Abierto València pone en ruta a sus ocho premiados

VII Abierto València 2019
Premios de Adquisición y actividadesLaVAC – Asociación de Galerías de rte contemporáneo de la Comunidad ValencianaHasta el 22 de septiembre de 2019

LaVAC – Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana ha anunciado, mediante una rueda de prensa celebrada en el IVAM, los distintos premios de su séptima edición, que tiene lugar hasta el domingo 22 de septiembre. Rosa Santos, presidenta de la asociación, destacó durante su intervención el gran salto de Abierto València respecto a los años anteriores, gracias a la implicación de instituciones públicas y privadas que cada vez apuestan más por impulsar la escena artística valenciana y visibilizar la labor de los galeristas.

Carmen Amoraga, D.G. Cultura de la Generalitat Valenciana, fue la encargada de otorgar el Premio Mejor Exposición, concedido por la Conselleria d’Educació, Cultura i Esport, a ‘Mulholland Drive’, de Alex Marco, en Luis Adelantado; mientras que el Premio al Artista Destacado, concedido por el Ayuntamiento de València, recayó en Xavier Arenós, de Rosa Santos, por su exposición ‘Teorética del pan’; siendo Javier Martí Oltra, jefe de sección-coordinador de Museos y Monumentos y Exposiciones del servicio de Patrimonio Histórico y Artístico del Ayuntamiento de València, el encargado de hacer el anuncio.

El jurado convocado para esta edición ha estado formado por Tania Pardo, subdirectora del CA2M- Centro de Arte Dos de Mayo; José Luis Pérez Pont, el director del Centre del Carme Cultura Contemporània; Javier Del Campo, director de arte del CAB, (Burgos); y Julia Ramón, Subdirectora General de Actividades y Programas Culturales del IVAM – Instituto Valenciano de Arte Moderno.

Durante el acto también se han dado a conocer los ganadores de los seis Premios de Adquisición, posicionándose Abierto València como el gallery weekend de España con más galardones en esta categoría. La Fundación Hortensia Herrero ha adquirido una obra de Juan Genovés en la Galería Benlliure; la Colección DKV incorporará a su fondo una obra de José García Vallés, de Luis Adelantado, y otra de Carlos Sáez, de Espai Tactel; la Colección Kells ha elegido una pieza de Alex Marco en Luis Adelantado; la Fundación Juan José Castellano Comenge enriquecerá su colección con una obra de Victoria Iranzo, de la Galería Punto; Gandía Blasco Group adquiere una pieza de Alberto Gil Cásedas en Set Espai d’Art y otra del artista Alex Marco en Luis Adelantado; mientras que MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, ha seleccionado una obra de Carolina Valls en Shiras Galería.

La artista Carolina Valls posa en Shiras Galería junto a su obra ‘Flexible (homenaje a Rothko) #2’, Premio de Adquisición MAKMA en Abierto València 2019. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Abierto València es el evento internacional que celebra la inauguración conjunta de la temporada artística de los espacios que forman parte de la asociación. El acontecimiento reúne a The Blink Project, espaivisor, Rosa Santos, Luis Adelantado, Espai Tactel, Aural, Shiras Galería, Set Espai d’Art, Galería Thema, Galería La Mercería, Galería Cuatro, Benlliure, Alba Cabrera, Plastic Murs, Galería Vangar y Galería Punto.

Entre las actividades que componen el rico programa se encuentran los recorridos guiados de la mano de Arco Gallery Walk, en colaboración con la Fundación Arco y AVALEM- Asociación de Educadores de Museos y Patrimonio; y la mesa redonda ‘Retos y nuevas estrategias en la gestión de galerías de arte contemporáneo’, que se celebrará el sábado 21, a las 12:00, en Palacio Forcalló, del Consell Valencià de Cultura.

La presente edición contará también con visitas en colaboración con los Museos y Centros de Arte más relevantes de la ciudad. El domingo 22 de septiembre están previstas las siguientes visitas guiadas: a las 12h se podrá disfrutar en el IVAM de la muestra ‘Tiempos convulsos. Historias y microhistórias en la Colección del IVAM’; a las 11:15 en Bombas Gens se dará a conocer la historia de la fábrica y se visitará la exposición ‘Herencias’. En la misma ubicación, a las 13:00, las exposiciones y el jardín. A las 12:00 se recorrerá en Fundación Bancaja la exposición ‘Jorge Ballester. Entre el Equipo Realidad y el silencio’, mientras que a la misma hora el Centre del Carme Cultura Contemporània ofrece un recorrido por la muestra ‘Pasado y Presente la memoria y su construcción, Ana Teresa Ortega’.

Imagen de la obra ‘Video painting’, de Álex Marco, perteneciente al proyecto formulado en la galería Luis Adelantado ‘Mulholland Drive’, Premio Mejor Exposición de Abierto València 2019. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

MAKMA

Por sus estudios los conoceréis

Estudis d’Art. Martí Domínguez y Jesús Císcar
Espai Metropolità d’Art EMAT de Torrent
Avda del Pais Valencià, 103. Torrent (Valencia)
Hasta el 3 de junio de 2016

“El estudio condiciona la obra del artista. Como la pecera condiciona al pez”. Lo dice Martí Domínguez que, junto al fotógrafo Jesús Císcar, presenta en l’Espai Metropolità d’Art de Torrent la serie Estudis d’Art, en la que reúne a 45 artistas valencianos en sus respectivos espacios de creación. Lugares donde gestan su obra alejados del mundanal ruido, mientras el suyo interior pugna por abrirse paso en la soledad del estudio. Estudios de todas las medidas, características y atmósferas que vienen a ser “en muchos casos el traje del propio artista”, subraya Domínguez, mientras explica el viaje que le ha llevado por los diversos estudios de algunos de los más genuinos creadores del arte contemporáneo en la Comunidad Valenciana.

Andreu Alfaro, Manuel Boix, Carmen Calvo, Vicente Castellano, Juan Genovés, Miquel Navarro, Francisco Sebastián Nicolau, José Sanleón y Willy Ramos, entre otros, aparecen retratados en sus estudios por Jesús Císcar, junto a algunas de sus obras emblemáticas y breves textos descriptivos. “No me interesaba tanto hablar de su obra, como del proceso creativo”, precisa Domínguez. Y ello por una sencilla razón: “Los estudios dicen mucho del carácter y modo de ser del artista”. Se dice que Bacon, por ejemplo, intervenía hasta en las propias paredes del estudio, mientras otros como Monet se limitaban a mirar desde un sofá ubicado en mitad del espacio.

Estudis d'Art. Carmen Calvo. Imagen cortesía del EMAT.

Estudis d’Art. Carmen Calvo. Imagen cortesía del EMAT.

De manera que el estudio es un traje, pero un traje variopinto. “Sí, los hay, como en el caso de Andreu Alfaro, que se corresponde con la proporción del trazo, con su pulcritud, pero hay otros, como el de [José María] Yturralde, cuya obra parece inmaculada y, sin embargo, su estudio es un caos”. Domínguez también se refiere al de Carmen Calvo: “Es como entrar en una de sus obras”, por el “golpe de fascinación, de atmósfera insospechada” con la que te encuentras. A imagen, pues, y semejanza de la obra, pero igualmente contradiciendo los postulados estéticos del autor: así son los estudios recogidos en l’EMAT de Torrent.

Esa diversidad y complejidad de los espacios en justa correspondencia con el espíritu creativo de sus propietarios, es lo que ha convertido el viaje recreado en Estudis d’Art en algo “tan interesante”. Diversidad que va del estudio “en medio de la huerta, al que se encuentra en la montaña, en un tercer piso sin ascensor o en una antigua fábrica”. Domínguez asegura que ha sido un “trabajo divertido y lo que me ha animado a continuarlo en una segunda serie con artistas más jóvenes”. Y cuando habla de más jóvenes, se refiere a menores de 50 años, con lo que esto supone de límite subjetivo que acarrea sus problemas.

Estudis d'Art. Francisco Sebastián. Imagen cortesía del EMAT.

Estudis d’Art. Francisco Sebastián Rodríguez. Imagen cortesía del EMAT.

En cualquier caso, Estudis d’Art no deja de ser un paseo por el arte contemporáneo valenciano contemplado desde la maternidad misma, como les gusta decir a algunos fotógrafos en relación con su cuarto de revelado. Visión que Domínguez resalta como esencial (“hace mucha falta en esta ciudad [Valencia]”), dada la precariedad cultural y la falta de visibilidad de muchos de esos artistas. La exposición, que ya fue mostrada en la Fundación Bancaja, de donde procede, proseguirá después su itinerancia por La Llotja de Alcoi y la Casa del Bou de Albalat de la Ribera.

Volviendo al carácter del estudio como prolongación del artista y viceversa, Domínguez puntualiza que se ha encontrado con espacios “pensados hasta el último detalle, con otros más espartanos, que no tenían ni una sola silla”. Y cita el caso de Sanleón, austero como pocos y “sin tan siquiera una estufa en invierno. ¡Qué manera de sufrir!”, exclama. Diríase, como llegó a decir Ortega, que en ejemplos como este “el esfuerzo es solo esfuerzo cuando comienza el dolor”.

Otros habilitan su estudio para ir ajustándose al desarrollo de su propia obra, mientras hay quienes “pintarían lo mismo en cualquier lugar”, citando Domínguez los casos de Armengol y Castellano. Lo que se encontrará en la nueva serie de jóvenes artistas ya puesta en marcha (“llevamos una treintena”) será de nuevo todo un descubrimiento. De hecho, ya se observan cambios: “Ahora en muchos casos basta con una pequeña habitación y un ordenador”.

Estudios de artista. Imagen cortesía del EMAT.

Estudis d’Art. Manuel Boix. Imagen cortesía del EMAT.

Salva Torres

Sobre el escaso coleccionismo y otros silencios

A propósito de Evolución
Centro del Carmen de Valencia

‘Evolución’ es el título de la muestra que recientemente se clausuró en una de las salas de exposiciones del Centro del Carmen de Valencia. Esta importante selección de obras de la colección Aena consta de artistas españoles, portugueses e iberoamericanos, representativos del intervalo de tiempo que transcurrió entre el informalismo y el grupo El Paso, junto a lenguajes y creaciones más recientes de las artes plásticas.

Admirable el mérito de esta exposición de Aena que recorre el país para mostrar las más de 1700 obras de arte contemporáneo que integran este valioso conjunto artístico y, repito, admirable y valiente, cuando el coleccionismo contemporáneo sigue siendo escaso y, sobre todo, silencioso en España. La carencia de estudio y atención hacia estas colecciones nada tienen que ver con los estudios realizados hacia grandes colecciones formadas por la nobleza, la iglesia y las casas reales de siglos anteriores, pero las modas cambian, hay nuevos perfiles de coleccionistas, y los lugares geográficos que acogen estas colecciones son cada vez más exóticos y lejanos.

Sin ir más lejos, en pleno siglo XX y XXI importantes coleccionistas están surgiendo por Oriente Medio como es el caso de la casa Real de Catar, que aspira a situar su colección de arte entre las mejores del mundo, algo nada extraño cuando este pequeño Emirato disfruta de la mayor renta per cápita del planeta.

De todas formas, en los siglos XIX y XX el poder económico de las clases altas para algunos, coleccionistas-mecenas para otros, son impulsados a coleccionar junto a nuevos coleccionistas como la clase media o los ricos industriales. La colección Lladró es un claro ejemplo de nuevos ricos que han apostado por el arte, centrando sus adquisiciones mayoritariamente en pintura valenciana como Ignacio Pinazo, Juan Ribalta o Joaquín Sorolla entre otros,  junto a artistas significativos del arte español.

Pero los coleccionistas en su mayoría buscan y necesitan de la cooperación con instituciones que persigan fines culturales para asegurar la viabilidad y sostenibilidad de sus colecciones, como la de Patricia Phelps de Cisneros, una importante colección que mantiene fructíferas relaciones con el museo Reina Sofía en Madrid e instituciones como el Moma de Nueva York y parte del territorio de América del Norte y del Sur.

Vista general de la exposición Evolución en el Centro del Carmen.

Vista general de la exposición ‘Evolución’, de la colección Aena, en el Centro del Carmen.

La importante ex galerista Soledad Lorenzo tras cerrar las puertas de su espacio madrileño de la calle Orfila en 2012, nos recuerda la mala salud que el mundo de las galerías de arte está sufriendo por una crisis que ha golpeado fuertemente al mundo del arte y con ello las ya deterioradas ganas de coleccionar.

Estos galeristas con muchos años de trabajo y lucha a sus espaldas, poseen importantes colecciones que escasamente, y muy de vez en cuando, podemos conocerlas gracias a las instituciones de turno que las reciben ante la ocasión de exponer obras de artistas más desconocidos dentro de las listas de los museos, pero más conocidos y habituales en las programaciones expositivas de las galerías de arte. Por ello se agradece la valiosa labor de los museos públicos ofreciendo sus sedes, tras una donación, compra o convenio de colaboración, como respaldo a la actividad privada y como recientemente ha ocurrido con las exposiciones de las colecciones de arte contemporáneo de Soledad Lorenzo y Helga de Alvear.

Cada coleccionista merece un estudio diferenciado, y en cada caso podrían establecerse factores humanos, económicos, y sociales que aplicasen la trayectoria y composición actual de su colección.

Como es el caso de la familia Yera. El tesón y la voluntad de sus miembros ha servido para contribuir al conocimiento de la obra y pensamiento de estos y muchos más artistas como José Guerrero, José María Yturralde, Darío Villalba, Luis Feito, Equipo Crónica, Antonio Saura, Manuel Millares o Juan Genovés, dejando patente las corrientes pictóricas de mitad del siglo XX, como reflejo y valioso testimonio de una época española dentro del panorama artístico internacional, una labor que fue distinguida con el Premio Arco al Coleccionismo privado en el año 2012.

Con una personalidad más vocacional, Hans Rudolf Gerstenmaier de nacionalidad alemana decía que: «todos en nuestra niñez hemos empezado a coleccionar con sellos o cajas de cerillas o cualquier otra cosa», pero el contacto permanente con la historia y la cultura que vivió en España desde joven, fueron la causa y el motivo suficiente para reunir en treinta años más de doscientas pinturas europeas de diversas escuelas y procedencias, donde destaca principalmente la pintura Flamenca del siglo XV al XVII.

Imagen de la exposición de la Colección Aena en el Centro del Carmen.

Imagen de la exposición ‘Evolución’, de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

Las pinturas religiosas, los retratos, los bodegones, los temas mitológicos o las naturalezas muertas se mezclan en esta colección a través de artistas como Anton Van Dyck, Pedro Pablo Rubens, Alexander Adriaenssen, Jan Brueghel De Velours, Juan Van Der Hamen y León, Hendrick Van Ballen, Christian Coclers, Andries Danielsz  y el padre e hijo, Gaspar Pedro y Pieter Verbruggen (el viejo y el joven). Obras de gran belleza y muy superiores a lo conocido hasta aquel momento, predominando la función decorativa destinada a los salones de palacios nobles de Italia y los Países Bajos.

Pero las peripecias hereditarias y los reveses económicos se suman a la crisis actual, lo cual ha provocado un escaso desarrollo y vacío difícil de remontar en cuanto a la apreciación y promoción del arte moderno desde el siglo XIX, primando en muchos casos otros intereses tanto o más que los puramente artísticos, un vía crucis que puede traer graves consecuencias sobre todo al futuro del coleccionismo, por ello destacamos las conocidas colecciones, Carmen Thyssen-Bornemisza, las colecciones de Arte de Telefónica, Iberdrola, la colección Frick o el de la Fundación Suñol, que nos recuerdan la buena salud de algunas colecciones privadas y la necesidad de que existan por el bien del mundo del arte.

El crítico Rafael Sánchez Mazas dijo de la obra de Vazquez Díaz en la colección Rafael Botí: «Ha sabido ser, cuanto más fino y luminoso, más fuerte y más sabiamente constructor. En él se ha dado una rara coincidencia: el progreso de la razón con la intuición pictórica».

Antonio Barroso

Las víctimas de la crisis según Sergio Terrones

No eres tú, es un nosotros, de Sergio Terrones
Espai d’Art de El Corté Inglés de Nuevo Centro
Hasta el 28 de febrero de 2016

No eres tú, es un nosotros es el título de la exposición del  artista valenciano Sergio Terrones, que se enmarca dentro del ciclo de apoyo a los jóvenes creadores  ‘Gesto gráfico y conceptual, del trazo íntimo a su expansión en el muro’, en el Espai d´Art de El Corte Inglés Nuevo Centro. Esta exposición es el nuevo proyecto del artista de la “berdad” que quiere criticar con esta grafía los recortes en educación.

A sus 25 años Terrones vive el día a día como una transición, como un viaje donde se permite jugar con la ambigüedad del mensaje. Su arte bebe del lenguaje graffitero de la estética del 68, el cual ha utilizado en las calles pero que ahora se propone introducir en la sala de exposiciones. El artista valenciano escenifica los malabarismos de la gente joven para poder llegar a final de mes, con dificultades pese a su alta capacitación profesional. Además, escenifica una “pluralidad donde vernos reflejados y reflejadas, porque víctimas de la crisis hemos sido todos y todas, no sólo tú”.

El trabajo de Sergio Terrones (Valencia, 1990) desmonta, subvierte y por lo tanto increpa a la sociedad dominante y con ello al poder, afirma la crítica de arte Irene Ballester, coordinadora de la sección Arte y Feminismo. No deja indiferente frente a lo normativo, frente a la ignorancia y tampoco frente al contexto de crisis que nos rodea. Sus pilares artísticos los conforman la obra de Robert Longo y Juan Genovés, cuyos puntos en común, considera Ballester, conforman la imaginería de los desastres a través de características cinematográficas.

Sergio Terrones, a la izquierda, delante de una de sus obras. Imagen cortesía de Espai d'Art.

Sergio Terrones, a la izquierda, delante de una de sus obras. Imagen cortesía de Espai d’Art.

Los protagonistas de su trabajo surgen del poder real de la línea que viene de la mano, la misma que incardina su obra entre la representación tradicional y entre lo abstracto, ofreciéndonos una lectura diferente de la realidad. Su obra, por tanto se muestra como una bofetada ante lo real, donde lo tradicional y lo cotidiano, es desmontado, concluye Irene Ballester.

La tarea de promoción y divulgación del arte contemporáneo valenciano más joven sigue siendo el objetivo planificado de la Sala Espai d’Art Nuevo Centro (EANC). Rebasado un sexenio de proyectos en los cuales la creatividad ha venido avalada por casi medio centenar de artistas -que en muchas ocasiones han montado la primera exposición individual de su trayectoria profesional-, esta séptima temporada pretende asentar y potenciar dicho itinerario a través de dos factores fundamentales como son la reubicación del Espai d’Art en El Corte Inglés de Nuevo Centro y una programación vinculada al Gesto gráfico en tanto que acción y pensamiento, arraigando así más allá de los márgenes del dibujo.

El ciclo incluye las obras de seis artistas valencianos, que contemplan una investigación interdisciplinar elaborada tanto desde la gestualidad pura, como situada a partir de la definición de sus propios códigos visuales, sus iconografías y sus mensajes. Conforme a todo ello, se presentan las creaciones de Jesús Poveda, Patricia March, Sergio Terrones, Alejandra de la Torre y Enric Fort, que junto a Ana Vernia, galardonada con el XVI Premio de Pintura de la Real Academia de Bellas Artes, configuran el trayecto expositivo que el Espai d’Art de El Corte Inglés de Nuevo Centro (EANC) lleva a cabo hasta junio de 2016.

El artista Jesús Poveda inició el ciclo el pasado septiembre con la exposición Mecanismos gráficos: visiones de los nuevos medios, en noviembre expuso Patricia March con la muestra El ruido del silencio y en diciembre la ganadora del XVI Premio Nacional de Pintura Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, Ana Vernia,  expuso su pintura con la exposición La oportunidad de las moscas. Ahora es el turno de Sergio Terrones.

Sergio Terrones junto a una de sus obras. Imagen cortesía de Ademuz Espai d'Art.

Sergio Terrones junto a una de sus obras. Imagen cortesía de Espai d’Art.

El IVAM, ¿En Tránsito hacia dónde?

En Tránsito
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 31 de agosto

Basta deletrear el contenido de la primera exposición del nuevo equipo del IVAM dirigido por José Miguel G. Cortés para extraer suculentas lecturas. La primera de todas se halla en el título: ‘En Tránsito’. Dice el propio director: “Estamos de mudanza, vivimos tiempos de cambio, momentos fluidos que nos alejan de circunstancias, actitudes y comportamientos pasados”. Frente a la solidez y el muro creado alrededor de la controvertida figura de su antecesora en el cargo, Consuelo Císcar, Cortés aboga por lo fluido, cuya corriente le aleje de esas actitudes cerradas de comportamientos pasados.

Detalle de la obra de Qing Li en la exposición 'En Tránsito' del IVAM.

Detalle de la obra de Qing Li en la exposición ‘En Tránsito’ del IVAM.

E insiste: “No creemos en las certezas ni en las convicciones férreas. Apostamos por el movimiento, la mutación y la transformación constante”. Por eso pretende dejar “atrás las convenciones estáticas y las ideas fijas”, así como no temer “ni el cuestionamiento ni la incertidumbre”. ¿Acaso lo temía Consuelo Císcar? Así se desprende de esta declaración de intenciones, de ese querer alejarse de prácticas pasadas. “Iniciamos una etapa diferente en el IVAM”, una etapa que arranca con esa proclamación de hallarse “en tránsito”.

Obra de Bruce Nauman en la exposición 'En Tránsito' del IVAM.

Obra de Bruce Nauman en la exposición ‘En Tránsito’ del IVAM.

Y para ese primer recorrido, Cortés ha querido rodearse de “un conjunto de artistas y de obras que, si algo tienen en común, es su deseo de no permanecer impasibles ni quietos”. Artistas como Dara Birnbaum, Carmen Calvo, Nacho Criado, Robert Frank, Hamish Fulton, Juan Genovés, Dionisio González, Luis Gordillo, Richard Hamilton, Gary Hill, Cristina Iglesias, Ángeles Marco, Gordon Matta-Clark, Juan Muñoz, Bruce Nauman, Miquel Navarro, Cindy Sherman o José María Yturralde. Pintura, escultura, fotografía, video. Todos ellos “rompiendo barreras, asumiendo riesgos, desbordando fronteras, planteando preguntas”.

Los 13 monitores en cruz de Gary Hill, en la exposición 'En Tránsito' del IVAM.

Los 13 monitores en cruz de Gary Hill, en la exposición ‘En Tránsito’ del IVAM.

La división del conjunto expositivo en tres apartados, ‘Buceando entre escombros’, ‘Mutaciones’ y ‘Cartografías / Identidades fluidas’ ratifica esa pretensión de tránsito, de continua transformación, de deriva, tal y como apuntábamos en otro momento, relacionando este tiempo de cambio en el IVAM con la filosofía de la deconstrucción. De hecho, el apartado ‘Buceando entre escombros’ se abre con esta cita de Jacques Derrida: “Una deconstrucción, como su propio nombre indica, debe deconstruir desde un principio la propia construcción, su motivo estructural o constructivista, sus planes, sus intuiciones y sus conceptos, su retórica”.

Obra de José María Yturralde en la exposición 'En Tránsito' del IVAM.

Obra de José María Yturralde en la exposición ‘En Tránsito’ del IVAM.

Jesús González Requena, en ‘El texto y el abismo’, de reciente publicación, analiza el carácter perverso (en tanto lógica discursiva, sin connotación ofensiva ni terapéutica) de la deconstrucción, que pone en solfa todo sentido cerrado para abrirse a múltiples sentidos. Sin duda, es preferible que las obras de arte se abran indefinidamente, en aquello que Barthes denominó un “hojaldrado de sentidos”. Pero al hacerlo, emerge “la fantasía del texto de la libertad absoluta”. ¿A qué precio?, se pregunta González Requena. “A costa de descomprometerse con todo sentido. Si todo sentido es posible, entonces no hay ningún sentido que me ate. Y eso, claro, resulta una idea muy tentadora”.

Imagen del video de Dara Birnbaum en la exposición 'En Tránsito' del IVAM.

Imagen del video de Dara Birnbaum en la exposición ‘En Tránsito’ del IVAM.

Preferir esa fantasía deconstructora del “texto maravilloso que dice mil cosas”, permite “escapar de la cosa que realmente te dice. Ésa que es la que realmente te escuece” y que Requena sitúa en el centro de todo texto, de toda obra de arte. El centro que, precisamente por focalizar el nudo de especial densidad en la experiencia del sujeto, los discursos deconstructivos evitan. Escombros, mutaciones, identidades fluidas: he ahí el eco de esa falta de sentido por exceso de sentidos. Lógico, pues, que la “presencia del cuerpo como espacio en proceso continuo” se vincule metafóricamente “con el paisaje y el territorio”, tal y como se propugna en el apartado ‘Cartografías’. Un cuerpo abocado al cambio permanente y terriblemente confundido.

“El andar condicionaba la mirada, y la mirada condicionaba el andar, hasta tal punto que parecía que sólo los pies eran capaces de mirar” (Robert Smithson, abriendo el apartado ‘Mutaciones’). Pues eso.

Fotografía de Cindy Sherman en la exposición 'En Tránsito' del IVAM.

Fotografía de Cindy Sherman en la exposición ‘En Tránsito’ del IVAM.

Salva Torres

La historia de España en 59 obras de arte

Colección Mariano Yera
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 22 de marzo, 2015

Hay obras ‘crispadas’ de los 50 de Mompó, Genovés o Saura. Sueños goyescos de los 60, no sólo de Viola, sino de Tàpies, Villalba, Millares, Guinovart o Gordillo. Las explícitamente críticas de los 70, con Equipo Realidad y Equipo Crónica a la cabeza. De los bulliciosos 80, que Miquel Barceló simboliza con sus ‘9 agujeros’. De los 90, carnales y paisajistas: Pérez Villalta, Palazuelo, Navarro Baldeweg. E incluso del siglo XXI, con ‘Herr Profesor’ Paco Pomet, sellando el amplio repaso histórico. El Centro del Carmen, como subrayó su director Felipe Garín, es, por obra y gracia de la Colección Mariano Yera, “un museo de arte contemporáneo español”.

Obra de Artur Heras de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Artur Heras de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Las 59 obras presentadas en la Sala Ferreras, que permanecerán hasta el 22 de marzo, son como un libro abierto de historia. Natalia Yera, hijo del coleccionista Mariano Yera, quiere que así sea: “Hay que animar a los colegios para que vengan con sus alumnos a verla”. Es su máxima aspiración: “Que el arte nos ayude a ser mejores personas”. De hecho, tal y como destaca en la entrevista con Lucía Ybarra y Rosina Gómez-Baeza, incluida en el catálogo de la colección, “el arte es un veneno, un veneno bueno. Hace de ti una persona más sensible. Tendría que ser un pilar fundamental en la educación de cada persona”.

Obra de Paco Pomet de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Paco Pomet de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Por eso Garín insistió en que para Valencia era “un lujo” tener una exposición con casi 60 maestros españoles de la segunda mitad del siglo XX. La Colección Mariano Yera, centrada en tan singular periodo de la Historia de España, reúne la mejor pintura de la época. “Por coherencia y continuidad en el tiempo, probablemente sea la mejor”, reconoció Felipe Garín. Para Natalia Yera, se trata de una colección que su padre empezó en 1999 y que permite seguir “la evolución de la historia del arte en España”, reflejo a su vez de una época en que nuestro país “apenas tenía presencia en el panorama artístico internacional”.

Para suplir esa carencia, la Colección Mariano Yera, compuesta por más de 150 obras de 63 artistas, ha prestado obra a unas 500 exposiciones, tanto a nivel estatal como fuera de nuestras fronteras. Alicante, Castellón y ahora Valencia son las últimas en mostrar tan singular legado. “Es una ocasión única para ver obras de arte contemporáneo de gran calidad y tamaño, que hemos podido contemplar en libros”, explicó Garín.

Obra de Manuel Miralles de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Manuel Miralles de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

El recorrido por medio siglo de España podría abrirse con esa ‘Pareja’ de Juan Genovés o esos ‘Personajes’ de Hernández Mompó, entre turbios y difusos de los años 50, todavía intentando rehacerse de los estragos de la guerra. Enseguida, entre Eduardo Arroyo, Feito, Canogar o Equipo Realidad, enterrando al estudiante Orgaz, hurgarán en esa misma herida, para que luego en los 70 Artur Heras, Lucio Muñoz, Equipo Crónica o el propio Equipo Realidad metan aún más el dedo en la llaga de la dictadura, a punto de convertirse en democracia.

Ya en ella, Broto, Barceló, Dis Berlin, Sicilia, Uslé, Patiño o Perejaume, mostrarán cierto aire rejuvenecido, no exento de cicatrices, entrando al siglo XXI con Ugalde, Galindo o Pomet revelando la emergencia de otros monstruos interiores. La Colección Mariano Yera, Premio ARCO al Coleccionismo privado en 2012, ofrece la posibilidad de seguir ese reguero histórico con una muestra de alta pintura.

Obra de Manuel Quejido de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

Obra de Manuel Quejido de la Colección Mariano Yera. Centro del Carmen.

“No es frecuente encontrar cinco obras de Tàpies, cuatro obras de Gordillo, de Juan Genovés, de Guinovart, de Juan Uslé o del Equipo Crónica, ni nueve del Equipo Realidad en colecciones privadas españolas, ni tampoco –y eso sería otro elemento diferenciador- obras que vienen a cubrir de forma eficaz toda la segunda mitad del siglo XX”. Por eso Felipe Garín considera la exposición ubicada en la Sala Ferreras de gran significación para Valencia. “Una explosión de pintura”, por utilizar las palabras de Valeriano Bozal, incluido en el catálogo, que permanecerá en el Centro del Carmen hasta superadas las Fallas, ocasión única para sumar a las mascletaes esta otra combustión artística.

Obra de Guillermo Pérez Villalta de la Colección Mariano Yera en el Centro del Carmen.

Obra de Guillermo Pérez Villalta de la Colección Mariano Yera en el Centro del Carmen.

Salva Torres

La Turia de los creadores visuales

50 años en cartelera. La Turia, 1964-2014
Sala Acadèmia
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 31 de agosto

La Cartelera Turia cumplió 50 años en enero y se halla ahora “en su Semana Grande, coincidiendo con los Sanfermines”. Vicente Bergara, director de la veterana publicación, lo dijo sin pañuelo rojo al cuello, pero animado por idéntico espíritu taurino, tras haber sorteado las diferentes cornadas que ha sufrido la Turia a lo largo de su empinada trayectoria. Para celebrar tan longeva existencia, muchos de los artistas que han colaborado en la revista, desde que en 1964 saltó a la arena editorial, muestran su particular homenaje mediante diversas creaciones ex profeso.

Obras de Víctor Lahuerta y Julio Giner en la exposición por los 50 años de la Cartelera Turia en La Nau de la Universitat de València.

Obras de Víctor Lahuerta y Julio Giner en la exposición por los 50 años de la Cartelera Turia en La Nau de la Universitat de València.

“Es la Turia de los creadores visuales”, subrayó Toni Picazo, responsable junto a Mila Belinchón de la exposición que acoge La Nau de la Universitat de València. Creadores tan ilustres como Eduardo Arroyo, Manuel Boix, Carmen Calvo, El Roto, Juan Genovés, Artur Hereas, Mariscal, MacDiego, Paco Roca o Rosa Torres, reunidos en torno a una efemérides que “desprende aroma de familia Turia”. Y Picazo, en un elocuente lapsus de rebufo franquista, habló de cómo esa familia había “sobrevivido 40 años, perdón, 50, y ese logro está presente”.

Vista de la exposición por los 50 años de la Cartelera Turia en La Nau de la Universitat de València.

Vista de la exposición por los 50 años de la Cartelera Turia en La Nau de la Universitat de València.

Y lo que está presente en La Nau son las 51 obras de antiguos colaboradores, por cada uno de los 50 años celebrados más el que ya transcurre, junto a un audiovisual de Pepa L. Poquet, resumen de la trayectoria de la revista, y una selección de portadas de la Cartelera Turia. En el audiovisual se pueden ver secuencias de películas, entre ellas alguna pornográfica, tan del gusto de la Turia, y diversas imágenes relacionadas con el proceso de creación de la publicación, así como instantes señeros de su dilatada vida, siempre según la visión personal de Poquet.

El amor al cine, la denuncia política, la cultura como exigencia o la reivindicación del placer y del sexo son algunos de los rasgos destacados por Toni Picazo como característicos de la Carteleria Turia, todos ellos presentes en la exposición de La Nau. Pero dada la importancia que desde sus orígenes concedió la revista a la ilustración, el diseño y las artes plásticas, era de obligado cumplimiento rendir homenaje a cuantos colaboraron en este aspecto, siendo esos artistas los encargados de realizar una obra específica para los 50 años. Obra que será portada de la revista en los próximos números.

Obras de Cuqui Guillén (izda), Victoria Contreras (centro) y Manuel Boix en la exposición por los 50 años de la Cartelera Turia en La Nau.

Obras de Cuqui Guillén (izda), Victoria Contreras (centro) y Manuel Boix en la exposición por los 50 años de la Cartelera Turia en La Nau.

“No queremos que se termine a los 50”, precisó Mila Belinchón, una vez visto el resultado de la celebración y el ánimo encendido de algún que otro nostálgico de aquella Turia resistente al franquismo. De entre los más de 2.000 números seleccionados, como representativos de esa pertinaz huida hacia delante, figuran portadas clásicas alusivas a la República o las igualmente provocativas con referencias a cierta sexualidad desbocada. También se rinde homenaje a todos aquellos artistas ya fallecidos que dejaron su impronta plástica en la publicación, como Anzo, Toledo, García Puche o Jordi Ballester.

Obra de Joan Verdú en la exposición por los 50 años de la Cartelera Turia en La Nau.

Obra de Joan Verdú en la exposición por los 50 años de la Cartelera Turia en La Nau.

Las obras exhibidas en la Sala Acadèmia de La Nau “invitan a la reflexión, la sonrisa o el cuestionamiento, pero nunca a la indiferencia”, resaltan las responsables de la exposición. Después de superar diversos intentos de censura, tendría gracia que fuera la crisis económica la peor de esas censuras para la Cartelera Turia, que sobrevive a pesar de todos los pesares. Vicente Bergara, erre que erre, anuncia incluso la salida digital, “diferente a la edición impresa”, de una revista que sigue pintando y mucho ahora en La Nau.

Imagen de la exposición por los 50 años de la Cartelera Turia en La Nau de la Universitat de València.

Imagen de la exposición por los 50 años de la Cartelera Turia en La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

«Tenemos la cultura que tenemos»

Entrevista a Felipe Garín.

Felipe Garín, director gerente del Consorcio de Museos y director del Centro del Carmen, está intentando buscar soluciones que apacigüen las revueltas aguas por donde navegan críticos de arte, comisarios y artistas en su travesía conjunta con las instituciones públicas. Reconoce su “obligación moral” para con todos ellos, incluidas las galerías, pero pide un “debate sereno” para lograr el “mayor consenso posible”. Entretanto, ya no es miembro del Consejo Rector del IVAM, de cuya deriva como museo prefiere no hablar. Su idea del Centro del Carmen tiene que ver con la Kunsthalle alemana. Tiene claro que a los artistas hay que pagarles por la producción de obra, pero duda cuando se trata de su cesión a exposiciones, por aquello del “pesebrismo” cultural. Y reconoce que hay problemas de difícil solución, porque “tenemos la cultura que tenemos”. Y así nos va.

Felipe Garín. Foto: Miguel Lorenzo

Felipe Garín. Foto: Miguel Lorenzo

¿Cuál es la filosofía expositiva del Consorcio de Museos que usted dirige?

El Consorcio de Museos tiene una función clara desde sus orígenes: sistematizar exposiciones de sus centros asociados en Valencia, Alicante y Castellón. Y lo hace siguiendo varias líneas. Una primera línea de conmemoración histórica, como la de Valencia 1812, al amparo del bicentenario de la Pepa, por decir un ejemplo. Por otra parte, hay una serie de exposiciones de coleccionistas importantes que merecen ser visitados, como por ejemplo la que hicimos hace unos años de los dibujos de la colección Abelló. También hay una especial preocupación por exposiciones antológicas de artistas, que sean complementarias de las que se pueden hacer de esos artistas en galerías privadas. Por ejemplo, la de Martí Quinto que se hará en unos días. Luego están las de ‘La habitación de las musas’, en la que pretendemos penetrar un poco en el universo del propio artista, que en el caso de Genovés es su colección más personal. Otra línea sería la de colectivas de producción propia sobre temas que permitan analizar aspectos diversos del arte valenciano contemporáneo, como la reciente sobre ‘La imagen fantástica’ o la que se está trabajando ahora dedicada al grabado valenciano. Y, por último, una línea dedicada a los artistas jóvenes, fundamentalmente con colectivos o instituciones que nos ceden obras relacionadas con artistas de menos de 30 años.

Hay quienes consideran que tanta exposición, un tanto dispersa, es fruto de un programa demasiado ecléctico.

Es heterogéneo, sí, pero por el propio concepto del Centro del Carmen. La idea nuestra es que sea lo que los alemanes llaman una Kunsthalle: un centro de arte donde hay multiplicidad de acciones. Un centro que tiene varias salas de exposiciones y que pretende que el público venga a ver una exposición y se encuentre con otras. Un centro de arte, por propia naturaleza, ha de ser heterogéneo, porque para más centrados en su tema ya están otros centros de Valencia, como el San Pío V, el MuVIM o el IVAM. No somos competencia de ellos, sino que hablamos de un centro de cultura amplio. No tiene sentido ser como los demás. Este es un centro de encuentro donde además de ver las actividades, se ve el propio edificio singular, que por sí mismo ya merece la pena visitar. Si además lo ves vivo y con actuaciones, pues yo creo que la gente lo agradece.

Felipe Garín. Foto: Miguel Lorenzo

Felipe Garín. Foto: Miguel Lorenzo

Críticos y artistas se quejan de la falta de diálogo a la hora de programar exposiciones en los centros públicos.

Yo lo que puedo decir es que el Consorcio de Museos tiene una comisión científico-técnica que es la que aprueba todas las exposiciones que se hacen aquí. Aparte de que hay tres expertos nombrados por la propia Conselleria de Cultura para intentar dar sentido a todo. También hacemos convocatorias públicas para que presenten sus proyectos todos los interesados, como ya hemos hecho este año con la de artistas emergentes, que un jurado independiente escoge. Y en esa línea lo que tratamos es de darle la mayor objetividad posible.

Algún responsable institucional ha pedido argumentos que expliquen el por qué hay que pagar a los artistas.

Comprendo el problema y tenemos que llegar a una solución. Una solución que a lo mejor no recoge lo que todos pensamos del tema, pero que satisfaga a todos. Yo no puedo anticipar qué solución va a ser, pero me consta que hay una voluntad decidida de poderse resolver, que va a ser una cosa relativamente rápida. Yo entiendo la filosofía de la petición, pero, por ser historiador, pondría algunas objeciones a ese concepto un poco radical, ya que los tiempos evolucionan y habría que pensar en alguna fórmula de compromiso. ¿Cuál? Pues aquella que sea satisfactoria para ambas partes. Teniendo en cuenta una cosa: que hay que tener mucho cuidado con ella, porque va a ser la que luego se aplicará por mimetismo en otros centros. Entonces, debería hacerse con un consenso lo más amplio posible. Hay que ser muy prudentes, porque una decisión cómoda para salir del paso puede provocar reacciones en cadena que acusen a la Generalitat Valenciana de ir por libre en algo que es muy global, porque el problema no es genérico de Valencia.

Pero, ¿por qué hay que buscar argumentos que justifiquen el pago a un artista por su trabajo? Parece un agravio comparativo con el de otras profesiones.

Es que el artista no es exactamente un trabajador. Lo es, pero de otro modo. A ver cómo lo explico, porque llevándolo al extremo… A ver, nosotros estamos pagando la producción, pero el tema clave no es la producción, sino la cesión de obra gratis o con un pago, llamémosle alquiler o como se quiera. Es un tema difícil, pero no es real compararlo con el electricista o el pintor normal, porque estos oficios se realizan para unas cosas concretas, mientras que lo del artista es otra cosa. Si decimos que haga una obra, vamos a llegar al acuerdo de pagar la producción, pero la creación artística es otra cosa que la producción material y, por tanto, no es exactamente igual. Además, si el artista pone muchos límites, al final existe el riesgo de que los comisarios, que son los que hacen las exposiciones, eviten el contacto directo con los artistas, lo cual es un riesgo.

Y luego están las galerías, que se sienten olvidadas por parte de las instituciones públicas. Ahí está el caso de Nacho Valle, de la galería Valle Ortí, que ha cerrado su espacio para irse a Nueva York echando pestes por tanta desidia pública.

En el tema de las galerías estoy totalmente de acuerdo en que es un tema fundamental en la trama social, y como tal es particularmente sensible a la cultura de la sociedad. Porque, no nos engañemos, tenemos la cultura que tenemos. Y, por tanto, la crisis cultural, cuando hay crisis económica, se acentúa más que en otros países donde la cultura tiene un peso mayor. Y eso es así. El riesgo es caer en lo contrario, en una especie de socialización del artista a sueldo de. ¡Cuidado! El artista es libre, hace lo que quiere y debe tener un apoyo social e institucional, sí, pero sin que ello suponga vivir del alquiler de obras. Es difícil. Mi propuesta es que hay que hacer un debate sereno, donde esto se discuta con tranquilidad. El poder público tiene la obligación moral de apoyar, pero con un cierto límite, que para mí es el de no volver a una especie de pesebrismo peligroso. No sé si me explico.

Felipe Garín. Foto: Miguel Lorenzo

Felipe Garín. Foto: Miguel Lorenzo

¿CulturArts es la solución a los males que aquejan a la cultura valenciana a nivel de gestión de los recursos?

Nosotros no estamos en CulturArts y la tesis de CulturArts yo no la conozco a fondo. Pienso que administrativamente va a ser muy útil y creo que todo lo que sea poner orden en esas materias es bueno.

Sin embargo, antes había cuatro direcciones generales, que se han eliminado, para crear cinco subdirecciones. No está claro que se racionalice el gasto, al menos en la alta dirección, salvo a nivel de despidos en las escalas más bajas.

No he estudiado ese tema, tengo bastante con lo mío como para preocuparme de un tema que no es específicamente mío. Pero no lo digo por no querer contestar, es que no lo sé. En principio, repito que todo lo que sea racionalizar una actividad administrativa es útil. El tema es que se encuentre un orden a todo eso y que sea operativo. Se trata de racionalizar el esfuerzo común y evitar duplicidades.

Vamos con el IVAM, donde usted, hasta prácticamente la semana pasada, era miembro del Consejo Rector y ya no lo es.

Vamos a ver, yo conozco el IVAM, he estado en el Consejo Rector desde su propia fundación y la decisión última ya se tomó hace meses, de dividir el Consejo Rector en uno de carácter más administrativo y otro más consultivo, que es lo que ahora se ha puesto en marcha. Pero la idea no es de ahora. ¿Que si es bueno o malo? Pues no lo sé. Yo ahora estoy en el Consorcio de Museos y he dejado de ser miembro del Consejo Rector del IVAM, lo cual de alguna manera me libera de una responsabilidad y, por tanto, tengo lo que tengo.

Lo cierto es que el IVAM tiene ahora menos miembros en su Consejo Rector relacionados con el mundo del arte y más estrictamente vinculados a la carrera política.

Yo formo parte del organigrama administrativo de la Conselleria de Cultura y, por tanto, lo que se hace está bien hecho y, en ese sentido, yo no voy a opinar, porque entraría en contradicción conmigo mismo y no quiero. Acepto las reglas del juego de lo que se está haciendo y creo que se hace con buena voluntad y el tiempo dirá. No entro a valorar el tema, porque no me interesa.

Pero no me negará que la imagen del IVAM…

Yo me centro en el Consorcio de Museos, en el Centro del Carmen y, por tanto, estoy implicado cien por cien en esto. Y no quiero abrir más frentes que no me corresponden. Entiendo que todo eso se hace con una voluntad manifiesta de mejora.

Voluntad, toda, pero con criterios más que dudosos.

Tú tienes la obligación de preguntar y yo de no contestar (risas)…

Felipe Garín. Foto: Miguel Lorenzo

Felipe Garín. Foto: Miguel Lorenzo

Salva Torres

De Sorolla a Equipo Crónica

Patrimonio artístico de la Diputación de Valencia
MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 25 de mayo

Nada más entrar en la sala Alfons Roig del MuVIM el espectador se topa con el cuadro de Joaquín Sorolla ‘Pescadoras valencianas’. Y al fondo de la sala Parpalló, llamando poderosamente la atención del público, se yergue ‘El intruso’, obra del Equipo Crónica. Así se abre y se cierra el magno recorrido expositivo propuesto por el MuVIM para celebrar los 200 años de existencia de la Diputación de Valencia. En total, 122 imágenes de un patrimonio integrado por más de 2.000 obras de su fondo artístico, al que se suman los 147 documentos expuestos en el hall del museo pertenecientes a su archivo. De manera que el ente foral no ha sacado toda su vajilla para conmemorar el bicentenario, pero sí una amplia y brillante cubertería.

Paper cremant, de Artur Heras, en la sala Parpalló del MuVIM.

Paper cremant, de Artur Heras, en la sala Parpalló del MuVIM.

¿Una colectiva de obra propia para festejar tamaña longevidad en tiempos de crisis? Pues no, porque aprovechando la fiesta se han restaurado muchas de las obras expuestas, para regocijo de los finos paladares artísticos. Y así, la Diputación de Valencia se viste de gala, llenando las salas Alfons Roig, Parpalló y el propio hall del MuVIM con un centenar de imágenes de los más ilustres artistas valencianos. Desde los inevitables Sorolla y Pinazo, a los Ribera Berenguer, Albalat Iranzo, Barberá Zamora, Ribalta o Segrelles, pasando por Armengol, Cillero Dolz, Vicente Peris, Artur Heras, Miró, Michavila, Sempere, Boix, Genovés, Iranzo o el citado Equipo Crónica.

Vista de Valencia, de Juan Ribera Berenguer, en la sala Alfons Roig del MuVIM.

Vista de Valencia, de Juan Ribera Berenguer, en la sala Alfons Roig del MuVIM.

El cuelgue expositivo es majestuoso. Dividida en dos partes, la dedicada al Patrimonio artístico: dibujo y pintura, y la relacionada con el Patrimonio documental del Archivo General y Fotográfico, la muestra apabulla por tan deslumbrante pintura, que tiene el contrapunto pintoresco, valga la redundancia, de la documentación desplegada en el hall, con mapas, banderas y fotografías sepia de época. El lema que hizo famoso Román de la Calle durante su dirección en el MuVIM, “no hay exposición sin reflexión”, aguarda su turno para que tamaño despliegue pictórico no se quede en la tradicional muestra de obra colgada sin trasfondo teórico.

Martiri de San Sebastià, de Manuel Boix, en la sala Parpalló del MuVIM.

Martiri de San Sebastià, de Manuel Boix, en la sala Parpalló del MuVIM.

En cualquier caso, ahí están las 122 imágenes como prueba fehaciente del tesoro artístico que ha ido acumulando la Diputación a lo largo de sus 200 años de historia. Los ‘Juegos Icarios’ o ‘Las hijas del Cid abandonadas en el bosque’, de Ignacio Pinazo, darían para una truculenta historia de bizarras intenciones posmodernas. Y tanto las vistas de Cuenca como las de Valencia, de Agustín Albalat Iranzo y Juan de Ribera Berenguer, respectivamente, parecen sacadas del mejor expresionismo alemán cinematográfico. Todo ello en la sala Alfons Roig, que se nutre de gran parte de la pintura valenciana del siglo XIX y buena parte del XX. Metidos de lleno en la Parpalló, vamos encontrando ejemplos de la segunda mitad del pasado siglo, trufado de azules Yturralde, Malvarrosas Michavila, convites con moscas de la casa Armengol o los ‘Fumadores’ de Iranzo.

Convit, de Rafael Armengol, en la sala Parpalló del MuVIM.

Convit, de Rafael Armengol, en la sala Parpalló del MuVIM.

También destacan la serie ‘Escrituras’ de Carmen Calvo, la ‘Estructura’ en azul de Eusebio Sempere, ‘La escalera’ de Juan Genovés o el sorprendente ‘Paper cremat’ de Artur Heras, antes de toparnos con las ‘Primeras zanjas en Usera’, de Equipo Realidad, el Martiri de San Sebastià, de Manuel Boix o la definitiva ‘El intruso’, de Equipo crónica, ya mencionada como colofón del recorrido por tamaño bicentenario. La Diputación de Valencia, por medio del MuVIM (que tan pronto se hace eco de Bruno Lomas y Nino Bravo como se sumerge en más hondas y profundas aguas artísticas), conmemora su efemérides a golpe de patrimonio sacando pecho en tiempos de penuria económica.

'El intruso', de Equipo Crónica, en la sala Parpalló del MuVIM.

‘El intruso’, de Equipo Crónica, en la sala Parpalló del MuVIM.

Salva Torres

Genovés, cuando cruje la marabunta

Crowds. Juan Genovés

Centro El Carmen

C / Museo, 2. Valencia

Hasta el 30 de junio

Vivimos tiempos convulsos. Aunque, ¿cuándo no? Quizás de ahí la imperiosa necesidad de dominar lo que tiende al descontrol. Y para eso, nada mejor que la ideología, sin duda fraguada como el cemento en torno a una ideas fijas, cuando no prefijadas. Tomemos la obra de Juan Genovés (Valencia, 1930). Plagada de seres diminutos que avanzan, retroceden, se agrupan y dispersan, aparentemente dóciles, manipulables, sometidos al dictado del orden, a los latidos del desorden, a la soledad conjunta, al alienante vaivén de las mareas telúricas. Plagada de todo ello, la obra de Genovés diríase que gira en torno al concepto de masa. El propio título de la retrospectiva que le dedica el Centro del Carmen de Valencia abunda en esa dirección: Crowds (Multitudes). 55 pinturas reveladoras del movimiento de masas que perfila el trabajo de Genovés. 

Una primera lectura, sin duda ideológica, gira en torno a esa masa de individuos víctimas de la opresión del poder. He ahí el Genovés crítico; el artista que toma el lienzo como octavilla, para deleite de rebeldes con causa palmaria. Nada que objetar a esa lectura, sin duda necesaria para poner en su lugar a cuantos abogaron por el estado de sitio. Mas, pasado el cólera ideológico, se hace necesario restituir al Genovés artista; al que se interroga por esa masa, esas multitudes, desde la prístina mirada del creador al que le superan las preguntas, después de haber encontrado insuficientes ciertas respuestas doctrinales. Una vez ahí, las masas de Genovés adquieren volúmenes insospechados y movimientos más propios de una partitura musical que de una marcha militar.

Los individuos que, como la marabunta, Genovés recoge en su obra avanzando o retrocediendo al unísono, en “fila truncada” (1969), abriendo “brecha” (2012), en “sintonía” (2010) o mediante puro “embrollo” (2012), siendo “la diana” (1969) del poder o “rebasando el límite” (1966), son individuos fácilmente identificados como víctimas o seres solitarios abandonados a su suerte. Esa marabunta que ruge silenciosa en los trabajos de Genovés, por obra y gracia del más traslúcido recurso ideológico, se torna crujido poético en cuanto dejamos el asidero de la masa y nos adentramos en su interrogación.

Exposición de Juan Genovés. Foto: Pedro Hernández

Exposición de Juan Genovés. Foto: Pedro Hernández

A Genovés, esas multitudes le llevan en volandas. Como empujado por ellas, arremolinado en el vértigo que producen sus idas y venidas, el artista va ideando la manera de afrontar el caos de tamaña turbulencia anónima, mediante variaciones plásticas de esa masa inerte. Sus cuadros, sin duda protagonizados por diminutos seres, a veces cariacontecidos por ser objetivo del poder, y otras simplemente encadenados a cierta alienación, adquieren de pronto una luminosidad empañada por tanta masa ideológica.

Y es entonces cuando empieza el verdadero combate: el del artista entregado a su pasión. Encadenado a esas multitudes que pinta, sintiéndose uno con ellas, Genovés se las va ingeniando para mostrar las mil y una formas que tiene la masa de ser otra cosa que masa. Que es tanto como decir: la manera que tiene el individuo, una vez entregado a su pasión artística, de comportarse como creador tras ímprobos esfuerzos con la materia. De alguna forma, las masas, crowds o multitudes, de Genovés dejan de comportarse como tales, una vez que el artista las libera de su prisión conceptual, crítica, ideológica, para manifestar su cualidad estética, plástica, subjetiva. Es, ahora sí, por obra y gracia del artista, como se produce la rebelión de esas masas, que precisamente Ortega inscribió en ciertos márgenes del lenguaje.

Espéculo, 2013, Juan Genovés. Foto: Pedro Hernández

Espéculo, 2013, Juan Genovés. Foto: Pedro Hernández

El filósofo advirtió que cuando la conversación se ocupa de temas más importantes, que aquellos a los que asiste el lenguaje estrictamente comunicativo, entonces “va aumentando su imprecisión, su torpeza, y confusionismo”. Las multitudes de Genovés son esa imprecisión y torpeza del lenguaje. Las masas reclaman nuestra atención más allá de su banal comportamiento, de su cómoda adscripción crítica, para empezar a mostrar, a raíz de su torpeza, la interrogación que nos atraviesa: a las masas y a nosotros que formamos parte de ella. Genovés, en este sentido, ha hecho con su obra que esa marabunta de individuos deje de rugir ideológicamente, para que crujan sus sentimientos. He ahí la belleza plástica de esas multitudes que llenan hasta finales de junio la Sala Ferreres del Centro del Carmen.   

Exposición de Juan Genovés. Foto: Pedro Hernández

Exposición de Juan Genovés. Foto: Pedro Hernández

Salva Torres