Jorge Seguí Pastor. Jorge Seguí Asesores. Valencia

#MAKMAArte
Jorge Seguí Pastor (1951-2024)
Obituario

Ha fallecido hoy, en València, Jorge Seguí Pastor (1951-2024), director de Jorge Seguí Asesores, miembro de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Gestores Administrativos de València, asesor de AVVAC y coleccionista de arte.

Jorge Seguí se definía a sí mismo como «español-valenciano, liberal, gestor administrativo. Mi mundo: el autónomo y la pyme. La justicia, el arte y la educación: libre. Ciclista y corredor». Un impecable profesional que atesoró la virtud de resolver, con su bonhomía y determinación, las siempre complejas cuitas de muchos miembros activos del sector cultural valenciano y con quien nos unía, desde hace más de una década, una fecunda trayectoria que se remonta a los orígenes de MAKMA, allá por el año 2013.

Durante este tiempo, supo refrendar, desde las oficinas de Guillem de Castro y junto a su diligente equipo –Miriam, Leticia, Amparo, María y Carina, entre otras compañeras–, todas aquellas razones (semánticas y administrativas) que a quienes participamos del orbe artístico (en todas sus manifestaciones posibles) nos resultaban inasibles e inhóspitas.

Por tal motivo, deseamos compartir nuestras condolencias y rendirle nuestro particular tributo recuperando la entrevista que Ismael Teira, miembro del Consejo Editorial de MAKMA, le realizó acerca de lo fiscal, lo artístico y lo humano en nuestro segundo monográfico en papel, publicado en junio de 2019.

MAKMA ISSUE #02
Ismael Teira | Jorge Seguí: “Si hubiera una Ley de Mecenazgo al estilo americano la gente colaboraría más en estas cosas”
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019

Recientemente, la directora general de Industrias Culturales y Cooperación del Ministerio de Cultura ha manifestado “la necesidad de poner en valor la figura del mecenas y la filantropía en sí” a la vez que recomendaba hacerlo no solo por razones fiscales. Lo cierto es que, según los datos de la Agencia Tributaria, en España hay más de tres millones de mecenas y, sin embargo, el mecenazgo privado continúa siendo un terreno desconocido para gran parte de la ciudadanía.

Para poder comprender un poco mejor las pretensiones de la Ley de Mecenazgo en ciernes, entrevistamos al gestor Jorge Seguí, en activo desde 1974 y con una reconocida trayectoria profesional. Actualmente integra la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Gestores Administrativos de València, desde la que contribuyó a impulsar en el año 2000 un premio de pintura que alcanza esta temporada su undécima edición.

El último Premio de Pintura Gestores –que recayó en el también premiado con el IV Premio de Dibujo DKV/MAKMA, Manu Blázquez– está dotado con 7.000 euros. ¿Qué impulsa a un colectivo como el suyo a destinar tal cantidad para este fin?

Pretendíamos crear algún tipo de acción cultural que devolviera a la sociedad una parte de lo que ellos nos aportaban al confiar en nosotros como colectivo, y así decidimos convocar el Premio de Pintura. Nosotros en el Colegio disponemos de una partida de imagen corporativa, lo que se llama vulgarmente publicidad, un dinero para transmitir nuestra imagen.

¿Puede esto ser cuestionado por la Administración en algún momento determinado? Pues a lo mejor sí podría considerar que lo que hacemos no es imagen, y por lo tanto no es deducible en nuestra actividad. Nosotros como Colegio profesional no tenemos ánimo de lucro, pero lo idea es que este tipo de cuestiones no se le planteen a una empresa privada que pueda directamente aportar estos recursos económicos y que luego no se le cuestione la deducibilidad.

Una asignatura pendiente que tiene el Estado español es aprobar una verdadera Ley de Mecenazgo con desgravaciones fiscales justas. Es más, lo que debería haber es un deducción especial por invertir en esto. Si hubiera una ley de mecenazgo al estilo americano o de otros países como Suiza, Alemania, Francia o Reino Unido, dónde casi todo el mecenazgo es privado, pues yo creo que la gente colaboraría más en estas cosas.

Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

Digamos que aquí existe una gran diferencia respecto a otros países europeos donde ya hay leyes de mecenazgo maduras. ¿Compensa llevar a cabo en España iniciativas filantrópicas, o suponen demasiado engorro?

Suponen, sobre todo, inseguridad jurídica, el miedo a que la Administración pueda cuestionarlas. Además, tampoco existe verdaderamente un incentivo fiscal que anime a poder hacer mecenazgo. Eso crea incertidumbre porque tú tienes que transmitirle a la Administración en caso de inspección, por ejemplo, que esa acción crea una transmisión de tu imagen de marca como un complemento o sustituto de la publicidad, que sí es un gasto deducible.

Si se invierte en gastos de este tipo lo acertado sería que se ofreciera una desgravación en los impuestos del 10 o el 20 % de todas las cantidades aportadas para participar en obra social y cultural, y esto es lo que se está haciendo de forma rácana. Es decir, a lo mejor sí hay una deducción, pero no la permiten del todo, o con un límite; esto es muy propio aquí. Una entidad sin ánimo de lucro lo tiene más sencillo porque al no tener que pagar por beneficios, en realidad, lo que se gasta no se mira tanto con lupa. Aunque te gastes el dinero en cosas de este tipo, no le estás quitando a la Administración nada.

Lo que pasa es que aquí estamos más por la labor de que sea el Estado quien subvencione, y todas las subvenciones públicas son muy difíciles de controlar porque al final, en ocasiones, benefician a colectivos que no hacen un buen uso del dinero.

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

Aparte del componente fiscal, el humano también es muy significativo, de hecho la propia palabra filantropía se define como el amor a los semejantes obrando en bien de la comunidad

El ser humano tiene que hacer acciones que redunden en la sociedad, y lo mejor es construir una educación en la sociedad para estar predispuestos a la colaborar en estas cosas. Sin embargo, cuando esta labor la asume siempre la Administración se acaba creando la idea de que el Estado lo puede todo, lo tiene que hacer todo, y al ciudadano lo único le queda es, simplemente, un derecho a la pataleta y a exigir siempre a que sean los demás los que le arreglen sus problemas.

Realmente, lo que interesa es que sea el mismo ser humano como individuo el que se plantee esta misma necesidad; eso es muy interesante. Así se crea una situación extraordinaria, porque dejando este deber en manos privadas se consigue crear en la misma ciudadanía una obligación innata, una responsabilidad propia que cada miembro de la sociedad asume como si eso fuera una cosa sin la cual no se puede vivir, que al final es necesaria para ellos mismos.

Quiero decir, al final lo que tienes que hacer es involucrar a la gente y que lo vea como algo natural e inherente al ser humano.

Se define como un «pequeño coleccionista». ¿Qué le impulsa a serlo?

Sí, soy un pequeño coleccionista que adquiere alguna cosita. Muchas veces, las galerías no explican bien qué debe hacer un verdadero coleccionista de arte. Hay mucha gente desengañada del coleccionismo.

El coleccionista no necesariamente recurre al arte para invertir, si no que lo hace por una motivación personal de poseer algo que le gusta y que quiere disfrutar en casa. El fin último no es que aquello se revalorice, pero sí es verdad que al coleccionista que invierte en artistas jóvenes le interesa evidenciar que tiene ciertos conocimientos y que acierta a la hora de invertir apostando por un artista que, al final, llega a tener un cierto posicionamiento en el mundo del arte.

De algún modo, siempre tuve mucha vivencia con el mundo del arte, que ya venía de la relación con mi madre, aunque ella no tenía nada que ver con el mundo del arte, pero era muy aficionada. Yo también; dibujaba y todo esto. Creo que eso se me ha quedado un poco ahí.

Jorge Seguí
El gestor y coleccionista de arte Jorge Seguí Pastor.