Cantos rodados de muerte y de vida

Mercurio entre los dedos. Piedras calaverinas, de Sebastián Nicolau
Prólogo de Alfonso de la Torre
Museo de la Ciudad
Plaza del Arzobispo, 3. Valencia
Martes 18 de diciembre de 2018, a las 19.30h

Dice el filósofo Fernando Savater que la novela moderna está orientada por la muerte, mientras que la narración clásica sirve de orientación en la vida. “A fin de cuentas, la muerte no sabe más que desmentir a la vida”, subraya el autor de La infancia recuperada. Por eso apunta que la novela es un género desesperado, frente a la narración como género esperanzador. “En la narración, la muerte está siempre presente, pero nunca es necesaria ni en modo alguno dispensadora de sentido”. Y añade: “El sentido es cosa de la vida, es la vida misma y por ello es la vida quien puede dar sentido a la muerte, nunca viceversa”.

Mercurio entre los dedos. Piedras calaverinas, de Sebastián Nicolau, se halla en esa estela. Reúne en sus páginas una selección de piedras con forma de calavera, que el artista ha ido recogiendo durante los ocho últimos años de sus paseos por la playa de Corinto en Sagunt. Las fotografió en un principio sin otra finalidad que la de apreciar los infinitos rostros que el azar ha ido esculpiendo de tanto rodar y rodar. “No sé por qué pero sólo unas pocas parecen mirarme desde el suelo. Piedras redondeadas con oquedades que recuerdan cuencas oculares, mandíbulas, bocas”, explica Nicolau.

Fotografía de una de las piedras calaverinas del libro 'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor

Fotografía de una de las piedras calaverinas del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor

Rostros imposibles que le obligan, casi sin querer, como sin querer fueron esculpidos, a inclinarse y recogerlos. Piedras que ha ido guardando, fotografiando “sin modificarlas ni intervenirlas”, dibujando a continuación “sobre su imagen el recuerdo sugerido”. El libro que presentará el próximo martes en el Museo de la Ciudad de Valencia reúne un buen puñado de las imágenes de esas piedras, relacionando sus identidades con textos, canciones, pensamientos, películas y libros. Relaciones que únicamente pretenden evocar “el concepto de finitud o, por quitarle cualquier dramatismo a la expresión, con el paso del tiempo, el transcurrir de los días”, apostilla Sebastián Nicolau.

La muerte, pues, está presente, muy presente en el libro, pero su autoridad queda supeditada al sentido de la vida que emana de las conexiones y los recuerdos. Y el más claro ejemplo de esa vitalidad existencial que recorre sus páginas se encuentra al poco de iniciarse el trayecto. Lo reconoce el propio autor en la introducción del ejemplar. Se trata del momento en que relaciona una de esas inquietantes piedras con una secuencia de Mad Men. A Don Draper, protagonista de la serie televisiva, se le aparece el difunto Bert Cooper, fundador de la empresa de publicidad en la que trabaja.

Piedras calaverinas del libro  'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Piedras calaverinas del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Y lo hace desde el más allá para recordarle, mediante una canción estilo Broadway, que lo más importante aquí es vivir la vida. “Un canto desde la muerte a la Joie de vivre [alegría de vivir]”, apunta Nicolau, aprovechando tal evocación para poner como frase bajo la piedra que la acompaña, la de Las mejores cosas de la vida son gratis, recogida en la propia canción entonada por el difunto Cooper. Por ejemplo, la luna y las estrellas, que son de todos. Así se van sucediendo las 191 páginas del libro, entre piedras calaverinas y sus correspondientes asociaciones artísticas.

“En esas páginas [22 y 23] está concentrada la esencia, porque está la vida, que es la del protagonista, la muerte, por el difunto que se le aparece, y en medio, el tiempo”. Además, prosigue Sebastián Nicolau, “tiene el sentido musical que recorre el conjunto del libro”, donde hay acordes cerrados que vienen a rematar la composición, y acordes abiertos que permiten relacionar con otras páginas y textos. “No hay nada trágico en el libro. Es muy vital”, remarca el artista, pintor y escultor valenciano con una dilatada carrera profesional.

Piedra calaverina del libro 'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Piedra calaverina del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

En todo caso, el posible sentido trágico del libro se debería más “a la cultura en que vivimos”, según su autor, que al propio espíritu del ejemplar editado por Makma y distribuido por Obra Propia. “Es cuestión de educación”, subraya. De ahí que la muerte, revelada a través de esas piedras con forma de calavera, comparezca como lo que es: la única certeza de la incierta existencia. Por eso las citas y vinculaciones artísticas ofrecen el sentido que la muerte destruye con su palmario destino. “Siempre me interesaron las pinturas de vanitas”, reconoce el autor, aludiendo al género pictórico “que representa la vacuidad de la existencia a través de elementos como el esqueleto o la calavera”.

Sebastián Nicolau, del mismo modo que privilegia la vitalidad frente al dramatismo del texto, también destaca la simple constatación de la vida, por encima de mensajes con carga moral. Por eso cuando dice que la temporalidad o finitud de la existencia es “un regalo que no debería desaprovechar” el espectador, aclara que está poniendo el énfasis en la pura “arqueología física, humana” del propio vivir. “Las vanitas se resumen en ese cráneo, la caja contenedora de lo que es la vida, que al final es lo único que nos queda porque después no hay nada”.

Piedras calaverinas del libro 'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Piedras calaverinas del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Mercurio entre los dedos hace igualmente alusión a ese tiempo que se nos escapa y que por mucho que lo intentemos atrapar se desvanece. El acto creativo, en el fondo, viene a suplir esa impotencia reinventando la realidad para dotarla de sentido. O para que tomemos conciencia de su finitud y la saboreemos. La referencia a la película No es país para viejos lo ilustra a la perfección, cuando el psicópata Tom Bell (Javier Bardem) hace que el responsable de una gasolinera se tenga que jugar a cara y cruz su vida. Esa moneda lanzada al aire ya no será una moneda más.

“Las piedras que aparecen en este libro son sólo piedras, sólo distintas si se las separa de las otras por alguna razón”, explica Nicolau. Sus largos paseos por la playa de Corinto recogiéndolas han dado lugar a esas evocaciones del tiempo que, “como el mercurio entre los dedos, se escurre de las manos tras iluminarnos por un instante y quedar atrás como un relámpago. Nada más”, concluye el autor de un libro en el que han sido referidos artistas como Mery Sales, Miguel Borrego, Chema López, Sebastiá Miralles, Joan Verdú, Ximo Amigó, Joan Cardells o Carla Fuentes, entre otros. Además de un amplio número de películas, libros, pinturas y canciones.

“Es un libro que se ha ido haciendo solo, más que escribiendo. Y en ningún momento lo planteé con una intención seria, filosófica o erudita”. Y Sebastián Nicolau se refiere a la naturalidad con la que se produce, por ejemplo, una ola polar. “La naturaleza no tiene intenciones, pero a ti te obliga a abrigarte. Lo mismo ocurre con este libro, que sin intención de establecer cargas profundas, a cada cual le impulsa a establecer sus propias relaciones”, concluye.

Piedra calaverina del libro 'Mercurio entre los dedos', de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Piedra calaverina del libro ‘Mercurio entre los dedos’, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Camouflages o la mímesis con el entorno

Camouflages, de Cazadoras Asociados
Galería Cuatro
C / La Nau, 25. Valencia
Inauguración: viernes 27 de octubre de 2017, a las 20.00h

Cazadoras Asociados lleva más de cuatro años sorprendiéndonos con sus incursiones de caza. Incursiones fugaces, a veces tan sólo de unas horas, en las que presentan proyectos tan heterogéneos como quienes los desarrollan. Siempre alrededor de temas de caza pero en el sentido más amplio de la palabra, normalmente alejados de los vinculados a la cinegética. Cazadores de autógrafos, de imágenes, de ideas…

Obra de Julio Bosque. Imagen cortesía de Cazadoras Asociados.

Obra de Julio Bosque. Imagen cortesía de Cazadoras Asociados.

La caza entendida como la búsqueda de aquello que no se ve a simple vista. Aquello que hay que buscar en largas caminatas y para lo que se requiere paciencia, tenacidad, dotes de observación y el arma de la inteligencia para hacer efectiva la pieza que, normalmente, no se encuentra sino que se crea. Hasta la fecha han cazado en Crimea, Abierto la Veda, buscado el Origen de la partida de caza, afinado su puntería en Galería de Tiro, realizado Bodegones de Caza, reinventado las Dianas, entre otras actuaciones.

Obra de Enrique Carrazoni. Imagen cortesía de Cazadoras Asociados.

Obra de Enrique Carrazoni. Imagen cortesía de Cazadoras Asociados.

Galería Cuatro presenta la última intervención de Cazadoras Asociados en Valencia con la exposición ‘Camouflages’ en la que los artistas que, en esta ocasión, componen el grupo de  Cazadoras Asociados nos adentran en el mundo de la ocultación y la mímesis con el entorno. Descubrir el objeto, el mensaje, la imagen, incluso al mismo artista, es el ejercicio que proponen al espectador que puede ver en cada pieza el camaleón que oculta el descubrimiento. No se trata tanto de ocultarse a la mirada como de hacerla partícipe del juego del escondite. Una propuesta en la que hasta el camuflaje puede aparecer desapercibido. Cuidado pues cómo miramos y dónde pisamos.

Obra de Evarist Navarro. Imagen cortesía de Cazadoras Asociados.

Obra de Evarist Navarro. Imagen cortesía de Cazadoras Asociados.

Participan: Ximo Amigó, Julio Bosque, Véronique Bouissière, Enrique Carrazoni, Antoni Domènech, Antonio Girbés, José Manuel Guillén, JARR, José Morea, Evarist Navarro, Sebastián Nicolau, Guillermo Peyró Roggen, Manuel Rey Fueyo, Pepe Romero, Joan Verdú y Claudio Zirotti.

El gato de Mondrian, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Cazadoras Asociados.

El gato de Mondrian, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Cazadoras Asociados.

Sebastián Nicolau, ¿sin trampa ni cartón?

Duplum, de Sebastián Nicolau
Galería Shiras
C / Vilaragut, 3. Valencia
Hasta finales de julio de 2016

“No hay voluntad de engañar; no hay nada oculto”, insiste una y otra vez Sebastián Nicolau, cuyos últimos trabajos se muestran en la Galería Shiras de Valencia hasta finales de julio. Y sin embargo… Sucede que su obra invita a la duda, a la interrogación: ¿son planchas metálicas lo que el espectador ve o reproducciones infográficas que dan esa impresión? “Yo no hago trampantojo, todo es muy evidente”, recalca.

Y lo que resulta evidente en su obra, que muestra en Shiras bajo el título de Duplum, es su intención de “llevar las cosas al extremo”, de tensar el diálogo entre “lo que es real y lo que no lo es”, explica el artista. De manera que esa mezcla de planchas de aluminio que parecen ser lo que son y esas otras que simulan su carácter metálico, cuando en realidad son impresiones digitales, forma parte del juego al que nos convoca Sebastián Nicolau y para el que cuenta “con la buena voluntad del espectador”.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Yo no he dejado nunca de ser pintor figurativo”

Por eso el artista no esconde nada, sino que pone sus cartas boca arriba para todo aquel que quiera saber en qué consiste el juego, cómo está hecho. Ahí lo tienen, delante de sus ojos: chapas de aluminio manipuladas, cortadas y dobladas sobre las que trabaja Sebastián Nicolau para convertirlas en soporte de sus dibujos y pinturas que terminan comportándose como esculturas. “Es todo muy tradicional: pintura al óleo sobre metal”. Y añade: “Yo no he dejado nunca de ser pintor figurativo y realista, porque más realismo que lo que es físico no hay; yo diría que casi es hiperrealismo”.

Ese carácter escultórico tiene, no obstante, su viaje de vuelta, en forma de imagen plana que evoca el volumen original. “A la pieza tridimensional luego le doy una vuelta de tuerca y la convierto en objeto bidimensional, al que el ollado y cosido le da volumen”. Ese juego del prestidigitador cuya actuación sabemos que se sustenta en el engaño del ojo, en la trampa, al que aún así le demandamos el más verosímil de los engaños, está sin duda en el trabajo de Sebastián Nicolau.

Obras de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obras de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“En mi obra no hay truco, todo es dibujo, pintura, escultura”

De nuevo el espectador y su complicidad. “Sí, es como en los trucos de magia, que aunque sepas que lo son y busques la explicación te siguen maravillando”. Dicho lo cual, insiste en que, en su caso, “no hay truco, todo es dibujo, pintura y escultura”, para concluir que, después de todo, “es el espectador el que se oculta a sí mismo”. Podría decirse, al hilo de los pliegues y dobleces que conforman su Duplum, que es el propio artista también el que se oculta, para dejar que sea la ambigüedad de la realidad y la ficción la que reclame para sí toda la emoción.

Conviene destacar la importancia del juego, del artificio y del doble sentido en la obra de Sebastián Nicolau. Siempre que lo entendamos no como mentira, sino como la manera de producir una emoción interrogativa en el espectador. Arte y artificio colocados en el mismo registro. “Es como salir del cine y pensar lo bien construido que está el guión”. Porque de eso se trata: de construir una ficción que emocione, que sacuda la percepción y “te lleve a preguntarte por el modo en que está hecha la maquinaria”.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Yo siempre he trabajo en espiral, más que en línea recta”

El análisis sería en su caso otra vuelta de tuerca más en el deleite de la emoción, nunca la forma de aniquilarla. De hecho, se acuerda de un espectador inquieto que le demandaba conocer la “verdad” del trampantojo, las tripas del artificio, para mejor degustarlo. “Yo no he sido pintor abstracto nunca, porque empecé haciendo una especie de realismo mágico y, en el fondo, continúo jugando con la realidad y la ficción”. Por eso destaca su trayectoria como un camino alejado de la “somnolencia” rectilínea: “Yo siempre he trabajado en espiral, más que en línea recta”. Y la espiral adquiere resonancias manieristas, por ser una de las figuras señeras de ese movimiento artístico. Espiral que a Sebastián Nicolau le lleva a entender su trabajo repleto de “cambios paulatinos, sin grandes saltos”. Más que concebido como un despliegue lineal, preñado de pliegues.

La veintena de piezas que integra Duplum revela ese carácter espiral, sinuoso, ondulante, por el que las luces y las sombras, lo rígido y lo dúctil, van dialogando. “Hay cierta tensión dramática”, dice. “La cuerda parece tensionar el metal, que se comporta como una tela que al principio coses con mimo y luego avanza en agresividad con el dibujo”. Puro artificio mediante el cual Sebastián Nicolau provoca emociones en un espectador que puede hacer de todo menos aburrirse. Como el propio artista, que ya está pensando en su siguiente serie, en nuevos pliegues y dobleces: “No me gusta dormirme”.

Sebastián Nicolau delante de algunas de sus obras en la galería Shiras.

Sebastián Nicolau delante de algunas de sus obras en la galería Shiras.

Salva Torres

Contra la somnolencia de las rectas

Duplum / Aequilibrium, de Sebastián Nicolau
Gabinete de Dibujos
Gris Magatzem d’Art
C / Literato Azorín, 16. Valencia
Hasta finales de junio de 2016

Sebastián Nicolau (Valencia, 1956) lleva años analizando dobleces, observando el comportamiento y la forma de las telas, los cartones y las chapas al ser manipulados, cortados y doblados. Han pasado más de dos décadas desde sus primeros pliegues, el de las mangas al cruzar los brazos. Desde entonces ha fijado su interés en estructuras arquitectónicas escalonadas, cubiertas de fábricas y grandes naves industriales a través de cartones y chapas que manipula para realizar bocetos escultóricos, hules que cubren las puertas de los talleres y telas de cortinajes.

Duplum/Aequilibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d'Art.

Duplum/Aequilibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

Ha estudiado escrupulosamente las formas y las ha ido sintetizado con minuciosidad en óleos, dibujos y esculturas. Su estudio de los efectos lumínicos le ha llevado en los últimos años a jugar con lo ficticio y lo real, a fundir sus límites y confundir la mirada. Sus últimos trabajos tejen un engaño de hilos sobre chapas onduladas y texturadas, de luces y sombras que aparecen y desaparecen. Así es la serie expuesta actualmente en Shiras Galería, serie a la que esta pieza Duplum/Aequilibrium pensada para el Gabinete de dibujos, pertenece.

«Duplum (Doblando) no es sólo el modo en que las planchas metálicas sobre las que trabajo adquieren su aspecto último como obras. Es la actitud ejercida sobre cada pieza, la manera en que trato de abordar la idea sobre cada una de ellas, el esfuerzo con el que intento conformarlas como la consecuencia de un pliegue más sobre sí mismas, sobre la anterior, sobre las anteriores, sobre cualquier otra obra hecha tiempo atrás. Duplum tiene también algo de azar, de incrementar la apuesta sobre la jugada, duplicar el riesgo en el que puedes perder el envite-doble o nada-, y tratar de seguir sentado a la mesa, en la partida», explica Sebastián Nicolau.

Duplum/Aequlibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d'Art.

Duplum/Aequlibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

«También es doblar la esquina, ver qué hay detrás, intentar adivinar qué sucede en el patio trasero en donde habitas y participar en ello. Duplum es girar en el recodo como parte del camino evitando la somnolencia que producen las rectas. Duplum es el nombre propio de cada dibujo y escultura realizados entre 2014 a 2016 y el título de la pieza que he preparado especialmente para Gabinete de Dibujos, como un doble más, como una forma más de plegar y ordenar el espacio, en este caso el que dedico a la amistad, la colaboración, la diversión y el juego, un espacio que intento conservar para mantener cierto Aequilibrium», concluye el propio artista.

Sebastián Nicolau. Gris Magatzem d'Art.

Duplum/Aequilibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

Los nuevos giros de Sebastián Nicolau en Shiras

‘Duplum’, de Sebastián Nicolau
Shiras galería
Vilaragut 3, Valencia
Inauguración: jueves, 5 de mayo de 2016, a las 19:30
Hasta julio de 2016

Shiras galería presenta la obra reciente de Sebastián Nicolau (Valencia, 1956) en una exposición que podrá verse entre los meses de mayo y julio. Las obras que la integran suponen un paso más, otro giro, un nuevo doble, como sugiere en el título genérico de la muestra –’Duplum’-, sobre su trabajo inmediatamente anterior –’Hilvanes’-, que fue objeto de la exposición en el Almudí de Valencia, en 2014, y también recientemente expuesta en la Fundación Antonio Pérez, en Cuenca.

Si en aquellos trabajos Sebastián Nicolau introducía dibujos de carácter geométrico sobre representaciones sobre papel de pliegues y dobles alusivos a telones y hules -en los que los juegos de volúmenes, luces y sombras creaban sensaciones perceptivas que nos hacían interrogarnos sobre lo que vemos y lo que creemos ver-, en la actual ‘Duplum’ extrema el juego visual y plástico hasta, en ocasiones, hacer difícil el planteamiento mismo de la pregunta, dando por obvio algo completamente alejado de lo, en apariencia, evidente.

Imagen de una de las piezas  integrantes de 'Duplum', de Sebastián Nicolau. Fotografía cortesía de Shiras galería.

Imagen de una de las piezas integrantes de ‘Duplum’, de Sebastián Nicolau. Fotografía cortesía de Shiras galería.

Si en ‘Hilvanes’ presentaba esculturas de planchas metálicas dobladas y plegadas, pintadas monocromáticamente y tensionadas con cosidos -diferenciadas de las obras bidimensionales-, en ‘Duplum’ las esculturas (óleo sobre aluminio) se relacionan con el dibujo y la pintura en un continuo viaje de ida y vuelta entre las disciplinas, sin establecer diferencias entre ellas.

Como una vuelta de tuerca más, como otro doble más, algunas de las piezas escultóricas retornan a través de impactantes imágenes de gran formato -en Ultrachrome sobre aluminio-, hacia un origen plano, para ser re-tensionadas de nuevo con dibujos con cordón que las atraviesan y que, con ficticias sombras pintadas, vuelven a adquirir una mínima tridimensionalidad que, sin embargo, nos acerca hacia percepciones volumétricas de apariencia real.

Imagen de una de las piezas  integrantes de 'Duplum', de Sebastián Nicolau. Fotografía cortesía de Shiras galería.

Imagen de una de las piezas integrantes de ‘Duplum’, de Sebastián Nicolau. Fotografía cortesía de Shiras galería.

Las palabras de Juan Bautista Peiró al respecto de las primeras obras que iniciaran este camino, hace algunos años, cobran nuevamente un sentido reforzado en ‘Duplum’: “Representación y presentación, ficción y realidad. Sus pliegues son una contundente metáfora de esa línea mágica que separa dos universos diferentes que no dejan de estar relacionados”.

*Con motivo de la exposición, Shiras galería ha editado un catálogo de las obras con texto de Juan Bautista Peiró.

Imagen de una de las piezas  integrantes de 'Duplum', de Sebastián Nicolau. Fotografía cortesía de Shiras galería.

Imagen de una de las piezas integrantes de ‘Duplum’, de Sebastián Nicolau. Fotografía cortesía de Shiras galería.

 

‘Hilvanes’ banáusicos de Sebastián Nicolau

‘Hilvanes. Paisajes (entre la pintura, el dibujo y la escultura)’, de Sebastián Nicolau
Fundación Antonio Pérez
Julián Romero 20, Cuenca
Hasta abril de 2016

La muestra que se presenta en la Fundación Antonio Pérez reúne alrededor de 40 obras realizadas en los últimos cuatro años; 20 componen un gran políptico, otras 14 son papeles de gran formato, más cuatro esculturas. Todas ellas conforman un conjunto que gira en torno a una misma temática.

Las piezas expuestas enlazan con los telones (serie ‘Workin’) de hule pintados de gran formato que en su día hicieron referencia a los separadores de espacios de trabajo industriales y que, en esta ocasión, se convierten en separadores cosidos por geometrías que en ocasiones generan dibujos, sujetan pliegues o retienen dibujos de bocetos escultóricos en cartón.

Imagen de parte del montaje expositivo de 'Hilvanes. Paisajes (entre la pintura, el dibujo y la escultura)', de Sebastián Nicolau, en la Fundación Antonio Pérez. Fotografía cortesía del artista.

Imagen de parte del montaje expositivo de ‘Hilvanes. Paisajes (entre la pintura, el dibujo y la escultura)’, de Sebastián Nicolau, en la Fundación Antonio Pérez. Fotografía cortesía del artista.

De esta manera, da un paso adelante en su iconografía de representación, al tiempo que rescata de sus penúltimas series de cartones imágenes de enlace que poco a poco desaparecen, convirtiendo en autónomos unos fondos al servicio de una geometría de sujeción que, por otra parte, en las piezas finales, se hace menos rígida, dando paso a un dibujo libre en el que el color y el trazo se hacen más plásticos, al sustituir el dibujo o el cordón con que lo realiza por pintura directa. Los juegos ocultos que precisan los dibujos para su ejecución -la geometría trasera, necesaria para visualizar la de la obra- son también propuestas para el espectador, puesto que, para el autor, contienen tanta información como la que se ofrece explícitamente.

Los dibujos, realizados con cordones, juegan a crear espacios en los que las sombras que teóricamente provocarían generan sensaciones de distanciamiento entre lo que se ve y lo que se interpreta, entre la realidad y la ficción, entre lo representado y lo físicamente real. Estos juegos, en los que se cuestiona la realidad, resultan potenciados en el gran políptico, en el que sobre un mismo fondo se establecen permutaciones gráficas que admitirían un desarrollo sin fin.

Obra perteneciente a la serie 'Drawings', de Sebastián Nicolau. Fotografía cortesía del artista.

Obra perteneciente a la serie ‘Drawings’, de Sebastián Nicolau. Fotografía cortesía del artista.

Las esculturas suponen un resumen de todo el proceso creativo bidimensional sintetizado en hierro pintado. Desde la escalera roja caminando, más cercana a los pliegues rectilíneos de los cartones anteriores, a la escalera negra cosida, suspendida entre la obra para pared y la escultura exenta, pasando por los grandes pliegues rojos de la gran escultura vertical, para acabar en la referencia al paisaje a través de la escultura de suelo ‘Paisaje azul’, todas ellas cierran el montaje de la exposición, que ha querido conservar la memoria del patio central que, en el recuerdo de Sebastián Nicolau, albergó en su oscuridad el gran esqueleto del megaterio o los caparazones de los armadillos gigantes.

“Anotamos, frente a la muestra, las propuestas que nos ofrece: entre esculturas y piezas sobre papel, se exponen alrededor de 38 obras, de las cuales veinte conforman un inmenso políptico que reta directamente al espacio de la iglesia de la Fundación Antonio Pérez y también seguramente a la sagacidad de los numerosos visitantes. Un telón de telones referenciados. Todas las piezas integrantes están realizadas, sobre reproducciones sobre papel sobre aluminio, mediante grafito, pastel y lápiz. Intervienen, asimismo, los remaches metálicos ollados, que configuran una estructura regular sembrada en la superficie, a la espera de la presencia del cosido, efectuado con cordones o cintas, que en cada propuesta define recorridos diferentes, potenciando la geometría emergente. Pero en el juego visual que el dibujo propicia se introducen, además, otras estrategias, como es el caso de sustituir la puntada de las cintas/cordones, en algunos trabajos, por la directa pintura acrílica, aplicada desde el mismo tubo. Llegar a impregnar el papel utilizado y pasar así el color a formar parte, por integración, en la masa del soporte. Lo banáusico, como trabajo realizado con las manos, es aquí consagrado al máximo, para que el papel se transforme visualmente en encarnación de los telones y los hules.” (Román de la Calle. Extracto del texto del catálogo de la exposición)

Imagen de la obra 'Paisaje azul', de Sebastián Nicolau. Fotografía cortesía del artista.

Imagen de la obra ‘Paisaje azul’, de Sebastián Nicolau. Fotografía cortesía del artista.

 

Pinceladas colectivas, silencio administrativo

Pinceladas colectivas
Galería Imprevisual
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Hasta el 11 de septiembre de 2015

Que 150 artistas se reúnan para dar forma a un proyecto que nació en 2011 con fecha de caducidad, su presentación en las jornadas de clausura de Russafa Conviu de ese año, ya merece justa consideración. No es fácil aglutinar a tanto artista, con sus egos respectivos y estilos diversos, en torno a una propuesta que arrancó mediante la creación de un cuadro obra de Miguel Ángel Aranda, al que se fueron sumando otros 20 artistas, con sus añadidos a la obra realizada en vivo y en directo durante 15 días en la Galería Imprevisual.

Obra de Miguel Ángel Aranda que dio origen a Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Obra de Miguel Ángel Aranda que dio origen a Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Las figuras o siluetas incorporadas a ‘La plaza de las artes’, título del cuadro que sirvió de germen creativo, fueron adquiriendo vida propia una vez concluido el proyecto. Así fue como, poco a poco, Pinceladas colectivas adquirió la dimensión que hoy tiene: centenar y medio de artistas interviniendo libremente esas figuras expuestas hasta el 11 de septiembre en Imprevisual, la galería en la que se gestó tamaño proyecto.

Hablamos de artistas como Gabriel Alonso, Javier Calvo, Calo Carratalá, Pepa Castillo, Javier Chapa, Raúl Dap, Rafa de Corral, Ramón Espacio, Xus Francés, Jarr, Sebastián Nicolau, Concha Ros, Ana Vernia o Vinz, del largo etcétera que nutre con sus aportaciones individuales la propuesta colectiva. Artistas en su mayoría valencianos, a los que se suman autores nacionales e internacionales, ya sean europeos o latinoamericanos. Artistas que reunidos en torno a esa plaza de las artes inicial han terminado por conformar el políptico denominado Avenida de Proyecto, cuyo conjunto se vende al precio de 46.700€.

Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Obra de Xus Francés en Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Una cantidad estimada a partir de los 300€ en que se valora cada pieza por separado y con la que se pretenden sufragar los costes de producción de las figuras, de los 300 catálogos editados y pagar el trabajo de los 150 artistas que hasta la fecha han intervenido en el proyecto. Porque el proyecto, a tenor de la pasión con la que arrancó de la mano de Miguel Ángel Aranda, al alimón con Arístides Rosell, seguirá creciendo.

De hecho, las 150 figuras expuestas en una de las paredes de Imprevisual, justo enfrente del cuadro mayor que dio origen al conjunto, se dividen según los fondos de color rojo y amarillo que aparecen en los costados de ‘La plaza de las artes’. De manera que ya se piensa en su continuación, tomando ahora como referencia los tonos azul y negro que dominan el cielo y la tierra de la obra de Aranda. Una obra que viene a reflejar, mediante esa cabeza que se multiplica en todas direcciones, el carácter multidisciplinar y abarcador de todos los puntos de vista.

Obra de Vinz en Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Obra de Vinz en Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Pinceladas colectivas, a pesar de la dimensión que ya tiene y del vuelo que va tomando, no ha despertado el más mínimo interés por parte del Ayuntamiento de Valencia. “Lo hemos presentado en Casas de Cultura, en La Rambleta y en diversos ayuntamientos, entre ellos el de Valencia, siempre con resultado adverso”. Y cuando se refiere Arístides Rosell a “resultado adverso”, se refiere a la nula respuesta una vez presentado el proyecto, lo que significa el acostumbrado silencio y falta de sensibilidad hacia propuestas que, como ésta y tantas otras, merecerían al menos una explicación acerca de las razones por las que se desestiman.

En cualquiera de los casos, Pinceladas colectivas sigue su rumbo porque, como señala Miguel Ángel Aranda, hay un motor que mueve el proyecto: “la pasión”. Una pasión compartida por 150 artistas a los que se van sumando otros nuevos en lo que han dado en llamar ‘Anexos’: prolongación lateral de la obra inicial que, pese al silencio administrativo, da mucho de qué hablar. Entre otras cosas, de aquello que todas esas figuras y siluetas contienen como pálpito de la heterogénea visión del mundo.

Vista de algunas de las obras de Pinceladas colectivas en la Galería Imprevisual.

Vista de algunas de las obras de Pinceladas colectivas en la Galería Imprevisual.

Salva Torres

Cazadoras Asociados: el arte se pone a tiro

Galería de tiro, por Cazadoras asociados
Sala de la Muralla
Colegio Mayor Rector Peset
Plaza Horno de San Nicolás, 4. Valencia
Hasta el 8 de mayo

El artista es un cazador. No persigue animales furtivos y salvajes, sino resignificar lo insignificante o lo que pasa desapercibido. El artista empuña sus armas –la línea, el color, el volumen, la electrónica- para alumbrar lo que no se suele, o no se quiere, ver y obligar a hacerle frente, mirarlo de otra manera, y pensarlo. Y, como el cazador, cultiva la paciencia, anda alerta, se arriesga y persevera.

Vista general de la exposición 'Galería de tiro', en el Colegio Mayor Rector Peset. Cazadoras asociados.

Vista general de la exposición ‘Galería de tiro’, en el Colegio Mayor Rector Peset. Cazadoras asociados.

Esta afinidad y, en especial el hecho de haber realizado las reuniones de constitución como colectivo en la antigua sede de una asociación de cazadores, impulsaría a un grupo de artistas de consolidada trayectoria individual a adoptar el nombre de Cazadoras asociados para las acciones, o exposiciones, que emprendieran juntos. No tardarían mucho en convocar una con el arte de la caza como leitmotiv. Su resultado se muestra en esta sala.

La exposición reúne 17 piezas, una por cada uno de los participantes. Todas ellas tienen como referencia la diana, dispositivo utilizado como blanco de tiro y figura polisémica donde las haya.

Vista de la exposición 'Galería de tiro', en el Colegio Mayor Rector Peset. Cazadoras asociados.

Vista de la exposición ‘Galería de tiro’, en el Colegio Mayor Rector Peset. Cazadoras asociados.

De manera paradójica, el uso recurrente de los círculos concéntricos, motivo que habitualmente conforma la diana, resalta la singularidad de cada obra, su propio “relato”, un relato derivado del código expresivo, las inquietudes y la intención de cada autor.

Algunas de las obras están gobernadas por la crítica al abuso de poder o a la violencia, otras incluyen alusiones autobiográficas o remiten a la filosofía zen, la literatura o el arte; las hay que interaccionan con el espectador…; todas emocionan.

Obras de la exposición 'Galería de tiro', en el Colegio Mayor Rector Peset. Cazadoras asociados.

Obras de la exposición ‘Galería de tiro’, en el Colegio Mayor Rector Peset. Cazadoras asociados.

Puestas en común, configuran una sugestiva galería de tiro. A su vez, entablan diálogos cruzados entre ellas que propician nuevas interpretaciones, matices inesperados. Se trata de dejar que la mirada se cobre, complacida, la perturbadora verdad que contienen.

Buen tiro.

Adenda: los participantes en la exposición son Ximo Amigó, Julio Bosque, Calo Carratalá, Enrique Carrazoni, Toni Domènech, Antonio Girbés, Jarr, José Morea, Guillermo Peiró Roggen, Manolo Rey Fueyo, Pepe Romero, Manuel Sáez, Bia Santos, Sebastián Nicolau, Rubén Tortosa, Lukas Ulmi y Joan Verdú. Por su parte, el también miembro del colectivo y gerente del IVAM, Joan Llinares, se suma por primera vez a una de las acciones del grupo retomando así una actividad en la que dio sus primeros pasos profesionales.

Obras de la exposición 'Galería de tiro', en el Colegio Mayor Rector Peset. Gentileza de Cazadoras asociados.

Obras de la exposición ‘Galería de tiro’, en el Colegio Mayor Rector Peset. Gentileza de Cazadoras asociados.

Toni Picazo

Homenaje a Evarist Navarro en el Rector Peset

Homenaje a Evarist Navarro
Sala la Muralla del Colegio Mayor Rector Peset
Plaza Horno de San Nicolás, 4. Valencia
Inauguración: miércoles 28 de enero, a las 20.00h
Hasta el sábado 31 de enero, 2015

Cazadoras Asociados en colaboración con el Colegio Mayor Rector Peset de la Universidad de Valencia dedican una exposición colectiva a la memoria de Evarist Navarro, ideólogo y principal impulsor de este colectivo de artistas.

En la muestra participan los miembros del grupo: Ximo Amigó, Julio Bosque, Calo Carratalá, Enrique Carrazoni, Toni Domènech, Antonio Girbés, Jarr, José Morea, Guillermo Peiró Roggen, Manolo Rey Fueyo, Pepe Romero, Manuel Sáez, Bia Santos, Sebastián Nicolau, Rubén Tortosa, Lukas Ulmi y Joan Verdú. Por su parte, Carmen Calvo y Miquel Navarro también han querido sumarse a este homenaje.

Tarjeta del homenaje que Cazadoras Asociados rinde a Evarist Navarro.

Tarjeta del homenaje que Cazadoras Asociados rinde a Evarist Navarro.

Cada uno de los 19 artistas que participan en esta colectiva expresa, a través de su propio lenguaje estético, su reconocimiento al artista y a la persona, con referencias explícitas en algunos casos, o de manera más indirecta en otros. La exposición también incluye el último trabajo de Evarist Navarro, una pintura al óleo que el artista realizó estando ya gravemente enfermo.

Evarist Navarro (Castelló de Rugat, 1959-2014) formó parte de la generación de artistas valencianos cuya obra ocupó un lugar destacado en la renovación de la escultura en España en los años ochenta del siglo XX. Formado entre Barcelona y Valencia, doctor en Bellas Artes y profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, su obra está presente en numerosas intervenciones de obra pública en nuestro país, así como en colecciones de instituciones públicas como el IVAM.

Morada de Chipi, obra de Evarist Navarro expuesta en el IVAM. Cortesía del museo valenciano.

Morada de Chipi, obra de Evarist Navarro expuesta en el IVAM. Cortesía del museo valenciano.