Sorolla, un grande en pequeño formato

‘Sorolla. Cazando impresiones’
Fundación Bancaja
Plaza Tetuán 23, València
Hasta el 26 de julio de 2020
Lunes 7 de junio de 2020

Fundación Bancaja acoge la exposición ‘Sorolla. Cazando impresiones’, realizada en colaboración con el Museo Sorolla y la Fundación Museo Sorolla de Madrid, que propone un amplio recorrido por la producción en pequeño formato de Sorolla, revelando la importancia que ésta tuvo en su proceso creativo y en su trayectoria artística. La muestra cuenta asimismo con la participación de Bankia.

La exposición, comisariada por Blanca Pons-Sorolla, Consuelo Luca de Tena y María López Fernández con la colaboración de Isabel Justo, está integrada por 270 obras procedentes del Museo Sorolla, la Fundación Museo Sorolla de Madrid, la Diputación de València, la Casa Museo Benlliure, la Colección Hortensia Herrero, la propia Fundación Bancaja y una veintena de colecciones particulares, la mayoría valencianas. Tras su presentación en 2019 en el Museo Sorolla y su posterior itinerancia al Museo de Bellas Artes de Bilbao, la muestra se presenta en València con una selección de piezas realizada ex profeso para esta exposición que incluye piezas no presentes en Madrid y Bilbao y que incorpora obras de mediano y gran tamaño, así como nuevos lienzos de pequeño formato de referencias temáticas valencianas. 

Una joven ante una de las obras de la exposición ‘Sorolla. Cazando impresiones’. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

La selección de obras permite apreciar el proceso creativo de Sorolla y pone el foco en las notas de color del artista, en aquellas escenas fugaces que el artista reflejó durante toda su vida en pequeñas tablas, cartones, papeles o trozos de lienzos. Representan asuntos con los que se sentía cómodo y muestran, en su mayoría, escenas cotidianas de su familia, motivos de paisaje o escenas sugerentes de algún lugar recién descubierto. 

El recorrido por la exposición se estructura en tres bloques: la etapa de formación y consolidación de Sorolla; sus años de madurez; y su época de plenitud. Un recorrido vital que sitúa esta producción del artista valenciano a lo largo de toda su trayectoria, ya que Sorolla llegó a pintar cerca de 2.000 óleos sobre tablillas de muy pequeño tamaño a las que llamaba apuntes, manchas o notas de color. Piezas que en un principio se consideraban obras íntimas o inacabadas, pero que más tarde se exponían y cotizaban como muestras del trabajo más personal y original del artista en las grandes exposiciones internacionales. 

La presencia del pequeño formato junto al mediano y gran formato revela cómo conviven dos formas distintas de hacer en diferentes escalas: una más pulida y ‘terminada’, acorde con postulados más cercanos a la academia, y otra, liberada y fresca, ensayada primero en las notas de color. La selección de obras destaca algunas vistas urbanas y otros temas valencianos, escasos en los lienzos más grandes, pero presentes en los apuntes. Por ejemplo, las barracas y alquerías de la huerta, y monumentos como el Puente del Real y el Pouet de Sant Vicent.

Sorolla trabajaba directamente al aire libre y estudiaba permanentemente el ambiente que quería plasmar tomando notas de color y creando, para sí mismo, un importante corpus de obras que cuidaba, exponía, regalaba, vendía y conservaba. El enorme número de apuntes conservados permite adivinar en Sorolla un trabajo de superación constante, la búsqueda permanente y la fascinación por aprender, pintando a diario.

Una joven ante una serie de obras de la exposición ‘Sorolla. Cazando impresiones’. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Las notas de color de Sorolla muestran cómo miraba el artista y cómo sintetizaba esa mirada a través del pincel. Son como una síntesis de su pintura. Los apuntes al óleo se enmarcaban dentro de una rica tradición de artistas que privilegiaban el afán de verdad frente a la naturaleza, en un anhelo de autenticidad y sinceridad frente a la propia obra: la reivindicación de la espontaneidad como esencia de su arte y la captación de la primera idea del artista, de su impresión, frente a los laboriosos estudios de pintura tradicional y académica.  

Después de sus años de formación en València, Sorolla se establece en Roma como pensionado (1885-1989) y desde allí viaja a París, donde queda deslumbrado por el panorama artístico. A partir de 1890, instalado en Madrid con su mujer, empieza a presentarse a grandes certámenes en España y el extranjero. En 1903, cuando termina el gran cuadro Sol de tarde, Sorolla considera que ha encontrado definitivamente su estilo. Sus primeros apuntes muestran la influencia de Fortuny y los italianos, tanto en su composición como en su manera de utilizar expresivamente las zonas de la madera que deja sin pintar. Las obras de pequeño formato le sirven como preparación para composiciones más ambiciosas, pero paulatinamente cobran independencia respecto a las obras de envergadura: Sorolla las usa como instrumento paralelo, experimental y, sobre todo, como una manera de mirar y convertir en pintura la esencia de esa mirada.

Los apuntes al óleo realizados por Sorolla durante la primera etapa de este periodo ponen de manifiesto los intereses estéticos del pintor durante estos años, así como el peso de las influencias recibidas. En estos primeros años abundan los apuntes sobre perspectivas arquitectónicas, con los que trata de apropiarse de claves de la construcción espacial, así como escenas de paisaje. Utiliza pequeñas pinceladas cortas, precisas y tímidas, que poco a poco mezcla con toques de espátula, en un intento, que desarrolla a menudo durante su madurez, de conseguir efectos de luz a través de empastes más claros y espesos. 

De forma paralela a la realización de estos apuntes, y especialmente a raíz de su matrimonio con Clotilde García del Castillo y su vida en Asís, Sorolla capta en pequeñas tablitas diversas escenas hogareñas protagonizadas por su mujer. A lo largo de los años de 1890, las notas de color se convierten en un recurso extraordinario para estudiar y experimentar el comportamiento de las luces, sintetizando la manera en la que el ojo percibe las impresiones de las luces y las sombras. Comienza también en esta etapa a avanzar en el estudio de los reflejos del mar en sus notas de color, un aspecto que desarrollará de manera única y magistral en la primera década del siglo XX. Los estudios de barcas le permiten trabajar el contraste entre la transparencia del mar, los reflejos de las sombras y la rugosidad de los botes. 

Rafael Alcón, presencialmente, junto Blanca Pons-Sorolla y Enrique Varela (en pantalla), durante la presentación de ‘Sorolla. Cazando impresiones’. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

En 1906, Sorolla presentará su primera exposición monográfica en París, en la moderna y prestigiosa galería Georges Petit. Para entonces ya ha dado un giro decisivo hacia los temas que le ofrecen mayores seducciones y desafíos visuales: las variaciones de la luz a lo largo del día y de las estaciones, el color de las sombras, los reflejos y transparencias del agua, los contraluces, las audacias cromáticas. Y ha encontrado en los amplios espacios del mar y de las playas el escenario más rico. En aquella exposición hubo una abundante representación de sus pequeños formatos, que adquieren una enorme importancia como soporte de su avidez de experimentación en estos años. 

Después de la exposición, Sorolla pasa unas semanas en Biarritz, donde las escenas del ocio de los elegantes en las playas le proporcionan nuevos estímulos. Su paleta se aclara y se refresca, y sus encuadres adquieren un máximo de instantaneidad fotográfica.

Entre 1907-1911 Sorolla realizará numerosas exposiciones individuales: tres en Alemania en 1907, una en Londres en 1908, y en 1909 la gran exposición de la Hispanic Society de Nueva York. Después vinieron otras en Estados Unidos: ese mismo año en la Fine Arts Academy de Buffalo y la Copley Society de Boston; y en 1911, en el Art Institute de Chicago y en el City Art Museum de St. Louis, y además en la Exposición Internacional de Roma. El estallido de la Guerra Mundial puso fin a este movimiento. En estas exposiciones, Sorolla presentó sus notas de color enmarcadas individualmente y les dio un gran protagonismo, mostrando la importancia que él mismo les concedía como obras autónomas e independientes. Pero abastecer todas estas exposiciones obligó a Sorolla a trabajar intensamente en formatos medianos, por lo que paulatinamente decreció su producción de ‘notas de color’.

Su obra de estos años se volcará en el tema de la playa y del mar, alcanzando un enorme refinamiento cromático y lumínico, así como un dominio del movimiento y la instantánea que entusiasmará al público de todo el mundo. Sus investigaciones en torno al color realizadas en el verano de Jávea de 1905 marcarán un punto de inflexión en la representación del mar. La progresiva confianza en sí mismo que adquiere el artista a través de sus rotundos triunfos internacionales le permitirá arriesgarse a continuar experimentando en sus composiciones. El pintor introduce en sus pequeñas notas de color a niños bañándose, para investigar las transparencias del agua y los efectos del sol sobre la piel bajo el agua. 

Desde 1912, el gran encargo de los murales para la Biblioteca de la Hispanic Society consume la mayor parte de su tiempo. Cuando no está pintando para el proyecto, pinta para sí, sin la presión de las exposiciones. Cultiva los íntimos y silenciosos cuadros de jardín y pinta algunas de las más hermosas y logradas escenas de playa. Cada vez más, la rapidez, destreza y ligereza que había aplicado en sus apuntes se reflejan en sus obras de mayor envergadura. En sus últimos años, los apuntes que pinta en las playas del norte, especialmente en San Sebastián, muestran su incansable afán de experimentación y una ejecución cada vez más abreviada. Un Sorolla esencial que sigue investigando, a través de sus ‘pequeños formatos’, en la síntesis visual de las formas al aire libre.

Dos visitantes a la exposición ‘Sorolla. Cazando impresiones’. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Sorolla, la forja de un genio novelada por Alandes

‘Las tres vidas del pintor de la luz’, de Javier Alandes
Editorial Sargantana, 2020
2 de mayo de 2020

La imagen que tenemos de Joaquín Sorolla es la de un hombre maduro en la cima del éxito, trabajador incansable y buen padre de familia. Menos se sabe de la dura etapa de formación y aprendizaje de un joven que a los dos años perdió a sus padres en la epidemia de cólera que asoló Valéncia a mediados del siglo XIX. Adoptado por sus tíos maternos, sus innatas dotes artísticas le avalaron una sólida educación, primero en la Escuela de Artesanos y más tarde en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos.

Como si el destino quisiera compensarle de su precoz orfandad, Joaquín encontró un protector en la figura de Antonio García Péris, prestigioso fotógrafo valenciano en cuyo estudio trabajó como iluminador, una tarea especializada que le introdujo en el uso de los colores que tan bien supo manejar. La estrecha relación que tuvo con su mentor se oficializó años después al contraer matrimonio con su hija, Clotilde García del Castillo.

Entre la realidad y la ficción novelesca, Javier Alandes relata la etapa de juventud del artista universal en su cuarta novela, ‘Las tres vidas del pintor de la luz’ (Sargantana). Un carboncillo firmado por Sorolla que su abuelo tenía en casa es el punto de inspiración y arranque de un relato que describe la forja de un genio. La primera etapa de formación de Sorolla en busca del estilo que le caracteriza y que le granjeó prestigio internacional como pintor de la luz mediterránea. «Sorolla no se levantó un buen día y comenzó a pintar playas, mar, velas y bueyes arrastrando barcas», dice Alandes. «Su genialidad fue resultado de un proceso creativo que se inició en su juventud».

Tras ahondar en su biografía, describe al artista como lo que hoy llamamos un emprendedor. «Lo fue hace más de ciento cuarenta años cuando ni siquiera existía esa palabra. Apostó toda su formación al arte, no se veía haciendo otra cosa en la vida, y se centraba también en su familia. En esa búsqueda de su estilo, acometió proyectos inmensos, como el del cuadro ‘Defensa del parque de Monteleón’, que se relata en la novela».

El libro se divide en tres partes. La primera transcurre entre 1915 y 1974, la segunda entre 1878 y 1909, y la tercera en la actualidad. Y los tres respectivos protagonistas, separados en el tiempo, descubren ignorados lazos que les unen. El joven Joaquín es el protagonista de la primera parte que relata su etapa de formación en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de València. La llegada de un nuevo profesor y la rivalidad con Marcos Galarreta, otro de los alumnos, serán la semilla del genio con el que Sorolla asombrará al mundo.

‘Defensa del parque de artillería de Monteleón’ (1884), de Joaquín Sorolla.

Para documentase sobre la València de finales del XIX, Alandes ha recurrido a la rica cartografía existente y otros documentos. «Existen muchas cartas y escritos de Sorolla y otros personajes valencianos de la época, como los Benlliure o Blasco Ibáñez. De Antonio García Peris, suegro de Sorolla y uno de los precursores de la fotografía en España, se conservan cientos de fotografías y retratos de su trabajo, que reflejan calles, vestuario y costumbres de dicha época».

El antagonista de Sorolla, Marcos Galarreta es un personaje de ficción. «Necesitaba un contrapunto, alguien que le espoleara continuamente a seguir buscando, a no rendirse. En cierto modo ésta es también una novela de aventuras. Las búsquedas de cada uno de los personajes, sus investigaciones, sus alegrías y sus decepciones necesitan de otros personajes que las equilibren».

‘Las tres vidas del pintor de la luz’ se enmarca en el género de ficción histórica. Partiendo de hechos reales, pues todos los datos de la vida de Sorolla son absolutamente ciertos, el autor añade personajes y situaciones ficticias para generar hipótesis sobre cómo surgieron algunas de las grandes obras del pintor.

Aprovechando el confinamiento, Alandes, que es docente de emprendimiento y conferenciante, trabaja en su cuarta novela, también relacionada con la pintura y de ficción histórica. «Además de disfrutar de una buena historia, este género sirve para aprender curiosidades sobre un determinado momento o contexto histórico», concluye Javier Alandes.

El escritor Javier Alandes.

Bel Carrasco

La mujer en la obra de los pintores modernos valencianos

Imágenes de la mujer en el arte moderno valenciano (1880-1936)
Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Valencia
Hasta finales de julio de 2016

La mujer fue sistemáticamente excluida de la actividad intelectual y creativa durante siglos. Salvo contadas excepciones, limitada a ser objeto de inspiración o consumidora pasiva. ¿Cómo contribuyó el propio arte a construir los distintos estereotipos femeninos y perpetuarlos a lo largo del tiempo? A esta pregunta pretende responder la exposición Imágenes de la mujer en el arte moderno valenciano (1880-1936) que se exhibe en la Sala del Ayuntamiento de Valencia hasta finales de julio. Se puede considerar la primera muestra colectiva de estos artistas seleccionada con criterios, no estilístico o temáticos, sino de género.

Reúne 59 obras de pintores que trabajaron entre 1880 y 1936, como José Manaut, Cecilio Pla, Manuel Benedito, Pepito y Juan Antonio Benlliure, José Pinazo, Antonio Fillol, Gabriel Puig Roda, Leopoldo García Ramón, etcétera, junto a un par de Sorollas. Además, carteles, orlas académicas, ex-libris y portadas de revistas. Organizada por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento  de Valencia con el apoyo de Javier García, técnico de la Oficina de Exposiciones del Servicio de Patrimonio Histórico y Artístico, este proyecto ha sido  dirigido por la joven historiadora del arte Mireia Ferrer que ofrece una mirada nueva sobre el pasado. Algunas claves para comprender cómo se construyeron los distintos estereotipos del llamado sexo débil, sinónimo de fragilidad, animalidad o perversidad, ampliamente representada en  diversas modalidades de la femme fatale.

Mors in vita, de Fernando Cabrera Cantó. Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Valencia.

Mors in vita, de Fernando Cabrera Cantó. Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Valencia.

“El objetivo de la exposición es mostrar cómo muchos de los modelos de mujeres que se crearon en esa época prevalecen todavía hoy en día, y cómo es necesario que las mujeres seamos capaces de desprendernos definitivamente de ellos”, dice Mireia Ferrer.

La mayoría de las imágenes plasman a la mujer burguesa, pero también a las proletarias como  Ofelias modernas, jóvenes suicidas en el contexto de una  sala de autopsias o la morgue. La exposición se divide en cuatro grandes bloques que agrupan los principales categorías femeninas analizadas: La mujer como encarnación de la muerte y enfermedad, como ángel del hogar, en su faceta malévola de femme fatale y, por último, realizando actividades consideradas varoniles, como jugar al tenis, pintar, hacer fotos o practicar la natación: el nacimiento de la mujer moderna. Entre las más curiosas, una acuarela de Enrique Pertegás dedicada a la espía Mata-Hari.

Los pintores modernistas valencianos no presentan ninguna peculiaridad en su visión de la feminidad respecto a los artistas de otros países. “Esa es quizás una de las grandes evidencias del pensamiento occidental, no importa que nos refiramos a Paris, Berlín, Madrid, Nueva York o Valencia”, indica Ferrer. “Entre todas las construcciones culturales propias de la mentalidad occidental, la de género es la única que se muestra semejante en casi todas las latitudes. Podemos encontrar modelos de femme fatale, de new woman tanto en el arte valenciano como en el arte vienés, parisino, inglés o norteamericano de la época. Lo que sí es cierto es que el excelente talento como dibujantes y coloristas que caracterizó a los miembros de la escuela  valenciana,  hizo que muchos de ellos fueran muy solicitados como ilustradores de revistas, como el caso de Cecilio Pla. Por ese motivo sus obras dedicadas a la mujer son muy abundantes”.

Mireia Ferrer junto al cuadro Retrato de Felicidad Marín, de José Manaut. Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Valencia.

Mireia Ferrer junto al cuadro Retrato de Felicidad Marín, de José Manaut. Sala de Exposiciones del Ayuntamiento de Valencia.

La sección Mujer moderna está presidida por un retrato de José Manaut realizado en 1933 de Felicidad Marín, primera profesora de Educación Física que ejerció en el Colegio Cervantes, que con más de 90 años vive todavía.  En esta sección ya se atisba un cambio de rumbo en la visión de lo femenino. ¿Significa una ruptura con la etapa anterior o todavía se mantiene la percepción de la mujer como un ser inferior, más débil y volátil que el varón? “Fue una ruptura, pero este modelo, el de la nueva mujer y el feminismo no fue asimilado de manera homogénea en España, existieron actitudes más laxas y planteamientos más radicales, como hubieron modelos de mujer más modernas o menos”, responde Ferrer. “Lamentablemente, esta nueva mujer que demandaba mayores cotas de igualdad y capacidad de decisión sobre su propia vida, no tuvo ocasión de desarrollarse. Los acontecimientos históricos en España, la llegada del franquismo y la recodificación de la mujer con el nacionalcatolicismo, truncaron de raíz el nuevo modelo que se había gestado en las primeras décadas del siglo XX”.

Mireia Ferrer realizó su tesis sobre los pintores valencianos en París. En el año 2000 comenzó a impartir un curso de extensión universitaria, Mujer e Historia del Arte en la Universitat de València y la Universitat d’Alacant junto con el Institut de la Dona. “Que fuera un seminario de extensión universitaria pone en evidencia las carencias de muchos planes de estudios que dedican escasa atención al tema por lo que los docentes deben  encajarlo en asignaturas no referidas al mismo”, señala Ferrer.” Los estudios de género son entendidos como algo muy específico, cuando deberían ser integrados como parte esencial de la Historia del Arte, del pensamiento y la cultura en general”, concluye.

Vista general de la exposición en Sala de Exposiciones del Ayuntamiento.

Vista general de la exposición en Sala de Exposiciones del Ayuntamiento.

Bel Carrasco

Iconografía de mujer en el Ayuntamiento

Imágenes de la mujer en el arte moderno valenciano (1880-1936). Construyendo géneros   Comisariada por Mireia Ferrer Álvarez
Sala de Exposiciones del Ayuntamiento
C / Arzobispo Mayoral s/n. Valencia
Hasta el 10 de julio de 2016

La exposición ‘Imágenes de la mujer en el arte moderno valenciano (1880-1936). Construyendo géneros’,  plantea una aproximación desde la perspectiva de género a los modelos representacionales mediante los cuales se ha construido la imagen de la mujer en la modernidad y cómo esta ha jugado un papel determinante en la conformación de las prácticas sociales y de nuestro imaginario colectivo. La muestra ha sido comisariada por Mireia Ferrer Álvarez, profesora del Departament de Història de l’Art de la Facultat de Geografia i Història de la Universidad de Valencia.

La exposición se estructura en cuatro temas: Mujer, muerte y enfermedad; Femme Fatale; el ángel del hogar y la New Woman. En ellos se abordan tipologías iconográficas como la Ofelia moderna, la tísica sublime, el dolce far niente, las vírgenes a medias, la animalidad, la mujer diablo, Eros y Tanathos, la prostitución, o la Nueva mujer.

Vista general de la exposición. Imagen cortesía de la comisaría.

Vista general de la exposición. Imagen cortesía de la comisaria.

Componen la muestra más de medio centenar de pinturas, grabados y dibujos, de artistas valencianos, entre los que se cuentan Joaquín Sorolla, Cecilio Pla, Manuel Benedito, José Benlliure, José Mongrell, José Manaut, Antonio Fillol, Arturo Ballester, Peppino Benlliure, Fernado Cabrera Cantó o Alfred Claros, entre otros.

Una propuesta para meditar sobre el papel del arte como reflejo de la mentalidad de una época y al mismo tiempo como elemento activo en la construcción del imaginario colectivo femenino.

Cartel de la exposición.

Cartel de la exposición.

Ilustraciones de ilustres valencianos

Il.lustres valencians il.lustrats
Llibres de la Drassana
Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia

No son caricaturas ni tampoco retratos tradicionales. El ilustrador Migue Martí ha acuñado una forma personal de representar una galería de personajes ilustres con los mínimos trazos, a base de enfatizar los rasgos más visibles de su fisonomía. El  resultado se plasma en Il.lustres valencians il.lustrats (Llibres de la Drassana), una guía básica de los hombres y mujeres de la Comunidad Valenciana que a lo largo de los siglos XIX y XX dejaron huella en el mundo del arte, la cultura y otros ámbitos. Son en total 95 personajes seleccionados entre 150, cuya vida y obra resume la historiadora Judith Coronado. Parte del proyecto, cinco diseños grandes y diez más pequeños se pueden contemplar a lo largo de este mes de marzo en la galería Pepita Lumier de la calle Segorbe.

Ilustración de Concha Piquer. Il.lustradors valenciana il.lustrats. Llibres de la Drasana. Pepita Lumier.

Ilustración de Concha Piquer. Il.lustradors valencians il.lustrats. Llibres de la Drasana. Pepita Lumier.

“He querido hacer una revisión actualizada de aquellos antiguos retratos de nuestros abuelos que fuera también un homenaje a la memoria de los grandes valencianos”, dice Martí. “Para ello en cada caso enfatizaba los rasgos más acusados de su rostro, a veces algún adorno como el broche en forma de nota musical de Lucrecia Bori. Una nariz grande, un bigote, un lunar me facilitaban la tarea. Uno de los que más me costó plasmar fue mi querido y admirado poeta Vicent Andrés Estellés”.

En este quién es quién ilustrado aparecen lógicamente las grandes celebridades, como  Blasco Ibáñez, Sorolla o Joaquín Rodrigo. Pero también personajes populares hoy casi olvidados, como el ventrílocuo Francisco Sanz, el ingeniero Francisco Mora,o el dibujante y fotógrafo Enrique Pertegás. El más antiguo, el escritor  Wenceslao Ayguals de Izco (Vinaroz, 1801-Madrid, 1875) y el más reciente otro escritor, Rafael Chirbes, fallecido el pasado año en Beniarbeig del que Martí ha logrado un sorprendente parecido con sólo tres trazos.

Ilustración de Joep Segrelles. Llibres de la Drassana. Pepita Lumier.

Ilustración de Joep Segrelles. Llibres de la Drassana. Pepita Lumier.

Las mujeres son minoría, un 20%, fiel reflejo del escaso espacio público que ocupaban antaño. Están representadas la escritora romántica Amalia Fenollosa, la soprano Lucrecia Bori, la política María Cambrils, la primera abogada de España, Ascensión Chirivella y la bailarina y coreógrafa Olga Poliakoff.

Con esta galería de personajes ilustres en clave contemporánea los autores pretenden mostrar que, más allá de los casos de corrupción y descrédito político, la Comunidad ha aportado grandes figuras al mundo de la cultura y el arte.

“Hemos invertido un año y medio en este proyecto destinado a lectores de todas las edades”. Efectivamente. La frescura y simplicidad de las ilustraciones  las hace muy adecuadas para introducir a los niños y jóvenes en las glorias del pasado cuyo fulgor no empaña el paso del tiempo.

Algunos de los ilustradores valencianos ilustrados.

Il.lustradors valencians il.lustrats. Llibres de la Drassana. Pepita Lumier.

Bel Carrasco

Los pensamientos a mano de Sorolla

Sorolla, apuntes en la arena
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 25 de mayo de 2016

“Es un género frágil”, apuntó Felipe Garín, director del Centro del Carmen, refiriéndose al dibujo. De ahí las dificultades para su exposición. Joaquín Sorolla, dibujante compulsivo, realizó miles. Y no ha sido hasta ahora, gracias a un arduo trabajo de conservación y catalogación por parte del propio Museo Sorolla, que ven la luz los 120 expuestos en el Centro del Carmen. Son una parte minúscula pero muy relevante de los más de 5000 catalogados.

¿Por qué relevante? Porque como explicó el propio Garín y la comisaria de la exposición Sorolla, apuntes en la arena, Consuelo Luca de Tena, directora a su vez del Museo Sorolla, muestran “los procedimientos de trabajo” del pintor valenciano. Algunos de esos dibujos aparecen ligados a otros cuadros del artista, pero en líneas generales permiten conocer la singularidad de lo que fueron simples esbozos u obras con carácter propio. “Es una exposición muy útil, muy amena para el público en general”, destacó Garín. Para Albert Girona, secretario autonómico de Cultura, la muestra se centra en la elaboración de los dibujos que realiza Sorolla “a orillas de nuestras playas con elementos casi etnográficos”.

'Bajo el toldo, playa de Zarautz', de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

‘Bajo el toldo, playa de Zarautz’, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

La muestra se halla dividida en algunos de los aspectos que primaron en la obra de Joaquín Sorolla: la playa, el mar, las mujeres, las barcas, las velas, los bueyes o el trabajo en el mar. Famoso por atrapar como nadie la luz del mediterráneo en sus lienzos, la apuesta que llega al Centro del Carmen extiende esa percepción a sus frágiles dibujos. Dibujos en los que Felipe Garín confirmó la práctica ausencia del color. “Es poco frecuente. Todo lo más utiliza el clarión para reforzar algún aspecto del cuadro”.

El conjunto de dibujos, junto a algún cuadro grande y ciertas notas de color, no se había expuesto hasta la fecha, lo que supone un valor añadido a estos “apuntes en la arena” de Sorolla. De nuevo, la fragilidad atravesando la totalidad. Fragilidad del dibujo, cuyo papel corre el riesgo de la degradación temporal, y fragilidad de los apuntes tomados a pie de la inconstante arena. “Sorolla pensaba con las manos”, subrayó Garín. Y sus manos, como el pensamiento, no sabían de irregularidades o dificultades para expresar aquello que Sorolla miraba con gran pasión.

Madre con su hijo, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Madre con su hijo, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Además, esa impulsividad a la hora de dibujar, le venía condicionada por la propia naturaleza. En ella, ningún objeto, ninguna figura está quieta. Y aunque lo estuviera, como recordaba el pintor, cambiaba por la luz del sol que tampoco está nunca quieta. Así veía Sorolla el proceso creativo y así se recoge en sus dibujos, donde bastan unos trazos para iluminar la figura femenina, un ser casi mitológico para el artista valenciano, sus barcas o esas playas inmortales de su vasta producción.

“Sorolla dibujaba como el que respira y producía estos dibujos casi a diario”, puntualizó la comisaria de la exposición, en la que también estuvieron presentes Beatriz Alventosa, directora comercial de CaixaBank en la Comunitat Valenciana, e Isabel Salgado, directora de exposiciones de la Obra Social La Caixa, como entidad colaboradora junto al Consorcio de Museos de una muestra producida por la Fundación Museo Sorolla. Garín abundó en la presencia del dibujo, “un género que no ha gozado de la importancia que merece”. A ver si ahora, tratándose de un material inédito de Sorolla, la cosa cambia. “Detrás de esa aparente naturalidad que tenía [Sorolla] al pintar” hay “una amplia disciplina de estudio y de dibujo”, concluyó Luca de Tena. Sorolla, apuntes en la arena, viajará después del 29 de mayo a Girona y Tarragona, tras haber pasado ya por Madrid y Lleida.

Ver noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Figura en la arena, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Figura en la arena, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Salva Torres

Sobre el escaso coleccionismo y otros silencios

A propósito de Evolución
Centro del Carmen de Valencia

‘Evolución’ es el título de la muestra que recientemente se clausuró en una de las salas de exposiciones del Centro del Carmen de Valencia. Esta importante selección de obras de la colección Aena consta de artistas españoles, portugueses e iberoamericanos, representativos del intervalo de tiempo que transcurrió entre el informalismo y el grupo El Paso, junto a lenguajes y creaciones más recientes de las artes plásticas.

Admirable el mérito de esta exposición de Aena que recorre el país para mostrar las más de 1700 obras de arte contemporáneo que integran este valioso conjunto artístico y, repito, admirable y valiente, cuando el coleccionismo contemporáneo sigue siendo escaso y, sobre todo, silencioso en España. La carencia de estudio y atención hacia estas colecciones nada tienen que ver con los estudios realizados hacia grandes colecciones formadas por la nobleza, la iglesia y las casas reales de siglos anteriores, pero las modas cambian, hay nuevos perfiles de coleccionistas, y los lugares geográficos que acogen estas colecciones son cada vez más exóticos y lejanos.

Sin ir más lejos, en pleno siglo XX y XXI importantes coleccionistas están surgiendo por Oriente Medio como es el caso de la casa Real de Catar, que aspira a situar su colección de arte entre las mejores del mundo, algo nada extraño cuando este pequeño Emirato disfruta de la mayor renta per cápita del planeta.

De todas formas, en los siglos XIX y XX el poder económico de las clases altas para algunos, coleccionistas-mecenas para otros, son impulsados a coleccionar junto a nuevos coleccionistas como la clase media o los ricos industriales. La colección Lladró es un claro ejemplo de nuevos ricos que han apostado por el arte, centrando sus adquisiciones mayoritariamente en pintura valenciana como Ignacio Pinazo, Juan Ribalta o Joaquín Sorolla entre otros,  junto a artistas significativos del arte español.

Pero los coleccionistas en su mayoría buscan y necesitan de la cooperación con instituciones que persigan fines culturales para asegurar la viabilidad y sostenibilidad de sus colecciones, como la de Patricia Phelps de Cisneros, una importante colección que mantiene fructíferas relaciones con el museo Reina Sofía en Madrid e instituciones como el Moma de Nueva York y parte del territorio de América del Norte y del Sur.

Vista general de la exposición Evolución en el Centro del Carmen.

Vista general de la exposición ‘Evolución’, de la colección Aena, en el Centro del Carmen.

La importante ex galerista Soledad Lorenzo tras cerrar las puertas de su espacio madrileño de la calle Orfila en 2012, nos recuerda la mala salud que el mundo de las galerías de arte está sufriendo por una crisis que ha golpeado fuertemente al mundo del arte y con ello las ya deterioradas ganas de coleccionar.

Estos galeristas con muchos años de trabajo y lucha a sus espaldas, poseen importantes colecciones que escasamente, y muy de vez en cuando, podemos conocerlas gracias a las instituciones de turno que las reciben ante la ocasión de exponer obras de artistas más desconocidos dentro de las listas de los museos, pero más conocidos y habituales en las programaciones expositivas de las galerías de arte. Por ello se agradece la valiosa labor de los museos públicos ofreciendo sus sedes, tras una donación, compra o convenio de colaboración, como respaldo a la actividad privada y como recientemente ha ocurrido con las exposiciones de las colecciones de arte contemporáneo de Soledad Lorenzo y Helga de Alvear.

Cada coleccionista merece un estudio diferenciado, y en cada caso podrían establecerse factores humanos, económicos, y sociales que aplicasen la trayectoria y composición actual de su colección.

Como es el caso de la familia Yera. El tesón y la voluntad de sus miembros ha servido para contribuir al conocimiento de la obra y pensamiento de estos y muchos más artistas como José Guerrero, José María Yturralde, Darío Villalba, Luis Feito, Equipo Crónica, Antonio Saura, Manuel Millares o Juan Genovés, dejando patente las corrientes pictóricas de mitad del siglo XX, como reflejo y valioso testimonio de una época española dentro del panorama artístico internacional, una labor que fue distinguida con el Premio Arco al Coleccionismo privado en el año 2012.

Con una personalidad más vocacional, Hans Rudolf Gerstenmaier de nacionalidad alemana decía que: «todos en nuestra niñez hemos empezado a coleccionar con sellos o cajas de cerillas o cualquier otra cosa», pero el contacto permanente con la historia y la cultura que vivió en España desde joven, fueron la causa y el motivo suficiente para reunir en treinta años más de doscientas pinturas europeas de diversas escuelas y procedencias, donde destaca principalmente la pintura Flamenca del siglo XV al XVII.

Imagen de la exposición de la Colección Aena en el Centro del Carmen.

Imagen de la exposición ‘Evolución’, de la Colección Aena, en el Centro del Carmen.

Las pinturas religiosas, los retratos, los bodegones, los temas mitológicos o las naturalezas muertas se mezclan en esta colección a través de artistas como Anton Van Dyck, Pedro Pablo Rubens, Alexander Adriaenssen, Jan Brueghel De Velours, Juan Van Der Hamen y León, Hendrick Van Ballen, Christian Coclers, Andries Danielsz  y el padre e hijo, Gaspar Pedro y Pieter Verbruggen (el viejo y el joven). Obras de gran belleza y muy superiores a lo conocido hasta aquel momento, predominando la función decorativa destinada a los salones de palacios nobles de Italia y los Países Bajos.

Pero las peripecias hereditarias y los reveses económicos se suman a la crisis actual, lo cual ha provocado un escaso desarrollo y vacío difícil de remontar en cuanto a la apreciación y promoción del arte moderno desde el siglo XIX, primando en muchos casos otros intereses tanto o más que los puramente artísticos, un vía crucis que puede traer graves consecuencias sobre todo al futuro del coleccionismo, por ello destacamos las conocidas colecciones, Carmen Thyssen-Bornemisza, las colecciones de Arte de Telefónica, Iberdrola, la colección Frick o el de la Fundación Suñol, que nos recuerdan la buena salud de algunas colecciones privadas y la necesidad de que existan por el bien del mundo del arte.

El crítico Rafael Sánchez Mazas dijo de la obra de Vazquez Díaz en la colección Rafael Botí: «Ha sabido ser, cuanto más fino y luminoso, más fuerte y más sabiamente constructor. En él se ha dado una rara coincidencia: el progreso de la razón con la intuición pictórica».

Antonio Barroso

Los secretos del Cabanyal

Ruta turística por el Cabanyal
Turismo Cultural Turiart
Todos los jueves de agosto, 10 y 24 de septiembre y 8 de octubre

El barrio de El Cabanyal es uno de los escenarios más auténticos y con más historia de la ciudad de Valencia. Gracias a su idiosincrasia y diversidad cultural, su popularidad ha crecido exponencialmente en los últimos años aunque no ha estado exento de polémica. Con el objetivo de dar a conocer este barrio tan conocido y olvidado a la vez, la empresa de Turismo Cultural Turiart ha preparado una ruta a la fresca durante los meses de verano la cual se estrenó el 6 de agosto de 2015.

Vista del barrio del Cabanyal. Cortesía de Turiart.

Vista del barrio del Cabanyal. Cortesía de Turiart.

Durante hora y media Turiart acercará al carácter propio de este distrito de pescadores, conocido por su carácter popular, su tranquilidad y la vida de sus calles. El itinerario, el cual comienza desde la propia Estación de Renfe con el mismo nombre, abarca desde la historia y pasado del barrio hasta la problemática más reciente, conocida por todos a través de medios de comunicación y asociaciones proteccionistas del barrio.

Así mismo se recordará la presencia de valencianos ilustres como Joaquín Sorolla o Josep Renau, quienes escogieron este escenario para inspiración de sus obras. Se atravesarán calles que aún conservan la arquitectura decimonónica popular y casas que narran historias de gente humilde y sencilla a través de sus paneles cerámicos. Bajo la luz cálida de las farolas y la suave brisa marítima se conocerán los secretos de este barrio con encanto que está por reconsiderar y redescubrir.

La creación de la ruta corresponde a Turiart, empresa líder en Turismo Cultural en la Comunidad Valenciana. La ruta está dirigida tanto a valencianos como a visitantes de la ciudad y se llevará a cabo todos los jueves de agosto, el 10 y 24 de Septiembre y el 8 de Octubre de 2015. Ésta partirá a las 23.00h desde la estación de Renfe-Cabanyal.

El coste por persona es de 10 Euros aunque la empresa ofrece descuentos para grupos y familias. Se pueden consultar más detalles en www.turiart.com así como realizar solicitudes de información para grupos en exclusiva o en idioma.

Vista del barrio del Cabanyal. Cortesía de Turiart.

Vista del barrio del Cabanyal. Cortesía de Turiart.

 

El principiante Segrelles

Los dibujos académicos de Segrelles
Sala de Exposiciones de IberCaja
C / Barón de Cárcer, 17. Valencia
Inauguración: jueves 30 de abril
Hasta el 30 de mayo, 2015

Antes de alcanzar el éxito internacional, de ilustrar las portadas de publicaciones como The New York Times o la traducción de ‘Las 1.001 noches’ firmada por Vicente Blasco Ibáñez, mucho antes de convertirse en el artista que acabaría inspirando a cineastas como Guillermo del Toro, José Segrelles fue un niño de 8 años que demostraba un talento innato para dibujar en la escuela de su Albaida natal.

Un modesto centro de enseñanza primaria que un día visitó el Rector del Distrito Universitario de Valencia por aquel entonces, Francisco Moliner Nicolás, quien se quedó impresionado por el retrato que le hizo uno de los niños hasta el punto de insistir a su familia para que lo llevaran a la Escuela de Bellas Artes.

Fue así, por casualidad, como Segrelles llegó a la Academia de San Carlos en Valencia, donde de  1898 a 1903 tallaron a ese diamante en bruto con una formación cuyos frutos recoge la muestra ‘Los dibujos académicos de Segrelles’. Una exposición que se inaugura el 30 de abril y que puede visitarse hasta el 30 de mayo en la Sala de Exposiciones de IberCaja.

Dibujo de José Segrelles. Cortesía de IberCaja.

Dibujo de José Segrelles. Cortesía de IberCaja.

La colaboración de coleccionistas privados ha permitido reunir un total de 34 piezas, la mayoría inéditas. Un extenso conjunto para trazar un recorrido por el aprendizaje del joven Segrelles en aulas que compartían talentos como Pinazo, Benlliure o Fillol, casi una escuela de genios en uno de los periodos más fértiles del arte valenciano.

«Esta selección de obra permite asomarse a una de las etapas más desconocidas y curiosas de un artista, su formación, cuando empiezan a despuntar las claves de su estilo» comenta Vicent Vila, comisario de la muestra y director del Escalante Centre Teatral, que ya acogió esta temporada una exposición sobre el pintor.

Sandro Carbó, miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte y coautor del catálogo de esta exhibición, destaca el retrato que se realiza a través de sus obras tempranas de un periodo fundamental del artista cuando adquirió los sólidos fundamentos técnicos que le acompañarían el resto de su trayectoria, convirtiéndole en un ilustrador a la altura de maestros como Doré o Rackman. Pero antes tuvo que pasar por las aulas y someterse a las directrices de profesores como Antonio Muñoz Degrain o Sorolla, que llevaba a los alumnos a la playa para dibujar en movimiento.

Con solo 13 años, Segrelles recibió la Medalla de San Carlos por sus excelentes calificaciones, «aunque en sus trabajos de clase encontramos a un artista que intenta cumplir con las normas académicas al tiempo que va conformando su propio estilo» señala Joan Josep Soler Navarro, Miembro de ICOM-Unesco y otro de los autores del catálogo.

Una personalidad artística que, a medida que crece, va sintiéndose asfixiada por el ambiente académico. Sin embargo, su formación se verá truncada por la muerte de su hermano, que le obliga a regresar a su Albaida natal. Pero éste no es más que el cierre del primer episodio de una apasionante historia en la que Segrelles desarrolló una rica y fructífera carrera.

Una trayectoria a la que, paralelamente, se rinde homenaje en la muestra ‘J. Segrelles. El laberinto de la fantasía’, programada  hasta finales de mayo en el MuVIM. Una propuesta que se complementa perfectamente con este acercamiento al despertar del artista valenciano que realizan los 34 dibujos alojados en la Sala de Exposiciones de IberCaja, cercana al Mercado Central.

Dibujo de José Segrelles. Cortesía de IberCaja.

Dibujo de José Segrelles. Cortesía de IberCaja.

De Sorolla a Equipo Crónica

Patrimonio artístico de la Diputación de Valencia
MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 25 de mayo

Nada más entrar en la sala Alfons Roig del MuVIM el espectador se topa con el cuadro de Joaquín Sorolla ‘Pescadoras valencianas’. Y al fondo de la sala Parpalló, llamando poderosamente la atención del público, se yergue ‘El intruso’, obra del Equipo Crónica. Así se abre y se cierra el magno recorrido expositivo propuesto por el MuVIM para celebrar los 200 años de existencia de la Diputación de Valencia. En total, 122 imágenes de un patrimonio integrado por más de 2.000 obras de su fondo artístico, al que se suman los 147 documentos expuestos en el hall del museo pertenecientes a su archivo. De manera que el ente foral no ha sacado toda su vajilla para conmemorar el bicentenario, pero sí una amplia y brillante cubertería.

Paper cremant, de Artur Heras, en la sala Parpalló del MuVIM.

Paper cremant, de Artur Heras, en la sala Parpalló del MuVIM.

¿Una colectiva de obra propia para festejar tamaña longevidad en tiempos de crisis? Pues no, porque aprovechando la fiesta se han restaurado muchas de las obras expuestas, para regocijo de los finos paladares artísticos. Y así, la Diputación de Valencia se viste de gala, llenando las salas Alfons Roig, Parpalló y el propio hall del MuVIM con un centenar de imágenes de los más ilustres artistas valencianos. Desde los inevitables Sorolla y Pinazo, a los Ribera Berenguer, Albalat Iranzo, Barberá Zamora, Ribalta o Segrelles, pasando por Armengol, Cillero Dolz, Vicente Peris, Artur Heras, Miró, Michavila, Sempere, Boix, Genovés, Iranzo o el citado Equipo Crónica.

Vista de Valencia, de Juan Ribera Berenguer, en la sala Alfons Roig del MuVIM.

Vista de Valencia, de Juan Ribera Berenguer, en la sala Alfons Roig del MuVIM.

El cuelgue expositivo es majestuoso. Dividida en dos partes, la dedicada al Patrimonio artístico: dibujo y pintura, y la relacionada con el Patrimonio documental del Archivo General y Fotográfico, la muestra apabulla por tan deslumbrante pintura, que tiene el contrapunto pintoresco, valga la redundancia, de la documentación desplegada en el hall, con mapas, banderas y fotografías sepia de época. El lema que hizo famoso Román de la Calle durante su dirección en el MuVIM, “no hay exposición sin reflexión”, aguarda su turno para que tamaño despliegue pictórico no se quede en la tradicional muestra de obra colgada sin trasfondo teórico.

Martiri de San Sebastià, de Manuel Boix, en la sala Parpalló del MuVIM.

Martiri de San Sebastià, de Manuel Boix, en la sala Parpalló del MuVIM.

En cualquier caso, ahí están las 122 imágenes como prueba fehaciente del tesoro artístico que ha ido acumulando la Diputación a lo largo de sus 200 años de historia. Los ‘Juegos Icarios’ o ‘Las hijas del Cid abandonadas en el bosque’, de Ignacio Pinazo, darían para una truculenta historia de bizarras intenciones posmodernas. Y tanto las vistas de Cuenca como las de Valencia, de Agustín Albalat Iranzo y Juan de Ribera Berenguer, respectivamente, parecen sacadas del mejor expresionismo alemán cinematográfico. Todo ello en la sala Alfons Roig, que se nutre de gran parte de la pintura valenciana del siglo XIX y buena parte del XX. Metidos de lleno en la Parpalló, vamos encontrando ejemplos de la segunda mitad del pasado siglo, trufado de azules Yturralde, Malvarrosas Michavila, convites con moscas de la casa Armengol o los ‘Fumadores’ de Iranzo.

Convit, de Rafael Armengol, en la sala Parpalló del MuVIM.

Convit, de Rafael Armengol, en la sala Parpalló del MuVIM.

También destacan la serie ‘Escrituras’ de Carmen Calvo, la ‘Estructura’ en azul de Eusebio Sempere, ‘La escalera’ de Juan Genovés o el sorprendente ‘Paper cremat’ de Artur Heras, antes de toparnos con las ‘Primeras zanjas en Usera’, de Equipo Realidad, el Martiri de San Sebastià, de Manuel Boix o la definitiva ‘El intruso’, de Equipo crónica, ya mencionada como colofón del recorrido por tamaño bicentenario. La Diputación de Valencia, por medio del MuVIM (que tan pronto se hace eco de Bruno Lomas y Nino Bravo como se sumerge en más hondas y profundas aguas artísticas), conmemora su efemérides a golpe de patrimonio sacando pecho en tiempos de penuria económica.

'El intruso', de Equipo Crónica, en la sala Parpalló del MuVIM.

‘El intruso’, de Equipo Crónica, en la sala Parpalló del MuVIM.

Salva Torres