Mecenas al rescate de la poesía

21veintiún versos
Revista de poesía

Cerca de un centenar de personas, asociaciones culturales, editoriales y despachos de abogados han aportado dinero para que la revista 21veintiúnversos nazca en Valencia con vocación de perpetuarse en el tiempo. El objetivo, apunta Francisco Benedito, coordinador de la publicación junto a Víctor Segrelles, es “acomodar en sus páginas toda la poesía que seamos capaces”. Lo harán por entregas, ya que siguiendo al pie de la letra el nombre de la revista, en cada número habrá textos inéditos de 20 poetas, acompañados de la obra de un artista plástico de renombre. De hecho, arrancan con una de Jordi Teixidor, Premio Nacional de Artes Plásticas 2014.

Obra de Jordi Teixidor incorporada al número 1 de 21veintiúnversos.

Obra de Jordi Teixidor incorporada al número 1 de 21veintiúnversos.

El poeta Juan Pablo Zapater es el director de 21veintiúnversos, para quien la revista surge de la “necesidad de sentirnos cerca de la belleza”. Partiendo de esa necesidad, la propia publicación está concebida como un objeto bello, impreso en offset sobre papel de alta calidad, reproduciendo en su cubierta la obra plástica realizada para cada número por un artista invitado. Carmen Calvo, la que fuera igualmente Premio Nacional de Artes Plásticas un año antes de que lo fuera Teixidor, será la encargada de ilustrar el número 2 previsto para febrero de 2016, dada la periodicidad cuatrimestral de la revista.

“¿Para qué poetas en tiempos de penuria?”, se preguntó Benedito en la librería Ramón Llull, donde se presentó la publicación arropada por algunos de sus mecenas. Zapater, poco antes, había anticipado su respuesta al tomar prestada una frase de Georges Braque, a su vez citado por Rosa María Mateo: “El arte es una herida hecha luz”. A esa herida abierta por la crisis viene a echar luz cicatrizante la revista 21veintiúnversos, nacida igualmente “con el propósito de preservar algo tan trascendente como es el intercambio entre esos mundos interiores que sobreviven aislados, y a veces hasta amordazados, por la sociedad materialista que los rodea”, según explicaron sus creadores a modo de pistoletazo de salida.

Ejemplares del número 1 de 21veintiúnversos.

Ejemplares del número 1 de la revista de poesía 21veintiúnversos.

Como antídoto a ese materialismo, la revista inyecta esas 21 dosis cuatrimestrales de alma en forma de poemas. De hecho, el alma está inscrita en el origen del nombre de la publicación. “Dicen que el alma no es una sustancia medible”, explicó Zapater. Pero echando mano del físico estadounidense Duncan MacDougall, que postuló que el alma humana pesaba 21 gramos a tenor del peso corporal que se perdía tras la muerte, Zapater lo asumió como seña de identidad del proyecto editorial recién nacido: “El autor no muere al escribir el poema, pero sí que se desprende algo de su espíritu”.

Y como 21 son también los poetas y artistas plásticos reunidos en cada número, además de hallarnos en el siglo XXI, todo llevaba al nombre de 21vientiúnversos como corolario final de tanta casualidad. Incluso casual ha sido el éxito a la hora de captar recursos mediante el micromecenazgo. “Ha sido una sorpresa maravillosa”, destacó Segrelles. Los mecenas particulares tienen tres opciones: 20€ y el derecho a un número de la revista; 30€, por dos ejemplares de la revista, y 50€ por un número y la obra del artista firmada y numerada. La gestación del número 2 ya está en marcha y la campaña de micromecenazgo se mantendrá hasta el 15 de enero.

Las voces más sobresalientes de la poesía contemporánea encontrarán su espacio en la revista. Como ejemplo, César Simón, prematuramente fallecido y del que se recoge un texto inédito de su brillante producción. Junto a él, forman parte del primer número Xelo Candel, Fernando Delgado, Almudena Guzmán, Jaime Siles, Pilar Verdú, Roger Wolfe, José Luis Falcó y Marc Granell, estos dos últimos recitando sus propios poemas durante el acto de presentación en la Ramón Llull. La poesía, como apuntó Gabriel Celaya, es un arma cargada de futuro. Gracias, sobre todo, a las balas de los micromecenas.

Imagen de 21veintiúnversos, cortesía de la editorial.

Imagen de 21veintiúnversos, cortesía de la editorial.

Salva Torres

Concha Jerez, Premio Nacional de Artes Plásticas

Concha Jerez, ha sido galardonada con el Premio Nacional de Artes plásticas 2015, a la edad de 74 años y con una trayectoria más que consolidada.

El jurado ha estado presidido por Miguel Angel Recio, director general de Bellas Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas, como vicepresidenta ha actuado Begoña Torres González, subdirectora general de Promoción de las Bellas Artes y ha estado compuesto por Jordi Teixidor de Otto, Premio Nacional de Artes Plásticas 2014; María de Corral López-Dóriga, crítica de arte y comisaria independiente; Beatriz Espejo Arce, responsable de arte de la revista El Cultural de El Mundo; João Fernandes, subdirector de Conservación e Investigación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía; Ignacio Moreno Segarra, historiador del arte y crítico; José Luis Pérez Pont, crítico de arte y comisario; y Belén Poole Quintana, directora del Centro de Arte de Alcobendas (CAA).

Concha Jerez recibe este premio, según las valoraciones del jurado, «por su dimensión pionera en el uso de tecnologías, por ser representativa de una generación de artistas que ha marcado el tránsito de la era analógica a  la cultura digital, con sus investigaciones, creaciones e innovaciones. Por su transformación del lenguaje artístico en  el uso de diferentes  formatos, desde lo escrito a lo audiovisual pasando por lo sonoro y por su constante conciencia crítica que expresa una fecunda relación entre el arte, la cultura y la vida de nuestro tiempo».

Dicho  galardón está dotado con 300.000€, que le permitirá como ha dicho, tomarse un mayor tiempo para seguir aportándonos obras de arte. La canaria, ha sido sorprendida con la notica fuera del país, y promete seguir en su línea cuyo objetivo primordial es comunicar sin censura.

Concha Jerez. Fotografía de Cristóbal García.

Fotografía de Cristóbal García.

Así pues, desde los años 70 ha ido cambiando y adaptándose a diferentes corrientes o movimientos artísticos, siempre manteniéndose fiel a aquello que desea expresar. Desde los inicios de su formación, hemos visto como se entrega a aquello que le interesa: estudió la carrera de piano en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y la Licenciatura en Ciencias y ello se reflejará en su arte.

En el 2011 se le concedió la Medalla de Oro al Mérito a las Bellas Artes, y es que desde 1991 hasta entonces fue profesora de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca. Su actividad no cesa, y tenemos tanto obras individuales como conjuntas desde 1973 por países como España, Francia, Suecia, Italia, Polonia, Estados Unidos… y un sinfín más.

El mundo de la performance vio la inclusión de esta gran artista en los años 80, y es que ya desde el 1976 centraba su desarrollo del concepto de Instalación.El dinamismo de Concha no cesa, y ha impartido hasta el 2011 diversos cursos, seminarios y talleres colaborando con diferentes instituciones, y además podemos encontrar más de una veintena de publicaciones de la mano de la artista.

Podemos ver la obra de esta artista, ahora premio nacional, de forma permantente en diversos museos como el Museu Centro de Arte Reina Sofía, el Museo Vostell de Malpartida o el Museo de Bellas Artes de Santander, así como en colecciones como las de Fundació Caixa de Pensions de Barcelona, Comunidad de Madrid o Caja Burgos, entre otras.

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Fotografía cortesía de Tabacalera Promoción del Arte.

La autenticidad siniestra de José Hernández

José Hernández
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 6 de septiembre, 2015

José Hernández, lo recordó Manuel Chirivella, era un pintor del “soñar despierto”. De manera que cabría entroncarlo con el movimiento romántico, allí donde éste se hace cargo de la irrupción de lo siniestro como fenómeno estético allá por el siglo XIX. Romanticismo que viene a su vez a dar voz a todo aquello que la Ilustración, en tanto discurso de la racionalidad científica, negaba. De ahí que José Hernández (Tánger, 1944, Málaga, 2013) pintara despierto los sueños que sin duda nos atemorizan. La objetividad exacerbada de la vigilia dándose paradójicamente la mano con la no menos intensa visión subterránea de los sueños. ¿O habría que decir, para ser más exactos, pesadillas?

Obra de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Obra de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Porque en José Hernández se aprecia el encuentro, después de todo, de ambas tendencias disociadas de la mente humana. Por un lado, cierto naturalismo extremo, que se puede ver en la proliferación de extraños bichos y monstruos tan propios de la literatura fantástica. Y, por otro, cierto desgarro existencial, sin duda proveniente de esa misma pasión por alcanzar las capas más profundas del inconsciente. No es extraño, por ello, que ‘La metamorfosis’ de Kafka sea uno de los libros ilustrados por Hernández y, sin duda, de los mejores.

Obras de José Hernández en el Centro del Carmen.

Obras de José Hernández en el Centro del Carmen.

Los artistas como José Hernández no se encuentran cómodos en los juegos de seducción y comunicación que ahuyentan lo real de la experiencia humana, para ofrecernos a cambio una visión reconfortante de nuestro paso por la tierra. Frente a esos otros discursos más amables de la lógica comunicativa o el glamour publicitario, Hernández contrapone el áspero acercamiento a la vida corrupta que el tiempo inexorablemente impone. Lo auténtico, parece decirnos José Hernández con su obra, se encuentra próximo a lo siniestro, nunca cerca de la almibarada realidad.

Ópera veneciana, de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Ópera veneciana, de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Esta práctica artística, que sin duda entronca igualmente con la prolongación del romanticismo que supuso la emergencia de las vanguardias, tiene mucho que ver con ese soñar despierto antes aludido. José Hernández, del que su viuda Sharon Smith dijo que trabajaba diez horas diarias en su estudio, se limitaba a plasmar lo que su mente afloraba durante su apasionada vigilia. De manera que más que interpretar los sueños que cristalizan en su premiada obra, lo que Hernández hace es dejar que estos emerjan a borbotones para captarlos al vuelo en estado de hipnosis.

Memoria meteorológica, de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Memoria meteorológica, de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

El Centro del Carmen del Consorcio de Museos y el Palau de Valeriola de la Fundación Chirivella Soriano han tenido que sumar sus espacios para acoger tamaña cantidad de seres monstruosos, a mitad de camino entre el sueño de la razón y su pesadilla siniestra. Más de 150 obras, entre las de su primera etapa (acogidas en Valeriola) y las realizadas a partir de los 80 (en el Carmen), que dan cuenta del desgarro existencial que provoca el encuentro de ambas exacerbaciones: la realista científica y la surrealista romántica.

Privilegios deshidratados, de José Hernández. Centro del Carmen.

Privilegios deshidratados, de José Hernández. Centro del Carmen.

Pinturas, dibujos, ilustraciones, carteles, esculturas y diseños de escenografías teatrales (conoció a Bacon, Buñuel, Ginsberg, Kerouac y Orson Welles, entre otros), que dejan espléndida huella del quehacer artístico del que fuera, con todo merecimiento, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1981. Un quehacer basado en la autenticidad que, al estar ligada al horror, daría pie a otra historia no menos apasionada acerca de lo siniestro como destino del arte vaciado de dimensión simbólica. José Hernández la promueve con su obra inquietante y sin duda fantástica en todos los sentidos.

Detalle de una de las obras de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Detalle de una de las obras de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Salva Torres

“Los artistas en ARCO pintamos poco”

Desayunos Makma en Lotelito
Con Antonio Alcaraz, Carmen Calvo, Inma Femenía y Chema López, artistas valencianos presentes en la 34ª edición de ARCO, entre el 25 de febrero y el 1 de marzo de 2015
Entrevista realizada por el equipo de dirección de Makma: Vicente Chambó, José Luis Pérez Pont y Salva Torres

Cada año, el mes de febrero tiene fecha reservada para el arte contemporáneo en Madrid. Hablamos de ferias nacidas para satisfacer la necesidad comercial de las industrias culturales y, especialmente, de las galerías. La cita es del 25 de febrero al 1 de marzo, días en los que se reúnen en torno a ARCO, Just Madrid y Art Madrid  las galerías más destacadas a nivel nacional y algunas de las más representativas del panorama internacional. Pero, sobre todo, y sin duda lo principal, cientos de artistas que deberían ser el centro de tamaña concentración de arte. Como por ejemplo, los cuatro artistas valencianos reunidos por MAKMA en torno a un café en Lotelito.

De izquierda a derecha, Inma Femenía, Chema López, Carmen Calvo y Antonio Alcaraz, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

De izquierda a derecha, Inma Femenía, Chema López, Carmen Calvo y Antonio Alcaraz, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Salvo Inma Femenía, la más joven, al igual que la galería con la que va a JustMad, Área 72, el resto lleva años acudiendo a ARCO. “Yo he llegado a ir hasta con diez galerías”, dice Carmen Calvo, que el pasado lunes recibió de manos de los Reyes el Premio Nacional de Artes Plásticas correspondiente a 2013. Chema López, que acudirá con Rosa Santos, y Antonio Alcaraz, que lo hará con Múltiplos tras quedarse fuera la veterana Cànem de Castellón, son igualmente asiduos a la feria madrileña, que en esta edición únicamente contará con tres salas valencianas: Luis Adelantado, Espai Visor y la citada Rosa Santos, de un total de 212. “Es totalmente insuficiente”, señala Alcaraz.

Carmen Calvo y Antonio Alcaraz, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Carmen Calvo y Antonio Alcaraz, durante los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

“ARCO es un producto más, como la moda”

Insuficiente para una feria que, a juicio de Chema López, está pensada para ellas: “Los artistas en ARCO pintamos poco”. Y añade: “Los artistas estamos si las galerías quieren, por eso digo que es una feria para las galerías”. Aún así, ellos están ahí, en representación de otros muchos, camino de la 34ª edición de la feria de arte contemporáneo más importante de España. Y nos hablan de las virtudes y vicios de tamaña concentración de galerías, artistas y coleccionistas en el recinto de IFEMA en Madrid. “ARCO es un producto más, como la moda”, apunta Carmen Calvo, que asume su papel crítico: “Yo, Pepito Grillo”.

Inma Femenía y Chema López, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Inma Femenía y Chema López, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

“Las ferias de arte sirven para hacer caja, no nos engañemos”

“El nombre lo dice todo: feria”, indica Inma Femenía, presente en JustMad, feria satélite junto a Art Madrid del astro solar que supone ARCO. “A mí me parece una gran feria”, apunta Antonio Alcaraz, que después de muchos años acudirá sin pinturas, ni dibujos, sino con Libro de Artista. En todo caso, como pasa con la publicidad, “parece que el que no está en ARCO no existe”, reconoce Chema López. Lo mismo les pasa a las galerías, que últimamente se quejan de que a veces no cubren ni los gastos, pero ahí están. De hecho, los cuatro coinciden a la hora de apuntar que, en la mayoría de los casos, “las galerías se mantienen porque van a ferias”, puesto que en la ciudad de origen “no se vende nada, salvo Madrid o Barcelona”. Carmen Calvo tiene muy claro que las ferias de arte “sirven para hacer caja, no nos engañemos”.

Antonio Alcaraz en los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Antonio Alcaraz en los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

“Las galerías deberían intercambiar cromos, darnos a conocer fuera”

No entienden el criterio de selección de galerías. “Han penalizado a aquellas galerías que no tuvieran en su nómina artistas extranjeros, lo cual me parece injusto porque no se valora el esfuerzo de muchas de ellas por poner en valor a gente del propio territorio”, critica Alcaraz. “No sé qué pasa, pero lo extranjero parece siempre más atractivo”, apostilla Femenía. Y, de ser así, ¿por qué no se apuesta por artistas españoles en galerías extranjeras? Quid pro quo. “Las galerías de aquí deberían hacer esa labor de establecer contactos, intercambiar cromos y darnos a conocer fuera”, sostiene Calvo. “Antes era muy habitual que las galerías intercambiaran artistas, pero ahora por lo que yo sé no se hace”, esgrime López. “Seguimos con el complejo de Bienvenido Mr. Marshall”, resalta con ironía Carmen Calvo, que acude a ARCO con la galería Fernández-Braso.

Carmen Calvo en los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

Carmen Calvo en los Desayunos Makma en Lotelito. Fotografía: Fernando Ruiz.

“El 21% de IVA es la muerte de la cultura”

Y cuando nos quitamos los complejos de encima, va el Gobierno español y sube el  IVA hasta el 21%. “Eso es la muerte de la cultura”, subraya Carmen Calvo después de arremeter contra el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, al que tuvo bien cerca durante la entrega de los Premios Nacionales. “No es cuestión de personalizar, sino de criticar una decisión que ha sido un palo y una ruina para el país a nivel de literatura, de arte…”. Y agrega: “Si acercar a la gente a la cultura cuesta, acercarla al arte contemporáneo todavía más, y con el IVA que tenemos ya ni te cuento. Porque detrás del artista, hay un transportista, un carpintero, el de las telas… hay un tejido social que depende de esto”.

Inma Femenía en los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Inma Femenía en los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Chema López dice sin acritud (“tampoco pasa nada”) que a él en las 15 ediciones en las que ha participado en ARCO “nunca me ha comprado nada ninguna institución”. “Nosotros los artistas de las ayudas no nos enteramos, pero a las galerías con alguna ayuda les es más fácil ir a ferias”, destaca Alcaraz, quien delega precisamente su trabajo de promoción a esas galerías: “Prefiero que ellas se encarguen de mover y vender mi obra”.

Chema López, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Chema López, en un momento de los Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

También señalan que ARCO “se sobrevalora como acto cultural”, al ser la “única feria de relieve a nivel nacional” (López). Así como se alegran que haya “bajado el sensacionalismo” de antaño, con aquellos “artefactos espectaculares”, a favor de propuestas más sensatas. “Creo que ha bajado para que la venta sea más fácil; las galerías llevan piezas más seguras de vender”, remacha Femenía. De la relación entre galerías y artistas, Calvo asegura que se trata de “un matrimonio bien avenido”, aunque “a veces no”, y entonces “cambias, te vuelves promiscuo”. Asimismo, diferencia entre galeristas y galeros, “que son los que han robado”. Eso sí, a pesar de los pesares, a los cuatro artistas les une lo que la propia Carmen Calvo llamó “estar envenenado”: esa pasión por el arte que todos ellos comparten camino de ARCO.

De izquierda a derecha, Vicente Chambó, Salva Torres, José Luis Pérez Pont, Inma Femenía, Chema López, Carmen Calvo y Antonio Alcaraz. Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

De izquierda a derecha, Vicente Chambó, Salva Torres, José Luis Pérez Pont, Inma Femenía, Chema López, Carmen Calvo y Antonio Alcaraz. Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Vicente Chambó, Salva Torres, José Luis Pérez Pont, Inma Femenía, Chema Lopez, Carmen Calvo y Antonio Alcaraz. Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Vicente Chambó, Salva Torres, José Luis Pérez Pont, Inma Femenía, Chema Lopez, Carmen Calvo y Antonio Alcaraz. Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

De izquierda a derecha, Antonio Alcaraz, Carmen Calvo, Chema López e Inma Femenía. Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

De izquierda a derecha, Antonio Alcaraz, Carmen Calvo, Chema López e Inma Femenía. Desayunos Makma en Lotelito. Foto: Fernando Ruiz.

Vicente Chambó y Salva Torres

Manuel Boix y su viaje del tiempo

El viaje del tiempo, de Manuel Boix
Sala Acadèmia
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 22 de junio

La obra plástica de Manuel Boix — entre otros méritos, Premio Nacional de Artes Plásticas— es una sucesión ininterrumpida de trabajos muy personales y en constante evolución desde 1966, cuando finaliza su formación en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Estudiosos, críticos y amigos nos podemos empeñar en clasificar en series su espléndido viaje pictórico, escultórico, ilustrativo, calcográfico, y cartelístico para explicar con mayor facilidad casi cincuenta años de creación singular y particular sabiendo que las series de Boix nunca suponen ni una ruptura ni un desdecirse respecto a su trabajo precedente sino, más bien, «otra vuelta de tuerca» («una punteta més» que diríamos en valenciano; «passer à la vitesse supérieure» que diríamos en francés) que evidencia el rigor con el que se cuestiona todas y cada una de las obras y el debate interno de sus planteamientos éticos y estéticos.

La exposición Manuel Boix: La Nau, el viaje del tiempo presenta precisamente los cuestionamientos y el fascinante trayecto que le han llevado desde su anterior serie El Rostro, fundamentalmente pictórica, en la que el protagonismo lo tiene el gesto, la mirada y los impactantes primeros planos de caras conformadas a base de trazos gruesos y obscuros, hasta el nacimiento de otra colección, La Nau, de pintura y escultura, en la que el color negro toma aún más protagonismo mediante la técnica de la grisalla y donde el artista manifiesta sin tapujos su pasión por la historia, la literatura, la filosofía, la mitología, el conocimiento, la arqueología, la cartografía, la glíptica… y los recuerdos, sin huir del tiempo que le ha tocado vivir.

Detalle de la obra de Manuel Boix, 'Generación espontánea', expuesta en La Nau de la Universitat de València.

Detalle de la obra de Manuel Boix, ‘Generación espontánea’, expuesta en La Nau de la Universitat de València.

La Universitat de València, adicional a la excelsa tarea docente e investigadora que le es innata y además de servirnos de ejemplo de espacio de libertad y de crecimiento, atesora un inmenso patrimonio cultural y científico con el que Boix reflexiona, sin concesiones a lo arbitrario, bien para buscar un leit motiv concreto, bien para encontrar la base de su creación, bien para comprobar el rigor con el que están trabajados desde manuscritos medievales hasta material médico, o bien para ofrecer estas joyas históricas de la Universitat en diálogo con su obra contemporánea.

Por otra parte, la presencia en el claustro del Centre Cultural La Nau de las cinco esculturas Los Borja, de Boix, pretenden recordarnos la figura del Papa Alexandre VI como propiciador de la fundación de la Universitat de València- Estudi General, ahora hace más de quinientos años, al mismo tiempo que nos incitan a entrar en la restaurada Sala Academia para ver y disfrutar de este singular viaje metafórico y plástico que —en realidad— remite y empieza mucho antes de Los Borja pero, eso sí, desde las mismas tierras que les vieron nacer y en las mismas aguas, las del Mediterráneo, por las que Boix va surcando el tiempo

Manuel Boix. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Manuel Boix. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Abel Guarinos

Guinovart: azules y ocres, deseo y muerte

Josep Guinovart
Galería Rosalía Sender
C/ Mar, 19. Valencia
Hasta el 31 de mayo

El pintor, dibujante y grabador Josep Guinovart (Barcelona, 1927-2007) siempre entendió el arte como una búsqueda de lo inalcanzable. Búsqueda que amplió a su vez como condición de vida. Que tal búsqueda tuviera como objetivo lo inalcanzable no tenía nada de descorazonador, porque, a juicio del que fuera Premio Nacional de las Artes Plásticas en 1983, ese anhelo se alimenta del deseo que sirve de motor a la existencia. De hecho, uno se muere, incluso en vida, cuando ese deseo se torna resignada espera de la muerte. Y Guinovart se murió porque así de pertinaz es el trágico destino, no porque él abandonara su deseo de creación hasta que le sobrevino el infarto que se lo llevó hace ya seis años.

Guinovart llenó su deseo existencial de azules y ocres, tan pronto señalando el cielo y la mar, como apuntando directamente a la tierra que le vio nacer y con 80 años a sus espaldas morir. Ese combate entre lo luminoso y lo sombrío, entre la vida y la muerte, se puede contemplar en la galería Rosalía Sender hasta finales de mayo. Combate dispuesto mediante 23 obras, en una exposición con algunos de los últimos originales que pintó y una serie de grabados “luminosos” que vienen a dar cuenta de esa búsqueda de lo inalcanzable.

Porque Guinovart, siguiendo el rastro de Aquiles tras la tortuga, persiguió el azul con idéntico anhelo creativo. Se esforzó por alcanzar mediante la abstracción de signos y colores, aquello que en la materia se le resistía. De manera que mientras la lógica le decía que su empeño era imposible, como imposible era alcanzar esa tortuga que se iba ramificando en sucesivas tortugas infinitesimales, su deseo le impulsaba a seguir corriendo tras esos azules y ocres que tanto tenían que ver con su experiencia más íntima.

Josep Guinovart. Imagen cortesía de Rosalía Sender

Josep Guinovart. Imagen cortesía de Rosalía Sender

Ninguna lógica presidía su intensa carrera artística. Porque su obra, primero más realista, luego más pop, y finalmente de una poética abstracción, se movía en otra dirección: aquella que fue dejando atrás el significado para adentrarse en el sentido de lo intensamente, valga la redundancia, sentido. Y lo que sintió Guinovart a lo largo de esa carrera de medio siglo como figura incuestionable de la vanguardia artística española, es un deseo profundo por vivir al margen de tendencias y estilos, para explorar las profundidades de esa materia con la que impregnó su obra.

La galería Rosalía Sender expone algunas de sus últimas piezas, entre las que figuran sus relieves con carcasas de guitarra o gruesas “lágrimas”, junto a grabados “iluminados” por collages y ventanas retocadas. Un conjunto expositivo que merece la pena contemplar, porque en él se hallan algunos de los secretos que el corazón de Guinovart fue almacenando a lo largo de su apasionada existencia. En tiempos de zozobra económica, seguirle el rastro al deseo del artista catalán es como abrir una senda de esperanza de vida allí donde el azul y el ocre combaten cuerpo a cuerpo. Por mucho que su corazón dejara de latir en diciembre de 2007, su obra sigue muy, pero que muy, viva.

Salva Torres

Luis Gordillo en la Galería Aural de Alicante

Luis Gordillo
Galería Aural
C/ Labradores, 17, Alicante
Precios: desde 1.400 a 100.000 euros (+IVA)
Inauguración: sábado 20 de abril a las 20.00 h.
Hasta el 30 de junio de 2013

Luis Gordillo es sin duda uno de los pintores más influyentes del arte español de los últimos cincuenta años y merecedor de los más altos reconocimientos como son Premio Velázquez (2007), Premio Nacional de Artes Plásticas (1981) y Premio Nacional de Arte Gráfico (2012).

Tras su última gran exposición en el CAC de Málaga (2012) expone en la galería Aural una individual tras 7 años desde que mostró su trabajo en Alicante con “La vida es un bosque de semáforos en ámbar”(2006).

Luis Gordillo es de difícil catalogación o clasificación. Su actitud respecto a la pintura es de incredulidad. Las ideas de Gordillo revolotean sin parar, están en un constante hervor burbujeante para, sin premeditación alguna, elaborar con los materiales fortuitos que toma de cualquier sitio. Sus imágenes se constituyen por acumulación, por solapamiento, por encriptación. Para él la creación es algo orgánico y en continuo estado de cambio. El arte, se concibe igual que la Naturaleza pues esta se va adecuando al medio según las circunstancias, aprovechando las posibilidades que encuentra a su paso para crecer, expandirse y perpetuarse. El interés por lo macroscópico y lo microscópico, nacen de una observación profunda de la naturaleza que acaba por modificar el modo de verla, potencia la interferencia, la interrupción, el descubrimiento. Quizá un ejemplo de ello son las obras Glóbulos avanzando o Cardio respiratorio en las que se observa un celo exhaustivo de los tonos construyendo una bisagra de reflejos iguales pero desacordes.

Un cuadro es un lugar de encuentro entre múltiples imposibilidades” comenta el propio artista en su pequeño libro de aforismos Little Memories. La voluntad de multiplicación de la imagen nos lleva a encontrar recurrentemente en Gordillo dípticos, trípticos, polípticos…obras que rompen el carácter estático de la imagen para introducir un tratamiento secuencial. Como el políptico “Civilización fluorescente” en el empleo repetitivo de la máscara es un recurso para realizar un deseo de teatralidad en un contexto irónico.

Una de las facetas más interesantes de Luis Gordillo es la fotográfica, que comenzó a utilizar ya en los años setenta años como herramienta para sondear soluciones a algunos problemas concretos inherentes a la pintura, especialmente los aspectos cromáticos. Las fotografías empiezan a hibridarse con los dibujos, una tendencia al mestizaje que es sintomática y característica de su estilo. La tecnología le permite con la gráfica digital, variaciones ilimitadas materializadas en collages informáticos que luego suelen ser manipulados directamente con sus manos y no en la pantalla del ordenador. A él le gusta no abandonar la materia, no olvidar la parte física. Luis Gordillo escribe: “Dicen que cuando el alma se va uno se muere. No es mi caso”.

Mesa redonda LUIS GORDILLO – FERNANDO SINAGA

Modera: GLORIA MOURE
Viernes 19 de abril / 18 h.

Aula de Cultura Obra Social Caja Mediterráneo
Paseo Gadea 1. Alicante

Luis Gordillo. Genetic Island, 2011. Acrílico sobre lienzo. 176 x 220 cm. Imagen cortesía de Galería Aural

Luis Gordillo. Genetic Island, 2011. Acrílico sobre lienzo. 176 x 220 cm. Imagen cortesía de G. Aural