Museo BBAA

#MAKMAArte
Colección Masaveu. Sorolla
Sala Joanes de exposiciones temporales
Comisariado institucional: Fundación María Cristina Masaveu Peterson
Organizada por: Fundación María Cristina Masaveu Peterson y Museo de Bellas Artes de València
Museo de Bellas Artes de València
San Pío V 9, València
Del 29 de junio al 1 de octubre de 2023
Prorrogada hasta el 15 de octubre de 2023

El diseño actual de los montajes expositivos ha consolidado la experiencia en la sala a través de contenidos y formatos que anteriormente no tenían cabida en los museos. Estos escenarios funcionan como un reto cuyo proceso permanece vivo, donde cada grupo de piezas genera un diálogo identificado para cada lugar. La polisemia combina así un atractivo discurso entre la obra y la arquitectura, acompañado de otros elementos auxiliares que trazan nuevos lenguajes.

De forma sucinta, podemos revisar ese camino de la mano de los primeros proyectos renovadores de las exposiciones del siglo XX que fueron impulsados por los directores Alexander Dorner (desde el museo de Hannover) y Alfred Barr (en el MoMA de Nueva York) junto a otros diseñadores, comisarios y artistas. En este sentido, nos detenemos en los proyectos del arquitecto y escenógrafo Frederick Kiesler, que desde los años veinte experimentaron múltiples posibilidades de intervención en el espacio.

El artista ideó un sistema denominado L y T con nuevas posibilidades de escenificación de los objetos artísticos, obteniendo como resultado el ensayo de un ambiente inédito, adaptable y con posibilidades de transporte. Este elemento revolucionaría el marco físico de la exposición.

La técnica compuesta por sistemas de paneles permitía que las piezas no colgaran del muro para permanecer separadas físicamente de la decoración de la sala. Además, se convertía en un procedimiento interactivo que impulsaba la relación dinámica con el espectador. La ‘Exposición Internacional de las Nuevas Técnicas Teatrales’de 1923 en Viena sería testigo con 600 dibujos presentados sin marco, junto a marionetas, fotografías o modelos de producciones de teatro.

Todos fueron montados en los elementos L y T, cuya actuación se repetiría en 1942 en la exposición inaugural de la galería Peggy Guggenheim, ‘Art of This Century’, donde además se incorporaron algunos lienzos montados sobre bates de béisbol. Con todo ello, Kiesler idea un nuevo andamiaje de juego de formas, combinado con un sugerente sistema de iluminación.

Detalle de la exposición ‘Earth. A Retrospective’, por El último grito y la colección Per Amor a l’Art. Bombas Gens Centre d’Art de València.

Acercando esta perspectiva a nuestros días, comprobamos cómo recientemente las nuevas lecturas de la colección de la Fundación Per Amor a l’Art (actual colección José Luis Soler) integran sistemas de ordenación en la sala que recuerdan las posibilidades iniciadas por Kiesler. Las piezas exentas del muro, mostrando las traseras y colocadas en grupos, fueron algunos de los ingredientes que desde El último grito (Roberto Feo y Rosario Hurtado) propusieron para las salas de Bombas Gens.

En el marco de la València World Design Capital 2022 se desarrolla esta narración donde el diseño actúa como un activo intermediario. La exposición ‘Earth: A retrospective’ presentaba así una selección de 300 obras convertidas en una secuencia irregular de imágenes que nos aproximan al lenguaje cinematográfico.

El llamado efecto Kuleshov, al que hacía referencia Salva Torres en su artículo, es un recurso del montaje de cine que interviene en la percepción del espectador y en la creación de significados (‘La Tierra, vista desde el extraño planeta de ‘El último grito’, Salva Torres, MAKMA, 8 de julio 2022). Así, este juego de piezas de la colección permitió a los comisarios diseñar unos planos sin muro, desde la extrañeza de una muestra que reunía obras instaladas a través de formas diferentes y singulares.

Vista panorámica de la exposición ‘Colección Masaveu. Sorolla’, en el Museo de Bellas Artes de Valencia, 2023.

Estas propuestas nos conducen a la exposición protagonista de este artículo que nos brinda el impactante montaje de Colección Masaveu, Sorolla, en el Museo de Bellas Artes de Valencia. El proyecto conmemora el centenario del fallecimiento de Joaquín Sorolla y nos presenta 46 piezas de una de las colecciones privadas más importantes del mundo.

Dos de las claves que la convierten en una experiencia única residen en primer lugar, en la maravillosa selección de fondos del artista valenciano, que explica las claves de su evolución pictórica desde sus inicios en 1882 hasta la segunda década del siglo XX. En segundo lugar, la presentación en la sala se abre a nuestros ojos mediante un sensacional mar de peanas diseñadas por Lina Bo Bardi. Cada una de las piezas corresponde a una obra maestras que, además, mostrada desde este recurso permite observar a Sorolla desde un punto de vista enriquecedor y novedoso.

La forma singular de trazar el proyecto expositivo tiene su esencia en la arquitecta italo-brasileña Lina Bo Bardi, que siempre defendió la importancia del diseño en la sala desde la máxima coherencia con el lenguaje de sus edificios: fluidez, transparencia, flexibilidad, apertura o eliminación de jerarquías. Este discurso quedó reflejado en el Museo de Arte de Sao Paulo (MASP) en los años cincuenta, cuando acogió una de las colecciones de arte internacional más importantes de Latinoamérica.

Buscando el camino para la ordenación de los fondos, la arquitecta diseña en 1968 los conocidos caballetes de cristal, formados por una base de hormigón que sostiene un cristal donde se coloca la obra. Como resultado, los trabajos artísticos parecen estar suspendidos en la sala estableciendo un diálogo peculiar con el edificio.

La ausencia del marco aporta dos ingredientes fundamentales para el montaje. Por un lado, elimina cualquier elemento externo que distorsione la visión. El vidrio va fijado a la base con una cuña de madera y otros componentes metálicos en esa búsqueda de la neutralidad. Por otra parte, permite descubrir la trasera de las piezas, convirtiendo esta acción en un elemento revelador de detalles complementarios a la obra. No sólo desde el punto de vista estético, sino también como fuente de información total del objeto artístico, la nueva estructura abre las puertas sobre a las posibles marcas, firmas o dedicatorias del autor, etiquetas de viajes, compras de coleccionistas, participaciones en ferias, etc.

Sin embargo, el diseño de estas peanas no se comprende sin establecer una clara conexión con su arquitectura. Recordemos la Casa de Vidrio, uno de los trabajos más personales de la autora y que más tarde demostrará cómo la utilización de su combinación favorita, el vidrio y hormigón armado, no queda solamente reflejada en construcciones. También originó otros elementos artísticos que complementan la labor de la museografía y despliegan su propio paisaje.

[“Hablar de cuidar el paisaje (construido y natural) en la obra de Lina Bo Bardi o hablar de ‘Habitat’ es referirse a tres acciones en su arquitectura: habitar el paisaje, recuperar paisajes habitados y la acción curatorial (acción de curar o afecto en sentido amplio; es decir, su actividad cultural, pedagógica, como directora de museos, curadora, activista, profesora).” Lina Bo Bardi: Cuidar el paisaje, [cat. expo.]. Carla Zollinger, ‘Mirar, cuidar y regenerar: Lina Bo Bardi en Bahía’. Colegio territorial de Arquitectos de Valencia, 2022]  

Detalle del catálogo de la exposición ‘Mirar, cuidar y regenerar: Lina Bo Bardi en Bahía’, Colegio Territorial de Arquitectos de Valencia, 2022.

La idea perseguida por Bo Bardi desde esta interesante forma de mirar la exposición, se apoya en sus singulares caballetes y también proponen la desacralización del arte a través de un claro discurso político. Democratizar el acceso del público al museo y desafiar las narraciones históricas establecidas como norma, pasaba por el hecho simbólico de descolgar las obras de la pared y humanizar su espacio circundante (‘Lina Bo Bardi o cómo hacer flotar las obras de arte en el MASP’, Ana Castro, ROOM Magazine, Madrid, marzo 2018).

La propia arquitecta lo definía en el artículo ‘Casas ou museus’ de un diario de Salvador de Bahía, donde en 1958 explicaba la importancia de la construcción de una ciudad a partir de la vivienda y los espacios culturales.

“¿Qué está primero: la casa o los museos? Todo al mismo tiempo: las casas, las escuelas, los museos y las bibliotecas. El programa, o más precisamente, la planificación de una ciudad, no puede olvidar dos edificios públicos que incluso en nuestros días se consideran un lujo intelectual: el Museo y la Biblioteca”.

Pero también trasladaba una clara crítica al modelo de museo anquilosado y fuera de uso. En ese sentido, explica que “para enfrentar el complicado problema del museo hoy en día es necesario partir de una base didáctica y técnica”, fundamentando así su vínculo con el presente para convertirlo en un espacio vivo (‘Crônicas de arte, de história, de costume, de cultura da vida. Aquitectura. Pintura. Escultura. Música. Artes Visuais’, Lina Bo Bardi, Dominical del Diario de Noticias, nº5, Salvador-Bahía, 5 octubre 1958). Por esta razón, una de las contribuciones espaciales y conceptuales de Bo Bardi a la museografía se apoyará en los elementos auxiliares que revisamos en este texto.

Exposición ‘Pedro Masaveu: Pasión por Sorolla’, Centro Niemeyer, Avilés 2018. ©Centro Niemeyer/Manuel Carranza.

El relato en la exposición de Joaquín Sorolla en el Museo de Bellas Artes de Valencia recoge este testigo a través de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, quien incorpora el dispositivo icónico de peanas para presentar las pinturas en la muestra ‘Pedro Masaveu: Pasión por Sorolla’, inaugurada en el Centro Niemeyer de Avilés en junio de 2018.

Este proyecto rindió homenaje, en el 25 aniversario de su fallecimiento, al empresario y filántropo Pedro Masaveu Peterson, subrayando su amor por el arte de Sorolla que lo ha convertido en el principal coleccionista en España. Las estructuras utilizadas estaban inspiradas en los caballetes proyectados por la arquitecta.

Asimismo, la medida estética respondía a dos cuestiones que, siguiendo el espíritu Bo Bardi, otorgaba plena coherencia al resultado. Por un lado, su diálogo con el espacio: recordamos que la sala del Centro Niemeyer cuenta con una estructura diáfana y oval, difícilmente compatible con el montaje tradicional de un proyecto de esas características. Sus formas y volúmenes la convierten por lo tanto en el lugar idóneo para instalaciones site-specific.

Exposición ‘Pedro Masaveu: Pasión por Sorolla’, Centro Niemeyer, Avilés 2018. ©Centro Niemeyer/Manuel Carranza.

Tal y como se aprecia en la imagen, el protagonismo de la cúpula de grandes dimensiones realizada por Óscar Niemeyer, la estructura de la escalera helicoidal, la superposición de una segunda planta y la falta de muro corrido para colgar el número de piezas pictóricas de la colección Masaveu complicaban la realización de un diseño clásico. Además de ello, la propia atmósfera en sintonía con dos grandes arquitectos brasileños permitía fortalecer un discurso donde el diálogo Niemeyer- Bo Bardi funcionara como un elemento más [Recordamos que Lina Bo Bardi recibió la influencia del modernismo brasileño de Oscar Niemeyer, Lucio Costa y Roberto Burle Marx, entre otros].

Por lo tanto, la iniciativa de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, permitía por primera vez al visitante observar las piezas de Sorolla desde una perspectiva completa que conectaba con un espacio tan singular como el de Avilés.

Asimismo, fue la propia fundación la encargada de realizar la producción de estas peanas: los caballetes de cristal tienen una base de cemento (de la Corporación Masaveu) y de madera de roble. Sobre ellos se instalan dos cristales, con una base a la que se atornillan los bastidores de los cuadros de Sorolla.

El diseño ordena las directrices a través de las peanas y subraya la relación del espectador con el arte. Esta medida enfatizada por la transparencia espacial, invita al público a construir su propio recorrido. Lina Bo Bardi proyectaba así su filosofía del espacio.

Como activista cultural, la arquitecta invitaba a crear lugares que se completaban a través del uso popular y cotidiano. Consecuentemente, la estructura cobraba la forma a partir de la experiencia vivida y, como afirma Mara Sánchez Llorens, diseñadora del montaje en la Fundación Juan March, para Bo Bardi “la arquitectura no solamente son los edificios, sino aquello que sucede después de la inauguración de los edificios” [Exposición: ‘Lina Bo Bardi, Tupí or not tupí’. Brasil, 1946-1992, Fundación Juan March, Madrid, 2019].

Detalle de la exposición ‘Colección Masaveu. Sorolla’, en el Museo de Bellas Artes de Valencia, 2023.

El resultado de la muestra llegada a Valencia enriquece aún más la disposición del montaje de Sorolla. Podemos comprobar cómo las mismas piezas en diferentes lugares construyen nuevos discursos. Por su parte, el Museo de Bellas Artes desplegará las peanas a través de una instalación que impacta por su transformación de la sala, junto a un sistema de policromías en el muro que conduce la división estructural por épocas.

Además de ello, las propias características del espacio promueven la ordenación de piezas también desde su montaje de pared. El ritmo recala en un tránsito de ambas opciones con la obra final, ‘La familia de don Rafael Errázuriz Urmeneta’ que cierra su recorrido. Más de dos metros de lienzo cuya composición y belleza podría representar ‘Las Meninas’ del siglo XX. Esta disposición de la sala dará lugar a diversos puntos de vista que armonizan un nuevo lenguaje expositivo de Sorolla en el museo.

Si esta suspensión de piezas revoluciona el concepto del diseño en la sala, no cabe duda que la ruptura clásica de la percepción fuera del muro convertirá el recorrido en una experiencia única. Es por ello que uno de los factores más atractivos de la visita llega con la posibilidad de la mirada completa a la pieza. Mostrar el llamado “lado oscuro” de la obra de Sorolla, nos permite conocer tanto los tipos de materiales utilizados en los marcos como las huellas que ha dejado el paso del tiempo.

Algunas de las sorpresas que nos desvelan el significado de las traseras del lienzo, nos muestran las etiquetas que todavía conservan de 1906, las primeras exposiciones antológicas del pintor en París y Nueva York, que además permiten confirmar la investigación de dónde se vendieron esos cuadros, además de establecer el recorrido de los propietarios y el camino hasta llegar al museo.

El circuito de obras nos revela capítulos tan importantes como los años de formación, el momento en el que Sorolla participa en la Academia de San Carlos de Valencia, las estancias Madrid donde realiza copias del Museo del Prado, la beca en Roma, los viajes a París, así como los temas asociados a la vida en el mar y las escenas de ocio estival, el cambio en 1900 con el gran premio de la Exposición Nacional de París y su posterior viaje a Jávea, a través de una pincelada más variada y dinámica.

Destacan los retratos de familia y de diferentes personalidades, hasta dedicar sus últimos años al proyecto ‘Visión de España’ de la Hispanic Society, recogida en la exposición a través de dos dibujos preparatorios. Y todo ello se dispone a través de un diseño espacial que sorprende por acercarnos a las instalaciones contemporáneas con cajas de cristal de Anthony James, las perspectivas de Donald Judd o los trabajos del brasileño Helio Oiticica.

Recientemente el artista Isaac Julien rinde homenaje a Bo Bardi, trasladando la estética de la peana a la pantalla, convirtiendo así la revisión de sus proyectos en una instalación audiovisual con una secuencia de imágenes cinematográficas cuyos televisores marcan recorridos abiertos.

Como último eslabón de esta relación con la arquitecta, debemos acercarnos al origen real del diseño de la peana: contar una colección. Como parte de su desarrollo creativo y de compromiso social, realizaría de forma pedagógica y visualmente atractiva la apertura pública de la colección de Pietro Bardi para el Museo de Arte de São Paulo (MASP MASP), uno de los mejores fondos de arte europeo.

Museo BBAA
Vista de la exposición ‘Colección Masaveu. Sorolla’, en el Museo de Bellas Artes de Valencia, 2023.

Por esta razón, no podemos olvidar que la exposición de Joaquín Sorolla que contemplamos en Valencia, además de un proyecto innovador en la historia del arte, también lo es en la historia del coleccionismo. La labor de Pedro Masaveu Peterson subraya el valor de la figura del mecenas que reúne, conserva y muestra. Además de poner en valor, en la conmemoración del centenario del fallecimiento del pintor, el coleccionismo de Sorolla en España.

El objetivo de la museografía que se desarrolla en las salas del Bellas Artes de Valencia, de la mano del diseño Lina Bo Bardi, busca acercar el arte al público y compartir el significado de la obra en toda su dimensión, con un claro fin educativo.

Porque, en definitiva, ambas secuencias, en la arquitectura general y en el museo, nos invitan a compartir nuevas formas de habitar el espacio. Queda pendiente, por lo tanto, completar ese capítulo con nuestra experiencia y disfrutar de todos los detalles que sólo un artista como Joaquín Sorolla es capaz de ofrecer.