Los claroscuros de las mujeres de Anantapur

Tierra de sueños, de Cristina García Rodero
Paseo de San Juan. Alicante
Del 25 de julio al 29 de agosto de 2019

La Caixa presenta en el Paseo de San Juan de Alicante, junto a la Fundación Vicente Ferrer y en colaboración con el Ayuntamiento de Alicante, la muestra ‘Tierra de sueños’, fruto del trabajo que han desarrollado conjuntamente «la Caixa» y la Fundación Vicente Ferrer en la India para mejorar sustancialmente las condiciones de vida de los más vulnerables. 

‘Tierra de sueños’, de Cristina García Rodero. Imagen cortesía de «la Caixa».

Con este fin, se invitó a Cristina García Rodero a documentar las condiciones de vida de las comunidades de Anantapur, en el estado de Andhra Pradesh, una de las zonas más pobres de la India, donde viven las comunidades más marginales y vulnerables del país.  Durante un mes y medio, García Rodero visitó hospitales, centros de acogida de mujeres víctimas de maltratos, talleres, escuelas y casas, logrando retratos que dan voz a aquellas personas a menudo olvidadas: niños y niñas, personas con discapacidad y, muy especialmente, mujeres. Madres, campesinas, costureras, novias de distintas confesiones, profesoras, enfermeras y estudiantes tienen un papel destacado en este proyecto, que representan uno de los principales motores de la transformación de las comunidades de Anantapur. 

La muestra ahonda en lo más sensible y mágico del mundo femenino y en la fuerza y la capacidad de superación de las mujeres de Anantapur. La fotógrafa se ha acercado a ellas con un respeto reverencial. Obstinada y desmedida, Cristina García Rodero ha sabido sumergirse en ese mundo, fundirse en la alegría y sufrimiento de quienes encubren con color y apostura los claroscuros de su propia existencia.

Una de las fotografías de Cristina García Rodero en la exposición ‘Tierra de sueños’. Imagen cortesía de «la Caixa».

El resultado del proyecto son 40 instantáneas; un torrente de imágenes representativas de las comunidades rurales de la India que cautiva por la calidad compositiva y la viveza de sus imágenes. De la mano de la fotógrafa Cristina García Rodero descubrimos la mirada de sus gentes y nos adentramos en un paisaje que parece suspendido en el tiempo. 

A través de su obra, García Rodero nos propone una particular forma de ver la India, un mundo complejo y fragmentado. Cada fotografía construye un código visual coherente y sobre todo trascendente. La imagen que se transforma en arte. 

Fotografía de Cristina García Rodero en la exposición ‘Tierra de sueños’. Imagen cortesía de «la Caixa».

Entre sus objetivos, «la Caixa» trabaja para que la sociedad pueda acercarse a la cultura y al conocimiento. La divulgación es un instrumento básico para promover el crecimiento de las personas, y por este motivo la entidad trabaja para acercar el conocimiento a públicos de todas las edades y niveles de formación. Entre estas actividades culturales, ”la Caixa” organiza exposiciones itinerantes en aquellas ciudades y municipios que no disponen de un CaixaForum con la voluntad de contribuir a la sensibilización ciudadana a través de contenidos artísticos, científicos y sociales.

Además, con su programa Arte en la calle, ”la Caixa” pretende convertir el espacio público en un museo a cielo abierto y acercar la obra de artistas de renombre en el panorama internacional. El programa Arte en la calle inició su andadura en 2006, y desde entonces ha acercado al público las creaciones de referentes de la modernidad como Auguste Rodin o Henry Moore, así como artistas contemporáneos como Manolo Valdés, Igor Mitoraj o, más recientemente, el fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado.

Un hombre observa una de las fotografías de la exposición ‘Tierra de sueños’, de Cristina García Rodero. Imagen cortesía de «la Caixa».

¡Qué horror!

Ni cautivos ni desarmados. Arte, memoria y dolor versus política o [violencia] en/desde [la España del] siglo XX
Colecciones de 9915 y Martínez Guerricabeitia
Centre Cultural La Nau
C/ Universitat, 2. Valencia
Hasta el 2 de octubre de 2016

Manuel Chirivella, presidente de la Fundación Chirivella Soriano, reflexionó en las páginas de la primera etapa de ARTS de El Mundo en torno al coleccionismo de arte apuntando el cambio sufrido en los últimos años a causa del capitalismo salvaje, donde el “todo vale” ha depreciado en muchos casos la labor del coleccionista vocacional. Coleccionistas que han sostenido el patrimonio artístico en momentos de crisis del Estado y que, como apuntó Mercedes Basso, de la Fundación Arte y Mecenazgo de La Caixa, invierten (se refería al auténtico coleccionista, no al arribista de turno) “no para escalar socialmente”.

Algunos de esos coleccionistas vocacionales se dan cita en La Nau de la Universitat de València para ofrecer una muestra de su labor, al tiempo que hacen memoria a través de su valioso patrimonio cultural. José Pedro Martínez Guerricabeitia recordó que las obras que coleccionaron sus padres, reunidas en la Fundación Martínez Guerricabeitia y depositadas en la propia universidad, guardaban un “marcado criterio de índole social y de denuncia de los males de la sociedad”.

Miliciana, de Alberto Korda, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

Miliciana, de Alberto Korda, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

La Asociación de Coleccionistas Privados de Arte Contemporáneo 9915, con su presidente Jaime Sordo a la cabeza, sigue ese mismo rastro al recordar el por qué de la cifra que justifica al colectivo: “El logo 9915 combina el carácter frío del número, con la historia a medio camino entre la pulsión atávica, incontrolada e irracional y el romanticismo azul de lo imposible, de lo irremediablemente humano, y del compromiso con las formas más elaboradas de la creatividad artística”. Además de ser 9915 el código con el que los organismos internacionales identifican a los coleccionistas en general.

Esa mezcla de pulsión atávica y elaboración de la propia pulsión es la que atraviesa la exposición Ni cautivos ni desarmados, que reúne en La Nau de la Universitat de València 40 obras y un mosaico de 28 fotografías pertenecientes a las colecciones de la 9915 y la Martínez Guerricabeitia. Todas ellas mostrando lo que aglutina el “largo y sonoro”, a modo de “proclama o pasquín”, subtítulo expositivo: “Arte, memoria y dolor versus política o violencia en la España del siglo XX”. Alfonso de la Torre, comisario de tan contundente razón de ser de la muestra, lo explica así: “Habla de la pervivencia de la violencia y el dolor como uno de los asuntos del arte”.

Monjas viajeras, de Carlos Saura, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Monjas viajeras, de Carlos Saura, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

Asunto que el propio comisario localiza en los albores de las vanguardias históricas: “Ni cautivos ni desarmados reflexionan sobre la violencia y el dolor contemporáneos, un tema que persigue o, incluso, atormenta al artista y al mundo del arte, especialmente desde la llegada del surrealismo frente al arte convencional, tradicional, sacro o realista”. Diríase, por tanto, que existe cierta relación entre la quiebra de ese universo simbólico que acoge y da forma al dolor, y ese otro en cuyo interior ya nada sutura la violencia, que campa a sus anchas una vez desgarrado su tejido narrativo.

Víctimas del bombardeo (Kosovo), de Simeón Saiz, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural LaNau.

Víctimas del bombardeo (Kosovo), de Simeón Saiz, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural LaNau.

Y es que el siglo XX que sirve de contexto a las obras de ambas colecciones, provenientes de una quincena de coleccionistas, es el siglo donde parece dominar la idea del horror como verdad más palmaria. Da lo mismo que tal cosa suceda en la España del franquismo y, a su rebufo, los años posteriores, porque como explica De la Torre, lo verdaderamente importante es “la reflexión más intensa sobre la violencia y el horror”, más allá “del contexto social y político en el que se movía Martínez Guerricabeitia”. Violencia y horror del que se nutren las 24 pinturas, siete fotografías, siete esculturas y dos obras audiovisuales, además del mosaico de otras 28 imágenes, a modo de reflejo de ese arte contemporáneo atraído por el abismo de la sinrazón.

“Este es el siglo del dolor”, se apunta en una cita de Paul Lafargue extraída de su ‘Diccionario abreviado del surrealismo’. Siglo atravesado por las dos grandes guerras mundiales y otras menores igualmente sacudidas por odios enfrentados. Y si la Olympia, decía el propio Manet (tal y como se recoge en la exposición), “choca, desprende un horror sagrado”, lo mismo cabe decir de las obras que se hacen eco del dolor que caracteriza al “surrealista” siglo XX.

Guantánamo, de Joan Fontcuberta, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Guantánamo, de Joan Fontcuberta, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

Obras que van del grito de Santiago Ydáñez, con esa boca desmesurada que parece ampliar la boca de ese otro grito famoso lanzado por Edvard  Munch, a la muerte del miliciano de Robert Capa, pasando por las víctimas del bombardeo en Kosovo (Simeón Saiz), el Guantánamo de Joan Fontcuberta o las notas por Guernica de Eduardo Arroyo. Guerras agujereando, pixelando, descoyuntando la trama interior de la obra de arte, encargada de acoger los efectos devastadores de una violencia muchas veces proyección de las propias ansias del artista.

El NO de Santiago Sierra viene a poner límite al horror, al tiempo que concede todo el protagonismo a la negación frente al carácter afirmativo de un siglo sospechosamente entregado a la destrucción. Muchas veces, autodestrucción o autocensura, como en los textos autocensurados de Concha Jerez, la cabeza demente de Darío Villalba o la Mujer de Juana Francés. También aparece el propio arte yacente, con Andy Warhol postrado letalmente en la obra de Kepa Garraza.

Fotografía de la serie España oculta, de Cristina García Rodero, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Fotografía de la serie España oculta, de Cristina García Rodero, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

La España del siglo XX comparece nítidamente en los casos de Cristina García Rodero, revelando su cara oculta en lugares inhóspitos de pueblos desabridos, de Alberto García Alix, con el dolor de Elena Mar, de Antonio Sánchez y sus niños de la guerra, o de Juan Roig y sus toreros en la noche. Yoan Capote se sirve de una silla esposada para mostrar cómo hasta los objetos se hallan apresados, atenazados, de ese ambiente claustrofóbico dibujado por los compartimentos estancos de la guerra, en tanto vomitorio al que desemboca fatalmente la política mal digerida.

Ni cautivos ni desarmados, en alusión manida al último parte de guerra del general Franco, pretende darle la vuelta a aquel enunciado victorioso, para que sea el arte contemporáneo quien lo elabore creativamente a su favor. Elaboración, en todo caso, volcada hacia la pulsión atávica de la violencia que nos constituye y a la que conviene poner freno. De lo contrario, como recuerda Nuno Nunes-Ferreira, ahí están las 30 portadas de su ‘Primera Página’ de diversos periódicos, para recordarnos el carácter letal del siglo XX.

Dónde dormir I (Goya), de Eugenio Ampudia, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Centre Cultural La Nau.

Dónde dormir I (Goya), de Eugenio Ampudia, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Centre Cultural La Nau.

También hay movimientos de resistencia como el expresado por Eugenio Ampudia en su serie ‘Dónde dormir’, invitando el autor a tomar espacios como el Museo del Prado, donde junto a ‘Los fusilamientos del 3 de Mayo’, de Goya, descansa una persona tumbada como los fusilados del famoso cuadro. Las zonas de vigilancia, tratadas por Carlos Garaicoa, ponen el acento igualmente en la más contemporánea fijación por el control y la manipulación en tiempos donde lo bélico adquiere un carácter, no por virtual, menos violento.

Las colecciones Marrtínez Guerricabeitia y 9915, al amparo de La Nau de la Universitat de València, hacen memoria de toda esa violencia y horror del doloroso siglo XX mediante una ingente creatividad. Precisamente la que permite recordar su prevalencia sobre la barbarie. El coleccionista Fernando Saludes, insistiendo en la importancia de la cultura, concluyó entonces: “Quién se acuerda de los ministros de la corte de Felipe IV, pero en cambio todo el mundo conoce a Velázquez. ¡Fíjese si tiene importancia la cultura!” Los coleccionistas de Ni cautivos ni desarmados también lo saben. 

Marifile, de Jorge Rueda, en 'Ni cautivos ni desarmados'. Imagen cortesía de Centre Cultural La Nau.

Marifile, de Jorge Rueda, en ‘Ni cautivos ni desarmados’. Imagen cortesía de Centre Cultural La Nau.

Salva Torres

Una inédita Cristina García Rodero en Praga

‘Con la boca abierta’, de Cristina García Rodero
Instituto Cervantes de Praga
Na Rybnícku 536/6, 120 00 Praga (República Checa)
Hasta el 6 de junio de 2016

‘Con la boca abierta’ es la primera retrospectiva temática de Cristina García Rodero, y abarca desde los primero trabajos fotográficos de finales de los setenta, hasta la actualidad. La exposición está compuesta por cincuenta y cinco imágenes de las más treinta mil que se han revisado para esta muestra, donde la mayoría de las fotografías seleccionadas son inéditas, rescatadas para un proyecto que durante cuarenta años Cristina García Rodero se guardó en el bolsillo para dejarnos ahora “con la boca abierta”.

“La memoria en ocasiones es perezosa. Necesita apoyos para evocar situaciones enterradas en el olvido. La fotografía es una de las muletas en las que se apoya un tipo de memoria llamada episódica, que funciona como un hangar en el que la psique almacena la información que tiene un significado de carácter personal. Cuando ojeamos el álbum familiar o escarbamos en el arcón de las fotos viejas, se pone en marcha la sala de máquinas de esta memoria biográfica. A veces con resultados sorprendentes, pues las instantáneas no siempre evocan los mismos hechos ni provocan las mismas sensaciones. Algunas de las fotografías de nuestro círculo más íntimo, sólo algunas, activan recuerdos que pensábamos perdidos. Lo expresa muy bien el conocido arranque de la canción de Luz Casal: Cada vez que veo tu fotografía descubro algo nuevo que antes no veía. Esta recuperación de vivencias ante algunos de nuestros tesoros fotográficos privados es un fenómeno común. Lo que no es tan frecuente es que nuestra memoria biográfica active emociones íntimas contemplando fotos en las que aparecen personajes desconocidos. Ese es el efecto que producen las fotografías de Cristina García Rodero. Una extraña familiaridad que puede definirse de varios modos, aunque todas podrían concentrarse en un sustantivo: arte”. (Florentino Moreno Martín, Universidad Complutense de Madrid)

'El sueño de Ariadna', de Cristina García Rodero. Fotografía cortesía del Instituto Cervantes.

‘El sueño de Ariadna’, de Cristina García Rodero. Fotografía cortesía del Instituto Cervantes.

La muestra comienza con una fotografía del nacimiento de un niño que, al exhalar su primera bocanada de aire, nos otorga el principio de todo; desde allí navegaremos por los más profundos sentimientos del ser humano, cazados magistralmente por la profundidad y verdad que Cristina García Rodero impronta en su trabajo, acabando el viaje fotográfico con el último suspiro de un velatorio en Georgia.

“’Con la boca abierta’ sigue siendo de interés antropológico y es también un ensayo sobre Antropología del cuerpo. Presenta el ciclo de la vida en vidas diversas que trascurren con la boca abierta. Y explora todo el espectro de significados que se asocian a lo que claramente no es un solo gesto. Son en realidad muchos gestos que generan los músculos faciales, a los que la Anatomía atribuye la mayor responsabilidad sobre la mímica. La boca abierta en los rituales proporciona la base iconográfica del grito que se desplaza a lo largo del eje que va de la euforia al dolor, del pánico a la satisfacción plena, de la más extrema llamada dirigida hacia otras personas a la sensación más aguda de subjetividad afectada. La boca abierta puede convertirse en signo focal y llegar a anular el resto de la cara y en particular los ojos que se cierran o se tornan meramente redundantes. Y además activa codificaciones genéticas que poseemos los seres humanos como especie y que reconocemos en primates e incluso en mamíferos. Es interesante  seguir cómo las aperturas y cierres de los ojos y de la boca están a menudo interrelacionados: a veces se refuerzan y otras se contradicen”. (Honorio M. Velasco, catedrático de Antropología Social y Cultural. UNED)

'Venciendo el mal en Chivacoa, Venezuela', de Cristina García Rodero. Fotografía cortesía del Instituo Cervantes.

‘Venciendo el mal en Chivacoa, Venezuela’, de Cristina García Rodero. Fotografía cortesía del Instituo Cervantes.

 

 

Cara a cara. La fuerza del retrato en la fotografía

Fundación Foto Colectania. Cara a cara
Julián Romea, 6. Barcelona
Hasta el 13 de febrero de 2016

La Fundación Foto Colectania muestra desde el 6 de octubre la fuerza del retrato en la fotografía a través de una selección de más de cien obras de 49 fotógrafos de su colección, algunas de las cuales se presentan por primera vez al público. La diversidad de esta selección nace de sumar al retrato de estudio – la aproximación más común sobre este género – la instantánea de la fotografía de calle. El principal objetivo de esta exposición colectiva es enseñar al público destacados ejemplos de fotografía española y portuguesa desde la década de los cincuenta hasta la actualidad. Una licencia que permite descubrir trabajos que se acercan a la temática desde ópticas tan diferentes, y a veces tan opuestas, como la racionalidad, el control, la complicidad, la espontaneidad o el azar.

Alberto García-Alix, Benedicte, 1987. Còpia actual, 105 x 105 cm. Cortesía del arista y VEGAP, Barcelona 2013.

Alberto García-Alix, Benedicte, 1987. Còpia actual, 105 x 105 cm. Cortesía del arista y VEGAP, Barcelona 2013.

El retrato está contemplado a veces como un enfrentamiento en el que el fotógrafo debe vencer, como es el caso de Humberto Rivas; otras veces como un proceso de seducción, como en las fotografías de Leopoldo Pomés; o una experiencia tan intensa como entrar en trance. Este último es el caso de Alberto García-Alix que en palabras propias describe: “A mí, las fotos que realmente me gustan son las que hago cuando estoy en trance. Si no he vivido ese trance, si la sesión ha sido anodina, las fotos podrán resultar buenas, pero no tendré la sensación de haberlas hecho.”

El retrato es uno de los géneros más atractivos del medio porque remite a algo muy próximo: nosotros mismos y los otros. La tendencia de los fotógrafos a prestar atención a los detalles les convierte en diestros analistas de las miradas y de los gestos; ellos saben captar como nadie la manera de posicionarnos, la gestualidad corporal que nos identifica y nos delata. Por todo ello, las obras de esta exposición se agrupan alrededor de dos elementos que concentran la atención de los fotógrafos cuando se enfrentan al cara a cara con el retratado: la mirada y el cuerpo. El espectador vivirá la experiencia de verse envuelto y rodeado de una infinidad de miradas: directas, provocadoras, esquivas, cruzadas, miradas que se esconden. Junto con ellas, los autorretratos: la mirada del fotógrafo sobre sí mismo.  Seguidamente, el espectador se encontrará con una serie de fotografías caracterizadas por la expresividad de los cuerpos, que también nos miran y que nos hablan con sus gestos.

Miguel Trillo, En un Allnighter mod de la discoteca Savoy, 1992. Cortsesía del artista.

Miguel Trillo, En un Allnighter mod de la discoteca Savoy, 1992. Cortsesía del artista.

La exposición «Cara a cara» no pretende ser un recorrido por el género del retrato en la fotografía, pero sí quiere mostrar ejemplos destacados de fotografía española y portuguesa desde los años cincuenta hasta la actualidad a través de la colección de la Fundación Foto Colectania. Presentada ya en varios municipios de Barcelona gracias a un programa de itinerancias organizado por la Diputació de Barcelona, «Cara a cara» culmina con su presentación en la propia ciudad después de estar revisada y ampliada para esta ocasión.

Autores participantes:
Helena Almeida, Manel Armengol, Atín Aya, Javier Campano, Vari Caramés, Josep Maria Casademont, Gérard Castello-Lopes, Juan Manuel Castro Prieto, Francesc Català-Roca, Toni Catany, Joan Colom, Gabriel Cualladó, Ricky Dávila, José Miguel de Miguel, Jordi Esteva, Manuel Ferrol, Eugeni Forcano, Albert Fortuny, Alberto García-Alix, Cristina García Rodero, Francisco Gómez, Inês Gonçalves, Fernando Gordillo, Jorge Guerra, Cristóbal Hara, Gloria Giménez, Fernando Lemos, Ramón Masats, Oriol Maspons, Xavier Miserachs, Jorge Molder, Nicolás Muller, Isabel Muñoz, Francisco Ontañón, Carlos Pérez Siquier, Leopoldo Pomés, Jorge Ribalta, Xavier Ribas, Humberto Rivas, Pablo San Juan, Gervasio Sánchez, Rafael Sanz Lobato, Alberto Schommer, António Sena da Silva, Ricard Terré, Miguel Trillo, Javier Vallhonrat, Antoni Vidal, Virxilio Vieitez.

Cristóbal Hara, Retrato. Cortesía del artista y VEGAP.

Cristóbal Hara, Retrato. Cortesía del artista y VEGAP.

La Fundació Foto Colectania es una entidad privada sin ánimo de lucro (nº reg. 1554) que se inauguró en Barcelona en el año 2002 y cuya finalidad es difundir la fotografía y el coleccionismo a través de exposiciones, actividades (coloquios, seminarios, viajes) y la edición de catálogos. Foto Colectania cuenta además con una colección de fotografía que reúne más de 2.000 obras de autores españoles y portugueses desde 1950 hasta la actualidad. Además, dispone de una biblioteca de consulta libre y de una cámara de conservación donde se guarda el fondo fotográfico, el archivo de Paco Gómez (donado por su familia en 2001) y el depósito de una parte de la colección de Juan Redón.

Le Gran Voyage: Foto ‘Slow’

Le Gran Voyage, Thierry Valencin
Institut Français y Railowsky
C / Moro Zeit, 6.  y C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 30 de noviembre y el 7 de diciembre

En lo que a fotografía se refiere, este otoño no se viste de ocre y dorado, sino de blanco y negro. El Palau de la Música presenta ‘Cartes de visite’, un trabajo de Andrea Santolaya sobre dos grandes creadores valencianos: Manolo Valdés y Nacho Duato. Por otra parte, varios espacios expositivos inician también en blanco y negro un proyecto de largo recorrido: ‘Le Grand Voyage’. Una muestra colectiva de la obra de fotógrafos contemporáneos tanto españoles como franceses. Se inicia con  sendas exposiciones de Thierry Valencin, que se pueden visitar en el Instituto Francés, hasta el 30 de noviembre, y la Galería Railowsky hasta el 7 de diciembre.

Fotografía de Thierry Valencin, en la exposición Le Gran Voyage. Railowsky e Institut Français de Valencia. Imagen cortesía de la organización.

Fotografía de Thierry Valencin, en la exposición Le Gran Voyage. Railowsky e Institut Français de Valencia. Imagen cortesía de la organización.

“Thierry Valencin es un fotógrafo viajero que ha visitado numerosos países de Europa, Asia, África y el Caribe”, explica Armand Llácer, gestor cultural y comisario de la exposición. “Pero su mirada fotográfica, la más elaborada, la que se exhibe en Railowsky o las dos piezas originales del Instituto Francés, nos sumerge en una idea de viaje intimista y metafórico que se aleja de los reportajes gráficos al uso. En muchas de sus imágenes no reconocemos los sitios o resultan anecdóticos. Su concepto de viaje transciende los lugares y nos enfrenta a nosotros mismos y al gran viaje de nuestra existencia, a nuestro tránsito por la vida”.

El objetivo a medio plazo de este proyecto, que de momento no cuenta con ayuda institucional, es difundir el trabajo de artistas de contrastada calidad, todavía poco conocidos, a través de proyectos colectivos y del trabajo en red. “El objetivo a largo plazo es hacer comprender que el trabajo artístico y cultural son actividades absolutamente necesarias en el desarrollo de las personas y la sociedad”, señala Llàcer. “La falta de medios o la desidia no pueden ser excusa para eliminar las exposiciones o dejar de hacerlas. Con imaginación y ganas se pueden encontrar formas renovadas de producir proyectos culturales que lleguen al público y que continúen emocionando a través de las obras de los artistas, y que puedan ser profesionalmente sostenibles”.

Fotografía de Thierry Valencin, en la exposición Le Gran Voyage. Railowsky e Institut Français de Valencia. Imagen cortesía de la organización.

Fotografía de Thierry Valencin, en la exposición Le Gran Voyage. Railowsky e Institut Français de Valencia. Imagen cortesía de la organización.

Método lento

La fotografía en blanco y negro y la utilización de métodos tradicionales  de revelado es el hilo conductor más evidente de este proyecto. “Se trata de un método lento de trabajo, slow, que me parece muy interesante reivindicar en estos momentos de prisas y producción rápida y volátil”, subraya Llàcer. “Tratar de poner cierto freno al proceso de aceleración constante en el que estamos inmersos, y aprender a mirar y apreciar los objetos de forma más pausada y tranquila. En ese sentido de lo lento, lo desacelerado, lugares como Railowsky tienen mucho que decir. En sus casi 30 años de existencia se ha mantenido fiel a su proyecto de librería-galería cultural sostenible. Un verdadero milagro del que todos deberíamos aprender”.

Fotografía de Thierry Valencin, en la exposición 'Le Gran Voyage'. Institut Français y Railowsky. Imagen cortesía de la organización.

Fotografía de Thierry Valencin, en la exposición ‘Le Gran Voyage’. Institut Français y Railowsky. Imagen cortesía de la organización.

Collado en París

En primavera de 2015 tendrá lugar una exposición del fotógrafo valenciano Joaquín Collado en la galería de Clément Kauter de París. También está prevista la exhibición de piezas de la Colección Railowsky,  creada con buen criterio a través de  sus exposiciones,  en galerías y centros parisinos. “Una colección  coherente y rigurosa  que incluye piezas de fotógrafos de la segunda mitad del siglo XX que hoy en día están muy valorados a nivel internacional: Chema Madoz, Alberto García Alix, Cristina García Rodero y Bernard Plossu, entre otros.

Photo Mundo

Hace años que la fotografía alcanzó el rango de disciplina artística valorada al mismo nivel que otros lenguajes creativos. En todos los países existen grandes eventos, como Photo España, Paris Photo, London Photo, etcétera, que han permitido popularizarla y que sea valorada y apreciada por el gran público.  “Sin embargo, la fotografía valenciana y española todavía es muy poco conocida en los circuitos internacionales”, señala Llàcer. “Es menos conocida, por ejemplo, que la fotografía mexicana. Algo que resulta inexplicable. ‘Le Grand Voyage’ pretende mejorar la visibilidad del trabajo de nuestros fotógrafos, una iniciativa que se suma a otras que ya existen en Valencia, como Espai Visor o Doctor Nopo, que también están haciendo mucho por divulgar la fotografía contemporánea en nuestra ciudad e internacionalmente”, concluye Llàcer.

Fotografía de Thierry Valencin en la exposición 'Le gran voyage, que se muestra en Railowsky y el Instituto Francés de Valencia. Imagen cortesía de la organización.

Fotografía de Thierry Valencin en la exposición ‘Le gran voyage, que se muestra en Railowsky y el Instituto Francés de Valencia. Imagen cortesía de la organización.

Bel Carrasco

¿Existe una mirada femenina?

Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM
Sala de la Muralla
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 15 de junio

“Se ha escrito mucho sobre la ‘mirada masculina’ que cosifica a las mujeres, pero nos preguntamos si existe la ‘mirada femenina”, se interroga Barbara Rose, crítica de arte norteamericana. Suya ha sido la elección de las 31 fotógrafas de la colección del IVAM cuyas 95 imágenes se hallan expuestas en la Sala la Muralla del museo valenciano. La pregunta que se formula Rose es la misma que durante las últimas décadas se han venido haciendo teóricas reputadas del movimiento feminista como Laura Mulvey, Teresa de Lauretis o Luce Irigaray.

Detalle de una fotografía de Susy Gómez. Imagen cortesía del IVAM.

Detalle de una fotografía de Susy Gómez. Imagen cortesía del IVAM.

Y la respuesta no es siempre la misma, porque depende del punto de vista que las propias feministas adopten. Las más radicales dicen que sí, que por supuesto, que cuando una mujer se pone detrás de una cámara deja de tomar a la mujer por objeto, para rescatarla de la jaula en la que el hombre la encierra. Las más moderadas dicen que da lo mismo, porque en el fondo lo que cuenta es la subjetividad más allá de encorsetamientos ideológicos o de género. Si el arte, dirían estas últimas, lo es porque trasciende el tiempo y alcanza las capas más profundas del ser humano, rompiendo identidades monolíticas, entonces no puede haber más que una mirada: la del hombre o la mujer desprejuiciados.

Fotografía de Cristina Lucas. Imagen cortesía del IVAM.

Fotografía de Cristina Lucas. Imagen cortesía del IVAM.

En todo caso, de existir esa mirada femenina, Barbara Rose la entiende “basada en una capacidad para enfatizar y comunicar las sutilezas de la intimidad y la emoción que tradicionalmente se han asociado con la capacidad de la mujer para mirar en las profundidades más que en las superficies de las cosas”. Menos mal que Rose introduce el latiguillo de “tradicionalmente”, porque volvemos a incurrir en tópicos de los que precisamente pretenden huir las feministas a la hora de ir a la caza y captura de esa supuesta mirada de mujer.

Fotografía de Susy Gómez. Imagen cortesía del IVAM

Fotografía de Susy Gómez. Imagen cortesía del IVAM

Lo mejor, en cualquier caso, es acudir directamente a las imágenes de esas Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM, que hasta el 15 de junio permanecerán en el museo valenciano. Hay, por supuesto, de todo, pero tomando al azar una de esas fotografías, por ejemplo la de Cindy Sherman, Untitled Film Still nº 15 (1978), en la que se ve a una atractiva mujer mirando por la ventana, el debate sobre la supuesta mirada femenina se recrudecería. Y si tomamos una imagen más actual, por ejemplo la de Cristina Lucas, The last will of Anne Sexton (2005), en la que aparece una mujer de riguroso negro y de espaldas en el interior de un descapotable rojo, vemos que no hay manera de despejar la confusión en torno a tan espinosa pregunta.

Fotografía de Laurie Simmons en 'Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM'.

Fotografía de Laurie Simmons en ‘Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM’.

Y bien, entonces ¿existe o no una mirada femenina? Por supuesto, ahí está, en las 95 imágenes de esas 31 fotógrafas que, con todo el derecho del mundo, han tomado su cámara y se han puesto a reflejar su punto de vista de cuanto les rodea. Y lo que ven, he ahí la pluralidad de contenidos, concierne tanto a la mujer que mira como a la mujer mirada, unas veces adoptando el mismo rol pasivo que se le atribuye cuando es un hombre el fotógrafo, y en otras ocasiones revelando cierta sorpresa, malestar o incredulidad por el hecho de ser mujer encerrada en el estrecho marco de una realidad violentada.

Fotografía de Grete Stern en 'Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM'.

Fotografía de Grete Stern en ‘Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM’.

La exposición, desde el punto de vista técnico, se divide en secciones: El ojo documental, desde Dorothea Lange a Tina Modotti, pasando por Diane Arbus, Lisette Model o Marta Sentís; Mujeres mitológicas, con especial atención a la serie de sueños de Grete Stern, sin olvidar las contribuciones de Cindy Sherman, Ouka Leele, Cristina Lucas, Cristina García Rodero, Carmen Calvo, Eva Lootz o Rita Martorell; Arquitecturas, con Cristina Iglesias, Concha Pérez o Chus García Fraile, y Mujeres mirando mujeres, donde se incluyen imágenes de Claude Cahun, Ariane López-Huici, Vanessa Pastor, Eva Blanch Vallhonrat o Laurie Simmons. Un total de 95 fotografías, tan dispares entre sí, que obligan a pensar acerca de esa supuesta mirada femenina en clave negativa. Todo lo más, como señala Barbara Rose, podría llegar a decirse sucintamente que “esta selección muestra una gran pluralidad con diferentes miradas y técnicas”. Tantas como mujeres fotógrafas hay en esa rica colección del IVAM.

Fotografía de Cindy Sherman en la exposición 'Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM'.

Fotografía de Cindy Sherman en la exposición ‘Mujeres Fotógrafas en la Colección del IVAM’.

Salva Torres

Valencia se llena de ‘Vidas gitanas’

Vidas gitanas
Organizada por Acción Cultural Española, Fundación Instituto de Cultura Gitana y
Consorcio de Museos de la Generalitat Valenciana
Comisarios: Joaquín López Bustamante y Joan M. Oleaque
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 4 de mayo

Primero fue el director del Instituto de Cultura Gitana, Diego Fernández, quien se refirió a la exposición de Vidas gitanas en Valencia como “la más completa de todas”. Ni Budapest, ni Viena, ni Lisboa, ni Granada, ni Madrid: ¡Valencia! Lo cual demostraba, en su opinión, la raigambre de la cultura gitana en territorio valenciano. Luego fue el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, quien se fue encendiendo en su defensa de la cultura caló, hasta el punto de reivindicar la igualdad de la mujer gitana en el terreno laboral. Y entre unos y otros convirtieron el Centre del Carme, donde se inauguraba Vidas gitanas, en un improvisado foro de ensalzamiento gitano.

Asentamiento gitano junto a la Plaza de España.Década 1920. Archivo Serrano. Fototeca Municipal de Sevilla. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

Asentamiento gitano junto a la Plaza de España.Década 1920. Archivo Serrano. Fototeca Municipal de Sevilla. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como dice Juan de Dios Ramírez-Heredia, en el catálogo de la exposición, ese cambio en la percepción de la cultura gitana sólo se dará cuando converjan dos comportamientos igual de arraigados en la opinión pública. Por un lado, “la voluntad manifiesta de los propios gitanos de superar siglos de separación”. Y, por otro, “que los medios de comunicación no difundan informaciones que…puedan crear o fomentar una imagen de los gitanos que no se corresponde con la real”. Es decir, que ni se trata de identificar al gitano “con todos los vicios y comportamientos incívicos”, ni de describirlos como “los mejores cantaores, bailaores o toreros como si se tratase de cualidades intrínsecas a nuestra manera de ser”.

Fotografía de Colita. La singla, 1963. Arxiu Fotogràfic de Barcelona. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

Fotografía de Colita. La singla, 1963. Arxiu Fotogràfic de Barcelona. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alberto Fabra, quien sabe si contagiado por el apasionado discurso de Diego Fernández (“la Comunidad Valenciana también es gitana”), pareció inflamarse de la segunda acepción descrita por Ramírez-Heredia, como queriendo dejar bien claro su rechazo a la identificación primera. Ni tanto ni tan calvo. El justo equilibrio hay que buscarlo precisamente en la muestra Vidas gitanas, cuyas más de 300 piezas exhibidas hablan por sí solas de un modo más ecuánime que el empleado por el máximo mandatario de la Generalitat. Piezas entre las que se halla la primera edición del Romancero Gitano, autografiada por Federico García Lorca y nunca antes expuesta, o la Pastora Imperio de Mariano Benlliure.

 

Fotografia de David George. Manolito de María, cantaor. Flamenco Project. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

Fotografia de David George. Manolito de María, cantaor. Flamenco Project. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vidas  gitanas, comisariada por Joaquín López Bustamante y Joan M. Oleaque y organizada por Acción Cultural Española y la Fundación Instituto de Cultura Gitana, lleva por subtítulo Lungo Drom o Largo Camino, en lenguaje caló. Un camino tan largo como “complicado” para la historia del pueblo gitano que, sin embargo, no hace de la exposición una muestra “victimista, sino positiva”, subrayó Diego Fernández, quien recordó al desaparecido Carlos Pérez como uno de los principales artífices de Vidas gitanas, “una exposición parida por valencianos”. Un parto en el que abundan las referencias a personajes tan ilustres como Camarón, Carmen Amaya, Peret, La Chunga o la propia Pastora Imperio, junto a imágenes de la vida cotidiana de los gitanos, “muy poco conocida”.

Fotografía de Isabel Muñoz en la exposición 'Vidas gitanas'. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

Fotografía de Isabel Muñoz en la exposición ‘Vidas gitanas’. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ese desconocimiento, propiciado de nuevo por el conjunto de estereotipos divulgado, pretende ser paliado mediante Vidas gitanas. A ello contribuyen las fotografías de Cristina García Rodero, Isabel Muñoz o Jesús Salinas, cuyas imágenes nos acercan una visión atemperada del gitano “cantaor, bailaor o torero” referida por Ramírez-Heredia. En ese sentido, la exposición tampoco obvia este aspecto del pueblo gitano, pero introduce matices que obligan a ampliar la estrecha percepción que desde el mundo payo se tiene. Como afirmó Diego Fernández, “no hay línea de separación entre payos y gitanos, sino entre racistas y no racistas”. La exposición recoge imágenes que trazan la dilatada historia de los gitanos, desde la primera referencia de su llegada a España en el siglo XV, hasta la promoción de su cultura mediante películas con temática andaluza en la época franquista. En algunas vitrinas se pueden ver objetos característicos, libros, discos y hasta una Constitución Española traducida al romanó-kaló de la Biblioteca del Instituto de Cultura Gitana.

Fotografía de Cristina García Rodero en la exposición 'Vidas gitanas'. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

Fotografía de Cristina García Rodero en la exposición ‘Vidas gitanas’. Imagen cortesía de Acción Cultural Española.

Salva Torres

Juan Carlos Barberá, en busca del fuego

Juan Carlos Barberá: «Fuego, demonios y santos»
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta el 28 de enero

“San Antón mató un marrano y no me dio las morcillas. Quién le diera a San Antón con un palo en las costillas”. Ésta y otras canciones parecidas se entonan en diferentes lugares con motivo de las hogueras de San Antón. Una de las más famosas tiene lugar en la comarca de Els Ports (Castellón). Juan Carlos Barberá, como ya hiciera Cristina García Rodero en su impagable La España oculta, se sumerge en la fiesta de Sant Antoni del Porquet allí celebrada, para dejar testimonio vivo de cómo la cultura popular tiene su razones bien hundidas en la sinrazón festiva. Razones que Barberá recoge en una serie de fotografías, reveladoras de la íntima comunión existente entre lo profano y lo sagrado.

Fotografía de Juan Carlos Barberá en 'Fuego, demonios y santos'. Aula de Cultura La Llotgeta

Fotografía de Juan Carlos Barberá en ‘Fuego, demonios y santos’. Aula de Cultura La Llotgeta

Fuego, Demonios y Santos es el acertado título con el que Barberá da fe con su cámara del hondo latido que anima la fiesta, en tanto vehículo privilegiado para aproximarnos a la extraña línea que separa la vida y la muerte. Porque el fuego, además de esos demonios y santos que igualmente nos habitan por dentro, no sólo es fuente de destrucción (como proclaman los informativos principalmente en verano), sino también hoguera salvífica, purificadora, que incluso en tiempos remotos iluminó el gran agujero de la noche. Aquel fuego primigenio aclaró la oscuridad nocturna, dio calor y fue el mismo tiempo instrumento de defensa contra las fieras.

Detalle de una de las fotografías de Juan Carlos Barberá en 'Fuego, demonios y santos'.

Detalle de una de las fotografías de Juan Carlos Barberá en ‘Fuego, demonios y santos’.

Todo ello está magníficamente recogido en las fotografías de Juan Carlos Barberá: el fuego, los demonios interiores o los animales que Sant Antoni bendice, sin duda santificados por su labor al servicio de los hombres, por su compañía, por ser fuente de alimento y, sin duda, por ser igualmente amenazadores en su estado salvaje. Lo sagrado y lo profano dándose la mano en esas imágenes que Barberá ha trabajado sabiamente con el encuadre y una luz que acoge los claroscuros de la fiesta. Fiesta que Luis Martín Arias, en su artículo “Matrimonio, fiesta y lazo social” de la revista ‘Trama y Fondo’, describe así: “En las hogueras de San Antón, podemos encontrar subyacente el proceso de anamnesis, presente en la obvia nostalgia que manifiestan estos rituales por el pasado reciente, por lo rural perdido”.

Fotografía de Juan Carlos Barberá.

Fotografía de Juan Carlos Barberá.

Y continúa diciendo: “La presencia de la naturaleza, con el protagonismo del fuego, colocaba a la comunidad frente al núcleo más primitivo de la experiencia humana: ese fuego salvífico que nos libró de la animalidad y nos hizo seres civilizados. Asimismo, en la Fiesta de las Hogueras de San Antón podemos percibir la presencia del proceso de utopía, constatable en la destrucción del pasado que se operaba (con la quema de muebles viejos y de trastos que se sacaban de las casas), pero sobre todo mediante la restauración del lazo social que propiciaba el ritual festivo, merced a todo lo que el vecindario compartía: los saltos, la comida, la bebida y los cánticos”.

Fotografia de Juan Carlos Barberá.

Fotografia de Juan Carlos Barberá.

Todo eso está presente en las fotografías expuestas en el Aula de Cultura La Llotgeta. Hay fuego intenso, demonios a contraluz, la explosión festiva que denotan diversas tracas, recios platos de comida, santos en procesión (algunos portando revistas de cierto contenido erótico), tragos de porrón con el gaznate bien abierto y profusión de risas, quizás para ahuyentar esa sensación de muerte que encierra la fiesta, al tiempo que sano despliegue de una emoción intensa, reponedora de vida.

Detalle de una de las fotografías de Juan Carlos Barberá en 'Fuego, demonios y santos'.

Detalle de una de las fotografías de Juan Carlos Barberá en ‘Fuego, demonios y santos’.

 

Juan Carlos Barberá  se sumerge y nos sumerge con su cámara en esas hogueras de Sant Antoni, patrón de los animales “de pata” o domésticos, tal y como refiere el propio autor de las imágenes, para dejar constancia de lo mucho que nos une cuando está en juego la escenificación de la muerte, a través de rituales festivos plenos de vida. Barberá salió en busca de ese fuego interior que anima la fiesta y ahora somos nosotros quienes disfrutamos de su apasionado y apasionante proyecto expositivo.

Fotografía de Juan Carlos Barberá en 'Fuego, demonios y santos'. Aula de Cultura La Llotgeta

Fotografía de Juan Carlos Barberá en ‘Fuego, demonios y santos’. Aula de Cultura La Llotgeta

Salva Torres