Luis Martínez, crítico de cine de El Mundo, si era posible representar lo irrepresentable. O mejor aún: si se puede mostrar aquello que excede con mucho los límites de la percepción y el sufrimiento humano. Y el director camboyano, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove, argumentó que hacer documental ya implicaba “cierto grado de ficcionalización”.

O lo que viene a ser lo mismo: que frente a las teorías contemporáneas que entienden el lenguaje como representación incapaz de ofrecernos lo real, por cuanto es una mediación y, por tanto, una mentira (de ahí el pensamiento relativista), Panh viene a decir que únicamente a través del lenguaje, en su dimensión poética, es posible conocer aquello que nos perturba. Para ello se hace necesario reconocer en ese lenguaje, además de su registro estrictamente comunicativo, una vía de acceso hacia lo incomunicable gracias a su poder evocador.

Fotograma de La imagen perdida, de Rithy Panh, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove.

Fotograma de La imagen perdida, de Rithy Panh, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove.

Rithy Panh puso los ejemplos de La lista de Schindler, de Steven Spielberg, y El pianista, de Roman Polanski. De la primera película dijo que le perturbaba, mientras de la segunda manifestó que le gustaba: “Polanski sí logra revelar esa destrucción del Holocausto sin mostrarla, sin caer en el voyeurismo para contar lo inenarrable”. Es lo mismo que hace Panh en La imagen perdida y, por extensión, en el resto de su filmografía. El director recrea los traumáticos recuerdos del genocidio de Pol Pot utilizando figuras de barro a modo de personajes. “Son de arcilla y están hechos con los elementos fundamentales, el agua, la tierra y el calor, para después volver a la tierra, se desintegran como nosotros, dejando un testimonio”.

Fotograma de La imagen perdida, de Rithy Panh, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove.

Fotograma de La imagen perdida, de Rithy Panh, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove.

De manera que en La imagen perdida se van mezclando imágenes documentales, que Panh rescató de un rollo de película estropeada (“los Jemeres Rojos lo grababan todo, incluidas las ejecuciones”), con recreaciones de su propia vida mediante escenas compuestas por esas figuras de arcilla. Así es como el director de S-21, La máquina roja de matar (2003) va haciendo que emerjan los recuerdos sepultados bajo sucesivas capas de sucesos traumáticos. No es casual la presencia de una fotografía de Freud en medio de las escenas recreadas con personajes de arcilla.

Fotograma de La imagen perdida, de Rithy Panh, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove.

Fotograma de La imagen perdida, de Rithy Panh, Premio Luna de Valencia de Cinema Jove.

“Los traumas suelen permanecer ocultos hasta que surgen de nuevo cuando la vida empieza a recobrar la normalidad. El genocidio destruye la identidad y hay que reconstruirla, porque de lo contrario el trauma se transmite de generación en generación”, subraya Panh. Él lo hace evocando recuerdos amargos mediante la narración, que ejerce de diván sobre el cual van desplegándose los hechos traumáticos. De esta forma, la herida cauteriza por efecto del relato.

Los Jemeres Rojos y su líder Pol Pot aparecen en La imagen perdida como embajadores siniestros de cierta ideología comunista. La exaltación del pueblo y de la tierra que daría alimento a todos, siempre y cuando asumieran el totalitarismo del partido, sigue provocando escalofríos. “Hay algo del Gran Hermano de Orwell, en tanto que en Camboya no había vida privada, todo estaba bajo vigilancia, incluida la propia lengua: no se podía decir ‘mi mujer’ sino el más genérico ‘mi familia’ que implicaba un control colectivo”, recuerda Panh. Todavía hoy sorprende que esa izquierda maoísta ejerciera tamaño atractivo entre una buena parte de la intelectualidad europea. Pero esa es otra historia.

Fotograma de La imagen perdida, de Rithy Panh. Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove.

Fotograma de La imagen perdida, de Rithy Panh, Premio Luna de Valencia del Festival Internacional de Cine  Cinema Jove.

Salva Torres

A Gervasio Sánchez le duele Afganistán

Dones. Afganistán
Fotografías de Gervasio Sánchez y textos de Mònica Bernabé
Sala Acadèmica de La Nau
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 14 de febrero de 2016

Es tal la concentración de dolor que destilan las imágenes de Gervasio Sánchez en La Nau, que para escribir sobre ellas se hace necesario tomar aire. Las 150 fotografías de la exposición, dividida en seis bloques, cortan la respiración. Pero después de escuchar al periodista narrar su experiencia en Afganistán, ese centenar largo de instantáneas aumenta de volumen para convertirse en un inmenso catálogo de la crueldad humana. Crueldad, en este caso, contra las mujeres afganas, objeto de una violencia desmedida por parte de una sociedad que la tolera escudada en una devastadora tradición.

Collage de fotografías de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Collage de fotografías de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

“El problema de Afganistán no son las leyes, que prohíben la violencia contra la mujer, al igual que el Corán impide el matrimonio forzoso, sino la tradición que está por encima de las leyes”, explicó Sánchez. Una tradición vejatoria que, como recordó el periodista, “ya existía antes de los talibanes”. Que haya organismos internacionales velando por la seguridad en tan inhóspito país de poco ha servido. “Desde 2001 a 2015 ha habido presencia extranjera que debía haber obligado a que se cumplieran las leyes, pero no se ha hecho nada aduciendo que se trata de un problema interno”.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Gervasio Sánchez, al contrario que la pasiva comunidad internacional, ha estado cinco años tomando esas fotografías para que el resto del mundo se entere de lo que allí está pasando. “Esto es puro periodismo”, subrayó con cierto orgullo. A su alrededor, ratificando esas palabras, se ofrecían los mudos testimonios de esas mujeres gritando desesperadas a causa de un dolor que parece no tener fin. “Yo lo que trato es de transmitir con decencia lo que allí pasa y, para eso, no entiendo otra forma que metiéndome hasta el fondo en las historias”.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Historias de violaciones realizadas con total impunidad, de matrimonios forzosos, de vidas truncadas porque la mujer, como recordó Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València, es tratada como un “animal propiedad del hombre”. En las imágenes, acompañadas de textos de Mònica Bernabé (“sin su ayuda esto hubiera sido imposible”, destacó Sánchez), hay mujeres doloridas, quemadas, mirando perplejas a cámara, algunas incluso muertas. “Hemos huido del burka, porque el problema no está en el burka”. Viene de mucho más lejos.

En este sentido, Gervasio Sánchez quiso recordar que no hace tanto tiempo aquí se vivía algo parecido. “En Afganistán viven en la Edad Media, pero en España se vivía así hasta hace muy poco, porque los matrimonios pactados eran también una costumbre”. Por eso Ariño habló de observar la exposición con cierta perspectiva, “para vernos a nosotros mismos en estas fotografías”. “Forma parte del pasado de determinada España de los años 40 y 50”, agregó.

Fotografía de Gervasio Sánchez en La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Gervasio Sánchez en La Nau de la Universitat de València.

Las “vidas en ruina” que Gervasio Sánchez muestra en La Nau, y que podrán verse hasta el 14 de febrero, no han sido tomadas en comarcas rurales, sino en las ciudades más importantes de Afganistán, con la capital Kabul a la cabeza. “Lo que les ocurre a todas estas mujeres sucede en cualquier sitio del país, no hace falta irse a lugares recónditos”. Para “equilibrar la balanza anímica”, Sánchez exhibe algunas otras imágenes menos duras relacionadas con historias de periodistas, cantantes, directoras de cine, boxeadoras o futbolistas.

Equilibrio del ánimo que, con todo, apenas puede contrarrestar el duro testimonio de tanta mujer ultrajada. “El día que deje de sentir el dolor de las víctimas dejaré de hacer periodismo”. Las visitas guiadas para escolares que, junto a Mònica Bernabé, realizará el martes y miércoles próximos, son una prolongación de esa pasión por el ejercicio periodístico. “A los jóvenes les puede permitir entender mejor por qué esas personas huyen de su país”. El fotoperiodismo como memoria viva de un dolor concentrado en La Nau.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de la València.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de la València.

Salva Torres

La realidad sin máscaras de Gillian Wearing

Gillian Wearing
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 24 de enero de 2016

Se negó a que la grabaran o filmaran. “Por timidez”, aclaró José Miguel Cortés, director del IVAM. Timidez que le viene de su más tierna infancia. “Siendo muy niña tenía dificultades para articular palabra alguna”, dijo en un apartado para la prensa. “Creo que es genético, porque mi madre también tiene dificultades con el lenguaje”. De esas dificultades para expresar lo más recóndito, oculto, de la condición humana habla su obra. El IVAM le dedica a Gillian Wearing (Birmingham, 1963) la primera muestra individual en España de los últimos 15 años. Demasiado tiempo para ver el trabajo de una de las artistas más sobresalientes del panorama internacional.

Obras de Gillian Wearing en la muestra individual que le dedica el IVAM. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Obras de Gillian Wearing en la muestra individual que le dedica el IVAM. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Diversas videoinstalaciones, fotografías e incluso alguna escultura sirven para mostrar su áspera, hiriente, descarnada realidad. Y, por paradójico que parezca, utiliza en muchos de sus trabajos máscaras precisamente para desenmascarar emociones ocultas. “Dales una máscara y dirán la verdad”, apuntó Wearing refiriéndose a todas esas personas que ella recoge en su obra. La dicen porque “al sentirse protegidas del juicio de la gente, se sienten libres”. Una libertad semejante a la que se establece entre analizante y analizado en una sesión de psicoanálisis pero sin psicoanalista.

Gillian Wearing interviene lo justo para lograr que la gente de la calle se exprese abiertamente, sin tapujos. A veces utiliza esas máscaras que, como sucede con la videoinstalación Secrets and Lies, se han convertido en marca de su inquietante obra. En otras ocasiones, deja que sean los propios individuos quienes manifiesten libremente lo que piensan en un papel, con el que luego aparecen fotografiados (Signs). O simplemente recoge a una serie de borrachos para grabarles en su estudio, mostrando su comportamiento bajo los efectos del alcohol, en la videoinstalación Drunk.

Video de Gillian Wearing en la exposición del IVAM. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Video de Gillian Wearing en la exposición del IVAM. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Hay más, mucho más, en la exposición del IVAM. Y todo ello igualmente oscuro, desabrido, punzante; entre sórdido e inquietantemente familiar. Como el álbum en el que la propia artista se pone en la piel de sus abuelos, sus padres o hermanos, recreando sus rostros mediante máscaras que retratan a su familia y a ella misma, que se oculta detrás. Ese bucle entre lo interior y lo exterior, entre lo inconsciente y la conciencia a punto de saltar en pedazos, domina su trabajo. De hecho, como explicó Wearing, “utilizo la máscara como multiplicidad de yoes”.

Rock ‘n’ Roll 70, sin ir más lejos, es una de las piezas, junto a Your Views, que nunca se habían exhibido hasta ahora, y en la que la artista británica explora esa multiplicidad tomándose a ella misma como ejemplo. Mediante un conjunto de fotografías, y tras consultar a científicos que exploran los cambios fisionómicos, se retrata mostrando cómo podrá llegar a ser en años futuros. Y en We are Here, recoge los remordimientos o culpas de familiares de fallecidos que, en pleno cementerio, parecen expiar sus pecados regresando de entre los muertos.

Gillian Wearing, Premio Turner 1997, dijo aprovechar el “fantástico espacio” que le brindó el IVAM, “con techos altos, zonas oscuras y otras con luz natural”, para mostrar las variaciones de lo que reconoció como “trauma”: esa dificultad para articular el lenguaje que la emparenta con las personas reflejadas en su obra. De ahí el “cariño especial hacia esas personas”, del que habló José Miguel Cortés. Personas que hablan todas ellas de sentimientos ocultos, de la soledad que les embarga, de la sumisión, de la violencia. “Hay que escarbar para ver lo que hay detrás de esa capa o capas de su trabajo”, incidió Cortés. Wearing escarba, y de qué manera, para mostrar la verdad oculta tras las máscaras de la realidad. La verdad de lo real, allí donde el lenguaje muestra sus inquietantes fisuras.

Obra de Gillian Wearing en la exposición individual que le dedica el IVAM. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Obra de Gillian Wearing en la exposición individual que le dedica el IVAM. Fotografía de Jose Ramón Alarcón.

Salva Torres

¡Espectacular, maravilloso mundo del Arte!

The First Day, de Dorotea Von Totó y Tod Hunter
Galería Mr. Pink
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Inauguración: Jueves 14 de enero de 2016, a las 20.00h

¡Señoras y señores, críticos y críticas, artistos y artistas, comisarios y comisarias de todas las edades, pasen y vean! ¡Bienvenidos al más grande, peligroso, increíble, espectacular y maravilloso mundo del Arte!

Si tienen a bien asistir a la representación, podrán conocer el trabajo de dos artistas emergentes, dispares y opuestos en sus planteamientos conceptuales y formales, insolentes o ilusorios, con los pies en el fango, o aupados sobre nubes, en un juego de espejos de feria donde la verdad se presenta como ficción y viceversa. Una exposición para aquellos que quieran no sólo ver sino también mirar.

Obra de Dorotea Von Totó. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Dorotea Von Totó. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Pasen y vean, señoras y señores, la obra de Dorotea Von Totó, joven artista gallega de sangre islandesa, una meiga del flúor que transita por senderos de baldosas amarillas haciendo de la carencias (físicas y económicas, en su caso), virtud. Sus trabajos se articulan a través del lenguaje plástico del collage, realizados con materiales básicamente adquiridos en bazares chinos, en un juego ‘apropiacionista’ como base de su delirio imaginativo.

La inocencia y la puerilidad, falsamente representadas, son sus realidades, pobladas de seres inexistentes pero que en parte conservan sus raíces humanas. Es difícil despejar la incógnita de si son humanos mutados, cíborgs o sencillamente seres venidos de otros mundos: ¡su mundo! La figura humana femenina tiene una evidente presencia en la obra de DVT. Siempre representada con una sonrisa, (a veces amarga, y en ocasiones infantil y absurda), que contrasta con los miembros amputados y sustituidos por prótesis. Podría deducirse de esta fórmula que estos personajes femeninos reivindican una belleza diferente, una anatomía alejada de los cánones y una falta de pudor en mostrar el “horror” de forma casi obscena.

Obra de Tod Hunter. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Tod Hunter. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Y eso no es todo. ¡Pasen y vean! Podrán conocer al también emergente Tod Hunter, artista californiano (pero residente en España desde hace años) cuya obra, aunque sea difícil de clasificar y vaya a contracorriente de modas y teorías, no lo convierte en ‘brut’ ni en ‘primitivo’. Y el hecho de que su trabajo sea solitario y onanista no tienen por qué hacer de él un outsider.

Eso sí: arte destroyer, arte gestual, protesta naïf de mimbres furtivos, arte de grafiteros, arte de chaperos, arte visionario, taleguerismo, talento revelado o puro escapismo, y hasta pintura de puertas traseras de los servicios de grandes superficies. Todo ello, y a la vez nada de ello, es Tod Hunter, que hace de su vida una permanente performance para desmontar las evidentes formas de control de lo políticamente correcto, no eligiendo sutiles ironías, sino burdas expresiones pictóricas.

A Hunter le interesa mucho cómo la construcción del pensamiento se da (por lo general) a través delsexo. Observa el sexo a través del quehacer de la pintura y el dibujo, tomando estas acciones como procesos orgánicos e impredecibles para volver a capturar la armonía y mística que el acto sexual otorga a quien lo observa. Tod Hunter, y es evidente, asume su carácter mundano, sus temáticas más o menos banales.

Obra de Tod Hunter. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Tod Hunter. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Porque sabe que en todo momento transmite, a quienes contemplan sus dibujos, el goce de la visión, el placer de ver. Dibuja haciendo aparecer una imagen que no es la de la apariencia natural de las cosas, pero que tiene la fuerza de la realidad. Porque Tod Hunter sabe lo que es sentirse excluido, marginado. Y su cuerpo se transforma en campo de batalla. En sus dibujos se resaltaclaramente que lo personal es político, y es en el propio cuerpo donde se libran las batallas cotidianas.

¡Pasen y vean! Y todos ellos capitaneados por el abajo firmante, aprendiz de brujo, de furrier y de rapsoda, de este retablo de las maravillas en que a veces deviene el arte contemporáneo y toda su parafernalia, volcando todo mi coraje en descubrir artistas escondidos en los márgenes de las redes sociales que encuentran difícil llegar a los cauces tradicionalmente expositivos.

¡Pasen y vean, y tengan siempre presente que el Arte es un puñetero circo donde nada es verdad ni es mentira, sólo un hiperbólico trampantojo que nos deslumbra y fascina a partes iguales! ¡Es por ello por lo que aquí seguimos!

¡Pasen y vean!¡Este espectáculo artístico estará en su ciudad, en la Galería Mr Pink, a partir del jueves 14 de enero, y no se lo pueden perder!

Obra de Dorotea Von Totó. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Dorotea Von Totó. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Piguy Hellman

 

Tras los vestigios pedagógicos de Lledó

Emilio Lledó Íñigo
Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2015

Perfilada de un anunciado debate político y social,  concluye la XXV edición de los Premios Princesa de Asturias -primera tras el cambio de denominación-. Se disuelven progresivamente los protocolos y se enfría el exaltado pulso de actividad que ha regentado la ciudad de Oviedo y el Principado de Asturias durante cinco jornadas de hálito cosmopolita y ciertas dubitaciones locales.

De entre la nómina de galardonados del presente año, allende los sonoros y merecidos focos de Hollywood o la cacofónica ausencia de dos pilares fraternos del juego interior norteamericano, deambula sobre las tupidas y húmedas alfombras del Hotel de la Reconquista la sombra octogenaria de un pensador de lúcida sencillez y espíritu docente sempiterno.

Emilio Lledó (Sevilla, 1927), Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, atraviesa la Cordillera Cantábrica para reportar norte, con su porte de sur y olvidado acento de Triana, nutrido de una longeva trayectoria como revisitador hermeneuta de la Historia de la Filosofía, amén de un vívido adalid de la relevancia académica y cultural del objeto de estudio de la Filosofía del Lenguaje, influido por el magisterio de la ‘escuela de Madrid’ de un joven Julián Marías, la impronta de Hangs-Georg Gadamer y su ‘Verdad y Método’ o la proximidad, siendo alumno, del filólogo clásico alemán Otto Regenbogen, durante sus interrumpidos períodos como estudiante y docente por tierras germanas, así como en sus cátedras de la Universidad de la Laguna, Barcelona y la UNED.

Tras contemplar su obra pictórica respectiva como galardonado en la exposición del pintor Marcos Tamargo -artista que por quinto año consecutivo se encarga de realizar los retratos de los ocho premiados en las distintas categorías-, Emilio Lledó tiene a bien conversar con Makma y reflexionar sobre algunas cuestiones capitales de su pensamiento pedagógico, antes de partir y regresar a las exigencias de su ‘l’ (ele minúscula) en los butacones de la Real Academia.

Emilio Lledó y Marcos Tamargo.

Emilio Lledó conversa con el artista Marcos Tamargo frente a la obra que este último ha pintado con motivo de su galardón. Fotografía: Merche Medina.

Durante este lapso de tiempo transcurrido desde el anuncio del premio hasta el solemne acto académico de entrega, ¿en qué medida todo este proceso ha podido influir o modificar el ámbito de su trabajo y, por supuesto, cómo ha experimentado la relevancia y magnitud de este reconocimiento?

Ha sido muy impresionante. El adjetivo ha sido un poco trivial, pero muy mutante y muy distinto de la vida normal que uno lleva de trabajo, etc. Es una alegría también, en un mundo que hay que promover, no tanto por mí, como agraciado de un premio, sino que, con independencia absoluta de mi propia persona, creo que las humanidades, la comunicación y los mensajes, el arte, la educación de la sensibilidad -que tienen que ver con las humanidades- son algo no sólo necesario, sino imprescindible para el desarrollo de una sociedad moderna y saludable que quiera pensar en su desarrollo, plenitud y progreso.

En el contenido de su discurso, tras la recepción del premio y durante las jornadas precedentes, ha hecho un explícito diagnóstico de las necesidades y desequilibrio existentes en la actualidad respecto de la transmisión de conocimiento, supeditándolo decisivamente a la labor de los medios de comunicación. ¿Considera que se presenta un porvenir al respecto mucho más plausible del que se dibuja en la actualidad o, en cambio, debemos esperar un horizonte futuro escasamente prometedor?

No. Yo quiero creer que hay un futuro, una posibilidad de amplitud y un cultivo de eso que llamamos Humanidades, pero eso depende, no tanto de mis propios y nuestros deseos individuales o parciales, sino de la educación, de los programadores de la política educativa de un país, siendo esto importantísimo. Que los que tienen el poder de organizar la cultura se den cuenta del material tan delicado, sensible e importante que es ese cultivo de la cultura, valga la redundancia. En este sentido, los que nos movemos en el mundo de la vida intelectual, por así decirlo, aunque no signifique nada para el poder (o confiemos en que signifique bastante), tenemos que estar insistiendo continuamente en la necesidad de que se den cuenta de la trascendencia de este cultivo. La riqueza de un país (como he apuntado otras veces) es su cultura, no sólo la riqueza material y concreta.

Atendiendo a su predilección por el magisterio de los eximios filósofos griegos, durante la Antigua Grecia el sentido primigenio de “felicidad” (eudaimonía) -consecuencia de la posesión material y relacionado con el concepto de posesión- se transforma para emparentarse con un concepto de ser alejado del acaudalamiento personal. ¿Hemos retornado o quizás no haya cambiado esa primera acepción vinculada con el materialismo y el utilitarismo?

Sí. Precisamente porque estamos en una sociedad de consumo, donde hay tantos bienes consumibles, todo ello es un peligro para el ser. Nos parece que ser es tener y, en cambio, no basta con tener. Debemos pensar que hay bienes inmateriales -que no se pueden tomar con las manos, que carecen de materia- que son deseos e impulsos, que son renovaciones. En este sentido, el futuro tiene que ser el cultivo de esa esperanza, si no no merecería la pena. Una sociedad convertida en puro tener, acaba consumiendo al consumidor.

Atendiendo a su docencia filosófica, esa concepción del ser debe partir o así lo hace, ineludiblemente, del lenguaje -germen de la construcción del pensamiento-. En base a ello, en los nuevos modos o la morfología que nos es más coetánea se visibilizan numerosas carencias -en cuanto al ámbito pedagógico se refiere. La capacidad léxica y, por tanto, de la comprensión, de la construcción de lo cotidiano y, por ende, de lo real, se desequilibra. ¿Cuáles serían las coordenadas que consideraría más adecuadas para remediar esta situación presente y consolidar una nueva programación educativa?

La educación y el amor por el descubrimiento de la lectura. Hacer que desde la escuela los niños lean, pero lean textos literarios, sin ser preciso que estos sean textos muy importantes. Pero, insisto, que lean, aunque sean cuentos. Que el pensamiento fluya y no quede limitado a pequeños flashes de información (eso no es cultura en absoluto ni desarrollo de la vida intelectual).

Sin embargo, es curioso que usted, sus contemporáneos y cuantos le han precedido se ha educado en férreas disciplinas educativas. Parece inimaginable, hoy en día, ver a un a joven estudiando latín o griego clásico, incluso a los nueve o diez años.

Emilio Lledó entrevistado por Jose Ramón Alarcón.

Emilio Lledó durante un instante de la entrevista con Jose Ramón Alarcón. Fotografía: Merche Medina.

Bueno, a lo mejor es una desgracia no verlo, porque yo lo he estudiado y, posteriormente, las lenguas clásicas más a fondo. Para mí es un enriquecimiento fundamental en mi propia educación. No concibo que pudiera estar alejado de ese mundo clásico, que ha sido un sustento durante toda mi formación.

¿En qué momento surge en usted esa inquietud por la Filosofía, antes de ser cursada en la Universidad y trasladarse, posteriormente, a Alemania?

Me interesaba de una manera muy inconsciente. Quizás entender el lenguaje, las palabras que tienen que ver con la filosofía: verdad, mentira, engaño, odio, amor, etc. Todo eso me llamaba la atención. Después me fui encaminando por ese derrotero, en el que he sido muy feliz.

Para concluir e inquietado personalmente por cómo transmitir todo ese conocimiento a los más jóvenes, ¿podría indicar alguna lectura recomendable, fundamentalmente de contenido filosófico, de mayor cuerpo o densidad?

Por ejemplo, leer diálogos de Platón, pero sobre todo leer literatura. Tal vez los diálogos exigen una mínima formación. Leer el Quijote, a Jovellanos o a Clarín.

Emilio Lledó.

Emilio Lledó, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

Tratado ibérico del hijoputismo

Patente de corso, director Alfonso Sánchez
Con Alberto López y Alfonso Sánchez
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Del 16 al 19 de julio de 2015

“Los hijos de puta con nombres y apellidos van y vienen, pero los arquetipos permanecen”. ¿A qué arquetipos se refieren Alberto López y Alfonso Sánchez protagonistas de Patente de Corso? A los que Arturo Pérez Reverte rastrea en los 1.200 artículos o columnas periodísticas en los que se basa el espectáculo que hasta el domingo se representa en el Teatro Olympia de Valencia. Artículos que, una vez seleccionados en comandita con la dramaturga Ana Graciani, se redujeron a 22, a partir de los cuales se construyen esos arquetipos en torno al reguero de pólvora que ha ido dejando el abuso de poder.

Alberto López (izquierda) y Alfonso Sánchez en Patente de corso. Cortesía de Teatro Olympia.

Alberto López (izquierda) y Alfonso Sánchez en Patente de corso. Cortesía de Teatro Olympia.

“Es un espectáculo sobre la tragicomedia de ser español”, afirmaron López y Sánchez, este último en calidad a su vez de director de Patente de Corso. “Tratado ibérico del hijoputismo”, señalaron ambos como título de un montaje que durante 1 hora y 40 minutos no deja títere con cabeza. Ellos se limitan a seguir al pie de la letra lo que Pérez Reverte dice con lengua afilada en sus artículos. “Escribo con tanta libertad que me sorprende que me dejen”, apunta sorprendido el escritor, lo cual debería ser motivo de reflexión. La suya va por otro lado: “En 500 años el dinero lo han tenido los mismos”, subrayan a rebufo López y Sánchez, encarnando los diversos personajes que dan vida a tanto hijoputismo ibérico.

“A Pérez Reverte no le hacen falta armas; con la palabra le basta”. Que es lo que hacen Alberto López y Alfonso Sánchez sobre el escenario con su Patente de Corso. “Hay mucha verdad encima del escenario”. Verdad sostenida merced al estilo “muy directo, muy de verdad, muy honesto de Arturo”. Al público le caen como un torrente todas esas verdades lanzadas como motivación. “No golpeamos al espectador, sino que le hacemos reflexionar”. Porque a juicio del director del espectáculo “la agresividad bien entendida está bien, lo cual nada tiene que ver con la violencia”.

Alberto López (en primer plano) y Alfonso Sánchez protagonizan 'Patente de corso'. Teatro Olympia.

Alberto López (en primer plano) y Alfonso Sánchez protagonizan ‘Patente de corso’. Teatro Olympia.

López y Sánchez, famosos por su participación en Ocho apellidos vascos y El mundo es nuestro, huyen de la etiqueta de ser los nuevos Morancos. “Llevamos más de 20 años en el mundo del teatro”. Quien vaya a ver Patente de Corso lo podrá comprobar. “Es una comedia que te hace reír, llorar, reflexionar”. Una reflexión en torno a lo que Quevedo dejó dicho en su famosa sentencia “poderoso caballero es don dinero”. De hecho, la obra que del 16 al 19 de julio acoge el Teatro Olympia arranca con el artículo de 1998 de Pérez Reverte titulado ‘Los amos del mundo’.

“Casi 30 años después, lo que apuntó Arturo y nadie escuchó se ha hecho evidente”, señalan los admiradores del escritor de Territorio comanche. ¿Y qué dijo? Volvemos a Quevedo: que el dinero tiene poder inmemorial. Alrededor de ese poder, encarnado en el timador Luciano (Sánchez) y el hastiado ciudadano Mariano (López), Patente de corso va dando cuenta del catálogo de bribones que jalonan nuestra historia reciente. Y no tan reciente, si nos atenemos a esos arquetipos que jalonan “la tragicomedia de ser español” a la que alude con lengua viperina Patente de Corso.

Salva Torres

Julia Llerena, al vacío

Pensamiento interestelar, de Julia Llerena
AJG Contemporary Art Gallery
Espacio Miracómolate
C / Murillo, 10. Sevilla
Inauguración: miércoles 10 de junio, a las 20.30h
Hasta el 25 de junio de 2015

A raíz de una necesidad personal de búsqueda y reflexión sobre la identidad, Julia Llerena (Sevilla, 1985) plantea diseccionar los conceptos espacio tiempo para plantear los enigmas que invaden al ser humano dentro de su entorno. A través de sus piezas, nos interroga sobre los límites del espacio y nuestras capacidades perceptivas, considerando el vacío una necesidad para el desarrollo de la existencia.

El trabajo de Julia combina la virtuosidad en la ejecución de sus obras con una gran profundidad de discurso, que elabora a raíz de estudios realizados sobre pequeños elementos que van apareciendo en su vida cotidiana o que sencillamente forman parte del ideario común sobre los que construye un mundo propio. Para este proyecto, Julia Llerena ha hallado en la inmensidad del universo el medio idóneo para desarrollar las ideas que definen su trabajo: ingravidez, sutileza, silencio, soledad y el orden que se establece dentro de un aparente caos original.

Dear Spaceman, obra de Julia Llerena en la exposición 'Pensamiento interestelar'. Imagen cortesía de AJG Gallery.

Dear Spaceman, obra de Julia Llerena en la exposición ‘Pensamiento interestelar’. Imagen cortesía de AJG Gallery.

El silencio y la soledad componen una parte de la vida. Sobre el hombre recaen historias y leyendas que dan lugar a hipótesis acerca de la realidad de todas ellas, como podemos ver en Dear Spaceman, donde Llerena despersonifica a un astronauta Neil Armstrong quemando su rostro negándole así la posibilidad de hallarse: su identidad se ha perdido en el espacio y en el tiempo, entre las dudas de su propia realidad.

Neil Armstrong pudo haber plasmado su huella en la Luna, o pudo no haberlo hecho, convirtiendo esta historia en una verdad relativa, en historia para la historia y no para la ciencia. Dear Spaceman se pierde en la oscuridad y en la incertidumbre, en la inmensidad del espacio donde la soledad se incrementa y el rumbo se vuelve impreciso y variable, recordándonos que todos llevamos algo de ese astronauta que deambula en la indeterminación de su propio destino.

Pensamiento interestelar es una pieza donde se hallan diversos elementos colocados sobre una mesa dispuestos de manera similar a los del universo. Durante un año, Julia realizó recorridos a pie a lo largo de 50 a 60 minutos, apropiándose de pequeños elementos que iban apareciendo en su camino, a priori insignificantes a la vista de cualquiera.

Detalle de 'Pensamiento interestelar', de Julia Llerena. Imagen cortesía de AJG Gallery.

Detalle de ‘Pensamiento interestelar’, de Julia Llerena. Imagen cortesía de AJG Gallery.

Estos fragmentos son colocados sobre una mesa con un aparente orden aleatorio, iluminados por un foco, sencillo, sutil y cuya apariencia final bien se semeja a un sistema solar, a una galaxia. En esta pieza condensa energía, espacio y materia, orquestadas de modo similar al universo gracias a un meticuloso trabajo de medición que sintetiza la naturaleza de lo eterno e ilimitado.

En el vídeo Tiny Explosions, Julia Llerena interviene con fuego las láminas del atlas, provocando una serie de explosiones en cadena. Con esta acción, la artista fragmenta el infinito y lo multiplica, encapsulando en esta obra la esencia del abismo. El formato tiene mucho que decir en este discurso: por un lado, las imágenes de galaxias y nebulosas pertenecían ya al pasado en el momento de la toma fotográfica, debido a la naturaleza de la luz y el tiempo que transcurre desde que es emitido del cuerpo hasta el sensor donde se crea la imagen. Este rasgo interesa especialmente a Llerena, por la similitud que guarda con su preocupación por la dificultad que supone para el ser humano vivir el presente.

Por otro lado, las ilustraciones son una reproducción del escenario interplanetario, su intervención y posterior grabación suponen otra duplicación mientras que la repetición en vídeo es una clara redundancia en la idea de lo infinito. El fuego se reproduce y los agujeros resultantes adquieren un símil con formas celestiales, cuerpos del universo que existen y permanecen como enigmas.

Cloud Galaxy es un claro ejemplo de la caducidad del conocimiento, testigo de ciencias obsoletas que en el pasado fueron referente de avance científico. El hecho artístico se impone sobre esta ciencia dotándola de alma, convirtiéndolas en emblemas del triunfo de la subjetividad sobre el carácter caduco de la ciencia. Sobre el atlas, la intervención de Llerena traspasa la realidad de la imagen y crea una nueva lectura; a través de la hendidura comprobamos cómo nuestra mirada se desconcierta al hallar un extraño elemento que nos impide adivinar la profundidad real de la cavidad, produciendo un interesante juego visual donde la artista nos invita a cuestionarnos la veracidad del conocimiento empírico del mismo modo que el viejo atlas es una demostración del conocimiento empírico, ya obsoleto.

Traducir a la escala humana el carácter descomunal del universo es, cuanto menos, un reto. No se trata sólo del universo sino de un universo subjetivado, interpretado y humanizado, porque el arte tiene entre otras la función de aportar respuestas cuando la ciencia es incapaz de satisfacer las necesidades del conocimiento. Y es que sólo el pensamiento es capaz de sobrepasar los límites de lo conocido. En este caso, un pensamiento interestelar.

María Arregui Montero*

* Texto por cortesía de AJG Gallery