Un juego siniestro de familias concéntricas

‘Parasite’ (‘Gisaengchung’), de Bong Joon-ho
Barunson E&A Corp, 2019
Corea del Sur
131 minutos
Fecha de estreno en España: octubre de 2019

‘Parasite’ganó la Palma de Oro 2019 del que suele considerarse que es el festival de cine más importante a nivel mundial, al menos en ese ambiguo ámbito que es el del cine de autor. Existen otros festivales en esa línea, pero lo que quizá caracteriza al francés es su afinidad histórica con los autores más postmodernos como Angelopoulus, Antonioni, Buñuel, Fellini, Haneke, los Cohen, von Trier… En esta edición, además, el director ganador, Bong Joon-ho, competía contra dos rivales muy representativos en este sentido, los cuales reaparecían con fuerzas renovadas: Pedro Almodóvar y Quentin Tarantino. Aunque la crítica ya ha comentado las claves más relevantes de ‘Parasite’, quizá es buen momento, ahora que queda un mes escaso para su estreno en España, para retomarlas y reflexionar sobre ellas.

Fotograma de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019). Casa de los Kim (homenaje visual a Ozu).

Una de estas claves es el aspecto social, de lucha de clases que ordena la historia: una familia surcoreana pobre y avispada, los Kim, traza sobre la marcha un plan para hacerse pasar por todo tipo de profesionales de prestigio que, otra familia rica y deslumbrada, los Park, irá contratando paulatinamente a medida que caen en la red de los Kim. Sin duda hay algo de luchas de clases, pero lo interesante no es tanto este tema universal sino cómo Joon-ho lo va representando, por ejemplo, a través de los dos espacios en liza, un semisótano que acabará inundado físicamente por aguas fecales, frente al chalé de diseño construido por un arquitecto famoso, que igualmente se inundará simbólicamente por aguas similares.

Fotograma de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019). Casa de los Park.

Es decir, la crítica social viene dada por una comparación no solo de contrastes, sino también por sutiles variantes que irán rebotando como un eco entrambos mundos mediante el montaje en paralelo. Este es sin duda uno de los mayores placeres que puede encontrar el espectador, estar atentos a esos ecos y similitudes que chocan entre sí a una escala de crítica social; pero que, sobre todo, vienen a señalar el aspecto más nihilista del filme: que ambos mundos se parecen más de lo que una apresurada lectura marxista puede concluir. En este sentido, no olvidemos que el plan de la familia pobre es, en última instancia, ser como los ricos.

Esos dos espacios contrapuestos conforman el potente nivel imaginario, de puesta en escena del filme, apoyado en la magnífica dirección de fotografía en formato digital de Hong Kyung-pyo –que ha dirigido la fotografía de otras dos películas de Joon-ho: ‘Snowpiercer’ (2013) y ‘Mother’ (2009)–.

Fotograma de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019). Familia Park.
Fotograma de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019). Familia Kim.

En cuanto al aspecto más narrativo, el registro semiótico que hace inteligible la trama de ‘Parasite’, destaca en primer lugar el sólido guion con su sabia mezcla de géneros (comedia negra y de enredos, thriller y drama social) y, sobre todo, el hilado de toda esa serie de reglas sociales que los Park van mostrando como signo de casta social, así como todos los pasos o hitos que los Kim van literalmente escribiendo, a modo de libreto de una sátira funesta, para que su estrategia parásita triunfe.  

Fotograma de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019). Inundación en casa de los Kim.

En cuanto al nivel de lo real, aquello que se situaría más allá de estos aspectos imaginarios y semióticos, va apareciendo paulatinamente, iniciándose en la inundación del barrio pobre, en los olores de la pobreza, aspecto éste que será uno de los desencadenantes indirectos de la violencia final o, de una forma más simbólica, en el suseok, la piedra ornamental o de paisaje que irá salpicando el relato y que aparece en el propio cartel del filme.

Pero como buen relato postmoderno, carece de una dimensión simbólica que articule esos tres niveles que pudiese dar sentido a lo que ahí sucede. Y, sin embargo, sí se percibe una interrogación que toca lo deseos más profundos del espectador, que tiene que ver con el suceso final en el que el padre de los Kim, finalmente, atraviesa esa línea de convenciones sociales que el relato bordea constantemente.

Esto empieza en la secuencia en la que los Park hacen un simulacro de acto sexual mientras vigilan al hijo pequeño, el cual está acampado con un tipi en el jardín de la casa. Unos minutos antes, justo en el centro del filme, el ama de llaves llega a la casa –a la que habían despedido para contratar a la madre de los Kim–, lo que dará lugar a la aparición de la tercera familia en discordia, pues descubrimos que el marido del ama de llaves ha estado oculto durante años en un sótano secreto, a modo de pesadilla dentro del imaginario idílico de los Park, pero que ahora será también la perdición del plan parásito de los Kim. Aquí se acaba de dibujar ya ese juego concéntrico y siniestro de interrelaciones entre las tres familias.

Fotograma de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019). El hijo de los Park en su tipi.

La continuación, es un tour de forcé de comedia clásica a modo de slapstic o gag berlanguiano, es la escena sexual citada, en la que cabe destacar la construcción del laberíntico punto de vista visual que viene a resumir el filme: vemos cómo los Park se excitan sin pasar realmente al acto, introduciendo mutuamente sus manos bajo las ropas del otro, como si esas manos fueran, efectivamente, parásitos (el título original en coreano es en plural), mientras vigilan desde la distancia al hijo refugiado en su tipi plantado en el jardín, y mientras tres miembros de la familia Kim (más parásitos) se esconden bajo la mesa situada entre este y los Park.

El hijo, protegido por el tipi, lee con su linterna en la que quizá es una de las escasas referencias simbólicas –en este caso, de tipo heroico– en toda la película, cristalizada tanto en las pieles de animales del tipi, cazados con esas flechas y hachas (tomahawk) que el hijo va lanzando durante todo el filme, como en la fuerza del guerrero descansando en esa milenaria estructura arquitectónica de la familia nuclear del indio nativo norteamericano.

Sin embargo, al final del relato, ese lado heroico del nativo se descubrirá no desde lo heroico, sino desde lo más real que supone la representación de su cultura para los que miran desde este lado del cristal: lo salvaje y la muerte. El otro elemento simbólico, que sigue la misma nefanda suerte, es el de la piedra suseok citada, que pasa de ser un tradicional elemento votivo a convertirse en un arma letal. El disfrute del espectador aumentará si pone todo esto en relación con los géneros cinematográficos que el director va gestionando sabiamente a lo largo del relato.

Fotograma de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019). La piedra suseok.

Otro buen ejercicio para disfrutar todavía más de ‘Parasite’ es no perder de vista los trabajos anteriores de Joon-ho, así como de otros directores orientales, como Hirokazu Kore-eda o, incluso, Yasujiro Ozu, que, aunque parecen muy alejados de su propuesta estética, sin embargo, tratan temas similares, sobre todo el de la disolución de la familia o, como mínimo, la sospecha generalizada sobre su valor actual.

Cartel de ‘Parasite’, de Bong Joon-ho (2019).

Lorenzo J. Torres Hortelano

Elogio del amor

Cold War, de Pawel Pawlikowski
Palma de Oro en el Festival de Cannes
Polonia. 2018

‘Cold War’, el sexto largometraje del director polaco Pawel Pawlikowski, es un doble elogio del amor. Un elogio, por una parte, de la pasión amorosa, hasta la muerte, entre un hombre y una mujer y, por otra, de la mirada cinematográfica.

La letra de la canción ‘Cuatro ojos y dos corazones’ simboliza la doble llama de amor, como diría Octavio Paz. La protagonista canta los versos “cuatro ojos y dos corazones que  lloran día y noche”, de manera sensual y a ritmo de folk o de jazz, como metáfora del amor apasionado que une a los dos amantes protagonistas. Un amor que el director transfiere en blanco y negro y con amplias elipsis, con una mirada cinematográfica contenida y austera, sin aspavientos de  cámara, pero a la vez sostenida con una silenciosa  pasión. ‘Cold War’ no es simplemente una historia de amor, es una historia de amor atravesada por la realidad socio-política.

Fotograma de 'Cold War', de Pawel Pawlikowski.

Fotograma de ‘Cold War’, de Pawel Pawlikowski.

Los variables y cambiantes acontecimientos históricos que ocurren entre 1949 y 1964 en  Europa están de fondo en la tortuosa relación entre Zula (Joanna Kulig) – cantante y bailariana de un grupo de folk tradicional polaco- y Wiktor (Tomasz Kot) -director y compositor musical-.  Una relación de quince años  vivida con atormentados encuentros y desencuentros en el tiempo y en el espacio, de Polonia a París, de París a Polonia. Encuentros y desencuentros apasionados que el espectador no puede evitar relacionar con la novela de Mario Vargas Llosa, Travesuras de la niña mala.

Fotograma de 'Cold War', de Pawel Pawlikowski.

Fotograma de ‘Cold War’, de Pawel Pawlikowski.

La pasión destructora de los amantes se entrelaza, a modo de metáfora, con la fría posguerra de Polonia, con la siniestra sombra del regimen dictatorial comunista y con la incomunicación de la guerra fría, de ahí el título de la película.

El director Pawel Pawlikowski retrata con una apasionante mirada cinematográfica, un amor convulso en un periodo histórico igual de convulso. La historia de ‘Cold War’ rezuma una cierta verdad: cuando los relatos éticos son destruidos, las convulsiones de las pasiones amorosas, al igual que las convulsiones ideológicas históricas, van encarriladas a la tragedia.

Fotograma de 'Cold War', de Pawel Pawlikowski.

Fotograma de ‘Cold War’, de Pawel Pawlikowski.

Begoña Siles

The Square o los peligros del placer

The Square, de Ruben Östlund
Claes Bang (Christian), Elisabeth Moss (Anne), Terry Notary (Hombre-bestia)
2017. Palma de Oro en el Festival de Cannes

“Uno no puede apartar de sí la impresión de que los seres humanos suelen aplicar falsos raseros; poder, éxito y riqueza es lo que pretenden para sí y lo que admiran en otros, menospreciando los verdaderos valores de la vida”. Con estas palabras inicia Sigmund Freud su fascinante ensayo ‘El malestar en la cultura’. Podemos pensar, al igual que el catedrático Jesús González Requena, que para Freud el poder, el éxito y la riqueza, esos valores que potencia la sociedad contemporánea capitalista, son valores falsos y, por tanto, existen otros verdaderos. Unos verdaderos dentro del territorio de la ética.

La idea de Freud refleja cierta esencia de la película ‘The Square’, del director sueco Ruben Östlund, ganadora de la Palma de Oro en el último Festival de Cannes.

Fotograma de 'The Square', de Ruben Östlund.

Fotograma de ‘The Square’, de Ruben Östlund.

La historia de ‘The Square’ se centra en los avatares de un director de museo -Christian, interpretado por Claes Bang- como representante metonímico de la élite económica, intelectual, cultural y artística de la sociedad sueca. Una élite, obviamente, rebosante  de poder, riqueza y éxito; unos valores que les cubre con una  densa pátina de placer narcisista.

Tan intenso es ese placer narcisista de poseerlo todo o no carecer de nada, que sienten la vida, como diría Schopenhauer, con un profundo  aburrimiento. Ciudadanos bien pensantes imbuidos en sus tediosas y placenteras realidades, ajenos a lo real de la existencia. Entendiendo lo real como aquellos acontecimientos que vienen a molestar, a enturbiar con cierta violencia, el espacio de placer narcisista.

El relato de Ruben Östlund narra cómo su personaje, de manera inconsciente, desea ser embestido por cierta violencia de lo real para poder sentir la existencia con vital intensidad.

Fotograma de 'The Square', de Ruben Östlund.

Fotograma de ‘The Square’, de Ruben Östlund.

SENTIR

El primer suceso desencadenante de la trama ‘The Square’ es un acto violento; una agresión física y un robo, en el cual se ve involucrado el protagonista. Un acto, como el propio protagonista exclama e interroga eufórico a los otros anónimos transeúntes, presidido por la intensidad: «¡Siento, siento! ¿Lo has sentido, lo sientes?»

Sentir el dolor de la violencia física para despertar del amodorramiento placentero. Sólo cuando cierto dolor, cierto displacer, irrumpe, el placer es apreciado.

De ahí, el sentido de las performances que son escenificadas en la película:  la irracional del hombre-bestia en la cena de honor a los mecenas del museo, o la excéntrica interpretada por la protagonista Anne -Elisabeth Moss- en la cola del aseo, cuando al ritmo de una palmada pronuncia la palabra “zorra”, con el objetivo de atraer la mirada  y despertar el  deseo del protagonista.

Fotograma de 'The Square', de Ruben Östlund.

Fotograma de ‘The Square’, de Ruben Östlund.

Violencia física, verbal para sentir la vida más allá del placer otorgado por el poder, el dinero o la riqueza, los denominados por Freud “falsos” valores. Ahora bien, ‘The Square’ también habla de  estos otros valores: el compromiso, la solidaridad, la libertad, la compasión, la confianza, la culpabilidad. Valores considerados por Freud “los verdaderos de la vida”.

Estos últimos valores están, en el relato de Östlund, expuestos de forma irónica en las obras artísticas del museo contemporáneo. Obras artísticas mostradas, por tanto, como espectáculo, como pura basura, como objeto que se tambalea. Simplemente representaciones para la especulación económica y espectacular.

‘The Square’, título homónimo de la película de Östlund, es una de las obras artísticas que se expone en el museo. The Square es una plaza, un cuadrado, con una placa donde se inscribe la siguiente frase: “La plaza (The Square) es un refugio para crear confianza y atención. Dentro de sus límites todos compartimos los mismos derechos y obligaciones”. Una plaza donde, según reza la explicación de la artista, se debe entrar para entablar relaciones solidarias, entre los seres humanos que estén en ella.

La intención de la autora, el sentido de su obra, explota, literalmente, en la campaña publicitaria realizada para promocionar la exposición. La palabra artística, como posible espacio de esos “verdaderos valores de la vida”, explota en esa campaña publicitaria, en un alarde por convertir el museo en un espacio profano de consumo de ocio.

Claes Bang en 'The Square', de Ruben Östlund.

Claes Bang en ‘The Square’, de Ruben Östlund.

Begoña Siles

Rithy Panh, superviviente de los Jemeres Rojos

Retrospectiva del cineasta camboyano Rithy Panh
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 17 al 24 de junio de 2016

Rithy Panh (Phnom Penh, 1964) es uno de los cineastas con mayor proyección internacional, ampliamente reconocido por la crítica y por los grandes eventos cinematográficos, como el Festival de Cannes y la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood. En palabras del director de Cinema Jove, Rafael Maluenda, la presencia de Panh en Valencia supondrá para el público «un encuentro con uno de los cineastas más fascinantes de cuantos están en activo, con una trayectoria única, marcada por su experiencia vital».

El cineasta camboyano Rithy Panh. Imagen cortesía de Cinema Jove.

El cineasta camboyano Rithy Panh. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Rithy Panh escapó de Camboya con 13 años, tras perder en pocas semana a toda su familia, víctima del exterminio programado por el régimen de los Jemeres Rojos. Tras pasar por un campo de refugiados en Tailandia fue acogido por Francia, completó en París su formación y se matriculó en el Instituto de Estudios Cinematográficos Avanzados.

Fotograma de 'S-21. La máquina de matar de los Jemeres Rojos', de Rithy Panh. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de ‘S-21. La máquina de matar de los Jemeres Rojos’, de Rithy Panh. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Su filmografía muestra en gran medida su lucha por recuperar la memoria y la cultura camboyanas que intentó borrar el régimen de Pol Pot, del que aborda magistralmente su efecto devastador. Títulos como ‘La imagen perdida’ (2013), ganadora en 2013 en la sección Un certain regard del Festival de Cannes, y nominada al Oscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera, o ‘S-21: la máquina de matar de los Jemeres Rojos’ (2003), premiada en numerosos festivales, entre ellos Cannes y Valladolid, han contribuido a cimentar la figura de Panh como referente moral en el tema del genocidio y la memoria.

De hecho, esta misma película cerrará en la Filmoteca el ciclo dedicado a títulos esenciales en la historia del cine documental en Básicos Filmoteca, el día 9 de Junio, en un anticipo de la retrospectiva que Cinema Jove dedicará al cineasta durante la celebración del Festival.

Fotograma de 'The missing Picture', de Rithy Panh. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de ‘The missing Picture’, de Rithy Panh. Imagen cortesía de Cinema Jove.

La carrera de Rithy Panh incluye tanto documentales como títulos de ficción, como ‘Gibier d’élevage’ (2011), ‘Un barrage contre le pacifique’ (2008), protagonizada por Isabelle Hupert, o ‘La gente del arrozal’ (Neak se, 1994), incluidas en la retrospectiva de Cinema Jove que permitirá al público una aproximación al universo del cineasta, una mirada sobre la Camboya colonial, la Guerra Civil y el régimen de los Jemeres Rojos. Angelina Jolie se ha asociado con Panh para co-producir la nueva película dirigida por la actriz, ‘D’abord, ils ont tué mon père’, (‘Al principio, mataron a mi padre’) autobiografía de la autora y defensora de los derechos humanos camboyana Loung Ung, superviviente del exterminio.

Cartel de la película 'S-21', de Rithy Panh. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Cartel de la película ‘S-21’, de Rithy Panh. Imagen cortesía de Cinema Jove.

«Para un festival como Cinema Jove, veterano en el terreno de la formación y la educación cinematográficas, contar con Rithy Panh y promover su encuentro con el público es un acto de coherencia: el propio Panh es el impulsor del Centro Bophana para la Investigación Audiovisual, dedicado a la formación de cineastas emergentes camboyanos, a organizar festivales, ciclos de cine clásico, y a recuperar la cultura y el arte que el régimen de Pol Pot intentó eliminar», señala Maluenda.

Así mismo, Rithy Panh es autor (con la colaboración de Christophe Bataille) del libro ‘La eliminación’ (Anagrama, 2013), en el que confronta su trágica experiencia con el genocidio, que le ha valido la comparación con figuras como Primo Levi o Aleksandr Solzhenitsyn, así como varios premios. También el Instituto Francés colabora en este homenaje, y la participación de Rithy Panh en Cinema Jove permite incluir su presencia en su programa Rostros de la Francofonía.

The Missing Picture, de Rithy Panh. Cinema Jove.

The Missing Picture, de Rithy Panh. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Krysar en La Cabina Día Cero

Krysar, de Jiri Barta
La Cabina Día Cero
Jardín Botánico
C / Quart, 80. Valencia
Jueves 29 de octubre, a las 20.00h

A una semana de la inauguración de La Cabina–Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia, organizado por el Aula de Cine de la Universitat de València y con la colaboración de Culturarts-IVAC, el festival celebra La Cabina Día Cero con la proyección de la película muda de animación Krysar, de uno de los mayores exponentes de la animación europea, Jiří Barta. Los músicos Berta Benito, Félix Martos y Daniel Pizcueta harán el acompañamiento musical en directo de la obra maestra del cineasta checo.

La Cabina Día Cero supone el pistoletazo de salida para cada una de las Ediciones del Festival desde 2012. Este año se celebrará el jueves 29 de octubre en el Auditorio Joan Plaça del Jardín Botánico de la Universitat de València con la proyección de la película muda de animación Krysar (Checoslovaquia, 1986) del cineasta checoslovaco Jiří Barta, máximo exponente de la era post-Trnka.

Fotograma de Krysar, de Jirí Barta. Imagen cortesía de La Cabina.

Fotograma de Krysar, de Jirí Barta. Imagen cortesía de La Cabina.

Jiří Barta (Praga, 1948) realizó sus primeras películas de animación en 1978 en el estudio de Jiří Trnka, uno de los grandes pioneros de la animación en Europa, a quien se conoció como el Walt Disney de Europa del Este. Por otra parte, su obra también está muy influida por Jan Švankmajer, Yuriy Norshteyn y Priit Pärn.

Aunque con su película El mundo perdido de los guantes, de 1982, ya obtiene un reconocimiento internacional, será con su adaptación de El flautista de Hamelín, Krysar, con la que consiguió posicionarse como un maestro de la animación y su película fue calificada como obra maestra. El film se proyectó en la sección ‘Un Certain Regard’ del Festival de Cannes de 1986 y fue galardonada con numerosos premios internacionales.

Cartel de La Cabina Día Cero 2015. Imagen cortesía de la organización.

Cartel de La Cabina Día Cero 2015. Imagen cortesía de la organización.

La técnica que Barta utiliza en sus películas es el stop motion y el uso de marionetas y, a partir de ya entrados los 2000, comienza a utilizar el 3D, en parte por la dificultad de conseguir financiación. Tras la caída del telón de acero en Checoslovaquia en los años 90, Barta se topó con dificultades para exhibir su obra, la censura y la falta de fondos le impidieron durante 15 años estrenar sus filmes mientras que el cineasta se negaba a adoptar un perfil más comercial.

La proyección de Krysar estará acompañada por la música en directo de Berta Benito (violoncello), Félix Martos (trompeta y flauta dulce) y Daniel Pizcueta (piano).

Fotograma de Krysar, de Jiri Barta. Imagen cortesía de La Cabina.

Fotograma de Krysar, de Jiri Barta. Imagen cortesía de La Cabina.

Los caballos de Dios clausurará Cinema Jove

30 Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 19 al 27 de junio
Los caballos de Dios, de Nabil Ayouch
Película de clausura
Viernes 27 de junio, 2015

La película Los caballos de Dios (Marruecos, 2012), premiada en varios festivales internacionales como el de Rotterdam, Seatle, Bélgica o Cannes, y galardonada con la Espiga de Oro a Mejor Película en la Seminci de Valladolid en 2012, es la elegida para clausurar la 30 Edición del Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove, organizado por CulturArts. El film, inspirado en los ataques terroristas que tuvieron lugar en mayo del 2003 en Casablanca, traza la historia de dos hermanos desde su tierna infancia hasta su madurez y aborda los mecanismos del fundamentalismo islámico.

Fotograma de 'Los caballos de Dios', de Nabil Ayouch. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Los caballos de Dios’, de Nabil Ayouch. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Tres años ha tardado el film dirigido por el francés con ascendecia marroquí Nabil Ayouch en llegar a nuestras pantallas (se estrenará en cines el 3 de julio), pero los asistentes a la Gala de Clausura de Cinema Jove podrán verla una semana antes de su estreno en nuestro país en salas comerciales. Una oportunidad única para disfrutar de una de las películas más impactantes.

Yachine tiene diez años y vive con su familia en Sidi Moumen, un poblado de chabolas de Casablanca. Su madre, Yemma, hace lo que puede por sacar adelante a la familia. Su padre se encuentra en un estado depresivo y de sus tres hermanos uno está en el ejército, otro es prácticamente autista y el tercero, que tiene trece años y se llama Hamid, es el cabecilla del barrio y el protector de Yachine.

Fotograma de 'Los caballos de Dios', de Nabil Ayouch. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Los caballos de Dios’, de Nabil Ayouch. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Cuando Hamid es encarcelado, Yachine se ocupa de varios trabajillos que le ayudan a escapar del marasmo provocado por la violencia, la miseria y la drogadicción que la rodean. Cuando Hamid sale de la cárcel se ha convertido en un islamista radical y convence a Yachine y a sus amigos para que se unan a sus ‘hermanos’.

El líder espiritual del grupo, el imán Abou Zoubeir, se encarga de dirigir el prolongado entrenamiento físico y mental de los muchachos, antes de anunciarles que han sido elegidos para convertirse en mártires. Interpretación libre de los atentados terroristas que tuvieron lugar el 16 de mayo de 2003 en Casablanca.

Fotograma de 'Los caballos de Dios'.

Fotograma de ‘Los caballos de Dios’, de Nabil Ayouch. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Elena López, de Cannes a su Cinema Jove

Programación de Cinema Jove
Festival Internacional de Cine de Valencia
Del 19 al 26 de junio de 2015

Sucedió porque sí. Jamás se pretendió que ocurriera a la fuerza. Lo cierto es que la 30 edición del Festival Internacional de Cine de Valencia ha batido su récord en cuanto a la presencia de cortometrajes españoles, al tiempo que hay un 50% de largometrajes dirigidos por mujeres. Entre ellas, una muy singular: Elena López Riera, cuyo corto ‘Pueblo’, con el que se presenta a Cinema Jove, fue seleccionado en la Quincena de Realizadores nada menos que del Festival de Cannes.

Fotograma de 'Pueblo', de Elena López Riera, cortometraje a concurso en Cinema Jove 2015.

Fotograma de ‘Pueblo’, de Elena López Riera, cortometraje a concurso en Cinema Jove 2015.

Vieja conocida de la casa, puesto que durante años formó parte del certamen valenciano en calidad de programadora, vuelve a Valencia dentro la Sección Oficial de Cortometrajes. La centenaria revista Variety, por si fuera poco, la considera una de los diez cineastas españoles con mayor proyección. ‘Pueblo’ narra la vida de unos jóvenes, a caballo entre las procesiones religiosas de Semana Santa y las procesiones nocturnas en busca de emociones más terrenales. Aunque entre unas y otras el límite a veces se confunda.

Fotograma de 'Bienvenidos', de Javier Fesser, cortometraje a concurso en Cinema Jove.

Fotograma de ‘Bienvenidos’, de Javier Fesser, cortometraje a concurso en Cinema Jove.

Como vuelve 20 años después, Javier Fesser, esta vez con Bienvenidos, el corto con el que ha logrado ya varios premios. Aún se le recuerda en Cinema Jove por sus trabajos Aquel ritmillo y El secdleto de la tlompeta. En esta ocasión, regresa para contarnos las dificultades de algunos niños para llegar a su escuela, situada a más de tres horas de camino. Difícil lo tiene el jurado compuesto por el actor y director alcoyano Pau Durà, el escritor y productor iraní Mahmoud Reza Sani y la directora polaca Anna Kazejak, para otorgar el premio al mejor corto, de entre los 56 seleccionados de 28 nacionalidades.

No menos dura es la competencia por lograr el Premio Luna de Valencia al mejor largometraje. Diez películas, todas ellas atravesadas por una misma lucha, la de reinsertarse en “un mundo carcomido por la crisis, ya no sólo económica sino de valores”, según describen sus programadores (César Campoy, Jorge Castillejo y Antonio Llorens), optan al galardón. “La mitad de esas diez películas ha sido realizada por mujeres”, explicó Rafael Maluenda, director de Cinema Jove. Eso sí, quiso dejar claro que las películas se seleccionan “por su calidad, al margen de que luego detrás de la cámara haya un hombre o una mujer”.

CIMA Valencia, Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales, otorgará por primera vez un premio al mejor largo o corto realizado por una mujer. Paqui Méndez, en representación de la asociación, adelantó que para esta primera cita en colaboración con el certamen valenciano se contará con la presencia de Josefina Molina, Presidenta de Honor de CIMA.

Fotograma de 'A Minor Leap Down', de Hamed Rajabi, largometraje a concurso en Cinema Jove 2015.

Fotograma de ‘A Minor Leap Down’, de Hamed Rajabi, largometraje a concurso en Cinema Jove 2015.

Las actrices Olimpia Melinte y Lolita Chammah y el actor Jorge Roelas deberán elegir como jurado entre películas de diferentes países y directores, algunos de los cuales presentan su ópera prima, como el sueco Ronnie Sandahl (Underdog), el iraní Hamed Rajabi (A Minor Leap Down), la italiana Laura Bispuri (Sworn Virgin), la sueca Carolina Hellsgard (Wanja) o la francesa Sophie Artus (Valley). Películas realizadas muchas de ellas en coproducción, “signo de los tiempos”, subrayó Maluenda.

El director de Cinema Jove, para periodistas no especializados y público en general, advirtió que aunque muchos de estos realizadores son “menos mediáticos” que los de otros festivales, son “cineastas brillantes” sobre los que el Festival de Valencia “pone el foco” para darlos a conocer en España. He ahí el espíritu de Cinema Jove, en consonancia con las cualidades de la juventud: “Riesgo, inconformismo formal y temático, directores que buscan su propio camino”, concluyó Maluenda.

Fotograma de 'Pueblo', de Elena López Riera, cortometraje a concurso en Cinema Jove.

Fotograma de ‘Pueblo’, de Elena López Riera, cortometraje a concurso en Cinema Jove 2015.

Salva Torres

Cinema Jove, a toda prisa

Presentación de Cinema Jove
Festival Internacional de Cine de Valencia
Del 19 al 26 de junio de 2015

“Ha sido una edición complicada de elaborar”. Es más: “Con tiempos de organización a los que no estamos acostumbrados”. Aún así, Rafael Maluenda, director de Cinema Jove, no perdió en ningún momento la sonrisa marca de la casa. Como tampoco perdió el pulso José Luis Moreno, director general de CulturArts, que, a su lado, reconocía los “problemas administrativos” que han provocado el retraso organizativo. “Hemos trabajado con mucha presión de tiempo”, abundó Maluenda, para rematar: “aparte de la presupuestaria”.

La entrada tardía del equipo organizativo (“hace apenas dos meses”) ha obligado, justo cuando el Festival Internacional de Cine de Valencia celebra su 30 cumpleaños, a su readaptación por falta de tiempo. Desaparecen las secciones Cuadernos de rodaje y Actores tras la cámara. Y aunque la programación no se resiente, porque la maquinaria pese a todo está suficientemente engrasada, alguna que otra oportunidad a la hora de visionar películas de otros festivales a buen seguro se ha perdido.

Fotograma de 'Fuerza mayor', de Ruben Östlund, Premio Luna de Valencia Especial de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Fuerza mayor’, de Ruben Östlund, Premio Luna de Valencia Especial de Cinema Jove.

Menos tiempo y prácticamente el mismo presupuesto (550.000€), para sacar adelante un festival que mantiene su “rigor y coherencia de la programación, a pesar de todo”, subrayó Maluenda. Y como muestra, el Premio Luna de Valencia Especial otorgado este año al director sueco Ruben Östlund. Director desconocido para muchos, pero que demuestra con su trayectoria el espíritu que precisamente anima Cinema Jove.

“Lo que vende es George Clooney, de ahí que se haga difícil comunicar gente menos sugestiva, pero este festival es uno de los más importantes precisamente por dar a conocer directores que luego van a Cannes o Berlín”, terció la actriz Ana Álvarez, encargada de la inauguración (19 de junio) y clausura (26) de Cinema Jove en el Teatro Principal. De hecho, el propio Maluenda destacó que el festival ha ido creciendo con los años “a la vez que la carrera de cineastas que han pasado por aquí”. Y citó los nombres de Álex de la Iglesia, Santiago Segura o Juanma Bajo Ulloa.

“Que un festival llegue a cumplir 30 años es complicado”, insistió su director. Y entre los numerosos obstáculos a sortear, Maluenda volvió a señalar el trabajo a contrarreloj: “Lo más difícil ha sido gestionar el tiempo”. Y el presupuesto. “La Diputación ha incrementado este año su aportación en 15.000€, a los 6.000 habituales”. 450.000€ corresponden a CulturArts; el resto, otras instituciones y patrocinadores. “Con este dinero no tenemos posibilidad de hacer campaña en los medios”, a los que se dirigió en busca de su “complicidad”.

Fotograma de 'Involuntary', de Ruben Östlund, Premio Luna de Valencia Especial de Cinema Jove.

Fotograma de ‘Involuntary’, de Ruben Östlund, Premio Luna de Valencia Especial de Cinema Jove.

Además de Ruben Östlund, que ya estrenó en España su segundo largometraje ‘Involuntary’ a través de Cinema Jove, el festival premia igualmente a Vuk Jevremovic con el galardón Especial de Animación. El ‘Futuro de Cine’ recae este año en la actriz Irene Escolar, protagonista entre otras de ‘Las ovejas no pierden el tren’, de Álvaro Fernández Armero. Y se mantienen las secciones Panorama Valenciano, Encuentros Making Off y el Encuentro Audiovisual de Jóvenes, alma máter del festival desde sus comienzos.

Eso sí, entre las preocupaciones de Rafael Maluenda no figura su futuro al frente del festival, por mucho cambio de gobierno que haya en la Generalitat Valenciana. “El festival tiene una trayectoria de absoluta independencia”. Además, precisó que él no tenía vinculación política alguna. “Se me contrató por mi trayectoria profesional” y, en todo caso, recordó que la alternancia política en otros sitios no siempre han provocado cambios en ciertas direcciones, “lo cual me parece muy saludable”. “Yo sigo trabajando”, concluyó. Eso sí, a contrarreloj.

De izquierda a derecha, Rafael Maluenda, José Luis Moreno y Ana Álvarez, en la presentación del 30 Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove.

De izquierda a derecha, Rafael Maluenda, José Luis Moreno y Ana Álvarez, en la presentación del 30 Festival Internacional de Cine de Valencia Cinema Jove. Fotografía: Roberto Fariña. 

Salva Torres

Los carteles biográficos de Cinema Jove

30 Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Cartel del festival: Amadeo Castroviejo y Roser Miquel (Casmic-LAb)
Del 19 al 26 de junio de 2015

La historia de los carteles del Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove, organizado por CulturArts, es la historia misma de su espíritu, de su trayectoria y de su evolución. Y grandes artistas como Pablo Llorens, MacDiego, Paco Roca o el estudio Casmic-Lab, que firma el cartel de la 30ª Edición que se celebrará del 19 al 26 de junio, forman parte de ella.

En la imagen de este año, Amadeo Castroviejo y Roser Miquel (Casmic-Lab), han querido representar la alquimia “porque creemos que tanto el Festival como el cine en sí son procesos mágicos donde entran en juego muchos factores”, afirman los diseñadores.

Fue en el año 2007 cuando estos dos creativos se presentaron por primera vez a la selección del cartel de Cinema Jove. Desde entonces, Amadeo y Roser han plasmado, a través de sus ilustraciones, la filosofía del Festival en cada edición. “Cinema Jove tiene un espíritu fuerte, dinámico y alegre. Tiene una energía muy especial y siempre es un reto representarlo”. No en vano, los carteles de estos dos jóvenes diseñadores gráficos valencianos han sido premiados internacionalmente.

Cartel de J. Ballester del Cinema Jove de 1991. Cortesía del Festival.

Cartel de J. Ballester del Cinema Jove de 1991. Cortesía del Festival.

A lo largo de la historia del Festival, grandes artistas de nuestra Comunidad han sido los encargados de desarrollar y crear su imagen atendiendo al alma de cada edición. De esta manera, en 1991, el artista J. Ballester crea un cartel en el que aparecen grandes directores de la historia del cine ante la atenta mirada de un niño, representando así, la línea de formación que caracterizaba y caracteriza al Festival.

Destacan también los carteles de Pablo Llorens, ganador de dos premios Goya por sus labores en animación, que ilustraron Cinema Jove con su sello inconfundible desde el año 92 hasta el 96.

Cartel del Cinema Jove de 1997 obra de MacDiego. Cortesía del Festival.

Cartel del Cinema Jove de 1997 obra de MacDiego. Cortesía del Festival.

En el año 1997, José Luis Rado entra como director del Festival y, con este cambio, se quiso dar también otro aire a su imagen. Se realiza el encargo al diseñador gráfico MacDiego. Él dio forma y vida al logotipo insignia que representa un ojo con dos pupilas. Un motivo surrealista que refleja perfectamente esa mirada inquieta, inconformista y diferente que tienen los cineastas y espectadores del Festival. Además, en ese momento las Lunas de Valencia, diseñadas también por MacDiego, ya aparecen como la imagen del premio, y así se hace patente en la tipografía del cartel.

En 2001, el cartel, diseñado por Erique Villalba, está inspirado en la película ‘2001: Una Odisea en el espacio’, de Stanley Kubrick. Somnis Animació realizó en 2002 el cartel con un juego al público para que adivinaran a qué película hacía referencia. En ese momento fue ‘M’, de Fritz Lang. En 2003 hace referencia a ‘Blade Runner’, de Ridley Scott, y, al año siguiente, a ‘La ventana indiscreta’ de Alfred Hitchcock, con diseño de Remi Hueso.

En el 20º aniversario de Cinema Jove se encarga de nuevo la imagen a MacDiego, que a su vez le pasa el testigo a Paco Roca. En ese momento, se toma como idea las efigies de los directores que pasaron por el Festival transformándolos en cíclopes de dos pupilas. Idea que continuó en la Edición siguiente pero, en esa ocasión, diseñadas por Cento Yuste por encargo del propio MacDiego.

Cartel obra de Casmic-Lab para el Cinema Jove de 2007. Cortesía del Festival.

Cartel obra de Casmic-Lab para el Cinema Jove de 2007. Cortesía del Festival.

En 2007 entra ya el estudio de diseño Casmic-Lab. En este primer cartel se representó la idea de los superhéroes con el estilo pop que les caracteriza. Esta imagen fue elogiada por grandes profesionales como Kyle Cooper, diseñador de los títulos de crédito de películas como ‘Seven’ (David Fincher, 1995), ‘Spider-Man’ (Sam Raimi, 2002), ‘Misión Imposible’ (Brian de Palma, 1996) o ‘Donnie Brasco’ (Mike Newell, 1997).

Al año siguiente se cumplían 40 años del mítico Mayo del ’68, año en el que, con motivo de las algaradas y revoluciones callejeras, los cineastas franceses paralizaron el festival de Cannes. Cinema Jove albergó el ciclo ‘Can(nes)celled’, en el que se proyectaban las películas que no se pudieron ver en la ciudad francesa.

Casmic-Lab, buscando un motivo asociado a la época, ideó para el cartel un caleidoscopio con la imagen de los homenajeados de ese año y los directores de algunas las películas del ciclo (Richard Lester, Jirí Menzel o el productor Elías Querejeta). Como anécdota, Rafael Maluenda, director de Cinema Jove, recuerda que “con el cartel ya hecho, Casmic-Lab se interesó por saber cuál era la imagen que representaba al festival de Cannes del ’68 y para sorpresa de todos también contenía un caleidoscopio”.

Cartel del Cinema Jove de 2009, obra de Casmic-Lab. Cortesía del Festival.

Cartel del Cinema Jove de 2009, obra de Casmic-Lab. Cortesía del Festival.

En 2011, el estudio de diseño convirtió a Valencia en una ciudad-proyector en el que partes y elementos arquitectónicos de la ciudad se transformaban en piezas de una máquina de cine. Una piñata gigante, creada ex profeso con técnicas clásicas de cometa y origami japonés, fue la imagen del cartel de la 28ª Edición.

“Cinema Jove es una oportunidad para el espectador de acercarse a los directores, actores y profesionales del mundo del celuloide; es también un punto de encuentro entre los profesionales del sector, y sobre todo una oportunidad para el público de ver películas de gran calidad. Durante los días del Festival se suceden momentos y encuentros muy especiales que darán como fruto futuros proyectos. Buscando la mejor forma de plasmar esos momentos, se nos ocurrió la idea de construir una piñata de papel y decidimos que su contenido debería tener un carácter de piedra preciosa porque eran momentos y películas muy valiosas”, afirman Casmic-Lab.

En esta 30ª Edición, han querido unir los conceptos de la experimentación, los cambios, el proceso intelectual pero también físico, y los han hecho confluir dentro de un canal que se convierte en objetivos que, a su vez, acaban siendo dos manos haciendo el gesto de encuadre. Un ojo, que nos mira fijamente, es el objeto central del póster.

Para ello, se han inspirado en libros antiguos de ciencia, de anatomía, de física, también místicos y de alquimia “para ver cómo representaban la esencia del cambio a través de dibujos” ya que, para Amadeo y Roser, uno de los mayores retos del cartel de esta edición “ha sido encontrar la forma de que todo esto estuviera representado pero que a su vez fuera sencillo y coherente”.

Cartel del 30 Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove. Cortesía del Festival.

Cartel del 30 Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove. Cortesía del Festival.

La África de Sissako en Filmoteca

Ciclo de Abderrahmane Sissako
Filmoteca de CulturArts IVAC
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Proyección de ‘Timbuktu’, miércoles 1 de abril, a las 20.00h

La Filmoteca de CulturArts IVAC acoge un ciclo sobre el cineasta mauritano Abderrahmane Sissako, que arranca con la proyección este miércoles 1 de abril, en la sala Berlanga, de ‘Timbuktu’ (2014), con la que estuvo nominado al Oscar a la Mejor Película de habla no inglesa en la pasada edición de los premios de la Academia.

El cineasta mauritano Abderrahmane Sissako, a quien la Filmoteca dedica un ciclo. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

El cineasta mauritano Abderrahmane Sissako, a quien la Filmoteca dedica un ciclo. Imagen cortesía de CulturArts IVAC.

La Filmoteca, en colaboración con el Festival del Cine Africano de Córdoba, repasa la filmografía de Abderrahmane Sissako, uno de los cineastas que mejor han sabido mostrar la realidad de África y sus conflictos étnicos, religiosos, políticos y culturales. El ciclo arranca con ‘Timbuktu’, su último largometraje, en el que relata la ocupación de una ciudad maliense por parte de los yihadistas. Una película necesaria y cargada de humanidad que arrasó en los premios Cesar franceses, además de su  nominación al Oscar.

Con este ciclo, La Filmoteca de CulturArts IVAC participa como una de las entidades colaboradoras del proyecto ‘Los Rostros de la francofonía’, con el que el Instituto Francés de Valencia se une a la celebración de la francofonía, que tiene lugar en países de todo el mundo cada mes de marzo.

Abderrahmane Sissako nace en 1961 en Kiffa (Mauritania) y pasa su infancia en Mali. A partir de 1983, estudia en Moscú en la VGIK, la célebre escuela de cine estatal rusa, donde realiza sus dos primeros cortometrajes, ‘Le Jeu y Octobre’, que se presenta en la sección Un certain regard del Festival de Cannes de 1993. En 1995 realiza por encargo ‘Le Chameau et les bâtons flottants’, basado en las fábulas de La Fontaine, seguido de ‘Sabriya’, corto inscrito en la serie Africa Dreamings que narra la historia de dos hombres en un café perdido en un universo de arena.

Cartel de la película Timbuktu, de Abderrahmane Sissako. Imagen cortesía de Filmoteca de CulturArts IVAC.

Cartel de la película Timbuktu, de Abderrahmane Sissako. Imagen cortesía de Filmoteca de CulturArts IVAC.

En 1998, en el marco de la colección ‘2000 vu par?’, filma ‘La Vie sur Terre’, híbrido de documental y ficción en el que él mismo interpreta a un cineasta que vive en Francia y que, en vísperas del año 2000, viaja hasta Sokolo, el pueblo maliense donde vive su padre. Un agridulce “regreso a los orígenes” en sintonía con los textos del poeta Aimé Césaire que Sissako introduce en la película.

En 2002, dirige en Mauritania ‘Heremakono’, que aborda el exilio y las relaciones entre África y Occidente. Seleccionada en numerosos festivales internacionales, la película obtuvo el premio de la crítica internacional en Cannes, el Gran Premio del Festival Panafricano de Cine y Televisión de Ouagadougou y el Gran Premio de la Bienal de los cines árabes de París.

En 2006, Sissako rueda en su casa paterna de Mali Bamako, en la que pone en escena un proceso de las instituciones internacionales frente a las injusticias que sufre África. Seleccionada fuera de competición en el Festival de Cannes de 2006, obtuvo el Gran Premio del Público en los Rencontres Paris Cinéma. Todas estas películas forman parte del ciclo que ahora inicia la Filmoteca de CulturArts IVAC.

Fotograma de la película Timbuktu, de Abderrahmane Sissako. Imagen cortesía de Filmoteca de CulturArts IVAC.

Fotograma de la película Timbuktu, de Abderrahmane Sissako. Imagen cortesía de Filmoteca de CulturArts IVAC.