Arte a pie de calle

#MAKMAArtistas | MAKMA ISSUE #02
Salva Torres | José Luis Cueto Lominchar: Arte a pie de calle
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Sábado 8 de agosto de 2020

Lo ha llamado ‘Pura formalidad’. Y aunque la forma tiene mucho que ver con el modo de capturar la fascinante realidad atrapada desde un sexto piso –después un cuarto por razones de cambio de alquiler–, lo cierto es que José Luis Cueto la trasciende a poco que detengamos la mirada en sus encuadres. La pura formalidad de sus fotografías, que viene a ser prolongación de otras series relacionadas con esa misma captura de diversos gestos femeninos desde lo alto a pie de calle, lejos de ser un asunto meramente formal, por mucho que el título así lo pretenda, se convierte en trasunto de cosas mucha más hondas.

Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

Y una de esas cosas es, sin duda, el deseo, de cuya insaciabilidad dio buena cuenta Sigmund Freud, siendo Jesús González Requena, en diversos artículos en la revista Trama y Fondo, quien mejor lo ha traducido al registro de los textos artísticos. Entre sus reflexiones cabe destacar su idea de que el deseo “está más allá del objeto, de su posesión siempre decepcionante”. Y si esto ocurre así es porque el deseo se funda en la imagen y algo de la imagen “escapa al orden de la información”, que es tanto como decir de esa pura formalidad aludida.

La forma que José Luis Cueto utiliza para ofrecer en imágenes el deseo insaciable de atrapar esos gestos femeninos, relacionados con detalles de obras pictóricas, fotográficas, escultóricas o cinematográficas, no hace más que subrayar ese anhelo, acotándolo. De ahí su “iconofilia”, que le lleva a estar “horas y horas viendo imágenes”. Horas interminables, como interminable es ese deseo, más bien pulsión escópica, que solo encuentra la paz precisamente en esa aprehensión de la imagen enmarcada en una serie a modo de relato.

“Frente a la simple alucinación de la posesión imaginaria del objeto de deseo, se levanta la articulación simbólica que elabora la pulsión y la convierte en deseo”, de forma que, “más que poseer el objeto”, termina contando “el hecho y el acto de recibirlo”, puntualiza González Requena. Cueto, que abrió esta colección titulada ‘Pura formalidad’, de entre las más de 30 que maneja, siempre en torno a detalles del cuerpo femenino capturados en su andadura cotidiana por la calle, canaliza esa pulsión escópica a través del deseo narrativo que finalmente contiene esa insaciabilidad visual.

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

Diversos gestos y detalles del cuerpo femenino son enlazados con obras ilustres de la tradición visual del arte. En sus relaciones formales comparecen desde esculturas griegas a pinturas renacentistas (‘Diana Cazadora’, de la Escuela de Fontainebleau, o ‘El Salvador’, de El Greco) o barrocas (Rubens), pasando por otras más o menos contemporáneas (John Everett Millais, Jules Marey, René Magritte) e, incluso, cinematográficas (‘El perro andaluz’, de Luis Buñuel). Todas ellas asociadas a movimientos gestuales de la multitud de jóvenes que Cueto capta desde lo alto de su ventana.

“El arte tiene una dosis de amoralidad”, sostiene el artista, que compagina su actividad creativa con las clases en la Universitat Politècnica de València, de la que es vicerrector de Cultura. Amoralidad ligada a una pulsión cuya energía desbordante corre el peligro de aniquilar el goce estético. Salvo que se transforme en deseo por vía de la narración y el más productivo relato, que es lo que hace José Luis Cueto Lominchar, al que nuevas series le aguardan.

Arte, José Luis Cueto
Composición de fotografías de José Luis Cueto en equilibrio comparativo con diversas obras de referencia en la historia del arte.

Salva Torres

“El arte es conversación y los galeristas somos un filtro”

#MAKMAEntrevistas | MAKMA ISSUE #02
Merche Medina | Ana Serratosa: “El arte es conversación y los galeristas somos un filtro”
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Viernes 7 de agosto de 2020

Para la galerista Ana Serratosa su licenciatura en Historia del Arte no hizo más que dotar de argumentos la sensibilidad, el aprendizaje, la investigación, el entusiasmo y la inquietud por transmitir su apasionada relación con el arte a todo el que se acercase, directamente o de manera periférica, a su lado.

En los albores de los 90, junto a la artista plástica Marisa Casalduero (València, 1961-2013) y sus respectivos cónyuges, emprendía en València la Galería Bretón. Un espacio a pie de calle que plantearon de un modo convencional, al uso de las galerías de arte de la época. Inauguraban con el pintor y escritor Antón Patiño – miembro fundador del grupo Atlántica, renovador del arte gallego durante los años ochenta–, que, según confiesa Ana Serratosa, “fue un impacto para amigos y clientes”.

Desde la Galería Bretón también apostaron por jóvenes creadores como José Luís Albelda, seducidos por su figuración en las pinturas sobre tabla y su toque casi realista y mágico, que evidencia una evolución técnica superior en sus obras –actualmente Albelda es profesor de la UPV–, y otros de la talla del mallorquín Bernardí Roig.

galerista, Ana Serratosa,
Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

“Al principio, trabajar con artistas conocidos es difícil. La galería abre la mente y trabaja para el futuro, y esto es satisfactorio porque vas viendo que la gente va entrando en las propuestas.

“Con Bretón acudíamos a ferias, como las de Estocolmo, Chicago, ARCO y Basilea. Vimos lo que se hacía en otros países y llevamos a artistas jóvenes fuera de València. Las ferias nos abrieron una ventana al exterior; entonces no existían las redes sociales”.

A mediados de los 90 y tras una crisis económica que asolaba a todo el país, la Galería Bretón cerraba sus puertas. No obstante, Ana Serratosa apostaba por abrir otro espacio, “pero no a pie de calle. Quería poder estar con el cliente y transmitirle qué es el arte contemporáneo, darle más profundidad a lo que es la parte teórica y lo que es el arte, no solo a la parte venal. Los que estamos vinculados al mundo del arte disfrutamos mucho con todo esto, así que por qué no hacer disfrutar a la gente que viene a visitarnos, dándoles conocimiento y ponernos de igual a igual”.

De este modo, la Galería Ana Serratosa se inauguró en el año 2000, cobrando forma en un penthouse de la calle Pascual y Genís de València. “Quería hacer algo distinto, venía de otra etapa que me había dado un bagaje de cómo funcionaba una galería, cómo relacionarse con los artistas y los galeristas”. Al situar la galería en un ático “me interesaba la relación de calidad con el arte, el artista y el cliente. El arte es conversación y los galeristas somos un filtro. Yo ya tenía un fondo importante de antes y, después, los artistas me cedían obra para hacer exposiciones, puesto que ya me conocían. Ahora me llaman artistas cada vez mas importantes”.

‘Decatrás’, de Pedro Castro Ortega, abrió la línea expositiva del nuevo espacio. Si bien Serratosa ya había apostado por el artista ciudadrealeño en su anterior etapa, en tanto que “algunos artistas y nosotros hemos crecido a la par”, confiesa. Con esta propuesta, la galerista pretendía hacer “un homenaje al mundo del arte –artistas, comisarios y coleccionistas–. Traje toda la obra vendida en aquellos diez años. Invité a los coleccionistas y luego Castro Ortega explicó qué había pasado con él en todo ese tiempo. Fue una exposición muy simbólica”.

Más tarde continuó solidificando el vínculo con autores con los que ya había trabajado, como el mencionado Bernardí Roig y su obra en blanco y negro de telas rasgadas, y otros internacionales.

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

En paralelo a la trayectoria de la galería y con el fin de refrendar su criterio, en 2011 materializa Fondo Arte AS en una zona apartada del centro y del circuito habitual del gremio, próxima al cauce del río Turia, en cuya vaguada asienta en 2012, y de la mano del avilesino Javier Riera, ‘Alameda Llum’, el primero de sus proyectos artísticos al aire libre, mediante la instalación de once proyecciones que modificaron el espacio público, recurriendo a la intervención de la geometría en el paisaje.

Así, tras el impacto visual y social que esta propuesta supuso, Ana Serratosa formuló en 2014 ‘Eclosión en Valencia’, junto a la pareja de escultores alemanes Venske&Spänle y sus Smörfs, criaturas marmóreas que fueron diseminadas por la ciudad a comienzos de ese año. Algunos para quedarse.

Tiempo más tarde, Serratosa conoció a Bob Verschueren, artista belga de land art y académico de las Artes en Bruselas, quien tras una visita a València junto a su mujer y poeta Dominique Sintobin, queda impactado por el traslado del río fuera de la ciudad. De este modo, Verschueren investiga acerca del devenir histórico del Turia y crea un conjunto de instalaciones vinculadas con la huella del antiguo afluente, dando lugar a ‘Ecos de la Memoria’ –de noviembre de 2015 a febrero de 2016–.

Una vez finalizado este último proyecto, Ana Serratosa consideró que había concluido una fase y quiso hacer balance de ello junto a todos los actores que intervinieron en los tres proyectos emprendidos, convocándoles a un coloquio conjunto a modo de puesta en común y reflexión acerca de dichas acciones, en el que Marc Wellmann -–comisario de ‘Eclosión en Valencia‘ y actual director artístico del Berlin Kunstverein– apuntaba que “existen dos posicionamientos frente a la creación del proyecto: los proyectos permanentes y los efímeros crean una conciencia positiva al espectador. Hacen que el espectador esté alerta, observando el territorio, dándose cuenta de lo que hay en el lugar que habita, estableciendo conexiones entre ambos”.

Tras esta etapa, para Ana Serratosa continúan siendo de gran relevancia la formación, los viajes, las visitas a ferias nacionales e internacionales, la reflexión de sus acciones, así como la interacción con todos y cada uno de los agentes del mercado. Durante todo este tiempo, además de los mencionados, han complementado sus contenidos artistas como Jorge Pardo, Kara Walker, Kiki Smith, Carmen Calvo, Joana Vasconcelos, Carmen Jabaloyes y Helena Almeida, entre otros, siendo Carlos Franco –en cuya exposición ‘Pintura Fruta’ se exhibía una selección de los últimos trabajos del artista madrileño– y la creadora iraní Shirin Salehi, mediante ‘Dentro de un agua extraña, mi sombra’ –comisariada por la historiadora del arte Ana Martínez de Aguilar– sus más recientes apuestas expositivas durante la temporada 2018-19.

A la postre y tras este repaso por su trayectoria como galerista, Ana Serratosa concluye que “me gusta estar cerca del arte y crear cosas nuevas, dar a conocer lo que se está haciendo fuera y presentarlo de forma distinta. Tiene mucho aliciente y la gente también lo agradece”.

galerista, Ana Serratosa,
La galerista Ana Serratosa. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Merche Medina

Little Review Dadá: Revistas & Mujeres

#MAKMAArtistas #MAKMAOpinión | MAKMA ISSUE #02
Ximo Rochera | Little Review Dadá: Revistas & Mujeres
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Jueves 6 de agosto de 2020

Hablar de Dadá exige desviar la mirada a Nueva York, año 1915: en el bar de la Modern School –centro gratuito en el que se instruía sobre filosofía, literatura, pintura y sindicalismo, con profesores como Emma Goldman, Isadora Duncan o Jack London, y cuyo lema era “¡Ni premios ni castigos!¡Ni jurados!”– están reunidos Man Ray, Beatrice Wood, Francis Picabia y Marcel Duchamp, y comienzan a dar forma a Dadá.

Según el cineasta Hans Richter, Dadá tenía vínculos con el ¡da, da! esloveno (sí, sí, en castellano), aunque el propio Tristan Tzara, en su revista Dadá (1917-1921), publicaba su manifiesto dadaísta y aseguraba que Dadá no significaba nada. Oficialmente –Wikipedia dixit– se creó en 1916 en Zurich, en el Cabaret Voltaire, por el escritor Hugo Ball, aunque me pregunto si algo tendría que ver Emmy Hennings –poetisa y performer creadora de la revista Revolution, dueña de Cabaret Voltaire y pareja de Ball–.

Dadá era un movimiento creador que unificaba las “viejas vanguardias”: cubismo, expresionismo, futurismo, constructivismo, cubismo órfico… “Dadá es un misil dirigido a la cabeza”, concepto que utilizó Walter Benjamin para definir el movimiento artístico. En los ‘Soirées dadá’, en Cabaret Voltaire, la provocación a los asistentes era constante. Era fácil ver a Mary Wigman danzar con movimientos extraños de su cuerpo, retorciéndose y arrastrándose por el suelo –principio de la danza contemporánea–, o a Sophie Taeuber bordando líneas geométricas y coloridas –en los años 30 publicó su diario constructivista ‘Plastique’–.

Dadá, Ximo Rochera,
Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

Zurich y Barcelona, además de Nueva York, se establecieron como centros neurálgicos del dadá. Barcelona estaba repleta de artistas exiliados como Robert Delaunay, Marie Laurencin, Olga Sacharoff o Arthur Cravan, y espías como Mata Hari o Martha Richer. También Arthur Cravan –sobrino de Oscar Wilde, poeta, boxeador y viajero– creó su propia revista, Maintenant (1912-1915), y editó cinco números en París.

Dadá tuvo lugar en una época en la que las mujeres comenzaron a tener un rol más activo, no solo en los ámbitos políticos y sociales, sino también artísticos. Marinetti, editor de la revista Poesía (1905-1909), publicó en Le Figaro, el 20 de febrero de 1909, su manifiesto futurista: “Queremos glorificar la guerra… y el desprecio por la mujer (…) queremos defender los museos, las bibliotecas, combatir el moralismo, el feminismo…”.

La misoginia es algo que siempre ha estado presente en los movimientos de avant-garde artísticos. El género y la identidad son transgredidos en Dadá y también en el surrealismo.

Emma Goldman mostraba sus amantes en público y se enfrentaba a la policía; Emmy Hennings utilizaba su cuerpo como soporte dadá; Mina Loy escribió un manifiesto feminista inédito hasta su muerte, en 1966; Isadora Duncan era una artista libre que defendía la emancipación de la mujer a través de la protesta y de la liberación sexual.

Mabel Dodge Luhan era una activista wobbly precursora y mecenas de la revista The Masses (1911-1917); Winnifred Efferman (Bryer) fue una escritora y mecenas involucrada en revistas lésbicas y feministas, fundó la revista de cine Close-up (1927-1933) y financió la apertura de la librería Shakespeare and Company en París; Elsa von Freytag-Lorinhoven fue descrita en la revista The Little Review (1914-1929) como “la única persona viviente en el mundo que se viste dadá, ama dadá y vive dadá”; la dadásofa Hannah Höch fue una figura fundamental en el dadá berlinés.

Realizó fotomontajes dando una nueva visión de la mujer en torno a su identidad sexual –irónicamente representaba a la novia como un maniquí o un niño–, sus personajes eran ambiguos. Höch, precursora del punk, denunciaba la imagen frívola que transmitían algunos medios de la mujer liberada; Beatrice Wood –la mamá dadá– combinaba la cerámica y el dibujo en sus obras, fundó la revista The Blind Man junto a Henri-Pierre Roché y Marcel Duchamp. Roché se jugó en una partida de ajedrez el futuro de la revista con Picabia: quien perdiese dejaba de editar.

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

Picabia pudo continuar editando 391 (1917-1924) mientras The Blind Man (1917) finalizaba en el número 2 con una defensa de ‘La Fuente’ de Duchamp. El resultado de la partida de ajedrez se publicó en la revista de un solo número Rongwrong –Picabia también publicó Cannibale (abril-mayo, 1920)–; Suzanne Duchamp fue una de las pocas artistas visuales femeninas de las que se ha documentado como participante del movimiento dadá.

De alguna forma, Marinetti, con su manifiesto misógino, hizo de acicate de ese movimiento reivindicativo de las mujeres. Valentine de Saint Point contestaba a Marinetti con su manifiesto de la mujer futurista, publicado en la revista Lacerba el 25 de marzo de 1912: “Es absurdo dividir la humanidad en hombres y mujeres, pues se compone solo de feminidad y masculinidad. El übermensch está compuesto al mismo tiempo de elementos masculinos y femeninos”.

También Mina Loy escribió su manifiesto feminista el 15 de noviembre de 1914, que envió manuscrito a su amiga Mabel Dodge Luhan, en el que expresaba la necesidad de realización de la mujer a través de una “Demolición Absoluta”.

El paso de más de cien años desde que se creó Dadá y la demanda de un espacio propio para la mujer no parece que haya servido para que una búsqueda en Google sobre Dadá nos muestre a las mujeres que no solo estuvieron en el movimiento, sino que lo crearon.

Es relativamente fácil encontrar a Hugo Ball como fundador de Dadá sin que se nombre a Emmy Hennings, o descubrir ‘La Fuente’ de Marcel Duchamp sin que se pueda acceder a Elsa von Freytag-Lorinhoven; ver la apuesta imagen deportiva de Arthur Cravan sin que imaginemos el rostro de Mina Loy, las fotografías de Raoul Hausmann sin Hannah Höch, o las esculturas de Jean Arp sin los bordados de Sophie Taebeur.

There is no Life or Death / Only activity / And in the absolute / Is no declivity.
There is no Love or Lust / Only propensity / Who would possesess / Is a nonencity.
There is no First or Last / Only equality / And who would rule / Joins the majority.
There is no Space or Time / Only intensity, / And tame things / Have no inmensity

Este poema de Mina Loy fue editado en la revista Camera Work, de Alfred Stieglitz, en 1914, y finalizo con la traducción de la última estrofa, a modo de reflexión sobre el lugar que ocupa la mujer en los anaqueles, tanto físicos como de códigos binarios, hoy en día: “Lo domesticado / carece de inmensidad”.

Dadá
‘Dada damen. 100 jahre dada Mujeres Dadá celebran el centenario del Cabaret Voltaire en la explanada de la estación central de Zurich’ (2016), de Pere Sousa.

Ximo Rochera

Jorge Ballester, nulla aesthetica sine ethica

#MAKMAExposiciones #MAKMAOpinión | MAKMA ISSUE #02
‘Jorge Ballester. Entre el Equipo Realidad y el silencio’
Fundación Bancaja (del 12 de abril al 1 de septiembre de 2019)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Miércoles 5 de agosto de 2020

En el epílogo del curso académico 1964-65, el prolífico poeta y ensayista valentino y cacereño José María Valverde, en calidad de catedrático de Estética de la Universidad de Barcelona y uniformado con traje académico de toga y muceta, solicita que le fotografíen junto a un encerado en el que acaba de rubricar, cáustico y reivindicativo, la siguiente sentencia: “Nulla Aesthetica sine Ethica, ergo: apaga y vámonos”.

La instantánea es remitida por Valverde a su próximo y cálido colega José Luis L. Aranguren –excelsa e imprescindible figura en el devenir filosófico español del pasado siglo–, como explícito gesto de solidaridad –renuncia de funciones mediante– con el profesor de Ética de la Universidad Complutense de Madrid, sancionado y desprovisto de su cátedra junto a otros ínclitos como Enrique Tierno Galván y Agustín García Clavo, tras una “falta grave de disciplina académica” –tal y como reza en aquel canicular BOE de agosto de 1965–, por haber refrendado y participado en las convulsas protestas estudiantiles de buena parte del orbe universitario capitalino y peninsular, con motivo de la falta de libertad de asociación.

Debía ser en semejantes agitaciones socioinstitucionales, respirando el intoxicado salbutamol del encementado franquismo desarrollista, cuando, orientados por la pluma teórica del ensayista y crítico de arte Vicente Aguilera, eclosionara, escolar, marxista, mediterráneo y pop, el Equipo Realidad, grupo integrado por Joan Cardells (València, 1948) y Jorge Ballester (València, 1941-2014), erigido en uno de los binomios artítiscos inexcusables del último medio siglo patrio.

Jorge Ballester
Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

Y sobre la heterodoxa e indispensable figura de este último la Fundación Bancaja, en colaboración con Bankia, dedica una muestra antológica, bajo el título ‘Jorge Ballester. Entre el Equipo Realidad y el silencio‘ (del 12 de abril al 1 de septiembre de 2019), cumplido un lustro desde su expeditivo e invernal fallecimiento.

Una exposición comisariada por Jaime Brihuega y Joan Dolç que concita 93 obras del autor valenciano –entre las que se incluyen diversas piezas inéditas–, cuya datación transita de 1965 a 2013, procedentes de la colección de la Fundación Bancaja y de los herederos de Jorge Ballester, amén de préstamos de otras colecciones institucionales y privadas como las del IVAM, Colección Mariano Yera, Fundación Enaire, Galería Punto –con quien fraguaría una estrecha relación profesional–, Colección José Ignacio Zaragozá, Colección Ana Rosa Ballester, Colección Amparo Agraït Zaragozá, Colección Enrique Carrazoni, Universitat Politècnica de València, Colección Amalia Álvarez, Colección Miguel Ángel Lluch y Colección José María Pérez Verdoy, entre otras.

Conducido Ballester por la pulsión existencial (ideológica y funcional) que se edifica tras aquella nulla Aesthetica sine Ethica, el presente y ubérrimo compendio expositivo auxilia a compulsar las intenciones críticas, combativas e innegociables, de su deriva creativa.

De la mano proposicional de Brihuega y Dolç, ‘Jorge Ballester. Entre el Equipo Realidad y el silencio’ estructura su morfología a partir de nueve bloques (‘Equipo Realidad’, ‘Hazañas bélicas’, ‘Años de plomo’, ‘A vueltas con el cubismo’, ‘Ellos-yo, ‘Jodasel’, ‘Pugilatos al margen’, ‘Hypnerotomaquia concupiscente’ y ‘En compañía de la soledad’), cuyas razones cronológicas y argumentales perfilan clínica y límpidamente su turbulento, hartístico (“yo soy hartista”, acostumbraba a sentenciar Ballester), donoso, satírico e “intachable” (asevera Jaime Brijuega) predicamento artístico y personal.

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

De este modo, vertebran el florilegio los fotoperiodísticos predios de la Guerra Civil, los metales pesados del tardofranquismo y la Transición (Equipo Realidad), la naturaleza geométrica de sus predilecciones cubistas, la construcción de la identidad –mediante singularísimos retratos de artistas con los que Ballester se mide–, su contumaz inquina urinaria hacia Marcel Duchamp, la exudación enmascarada y cuadrilátera de la lucha libre mexicana, la fértil impudicia libidinosa o el exilio interior (el silencio), expatriado por propia voluntad de las fatuas y jactanciosas haciendas del mercado del arte.

No en vano, “su compromiso se mantuvo indemne ante los cantos de sirena provenientes de los limbos de la condición posmoderna, que invitaban a abandonar los ideales que habían impulsado la creación más comprometida hasta finales de los setenta”, rubrican Brihuega y Dolç en el texto curatorial.

‘Jorge Ballester. Entre el Equipo Realidad y el silencio’ se revela, a la postre, en ocasión propicia tanto para radiografiar los inmediatos vínculos entre el sujeto (creativo) y cuanto le circunda transitivamente –amén de equiparar la primera producción pública con los lacónicos (y fértiles) sótanos del retiro–, como para diagnosticar la radical vigencia –crítica y estilística–, que habita en sus últimas obras.

‘Jorge Ballester. Entre el Equipo Realidad y el silencio’. Fundación Bancaja, 2019.

Jose Ramón Alarcón

Este artículo fue publicado en MAKMA ISSUE #02, revista especial en papel con motivo del sexto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2019.

La catedral y la chispa

#MAKMACine #MAKMAOpinión | MAKMA ISSUE #02
Rafael Maluenda
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Martes 4 de agosto de 2020

Hace unos meses, ante la imagen devastadora del fuego consumiendo parte del techo de Notre Dame, sentí, como tantos, el temor de su completa desaparición. Y con ella, tanto arte a través de los siglos, y la huella del sentido de su existencia.

De inmediato, la imagen de otra catedral se abrió espacio en mi memoria; y no tanto porque también hubiera sufrido –junto a otro tipo de daños– incendios desde su construcción –el último de ellos en 1836–, sino porque, en esta evocación, su silueta se me aparecía recortada en el horizonte, su Pórtico Real –románico– seccionado en planos, envueltas las imágenes en la fuerza poética de las palabras de Orson Welles, tal y como las consigna en su última película, ‘F for Fake’ (‘Fraude’, 1973):

“Una celebración de la gloria de Dios y de la dignidad del hombre”; “quizá sea, de entre todas las cosas, la gloria anónima de este suntuoso bosque de piedra, este canto épico, este gran grito coral de afirmación lo único que sobreviva cuando nuestras ciudades sean polvo. La obra suprema del hombre –nos dice– se alza a través de los siglos sin una firma”.

Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

Sin una firma. Acabo de señalar que ‘Fraude’ es la última película de Orson Welles. Hace ahora casi un año (soy consciente), el cartel promocional de ‘The Other Side of the Wind’ llegaba al Festival de Venecia destacando una frase en mayúsculas: “His final film”.

Aunque resulte comprensible este esfuerzo promocional de sus responsables, y si bien es cierto que Welles rodó muchísimo material e, incluso, llegó a montar unos cuarenta minutos de los ciento veintidós que dura la película, resulta legítimo poner en duda (incluso negar) tal afirmación publicitaria: Welles decidió en su día abandonar el proyecto, como había hecho con otros; dejarlo sin montar, invisible.

Por más que, cuarenta años después, algunos de sus colaboradores originales –Oja Kodar, Peter Bogdanovich, Frank Marshall, entre otros– hayan intervenido para otorgar su aliento a la criatura que yacía desmembrada desde la renuncia de su creador, no puede pretenderse la paternidad de este. Welles, como cualquier cineasta, otorgaba a las decisiones tomadas en el montaje todo el peso sobre la naturaleza del resultado; incluso los cuarenta minutos montados por él son susceptibles de un cambio total de sentido en manos ajenas. Estas manos son, en todo caso, las que deberían firmar la obra.

¿Como un “grito coral de afirmación”? En el caso de la Catedral de Chartres, todos los esfuerzos colectivos, a lo largo de las reconstrucciones de varios siglos, construyeron en una misma dirección, en torno a una misma alma; en el caso de ‘The Other Side’, parece que cohabitan almas varias, provocando seguramente –por segunda vez– la deserción de la de Welles.

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

Concita los empeños de toda una vida de cineasta, y muchos sacrificios, la misión de salvaguardar la chispa que le activa desde su interior. Tomo la palabra –chispa (spark)– en el sentido con que Martin Scorsese la utiliza en su célebre carta pública a su hija Francesca: “Las herramientas (la tecnología) no hacen la película; haces la película”.

En coherencia, el cineasta neoyorquino afirmaba, en el momento de recoger el Premio Princesa de Asturias de las Artes en Octubre pasado, que a film should be personal. Por ello, y frente a la tentación constante de seguir a la corriente, las tendencias, las modas, dice a su hija que debe proteger esa llama interior con su vida: “Esa chispa interior es tu voz”.

Resulta imprescindible la reflexión de Scorsese en un tiempo en que el abrumador alud de imágenes ahoga casi siempre la posibilidad de una voz propia. Esta hipertrofia audiovisual desprovee de valor las imágenes, las anula, me comentaba recientemente Chumilla-Carbajosa, cineasta personal donde los haya.

Y resulta bien cierto: la inmensa mayoría de quienes se mueven sumergidos en tal avalancha de imágenes son incapaces de leerlas, de interpretar sus códigos, por mor de unos planes de estudios que persisten en orillar cualquier opción de construirse como persona, como individuo, frente a la inmensidad de mensajes o vacuidades visuales que nos zarandean desde que abrimos los ojos hasta que logramos cerrarlos (si es que lo logramos). A mayor abundamiento, tampoco conocen dichos códigos buena parte de quienes generan las imágenes; ni siquiera muchos que lo hacen desde ámbitos profesionales.

“La imagen no es inocente”, afirma Enrique Urbizu. Y, ante los debates que proponen que el cine pierde terreno ante las series televisivas y los contenidos (deplorable palabra, Scorsese dixit) para otros soportes, Urbizu responde sin contemplaciones: “El cine es el lenguaje”.

Su obra es elocuente a este respecto, ya sea concebida para los cines (‘La vida mancha’, ‘No habrá paz para los malvados’), ya para la televisión (‘Gigantes’). Esa chispa interior, esa voz propia, esa autoría, reside no tanto en el tema, sino en cómo se cuenta este, en la forma. La forma es el estilo, y el estilo, ya se sabe, es el hombre mismo. En cualquier forma de arte.

Volviendo a Chartres con Welles: “Todas nuestras canciones serán silenciadas –pero, ¡qué importa! Seguid cantando–. Quizá el nombre de un hombre no tenga tanta importancia”.

chispa
‘Fraude’, de Orson Welles.

Rafael Maluenda

Este artículo fue publicado en MAKMA ISSUE #02, revista especial en papel con motivo del sexto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2019.

De Leticia Sabater a las Vulpes y otras novedades

#MAKMAMúsica #MAKMAOpinión | MAKMA ISSUE #02
Juanjo Mestre
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Lunes 3 de agosto de 2020

Sin querer, por una de esas extrañas casualidades de la vida, y a pesar de que intento alejarme a toda costa y no rozarme lo más mínimo con toda esa gran bazofia musical que invade a nuestros jóvenes (o no tan jóvenes) adolescentes y preadolescentes, acaba de llegar a mis ojos y a mis oídos la letra de la canción y el último videoclip de esa abominable y repugnante hembra que, por cantar estas cosas (y por algunas cosas más), me parece Leticia Sabater, en cuyo currículum también figura ser candidata a liderar la mayor cantidad de liposucciones y de operaciones de estética en España, y de la que siempre recordaré una noticia que me enviaron hace dos años, que me impactó profundamente: la reproducción de su himen para volver a ser virgen, casi a los 50 años de edad. Indudablemente, la estupidez y la necedad humana no conoce límites y, en ello, también hay líderes.

Al grano. La vergonzosa y aberrante canción de marras se titula ’18 centímetros, papi’ y me acaban de confirmar que es un superventas, un asegurado hit para este verano, detalle que dificulta aún más la dificilísima labor de progenitores y educadores. La letra no tiene desperdicio; entre sus destacables versos, un ejemplo: “eres mi microondas, ya estoy caliente”.

Vulpes
Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

No es mi intención que esto sirva de autojustificación, pero, antes de divagar más sobre esta tipeja, quiero decir que rarísima vez pierdo el tiempo en escribir sobre música que no me gusta, la cual, desgraciadamente, existe en muchísima mayor cantidad que la que sí valoro positivamente. Digamos que esta excepción surge de la casual coincidencia de recibir simultáneamente la honorífica invitación de escribir un artículo musical sobre el último año para la revista MAKMA y, tras pensarlo detenidamente, no me ha parecido inoportuno. Que me perdonen, pues, Leti, afines y similares si les causa molestia. Siempre les quedará que pasen de mí tal y como yo paso olímpicamente de su porquería musical.

Ojo, digo todo eso, pero realmente creo que esta cortesana de la chabacanería está en su derecho de cantar lo que le pase por los ovarios; me parece totalmente lícito en su libertad de expresión creativa y ni por asomo se me ocurriría apostar por la censura (cosa siempre contraproducente). Pero en mi derecho de crítica y de libertad de expresión considero preocupante el apoyo y la forma en que se abre paso este tipo de propuestas a través de los medios, la prensa rosa, las radiofórmulas, los medios de radiodifusión comerciales o lo más decadente de las redes sociales, así como pubs o garitos dispares que apuestan por lo más ordinario y vulgar que musicalmente nos asedia. La excusa de que “estas canciones nos hacen sonreír y pasar un buen rato”, tal y como he leído en un medio, es de traca. El análisis a modo de resumen general que se desprende de todo ello es que este es el nivelazo cultural que tenemos en estos tiempos.

Me vienen ahora a la memoria aquellas adorables vascas que en los 80 entonaban aquello de ‘Me gusta ser una zorra‘. Con una peculiar y punkroquera adaptación del ‘I wanna be your dog’, de Iggy Pop y los Stooges, ruborizaron y enojaron a la sociedad conservadora y biempensante. Sin embargo, y comparativamente hablando respecto a Leticia Sabater, considero que los versos de las Vulpes contenían lírica de auténtica actitud rocanrrolera y su música era acorde a la evolución del buen rock de aquellos tiempos.

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

Y ahora, después de todo el precedente circunloquio, es el momento de volver a refugiarme en mi cueva, reivindicando la subsistencia del buen rock, aunque solamente sea para minorías musicales selectas a las que recomendar encarecidamente una serie de nombres. Desde el último verano hasta el día de la fecha, un servidor ha disfrutado de lo lindo con novedades musicales de nombres que nunca fallan, como J Mascis, Charles Lloyd & Lucinda Williams, Robert Forster, Glenn Cardier, Son Volt… de retornos como The Long Ryders, The Dream Syndicate… de promesas y valores en alza como Sarah Shook, Steve Gunn, The Maureens, Yola, The Roves, Nick Eng, Luther Russell, Zebra Hunt, The Golden Rail, Daddy Long Legs…

Por otra parte, fue un enorme placer asistir a conciertos poco abarrotados, como los de Guttercats, John Paul Keith, Parson Red Heads… Ah, y, por supuesto, no ha faltado material español exquisito, como Carolina Otero & Mike Grau, Oscar Briz, BB Sin Sed, Rafael Berrio, Riverboy, Mendizábal, Exfan, Los Eternos, Los Fusiles… Ellos y muchos más del pasado o presente me han acompañado, incluidas las Vulpess. Con la Sabater ya he tenido suficiente, una y no más, Santo Tomás.

Juanjo Mestre

Este artículo fue publicado en MAKMA ISSUE #02, revista especial en papel con motivo del sexto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2019.

La mujer y la ciencia ficción

#MAKMALibros #MAKMAOpinión | MAKMA ISSUE #02
Elia Barceló
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Domingo 2 de agosto de 2020

‘La mujer y la ciencia ficción’ es uno de los títulos más frecuentes en tertulias, mesas redondas, artículos de fanzines e, incluso, publicaciones académicas. O al menos lo ha sido hasta hace muy poco. 

Tenemos tanta costumbre de oírlo que casi ni nos llama la atención o, incluso, puede parecernos moderno, progresista, casi feminista, el unir estos dos términos tan dispares. ¿Tan dispares? Porque esa es la cuestión, que lo que implica ese título es que se trata de dos ámbitos que a nadie se le ocurriría poner juntos. ‘La berenjena y el chocolate’ o, todavía más atrevido, ‘La berenjena y la máquina de coser’. 

¿Alguna vez hemos tenido una tertulia, mesa redonda, conferencia o artículo sobre ‘El hombre y la ciencia ficción’? No, claro, porque se sobreentiende que ese es su dominio, tanto la ciencia como la ficción. Sin embargo, estadísticamente, hay menos lectores que lectoras (en cualquier género) y son muy pocos los hombres que leen ciencia ficción, comparados con los que prefieren la novela negra, el thriller, las historias de espías o los periódicos deportivos. Por no hablar de los que escriben ciencia ficción, que también son apenas un puñado entre los hombres que se dedican a otros géneros. 

ciencia ficción
Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

No obstante, a nadie se le ha ocurrido hablar de ‘El hombre y (el género que sea)’. Desde que existe la escritura, los varones han considerado que todo lo que tenga que ver con creatividad, reflexión, análisis o cualquier actividad del espíritu era de dominio masculino, y las mujeres lo hemos aceptado con más o menos naturalidad, porque siempre nos dijeron que las mujeres no servimos para eso, que las mujeres nunca habíamos aportado al mundo nada que valiera la pena.

En nuestras escuelas jamás nos dijeron que el primer texto occidental que se conserva fue escrito por Enheduanna, una mujer en Sumeria; nunca nos hicieron aprender nombres femeninos y sus obras –que existen, que existieron en todos los siglos, a pesar de las obvias dificultades por la falta de formación para las mujeres–; nos ocultaron los logros de nuestras antepasadas en las ciencias y las artes, para dejar solo –puntualmente– el recuerdo de algunas mujeres que se destacaron por su belleza, su santidad o su perfidia, los únicos campos en los que una mujer tenía derecho a destacar: Eva, Helena de Troya, Penélope, la Virgen María, Cleopatra, Isabel la Católica, Santa Teresa de Jesús, Lucrezia Borgia, Isabel de Inglaterra, Catalina de Rusia, Mata Hari… 

Ha costado mucho ir descubriendo pintoras, músicas, poetas, arquitectas, ingenieras, astrónomas, científicas de todas las ramas… y escritoras de género fantástico y de ciencia ficción. Se ha quitado importancia al hecho de que la primera novela de ciencia ficción –’Frankenstein’–, fue escrita por una mujer: Mary Shelley; y que las primeras novelas de terror fueron escritas por una mujer, que se hizo famosísima en su época: Anne Rathcliffe.

La ciencia ficción como género moderno dio un auténtico salto hacia la calidad literaria cuando, en los años sesenta del siglo veinte, irrumpieron las primeras mujeres en un panorama dominado por hombres que, en su mayor parte, escribían sin muchas ambiciones literarias para un público de hombres que se dedicaban a profesiones técnicas y no tenían mucha cultura de letras. 

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

Las mujeres, que nos hemos formado en la lectura de obras clásicas de ciencia ficción escritas por hombres, sabemos hacerlo igual que ellos, pero hemos añadido muchos temas nuevos en el género por el simple hecho de que aportamos otra visión, otras preocupaciones. Las escritoras de fantástico y ciencia ficción hemos introducido temas de la enorme problemática del género y el sexo, temas de la maternidad, la reproducción… Problemas que siempre han existido en la realidad, pero que ningún hombre había considerado dignos de pasar a una novela.

A esto se añade que en los últimos tiempos hemos llegado a un nivel de exigencia literario que habría sido casi impensable cuando la CF era un dominio masculino para narrarle a los jóvenes técnicos e ingenieros pequeñas historias con protagonistas que empezaban siendo poca cosa y acababan siendo superhéroes, que rescataban a la chica florero –muchas veces la secretaria de la empresa donde trabajaba el técnico– del pérfido alienígena con pinta de insecto (el famoso BEM, por las siglas de Bug-Eyed Monster) y realizaban el sueño americano siendo ascendidos, comprándose un coche último modelo y una casa con jardín en un buen barrio periférico. 

Las mujeres actuales en la ciencia ficción hacemos cualquier cosa que queramos hacer, porque somos capaces de hacerlo. Hay quien se decanta por el space opera, la gran épica, la parodia, la literatura prospectiva o extrapolativa, la lírica, el terror, la novela enigma… Hay quien trata temas de primer contacto, de robótica, de catástrofes ecológicas, de dilemas éticos, de procreación, de diferentes posibilidades sexuales y eróticas, de batallas galácticas…

No hay ningún camino cerrado para nosotras y las mujeres más jóvenes, las que están empezando ahora, seguramente ni siquiera saben, más que desde una distancia histórica, que hubo un tiempo en que tuvimos que luchar por nuestro derecho a escribir lo que quisiéramos. Hubo un tiempo en el que a mí, por poner un ejemplo personal, un importante escritor alemán me dijo que “cómo es posible que una chica tan joven y tan simpática haya escrito un relato tan espantoso” (se refería a ‘Loca’, que estuvo nominado al Ignotus de 1994 y acaba de ser reeditado en la antología ‘Insólitas’, compilada por Teresa López-Pellisa y Ricard Ruíz) y que cuando escribiera “algo más bonito” (sic), le encantaría poder publicármelo. 

Nunca volví a mandarle nada y, desde entonces, he escrito con total pasión y libertad, he encontrado editoriales que han querido publicarlo, así como lectoras y lectores a los que no les ha importado que la autora fuera una mujer y escribiera ciencia ficción. 

‘Demon Girl III’, de la ilustradora De la Cage.

Elia Barceló

Este artículo fue publicado en MAKMA ISSUE #02, revista especial en papel con motivo del sexto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2019.

Editorial | MAKMA ISSUE #02

#MAKMAOpinión | MAKMA ISSUE #02
Editorial
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Sábado 1 de agosto de 2020

¿Por qué la cultura es una convidada de piedra en los debates electorales? ¿Por qué apenas se la nombra? ¿Será que cultura y política casan mal? La respuesta podría ser afirmativa, si no fuera por que, en muchas ocasiones, se producen matrimonios de conveniencia. Matrimonios, ahora sí, bien avenidos, en tanto en cuanto la cultura se avenga a los planteamientos políticos que anuncian un mundo mejor bajo su férula.

Es en este sentido que, como decía Marx (no Karl, sino Groucho), el matrimonio “es una gran institución, siempre y cuando te guste vivir en una institución”. Por eso el artista comprometido, a rebufo de lo dicho, ha de tener cuidado con las añagazas de tan seductora institución, entendida aquí como cárcel del alma sometida al cuerpo de una ideología. 

Editorial
Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

Ese matrimonio de conveniencia entre cultura y política ha solido tener un color eminentemente rojo. Como apunta el filósofo José Luis Pardo en ‘Estudios del malestar’, es tradición pensar en ese artista comprometido generalmente asociado con el comunismo, “pues cualquier compromiso con otra cosa se consideraba intelectualmente vergonzante”.

Quiere decir que mientras estuvo vigente ese paradigma (“que aún hoy no está del todo desautorizado”), ser reconocido como tal intelectual comprometido, ya sea artista, escritor o literato, “era prácticamente imposible… si no se exhibía en algún grado este compromiso con el comunismo”. 

Una vez constatada la existencia de matrimonios de conveniencia entre cultura y política, bueno será volver a la pregunta inicial, tras comprobar las escasas alusiones a la cultura en los debates electorales: ¿será que cultura y política casan mal? Pensamos que sí. Al menos, en los términos en que la política, no toda, pero sí en una gran mayoría, se formula en la era de Internet. 

Si la cultura es un espacio de interrogación inmune a las respuestas lapidarias y más próxima a las tentativas por aclararnos en medio de la oscuridad que nos habita, la política del conmigo o contra mí, de la vida concentrada en píldoras que lo resuelven todo de un plumazo, no puede estar más alejada de la cultura. “Hice un curso de lectura rápida y leí ‘Guerra y Paz’ en veinte minutos. Creo que decía algo de Rusia”. Lo que dice Woody Allen encaja con esas prisas por rehacer el mundo que tienen, no todos, muchos políticos en la rabiosa actualidad. 

Extracto inicial del editorial de MAKMA ISSUE #02.

La cultura, he ahí su compromiso de verdad, casa mal con la política, porque su fundamento es otro bien distinto. Su objetivo no es cambiar el mundo, sino hacer que las personas que lo habitan encuentren su lugar. Un lugar donde los relatos, ya sean artísticos, literarios, teatrales o cinematográficos, ofrecen la posibilidad de compartir experiencias ajenas, muchas veces contradictorias, que nos permiten elaborar las nuestras. No hay cultura que se precie sin política que propicie su modus vivendi. Ya saben: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. 

El divorcio entre cultura y política es necesario, porque la cultura viene a decir las cosas que la política, sometida a las prisas y al cálculo feroz, por definición excluye. La cultura exige paciencia, cabalgar de un personaje a otro, dar forma a lo que se presenta en ocasiones como algo ininteligible, y no caer en la tentación de querer comprenderlo todo al instante. Ni siquiera este editorial, con el que MAKMA apuesta un año más por esa cultura interrogativa en torno a las pasiones que nos habitan. 

MAKMA

Este artículo fue publicado en MAKMA ISSUE #02, revista especial en papel con motivo del sexto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2019.

EDITORIAL | MAKMA ISSUE #01

MAKMA ISSUE #01
Editorial
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Solemos echar la culpa de todo a la falta de cultura. Si tuviéramos cultura muchos de los problemas que asolan el planeta desaparecerían, incluidos, claro está, los que se producen entre las personas. Porque el roce no siempre hace el cariño, sino que también genera chispas que suelen avivar incontrolables fuegos. De manera que necesitamos cultura con la que apagarlos. El asunto es que cultura, como apuntó de forma provocadora el filósofo Gustavo Bueno, también es la silla eléctrica: “Y alta cultura civilizada, por cuanto supone el control de la energía eléctrica”.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Woody Allen, en un tono igualmente sarcástico, alerta de esa faz menos amable de la cultura: “Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia”. Y otro tanto dice el protagonista de ‘La naranja mecánica’, del escritor Anthony Burgess: “Se decía que la Gran Música y la Gran Poesía tranquilizarían a la Juventud Moderna y conseguirían Civilizarla. [Sin embargo] La música siempre me excitaba, oh hermanos míos, haciéndome sentir como si fuera el propio y viejo Bogo [Dios] en persona, listo para descargar rayos y centellas”.

De manera que cultura, sí, pero no la cultura per se, como si el solo hecho de enarbolar su prestigio nos protegiera de sus contraindicaciones. Y aquí es donde entra MAKMA, la revista de artes visuales y cultura contemporánea, que celebra sus cinco años de existencia. Un lustro comprometido con esa cultura de la que precisamente conviene precaverse de su tendencia a la confrontación, que suele ser patrimonio del debate ideológico. MAKMA nació, en plena crisis económica, es decir, a contracorriente, para propiciar una cultura en la que prime la interrogación por la vida, en lugar de la respuesta lapidaria.

Es en este sentido que nacimos comprometidos con la cultura. Un compromiso alejado de ese otro ligado, precisamente, a la práctica política. ¿Cuántas veces hemos oído que el arte debe ser comprometido? ¿Con qué y, lo más peligroso, contra qué? Acostumbrados al entretenimiento más ramplón, que circunscribe la cultura al espacio de ocio donde todo se mide por la sola rentabilidad económica, hemos deducido que, para sacarla de ahí, teníamos que agitarla como si fuera un cóctel molotov para despertar tanta conciencia adormecida.

Extracto inicial del editorial de MAKMA ISSUE #01.

Quien así se conduce da por supuesto que él, artista soberano o entidad abanderada, posee la llave de la cultura con la que abrir las mentes cerradas. He ahí su compromiso asociado al combate, a la cultura como ariete que vendría a doblegar al otro, ya sea este otro el capitalismo, la política conservadora o la sociedad del bienestar que da pábulo a ese entretenimiento anestésico. De manera que quien así se conduce, portador de un discurso que se quiere rompedor, utiliza la cultura como acicate o espoleta con la que detonar la carga explosiva contenida en el objeto artístico.

La cultura así entendida se nutre de ideología, en tanto campo de lo político que traza con claridad la raya del adversario, localizando al enemigo para justificar moralmente la lucha. No es esa la cultura que defiende MAKMA, por mucho que den ganas, un día sí y otro también, de gritar contra la injusticia, los desmanes del poder o la estulticia consumista. Y no lo es porque la cultura, tal y como la entendemos en MAKMA, es un espacio de interrogación a salvo del odio, que se pregunta por él y por todo aquello que anida en el interior de un sujeto habitado por cierta pulsión destructiva. Nosotros, como el cineasta Terry Gilliam, solo deseamos que la gente vuelva a pensar: “Hay demasiada furia ahí fuera y eso no me gusta”. En MAKMA, tampoco. Por eso reivindicamos el pensamiento sosegado y la cultura comprometida con él, así pasen otros cinco años.

Este artículo fue publicado en MAKMA ISSUE #01, revista especial en papel con motivo del quinto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2018.

MAKMA

Nace ‘Nostromo’, revista en papel singularizada

Presentación de la revista Nostromo
Convent del Carmen
Plaza Portal Nuevo, 6. Valencia
Viernes 5 de abril de 2019, a las 19.00h

El Convent del Carmen acogerá el próximo viernes 5 de abril la presentación de ‘Nostromo’, revista en papel con una tirada de 400 ejemplares en la que colaboran artistas que desarrollan su trabajo en muy diversos ámbitos plásticos, que nace por iniciativa de Alberto Adsuara y Antonio Soto, responsables de la carrera de Arte&Diseño de la Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT) de Valencia.

‘Nostromo’ se editará cada seis meses con 400 nuevos depósitos numerados. No habrá dos Nostromos iguales: los 400 serán distintos. Si alguien quisiera adquirir los 400 ejemplares tendría 400 revistas diferentes. Al igual que ninguno de sus colaboradores es igual a otro ni lo será jamás.

Interior de la revista Nostromo. Imagen cortesía de sus editores.

Página 89 de la revista Nostromo. Imagen cortesía de sus editores.

‘Nostromo’ carece de objetivos precisos, más allá de prescindir de cualquier carácter reivindicativo y, por lo tanto, es producto de la plena libertad. El lector será quien, finalmente, decida qué hacer con el contenido de la revista. Así, cada visitante podrá arrancar aquellas imágenes que no le satisfagan lo suficiente.

El encuentro con esta nave será posible en las siguientes coordenadas 39.481051,0.380026. El espacio elegido para que ‘Nostromo’ aterrice -dejando libre a los integrantes que lleva en su interior- será el antiguo convento del Carmen en pleno corazón de la ciudad de Valencia.

Página 97 de la revista Nostromo. Imagen cortesía de sus editores.

Página 97 de la revista Nostromo. Imagen cortesía de sus editores.