“Los ojos ven una cosa y el cerebro otra”

Monika Buch. Trayectoria (1956/2018)
Fundación Chirivella Soriano
Palau Joan de Valeriola. C/ Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 9 de septiembre de 2018

“Nunca he tenido una exposición como ésta”, reconoce Monika Buch (Valencia, 1936). De familia alemana, procedente de la ciudad de Halle an der Saale, su infancia la pasó entre España y Alemania, en unos años en los que ambos países gozaban de una imagen teñida por la dictadura y el nazismo. “Decir que eras medio española y medio alemana, pues la verdad es que te acobardabas un poco, cuando resulta que todo tiene dos caras”. Quizás esa doblez, alejada de la simpleza con la que suelen mirarse las cosas, es la que impera en su obra, toda ella atravesada por variaciones formales y de color que fomentan múltiples percepciones.

“Los ojos ven una cosa y el cerebro otra, porque el cerebro interpreta lo que ve”, apunta quien ha dedicado toda su vida a provocar emociones mediante la geometría. “Cada vez que veo mi obra me impresiona, me asombra, porque veo cosas distintas”. La Fundación Chirivella Soriano reúne 120 obras de tan dilatado recorrido artístico en la exposición ‘Monika Buch. Trayectoria (1956/2018)’, comisariada por José Luis Martínez Meseguer y que permanecerá abierta hasta el 9 de septiembre. Una magnífica oportunidad para comprobar lo que exclama la propia artista: “¡Cómo te engaña la vista!”.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Meseguer ha dividido la muestra en siete apartados relacionados con sus primeros años de formación (“sorprende ya la maestría de esta etapa juvenil”), las obras lineales (“geometría pura”), las modulares, las figuras imposibles o trampantojos, las óptico-cinéticas, las casuales y las de investigación. El comisario recuerda cuando Buch llegó con 19 años a Ulm y quedó impresionada con el edificio de la escuela de esta ciudad: “En mi vida había visto algo parecido [el edificio de la Hochschule], este acontecimiento cambió toda mi vida. Lo llevo clavado en mi mente”.

¿Por qué le impresionó tanto aquel edificio? “Era una estructura con edificios bajos y una torre donde vivían los estudiantes, hecha de cemento armado gris y con ventanas de madera, que subía por una colina. Aún hoy, es un edificio estupendo cerca de un bosque”. Esa mezcla de frialdad gris y naturaleza, de organización estructural en contraste con la más primaria vegetación, de analítica y sensación telúrica, diríase que continúa en su obra, donde se da ese mismo contraste entre geometría y pasión de la que se hace eco Meseguer.

Un espectador contempla algunas de las obras de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Un espectador contempla algunas de las obras de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

De hecho, el comisario de la exposición organizada por el Consorcio de Museos y la Fundación Chirivella Soriano cita a Josef Albers y su formulación acerca del origen del arte, como reflejo de ese contraste: “La discrepancia entre el hecho físico y el efecto psíquico”. De nuevo, los ojos y el cerebro. “Primero ideo la estructura y luego la pinto, y unas veces sale como habías pensado y otras no. Y eso me emociona, porque lo que piensas en el cerebro adquiere luego otra forma”.

Monika Buch percibe este repaso a su obra como un “renacimiento de mi juventud”. Desde que se fue de Valencia con 19 años, ha transcurrido su vida en Holanda, “y ahora he tenido la sensación de volver a recuperar recuerdos de hace mucho tiempo”. Emociones que, a sus 82 años, le permiten echar la vista atrás y reconocer algo que repite en varias ocasiones: “Soy una persona muy feliz”, gracias a su trabajo, su familia y los amigos.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Según Meseguer, al haber abandonado Buch sus estudios de diseño, “se ha perdido una gran diseñadora industrial, pero hemos ganado una artista”. ¿Qué le parece? “Pues que si no hubiera tenido los hijos tan seguidos, hubiera tenido una carrera científica, lo cual era una gran ilusión para mí. Se han perdido cosas, pero estoy muy contenta con lo que he hecho”. Y no es para menos. Como recuerda el comisario: “Es de las pocas mujeres que se han dedicado a la abstracción geométrica en el siglo XX”.

“Dedico horas y horas a mi trabajo, con mucha paciencia”. Y Buch lo relaciona con el deporte, “que entrenan todos los días sin descanso para llegar algún día a ser campeones; se puede comparar con ello. ¡Inviertes tanto tiempo recluida en un espacio!”. ¿Y por qué esa insistencia en la investigación del acto perceptivo? “No lo puedo explicar directamente”. Y como no puede, se dedica a expresarlo a través de una obra que parte de un esquema (“tinta sobre papel, estructuras”), al que le va añadiendo colores, “sobre todo azules y verdes, por sus gamas largas, y rojos, porque me gusta cambiar de colores”.

Sus estructuras, que parecen realizadas con ordenador dado el alto grado de perfección a la hora de ejecutarlas, engañan igualmente en este sentido: “No me gusta trabajar con ordenador, prefiero trabajarlas a mano”. Un trabajo más artesanal, mediante el cual se corre el riesgo de la imperfección: “Un poco de imperfección no me molesta”, concluye Monika Buch, feliz con su trabajo y la pasión que todavía extrae de tan enérgicas geometrías.

Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Salva Torres

¿No es país para jóvenes?

¿No es país para jóvenes?

Hace unos días entrevisté a un joven pintor mexicano, José Antonio Ochoa, el reciente ganador del premio de pintura de la Fundación Mainel. Repasando su trayectoria, me contaba con naturalidad cómo sus años de formación le llevaron de México a Chicago, luego a Sevilla y finalmente a Valencia. Ese detalle no me llamó la atención durante la conversación. Y precisamente por eso, testimonia algo de lo que tal vez no somos siempre conscientes, en el medio local: la capacidad de atracción que ejerce nuestra escena artística -y como parte de ella, la pictórica- entre creativos jóvenes. Seguro que, si nos preguntasen por la trayectoria vital de los artistas valencianos en el presente, tal vez muchos contestaríamos que lo normal entre jóvenes creadores es irse. Y sería parte de la verdad.

On the road de Jose Antonio Ochoa. Ganador XXI Premio Nacional de Pintura

On the road de Jose Antonio Ochoa. Ganador XXI Premio Nacional de Pintura. Imagen cortesía de Fundación Mainel.

Pero uno es historiador (del arte), cosa que ya no tiene remedio. Si te acostumbras a intentar mirar con un poco de perspectiva, surgen otros contextos, otros elementos de referencia. Empezando por las administraciones públicas, es ya lugar común tomar la apertura del IVAM en 1989 como el gran proyecto activador de la cultura artística valenciana contemporánea. Más allá de los altibajos en su historia, lo tiene todo para seguir siendo el referente esencial de la escena artística valenciana, por colección, por exposiciones, y por actividades. Desde fechas mucho más recientes, el Consorcio de Museos aspira a consolidarse como un actor atento a intereses y perfiles mucho más diversos, a proponer enfoques innovadores de gestión, y a vertebrar el territorio superando la tradicional focalización en la capital autonómica.

El siguiente elemento a considerar es, sin lugar a dudas, una Facultad de Bellas Artes de la UPV que ha tenido un desarrollo extraordinario en las últimas décadas. Bien dotada en cuanto a capital humano y a medios materiales, actúa como polo de atracción en la formación de -entre otros perfiles artísticos- pintores, dentro de una gran variedad de prácticas, de estilos y tendencias. Me cuesta valorarla como otra cosa que una historia de éxito: con sombras y luces, como todas, pero con neto predominio de las segundas, sobre todo si se compara con muchas de sus homólogas nacionales.

El coleccionismo privado siempre había estado ahí, pero ahora se está institucionalizando y va ganando visibilidad pública. Bombas Gens es el caso paradigmático, aunque ni mucho menos el único. Ahí están la Colección Martínez Guerricabeitia, o la Fundación Chirivella Soriano, o las múltiples iniciativas artísticas de DKV. Para cuando abra sede en 2020, las expectativas sobre la Fundación Hortensia Herrero son muy altas; lógicamente, tanto como el perfil de la familia Roig. Ninguna de estas colecciones se limita a un ámbito valenciano, pero tampoco se entendería que no contribuyesen a cultivarlo, incluyendo a los jóvenes.

Ya que hablamos de cultivar, las becas formativas para artistas también son importantes, incluso en tiempos de globalización y vuelos de bajo coste. Las becas Alfons Roig dan una dignísima continuidad a la labor ya centenaria de la Diputación de Valencia, en este campo. La colaboración del Ayuntamiento de Valencia con la Casa de Velázquez es un reciente añadido en este campo.

Exposicion XVIII Premio Nacional de Pintura. Cortesia de Jorge Sebastián Lozano

Exposicion XVIII Premio Nacional de Pintura. Imagen cortesia de Fundación Mainel

Y después de la formación, los premios para jóvenes. El concepto no está exento de dificultades, de las tensiones implícitas en diferenciar pintores jóvenes respecto a ¿emergentes? ¿media carrera? ¿precarios permanentes? La variedad de premios y enfoques refleja las soluciones propuestas, tanto desde la Administración como desde la sociedad civil. Hay dónde elegir: la Real Academia de San Carlos, el Senyera, el de la Fundación Mainel, el Mardel, la Bienal Comenge…

No quiero dejar de mencionar la continua vitalidad del arte público y el arte urbano, tan activos en nuestro entorno cercano. Intentar encajonar esa escena dentro de las coordenadas pictóricas, que son el marco de este texto, equivaldría a deformarla. Pero tampoco puede negarse que existen conexiones.

Por supuesto, esta panorámica -que no tiene ninguna pretensión de exhaustividad- estaría incompleta sin los retos de mejora. Muy especialmente, hay toda una serie de retos en cuanto a la escasa demanda de artes visuales en la sociedad valenciana. Los datos de mera asistencia a actividades artísticas hablan por sí solos. Sigue habiendo un desequilibrio entre la amplia oferta disponible y la demanda real. La compra de arte sigue siendo vista como algo fuera del alcance de las clases medias. En los casos en que sí hay voluntad de comprar, además, esa demanda se cubre mayoritariamente en ferias y foros internacionales. Todo esto se traduce a que los trabajadores del sector luchen seriamente por la mera supervivencia laboral, en un contexto caracterizado por la precariedad, según informes varios vienen refrendando.

Como consecuencia pero también como causa de lo anterior, tenemos un escenario de medios de comunicación culturales muy fragmentado e inestable. Esta problemática no es específica del ámbito valenciano, sino que forma parte de una situación general nacional. No faltan iniciativas de calidad; falta escala. Ojalá los recién recuperados medios de titularidad autonómica sirvieran para mostrar que información, entretenimiento y cultura pueden coexistir de maneras creativas. Queda mucho por aprender, en este campo, pero la propia MAKMA es un ejemplo estimulante.

Otro reto radica precisamente en la gran proliferación de iniciativas. Pensemos en la escena local de festivales, pocas semanas después de Russafart. A la vez, no lo neguemos, muchas iniciativas adolecen de inestabilidad y falta de continuidad. Por introducir aquí un actor tan esencial como son las galerías, la crisis financiera se llevó por delante profesionales que ya parecían consolidados en nuestra escena; pero no se trata sólo de la crisis, es algo más amplio. Algún día habrá que escribir la historia de tantas galerías que abren y desaparecen antes de dos años, la de los premios que dejaron de convocarse tras pocas ediciones, la de ferias de arte o salas públicas de exposiciones que cierran tras décadas de actividad…

Inauguración XIX Premio Nacional de Pintura. Cortesía de Jorge Sebastián Lozano

Inauguración XIX Premio Nacional de Pintura. Imagen cortesía de Fundación Mainel

Dándole la vuelta a la moneda, no es menos reseñable el mérito y el esfuerzo detrás de las iniciativas que sí se mantienen en pie. Al principio cité un ejemplo, que conozco de primera mano, las 21 ediciones del premio de pintura Mainel para pintores menores de 35 años; por él han pasado muchísimos nombres que hoy ya vemos consolidados dentro del panorama expositivo. El mérito nunca corresponde a una sola institución, sino que suele explicarse por la colaboración de otros actores; en este caso, la generosa participación de los jurados es un punto esencial.

En cuanto a los propios artistas, la disparidad de situaciones entre ellos es tan grande que dificulta un diagnóstico compartido. Poco en común tienen nuestros nombres más internacionales y tantos jóvenes que empiezan a enviar sus dossiers al terminar la carrera. La dureza de la profesionalización artística es extrema. Desde el asociacionismo profesional, AVVAC ha jugado un papel relevante de organización y denuncia durante muchos años. Sus actuales problemas institucionales hacen visible la fragilidad de la estructura, el escaso atractivo del esfuerzo colectivo, que sin embargo sigue siendo imprescindible.

Mucho de todo esto resulta evidente al leer las entrevistas a artistas que vertebran Espais d’Art, la estupenda exposición todavía visitable en Bancaja. La propia sede de esa exposición es emblema del amargo devenir de un actor económico y social tan importante como fue la principal caja de ahorros valenciana. Los damnificados en ese proceso fueron muchísimos; uno de ellos, poco visibilizado, fueron los propios artistas valencianos. El actual equipo gestor sigue planteando exposiciones útiles en este sentido, cosa también digna de agradecimiento, pese a una limitación radical de medios, en comparación con los años dorados. Por contraste, el Caixaforum será sin lugar a dudas un foco de enriquecimiento cultural para Valencia, pero está por ver si se prestará una atención grande a la escena local. No parece ser parte de su modelo institucional, ni tampoco tendría por qué serlo, pero el nicho y la necesidad existen.

Tantos logros y tantos retos no deberían hacernos perder de vista el resultado de toda esta escena, aquí apenas bosquejada. Y no es otro que una galaxia -no se busquen aquí metáforas futbolísticas, por favor- de abundantes e interesantes pintores valencianos jóvenes. Por supuesto, no es sencillo definir su valencianidad, más allá de la circunstancia biográfica de formarse o estar activos, más o menos establemente, en Valencia. Pero, aprendiendo de nuestra historia, estaría bien que les valorásemos aquí antes de que obtengan fuera el reconocimiento que merecen.

Exposición XX Premio Nacional de Pintura. Cortesía Jorge Sebástian Lozano

Exposición XX Premio Nacional de Pintura. Imagen cortesía de Fundación Mainel

Jorge Sebastián Lozano
Universitat de València

 

Fallece el coleccionista Vicent Madramany

Vicent Madramany (L’Alcudia, 1946). Coleccionista y mecenas
Director de À cent mètres du centre du monde, de Perpignan (Francia)
Sábado 31 de marzo de 2018
Con motivo de su fallecimiento el 29 de marzo, reproducimos la entrevista realizada en la Fundación Chirivella Soriano como parte responsable de la exposición de Artur Heras.
Descanse en paz.

“Coleccionistas de verdad hay muy pocos”, advierte Vicent Madramany. Le faltó añadir que él es uno de ellos. Director del museo de arte contemporáneo de Perpiñán, que lleva el significativo nombre de À cent mètres du centre du monde, en alusión a Dalí, Madramany se acercó a Valencia como parte responsable de la exposición de Artur Heras en la Fundación Chirivella Soriano. De las 44 piezas exhibidas, 42 pertenecen a su colección; las otras dos son propiedad del propio artista. Piezas de gran formato que, a modo de antológica, permiten contemplar 50 años del trabajo de Heras, los que van de 1964 a 2013 (Ver: https://www.makma.net/seduccion-iconografica-elegante-protesta/).

Aunque “lo importante son los artistas”, razón por la cual Vicent Madramany prefirió mantenerse en un segundo plano durante la presentación de la antológica, lo cierto es que su trayectoria como coleccionista bien merece un aparte. Su trabajo de importación y exportación de frutas le llevó, entre otros lugares, a Perpignan, donde fue barruntando la idea de crear un museo de arte contemporáneo. Idea que dio sus frutos (nunca mejor dicho), tras la compra de un viejo almacén de frutas y verduras, que se hallaba muy cerca de la estación de tren de Perpignan, a la que Salvador Dalí dedicó una de sus obras tras delirante visión: “El universo, que es una de las cosas más limitadas que existe, sería –guardando las proporciones, similar por su estructura a la estación de Perpignan”.

Vicent Madramany, junto a la obra 'Consum nacional brut' de Artur Heras. Foto: MAKMA

Vicent Madramany, junto a la obra ‘Consum nacional brut’ de Artur Heras. Foto: MAKMA

Madramany, haciendo uso explícito del delirio daliniano, bautizó su museo tomando como referencia esas palabras y los aproximadamente 100 metros que lo separaran de la estación de tren: À cent mètres du centre du monde. Museo del que provienen la 42 piezas de Artur Heras y donde Madramany acumula y exhibe obras principalmente de artistas valencianos y franceses. “El coleccionista es la persona que intenta hacer un homenaje a los artistas coleccionando su obra para que perdure en el tiempo”. Nada que ver con los coleccionistas que, como champiñones, brotaron a causa del esplendor inmobiliario. “Hay quienes han comprado arte por una finalidad especulativa, como un producto financiero”.

Madramany entiende que esa “especulación del producto artístico” ha terminado por “marear mucho” el mercado del arte. “Ha habido un exceso de artistas y de obras”, lo mismo que “hay muchos museos que son almacenes de obras mediocres”, y pone como ejemplos el Hermitage de San Petersburgo o el Louvre de París. “Prefiero el Museo del Prado o la National Gallery de Londres”. Para Madramany, “la pintura, salvo milagros, no es una inversión”. Y como “el olvido” suele ser a su juicio el “destino normal de la mayor parte de la obra creativa”, la función del coleccionista es la de poder “rescatar” de ese olvido a los artistas.

Vicent Madramany, junto a la obra 'Consum nacional brut' de Artur Heras. Foto: MAKMA

Vicent Madramany, junto a la obra ‘Consum nacional brut’ de Artur Heras. Foto: MAKMA

“Hay mucha gente que invierte, pero coleccionistas de verdad, los que lo hacen por placer, no abundan, y no es el principal motor del mercado del arte”. Conjugar ese placer, que permite dar testimonio de la “obra bien hecha”, con la justa proporción de rentabilidad derivada del valor creativo, es lo que Vicent Madramany persigue con su colección de obras en À cent métres du centre du monde. Casi medio centenar está ahora en la Fundación Chirivella Soriano. Piezas de gran formato, porque “una obra cuando es buena tiene más fuerza a tamaño grande”. Que es lo que le suceden a las 44 piezas de Artur Heras. Madramany está de enhorabuena.

Vicent Madramany, al lado de la obra 'El sueño del capitán España' de Artur Heras. Foto: MAKMA

Vicent Madramany, al lado de la obra ‘El sueño del capitán España’ de Artur Heras. Foto: MAKMA

Salva Torres

La ruina como objeto de reflexión

Fragmentos para la eternidad. Poéticas en torno a la ruina
Comisario: José Luis Giner
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 9. Valencia
Hasta el 11 de noviembre de 2017

La ruina como “estado intermedio entre naturaleza y cultura”, en expresión de Anna Talens, es objeto de reflexión en la Fundación Chirivella Soriano, que reúne la obra de nueve artistas en la exposición Fragmentos para la eternidad. Poéticas en torno a la ruina, que comisaría José Luis Giner. La muestra trata de aproximarse, como señala el propio Giner, “a las múltiples lecturas de la idea de ruina y a su uso como recurso en el arte actual”. Lecturas que tienen al tiempo como protagonista de todas ellas, en tanto hablan de nuestro presente tomando como referencia restos del entorno evocadores de cierto pasado.

Obra de Anna Talens. Imagen cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Anna Talens. Imagen cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

Ese límite fronterizo que revela toda ruina, a punto de morir o desaparecer tras haber sido producto vivo de la cultura, atraviesa el conjunto expositivo. De manera que su carácter nostálgico no deja de estar impregnado de resistencia, motivada por la reflexión presente. Como apunta Manuel Chirivella, presidente de la Fundación, “nuestro mundo todavía no está en ruinas, está en obras. Aún pertenece a la historia. Una historia muchas veces trágica, siempre desigual, pero irremediablemente común. Una historia que el arte debe relatar, porque el relato es el único mecanismo que engendra tiempo”.

Lida Abdul, Antonio Fernández Alvira, Bleda y Rosa, Carmen Calvo, David Bestué, Óscar Carrasco, Patricia Gómez y María Jesús González, María José Planells y la propia Anna Talens son los artistas encargados de construir ese relato aludido, para que la ruina o ruinas no desaparezcan bajo el peso del tiempo. Labor arqueológica unas veces ardua, porque exige la recuperación de unos restos ya desaparecidos por el avance y la destrucción urbanística, y otras simplemente evocadora de lo que sigue vivo pero tiende a olvidarse.

Obra de Carmen Calvo. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Carmen Calvo. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Anna Talens lo hace con el suelo de su estudio en Carcaixent, reproducido a escala de 1/1, que le permite recrear ese espacio cargado de valor, por pertenecer a la casa de su abuela. Un acto creativo, al tiempo que resistente, o resistente por creativo, en torno a un lugar próximo a convertirse en futura ruina. Esa nostalgia también forma parte de su otra pieza referida al desaparecido Palast der Republik de Berlín. Con algunos de los cristales del demolido edificio, Talens realiza una frágil escultura cuyos fragmentos, atados con hilo de seda, se asoman al abismo de una peana. “Mi obra es muy existencial, porque remite al miedo, el dolor, el placer”.

Ruinas que, a raíz de lo señalado por Talens, evocan la memoria personal e íntima, al tiempo que señalan hacia aquellos otros espacios públicos amenazados por la vorágine constructora moderna. De ahí lo de “Fragmentos para la eternidad”, cuyo título pretende abarcar el tiempo pasado inscrito en toda ruina, y el futuro apuntado en esa memoria que los artistas reflejan en su obra. Y “Poéticas en torno a la ruina”, porque después de todo son varias pero unidas por esa lírica que ofrece la mirada cercana, próxima, arqueológica.

Obra de Lida Abdul. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Lida Abdul. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

“Describir las ruinas es remitir a lo temporal, ya que se intenta desde el presente comprender el pasado”, explica Giner. Y aproximarse a ellas “para que nos cuenten y así poder interpretarlas”, añade el comisario. Descripción y relato. O lo que es lo mismo: material diríase documental que, al formar parte de un conjunto narrativo, permite construir cierto relato. Relato a veces espinoso, como el de Carmen Calvo en su obra ‘Cristales’, cuyos fragmentos incrustados destilan cierta agresividad, sin duda contenida por las tonalidades de esos cristales.

“En un momento en el que todo conspira para hacernos creer que la historia ha terminado y que el mundo es un espectáculo en el que se escenifica dicho fin, debemos volver a disponer de tiempo para creer en la historia”, señala Chirivella. Y añade: “Esa sería hoy la vocación pedagógica de las ruinas utilizando el arte como vehículo”. Vocación que permanecerá abierta a la reflexión y al diálogo hasta el 14 de enero en la Fundación Chirivella Soriano, donde en su Sala d’arcs expone Cristina Santos su Chemtrails.

¿Podemos creer y confiar en todo lo que leemos y vemos por Internet? Para responder a esta pregunta, la artista de Vila-real monta una instalación que conjuga un texto, que poco a poco se va diluyendo, sobre las sugerencias para detectar las noticias falsas, con dos series de imágenes de un avión dejando cierta estela en la atmósfera. Esas dinámicas de velocidad, “de consumo rápido de contenidos, sin contrastar la información que se nos da”, son puestas en cuestión por Cristina Santos.

Obra de Oscar Carrasco. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Oscar Carrasco. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Salva Torres

Poéticas en torno a la ruina en Chirivella Soriano

‘Fragmentos para la eternidad. Poéticas en torno a la ruina’, VV.AA.
Fundación Chirivella Soriano
Valeriola 13, Valencia
Del 6 de octubre de 2017 al 14 de enero de 2018

La Fundación Chirivella Soriano presenta la exposición ‘Fragmentos para la eternidad. Poéticas en torno a la ruina’, que se inaugura el próximo viernes 6 de octubre en la sede de la organización y podrá visitarse hasta el 14 de enero.

La muestra reúne los trabajos de una serie de artistas que reflexionan sobre la ruina y su función histórica, social y crítica. Un hilo conductor que ofrece la mirada amplia, personal y en constante evolución de un grupo de creadores que se aproximan al pasado desde múltiples expresiones, todas válidas para establecer un diálogo sobre sus inquietudes, preocupaciones y experiencias vitales; retazos que tejen un imaginario pleno de matices.

Instantánea de Óscar Carrasco que forma parte de la exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

Instantánea de Óscar Carrasco que forma parte de la exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

Lida Abdul, David Bestué, Bleda y Rosa (Premio Nacional de Fotografía 2008), Carmen Calvo (Premio Nacional de Artes Plásticas 2013), Óscar Carrasco, Antonio Fernández Alvira, Patricia Gómez y Mª Jesús González, Mª José Planells y Anna Talens comparten con el espectador su ideal de ruina como recurso artístico. Fragmentos para la eternidad que utilizan el videoarte, la escultura, los recursos plásticos o la fotografía como medios de expresión; que pervierten los materiales para alcanzar nuevas realidades sensibles al cambio y recrean espacios que ya no serán como fueron, pero permiten una perspectiva sobre el paso del tiempo, sobre la memoria.

En la exposición podrá disfrutarse de dos piezas de la valenciana Carmen Calvo, referente del arte plástico nacional, que se exhiben por primera vez y pertenecen a la colección de la Fundación Chirivella Soriano. Por su parte, el trabajo de la artista Lida Abdul forma parte de la colección de Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma; y, el resto de obras, son préstamos de los creadores.

Las conversaciones que mantienen estos artistas entre el pasado y el presente sitúan al espectador, por ejemplo, como testigo de la devastación y la tragedia que supone una guerra como la de Afganistán. También sobre lo que queda de espacios olvidados, abandonados, sin vida; o de descubrir elementos ocultos de los paisajes, de los edificios, de los recuerdos.

Instantánea de Lida Abdul que forma parte de la exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

Instantánea de Lida Abdul que forma parte de la exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

Estas ‘Poéticas en torno a la ruina’ son a su vez una posibilidad para el juego, el fraude y la percepción subjetiva del espectador ante las creaciones arquitectónicas que engañan, los objetos perdidos y los materiales desechados que cobran otras vidas ante la fragilidad del presente.

Los trabajos reflexionan sobre la memoria, sobre nuestros pasados y el origen de lo que somos. En un momento social y cultural en el que predomina el instante y lo fugaz, prestar atención a las ruinas es una manera de orientar nuestras vidas.

Igualmente, La Fundación Chirivella Soriano y el Máster Oficial en Producción Artística de la Facultat de Belles Arts de Sant Carles de la UPV presentan ‘Chemtrails’, el proyecto de la artista Cristina Santos (Vila-real, 1990), que ha resultado seleccionado en la VI Convocatoria Sala d’arcs. La obra, elegida entre las presentadas por los alumnos y alumnas del máster, ha sido ideada específicamente para este espacio.

La convocatoria surge a través del convenio entre la Fundación Chirivella Soriano y la Universitat Politècnica de València, en la que un jurado selecciona una de las piezas presentadas para que sea expuesta en la Sala d’arcs. La pieza podrá visitarse también entre el 6 de octubre y el 14 de enero.

Imagen de un las piezas de Anna Talens que forman parte de la exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

Imagen de un las piezas de Anna Talens que forman parte de la exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

¡Qué horror!

Ni cautivos ni desarmados. Arte, memoria y dolor versus política o [violencia] en/desde [la España del] siglo XX
Colecciones de 9915 y Martínez Guerricabeitia
Centre Cultural La Nau
C/ Universitat, 2. Valencia
Hasta el 2 de octubre de 2016

Manuel Chirivella, presidente de la Fundación Chirivella Soriano, reflexionó en las páginas de la primera etapa de ARTS de El Mundo en torno al coleccionismo de arte apuntando el cambio sufrido en los últimos años a causa del capitalismo salvaje, donde el “todo vale” ha depreciado en muchos casos la labor del coleccionista vocacional. Coleccionistas que han sostenido el patrimonio artístico en momentos de crisis del Estado y que, como apuntó Mercedes Basso, de la Fundación Arte y Mecenazgo de La Caixa, invierten (se refería al auténtico coleccionista, no al arribista de turno) “no para escalar socialmente”.

Algunos de esos coleccionistas vocacionales se dan cita en La Nau de la Universitat de València para ofrecer una muestra de su labor, al tiempo que hacen memoria a través de su valioso patrimonio cultural. José Pedro Martínez Guerricabeitia recordó que las obras que coleccionaron sus padres, reunidas en la Fundación Martínez Guerricabeitia y depositadas en la propia universidad, guardaban un “marcado criterio de índole social y de denuncia de los males de la sociedad”.

Miliciana, de Alberto Korda, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

Miliciana, de Alberto Korda, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

La Asociación de Coleccionistas Privados de Arte Contemporáneo 9915, con su presidente Jaime Sordo a la cabeza, sigue ese mismo rastro al recordar el por qué de la cifra que justifica al colectivo: “El logo 9915 combina el carácter frío del número, con la historia a medio camino entre la pulsión atávica, incontrolada e irracional y el romanticismo azul de lo imposible, de lo irremediablemente humano, y del compromiso con las formas más elaboradas de la creatividad artística”. Además de ser 9915 el código con el que los organismos internacionales identifican a los coleccionistas en general.

Esa mezcla de pulsión atávica y elaboración de la propia pulsión es la que atraviesa la exposición Ni cautivos ni desarmados, que reúne en La Nau de la Universitat de València 40 obras y un mosaico de 28 fotografías pertenecientes a las colecciones de la 9915 y la Martínez Guerricabeitia. Todas ellas mostrando lo que aglutina el “largo y sonoro”, a modo de “proclama o pasquín”, subtítulo expositivo: “Arte, memoria y dolor versus política o violencia en la España del siglo XX”. Alfonso de la Torre, comisario de tan contundente razón de ser de la muestra, lo explica así: “Habla de la pervivencia de la violencia y el dolor como uno de los asuntos del arte”.

Monjas viajeras, de Carlos Saura, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Monjas viajeras, de Carlos Saura, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

Asunto que el propio comisario localiza en los albores de las vanguardias históricas: “Ni cautivos ni desarmados reflexionan sobre la violencia y el dolor contemporáneos, un tema que persigue o, incluso, atormenta al artista y al mundo del arte, especialmente desde la llegada del surrealismo frente al arte convencional, tradicional, sacro o realista”. Diríase, por tanto, que existe cierta relación entre la quiebra de ese universo simbólico que acoge y da forma al dolor, y ese otro en cuyo interior ya nada sutura la violencia, que campa a sus anchas una vez desgarrado su tejido narrativo.

Víctimas del bombardeo (Kosovo), de Simeón Saiz, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural LaNau.

Víctimas del bombardeo (Kosovo), de Simeón Saiz, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural LaNau.

Y es que el siglo XX que sirve de contexto a las obras de ambas colecciones, provenientes de una quincena de coleccionistas, es el siglo donde parece dominar la idea del horror como verdad más palmaria. Da lo mismo que tal cosa suceda en la España del franquismo y, a su rebufo, los años posteriores, porque como explica De la Torre, lo verdaderamente importante es “la reflexión más intensa sobre la violencia y el horror”, más allá “del contexto social y político en el que se movía Martínez Guerricabeitia”. Violencia y horror del que se nutren las 24 pinturas, siete fotografías, siete esculturas y dos obras audiovisuales, además del mosaico de otras 28 imágenes, a modo de reflejo de ese arte contemporáneo atraído por el abismo de la sinrazón.

“Este es el siglo del dolor”, se apunta en una cita de Paul Lafargue extraída de su ‘Diccionario abreviado del surrealismo’. Siglo atravesado por las dos grandes guerras mundiales y otras menores igualmente sacudidas por odios enfrentados. Y si la Olympia, decía el propio Manet (tal y como se recoge en la exposición), “choca, desprende un horror sagrado”, lo mismo cabe decir de las obras que se hacen eco del dolor que caracteriza al “surrealista” siglo XX.

Guantánamo, de Joan Fontcuberta, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Guantánamo, de Joan Fontcuberta, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

Obras que van del grito de Santiago Ydáñez, con esa boca desmesurada que parece ampliar la boca de ese otro grito famoso lanzado por Edvard  Munch, a la muerte del miliciano de Robert Capa, pasando por las víctimas del bombardeo en Kosovo (Simeón Saiz), el Guantánamo de Joan Fontcuberta o las notas por Guernica de Eduardo Arroyo. Guerras agujereando, pixelando, descoyuntando la trama interior de la obra de arte, encargada de acoger los efectos devastadores de una violencia muchas veces proyección de las propias ansias del artista.

El NO de Santiago Sierra viene a poner límite al horror, al tiempo que concede todo el protagonismo a la negación frente al carácter afirmativo de un siglo sospechosamente entregado a la destrucción. Muchas veces, autodestrucción o autocensura, como en los textos autocensurados de Concha Jerez, la cabeza demente de Darío Villalba o la Mujer de Juana Francés. También aparece el propio arte yacente, con Andy Warhol postrado letalmente en la obra de Kepa Garraza.

Fotografía de la serie España oculta, de Cristina García Rodero, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Fotografía de la serie España oculta, de Cristina García Rodero, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

La España del siglo XX comparece nítidamente en los casos de Cristina García Rodero, revelando su cara oculta en lugares inhóspitos de pueblos desabridos, de Alberto García Alix, con el dolor de Elena Mar, de Antonio Sánchez y sus niños de la guerra, o de Juan Roig y sus toreros en la noche. Yoan Capote se sirve de una silla esposada para mostrar cómo hasta los objetos se hallan apresados, atenazados, de ese ambiente claustrofóbico dibujado por los compartimentos estancos de la guerra, en tanto vomitorio al que desemboca fatalmente la política mal digerida.

Ni cautivos ni desarmados, en alusión manida al último parte de guerra del general Franco, pretende darle la vuelta a aquel enunciado victorioso, para que sea el arte contemporáneo quien lo elabore creativamente a su favor. Elaboración, en todo caso, volcada hacia la pulsión atávica de la violencia que nos constituye y a la que conviene poner freno. De lo contrario, como recuerda Nuno Nunes-Ferreira, ahí están las 30 portadas de su ‘Primera Página’ de diversos periódicos, para recordarnos el carácter letal del siglo XX.

Dónde dormir I (Goya), de Eugenio Ampudia, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Dónde dormir I (Goya), de Eugenio Ampudia, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

También hay movimientos de resistencia como el expresado por Eugenio Ampudia en su serie ‘Dónde dormir’, invitando el autor a tomar espacios como el Museo del Prado, donde junto a ‘Los fusilamientos del 3 de Mayo’, de Goya, descansa una persona tumbada como los fusilados del famoso cuadro. Las zonas de vigilancia, tratadas por Carlos Garaicoa, ponen el acento igualmente en la más contemporánea fijación por el control y la manipulación en tiempos donde lo bélico adquiere un carácter, no por virtual, menos violento.

Las colecciones Marrtínez Guerricabeitia y 9915, al amparo de La Nau de la Universitat de València, hacen memoria de toda esa violencia y horror del doloroso siglo XX mediante una ingente creatividad. Precisamente la que permite recordar su prevalencia sobre la barbarie. El coleccionista Fernando Saludes, insistiendo en la importancia de la cultura, concluyó entonces: “Quién se acuerda de los ministros de la corte de Felipe IV, pero en cambio todo el mundo conoce a Velázquez. ¡Fíjese si tiene importancia la cultura!” Los coleccionistas de Ni cautivos ni desarmados también lo saben. 

Marifile, de Jorge Rueda, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Imagen cortesía de Centre Cultural La Nau.

Marifile, de Jorge Rueda, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Imagen cortesía de Centre Cultural La Nau.

Salva Torres

La mayor intimidad de World Press Photo

World Press Photo Valencia
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 13 de marzo de 2016

La fotografía ganadora del último World Press Photo es “poco común”. Lo dijo Paul Ruseler, representante de la organización que desde 1955 celebra el famoso concurso, explicando enseguida el por qué: “Generalmente las imágenes premiadas reflejan conflictos y esta no lo hace”. Lo que hace Mads Nissen, el fotógrafo galardonado, es recoger un momento íntimo de la vida de Jon y Alex, una pareja gay en San Petersburgo, donde la homosexualidad está discriminada legal y socialmente. Esa imagen “pura” contrasta, según Ruseler, “con la violencia contra el colectivo gay en Rusia”.

Fotografía de Liu Song. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Liu Song. World Press Photo Valencia.

Las 140 fotografías, divididas en nueve categorías, que ocupan la Fundación Chirivella Soriano, con declinarse más hacia esa intimidad, no dejan de reflejar la violencia de la que huye la imagen ganadora. Violencia más tamizada, pero muy presente en el conjunto expositivo. El drama de los refugiados, con esa patera rebosante de inmigrantes que fotografía Massimo Sestini; los enfrentamientos en Kiev, con decenas de muertos (imagen de Jérôme Sessini), o la guerra entre palestinos e israelíes tomada por Tyler Hicks en una playa de Gaza, son expresiones elocuentes de esa violencia o crudeza que contrasta con la instantánea de Nissen.

Fotografía de Massimo Sestini. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Massimo Sestini. World Press Photo Valencia.

Como recordó Ruseler, World Press Photo ha estrenado código ético, implantado a la edición de 2016, con el fin de poner ciertos límites a la manipulación de las fotografías, tal y como ocurrió con la ganadora de 2013 obra de Paul Hansen. Aún así, la línea roja sigue siendo cosa del jurado que, en esta ocasión, tuvo que elegir entre las casi 100.000 presentadas. “No es un muro técnico, ni una regla de exclusión”, explicó Ruseler en relación con ese código ético. De hecho, la fotografía de Mads Nissen, al reflejar la intimidad de Jon y Alex de forma tan escenográfica, ya corre el riesgo de parecer impostada. De nuevo Ruseler: “El jurado llamó al fotógrafo para preguntarle por las condiciones a la hora de hacer ese trabajo”.

Fotografía de Anand Varma. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Anand Varma. World Press Photo Valencia.

De lo que no cabe duda es que World Press Photo, bajo la organización de Doctornopo, se consolida en Valencia al repetir por cuarto año en la Fundación Chirivella Soriano y haber cerrado un acuerdo por otros dos años. El Ayuntamiento de Valencia, más implicado, Banco Sabadell y Heineken España sostienen el proyecto. “La pasada edición recibió a más de 7.000 visitantes”, destacó Pablo Brezo, director de un evento que transmite en las visitas guiadas gran parte de su espíritu. “Queremos que el ciudadano traspase lo que hay en la imagen, que adopte una posición crítica”, señaló Brezo.

Fotografía de Tyler Hicks. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Tyler Hicks. World Press Photo Valencia.

La intención es precisamente dar ese salto de la imagen espectacular, impactante, propia de la sociedad de consumo, a esa otra más reflexiva y analítica por la que aboga Doctornopo. Noticias de actualidad, temas o reportajes contemporáneos, proyectos, vida cotidiana, retratos, naturaleza o deportes reflejan ese amplio caleidoscopio del fotoperiodismo a nivel mundial. Fotógrafos de 131 países, ninguno español (“aunque se han presentado 181”, subrayó Ruseler), están representados en la exposición que permanecerá hasta el 13 de marzo en el Palau Joan de Valeriola. Sólo Carlos Spottorno, pero en la categoría de Corto Documental Online, ha sido galardonado con el tercer premio.

Fotografía de Kapcer Kowalski. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Kapcer Kowalski. World Press Photo Valencia.

Ruseler, entre esas imágenes alejadas de la crudeza y más próximas al relato humano, destacó la de Messi, obra de Bao Tailiang, en la que el jugador argentino observa meditabundo la Copa del Mundo que perdió ante Alemania en 2014. También los ‘Efectos secundarios’ de Kacper Kowalski captan con sutileza la relación entre los seres humanos y la naturaleza vista desde un parapente a unos 150 metros de altura. Y, como novedad, la reproducción de la fotografía ganadora mediante la técnica Didú de Estudios Durero, para que pueda ser disfrutada por personas con discapacidad visual. Más poética, más sensible, más íntima: así aterriza la 61 edición de World Press Photo en Valencia.

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Salva Torres

Siete formas de cuestionar la Ley mordaza

Construyendo democracia
Laia Solé, Colectivo Cambalache, Democracia (Pablo España e Iván López), Santiago Cirugeda, Xavier Arenós y Alicia Framis
Comisario: José Luis Giner
Fundación Chirivella Soriano
Palau de Joan de Valeriola
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 10 de enero de 2015

La ley de Seguridad Ciudadana o Ley mordaza, tal y como fue prontamente bautizada, que entró el vigor el 1 de julio de 2015 prohíbe la ocupación del espacio público bajo determinadas circunstancias. Para José Luis Giner, comisario de la exposición Construyendo democracia, dicha ley ha sido criticada “por el retroceso democrático en la esfera pública frente al derecho de expresión de los ciudadanos”. Derecho de expresión del que dan buena cuenta las siete propuestas artísticas que conforman la muestra de la Fundación Chirivella Soriano.

Intervención de Santiago Cirugeda. Construyendo democracia. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Intervención de Santiago Cirugeda. Construyendo democracia. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Todas ellas tratan de responder a la pregunta, ¿qué hace el ciudadano en el espacio público para crear democracia? Y la respuesta que propone Giner se multiplica en las diversas direcciones que toman los artistas Laia Solé, Colectivo Cambalache, Democracia (Pablo España e Iván López), Santiago Cirugeda, Xavier Arenós y Alicia Framis. Direcciones que, aunque divergentes, confluyen en torno a una similar idea: la del ciudadano preocupado por tomar la calle con el fin de liberarla de los excesos reguladores. “Se trata de dotar al ciudadano de carga política”, subrayó Giner.

Lo que igualmente subyace en el conjunto expositivo es la sensación de que la ciudad, supuestamente amordazada por los intereses políticos, asfixia al ciudadano. De manera que éste, a rebufo de lo acontecido en mayo del 68, quiere recuperarla a fuerza de propuestas de intervención pública. Que es lo que hacen los artistas de Construyendo democracia. Laia Solé, por ejemplo, utiliza la técnica del Chroma Key para disolver los muros y barreras que dificultan ese acceso público de la vía urbana. Así lo hace con Desaparición de un muro, cuyo título ya lo dice todo, y con Obrint espais, donde vecinos de un barrio lo circundan reclamando su autogestión.

Intervención de Colectivo Cambalache. Construyendo democracia. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Intervención de Colectivo Cambalache. Construyendo democracia. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

El Colectivo Cambalache (Carolina Caycedo, Adriana del Pilar, Alonso Gil y Federico Guzmán) crea un museo itinerante donde se reciclan materiales y objetos que sirven para el restablecimiento de las relaciones sociales. Xavier Arenós analiza en su proyecto artístico las vinculaciones entre espacio, poder e ideología. José Luis Giner habla, en este caso, del “concepto de utopía contra el modelo hegemónico”. Utopía que lo enlaza con el trabajo de Santiago Cirugeda, “arquitecto atípico”, que “coge elementos de edificios que se van a deshacer para construir otros nuevos”. Los conceptos de “autogestión” y “reciclaje” vuelven a cobrar protagonismo.

Instalación de Domènec en 'Construyendo democracia'. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Instalación de Domènec en ‘Construyendo democracia’. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Domènec hace una reinterpretación del mausoleo dedicado a Rosa de Luxemburg y Karl Liebkneckt para convertirlo en una casa móvil de “existencia mínima”, parecida a los hoteles cápsula de los aeropuertos japoneses. Frente a la más desabrida intemperie, el receptáculo a pequeña escala. Alicia Framis reflexiona sobre el más amplio papel de las ciudades en la sociedad capitalista, mediante pantallas de vuelo de los aeropuertos y su serie de habitaciones prohibidas. Y Democracia trabaja con ultras del equipo del Girondins de Burdeos, para cuestionar el fútbol como negocio mediante cierto trasfondo político.

Construyendo democracia, como apuntó Giner, tiene su raíz en movimientos como el 15M o Salvem el Cabanyal, donde se concreta esa “reivindicación del ciudadano activo”. Diversos videos, maquetas, fotografías e instalaciones van dando cuenta de esa apropiación callejera por parte de una sociedad civil crítica con la Ley mordaza. “Revueltas en la calle más allá del proceso de voto” o “fuerza mínima que surge desde la calle”, según explicó en diversos momentos de la exposición el propio comisario.

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Fotografía de Laia Solé en 'Construyendo democracia'. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Fotografía de Laia Solé en ‘Construyendo democracia’. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Salva Torres

La instalación afectiva de Eduardo Peral

Eduardo Peral Ricarte
Sala d’Arcs de la Fundación Chirivella Soriano
Palau Joan de Valeriola, 13. Valencia
Inauguración: 2 de octubre, a las 20.00h

Eduardo Peral Ricarte (Elche, 1991) presenta en la Fundación Chirivella Soriano su último trabajo #FollowMe, con motivo del premio del Certamen Sala d’Arcs organizado por Fundación Chirivella y el Máster de Producción Artística de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. El objetivo principal del proyecto reside en realizar una instalación de diferentes elementos que transformen la sala de exposiciones en un lugar que remita a un domicilio particular, una habitación de un usuario de Internet.

El proyecto #FollowME gira en torno a las nuevas formas de relación humana, que son las bases de la nueva producción económica. Este modelo de negocio se basa en las dinámicas biopolíticas, en la que la política, la economía, las relaciones personales y sociales no se pueden separar. Hoy en día la materia prima son las relaciones interpersonales y hay quien ha definido el afecto como subjetividad productiva.

Instalación de Eduardo Peral Ricarte en la Sala d'Arcs. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Instalación de Eduardo Peral Ricarte en la Sala d’Arcs. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Las grandes empresas lanzan productos exitosos que se basan en tecnologías de comunicación diseñadas para explotar las interacciones sociales y afectivas. Las redes sociales lideran la producción de sentimientos como los que se relacionan con la compañía, la afectividad interpersonal, etc. Así ofreciendo una representación tecnológica de la relación entre comunicación y afecto.

También tenemos que tener en cuenta que, la afectividad es un vínculo estético, un vínculo que generamos con el mundo, sus objetos, entornos y seres a través de las emociones sobre el mundo y de los sentimientos que produce el afectar y ser afectado por él.

La estrecha relación entre afectividad y experiencia estética genera que muchos discursos artísticos se presenten como un acercamiento a temas cercanos a la búsqueda de problemas que envuelven la felicidad humana en nuestra sociedad. Esta investigación trata de evidenciar las claves entre la estética y biopolítica, poniendo en manifiesto que la gestión de la afectividad y su productividad son las estéticas del biopoder contemporáneo.

Las grandes corporaciones de entretenimiento y de comunicación tienen como objetivo generar nuevas dependencias y necesidades de diversos tipos que incluyen formas de relación social específicas. La estrategia rentable de las empresas de la nueva web (Web 2.0), se basa en producir vida social, relaciones, emergiendo un nuevo capitalismo que podríamos denominar social o afectivo.

Estos hechos que han cambiado el contexto de relacionarnos con el mundo han propiciado que ahora mismo los usuarios emitan una cantidad de información en internet que no ha tenido precedentes. Hay una capacidad atlética para estos actos estéticos, los usuarios asumen el acto creativo como una forma de ejercicio. Un ejercicio que como cualquier emisor de información en Internet necesita desarrollar una marca personal o crear una auto-mitología.

Obra de Eduardo Peral Ricarte en la Sala d'Arc. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Eduardo Peral Ricarte en la Sala d’Arc. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

La ciudadanía, ‘Construyendo democracia’

Construyendo democracia
Fundación Chirivella Soriano
Palau de Joan de Valeriola
C / Valeriola, 13. Valencia
Inauguración: viernes 2 de octubre, a las 20.00h
Hasta el 10 de enero de 2015

La Fundación Chirivella Soriano inaugura el próximo 2 de octubre la exposición Construyendo democracia, en la que reúne siete propuestas artísticas que comparten un mismo síntoma: la necesidad de generar una reflexión en torno a cómo articular la esfera pública, al papel que tiene el ciudadano en la construcción de la misma y a la relación del arte con los procesos democráticos.

Obra de Alicia Framis, en la exposición Construyendo democracia. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Alicia Framis, en la exposición ‘Construyendo democracia’. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

A lo largo de los últimos años los acontecimientos socioeconómicos han acabado por derrumbar la estructura que sostenía el llamado estado de bienestar. Esta situación ha hecho evidente la necesidad de cambiar el rumbo de nuestro sistema político, destacando el papel fundamental y la importancia de la participación social en la construcción de un estado democrático.

En este sentido, es importante resaltar que el concepto de ciudadanía está inseparablemente vinculado al de democracia. Dicha relación define y alimenta uno de los pilares básicos de la democracia, ya que da permiso a que las propias personas planteen sus propuestas e intenten promoverlas mediante diferentes vías. Asimismo, este tipo de dinámicas ayuda a replantear sus lazos sociales al reclamar un compromiso con la cosa pública, circunstancia que implica una identificación del individuo con su comunidad, estando y actuando con y para la misma.

Obra de Santiago Cirugeda, en la exposición Construyendo mundos. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Santiago Cirugeda, en la exposición ‘Construyendo democracia’. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

La implicación del ciudadano como sujeto político permite construir y reclamar un cambio de modelo, tanto desde el punto de vista social como económico, que posibilite repensar la política y las formas de gobierno. Con ello se pretende ir más allá del marco de la democracia representativa y otorgar así a los miembros de la comunidad, con su participación, la legitimidad de poder negociar sus propuestas. Surge así la voluntad de incitar una nueva politización de la sociedad civil mediante la configuración de sociabilidades alternativas.

Obra de Colectivo Cambalache, en Construyendo mundos. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Colectivo Cambalache, en ‘Construyendo democracia’. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Los artistas que participan en Construyendo democracia son Xavier Arenós, Colectivo Cambalache (Carolina Caycedo, Adriana del Pilar García, Alonso Gil y Federico Guzmán), Santiago Cirugeda, DEMOCRACIA (Pablo España e Iván López), Domènec, Alicia Framis y Laia Solé.

Obra de Domènec, en la exposición Construyendo mundos. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Domènec, en la exposición ‘Construyendo democracia’. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.