Pedro Castrortega en la Fundación Antonio Pérez

Doble Exposición de Pedro Castrortega en la Fundación Antonio Pérez
Fundación Antonio Pérez
Plaza Mayor. San Clemente (Cuenca) y Ronda Julián Romero, 20. Cuenca
Hasta el 20 de Enero de 2019

La fundación Antonio Pérez acoge una doble exposición del pintor y diseñador gráfico Pedro Castrortega tituladas ‘Fé y Vértigo’ (Cuenca) y ‘El Bosque’ (San Clemente). Ambas exposiciones fueron inauguradas el 19 de Octubre y permanecerán hasta el 20 de Enero de 2019.

‘Fé y Vértigo’ es un proyecto que surge hace 10 años a raíz de un encargo sobre la Catedral de Burgos. A través de esta obra mostró interés por dibujar otras catedrales como la de Cuenca, Notre Dame, Santiago de Compostela, Toledo y la Sagrada Familia de Barcelona. La idea era mostrar cómo estas obras arquitectónicas eran creaciones maestras, una muestra de la capacidad humana de construir edificios que se acercan a la divinidad.

Portada de la exposición 'Fe y Vértigo'. Imagen cortesía de la Fundación Antonio Pérez

Portada de la exposición ‘Fe y Vértigo’. Imagen cortesía de la Fundación Antonio Pérez

Casi todas las catedrales, a excepción de la Sagrada Familia, son obras de estilo gótico. El gótico es un estilo que se caracteriza por sus inmensos ventanales decorados con vidrieras que dejan entrar una gran cantidad de luz en el interior. La luz es símbolo de la gracia divina. El proceso constructivo de las catedrales es largo y complejo, pudiendo llegar a durar siglos en finalizarse. Castrortega menciona que las catedrales ‘son máquinas del tiempo’, observadoras del crecimiento de las urbes que empiezan a aparecer en la Europa medieval viendo pasar generaciones de canteros, arquitectos, constructores y fieles bajo sus muros. El arte gótico, a diferencia del futuros movimientos, es visto como un arte colectivo, en una época donde la concepción de artista no existía, una muestra de que, unida la sociedad, puede llegar a realizar tales obras magníficas.

La Sagrada Familia es la excepción que se sale de este estilo, pero es el claro ejemplo de esa función como ‘máquina del tiempo’, estamos viviendo su proceso de construcción, evolución y la complejidad que supone, a pesar de los avances técnicos actuales la finalización de una obra de tales dimensiones que continúa más allá de su creador, Gaudí.

Catedral de Cuenca de Pedro Castrortega. Imagen cortesía de la Fundación Antonio Pérez.

Catedral de Cuenca de Pedro Castrortega. Imagen cortesía de la Fundación Antonio Pérez.

Pedro Castrortega expresa esa complejidad y maravilla de las catedrales, un dibujo de las fachadas, un reflejo que quizá haga alusión a la realidad de este momento. Este realismo mostrado a través de las catedrales se fusiona con la abstracción, añadiendo fantasía como es el caso de la obra en la que se dibuja la Catedral de Cuenca, dejando en primer plano una oscuridad donde surgen los demonios. Se crea un contraste respecto a los trazos limpios y geométricos de la catedral, con la vorágine de formas irregulares que suponen la ánimas que toman el protagonismo. La fé es un cúmulo de creencias sustraídas de la realidad, historias imposibles donde todo puede ser posible y que en ocasiones nos puede dar vértigo.

Portada de 'El Bosque' Imagen cortesía de la Fundación Antonio Perez.

Portada de ‘El Bosque’ Imagen cortesía de la Fundación Antonio Pérez.

‘El Bosque’ es un recopilatorio 25 obras que ha realizado a lo largo de su carrera artística. En este compendio nos muestra ese estilo de realismo abstracto, consiguiendo crear nuevas realidades a través de cada obra, abstrayendo conceptos, normalmente antropomórficos o animalísticos que recuerdan a formas que existen en nuestro ideario cotidiano, dándoles un giro extraño, rozando el valle inquietante.

La primera sensación al presentarse una obra de Castrortega es la de una extrañeza familiar que se consigue reconocer, pero sin embargo te envuelve en miedo. Las criaturas que forman sus bosques son realidades deformadas por sus experiencias, tanto buenas como malas. El bosque de Castrortega es una búsqueda de sí mismo, en los árboles, riachuelos, etc… El bosque es un lugar de leyendas, peligroso y que puede dar miedo, pero también acoge y es dador de vida.

Imagen de la exposición temporal 'El Bosque'. Cortesía de la Fundación Antonio Pérez.

Imagen de la exposición temporal ‘El Bosque’. Cortesía de la Fundación Antonio Pérez.

“El bodegón y el objeto son mi leitmotiv”

‘IVÁN ARAUJO’
Museo del Ruso. Espacio de Arte Contemporáneo
Capitán Julio Poveda 21, Alarcón (Cuenca)
Septiembre-octubre de 2018

Grabador, pintor y escultor, Iván Araujo (Madrid, 1971) muestra su obra más reciente en el Museo del Ruso de Alarcón y ultima ya las próximas presentaciones de sus libros de artista y libros objeto, que tendrán lugar en el Festival ConFusion de Benimaclet (del 19 al 21 de octubre en el espacio Doce Islas Benimaclet ‘Libros Inquietos’) y en el Festival del Libro SINDOKMA (del 25 al 28 de octubre en el Centre Cultural La Nau) en Valencia.

Talento desbordante, mucho trabajo en el estudio y una personalidad arrolladora que escapa a cualquier quiebro o desaliento son premisas que subyacen bajo una obra de fuerte arraigo, teñida de influencias elegidas y queridas, de rigor y coherencia, que nos acerca al lirismo más sutil por el camino del recuerdo y la nostalgia.

Hablamos en esta entrevista con el artista de sus comienzos en el mundo de la pintura, de sus influencias, trayectoria, pasión por el grabado… y de sus proyectos más inmediatos.

Iván Araujo. MAKMA

¿Cómo fueron tus inicios en el mundo del arte?

Cuando era pequeño, disfrutaba con mi padre de los ratos en los que él iba a pintar acuarelas al campo, hacíamos apuntes juntos y todo esto me permitió crecer en un ambiente de gusto por la pintura, el dibujo y por el arte en general. Disponía de materiales a mi alrededor y me pasaba las horas pintando en cuadernos y yendo a ver exposiciones de arte.

¿Tuviste claro siempre que querías estudiar la carrera de Bellas Artes?

Mi decisión de matricularme en Bellas Artes fue tardía, ya que en principio pensaba estudiar arquitectura por tradición familiar, pues mi padre y varios de mis tíos eran arquitectos. Justo en mi último año antes de comenzar la universidad decidí ingresar en Bellas Artes. Mi apuesta fue clara: desde pequeño había sentido la necesidad de hacer cosas con las manos y me fascinaba dibujar. Quería tener un contacto más directo con la obra que el que podía darme el mundo de la arquitectura, donde el proyecto y dirección de obra te alejan mucho de la creación pura; lo había visto miles de veces con mi padre. Con el tiempo descubrí que fue una decisión muy acertada, puesto que yo necesito tener un control de principio a fin del proceso creativo y concentrarme en una obra más íntima, cercana y abarcable como la que puedes realizar en tu taller. Además, me involucro mucho físicamente, para lo cual me es indispensable elegir la técnica y el material adecuado, dotándolos de las cualidades expresivas y conceptuales que deseo para cada pieza.

Elegiste la especialidad de grabado, que está presente siempre en tu trabajo, ¿qué te aporta esta técnica?

El grabado ha condicionado absolutamente mi forma de trabajar en cualquier disciplina artística, puesto que mi formación y posterior desarrollo profesional se han centrado, en gran parte, en esta técnica. Ya en la Facultad de Bellas Artes de Madrid, mientras estudiaba la carrera, trabajaba para pagarme los estudios en distintos talleres profesionales de grabado y estampación. Esto me hizo adquirir muchísima técnica y oficio. Cuando me licencié y mientras estudiaba mi doctorado en dibujo contemporáneo, trabajé cinco años en Ediciones Benveniste, donde realicé obra gráfica para grandísimos artistas nacionales e internacionales. Posteriormente me saqué una plaza de profesor asociado en la Facultad de Bellas Artes de la UCM (Madrid), en grabado calcográfico. Tras tres años dando clases decidí dejar la facultad y montar mi propio estudio de grabado. Desde 2001, realizo mi propia obra gráfica y la de otros artistas, compatibilizándola con la obra original. La forma en la que afronto la creación de un grabado me ayuda a conceptualizar mucho la idea de la imagen que persigo. El grabado te obliga a trabajar por capas y debes decidir muy claramente qué técnicas debes utilizar según los resultados que quieras obtener, con lo que el método ensayo-error en grabado no es válido como en ocasiones ocurre en la pintura; la gráfica te enseña a tomar elecciones y a posicionarte de forma activa ante el proceso creativo, asumes riesgos y debes estar siempre abierto a integrar aquello que el grabado te pueda ir ofreciendo en cuanto a las pequeñas desviaciones que surgen tras los complejos procesos de mordida y estabilización de la matriz.

Se perciben en tu trabajo ciertas influencias. ¿Quiénes han sido y son tus artistas de referencia?

En mis inicios me interesaba mucho el arte con un fuerte contenido simbólico; obra y artistas con un marcado contenido existencial, en los que su trabajo era un reflejo poderoso de su posicionamiento conceptual y estético ante la obra. Joseph Beuys y Paul Klee me fascinaban por su intensidad y la verdad que emanaba de su obra. Artistas muy apoyados en el dibujo, como fuente vertebradora de la obra y como estructura que sustenta sus creaciones. Me atraían también, por su fuerza poética, los expresionistas abstractos De Kooning y Rothko. Sin duda alguna, el cubismo, Juan Gris y Picasso han sido grandes influencias en mi obra, tanto por su forma de mirar y re-presentar el objeto, como por la propia forma ponderada y matemática de plasmar su pintura. El collage es otro recurso que utilizo muchísimo y que está muy presente en los cubistas o surrealistas, y también en algunos artistas de estética pop posteriores, que me resultan muy interesantes, como David Hockney.

Otra referencia fundamental en mi trabajo nace de mi amor por la pintura metafísica, De Chirico, y en general de toda aquella pintura que trasciende a la realidad, proyectándose en escenarios arcádicos y poéticos; la aspiración a lo mínimo y a la inclinación por el juego arte-juego de Torres García y, por último, cierto salvajismo simbólico y primitivo de la transvanguardia italiana, muy presente en Mimmo Paladino. Podría seguir y la lista no acabaría… soy muy revisionista, un mirón empedernido; son muchos y variados los artistas que me interesan, ya que mi trabajo se vale de cientos de miles de retales, de instantes capturados en mi cerebro y retina que llevo siempre conmigo.

Imagen de la escultura 'Casa-barco', de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la escultura ‘Casa-barco’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Has ejercido de profesor en la universidad,sigues impartiendo cursos y talleres en distintos lugares de la geografía española. ¿Qué te aporta artísticamente la enseñanza?

De la época de profesor en la universidad no guardo especial buen recuerdo, ya que la relación con los alumnos, salvo algunas buenas excepciones, se veía condicionada por las calificaciones. Eran muy pocos los que realmente se volcaban con interés y pasión en el taller. Mi relación posterior con la enseñanza en cursos y talleres en distintos lugares, incluso en mi estudio, con los artistas que trabajan regularmente conmigo, es muy diferente. Se establece siempre una relación de necesidad mutua; a mí me gusta ofrecer al alumno las herramientas para que él pueda dar forma a su obra y, naturalmente, en ese proceso el intercambio de pareceres  y puntos de vista es extraordinariamente rico. Cuando trabajo con gente a la que al mismo tiempo enseño, vuelvo a someter todos mis conocimientos y bagaje artístico a un examen riguroso; en el terreno de la creación no se puede dar nada por sentado y los modelos y soluciones que a uno le sirven no tienen porqué valer a otro en otras circunstancias.

Esta condición multireferencial del hacer creativo permite que uno aprenda constantemente y en cada momento de su trabajo y del de los demás. Para mí, trabajar la obra de otros artistas me sitúa en escenarios diferentes a los de mi obra, enriqueciendo mi visión del arte y, lo que es más interesante, me fuerza a entender la obra que el artista quiere realizar desde sus propios parámetros. Este desplazamiento es siempre nutritivo, como lo es cuestionarse y actualizar los propios conocimientos.

¿Cómo es tu día a día en el estudio? ¿Eres un artista metódico, ordenado?

Yo trabajo a diario en mi estudio, sea cual sea la situación, tanto si estoy preparando una exposición de gráfica, pintura o escultura. Trato de ser muy sistemático en mis horarios y suelo trabajar en series largas de producción, en cualquiera de las disciplinas anteriores. Hacerlo así me permite dar distintas respuestas a un mismo problema; todas ellas se encadenan unas a otras y en conjunto, conforman un discurso coherente que pieza a pieza resulta complicado. Me cuesta mezclar disciplinas; si estoy con unas piezas de escultura o grabado, hasta que no las acabo no paso a otra técnica, por ejemplo, pintura. Cada disciplina requiere tiempos y una disposición ante la obra muy diferentes. Lo que sí pasa a veces es que al trabajar tantas técnicas diferentes, siempre hay vuelcos e influencias de unas a otras. No solo es inevitable sino que es lo más interesante. Además, al compatibilizar mi obra con la producción de obra gráfica de otros artistas en mi taller, hay contaminación, ideas bullendo, interferencias…

A veces es un poco agotador, pero tras muchos años trabajando así me he acostumbrado a filtrar toda esa información y a desarrollar más capacidad de concentración. No creo en la inspiración; creo en el trabajo diario y en pasar muchas horas en el taller, desarrollando una relación de necesidad e implicación con tu obra y los materiales y técnicas que eliges para llevarla a cabo. Los tiempos muertos, trabajo en pequeñas libretas y libros de artista que son el cajón desastre y, al mismo tiempo, el germen y semilla de muchas de las futuras producciones.

En la exposición que presentas en el Museo del Ruso, el bodegón es el tema principal en tus obras.

Sí, en efecto. El bodegón y el objeto han sido el leitmotiv de mi producción de estos últimos cinco años. Me interesaba la forma en que el bodegón, que ha sido un género artístico presente en todas las etapas de la historia del arte, suscita la mirada del observador. En el cuadro, la naturaleza muerta circunscrita al estudio del pintor reordena el espacio, creando una fuente de sinergias entre los diferentes objetos que lo rodean. Cada forma alude a su presencia y situación en referencia a sí misma y a los demás elementos, creando un microcosmos y, sobre todo, nos habla de una determinada manera de entender la ocupación del espacio de aquel que la ha depositado en ese lugar.

El diálogo que se establece entre las distintas formas-objetos me interesaba, puesto que nos relata una historia de necesidades, equilibrios, armonías y espacios. Esta exposición supone un fin de etapa, ya que ahora mi trabajo es decididamente más objetual y simbólico, recuperando iconos que siempre han estado ahí, en mi mundo, en mi territorio plástico. Pero lo que la hace especialmente interesante, además del magnífico enclave de la sala del Museo del Ruso, es que conviven varias series que están en transición a ese cambio hacia lo simbólico, sobre todo la serie de pintura de ‘La sonrisa del cazador’ y ‘AntarMouna’, y la serie de esculturas-arquitecturas presentadas en conjunto, que pertenecen a mi producción actual.

Marisa Giménez Soler, directora del Museo del Ruso, y el artista Iván Araujo, durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Marisa Giménez Soler, directora del Museo del Ruso, y el artista Iván Araujo, durante un instante de la entrevista. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Háblanos de tu escultura, de esas casas soñadas, esos micromundos que unen infancia, nostalgia y utopía.

Las arquitecturas forman parte de una instalación que proyecté para mi última exposición en Madrid, el año pasado en la APPA Art Gallery, donde un grupo de arquitecturas se presentaban en la pared, dispersas, formando un conjunto, que a modo de constelación salpicaba de puntos la pared. Se titulaba ‘Todas las casas que hay en mí’ y al menos cuatro o cinco de esas piezas originales se exponen junto a las demás. Las hemos presentado en el suelo, formando una ciudad, un pequeño asentamiento, podríamos decir. Muchas de ellas son nuevas, pero siguen heredando el nombre que las originó. Son casas realizadas con maderas encontradas, dañadas, que recojo y restauro en el estudio. Les aplico decapantes y las lijo para sacarles la veta y con ligeras policromías las retoco, en las ocasiones que quiero cromarlas. Al contrario que las pinturas, se trata de colores deslucidos y transparentes que sugieren lo mínimo y silencioso y que recuerdan a los juguetes de la infancia. Tienen, en efecto, mucho de esto, de recuerdos, de pérdidas y nostalgia; hablan de la lluvia, del sonido del mar, de la añoranza de la madre, de los días lentos, de estrellas, constelaciones y de sueños por cumplir. La casa, etxea en la cultura vasca de mis antepasados, es la madre que acoge y protege y, en las diversas formas poéticas que la presento, adquiere una cualidad de metáfora visual que se potencia por la desnudez del material y la simplicidad en las formas.

Tus libros de artista y tus libros objeto son siempre requeridos y apreciados en ferias y convocatorias dedicadas a la edición. ¿Qué valor les concedes dentro de tu proceso creativo?

El libro de artista me permite ensayar, escribir, proyectar y soñar con nuevos escenarios y, dado lo abarcable del formato, en ocasiones lo continúo realizando en casa o cuando estoy fuera del estudio. Vaya donde vaya, y más si me voy de viaje, siempre llevo un libro de artista conmigo. Suelen ser contenedores de ideas y proyectos que están por venir o bien tienen un carácter más experimental, como es el caso de libretas en las que trabajo composiciones de estudio. Estas segundas me sirven en muchas ocasiones para afrontar futuros trabajos, ya sea en gráfica o pintura, y, por lo general, suelo utilizar mucho collage y acuarelas, grafito y demás técnicas sobre papel. Como es natural, estos libros de artista no los suelo exponer, ya que me sirven como material de estudio y además no están concebidos para tal fin.

Por otro lado, está el caso de los libros de artista o libros objeto, que tienen un valor intrínsecamente artístico en sí mismos y son los que muestro en ferias y exposiciones como obra final. En muchas ocasiones son libros-cajas que he realizado en grabado y que presentan series de gráfica, como es el caso de ‘ArsBodegonia I y II’ (2015) o ‘Paisajes interiores’. La modalidad de libro objeto la he afrontado en casos como los de ‘Le petitpaysage’ (2016) y ‘Nuit et jour’ (2016), en los que la totalidad de la caja encerraba un grabado tratado volumétricamente como un bajo relieve con abundante collage de todo tipo de materiales. También se da el caso de libros de artista más complejos como este último, ‘La palabra pintada’ (2018), que expondré con Galería El Museo del Ruso para los festivales ConFusión y SINDOKMA 2018, en el que presento originales con sus respectivos textos. Este tipo de festivales, como el caso de SINDOKMA, suponen el encuentro feliz de una serie de creadores y editoriales con una fascinación común por el libro de artista, promoviéndose un clima muy interesante de intercambio de información, ideas y proyectos.

Tienes una consolidada trayectoria como editor, has colaborado con importantes artistas. ¿De qué trabajos estás más satisfecho?

Mi actividad como editor se remonta a estos tres últimos años en los que, como reacción a la apatía generalizada que se instaló entre las galerías y editores, con un descenso muy notable de las ediciones de autor de gráfica en el panorama artístico, me animé a intentar editar a artistas que me resultaban especialmente interesantes. Para ello diseñé una fórmula de coedición, en la que el artista podía animarse a editar asumiendo riesgos mínimos y en mi caso, como taller de edición y coeditor, controlar el proceso al máximo y realizar una inversión razonable.

Hasta la fecha he coeditado a la artista Ángeles Conde con dos suites, la ‘Serie Köln’ y ‘Skylines’ (2017), y a la artista Kristin de George, afincada en Montpellier, con el díptico de aguafuertes ‘Mediterranée: le rêve de Mages’ (2018). Fuera del contexto de la coedición me siento especialmente orgulloso de haber editado en mi estudio la carpeta ‘PRE-POSICIONES’, del artista Ángel Cajal (2016/2017). Una suite de diez grabados presentados en el Paraninfo de la Universidad de Valencia la pasada edición de SINDOKMA, en 2017. Otro proyecto que disfruté muchísimo fue la serie de cinco aguafuertes del artista Eduardo Barco, editada por Amara Gutiérrez en 2017. El procesado de planchas fue un trabajo muy experimental que realizamos Eduardo y yo en mi estudio y la estampación cuidadísima y muy técnica completó una edición de referencia.

Cuéntanos tus próximos proyectos

Mis proyectos futuros a corto plazo pasan por presentar físicamente el libro de artista, ‘La palabra pintada’, en SINDOKMA 2018, y en mostrarlo en todas aquellas ferias y eventos en los que tú, amiga y galerista del Museo del Ruso, decidas exponerlo. A mediados de noviembre participaré en el FIG de Bilbao 2018, la feria de obra gráfica más importante que hay en la actualidad en el territorio nacional, en la que expondré series de monotipos y gráfica de gran formato en el stand de la Galería de Arte Contemporáneo Espiral (Noja, Cantabria). A mediados del mes de octubre darán comienzo también los nuevos cursos que impartiré en el Museo ABC de Madrid de técnicas de grabado y estampación contemporáneas directas, en un taller que he creado especialmente para la ocasión. Pasadas estas fechas comenzaré a trabajar nuevas series de obra para mi próxima exposición individual, que se celebrará en la Galería de Arte Contemporáneo Espiral, en octubre de 2019.

Imagen de la obra 'Antar Mouna II. Silencio Interior', de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Imagen de la obra ‘Antar Mouna II. Silencio Interior’, de Iván Araujo. Fotografía cortesía del Museo del Ruso.

Marisa Giménez Soler

 

Los barrios protagonizan ‘Hijos del jardín’

Hijos del jardín, de Khairi Jemli
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 24 de noviembre de 2018

Reivindicar el espacio público como propio y de toda la ciudadanía es lo que busca el documental de ficción, ‘Dreamcity’, una trilogía del artista urbanista Khairi Jemli que toma forma en la exposición ‘Hijos del Jardín’. Se trata de la nueva propuesta del proyecto Altaveu, del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana y que podrá visitarse en el Centre del Carme hasta el próximo 24 de noviembre, dentro de su línea de apoyo a proyectos de inclusión y cohesión social.

En ‘Dreamcity’ Khairi Jemli investiga en tres barrios de tres ciudades españolas que se encuentran en procesos diferentes, San Antón en Cuenca, San Francisco en Bilbao y Russafa en València, este último junto con l’Associació de Joves Artistes Precaris toma el nombre de ‘Hijos del Jardín’. La propuesta tiene como fin visibilizar la importancia de un espacio público que sea realmente para todos, un punto de encuentro donde tejer redes y en definitiva, crear cohesión social.

Hijos del jardín, de Khairi Jemli. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Hijos del jardín, de Khairi Jemli. Imagen cortesía del Centre del Carme.

El director del Centre del Carme, José Luis Pérez Pont, recordó que “gracias al programa Altaveu, para proyectos de inclusión y cohesión social, la exposición ‘Hijos del Jardín’ muestra el resultado de una serie de acciones que el artista Khairi Jemli junto con la Associació de Joves Artistes Precaris han realizado en el barrio de Russafa a lo largo de varios meses para motivar a la ciudadanía y activar su pensamiento crítico”.

A través de distintas intervenciones en el espacio público ‘Hijos del Jardín’ ha tratado de visibilizar el poder popular y la importancia que este tiene, empoderando a sectores invisibilizados dentro de estos barrios. Asimismo recoge testimonios de actores relevantes dentro de ellos, para mostrar las diferentes realidades de estos barrios y establecer así distintas capas de lectura para el espectador.

Hijos del jardín, de Khairi Jemli. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Hijos del jardín, de Khairi Jemli. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Esta trilogía de investigación audiovisual se muestra en la exposición junto con diferente material de estudio e invita a reflexionar sobre el modo en que utilizamos el espacio público y cómo podemos recuperarlo frente a la especulación inmobiliaria y la mercantilización de estos barrios que pertenecen a toda la ciudadanía. ‘Hijos del jardín’ es una invitación a reparar en cómo construimos el espacio, cómo podemos protegerlo y defenderlo frente a conceptos como el de gentrificación. En definitiva, Jemli propone una recuperación de la ciudad para los ciudadanos como ya proponía Lefebvre a principios de siglo pasado en su homónimo ensayo “El derecho a la ciudad”.

En los documentales sobre San Antón en Cuenca y San Francisco en Bilbao se muestran dos barrios con una alta población inmigrante y las fronteras simbólicas que existen entre éstos y el resto de la ciudad. En el caso del barrio de Russafa, la especulación inmobiliaria, la mercantilización del espacio y el proceso de gentrificación que ha sufrido este barrio, es lo que hoy en día impide el empoderamiento del resto de la ciudadanía que no encuentra su espacio en su propio barrio.

Hijos del jardín, de Khairi Jemli. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Hijos del jardín, de Khairi Jemli. Imagen cortesía del Centre del Carme.

El vivo eclecticismo del festival ‘El Ruso’ de Alarcón

‘El Ruso. III Festival de Arte y Música Ecléctica de Alarcón’
Alarcón (Cuenca)
9 y 10 de junio de 2018

Empiezo este artículo pensando en el título y, conforme lo escribo, me doy cuenta de que estoy definiendo a posteriori el concepto y el nombre del propio festival. Podría decir que lo estoy definiendo de forma definitiva, pero mentiría. ‘El Ruso’ es una festival vivo y sabemos cómo empezó, pero no cómo evolucionará. Podría tender a ser muchas cosas: un festival conectado con propuestas como Pueblos en Arte (Valtorres, provincia de Zaragoza) y el Slow Food Festival (Alcossebre, provincia de Castellón), creando así un triángulo de actividad cultural y de cooperación entre tres provincias para el desarrollo rural. O podría tender a ser un festival de dos días donde la música y el arte invadieran los locales, las calles y las iglesias desacralizadas de Alarcón. Hay miles de posibilidades, pero empecemos por el principio.

‘El Ruso’ empezó gracias (como siempre) a que algo nuevo se pone en marcha, a la confluencia de, en este caso, tres personas con personalidades inquietas y creativas y al imprescindible apoyo institucional –en este caso, el Ayuntamiento de Alarcón y, más concretamente, a la concejala de Cultura, Titos Póveda, y al alcalde, Pedro Párraga–.

Sé que está mal que hable de mí en términos molones, pero no puedo evitarlo si quiero ser fiel a la realidad. Sí, formo parte de ese grupo de tres personas que he mencionado anteriormente. Voy a contar una anécdota: un día, hablando con Santi Serrano –batería con el que trabajo hace más de 15 años–, me di cuenta de que hay dos tipos de músicos: los que esperan sentados a que les llamen para tocar y los que piensan que para hacer conciertos tienen que poner en marcha su imaginación y ofrecer algo diferente. Yo formo parte de ese segundo grupo.

'El Ruso. Makma

Marisa Giménez es una activista cultural mítica de la ciudad de Valencia. Todo el mundo la conoce sobre todo por su etapa como gestora de La Esfera Azul. Ella, como yo, no es de las que se quedan sentadas a ver si pasa algo. Ella también tiene los sensores siempre alerta buscando convertir lo aparentemente anodino en algo especial.

Esta actitud no nos hace ser ni mejores músicos, o gestores culturales, ni mejores personas, simplemente define el tipo de trabajo en el que nos gusta embarcarnos.

He hablado de Marisa Giménez y de mí, pero claro, todo festival necesita un lugar donde desarrollarse. Una nave nodriza. Una zona 0. Lo primero que le dije a Marisa cuando me comentó que quería que tocase en Alarcón fue que si tocaba allí teníamos que montar algo especial alrededor de la sala de exposiciones que es El Museo de El Ruso. Además, me dijo que antes de venir a tocar fuese a Alarcón para conocer tanto el pueblo como a Raúl Póveda, el copropietario del restaurante La Cabaña.

Así que un sábado por la mañana de ahora hace ya tres años me subí al coche con mi familia y nos fuimos a pasar el día a Alarcón. Era finales de mayo o principios de junio, ya hacía calor y acabamos bañándonos en el pantano que hay en las faldas del pueblo. Después de bañarnos fuimos a comer a la Cabaña. Allí estaba Raúl y allí estaba también Marisa. Durante la comida definimos el boceto de lo que sería el festival. Algo modesto, sencillo y de calidad. A Raúl le gustó la propuesta y enseguida ofreció un espacio que tiene enfrente del restaurante. Un patio interior con unas parras para hacer sombra durante los calurosos meses de verano: ya teníamos definida nuestra zona Cero.

Un instante de la actuación de Petit Mal en ‘El Ruso. III Festival de Arte y Música Ecléctica de Alarcón’. Fotografía cortesía de Marisa Giménez.

Un instante de la actuación de Petit Mal en ‘El Ruso. III Festival de Arte y Música Ecléctica de Alarcón’. Fotografía cortesía de Marisa Giménez.

Ese mismo año, en julio, celebramos el primer festival. Tocamos: Petit Mal, Gilbertástico, Julia y yo, Néstor Mir. Lo compaginamos con la inauguración de la exposición fotográfica de José Francisco Megías Flórez.

Desde el primer momento notamos que habíamos creado algo especial. Y enseguida sentimos que íbamos a repetir. Las características del pueblo acompañan a que músicos, artistas y público se junten, hablen, comenten. Existe cercanía y tranquilidad. Todos vamos a disfrutar del festival pausadamente, sin estrés, sin prisas. No tiene sentido venir, tocar e irte. Te tienes que quedar a dormir, cenar con los músicos, artistas y organizadores. Levantarte tranquilamente por la mañana, desayunar y, como es tradicional, si eres músico, ir a vender discos y firmarlos mientras se inaugura la exposición de El Museo el Ruso: en 2017 fue la de Jorge Carla y este año, en 2018, la de Espaiviral (Lucía Chiner, Luis Linares, Emilio Andrés, Mili Sánchez, Eugenio Vizuete y Carlos Sos). Para rematar el festival, este año hemos recuperado el concierto matinal en los soportales de la Plaza del Ayuntamiento. El primer año tuvimos la suerte de contar con Julia, este año Petit Mal hizo un segundo concierto e invitó a los músicos a participar en una especie de jam session de autor.

Este año, ante la inminentes lluvias, tuvimos que improvisar y buscar un nuevo espacio que sustituyera el patio interior de los años anteriores. Descubrimos la maravillosa terraza que el restaurante La Cabaña tiene en su primer piso. Allí acudieron a lo largo de la tarde y la noche del 9 de junio muchos de los visitantes y habitantes de Alarcón para presenciar los conciertos de Petit Mal, Home Gran y Caballero Reynaldo & The Gran Kazoo.

‘El Ruso. Festival de Arte y Música Ecléctica de Alarcón’. Un pequeño festival modesto, con recursos limitados, pero con muy buena predisposición entre sus participantes. Un festival que puede tener tantas ganas de crecer como de quedarse como está, porque su objetivo es, sobre todo, el de que quien participe vuelva a la urbe teniendo la sensación de que durante un día ha logrado desconectar. ‘El Ruso. Festival de Arte y Música Ecléctica de Alarcón’ en constante movimiento. Ves, estoy acabando el artículo y le he vuelto a cambiar el nombre al festival.

Un instante de la actuación de Home Gran en ‘El Ruso. III Festival de Arte y Música Ecléctica de Alarcón’. Fotografía cortesía de Marisa Giménez.

Un instante de la actuación de Home Gran en ‘El Ruso. III Festival de Arte y Música Ecléctica de Alarcón’. Fotografía cortesía de Marisa Giménez.

Néstor Mir

 

Todos los nombres

La pasión y el tormento, de María José Marco
Fundación Antonio Pérez
C / Julián Romero, 20. Cuenca
Del 10 de mayo al 10 de junio de 2018

“No quiero que te vayas, Dolor, última forma de amar” (Pedro Salinas)

La literatura y el arte nos han puesto frente al espejo de nuestros propios placeres. De nuestro propio dolor. Leyendo poesía hemos aprendido que el dolor y el placer se tocan en sus extremos, y que el éxtasis se puede alcanzar antes de la muerte y también en el orgasmo. Esa pequeña muerte que nos transporta más allá de nosotros mismos solo unos segundos, como aquéllos muertos que vuelven antes de esfumarse con la luz que les guía. Es un tránsito, algunas veces lo cruzamos por completo, otras regresamos como si no hubiera sido suficiente el dolor y el placer, y volvemos a empezar, como si estuviéramos destinados a ser eternamente torturados por un desalmado especialista.

Hemos aprendido que el placer y el dolor van juntos como las dos caras de una sola moneda con la que pagamos nuestras experiencias. El tormento y el éxtasis. El sexo se ha convertido en un camino simbólico, pero más allá del sexo es de los cuerpo de lo que va esta historia. Al parecer el dolor abre una de las puertas más oscuras en nuestro laberinto de sentidos, experiencias y sensaciones.

Detalle de una de las obras de María José Marco. Imagen cortesía de la autora.

Detalle de una de las obras de María José Marco. Imagen cortesía de la autora.

La historia de la humanidad está contada en fragmentos deshilvanados. Es una historia llena de muertos, en la que las víctimas  y los asesinos se suceden a sí mismos, sin culpa ni castigo. La sangre, el miedo, el dolor, los tormentos insufribles llenan nuestros museos. Siempre es el dolor de otros lo que contemplamos, tanto en los museos, en el arte antiguo, como en las noticias de los informativos, tan lejos de nosotros. Pero en la historia, como en el arte, la figuración lega hasta un punto concreto.

Hasta  ese momento los hechos se suceden con  cierta estructura, se entiende el argumento, reconocemos a los protagonistas, a los actores principales y a los secundarios. Pero llega un momento en que el dolor nos nubla, los cuerpos derrotados se esfuman detrás de la melancolía del color y la abstracción formal y la narración experimental lo cambian todo. ¿Cómo hablar del tormento después de esas guerras que nos dejan cuerpos destrozados, que enseñan un horror general y profundo? ¿Cómo hablar del tormento si ya no encontramos el placer en esa misma narración?

El arte ha tratado siempre de los sentimientos, de las experiencias, es el artista el gran explorador de ese territorio inhóspito. Y si el poeta ha actuado como buceador en las profundidades, el artista visual, el pintor, el escultor, y ahora el fotógrafo, han sido los cartógrafos encargados de construir un mapa imposible más allá de una escala 1/1, más allá de la representación de cualquier realidad de las variables del sufrimiento.

Obra de María José Marco. Imagen cortesía de la autora.

Obra de María José Marco. Imagen cortesía de la autora.

Hemos crecido con el dolor de los santos y de los mártires. Sus caras, sus cuerpos deformados, su sangre y sus heridas se han ido transformando en los cuerpos, las caras y la sangre de poblaciones enteras.  Guerras y migraciones, naufragios, accidentes, enfermedades nos ha hecho ver los martirios y los castigos de los dioses y de los héroes como algo lejano, como algo ya olvidado. Hoy el mapa del dolor que los artistas construyen es un mapa difícil de reconocer, lleno de lagunas, de zonas vacías. Las mujeres han ido llenando algunas de esas lagunas, una de esas mujeres es Maria José Marco, con una obra que insiste en las diferentes formas del tormento y de su vínculo con la pasión. Un trabajo que pretende nombrar todos los nombres de un dolor individual que a través del arte se convierte en universal, en global.

Decía Kant que lo único que el arte nunca podría representar es lo que nos resulta asqueroso, lo repugnante. Se equivocó, hoy hasta la mierda se ha convertido en tema de una obra de arte que se llegó a exponer en una de las Documentas (el autor fue Wim Delvoye), pero  es evidente que lo desagradable no obtiene una gran respuesta.  Por eso los artistas buscan y experimentan, porque el horror, lo terrible está presente en nuestras vidas, nadie se libra del sufrimiento en mayor o menor medida. A través de la abstracción, de una actuación simbólica, los artistas van desarrollando su trabajo rodeando a la fiera, a lo innombrable. Marco utiliza para ello todos los soportes, todos los lenguajes, la pintura, la fotografía, incluso la acción.

Cartel de la exposición 'La pasión y el tormento', de María José Marco.

Cartel de la exposición ‘La pasión y el tormento’, de María José Marco.

También recurre a la fuerza de la materia, de los objetos y del tratamiento de las superficies, pero es en el color en lo que este trabajo se apoya más decididamente. El rojo y el negro, la sangre y el abismo, la carne, la muerte.  La fuerza de los colores sobresale en unas imágenes abstractas, en movimiento, de difícil definición formal. Masas de color que se expresan con violencia, y que curiosamente superan su diferencia del soporte, para demostrarnos que finalmente la fotografía y la pintura son una misma cosa, que el lenguaje está al servicio de lo que expresa y que si por una parte es cierto aquello de que la forma es también el contenido, esta forma está definida por lo que contiene y no al revés.

La fuerza de este trabajo está en su origen, ese desconocido lugar de donde parte el dolor que Marco quiere mostrar. La dificultad es poder transmitir el dolor, el tormento y la pasión, de una forma no narrativa, alejada de la figuración. Es ahí donde la artista recurre a todo su conocimiento de las posibilidades de la técnica, y también de la mezcla de soportes, llegando incluso a la presencia de la acción. Interesante resaltar esa capacidad de movimiento, que induce a la violencia, a la sensación de velocidad, tanto de su pintura como de su fotografía. En toda la obra se mantiene ese regusto barroco, que se recrea en el exceso, en la locura de la expresión, en la libertad de la mano, de la mirada, hasta la obsesión, que es el último límite del barroco.

El peligro es que es dolor, esa brutalidad que Marco quiere expresar no supere los límites de la pasión, se ajuste a un propósito artístico. El objetivo, demostrar que aún en una sociedad cada vez menos religiosa, mas ajena a la realidad de nosotros mismos, el tormento y la pasión, la violencia, el tormento, el dolor, siguen estando presentes en el arte que se hace. Si hoy ya no se ilustra al pueblo con imágenes desgarradas, si ya el ejemplo de los castigos en el cuerpo y en el alma no es más que una retórica clásica, pervive el dolor y el sufrimiento. Y no solo el puramente físico, sino sus secuelas de miedo, inestabilidad. Seguimos siendo víctimas de la carne, sigue siendo la muerte el gran miedo. Y aunque son pocos y muy diferentes los artistas que siguen centrados en este territorio, hay que destacar que mantienen la idea de ese camino entre el miedo y el placer, entre el tormento y el éxtasis.

Tríptico de María José Marco. Imagen cortesía de la autora.

Tríptico de María José Marco. Imagen cortesía de la autora.

Rosa Olivares

Bancho: “Partí del blanco sin conocer ningún color”

‘El camino interior’, de Esteban Castellano, Bancho
Museo del Ruso. Espacio de Arte Contemporáneo
Capitán Julio Poveda 21, Alarcón (Cuenca)
Hasta el 22 de abril de 2018

Esteban Castellano, Bancho (Valencia, 1965), vuelve a Alarcón. En realidad nunca se ha ido. La vinculación que siente con este pueblo castellanomanchego es férrea y viene de lejos. Fue aquí, cuenta el artista, donde hace tiempo comenzó a ver atisbos de luz después de atravesar un periodo personal negro, y fue aquí también donde iniciará un íntimo camino artístico salpicado de trascendencia y compromiso.

Esta charla tiene lugar en el Museo del Ruso, donde expone sus últimas obras bajo el título ‘El camino interior’, una instalación que él describe como “un homenaje a lo imperfecto, a lo puro, a lo políticamente incorrecto, a la amistad, a lo que nadie quiere, al sol y la luna, a la alquimia, a la materia prima y a la piedra filosofal, a los que se fueron pero siempre estarán con nosotros, a los que están con nosotros, a lo mágico, al planeta Tierra, a la vida y al Amor… principio y fin último de todas las cosas”.

Bancho. Makma

Vuelves con esta exposición individual a Alarcón, lugar de referencia en tu vida…

Sí, conocí Alarcón hace 23 años por mi gran amigo Raúl Poveda. Estaba pasando una etapa complicada, una crisis personal tras una ruptura sentimental, y Raúl me rescató, me animó a venir, me dijo: “Vente que te lo pasarás fenomenal, que son las fiestas”. Tras esta estancia nació una relación especial que sigo manteniendo, me alentó muchísimo anímicamente.

Tu primera exposición individual tiene lugar también en Alarcón, en la iglesia de Santo Domingo, un espacio imponente y mágico, restaurado hace unos años y que hoy, desgraciadamente, permanece cerrado.

Sí, fue en el año 2006, Raúl y don Luis (el recordado cura del pueblo) me animan a exponer mis obras en esta iglesia. Fue una gran experiencia de la que guardo muchísimos recuerdos bonitos. Espero que ese lugar tan especial vuelva a abrir sus puertas.

Luego volverás a este mismo espacio con otras exposiciones.

Sí, así es; hice otra individual al año siguiente y otra colectiva tiempo después junto a los artistas Julio Mayordomo, Luis Moscardó y Bernardo Tejeda. Nunca se ha roto mi vinculación artística y personal con Alarcón; tengo un espacio permanente en una sala del restaurante La Cabaña, he expuesto en dos colectivas en el Museo del Ruso… Vengo periódicamente, tengo mucha conexión con este pueblo, con las personas que viven aquí… y le estoy muy agradecido.

En tu obra, el color adquiere mucha importancia. Tus comienzos están teñidos de rojos intensos, incisivos azules y negros. Esta vez nos llevas a la claridad, al blanco absoluto. Me gusta mucho cómo narras esta transición, este viaje, en el texto de introducción de la exposición: “Partí del blanco sin conocer ningún color. Pasé por el rojo, el naranja, el amarillo, el verde, el azul, el violeta, el marrón y el negro y ahora vuelvo hacia atrás conociéndolos todos, limpiando la paleta de mi vida con el disolvente de mi corazón, en busca de aquel blanco inmaculado del cual… partí”.

Sí, el color para mí es una necesidad y tiendo mucho al monocromo. Dependiendo de la época necesito expresarme a través de un color u otro. En mi primera muestra predominaban negros y rojos, aunque ya había unos atisbos de azul. En esa época era muy fuerte la necesidad de expresarme, según mi punto de vista de una forma dramática, muy fuerte a nivel energético, con un lenguaje cargado en lo matérico.

Imagen general de la exposición 'El camino interior', de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Imagen general de la exposición ‘El camino interior’, de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

El uso de materiales abandonados, infravalorados por la sociedad de consumo en la que vivimos, de objetos encontrados, es también parte sustancial de tu trabajo.

Disfruto mucho experimentando con distintos materiales y objetos. De siempre me ha encantado el objeto encontrado. A mi madre le gustaba mucho pintar y ya lo utilizaba, y yo me he criado con eso. Me interesa mucho porque rompe las dos dimensiones del cuadro, se convierte casi en escultura, el cuadro tiende a salir, recupera una tercera dimensión y deja de ser plano, intenta escapar del espacio bidimensional… Utilizo objetos que ya no tienen uso o que se han desechado para darles una nueva vida y un nuevo sentido, a poder ser mejor que el que tenían porque muchos son objetos muy bastos, muy burdos, como maderas, papeles, hierros… que me encuentro por ahí, latas de gasolina oxidadas, objetos que consigo en el Rastro.

En tu obra siempre subyace una llamada a lo trascendente, un eco que alienta  la elevación moral, espiritual, de quien la contempla.

La única premisa que pienso que debe tener un artista a la hora de crear es la sinceridad,  la pura expresión de lo que cada uno lleva dentro. Considerar el arte como fin y el artista como medio también será de gran ayuda a la hora de intentar materializar algo que pueda llegar a ser trascendente. El artista debe dejar que la fuerza interior aflore por encima de nuestra, hoy por hoy, tiranizante “razón”. Vivimos en un mundo dominado por la “lógica” en detrimento de la emoción y el sentimiento, que son el origen de toda verdadera expresión artística. En mi obra, hablo de la autosuperación y de la búsqueda de la “perfección”, aunque sé que la perfección no existe. Es clave para mí dejar claro que el artista tiene que ser un medio, el ego tiende a hacer creer a los artistas que son un fin en sí mismos y que son protagonistas de lo que hacen, el centro de todo, y yo creo que el artista tiene que ser un medio para crear su obra y un medio de expresión trascendente. Debes intentar conectar con tu propio inconsciente con el inconsciente colectivo, aunque esto pueda parecer pretencioso. El artista tiene que aspirar a ser un canal a través del cual se exprese la vida

Yo mismo flipé el otro día cuando tuve que explicar mi obra en la inauguración, no me había preparado nada y, solo después de explicarla, me di cuenta que todo tenía sentido. Yo nunca sé lo que estoy haciendo. Cuando pinto un cuadro, no hay una idea previa, me enfrento al vacío y ese vacío se va llenando de cosas que ni yo soy consciente de que las llevo dentro, al final aparecen realidades que ni me había planteado que existían dentro de mí, igual ni siquiera están dentro de mí, están en el subconsciente o el inconsciente colectivo. A veces me sorprendo a mí mismo hablando muy bien de mi propia obra, no es que no tenga pudor, es que en realidad no la considero mía del todo, la juzgo como si fuera un extraño, de hecho siempre firmo “Bancho o no?” ¿Soy yo o es algo dentro de mí?

Sobre este tema, me interesa mucho (Carl Gustav) Jung, por ejemplo. He leído mucho sobre él, y yo mismo he pasado por episodios –calificados en su día por un psiquiatra del Clínico de Valencia– como místicos y paranormales. Estuve año y medio viviendo unas experiencias muy cañeras y a partir de esto asumo el deseo de hacerme artista. Nació la inquietud de expresarme, de dejarme todo… la seguridad, un buen trabajo fijo con el que me podía haber jubilado y tener una vida sin complicaciones. Decidí arriesgarlo todo para poder autorrealizarme y expresar lo que llevo dentro. Estoy convencido de que a mi madre se la comió su propia creatividad, su capacidad de hacer cosas y su energía, yo creo que un artista si no se expresa, revienta.

Fachada del siglo XVI, de estilo renacentista, del Museo del Ruso de Alarcón, en cuyo interior se disponen las obras que configuran la exposición 'El camino interior', de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Fachada del siglo XVI, de estilo renacentista, del Museo del Ruso de Alarcón, en cuyo interior se disponen las obras que configuran la exposición ‘El camino interior’, de Bancho. Fotografía cortesía del Museo del Ruso de Alarcón.

Es complicada la relación del creador frente a un mercantilismo al que no puede renunciar. ¿Cómo ves la escena artística de hoy y qué papel juegan los artistas?

Hoy, tal y como yo lo veo, el mundo del arte vive de la ilusión de los artistas y de su capacidad de creación. Para mí el mundo del arte ha caído en manos de un capitalismo atroz. El centro es el dinero que fagocita todo, se come todo. El dinero que es un medio se convierte en un fin, y el dinero como fin no es nada, porque el fin último debería ser el hombre que, sin embargo, se convierte en un medio de generar dinero, de conseguir dinero o de explotar para conseguir dinero. Con el arte pasa lo mismo, se ha convertido en mercantilismo y es un valor, que además es subjetivo, y que gente con mucha capacidad de influencia utiliza para inflacionar y especular. El problema es que la gran mayoría de artistas está sobreviviendo a duras penas, y en el otro lado hay una élite, algunos que viven como auténticos pachás.

El circuito del arte se está monopolizando, las pequeñas galerías tienden a desaparecer, está diluyéndose el circuito habitual, se está concentrando en manos de unos pocos (como pasa en el resto de empresas) y ahora mismo hay grandes emporios, grandes galerías, que lo manejan todo.

En pocos años, ha cambiado drásticamente la manera de relacionarnos en todos los ámbitos de la vida. ¿Qué papel crees que ocupan las redes sociales en el mundo del arte?

Si no estás en una red social estás muerto y esto supone un problema, porque es un terreno artificial. Creo que estamos mostrando una fachada que no es nada profunda, en las redes no somos nosotros de verdad, somos un “quiero gustar”, “quiero que me acepten”, “quiero que todo el mundo me valore”, ahí perdemos el sentido de nosotros mismos, nos estamos prostituyendo en aras de algo que no existe porque realmente es algo virtual que como medio está fenomenal pero que tampoco puede ser un fin. Yo creo que muchas de las “cagadas” del ser humano se producen al convertir los medios en fines y lo hacemos continuamente, lo que debería ser un medio de comunicación para que el planeta esté en contacto, para que se faciliten un montón las relaciones entre las personas, se ha acabado convirtiendo en un fin en sí mismo y la persona está a su servicio, subyugada, y se acaba prostituyendo para ser aceptada en esa falsa sociedad. A mí me da pena porque podría ser utilizado de forma maravillosa –a veces también se usa así–, pero el problema es ese, nuestro ego siempre acaba apoderándose de las cosas.

¿Qué referentes artísticos motivan o han influido de alguna manera en tu obra?

Me interesa mucho el racionalismo abstracto, me inspira la obra de Francis Bacon, Anselm Kiefer, Tapiès, Anish Kapoor, Jaume Plensa o De Chirico y toda la pintura metafísica, me gusta todo lo que es trascendente, lo que comunica con otros mundos. Creo que hay un exceso de realidad, la realidad es aburrida, es gris y cualquier persona que nos haga volar, alucinar, y nos transporte a otras dimensiones del pensamiento y del sentimiento me aporta, el arte tiene que ser emoción y ahora hay un exceso de racionalidad. La racionalidad es buena porque si no nos iríamos tirando por los barrancos, pero creo que necesitamos un toque de irrealidad. Me gusta mucho la gente que conecta con el hemisferio derecho y vuela. Los grandes artistas para mí han sabido crear nuevas maneras de ver las cosas, veían la vida de una forma que nadie contemplaba y han sabido expresar, comunicar y conectar con la gente –algunos no en su época sino en tiempos futuros–, han sido pioneros. Transformando la forma de ver las cosas se transforma todo, no hace falta cambiar lo que hay, sino tu forma de ver lo que hay.

El artista Bancho posa junto a las obras de su exposición 'El camino interior', en el Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del museo.

El artista Bancho posa junto a las obras de su exposición ‘El camino interior’, en el Museo del Ruso de Alarcón. Fotografía cortesía del museo.

Marisa Giménez Soler

 

Tras la sombra origámica de Geldenhuys

‘Elogio de la sombra. Tras la in’ei de los shojis origámicos’, de Pierre Louis Geldenhuys
Comisarios: Merche Medina y Jose Ramón Alarcón
Fundación Antonio Pérez
Centro de Arte Contemporáneo
Calle de Julián Romero 20, Cuenca
Del 15 de septiembre de 2017 al 7 de enero de 2018
Inauguración: viernes 15 de septiembre a las 19h

El Centro de Arte Contemporáneo de la Fundación Antonio Pérez de Cuenca acoge la exposición ‘Elogio de la sombra. Tras la in’ei de los shojis origámicos’, un proyecto en torno de la obra del artista sudafricano, afincado en España, Pierre Louis Geldenhuys, comisariado por Merche Medina y Jose Ramón Alarcón (Ecomunicam), cuya inauguración tendrá lugar el viernes 17 de septiembre a las 19h.

Su génesis parte del concepto estético desarrollado por el escritor japonés Junichiro Tanizaki, quien, en uno de los ensayos más celebrados del siglo XX, ‘Elogio de la sombra’ (1933), se aproxima al concepto de la in’ei (sombra), en el que ésta no sólo asume un rol de obscuridad proyectada por un cuerpo opaco, sino que determina por completo el raquis de la perspectiva asumida por Tanizaki, para desarrollar una insólita argumentación estética del costumbrismo nipón -emparentado con lo telúrico-, y fiscalizar la irrefrenable injerencia tecnológica de Occidente, cuyo sentido clínico y refulgente de la armonía pervierte y metamorfosea los espacios de introspección y desnorta el territorio tradicional japonés tanto en la cosmogonía cultural como en la doméstica.

Imagen trasera de la pieza 'Kimono', de Pierre Louis Geldenhuys, presente en la exposición. Fotografía: Espacio de Luz.

Imagen trasera de la pieza ‘Kimono’, de Pierre Louis Geldenhuys, presente en la exposición. Fotografía: Espacio de Luz.

Las diferentes técnicas de origami textil desarrolladas por Pierre Louis Geldenhuys en la obra de su última etapa proponen una combinación de piezas transparentes, opacas y retroiluminadas, que permiten revelar al espectador sus complejas formulaciones geométricas, actuando como exentos shojis -paneles correderos de los vanos en la arquitectura tradicional japonesa- que proyectan sombras y trascienden las composiciones sobre el plano, cuya luz permite revelar, a modo de radiografía, el concepto de belleza matemática proveniente de las teselaciones -formas repetitivas bi/ tridimensionales que encajan entre sí, desprovistas de espacio entre los bordes-, suponiendo el vehículo idóneo para reflexionar en torno de la matemática aplicada a la representación geométrica, inspirada en las denominadas ‘Leyes de la Gestalt’, generosamente popularizadas por el eximio artista neerlandés Maurits Cornelis Escher, que deben ser entendidas como aquellas reglas que perfilan la génesis de la percepción a partir de los estímulos, cuyos principios elementales de organización perceptiva se sustentan en dos leyes generales y una teoría de contigüidad de la formas -decisivas para la comprensión teórica de la obra del grabador y dibujante holandés y, por ende, de la praxis de Geldenhuys-, denominadas ‘Ley de la figura y fondo’, ‘Ley de la buena forma’ y ‘Metamorfosis’.

Imagen de la pieza 'Metamorfosis 3', de Pierre Louis Geldenhuys, presente en la exposición. Fotografía: Espacio de Luz.

Imagen de la pieza ‘Metamorfosis 3′, de Pierre Louis Geldenhuys, presente en la exposición. Fotografía: Espacio de Luz.

‘Elogio de la sombra. Tras la in’ei de los shojis origámicos’ dota de preeminencia a los fundamentos sistemáticos que, a la par de posibilitar el desarrollo tras la gestación del concepto, iluminan el horizonte de la razón metodológica que habita en el raquis mismo de la obra, reportando sentido concluyente al acervo técnico empleado por el creativo sudafricano y erigiéndose en sincronía con el lirismo propio de la razón estética, en sempiterno equilibrio y consanguíneo rumbo. No cabe, por tanto, desarrollar una estrategia reflexiva acerca de cuantos elementos se concitan en su tarea origámica sin el vigor simultáneo de ambas hechuras de la razón. Por tanto, methodus ergo aesthetica.

Pierre Louis Geldenhuys. Makma

 

Las prácticas artísticas a debate en Cuenca

‘La situación 2016 arte por-venir’, Facultad de Bellas Artes de la UCLM
Diversos espacios
Cuenca
Del 18 al 21 de octubre de 2016

El encuentro internacional ‘La situación 2016 arte por-venir’ (LS2016), que se celebrará en Cuenca del 18 al 21 de octubre, tiene como objetivo debatir sobre el estado actual de las prácticas artísticas en España y América Latina. Se articula como un espacio de discusión presencial y virtual para artistas consolidados y en formación de diversos países, muchos de ellos interviniendo como delegados o portavoces de grupos que habrán mantenido debates previos. El encuentro se celebrará en paralelo a otras manifestaciones artísticas desplegadas en diversos espacios de la ciudad de Cuenca, con una programación de actividades, como muestras de trabajos, intervenciones y performances, que se podrán

Organizado por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Castilla-La Mancha, toma su nombre del encuentro de ámbito estatal que tuvo lugar también en Cuenca en abril de 1993, dirigido por Horacio Fernández y Ángel González, en el contexto de la crisis que afectó a la economía, la sociedad y la cultura a principios de los noventa. En LS2016 se presentará una edición facsímil de los boletines editados tras dicho encuentro.

La situación 2016. Makma

El encuentro contará con la presencia de más de cincuenta ponentes, entre artistas, comisarios, colectivos y gestores culturales, entre los que cabe señalar a Isidoro Varcárcel Medina, Rogelio López Cuenca, Nicolás París, Rolf Abderhalden, María Cañas, Los erroristas, Cabello/Carceller, Luis Camnitzer, Wilfredo Prieto, Dionisio Cañas, María Ruido, Mujeres Creando, Aurora Polanco, Jordi Claramonte, etc.

El día 18, durante la inauguración, se proyectará de ‘No escribiré arte con mayúscula’, documental sobre la obra de Isidoro Valcárcel Medina, que contará con la presencia del propio artista en un coloquio posterior. El artista murciano ejerce como enlace entre las dos ediciones del encuentro, ya que participó también en la de 1993.

Cartel de la primera edición de 'La situación', celebrada en 1993. Fotografía cortesía de los organizadores.

Cartel de la primera edición de ‘La situación’, celebrada en 1993. Fotografía cortesía de los organizadores.

La crisis actual es mucho más profunda que la de 1993; por ello en los últimos años se han multiplicado los foros de debate para pensar otros modos de hacer en todos los ámbitos. En éste tendrán voz, en primer lugar, los artistas, pero no en exclusiva y no para debatir sólo sobre arte, sino sobre la contribución que las prácticas artísticas pueden y deben hacer para pensar y re-imaginar la crisis.

El encuentro pretende exponer estrategias, compartir tácticas y cartografiar maneras de hacer que en los últimos 20 años hayan respondido abierta y pluralmente desde las más dispares prácticas del arte contemporáneo en España y América Latina a los complejos procesos en los que nos hemos visto inmersos, como la expansión de internet y los modos de organización ligados a él, la “crisis económica” de 2008, las respuestas autogestionadas de la sociedad civil ante la pérdida de derechos, la creciente desigualdad en el reparto de la riqueza, la banalización mercantil que los medios y las instituciones públicas y privadas hacen del arte o los recortes de presupuestos públicos en educación y cultura.

Isidoro Valcárcel durante un instante del documental 'No escribiré arte con mayúscula', que será proyectado durante 'La situación 2016 arte por-venir'. Fotografía cortesía de los organizadores.

Isidoro Valcárcel durante un instante del documental ‘No escribiré arte con mayúscula’, que será proyectado durante ‘La situación 2016 arte por-venir’. Fotografía cortesía de los organizadores.

 

 

 

Cuenca repleta de títeres

Festival Titiricuenca
Casco antiguo de la ciudad de Cuenca
Del 10 al 12 de junio de 2016

La fachada lateral del Colegio del Carmen, un magno edificio del Casco Antiguo de Cuenca, se  convertirá  en   una   gigantesca   pista   de   baile.   La   compañía   alicantina Sub-Cielo representará en esta superficie su espectáculo de danza aérea ‘Célula’, una de las propuestas incluidas en la programación de la nueva edición de Titiricuenca.

Este  veterano  festival  de títeres, nacido en 1990, habitualmente se celebra con   una periodicidad bienal, sólo en los años impares. Una dinámica que se rompe en este 2016 para sumarse al XX Aniversario de la Declaración de Cuenca como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, de cuya programación conmemorativa forma parte. Seis compañías procedentes de Valencia, Alicante, Cuenca, Guadalajara y Madrid serán las encargadas de poner en escena nueve actuaciones, todas ellas gratuitas y en espacios al aire libre de la zona histórica de la urbe conquense.

Programación

El programa  comienza en el Parque Cecilio Albendea con la representación de ‘Sapo y Sepo en Abstracto’ basada en la técnica del guante y a cargo del colectivo conquense ‘Títeres Larderos’. Esa misma jornada, los espectadores tendrán la primera oportunidad de ver el espectáculo de danza área.  La iniciativa   es   una   de   las   premiadas   en   el   concurso   ‘+Patrimonio’   del   XX  Aniversario, organizado por la Fundación de Cultura Ciudad de Cuenca y patrocinado principalmente por Globalcaja.

La noche de la jornada inaugural la cerrará ‘Samba Colgadas’ con una batukada que llenará de ritmo la parte alta de Cuenca.  El primer espectáculo del sábado lo traerá Tramant Teatre de Valencia: ‘El traje nuevo de la Emperatiz’, de Penélope González. La propuesta combina guiñoles con la actuación de una actriz de carne y hueso. Podrá verse a las 12:30 horas en la Bajada de la antigua iglesia de San Miguel, un templo de origen románico que se asoma a la Hoz del Júcar.

A las 19:00 horas el Parque Cecilio Albendea volverá a llenarse de fantasía y muñecos con ‘Los Tres Deseos’, obra de Títeres Larderos. Una hora más tarde la monumental Plaza de la Merced hará las veces de sala teatral para acoger ‘Los siete cabritillos y los tres cerditos’. Elfo Teatro, de Madrid, es la compañía responsable de este espectáculo que combina títeres de mesa, marionetas y música en directo.

El domingo Titiricuenca ofrece el estreno mundial a las 12:00 horas en la Bajada a San Miguel de ‘Pelos, misión bolsa’, un espectáculo inédito de Títeres Larderos. El festival de títeres cerrará esta edición especial de 2016 con ‘El Circo más pequeño del mundo’ de Teo Escarpa, representado por Marionetas Cuarta Vía de Guadalajara lo en la Plaza de Cecilio Albendea.

El Año C

El festival es una de las propuestas con las que Cuenca festeja que, en 1996, la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) inscribió como Patrimonio del Mundo su ciudad histórica amurallada, las Hoces de los ríos Júcar y Huécar que la circundan y los arrabales de San Antón, Tiradores y El Castillo. La efeméride se está celebrando con un amplio y exclusivo programa de actividades musicales, literarias, artísticas, naturales y deportivas.

La conmemoración coincide además con otros importantes aniversarios para la ciudad como el medio siglo de la apertura del Museo de Arte Abstracto Español de las Casas Colgadas, el IV Centenario de su procesión Camino del Calvario y los 30 años del nacimiento de su Facultad de Bellas Artes, entre otros. Una suma de acontecimientos que convierten este 2016 en un año muy especial para la urbe conquense. En el Año de Cuenca, “el Año C”, según se ha bautizado.

XX Aniversario de la Declaración como Patrimonio de la Humanidad

El XX Aniversario de la Declaración de Cuenca como Patrimonio de la Humanidad es un acontecimiento   reconocido   como   de   excepcional   interés   público.   Está   financiado institucionalmente   por   el   Consorcio   de   la   Ciudad   de   Cuenca,   el   Gobierno   de   España (Ministerios de Cultura y de Hacienda), la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, el Ayuntamiento de Cuenca, la Diputación Provincial de Cuenca y la Fundación de Cultura Ciudad de Cuenca. Ésta última es la encomendada para gestionar el programa de actos. Tiene como patrocinador principal a Globalcaja y como patrocinadores a Urbaser y Valcan. Las empresas Gráficas Cuenca y Netvoluciona son colaboradoras del proyecto.

Escena de 'El traje nuevo de la emperatriz'. Imagen cortesía Tramant Teatre.

Escena de ‘El traje nuevo de la emperatriz’. Imagen cortesía Tramant Teatre.

 

María Ramis

Carlos Saura: Retrato de una España fracturada

Carlos Saura fotógrafo: España años 50
Círculo del Arte
C / Princesa, 52. Barcelona
Hasta el 31 de agosto de 2016

El cineasta Carlos Saura (Huesca, 1932) presenta su exposición ‘Carlos Saura fotógrafo. España años 50′, en el espacio Círculo del Arte, situado en pleno corazón de Barcelona, junto al museo Picasso.

La exposición estará acompañada del lanzamiento de su libro fotográfico ‘España años 50′, obra publicada por el Círculo del Arte y La fábrica, teniendo su lanzamiento internacional bajo el título ‘Vanished Spain’, de la prestigiosa editorial Steidl. Como dato de interés que suma valor a la obra, esta edición contiene fotos originales de Carlos Saura, firmadas y numeradas por el cineasta.

El jueves 26 de mayo a las 19.00h fue inaugurada la exposición, con la asistencia de Saura; permitiendo mostrar su faceta como fotógrafo que ha sido eclipsada por su figura como director, siendo uno de los grandes referentes del cine español.

Niños pidiendo limosna, de Carlos Saura.

Niños pidiendo limosna, de Carlos Saura en ‘España años 50′. Imagen cortesía de Círculo del Arte.

Esta publicación permitirá obtener un mayor análisis de sus escenas cinematográficas, especialmente de su cortometraje ‘La tarde de domingo’ (1957) y su primer documental ‘Cuenca’ (1958), realizados durante su paso por el desaparecido Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid, donde se aprecia la clara confluencia de sus fotografias y su visión fílmica.

Monjas viajeras, de Carlos Saura. Imagen cortesía de Círculo del Arte.

Monjas viajeras, de Carlos Saura en ‘España años 50′. Imagen cortesía de Círculo del Arte.

Imágenes de su viaje iniciático por distintos puntos de la España a bordo de su Fiat 600, que vertebran los distintos capítulos de su libro. Madrid, Cantabria, Andalucía, Valencia y un especial interés en Cuenca, son los escenarios elegidos que conforman una importante fuente documental de aquellos años que generan extrañeza e incredulidad ante una mirada crítica actual.

El pan a secas, de Carlos Saura en 'España años 50'. Imagen cortesía de Círculo del Arte.

El pan a secas, de Carlos Saura en ‘España años 50′. Imagen cortesía de Círculo del Arte.

La exposición será de carácter itinerante, pudiéndose disfrutar en el Círculo del Arte hasta el 31 de agosto. Fotografías que, desde un punto de vista intimista y costumbrista, nos permiten reconstruir nuestra memoria histórica. Citando a Saura, “son el testimonio, mi testimonio, de una época de España que ahora parece perdida en los siglos”, lo que ha permitido acercarnos a una España sumida en la postguerra, de miseria y silencio, dejando huella en el imaginario colectivo.