La cultura es necesaria, el dinero también

Russafa Escènica
Diferentes espacios de València
Del 24 de septiembre al 4 de octubre
Lunes 21 de septiembre de 2020

La directora general de Cultura y Patrimonio, Carmen Amoraga, no se cansa de repetir que la cultura es necesaria, además de segura, en estos tiempos de incerteza por culpa del coronavirus. “No es un lujo”, subrayó, para combatir esa otra creencia extendida como si fuera un mantra dañino. “Tenemos que lanzar un mensaje tranquilizador y real”, añadió.

“Hemos de reinventar la vida”, apuntó Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València, institución que, desde un principio, ha venido apoyando el festival de otoño Russafa Escènica, que cumple su décima edición, a la que sus responsables han llegado “más agotados que nunca”, resaltó Jerónimo Cornelles, su director artístico.

Russafa Escència
Representantes institucionales y responsables de Russafa Escènica, en el claustro de La Nau. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

Russafa Escènica es un claro ejemplo de esa necesidad de cultura de la que ha venido mamando todo el equipo del festival, cuando los tiempos no eran nada propicios, si es que los han existido en algún momento para todos cuantos se dedican a promoverla.

Por eso, desgastados por nadar a contracorriente, proclaman que esa necesidad cultural ha de estar acompañada del dinero correspondiente y, sobre todo, a tiempo. “Todavía no han salido las ayudas institucionales, por eso en cualquier momento nos podemos caer. Todo este escenario se puede ir al garete”, aseveró Cornelles, que con un presupuesto estimado de 220.000€ (frente a los 150.000 de la edición anterior), apenas disponían de una cantidad irrisoria para costearlo cuando solo faltan dos días para ponerlo en marcha.

“No sabemos a fecha de hoy si vamos a cobrar por un año de trabajo”, agregó Cornelles, extendiendo esa incertidumbre a los artistas, compañías y trabajadores que ya han realizado su labor y esperan el cobro. De ahí que lanzara el mensaje, que también se viene repitiendo a lo largo del tiempo, que las instituciones perdieran “esa rigidez burocrática que las caracteriza”.

Dicho lo cual, el director artístico de Russafa Escènica también quiso valorar positivamente la implicación de todas las instituciones que colaboran con el festival, desde la propia Dirección General de Cultura y Patrimonio, al Consorci de Museus de la Generalitat Valenciana, pasando lógicamente por la propia Universitat de València, Ayuntamiento, SGAE Comunitat Valenciana, Fundación Bancaja, así como responsables de las salas de teatro que acogen diversas obras de la programación, como Espacio Inestable, Sala Off o Teatro Círculo.

Imagen extraída del video promocional de Russafa Escènica por cortesía del festival.

La gran novedad de este año, impulsada para contrarrestar el daño presencial ocasionado por el covid-19, es la digitalización de los contenidos del festival. Las obras incluidas en la programación han sido grabadas con gran calidad, para que puedan ser vistas en formato online a finales de octubre a través de la plataforma stagein.tv.

La obligada reducción del aforo, para cumplir las medidas de seguridad, será de esta forma compensado con la proyección digital de todos los espectáculos, que se podrán ver en régimen de alquiler durante 24 horas por un módico precio, dependiendo de las características de cada obra. “El 75% de la recaudación será para los artistas”, precisó Cornelles.

La disminución del número de espectáculos (de los 10 viveros se pasa a cinco) también conlleva una nota positiva: “Ahora pagamos el doble de caché”, resaltó Cornelles, quien subrayó que contaban con “el presupuesto más caro de la historia del festival”, parte del cual se lo lleva la novedad del costoso proceso de digitalización.

Aunque el 50% del aforo ya estaba vendido, a dos días del arranque del certamen, lo cierto es que ahora se ha pasado de las 10.200 entradas vendidas la pasada edición, a las 3.000 actuales, por aquello de haber tenido que reducir en ocasiones cada espectáculo de 35 a 5 espectadores. “Y eso nos hiere de muerte económicamente”, remachó el director artístico de Russafa Escènica.

Un momento de la presentación del festival de otoño en el Aula Magna de La Nau. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

Amoraga reconoció que la pandemia y el confinamiento posterior les había “pillado con el pie cambiado”, pero que, “dentro de la lentitud”, dijo que se estaban “afrontando los cambios”. De hecho, frente al cansancio de Cornelles y su equipo, la directora general de Cultura y Patrimonio quiso lanzar de nuevo un mensaje de optimismo: “Se van a anunciar medidas de choque, que también afectan al mundo de la cultura”, refiriéndose al debate sobre el estado de la Comunitat Valenciana que en esos momentos se celebraba en Les Corts con el presidente Ximo Puig a la cabeza.

Ariño, en su escrito explicativo sobre los ‘Deseos’ del lema que aglutina temáticamente los espectáculos del festival, animó a realizar una “taxonomía” de dichos deseos, en el contexto de una sociedad de consumo que pretende alcanzarlos sin demora.

Cornelles se limitó a decir que había circo, danza, música y una gran diversidad, “con ética y estética”, al tiempo que señalaba que había “tantos deseos como seres humanos”, pero que puestos a resumir esa diversidad se decantaba, “sobre todo”, por el “deseo de ser feliz”. Felicidad que tiene sus peligros, por utilizar la metáfora empleada por Amoraga: “La cultura tiene sus riesgos y es que te puedes morir de placer o de risa”.

Cartel anunciador de la obra ‘Los de arriba’, de Adrián Novella. Imagen cortesía de Russafa Escènica.

Entre los espectáculos que pueden provocar esa “muerte” por exaltación de los sentidos, está el Invernadero que Adrián Novella dirige en la Sala 7 del Teatro Rialto, bajo el título de ‘Los de arriba’. En él, unos jóvenes festejan, con las pertinentes medidas de seguridad, la vuelta a la normalidad tras la pandemia, cuestionando el futuro que les aguarda.

Y entre los interrogantes, el siguiente: “¿Importa más la salud o la economía?” Cornelles se atrevió a dar una respuesta: “Para mí, la salud, aunque un economista seguramente se inclinaría por lo segundo”. Esa dialéctica entre salud, en este caso cultural, y el dinero asociado a la necesaria y básica economía doméstica, también forma parte del trasfondo que subyace en Russafa Escènica, cuyo futuro está en el aire. ¿O no? “Se seguirá haciendo, porque todas las instituciones haremos el esfuerzo para que continúe”, concluyó Ariño.  

Imagen extraída del video promocional de Russafa Escènica, por cortesía del festival de otoño.

Salva Torres

Las salas de teatro exigen cambios en la normativa

Asociación de Empresas de Artes Escénicas del País Valenciano (AVETID)
Federación de Espacios Teatrales Independientes de la Comunidad Valenciana (FETI)
Solicitan una licencia específica para las salas de teatro
Jueves 1 de junio de 2017

Muchas de las salas de teatro privadas de la ciudad de València corren el peligro de ser cerradas debido a problemas con sus licencias de actividad. Algunas salas han recibido los primeros expedientes sancionadores y no podrían abrir sus puertas al público. Estos espacios congregan cada año más de 500.000 espectadores y dan visibilidad y trabajo a decenas de compañías y centenares de profesionales de artes escénicas valencianas y españolas.

Las salas privadas son: Teatro Zircó, Teatro Talía, Teatre Raval (Gandía), Teatro Flumen, Teatre Micalet, Sala Russafa, Sala Off-Teatro, Sala L’Horta, Sala La Carreta (Elx), Sala Carolina, Olympia Teatro, El Teatret, Sala Ultramar, Teatro Círculo, Carme Teatre y Espacio Inestable.

La Asociación de Empresas de Artes Escénicas del País Valenciano (AVETID) y la Federación de Espacios Teatrales Independientes de la Comunidad Valenciana (FETI) solicitan a la Generalitat Valenciana y al Ayuntamiento de Valencia una renovación de la regulación de las licencias de actividad de las salas de teatro y exigen que exista una licencia de actividad específica para salas de teatro de medio y pequeño aforo que contemplen las necesidades reales de este tipo de salas de exhibición.

Una de las salas valencianas afectadas por la actual normativa denunciada por AVetid y Feti.

Una de las salas valencianas afectadas por la actual normativa denunciada por Avetid y Feti.

El origen de la problemática data de 2008, cuando se publica una ordenanza sobre contaminación acústica que imposibilita la creación de espacios teatrales en la ciudad de València y las equipara con actividades de ocio nocturnos, incluyéndolos en el Grupo 1 de discotecas. Además, la Ley que contempla los teatros no hace distinción alguna entre los tamaños, aforos y capacidades, obligando a cumplir una serie de requisitos que lejos tienen que ver con la mayoría de teatros privados con los que cuenta la Comunidad Valenciana que son los pequeños o medianos.

Según la actual redacción de ordenanzas y leyes, la única vía legal para la regularización de esta parte del sector cultural valenciano es convertirlos en “salas de conferencias, cafés o salas polivalentes”. AVETID y FETI critican el tener que hacer uso de eufemismos y reclaman que las licencias de actividad reciban el nombre de lo que son, Teatros.

Departamentos del Ayuntamiento de València y de la Generalitat Valenciana implicados en la renovación de la normativa que se solicita son conocedores del problema y muestran voluntad de trabajar en ello. Sin embargo, debido a la gravedad del asunto y la urgencia que requiere, AVETID y FETI, solicitan a los máximos representantes de ambas instituciones una resolución inmediata de la problemática.

Existen ejemplos de buenas prácticas en cuestión de renovación de regulación de actividades de salas de teatro en ciudades como Madrid, Barcelona o Sevilla. Estos municipios han reconocido la importancia de la existencia de estos espacios de cultura por la incidencia positiva que tienen en sus ciudadanos. AVETID y FETI confían en que los gobernantes de València y de la Comunidad Valenciana se sumen también a este cambio de normativa.

Una de las salas integradas en Avetid.

Una de las salas valencianas afectadas por la actual normativa denunciada por Avetid y Feti.

La indecisión de Fando y Lis

Fando y Lis, de Fernando Arrabal, por la compañía La Jartá
Teatro Círculo
C Prudenci Alcón i Mateu, 3. Benimaclet (Valencia)
Viernes 12, sábado 13 y domingo 14 de febrero, 2016, a las 20.30h

Fando y Lis es la historia de una búsqueda. La búsqueda del amor verdadero, la felicidad, el sentido de la vida, el encuentro de uno mismo en el espacio que le rodea o, por qué no, de la propia muerte.

La necesidad de avanzar de Lis, mientras busca  el equilibrio entre sus tres “yo” -el que quiere huir, el que duda y el que acepta su fatalidad presente-, en contraposición con el deseo de Fando de perpetuar el juego infantil anclado en su entorno presente, marca el pulso de nuestros personajes en un universo imaginario donde el sin sentido proporciona placer y dolor, juego y castigo, felicidad y tragedia, vida y muerte. Un universo exento de luz, donde “punto de partida” y “destino” significan lo mismo.

Fando y Lis, de La Jartá Teatro. Imagen cortesía de Teatro Círculo.

Fando y Lis, de La Jartá Teatro. Imagen cortesía de Teatro Círculo.

La Jartá Teatro, con su propuesta escénica de esta pieza de Fernando Arrabal, enmarcada dentro del “teatro del absurdo” español, reflexiona sobre la mayor de las misiones que alguien debe afrontar en la vida: tomar una decisión.

Más allá de las cadenas que nos atan y del bienestar que podamos creer encontrar en ellas. Cómo nuestras dudas se convierten en personajes que nos aniquilan, que nos quitan todo poder para redirigir el rumbo de nuestra existencia y seguir nuestro camino hacia “Tar”. ¿Está en nuestra mano vencer la imposibilidad radical de progresar?

Fando y Lis, de La Jartá Teatro. Imagen cortesía de Teatro Círculo.

Fando y Lis, de La Jartá Teatro. Imagen cortesía de Teatro Círculo.

 

Carme Teatre: ¡Silencio en la sala!

Carme Teatre
C / Gutenberg, 3. Valencia
Cerrado por defunción administrativa

Las salas de teatro independiente y alternativo de la ciudad de Valencia hacen equilibrios en la cuerda floja. Las que han conseguido sobrevivir heroicamente a la subida del IVA, la desaparición de ayudas públicas y a la crisis económica  se enfrentan a la falta de sensibilidad del Ayuntamiento que les exige unas condiciones de aislamiento acústico iguales a las discotecas. ¿Cómo se puede equiparar un escenario donde los actores y actrices hablan sin micrófonos a un espacio en el que funcionan altavoces de miles de watios que difunden decenas de decibelios?

Esta absurda situación ha provocado ya una víctima, Carme Teatre, que tras 19 años de actividad ha echado definitivamente el telón por no haber conseguido el correspondiente permiso de Actividades.

Escena de una obra de la compañía A poc a poc. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Escena de una obra de la compañía A poc a poc. Imagen cortesía de Carme Teatre.

“La razón es que el Ayuntamiento de Valencia sigue manteniendo la incongruencia de una ordenanza que equipara a estos pequeños espacios de creación y exhibición, nada menos que con las discotecas y exige para ellos los mismos requisitos”, dice Aurelio Delgado, director de Carme Teatre. “Es evidente que ni por horario, aforo o volumen de ruido se nos puede igualar en ninguna forma. Ni tan siquiera los pubs, abiertos hasta las dos o las tres de la mañana y en los que la gente escucha música y habla al mismo tiempo, tienen una normativa tan exigente. Nuestro horario no va más allá de las doce, el aforo es muy reducido y el público sigue en silencio lo que ocurre en una escena de pocos, aunque grandes intérpretes”.

Un factor que ha perjudicado a la sala es su ubicación en el barrio del Carmen, zona ZAS (Zona Acústicamente Saturada) lo que dificulta la concesión de licencias para determinadas actividades. “Pero en el lugar donde Carme Teatre se ubica, no hay tan siquiera una cafetería en doscientos metros a la redonda, lo que hace cuestionable que todo el barrio se mantenga bajo la misma consideración”, matiza Delgado.

La compañía Francachela. Imagen cortesía de Carme Teatre.

La compañía Francachela. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Durante años Carme Teatre se mantuvo en una especie de limbo legal sin licencia y cuando se decidió a solicitarla como sala polivalente sin derecho a actuaciones en directo el proceso siguió su curso y ¡se acabó la función!

Un trayecto de casi dos décadas, 80 butacas, 300 metros cuadrados, cientos de obras representadas, algunas de ellas de producción propia y cuatro personas que se quedan sin empleo. Un triste balance al que Delgado se enfrenta con ánimos. “Intentaremos reorientar nuestro trabajo y conseguir un local en otro barrio”, apunta.

Otros teatros alternativos como Sala Inestable, Teatro Círculo o Ultramar se encuentra amenazados con la misma suerte, en un limbo legal que puede desencadenar el cierre. Los elevados costes de la insonorización que les exigen son inasumibles en las actuales condiciones de precariedad en la que se encuentran esos pequeños núcleos de resistencia cultural. “En las condiciones que hoy exige el ayuntamiento casi ningún teatro de la ciudad puede conseguir la licencia”, declaró a ‘El Mundo’ Jacobo Pallarés, de Inestable. “El Olympia cuenta con una de hace años y sólo el Talía y el Escalante funcionan con todas las de la ley”.

En una de las ciudades más ruidosas del mundo, en la que se permite la circulación de motos trucadas o a escape libre que producen un ruido infernal, donde proliferan las terrazas y eventos con pirotecnia incluida resulta kafkiano que a las salas de teatro se les trata igual que a las discotecas en cuanto a fuentes emisoras de decibelios. Una muestra más de la insensibilidad del consistorio hacia la cultura.

Carme Teatre se despidió de su público con dos espectáculos de danza. ‘Flesh’,  de la compañía Nube, dirigido por la brasileña Poliana Lima y la lituana Ugne Dievaitye, y ‘Cartografía Especializada’ de la compañía Mexicana A poc a poc.

Flesh, de la compañía Nube. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Flesh, de la compañía Nube. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Bel Carrasco

‘Madre’, parir por decreto

Madre, de la compañía Savoir Faire, escrita y  dirigida por Mar Casany
Teatro Círculo
C / Guillem de Anglesola, 9. Valencia
Hasta el 25 de mayo

Imaginemos un futuro más o menos próximo en el que cualquier mujer al cumplir los 30 años se ve obligada por decreto de Estado a quedarse embarazada, parir y ser madre. Ese es el forzado destino que le espera a uno de los personajes de la ácida comedia futurista ‘Madre’, que se representa en el Teatro Círculo hasta el 25 de mayo. Una ingeniosa caricatura de un posible futuro marcado por el neoliberalismo radical y los dictados de un Estado sobreprotector, donde la vida por decreto es una locura y no vivirla se castiga  con pena de muerte.

A mitad camino entre el neorrealismo italiano, Blade Runner, 1984 y la gestualidad de la animación manga de Oliver y Benji, la joven compañía valenciana Savoir Faire estrena esta propuesta que analiza desde un humor ágil y descarnado las perspectivas de vida de toda una generación, la que intenta contentarse pensando que los 30 son los nuevos 20 y que, en algún momento, la crisis pasará.

Mar Casany escribe y dirige esta comedia situada en una ciudad de un futuro no muy lejano, donde reina el neoliberalismo radical y el Estado, Madre, organiza la vida de sus ciudadanos imponiendo a cada uno de ellos una misión vital que ha de cumplir por decreto.

Tres personajes, absolutamente dispares, comparten un mísero apartamento cuya casera pasa una vez al mes, a la semana y casi al día a cobrar el alquiler, amparada en las leyes del libre mercado. Con una dieta a base exclusivamente de pollo de cuatro patas (dictada por Madre para acabar con los excedentes de producción transgénica), unas perspectivas laborales con jornadas de 21 horas y una asfixiante opresión que instala el miedo en las calles, un reducto se prepara para la contra-revolución.

La intranquilidad diaria del pequeño piso en el que se centra la acción se altera cuando una de las inquilinas, convencida contra-revolucionaria, recibe una carta del Estado anunciándole cuál es su misión vital: cumplidos los 30 años, Madre ha decidido que, oficialmente, le ha llegado el momento de dedicar su vida a procrear y ser mamá. Entre la miseria y la polución radioactiva, ¿encontrará a un hombre dispuesto y capaz de fecundarla?, ¿podrá el Estado imponerle un súbito instinto maternal?

Interpretada por Laura Bellés, Isaac Gimeno y Begoña Salido, ‘Madre’ es la quinta propuesta de Savoir Faire, compañía que se formó en el teatro universitario y que consiguió tres premios de interpretación y uno al mejor espectáculo por ‘El brindis de B’ en el Festival de Teatro de la Sala Palmireno (UV).

Durante 10 años, sus integrantes siguieron trayectorias separadas. Casany formó una nueva compañía en Madrid y Bellés se integró en Lagartera Teatre y Corral de la Olivera. Gimeno formó parte del elenco de montajes como ‘Construyendo a Verónica’ (finalista en los premios Max) y Salido se centró en la medicina oriental. Ahora, el equipo se ha reunido para poner sobre las tablas ‘Madre’, un montaje al que ha seguido el reciente estreno en Valencia de la pieza de microteatro ‘Dos hermanas’, texto del autor madrileño J.I Tofé que revisita desde el humor la obra de Chéjov ‘Las tres hermanas’.

Tras su muestra como avance en el Sporting Club de Ruzafa, Savoir Faire estrena ‘Madre’ en el Teatro Círculo de Valencia, una propuesta original, llena de ingenio y con una dramaturgia que roza la caricatura para recrear un futuro sospechosamente parecido a nuestro presente, pero pasado de revoluciones.

Escena de 'Madre', de la compañía Savoir Faire. Imagen cortesía de Teatro Círculo.

Escena de ‘Madre’, de la compañía Savoir Faire. Imagen cortesía de Teatro Círculo.

Bel Carrasco