Cámaras en el exilio

Fotógrafos valencianos
Proyección internacional a través del exilio

En un mundo plagado de imágenes que viajan a velocidad de vértigo a través de Internet y las redes sociales, qué distingue a un artista de la fotografía de un profesional o un aficionado. Un cúmulo de factores difíciles de cuantificar. La mirada, la perspectiva, el encuadre, el punto de vista… Amén de una técnica más depurada, el artista aporta su visión personal, a través de la cual un fragmento atrapado de la realidad muda en arte al aportar un ángulo diferente, otra manera de ver las cosas que provoca en el espectador una reacción de identificación o rechazo.

La fotografía artística en Valencia incluye un amplio catálogo de autores, obras y tendencias unidos por un denominador común. El exilio a Madrid, Barcelona u otra gran capital europea es obligatorio si se desea lograr una proyección internacional. “En los ochenta el mundo de la fotografía artística estaba atomizado y habían más oportunidades para los nuevos creadores”, comenta Juan Pedro Font de Mora, de la librería y galería fotográfica Railowsky. “En los últimos años se ha ‘recentralizado’ en Madrid y los catalanes viven inmersos en su propio espacio y sólo se interesan por sus propias producciones”.

Fotografía de Joaquín Collado.

Fotografía de Joaquín Collado.

El ‘cándido’ artesano

Pese a esta situación, dos grandes veteranos, Joaquín Collado y Francisco Moltó, han visto recompensada su larga trayectoria. Durante la primavera de 2014 se celebraron actos y exposiciones para rescatar la ingente obra de Collado, que también se expondrá, a partir del próximo 8 de octubre, en la galería Clément Kauterde París. Collado inició su actividad fotográfica a principios de los años cincuenta y a lo largo de varias décadas su mirada amable, próxima y humana captó la evolución de la sociedad valenciana. “Cuando se quiere hacer una foto de personas, lo más importante es la conversación”, dice el fotógrafo que mejor ha captado la realidad en tonos de grises del Barrio Chino.

De niño, Francisco Moltó fantaseaba con la idea de ser aviador y espía, y muy joven empezó a hacer fotos en el Puerto, a los aviones de Manises y a la gente con quien se cruzaba en sus viajes. La exposición Rostros de ciudad,  presentada la primavera pasada en el MuVIM, reunía un centenar de sus instantáneas realizadas entre 1962 y 2009. También es autor de Stockholm, una galería de imágenes captadas a la intemperie de una hermosa y fría ciudad sueca, Estocolmo.

Fotografía de Paco Moltó.

Fotografía de Paco Moltó.

Fiel a la cámara analógica y al blanco y negro, Moltó se incluye en la llamada fotografía cándida, emparentado con Salomon, Cartier-Bresson, Evans, Winogrand o Català-Roca. Es un cazador de imágenes en el bullicio de la calle. “Fotos de gente vista de modo muy simple, como a través de los ojos de los paseantes; la humanidad del momento”, señaló Moltó en la inauguración de su muestra citando a Robert Frank.

Junto a estos veteranos de avanzada edad, otros fotógrafos valencianos han alcanzado la consagración en el mundo del arte: Eduardo Nave, Sergio Belinchón, Ricardo Cases, Julián Barón y Xavier Mollà.

Fotografía de Eduardo Nave.

Fotografía de Eduardo Nave.

Atentados de ETA

La impresión que le produjo a Eduardo Nave el atentado de la ETA contra el padre de un compañero, Manuel Broseta, fue el punto de inspiración de uno de sus principales trabajos, A la hora, en el lugar, una crónica desnuda del horror que reúne 45 escenarios donde la banda ETA ejecutó sus crímenes.

Ricardo Cases nació en Orihuela, pero estudió periodismo en Bilbao y ha trabajado como fotógrafo de prensa en El Mundo y varias revistas. Es uno de los autores incluidos en la Biblioteca de LaFábrica en su colección de bolsillo. Imágenes de caza y personajes pintorescos atraen el interés de una cámara que atrapa el momento sin concesiones estéticas. Su mirada rehúye la imaginería pop y se centra en las pulsiones que laten bajo la superficie banal, kistch y poco glamurosa de la España contemporánea.

Sergio Belinchón trabaja actualmente en Berlín, también en forma soporte vídeo. Los temas sobre los que gira su obra son la ciudad como escenario, la transformación del territorio, el turismo y los espacios donde la realidad y la artificialidad se confunden. Muchos de sus proyectos hablan de la relación que el ser humano establece con este entorno desde su ausencia.

Julián Barón se especializa en fotolibros, proyectos comprometidos con la actualidad, como los que ha publicado sobre la muerte de Franco o el relevo del Rey. Relatos sin palabras basados en una personal manipulación de imágenes televisivas.

Fotografía de Xavi Mollà, de su exposición Correspondencia amb Mediterránia en el Museo de Etnologia de Valencia.

Fotografía de Xavi Mollà, de su exposición Correspondència amb Mediterrània en el MuVIM.

La exposición del MuVIM Correspondència amb Mediterrània reúne la primera obra individual de Xavier Mollà presentada en un museo valenciano. Desde su objetivo, el Mediterráneo es como «la gran plaza del pueblo y los países son las casas alrededor», dice Mollà. Sus instantáneas en blanco y negro abarcan desde 1987 hasta 2015, divididas en diversos capítulos que despliegan la grandiosidad del mar y de los lugares detrás de su orilla, retratos, circunstancias, la vida o el tránsito de personas, entre los que se incluye el drama del éxodo  provocado por la Guerra de los Balcanes u otros conflictos.
No es una retrospectiva, no narra la crónica de la actualidad, es una utopía para “demostrar que en cualquier lugar podemos convivir, porque nos entendemos a pesar de las diferencias religiosas y de los intereses”, afirma el fotógrafo de Ontinyent.

Históricos

La maldición del obligado exilio de las cámaras se proyecta también hacia el pasado. Autores como José Martínez Sánchez (1807-1874), retratista de la alta sociedad madrileña de mediados del siglo XIX, uno de los primeros reporteros gráficos  e inventor de técnicas fotográficas como la leptografía. Nació y falleció en Valencia aunque ejerció su oficio en Madrid.

Fotografía de José Martínez Sánchez.

Fotografía de José Martínez Sánchez.

Una de las fotos que realizó en el Puerto de Valencia, con motivo del viaje de la reina Isabel II, en 1858, está considerada como la primera que se tomó de un amanecer. María José Rodríguez y José Ramón Sanchis, archiveros valencianos, recuperaron en un libro la obra y memoria de este artista que, tras una época de gloria en su estudio madrileño, murió arruinado en un hospital de Valencia.

Gabriel Cualladó (1925- 2003), miembro del Grupo Afal y del movimiento de renovación de la fotografía española, es otro valenciano  que triunfó en Madrid, donde trabajaba en una empresa de transportes de su familia. Realizó sus primeras fotografías a su hijo con una cámara Capta, y a partir de ahí se inició su interés por la fotografía.

Bel Carrasco

Schadeberg: lucidez y perseverancia

Jürgen Schadeberg
PhotOn Festival
Librería Railowsky
Gravador Esteve 34, Valencia
Hasta el 27 de junio

La presente edición del festival internacional de fotoperiodismo PhotOn, que ha celebrado su primer lustro de existencia bajo la dirección de Tania Castro, ha brindado a los diletantes de este género periodístico la excelsa ocasión de aproximarse a la figura octogenaria de uno de los fotógrafos ineludibles de la segunda mitad del siglo XX, Jürgen Schadeberg.

Bajo el criterio estilístico del desemejante y singularísimo Juan Pedro Font de Mora, la Librería Railowsky exhibe una antología de imágenes del autor berlinés, que el librero tuvo oportunidad de seleccionar de entre cuantas habitan en un inmenso contenedor de carga afincado en la propiedad valenciana de Barx, en la que Schadeberg reside habitualmente.

"Refugio antiaéreo en Berlín, Alemania". 1942

«Refugio antiaéreo en Berlín, Alemania», 1942.

Desde una perspectiva cronológica, la muestra compendia seis de las siete décadas de trabajo del autor, partiendo de su primera instantánea, tomada con una rudimentaria cámara en el interior de un refugio antiaéreo berlinés en 1942 -el autor contaba con tan sólo once años de edad-, en la que se observa, curiosamente, una consuetudinaria y sosegada estampa de una de tantas estructuras de protección para la población civil, habituales en Alemania durante el transcurso de la II Guerra Mundial, hasta merodear los albores del siglo XXI mediante la imagende una guardería en Kliptown, barrio negro de Soweto (Johannesburgo), en 2003.

"Encendiendo un cigarrillo", 1953.

«Encendiendo un cigarrillo», 1953.

Sirviéndose del horizonte geográfico, la exposición permite constatar el devenir biográfico de Schadeberg, revelando fotografías de su primer periplo en la Sudáfrica de la década de los cincuenta, habiendo ya instaurado el Partido Nacionalista de François Malan el conspicuo e infausto sistema de segregación racial, apartheid, desde su controvertida victoria electoral en 1947. De este período destacan algunos retratos de explícito norte estético, junto con escenas callejeras populares y desarticulaciones sociales en sales de plata, amén de la Sudáfrica contemporánea y el mirífico retrato del abogado y líder político Nelson Mandela, observando, introspectivo, a través de los barrotes de la celda en la que permaneció confinado durante diecisiete años, en el penal de Robben Island.

"Policía del oeste echando un vistazo al lado este del muro", Berlín, Alemania, 1961.

«Policía del oeste echando un vistazo al lado este del muro», Berlín, Alemania, 1961.

El levantamiento del eximio y universalmente conocido como “Muro de la vergüenza” (Schandmauer), erigido durante el verano de 1961 como frontera estatal entre la extinta RDA y la región de Berlín Oeste, atesora cabida, en dos etapas diversas, mediante algunas peculiares fotografías mundanas y curiosos encuadres de intrascendencia cotidiana en el enclave occidental.

"Al final de la vía, London Docks", 1977.

«Al final de la vía, London Docks», 1977.

Asímismo, de su ciclo londinense, tras verse obligado a abandonar el país africano a mediados de los sesenta, se muestran algunas obras de una serie -incluyendo su primer contacto con los paisajes del sur de España- que, genéricamente, reporta constancia tanto de las transformaciones sociales del país británico como de su solidificada inquietud por radiografiar atmósferas inequívocamente populares.

Tal y como el propio autor berlinés hubo rubricado durante su ponencia en el Aula Magna de la Universidad de Valencia, merodear la figura de Jürgen Schadeberg supone, ante todo, aproximarse al trabajo de un fotógrafo obsesionado por la idiosincrasia del comportamiento humano -revelador de desequilibrios y contrastes sociales-, provisto permanentemente de la herramienta de trabajo con la que aún prosigue en compañía: la lucidez de la perseverancia.

Jose Ramón Alarcón

 

La Eugénesis de González Fornés en Railowsky

Eugénesis, de Juan González Fornés
Presentación del fotolito en Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Jueves 5 de junio. 20.00 horas

La mirada distópica que Juan González había volcado sobre la transformación del paisaje urbano y sus periferias en sus series anteriores, significó un punto de inflexión en su planteamiento de la fotografía. Con ‘Eugénesis’, su interés giró hacía el ser humano como algo también en permanente reconstrucción, articulada en tres partes. “Cartografía de lo inicial”, en la que presenta las personas que marcaron a nuestro autor en el tránsito de la adolescencia, “Cartografía de lo afectivo” que muestra las mujeres que han llenado su vida sexual y afectiva, y por último, “Cartografía de lo creativo” donde nos descubre las personas que le motivaron para dedicarse a la fotografía como forma de expresión artística.

Eugenesis, de Juan González Fornés. Imagen capturada de la web del autor.

Eugenesis, de Juan González Fornés. Imagen capturada de la web del autor.

Juan González Fornés es un fotógrafo valenciano que, en la mayoría de sus series trabaja sobre el paisaje urbano en proceso de cambio, no como una representación documental sino como lugar de interpretación y análisis de lo social.

Realizó un curso de técnicas fotográficas con Pablo San Juan en la E.P. Blasco Ibáñez, estudió Fotografía artística en la Escola d’Art i Superior de Diseny, y realizó un Máster de Fotografía en la UPV, con la tesis ‘La fotografía del paisaje urbano en el arte’.

Sus diversas series tratan el paisaje, como las series Dishabitat y Disurbe, donde enfrenta las diferentes etapas escritas en el paisaje como símbolos de una nueva forma de habitar y consumir la ciudad, y también la figura humana, cuestionándose el propio medio fotográfico y sus limitaciones.  Una caligrafía hecha imagen termina de narrar aquello que la fotografía no puede contener.

'Eugénesis', de Juan González Fornés. Imagen cortesía de Railowsky.

‘Eugénesis’, de Juan González Fornés. Imagen cortesía de Railowsky.

PhotOn Festival se presenta en La Nau

Festival Internacional de Fotoperiodismo ‘PhotOn’
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 17 de mayo

Grandes figuras del fotoperiodismo nacional e internacional se dan cita en el Centre Cultural La Nau de la Universitat de València, sede por cuarto año consecutivo del Festival Internacional de Fotoperiodismo en Valencia ‘PhotOn Festival’, que se celebra del 12 al 17 de mayo. Durante esta intensa semana, La Nau concentrará el grueso de actividades de Photon: debates, proyecciones y talleres, aunque este festival durará mucho más, ya que las exposiciones recién inauguradas se prolongarán más allá de esta semana, tanto en La Nau como en un circuito que reúne a otros espacios de la ciudad y que incluye centros como el IVAM, el Mercado Central, Sala Lametro y La Llotgeta.

La Nau acoge dos exposiciones en el marco de este certamen, que pretende poner en valor el compromiso del fotoperiodismo, según presentaron en rueda de prensa, Antonio Ariño, vicerrector de Cultura e Igualdad de la Universitat de València; Juan López-Trigo, Fundación Cañada Blanch; María Aranguren, sala Lametro; y Tania Castro, asociación Documenta.

El vicerrector destacó la importancia de un festival con “el fotoperiodismo y el compromiso social” como común denominador para “abordar las problemáticas contemporáneas con la potencia extraordinaria de las imágenes”. Hasta el 27 de julio en el Claustro de La Nau se ha instalado ‘The belivers Project’, de Jordi Pizarro, un trabajo documental realizado por el fotógrafo Jordi Pizarro, en su búsqueda por dar respuesta a la pregunta de por qué cree la gente y cómo la religión, a través de los siglos, ha sido usada para narrar el propósito de nuestra existencia.

Fotografía de José Colón en PhotOn Festival. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de José Colón en PhotOn Festival. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Como parte de un proyecto en curso y a largo plazo, ‘Los creyentes’ explora las comunidades religiosas en diez países de cuatro continentes. En su obra, Jordi Pizarro busca documentar y comprender cómo se forman las comunidades a través de la religión, o lo contrario, cómo se refuerzan las creencias a través de la preservación de las tradiciones y la fe se fortalece a través de la realización de rituales, compartiendo una misma interpretación de la verdad. Jordi Pizarro también se propone demostrar que la fe y la práctica religiosa están intrínsecamente ligadas a la vida humana. Que las prácticas culturales de la fe son diferentes, pero la búsqueda de la verdad sigue siendo común a todos.

‘Los creyentes’ también se centra en los grupos minoritarios y las religiones que existen dentro de una sociedad de creyentes de una fe diferente. Se centra en cómo las comunidades pueden aislarse o ser aisladas, y que la fe sirve para fortalecer a las personas que guardan sus rituales y el derecho de llevarlos a cabo con feroz convicción y pasión. Este trabajo es una peregrinación en sí misma para desentrañar la complejidad de la fe humana.

La Sala Oberta de La Nau, el edificio histórico de la Universitat, acogerá hasta el 22 junio la exposición ‘The Fence: Go no Go’, de José Colón (nacido en 1975 en Albaida del Aljarafe, Sevilla), que nos acerca a un tema de gran actualidad: las vallas de Melilla. Esta exposición recorre las fronteras del sur de España y el norte de Marruecos, para registrar los intentos de un mar de inmigrantes que arriesgan todo lo que tienen, en busca de una vida mejor.

‘The Fence: Go no Go’ nos lleva por los bordes de Europa, donde los emigrantes intentan alcanzar el norte de Europa, a través de caminos ilegalizados. Nos acerca a las diferentes formas y maneras que utilizan las personas en situación irregular, al intentar cruzar esta zona de la llamada ‘Puerta de Europa o fronteras de Schengen’. Con su fotografía, José Colón busca darle un rostro a los que generalmente permanecen ocultos, y plantear preguntas acerca de la inmigración, una problemática clave en el debate social en Europa, y muy particularmente en España. Sobre su trabajo, Colón señala que “sin hablar, solo con la observación, mi trabajo es vivir lo que estoy viendo y espero que eso se vea en mis imágenes porque pienso que si vives intensamente lo que estás viendo, estás vivo”.

Conferencias, proyecciones y talleres con el fotoperiodismo como ‘leitmotiv’

Pero antes de llegar a la clausura el sábado 17 de mayo, la semana está llena de actividades. La entrada a todas ellas, excepto para los talleres, es gratuita hasta completar el aforo. Desde hoy lunes y hasta el sábado, el Claustro de La Nau acoge, en sesiones nocturnas (22:30 horas) un ciclo de cine con documentales relacionados con el mundo del fotoperiodismo y el compromiso social. Hoy día 12 de mayo se proyectará ‘Universo Railowsky’, un documental en clave de humor que en sus 61 minutos de duración, relata las dificultades del dueño de la librería por mantener el negocio, sus eternas dudas sobre si vale la pena tanto esfuerzo, y cómo distintos colegas y fotógrafos le animan a seguir. La proyección contará con la presencia del protagonista, Juan Pedro, y los directores Rafa Casañ y David Molina.

El martes 13 se proyectará, junto con Amnistía Internacional, el cortometraje de Esteban Crespo Aquel no era yo, que se alzó con el Goya 2013 al ‘Mejor Cortometraje de Ficción Español’ y ha sido uno de los cinco nominados para optar al Oscar en la categoría de ‘Mejor Cortometraje’, y el miércoles 14 Reportero, que cuenta la historia de un periodista y sus colegas en un seminario mexicano.

Además, entre el jueves y el sábado, el público que acuda a La Nau podrá conocer las vivencias de los fotoperiodistas a través del relato de sus experiencias. El jueves 15 intervendrán Anna Surinyach, fotógrafa de Médicos sin Fronteras (17 horas), y Pep Bonet (19 horas) en las Aulas Seminari del edificio histórico. El Aula Magna acogerá las conferencias del viernes 16 con Equipo REVELA (17 horas) y David Ramos (19 horas), y sábado 17, José Colón (17 horas).

La clausura de Photon, el sábado 17, a las 19 horas, en el Aula Magna de La Nau, correrá a cargo del fotoperiodista Ricardo García Vilanova, que estuvo secuestrado cerca de 200 días en Siria.

Fotografía de Jordi Pizarro en PhotOn Festival. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Jordi Pizarro en PhotOn Festival. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

 

Díaz Prósper y su Valencia turbia

La esquina de Cocotte
Fotografías de la Colección Juan José Díaz Prósper
Fotogalería Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 8 de abril

Cuentan que Don Juan, al ver a una joven que se había colado desnuda en su cama, le dijo: “¡Qué haces, insensata, vístete y defiéndete!”. No entendía el aclamado seductor la posesión directa y sin ambages del tan deseado cuerpo femenino. Necesitaba el tiempo, la demora, la recreación, antes de llegar al momento culminante del acto sexual. El erotismo viene a ser algo así: la intermitencia, que diría Barthes, de la piel que centellea entre dos piezas, entre dos bordes, la puesta en escena de cierta aparición desaparición. El erotismo es todo lo contrario a las prisas y, sin duda, un progresivo desvelamiento que busca la disolución del cuerpo encerrado en los límites de la ropa. De ahí lo de vida disoluta. Y de ahí, también, la transgresión de cierto orden y su relación con lo prohibido.

 

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Todo eso y más es lo que nos propone Juan José Díaz Prósper mediante la exposición de sus más de 60 desnudos en Railowsky. Desnudos de los años 40, 50 y algunos de los 60 que, a modo de prehistoria del erotismo, reflejan el “mercado negro” de fotografías en los años del franquismo (“increíblemente, aún sigue siendo tabú”), como parte de una colección más amplia de 15.000 imágenes, de las que alrededor de 250 son exclusivamente eróticas. “Son reflejo del trasiego de fotografías que por aquellos años había, principalmente llegadas del extranjero, sobre todo de Francia”, comenta Díaz Prósper.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

COSQUILLEO ERÓTICO

Son fotografías anónimas que Juan José Díaz Prósper ha ido reuniendo, dejándose llevar por el “cosquilleo” de las primeras que entraron en su vasta colección. Imágenes que, para la exposición de Railowsky, ha bautizado con el sugerente nombre de La esquina de Cocotte. “No existe tal esquina como tal, pero sonaba gracioso, afrancesado y muy literario”. En cualquier caso, bien pudiera ser “la esquina de una famosa prostituta del barrio chino de Valencia”, como sugiere Juan Pedro Font de Mora, responsable de Railowsky. Sea como fuere, ahí están las 34 fotografías, que a su vez contienen series a modo de secuencia cinematográfica, revelando el carácter furtivo y prohibido de muchas de ellas.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Hay un poco de todo. Retratros de famosas vedettes de la época, cuerpos desnudos que se ocultan tras una guitarra, un sombrero, una silla o la más variada lencería, y mujeres posando en general como las pin-ups de calendario, tomando seductoras notas, bajo pieles de leopardo o sometidas por otra mujer al más perverso azote. Algunas fotografías, las menos, poseen cierta calidad artística, pero es el carácter documental lo que confiere al conjunto su inestimable valor. “Las de Ethel Rojo sí están cuidadas, con poses muy estudiadas”, apunta Díaz Prósper refiriéndose a las fotos de la vedette argentina fallecida hace un par de años, mientras subraya el valor documental del resto.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

VALENCIA TURBIA

Hablamos de la Valencia prohibida y de modelos cuyos desnudos provenían de los países europeos más abiertos que España en materia sexual. De ahí el mercado negro, el trasiego de imágenes y la “oculta pero potente industria” que existía alrededor del erotismo. Erotismo que, observando las imágenes de La esquina de Cocotte, llama la atención por ese carácter sepia y la profunda transformación del cuerpo de las  modelos comparadas con el glamour actual. Diríase que hemos pasado de las curvilíneas carnes naturales a las cumbres de silicona y los valles artificiales del photoshop.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Díez Prósper piensa que aunque hay “muchos desnudos en Internet”, la verdad es que “erotismo hay poco”. Eso sí, no cree que se haya perdido ni mucho menos. “En la vida cotidiana ves detalles que resultan muy eróticos”. Y se lanza a explicar lo que a su juicio es el erotismo: “la lentitud de movimientos”. Por eso ha querido que muchas de las fotografías de La esquina de Cocotte tengan ese aire de cámara lenta, esa desnudez progresiva que recogen algunos de los striptease mostrados en imágenes sucesivas. “Hemos suprimido algunas fotos que se repetían, para que la serie no fuera reiterativa”. Porque una cosa es la lentitud, esa caída espaciada de la ropa, y otra muy distinta el calco de poses dentro de una misma secuencia.

La colección erótica de Juan José Díaz Prósper, a quien La Nau de la Universitat de València ya le dedicó una exposición en 2011 titulada Patrimonio y Memoria. Fotografías 1839-1900, es testimonio vivo de esa Valencia prohibida de la posguerra. Haríamos mal en contemplar La esquina de Cocotte con aires de suficiencia democrática. No sólo porque, como subraya Díaz Prósper, el erotismo siga siendo tabú, sino porque el deseo humano jamás se pliega a las razones de la total transparencia. La esquina de Cocotte está repleta de enigmas.

Detalle de una de las fotografías de la colección erótica de Juan José Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Detalle de una de las fotografías de la colección erótica de Juan José Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Salva Torres

Malvarrosa, años 80

Railowsky

Paco Moltó

Valencia

C / Grabador Esteve, 34

No sabía qué hacer con aquella cámara sofisticada que ganó en un prestigioso premio. Y la cambió por una de tipo submarino. Con ella podía meterse en el mar y fotografiar como pez en el agua. Nada de algas y trasfondos marinos, sino la más carnal fauna playera de los años 80. Hablamos de la Malvarrosa, de la playa Las Arenas. Y hablamos de Paco Moltó (Valencia, 1939), un fotógrafo acostumbrado al cuerpo a cuerpo que vio, en aquella cámara sumergible, la oportunidad de pescar estampas veraniegas sin más cebo que su tímido arrojo interior.

De eso hace ya tres décadas. Y otras dos han pasado desde la publicación de su libro Las Arenas, donde recoge todo ese material playero. ¿Todo? No. Railowsky ha recuperado para su exposición 34 imágenes inéditas. Imágenes en las que Paco Moltó se moja para traernos el salitre de aquellos años 80. Ya sea en la orilla o con el agua al cuello, Moltó dispara su cámara como los trileros mueven los cubiletes desafiando la pericia del ojo avizor. Y así, visto y no visto, va metiendo en el zurrón de su cámara hombres panzudos, señoras embutidas en bañador saco, jóvenes con la testosterona a flor de piel y muchachas a cuyas curvas el fotógrafo se acerca sigilosamente rápido.

Paco Moltó recuerda cómo una vez, tan lejos como Hawai, estuvo a punto de ahogarse tras ir nadando con su cámara al encuentro de unos surfers. Cuando le rescataron exhausto, aún tuvo fuerzas para fotografiar el salvavidas dibujado en la tabla del socorrista que le devolvía a la orilla. He ahí el espíritu de Paco Moltó. Se sumerge tanto en lo que hace que termina perdiendo la noción del tiempo y del espacio. Lo pierde para que el espectador lo gane, al encontrarse con unas imágenes frescas, espontáneas, puro documento vivo.

Las Arenas que Railowsky nos acerca, en pleno invierno ventoso, tiene ese aire de tiempo pasado que sigue soplando con fuerza. Y es que Paco Moltó se crece en las distancias cortas, de ahí el carácter intrascendente del tiempo lejano al que aluden sus imágenes. Están ahí, vivitas y coleando, como recién pescadas. Su objetivo no es posar con el mejor ejemplar, sino mostrar los diversos ejemplares que van cayendo en la trampa de su cámara. A veces la oculta bajo el agua, la hace emerger, dispara y vuelta al agua. En otras ocasiones, tan sólo tiene que esperar el momento en que la presa, atraída por el reflejo de su propia vanidad, cae absorta en sus redes.

Paco Moltó, a pesar de todo, no es un depredador. Necesita tanto de la gente que acude mansa a su objetivo que, una vez atrapada, él la suelta. Por eso las fotografías de Moltó, con todas sus imperfecciones, respiran. No es un artista que pretenda inmortalizar instantes o figuras altaneras, sino pasar de puntillas por los lugares para que el ritmo de la vida siga su curso natural. Si Paco Moltó se esconde tras el burladero de su cámara no es por cobardía, sino por temor a espantar ese gesto, esa postura, ese encuentro fugaz por el que él mismo daría la vida. Así le ocurrió en Hawai y así le viene pasando desde que en 1955 comenzara a fotografiar con una pequeña cámara Univex de su padre. De hecho, tal vez sea la cámara su mejor salvavidas. Con ella, desde luego, ha logrado salvar del olvido aquella inédita Las Arenas de los años 80.

Salva Torres

Moltó3

 

Moltó2