Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje

Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje
Fundación Museo Salvador Victoria
Calle Hospital, 13, Rubielos de Mora, Teruel
Inauguración el 9 de abril de 2016, a las 20h.

Tanto para Joan Hernández Pijuan como para Eusebio Sempere, el paisaje siempre estuvo fuertemente unido a su trayectoria artística. Durante sus primeras etapas figurativas, el pintor barcelonés realizó obras como Paisatge d´Horta de 1950; el de Onil paisajes de palmeras y en 1949 la acuarela Paisaje, con claras influencias de Paul Klee.

En la década de los sesenta, ya dentro de la abstracción lírica, Sempere profundiza en el tema del paisaje, castellano principalmente. También hizo referencia a las tierras aragonesas, como consecuencia de sus visitas veraniegas a la población turolense de Mosqueruela, lugar de origen de Abel Martín, pintor, amigo y serigrafísta de la obra gráfica de Sempere. Paisaje Aragonés, de 1964, sería un ejemplo. Solo en 1962 llegó a realizar más de veinte paisajes. Tres años más tarde pintó Paisaje lluvioso, Paisaje de junio y Campo de mimbre, donde podemos apreciar la bella gama cromática utilizada, esos verdes de los que habló el pintor Fernando Zóbel:”Sempere consigue unos verdes saturados, húmedos, que no tienen precedente en toda la historia de la pintura”. Es la época de sus viajes a la ciudad de la Casas Colgadas, de los preparativos para la inauguración del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, y de la adquisición de una casa en la parte alta de la ciudad natal de su buen amigo Gustavo Torner. También en 1965 ingresó en la galería Juana Mordó, y para ella realizó su primera carpeta de serigrafías: Las cuatro estaciones, estampada por Abel Martín, quien llegó a realizar para el pintor cinético más de doscientas serigrafías durante toda su trayectoria artística. La carpeta, editada por Mordó, estaba acompañada por textos de Pedro Laín Entralgo.

A partir de 1966 comenzó una larga etapa en la que la geometría toma posesión de la obra, en detrimento de aspectos más líricos y poéticos, aunque con paréntesis como el de 1969 con la carpeta Cuando estuvo en Cuenca D. Luis de Góngora, donde podemos apreciar los colores del paisaje conquense. En los años setenta realizó una decena de obras de carácter paisajista, todas ellas sobre tabla, en las que predomina el formato cuadrado, dividido ópticamente en cuatro cuadrantes delimitados por las rayas finas del gouache; son composiciones con líneas de horizontes claros, colores terrosos y cálidos en la parte inferior, y claros en la superior, en las que en ocasiones aparecen formas que recuerdan el Sol, la Luna o el Arco Iris, un buen ejemplo son Paisaje amarillo (1976); Horizontes y El día, la noche, la tierra (1978); y El día y la noche (1979). También vemos las líneas del horizonte en composiciones monocromas, como en Espacio Ocre de 1977, donde nos sugiere un paisaje más geometrizado.

Hernández Pijuan, tras dejar atrás una etapa de investigación pictórica basada en la relación entre el espacio y el objeto, en la que convirtió en imagen elementos como el huevo, las tijeras, la regla o la cinta métrica, llegó al paisaje a principios de los setenta. Realizó la serie Acotacions, obras monocromas de sutiles gradaciones verdes, paisajes de la población de Folquer que el autor interiorizó y plasmó sobre la tela de manera minuciosa, con pinceladas cortas y sucesivas, llegando a provocar la sensación de la insignificancia que tiene del hombre ante la naturaleza. En alguna de las composiciones pintó en su centro una centenaria encina, la que podía ver desde su estudio a través de la pequeña ventana que daba a la Sierra de Comiols. En 1976 estampó Proyectos para un paisaje y diez aguafuertes y aguatintas para La Polígrafa, donde el color es capaz de crear una atmósfera cálida y profunda, al igual que en el aguafuerte y aguatinta Doble paisatge de 1977.

Detalle de la exposición: "Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje." 2016 Cortesía del Museo Salvador Victoria

Detalle de la exposición: “Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje.” 2016 Cortesía del Museo Salvador Victoria.

En el verano de 1980, en su estudio de la Casa Gran de Folquer, realizó dos pequeños óleos preparatorios para el gran formato Tríptic de Montargull, a los que tituló Colors per tríptic de Montargull, piezas que hacen clara referencia al paisaje de la pequeña localidad leridana del mismo nombre. Paisajes de pinceladas de óleo en tonalidades ocre, como los campos de cereales presentes en esta comarca de la Noguera, que nos hipnotizan hasta hacer difícil apartar la mirada.

Si para Sempere los primeros años de la década de los ochenta son el fin de su carrera debido a su enfermedad y fallecimiento en 1985, para Hernández Pijuan es el arranque de una nueva etapa, tal vez la más conocida por el gran público. El pintor de Folquer en los veranos de principios de los ochenta desplazó su estudio a una de las plantas inferiores de la Casa Gran, donde ya no le era posible observar el paisaje de manera directa. Desde este nuevo emplazamiento nos habló de la memoria de un paisaje sintetizado en signos. Las mallas, los caminos, la morera, el ciprés o las nubes serán sus referentes.

Con la llegada de los noventa, el pintor de silencios trabajó sobre grandes superficies y sin apenas elementos iconográficos. A partir de una masa central de óleo y esmaltes industriales, el autor esparcía la materia y la modulaba sobre la tela, dejando zonas muy densas en el centro y otras sin apenas textura, en los bordes del lienzo. La luz y la oscuridad se disputan el espacio ocupado y el vacío. Toda esta superficie es surcada por líneas que se entrecruzan a modo de malla metálica o de caminos encontrados.

Hernández Pijuan en sus últimos óleos utilizó el color blanco como fondo, y sobre éste extendió una mancha negra, rotunda y dramática, como presagio de un final próximo. En una de sus últimas reflexiones escribió: “podría decir también que se trata de convertir el paisaje en algo que uno mira“.

“La misericordia es ayudarnos, y el arte es importante para ello”

Entrevista con Alejandro Mañas

Alejandro Mañas (Castellón, 1985) es un artista visual e investigador interesado en la mística y la espiritualidad en el arte contemporáneo. En su obra plantea, fundamentalmente, la creación de espacios para el cultivo de la interioridad y la búsqueda de conocimiento en la sociedad actual.
Dentro de unas semanas, Alejandro Mañas inaugurará junto a Pepe Beas, ART AL QUADRAT, Marie P. Guinnot y Carles Santos la exposición “Donde germinan los silencios”, comisariada por Irene Ballester y promovida por el Gobierno de Aragón, la galería Collblanc de Castellón y la Asociación Pozos de Caudé de Teruel. El proyecto expositivo propone “visibilizar la memoria, la verdad y la justicia”, es decir, erigir el arte frente al exterminio de la memoria histórica. Entrevistamos al artista con motivo de dicha muestra, donde presentará dos obras con una marcada voluntad de empatía.

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Telefoneo a Alejandro sin éxito. Me responde con un WhatsApp explicándome que no me puede atender, pero que me llamará cuando salga de la cárcel. ¿Cómo?, pregunto. Me comenta que colabora desde hace años con los Mercedarios, tradicionalmente los asistentes espirituales en el mundo penitenciario español. La labor voluntaria de Mañas se focaliza en acercar el arte y la plástica a los reclusos, como una vía de escape. No le interesa el motivo por el que están allí, tan sólo le importa, afirma, la persona.

Ismael Teira: Hace unos meses se publicó en Italia un libro donde el Papa Francisco habla de su idea del arte, recalcando que “el arte no debe descartar a nada ni a nadie, como la Misericordia.” ¿Crees que se puede aplicar esta máxima al mundillo del arte contemporáneo, excluyente per se?
Alejandro Mañas: No creo que el arte contemporáneo sea excluyente, si es eso a lo que te refieres, o por lo menos reduciría ese calificativo sólo a “el mercado del arte”. El arte desvela verdades, desvela aquello secreto y oculto, una búsqueda insaciable de interior, de encontrarse, de ser. Ahí es donde reside la encarnación de la belleza, la creación artística del ser humano, la espiritualidad. Esto es la búsqueda de lo sagrado. Cuando el arte trata de desvelar este misterio, la belleza se hace patente y las pasiones de la vida quedan reflejadas; por ello la belleza nos une, es donde el arte se hace universal porque comparte sentimientos que todos somos capaces de comprender. Con esta vía de creación, de búsqueda del misterio, el ser es capaz de encontrarse con el objeto, y también con Dios. La misericordia es ayudar a nuestro prójimo, y el arte juega un importante papel en ello.

IT: Dada la vocación abiertamente católica de tus obras, ¿te has sentido alguna vez rechazado?
AM: Pues sí, me lo han dejado caer más de una vez. Pero, en realidad, aunque mi obra busque en esas fuentes, estas sirven también para las demás religiones, incluso para los que no tengan ninguna religión, porque la temática que investigo nos une a todas por igual. Artistas como Oteiza, Henri Mattise o Gina Pane, por nombrar algunos, también son católicos.

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IT: En cualquier caso, la presencia de la religión católica en la Historia del arte occidental no es baladí. A la par de esto, la Iglesia jugó siempre una importante labor como promotora de grandes obras, sobre todo en Roma donde has vivido una temporada. ¿Qué fue para ti lo más importante de esa etapa?
AM: Para mi Roma es emoción, es fantasía, es fuente creativa. He estado tres veces, pero esta última fui por una beca para investigar sobre la espiritualidad y la mística, y aproveché para estudiar también los espacios sacros. Quedé enamorado de la iglesia de Santo Stefano Rotondo. Cuando la visité estaban ensayando música sacra para una boda. Yo allí sólo, la música y el espacio sacro: fue una experiencia transcendental. Recorrí también los espacios donde se rodó el multipremiado film La grande bellezza, de la que soy fan, fan. De Roma me lo quedo todo, y cuando hablo de ella parece que se me haya quedado algo allí, necesito volver… Roma es espiritual.

IT: De hecho, expondrás previsiblemente este año en una colectiva en la Ciudad del Vaticano, junto a otros artistas católicos ¿Cuáles son tus referentes artísticos?
AM: Son muchos, pero me quedo con Richard Tuttle, porque es el que me apasiona. Me encantan sus obras, y su capacidad de envolver en misterio sus piezas. Es capaz de involucrarte en ese misterio, de atraparte y conseguir enamorarte del objeto: te abre su espiritualidad y te encierra en su silencio. Rothko y su mística está presente siempre, sus cuadros son para mi puertas y ventanas que te adentran hacia el misterio, que te llevan hacia un camino de trascendencia. Y junto a él, Kapoor; sus obras son un libro abierto hacia la contemplación. José Val del Omar me llega, con su obra experimental y su mecamística, me apasiona. Y cómo no, el artista Wolfgang Laib con influencias de los místicos; o Bill Viola con su fuente predilecta que es San Juan de la Cruz.

IT: Tu trabajo e investigación artística giran en torno a la mística, un término confuso por manido. Podrías resumirnos ¿qué es para ti la mística?
AM: El tema de la mística hoy se vuelve complejo y líquido, pues es un tema subjetivo, una experiencia interior ¿Cómo definir la mística?, pues como un camino de comprensión, de entrega, de intimismo y de conocimiento, del cual se desprende un amor absoluto. La mística es experiencia.
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Fernando Novella. Del objeto al evento

Fernando Novella. Del objeto al evento.
Castillo Mora de Rubielos, Teruel
Agosto 2015

Durante todo el mes, el Castillo de Mora de Rubielos (Teruel) acoge la exposición de Fernando Novella: del objeto al evento.

Novella se define como un artista que, partiendo de las premisas de Roland Barthes en La muerte del Artista, no crea obra sino que la produce−es decir, selecciona y combina. A su vez, conecta con Schwitters y Tuttle por su predisposición hacia la utilización de materiales rechazados por la sociedad consumista actual. De su otra alma mater, Tàpies, recoge la afirmación “Amo los materiales pobres y comparto la visión metafísica que dice que las cosas grandes y ampulosas expresan menos que las pequeñas y humildes.”

Fernando Novella. Sin Título. Cortesía del artista.

Fernando Novella. Sin Título. Cortesía del artista.

A Novella, en particular, le interesa exhibir lo dramático del pasado para darlo a conocer y establece un vínculo con el drama como parte de nuestra vida diaria. También establece paralelismos entre el artista como productor de arte y arqueólogo que recopila los restos de un yacimiento -ahora llamado sociedad de consumo- para construir la arqueología de nuestros tiempos.

Fernando Novella. Sin Título. Cortesía del artista.

Fernando Novella. Sin Título. Cortesía del artista.

La exposición muestra los objetos que demanda la sociedad de consumo, de todas clases: atractivos, funcionales, banales… A pesar de sus diferencias formales, Novella explota su gran potencial plástico y busca establecer fuertes vínculos con la cultura material de la que son fruto en una época en la que la obsolescencia y un estilo de vida acelerado impiden el disfrute de la posesión material.

“La guerra civil aún interesa a los jóvenes”

Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal
Editorial Mandor

Una locomotora, un grupo de maquis, una pareja de guardias civiles y el jefe de una estación. Son los distintos puntos de vista desde los que José Antonio Vidal Castaño urde un relato de corte cinematográfico, escrito “como si llevara la cámara al hombro en vez de un lápiz en la mano”, inspirado en un hecho real ocurrido en Teruel, en 1946. El asalto y robo a un tren en la estación de Caudé llevado a cabo por los maquis de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA) que consiguieron un importante botín, 750.000 pesetas de la época.

Cubierta del libro Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal Castaño. Editorial Mandor.

Cubierta del libro Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal Castaño. Editorial Mandor.

Asalto al tren pagador es el primero de una colección de doce relatos, publicados por  Mandor con ese título, elegido por el autor para encabezarlos, “porque las historias relacionadas con trenes tienen un halo entre romántico y aventurero”. Su hilo conductor es la guerra civil española, inagotable filón que ha inspirado no ríos sino océanos de tinta. “La guerra civil ya no apasiona tanto como en la Transición, pero sigue despertando interés, sobre todo entre los jóvenes que la ven idealizada como una época épica”, dice Vidal Castaño.

Aventuras, batallas, sexo salvaje y desenfrenado, tiernos recuerdos de la infancia, amor, humor y muerte se entrelazan en estas historias, “la mayoría escritas en los últimos años”, dice Vidal Castaño. “Si tengo una idea que puede dar origen a un cuento, la anoto en el primer papel que tenga a mano. Hay tres relatos  publicados en mi primer libro de narraciones, Ciudad sitiada, que he recuperado para conectar pasado y presente. Componen un libro que puede leerse cuento a cuento y salteados o todo seguido como si formasen parte de una novela.  En el orden hay un contexto común, los imaginarios  de guerra y posguerra, que parecen enredar y envolver al conjunto”.

De colofón, Vidal Castaño viaja al futuro y cuenta una sorprendente noticia, fechada en abril de 2019, que reproduce una patriótica receta de sopa de ajo a la burgalesa atribuida al  mismísimo General Franco, elaborada con productos genuinamente españoles.

Imagen de la portada del libro Exiliados republicanos en Septfonds.

Imagen de la portada del libro Exiliados republicanos en Septfonds, de José Antonio Vidal Castaño.

Varios relatos están protagonizados por el inefable Oriol Ruvira i Furtamantes, inspirado en los personajes de Eduardo Mendoza. “Es una mezcla de periodista free-lance al servicio de quién le contrate y también un peculiar investigador privado, no exento de un toque de romanticismo y enajenación”, comenta Vidal Castaño. Las potentes figuras de Ernest Hemingway y Manolo Vázquez Montalbán también están representadas. “Además de ser dos grandes escritores, eran personajes polémicos, con amigos y enemigos, con personalidades poliédricas. Hemingway fue uno de los protagonistas de la guerra civil y se suicidó de manera poco usual. Vázquez fue protagonista, por sus escritos y actitud vital de la transición a la democracia en España. Ambos merecían el interés de un investigador tan peculiar como Oriol Ruvira i Furtamantes”.

Este año se publicará un nuevo ensayo histórico de Vidal Castaño, La España del maquis, 1936-1965 editado por Punto de Vista,  inicialmente en formato e-book. “Trata de ser un libro riguroso y a la vez de divulgación. Una visión panorámica de los maquis, de su mundo y de sus luchas en los más variados escenarios, desde Galicia o Cantabria hasta Levante o Andalucía, sin olvidar a los anarquistas catalanes y de otras zonas. Abordo esta temática con rigor pero sin academicismos”.

Doctor en Historia Contemporánea y licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, Vidal Castaño  ha combinado la docencia con la escritura en una doble vertiente, ensayo y ficción. Los maquis son uno de sus temas preferidos. “Fueron los resistentes contra el franquismo más silenciados y su historia se ha movido siempre entre la fantasía y la realidad en base a testimonios a veces confusos o incompletos y llenos de temor”, comenta. “El miedo y sus consecuencias en el comportamiento humano han tejido la historia de las gentes que militaron en la guerrilla o que la ayudaron, sin recibir nada a cambio. Es un terreno abonado a los actos de generosidad e incluso de heroísmo, pero también a las delaciones, emboscadas y actos de crueldad, entre los propios maquis y entre estos y sus perseguidores. Mientras que la figura del maqui era asimilada por el franquismo a la de un “bandolero”; para las fuerzas de oposición era un luchador por las libertades políticas; es decir casi un héroe de leyenda. Tal vez todo eso y la soledad e incomprensión en la que vivieron envueltos hizo de ellos una figura romántica y atractiva que me esfuerzo en encajar en personajes, paisajes y circunstancias que sin disminuir su halo romántico nos hagan ver también su lado más dolorosos y sórdido”.

Su próximo proyecto es una novela que a través de una pareja central y un perro camina desde la guerra civil hasta casi nuestros días. “Una novela que se inicia alternando escenas de amor con las de odio, celos, guerra, en la que aparecerán desde seres anónimos y corrientes hasta importantes figuras históricas, todos ellos, pasados por el tamiz de la imaginación”, concluye Vidal Castaño.

José Antonio Vidal Castaño. Imagen cortesía del autor.

José Antonio Vidal Castaño. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Roa: “Es urgente repasar el fanatismo”

El ejército de Dios
Sebastián Roa
Ediciones B

Turolense afincado hace años en Valencia, Sebastián Roa lleva esta última década sumergido en el pasado, concretamente en tiempos de la Reconquista, que describe con lujo de detalles y documentación en dos novelas: ‘La loba de al-Ándalus’ y ‘El Ejército de Dios’ (ambas en Ediciones B), recientemente aparecida. Ahora trabaja en la última parte de su trilogía sobre la invasión almohade, pues “es urgente repasar el fanatismo que ya nos asoló una vez”, opina. “Esta época me fascina porque una vez te asomas a ella, es imposible resistirte a su encanto. La Edad Media dura mil años, y está llena de matices y detalles inéditos, atractivos y muy novelescos”.

La historia arranca en el año 1174. El imperio almohade, fortalecido tras someter todo al-Ándalus, se dispone a lanzar sus poderosos ejércitos sobre los divididos reinos cristianos.  Frente al fanatismo africano, el rey Alfonso de Castilla trata de lograr un equilibrio que supere las rivalidades entre cristianos y lleve a la unión contra el enemigo común. La constante rivalidad entre los reyes de León y Castilla, auxiliados respectivamente por las influyentes familias de los Castro y los Lara, se verá tamizada por la intervención Urraca López de Haro, y por las maniobras en la sombra de la reina Leonor Plantagenet.

Una trepidante historia de 800 páginas,  minuciosamente documentada y repleta de amores, batallas, traiciones, venganzas y pasiones humanas. Roa invirtió dos años y medio en escribir este relato de largo aliento que combina la ficción con la realidad para conseguir “tramas redondas y personajes totalmente evolucionados”, dice. “La novela es sustantiva. Lo histórico es circunstancial”.

Detalle de la portada del libro 'El ejército de Dios', de Sebastián Roa.

Detalle de la portada del libro ‘El ejército de Dios’, de Sebastián Roa. Ediciones B.

¿Por qué la ha titulado El ejército de Dios? ¿Acaso entonces no eran todos ejércitos de Dios?

En realidad ni todos los contingentes eran ejércitos, ni mucho menos lo eran de Dios. En los reinos cristianos, los únicos combatientes que podemos considerar profesionales eran los miembros de las órdenes militares, que además tenían una motivación religiosa. Las mesnadas seguían al conde, barón u obispo de turno, y estos podían o no concurrir a la llamada de su rey. En cuanto a las milicias ciudadanas solían contar con privilegios -como la fonsadera- que les permitían esquivar sus obligaciones militares. Además, la bula de cruzada solo podía emitirla el papa, y no lo hacía fácilmente. En suma, a un rey ibérico del siglo XII le costaba horrores movilizar tropas y, cuando lo conseguía, el resultado no se parecía mucho a un ejército. El imperio almohade, por el contrario, contaba con varios ejércitos regulares, algo inédito en la Edad Media.  Era privilegio del califa convocar la guerra santa, y los califas almohades lo hacían siempre que afrontaban una campaña importante. Eso implicaba la unión al ejército de combatientes no regulares, como cabilas bereberes, árabes, andalusíes, voluntarios de la fe, etcétera. Auténticos ejércitos de Dios. Desde un enfoque histórico pero también por la cuenta que nos trae, deberíamos entender la diferencia entre el concepto agustiniano de ‘guerra justa’ como mal necesario y el mahometano de ‘guerra santa’ como deber religioso.

¿Qué habría pasado si los cristianos no llegan a ganar la batalla de las Navas de Tolosa?

Imposible saberlo, ya que confluían otras variables. Si nos remitimos a la historia inmediatamente anterior a 1212, podemos conjeturar con un alto riesgo de colapso cristiano. Lo que está claro es que el proceso de reconquista se habría detenido sine die. Mi novela se sitúa en un momento ‘bisagra’ de cuyas consecuencias, en cierto modo, vivimos todavía. Si hubiera ocurrido lo que en Bizancio, hoy podríamos ser una Turquía occidental.

Portada de 'El ejército de Dios', de Sebastián Roa. Ediciones B.

Portada de ‘El ejército de Dios’, de Sebastián Roa. Ediciones B.

En su novela tienen gran peso los personajes femeninos. ¿Las mujeres en esos tiempos ejercían cierto poder político?

Hay claros ejemplos. Más que a fuerza de conquista militar, las relaciones entre los reinos hispanos se sellaban con esponsales, y había damas que no se resignaban a mirar y callar. Un par de ejemplos: la larga trifulca matrimonial entre Urraca de León y Alfonso el Batallador; y el tanto monta, monta tanto entre Isabel y Fernando. Por no hablar de la reina Berenguela o de María de Molina.

¿Qué pasa por su cabeza ante las noticias de la barbarie yihadista?

Esas acciones no tienen que ver con la religión ni con el Islam. Son consecuencia de una serie de factores como la miseria, el hartazgo y la manipulación que ejercen líderes con mucho carisma. En todo caso, la barbarie yihadista que narro en mi novela fue auténtica, se saldó con múltiples decapitaciones y protagonizó una importante destrucción material, pero no procede de al-Ándalus. Nació en la cordillera africana del Atlas, cuna del movimiento almohade. Los andalusíes del siglo XII fueron tan víctimas de ese fanatismo como sus primos cristianos.

¿Cómo interpreta la existencia de la fiesta Moros y Cristianos, revisión festiva de un acontecimiento trágico y sangriento?

Por muy trágico y sangriento que nos parezca ahora un episodio histórico, nuestro deber como seres racionales es mantenerlo en la memoria. Por otra parte sería absurdo renunciar a la historia medieval por juzgarla con criterios morales del siglo XXI. Yo no pondría el punto de mira en una fiesta tan bonita como la de Alcoy, por ejemplo; preferiría acabar con otras manifestaciones lúdicas coetáneas y realmente degradantes, como las que vemos en ciertas cadenas televisivas día tras día, naranja tras limón. Y viceversa.

Algunos historiadores hablan de la convivencia pacífica entre moros, cristianos y judíos en Toledo. ¿Cree que en algún momento o lugar fue posible cierto entendimiento entre las distintas religiones? ¿Cómo imagina el futuro del Islam y su influencia en Europa?

Existió esa convivencia, tanto en el lado musulmán como en el cristiano, pero de forma fluctuante y bajo criterios de subordinación que, por otra parte, ayudaban a mantener el equilibrio. Salvando las distancias, creo que no estamos enfocando bien el encaje del Islam en Europa. Los europeos dejamos atrás hace tiempo la superstición, y hemos de ser cuidadosos con las corrientes que ahora busquen lo contrario.

Valencia cuenta con una cantera de novelistas centrados en la historia antigua.  ¿A qué cree que se debe?

El tamaño de la ciudad ayuda. Valencia es grande, con lo que hay materia prima, pero no es tan grande como para que los novelistas estemos desconectados. Interactuamos, participamos en eventos con cierta asiduidad, generamos actividad… Y luego está la existencia de centros culturales como el museo L’Iber o el extinto Bibliocafé.

Roa.

Sebastián Roa. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Contra la reducción del Grado en Bellas Artes

Conferencia de Decanos de las Facultades de Bellas Artes
Celebrada en Bilbao, el 6 de marzo, 2015

La semana pasada tuvo lugar en Bilbao una reunión de la Conferencia de Decanos de las Facultades de Bellas Artes en la que se decidió un posicionamiento de todas las Facultades frente al Decreto 3+2 (Real Decreto 43/2015, de 2 de febrero) al respecto de los títulos de Grado en Bellas Artes, Diseño y Conservación y Restauración de Bienes Culturales. En dicha reunión, se manifestó que dichos estudios de Grado deberán mantenerse en los 240 créditos ECTS actuales, si se quería garantizar unos mínimos de calidad en la formación.

El comunicado emitido tras la reunión del 6 de marzo señala exactamente que “ante la publicación del Real Decreto 43/2015, de 2 de febrero, y en relación a la posibilidad de reducir la duración de los actuales títulos de Grado en Bellas Artes, en Diseño y en Conservación y Restauración de Bienes Culturales, la Conferencia acuerda de forma unánime la solicitud de mantener esos 240 créditos ECTS”.

Vista general del campus de la Universitat Politècnica de València.

Vista general del campus de la Universitat Politècnica de València.

Tal y como se manifiesta, “dichos estudios de Grado deberán mantenerse en los 240 créditos ECTS actuales, teniendo en cuenta que, dado su carácter experimental y teórico-práctico, unido a la amplitud y heterogeneidad de sus materias fundamentales, no se podría garantizar la calidad de la formación con un desarrollo temporal más reducido”.

Participaron en la reunión representantes de las Facultades de Bellas Artes de: Altea (Universidad Miguel Hernández), Barcelona (Universidad de Barcelona), País Vasco (UPV-EHU), Cuenca (UCLM), Granada (UDR), Madrid (Universidad Complutense), Salamanca (USAL), Sevilla (US), Málaga (UMA), Murcia (UM), La Laguna (ULl), Pontevedra (UVigo), Valencia (Universitat Politècnica de València-UPV) y Teruel (UniZar).

Detalle de la fachada de la Universitat Politècnica de València.

Detalle de la fachada de la Universitat Politècnica de València.

 

Buñuel, la imposible relación sexual

Él, de Luis Buñuel
Básicos de la Filmoteca
Filmoteca de CulturArts IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Jueves 19 de febrero, a las 19.00h

Luis Buñuel dirige en 1929 con Salvador Dalí su primera película, ‘Un perro andaluz’ que, junto a ‘La edad de Oro’ (1932), representa al movimiento vanguardista surrealista. En ‘Un perro andaluz’ está recogido uno de los planos más estremecedores de la historia del cine: aquél en el que una mano de hombre corta con una navaja de afeitar un ojo femenino.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

En 1977, Luis Buñuel rueda su última película, ‘Ese oscuro objeto del deseo’. Un film que termina con otro potente primer plano de una mano de mujer zurciendo el desgarro de un encaje ensangrentado, un instante antes de que la explosión de una bomba ponga fin a la historia. “Es el último plano que yo he rodado, me conmueve (…)”, declaró Buñuel.

Fotograma de 'Ese oscuro objeto del deseo', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Ese oscuro objeto del deseo’, de Luis Buñuel.

Estos dos planos condensan y connotan la filmografía de Luis Buñuel. El primero nos remite al ‘cine-navaja’, que desgarra la mirada del espectador a través de la escritura surrealista que atraviesa la obra del realizador de Calanda. Y el segundo hilvana metafóricamente ese oscuro objeto femenino de deseo que arrebata el universo fílmico del director.

Surrealismo y pulsión

Luis Buñuel quedó fascinado con el movimiento surrealista desde que lo descubre en su primer viaje a París (1929-31). “Por primera vez en mi vida, había encontrado una moral coherente y estricta, sin una falla. Por supuesto, aquella moral surrealista, agresiva y clarividente solía ser contraria a la moral corriente, que nos parecía abominable, pues nosotros rechazábamos en bloque los valores convencionales. Nuestra moral se apoyaba en otros criterios, exaltaba la pasión, la mixtificación, el insulto, la risa malévola, la atracción de las simas”.

Si las proclamas del surrealismo en torno a esa total libertad, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, prendaron a Buñuel, su cine cautivó igualmente al líder y pensador del movimiento surrealista, André Breton: “El genio de Buñuel siempre me ha parecido que radicaba en lo que exaltado y exasperado hasta el límite tiene en él el conflicto entre el instinto sexual y el instinto de muerte”.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel.

El cine de Luis Buñuel está, de hecho, surcado por esa mirada surrealista y atravesado por cierta pulsión. Una pulsión que proviene de esa visión surrealista que está más allá de cualquier límite. Y, como señala el catedrático Jesús González Requena, un surrealismo abocado a la representación favorable “de toda manifestación pulsional, primaria, violenta y destructiva”. Representación pulsional que sólo puede conducir “a la aniquilación inevitable, en un solo y único movimiento, de la cultura, del sujeto y del deseo”. Porque la pulsión refleja la violencia que nos habita como sujetos, al no querer saber nada del límite de la represión.

Para corroborar esta idea sólo hay que leer las palabras de André Bretón y Luis Buñuel recogidas en la biografía del director, ‘Mi último suspiro’: “Decía Breton, por ejemplo, que el gesto surrealista más simple consiste en salir a la calle revólver en mano y disparar al azar a la gente. Por lo que a mí respecta, no olvido haber escrito que ‘Un chien andalou’ no era si no un llamamiento al asesinato”.  Y Buñuel agrega: “El símbolo del terrorismo, inevitable en nuestro siglo, siempre me ha atraído; pero del terrorismo total cuyo objetivo es la destrucción de toda sociedad, es decir, de toda especie humana”.

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Así pues, el cine de Luis Buñuel, influenciado por el pensamiento surrealista, como señala González Requena, “no ve en la civilización otra cosa que el sistema de mascaras hipócritas con las que se reprime y somete el deseo del individuo hasta la aniquilación total de su libertad. Y, por eso, en la medida en que hace de la liberación absoluta de su deseo su bandera, proclama su rechazo a toda restricción, a toda represión”.

Por tanto, podríamos pensar que en el cine de Luis Buñuel no hay límite a la satisfacción de los deseos de los personajes. En cambio, como comenta el propio director, la estructura de su cine conlleva “la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo. En ‘La edad de oro’, una pareja quiere unirse sin conseguirlo. En ‘Ese oscuro objeto de deseo’, se trata del deseo sexual de un hombre en trance de envejecimiento, que nunca se satisface”. A estas dos películas que cita el director podemos añadir ‘Un perro andaluz’ (1929), ‘Susana’ (1950), “Él” (1952) –la película que se presenta este jueves en Básicos de la Filmoteca- y ‘Ensayo de un crimen’ (1955).

Fotograma de 'El', de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Fotograma de ‘El’, de Luis Buñuel. Básicos de La Filmoteca.

Las palabras de Luis Buñuel reflejan una curiosa paradoja y abren una inquietante pregunta: ¿Cómo es posible que un universo narrativo cuyo sentido tutor está habitado por las premisas surrealistas de libertad total, de rechazo a cualquier norma y sistema represivo, los personajes se hallen ante la imposibilidad inexplicable de satisfacer un sencillo deseo, como que una pareja pueda consumar la relación sexual?

¿No será porque en el cine de Luis Buñuel el deseo no moviliza a los sujetos, sino la pulsión, como muy bien alabó André Breton cuando habló del genio de Buñuel?

Como subraya González Requena: “Si la represión de la pulsión es la condición de la civilización, no por ello el concepto de represión debe ser concebido como antagónico con el deseo. Por lo contrario: la represión no es lo opuesto al deseo, sino su condición; es la represión de la pulsión lo que determina la configuración del deseo, no menos que del inconsciente”.

Razón por la cual, la cámara de Luis Buñuel, que graba a nivel del inconsciente surrealista, sin represiones, ni límites, termina finalmente narrando historias donde el encuentro sexual se torna imposible.

Fotograma de la película 'Él', de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Fotograma de la película ‘Él’, de Luis Buñuel. Básicos de la Filmoteca. CulturArts IVAC.

Begoña Siles

Jorge Oteiza y el ser estético

El ser estético, Oteiza
Fundación Museo Salvador Victoria
Rubielos de Mora (Teruel)
Hasta el 28 de febrero de 2015

La muestra es una colaboración entre la Fundación Museo Jorge Oteiza de Alzuza (Navarra) y la Fundación Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora (Teruel). El primer contacto entre ambas instituciones tuvo lugar en 2010, en un curso sobre la actualidad de los museos desarrollado por la Universidad de Zaragoza en Calatayud. Posteriormente, en el transcurso de las I Jornadas de Museos de Arte Contemporáneo en el Medio Rural, organizadas por el Museo Salvador Victoria en Teruel en 2013, se fraguó la posibilidad de abordar algunas actividades conjuntas, la primera de las cuales es esta exposición que ve ahora la luz, comisariada por los directores de ambos museos: Gregorio Díaz Ereño y Diego Arribas. Es la primera vez que se exhibe en Teruel la obra de Jorge Oteiza, pionero de la escultura contemporánea de nuestro país y padre de la Escuela Vasca de Escultura.

La exposición está integrada por 37 obras: seis esculturas y 31 originales sobre papel, entre dibujos, acuarelas y collages, datadas todas ellas entre 1950 y 1958, la década más fructífera en la producción artística de Oteiza. Durante ese breve periodo, el artista vasco despliega un intenso programa escultórico que va desde la aplicación del vacío a elementos figurativos, como los apóstoles de la fachada de la basílica de Aránzazu, hasta la experimentación espacial aplicada a la desocupación del cubo y la esfera, en la estela del suprematismo de Malevich y los constructivistas rusos. Es también el periodo de su reconocimiento internacional, al recibir en 1957 el Gran Premio Internacional de Escultura de la IV Bienal de Arte de São Paulo.

El ser estético, Oteiza. Imagen cortesía del artista

El ser estético, Oteiza. Imagen cortesía del Museo Salvador Victoria

Pese a todo ello, Oteiza dará por concluida su investigación escultórica en 1959, pasando a dedicarse con la misma intensidad a otras disciplinas como la arquitectura, la poesía o la antropología y la filología vascas.

En la muestra del museo de Rubielos de Mora, podrá verse precisamente esa apasionada búsqueda de un lenguaje espacial nuevo, radicalmente distinto, que plasmó en numerosas obras sobre papel, con sus anotaciones y observaciones correspondientes, que se presentan relacionadas con cada una de las esculturas en las que acabaron tomando forma.

En la década de los 80 comenzarán los reconocimientos a su dedicación artística. En 1985 recibe la Medalla de Oro de las Bellas Artes del Ministerio de Cultura y en 1988 el Premio Príncipe de Asturias. En 1986 su obra formó parte de una muestra internacional de escultura en el Centre Georges Pompidou de París y en 1988 la Fundació Caixa de Pensions organiza una gran retrospectiva de su obra en Madrid, Bilbao y Barcelona. Ese mismo año su obra representará a España en la Bienal de Venecia junto a la de Susana Solano.

El ser estético, Oteiza. Imagen cortesía del artista

El ser estético, Oteiza. Imagen cortesía del Museo Salvador Victoria

Oteiza fue un humanista, un intelectual que escribe, talla, diseña, construye e investiga. Un conversador apasionado y vehemente que dedicó su obra y su vida a la búsqueda de nuevos espacios para el hombre, el hombre de la esperanza, como él mismo lo definía, desde una concepción espiritual y metafísica del arte. Su obra ha sido fuente de inspiración para numerosos escultores y arquitectos, entre los que contó con grandes amigos con los que desarrolló proyectos conjuntos, como Daniel Fullaondo o Sáenz de Oiza, el autor del edificio de la Fundación Museo Jorge Oteiza en Alzuza (Navarra), que alberga su obra, inaugurado en 2003, el mismo año del fallecimiento del artista.

El ser estético, Oteiza. Imagen cortesía del artista

El ser estético, Oteiza. Imagen cortesía del Museo Salvador Victoria

Buñuel, el Guernica y Gaza

Luis Buñuel
Fallecido hace 31 años
Centro Buñuel de Calanda

Aunque Buñuel falleció hace 31 años, el 29 de julio en un hospital de la ciudad de México, su obra y su pensamiento siguen estando vivos, tanto como para hacerle reflexionar al espectador que ve por primera vez sus películas. Pero Buñuel también fue un intelectual comprometido con sus ideas y con su tiempo.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel. Centro Buñuel de Calanda.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel. Centro Buñuel de Calanda.

Defensor de la legalidad que representaba la República Española colaboró en el pabellón español de la Exposición Internacional de París del año 1937, para la que Picasso pintó una de las obras más emblemáticas del siglo XX, su famoso Guernica, una obra que reflejaba la tragedia de este pueblo bombardeado brutalmente por la Legión Cóndor alemana con el beneplácito franquista, y que Picasso pintó para que nunca más se repitiera esta tragedia. Buñuel ayudó a colgarlo en París y luego, exiliado tras la guerra civil española, convivió con este cuadro durante su estancia en el MOMA de Nueva York.

En su libro de memorias, Buñuel reflexiona sobre la guerra civil, y afirma: “Lo que me digo ahora, mecido por los sueños de mi inofensivo nihilismo, es que el mayor desahogo económico y la cultura más desarrollada que se encontraban al otro lado, en el lado franquista, hubieran debido limitar el horror. Pero no fue así. Por esta razón, a solas con mi dry-martini, dudo de las ventajas del dinero y de las ventajas de la cultura”. ¿Qué diría ahora al ver cómo la población indefensa de Gaza es bombardeada durante días por el ejército del Estado de Israel con total impunidad? ¿Qué diría de los cultos europeos que ignoran esta masacre? ¿Qué pensaría de los que la justifican?

Tras 31 años de su fallecimiento, es duro constatar el retroceso moral de nuestra sociedad, la escasa talla de los líderes políticos, incapaces de defender los derechos humanos, de imponer la paz a Israel y llevar ante la justicia a los responsables de crímenes contra la humanidad.

Detalle de la obra 'Guernica', de Pablo Picasso.

Detalle de la obra ‘Guernica’, de Pablo Picasso.

Javier Espada

Sueños en torno a Luis Buñuel

22 x Don Luis: ‘Sueños’
X Edición del Festival Internacional de Cine
En homenaje a Luis Buñuel
Centro Buñuel de Calanda
C / Mayor, 48. Calanda, Teruel
Del 3 al 9 de agosto, 2014

La X edición del Festival Internacional de Cine ‘22 x Don Luis’ se presenta este año bajo el lema ‘Sueños’.
Probablemente las primeras películas fueron los sueños de aquellos antepasados que nos dejaron obras tan increíbles como las pinturas de Altamira.

A partir de ahí, el ser humano ha ido evolucionando sin perder su capacidad de seguir soñando: sueños dormidos, sueños despiertos. Sueños hechos para el celuloide. Detrás de cada película hay mucho sueños, sueños para ser compartidos por los espectadores.

Sueños de artistas, sueños con artistas, como los de Javier Poyatos con Marilyn, para dar forma a la exposición Sueños con Marilyn, una explosión de color y sensaciones que le ha permitido armonizar la imagen de la actriz con sus propios sentimientos.

Fotograma de 'Una mujer sin sombra', de Javier Espada, en el festival '22xDon Luis'. Centro Buñuel de Calanda.

Fotograma de ‘Una mujer sin sombra’, de Javier Espada, en el festival ’22xDon Luis’. Centro Buñuel de Calanda.

En la Sección Oficial se proyectarán cinco largometrajes y cinco cortos, procedentes de México, Polonia y España, y contaremos con directores, actores y distribuidores que presentarán sus obras, optando a los premios que el público otorga al mejor Cortometraje y al mejor Largometraje.

El festival arranca la Sección Paralela con la proyección de ‘El hombre y la música’ de la directora Laura Sipán, un documental sobre el músico aragonés Antón García Abril.

Durante la inauguración oficial contaremos con Asunción Balaguer para presentar el documental de Javier Espada ‘Una mujer sin sombra’ y el teaser de la película ‘Cuervos’ de Raúl Romera, en la que actúa.

Cartel del documental 'El hombre y la música', de Laura Sepán, en el festival '22xDon Luis' del Centro Buñuel de Calanda.

Cartel del documental ‘El hombre y la música’, de Laura Sipán, en el festival ’22xDon Luis’ del Centro Buñuel de Calanda.

Como en ediciones anteriores, se presentará la selección de cortometrajes aragoneses, coordinada por Vicky Calavia, ‘Made in Aragón’ y, continuando con la sección ‘Pasión por el Cine’, una selección de cortometrajes procedentes de la Escuela Universitaria de Artes y Espectáculos TAI de Madrid.

La literatura también tiene un lugar destacado con los poemas del cineasta y poeta Emilio Ruiz Barrachina y el libro de Max Aub ‘Luis Buñuel, novela’ de la editorial Cuadernos del Vigía, presentado por Alfonso de Lucas Buñuel, Carmen Peire y Miguel Angel Arcas.

Para los más pequeños se ha organizado un taller de cine dirigido por el actor y director mexicano Ricardo Dávila, cuyo resultado se proyectará el sábado 9 de agosto.

En la Gala de Clausura se llevará a cabo la entrega de premios y se rendirá homenaje a Rosa María Calaf y Manolo Llamas.

Una semana de cine en homenaje a Luis Buñuel donde vamos a ver más de 30 títulos; películas de ficción y documentales que nos acercan a otras realidades no tan lejanas, como la energía nuclear o la inmigración. Las paradojas de la fe, que nos recuerdan a Viridiana, o una mirada intimista hacia un momento de nuestra historia.

Este festival también es un sueño del que despertaremos a partir del 10 de agosto, probablemente…

Buñuel dice en sus memorias: “Si me dijeran: te quedan veinte años de vida, ¿qué te gustaría hacer durante las veinticuatro horas de cada uno de los días que vas a vivir?, yo respondería: dadme dos horas de vida activa y veinte horas de sueños, con la condición de que luego pueda recordarlos; porque el sueño sólo existe por el recuerdo que lo acaricia”.

Fotograma de 'Un perro andaluz', de Luis Buñuel. Centro Buñuel de Calanda.

Fotograma de ‘Un perro andaluz’, de Luis Buñuel, al que el Centro Buñuel de Calanda rinde homenaje con su festival ’22xDon Luis’.