El IVAM presenta su tienda online con 400 volúmenes

Botiga IVAM
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
Guillem de Castro 118, Valéncia

Desde el 19 de abril de 2019 todas las publicaciones del IVAM están al alcance de un clic en la web de la institución (botiga.ivam.es), una iniciativa que el Instituto Valenciano de Arte Moderno ha querido hacer coincidir con las celebraciones en torno al Día Internacional del Libro.

Se trata de una web de visita obligada para los amantes de las publicaciones de arte, donde se han puesto a la venta más de 400 volúmenes editados a lo largo de los 30 años de vida del IVAM y en ella se pueden encontrar obras descatalogadas y auténticas joyas bibliográficas difíciles de reeditar. Entre las obras expuestas se halla el catálogo de Alfaro publicado en 1991 o la última publicación del IVAM, el catálogo de la exposición ‘Tiempos Convulsos’, que se puede visitar hasta abril de 2020.

Hay publicaciones para todos los bolsillos: desde ofertas por menos de 3 euros, como ‘Ramon Dachs. Escritura geométrica, escritura fractal’ o ‘José Mª Báez’, hasta la obra de Julio González recogida en el catálogo razonado que asciende a 260 euros.

Portada de la web Botiga IVAM.

En la web se puede efectuar la compra, como es habitual, con tarjeta bancaria y se envía a cualquier lugar del mundo con el objeto de que estas ediciones estén al alcance de cualquier particular o institución, independientemente de su localización.

Desde su creación en 1989, el IVAM cuenta con un servicio de publicaciones que, cosa muy poco habitual en los museos, se encarga de todo el proceso de producción de los materiales que generan las exposiciones y las actividades de la institución: desde la creación, el diseño y la producción hasta su comercialización, control de distribución y almacenaje.
Coincidiendo con el lanzamiento de la web de la tienda online, accesible en valenciano, castellano e inglés, el IVAM estará presente en la Fira del Llibre de Valéncia, donde expondrá sus fondos.

En la feria se podrán adquirir también obras muy demandas, tales como ‘A Contratiempo, medio siglo de artistas valencianas 1929-1980’, publicación que recoge textos de José Miguel G. Cortés, Isabel Tejeda y María Jesús Folch, entre otros, editado el año pasado y que reúne obras de artistas como Amparo Segarra, Jacinta Gil, Juana Francés, Ana Peters, Monika Buch, Isabel Oliver, Ángela García Codoñer, Cristina Grau, Victoria Civera, Soledad Sevilla o Cecilia Bartolomé. Otro ejemplo sería el catálogo de Joan Miró, ‘Orden y desorden’, uno de los referentes de las primeras vanguardias del siglo XX.

Catálogos del IVAM. Imagen cortesía del museo.

Nuevas vías de aproximación a Julio González

Materia, espacio y tiempo. Julio González y las vanguardias
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 17 de enero de 2021

“No acabamos de entender su importancia”, se apresuró a decir José Miguel Cortés, director del IVAM, con respecto a la obra de Julio González. Y añadió después: “No valoramos lo que tenemos en casa; la importancia de su escultura”. Para poner en valor su obra, el museo presenta la exposición Materia, espacio y tiempo. Julio González y las vanguardias, en lo que supone “una vuelta de tuerca más” (Cortés) al trabajo de un creador sobre el que pivota buena parte de la colección del instituto valenciano.

“Julio González vivió y murió prácticamente en la miseria, retrasándose de manera especial en su caso el análisis de su aportación trascendental a la escultura artística de vanguardia”, dijo hace 35 años el crítico de arte Francisco Calvo Serraller. El IVAM, que celebra su 30 aniversario, se hace cargo de ese análisis con el fin de ir restañando una herida que, en el caso del escultor, permanece todavía abierta, al igual que una producción que sigue por descubrir. “Nos sigue sorprendiendo la capacidad de misterio de su obra”, destacó Josep Salvador, comisario de la muestra junto a Irene Bonilla y Sergio Rubira.

Obras de Julio González en el IVAM.

Obras de Julio González en el IVAM.

Como avanzó el propio Calvo Serraller, “la huella fecunda de Julio González ha sido efectivamente decisiva en las últimas décadas y todo parece indicar que seguirá aún operativa por mucho tiempo”. De ese hilo tiran los comisarios a la hora de reunir más de 200 piezas de la colección del IVAM, que sitúa la obra del escultor “en la encrucijada de una época de cambios y tensiones que tuvieron en el arte un espacio para la investigación y la reflexión”. En esa primera mitad del convulso siglo XX, González fue realizando su dilatada producción, que el museo pone en diálogo junto a la de artistas coetáneos como Picasso, Gargallo, Miró, Torres-García, Brancusi, David Smith, Kurt Switters, Jean Arp, Alexander Calder o Jean Hélion.

La exposición, que Cortés calificó de “magnífica” y de “muy bonita, porque amplía los sentidos”, ocupa cinco salas, mostrando algunas piezas inéditas, como Los vencedores de Brihuega de Arturo Ballester, y material documental cuya mayoría tampoco se había expuesto nunca. Maestro del hierro forjado y de la sutileza a la hora de mostrarlo, hasta el punto de ser calificado su estilo con la idea de “dibujar en el espacio”, según explican los comisarios, Julio González fue pasando de la figuración a la abstracción, tal y como se recoge en la muestra de forma “más o menos cronológica”, señaló Bonilla.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Rubira puso el acento precisamente en la “tensión entre abstracción y figuración” que atraviesa su trabajo, resaltando el carácter figurativo: “Nunca quiso abandonar la representación”. La contraposición entre la Montserrat que presentó en el pabellón republicano de la Exposición Universal de París de 1937, “aterrorizada” y “encarnación del sufrimiento por los totalitarismos”, y la más abstracta Mujer ante el espejo, condensa la tensión aludida por Rubira, para quien Julio González “incorpora diferentes lenguajes para crear el suyo propio”.

Es precisamente este carácter híbrido y ajeno a la rigurosa etiqueta, el que quizás haya dificultado la valoración y difusión de su trabajo. “Recorre todas las vanguardias de un modo muy personal”, apuntó Rubira. “Queríamos evidenciar la imposibilidad de clasificar la obra de González, porque no es surrealista pero se habló de un trabajo surrealizante, no es cubista pero tiene trabajos cubistas y no es novecentistapero hay obra de novecentismo”, agregó el comisario. En este mismo sentido se expresó Cortés: “Su riqueza consiste en que es un artista que plantea lenguajes distintos. Representa esa personalidad fuerte que sobrepasa las etiquetas”.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

“En sus textos habla del concepto de unir materia y espacio, como el cuerpo y el alma. Siempre en esa dualidad se mueve un poco la obra de González, entre la luz y la sombra”, explicó Salvador, para quien el espacio juega un papel activo, al tiempo que la ausencia de materia genera “una capacidad de empatía”. Inclasificable e inabarcable, el IVAM sigue profundizando en el trabajo del escultor, para dar fe de lo que todavía queda por descubrir en su obra.

Ampliación de su trabajo que aparece ligada a esa otra ampliación del propio museo, a la que se refirió Cortés, requerido por las declaraciones del presidente de la Generalitat, Ximo Puig, a Valencia Plaza, donde afirmó que se trataba de algo “irrenunciable”. “Si dice que la ampliación es irrenunciable me alegro sobremanera, porque para este director lo es”. Y con respecto a la posibilidad de crear otra subsede en Castellón, siguiendo el ejemplo de la de Alcoi, también le pareció una excelente noticia. “Ojalá no sea un proyecto solo del presidente, sino que sea de toda la sociedad valenciana, porque es algo muy positivo para la Comunitat que las instituciones culturales se amplíen y tengan mayores recursos”.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Vista de la exposición de Julio González en el IVAM.

Salva Torres

El paisaje y la luz del norte de Leo Wellmar

Land, de Leo Wellmar
My Name´s Lolita Art
C / Almadén, 12. Madrid
Inauguración: jueves 25 de abril de 2019, a las 20.00h

Hablar del movimiento romántico en el paisaje, es hablar de emociones y estados de ánimo. Exaltaciones contenidas en el atelier, donde el artista desataba toda su imaginación a la luz de las velas y alejado de la naturaleza.

El paisaje como excusa para provocar emociones y, sobre todo, para adentrarse en el estudio del color y de la luz, es lo que ha llevado a la pintora Leo Wellmar (Estocolmo, 1965) a realizar esta serie de trabajos, manteniendo como inspiración el paisaje y la luz del norte.

Leo Wellmar es consciente de la constante presencia de la naturaleza y de la importancia del paisaje en su vida. La propia artista habla de los “fuertes contrastes  de ambientes y gamas cromáticas en cada estación… una auténtica explosión de matices y de elementos y, desde mi punto de vista, un paraíso como medio de expresión”.

El paisaje es el escenario perfecto para un paseo emocional (concepto romántico), donde las sensaciones adquiridas toman fuerza a través de su propia luz, sin límites visibles entre la realidad y la ficción. En este punto puede haber un coqueteo científico – impresionista, el cual es evitado por la propia artista al hablar de su trabajo como “paisajes imaginarios e ilocalizables”.

En definitiva, el proyecto que presenta Leo Wellmar para la exposición, estaría vinculado a un proceso emocional y conceptual. El paisaje como punto de partida para lograr conceptos utópicos. Una simbiosis entre el “significante y el significado”, con el fin utópico de conseguir el concepto universal de la imagen.

Su obra es, en definitiva, el argumento perfecto para profundizar en el campo conceptual de los estados lumínicos. Variaciones  conceptuales, imaginarias, de paisajes inalcanzables, que se precipitan en figuraciones formales y reconocibles.

Red Trees, de Leo Wellmar en la exposición 'Land'. Imagen cortesía de My Name's Lolita.

Red Trees, de Leo Wellmar, en la exposición ‘Land’. Imagen cortesía de My Name’s Lolita.

Xu Bing presenta su libro escrito con emoticonos

Book from the Ground, de Xu Bing
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Miércoles 24 de abril de 2019

El artista chino Xu Bing presentará el 24 de abril su publicación ‘Book from the Ground’ escrita únicamente con emoticonos y que ha sido editada por el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, con motivo de la exposición ‘Art for the people’. Xu Bing ofrecerá en el Centre del Carme un workshop en el que invitará a personas de diferentes edades, incluyendo un niño o niña a interpretar su libro.

‘Book From The Ground’ (el ‘Libro de la Tierra’) es una historia sin palabras, compuesta por más de 8.000 iconos, un relato de 24 horas en la vida de Mr. Black. Con él el artista crea un lenguaje universal, sin letras ni caracteres, haciendo posible que su libro se pueda leer sin que los conocimientos idiomáticos del lector supongan un impedimento para su comprensión.

Exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme

Vista de la exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme

La problemática del lenguaje ocupa una parte importante en su trabajo y es el hilo conductor de su obra, donde el arte tradicional y el arte conceptual van intrínsecamente unidos. La publicación ‘Book From The Ground’ está en la línea de su exposición ‘Art for the people’ (‘Arte para el pueblo’) que presenta en el Centre del Carme, su primera gran exposición en España.

Una gigantesca banderola expuesta en el MoMA de Nueva York y en el Victoria & Albert Museum de Londres corona la sala Ferreres-Goerlich. Quien no conozca el sistema de escritura inventado por Xu Bing puede pensar que la bandera ‘Art for the people’ está escrita en chino, cuando en realidad cada grafía china es una palabra escrita en inglés con letras de nuestro alfabeto. La bandera dice: “Art for the people, dijo el Presidente Mao”. Xu Bing juega con el engaño, con lo que parece y no es para realizar una crítica en clave de humor, una crítica velada, a la política china y a sus tradiciones.

Vista de la exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vista de la exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

El director del Centre del Carme, José Luis Pérez Pont, destacó  que “la lengua, seña de identidad de un pueblo, puede constituir también una frontera. La obra de Xu Bing es crítica, es humor pero también es, desde un profundo respecto a la tradición china, una invitación a descubrir su cultura, a través de su lengua”.

“Xu Bing convierte la Sala Ferreres en un templo de la cultura china, sin fronteras, con escrituras sagradas que no dicen nada y con dibujos que dicen mucho. En su búsqueda por hallar el lenguaje universal Xu Bing nos presenta el primer libro escrito única y exclusivamente por emoticonos que hoy en día todos podemos entender”, señaló Pérez Pont.

La comisaria de la muestra Marta Millet explicó que “hasta hoy, el artista ha seguido desarrollando la idea de un nuevo lenguaje, haciéndolo todavía más accesible a un mayor número de personas, independientemente de sus bagajes lingüísticos. Como continuación de su clásica obra ‘Book from the Sky’, el artista presenta, en esta exposición, una nueva novela gráfica, ‘Book From The Ground’, compuesta íntegramente de símbolos e iconos que se entienden universalmente, una historia legible sin palabras”.

Vista de la exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vista de la exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Al igual que toda la producción de Xu Bing la exposición del Centre del Carme está montada de un modo muy didáctico, invitando al espectador a participar. De este modo, en medio de una recreación de lo que fue su estudio en el que escribió el libro, se han instalado dos ordenadores para que el público pueda escribir su propio relato transformándolo en emoticonos. Sus publicaciones quedarán grabadas de modo que el artista podrá después conocerlas.

En una de las subsalas de Ferreres se muestra su primera gran instalación Book From The Sky, (1987-1991). La instalación es como un templo dedicado a una lengua sin sentido. Libros, rollos y paneles, con miles de caracteres chinos grabados en papel, invitan a la lectura; la cual es imposible, ya que todos y cada uno han sido inventados por el artista. No hay significado alguno. Gran ironía, las apariencias y el descubrimiento de lo que, en realidad, es. Primero fue aclamada como una de las creaciones más significativas del llamado grupo New Wave o del Movimiento del ’85, pero después del incidente en la plaza Tiananmen fue percibida como una obra fútil y banal.

Vista de la exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vista de la exposición de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Después de mudarse a los Estados Unidos en los años 90, Xu Bing también creó un nuevo sistema de escritura: letras de nuestro abecedario combinadas de manera que parecen auténtica caligrafía china. El público puede aprender a leer y a escribir este nuevo sistema en la sala de exposiciones, en el aula de ‘Square Word Calligraphy’, una instalación que recrea un aula de un colegio chino y que permite al espectador sentarse a practicar con el pincel y la tinta sobre el cuaderno, cual niño en la escuela; como él mismo hizo a diario durante su infancia.

Con este mismo sistema de escritura el artista chino ha traducido para el Centre del Carme el poema de ‘El bon poble’ de Ausiàs March, al estilo Xu Bing. Se trata de una obra creada ex profeso para esta exposición, inspirándose en la cultura valenciana, en su tradición, en diálogo con la cultura china. El hecho de crear lo que parece y no es va más allá del lenguaje escrito, también trabaja con imágenes. Como en sus Background Story, grandes cajas de luz que enmarcan un dibujo clásico oriental, típico de los antiguos maestros de la pintura china. Lo que parece una gran tinta sobre papel resulta ser un embrollo de desechos que, jugando con la luz, proyectan su sombra sobre cristal translúcido engañando nuestra percepción. Plásticos, hojas secas, retales, ramas… en esta instalación no se han aplicado pigmentos con el pincel.

Obra de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Obra de Xu Bing. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Jorge Ballester, a tiro limpio

Jorge Ballester. Entre el Equipo Realidad y el silencio
Fundación Bancaja
Plaza de Tetuán, 25. Valencia
Hasta el 1 de septiembre de 2019

Jorge Ballester, dicho por él, encauzó su mala leche a través del arte. Deslenguado y hemorrágico verbal, también según sus propias palabras, dedicó la mayor parte de su vida a desentrañar la realidad que vivía con pasión y dolor. Primero lo hizo en compañía de Joan Cardells, con quien fundó en 1966 Equipo Realidad. Y después, en solitario, recluido en el ámbito privado, harto (“yo soy hartista”, solía decir) del sistema del arte y de esa realidad política y social con la que nunca dejó de pugnar, siempre a tortas con ella, que es tanto como decir consigo mismo. He ahí el compromiso vinculado a la lucidez, aludidos por los comisarios Jaime Brihuega y Joan Dolç de la exposición antológica que le dedica Fundación Bancaja.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

“Habitando el silencio o acompañado de sus fantasmas”, parafraseando a los propios comisarios, Ballester ha ido canalizando mediante su obra el malestar que supone vivir en la cultura, máxime cuando ésta resulta excesivamente opresiva. Con Equipo Realidad (equipo de dos, no exageremos), logró junto a Cardells ofrecer una visión crítica de esa realidad asfixiante que, para un espíritu libre como era el suyo, suponía el denominado tardofranquismo. Con la llegada de la democracia, esa opresión cedió para dejar paso a una posmodernidad que repudió por igual ya en solitario.

“Su compromiso se mantuvo indemne ante los cantos de sirena provenientes de los limbos de la condición posmoderna, que invitaban a abandonar los ideales que habían impulsado la creación más comprometida hasta finales de los setenta”, explican los comisarios en el folleto que acompaña a la exposición Jorge Ballester. Entre el Equipo Realidad y el silencio, que permanecerá en Fundación Bancaja hasta el 1 de septiembre. Título que daría a pensar en dos etapas diferenciadas, pero que Brihuega vinculó entre sí por la “lucidez” que acompaña al artista en todo momento.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma

La muestra, que cuenta con la colaboración de Bankia, reúne casi 100 obras fechadas entre 1965 y 2013, procedentes de la Fundación Bancaja, de los herederos del artista y de diversas instituciones públicas y privadas, entre las que se encuentra la Galería Punto, con la que Ballester mantuvo siempre una estrecha relación. Los condicionamientos del mercado le produjeron siempre una tensión propia de quien priorizaba el proceso creativo al resultado final: “Me gusta pintar, pero no soy pintor”, frase citada por los comisarios y que revela el pulso que en todo momento sostuvo entre su práctica artística y la realidad misma de la que se nutría.

Brihuega reveló un comentario que le hizo Ballester para explicar su necesidad de volver a tomar la escena pública, tras años de voluntario retiro: “Como las putas viejas quiero volver a follar”. No había dejado de hacerlo en privado, pero la democracia le había retraído, como apuntó Dolç, por entender que el sistema del arte se había pervertido. De ahí la lucha que mantiene con algunos iconos del arte, como Marcel Duchamp., cuyo famoso urinario llena de agujeros, a modo de metáfora del fusilamiento del cuadro que difuminó las fronteras entre lo que era y no era arte. “No se quiso integrar en esa feria de las vanidades”, subrayó Brihuega.

Obra de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Obra de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

La exposición está dividida en nueve bloques, que aluden al propio Equipo Realidad, a episodios de la Guerra Civil recreados mediante la manipulación de imágenes del fotoperiodismo, a los años de plomo del franquismo, a la experiencia cubista, a la identidad como artista, el dedicado al propio Duchamp, al ambiente de la lucha libre mexicana, al placer concupiscente y al periodo más íntimo de reclusión en su estudio. Esta etapa última de su vida fue la más pródiga y en la que pintar “se convirtió para él en una obsesión, en una terapia radical”, explican los comisarios. La muestra incluye una última obra inacabada que viene a inscribir en el carácter cubista, “el movimiento artístico que más le había atraído y que nunca había dejado de interesarle”, añaden Brihuega y Dolç.

Esperanza Ballester, hija del artista, recordó que se trataba de la primera exposición después de su fallecimiento en 2014, que se suma a las de La Nau en 2011 y Galería Punto en 2013, tras su regreso a la escena pública. Casi 100 obras “en su mayoría desconocida”, como “gran desconocido” era, para su hija, Jorge Ballester. “No sucumbió ante el devaneo estético”, dijo Brihuega, tras recordar la máxima de Nula estética sin ética, tan utilizada por Román de la Calle durante su dirección al frente del MuVIM.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Los imperialismos y dictaduras, la función del arte, los propios medios de comunicación o el consumismo son objeto de su mirada crítica, cuya lucidez rebasa los límites mismos del más estricto compromiso ideológico. Brihuega se refirió al cuadro Reina por un día, “semilla de los reality shows y cuya denuncia irónica sigue vigente”. Y Dolç, en su defensa del compromiso del artista, afirmó que “el arte intemporal no existe, se ha de entender en función de sus circunstancias”. Incluidas las del propio Jorge Ballester, que encontró en el arte su mejor válvula de escape.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Vista de la exposición de Jorge Ballester en Fundación Bancaja. Foto: Makma.

Salva Torres

Las catedrales de José Sanleón

Seu, de José Sanleón
Comisario: Fernando Castro
Coordinación artística: Isabel Puig
La Base de La Marina
Muelle de la Aduana, s/n. Valencia
Hasta el 19 de mayo de 2019

“Lo sagrado no sé lo que es”, apuntó José Sanleón, más cercano al concepto de “espiritualidad”. Fernando Castro, comisario de la exposición Seu, terció para decir que lo sagrado era “misterio fascinante”, que estaba “fuera del orden de la cotidianeidad”. Por eso y porque “nos falta tiempo”, que el artista de Catarroja regala a quien quiera detenerse a contemplar su obra, Castro calificó de “intempestivo” a Sanleón: “Nos obliga a cambiar el paso”. “Para mí la catedral es obsesión, es pasión y es locura”, subrayó el propio artista.

La Base de La Marina, mudando de piel para convertirse en recinto espiritual, acoge medio centenar de piezas realizadas en aluminio y metacrilato, que aluden a esas catedrales que tanto le obsesionan. “Lleva años alucinando con las catedrales, abrumado por sus grandes espacios”, precisó el comisario con respecto a un artista que reconoció no ser creyente, pero que si había algún sitio “donde uno puede creer es en la catedral, creada por el ser humano, pero que contiene el misticismo que no existe en otros espacios”.

Obra de José Sanleón. Foto: Makma

Obra de José Sanleón. Foto: Makma

La muestra Seu, que permanecerá en La Marina hasta el 19 de mayo, viene a ser una evocación de ese misticismo mediante piezas de gran tamaño, a la altura de la pasión aludida. No se trata, como dijo el propio Sanleón, de una cuestión de tamaño, sino de ponerse a la altura del sentimiento que producen esas grandes  construcciones. Templos de los que se hace cargo el artista, desprendiéndose de su carácter religioso, sin evitar por ello el halo de espiritualidad que destilan. En este sentido, Castro comparó las catedrales con los museos, en tanto espacios que comparten cierto “ceremonial” y “contemplación meditativa”.

La exposición está dirigida, por todo ello, “a quien quiera hacer una pausa en su discurrir cotidiano”, destacó el comisario. “Hay piezas que parece que no existen”, añadió, y descubrirlas supone ya todo un acontecimiento: “Eso es el momento sagrado de la exposición”. Se refería a una de las piezas blancas, prácticamente camuflada con el fondo blanco de las grandes paredes de La Base de La Marina, ubicada entre otras de color negro, y que representa las marcas de los antiguos artesanos, ampliando sus trazos. “Esta exposición surge de la reflexión de los maestros canteros. Pensé que en lugar de pintar, lo que iba a hacer era construir”, explicó Sanleón. “Los cuadros están construidos”, remachó.

Momento de la presentación de la muestra Seu, de José Sanleón. Imagen cortesía de La Marina.

Momento de la presentación de la muestra Seu, de José Sanleón. Imagen cortesía de La Marina.

Vicent Llorens, director general del Consorcio València 2007, calificó a José Sanleón de “artista total”, un “maestro” y un hombre “honesto”, que expone en La Base transformándose el grandioso continente en “una catedral laica, un espacio civil potente desde donde compartir el conocimiento”. La sabiduría y la trascendencia, palabras utilizadas por Llorens, en franco hermanamiento con lo laico y lo civil. Y como lo religioso sonaba “a curitas”, Castro se encargó de envolverlo de nuevo con el manto de la espiritualidad más prosaica: “La seu, la catedral, tiene que ver con la luz, para que el fiel sea iluminado por la gracia de dios, siendo la obra de una comunidad de canteros cuyas formas geométricas identificaban a los gremios. Hay incluso cierta estructura esotérica”.

La fascinación por las catedrales, evocada en las 50 piezas, a mitad de camino entre el objeto pictórico y el escultórico, tiene su razón de ser: “Por la grandiosidad del espacio, su altura y proporciones, por su luminosidad y, sobre todo, por la atmósfera de silencio, por el aspecto místico y espiritual, que está al margen de la cuestión religiosa”, apuntó Sanleón, para quien las catedrales son como seres vivos. “Están vivas físicamente en función de lo que pasa en cada momento a causa de las diferencias de luz y del momento emocional por el que estés pasando”, añadió.

Vista de la exposición de José Sanleón. Foto: Makma.

Vista de la exposición de José Sanleón. Foto: Makma.

Que el arte ocupe el lugar de lo sagrado, en una sociedad que se piensa a sí misma como desacralizada, excede a las pretensiones del artista: “El Greco se dice que es muy espiritual y yo no lo veo”. Lo que ve, a través de una mirada que se quiere limpia de restos litúrgicos, son formas, dimensiones y luz. Castro volvió a la espiritualidad y a ese misterio que escapa a la racionalidad, para subrayar el carácter trascendente que él percibe en su producción: “Si no hay trascendencia, hay banalidad, y la obra de Sanleón no es desde luego banal”.

Seu es la segunda exposición que acoge La Base, tras inaugurarse en septiembre de 2018 con las polémicas esculturas eróticas de Antoni Miró y su posterior obra con tintes políticos, y a la que se refirió el propio Castro: “Esperemos que la teología sea más polémica que la erótica y la política”, aludiendo después al “espíritu goyesco, que sigue vivo en Sanleón”. De los sueños de la razón a los más espirituales, ambos en cierta forma conviviendo y dándose la mano en la obra intempestiva de José Sanleón, sorprendido por las “cabezas de animales” que había descubierto “hace tan solo dos o tres años en la Catedral de Valencia”.

Obra de José Sanleón. Foto: Makma

Obra de José Sanleón. Foto: Makma

Salva Torres

Alumnos de ESAT exponen en Railowsky

Exposición fotográfica de alumnos de ESAT
Railowsky
C / Gravador Esteve, 34. Valencia
Inauguración: viernes 12 de abril de 2019, a las 19.30h

Un año más los alumnos de fotografía de la Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT) exponen sus trabajos fotográficos realizados en la asignatura Fotografía de Estudio, clases de teoría y práctica que se imparten en la escuela, y que en esta ocasión tendrá lugar en Railowsky a partir de este viernes 12 abril.

El referente artístico desarrollado en las clases del profesor Alberto Adsuara se realiza en el plató de fotografía de ESAT, siendo David La Chapelle el artista en el que los alumnos se inspiran, una práctica grupal para recrear la estética de éste fotógrafo y director norteamericano, creador de atmósferas coloristas, un artista irreverente provocador e inquietante.

Esta exposición de fotografías, comisariada por el propio Adsuara, fotógrafo, cineasta y responsable de Audiovisuales de ESAT, forma parte de su práctica docente que cada año realiza con su alumnado. Una actividad que imparte a los alumnos de primer curso de la carrera Arte & Diseño de la Escuela Superior de Arte y Tecnología de Valencia, ESAT www.esat.es.

Algunas de las imágenes de estos jóvenes estudiantes, así como otras mas personales pertenecientes a la misma asignatura, se podrán ver en esta exposición. Railowsky es una galería profesional de fotografía con casi 30 años de experiencia siempre preocupada más por el contenido que por el continente.

Por ella han pasado no sólo fotógrafos reconocidos, sino también históricos de la fotografía como Alberto Schommer, Ramón Masats, Xavier Miserachs, Bernard Plossu, Juan Manuel Díaz Burgos, Xurxo Lobato, Jean Dieauzaide, Koldo Chamorro Gary Winogrand, Mary Ellen Mark, Juan Manuel Castro Prieto, Ferdinando Scianna, Franco Fontana, Tina Modotti y Juan Rulfo, entre otros.

Cartel de la exposición fotográfica en Railowsky. Imagen cortesía de ESAT.

Cartel de la exposición fotográfica en Railowsky. Imagen cortesía de ESAT.

Cuerpos sin etiquetas en Ultramar

Cul Kombat, de la compañía Patrícia Pardo
Sala Ultramar
C / Alzira, 9. Valencia
Días 12, 13 y 14 de abril de 2019

A partir del pretexto temático de la campaña de Amnistía Internacional ‘Mi cuerpo, mis derechos’, Guadalupe Sáez y Patrícia Pardo escriben ‘Cul Kombat’, una obra circense-teatral que cuestiona la intromisión en los cuerpos, en la identidad y la imposición de las categorías y que vuelve a la sala Ultramar los días 12, 13 y 14 de abril ahora con Amparo Oltra en el escenario.

Escena de 'Cul Kombat', de la compañía Patrícia Pardo. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Escena de ‘Cul Kombat’, de la compañía Patrícia Pardo. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

La compañía valenciana dirigida por la escritora teatral y clown Patrícia Pardo incorpora en sus montajes el clown gestual y el monólogo delirante además de aéreos o equilibrios. El objetivo no es otro que parodiar el egocentrismo, la debilidad y las contradicciones humanas ante la desgracia, la desigualdad social y el hetero patriarcado.

Cuerpo y control. Cuerpo y género. Cuerpo y violencia. He ahí algunos de los binomios de los que se hace cargo una obra que reivindica la eliminación de las categorías y que, a su vez, denuncia los abusos por ser etiquetada “mujer”. Amparo Oltra y Patrícia Pardo protagonizan el espectáculo que cuenta con el singular vestuario de Raquel Renart y Mar Hernández, y el trabajo audiovisual de Andrés Jerez. Lluna Albert, Alberto Vidal, Enric Juezas y Santiago Blanco se encarga de los elementos escenográficos, mientras la iluminación corre por cuenta de David Sánchez.

Escena de 'Cul Kombat', de la compañía Patrícia Pardo. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Escena de ‘Cul Kombat’, de la compañía Patrícia Pardo. Imagen cortesía de Sala Ultramar.

Spencer Tunick: cuerpo y naturaleza

Spencer Tunick
Intervención fotográfica en Valencia
En el marco de las actividades del festival Intramurs
Sábado 30 de marzo de 2019

A modo de descripción informativa
‘Valencia. La piel del mediterráneo’ es el título de la última performance del célebre fotógrafo norteamericano Spencer Tunick, realizada en el marco de las actividades del festival Intramurs, el 30 de  marzo de 2019 en la ciudad del Turia.

Tunick, famoso por sus fotografías de desnudos masivos en grandes espacios naturales y ciudades de medio mundo, congregó, aproximadamente, 1.300 personas voluntarias para tomar cuatro fotografías enmarcadas bajo el tema reivindicativo de los derechos de la mujer y el empoderamiento femenino.

Las cuatro performances fotográficas, llevadas a cabo alrededor de las Torres de Serranos de la ciudad de Valencia, se compusieron con los miles de cuerpos desnudos de los hombres y las mujeres participantes.

Performance fotográfica de Spencer Tunick. Foto: Begoña Siles

Performance fotográfica de Spencer Tunick en Valencia. Foto: Begoña Siles

La primera escena, tomada en el propio Puente de Serranos, constaba de tres figuras: la primera, con el hombre tumbado y la mujer de pie; la segunda, con la mujer poniendo su pie sobre el pecho del hombre, y la tercera, con las mujeres dando las manos a los hombres para que se pudiesen levantar.

Performance fotográfica de Spencer Tunick. Foto: Begoña Siles

Performance fotográfica de Spencer Tunick en Valencia. Foto: Begoña Siles

La segunda escena, fotografiada en la Plaza de los Fueros, tenía dos posiciones: una con el hombre en posición fetal y la mujer de pie enfrente, y la otra, con el hombre de rodillas y la mujer dándole la espalda.

Performance fotográfica de Spencer Tunick en Valencia. Foto: Begoña Siles

Performance fotográfica de Spencer Tunick en Valencia. Foto: Begoña Siles

La tercera escena, realizada en la calle Roteros, contaba con la participación exclusiva de los hombres, tapados, a modo de crisálidas, con una tela blanca transparente.

Performance fotográfica de Spencer Tunick en Valencia. Foto: Begoña Siles

Performance fotográfica de Spencer Tunick en Valencia. Foto: Begoña Siles

Y la cuarta y última, se llevó a cabo bajo el árbol magnolio que hay en la esquina de Conde Trenor. En esta escena, sólo participaban las mujeres. Sus cuerpos tumbados se extendían como rizomas  alrededor del inmenso e imponente ficus.

La experiencia

Con esa acción decisiva de quitarse la ropa y participar en la instalación fotografía de Tunick, los miles de participantes expresaban una euforia catártica y unitaria propia de aquellos que sienten, de alguna manera, que han realizado un acto transgresor. Pero conviene recordar que Tunick, después de la querella contra el alcalde de New York en 1994 (la cual ganó) solo realiza sus instalaciones cuando consigue todos los permisos legales de la autoridad competente.

De este modo, Tunick cumple con la ley, no la transgrede. En todo caso, la trasgresión se situaría en otro marco ajeno a la ley civil y más próximo a ese otro precepto cultural relacionado con lo ancestral: el tabú al cuerpo desnudo. Los individuos participantes, así, sienten un acercamiento a un estado de naturaleza.

Spencer Tunick, en un momento de su intervención fotográfica en Valencia. Foto: Begoña Siles

Spencer Tunick, en un momento de su intervención fotográfica en Valencia. Foto: Begoña Siles

La mirada de Tunick

Tunick convierte a los miles de individuos desnudos en una forma compacta y abstracta. Una masa de cuerpos, sin vestimenta, que se extiende como una materia por el pavimento, por el asfalto o por la tierra. Y, como señala el fotógrafo, “creando un cuerpo vivo, orgánico que revela, desafía o reconfigura los puntos de vista de la desnudez y de la privacidad”.

La mirada fotográfica de Tunick revela los cuerpos desnudos de hombres y mujeres como una masa de la naturaleza, despersonalizada, simplemente cuerpos, sin sexualidad, sin erotismo, sin pornografía. Los cuerpos desnudos se expanden como una sustancia viva por el paisaje urbano en una confrontación entre la naturaleza y la cultura.

Y será la experiencia de la desnudez, como estado orgánico y natural, sobre la cultura, lo que prime ante la lente de Tunick, como ante el sentimiento de los participantes. Una desnudez que evita el repliegue del individuo sobre sí mismo y propaga un estado de comunión propio de un grupo atávico.

Spencer Tunick, durante su intervención fotográfica en Valencia. Foto: Begoña Siles

Spencer Tunick, durante su intervención fotográfica en Valencia. Foto: Begoña Siles

Se podría decir, como señala Georges Bataille en su libro ‘El erotismo’, que la acción decisiva de las performances fotográficas de Tunick de quitarse la ropa lleva al fotógrafo y a sus modelos a soportar “que somos seres discontinuos, individuos que mueren aisladamente en una aventura ininteligible; pero nos queda la nostalgia de la continuidad perdida. (…) La desnudez se opone al estado cerrado, es decir, al estado de la existencia discontinua. Es un estado de comunicación, que revela un ir en pos de una continuidad posible del ser, más allá del repliegue sobre sí”.

Una idea que Spencer Tunick afirma en las múltiples entrevistas: “Los participantes toman conciencia, en estos retratos de grupo, de la vida, de la muerte y del arte”.

Quizá sea ese sentimiento de comunión el que consiga que se produzca un silencio casi sepulcral, en el momento en que Tunick toma la cámara para sacar la fotografía del retrato grupal.  En ese instante, el murmullo producido por las miles de personas desnudas se ensordece: nada se oye, nadie se mueve.

Fotograma de 'Anticristo', de Lars von Trier.

Fotograma de ‘Anticristo’, de Lars von Trier.

Cuerpos como naturaleza: de lo imaginario a lo siniestro

Los retratos masivos de individuos desnudos no sólo forman una figura abstracta, sino también conforman el cuerpo como una masa de la naturaleza. Los cuerpos desnudos de toda puesta en escena de Tunick son retratados sin provocación, con una mirada casi naif que embellece la desnudez. Quizá lo que Spencer Tunick está presentando, tal y como apunta Carlos Cuadro, director del Centro Niemeyer de Avilés, “son los cuerpos en el paraíso. Su cámara es testigo de su particular visión del Juicio Final, no desde una visión simbólica religiosa, sino desde un racionalismo humanístico que sabe que no hay más paraíso que los cuerpos desnudos en contacto con la naturaleza”.

Por ello, en esta última instalación de ‘Valencia. Piel del Mediterráneo’, los cuerpos desnudos que se fusionan con la naturaleza, en concreto con el espléndido magnolio de Conde Trenor, sean sólo los cuerpos de las mujeres. De tal modo, el concepto de reivindicación y empoderamiento femenino, que subyace detrás de esta performance, alcanza en esta puesta en escena toda la coherencia en la obra del fotógrafo: el cuerpo femenino imaginario enraizado a modo de rizoma con el magnífico árbol. De nuevo, en esta performance fotográfica, el cuerpo femenino es representado como expresión máxima de la naturaleza.

Y ante esa visión imaginaria de la fotografía de Spencer Tunick de cuerpos desnudos fusionados a paisajes simbólicos de ciudades o de naturaleza, cabe incluir, por contraste, la mirada siniestra del director danés Lars von Trier en su película ‘Anticristo’ (2009). Lars von Trier muestra los cuerpos desnudos de hombres y mujeres enraizados de manera siniestra a la naturaleza, a la tierra; cuerpos desnudos como metáfora de una naturaleza siniestra y mortal. Y en ese universo de la película, la mujer, el cuerpo femenino, aparece como un cuerpo aciago, un cuerpo abyecto.

Y así, una vez más, el cuerpo femenino queda inscrito como unión imaginaria con la naturaleza –Tunick– o bien como fusión siniestra –Lars von Trier–.

Begoña Siles

Un barbero de Sevilla atemporal y surrealista

El barbero de Sevilla, de Giuseppe Verdi, bajo dirección musical de Francisco Valero-Terribas y dirección escénica de Kike Llorca
Rambleta
Bulevar Sur esquina C / Pío IX, s/n. Valencia
Viernes 12 y domingo 14 de abril de 2019

Después del gran éxito de ‘La Traviata’ de Verdi, Rambleta vuelve a poner la ópera al alcance de todos con la versión más fresca, divertida y sorprendente de ‘Il barbiere di Siviglia’, un melodrama buffo dividido en dos actos con libreto de Cesare Sterbini sobre la comedia homónima de Pierre- Agustin Caron de Beaumarchais.

El barbero de Sevilla. Imagen cortesía de Rambleta.

El barbero de Sevilla. Imagen cortesía de Rambleta.

Bajo la dirección musical del maestro valenciano Francisco Valero-Terribas, calificado por los especialistas como “uno de los directores jóvenes más interesantes de su generación. Una auténtica revelación”, en esta versión semi-escenificada con adaptación para orquesta de cámara, el amor se contempla como una única vía de escape ante el poder del dinero.

Kike Llorca en la dirección de escena y la Orquesta de Cámara y Coro Eutherpe -residente en Rambleta- rematan esta versión de ‘Il barbiere di Siviglia’, junto a un plantel con algunas de las voces más interesantes del panorama actual con Silvia Vázquez (Rosina), David Ferri (Il conte d’ Almaviva), Vicente Antequera (Figaro), Pedro Quiralt (Don Bartolo), Georgy Ekimov (Don Basilio), Sebastiá Peris (Fiorello), Tanya Durán (Berta).

El barbero de Sevilla. Imagen cortesía de Rambleta.

El barbero de Sevilla. Imagen cortesía de Rambleta.

Esta producción valenciana de la Fundación Eutherpe se representará en Rambleta el viernes 12 de abril (20:30 horas) y el domingo 14 de abril (19:00 horas), eliminando los clichés asociados a la ópera y brindando la oportunidad a todos de descubrir un Barbero de Sevilla atemporal, una comedia anacrónica impregnada de surrealismo.

Con su gran comicidad, ‘Il barbiere di Siviglia’ es una de las últimas óperas clásicas que dieron inicio al primer romanticismo y al bel canto. El libreto recoge cómo el dinero es capaz de marcar la relación entre los personajes, además de ser la solución para cualquier problema que surge a lo largo de su trama. Así, la relación de Rosina y el Conde de Almaviva es la única basada en el amor desinteresado. El planteamiento escénico de Kike Llorca invita a reflexionar sobre el valor del respeto, el precio de la felicidad y, en definitiva, la manera que tiene el poderoso caballero don Dinero de controlarnos y mantenernos enjaulados.

El barbero de Sevilla. Imagen cortesía de Rambleta.

El barbero de Sevilla. Imagen cortesía de Rambleta.