El compromiso ilustrado de Ana Penyas en Pepita Lumier

Ana Penyas
Pepita Lumier
Segorbe 7, València
Del 10 de mayo al 15 de junio de 2019

“Las ilustraciones y cómics de Ana Penyas consiguen escurrirse a través de la delicada barrera que construimos entre la imagen y el recuerdo. La mezcla de ese trazo vitalista y de orgánica sencillez se fusiona con una imagen fotográfica apenas esbozada, casi fantasmal, en un collage que provoca una lectura de pura empatía instantánea”. (Álvaro Pons)

La artista Ana Penyas recala en la galería Pepita Lumier mediante una exposición que recogerá una selección de dibujos originales de sus novelas gráficas ‘Estamos todas bien’ y ‘En Transición’, así como la ilustración que inspiró el mural que realizó para el IVAM, en el que nos enseñaba la huerta valenciana un tanto alejada de la imagen idealizada que podemos llegar a tener cuando pensamos en ella: el paisaje como reflejo de una idea de progreso que ha ido transformando desde hace décadas la huerta y que actualmente se ve afectada por la turistificación, tema sobre el que hablará en su próxima novela; además de otros trabajos de la joven autora. La exposición podrá ser visitada desde el viernes 10 de mayo hasta el sábado 15 de junio.

Ana Penyas (València, 1987) estudió Diseño Industrial, pero tras realizar un curso de ilustración en Barcelona se replantea su futuro y finalmente estudia Bellas Artes en la UPV. Además de las clases de Dibujo y Teoría del Arte durante la carrera, han resultado muy influyentes en su formación movimientos como el 15M, el colectivo feminista, una pasantía en Argentina o el movimiento libertario en València.

Mientras finalizaba sus estudios, le surge la posibilidad de ilustrar las memorias de Longinos Lozano, un republicano nacido en una aldea valenciana y cuya historia culmina con la publicación del fanzine ‘Los días rojos de la memoria’, con el que la autora empieza a destacar.

Un gran empeño por la memoria histórica y la búsqueda de diferentes formas de representarla junto al feminismo y el amor que siente por su familia son el germen de su primera novela gráfica ‘Estamos todas bien’ (Salamandra Graphic, 2017). Basada en las vidas de sus abuelas y en las anécdotas con las que mostrar la manera que tienen de ver el mundo, Ana Penyas realiza un homenaje a esas mujeres de posguerra destinadas al silencio de una sociedad patriarcal que las hizo prácticamente invisibles. Penetra en la Historia otorgando soluciones narrativas casi de documental. Este proyecto supuso un cambio en su trayectoria profesional al ser galardonada con el Premio a la Mejor Autora Revelación en la 36ª Edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona y el Premio Nacional de Cómic 2018.

Portada de ‘Estamos todas bien’, de Ana Penyas. Fotografía cortesía de Pepita Lumier.

El discurso histórico sigue latente en sus dos siguientes títulos publicados: ‘Mexique, el nombre del barco’, sobre los niños exiliados a México durante la Guerra Civil Española (Libros del Zorro Rojo, 2017) y ‘En transición’ (Barlin, 2017), que propone un enfoque crítico con el discurso oficial de la Transición Española alejándose de la mirada oficial. Habla de fracturas, olvidos y disensos, y de la situación precaria de un país sometido a 40 años de oscuridad. Nos muestra la poética de la calle: las luchas vecinales y ciudadanas, los conflictos colaterales y las consecuencias de querer olvidar un pasado en disputa.

Junto a esta meteórica carrera, destacan sus colaboraciones con Pikara Magazine y el fanzine ‘Aixó no van ser tres meses de lluita van ser dos anys de aprenentatge’ para la campaña ‘Salvem la punta, aturem la Zal’. Además de trabajos como los realizados para El País Semanal ‘Así vivimos el 8M’, donde en una serie de viñetas recrea como las mujeres vivieron aquella jornada histórica del 2018.

Entre los premios y reconocimientos obtenidos, además del Premio Nacional de Cómic y Premio Autora Revelación del Salón Internacional del Cómic de Barcelona por ‘Estamos todas bien’, Ana Penyas fue seleccionada para la Exposición de Bologna Children’s Book Fair con dibujos originales de ‘Mexique, el nombre del barco’ (2018), fue galardonada con el X Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac·Salamandra Graphic por ‘Estamos todas bien’ (2017), ganó el VII Catálogo Iberoamérica Ilustra con la serie ‘Buscando un sitio’ (2016) y Mención Especial de VI Catálogo Iberoamérica Ilustra con la serie ‘Viaje al interior’ (2015).

Detalle de una de las ilustraciones de ‘En Transición’, de Ana Penyas. Fotografía cortesía de Pepita Lumier.

MAKMA

«10 Sentidos tiene ya un discurso propio»

Desayunos MAKMA en NH Collection Valencia Colón
‘Bestias’. Festival 10 Sentidos
Diversas sedes de Valencia
Del 3 al 19 de mayo de 2019
Con Meritxell Barberá e Inma García, directoras del festival
Entrevista realizada por Merche Medina, Salva Torres y Jose Ramón Alarcón, del equipo de redacción de MAKMA

Con motivo de la octava edición del Festival 10 Sentidos, formulado bajo el lema ‘Bestias’, que transcurrirá del 3 al 19 de mayo de 2019 en diversos espacios institucionales, teatros, centros de arte y espacios públicos, #DesayunosMAKMA entrevista a Mertixell Barberá e Inma García –responsables de su dirección artística y técnica–, con el objetivo de adentrarnos en el fundamento proposicional y programático del festival de las artes vivas de València.

BESTIAS

“Somos brutos, somos feroces, somos crueles.
Somos indomables, somos impulsivos, somos temerarios.
Somos viscerales, somos imprevisibles, somos violentos.
Somos BESTIAS”

Conducido por la explícita pretensión de condenar la violencia, criticar el abuso de poder y el empleo indiscriminado de la fuerza en sus múltiples morfologías posibles, la presente edición del Festival 10 Sentidos refrenda su argumento y su “apuesta por un discurso de arte y acción social a partes iguales, por eso cada lema trata de reflexionar sobre un tema que afecta a nuestra sociedad”, introduce Meritxell Barberá, con la singularidad de que ‘Bestias’ –cuya imagen y diseño ha sido creado por la Agencia Player– “podría ser, hasta ahora, el tema del festival más comprometido, porque otros lemas han estado dirigidos a un colectivo o a un extracto de la sociedad” y, sin embargo, y “desgraciadamente, el tema de la violencia es tan amplio y afecta a tantas personas, que, absolutamente, todas y todos nos hemos podido sentir o nos sentiremos identificados”, puesto que, en algún momentos de nuestras existencias, “vamos a vivir una situación de violencia, bien porque nosotros la experimentemos o porque seamos víctimas”, concluye.

“Estamos radicalmente en contra de la violencia, pero todos somos violentos. Y esa dicotomía nos atormenta”

De este modo y orientadas por un estentóreo concepto que ejerce, a la par, como sustantivo y epíteto, las directoras del festival procuran deliberar respecto de la crueldad, la coacción, la ferocidad o la profanación que habita en los individuos y su consiguiente interaccion social. “La violencia es algo intrínseco al ser humano, ya no tanto el ser violento o no; es algo acerca de lo que nos gustaría reflexionar en el festival: aquellos dos grandes bloques del pensamiento, aquellos que piensan que el ser humano es un ser violento por naturaleza y que, precisamente, su educación y su contexto es lo que hará que esa bestia no aparezca; o si, por el contrario, somos seres completamente pacíficos y son nuestras propias frustraciones, los sistemas, lo que nos corrompe y hace que aparezca”.

A la postre, “el arte ofrece esas herramientas para lanzar esas preguntas y reflexionar en torno a un tema que es preocupante. Estamos hablando de que la violencia sacude nuestras vidas de una manera absoluta en todos los escenarios: contra las personas mayores, contra niños y adolescentes, lgbtfobia, violencia machista, violencia bélica, violencia contra el medio ambiente”, asevera Meritxell Barberá. “Los creadores y las creadoras nos sentimos identificados siempre, desde los inicios y cada uno desde su disciplina, con hacer una reflexión en torno de situaciones de violencia. Nos interesa. Y si nos interesa es porque interesa a la sociedad”, determina Inma García.

Meritxell Barberá e Inma García, directoras del Festival 10 Sentidos, junto a Jose Ramón Alarcón y Salva Torres, durante un instante de los #DesayunosMAKMA. Fotografía: Merche Medina.

SEDES Y PROGRAMACIÓN

La ciudad de València prosigue uniformándose con el overol de las artes vivas durante las tres primeras semanas de mayo, cuyo cronograma asentará sus raíces en el Monasterio de San Miguel de los Reyes, el Palau de la Generalitat, el Palau de les Arts, el Centre del Carme, el MuVIM, La Nau, La Naves, la Filmoteca de València o la Plaza del Ayuntamiento, entre otros, incluyendo dos peculiarísimas sedes, como son el refugio antiaéreo del Ayuntamiento de Valéncia y de Serranos.

No obstante, con el determinante objetivo de que el Festival 10 Sentidos alimente sus extremidades geográficas y cronológicas, las directoras han procurado expandir su zona de influencia escénica, incluyendo a Sagunto y Alzira como epicentros determinados de actividades paralelas a lo largo de 2019, en tanto que “es una forma de darle este tipo de programación y contenidos a otros públicos y puntos geográficos”. No en vano, “para 2020 ya existen diversos lugares interesados. Nuestra idea es que a nivel nacional se produzca ese salto”, adelanta Inma García, quien apunta que “tenemos un programa internacional muy potente; esto, al fin y al cabo, te abre puertas y lugares de conexión. Se generan sinergias de interrelación”.

AQUASONIC

‘Aquasonic’, de la compañía danesa Between Music – en el Monasterio de San Miguel de los Reyes (2 de mayo)–, dedicada a la creación y producción de espectáculos híbridos entre las artes visuales y las nuevas tecnologías, se erige en el concierto inaugural de la octava edición del festival. Este grupo de música “lleva más de diez años investigando la manera de generar instrumentos que puedan tocarse debajo del agua, sumergidos en cinco acuarios independientes” y mediante apnea, indica García. De este modo, Between Music “crea el terreno previo a que salgan las bestias”, en tanto que “algo que está a punto de explotar tras una meditación inicial, como cuando te concentras antes de emprender un ataque”, rubrica Barberá.

Imagen del concierto ‘Aquasonic’, de la compañía danesa Between Music. Fotografía cortesía del festival.

MACHO MAN

De la mano del director escénico Álex Rigola y su compañía Heartbreak Hotel, el Centre del Carme acogerá el espectáculo-instalación de teatro-documento ‘Macho Man’ (del 12 al 19 de mayo), producido junto a Temporada Alta 2018, Teatros del Canal y Festival 10 Sentidos, y gestado con la intención de buscar “nuevas maneras de tomar conciencia del machismo extremo mediante la fusión de los conocimientos en artes escénicas, artes plásticas, psicología y documentación”.

Indica Inma García que “’Macho Man’ es un proyecto clave del festival, que denuncia la violencia machista. Dirigimos todos los pases de la mañana a institutos, porque, en realidad, el proyecto está muy dirigido a la gente joven, para tomar esa conciencia. Los grupos de los institutos han respondido muy bien, los pases están llenos. Por las tardes tenemos los pases abiertos a público en general”. Si bien, los trabajos de Rigola “son proyectos de excelencia y estéticamente nos encantó, el calado te deja conmovida”.

Un montaje que principia sentenciando que “una de cada tres mujeres hemos sido o vamos a ser víctimas de violencia de género”.

CERTAMEN COREOGRÁFICO

Erigido en una incuestionable referencia desde su implementación en la edición de 2015, el Certamen Coreográfico 10 Sentidos –Sala Matilde Salvador de La Nau (18 de mayo)–, postulado en un principio como “algo más anecdótico” que “se ha convertido en un festival dentro del festival”, afirma Meritxell Barberá, concita a diez creadores de danza, seleccionados de entre más de 400 propuestas “de todo el mundo y de un nivel tan alto que ojalá tuviéramos presupuesto para incluir a todas”, matiza Inma García. No en vano, “el certamen sirve de plataforma para hablar de los nuevos lenguajes en la danza a nivel mundial”.

De este modo, el jurado, compuesto por Valentina Marini, Marie Brolin-Tani, Claudipo Kogon, Roberto Fratini, Cristina Alonso, María-Carmela Mini y Mónica Pérez, decidirá la pieza ganadora, amén de la entrega de un premio honorífico resultante de la votación del público asistente.

Imagen del espectáculo-instalación de teatro-documento ‘Macho Man’, de Álex Rigola. Fotografía cortesía del festival.

PLAZA DEL AYUNTAMIENTO

Como viene siendo habitual en las ediciones precedentes, la Plaza del Ayuntamiento de València se materializará centro escénico y proposicional durante el sábado 11 de mayo, a modo de “jornada abierta a la ciudadanía”, refrenda Barberá. Durante doce horas de actividades consecutivas, transitarán la plaza con programación infantil, masterclass, música, danza, performance, intervenciones artísticas y recitales poéticos, autores y compañías como RIMA y su workshop, impartido por Isabel Puig, sobre la fuerza expresiva de las emociones; Taller Taiji y su clase abierta de artes marciales; Ángeles de Trapo con su ‘Error 404’ –“dirigido a adolescentes y niños, trata el tema de la violencia en la nuevas tecnologías y redes sociales”–; o la poesía sonora de Jesús Ge y la compañía Cantaticó, entre otras y sugerentes propuestas que alimentarán el fecundo programa de esta cita urbana y sabatina.

LOUISE LECAVALIER

EL Teatro Principal acogerá el domingo 5 de mayo a la conspicua bailarina canadiense Louise Lecavalier, de quien “dicen que es la bailarina del siglo XX”, apostilla Barberá; artista que “ha trabajado las artes marciales coreografiadas” y cuyo baile extremo se hubo convertido en “referente en el universo cinematográfico”, gracias a películas como ‘Matrix’. Junto a su compañero, Frédéric Tavernini, Lecavalier interpretará la obra ‘So Blue’, cuya presentación se complementa con una exposición en el vestíbulo del teatro acerca del devenir profesional de la coreógrafa y el desarrollo de un coloquio ulterior al espectáculo.

Un instante de la “obra épica” ‘Vortex’, de Phia Ménard. Fotografía cortesía del festival.

PHIA MÉNARD

Considerada como una “animal escénica”, la artista y malabarista transexual francesa Phia Ménard recala en Espai Rambleta (8 y 9 de mayo) con la “obra épica” ‘Vortex’; una pieza que conversa sobre “la violencia sufrida y la abrumadora experiencia del proceso de cambio”. Tal y como se determina en el programa, “despertar al otro que llevamos dentro: nuestra parte oculta, disfrazada bajo un uniforme prestado”. “Un trabajo que todos debemos ver”, concluye Inma García.

Amén de la sugerencias precedentes, el Festival 10 Sentidos se completa con más de una veintena de actividades, entre conferencias, intervenciones artísticas, espectáculos de danza, teatro y performance, cine y literatura, contando con la presencia, verbigracia, del performer y bailarín neoyorkino Shamel Pitts (4 de mayo); el coloquio con las artistas Mª Jesús Gonzáles y Patricia Gómez (7 de mayo); el video y la fotografía de Greta Alfaro (del 10 al 19 de mayo); el flamenco electrónico de Los Voluble y el circo al aire libre de Groupe LAPS durante el Día Internacional de los Museos (18 de mayo); la presencia del director de cine Enrique Urbizu y su ‘No habrá paz para los malvados’ (8 de mayo); la propuesta ‘Galerías a lo bestia’ y su recorrido por Set Espai D’Art, Luis Adelantado y Pepita Lumier (15 de mayo) o ‘Literatura Bestia’, que confecciona un mapa literario por una decena de librerias valencianas, como Dadá, Railowsky, Miranfú, La Batisfera y Primado, entre otras.

Para Meritxel Barberá e Inma García “el festival tiene ya un discurso propio, que lo identifica completamente; es singular. Hay otras iniciativas que han surgido a partir del Festival 10 Sentidos, de lo cual nosotras estamos muy orgullosas”.

A la postre, “la educación a nivel artístico es la clave fundamental que todavía está por explotar y por trabajar para conseguir el público del futuro”. Por tanto, “el objetivo es conseguir público para la danza, y para que esto se consiga se debe tener programación habitual durante todo el año. Las instituciones públicas tienen esa obligación y compromiso”.

+Info en http://www.festival10sentidos.com/

Inma García y Meritxell Barberá, directoras del Festival 10 Sentidos. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

Archivo y autoría de los afectos en Plastic Murs

‘SOMETHING NEW, SOMETHING BORROWED’, de Liam Fallon, Philip Gerald y Brandon Lipchik
Plastic Murs
Denia 45, València
Del 3 de mayo al 14 de junio de 2019

Extrañamiento, sensualidad e irreverencia. Es relativamente sencillo encontrar estas características en la exposición ‘SOMETHING NEW, SOMETHING BORROWED’. Los artistas que la integran comparten la voluntad de que sus trabajos no se queden anclados en la mera satisfacción estética. Y para ello, se adentran con lucidez y afán transgresor en campos de investigación que alcanzan cuestiones como la autoría, el archivo, la memoria y los afectos.

Imagen de la obra ‘Vessels for Lovers of the Sun’, de Brandon Lipchik . Fotografía cortesía de Plastic Murs.

El trabajo de Brandon Lipchik pone en diálogo muy diversos modos de visualidad. Su punto de partida son los inabarcables flujos informativos del universo virtual, a los que somete a un cuidadoso proceso de selección y remezcla. El artista modula dentro de un mismo soporte imágenes procedentes de la web, referencias a la historia del arte, elementos extraídos del ámbito del diseño y objetos vinculados a su propia intimidad doméstica. La hibridación entre la estética digital y la técnica pictórica logra que cuestionemos la naturaleza de aquello que estamos mirando. Además, detrás del aparente desorden compositivo de sus cuadros, Lipchik enhebra muy sutiles capas de sentido; entre ellas, plantea un inventario de fetiches propios de la cultura queer, y que permiten leer —al menos a aquellos que desplacen su mirada fuera de lo normativo— un fascinante diario de afectos, vínculos y deseos.

Los dispositivos tridimensionales de Liam Fallon son objetos reconocibles y extraños a la vez. La clave para su entendimiento radica, por tanto, en mirar más allá de las apariencias. Si bien su trabajo parte de un proceso de esculturación de lo cotidiano, su objetivo último es indagar en la construcción de identidades silenciadas. Sus paredes de ladrillo funcionan como relectura del mediometraje de Jean Genet ‘Un Chant d’Amour’ (1950), donde la fuerza de un deseo homoerótico, y en consecuencia clandestino, era capaz de atravesar los muros.

Imagen de la obra ‘Bootleg Velazquez’, de Philip Gerald . Fotografía cortesía de Plastic Murs.

El discurso de Fallon se articula a través de artefactos que, pese a su apariencia lúdica y su estética cercana al pop, encarnan una vertiente poética de alto valor emocional. Sus obras actúan como indicadores de espacios sociales queer arrasados por las narrativas hegemónicas. En este sentido, una pieza tan sencilla como ‘Love Club’, un garrote de color rosa, plantea la urgencia de desenterrar aquellas voces disidentes que la historia ha dejado en los márgenes.

Finalmente, las pinturas de Philip Gerald invitan a una contundente sonrisa: sus figuras parecen haber sido elaboradas digitalmente a través de un precario editor de imágenes. Tanto las formas desproporcionadas como la planitud del color remiten a una creatividad ingenua y desprovista de cualquier convención. Unos modos que se encuentran lejos de los discursos habituales de la pintura. Y en esa distancia radica, precisamente, su principal atractivo. El trabajo de Philip Gerald no solo reivindica lo imperfecto, lo inacabado, lo hilarante y lo gamberro, sino que también proyecta estas características sobre escenas emblemáticas de la historia del arte. El resultado no es un gesto meramente irreverente o iconoclasta; más bien se trata de una oportuna traducción visual a unos códigos que, desde hace apenas un par de décadas, han invadido nuestro imaginario colectivo y virtual.

Imagen de la obra ‘Love Club’, de Liam Fallon. Fotografía cortesía de Plastic Murs.

Carlos Delgado Mayordomo

“Nosotros somos traductores de una idea”

IVAM 30 aniversario
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
Guillem de Castro 118, València

Durante unos meses antes del verano de 2018, con el proyecto ‘Hasta cota de afección’ Patricia Gómez y María Jesús González (ambas 1978, València) estuvieron desconchando y hurgando en las paredes de la galería 6 del IVAM, y paralelamente a esto, hicieron un rastreo en los archivos de la institución con el fin de dejar al descubierto una parte de la memoria de esta. Sus trabajos anteriores evidenciaban sobrada destreza sacando información de muros y tabiques en ruinas, como se pudo ver en ‘Proyecto de la Antigua prisión de Palma’ o ‘Proyecto para cárcel abandonada (València)’, por citar algunos, en los que dejaban progresivamente al descubierto capas de pintura y restos de diferentes texturas que sacaban a la luz todas y cada una de las intervenciones que sobre ellos se habían realizado desde su origen.

Durante el proceso del proyecto ‘Hasta cota de afección’, de Patricia Gómez y María Jesús González. Fotografía cortesía del IVAM.

En este caso los tabiques no estaban ruinosos ni mucho menos, estaban, eso sí, a unos meses de cumplir 30 años de los que daban buena parte –al decapar–, orificios, tacos de sujeción rellenos de masilla, colores varios, restos de antiguas intervenciones y cualquier material empleado para, una vez desmontada cada exposición, dejarlo todo a punto para la siguiente. Tapar, alisar y pintar son las consignas básicas para empezar a dejar la sala preparada. Así, los restos superpuestos se volvieron visibles dando testimonio de 69 muestras anteriormente albergadas allí desde su apertura en 1989.

Imagen del proyecto ‘Hasta cota de afección’, de Patricia Gómez y María Jesús González. Fotografía cortesía del IVAM.

Complementando la información sacada de esas texturas, cientos de copias de documentos clasificados del propio IVAM, fruto del rastreo, fueron expuestos siguiendo el modelo del arqueólogo británico Edward C. Harris (Islas Bermudas, 1946,), –sistema llamado ‘Método Harris’–, dejando a la luz una amplia información de las gestiones del IVAM con nombres y apellidos de quienes las realizaron y permitiendo al público visitante la posibilidad de analizar esa información y sacar conclusiones. Las propias artistas las sacaron, concediendo y quitando flores a quienes han gestionado con mayor o menor entusiasmo, minuciosidad o talento, cada tarea realizada desde su puesto de responsabilidad, al margen de otros elementos que 30 años después también están sujetos a reflexión sobre la historia, circunstancias políticas, económicas, culturales y sociales de un museo, que en junio de 2018 ocupaba el puesto 36 de entre las 100 mejores instituciones culturales del mundo, según publicaba artfacts.net.

Documentos internos del IVAM sobre la idea de la ‘Matriz de Harris en el proyecto ‘Cota de afección’ de Patricia Gómez y María Jesús González. Fotografía cortesía del IVAM.

El desnudo del IVAM es un ejercicio de transparencia sobre los secretos de su entidad, de su vulnerabilidad y a la vez de su grandeza, del modelo avanzado que representa desde su génesis, que logró generar ilusión y despertar la admiración de numerosos museos a nivel internacional, y cuyo objeto de constitución dice que se crea “para el desarrollo de la política cultural de la Generalitat Valenciana en cuanto concierne al conocimiento, tutela, fomento y difusión del arte moderno» (BOE-A-1987-2492).

También este desnudo del IVAM fue una acción pionera con la que se anticipaba la celebración de su 30 cumpleaños, como también lo fue en su día la apuesta por crear la colección de fotografía, que ahora vemos como algo habitual y que aportó una realidad no tratada hasta el momento en el resto de museos de España, disciplina artística ligada a la evolución del Arte en el s. XX y que el IVAM situó al mismo nivel que el dibujo, la pintura o la escultura. Sobre esta última, también hay que recordar que fue motivo de pestañeo por admiración –y lo sigue siendo–la colección Julio González, que facilitaba un relato argumental tan interesante como lo es el resultado de ensamblaje y construcción por vacíos, líneas o planos, en contraposición a la idea de Gargallo o Brancusi, que tiran del modelado y de dar forma a partir de una masa; contrastes conceptuales que tantas posibilidades de hacer didáctica ha desarrollado el IVAM en estos 30 años para favorecer los citados objetivos de su constitución.

Todas estas iniciativas en relación con sus colecciones, acompañadas de acertadas exposiciones históricas, vinieron avaladas por el mencionado reconocimiento internacional atento y sorprendido por una programación que, en su génesis, acertaba también en la apuesta por artistas que aparentemente eran de menor notoriedad, pero lograban después un merecido reconocimiento, lo que convirtió al IVAM en una especie de cantera exportadora de talentos visionarios que deseaban otros museos, con Vicente Todolí (director artístico de 1989 a 1996) o Carlos Pérez (Comunicación y Didáctica y conservador, de 1989 a 2000) como claros ejemplos de ello, vista la evolución de sus trayectorias.

Detalle de algunos de los catálogos publicados por el IVAM en los anaqueles de la biblioteca. Fotografía: Merche Medina.

Cada una de estas aportaciones humanas y expositivas han ido sumando, quedando registradas una a una en los catálogos, estos espacios con soporte de papel que guardan la memoria y mantienen viva la relación del individuo con el arte y la institución que lo ofrece, y en este plano, es de justicia reconocer la labor desarrollada por Manel Granell, responsable del servicio de publicaciones desde los primeros momentos. Su actuación implica la selección de imágenes, diseño, tipo de papel, encuadernación, color, guardas, portada, tipografía y muchos elementos más que el curador editorial conoce y sabe cuándo y cómo proceder con ellos.

Detalle de una de las páginas del catálogo de Joan Brossa publicado por el IVAM. ‘Poesía visual’ (1988). Fotografía: Vicente Chambó.

Es, probablemente, el último gran testigo en activo desde la apertura de puertas del IVAM, y sin duda, una parte importante de su historia viva. En un repaso por la primera idea que conlleva la creación del museo, dice: “Salen los nombres de Carmen Alborch y Tomás Llorens, Andreu Alfaro, José Francisco Ivars, y Joan Cardells, aunque había más gente aportando ilusión e ideas” –indica Granell–. “Y como impulsor, apoyando en materia económica institucional, sale el nombre de Ciprià Ciscar, con mucho peso político como conseller de Cultura y clave para decidir sobre la financiación de la idea en aquellos tiempos”, añade Granell, que acompañado por Julia Ramón, subdirectora de actividades, confiesa que “Para saber lo que se hace, hay que conocer los inicios”

Y así procedemos a hacer un repaso. Granell ha visto pasar como directores –por orden cronológico– a Carmen Alborch, “una persona excepcional, que hizo un gran esfuerzo, supo hacer equipo y aportó una enorme dedicación y raudales de ilusión por la existencia del IVAM. Luego tuvo que abandonar tras ser nombrada ministra de Cultura, dejando como sucesor en su cargo a José Francisco Ivars, que conocía el engranaje interno, preparado y de inteligente sentido del humor. Entre el equipo del IVAM recuerdo a Vicente Todolí, que siendo todavía muy joven aportaba siempre sabiduría y ojo, mucho ojo para las cosas; con él se aprendía, siempre estaba al tanto de lo que ocurría a nivel internacional”, confiesa.

“Cuando llegó Juan Manuel Bonet hizo equipo y cuando se fue se llevó a Carlos Pérez al Reina Sofía (MNCARS), que era un hombre sabio y humilde al que no se valoró suficientemente, ambos de un nivel cultural extraordinario y conscientes del justo valor del libro y del documento impreso en soporte papel”.

Julia Ramón, subdirectora de actividades, y Manuel Granell, responsable del servicio de publicaciones del IVAM, durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

De la etapa de Kosme de Barañano como director dice poco, entre otras cosas “porque a pesar de disponer del equipo al completo del servicio de publicaciones interno del IVAM, optó por contratar la realización de catálogos a externos. Él sabrá”, afirma.

Con humildad, Granell relata que en el inicio había que tomar decisiones, y así es como las publicaciones del IVAM se definieron con un perfil de volúmenes independientes, sin formar parte de una colección uniforme, cada artista y cada proyecto requieren del análisis de su singularidad. Debían ser ejemplares que ayudarían a poner en valor la obra de cada artista y de cada exposición, sin encorsetarse en un formato único. Todolí era también partidario de ese concepto.

“Nosotros somos traductores de una idea”, afirma. Y así, detrás de cada edición hay una historia, y en común muchos comentarios que reconfortan, relata Granell, como ejemplos: Valerio Adami, al que le encantó la propuesta de maqueta que se le presentó en el primer momento, así como a Joan Cardells, que, con fama de hombre difícil, dijo al ver la maqueta del catálogo de su exposición: “Me gusta, no tengo nada que decir”; o Juan Muñoz, con el que Granell compartió horas en su estudio de Roma, además de mesa y mantel para absorber su esencia y plasmarla en el volumen que acompañó su exposición. Nos sigue contando que cuando Joan Brossa vio la maqueta de su catálogo le dijo: “Usted ya es mayor, espero que no cambie”, y acto seguido le cogió la corbata a Juan Díaz, de la imprenta Pentagraff y, haciendo un gesto de reverencia, le besó la corbata. Y así, podría contar infinidad de anécdotas.

Detalle de una de las páginas del catálogo de Joan Brossa publicado por el IVAM. ‘Poesía visual’ (1988). Fotografía: Vicente Chambó.

Todo tiene su sentido en cada volumen, el tacto, el sonido y tipo del papel, los márgenes, la tipografía, el dibujo, la imagen de portada, algún troquelado o gofrado, el formato rectangular, apaisado o cuadrado y el tipo de encuadernación con el lomo entelado o de cartón. Cualquier elemento puede formar parte para la feliz conclusión de cada libro, eso sí, siempre teniendo como consignas conocer al artista, profundizar y ponerse al servicio del lenguaje creativo de cada sujeto a publicar, de cada proyecto a abordar.

Vicente Chambó y Manuel Granell observando detalles técnicos y estilísticos de algunos de los catálogos del museo. Fotografía: Merche Medina.

De la época de Consuelo Ciscar afirma que cualquier propuesta de catálogo que le presentaba le parecía bien, no ponía problemas.

Nada que ver con los ‘Cuadernos del IVAM’ de aquella época, que de los veinte que se editaron, diecinueve los realizó Unidad Editorial, empresa editora de El Mundo, que se embolsó 2,3 millones de euros. La contratación injustificada, los pagos dobles y su aprobación, pese a los informes desfavorables, fueron irregularidades que rodearon estas publicaciones, según la información que publicó eldiariocv.es en un artículo de Moisés Pérez.

“Afortunadamente, con José Miguel García Cortés se ha conseguido volver al camino”, comenta respecto al actual director. Granell recuerda que en los inicios todo se maquetaba y esbozaba a mano, destacando que el primer catálogo lo realizó con Paco Bascuñán. “Nos considerábamos traductores de una idea, cuando cuidas la edición de un ejemplar que custodia a las viejas vanguardias nunca debes intentar superar a esos genios, no destaca el diseño; el mejor trabajo en estos casos es el que nunca ha sido diseñado”, confiesa.

Al preguntarle por preferencias busca en los estantes de la Biblioteca y pone sobre la mesa varios ejemplos que despiertan deseo de posesión, en realidad su selección se basa en una especie de búsqueda de alhajas entre un tesoro de papel: ‘Infancia y arte moderno’ (1998-99); ‘Sueños’, de Grete Stern (2016); August Strinberg (1993); Alex Katz (1997); Alfaro (1991); ‘El Ultraísmo y las artes plásticas’ (1996); ‘Lajos Kassák y la vanguardia húngara’ (1999); Aladín Toys, ‘Los juguetes de Torres –García’ (1997); Anzo (2017); Ángel Mateo Charris (1999) ; Pierre Molinier (1999) o Alfred Kubin, ‘Sueños de un vidente’ (1998).

Páginas interiores del catálogo ‘Sueños’, de Grete Stern. Fotografía: Merche Medina.

Por una u otra cuestión, seduce cualquiera de los citados ejemplares, pero también muchos que asoman el lomo en los estantes de la biblioteca, entre los que cabe hacer mención especial: “A la manière del siglo XVIII” (2007), por lo que representa la profesionalidad con que se definió el catálogo de la exposición del peluquero Tono Sanmartin, a todas luces improcedente en un espacio como el IVAM, al que más que sumar un logro a su rico palmarés, se le metió en un lio (más grande, si cabe, que a los artistas que expusieron en la etapa Consuelo Ciscar), pero que en cualquier caso, -como se deduce de la actitud de Granell- debía de atender como a una más de las exposiciones y publicar el catálogo, por cierto, de espléndida vistosidad.

Ejemplar por ejemplar, podría decirse que alcanzan la difícil misión de dignificar al árbol del que proceden sus hojas, de cualidades varias y acertadas en el uso del papel, y del que llaman la atención las verjuras en vertical de uno de ellos, que comparte el denominador común de atraer al tacto. Pero la verdadera alegría visual la ofrece la consonancia de sus imágenes y la armonía progresiva que va ofreciendo el hecho de pasar páginas, la interpretación, composición y estructura neutra. Un deseo por saber más de estos detalles empuja a buscar datos sobre el gramaje del papel, las guardas, o la tipografía empleados en cada cual, no aparecen estos datos. No hay colofón que identifique estos detalles, se echa de menos.

Granell confiesa que le gustaría, antes de jubilarse (en el presente 2019), ver cumplido un último deseo: hacer un catálogo de los fondos de material impreso, carteles, libros de artista, fotografías y catálogos que, en gran medida, propusieron Carlos Pérez, José Vicente Monzó y Juan Manuel Bonet.

En cualquier caso, además de los dispuestos sobre la mesa de la biblioteca, cabría una mención especial para los seiscientos a setecientos catálogos publicados que asoman su lomo en las baldas de las estanterías, cada cual con algún relato que Manel Granell puede contar en primera persona; cada uno de ellos testigo parcial de una pequeña historia más que atesora el IVAM. Si Granell tiene ese deseo de catalogar los referidos fondos, no sería mala idea reunir en un volumen las anécdotas y procesos vividos con los protagonistas de cada uno de los ejemplares en los que ha trabajado. Se antoja una forma especial de cuadrar el círculo. Ahí queda la sugerencia.

Los volúmenes publicados hasta la fecha pueden encontrarse en un nuevo servicio online que el IVAM ha puesto en marcha en su treinta aniversario (Botiga IVAM).

Llegado el momento de recuerdos y agradecimientos, Granell destaca el buen hacer de su equipo en el Servicio de Publicaciones, formado por María Casanova, Vicky Menor y Lola Chiner; de imprentas como Bernetta, La Imprenta Comunicación Gráfica, Pentagraf, o Ripoll, y, en general, se refiere a la industria de artes gráficas valencianas que “han sabido resolver técnicamente los retos de cada publicación por complicados que estos hayan sido”.

“Mientras andaban, Guy Montag fue escrutando un rostro tras otro.
-No juzgue un libro por su sobrecubierta- dijo alguien.
Y todos rieron silenciosamente, mientras se movían rio abajo”
. [1]

Manuel Granell, responsable del servicio de publicaciones del IVAM, durante un instante de la entrevista. Fotografía: Merche Medina.

Vicente Chambó

[1](Bradbury, Ray. Farenheit 451. Esplugues de Llobregat, Paza y Janés 1967, 3ª edición 1986 pág, 173. Traducción Alfredo Crespo)

La difracción y memoria de Manuel Olías

‘Alumbramientos, redibujo y fata morgana’, de Manuel Olías
Galería Color Elefante
Sevilla 26, València
Del 25 de abril hasta el 14 de junio de 2019
Inauguración: jueves 25 de abril a las 20:00

Manuel Olías inaugura el próximo jueves 25 de abril en la galería Color Elefante, del barrio de Ruzafa de València, ‘Alumbramientos, redibujo y fata morgana’. Hacía tiempo que Olías no exponía individualmente en la ciudad. En los últimos años solo nos ha llegado el eco de su trabajo a través de exquisitos adelantos que asomaban en muestras colectivas como las que tuvieron lugar en la sala Manuela Ballester de la Universitat de València, Doce Islas o en distintas citas artísticas celebradas en la ciudad como el Festival del Libro SINDOKMA –de la mano del Museo del Ruso–, el festival conFusión o en Enfocarte.

Desde su estudio de Benimaclet, este artista alérgico a lo convencional, empapado de transgresión y tecnología, que se mueve con soltura de poeta entre los mitos de la contracultura y la belleza permanente de sus referentes clásicos, nos habla en esta entrevista de sus años de infancia, sus inicios, influencias, trabajo y vida.

¿Te gustó siempre pintar? ¿Te recuerdas dibujando desde pequeño?

Me recuerdan siempre dibujando en casa, en clase, en la pizarra y… repartiendo mis historietas en distribución clandestina entre los pupitres. Sí, me recuerdo dibujando e incluso jugando con óleos de mi padre aun siendo pequeño. En mi casa había a veces olor a trementina que venía de un pequeño estudio en medio del pasillo. Lo ocupé. Me hice fuerte allí a lo largo de mi juventud desplazando el lugar de recreo paterno. No solo me recuerdo pintando, también compitiendo, ya contra las habilidades de mi padre, ya contra las pinturas que colgaban de las paredes, inspirado como un niño hiperestésico por reproducciones de pintores geniales que me hablaban desde los libros.

Imagen de la obra ‘El acuerdo’, de Manuel Olías. Fotografía cortesía del artista.


¿Y cómo son tus inicios en el mundo del arte?

En el mundillo del arte entré por la puerta de Lae.Sferazul bastante joven de la mano de la escritora Olga Lucas. Buscábamos dónde presentar ‘El Taller de los Etcéteras’, un taller literario que por entonces hacíamos en Radio Klara. Fuimos por curiosidad a visitar un club de artistas del que nos habían hablado. ¡Aquella época!… algo así como un matrimonio místico del sol y la luna, alianza fresca y que parecía eterna entre el underground y la tradición de galería de vanguardia que ya tenía recorrido en la ciudad. La Esfera no solo nos abrió las puertas ese día para aquellas lecturas, sino que pronto se convirtió en el lugar donde presenté alguno de mis primeros trabajos. Me acogieron increíblemente entre aquella gente diversa, simpática como prefiero, alegres, educados. Estupendos artistas como Marisa Casalduero, Paco Bascuñán, José Plà, Monique Bastiaans, Vicente Talens, Quique Company… me gusta reconocer que me influyeron, mayores que yo, pero que aún eran muy jóvenes, eran asequibles y cercanos y estaban en fresca y plena evolución… Sí, yo creo que entré en ese mundillo por una puerta buena, chaflán de una mítica avenida del Oeste de la que a veces era también el portero en su surrealista cabaret subterráneo. En modo artistas adolescentes, como los puros Estridentistas de ‘Los Detectives Salvajes’, de Roberto Bolaño. Luego, con el cambio de milenio, nos marchamos. Pasó lo que pasó. Crisis y PP, Louis Vuitton e ingeniería punta…

Si tuvieras que resumir en pocas líneas tu trayectoria, ¿qué exposiciones, proyectos… destacarías de aquellos años?

Hablaría de la primera individual que hice. Fue en el 96, ‘La mirada estratosférica’, en el Círculo de Bellas Artes de València. Colgué piezas enormes de hasta cuatro metros que mostraban paisajes aéreos y retratos imaginarios. Poco después, en Lae.Sferazul, hice otra individual con una serie de buceadores, pinturas de gran formato y pequeños dibujos, y algunas buenas colectivas con el grupo que allí se formó. En aquellas primeras exposiciones el trabajo que presenté era sobrio, pero de corte colorista, una figuración expresionista muy matérica. Aún había mucho por hacer, pero creo que estas fueron, aunque tempranas, dos buenas primeras exposiciones.

Además de pintar, te iniciaste en el diseño gráfico y fuiste pionero en el manejo del ordenador en el ámbito artístico. Este camino profesional te llevó a instalarte en Madrid. ¿Qué supuso ese cambio en tu carrera?

Hacía carteles y decoraciones para discotecas de la ruta, dibujaba cómics y escribía cuentos y poesías, o algo parecido. Luego llegó el fin del siglo y me marché a Madrid. Fui a pasar cinco meses y me quedé trece años como freelance e iniciando proyectos, exposiciones y colaboraciones. Me fui para trabajar como director de arte de una compañía que implantaba software libre. Nada que ver con mi película, pero era ese momento y allí estaba rodeado de la muchachada de la big-bang theory generation. Niños que manejaban la red de las administraciones públicas y ya tenían perfiles online de todo, descargaban, eran piratas y hackers. Súper friqui. Nada que ver, pero tan cutting-edge que me obligó a la inmersión. Me aportó una gran variedad de habilidades técnicas y la incorporación muy temprana a internet.

Imagen de la obra ‘Fata Morgana’, de Manuel Olías. Fotografía cortesía del artista.

Además, iniciaste colaboraciones relacionadas con el vídeo y la danza contemporánea.

Sí, Madrid fue una época muy rica. Seguí pintando y dibujando al tiempo que hice incursiones en el ámbito del net art o en el de la danza contemporánea. A este respecto, presenté junto a la coreógrafa norteamericana Camille Hanson un conjunto de piezas de vídeodanza en el Teatro Pradillo de Madrid.

Y de arte en red…

Monté un colectivo de artistas, el ‘Manklared cultural kollective’, colgábamos información online en una plataforma propia cuando aún nadie lo hacía, un blog muy activo en presentaciones y colaboraciones. Esto nos dio mucha visibilidad. Muchísimas visitas de Hispanoamérica que buscaban en la capital colectivos de artistas. Fuimos de los primeros que contamos con el poder de las metatags. De esta sinergia surgieron piezas de exhibición web como ‘Arts against war’, stopmotions súper cachondas, o vídeos que se hicieron virales antes de la propagación sistemática de los memes.

En esa época te embarcaste también en varios proyectos fuera de España, cuéntanos en qué consistieron esas experiencias.

Viajé a Canadá y EE.UU. Recién caídas las Torres Gemelas aterricé en Nueva York con los bastidores y telas grandes enrolladas para hacer una muestra en un espacio híbrido (Arts & Appetizers) del barrio de Brooklyn. A Andy Deck, net artist de la ciudad con quien participé en varios de sus webrings, le resultaba completamente inverosímil, con el control que había caído sobre todo, que me hubieran dejado pasar con material susceptible de presentarse como mercadería artística. Me parece interesante porque fue ejercicio de autoproducción y autorepresentación un poco punk, pero que salió muy bien. Unos años después volví a la NY Studio Gallery en New York, donde se presentó la expo ‘Blind traces’. Exhibición producida y comisariada por Cristel Copland.

Estuve en 2007 y 2008 con un par de proyectos en San Francisco, California. Una colección de’Los dibujos a ciegas’, y “Todo disfraz está hecho de recuerdos”, un vídeo loop proyectado de forma continua durante el festival de cine experimental ATA Film & Video Festival. En 2008, en Vancuver, realizo dentro de un ciclo de exhibiciones que llamaron ‘Bilocation’, una expo junto a James Whitman, dibujante canadiense, en relación doppelgänger planetaria. Fue la primera vez que mostré dibujos murales hechos con lápiz multicolor, procedimiento que sigo utilizando.

Y al mismo tiempo, en Madrid, comienzas a exponer en Columpio…

Sí, al margen de exposiciones puntuales como la de la Galería Larra, Columpio se convirtió en el kindergarten de mis dibujos. Una galería que bajo el epígrafe ‘Dibujo contemporáneo y obra en papel’ fue pionera en España, poniendo el foco en el dibujo actual. Estupendos dibujantes y artistas con los que participé de este proyecto son, entre otros, Pepe Medina, Paula Fraile, Pedro Núñez, Sao Torpez, DAI.K.S.,Yuko Kayumi, Tamara Arroyo, Tania Tsong y Theo Firmo. También tuve oportunidad de exponer en varias individuales. El conjunto de dibujos Darger, de la serie ‘Uñas de mandarín sobre fuego espiritual’, fue proyectado y exhibido en Columpio dentro de una instalación planteada por la comisaria y galerista Susana Bañuelos. Entre 2010 y 2012 estuve muy implicado con el proyecto, desarrollando numerosos trabajos en el campo del dibujo y del libro de artista.

Imagen de la obra ‘When in China’, de Manuel Olías. Fotografía cortesía del artista.

El conocimiento de los trabajos de Henry Darger ha marcado mucho tu obra. ¿En qué sentido?

Su obra me inspiró, de hecho, la serie que llamé en su homenaje ‘Los dibujos Darger’. Henry Darger y sus Vivian Girls, aunque en la actualidad ya rescatado y bastante celebrado, es el paradigma del artista outsider. Fue una figura que se colocó al margen de su época y que realizó fuera del perímetro del mundo uno de los conjuntos de trabajo más personales de los que me he encontrado. En su proceso introduce los procedimientos de copia que tanto tienen actualmente que ver en mi propio proceso, así como la imbricación con lo narrativo –que en Henry Darger es una total inmersión–.

¿Qué otros artistas han sido referentes en tu obra?

Mi fascinación, al menos la inicial, tiene que ver con las obras de arte, no con los artistas. No me importan las modernas hagiografías, las vidas de los santos varones de la historia, sino aquello que pese a todo se trasluce en las marcas producidas en el trabajo, en el uso o desuso de su técnica. Artistas que tienen en su producción piezas que me llegaron son, por ejemplo, Léger, Vlaminck o Monet, cuando descubrí sus nenúfares en presencia. Toulouse-Lautrec, Corot, Marquet, Schiele, Grosz, Otto Dix, Kirchnner, Erich Heckel, Torres García, Dufy, Velázquez, Muñoz Degrain, El Bosco, Lucas Cranach o Joachim Patinir, con su pintura ‘El paso de la laguna Estigia’, que está en el Prado. A Picasso me lo tuve que sacar con petróleo y había acabado prefiriendo a Matisse frente a su devorador, hasta que abrí la puerta de la Twenty Century del Metropolitan para descubrir delante de mis ojitos perplejos el retrato de Gertrude Stein.

También la mirada pictórica de directores de cine como Werner Herzog, y al poeta de la imagen casi quieta, Tarkovsky, nada menos. Eduardo Arroyo es muy grande, es de un lenguaje pictórico rico y catalizador como pocos. Mavi Escamilla, nuestra artista mexica, es para mí de lo mejor que hay en pintura en València. Descubrí a Juan Uslé… y los trabajos brutales de Martin Kippenberger. David Salle al principio, pero cada vez menos. Yayoi Kusama es todo lo que este mundo merece, no es emocionante ni mucho menos, pero representa bien el estado de esquizofrenia discotequera.

Nombras a Kusama, ¿qué línea sigues hasta ella?

Yayoi Kusama pinta… pero, vamos, poco más. No la conocía hasta que la descubrí en la muestra del Reina. Por entonces yo estaba con la serie ‘Uñas de Mandarín’ y me encontré con sus apéndices invasivos. Me tuve que plegar ante su creatividad esquizofrénica, mucho más auténtica que la mía. Los sillones de pollas son aberrantes. Comuniqué con ella por Twitter. Le gustó y reenvió el tuit.

Como ves, la lista de referentes que hago es muy dispersa, pero sobre todo son clásicos que manejaron de forma personal y muy sugerente la plasticidad de la materia. La materia intelectual, emocional o física. Son muchos más. En los últimos tiempos me fijo en pintura que jamás me había interesado.

¿Qué puedes contarnos de la exposición que presentas en la galería Color Elefante?

La he llamado ‘Alumbramientos, redibujo y fata morgana”. Este título funciona como una triada propagandista y explicativa. Se refiere a aspectos concretos del trabajo. Estoy en los últimos tiempos proyectando imágenes para redibujarlas. Fotografías o fotogramas de vídeos. ‘Alumbramientos’ se refiere a esto, jugando con el término que alude al de iluminaciones. Una linterna mágica doméstica, un viaje por mis favoritos de YouTube y el juego del falso lápiz multicolor es todo lo que encierra la sugerencia. Presento dibujos murales sobre papel que son al mismo tiempo libros de artista desplegados. Papel liso, sin textura, donde la luz refracta suave hasta el siguiente pliegue. Material básico como soporte, sobre el que he trazado líneas hechas con lápices de colores, pasteles y rotuladores. Dibujos murales. Un formato grande para inducir a la inmersión al espectador dentro de la superficie del papel. El trazo es una línea de colores cambiantes que transita entre zonas de luz y sombra. Esa es la ‘fata morgana’. Una irisación del trazo como si fuera un efecto atmosférico o un fenómeno meteorológico.

Manuel Olías posa delante de la obra ‘Fata Morgana’, que forma parte de la exposición que tendrá lugar en la galería Color Elefante. Fotografía cortesía del artista.

Marisa Giménez Soler

Conexiones escénicas en Tercera Setmana

IV Festival Tercera Setmana
Diversas sedes
Castelló, Alicante y València
Del 6 al 15 de junio de 2019

El festival internacional Tercera Setmana se celebrará en Castelló, Alicante y València del 6 al 15 de junio y volverá con el compromiso de cumplir con uno de los principios que lo vio nacer: convertir a la Comunidad Valenciana en el centro de las artes escénicas durante la primera quincena del citado mes.

Una treintena de espectáculos, que se podrán ver tanto en calle como en salas y teatros, forman el grueso de la programación de esta nueva edición del certamen. Además, el festival no sólo se ciñe a la exhibición, sino que apuesta también por la coproducción y por la relación con otros programas de fomento de la creación como Graners de Creació, con un total de dos coproducciones y dos apoyos a la creación.

Un instante de la escenificación de ‘Fémina. Las mujeres mueven el mundo’, de Maracaibo Teatro, durante Tercera Setmana 2018. Fotografía cortesía del festival.

En esta edición, los talleres son una pieza clave. En los barrios valencianos de El Grao y Nazaret se realizarán dos talleres de escena social. En el barrio de El Grao tendrá lugar el taller impartido por la compañía Animasur que arrancará el día 5 de junio y culminará con el espectáculo de calle ‘Buenas noches Europa’ el día 8. Con el rigor del teatro físico y la frescura de la danza, pretende sumar a actrices y actores del barrio para provocar cercanía al espectador. La pieza pretende abrir una oportunidad al razonamiento, a enfrentarnos a lo desconocido y a los desconocidos.

Por su parte, la coreógrafa y bailarina Mey-Ling Bisogno preparará ‘Peepbox 350º. Soldados de franela’ con voluntarios del barrio de Nazaret que quieran formar parte del coro de una pieza de danza como acto de resistencia. La obra se estrenará el 15 de junio, día que clausurará la cuarta edición de Tercera Setmana.

Imagen de una de las obras que formarán parte de la programación de Tercera Setmana. Fotografía cortesía del festival.

Otro de los puntos fuertes del festival es CONEXIONES, apartado dedicado a los profesionales. Dramaturgos, directores, actores, actrices y distintos estudiosos del acontecer teatral podrán asistir al seminario impartido por Sergio Blanco, dramaturgo y director teatral franco-uruguayo que ha pasado por los principales festivales de todo el mundo. ‘La autoficción: decirse en escena’ es un taller coordinado y articulado por este gurú de la autoficción en torno a los múltiples desafíos, riesgos y problemáticas que dicho tema de decirse en escena supone y propone en las artes escénicas. Se desarrollará en tres jornadas de 5 horas en la sede de la SGAE (Blanquerías 6, València).


Diferentes localizaciones urbanas para el desarrollo de las piezas de Artes de Calle serán grandes protagonistas de la programación del festival, pero también salas y teatros de Alicante, Castelló y València serán sedes de la semana grande de las artes escénicas en nuestra Comunidad: Teatre Arniches de Alicante; el Refugi Antiaeri, Teatre del Raval y Teatre Principal en Castelló; y SGAE, Teatre Principal, Centre del Carme de Cultura Contemporània, Sala OFF, La Mutant y el Palau de la Música en València.

Tercera Setmana es una iniciativa de AVETID, con la colaboración de la Generalitat Valenciana, Institut Valencià de Cultura (IVC), Turisme Comunitat Valencina, Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, Centre del Carme Cultura Contemporània (CCCC), IVACE, IVAJ, Ajuntament de València, La Mutant, Palau de la Música, Diputació de València, Ajuntament de Castelló, Ayuntamiento de Alicante, Fundación SGAE, RENFE, ADIF, EMT y Metrovalencia.

Imagen de una de las obras que formarán parte de la programación de Tercera Setmana. Fotografía cortesía del festival.

MAKMA

Librería Ramón Llull, literaria y primaveral

Primavera Literaria
Librería Ramón Llull
Coronas 5, Valéncia
Del 23 de abril al 24 de mayo de 2019

El mes de abril es el mes librero por excelencia, con aluvión de novedades editoriales y eventos en torno a ese objeto esencial en la transmisión de la cultura y del saber que es el libro. Además de la Fira del Llibre de Viveros, que arranca el 25 de abril y que en esta edición se ha librado de la maldición de las lluvias, Valéncia acoge un festival de las buenas letras que se celebra en la librería Ramón Llull del 23 de abril al 24 de mayo de 2019.

Por segundo año consecutivo, Almudena Amador y Paco Benedito, propietarios de esta librería que desarrolla una intensa actividad cultural anual, han programado un sustancioso menú literario cocinado por una treintena de chefs condecorados con muchas estrellas que, además de literatura, incluye una dosis de arte: la obra de la arista valenciana Carmen Calvo, que aporta cinco de sus creaciones expuestas en la librería a lo largo de esta primavera-verano y que es, también, autora de un par de carteles diseñados para esta Primavera Literaria 2019, que se celebra bajo el lema ‘Leer en defensa propia’.

Cartel de Primavera Literaria, realizado por la artista Carmen Calvo.

El festival arranca el Día del Libro, 23 de abril con una fiesta a la que acudirá un puñado de autores y autoras, la mayoría valencianos, que han estado presentes en la Ramón Llull durante el último año.

A lo largo de las próximas semanas se darán cita autores de la talla de Ray Loriga, Juan José Millás, Juan Cruz, Isabel Burdiel, Clara Janés, Pablo Gutiérrez, Raúl Carlos Maícas, Miguel Ángel Hernández y Raquel Lanseros. Mesas redondas, clubs de lectura, presentaciones de novedades, conversaciones, vermuts literarios o recitales de poesía, entre otros eventos en torno a los libros.

El 26 de abril, Clara Obligado conversará sobre su último libro, ‘La biblioteca de agua’. ¿Cómo se construye una ciudad? ¿Se puede leer en ella como si fuera una biblioteca? ¿Es escribir una forma de descifrar las capas de la memoria? ¿Qué indicios esconde el paso del tiempo? Obligado propone un paseo, una ordenación temporal y espacial, un viaje de ida y vuelta, en el que asistimos al nacimiento y transformación de una gran ciudad que fue levantada sobre el agua. Clara Obligado nació en Buenos Aires, exiliada política de la dictadura militar, vive en España desde 1976.

El 4 de mayo se pondrá sobre la mesa ‘El globo rojo. Una antolgía de la locura’, de Leopoldo María Panero. El día 14, ‘La vida a ratos’, de J.J. Millás, una novela en la que el lector es tan protagonista como el narrador, porque descubre en secreto un relato que, en la ficción, no ha sido creado para ser conocido por nadie más que aquel que lo escribe. Es el diario de más de tres años de vida de un personaje, curiosamente también llamado Juan José Millás, que se muestra tan libre, neurótico, divertido, irónico e hipocondriaco como solo nos mostramos cuando nadie nos ve.

Cartel con la nómina de autores que conforman la programación de Primavera Literaria, de la Librería Ramón Llull.

El 19 le toca el turno a ‘Autobiografía de Marilyn Monroe’, de Rafael Reig, publicada por Tusquets por primera vez en 1992 y revisada 27 años después de su primera edición. Una novela conmovedora que no ha perdido ni un ápice de frescura. Como colofón, el día 24 de mayo Ray Loriga glosará su último título, ‘Sábado, domingo’. En la primera parte, un adolescente relata un suceso escabroso del verano anterior, un funesto sábado que el narrador se niega a recordar. Pero después de cada sábado, viene un domingo. Veinticinco años después, ese adolescente, que ya es un hombre con muchas malas decisiones a cuestas, no tendrá más remedio que aceptar que, finalmente es domingo, el día que nos obliga a enfrentarnos a nuestro pasado.

Habrá también una serie de conversaciones, clubs de lectura y encuentros temáticos. Sobre los clásicos de Pre-Textos, un diálogo entre Fernando Delgado y Juan Cruz en torno al libro de este último, ‘Primeras personas’, una memoria personal y apasionante del mundo cultural de las últimas décadas en la que aparecen una nutrida nómina de artistas y afines: Günter Grass, Patti Smith, José Saramago, Dulce Chacón, José Manuel Caballero Bona Id, J. K. Rowling, Carlos Fuentes, Carmen Balcells, Mario Vargas Llosa, Leonard Cohen, Gabriel García Márquez, lngmar Bergman, etcétera. La literatura, la música, el cine y el arte emanados de este libro rompen las fronteras y atraviesan décadas para ofrecernos un relato evocador y brillante sobre el mundo cultural de los últimos cincuenta años.

También habrá una velada dedicada a Emilia Pardo Bazán, a través de los libros sobre la escritora gallega de Isabel Baudiel y Cistina Patiño. La poesía y el IVAM son otros de los temas programados dentro de este festival literario y artístico que celebra en plena primavera el placer de leer.

Detalle del escaparate de la Librería Ramón Llull. Fotografía: Natalia Figueroa.

Bel Carrasco

El IVAM presenta su tienda online con 400 volúmenes

Botiga IVAM
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
Guillem de Castro 118, Valéncia

Desde el 19 de abril de 2019 todas las publicaciones del IVAM están al alcance de un clic en la web de la institución (botiga.ivam.es), una iniciativa que el Instituto Valenciano de Arte Moderno ha querido hacer coincidir con las celebraciones en torno al Día Internacional del Libro.

Se trata de una web de visita obligada para los amantes de las publicaciones de arte, donde se han puesto a la venta más de 400 volúmenes editados a lo largo de los 30 años de vida del IVAM y en ella se pueden encontrar obras descatalogadas y auténticas joyas bibliográficas difíciles de reeditar. Entre las obras expuestas se halla el catálogo de Alfaro publicado en 1991 o la última publicación del IVAM, el catálogo de la exposición ‘Tiempos Convulsos’, que se puede visitar hasta abril de 2020.

Hay publicaciones para todos los bolsillos: desde ofertas por menos de 3 euros, como ‘Ramon Dachs. Escritura geométrica, escritura fractal’ o ‘José Mª Báez’, hasta la obra de Julio González recogida en el catálogo razonado que asciende a 260 euros.

Portada de la web Botiga IVAM.

En la web se puede efectuar la compra, como es habitual, con tarjeta bancaria y se envía a cualquier lugar del mundo con el objeto de que estas ediciones estén al alcance de cualquier particular o institución, independientemente de su localización.

Desde su creación en 1989, el IVAM cuenta con un servicio de publicaciones que, cosa muy poco habitual en los museos, se encarga de todo el proceso de producción de los materiales que generan las exposiciones y las actividades de la institución: desde la creación, el diseño y la producción hasta su comercialización, control de distribución y almacenaje.
Coincidiendo con el lanzamiento de la web de la tienda online, accesible en valenciano, castellano e inglés, el IVAM estará presente en la Fira del Llibre de Valéncia, donde expondrá sus fondos.

En la feria se podrán adquirir también obras muy demandas, tales como ‘A Contratiempo, medio siglo de artistas valencianas 1929-1980’, publicación que recoge textos de José Miguel G. Cortés, Isabel Tejeda y María Jesús Folch, entre otros, editado el año pasado y que reúne obras de artistas como Amparo Segarra, Jacinta Gil, Juana Francés, Ana Peters, Monika Buch, Isabel Oliver, Ángela García Codoñer, Cristina Grau, Victoria Civera, Soledad Sevilla o Cecilia Bartolomé. Otro ejemplo sería el catálogo de Joan Miró, ‘Orden y desorden’, uno de los referentes de las primeras vanguardias del siglo XX.

Catálogos del IVAM. Imagen cortesía del museo.

Nuevas vías de aproximación a Julio González

Materia, espacio y tiempo. Julio González y las vanguardias
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 17 de enero de 2021

“No acabamos de entender su importancia”, se apresuró a decir José Miguel Cortés, director del IVAM, con respecto a la obra de Julio González. Y añadió después: “No valoramos lo que tenemos en casa; la importancia de su escultura”. Para poner en valor su obra, el museo presenta la exposición Materia, espacio y tiempo. Julio González y las vanguardias, en lo que supone “una vuelta de tuerca más” (Cortés) al trabajo de un creador sobre el que pivota buena parte de la colección del instituto valenciano.

“Julio González vivió y murió prácticamente en la miseria, retrasándose de manera especial en su caso el análisis de su aportación trascendental a la escultura artística de vanguardia”, dijo hace 35 años el crítico de arte Francisco Calvo Serraller. El IVAM, que celebra su 30 aniversario, se hace cargo de ese análisis con el fin de ir restañando una herida que, en el caso del escultor, permanece todavía abierta, al igual que una producción que sigue por descubrir. “Nos sigue sorprendiendo la capacidad de misterio de su obra”, destacó Josep Salvador, comisario de la muestra junto a Irene Bonilla y Sergio Rubira.

Obras de Julio González en el IVAM.

Obras de Julio González en el IVAM.

Como avanzó el propio Calvo Serraller, “la huella fecunda de Julio González ha sido efectivamente decisiva en las últimas décadas y todo parece indicar que seguirá aún operativa por mucho tiempo”. De ese hilo tiran los comisarios a la hora de reunir más de 200 piezas de la colección del IVAM, que sitúa la obra del escultor “en la encrucijada de una época de cambios y tensiones que tuvieron en el arte un espacio para la investigación y la reflexión”. En esa primera mitad del convulso siglo XX, González fue realizando su dilatada producción, que el museo pone en diálogo junto a la de artistas coetáneos como Picasso, Gargallo, Miró, Torres-García, Brancusi, David Smith, Kurt Switters, Jean Arp, Alexander Calder o Jean Hélion.

La exposición, que Cortés calificó de “magnífica” y de “muy bonita, porque amplía los sentidos”, ocupa cinco salas, mostrando algunas piezas inéditas, como Los vencedores de Brihuega de Arturo Ballester, y material documental cuya mayoría tampoco se había expuesto nunca. Maestro del hierro forjado y de la sutileza a la hora de mostrarlo, hasta el punto de ser calificado su estilo con la idea de “dibujar en el espacio”, según explican los comisarios, Julio González fue pasando de la figuración a la abstracción, tal y como se recoge en la muestra de forma “más o menos cronológica”, señaló Bonilla.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Rubira puso el acento precisamente en la “tensión entre abstracción y figuración” que atraviesa su trabajo, resaltando el carácter figurativo: “Nunca quiso abandonar la representación”. La contraposición entre la Montserrat que presentó en el pabellón republicano de la Exposición Universal de París de 1937, “aterrorizada” y “encarnación del sufrimiento por los totalitarismos”, y la más abstracta Mujer ante el espejo, condensa la tensión aludida por Rubira, para quien Julio González “incorpora diferentes lenguajes para crear el suyo propio”.

Es precisamente este carácter híbrido y ajeno a la rigurosa etiqueta, el que quizás haya dificultado la valoración y difusión de su trabajo. “Recorre todas las vanguardias de un modo muy personal”, apuntó Rubira. “Queríamos evidenciar la imposibilidad de clasificar la obra de González, porque no es surrealista pero se habló de un trabajo surrealizante, no es cubista pero tiene trabajos cubistas y no es novecentistapero hay obra de novecentismo”, agregó el comisario. En este mismo sentido se expresó Cortés: “Su riqueza consiste en que es un artista que plantea lenguajes distintos. Representa esa personalidad fuerte que sobrepasa las etiquetas”.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

“En sus textos habla del concepto de unir materia y espacio, como el cuerpo y el alma. Siempre en esa dualidad se mueve un poco la obra de González, entre la luz y la sombra”, explicó Salvador, para quien el espacio juega un papel activo, al tiempo que la ausencia de materia genera “una capacidad de empatía”. Inclasificable e inabarcable, el IVAM sigue profundizando en el trabajo del escultor, para dar fe de lo que todavía queda por descubrir en su obra.

Ampliación de su trabajo que aparece ligada a esa otra ampliación del propio museo, a la que se refirió Cortés, requerido por las declaraciones del presidente de la Generalitat, Ximo Puig, a Valencia Plaza, donde afirmó que se trataba de algo “irrenunciable”. “Si dice que la ampliación es irrenunciable me alegro sobremanera, porque para este director lo es”. Y con respecto a la posibilidad de crear otra subsede en Castellón, siguiendo el ejemplo de la de Alcoi, también le pareció una excelente noticia. “Ojalá no sea un proyecto solo del presidente, sino que sea de toda la sociedad valenciana, porque es algo muy positivo para la Comunitat que las instituciones culturales se amplíen y tengan mayores recursos”.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Salva Torres

El paisaje y la luz del norte de Leo Wellmar

Land, de Leo Wellmar
My Name´s Lolita Art
C / Almadén, 12. Madrid
Inauguración: jueves 25 de abril de 2019, a las 20.00h

Hablar del movimiento romántico en el paisaje, es hablar de emociones y estados de ánimo. Exaltaciones contenidas en el atelier, donde el artista desataba toda su imaginación a la luz de las velas y alejado de la naturaleza.

El paisaje como excusa para provocar emociones y, sobre todo, para adentrarse en el estudio del color y de la luz, es lo que ha llevado a la pintora Leo Wellmar (Estocolmo, 1965) a realizar esta serie de trabajos, manteniendo como inspiración el paisaje y la luz del norte.

Leo Wellmar es consciente de la constante presencia de la naturaleza y de la importancia del paisaje en su vida. La propia artista habla de los “fuertes contrastes  de ambientes y gamas cromáticas en cada estación… una auténtica explosión de matices y de elementos y, desde mi punto de vista, un paraíso como medio de expresión”.

El paisaje es el escenario perfecto para un paseo emocional (concepto romántico), donde las sensaciones adquiridas toman fuerza a través de su propia luz, sin límites visibles entre la realidad y la ficción. En este punto puede haber un coqueteo científico – impresionista, el cual es evitado por la propia artista al hablar de su trabajo como “paisajes imaginarios e ilocalizables”.

En definitiva, el proyecto que presenta Leo Wellmar para la exposición, estaría vinculado a un proceso emocional y conceptual. El paisaje como punto de partida para lograr conceptos utópicos. Una simbiosis entre el “significante y el significado”, con el fin utópico de conseguir el concepto universal de la imagen.

Su obra es, en definitiva, el argumento perfecto para profundizar en el campo conceptual de los estados lumínicos. Variaciones  conceptuales, imaginarias, de paisajes inalcanzables, que se precipitan en figuraciones formales y reconocibles.

Red Trees, de Leo Wellmar en la exposición 'Land'. Imagen cortesía de My Name's Lolita.

Red Trees, de Leo Wellmar, en la exposición ‘Land’. Imagen cortesía de My Name’s Lolita.