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‘Epidermis’, de Ximo Micó
Museo del Ruso
Capitán Julio Poveda 21, Alarcón, Cuenca
Hasta el 24 de septiembre de 2022

La más reciente exposición de Ximo Micó Cuesta, ‘Epidermis’, en la galería MOA, del Museo del Ruso en Alarcón (Cuenca), que permanecerá abierta hasta 24 de septiembre, incluye un conjunto de obras con un singular sentido lúdico y metafórico, a manera de todo un retablo de poesía visual, con títulos tan sugerentes como ‘El viento vuela amarillo’ o ‘Herida abierta por la que brotaban pesadillas y deseos, ficciones y desmesuras’.

En agosto de 2022, tras meses de trabajo de rehabilitación que consistieron en la restauración de la fachada del siglo XVI, de gran interés artístico, y la adecuación de paredes, suelos e iluminación en el interior de la sala, se inauguró la nueva etapa del Museo del Ruso de Alarcón.

En esta andadura que ahora da comienzo, el museo pasará a englobar dos espacios diferenciados entre sí: la galería de arte MOA (en el antiguo Palacio de los Castañeda) dedicada a la exposición y difusión de artistas contemporáneos y el estudio del pintor y coleccionista Miguel Ourvantzoff (ubicado en la Casa-palacio) que albergará sus fondos personales, donaciones y adquisiciones recientes de su obra dirigido por Marisa Giménez Soler. En este contexto, la nueva temporada expositiva del Museo ha sido inaugurada por la exposición de Ximo Micó.

En la muestra, conviven dos sensibilidades: las del pintor que mira al mundo desde un universo simplificado de texturas y colores, y las del poeta que busca y encuentra en su interior las sugerencias metafóricas de este singular universo. Quizá la poesía sea sólo un resorte para despertar la imaginación, una convocatoria sugestiva que evite que el espectador de su obra se limite a observar.

‘Hacer el vacío’, de Ximo Micó, en la exposición ‘Epidermis’ del Museo del Ruso en Alarcón (Cuenca).

Este artista nacido en Moixent (Valencia), ha participado en más de sesenta exposiciones individuales y colectivas desde la década de los 90. Ha realizado cursos de expresión artística, fotografía, técnicas escenográficas, formación dramática en España, Ischia y Torino (Italia), en Coulommiers y Fontainebleau (Francia), y Titisee-Neustandt (Alemania). Es uno de los miembros más activos del colectivo de artistas residentes del Sporting Club de Russafa y del grupo de Gráfica Estructural (UPV de Valencia). Especialista en animación por la E.A.J. y miembro de los grupos de teatro Círculo, Falaguera Teatre y Teatro Quimera.

No hay un abstracto absoluto en la obra de Ximo Micó. En su extensa trayectoria pictórica hay etapas donde lo abstracto se nutre de una realidad figurativa. Se trata de una presencia referencial o tácita. Y aunque las formas, las texturas, los colores y las líneas cobren vida propia, hay una huella, a veces casi imperceptible, que funciona como detonante para hacernos ver «un más allá», como si Micó intentase desvelarnos una poética de las cosas que no están, como si diseñara un lenguaje de la ausencia.

Todas estas referencias y lecturas disímiles hacen que sus obras trasvasen el simple goce estético y nos conminen a infinidad de conjeturas. Partiendo de estos breves atisbos de lo objetual o significativo, en algunas de sus obras, incluso cuando el artista se adentra en expresiones más minimalistas o estrictamente abstractas, tales referentes subyacen inequívocamente, nos hablan desde el trasfondo, adquieren un valor trascendente, aunque no estén claramente referidos o señalizados.

De ahí emana esa fuerza expresiva que destacan las críticas sobre su obra. Como expresa la artista y profesora titular de la Facultad de Bellas Artes de la Universitat Politècnica de València, Felicia Puerta, en la presentación de la muestra ‘Epidermis’, “Ximo utiliza recursos con los que se identifica en dos direcciones: abstracción y significación. Dos lenguajes que domina, que le interesan y que le permiten comunicar su rico universo interior».

De la serie ‘Sueños de unas noches de verano’, de Ximo Micó, en la muestra ‘Epidermis’, en el Museo del Ruso de Alarcón.

Micó no deja nada al azar. En ‘Epidermis’, la textura tiene una mayor prevalencia. Y aunque no hay apenas referencias figurativas, hay sutilezas cercanas al expresionismo, que podrían interpretarse como «paisajes», diluidos, difuminados, rostros de paredes vetustas, muros mohosos o huellas de un desgaste temporal, piedras o teselas que recuerdan mosaicos romanos.

Si no, mirad esta poesía sugestiva que acompaña la muestra: «Entre humedades confusas preparábamos, para suturar, la medianera del jardín ajeno”; “el ritual conllevaba el decapado y éste la herida». En esta última metáfora, el artista nos lleva de la mano al mundo de la restauración arquitectónica, donde la ignorancia o la desidia sepultan una obra de valor. La herida subyacente del verdadero valor cultural.

Pero esta especie de posdata poética no es casual. Ximo Micó, cuya obra en su conjunto describe una evolución natural desde el paisaje y la figuración hacia una expresión más minimalista, ha estado influenciado por la pintura japonesa y el haikú. Y sabemos que el haikú es una cápsula poética compleja, compacta y cargada de significados.

En la obra del artista, este acompañamiento metafórico invita a un más allá, funciona como un detonante de la aparente realidad contenida en su obra. También lo es esa trama simbólica, con una paleta de color donde predominan los grises buscando la suavidad y el equilibrio compositivo, con pinceladas de color rojo y negro.

«Me liberé de la figuración de forma progresiva a través de los diferentes elementos que fui encontrando en distintos referentes. Utilizando la fotografía como medio, incorporando elementos tecnológicos, como la electrografía, fotomontajes, collages, transferencias electrográficas», afirma Micó, quien toma como su principal referente al pintor norteamericano Robert Rauschemberg (1925-2008) y compañeros de confluencia artística, como Rubén Tortosa, José Ramón Alcalá, Rafa Calduch, Fernando Canales o Felicia Puerta.

De la serie ‘Sueños de unas noches de verano’, de Ximo Micó, en la exposición ‘Epidermis’, en el Museo del Ruso de Alarcón.

Precisamente la obra de Rauschemberg ubicada en la transición entre el expresionismo abstracto y el pop de los cincuenta, ha sido más conocida por sus ‘Combines’, piezas en las que combinaba todo tipo de objetos con materiales nada convencionales. La mezcla de figuración y abstracción se convirtió en una constante de su estilo.

El tránsito y conexión entre la pedagogía, la literatura, el teatro y las artes visuales han sido los caminos que ha encontrado para dar forma a su proyecto artístico. “Sin emoción no hay aprendizaje y éste se da a través del arte”, declara el artista.

El compromiso social ha sido una constante en la obra de Ximo Micó. A través de proyectos pedagógicos y el ejercicio de la práctica docente, ha desarrollado proyectos de intercambio teatrales con centros europeos desde una perspectiva integral, vinculando la praxis del teatro y las artes visuales, como elemento integrador, con jóvenes en riesgo de exclusión social y junto a alumnos con algún tipo de problemática social. El nivel de compromiso del artista le ha llevado a colaborar con diferentes proyectos como Cabañal Portes Obertes, la PAH (Plataforma Anti-Desahucios) o Fronteras Migrantes, también en proyectos artísticos en colaboración con la Bienal de arte Russafart Portes Obertes.

‘La llegenda de la falaguera’, de Ximo Micó, en la exposición ‘Epidermis’, en el Museo del Ruso de Alarcón.

Como epicentro de esta concepción abstracta, Micó utiliza una sugerente selección de colores borrosos, «sucios», envejecidos, donde las líneas delimitan fronteras, funcionan como puntos focales, que enfatizan algún detalle, crean una distracción o simplemente lo ocultan. Como otros tantos abstraccionistas, son recurrentes las líneas, los cuadrados, los círculos.

Sus reflexiones poéticas transitan en la recuperación de la memoria de los antepasados y sobre cómo somos o de dónde venimos. Las líneas como representación metafórica en la obra de Micó nos conducen a la representación de mapas, no lugares, geografías distantes y espacios de conflictos donde la tensión de la línea nos induce a acciones reflexivas sobre la globalización.

‘Epidermis’ marca una evolución en la obra de Ximo Micó Cuesta. Una etapa madura, consolidada de indagación y de experimentación con las formas y su expresión lírica, donde tras la aparente simplicidad de los trazos y los colores, habita un profundo sentido crítico y reflexivo y una poderosa sensibilidad poética.

Ximo Micó, junto a algunas de sus obras de la exposición ‘Epidermis’. Imagen cortesía del autor.
Texto colaborativo