Cine egipcio dirigido por mujeres en la Mostra

34 Mostra de València-Cinema del Mediterrani
Avance de programación
Del 24 de octubre al 3 de noviembre de 2019

La Mostra de València-Cinema del Mediterrani, que celebra su 34 edición del 24 de octubre al 3 de noviembre del 2019, continúa revelando su programación. Una de las múltiples miradas del festival se detendrá en el cine egipcio dirigido por mujeres.

Junto al repaso del nuevo cine hecho en el mediterráneo en su Sección Oficial y la Sección Informativa Mostra de Valencia-Cinema del Mediterrani quiere visibilizar la creación cinematográfica egipcia hecha por mujeres y la diversidad de puntos de vista que la generan, desde lo más comercial a lo político, en su ciclo ‘La revolución de la mujer en el cine egipcio’.

La primavera árabe que emergió en el norte de África fue una oportunidad fundamental para el cambio de la figura de la mujer en la sociedad. Y de aquel movimiento y rompiendo estereotipos y tabúes, el programa de Mostra de València proyectará doce películas de ocho directoras: Kamla Abu Zekry, Sandra Nashaat, Ayten Amin, Mariam Abou Ouf, Hala Khalil, Hala Lotfy, Nadine Khan y Amal Ramsis.

Cartel de la 34 Mostra de València, protagonizado por el pez-cámara realizado por el diseñador e ilustrador valenciano Diego Mir.

Además, se realizará una mesa redonda con siete de las directoras del ciclo con el objetivo de acercar al público las diferentes realidades políticas, de género y culturales en Egipto. “Una mirada al cine hecho por mujeres en el mundo árabe y su labor como exponente de una realidad que nadie más está en posición de representar”, apunta Glòria Tello, concejala de Patrimonio y Recursos Culturales del Ayuntamiento de València.

‘Yom lel-Sittat/A Day for Women’ (2016), de Kamla Abou Zekr, analiza las relaciones de género y toca el tema del creciente fanatismo religioso. En un barrio pobre de El Cairo se inaugura una piscina pública. Los domingos están reservados para mujeres, pero la decisión no agrada a los hombres. La situación da pie a un retrato tragicómico del final de la era Mubarak. Fue Premio del público en el Arab Film Festival.

En ese contexto de revolución política surge también el largometraje ‘Tamantashar Yom/18 Days’ (2011), un trabajo colectivo realizado por diez directores egipcios y formado por varios cortometrajes independientes que ofrecen testimonio de la revuelta que acabó con la dimisión de Hosni Mubarak después de treinta años en el poder. Otra película que pone el foco en la revolución de la plaza de Tahrir es ‘Nawara'(2015), de Hala Khalil.

Dos thrillers dirigidos por Sandra Nashaat nos dan el pulso del cine de acción y más comercial de la industria egipcia dirigido por mujeres. ‘Masgoon Transit/Transit Prisoner’ (2008), trepidante trabajo sobre espías y ‘El-Maslaha’ (2012), exitoso blockbuster sobre narcotraficantes.

La programación cuenta además con cuatro comedias: ‘Kas wa lask/Cut and Paste’ (2006), de Hala Khalil; ‘Bebo Wa Bashir’ (2011), de Mariam Abou Ouf; ‘Harag W’ Marag/Chaos, Disorder’ (2012), de Nadine Khan; y ‘Villa 69’ (2013), de Ayten Amin. Y las películas dramáticas ‘Wahed-Sefr/One-Zero’ (2009), de Kamla Abou Zekri, y ‘Al-khoroug lel-nahar/Coming Forth by Day’ (2012), de Hala Lotfy.

‘Yom lel-Sittat/A Day for Women’ (2016), de Kamla Abou Zekr. Fotografía cortesía de la Mostra de València.

Completa el ciclo un trabajo de no-ficción: el documental ‘You Come from Far Away’ (2018), de Amal Ramsis, sobre la extraordinaria historia de una familia palestina que a lo largo del siglo pasado se dispersó como consecuencia de la guerra civil española, la segunda guerra mundial y la guerra civil libanesa. Mejor documental en el Festival de Cartago.

Activistas en su cotidianidad

Desde mediados de los años noventa el cine egipcio, la industria cinematográfica más importante y la de mayor difusión del mundo árabe, ha experimentado una notable incorporación de mujeres cineastas. Hasta entonces, el número de directoras árabes era aún minoritario, siendo los nombres más conocidos los de las tres pioneras que iniciaron la industria fílmica en Egipto: Aziza Amir, Assia Dagher y Mary Queeny.

Sin embargo, los temas de los trabajos de estas pioneras eran completamente comerciales en base a los criterios de la época y no tocaban los derechos de la mujer. Es a partir de los 70, y especialmente los 80, cuando se empiezan a ver películas en las que aparecen mujeres y tratan tímidamente sobre sus derechos.

Es con la llegada de una nueva generación de directoras egipcias, las que surgieron en la primera década del siglo XXI, que las películas comienzan a centrarse en la vida cotidiana de las mujeres. Y que han funcionado como un catalizador importante del feminismo en Egipto y, por su proyección, en el mundo árabe.

Una generación joven, cosmopolita, que conoce muy bien la situación y las problemáticas del mundo árabe, con una mayor educación cinematográfica, y que unida a la viabilidad tecnológica están dando lugar a singulares y múltiples propuestas.

La directora egipcia Maryam Abou Ouf. Fotografía cortesía de la Mostra de València.

MAKMA

Así que pasen cinco años

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Juan Carlos Garés (gerente de Sala Russafa y confundador y administrador de Arden Producciones)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Un lustro da mucho de sí, pero como todos sabemos, el tiempo es lo más relativo que podamos tener entre las manos; o mejor dicho, es tan relativo que se nos escurre entre los dedos, como si de agua se tratara.

Y el tiempo, cuando lo relacionamos con el ámbito cultural, puede ser más particular y relativo si cabe, pues lo que parece un gran avance en el logro de estructuras, de creación de nuevos estilos, de obtención de libertades… puede resultar en realidad un ínfimo paso adelante. O hacia atrás.

Cualquier sociedad puede medir su desarrollo en la medida en que sus habitantes consumen cultura; al menos es uno de los parámetros habituales y difundidos para calibrar si un país crece o no en desarrollo.

Y me pregunto, ¿es proporcional el consumo de cultura con el índice de desarrollo en nuestro país? ¿La evolución moral y el cuidado de los valores crece a medida que asciende el interés por el conocimiento? Seguramente me estoy poniendo muy profundo y el tema es más para un ensayo sobre sociología que para un escueto artículo de opinión que pretende poner en valor las iniciativas culturales, esas que reman contra corriente y que, a pesar de ello, consiguen llegar a mar abierto y navegar… Así que, mejor pensemos que efectivamente el consumo cultural nos hace mejores, que nuestro país crece cuanto más se cuida y fomenta la cultura y que la involución moral en las libertades es solo un fugaz y pasajero momento en nuestra evolución. Y dejemos los estudios socio-filosóficos para quien corresponda.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

En nuestro último lustro hemos vivido (y vivimos) una inusual eclosión cultural. Aunque habría que analizar si ha sido (y es) consecuencia de nuevas infraestructuras, programas e intenciones políticas, o simplemente responde a una silenciosa revolución/revulsión ante la nulidad de incentivos y el desprecio sistemático por el fomento de lo intangible: el pensamiento.

En la cultura escénica –a la que yo pertenezco y en donde milito– asistimos a un impetuoso relevo generacional, ávido de cambios y hambriento de nuevos caminos para los agentes activos (los que crean, ellos y ellas) por los que transitar, pidiendo con vehemencia un hueco para sus creaciones. En realidad, en cualquier ámbito de la Cultura ocurre algo parecido; un momento de cambio nacido, seguramente, de la precariedad absoluta, que se define con la denuncia, la acusación y el hartazgo. Un cambio con un fuerte aroma contestatario que irrumpe con paso firme y que rechaza cualquier perfume a anterior. Y no es para menos, es comprensible. Durante más de tres décadas hemos ido cimentando las estructuras creativas en terrenos fangosos que han hecho que edificios aparentemente sólidos se tambaleen y muestren ahora sus muchas grietas.

Una sociedad repleta de iconos surreales seguramente propicia que el surrealismo se prodigue, a pesar de que sus metáforas cuesten mucho de entender. Como un drama lorquiano, en el que, a día de hoy, nos cueste comprender sus símbolos y sus claves. Es el momento del triunfo de lo básico, de lo evidente, lo explícito, frente a la sutilidad de la reflexión, frente a los mensajes subliminales que invitan al cambio íntimo. También la pugna entre lo artificioso y lo hiper-naturalista; entre lo disfrazado y lo desnudo.

Una amiga con la que disfruto mucho conversando opina que la realidad que se vive en nuestra céntrica capital es bien diferente a la de “las provincias”, su periferia. Posiblemente no le falte razón y la evolución de las artes en los micro-universos periféricos sean para analizar aparte, sin comparativas, sin competiciones.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Hace diez años, después de veinticinco de profesión, empezamos a construir un teatro en un barrio de Valencia donde hacía décadas que ya no existían las artes escénicas; un barrio en cambio, en el que hubo una gran tradición teatral, donde llegaron a convivir una decena de teatros y ateneos en los que regularmente se consumía cultura. Y en medio de ese desierto, ya sin nostalgia por lo que hubo, creamos un lugar para intentar resucitar el gusto por la escena. Tras ocho temporadas hiperactivas, seguimos en el empeño… Pero lo nuestro, ya se sabe, es vocacional. Además, nosotros nacimos sin demasiados referentes directos, cogiendo el testigo de valientes teatros universitarios de los setenta, a los que conocimos solo de refilón. Y sin proponérnoslo, sin desearlo ni quererlo, mi generación se convirtió en referente para los que venían detrás. ¡Menos mal que no éramos conscientes de esa responsabilidad!

Ha pasado el tiempo y con la mirada que te otorga la distancia, intentas analizar el presente. Y el pasado reciente. Los últimos cinco años creo que han sido detonante de un paso de época y, por tenerlo tan cerca, tan próximo, aún nos cuesta ver que estamos inmersos en pleno proceso de cambio; pero el cambio es imparable, lento pero incansable, irreversible. Relevo de generación, de género y de generales. Los referentes se cuestionan. Nuevos patrones para nuevos horizontes.

Por eso los y las emprendedoras de nuestros ámbitos culturales deben tener ese valor añadido de combatientes en tierra hostil. Los que han demostrado su permanencia con resistencia zen y los que irrumpen queriendo demostrar que tienen mucho que contar. Porque el compromiso es la fórmula mágica, la que en verdad crea ese tejido mestizo tan necesario. Pero a unos y a otros solamente les es deseable la calma que equilibra al creador airado, esa que te abre el horizonte y te permite relativizar tu lugar en el mundo.

Cinco años no es nada. Y es mucho. Felicidades.

‘Shakespeare en Berlín’, de Arden Producciones.

Juan Carlos Garés

Perspectiva aérea

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Felicia Puerta (artista y docente de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos, UPV)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Desde hace décadas eclecticimo y pluralismo son rasgos generales que caracterizan el panorama artístico y parece que permanecerán manteniendo su vigencia dada la persistente proliferación de formas, lenguajes y experiencias artísticas que, ligadas ahora a la introducción masiva de nuevos materiales y tecnologías, han venido a diversificar, multiplicando tanto los valores estéticos como las resultantes icónicas; nuevos conceptos y funciones que, distanciándose en apariencia de condicionamientos clásicos, han transformado y abierto paulatinamente nuestro modo de entender lo que hoy puede considerarse arte.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

La perspectiva temporal no sólo remite al aumento vertiginoso en cantidad, variedad de imágenes y acciones creativas, sino a los cambios estructurales en su proceso de evolución, su fuerza expresiva; quizás sea esta la causa, justo el exceso y la frecuencia lo que haya hecho disminuir su capacidad de impactar o asombrar, así como su proximidad. Con la masiva divulgación, gracias al gran incremento de medios de comunicación, por un lado, y la facilidad de acceso a su consumo, por otro, ocupan y compiten en los mismos espacios que el resto de imágenes, enfrentándose con otras más poderosas derivadas, por desgracia, de nuestra realidad política social.

Esta producción inconmensurable provoca irremediablemente una gran contaminación, sobre todo en las artes visuales, planteando una mayor dificultad tanto para la innovación, como para su aprehensión. Volver hoy sobre la noción de experiencia estética, criterios de evaluación o, incluso, juicios sobre el gusto, es aceptar la pluralidad y, con ella, alguna de sus peores consecuencias; no obstante, de un modo riguroso, es necesario repensar esta pluralidad, pues la diversificación y la masificación no deben transformarse en puro relativismo; para ello, seguramente hemos de agrandar, al tiempo que flexibilizar, nuestra manera de percibir y estar en la contemporaneidad.

Cada vez son más los actores que participan en lo que ya no se denomina actividad, sino “Industria Cultural», y esta nueva designación introduce un rasgo muy significativo del cambio. El artista ahora no es el único protagonista de la acción, críticos, historiadores, galeristas, programadores, profesores, diseñadores, ilustradores, estudiantes de arte, políticos … configuran, agrupados, lo que también se ha venido a calificar como el “Sistema del Arte”; así, siguiendo el patrón empresarial, se estudian y proponen nuevos modelos de fabricación.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

El arte, por fin, ha ampliado su reducida y elitista esfera de proyección para integrarse, numerosa y profesionalmente, como una rica actividad productiva en y para la sociedad, con nuevas funciones como la mediación, la gestión, el comisariado… nuevas preocupaciones globales relacionadas con la justicia social o el medioambiente, que generan trayectorias de artistas cada vez más comprometidos con su contexto local/temporal, como lo demuestra la proliferación del arte urbano, la introducción de lo “eco” y lo sostenible; por otra parte, nuevas facultades dan paso a carreras directamente relacionadas con la innovación digital enfocadas hacia el diseño, moda, animación, vídeo arte, etc.

En este momento, pienso que tan necesario es celebrar esta rápida expansión y profesionalización de la cultura artística, como ser conscientes o saber gestionar los efectos del cambio. Regular la actividad exige cumplir con códigos establecidos, lo que puede llevar a la banalización de la idea del “ser creativo”, uso unidireccional de las funciones del arte, explotación de su aspecto didáctico, ilustrativo, abuso del enfoque social u otras tantas aplicaciones pragmáticas. La utilización del arte como medio, aún siendo lícita y deseable, puede diluir parte de la libertad para los creadores, que en demasiadas ocasiones están condicionados o dependen de proyectos predeterminados por convocatorias, bases temáticas, dirigidas a grupos sociales concretos, etc.

Dedicarse a la creación, como cualquier otra profesión, exige conocimiento previo, metodología, y mucha vocación; no es una actividad divina, pero tiene rasgos distintivos, pues en su génesis está el placer unido a la necesidad.

‘Sin dogma, solo rigor I y II’, de Felicia Puerta.

Felicia Puerta

‘El pionero’: tras el truhanismo de Jesús Gil

‘El pionero’, de Enric Bach
Miniserie de TV | 4 capítulos
HBO España, 2019

En pleno diástole canicular eclosiona, (f)estival y nocturno, el retrato audiovisual de un ser elefantiásico e hiperhidrósico, uniformado con bermudas y guayaberas de impúdica abertura frontal en la que se refugian los ecos de una forma de ser/estar en el procaz orbe patrio, cuyos vestigios de aluminosis y truhanismo prosiguen erigidos en el plúmbeo perfume de verano de perillanes, galopines y soplagaitas, menesterosos émulos de una las figuras indispensables del hediondo y vigente pasado reciente, opulento adalid del vasto y necrosante feudo de la endémica corrupción española: Gregorio Jesús Gil y Gil (El Burgo de Osma, Soria, 1933 – Madrid, 2004).

Precursor, adelantado, ascendiente, tan fundador como un brandi invernal y burgense, su fastuosa y ya onírica remembranza se revelan en suficiente alimento para que la taquilla en casa de HBO haya tenido a bien implementar su primera producción por estos dispares dominios, procurando el sacramento que une al alevoso/insigne con la idiosincrasia pútrida, lega y verbenera de aquellos que fueron, siempre han sido y prosiguen estando.

De este modo, ‘El pionero’, del sabadellense Enric Bach, en compañía del brítanico Justin Webster (‘Muerte en León’, 2016), dirige la atención sobre el curso biográfico, carcelario, colchonero y marbellí del primogénito de los Gil y Gil, transitando epidérmicamente por sus gélidos y exiguos orígenes castellanos y edificando la entoldada semblanza bajo las vergonzantes ruinas del vasto y funesto comedor de la urbanización Los Ángeles de San Rafael –luctuoso episodio cuya negligencia se hubo cobrado 58 víctimas en la primavera de 1969 y, a la par, su primera encarcelación (por homicidio involuntario) e indulto ulterior (beneficiándose de una segunda conmutación, preelectoral y socialista, a mediados de los años 90)–; su atlético y convulso dominio durante varios lustros (1987-2003) del palco del Vicente Calderón –siendo cesado de su cargo durante el invierno de 2000 por decreto de la Audiencia Nacional y repuesto cuatro meses después, tras la crispada administración de Luís Manuel Rubí– y las tres desconcertantes mayorías absolutas que le auparon como regidor del Ayuntamiento de Marbella (1991-2002) bajo el acrónimo ególatra y personalista del GIL (Grupo Independiente Liberal) –interrumpidas por su inhabilitación tras ser condenado por malversación y falsedad documental en el célebre caso ‘Camisetas’ y su eximia publicidad de Marbella en las camisetas de diversos equipos de la LFP–, hasta su fallecimiento el 14 de mayo de 2004 a la edad de 71 años.

‘El pionero’ cobra morfología serial –henchida de constantes analepsis y diversas reiteraciones prescindibles– con el rutilante sustento del archivo audiovisual legado por su facundia improvisada y visceral –registrada en innumerables apariciones televisivas y grabaciones particulares– y el refrendo testimonial y decisivo de una nutrida nómina de individuos, próximos por consaguinidad o confrontación profesional y judicial, que auxilian a recomponer los rasgos fundamentales de su estampa, tan ladina y diestra como charanguera y facinerosa.

Así, restauran la parte más afín, amable e hilarante del relato diacrónico de ‘El pionero’, entre otros, las evocaciones de sus hijos Jesús Gil Marín (insólito alcalde de Estepona por el GIL, de 1995 a 1999); Miguel Ángel Gil Marín (consejero delegado del Atlético de Madrid); hermanos y amigos infantes; el productor cinematográfico y presidente del Atlético de Madrid Enrique Cerezo; el inefable e hidrocarbúrico José María García; el proverbial extremo portugués Paulo la pantera de Montijo Futre y la epicúrea hazaña del doblete del entrenador serbio Ramodir Antic, cuyas respectivas aserciones, si no reveladoras, cuando menos no eluden la ratificación de un modus operandi nebuloso y túrbido, aún cuando (supuestamente) bienintencionado.

Por su parte, amén de otros inquietantes testigos, Isabel García Marcos –otrora obstinado (resignado y tránsfuga en el epílogo) azote del gilismo desde el PSOE marbellí– y el jurista madrileño Carlos Castresana –fiscal del caso ‘Gil’– aportan luz –desde la dubitación (la primera) y la determinación (el segundo)– sobre alguno de los sótanos uliginosos erigidos en los cimientos del hampa del GIL, que operaba en el latifundio de oropeles y golfería en que se había convertido la Costa del Sol Occidental.

Se concitan, por tanto, los suficientes elementos enardecedores como para propugnar de un modo sobresaliente la necesidad de instituir a ‘El pionero’ en una exuberante radiografía que trasciende la propia y crasa figura de Jesús Gil, efímero cenit de un putrefacto trastorno político y económico irresoluble (me temo) y vigente. Si Gil hubo encarnado los profanos males de la demagogia –discurso simple, efectista y seductor–, la ineptitud y el oscurantismo, el presente nos revela un horizonte uniformado de populismo aventajado y predominante, reduciendo a Gil y Gil –cuestión que Enric Bach y Justin Webster eluden sapientemente– en desdeñadas noches de tal y tal, remedos imperiosos e ignominiosas caricaturas de un tiempo febril, disparatado y estrambótico que, sin duda, fue y, quizás, siga siendo ahora con distintos afeites.

Jesús Gil y Gil en un fotograma de ‘El Pionero’. Fotografía cortesía de HBO España.

Jose Ramón Alarcón

Una España negra como el carbón

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Javier Valenzuela
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Me hubiera gustado inventarme un personaje tan fantástico como el llamado Yonqui del Dinero, ese valenciano que, una vez detenido por la Guardia Civil, tuvo una epifanía: descubrió que llevaba la vida miserable de un drogadicto, siempre en busca de material, siempre necesitando más y más. La droga, en su caso, era el dinero que conseguía mediando en chanchullos corruptos de los políticos de derechas y sus amiguetes empresarios. Puesto en libertad provisional, el Yonki del Dinero, como ustedes saben, se marchó en busca de iluminación a la India, de donde regresó convertido en un gurú y dispuesto a colaborar con la Justicia.

Cuando en 2016 escribí ‘Limones negros’, mi novela sobre la corrupción española, el Yonki del Dinero era ampliamente conocido en España, así que no pude inventármelo como personaje de ficción. Lo que hice fue otorgarle una especie de cameo, hacer que la imaginaria Lola Martín, capitana de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, le contara en Tánger al también imaginario profesor Sepúlveda cómo ella había participado en su detención e interrogatorio. Pero, ¿saben una cosa?, creo que jamás me hubiera atrevido a concebir un personaje semejante al del Yonki del Dinero, lo hubiera considerado demasiado perfecto, poco verosímil por decirlo de alguna manera.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Y es que la realidad de la corrupción española, revelada por el periodismo y la justicia independientes, supera la imaginación más fértil. Un presidente de una comunidad autónoma que guarda un millón de euros en billetes de quinientos en un altillo y cuando es descubierto afirma que se lo olvidó allí un fontanero o un empleado de IKEA. Una presidenta que falsifica un máster y solo dimite cuando también se airea que robaba cremas de belleza en un supermercado. Un banquero que ha estafado a miles de pequeños inversores y termina apareciendo muerto de un disparo de escopeta en una partida de caza. Políticos y empresarios que pagan con el dinero de los contribuyentes a las putas que llevan a sus orgías. Fiscales anticorrupción a los que les roban en sus casas los portátiles donde guardan los datos de sus investigaciones. No me digan que todo esto no es negro como el carbón.

Negro, por supuesto, a la manera española. Más próximo al cine de Azcona y Berlanga o la literatura de Eduardo Mendoza que a los ríos de sangre y vísceras del thriller norteamericano. Más emparentado con la picaresca del Siglo de Oro que con las obras de James Ellroy y Don Winslow. Más pegado a tierra que a las angustias existenciales de los escandinavos. En definitiva, tan español como el chorizo.

Como en el resto del planeta, el género negro ha sido el gran protagonista de la escena literaria española en el último lustro. ¿Qué premio prestigioso no ha recaído más de una vez sobre una novela negra? ¿Qué presentadora de televisión no ha publicado ya la suya? ¿Qué ciudad de la piel de toro no cuenta con su festival consagrado a la ficción policial y criminal? ¿Qué librería no dispone de un generoso rincón dedicado a ella? Año tras año, se equivocan los que predicen que el noir va a pasar de moda. Año tras año, cuenta con más autores y lectores.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

¿Por qué? Pues porque seguimos en crisis. Aquí y en todo el mundo. Crisis profunda de modelo político e institucional, de sistema económico y social, de ideas y valores. Y, como también saben ustedes, ningún género novelesco cuenta tan bien como el negro la realidad del mundo urbano y capitalista en crisis. Nació por y para ello en el Estados Unidos de la Ley Seca y la Gran Depresión, con las obras de Dashiell Hammett, James M. Cain, Jim Thompson y Raymond Chandler. Y llegó a la España de la Transición, la Crisis Petrolera y la Inseguridad Ciudadana con las obras de Vázquez Montalbán, Andreu Martín y Juan Madrid.

Convendrán conmigo en que lo que llevamos de siglo XXI tiene muchas más sombras que luces. Es difícil contar en rosa un siglo que arrancó con el derribo de las Torres Gemelas y la quiebra de Lehman Brothers y sigue hoy con las barbaridades de los yihadistas y los despropósitos de Donald Trump. Un siglo que, en el caso español, ha sido el de la ruina de las clases populares y medias, el de la denuncia de la mediocridad de nuestra democracia por los jóvenes de edad o espíritu del 15-M y el del descubrimiento de que el régimen está podrido de corrupción. La novela realista solo puede contar en negro este tiempo.

Muchos autores y autoras están en ello. También aquí. No citaré ningún nombre porque bastantes de ellos son amigos míos y no quiero incurrir en ningún olvido. Lo que si diré es que todos intentan que sus ficciones no se queden cortas en comparación con lo que ocurre en nuestras cloacas y callejones oscuros. Y añadiré que muchos cuentan lo que no cuenta la Prensa adocenada: que los que mandan de verdad son los grandes banqueros y empresarios, no los políticos a los que votamos, y que los corruptos de postín, los curas pedófilos y los violadores de mujeres reciben mejor trato en nuestros tribunales que los que roban gallinas o no pagan la hipoteca. Por eso la gente los lee, porque entretienen dando las claves del presente.

La vie en rose? Pas maintenant, cherie.

‘Salón con lobo’, de Marta Beltrán.

Javier Valenzuela

MuVIM: un museo diferente

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Marc Borràs (jefe de investigación y gestión cultural del MuVIM)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

El MuVIM es un museo que se avanzó a su tiempo. Una declaración tan pomposa puede resultar presuntuosa, sin duda, pero en este caso es rigurosamente cierta. Porque el Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat se definió, desde su inauguración en 2001, como un museo de ideas (consagrado, por tanto, a preservar, proteger y transmitir un bien intangible) y, sin embargo, no fue hasta 2007 —seis años después— que el ICOM modificó su definición de museo para amparar bajo ese concepto a aquellas instituciones que se ocupaban exclusivamente de conservar patrimonio inmaterial.

Es evidente que la particular naturaleza incorpórea del objeto museográfico del MuVIM le obligaba a modificar las estrategias discursivas empleadas hasta entonces en los museos cuyo cometido era almacenar, catalogar y exponer objetos materiales: un retrato, un resto arqueológico, una herramienta de labranza tradicional. Eso explica que la exposición permanente del MuVIM prescinda de objetos y textos explicativos y se vehicule a través de la palabra y las nuevas tecnologías de comunicación.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Contra la univocidad del objeto museográfico

Los museos son entidades expertas en tratar con objetos. Pero no sólo eso. En el museo tradicional la relación entre el museo y el objeto es tan estrecha que la naturaleza del segundo determina el carácter del primero. Parece obligado pensar que un retrato al óleo solo puede ser expuesto en un museo de arte, el resto arqueológico en un museo de Prehistoria o la herramienta tradicional de labranza en un museo etnológico. Porque según parece, cada objeto solo puede ser interpretado de una —y solo una— manera.

A finales del siglo XIX, el matemático y filósofo alemán Gottlob Frege —fundador de la moderna filosofía del lenguaje— estableció una diferencia entre referencia (bedeutung) y sentido (sinn) que puede resultarnos especialmente útil ahora. Un mismo referente — Cervantes, por ejemplo— puede ser aludido a través de diferentes expresiones o descripciones definidas —“el manco de Lepanto”, “el autor de El Quijote”— que, a pesar de tener un mismo significado, tienen distinto sentido, porque nos aportan distinta información: puede ser que yo supiera que Cervantes escribió ‘El Quijote’, pero desconociera que quedó manco como desafortunada consecuencia de una batalla.

Esa —sutil— distinción fregeana permite combatir la tradicional univocidad del objeto museográfico, porque un mismo objeto —o referente— puede servirnos para distintos propósitos expositivos, es decir, que puede ser interpretado de distintas maneras que aportan también distinta información sobre él: nada impide que una obra de arte pueda ser utilizada para reflejar una idea o representar una época, ni que podamos valorar un resto arqueológico o cualquier objeto etnográfico tan solo por sus cualidades estéticas. El MuVIM apuesta, precisamente, por romper esa disciplina del sentido único proponiendo, en cambio, una lectura transversal: los objetos que aparecen en sus exposiciones no sólo se exhiben por sus (supuestas) características intrínsecas, sino porque sirven como acicate y excusa para reflexionar sobre un tema de más amplio calado intelectual o interés sociológico. Distintos retratos regios permiten explicitar cómo ha cambiado la imagen del poder. Fotografías de personajes mediáticos ilustran hasta qué punto se ha modificado el ideal de belleza.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

La herida siempre abierta de la modernidad

Sin embargo, alguien podría pensar que hablamos de preservar ideas muertas, que han perdido la utilidad que un día tuvieron —como el bifaz de sílex o el molino manual de piedra— y que, precisamente por eso, se conservan en un museo: como residuos históricos que ya no tienen función social. Nada más lejos de la realidad. La Ilustración fue, en efecto, un movimiento intelectual que quiso reorganizar la (vida en) sociedad a partir de premisas racionales con un claro propósito emancipador: el de liberar al individuo de las numerosas trabas que impedían su pleno desarrollo. La liberación es —como dice Alain Finkielkraut— el gesto moderno por excelencia: libertad de conciencia y de pensamiento, libertad de expresión, libertad de reunión e incluso libertad para elegir quién y cómo nos gobierna.

La Ilustración propició una auténtica revolución de la mente que sentó las bases intelectuales y políticas de nuestro mundo, es cierto. Pero no fue la única partera de la modernidad: la industrialización, la expansión —también colonial— del capitalismo y, en general, la progresiva implantación de una racionalidad eminentemente instrumental han desembocado en una situación paradójica. Por una parte, la veta ilustrada ha permitido que el individuo atesore ahora una serie de derechos y libertades políticas inalienables. Pero, por otro lado, la racionalidad tecnocientífica ha reducido a ese mismo individuo a la impotencia: puede ejercer democráticamente sus derechos políticos pero difícilmente podrá cambiar el statu quo económico, por ejemplo, dado que la economía se presenta como una ciencia contra cuyas leyes poco o nada se puede hacer.

Esa ambivalente situación estructural genera conflictos, tensiones y disfunciones que se expresan social y, sobre todo, culturalmente. Y son precisamente esas manifestaciones culturales —en sus múltiples variantes expresivas (pensamiento, palabra, acción, perfomance, artes plásticas, audiovisuales, etc.)— la materia prima con la que trabaja un museo como el MuVIM, dado que son exteriorizaciones de ese permanente hiato entre promesa de plenitud e impotencia efectiva que caracteriza la vida del individuo moderno. En el siglo XVIII tanto como en el XXI.

Eso quiere decir que aquel ideal emancipador sigue vigente y no deja de desplegar nuevas estrategias discursivas ni de actualizar aquel caudal de ideas primigenio, con la esperanza de cerrar definitivamente la herida siempre abierta de la modernidad, aspirando, así, a completar la tarea inacabada de la Ilustración. Una Ilustración que no es tanto un corpus doctrinal como una actitud siempre crítica hacia el presente que nos ha tocado vivir, como dijo en su día Foucault. Y por todo eso —tanto por la particular naturaleza como por la permanente actualidad del objeto que custodia— el MuVIM es un museo diferente que no quiere dejar indiferente a nadie.

Imagen del hall del MuVIM. Fotografía de Jesús Granada cortesía del museo.

Marc Borràs

Carlos Cruz-Diez, el artista que reinventó el color

Ha fallecido en París, a los 95 años, Carlos Cruz-Diez, dejando un enorme legado al arte contemporáneo y un mensaje de optimismo y esperanza a los venezolanos.

Conocí a Cruz-Diez un día de 1986 en los amplios espacios del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. A la sazón, yo trabajaba como periodista en el suplemento cultural de El Diario de Caracas. La directora del museo, Sofía Imber, también periodista, me llevó hacia donde se producía una febril actividad de montaje y me lo presentó.

Entre muchos operarios que instalaban sus obras, me encontré a un artista con aspecto de laboratorista, debido a su bata blanca. Era un hombre más bien pequeño, de grandes patillas y mirada afable tras los lentes.

Yo estaba emocionado pues sabía que estaba ante uno de los grandes artistas contemporáneos no solo de Venezuela sino de todo el mundo, cuyo su nombre se inscribía, junto al de otros renombrados representantes del arte cinético y del op art como Vasarely, Le Parc o el también venezolano Jesús Soto.

Imagen de una de las obras de Carlos Cruz-Diez. Fotografía cortesía de @ateliercurzdiez.

Como visitante de museos había disfrutado en muchas ocasiones de sus obras, pero también en muchos espacios urbanos de Caracas y otras ciudades, pues Cruz Diez siempre se planteó la integración de la obra con la ciudad como lo demostró en la ‘Inducción Cromática por Cambio de Frecuencia’, el mural cinético más largo de América (2 kilómetros) en la pared del puerto de La Guaira, obra hoy lamentablemente desaparecida.

Acostumbrado a las entrevistas, respondió a las preguntas con mucha seguridad, haciendo gala de sus profundos conocimientos en teoría del color. Pero yo, fiel a mi escuela de periodismo rompedor, guardaba la pregunta-gatillo para el final:

–¿Qué les diría a quienes opinan que es un pintor de rayitas?

No voy a decir que se molestó, porque Cruz-Diez tenía buen humor, pero sí abrió los ojos bastante y diría que se sobresaltó porque hasta entonces la entrevista había discurrido por un muy civilizado intercambio de preguntas y respuestas.

–¡No soy un pintor de rayitas! –me dijo airado. Y, a continuación, explicó por enésima vez sus teorías y su convicción de que el color es capaz de suscitar la emoción del movimiento sin la necesidad de la anécdota. Así fue que me regaló uno de los títulos más redondos en mi carrera periodística.

Obra de Carlos Cruz-Diez en el Buffalo Bayou Park Cistern de Houston (EE.UU.). Fotografía cortesía de @ateliercurzdiez.

Muchas cosas pasaron desde entonces, Cruz-Diez se fue a vivir a Francia y su obra siguió, indetenible, su proceso de internacionalización. Aquí en España tuvo lugar en 2009 su primera individual, llamada ‘Carlos Cruz-Diez: el color sucede’, promovida por la fundación Juan March en Palma de Mallorca

Su obra ‘Cromointerferencia de color aditivo’, en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, se ha convertido en un icono de la diáspora, ya que millones de venezolanos se llevan como último recuerdo una foto con ella.

En una entrevista reciente se lamentaba de este éxodo y sus circunstancias, pero a la vez se mostraba optimista y esperanzado, como escribió en una carta a la juventud venezolana.

Carlos Cruz-Diez. Fotografía cortesía de @ateliercurzdiez.

Eloi Yagüe Jarque

«Soy del amor al arte de Soledad Lorenzo»

MAKMA ISSUE #01
Entrevista a José Miguel G. Cortés, director del IVAM
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

José Miguel G. Cortés, director del IVAM, habla en todo momento de proyecto, porque según él la mayoría de museos y centros de arte cuentan con programaciones que valen para cualquier sitio. Y su proyecto, con una mirada internacional y cosmopolita, no se olvida de la proximidad y la singularidad del entorno. También critica los tiempos livianos actuales que dan por válido todo, al tiempo que se manifiesta contrario a la dictadura de las audiencias. Sueña con un IVAM del siglo XXI ampliado, porque necesita más espacio para mostrar en condiciones los más de 100 años de arte moderno y contemporáneo que atesora el museo valenciano.

¿Qué tiene el IVAM que no tengan otros museos?

El IVAM fue uno de los primeros museos de arte moderno y contemporáneo que se creó en España y que lo ha hecho de una manera distinta. Incluso antes de inaugurarse ya tenía una colección importante. En otros muchos museos, primero se creó el espacio y luego se ha ido comprando la colección. Yo he intentado recuperar esa actitud de, lo primero de todo, tener un proyecto. De hecho, uno de los grandes problemas que ha tenido precisamente el IVAM durante estos últimos años es que no ha tenido un proyecto. Y el no tener proyecto lo que significa es que todo vale, de manera que no puedes discutir por qué se hace una cosa u otra porque no hay ningún criterio.

¿Y cuál es su proyecto?

El proyecto que yo presenté tiene unas características muy específicas. Por un lado, que tenga una mirada internacional y cosmopolita y, por otro, muy anclado en el entorno. Uno de los problemas que tenemos es que la inmensa mayoría de los museos y los centros de arte da igual que estén en Valencia o en Honolulu. Y me refiero a espacios tanto públicos como privados. Son programaciones que se pueden hacer en cualquier sitio. Un ejemplo (y no es que me parezca mal): la fotografía de calle norteamericana está muy bien pero la puedes hacer en Valencia, en Bilbao, Estrasburgo, Liverpool o donde sea. Entonces, trabajar el entorno es algo fundamental bajo mi punto de vista.

¿Cómo se atrae al público en la coyuntura actual?

Hay que trabajar con una concepción del arte que no se vea como un aspecto de banalización, de vulgarización del pensamiento. Creo que vivimos en unos tiempos livianos, en los cuales cualquier cosa es válida y no tienes que justificar nada, simplemente que está bien, es chulo, o es joven o es viejo, como si eso fuera un valor en sí mismo. Habrá gente joven que tenga discursos muy bien elaborados y gente mayor que no los tenga. El problema, entonces, no es ser joven o viejo, sino qué cuentas, en torno a qué.

Extracto inicial de la entrevista publicada en MAKMA ISSUE #01.

¿Y en qué se centra su proyecto, qué cuenta?

El actual proyecto del IVAM se basa en varios ejes. Y uno de ellos es el Mediterráneo, que es una parcela que nadie estaba reivindicando hasta ese momento. ¿Y por qué el Mediterráneo y no el Atlántico? Bueno, pues porque nuestras raíces históricas, sociales y culturales tienen que ver con el Mediterráneo.

¿Y eso atrae?

El IVAM no está en el ranking del número de visitantes. Esa no es nuestra lucha, no es nuestro planteamiento, no es nuestra liga. Nuestro planteamiento es: o el IVAM sirve para ampliar nuestra mente, para hacernos mejores sensitiva y conceptualmente, o no sirve para nada, por muchos millones de visitantes que tenga. A un museo no se le puede medir por el parámetro del número de visitantes –ese puede ser uno, pero secundario–. Lo fundamental es cómo ayudas a difundir el conocimiento del arte. Por poner un ejemplo, entre muchos: ¿qué es mejor, una película de La 2, que ven 100.000 personas (¡que ya son personas!), u otra de La 1 o de Telecinco, que ven dos millones de personas, que es un blockbuster sin el menor interés, ni fílmicamente ni en ningún otro sentido? Ahí está la cuestión.

También es importante cómo haces las cosas. Tú puedes hacer una exposición y poner los medios para que la gente la entienda. Las exposiciones temáticas son una forma de atraer a un público distinto. No se trata de hacer una programación difícil, críptica, extraña, sino de hacer una programación exigente, pero poniendo los medios para que a la gente le interese. ¿Que es complicado? Sí, es complicado, pero se trata de trabajar para lograrlo.

Esto nos lleva al dilema de ofrecer al público lo que supuestamente se espera de él o arriesgar a la hora de programar.

No se trata de culpabilizar a nadie, pero generalmente hay una conciencia de que todo tiene que ser flojo, débil, banal, superficial, una actitud no hedonista de la vida, sino intrascendente de la existencia, y que lo otro es aburrido. Y claro está que hay cosas sesudas, aburridas y mal planteadas, y cosas banales muy divertidas. No se trata de plantearlo en blanco o negro. Hoy en día ya no hay un público, sino muchos públicos, hay minorías de públicos. Y un centro vivo como el IVAM tiene que ser capaz de llegar a todas esas minorías con actividades diversas, sin importar si a una conferencia vienen diez o vienen cincuenta. Esa carrera alocada por la audiencia no nos lleva a ninguna parte.

¿Atender a lo más próximo significa descuidar lo más alejado y viceversa?

Pues no. Mira, un ejemplo, Josep Renau y Martha Rosler. En esta ciudad, en esta Comunidad, en este País Valenciano /llamémosle como queramos), a Josep Renau se le ha visto miles de veces, por arriba, por abajo, por delante, por detrás, de miles de maneras, pero, qué casualidad, a nadie se le había ocurrido plantear a Renau con otros artistas internacionales. ¡Joder, menudo olvido!

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

¿El IVAM, como museo público, se enfrenta al auge de la iniciativa privada por dejadez de las instituciones públicas en relación con la cultura?

Que quede claro, si alguien se gasta dinero en comprar arte, muchísimo mejor que si se lo gasta en un yate. Pero, ojito, porque esto es igual que los hospitales privados y las universidades privadas. ¿Quién tiene biblioteca? Los museos públicos. ¿Quién hace exposiciones y trabajos sobre cuestiones que nadie trabaja? El IVAM. Si me muestras siempre Sorolla o Manolo Valdés o un artista norteamericano muy conocido, pues vale, eso es lo mismo que hacen las universidades privadas. ¿Qué es lo que se vende, medicina, arquitectura y derecho? Perfecto, pues para mí y para ti, poesía francesa del XVIII. Yo vengo de la pública y ahí trabajamos sobre aspectos que nadie trabaja.

De manera que yo amor al arte, todo, pero soy del amor al arte de Soledad Lorenzo, que cede su obra al Reina Sofía, de Martínez Guerricabeitia, que cede su obra a la Universidad de Valencia, de los coleccionistas norteamericanos que dan 200 millones de dólares [y lo repite], 200 millones de dólares, para la ampliación del MoMA. Yo soy de esos.

Pero ante la dejadez de lo público –que la ha habido en materia de cultura–, lógico que se hayan volcado muchos en busca de esa iniciativa privada, ¿no?

¿Sabe las dificultades que hay para que un museo público funcione? Son brutales. De personal, de presupuesto, de cuestiones administrativas… La ley de mecenazgo permite que una empresa privada se desgrave por compra de obra y nosotros no. Tú tienes un Picasso, me lo cedes a mí y, hoy por hoy, no te lo puedes desgravar, y se lo cedes a una empresa privada y puedes hacerlo. ¡Si esto no es ir contra la institución pública, que venga dios y lo vea!

¿La colección del IVAM es uno de los puntos fuertes de su proyecto?

Estamos en lo mismo. No se trata de hacer colección por colección. Tenemos más de 11.000 obras. Y estamos en un intento de organizar, de estructurar la colección. Yo me encontré con cosas muy buenas y también con un totum revolutum. Por ejemplo, lo que se hizo con las vanguardias europeas de los años 20 y 30 todavía tiene coherencia. Esto es de lo mejor a nivel estatal. Es que en Valencia no se tiene ni idea de lo que tenemos. El tema también de fotografía, de arte pop español y extranjero, realmente bueno. Hasta los 70 tenemos una colección magnífica y a partir de ahí tenemos obras muy buenas, pero no tenemos colección.

¿Y qué presupuesto de compra tiene?

Cuando yo entré teníamos 80.000 euros y el año pasado ya teníamos 600.000. Hemos dado un salto importante.

Entonces, ¿existe ahora una mayor sensibilidad política?

No toda la que nos hubiera gustado, pero también es verdad que yo pido más.

Tiene contrato hasta 2020, ¿es tiempo suficiente para desarrollar su proyecto?

Para un museo como el IVAM yo pienso que cada cuatro años es poco, has de contar con un mínimo de 10 años. Menos, no te da tiempo a nada, entre que tomas posesión del cargo, conoces donde están las cosas y demás, se te he pasado ya un año.

¿Cómo está posicionado el IVAM con respecto a otros museos?

Pienso que tiene una identidad propia y muy específica. Estamos trabajando mucho en torno al Mediterráneo, o en la presencia de las mujeres en la colección. Y en museos importantes de arte moderno y contemporáneo solo estamos el Reina Sofía y nosotros. Y el IVAM antes.

Pero el IVAM arrastra cierta mala imagen de estos últimos años.

Es un trabajo larguísimo que hay que hacer. Pero lo cierto es que no hay nadie en España que le interese el arte que no valore al IVAM como uno de los mejores museos y con una programación más coherente y más interesante de este país. El MACBA en 2018 tiene seis exposiciones y nosotros tenemos 12.

José Miguel G. Cortés. Fotografía: Biel Aliño.

¿No caemos con eso a la valoración en función de la cantidad?

No, a ver, tampoco se puede obviar que si un museo como el MACBA hace seis exposiciones y de las seis, solamente una corresponde a una mujer, ya no es una cuestión de números, sino de cultura ideológica. Nosotros estamos prestando mucha atención al trabajo realizado por mujeres y por mujeres a las que, pensamos, no se les ha dado la oportunidad que merecen.

¿Qué le gustaría dejar como legado?

Me gustaría, en el 30 aniversario, darle un impulso al IVAM. En dos sentidos: por un lado, consolidar el museo de arte moderno, que sería el centro Julio González –y aquí incidir mucho en la colección–, y, por otro lado, digitalizar la colección para que pudiera estar a disposición de los estudiosos. Y una cosa más: ampliar la labor de la biblioteca, que es magnífica y ahora está muy reducida, y darle mayor importancia a la educación, a la didáctica. Todo eso con relación al centro Julio González.

Y luego, la ampliación del IVAM del siglo XXI, porque el IVAM necesita otros espacios, otras maneras de abordar el arte de los últimos 20 o 30 años y el arte del futuro. Y aquí no tenemos espacio para abordar todo esto. Nosotros tenemos, en cuanto a metros cuadrados y en cuanto a presupuesto, teniendo en cuenta el arco histórico que estamos trabajando, desde inicios del siglo XX hasta mañana, un espacio ridículo. Estamos trabajando un siglo. Hay sitios que tienen menos que nosotros, pero están trabajando con chavales jóvenes.

¿Cómo Luther King, usted también tiene el sueño de un IVAM del siglo XXI ampliado y carente de polémicas?

Bueno, cuando se creó el IVAM ya hubo mucha polémica, porque luego las cosas se mitifican. Yo considero que igual que digo que no se puede comprar o exponer cualquier cosa, sino que todo tiene que ir en función a un programa, también deberíamos tener las líneas muy claras con respecto a la política cultural que nos gustaría tener. Y hay cosas que son fundamentales. El IVAM se creó hace 29 años y medio y fue un acierto completo, a pesar de la polémica y que iban cuatro a las exposiciones, porque repito que aquí las cosas se mitifican. Al Centro del Carmen iban otros cuatro, porque yo estaba allí y la segunda exposición la hice yo. Y ahora parece que todo aquello era maravilloso, cuando resulta que el 80% de los que hablan de eso ni venían. Bueno, pues se trata de hacer una apuesta, y este es el momento de aprovechar el 30 aniversario del IVAM para hacerla.

Esta entrevista fue publicada en MAKMA ISSUE #01, revista especial en papel con motivo del quinto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2018.

José Miguel G. Cortés. Fotografía: José Cuéllar.

Salva Torres

EDITORIAL | MAKMA ISSUE #01

MAKMA ISSUE #01
Editorial
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Solemos echar la culpa de todo a la falta de cultura. Si tuviéramos cultura muchos de los problemas que asolan el planeta desaparecerían, incluidos, claro está, los que se producen entre las personas. Porque el roce no siempre hace el cariño, sino que también genera chispas que suelen avivar incontrolables fuegos. De manera que necesitamos cultura con la que apagarlos. El asunto es que cultura, como apuntó de forma provocadora el filósofo Gustavo Bueno, también es la silla eléctrica: “Y alta cultura civilizada, por cuanto supone el control de la energía eléctrica”.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Woody Allen, en un tono igualmente sarcástico, alerta de esa faz menos amable de la cultura: “Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia”. Y otro tanto dice el protagonista de ‘La naranja mecánica’, del escritor Anthony Burgess: “Se decía que la Gran Música y la Gran Poesía tranquilizarían a la Juventud Moderna y conseguirían Civilizarla. [Sin embargo] La música siempre me excitaba, oh hermanos míos, haciéndome sentir como si fuera el propio y viejo Bogo [Dios] en persona, listo para descargar rayos y centellas”.

De manera que cultura, sí, pero no la cultura per se, como si el solo hecho de enarbolar su prestigio nos protegiera de sus contraindicaciones. Y aquí es donde entra MAKMA, la revista de artes visuales y cultura contemporánea, que celebra sus cinco años de existencia. Un lustro comprometido con esa cultura de la que precisamente conviene precaverse de su tendencia a la confrontación, que suele ser patrimonio del debate ideológico. MAKMA nació, en plena crisis económica, es decir, a contracorriente, para propiciar una cultura en la que prime la interrogación por la vida, en lugar de la respuesta lapidaria.

Es en este sentido que nacimos comprometidos con la cultura. Un compromiso alejado de ese otro ligado, precisamente, a la práctica política. ¿Cuántas veces hemos oído que el arte debe ser comprometido? ¿Con qué y, lo más peligroso, contra qué? Acostumbrados al entretenimiento más ramplón, que circunscribe la cultura al espacio de ocio donde todo se mide por la sola rentabilidad económica, hemos deducido que, para sacarla de ahí, teníamos que agitarla como si fuera un cóctel molotov para despertar tanta conciencia adormecida.

Extracto inicial del editorial de MAKMA ISSUE #01.

Quien así se conduce da por supuesto que él, artista soberano o entidad abanderada, posee la llave de la cultura con la que abrir las mentes cerradas. He ahí su compromiso asociado al combate, a la cultura como ariete que vendría a doblegar al otro, ya sea este otro el capitalismo, la política conservadora o la sociedad del bienestar que da pábulo a ese entretenimiento anestésico. De manera que quien así se conduce, portador de un discurso que se quiere rompedor, utiliza la cultura como acicate o espoleta con la que detonar la carga explosiva contenida en el objeto artístico.

La cultura así entendida se nutre de ideología, en tanto campo de lo político que traza con claridad la raya del adversario, localizando al enemigo para justificar moralmente la lucha. No es esa la cultura que defiende MAKMA, por mucho que den ganas, un día sí y otro también, de gritar contra la injusticia, los desmanes del poder o la estulticia consumista. Y no lo es porque la cultura, tal y como la entendemos en MAKMA, es un espacio de interrogación a salvo del odio, que se pregunta por él y por todo aquello que anida en el interior de un sujeto habitado por cierta pulsión destructiva. Nosotros, como el cineasta Terry Gilliam, solo deseamos que la gente vuelva a pensar: “Hay demasiada furia ahí fuera y eso no me gusta”. En MAKMA, tampoco. Por eso reivindicamos el pensamiento sosegado y la cultura comprometida con él, así pasen otros cinco años.

Este artículo fue publicado en MAKMA ISSUE #01, revista especial en papel con motivo del quinto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2018.

MAKMA

Undécima edición de M’zora Caravane en Marruecos

XI M’zora Caravane
Larache (Marruecos)
Junio de 2019

Con la participación de un total de 53 artistas de nueve países distintos (Marruecos, Camerún, Bélgica, Francia, Inglaterra, Holanda, Chile, Japón y España), el pasado mes de junio de 2019 (del 12 al 17) ha tenido lugar en Larache (Marruecos) el undécimo encuentro multicultural de artistas M’zora Caravane, con la presencia física de 37 artistas en la ciudad y la colaboración de los 16 creadores restantes a través de sus obras.

El encuentro –promovido desde España por el Colectivo LA ESPIRAL, ACC y contando también, por primera vez, con la asociación marroquí LARACHE EN EL MUNDO– ha sido apoyado por el Consorci de Museus de la Comunidat Valenciana y por distintos organismos del país vecino, como son el Ministerio de Cultura y Comunicación o el de la Juventud y Deportes de Marruecos, entre otros.

Este singular proyecto de creación contemporánea viene generando un recorrido propio (Línea Sur-Norte), bajo unas mismas ideas de colaboración y entendimiento entre personas y artistas de Europa y África.

Se pretende aportar desde el seno del arte un planteamiento donde prima lo colectivo y transcultural, en una iniciativa que denuncia las restricciones a la libertad de movimiento de las personas. De ese modo, se cuestionan las actuales políticas migratorias y se unen, a través de la práctica contemporánea, artistas de muy distintos orígenes, bajo una misma sensibilidad. Tiene especial relevancia en estos encuentros la dramática situación actual en el Mediterráneo.

A la vez, esta iniciativa está siendo compartida, desde sus inicios, en una multitud de encuentros hermanados celebrados en distintos países, el último de ellos en el Museo L de Lovaina la Nueva (Bélgica), bajo el título de ‘BienvenUE’, donde participaron mas de 40 artistas internacionales de África y Europa.

Inauguración de la exposición en la Torre del Judío de Larache. Fotografía cortesía de Emilio Gallego.

PROGRAMA

El programa público del encuentro comenzó el viernes 14 de junio, con una visita al Cromlech de M’zora, lugar de origen de los encuentros en 2009, con la actuación del grupo de payasos belgas Cie Voilà l’enchantement, en el colegio de aquella localidad.

Posteriormente, por la tarde se inauguró con gran asistencia de público, autoridades y entidades, la exposición de arte contemporáneo en la Torre del Judío, edificio medieval situado en la ciudad de Larache.

A continuación, se presentó el libro ‘L’enfant clandestin’ por parte de su autor, el poeta camerunés David Essomé; así mismo, tuvo lugar un adelanto del libro del poeta local marroquí Abdeslam Serroukh, que recitó acompañado al laúd por Zahara el Bounani. La jornada finalizó con la proyección de cuatro cortos y vídeos de Pablo Barce (‘El Nadador’), Outman Akjeje (’96º’), Manuela de Tervarent y Charley Case (‘Je suis mon rêve’) y Josep Ginestar (‘Casa XII’).

Actuación de música gnawa en el recinto del coliseo romano. Fotografía cortesía de Emilio Gallego.

El programa del sábado 15 de junio fue intenso, contando, igual que el día anterior, con una gran participación y una excelente acogida. Entre las actividades mas destacadas cabe mencionar los talleres dirigidos por diversos artistas (Andrea Brontons, Benoit Vivien y Myrtille Sauvage), enfocados a niñas y niños de la medina de Larache, agrupados en una asociación local de carácter social.

Este día, la jornada tuvo lugar en el interior del yacimiento arqueológico de Lixus, de origen fenicio y romano, situado a tres kilómetros de Larache. En este escenario se presentaron performances como las del Grupo Habémus o la Foz Machine de Fred Chemama, acompañado del músico japonés Degurutieni. También se realizaron in situ instalaciones, como la del artista Najib Cherradi o la de David Bartholomeo.

Para finalizar, ya al atardecer, en el interior del recinto del coliseo romano y en un ambiente totalmente festivo, tuvieron lugar distintas actuaciones: desde música gnawa o percusión a cargo del grupo de batucada Sambalaraxe, a los Acróbatas de Mito. Entre todos ellos supieron crear una verdadera fiesta de la transculturalidad, que duró hasta la madrugada.

La XI edición de M’zora Caravane ha gozado de una gran repercusión en Marruecos, consolidando la trayectoria de un proyecto que, sin duda, seguirá su desarrollo allí y en otras ciudades, añadiendo calidad y cada vez más artistas a su nomina de participantes y aumentando su apuesta por la integración del arte contemporáneo como puente entre culturas.

Un instante de la performance del Grupo Habémus en M’zora Caravane. Fotografía cortesía de Emilio Gallego.

Emilio Gallego