El instante decisivo de McKnight

Customs & Traditions. Instantes de los 70
Robert McNight
Librería Railowsky
C/ Grabador Esteve 34, Valencia
Hasta el 31 de agosto de 2016

Volvemos a viajar en el tiempo al entrar en la librería Railowsky para adentrarnos en el Gales de los años 70 con las fotografías de Robert McKnight. Nos recuerda el dueño de la librería que Railowsky tiene la ventaja de ser un espacio expositivo libre y que por ello se apuesta por dar a conocer, sobre todo, a artistas relacionados con la fotografía histórica.

Así es que Robert McKnight galo de nacimiento comienza, a mediados de los 70, a utilizar la fotografía para documentar la vida en su entorno rural británico. Cuenta en la presentación de la exposición que descubrió la fotografía por casualidad, o mejor, por curiosidad, ya que cuando estudiaba radiografía descubrió las posibilidades de la cámara oscura y se enamoró irremediablemente de la fotografía. A partir de ahí, comienza una serie de viajes que le llevaron a residir en nuestro país.

La exposición se desliza a través de 40 fotografías realizadas entre 1975 y 1979, donde se muestran auténticos instantes que parecen irrepetibles. De ahí viene la acertada comparativa con el “instante decisivo” de Cartier Bresson, pues McKnight afirma sentirse “como un cazador” cámara en mano. Trata de pasar desapercibido y de ser rápido para así “captar una imagen que habla por si sola”. La representación de bodas, fiestas populares, desfiles, paisajes rurales y vida cotidiana en general a través de breves momentos, nos permiten introducirnos en la sociedad rural de la época.

Vista general de las fotografías de Robert McNight. Fotografía: María Ramis.

Vista general de las fotografías de Robert McNight. Fotografía: María Ramis.

En cuanto a la realización de las fotografías a modo anecdótico nos retrata el artista que “tenía que hace autostop para ir de pueblo en pueblo” y poder realizar sus fotografías, por lo que “no tenía una cámara cara” aunque en ello no desmerezca la calidad de las mismas. Todas ellas en blanco y negro, son copias de época, es decir, copias realizadas en los años 70 con lo que aumentan su valor considerablemente. Con una conservación perfecta, dice Robert McKnight que el truco para que duren tanto es lavarlas bien.

Es precisamente otra de las características de todas las fotografías el tono humorístico británico, ese que se desprende del propio fotógrafo sin siquiera quererlo. Dejó la fotografía en los 80 y hace solo 6 meses se compró una nueva cámara digital con la que ha estado recorriendo la ciudad de Valencia. Estas imágenes, proyectadas durante la inauguración, repiten los motivos de las captadas en los años 70: bodas, urbanismo y sociedad. Esta vez la disposición geográfica más al sur hace que aparezca la luz en contraste con la niebla vista en trabajos anteriores. El elaborado trabajo sobre la luz impide creer que la imagen haya surgido de un disparo rápido pero la expresión y la postura de las personas indican lo contrario. Denota una clara tendencia a fotografiar las fiestas populares y religiosas, como si, al mismo tiempo que la sociedad se reúne para salir a la calle, McKnight saliera con otra intención diferenciada, la de captar el instante, la expresión y la mirada.

Con influencias como la de Bresson, la de Tony Ray Jones, también fotógrafo inglés centrado en retratar las rarezas del pueblo británico, o la primera época Martin Parr, no es de extrañar la fuerza de las fotografías de McKnight. Por esta calidad y sobre todo por manera de transmitir la pasión de la fotografía, esperamos que, habiendo retomado recientemente la fotografía, Robert McKnight vuelva a ofrecernos alguna sorpresa inesperada, algún instante desapercibido para el ojo pero inmortalizado por su cámara.

Brecon. 1978. Robert McKnight. Imagen cortesía librería Railowsky.

Brecon. 1978. Robert McKnight. Imagen cortesía librería Railowsky.

María Ramis

Port(A)Valencia, del mar a la ciudad

Port(A)Valencia, por estudiantes de la Escuela de Arquitectura y Politécnica
Universidad Europea de Valencia
Mercado de Tapinería
C / Tapinería, 15. Valencia
Hasta el domingo 10 de julio de 2016

La Escuela de Arquitectura y Politécnica de la Universidad Europea de Valencia ha inaugurado la exposición Port(A)Valencia en las instalaciones del Mercado de Tapinería, en Valencia. Dicha exposición se ha realizado en colaboración con la Fundación Valenciaport.

Port(A)Valencia es la visualización final de los trabajos desarrollados durante el curso de 2015-2016 por diferentes talleres de proyectos de la Escuela de Arquitectura y Politécnica de la Universidad Europea de Valencia dentro del marco del Proyecto Integrador 2016. Los estudiantes han realizado propuestas arquitectónicas y urbanas para distintos ámbitos de investigación, abiertos gracias a la colaboración entre la Fundación Valenciaport  y la Escuela de Arquitectura y Politécnica de la Universidad Europea de Valencia.

A la inauguración asistió el rector de la Universidad Europea de Valencia, Juan Morote, así como el director de la Fundación Valenciaport, Vicente del Río, quien destacó “la creatividad y las brillantes ideas” aportadas por los estudiantes que han realizado los diferentes proyectos, puesto que “se trata de un reto conseguir la integración del puerto a la ciudad”, según señaló el director de la Fundación Valenciaport.

Por su parte, la directora Académica de la Escuela de Arquitectura y Politécnica de la Universidad Europea de Valencia, Esther González, puso en valor el hecho de que los estudiantes han tenido el privilegio de disponer de un “escenario de aprendizaje al que incorporar experiencias reales”, lo que significa un valor añadido a su etapa de formativa.

Además, al disponer de una formación personalizada, en grupos reducidos y basada en experiencias y modelos prácticos, los estudiantes están “mejor preparados para afrontar los retos multidisciplinares a los que se ha de enfrentar el arquitecto del siglo XXI”, resaltó González. La exposición permanecerá abierta en el Mercado de Tapinería hasta el domingo 10 de julio.

Exposición Port(A)Valencia. Imagen cortesía de la Universidad Europea de Valencia.

Exposición Port(A)Valencia. Imagen cortesía de la Universidad Europea de Valencia.

La calle se mete en la galería Luis Adelantado

Brea Flúor, de Carlos Maciá y Juan López
Galería Luis Adelantado
C / Bonaire, 6. Valencia
Inauguración: jueves 21 de enero, a las 20.00h
Hasta el 1 de abril de 2016

La galería Luis Adelantado Valencia presenta, por primera en esta ciudad, las exposiciones individuales de los artistas Juan López y Carlos Maciá bajo el título Brea Flúor. Un único título que enmarca deliberadamente ambas propuestas creadas específicamente para el espacio de la galería y que es consecuencia de un montaje que confronta los dos trabajos.

En ambos casos los artistas presentan sendas intervenciones espaciales que ponen el acento sobre ciertas singularidades del contexto urbano, traído contra la arquitectura de la propia galería. Juan López en esta ocasión prepara una intervención específica para la sala uno de la galería, donde lo urbano pasa a formar parte del interior del espacio expositivo.

Interesado en los trazos que delimitan y acotan los espacios de circulación en la ciudad, propone una deconstrucción de lo real para así crear nuevos puntos de vista sobre lo establecido. Este trabajo in situ se complementará con una serie de collages y elementos escultóricos en la sala cuatro de la galería, que funcionan como bocetos de intervenciones imposibles, o quizá no tanto.

Obra de Carlos Macíà en la exposición 'Bea Flúor'. Imagen cortesía de Galería Luis Adelantado.

Obra de Carlos Maciá en la exposición ‘Bea Flúor’. Imagen cortesía de Galería Luis Adelantado.

Carlos Maciá presenta tres intervenciones. Una primera que nos remite a su reciente aproximación a la Pichaçao. Manifestación original de la ciudad brasileña de Sao Paulo en donde el artista descubre esta drástica fagocitación del espacio urbano y que aquí acomoda para la sala dos.

Para la siguiente sala, propone un conjunto de piezas pertenecientes a su serie Markers que funcionan y se articulan a modo de una única gran pieza, consecuencia de la asociación que se produce entre ellas en su propio espacio de trabajo. Y por último realiza una intervención pictórica mínima sobre toda la barandilla que recorre las escaleras del edificio, acompañándonos y generando así un nexo de unión entre las diferentes propuestas.

Obra de Juan López. Imagen cortesía de Galería Luis Adelantado.

Obra de Juan López en la exposición ‘Bea Flúor’. Imagen cortesía de Galería Luis Adelantado.

 

Huella de la piqueta

La Valencia desaparecida, de Ángel Martínez y Andrés Giménez
Editorial Temporae

Ángel Martínez y Andrés Giménez, Martínez & Giménez, forman un tándem peculiar. Con una diferencia de 17 años y distintas procedencias, comparten una afición común, la de arqueólogos urbanos, que les ha llevado estos últimos años a acopiar numerosa e interesante información sobre la evolución de la fachada de Valencia a lo largo de las últimas décadas. Buceando en los archivos y paseando por las calles, establecen comparativas visuales entre lo que hubo y lo que hay desde el punto de vista arquitectónico y urbanístico. Así, cual implacables notarios dan fe de una historia de derrumbe y destrucción que ha arrasado gran parte del patrimonio histórico casi siempre en aras de intereses privados.

Primero fue el blog La Valencia desaparecida, nacido en abril de 2011, y tres años después un primer libro al que se acaba de sumar, dos años más tarde,  la continuación de La Valencia desaparecida editada también por Temporae. En ella se incluyen 106  fotos antiguas y otras tantas actuales que permiten establecer una comparación entre los que hubo y lo que hay.  “En todas las comparativas ha desaparecido algo, o un edificio o todo el espacio visual”, señalan los autores.

Calle Amalio Gimeno y el Gran Teatro, 1923. Imagen cortesía de los autores.

Calle Amalio Gimeno y el Gran Teatro, 1923. Imagen cortesía de los autores.

Calle Amalio Gimeno y el Gran Teatro, 2015. Imagen cortesía de los autores.

Calle Amalio Gimeno y el Gran Teatro, 2015. Imagen cortesía de los autores.

¿Con esta segunda entrega ya está agotado el tema?

El tema es inagotable por definición. Existen grandes posibilidades de que se convierta en una trilogía. Material hay de sobra, dependerá en gran medida de si la segunda parte tiene tan buena acogida cono lo tuvo la primera. Ganas y energía no nos faltan.

¿Cuáles son las desapariciones más ‘desafortunadas’ que han reseñado en esta segunda entrega?

Es algo opinable y muy subjetivo. Podríamos citar la desaparición del antiguo edificio del Club Náutico de Javier Goerlich, del Palacio de Nieulant en lo que hoy es la calle del Marqués de Dos Aguas, de el Gran Teatro (posteriormente cine Rex), de la casa Palacio Oroval en la calle de Colón con Sorní, del Portal Nou en la plaza del mismo nombre, o de muchas e históricas masías, alquerías y barracas…

¿Cuáles fueron los años de mayor intensidad destructiva? ¿Izquierda y derecha comparten el amor a la piqueta?

Los años del desarrollismo urbano, principalmente en las décadas de los  60 y 70, quizás fueran los peores, aunque en Valencia no se ha dejado pasar una década sin dañar el Patrimonio Urbano. Históricamente, la llamada derecha ha estado en el poder la mayoría absoluta del tiempo, por lo que poco comparativa puede hacerse. En todo caso es una cruz que nos tememos vaya incluso más allá de opciones políticas, aunque ello no quita que ese afán destructor pueda estar más desarrollado en aquellas opciones que ven a la ciudad como el campo de batalla en donde se ejercitan los intereses económicos privados por encima de los intereses del conjunto de la ciudadanía.

Club Náutico, 1930. Imagen cortesía de los autores.

Club Náutico, 1930. Imagen cortesía de los autores.

Lugar del Club Náutico, en 2015. Imagen cortesía de los autores.

Lugar del Club Náutico, en 2015. Imagen cortesía de los autores.

¿Existe hoy día un adecuado nivel de protección del patrimonio y de la memoria colectiva?

Empieza a desarrollarse y a aumentar aunque todavía estamos muy lejos de los niveles de protección y concienciación que se dan, no sólo en gran parte de otras grandes ciudades europeas, sino incluso en muchas españolas. Debería constituir un reto para los actuales nuevos gobernantes de nuestra ciudad.

¿Cómo contribuyen sus libros y el foro Remember Valencia a valorar lo nuestro?

Quisiéramos poner nuestro granito de arena en ese aspecto aunque nos tememos que ese granito es demasiado pequeño. En nuestro primer libro intentamos poner en valor algunos espacios de Valencia que hoy, apenas un par de años después han desaparecido. Un ejemplo es el bajo situado en el número 19 de la calle de la Paz. Se trata de un local cuyos propietarios recuperaron el nombre de histórico, Café Ideal Room, pero destruyendo las vidrieras y todo el interior que habían permanecido prácticamente intactos durante más de cien años.

¿Por qué que los valencianos somos tan propensos a apuntarnos a las nuevas modas y barrer con el pasado?

Los valencianos somos amantes de lo moderno y tendemos a despreciar lo antiguo, de hecho algunas de nuestras tradiciones y fiestas son herederas de ese afán. Quizás esa bonita costumbre de quemar lo antiguo tan propia de las noches de San José y San Juan la hemos llevado demasiado lejos y la aplicamos en nuestro día a día de forma excesiva. Como ejemplo la demolición del Ayuntamiento de la Avenida de Aragón.

Portada de 'La Valencia desaparecida 2', de Ángel Martínez y Andrés Giménez.  Editorial Temporae.

Portada de ‘La Valencia desaparecida 2′, de Ángel Martínez y Andrés Giménez. Editorial Temporae.

Bel Carrasco

El arte se cuela por las ventanas en Imprevisual

Calle de los solsticios, de José Juan Gimeno
Imprevisual Galería
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Inauguración: viernes 18 de diciembre, 2015, a las 20.30h
Hasta el 8 de febrero de 2016

El artista José Juan Gimeno toma las ventanas como motivo principal de sus exposiciones ofreciendo la visión más cotidiana de la ciudad. Imprevisual Galería acoge su último trabajo ‘La calle de los solsticios’, que se inaugura el viernes 18 de diciembre y se extiende hasta el 8 de febrero. En su ejercicio plástico presenta una mirada contemporánea e intemporal que transcurre entre lo público y lo privado.

Las ciudades sufren metamorfosis que conducen a un cambio de las funciones de la urbe. La obra del artista aborda e indaga en ese cambio holístico de la ciudad. La antropología urbana y las perspectivas del urbanismo son los elementos que le conducen a una interpretación plástica de la forma y los espacios de la metrópolis.

Detalle de una de las obras de José Juan Gimeno. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Detalle de una de las obras de José Juan Gimeno. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

El trabajo de José Juan Gimeno es una práctica de observación que le permite configurar un discurso estético-antropológico sobre la vida social, hablando de los espacios privados y arquitectónicos. Con técnica mixta (acrílico, metacrilato, serigrafía, collage…) personifica fachadas y ventanas, exponiéndolas a una reflexión sobre su propia soledad y su convivencia con el tiempo. Esas fachadas miran directamente al espectador conduciéndolo hacia su propia introspección. La ciudad es el objetivo etnográfico: la pintura, su herramienta.

Como señala el comisario de la exposición, José Angel Caballero, “las horas de sol son la medida de nuestra perspectiva, construyen nuestro horizonte de lo posible. La sombra es, en consecuencia, una expresión melancólica por aquello que se nos escapa imaginar. Da cuenta la obra de José Juan Gimeno de esa tensión perceptiva: una metáfora de ventanas con claros y opacidades, de fachadas transitadas, habla de esa contienda cotidiana que aspira a la luz”.

Obra de José Juan Gimeno. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Obra de José Juan Gimeno. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Así, continúa explicando el comisario, “el espectador se sumerge en un escenario delimitado por lo que alberga su mirada, por lo que intuye albergar. Con lo que la pintura se convierte en calle paseada, lugar de contemplación, de vivencia; en silencio, cuando la oscuridad comienza a romperse”.

“Una obra cada vez más madura que no deja de conversar con el observador, de hacerse un hueco en su retina, de darle opciones a su búsqueda. Así sus cuadros se hacen lugar, espacio de llegada del paseante que anhela reconocerse en aquello que divisa”, concluye García Caballero.

Obra de José Juan Gimeno. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

Obra de José Juan Gimeno. Imagen cortesía de Imprevisual Galería.

 

El silencio antisistema de Marcelo Fuentes

Notas urbanas. Marcelo Fuentes
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 19 de julio

Marcelo Fuentes dice que en su obra hay una “voluntad metafísica”. Preguntado acerca de si esa metafísica no es un modo de dejar de comprometerse con la realidad circundante, responde taxativo: “Mi arte es muy comprometido”. Y acto seguido se explica: “Ahora mismo, la dualidad es el sistema, y el arte [su arte] lo que debe hacer es abrir grietas en esa dualidad”. Por eso, frente a la ciudad monumental “que más o menos goza de la atención general”, Fuentes aboga por esa otra ciudad que pasa desapercibida de tanto transitarla deprisa. “Para verla, necesitamos la pausa, el sosiego, la tranquilidad, el silencio”.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas' en el Centro del Carmen.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’ en el Centro del Carmen.

Las 78 piezas que el Centro del  Carmen acoge en su Sala Dormitorio (espacio que ni pintado) descansan sobre esa máxima: la exploración del vacío. “La nada asusta”, subraya el artista. Y cuando dice nada se refiere a los espacios despojados de seres humanos: “La urbe como un gran escenario cuando ha descendido el telón y los actores descansan”. Aunque su obra destile una luz semejante a la de algunos cuadros de Edward Hopper, Marcelo Fuentes establece las distancias: “En Hopper siempre hay algún personaje que transmite la sensación de soledad, mientras que en mi obra esa soledad la transmite el propio espacio vacío”.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas', en el Centro del Carmen.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’, en el Centro del Carmen.

A pesar de todo, Fuentes no piensa que su obra se halle atravesada por la angustia que pudiera derivarse de esa soledad. “El espectador participa en esa realidad; la hace suya”. Como hace suyas las emociones derivadas del infinito juego de luces y sombras. “Una fachada iluminada por el crepúsculo o la pared de un acantilado” son algunos de los desencadenantes de esa emoción. “Tal vez”, precisa Fuentes, “porque los ritmos de la naturaleza son inexorables y nuestros modos de ser mundo sólo resisten en el consenso”.

Su obra está plagada de volúmenes propiciados por esa luz que martillea edificios, muros, acantilados o bancos de arena. Volúmenes que terminan por diluirse en manchas abstractas, de manera que lo sólido (la dualidad fácilmente reconocible) se vuelve poroso hasta producir esa sensación vaporosa que envuelve gran parte de su trabajo. De ahí que las ciudades reflejadas se refieran sin duda a Valencia, pero también a Nueva York (“sobre todo”), Berlín, Roma o Estocolmo. Ciudades distantes y distintas que, sin embargo, terminan hermanadas por ese vacío que todo lo llena en la producción de Marcelo Fuentes.

Obras de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas' en el Centro del Carmen.

Obras de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’ en el Centro del Carmen.

“Mi visión no cambia ante un paisaje natural o urbano. En cierto modo, el paisaje urbano no deja de ser una forma sofisticada de oquedad en la montaña, de cueva o de nido”. La corrupción, ajena por completo a los vaivenes de la economía, se refiere en la obra de Fuentes a lo que el paso del tiempo impone con rotundidad. “Nuestro modo de ser naturaleza, sometidos al tiempo”. Por eso las ciudades de Marcelo Fuentes conmueven: porque registran esa fragilidad de lo sólido percutido por la débil luz.

Las ‘Notas Urbanas’, tal es el título de la exposición, que ha venido tomando el artista, concentradas en los dos últimos años, son como anotaciones musicales de la urbe en perpetuo cambio lumínico. Alrededor de 15 años después de que expusiera en el IVAM su visión más racionalista de Valencia, vuelve a la carga en el Centro del Carmen con otra percepción de la ciudad más líquida. Los mismos volúmenes sometidos a una voluntad metafísica de total entrega. Y muy comprometida.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición 'Notas urbanas' en el Centro del Carmen.

Obra de Marcelo Fuentes en su exposición ‘Notas urbanas’ en el Centro del Carmen.

Salva Torres

IVAM: acogedor e inhóspito paisaje

El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM
Instituto Valenciano de Arte Moderno
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 15 de febrero, 2015

“El paisaje es antropomórfico. Por eso la belleza –o su reverso, la fealdad- es uno de los parámetros primeros de todo paisaje. Y por eso, junto a esa belleza o fealdad del paisaje, postulamos enseguida su habitabilidad o inhabitabilidad, su carácter acogedor o inhóspito”.

El paisaje del que habla Jesús González Requena en ‘El paisaje: entre la figura y el fondo’ posee los emblemas del sujeto que lo habita. No hay paisaje sin mirada que se haga cargo del espacio abierto ante sus ojos, ya sea para sentirse acogido por lo que ve o sobrecogido por aquello que hiere su visión. Todo sujeto expuesto al paisaje siente en sus carnes alguna vez ese temblor propiciado por la visión acogedora o hiriente del espacio exterior.

Fotografía de Robert Doisneau en la exposición 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Robert Doisneau en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’ ofrece un amplio muestrario de ese carácter acogedor o inhóspito de las ciudades, en tanto naturaleza domeñada por el hombre. Pero naturaleza al fin y al cabo. De ahí que sus edificios, calles, avenidas y parques, al tiempo que se doblegan al urbanismo, a su tejido arquitectónico, muestren igualmente su fuerza telúrica, aquella que sobreviene de la tensión entre sus luces y sombras.

Fotografía de Robert Frank en 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Robert Frank en ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Ana Lozano, comisaria de la exposición, ha seguido el trayecto propuesto por Italo Calvino en ‘Las ciudades invisibles’. Más o menos. De manera que las 75 imágenes de ese paisaje urbano se hallan divididas en apartados como ‘Las ciudades y los ojos’, ‘Las ciudades y la memoria’, ‘Las ciudades y el deseo’, ‘Las ciudades y los signos’ o ‘Las ciudades escondidas’, por citar algunos. Y siguiendo a Calvino, diríase que esas ciudades expuestas van desvelando sus misterios contenidos, como las líneas de una mano, “en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras [o] en las antenas de los pararrayos”.

Fotografía de Dis Berlin en 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Dis Berlin en ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Misterios que nos devuelven ese carácter antropomórfico del paisaje, en tanto conformado por líneas, rectas o curvas, transversales, objetos y figuras que dejaron huella indeleble en nuestro inconsciente. Serán por tanto bellos los paisajes que acolchen el fondo opaco del que procedemos y serán feos aquellos otros cuya visión desgarre ese tejido de signos y de imagos placenteras, para mostrar su fondo hiriente, angustioso.

Fotografía de Franco Fontana en la exposición 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Franco Fontana en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Hay signos, y muchos, en las imágenes de Carlos Cánovas, Gabrielle Basilico, Horacio Coppola, Franco Fontana o Robert Frank. Signos industriales (puentes, trenes, grandes edificios) y signos urbanísticos del trazado de sus calles, ya sea a pie de asfalto o a vista de pájaro. Los hay igualmente en Walker Evans, Kineo Kuwabara o Lee Friedlander. Pero todos esos signos, que Italo Calvino atribuye al carácter redundante de la ciudad, repitiéndose “para que algo llegue a fijarse en la mente”, no dejan de lindar con ese otro carácter de los signos conformadores de una lengua, “pero no la que crees conocer”.

Fotografía de Carlos Cánovas en la exposición 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Carlos Cánovas en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

De manera que, si bien en apartados diferentes, esas otras imágenes que apuntan hacia lo ininteligible de ese lenguaje de signos terminan confundiéndose con aquellas otras. Gilbert Fastenaekens, Francisco Gómez, Ian Wallace, Grete Stern o Manuel Esclusa movilizan esos signos urbanísticos en la dirección del misterio que la ciudad redundante en apariencia escondía. Si exceptuamos los casos de Eduardo Arroyo, Dis Berlin y George S. Zimbel (Billy Wilder y Marilyn Monroe), en los que la ciudad es sobradamente pictórica o nostálgicamente cinematográfica, ‘El paisaje urbano de la Colección de Fotografía del IVAM’ diríase toda ella penetrada por la melancolía.

Fotografía de Lee Friedlander en la exposición Colección Fotográfica del IVAM.

Fotografía de Lee Friedlander en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Salva Torres

Escario: espacios para la felicidad y la salud

La arquitectura de Antonio Escario, por Javier Domínguez
Colegio Territorial de Arquitectos de Valencia
Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla La Mancha
Biblioteca TC

La arquitectura es una de las Bellas Artes, sin embargo lo artístico brilla por su ausencia en la mayor parte de las ciudades, ruidosos monumentos a la fealdad. Hay sin embargo héroes esforzados que luchan en el bando de la belleza, como el arquitecto Antonio Escario (Albacete, 1935) que ha dejado su impronta en edificios emblemáticos como La Pagoda, el Hotel Bali de Benidorm o la Facultad de Farmacia de la Universitat de València.

Escario se define como un arquitecto de acción. “Cada vez que hay que hacer un trabajo es para dar un servicio”, decía en una entrevista. “No concibo que se hagan esculturas para vivir, sino que de la consecuencia de lo que te pide la sociedad, tienes que dar el servicio y además sacar partido formal porque va a durar muchos años. Con ese planteamiento los proyectos te salen, por lo menos, vitalistas”.

Museo Arqueológico, Enológico y de Bellas Artes de Albacete, obra de Antonio Escario. Imagen cortesía de Javier Domínguez.

Museo Arqueológico, Enológico y de Bellas Artes de Albacete, obra de Antonio Escario. Imagen cortesía de Javier Domínguez.

Obra cumbre

Con motivo del nombramiento de Escario como Mestre Valencià d’Arquitectura en 2013, máxima distinción a la trayectoria profesional que concede el Colegio de Arquitectos, el también arquitecto que fue su discípulo, Javier Domínguez, ha publicado una monografía sobre su prolífica obra que resume cinco décadas de incansable actividad.

Merecen atención especial el Museo Arqueológico de Albacete y el Oratorio de San Felipe Neri, ópera prima del arquitecto, construida en 1963, cuando tenía sólo 28 años. Domínguez  la considera  su obra más relevante, expuesta en el Pabellón de España de la Bienal de Arquitectura de Venecia 2014 como uno de los ejemplos de la arquitectura española del siglo XX.

Javier Domínguez, autor del libro 'La arquitectura de Antonio Escario'. Imagen cortesía del autor.

Javier Domínguez, autor del libro ‘La arquitectura de Antonio Escario’. Imagen cortesía del autor.

“Los Filipenses es una obra magnífica que evoca referencias, como la capilla de Notre Dame-du Haut de Ronchamp (Corbu), o The Unitariam Church de Shorewood Hills (Wright). Inspirándose en Ronchamp, Escario concibe la techumbre como analogía del barco de la salvación judeo-cristiana. La envolvente asemeja un cascarón revestido de madera que flota sobre la nave y se distancia de los muros de mampostería laterales dejando entrever una fina rendija de luz”.

Escario se mantiene fiel a su concepto arquitectónico, «la  búsqueda constante de un espacio construido al servicio de la felicidad y la salud de las personas». Domínguez resalta «sus continuos aciertos tipológicos, su mimo en la austera concreción constructiva, y su capacidad para poner en valor un elemento tan natural y sostenible como el ladrillo, en la mejor tradición de la escuela holandesa».

Antonio Escario se adelantó a su tiempo y de ahí la presencia y actualidad de muchas de sus obras como el Museo Arqueológico, Etnológico y de Bellas Artes en Albacete, la Facultad de Farmacia de la Universitat de Valéncia (Premio Nacional de Arquitectura 1992) o el Hotel Bali en Benidorm, el más alto de Europa.

Detalle de la portada del libro 'La arquitectura de Antonio Escario', de Javier Domínguez. Cortesía del autor.

Detalle de la portada del libro ‘La arquitectura de Antonio Escario’, de Javier Domínguez. Cortesía del autor.

Enseñanza y rehabilitaciones

La monografía de Domínguez analiza la particular visión de la enseñanza de la arquitectura de su maestro. Destaca su contribución a revalorizar sin excesos el hábitat, la vivienda moderna. «Espacios íntimos de la vida cotidiana que dignificó, demostrando que lo contemporáneo es perfectamente compatible con lo vernáculo».

También las rehabilitaciones de La Nau y el Rectorado, antigua Facultad de Ciencias, que Escario afronta en plena madurez y que Domínguez juzga como las mejores de su carrera. “En ellas precisa un diagnóstico exacto, tanto técnico como histórico del perfil biográfico de ambos monumentos. Formuló soluciones integradoras que asumen los atributos tipológicos, constructivos y funcionales en su totalidad», concluye Javier Domínguez.

Otras proyectos significativos de Escario son: el Hospital Siquiátrico de Albacete, el Edificio Hispania en Murcia, con Vidal y Vives (Premio a la Calidad en la Edificación 2004), la Facultad de Farmacia (Premio Nacional de Arquitectura 1992 ), el Instituto de Investigaciones y Actividades Deportivas, la Tesorería de la Seguridad Social de Sevilla, con Francisco Candel, la Oficina de Armonización del Mercado Interior –OAMI, en Alicante, el edificio Santa Margarita, el Hotel Bali de Benidorm, la Torre Ripalda (La Pagoda) o el aeropuerto de Vigo.

La Pagoda de Valencia, obra de Antonio Escario. Imagen cortesía de Javier Domínguez.

La Pagoda de Valencia, obra de Antonio Escario. Imagen cortesía de Javier Domínguez.

Bel Carrasco