El Museo de la Ciudad se llena de afectos geométricos

‘Aproximación a la geometría valenciana’
Museo de la Ciudad
Plaza del Arzobispo, 3. València
Del 18 de julio al 22 de noviembre de 2020
Martes 21 de julio de 2020

Larga es la tradición que se hace cargo de una frase de Platón, grabada en la entrada de su Academia y que venía a decir lo siguiente: “No entre aquí nadie que no sepa de geometría”. El Museo de la Ciudad, enmendándole la plana al gran filósofo griego, no solo rompe con ese mandato, sino que anima al público en general, sepa o no de geometría, a que entre en sus salas para admirar el conjunto de obras expuestas hasta el 22 de noviembre. Lo hace, en este caso, siguiendo la estela de otro pensador que puso también la geometría en el frontispicio de su obra, relacionándola extrañamente con la ética: de ahí su libro ‘Ética demostrada según el orden geométrico’.

Vista de la muestra ‘Una aproximación a la geometría valenciana’. Imagen cortesía del Museo de la Ciudad.

Ligando a Platón con Spinoza, diríase que el Museo de la Ciudad violenta al primero, acogiendo una selección de obras de artistas valencianos dedicados a explorar las posibilidades de esas formas geométricas, adentrándose en los confines misteriosos del segundo, quien propuso tratar los afectos humanos como si estuvieran hechos de líneas, curvas, superficies y colores diversos. De manera que la naturaleza, sin estar escrita con el lenguaje matemático al que aludió Galileo, sí es verdad que se muestra pletórica a través de las distintas figuras geométricas trabajadas por artistas como Manolo Gil, Vicente Castellano, Eusebio Sempere, Monika Büch, José María Yturralde, Anzo, Encarna Sepúlveda, Patricia Bonet o Javier Calvo.

Artistas todos ellos reunidos en la muestra ‘Una aproximación a la geometría valenciana’, que la Fundación Chirivella Soriano presenta en el Museo de la Ciudad, en colaboración con la Concejalía de Patrimonio y Recursos Culturales del Ayuntamiento de Valencia, y que completan Salvador Victoria, Joaquín Michavila, Jordi Teixidor, Martín Noguerol, Salvador Montesa, Ferrán Gisbert, Oliver Johnson y Robert Ferrer. Un total de 17 artistas enganchados a esas formas para dar vida al sinfín de afectos vehiculados mediante esa geometría. Geometría, por tanto, ligada a los principios racionales de la matemática, asignatura eliminada por el actual Ministerio de Educación como materia obligatoria para los estudiantes de Bachilerato que se decanten por Ciencias y Tecnologia o por Humanidades y Ciencias Sociales, al tiempo que vinculada a las pasiones humanas que Spinoza trató con igual devoción geométrica.

Vista de la muestra ‘Una aproximación a la geometría valenciana’. Imagen cortesía del Museo de la Ciudad.

Esa mezcla de objetividad y subjetividad, de razón y altura emotiva, se conjuga en la obra de los 17 artistas valencianos reunidos en el Museo de la Ciudad como si de un todo se tratara. Un todo dividido en tantas partes como avenidas tomaron cada uno de ellos, por mucho que la etiqueta de arte geométrico los enfilara por un similar sendero de caminos que se bifurcan. “España se enganchó tarde, a mediados de los 50, a las corrientes vanguardistas del siglo XX”, explica Manuel Chirivella, presidente de la Fundación Chirivella Soriano, que añade: “En ese proceso de asimilación, el fragmento geométrico español no se puede entender sin los artistas valencianos; su importancia es enorme”.

Como enorme es la variedad de formas utilizadas por esos artistas a la hora de expresar sus afectos por la vía geométrica. Emociones como el amor, la ira, el temor, la alegría o la tristeza son sometidas, sin que tal palabra signifique sumisión de los afectos al concepto que los vehicula, a patrones de visión e interpretación modelados a través de figuras que exigen tanto rigor a la hora de plasmarlos sobre una superficie bidimensional, como talento para que el espectador sucumba a la plasticidad de un orden que de pronto se abre a múltiples dimensiones sensoriales.

Obras, en primer término, de Encarna Sepúlveda en la muestra ‘Una aproximación a la geometría valenciana’. Imagen cortesía del Museo de la Ciudad.

“La geometría está en el origen de la vida, que es lo más inventivo e interminable que conocemos”, señala el pintor Pablo Palazuelo, en una cita tomada por Javier B. Martín, de Ars Citerior, a la hora de explicar la obra de estos artistas valencianos. Artistas que Manuel Chirivella concita en torno a ese discurrir por el sendero geométrico que les llevará a todos ellos, seguramente, al intento de “desvelar plásticamente la gran pregunta que siempre subyace: ¿Y si fuera cierto que todo se reduce a un problema geométrico?”. De nuevo Spinoza y, de nuevo, la necesidad de aprehender los afectos humanos mediante formas que, aparentemente, excluyen la pasión que tiende a escapar de los confines cerrados del cuerpo geométrico.

Ya sea mediante el Grupo Parpalló, que, como dice Manuel Chirivella, “todavía hoy representa el más relevante fenómeno de coordinación de artistas del ámbito valenciano con un innegable y compartido espíritu renovador de la vida cultural”, o a través de otros “asimilados” al grupo, al igual que los reunidos bajo el epígrafe de Antes del Arte (Sempere, Michavila, Yturralde, Teixidor o Calvo), para desembocar en los 80 y de ahí hasta la actualidad, lo cierto es que todos ellos ahondaron en la investigación de la geometría para extraer la esencia siempre esquiva del ser y su naturaleza, siguiendo las leyes de la proporción matemática y su correlato cosmológico.

Obras de Martín Noguerol en ‘Una aproximación a la geometría valenciana’. Imagen cortesía del Museo de la Ciudad.

Esa tensión entre lo abstracto y lo figurativo que se desprende de los afectos evocados en las diversas figuras, Alfonso de la Torre, estudioso de la obra de Castellano traído a colación por Javier B. Martín, lo explica aludiendo a este “pintor minucioso sobre el que se podría aplicar también el calificativo de lírico”. Un lirismo que sobrevuela el conjunto expositivo, ya sea mediante formas en las que impera el trazo rectilíneo, ausente de curvas, o donde proliferan los círculos y cuadrados, y donde el color adquiere las tonalidades acordes con la manifestación de ese lirismo a veces apagado, triste, melancólico, y en otras producto de una pasión más abrupta y exacerbada.

‘Una aproximación a la geometría valenciana’ ha sido fruto de la colaboración entre el Ayuntamiento de Valencia y la Fundación Chirivella Soriano. Colaboración que la concejala de Cultura, Glòria Tello, confía en que sea “el principio para futuras colaboraciones” dada la afinidad con una institución privada que viene prestando indudable apoyo a la cultura valenciana, según palabras de la propia concejala. De momento, ahí está en el Museo de la Ciudad el fruto de este primer acuerdo. Una geometría en la que se dan la mano “orden y caos, fijeza y transformación en un incesante fluir que jamás concluye”, apunta el presidente de la Fundación, quién sabe si a modo premonitorio.

Obras de Martín Noguerol, Patricia Bonet y Ferran Gisbert en ‘Una aproximación a la geometría valenciana’. Imagen cortesía del Museo de la Ciudad.

Salva Torres

Homenaje de Mery Sales al pensamiento que duele

‘Seres fuera de campo’, de Mery Sales
Fundación Chirivella Soriano y Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana
Palau Joan de Valeriola
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 4 de octubre de 2020
Domingo 12 de julio de 2020

“Para que tu mano derecha ignore lo que hace la izquierda, habrá que esconderla de la conciencia”, escribió la filósofa y activista social Simone Weil. De las contradicciones humanas, encerradas en esa tensión dialéctica que no se aviene a dóciles equilibrios, sino a arrebatados pulsos entre el bien y el mal, se hace cargo Mery Sales en su exposición ‘Seres fuera de campo’. Exposición en la que, precisamente de la mano de Weil, pero también de Hannah Arendt y María Zambrano, Sales rinde homenaje a tan conspicuas representantes de la filosofía y la poesía, para celebrar el acto creativo como alumbramiento de esas zonas de sombra que nos constituyen a los seres humanos.

Las manos derecha e izquierda a las que se refiere Weil, que bien pudieran ser emanaciones políticas de esas otras derechas e izquierdas históricamente enfrentadas, dan lugar, en la obra de Mery Sales, a una pugna igualmente intensa por hacer aflorar a la superficie del cuadro lo que tiende a ocultarse. “Pretendo que los cuadros gusten, pero que también inquieten”, dice la artista. De ahí que, a renglón seguido, diga: “Hay que atreverse a ver lo que te duele”.

Vista de la exposición ‘Seres fuera de campo’, de Mery Sales. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Y lo que duele, a poco que uno se acerque sin temor a la obra de Sales, es constatar la herida, nunca cerrada del todo, de quien siente que la vida siempre nos sobrepasa; que lo real, por excesivo e ininteligible, exige de un gran valor para afrontarlo, cosa que ella hace depositando en la obra ese resto hiriente a modo de huella que conviene rastrear si queremos sentir una experiencia verdadera. Si, como ella misma dice, su obra anterior hurgaba en el mal, en esta ocasión, sin dejar de hacerlo, ha incluido el bien como esa otra fuerza de signo contrario que merece la pena ser acogida. Puestos a correr el riesgo de revelar lo oculto, Sales ha intuido que el bien es una energía, más allá de sus amables componendas morales, dotada de poderes suficientes para contrarrestar el maleficio contrario.

Contrariamente a lo apuntado por la propia Weil, cuando dijo que al luchar contra la angustia uno nunca produce serenidad, Mery Sales se hace cargo de esa angustia inscrita en su obra, amainando la tempestad que bulle en su interior con tenaz determinación creativa. En este sentido, diríase que su impulso creador rompe las amarras de la más fogosa y activista Weil, para encontrar esa serenidad en las más templadas reflexiones de la propia Weil, Arendt y Zambrano. De manera que capitalizando esa angustia primigenia (“allí recibí la marca del esclavo”, dirá Weil cuando trabajó en la fábrica Renault), la fue decantando por efecto del bien en pugna con tanto mal, como vivieron las tres en la primera mitad del bélico siglo XX.

Una de las piezas de la exposición ‘Seres fuera de campo’, de Mery Sales. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

“Desde la más tierna infancia y hasta la tumba hay algo que, a pesar de toda experiencia de los crímenes cometidos, sufridos y observados, espera invenciblemente que se le haga el bien y no el mal. Eso es, ante todo, lo que es sagrado en cualquier ser humano”, dice Weil en un texto recogido por Sales como parte indisoluble de su exposición. ‘Seres fuera de campo’, comisariada por Álvaro de los Ángeles y que reúne en la Fundación Chirivella Soriano alrededor de 50 obras, algunas inéditas ya que fueron pintadas durante el confinamiento, alude a estas tres conspicuas mujeres en el campo de la filosofía y la poesía, para dar cuenta del bien, del mal y de lo sagrado como ámbito último de resistencia.

Una sacralidad que Mery Sales reivindica asociada al “amor mundi” de Hannah Arendt, alejado de ese otro “estigmatizado”, subraya Sales, y mediante el cual la alteridad es objeto de una comprensión que nada tiene que ver con su insulsa justificación. “Comprender no significa justificar lo injustificable, dar razón a lo que nunca puede tener razón, comprender es examinar y soportar conscientemente la carga que nuestro siglo ha colocado sobre nosotros, y no negar su existencia ni someterse mansamente a su peso”, señala Arendt en otra de las citas incluidas en la exposición.

Simone Weil con su característico mono en una de las obras de la exposición ‘Seres fuera de campo’, de Mery Sales. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Mery Sales, con “escrupulosa meticulosidad”, como resalta Manuel Chirivella, presidente de la Fundación Chirivella Soriano, va decantando toda esa tensión entre el bien y el mal, que traslada a su pintura siguiendo el rastro de Arendt, Weil y Zambrano, para dejar constancia plástica de lo real, sin que el dolor sugerido por su afloramiento a la conciencia se imponga. “Toda la exposición es un homenaje al pensamiento”, subraya Sales. Un pensamiento que huye del simple esquema comunicativo, en el que alguien emite un mensaje que otro recibe y entiende, para adentrarse en un territorio más vasto del lenguaje, donde las palabras exigen una escucha más atenta.

Pensamiento que, entrañando cierto compromiso, tampoco se adscribe a la cerrazón de las ideologías. Como apunta Chirivella, más que un “arte político enclaustrado en un código retórico que solo reproduce representaciones ideológicas” asumidas por el poder, como dejaron constancia las vanguardias históricas puestas al servicio de los regímenes fascistas y comunistas, la obra de Mery Sales conjuga arte y política. Aúna compromiso, en tanto palabra que se resiste a su lógico acomodo social, “emoción y meditación a un tiempo”. “Pintura en la que pervive el indisoluble maridaje del pensamiento y la plasticidad”, señala el presidente de la Fundación.

Vista de la exposición ‘Seres fuera de campo’, de Mery Sales. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

El color rojo, que atraviesa la exposición para irse encarnando en diferentes cosas, aparece de forma harto elocuente en el mono de la propia Simone Weil, cuyo atuendo colgado, revelando su ausencia, viene a simbolizar la resistencia del sujeto a perderse en el olvido. De hecho, ‘Seres fuera de campo’ es la constatación de cómo la pintura y la fuerza creativa pueden alcanzar el máximo sentido, allí donde éste se perdería por inanición. Mery Sales lo que hace es transformar la siniestra desaparición, el fondo tenebroso de toda existencia, en lúcida reflexión sobre lo oculto a la conciencia. “La luz como lucidez”, por utilizar una expresión de la propia artista, con la que Sales rinde homenaje al pensamiento de esas tres grandes autoras y, de su mano, a la fragilidad del ser doliente. Atrévanse, ahora de la mano de Mery Sales, a sentir ese dolor gozoso que encierra su intensa plástica.

Mery Sales, en la entrada de su exposición ‘Seres fuera de campo’. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Salva Torres

El tiempo trenzado de Encarna Sepúlveda

‘Trenzando el tiempo’, exposición de Encarna Sepúlveda
Fundación Chirivella Soriano
Palau Joan de Valeriola, C/ Valeriola, 13, Valencia
Hasta el 29 de marzo de 2020

Mostrando el resultado de más de tres décadas dedicadas a la producción artística, ‘Trenzando el tiempo’ es una cuidadosa selección de obras que ofrece un recorrido por la carrera de la artista valenciana Encarna Sepúlveda. El título de la muestra define el planteamiento que se ha seguido a la hora de abordar esta exposición, pues se trata de entrelazar distintas etapas pictóricas en un mismo espacio, entrecruzando distintos tiempos pretéritos con el presente. El verbo ‘trenzar’ alude a la inherente geometría empleada en las obras de Sepúlveda las cuales se agrupan, entretejen y expanden cuando la mirada del espectador impacta sobre sus superficies.

Encarna Sepúlveda en la Fundación Chirivella Soriano. Fotografía cortesía de la Fundación.

Encarna Sepúlveda comenzó su periplo en el mundo artístico tras graduarse en Bellas Artes en 1989 y, desde entonces, se ha dedicado exclusivamente a la actividad artística, en la que se incluyen obras pictóricas y escultóricas. Su trayectoria ha estado compuesta por numerosas exposiciones tanto individuales como colectivas y su obra ha sido mostrada en numerosas ocasiones en ARCO, además de encontrarse presente en diferentes colecciones públicas y privadas.

Actualmente, presenta esta retrospectiva individual, comisariada por ella misma y la también artista Carolina Ferrer. La muestra abarca un conjunto de trabajos desde el 2002 al 2019, mostrando algunas obras inéditas para el público valenciano. El planteamiento no ha sido tanto llevar a cabo una exposición retrospectiva propiamente dicha, sino más bien un work in progress. En este sentido, Encarna Sepúlveda aclara que se trata de una manera de mostrar sus presupuestos pictóricos e intereses plásticos a lo largo de estos años y que, en gran medida, siguen vigentes. Un momento de reflexión, revisión personal y análisis en profundidad del propio quehacer artístico, donde la artista se permite una pausa para observar su trabajo desde otro ángulo y perspectiva.

Exposición Trenzando el tiempo. Fotografía cortesía de la artista

La obra, enmarcada en el ámbito de la abstracción geométrica, ha visto reducido paulatinamente el papel de otras formas orgánicas propias de fases anteriores, convirtiendo la geometría en el eje central de su lenguaje plástico. Así, se podría decir que, con el tiempo, ha depurado su lenguaje formal y, en los últimos años, su producción artística ha experimentado una suerte de despojamiento en sus elementos compositivos. Sepúlveda afirma que su pretensión es, en realidad, perseguir lo esencial y prescindir de lo accesorio. Quizá, todo ello responda a un intento de dotar de mayor fuerza y rotundidad a las imágenes, a lo que contribuye un uso del color muy contrastado y una paleta más reducida. Todas sus series se entrelazan de un modo natural, inevitable e indisoluble; “la urdimbre que las une es muy clara para mí”, comenta Encarna Sepúlveda, “aunque sus hilos resulten invisibles al espectador”. Según la propia autora, sus últimos cuadros contienen todos los anteriores que ahora se le antojan como una lenta y obstinada preparación de los últimos.

En esta exposición, junto a la obra de etapas anteriores tales como ‘Disonancias’, ‘Retazos’, ‘Recortando la pintura’, ‘La corteza del eco’ y ‘Ángulos del vacío’, encontramos una nueva serie de título homónimo a la exposición. Esta ha sido creada exprofeso para la muestra a lo largo de 2019. Abarca desde piezas de gran formato realizadas en acrílico sobre tela, hasta obra sobre papel, así como una pieza escultórica, site specific, situada en la planta baja del palacio. Asimismo, Encarna Sepúlveda incide en la importancia del espacio expositivo, así como en su conquista por parte de los artistas en pro de la convivencia entre contenido y continente. En esta ocasión es más relevante si cabe, pues el Palacio Joan de Valeriola con su singular arquitectura gótica, no sólo acoge la obra, sino que la realza e incluso la redimensiona.

Exposición trenzando el tiempo. Fotografía cortesía de la artista.

En definitiva, se trata de un reclamo expositivo importante del año a nivel cultural y en la ciudad de Valencia. La Fundación Chirivella Soriano nos ofrece la posibilidad de realizar un recorrido inédito por la trayectoria de Encarna Sepúlveda, donde las fases de su obra, a modo de hebras, se entretejen para que desde la perspectiva del tiempo, el espectador contemple todo aquello realizado y proyecte sobre el futuro las infinitas posibilidades con las que la artista puede seguir entrelazando geometrías.

Andrés Ávila Valverde

Los vestigios de carbón oscuro de Manuel Rey Fueyo

‘Manuel Rey Fueyo. Pintura S.XXI’
Fundación Chirivella Soriano
Palau Joan de Valeriola
Valeriola 13, València
Hasta el 29 de septiembre de 2019

“La pintura por la pintura” es uno de los términos con los que se ha definido el trabajo de Manuel Rey Fueyo (La Felguera, 1950). “Un pintor de raza” lo califica Pilar Dolz, comisaria de su última exposición. El pintor asturiano, afincado en València, donde ha desarrollado toda su trayectoria, forma parte de ese grupo de artistas que en los años 70 se alejó de la pintura figurativa del momento y asumió el término ‘pintura, pintura’, referido a la abstracción pictórica, junto a otros de sus coetáneos como Broto o Teixidor, cada uno en su propio estilo.

La Fundación Chirivella Soriano y el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana le dedican la muestra ‘Manuel Rey Fueyo. Pintura S.XXI’, una exposición que reúne una selección de sus trabajos durante los últimos 20 años, y que podrá visitarse en la sede de la Fundación, en el Palacio Joan de Valeriola, hasta el 29 de septiembre de 2019.

Obra de Manuel Rey Fueyo presente en la exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

El presidente de la Fundación Chirivella Soriano, Manuel Chirivella, y el director del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, José Luis Pérez Pont, han presentado esta mañana la muestra, acompañados por el artista, Manuel Rey Fueyo, y por la comisaria, Pilar Dolz.

Manuel Chirivella, presidente de la Fundación Chirivella Soriano, ha destacado la importancia del acuerdo de la entidad con el Consorci de Museus en organizar muestras para “revalorizar a artistas valencianos”. En esta línea, Chirivella ha incidido en el característico trabajo de Fueyo con la luz dentro de sus pinturas. “La búsqueda de la luz es una tarea muy difícil y tú la has encontrado”, ha afirmado.

Pérez Pont, por su parte, ha señalado que “esta exposición reivindica la vigencia de la pintura en el siglo XXI y está en la línea de colaboración que mantenemos con la Fundación Chirivella Soriano de reconocer la figura y la obra de artistas valencianos de una generación que aún sigue en activo, tras una larga trayectoria, como es el caso de Manuel Rey Fueyo”. La exposición reúne 30 obras de gran formato que, como explica su comisaria, “invitan a entrar dentro del cuadro”.

“Esta es una exposición muy espiritual, casi mística. La pintura abstracta es una pintura alejada de anécdotas que no necesita contar nada y que es todo emoción”, ha manifestado Pilar Dolz.

Según Dolz, “esta exposición es una reafirmación de la pintura en la actualidad. Llevo 45 años en la galería Cànem, y en los últimos años hacemos todo tipo de exposiciones, de instalaciones, vi deoarte, etc., pero la pintura sigue emocionando, aunque haya gente que diga que está muriendo”.

Obra de Manuel Rey Fueyo presente en la exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

‘Manuel Rey Fueyo. Pintura S.XXI’ refleja a la perfección los últimos años y el actual momento creativo de este artista que, manteniendo su origen asturiano, ha hecho toda su obra en València. Desde su primera exposición en 1973 hasta hoy, los críticos e intérpretes de la obra de Manuel Rey Fueyo se han encontrado ante un enigma insondable. Todos, de una manera u otra, han querido arrancar palabras de una obra y un autor que, con su actitud callada y reservada, se resiste a desvelar lo que hay detrás de su pintura. Se ha querido ver en él la pasión por el ocio pictórico, destacando sus cualidades técnicas y su preocupación por la forma, lo que tiene esta de nocturnidad, por lo que es necesario ejercer sobre ella una mirada de pupila dilatada.

Memoria del óxido

Se le ha asociado al carbón oscuro de la mina asturiana, de ahí que el crítico de arte Juan Manuel Bonet utilizara la expresión “memoria del óxido”. La oxidación crea el pigmento originario, el de los primeros trazos pictóricos del ser humano en grutas recónditas. Una pura materialidad sanguínea y negruzca que contrasta con la luminosidad mística de San Juan de la Cruz, uno de sus autores de referencia. Se le ha asociado a un susurro intimista y a la expansión explosiva, a la aparición de la luz y a su soledad.

El también crítico de arte Jesús Martínez Clara explica que “en todos los casos se intuye que hay universos inéditos no revelados, se le dice desde el principio que es un maestro de la combinatoria entre el orden y el caos, de la pasión y la razón, algunos incluso lo han asociado con el movimiento romántico en el que la emoción predomina siempre, unida a un sentimiento de nostalgia de su origen asturiano, la bruma celta conviviendo con la luz mediterránea.

Los que lo conocen hablan de un carácter retraído, y eso inevitablemente le conduce a utilizar el ‘menos es más’ de todo proceso místico que se refleja en su personalidad, pero también en su obra y en todo.

El artista Manuel Rey Fueyo durante un instante de la presentación su exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

MAKMA

“Los ojos ven una cosa y el cerebro otra”

Monika Buch. Trayectoria (1956/2018)
Fundación Chirivella Soriano
Palau Joan de Valeriola. C/ Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 9 de septiembre de 2018

“Nunca he tenido una exposición como ésta”, reconoce Monika Buch (Valencia, 1936). De familia alemana, procedente de la ciudad de Halle an der Saale, su infancia la pasó entre España y Alemania, en unos años en los que ambos países gozaban de una imagen teñida por la dictadura y el nazismo. “Decir que eras medio española y medio alemana, pues la verdad es que te acobardabas un poco, cuando resulta que todo tiene dos caras”. Quizás esa doblez, alejada de la simpleza con la que suelen mirarse las cosas, es la que impera en su obra, toda ella atravesada por variaciones formales y de color que fomentan múltiples percepciones.

“Los ojos ven una cosa y el cerebro otra, porque el cerebro interpreta lo que ve”, apunta quien ha dedicado toda su vida a provocar emociones mediante la geometría. “Cada vez que veo mi obra me impresiona, me asombra, porque veo cosas distintas”. La Fundación Chirivella Soriano reúne 120 obras de tan dilatado recorrido artístico en la exposición ‘Monika Buch. Trayectoria (1956/2018)’, comisariada por José Luis Martínez Meseguer y que permanecerá abierta hasta el 9 de septiembre. Una magnífica oportunidad para comprobar lo que exclama la propia artista: “¡Cómo te engaña la vista!”.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Meseguer ha dividido la muestra en siete apartados relacionados con sus primeros años de formación (“sorprende ya la maestría de esta etapa juvenil”), las obras lineales (“geometría pura”), las modulares, las figuras imposibles o trampantojos, las óptico-cinéticas, las casuales y las de investigación. El comisario recuerda cuando Buch llegó con 19 años a Ulm y quedó impresionada con el edificio de la escuela de esta ciudad: “En mi vida había visto algo parecido [el edificio de la Hochschule], este acontecimiento cambió toda mi vida. Lo llevo clavado en mi mente”.

¿Por qué le impresionó tanto aquel edificio? “Era una estructura con edificios bajos y una torre donde vivían los estudiantes, hecha de cemento armado gris y con ventanas de madera, que subía por una colina. Aún hoy, es un edificio estupendo cerca de un bosque”. Esa mezcla de frialdad gris y naturaleza, de organización estructural en contraste con la más primaria vegetación, de analítica y sensación telúrica, diríase que continúa en su obra, donde se da ese mismo contraste entre geometría y pasión de la que se hace eco Meseguer.

Un espectador contempla algunas de las obras de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Un espectador contempla algunas de las obras de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

De hecho, el comisario de la exposición organizada por el Consorcio de Museos y la Fundación Chirivella Soriano cita a Josef Albers y su formulación acerca del origen del arte, como reflejo de ese contraste: “La discrepancia entre el hecho físico y el efecto psíquico”. De nuevo, los ojos y el cerebro. “Primero ideo la estructura y luego la pinto, y unas veces sale como habías pensado y otras no. Y eso me emociona, porque lo que piensas en el cerebro adquiere luego otra forma”.

Monika Buch percibe este repaso a su obra como un “renacimiento de mi juventud”. Desde que se fue de Valencia con 19 años, ha transcurrido su vida en Holanda, “y ahora he tenido la sensación de volver a recuperar recuerdos de hace mucho tiempo”. Emociones que, a sus 82 años, le permiten echar la vista atrás y reconocer algo que repite en varias ocasiones: “Soy una persona muy feliz”, gracias a su trabajo, su familia y los amigos.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Vista de la exposición de Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Según Meseguer, al haber abandonado Buch sus estudios de diseño, “se ha perdido una gran diseñadora industrial, pero hemos ganado una artista”. ¿Qué le parece? “Pues que si no hubiera tenido los hijos tan seguidos, hubiera tenido una carrera científica, lo cual era una gran ilusión para mí. Se han perdido cosas, pero estoy muy contenta con lo que he hecho”. Y no es para menos. Como recuerda el comisario: “Es de las pocas mujeres que se han dedicado a la abstracción geométrica en el siglo XX”.

“Dedico horas y horas a mi trabajo, con mucha paciencia”. Y Buch lo relaciona con el deporte, “que entrenan todos los días sin descanso para llegar algún día a ser campeones; se puede comparar con ello. ¡Inviertes tanto tiempo recluida en un espacio!”. ¿Y por qué esa insistencia en la investigación del acto perceptivo? “No lo puedo explicar directamente”. Y como no puede, se dedica a expresarlo a través de una obra que parte de un esquema (“tinta sobre papel, estructuras”), al que le va añadiendo colores, “sobre todo azules y verdes, por sus gamas largas, y rojos, porque me gusta cambiar de colores”.

Sus estructuras, que parecen realizadas con ordenador dado el alto grado de perfección a la hora de ejecutarlas, engañan igualmente en este sentido: “No me gusta trabajar con ordenador, prefiero trabajarlas a mano”. Un trabajo más artesanal, mediante el cual se corre el riesgo de la imperfección: “Un poco de imperfección no me molesta”, concluye Monika Buch, feliz con su trabajo y la pasión que todavía extrae de tan enérgicas geometrías.

Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Monika Buch. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Salva Torres

¿No es país para jóvenes?

¿No es país para jóvenes?

Hace unos días entrevisté a un joven pintor mexicano, José Antonio Ochoa, el reciente ganador del premio de pintura de la Fundación Mainel. Repasando su trayectoria, me contaba con naturalidad cómo sus años de formación le llevaron de México a Chicago, luego a Sevilla y finalmente a Valencia. Ese detalle no me llamó la atención durante la conversación. Y precisamente por eso, testimonia algo de lo que tal vez no somos siempre conscientes, en el medio local: la capacidad de atracción que ejerce nuestra escena artística -y como parte de ella, la pictórica- entre creativos jóvenes. Seguro que, si nos preguntasen por la trayectoria vital de los artistas valencianos en el presente, tal vez muchos contestaríamos que lo normal entre jóvenes creadores es irse. Y sería parte de la verdad.

On the road de Jose Antonio Ochoa. Ganador XXI Premio Nacional de Pintura

On the road de Jose Antonio Ochoa. Ganador XXI Premio Nacional de Pintura. Imagen cortesía de Fundación Mainel.

Pero uno es historiador (del arte), cosa que ya no tiene remedio. Si te acostumbras a intentar mirar con un poco de perspectiva, surgen otros contextos, otros elementos de referencia. Empezando por las administraciones públicas, es ya lugar común tomar la apertura del IVAM en 1989 como el gran proyecto activador de la cultura artística valenciana contemporánea. Más allá de los altibajos en su historia, lo tiene todo para seguir siendo el referente esencial de la escena artística valenciana, por colección, por exposiciones, y por actividades. Desde fechas mucho más recientes, el Consorcio de Museos aspira a consolidarse como un actor atento a intereses y perfiles mucho más diversos, a proponer enfoques innovadores de gestión, y a vertebrar el territorio superando la tradicional focalización en la capital autonómica.

El siguiente elemento a considerar es, sin lugar a dudas, una Facultad de Bellas Artes de la UPV que ha tenido un desarrollo extraordinario en las últimas décadas. Bien dotada en cuanto a capital humano y a medios materiales, actúa como polo de atracción en la formación de -entre otros perfiles artísticos- pintores, dentro de una gran variedad de prácticas, de estilos y tendencias. Me cuesta valorarla como otra cosa que una historia de éxito: con sombras y luces, como todas, pero con neto predominio de las segundas, sobre todo si se compara con muchas de sus homólogas nacionales.

El coleccionismo privado siempre había estado ahí, pero ahora se está institucionalizando y va ganando visibilidad pública. Bombas Gens es el caso paradigmático, aunque ni mucho menos el único. Ahí están la Colección Martínez Guerricabeitia, o la Fundación Chirivella Soriano, o las múltiples iniciativas artísticas de DKV. Para cuando abra sede en 2020, las expectativas sobre la Fundación Hortensia Herrero son muy altas; lógicamente, tanto como el perfil de la familia Roig. Ninguna de estas colecciones se limita a un ámbito valenciano, pero tampoco se entendería que no contribuyesen a cultivarlo, incluyendo a los jóvenes.

Ya que hablamos de cultivar, las becas formativas para artistas también son importantes, incluso en tiempos de globalización y vuelos de bajo coste. Las becas Alfons Roig dan una dignísima continuidad a la labor ya centenaria de la Diputación de Valencia, en este campo. La colaboración del Ayuntamiento de Valencia con la Casa de Velázquez es un reciente añadido en este campo.

Exposicion XVIII Premio Nacional de Pintura. Cortesia de Jorge Sebastián Lozano

Exposicion XVIII Premio Nacional de Pintura. Imagen cortesia de Fundación Mainel

Y después de la formación, los premios para jóvenes. El concepto no está exento de dificultades, de las tensiones implícitas en diferenciar pintores jóvenes respecto a ¿emergentes? ¿media carrera? ¿precarios permanentes? La variedad de premios y enfoques refleja las soluciones propuestas, tanto desde la Administración como desde la sociedad civil. Hay dónde elegir: la Real Academia de San Carlos, el Senyera, el de la Fundación Mainel, el Mardel, la Bienal Comenge…

No quiero dejar de mencionar la continua vitalidad del arte público y el arte urbano, tan activos en nuestro entorno cercano. Intentar encajonar esa escena dentro de las coordenadas pictóricas, que son el marco de este texto, equivaldría a deformarla. Pero tampoco puede negarse que existen conexiones.

Por supuesto, esta panorámica -que no tiene ninguna pretensión de exhaustividad- estaría incompleta sin los retos de mejora. Muy especialmente, hay toda una serie de retos en cuanto a la escasa demanda de artes visuales en la sociedad valenciana. Los datos de mera asistencia a actividades artísticas hablan por sí solos. Sigue habiendo un desequilibrio entre la amplia oferta disponible y la demanda real. La compra de arte sigue siendo vista como algo fuera del alcance de las clases medias. En los casos en que sí hay voluntad de comprar, además, esa demanda se cubre mayoritariamente en ferias y foros internacionales. Todo esto se traduce a que los trabajadores del sector luchen seriamente por la mera supervivencia laboral, en un contexto caracterizado por la precariedad, según informes varios vienen refrendando.

Como consecuencia pero también como causa de lo anterior, tenemos un escenario de medios de comunicación culturales muy fragmentado e inestable. Esta problemática no es específica del ámbito valenciano, sino que forma parte de una situación general nacional. No faltan iniciativas de calidad; falta escala. Ojalá los recién recuperados medios de titularidad autonómica sirvieran para mostrar que información, entretenimiento y cultura pueden coexistir de maneras creativas. Queda mucho por aprender, en este campo, pero la propia MAKMA es un ejemplo estimulante.

Otro reto radica precisamente en la gran proliferación de iniciativas. Pensemos en la escena local de festivales, pocas semanas después de Russafart. A la vez, no lo neguemos, muchas iniciativas adolecen de inestabilidad y falta de continuidad. Por introducir aquí un actor tan esencial como son las galerías, la crisis financiera se llevó por delante profesionales que ya parecían consolidados en nuestra escena; pero no se trata sólo de la crisis, es algo más amplio. Algún día habrá que escribir la historia de tantas galerías que abren y desaparecen antes de dos años, la de los premios que dejaron de convocarse tras pocas ediciones, la de ferias de arte o salas públicas de exposiciones que cierran tras décadas de actividad…

Inauguración XIX Premio Nacional de Pintura. Cortesía de Jorge Sebastián Lozano

Inauguración XIX Premio Nacional de Pintura. Imagen cortesía de Fundación Mainel

Dándole la vuelta a la moneda, no es menos reseñable el mérito y el esfuerzo detrás de las iniciativas que sí se mantienen en pie. Al principio cité un ejemplo, que conozco de primera mano, las 21 ediciones del premio de pintura Mainel para pintores menores de 35 años; por él han pasado muchísimos nombres que hoy ya vemos consolidados dentro del panorama expositivo. El mérito nunca corresponde a una sola institución, sino que suele explicarse por la colaboración de otros actores; en este caso, la generosa participación de los jurados es un punto esencial.

En cuanto a los propios artistas, la disparidad de situaciones entre ellos es tan grande que dificulta un diagnóstico compartido. Poco en común tienen nuestros nombres más internacionales y tantos jóvenes que empiezan a enviar sus dossiers al terminar la carrera. La dureza de la profesionalización artística es extrema. Desde el asociacionismo profesional, AVVAC ha jugado un papel relevante de organización y denuncia durante muchos años. Sus actuales problemas institucionales hacen visible la fragilidad de la estructura, el escaso atractivo del esfuerzo colectivo, que sin embargo sigue siendo imprescindible.

Mucho de todo esto resulta evidente al leer las entrevistas a artistas que vertebran Espais d’Art, la estupenda exposición todavía visitable en Bancaja. La propia sede de esa exposición es emblema del amargo devenir de un actor económico y social tan importante como fue la principal caja de ahorros valenciana. Los damnificados en ese proceso fueron muchísimos; uno de ellos, poco visibilizado, fueron los propios artistas valencianos. El actual equipo gestor sigue planteando exposiciones útiles en este sentido, cosa también digna de agradecimiento, pese a una limitación radical de medios, en comparación con los años dorados. Por contraste, el Caixaforum será sin lugar a dudas un foco de enriquecimiento cultural para Valencia, pero está por ver si se prestará una atención grande a la escena local. No parece ser parte de su modelo institucional, ni tampoco tendría por qué serlo, pero el nicho y la necesidad existen.

Tantos logros y tantos retos no deberían hacernos perder de vista el resultado de toda esta escena, aquí apenas bosquejada. Y no es otro que una galaxia -no se busquen aquí metáforas futbolísticas, por favor- de abundantes e interesantes pintores valencianos jóvenes. Por supuesto, no es sencillo definir su valencianidad, más allá de la circunstancia biográfica de formarse o estar activos, más o menos establemente, en Valencia. Pero, aprendiendo de nuestra historia, estaría bien que les valorásemos aquí antes de que obtengan fuera el reconocimiento que merecen.

Exposición XX Premio Nacional de Pintura. Cortesía Jorge Sebástian Lozano

Exposición XX Premio Nacional de Pintura. Imagen cortesía de Fundación Mainel

Jorge Sebastián Lozano
Universitat de València

 

Fallece el coleccionista Vicent Madramany

Vicent Madramany (L’Alcudia, 1946). Coleccionista y mecenas
Director de À cent mètres du centre du monde, de Perpignan (Francia)
Sábado 31 de marzo de 2018
Con motivo de su fallecimiento el 29 de marzo, reproducimos la entrevista realizada en la Fundación Chirivella Soriano como parte responsable de la exposición de Artur Heras.
Descanse en paz.

“Coleccionistas de verdad hay muy pocos”, advierte Vicent Madramany. Le faltó añadir que él es uno de ellos. Director del museo de arte contemporáneo de Perpiñán, que lleva el significativo nombre de À cent mètres du centre du monde, en alusión a Dalí, Madramany se acercó a Valencia como parte responsable de la exposición de Artur Heras en la Fundación Chirivella Soriano. De las 44 piezas exhibidas, 42 pertenecen a su colección; las otras dos son propiedad del propio artista. Piezas de gran formato que, a modo de antológica, permiten contemplar 50 años del trabajo de Heras, los que van de 1964 a 2013 (Ver: https://www.makma.net/seduccion-iconografica-elegante-protesta/).

Aunque “lo importante son los artistas”, razón por la cual Vicent Madramany prefirió mantenerse en un segundo plano durante la presentación de la antológica, lo cierto es que su trayectoria como coleccionista bien merece un aparte. Su trabajo de importación y exportación de frutas le llevó, entre otros lugares, a Perpignan, donde fue barruntando la idea de crear un museo de arte contemporáneo. Idea que dio sus frutos (nunca mejor dicho), tras la compra de un viejo almacén de frutas y verduras, que se hallaba muy cerca de la estación de tren de Perpignan, a la que Salvador Dalí dedicó una de sus obras tras delirante visión: “El universo, que es una de las cosas más limitadas que existe, sería –guardando las proporciones, similar por su estructura a la estación de Perpignan”.

Vicent Madramany, junto a la obra 'Consum nacional brut' de Artur Heras. Foto: MAKMA

Vicent Madramany, junto a la obra ‘Consum nacional brut’ de Artur Heras. Foto: MAKMA

Madramany, haciendo uso explícito del delirio daliniano, bautizó su museo tomando como referencia esas palabras y los aproximadamente 100 metros que lo separaran de la estación de tren: À cent mètres du centre du monde. Museo del que provienen la 42 piezas de Artur Heras y donde Madramany acumula y exhibe obras principalmente de artistas valencianos y franceses. “El coleccionista es la persona que intenta hacer un homenaje a los artistas coleccionando su obra para que perdure en el tiempo”. Nada que ver con los coleccionistas que, como champiñones, brotaron a causa del esplendor inmobiliario. “Hay quienes han comprado arte por una finalidad especulativa, como un producto financiero”.

Madramany entiende que esa “especulación del producto artístico” ha terminado por “marear mucho” el mercado del arte. “Ha habido un exceso de artistas y de obras”, lo mismo que “hay muchos museos que son almacenes de obras mediocres”, y pone como ejemplos el Hermitage de San Petersburgo o el Louvre de París. “Prefiero el Museo del Prado o la National Gallery de Londres”. Para Madramany, “la pintura, salvo milagros, no es una inversión”. Y como “el olvido” suele ser a su juicio el “destino normal de la mayor parte de la obra creativa”, la función del coleccionista es la de poder “rescatar” de ese olvido a los artistas.

Vicent Madramany, junto a la obra 'Consum nacional brut' de Artur Heras. Foto: MAKMA

Vicent Madramany, junto a la obra ‘Consum nacional brut’ de Artur Heras. Foto: MAKMA

“Hay mucha gente que invierte, pero coleccionistas de verdad, los que lo hacen por placer, no abundan, y no es el principal motor del mercado del arte”. Conjugar ese placer, que permite dar testimonio de la “obra bien hecha”, con la justa proporción de rentabilidad derivada del valor creativo, es lo que Vicent Madramany persigue con su colección de obras en À cent métres du centre du monde. Casi medio centenar está ahora en la Fundación Chirivella Soriano. Piezas de gran formato, porque “una obra cuando es buena tiene más fuerza a tamaño grande”. Que es lo que le suceden a las 44 piezas de Artur Heras. Madramany está de enhorabuena.

Vicent Madramany, al lado de la obra 'El sueño del capitán España' de Artur Heras. Foto: MAKMA

Vicent Madramany, al lado de la obra ‘El sueño del capitán España’ de Artur Heras. Foto: MAKMA

Salva Torres

La ruina como objeto de reflexión

Fragmentos para la eternidad. Poéticas en torno a la ruina
Comisario: José Luis Giner
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 9. Valencia
Hasta el 11 de noviembre de 2017

La ruina como “estado intermedio entre naturaleza y cultura”, en expresión de Anna Talens, es objeto de reflexión en la Fundación Chirivella Soriano, que reúne la obra de nueve artistas en la exposición Fragmentos para la eternidad. Poéticas en torno a la ruina, que comisaría José Luis Giner. La muestra trata de aproximarse, como señala el propio Giner, “a las múltiples lecturas de la idea de ruina y a su uso como recurso en el arte actual”. Lecturas que tienen al tiempo como protagonista de todas ellas, en tanto hablan de nuestro presente tomando como referencia restos del entorno evocadores de cierto pasado.

Obra de Anna Talens. Imagen cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Anna Talens. Imagen cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

Ese límite fronterizo que revela toda ruina, a punto de morir o desaparecer tras haber sido producto vivo de la cultura, atraviesa el conjunto expositivo. De manera que su carácter nostálgico no deja de estar impregnado de resistencia, motivada por la reflexión presente. Como apunta Manuel Chirivella, presidente de la Fundación, “nuestro mundo todavía no está en ruinas, está en obras. Aún pertenece a la historia. Una historia muchas veces trágica, siempre desigual, pero irremediablemente común. Una historia que el arte debe relatar, porque el relato es el único mecanismo que engendra tiempo”.

Lida Abdul, Antonio Fernández Alvira, Bleda y Rosa, Carmen Calvo, David Bestué, Óscar Carrasco, Patricia Gómez y María Jesús González, María José Planells y la propia Anna Talens son los artistas encargados de construir ese relato aludido, para que la ruina o ruinas no desaparezcan bajo el peso del tiempo. Labor arqueológica unas veces ardua, porque exige la recuperación de unos restos ya desaparecidos por el avance y la destrucción urbanística, y otras simplemente evocadora de lo que sigue vivo pero tiende a olvidarse.

Obra de Carmen Calvo. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Carmen Calvo. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Anna Talens lo hace con el suelo de su estudio en Carcaixent, reproducido a escala de 1/1, que le permite recrear ese espacio cargado de valor, por pertenecer a la casa de su abuela. Un acto creativo, al tiempo que resistente, o resistente por creativo, en torno a un lugar próximo a convertirse en futura ruina. Esa nostalgia también forma parte de su otra pieza referida al desaparecido Palast der Republik de Berlín. Con algunos de los cristales del demolido edificio, Talens realiza una frágil escultura cuyos fragmentos, atados con hilo de seda, se asoman al abismo de una peana. “Mi obra es muy existencial, porque remite al miedo, el dolor, el placer”.

Ruinas que, a raíz de lo señalado por Talens, evocan la memoria personal e íntima, al tiempo que señalan hacia aquellos otros espacios públicos amenazados por la vorágine constructora moderna. De ahí lo de “Fragmentos para la eternidad”, cuyo título pretende abarcar el tiempo pasado inscrito en toda ruina, y el futuro apuntado en esa memoria que los artistas reflejan en su obra. Y “Poéticas en torno a la ruina”, porque después de todo son varias pero unidas por esa lírica que ofrece la mirada cercana, próxima, arqueológica.

Obra de Lida Abdul. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Lida Abdul. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

“Describir las ruinas es remitir a lo temporal, ya que se intenta desde el presente comprender el pasado”, explica Giner. Y aproximarse a ellas “para que nos cuenten y así poder interpretarlas”, añade el comisario. Descripción y relato. O lo que es lo mismo: material diríase documental que, al formar parte de un conjunto narrativo, permite construir cierto relato. Relato a veces espinoso, como el de Carmen Calvo en su obra ‘Cristales’, cuyos fragmentos incrustados destilan cierta agresividad, sin duda contenida por las tonalidades de esos cristales.

“En un momento en el que todo conspira para hacernos creer que la historia ha terminado y que el mundo es un espectáculo en el que se escenifica dicho fin, debemos volver a disponer de tiempo para creer en la historia”, señala Chirivella. Y añade: “Esa sería hoy la vocación pedagógica de las ruinas utilizando el arte como vehículo”. Vocación que permanecerá abierta a la reflexión y al diálogo hasta el 14 de enero en la Fundación Chirivella Soriano, donde en su Sala d’arcs expone Cristina Santos su Chemtrails.

¿Podemos creer y confiar en todo lo que leemos y vemos por Internet? Para responder a esta pregunta, la artista de Vila-real monta una instalación que conjuga un texto, que poco a poco se va diluyendo, sobre las sugerencias para detectar las noticias falsas, con dos series de imágenes de un avión dejando cierta estela en la atmósfera. Esas dinámicas de velocidad, “de consumo rápido de contenidos, sin contrastar la información que se nos da”, son puestas en cuestión por Cristina Santos.

Obra de Oscar Carrasco. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Obra de Oscar Carrasco. Imagen cortesía de Fundación Chirivella Soriano.

Salva Torres

Poéticas en torno a la ruina en Chirivella Soriano

‘Fragmentos para la eternidad. Poéticas en torno a la ruina’, VV.AA.
Fundación Chirivella Soriano
Valeriola 13, Valencia
Del 6 de octubre de 2017 al 14 de enero de 2018

La Fundación Chirivella Soriano presenta la exposición ‘Fragmentos para la eternidad. Poéticas en torno a la ruina’, que se inaugura el próximo viernes 6 de octubre en la sede de la organización y podrá visitarse hasta el 14 de enero.

La muestra reúne los trabajos de una serie de artistas que reflexionan sobre la ruina y su función histórica, social y crítica. Un hilo conductor que ofrece la mirada amplia, personal y en constante evolución de un grupo de creadores que se aproximan al pasado desde múltiples expresiones, todas válidas para establecer un diálogo sobre sus inquietudes, preocupaciones y experiencias vitales; retazos que tejen un imaginario pleno de matices.

Instantánea de Óscar Carrasco que forma parte de la exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

Instantánea de Óscar Carrasco que forma parte de la exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

Lida Abdul, David Bestué, Bleda y Rosa (Premio Nacional de Fotografía 2008), Carmen Calvo (Premio Nacional de Artes Plásticas 2013), Óscar Carrasco, Antonio Fernández Alvira, Patricia Gómez y Mª Jesús González, Mª José Planells y Anna Talens comparten con el espectador su ideal de ruina como recurso artístico. Fragmentos para la eternidad que utilizan el videoarte, la escultura, los recursos plásticos o la fotografía como medios de expresión; que pervierten los materiales para alcanzar nuevas realidades sensibles al cambio y recrean espacios que ya no serán como fueron, pero permiten una perspectiva sobre el paso del tiempo, sobre la memoria.

En la exposición podrá disfrutarse de dos piezas de la valenciana Carmen Calvo, referente del arte plástico nacional, que se exhiben por primera vez y pertenecen a la colección de la Fundación Chirivella Soriano. Por su parte, el trabajo de la artista Lida Abdul forma parte de la colección de Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma; y, el resto de obras, son préstamos de los creadores.

Las conversaciones que mantienen estos artistas entre el pasado y el presente sitúan al espectador, por ejemplo, como testigo de la devastación y la tragedia que supone una guerra como la de Afganistán. También sobre lo que queda de espacios olvidados, abandonados, sin vida; o de descubrir elementos ocultos de los paisajes, de los edificios, de los recuerdos.

Instantánea de Lida Abdul que forma parte de la exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

Instantánea de Lida Abdul que forma parte de la exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

Estas ‘Poéticas en torno a la ruina’ son a su vez una posibilidad para el juego, el fraude y la percepción subjetiva del espectador ante las creaciones arquitectónicas que engañan, los objetos perdidos y los materiales desechados que cobran otras vidas ante la fragilidad del presente.

Los trabajos reflexionan sobre la memoria, sobre nuestros pasados y el origen de lo que somos. En un momento social y cultural en el que predomina el instante y lo fugaz, prestar atención a las ruinas es una manera de orientar nuestras vidas.

Igualmente, La Fundación Chirivella Soriano y el Máster Oficial en Producción Artística de la Facultat de Belles Arts de Sant Carles de la UPV presentan ‘Chemtrails’, el proyecto de la artista Cristina Santos (Vila-real, 1990), que ha resultado seleccionado en la VI Convocatoria Sala d’arcs. La obra, elegida entre las presentadas por los alumnos y alumnas del máster, ha sido ideada específicamente para este espacio.

La convocatoria surge a través del convenio entre la Fundación Chirivella Soriano y la Universitat Politècnica de València, en la que un jurado selecciona una de las piezas presentadas para que sea expuesta en la Sala d’arcs. La pieza podrá visitarse también entre el 6 de octubre y el 14 de enero.

Imagen de un las piezas de Anna Talens que forman parte de la exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

Imagen de un las piezas de Anna Talens que forman parte de la exposición. Fotografía cortesía de la Fundación Chirivella Soriano.

¡Qué horror!

Ni cautivos ni desarmados. Arte, memoria y dolor versus política o [violencia] en/desde [la España del] siglo XX
Colecciones de 9915 y Martínez Guerricabeitia
Centre Cultural La Nau
C/ Universitat, 2. Valencia
Hasta el 2 de octubre de 2016

Manuel Chirivella, presidente de la Fundación Chirivella Soriano, reflexionó en las páginas de la primera etapa de ARTS de El Mundo en torno al coleccionismo de arte apuntando el cambio sufrido en los últimos años a causa del capitalismo salvaje, donde el “todo vale” ha depreciado en muchos casos la labor del coleccionista vocacional. Coleccionistas que han sostenido el patrimonio artístico en momentos de crisis del Estado y que, como apuntó Mercedes Basso, de la Fundación Arte y Mecenazgo de La Caixa, invierten (se refería al auténtico coleccionista, no al arribista de turno) “no para escalar socialmente”.

Algunos de esos coleccionistas vocacionales se dan cita en La Nau de la Universitat de València para ofrecer una muestra de su labor, al tiempo que hacen memoria a través de su valioso patrimonio cultural. José Pedro Martínez Guerricabeitia recordó que las obras que coleccionaron sus padres, reunidas en la Fundación Martínez Guerricabeitia y depositadas en la propia universidad, guardaban un “marcado criterio de índole social y de denuncia de los males de la sociedad”.

Miliciana, de Alberto Korda, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

Miliciana, de Alberto Korda, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

La Asociación de Coleccionistas Privados de Arte Contemporáneo 9915, con su presidente Jaime Sordo a la cabeza, sigue ese mismo rastro al recordar el por qué de la cifra que justifica al colectivo: “El logo 9915 combina el carácter frío del número, con la historia a medio camino entre la pulsión atávica, incontrolada e irracional y el romanticismo azul de lo imposible, de lo irremediablemente humano, y del compromiso con las formas más elaboradas de la creatividad artística”. Además de ser 9915 el código con el que los organismos internacionales identifican a los coleccionistas en general.

Esa mezcla de pulsión atávica y elaboración de la propia pulsión es la que atraviesa la exposición Ni cautivos ni desarmados, que reúne en La Nau de la Universitat de València 40 obras y un mosaico de 28 fotografías pertenecientes a las colecciones de la 9915 y la Martínez Guerricabeitia. Todas ellas mostrando lo que aglutina el “largo y sonoro”, a modo de “proclama o pasquín”, subtítulo expositivo: “Arte, memoria y dolor versus política o violencia en la España del siglo XX”. Alfonso de la Torre, comisario de tan contundente razón de ser de la muestra, lo explica así: “Habla de la pervivencia de la violencia y el dolor como uno de los asuntos del arte”.

Monjas viajeras, de Carlos Saura, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Monjas viajeras, de Carlos Saura, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

Asunto que el propio comisario localiza en los albores de las vanguardias históricas: “Ni cautivos ni desarmados reflexionan sobre la violencia y el dolor contemporáneos, un tema que persigue o, incluso, atormenta al artista y al mundo del arte, especialmente desde la llegada del surrealismo frente al arte convencional, tradicional, sacro o realista”. Diríase, por tanto, que existe cierta relación entre la quiebra de ese universo simbólico que acoge y da forma al dolor, y ese otro en cuyo interior ya nada sutura la violencia, que campa a sus anchas una vez desgarrado su tejido narrativo.

Víctimas del bombardeo (Kosovo), de Simeón Saiz, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural LaNau.

Víctimas del bombardeo (Kosovo), de Simeón Saiz, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural LaNau.

Y es que el siglo XX que sirve de contexto a las obras de ambas colecciones, provenientes de una quincena de coleccionistas, es el siglo donde parece dominar la idea del horror como verdad más palmaria. Da lo mismo que tal cosa suceda en la España del franquismo y, a su rebufo, los años posteriores, porque como explica De la Torre, lo verdaderamente importante es “la reflexión más intensa sobre la violencia y el horror”, más allá “del contexto social y político en el que se movía Martínez Guerricabeitia”. Violencia y horror del que se nutren las 24 pinturas, siete fotografías, siete esculturas y dos obras audiovisuales, además del mosaico de otras 28 imágenes, a modo de reflejo de ese arte contemporáneo atraído por el abismo de la sinrazón.

“Este es el siglo del dolor”, se apunta en una cita de Paul Lafargue extraída de su ‘Diccionario abreviado del surrealismo’. Siglo atravesado por las dos grandes guerras mundiales y otras menores igualmente sacudidas por odios enfrentados. Y si la Olympia, decía el propio Manet (tal y como se recoge en la exposición), “choca, desprende un horror sagrado”, lo mismo cabe decir de las obras que se hacen eco del dolor que caracteriza al “surrealista” siglo XX.

Guantánamo, de Joan Fontcuberta, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Guantánamo, de Joan Fontcuberta, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

Obras que van del grito de Santiago Ydáñez, con esa boca desmesurada que parece ampliar la boca de ese otro grito famoso lanzado por Edvard  Munch, a la muerte del miliciano de Robert Capa, pasando por las víctimas del bombardeo en Kosovo (Simeón Saiz), el Guantánamo de Joan Fontcuberta o las notas por Guernica de Eduardo Arroyo. Guerras agujereando, pixelando, descoyuntando la trama interior de la obra de arte, encargada de acoger los efectos devastadores de una violencia muchas veces proyección de las propias ansias del artista.

El NO de Santiago Sierra viene a poner límite al horror, al tiempo que concede todo el protagonismo a la negación frente al carácter afirmativo de un siglo sospechosamente entregado a la destrucción. Muchas veces, autodestrucción o autocensura, como en los textos autocensurados de Concha Jerez, la cabeza demente de Darío Villalba o la Mujer de Juana Francés. También aparece el propio arte yacente, con Andy Warhol postrado letalmente en la obra de Kepa Garraza.

Fotografía de la serie España oculta, de Cristina García Rodero, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Fotografía de la serie España oculta, de Cristina García Rodero, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

La España del siglo XX comparece nítidamente en los casos de Cristina García Rodero, revelando su cara oculta en lugares inhóspitos de pueblos desabridos, de Alberto García Alix, con el dolor de Elena Mar, de Antonio Sánchez y sus niños de la guerra, o de Juan Roig y sus toreros en la noche. Yoan Capote se sirve de una silla esposada para mostrar cómo hasta los objetos se hallan apresados, atenazados, de ese ambiente claustrofóbico dibujado por los compartimentos estancos de la guerra, en tanto vomitorio al que desemboca fatalmente la política mal digerida.

Ni cautivos ni desarmados, en alusión manida al último parte de guerra del general Franco, pretende darle la vuelta a aquel enunciado victorioso, para que sea el arte contemporáneo quien lo elabore creativamente a su favor. Elaboración, en todo caso, volcada hacia la pulsión atávica de la violencia que nos constituye y a la que conviene poner freno. De lo contrario, como recuerda Nuno Nunes-Ferreira, ahí están las 30 portadas de su ‘Primera Página’ de diversos periódicos, para recordarnos el carácter letal del siglo XX.

Dónde dormir I (Goya), de Eugenio Ampudia, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Dónde dormir I (Goya), de Eugenio Ampudia, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

También hay movimientos de resistencia como el expresado por Eugenio Ampudia en su serie ‘Dónde dormir’, invitando el autor a tomar espacios como el Museo del Prado, donde junto a ‘Los fusilamientos del 3 de Mayo’, de Goya, descansa una persona tumbada como los fusilados del famoso cuadro. Las zonas de vigilancia, tratadas por Carlos Garaicoa, ponen el acento igualmente en la más contemporánea fijación por el control y la manipulación en tiempos donde lo bélico adquiere un carácter, no por virtual, menos violento.

Las colecciones Marrtínez Guerricabeitia y 9915, al amparo de La Nau de la Universitat de València, hacen memoria de toda esa violencia y horror del doloroso siglo XX mediante una ingente creatividad. Precisamente la que permite recordar su prevalencia sobre la barbarie. El coleccionista Fernando Saludes, insistiendo en la importancia de la cultura, concluyó entonces: “Quién se acuerda de los ministros de la corte de Felipe IV, pero en cambio todo el mundo conoce a Velázquez. ¡Fíjese si tiene importancia la cultura!” Los coleccionistas de Ni cautivos ni desarmados también lo saben. 

Marifile, de Jorge Rueda, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Imagen cortesía de Centre Cultural La Nau.

Marifile, de Jorge Rueda, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Imagen cortesía de Centre Cultural La Nau.

Salva Torres