Ray Bradbury, el Hombre Libro

#HomenajeMAKMA
Serie ‘Fahrenheit 451’
Con motivo del centenario del nacimiento de Ray Bradbury (1920-2012)
Miércoles 2 de septiembre de 2020

De haber llegado a los 100 años (alcanzó los 91), Ray Bradbury hubiera comprobado, complacido, que su obra ha dejado huella y su figura permanece en la memoria colectiva. Numerosos artículos sobre su legado se han publicado con motivo del centenario de su nacimiento, un 22 de agosto en Waukegan (Illinois). El volumen, variedad y vigencia de su obra, por una parte, y la simpatía que inspira su figura explican esta caudalosa evocación acompañada de la reedición de algunos de sus títulos. ¿Leen los jóvenes de hoy a Bradbury? Esa es una pregunta a la que no podemos responder.

Con la serie ‘Fahrenheit 451‘ que reúne una docena de entrevistas a otros tantos escritores, MAKMA rindió homenaje al escritor estadounidense. Aquí profundizamos en la trayectoria de un ‘Hombre Libro’ que se alimentó y vivió entre ellos, además de producirlos.

Fotograma de ‘Moby Dick’, de John Huston, con guión de Ray Bradbury.

Trabajador infatigable, Bradbury escribió 600 cuentos y 30 libros no sólo de ficción, también ensayos, poesía y teatro, amén de artículos y guiones como el de la película ‘Moby Dick’ de John Huston. Una especie de predestinación, pues la novela de Melville sobre la caza de la ballena blanca fue una de la lecturas que marcó su infancia junto a los relatos de Edgar Allan Poe o Edgar Rice Burroughs. Traducida a 36 idiomas y con ocho millones de ejemplares vendidos, su obra ha colonizado el planeta Tierra. A partir de los doce años escribía unas mil palabras al día y un cuento a la semana. “Es imposible escribir 52 cuentos malos seguidos”, decía con su talante optimista.

¿Cuál fue su preferido? Desde el más allá responde. En la lápida de su tumba en el cementerio de Westwood, donde yace entre estrellas como Marilyn Monroe o Janis Joplin, reza el epitafio: “Autor de Fahrenheit 451”. Sin duda fue su título más conocido gracias a la película de Truffaut (hay otra de HBO) y sobre todo al caracter profético de su mensaje. No se queman los libros, pero cada vez se leen menos. “Todo lo que la vida te quita, te es devuelto de otra manera”, le dice el capitán Beatty a Guy Montag: “La vida es sufrimiento. Sobrevivir es encontrar sentido a ese sufrimiento”.

Serie ‘Carnivàle’, de Daniel Knauf, encarnación visual de la infancia de Bradbury.

Una forma de visualizar la infancia del Ray es la magnífica serie ‘Carnivàle‘ (2003), creada por Daniel Knauf, que cuenta las vicisitudes de unos feriantes que recorren Oklahoma en plena Gran Depresión. Circos y ferias ambulantes llegaban al pueblo de Waukegan donde vivían los Bradbury a inyectar una dosis de magia y fantasía a rutinarias existencias. El pequeño Ray fue especialmente sensible a esos baños de irrealidad, personajes exóticos y esperpénticos que espoleaban su fértil imaginación de niño introvertido y soñador. Como Mr. Eléctrico, que dejó en él profunda huella.

En esos años claves vivió la muerte de dos de sus hermanos y de una niña amiga suya, que se internó en un lago y nunca regresó. En su cuento ‘El lago’ (1942) rememora el triste suceso. Aunque de escasos recursos económicos, su familia no carecía de poso cultural. Una tía suya fomentó su amor a la lectura en la Biblioteca Carnegie de su pueblo y una de sus antepasadas fue una de las mujeres acusadas de brujería en Salem que sobrevivó al juicio y alcanzó avanzada edad.

Fotograma de ‘Fahrenheit 451’, de François Truffaut, basada en la novela homónima de Ray Bradbury.

Debido a la precaria situación económica por el crack del 29, la familia Bradbury tuvo que mudarse en varias ocasiones, hasta instalarse en Los Ángeles, la meca del cine y de los sueños. Allí, el joven Ray inicia la carrera literaria y con 20 años comienza a publicar cuentos en revistas como Weird Tales, Amazing Stories o Planet Stories.

Aunque no pudo ir a la universidad y tuvo que ganarse la vida durante varios años vendiendo periódicos en las calles, aprovechó su tiempo libre para formarse en las blibiotecas públicas, a las que acudía tres veces por semana. Fue en el sótano de la de Los Ángeles donde, en 1953, escribió ‘Fahrenheit 451’ en un tiempo récord: nueve días, con una Remington alquilada por un total de diez dólares.

Ray Bradbury
Ray Bradbury, junto a una de sus máquinas de escribir y rodeado de objetos.

Bradbury no fue un autor intelectual, sino un poeta y un humanista del futuro, como lo definió José Luis Garci en su biografía publicada en los 70. Más que anticipar un porvenir más o menos lejano y plausible, sus relatos analizan la naturaleza humana. El eterno dilema entre la empatía y compasión contra el afán destructivo y depredador del hombre, capaz de acabar con planetas enteros. No iba de profeta, sino de moralista en el buen sentido del término. No le gustaba ser etiquetado como autor de ciencia ficción, sino como autor de novelas fantásticas, porque, como él decía, hay que injertar la fantasía en la realidad si se quiere tener una existencia digna de ser vivida.

Con su mujer Maggie McClure tuvo cuatro hijas, fue amigo y gran admirador de Walt Disney y fan de Fellini, a quien conoció en un viaje a Italia. Jamás usó ordenador, pero destrozó numerosas máquinas de escribir. Desde la máquina casi de juguete que le regalaron sus padres a una Underwood 5, una Royal KMM y una Remington, entre otras muchas. Y allí donde ahora esté, posiblemente seguirá dándole a la tecla.

Ray Bradbury, rodeado de libros, su gran pasión.

Bel Carrasco

Bucear y nadar en lo irreal

Fahrenheit 451 (y VI)
Escritores en plena canícula
Emilio Bueso y Bel Carrasco
Miércoles 26 de agosto de 2020

Un marciano en Los Ángeles. Un niño grande en Disney World. Los medios de comunicación han evocado  ampliamente la memoria de Ray Bradbury, prolífico autor de ciencia ficción, nacido el 22 de agosto de 1930, en un pueblo de Illinois. Al margen del incuestionable valor de su obra, este reconocimiento es fruto de la personalidad de un hombre sencillo cuya figura suscita simpatía. Muchas  crónicas aparecidas  estos días beben de una fuente cercana, ‘Ray Bradbury, humanista del futuro’, biografía del escritor y guionista estadounidense publicada por José Luis Garci, en 1971, reeditada por Hatari Books.  Con esta serie dedicada al verano de los escritores, MAKMA brinda homenaje al autor de ‘Fahrenheit 451’.

Bucear por el litoral valenciano es el plan veraniego de Emilio Bueso y su familia, algo que disfruta, pues es buzo dos estrellas y puede bajar hasta 40 metros de profundidad, aunque le gustaría explorar mucho más hondo. «Teníamos un planazo bien majo en el culo del mundo, en parte pensado para documentar el escenario de una novela que estoy sopesando escribir, pero no ha podido ser, así que hemos improvisado algo por aquí, que se está estupendamente también», cuenta. «Dejo para la posteridad una foto mía calibrando la cámara subacuática bajo un cielo bien nublado, que es el que da la mejor luz para las inmersiones que hago con mi hijo».

Emilio Bueso. Imagen cortesía del autor.

Con 14 premios en su haber (Nocte, Ignotus, Celsius, etcétera), Emilio Bueso es uno de los autores de novela fantástica más prestigiosos del momento. Su novela ‘Extraños eones’ pasó a formar parte del catálogo de Valdemar, en 2014, y ahora publica con el ‘gigante’ Gigamesh. Es Ingeniero, fue profesor de Sistemas Operativos durante ocho años en la Universidad Jaume I de Castellón y la ciencia tiene un gran peso específico en sus osadas fabulaciones.

Este verano se dedica a escribir relatos sueltos pues su editor lo tiene muy ocupado. «Con tanto pifostio no me veo entrando todavía en ningún proyecto de largo aliento. A veces publicar te puede dar más trabajo que escribir, sobre todo si hay perfeccionistas mediando, ya sea en tu casa o en tu sello».

‘Subsolar’, de Emilio Bueso.

En septiembre saldrá la edición limitada de ‘Subsolar’, tercera entrega de su trilogía, ‘Los ojos bizcos del sol’, una saga de fantaciencia epopéyica. En pocas semanas le seguirá la edición omnibus, con los tres tomos, en total casi mil páginas. La adaptación al comic del primer libro, ‘Transcrepuscular’, estará a la venta antes de Navidad. «Es una cosa muy loca, la saga de novelas fantásticas que he rematado este mes», comenta, «te lleva a sitios donde no has estado y no irías ni atado».

Entre sus lecturas estivales: ‘Los asquerosos’, de Santiago Lorenzo y ‘Loba negra’ de Juan Gómez Jurado, «una policial muy entretenida de uno de los periodistas con mejor prosa de ahora mismo. Calentando en la mesita de noche tengo lo último de Nieves Mories y el ‘Ensayo sobre la ceguera’ de Saramago, que me mira con ojos golosos desde hace años y juro que de este agosto no pasa».

Bel Carrasco, con atuendo plenamente veraniego. Imagen cortesía del autor.

Con la venia de mis colegas de MAKMA lanzo un hechizo de desdoblamiento para entrevistarme a mí misma y hacer un cameo en la última entrega de esta serie. Con cuatro novelas y dos ensayos publicados, puedo jactarme de tener en mi ADN una parte de escritora.

«Desde tiempo inmemorial paso los veranos en Valencia», dice Carrasco. «Nací en plena canícula, aguanto bien el calor y prefiero viajar en otras épocas. Así que este año no he notado diferencia alguna, salvo la reducción del flujo turístico,  algo que agradecer,  pues en los últimos tiempos se había desmadrado. Doy largos paseos por el viejo cauce  y voy a un gimnasio para aprender a nadar y guardar la ropa, aguantar a flote cuando el ‘Titanic’ se hunda. Para llenar los huecos, nada mejor que leer, escribir, sestear…o ensoñar».

Portada de ‘Especies urbanas’, de Bel Carrasco.

Su próxima novela se llamará ‘Las máquinas de Zach’, «o lo que el editor decida». Desde una clínica mental donde está ingresado, el protagonista evoca su vida intercalando pasado y presente. Es la historia de un chico peculiar que sufre ‘bullyng’ en el colegio y para protegerse del mundo inventa máquinas invisibles. «Trata sobre las múltiples maneras que hay de ser listo o tonto, porque la inteligencia no es un valor absoluto y a veces no sirve para nada», añade Carasco. «¿Por qué escribo ficción? Porque la vida es un plato fuerte, demasiado pesado y si la devoras a pelo se te indigesta. Conviene aliñarla con toques de creatividad, buceando o nadando en lo irreal, en la otra cara del espejo».  

Su último libro, ‘Especies urbanas’ (Institut Alfons el Magnànim) es una selección de los artículos del blog ‘Zoocity’ publicado en la edición digital de ‘El Mundo Valencia’ entre 2012 y 2018. «Una crónica ligera del mundo pre-Covid, aunque muchas cosas siguen igual que siempre. Por ejemplo, el maltrato a los animales, un asunto que abordo en varios de dichos artículos, además de cuestiones diversas: feminismo, cultura, sexo, eventos, corrupción, etcétera», concluye Carrasco.

Recomienda un menú variado: ‘Notas a Apocalypse Now’ (Barlin Libros) de Eleanor Coppola,  ‘Tóxicas’ (Cazador de Ratas) de Pilar Pedraza y ‘El ángel de Múnich’ (Alfaguara) de Fabiano Massimi.

Bel Carrasco, con bañador y flotador salvavidas. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Razones para seguir escribiendo

Fahrenheit 451
Escritores en plena canícula
Mamen Monsoriu y Kike Parra
Lunes 17 de agosto de 2020

El mundo que describe Ray Bradbury en su distopía ‘Fahrenheit 451’ parece muy lejano a la realidad actual. Nadie quema libros, existen infinidad de bibliotecas y librerías que han logrado superar la crisis de la Covid. Sin embargo, es obvio que la lectura de ficción está en declive, sobre todo entre los jóvenes y en lo que respecta a los clásicos. Incluso los lectores más adictos se nutren de novedades y, en general, de obras de entretenimiento. Cuando la novela se publicó, en 1953, Bradbury dijo haberse inspirado en la censura de la era McCarthy. Años más tarde señaló que su historia también refleja la forma en que los medios de comunicación de masas reducen el interés por la literatura. Y hoy día, con las redes sociales y nuevas tecnologías, esa amenaza se ha multiplicado exponencialmente.

Por fortuna los escritores todavía encuentran razones para seguir hilvanando sus historias. Sobreponiéndose a la languidez de la canícula y a sabiendas de lo difícil que es llegar al lector. Razones personales y muy diversas, como expresarse a través de la poesía, explorar las relaciones con sus padres o pensar que el mundo será más suyo cuando más escriban. Son las motivaciones de los invitados de esta entrega. La poeta Mamen Monsoriu, que abrió a finales del pasado año una librería en Russafa, El Imperio, y Kike Parra, autor de varios libros de relatos que imparte, junto a Bárbara Blasco, talleres de escritura creativa.  

Mamen Monsoriu. Imagen cortesía del autor.

“Este año paso el verano entre libros”, dice Monsoriu. “Suena a sueño, ¿verdad? Las circunstancias me impiden alejarme mucho de la librería que regento en Valencia. El único sol que veo irrumpe por mi puerta a las siete de la tarde. Paso las horas aquí, en una habitación donde lo más destilado es el sudor de mi frente. Si tuviera marca del bikini, seguramente tendría forma de libro. Abierto. Porque en verano todos estamos más receptivos a las historias en general, y a los libros en particular. Este verano las olas no tienen forma de bache: los baches tienen forma de ola. En cualquier caso, estoy aprendiendo a saltarlos. Es curioso: este verano mis ojos brillan más que el sol”.

Monsoriu se dedica a escribir un libro que se publicará a final de año, donde cuenta su propia historia, “la de una derrota con sabor a victoria”, dice. “Cuento cosas como que tirar la toalla es el paso previo para meterse en el mar. Y que el punto donde todo acaba es también el mismo donde todo empieza.  Es verano, y es momento de estar como Dios nos trajo al mundo: vulnerables. Si en el mundo todavía queda algo invulnerable es el papel”.

Mamen Monsoriu. Imagen cortesía del autor.

El confinamiento pudo haber supuesto el fin de su relación con la literatura y los libros. Sin embargo, ocurrió lo contrario. Como dicen los chinos, la crisis propició la oportunidad, y así surgió el proyecto la poesía se lleva. “Se lleva, porque está a la moda, y porque ahora puedes llevarla a donde vayas”, comenta Monsoriu. Se trata de una colección de seis micropoemarios, cada uno con una temática diferente. Seis recopilaciones de micropoemas escritos, la mayoría de ellos, durante el confinamiento. Vida, (des)amor, sexo, juegos de palabras, amor propio y canciones son las seis temáticas que, respectivamente, integrarán esta colección. Cada 15 días tiene lugar un lanzamiento, y a aquellos que estén suscritos al proyecto, les llegará a sus hogares el mismo día de su salida al mercado. También es posible adquirirlos individualmente.

Monsoriu está leyendo ‘Hágase mi voluntad’ el tercer libro del poeta malagueño Ángelo Néstore que le sorprendió con ‘Actos impuros’. “Cuando descubro a un autor con el que me siento en sintonía, me gusta leer todos sus libros de carrerilla. Observar su recorrido, apreciar su evolución”, concluye Monsoriu.

Portada de ‘Ninguna mujer ha pisado la luna’, de Kike Parra.

Kike Parra procura salir poco y pasear por espacios abiertos. «Si estoy en casa suelo cocinar y eso me lleva a abrir más botellas de vino, pero también leo más y escribo más. Este verano lo paso en el monte o al borde del mar, en casas con o sin amigos. Del verano me disgusta la temperatura, pero como hay más horas de sol y duermo menos,  tengo más tiempo para mí. Estoy aprovechando para cerrar una colección de relatos de ficción y una novela autobiográfica. Necesito hablar sobre la relación con mis padres y la escritura, pero no quiero que hayan muerto para hacerlo».

Han pasado dos años desde que publicó su último libro de relatos, ‘Ninguna mujer ha pisado la luna’ (Relee), y cinco desde que lo escribió. «Hace unos días pensaba en las ideas para cuentos nuevos que han pasado por mi cabeza desde 2015 hasta aquí, historias que tengo embastadas o bocetadas. Y llegué a la conclusión de que escribo menos de lo que tendría que escribir. No me refiero a que tendría que escribir para que alguien me leyese, sino que tendría que hacerlo porque el mundo que me rodea será más mi mundo cuanto más escriba. Estoy en esa fase de que odio no escribir. No escribir es perder el tiempo».

Sus últimas lecturas recomendables son: ‘San, el libro de los milagros’, de Manuel Astur;  ‘Poeta chileno’, de Alejandro Zambra, y ‘Panza de burro’, de Andrea Abreu. “Creo que los tres tienen algo en común: la oralidad o, al menos, algún tipo de oralidad interesante. Además, están muy bien escritos”, concluye Parra.

Kike Parra. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

De campo y playa

Fahrenheit 451 (III)
Escritores en plena canícula
Elena Casero y Óscar Gual
Sábado 15 de agosto de 2020

Ray Bradbury, a quien homenajeamos en esta serie cuando se cumple su centenario, jamás usó ordenador. Algo curioso en un escritor de ciencia ficción, aunque él prefería ser llamado autor de literatura fantástica. «Hay que inyectarse cada día de fantasía para no morir de realidad», dijo. Escribió siempre en máquinas, la primera una de juguete que le regalaron a los doce años en la que empezó a llevar sus historias al papel. La prolífica imaginación y el trabajo constante fueron sus señas de identidad. Escribir mil palabras al día y un cuento a la semana, su rutina durante una década, cuenta en sus memorias.     

Sin llegar a ese récord astronómico, los escritores invitados también pueden presumir de haber llenado páginas. Tras publicar cinco novelas, dos libros de relatos, y varios proyectos colectivos, Elena Casero se echó al monte. Desde antes del confinamiento reside en Los Isidros, un pequeño pueblo cercano a Requena, donde se dedica a los goces rurales, además de organizar una biblioteca que cuenta ya con casi mil volúmenes. Para contar su vida allí nos dedica una especie de microrelato:

Portada de ‘Las óperas perdidas de Francesca Scotto’, de Elena Casero.

«Los meses de verano los paso en mi casa de la aldea donde dicen que hay tranquilidad, paz, sosiego y mucha cosa bucólica. Hay pinos, almendros y viña. También ovejas. Por las mañanas, a eso de las cinco te despiertas con las conversaciones de unos pajarillos. Después, sobre las seis con el tractor de mi vecino, a las siete con el tractor del padre de mi vecino, a las ocho con la conversación de la Victoria y alguna vecina sobre asuntos de importancia, guardando, eso sí, la distancia recomendada. A las nueve, pasa el Antonio junto a la ventana. Arrastra los pies, carraspea y azuza a la perreta para que no se mee en la puerta. A las nueve y media: silencio».

Además de cuidar sus tomateras y otros hobbys campestres, Casero es intérprete de oboe, se atreve con el piano y ama profundamente la música. En su última novela ‘Las óperas perdidas de Francesca Scotto’ (Talentura) le rinde homenaje. «Es un relato de intriga psicológica que me sirvió para reivindicar el papel de las compositoras y la importancia de la música en nuestra vida, así como la diferencia entre el perdón y la venganza», dice Casero.

Ahora escribe algún que otros microrrelato y ‘desescribe’ una novela que comenzó hace tiempo. Está leyendo: ‘San el libro de los milagros’, de Manuel Astur y la poesía de Pilar Adón, ‘Da dolor’. Recomienda ‘Territorio de luz’, de Yuko Tsushima y ‘Dadas las circunstancias’, de Paco Inclán.

Óscar Gual, oteando el horizonte marino. Imagen cortesía del autor.

Así como Casero se mueve como pez en el agua por la literatura realista, Óscar Gual, informático de Castellón, se sumerge en lo fantástico futurista. cinco novelas publicadas y una sexta en proyecto. «Soy un tipo veraniego, me encanta esta época del año. Estoy en Almassora beach, una playa de la era mesozoica que tiene la suerte y la desgracia de quedar entre el Grao de Castellón y el de Burriana”, cuenta. “Es un lugar duro, no apto para forasteros, por así decirlo. He crecido aquí, cogiendo pulpos y mejillones, y no tengo que pedir turno para bañarme. En verano trato de bucear lo máximo posible y me he sacado la licencia de buceador avanzado. En resumen, que me tiro el día a remojo”.

Gual aprovechó el confinamiento para dar un buen empujón a un proyecto medio empezado. «Es una historia que ocurre a finales del siglo XXI, protagonizada por una luchadora profesional, un guionista con problemas existenciales y un trío de hackers metaleros. ¿Qué más se puede pedir? Ah, sí, también hay robots asesinos, drogas del futuro y el fin del mundo tal y como lo conocemos, nada demasiado relevante”.

Portada del libro ‘El hombre de la mirada de piedra’, de Óscar Gual.

Su última novela, ‘El hombre de la mirada de piedra’ (Aristas Martínez)  “hay que leerla porque no es que desentrañe el sentido de la vida pero sí que trata con algunos de sus sinsentidos”, resume. “La novela explora algunas de las nuevas religiones que han venido a sustituir a las clásicas, que ya están bastante demodé. Me refiero a la macroeconomía, el naturismo, la autoayuda, etcétera. Son sistemas de creencias cerrados que sólo tienen sentido desde dentro, pues desde fuera se puede comprobar que no guardan relación alguna con la realidad empírica. Lo mismo que las religiones tradicionales, vamos. Además, la novela está protagonizada por una supercomputadora humana postrada en una silla de ruedas con la voz de Darth Vader, su cuidador superfan de Spandau Ballet, un par de vagabundos politoxicómanos, un periodista arruinado y una casa encantada”. 

Entre sus lecturas recientes preferidas figuran las obras de tres colegas también valencianos. “Me gustó mucho ‘Después de nunca’, de Alberto Torres Blandina, porque habla de cómo la gente reacciona cuando la realidad se resquebraja, algo que viene al pelo en la situación actual pero que, afortunadamente, no habla de ningún virus. También ‘Nadia’, de Robert Juan-Cantavella, que hace un repaso al gamberrismo ilustrado a lo largo del siglo XX, como una especie de historia alternativa. Una novela ácida, inteligente y divertida. Disfruté con ‘Transirak’, de David Perfumme, una bendita locura que mezcla ‘road-movie’, una trama homosexual en el Irak de Saddam, virus locos fabricados en laboratorios secretos y no se vayan todavía que aún hay más, todo regado por la desbordante inteligencia de su autor, que está bastante loco”, concluye Óscar Gual.

Elena Casero, al cuidado de su huerta. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Verano a ritmo lento y turismo nacional

Fahrenheit 451 (II) | Escritores en plena canícula
Teresa Broseta y Alberto Torres Blandina
Jueves 13 de agosto de 2020

A Ray Bradbury (1920-2012) le hubiera gustado saber que en el centenario de su nacimiento el mundo viviría una situación distópica que ningún autor de ciencia ficción se atrevió a imaginar.

De familia humilde, Bradbury no pudo ir a la universidad y tuvo que trabajar de repartidor de periódicos, pero dedicaba todo su tiempo libre a leer en bibliotecas públicas. Pronto empezó a publicar cuentos en revistas diversas y el éxito de ‘Crónica marcianas’ le permitió consagrarse a la escritura. Después vino ‘Fahrenheit 451‘, llevada al cine por François Truffaut, y sus trabajos como guionista en varios grandes filmes.

MAKMA le rinde homenaje en su centenario con esta serie dedicada a los escritores que atraviesan el desierto de agosto con sus ficciones a cuestas. En esta entrega, Teresa Broseta y Alberto Torres Blandina.

La fórmula estival de Teresa Broseta era perfecta. Unas semanas de descanso en l’Eliana y un viaje a algún país lejano. «No porque intentara huir de algo», aclara, «sino porque llegará el día en que mi cuerpo se negará a acompañarme en largos periplos». Este año, por razones obvias, la fórmula es imposible. «Toca vivir un verano a ritmo lento, como los de antes», sentencia.

Portada de ‘Canviem les regles’, de Teresa Broseta y Patricia Campos.

Escritora prolífica y versátil, pues igual escribe en castellano que en valenciano, disfruta contando historias para niños y jovenes. En plena pandemia publicó la novela juvenil ‘Canviem les regles’ (Bromera), en colaboración con Patricia Campos.

«Cuenta la historia de Olivia, una adolescente que supera una situación de acoso escolar y encuentra su lugar en el mundo gracias a un puñado de chicas que juegan al rugby. Dado el amplio abanico de temas que trata —identidad de género, acoso, suicidio, trastornos mentales, desigualdades sociales, etcétera—, estaría muy bien que la leyeran no sólo los jóvenes, sino también lo adultos, especialmente aquellos que tienen un o una adolescente en casa. Es una novela que aspira a despertar preguntas y reflexiones y a provocar conversación y debate».

Estas semanas se permite descansar de las teclas, «pero el pensamiento es libre, y mis historias tienden a crecer y madurar en algún rincón escondido del cerebro, casi a mis espaldas. ¡Así que cualquiera sabe lo que saldrá de aquí!».

Portada de ‘Ébano’, de Ryszard Kapuscinski.

Mientras tanto, disfruta del regalo de su amigo invisible en la campaña ‘Sentim les llibreries’. «Se trata de ‘Ébano’, que recoge las vivencias del periodista polaco Ryszard Kapuscinski en diversos países de África. Lo alterno con lo que llamo ‘relectura a salto de mata’, que consiste en hurgar por las estanterías y leer algunas páginas de los libros que me acompañaron en los lejanos veranos de la infancia y la adolescencia. Es lo más parecido a visitar a los amigos… ¡Y sin riesgo de contagio!», concluye Teresa Broseta. 

Alberto Torres Blandina. Imagen cortesía del autor.

Experto en crear mundos distópicos en sus novelas, Alberto Torres Blandina suele aprovechar los veranos para viajar a lugares exóticos. «Este año es diferente y soy nómada por mi propio país, visitando amigos en Altea, Menorca, Alicante o Villafranca del Cid”, cuenta. “La crisis en España, sobre todo en el sector turístico, es muy grande y, aunque algunos creen que ser patriota es llevar una mascarilla con la banderita de España, yo pienso que el patriotismo se demuestra con gestos: no teniendo cuentas en Suiza, por ejemplo. Un país no es un trozo de tierra, es la gente que vive en él. Ayudar a los españoles es ayudar a España. Ayudar a aquellos que se rompen la espalda por España en el campo o en la barra de un bar, sin tener la nacionalidad, también es ayudar a España. Poner una bandera en el balcón no sirve para nada si no se acompaña de gestos”.

En su trilogía distópica publicada por Aristas Martínez (‘Con el frío’, ‘Contra los lobos’ y ‘Después de nunca’) Torres Blandina traza un futuro que en parte ya es presente dominado por fanatismo varios. “El auge de políticas autoritarias, de religiones intransigentes, de mentiras tranquilizadoras. Me pareció que la distopía era la única forma de hablar del presente, de analizar la deriva que estaba tomando el mundo. Por desgracia, estas novelas se están haciendo de algún modo realidad. La sociedad está cada vez más controlada y radicalizada. Vivimos en burbujas de mentira y solo consumimos aquellas verdades que se parecen a nuestras convicciones”.

Portada de ‘Contra los lobos’, de Alberto Torres Blandina.

Igual que sus trayectos estivales, también en la literatura ha pasado de las grandes historias a las pequeñas, de lo general a lo particular. “El mundo está tan enrarecido que es en sí mismo ficción”, comenta. “¿Puede explicarse desde lo racional que alguien como Trump o Bolsonaro sean presidentes? ¿Que una niña lidere el movimiento ecologista? ¿Que los terraplanistas o VOX tengan cada vez más adeptos? ¿Que un virus nos encierre en casa durante meses? En estos momentos la realidad es inverosímil. Estoy seguro de que cada casa, durante el confinamiento, daría para una película”.

En septiembre publicará ‘Jávea’ (Candaya), una novela donde todo lo que cuenta es real. “Buscando en las pequeñas historias de la vida el sentido a un mundo cada vez más enloquecido. Curiosamente, cuando el telediario y los periódicos pertenecen al género de la ciencia ficción, es en la novela donde busco un poco de verdad”, concluye Alberto Torres Blandina.

Verano, Teresa Broseta,
Teresa Broseta. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

De vampiras y Sadam Husein

‘Fahrenheit 451’ (I) | Escritores en plena canícula
Pilar Pedraza y David Pascual (Mr. Perfumme)
Jueves 6 de agosto de 2020

Gracias a Ray Bradbury sabemos que los libros arden a 451 grados Fahrenheit (232,8ºC). Lo que todavía ignoramos es hasta qué temperatura los autores son capaces de escribirlos sin entrar en combustión interna y espontánea.

Para resolver el enigma, MAKMA envía una patrulla de drones espías a los santuarios de varios literatos. Dotados de sensores ultrasensibles diseñados por la NASA, dichos artefactos registrarán lo que hacen los escritores en plena canícula. ¿Siguen escribiendo y/o leyendo o se refugian en cámaras de aislamiento sensorial? ¿Existe vida inteligente a partir de los 33ºC? ¿El calentamiento climático fundira la creación literaria y nuestros descendientes se verán obligados a leer una y otra vez las mismas historias?

Sin más preámbulos, damos paso a los primeros invitados de esta tórrida serie ‘Fahrenheit 451’: Pilar Pedraza y David Pascual (Mr. Perfumme). Nos cuentan qué hacen este verano con COVID y recomiendan alguna lectura, que para eso están.

Pilar Pedraza, con mascarilla, en el interior de su casa. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza suele pasar las vacaciones de verano en un balneario, pero este año se quedará en casa escribiendo, leyendo y viendo películas. «Lo único que me gusta cuando viajar es una aventura peligrosa e incómoda», dice. «No tengo coche, ni chalet ni teléfono móvil, pero sí un estudio comodísimo en pleno Barri del Mercat con aire acondicionado y aislamiento acústico. Soy vegetariana flexi y el Mercado Central me surte de lo más exquisito de la comida mediterránea. ¿Qué más quiero? Que todo el mundo pudiera decir lo mismo o parecido, que la gente tuviera la oportunidad de ser feliz, cada uno a su manera pero sin faltarle nada».

Está sumergida en una obra de ficción llamada ‘Vampírikas’, libro de fantasía y terror que, tras largo tiempo de árduo trabajo documental, ya va viendo la luz. «No hay nada en el mundo que me guste más que escribir sabiendo lo que escribo y que voy bien. No me gustaría morirme sin haber publicado ‘Vampírikas’, así que allá voy a toda vela, que en cualquier momento viene el puto coronavirus y se te lleva por delante. Salgo a pasear por mi amado barrio y voy al cine un par de veces a la semana. Es raro que Juan (su marido) y yo veamos una peli solitos y con nuestras mascarillas puestas en una sala vacía, toda para nosotros. Pero la gente no se anima. Id al cine, mamones, y dejaos de botellones!».

Vampiras, Pilar Pedraza, Tóxikas,
Portada de ‘Tóxikas’, de Pilar Pedraza.

De sus últimos trabajos recomienda con especial ahínco ‘Eros ha muerto‘ (Valdemar) y ‘Tóxikas‘ (Cazador de ratas). «El primero, para lectores algo curtidos en el arte de la lectura, y el segundo, como refresco para leer en una tumbona. En los dos he puesto lo mejor de mí misma: la fantasía y la felicidad».

Aunque no es dada a recomendar obras ajenas, sugiere dos tesoros que ha leído últimamente: ‘La vieja señora Jones y otros cuentos de fantasmas’, de Charlotte Riddell (Redonda), y ‘Los mil y un fantasmas’, de Alexandre Dumas. «Literatura refrescante para estas noches tropicales», sentencia Pedraza.

David Pascual (Mr. Perfumme), combatiendo el calor con un helado. Imagen cortesía del autor.

David Pascual Huertas (AKA Mr.Perfumme) no se corta un pelo y toca todos los palos de la baraja creativa. Desde la música, como Mr.Perfumme, a la literatura, el cine o el teatro. Ha publicado ‘El Satélite Ruso’, ‘Eso fue lo que pasó’, ‘Una pequeña llama en mitad de un terrible Incendio’, ‘Saber Matar‘ y ‘Transirak’. Trabajó como guionista en el largometraje ‘Pobre Diablo’ y el documental ‘The Mystery of the pink flamingos‘. Ha recibido una beca Graners de Creació colaborando con la compañía teatral Colectivo Miss Panamá.

«De momento, lo más veraniego que he hecho fue subirme a un coche con un amigo sin rumbo predeterminado», cuenta. «Estábamos muy en plan: ¡Buah, somos los nuevos beat!. Celebrábamos nuestro espíritu aventurero, nuestra capacidad de improvisación y de correr riesgos. Paramos en una cala de Calpe, estábamos pensando si dormir ahí mismo, en nuestra tienda de campaña, y en ese momento nos llamó una amiga que había visto en Facebook que estábamos en la zona, y a la media hora, ya en su casa,  habíamos vendido nuestro viaje on the road por una cama y una nevera».

‘Transirak’, de Mr. Perfumme.

David Pascual se dedica estos días a corregir ‘Gordo de Porcelana’, su primera novela con Temas de Hoy, que saldrá en marzo, y también trabaja en un par de proyectos de largometrajes. Su último libro, ‘Transirak’ (Editorial niños gratis), que se abre con una cita de ‘Robocop 2’, cuenta la verdadera historia de Sadam Husein, aunque en realidad trata sobre el cáncer.

A David Pascual le fascina todo lo que escribe A.H. Homes. «Me han encantado ‘Mi año de descanso y relajación’, de Otessa Moshfegh, un ensayo sobre el cruising de Álex Espinoza, y ‘Desierto sonoro’, de Valeria Luiselli. Pero no solo de libros vive el homus o dona estivalis. Aconseja al sofocado urbanita una ración extra de polos de orxata.  También un chapuzón en la piscina de la avenida del Cid, «el lugar más divertido y con el ambiente más delirante que vais a ver nunca, como el jardín de las delicias del Bosco pero con acuagym. Y hay que recorrer la carretera entre Altea y Benidorm, que es como un pueblo americano lleno de Mc Donalds, puticlubes abandonados, alemanes comiendo perritos y parques acuáticos. Ah, y un castillo, y una iglesia rusa ortodoxa. Todo lo que es importante de algún modo en la vida tiene ahí una representación», concluye David Pascual.

Vampiras, Pilar Pedraza
Pilar Pedraza, bien hidratada, trabajando en su casa. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Los carteles ignífugos de la Fira del Llibre

50 Fires del Llibre de Valencia
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 15 de mayo de 2016

Es casualidad que la Feria del Libro de Valencia naciera en 1966, el año en que precisamente se estrenaba ‘Fahrenheit 451’, la película de François Truffaut en la que los bomberos se dedicaban no a apagar fuegos, sino a quemar libros. Casualidad, en todo caso, digna de estudio. Porque entonces, también la feria valenciana vivió momentos tensos por culpa de quienes arremetían contra ciertos libros sospechosos de quebrantar el ideario franquista. Lo curioso es que la película se sitúa en una sociedad posterior a 2010, en la que ahora estamos y en la que, por fortuna, los libros ya no es necesario quemar, porque según los datos estadísticos, cada vez se lee menos.

Cartel de la Fira del Llibre de 1967.

Cartel de la Fira del Llibre de 1967. Centro del Carmen.

Para hacer recuento de todo ello, el Gremi de Llibrers ha organizado, en colaboración con la APIV (Associació Professional de Il.lustradors de València), una exposición en el Centro del Carmen que recoge carteles de sus 51 ediciones y fotografías de José García Poveda, a modo de memoria gráfica de tan ardua reivindicación a favor del libro. Porque los libros, tal y como recoge la película, pueden ser el comienzo de la aventura de pensar. Siempre y cuando se lean con la debida intensidad, como recuerda Nacho Casanova, ilustrador del cartel de este año, en una entrevista en la web de la Feria: “Soy partidario de la lectura entusiasta, por inmersión, que es algo que hay que reivindicar: ya sabemos cómo les cuesta a los más jóvenes concentrar la atención”.

De ahí la escalerilla que Casanova coloca en su cartel para sumergirse en ese gran libro rojo que domina la ilustración. Un libro bien grande como colofón a esa historia de los carteles nacida en 1966, aunque el primero de los expuestos corresponda a la edición siguiente. “No es que no hubiera cartel el año de su inauguración, pero no se ha encontrado”, subraya Juan Antonio Rodríguez de Dios, hijo del primer presidente que tuvo la feria y que aporta a la muestra algunos de esos primeros carteles pertenecientes a su colección.

Cartel de la Fira del Llibre de 2016 obra de Nacho Casanova. Centro del Carmen.

Cartel de la Fira del Llibre de 2016 obra de Nacho Casanova. Centro del Carmen.

Gloria Mañas, directora de la Feria del Libro, destaca el crecimiento de la feria (“más expositores, más casetas y actividades, y más espacios”), al tiempo que se muestra “esperanzada” con el nuevo gobierno. “Ha adquirido compromisos con el sector del libro”, y apunta al Plan de Fomento de la Lectura, del que “se sabrán sus resultados en cuatro o cinco años”. También destaca Mañas el I Festival de Promoción Lectora que arranca en esta 51 edición destinada a maestros, bibliotecarios y agentes culturales.

Y como muestra, en este caso metafórica, del crecimiento de la feria, la artista Victoria Cano, a instancias de Javier Gay, asesor artístico de la exposición, ha montado un singular libro hecho de cuatro hojas con hierro y alambres a modo de jaula de la que cuelgan poéticos mensajes. “Es una escultura abierta, participativa, en la que se invita al público a que se atreva a pedir un sueño”, señala Cano. Y agrega: “¡Y ojo con lo que pides que a veces se cumple!”. Además, la artista, que exhibe en una sala contigua sus ‘Ecos & Huellas’, ha creado un dispositivo de realidad aumentada para captar la imagen de cuantos se atrevan a soñar alrededor de su escultura.

Los carteles, obra de artistas tan conocidos como Sento, Miguel Calatayud, Genovés, Rosa Torres o Luis Demano, permanecerán expuestos hasta el 15 de mayo, junto a las fotos de García Poveda distribuidas en 12 paneles, “algunos llenos de cadáveres”, apunta con humor negro el propio fotógrafo. Ilustres cadáveres, como los de Josep Vicent Marqués, Pepe Rubianes, Eduardo Haro Tecglen, Chumi Chumez o Dulce Chacón, entre otros tantos escritores y artistas que han pasado por la Feria del Libro durante sus 51 años de vida. Los bomberos de Fahrenheit 451 no han podido con ella.

Carteles de Fires del Llibre. Centro del Carmen.

Escultura de Victoria Cano con carteles al fondo de la exposición 50 Fires del Llibre. Centro del Carmen.

Salva Torres