Juan Pedro. Librería Railowsky.

«La gente ha vuelto a las librerías de barrio»

Capeando el temporal (y III) | Paseo por las librerías valencianas tras la COVID-19
Librería Railowsky, de Juan Pedro Font de Mora (presidente del Gremi de Llibrers de València)
Gravador Esteve 34, València
Lunes 3 de agosto de 2020

Entrar en Railowsky es acceder a una versión contemporánea de la caverna de Platón. Dentro de la librería te topas con un reflejo de la realidad captada a través de la mirada de los mejores fotógrafos del mundo.

Además de una librería y una sala de arte, Railowsky es un club de amigos vinculados por su pasión al arte en imágenes y un foro cultural donde puede ocurrir cualquier cosa. Desde que te inviten a una marca especial de cerveza a asistir a una mini pieza dramática inspirada en una foto –un proyecto que se llevará a cabo la próxima temporada si el virus lo permite–.

Un cuarto de siglo de existencia ha bastado para que este rincón del Ensanche haya adquirido categoría de leyenda. La librería abrió sus puertas en 1985, un año de buena cosecha cultural en el que se formaron varias compañías teatrales valencianas que hoy cumplen sus bodas de plata.

Juan Pedro Font de Mora, en su librería Railowsky.

Un escalón, un escaparate decorado con anuncios y carteles, y unas puertas batientes que se abren a una cámara forrada de libros. Al fondo, agazapado tras el ordenador, Juan Pedro Font de Mora, nuevo presidente del Gremi de Llibrers de València desde finales de julio.

Tras su aire de frugalidad, lentes quevedescos y perilla a lo mosquetero, se embosca un auténtico guerrillero que tras la trinchera de papel se las ha visto de todos los colores. En el año 2005, recibió el premio de la Generalitat Valenciana a la difusión del libro y la promoción de la lectura.

En 2009, se creó la asociación cultural sin ánimo de lucro Amics de Railowsky y, al cumplir los 25 años, la Universitat Politécnica le dedicó un libro. Hasta es protagonista de un largometraje documental, ‘Universo Railowsky’, que en clave de humor cuenta las aventuras y desventuras de un librero de provincias. «Desde que empecé en este oficio no he conocido una época de gloria», comenta Font de Mora con su flema habitual. «La crisis es el estado natural del sector».

Sin embargo, reconoce que esta última, la COVID-19, ha tenido un sorprendente efecto rebote y las ventas diarias han aumentado ligeramente respecto a la etapa anterior. «Parece que la gente se ha sensibilizado respecto a la necesidad de la lectura y el papel que cumplen las librerías de barrio, y está volviendo a ellas. También han ayudado las campañas como ‘Sentim Llibres’, promovidas por gente joven que son los que tienen las ideas más osadas».

Vista de la Librería Railowsky, con Juan Pedro Font de Mora, al fondo, con mascarilla.

Al igual que sus colegas, se encuentra a la espera de las ayudas institucionales prometidas en el plan ‘Reactiva’: medio millón de euros dedicados a la compra de obras de arte y una cantidad similar en libros para bibliotecas. «Las cosas van lentas y parece que se van a centrar las ayudas en alquileres y otros gastos», comenta Font de Mora. Para compensar las pérdidas por no poder organizar actos culturales, ha potenciado la sección de narrativa y ensayo que complementa su oferta básica en torno al cine, la fotografía, el diseño, la ilustración, el vídeo, etcétera.

El hecho de ser librería especializada tiene dos caras. «En mi nicho, la fotografía y la imagen en general, no tengo casi competencia, pero, naturalmente, el público potencial es minoritario. En todo caso, a lo largo de estos 25 años, Railowsky se ha convertido en un punto de referencia. «Tengo clientes de fuera de la ciudad que aprovechan sus visitas a València por asuntos de trabajo o de ocio para venir a por sus libros».

Fachada de la Librería Railowsky.

Como nuevo presidente del Gremi, que reúne 77 puntos de venta, Font de Mora tiene unas líneas de actuación claras y concretas. «Nuestra prioridad será apoyar a las librerías para que se modernicen tanto en el aspecto digital como en la oferta de actividades culturales», comenta. «También, ampliar la gestión de servicios que se ofrecen a las librerías en temas administrativos, como la solicitud de subvenciones. Queremos que los libreros estén con nosotros no solo por la rebaja en el alquiler de las casetas para la Fira del Llibre».

Los libreros esperan como agua de mayo este evento, pues representa alrededor de un 15% de su facturación anual. Las fechas y el lugar están definidos. Se celebrará en noviembre en la plaza del Ayuntamiento. Un centenar de casetas distribuidas a lo ancho y largo del ágora urbana que ya habrá estrenado nuevo look. «Este cambio de localización es puntual», advierte. «La idea es volver a Viveros, que es el punto de encuentro tradicional para lectores que acuden en familia a pasear y ver libros».

La precariedad y la resistencia voluntarista son los denominadores comunes en el sector del libro. «El 80% de las librerías que funcionan en España ganan en torno a unos 90.000 euros al año», indica Font de Mora. «Contando los gastos generales y alquiler del local esa cantidad solo da para un sueldo modesto que se asigna el propietario por muchas horas de trabajo». Tras esta realidad subyace una singular fórmula de economía familiar. «Es frecuente que un miembro de la pareja gestione la librería por amor a los libros, mientras el otro aporta, digamos, el sustento más sólido con otro tipo de ocupación laboral», concluye Juan Pedro Font de Mora.

Juan Pedro Font de Mora, en su Librería Railowsky. Imagen cortesía del Gremi de Llibrers de València.

Bel Carrasco

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