Lo siniestro del fantasma femenino

Cátedra Berlanga
XVIII Jornadas de Historia y Análisis Cinematográfico
Amores Letales. ‘La boutique’, Luis García Berlanga (1967) y ‘Peppermint Frappé’ (1967),
Carlos Saura
Palacio de Colomina
C / Almudín, 1. Valencia
Lunes 3 y martes 4 de diciembre de 2018

‘Retrato imaginario de Brigitte Bardot’ es el título de una de las obras que el pintor Antonio Saura realizó sobre una actriz que, al igual que otros iconos eróticos cinematográficos de mediados del siglo XX, como Marilyn Monroe o James Dean, remite a ser pintada bajo la explosiva estética del arte pop. Sin embargo, para Saura, la espectacular belleza de la actriz quedó plasmada bajo su enérgica, gruesa y oscura pincelada.

Saura pinta en el lienzo ‘Retrato imaginario de Brigitte Bardot’, al igual que en los otros de la serie homónima, las palabras del poeta Rainer María Rilke, cuando dice que “lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar”. Refleja así lo terrible que el velo de la belleza y del amor ocultan. Y una vez que este velo se desvanece, lo siniestro, por cruel, horroroso y espeluznante, aparece, tal y como el poeta Schelling lo definió: “Aquello que debiendo permanecer oculto, se ha revelado”.

Retrato imaginario de Brigitte Bardot, de Antonio Saura.

Retrato imaginario de Brigitte Bardot, de Antonio Saura.

Si Saura pintó el verso de Rilke en su serie Brigitte Bardot, Luis García Berlanga en ‘La boutique’ y Carlos Saura en ‘Peppermint Frappé’ absorben el espíritu de la obra del pintor aragonés: el amor y la belleza no pueden contener que lo espeluznante aflore en el relato. No es baladí que ‘Retrato imaginario de Brigitte Bardot ‘(1962) y ‘Brigitte Bardot’ (1959) estén citados diegéticamente en ‘La boutique’ y ‘Peppermint Frappé’, respectivamente.

Luis García Berlanga (1921-2010) y Carlos Saura (1932) son dos de los directores más influyentes de la historia del cine español. Cada uno con un estilo, obviamente único, ha creado un universo cinematográfico bañado por una pátina esperpéntica propia de la más pura tradición cultural española.

Brigitte Bardot, de Antonio Saura.

Brigitte Bardot, de Antonio Saura.

‘La boutique’ y ‘Peppermint Frappé’, estrenadas ambas en 1967,  comparten con mayor o menor intensidad ciertos trazos de esa mirada esperpéntica. Lo absurdo y lo ridículo describen los rasgos miserables de los personajes de la película de Berlanga; en cambio, lo grotesco y lo extravagante revelan el mundo austero y fetichista de Julián, papel interpretado por José Luis López Vázquez en el film de Saura. Mirada esperpéntica que desvela, con patética ironía en ‘La boutique’ y con frialdad sórdida en ‘Peppermint Frappé’, a unos personajes masculinos tan atraídos por la mujer, como impotentes hacia ella.

Ricardo, protagonista de ‘La boutique’ que interpreta el galán argentino Rodolfo Bebán, disimula su impotencia tras la máscara de una virilidad más interesada en jugar a las carreras de coches y en seducir de manera insustancial y vacua a toda mujer, que en mantener relaciones sexuales con su esposa o cualquier otra mujer. Porque el sexo para Ricardo es, tal y como él mismo lo expresa, “puro aburrimiento”.

Julián, protagonista de ‘Peppermint Frappé’, encubre su incapacidad sublimando a la mujer, bajo el ritmo estrepitoso producido por el resonar de  los tambores  del Viernes Santo de Calanda. Un homenaje explícito al gran director español Luis Buñuel. En ambas películas, con sus abismos estilísticos, tras la belleza de la mujer  late  un cierto foco de amenaza. Una amenaza que  deja entrever con total sarcasmo el otro título de la película de Berlanga, ‘Las Pirañas’.

Fotograma de 'Peppermint Frappé', de Carlos Saura, con la obra 'Brigitte Bardot', de Antonio Saura, al fondo.

Fotograma de ‘Peppermint Frappé’, de Carlos Saura, con la obra ‘Brigitte Bardot’, de Antonio Saura, al fondo.

Para sofocar el temor ante lo femenino, tanto Carmen (Sonia Bruno), como Elena y Ana (Geraldine Chaplin), protagonistas de ‘La boutique’ y ‘Peppermint Frappé’, respectivamente, son cubiertas por los rasgos fantasmáticos del deseo masculino, evocando en ambas películas el mito de Pigmalión.

En ‘La boutique’, tal evocación se realiza como un perverso juego de muñecas. Carmen es moldeada por Carlos (Lautaro Murúa), su amante y decorador de la boutique. Para Carlos, Carmen es una muñeca, un objeto más de decoración. Sólo hay que oír sus propias palabras: “A las mujeres sólo las aguanto cuando no entra lo sexual. Las mujeres me gustan de lejos, como amigas para vestirlas, cambiarles el peinado. Para mirarlas como objetos hermosos”.

En ‘Peppermint Frappé’, el mito de Pigmalión está citado en su versión más siniestra, al igual que sucede en la película ‘Vértigo. De entre los muertos’ (1958), de Alfred Hitchcock. Julián queda fascinado por Elena, esposa de su mejor amigo Pablo (Alfredo Mayo), la cual abrasa a Julián, no por su condición de mujer real, sino por representar su imaginario de mujer: el fantasma femenino toma cuerpo en ella. Por tanto,  Julián transformará a Ana, su tímida y triste enfermera, en la imagen simulada de Elena, accediendo a representar y someterse a ese fantasma femenino. Una construcción que el director Carlos Saura muestra con elegante precisión fetichista.

En ‘La boutique’ y en ‘Peppermint Frappé’, tan fecunda es la referencia subliminal al mito de Pigmalión, en tanto metáfora de la dificultad para el encuentro sexual entre lo masculino y lo femenino,  como la cita literal de los lienzos ‘Retrato imaginario de Brigitte Bardot’ y ‘Brigitte Bardot’ de Antonio Saura lo es, de esa belleza femenina como antesala de lo siniestro.

Fotograma de 'La boutique', de Luis García Berlanga, con la obra 'Retrato imaginario de Brigitte Bardot, al fondo.

Fotograma de ‘La boutique’, de Luis García Berlanga, con la obra ‘Retrato imaginario de Brigitte Bardot, de Antonio Saura, al fondo.

Begoña Siles

La diferencia sexual en La boutique y Peppermint Frappé

Cátedra Berlanga
XVIII Jornadas de Historia y Análisis Cinematográfico
Palacio de Colomina
C / Almudín, 1. Valencia
Lunes 3 y martes 4 de diciembre de 2018
Inscripción: besileso@uchceu.es / salvatm@telefonica.net

“Allí donde reinaba el bienestar, también había una insatisfacción profunda”. Lo apuntó el sociólogo Edgar Morin para describir el contexto de Mayo del 68, sorprendido por esa paradoja. Allí donde la prosperidad económica había eliminado las penurias por la más estricta supervivencia, tenía lugar la aparición de cierta infelicidad producida por un hastío desconocido: el que provocaba la seguridad y el ambiente confortable de los hogares burgueses. Y, con él, la irrupción de una violencia que amenazaba con destruirlo todo.

Fotograma de 'La boutique', de Luis García Berlanga.

Fotograma de ‘La boutique’, de Luis García Berlanga.

Llevamos 50 años tomando nota de ese hastío, en el contexto apacible de la sociedad del bienestar. Un hastío que evitamos, del que pretendemos desprendernos, por distintos medios vinculados al consumo trufado de emociones fuertes que nos hagan vivir experiencias únicas. Experiencias que en el ámbito privado de las relaciones humanas conllevan, también, esa búsqueda de placer que, con el tiempo, deviene confortable, en rima con lo aburrido. “Tanto hablar del sexo, el sexo, y al final el sexo qué es, un aburrimiento”, señala Ricardo, el protagonista de La boutique.

Precisamente tomando como referencia esta película de Luis García Berlanga, en diálogo con Peppermint Frappé, de Carlos Saura, ambas de 1967, la Cátedra Berlanga aborda esa paradoja del bienestar ligado al hastío y la violencia. Películas enmarcadas en ese periodo de rebeldía juvenil, hoy de nuevo celebrado, con las que se pretende someter a debate la tensión que se percibe entre lo masculino y lo femenino, el orden apacible y la necesidad de violentarlo.

Fotograma de 'Peppermint Frappé', de Carlos Saura.

Fotograma de ‘Peppermint Frappé’, de Carlos Saura.

Las XVIII Jornadas de Historia y Análisis Cinematográfico de la Cátedra Berlanga reúne a diversos expertos y profesionales del audiovisual en el Palacio de Colomina de Valencia, durante los días 3 y 4 de diciembre, con el fin de arrojar algo de luz sobre tan espinoso asunto. Las jornadas están organizadas por la Universidad CEU Cardenal Herrera, el Institut Valencià de Cultura y la Fundación Aisge, en colaboración con la Asociación Cultural Trama y Fondo.

El catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, Jesús González Requena, abrirá el encuentro con la ponencia ‘Máquinas crueles’, en torno a la película ‘La boutique’, plagada de personajes cuyas intenciones malévolas darán pie a toda una serie de maquiavélicos desencuentros. Luis Martín Arias, profesor de la Universidad de Valladolid, planteará su análisis de ‘Peppermint Frappé’ como un diálogo entre lo clásico y lo moderno, “lo viejuno y lo cool” asociado a la propia bebida como metáfora de las propias relaciones personales que se establecen en la película de Saura.

Fotograma de 'La boutique', de Luis García Berlanga.

Fotograma de ‘La boutique’, de Luis García Berlanga.

El crítico de cine Jorge Castillejo se centrará en la guerra de sexos que en su opinión subyace en el film de Berlanga, mientras que el director de cine Óscar Aibar pondrá el acento en la influencia que la dupla Azcona-Berlanga ha ejercido en los directores españoles actuales, entre los cuales se incluye a él mismo, seguidor de ese humor “ácido, inteligente y que ha elevado el costumbrismo español a obra de arte”, según sus propias palabras.

Paco Belda, director de fotografía en ‘Jota de Saura’, dibujará el perfil de la luz que caracteriza el universo del autor de ‘La Caza’, rastreando la huella de quienes han contribuido con su trabajo a subrayar ese aspecto de sus películas, como José Luis Alcaine, Teo Escamilla, Vittorio Storaro o el propio Luis Cuadrado, encargado de esa fotografía en ‘Peppermint Frappé’. La doctora en Historia del Arte, Maite Ibáñez, destacará la obra de Antonio Saura, hermano del cineasta, que aparece en ambas películas de las jornadas, para mostrar el carácter rebelde de su pintura, en rima con el propio espíritu de Mayo del 68 que actúa como trasfondo.

Para todos aquellos interesados en participar en las jornadas de la Cátedra Berlanga, deberán inscribirse en las siguientes direcciones de correo: besileso@uchceu.es o salvatm@telefonica.net. Las plazas se adjudicarán por riguroso orden de inscripción, la cual es gratuita y con derecho a certificado de asistencia.

Fotograma de 'Peppermint Frappé', de Carlos Saura.

Fotograma de ‘Peppermint Frappé’, de Carlos Saura.

Saura: “siempre estoy pensando en el futuro”

Entrevista al director de cine, fotógrafo y escritor Carlos Saura, con motivo de la presentación su última novela, ‘Ausencias’, editada por el sello Laborinto
Librería Railowsky
53 Fira del Llibre de València

El eximio director de cine Carlos Saura ha recalado en la ciudad, en compañía del editor Emilio Pascual y del catedrático de la Univesidad de Alcalá de Henares Antonio Fernández Ferrer, para presentar ‘Ausencias’ –cuarta novela del autor, publicada por el sello madrileño Laborinto–, invitado por la Librería Railowsky y en pleno cronograma de la 53 Fira del Llibre de València.

Con tal motivo y tras los encuentros con el público celebrados en La Llotgeta y en la sede de la Librería Railowsky, Makma entrevista en los Jardines de Viveros (entre rúbicras y dedicatorias) al provecto y prolífico autor aragonés con el fin de aventurar una mirada reflexiva sobre algunos aspectos de su cosmogonía metodológica.

Se presenta en Valencia con su cuarta novela, ‘Ausencias’, polarizada en torno de la ausencia fotográfica, de la cámara como germen y elemento vertebrador y, a la par, como enigma.

Sí. Aunque no me gusta desvelar demasiadas cosas de la novela, la asuencia proviene de un libro de Diane Arbus, la fotógrafa americana (por cierto, maravillosa). Me compré un libro sobre su obra en Madrid y tenía una página rasgada, rota, y me pareció como una especie de violación de un libro tan precioso. Lo iba a devolver y entonces pensé: “en vez de devolverlo, voy a pensar qué es lo que había en esta página”. Entonces comencé a escribir la novela.

¿Se advierte usted en la narrativa transitando por un territorio libérrimo, en comparación con otros oficios artísticos?

No. Lo que pasa es que escribir es un proceso solitario, es una maravilla. En el cine escribir un guión es igual, estás solo, pero luego tienes que hacer una película y estás con cuatrocientas personas; es un lío trabajar con un grupo tan grande de gente. En cambio, dibujar, pintar, escribir música (no interpretarla, claro) o escribir una novela son procesos solitarios y todo lo que ocurrre te sucede a ti, no hay nadie que te pueda ayudar; eso me parece muy interesante.

Carlos Saura, durante un instante del acto de presentación de su novela 'Ausencias', en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Carlos Saura, durante un instante del acto de presentación de su novela ‘Ausencias’, en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Sin duda, un concepto que puede ajustarse a su perfil creador es el dilentantismo, en tanto que usted ejerce y se nutre de múltiples campos, influjos e inquietudes.

Es verdad. Yo digo siempre que soy un aficionado de todo. De la fotografía menos, porque he sido profesional y puedo ser un buen fotógrafo si quiero, aunque no me interesa serlo tampoco. Pero en cuanto a todo lo demás, excepto el cine, son cosas periféricas que me sirven, en el fondo, para cultivarme y estar con la cabeza despierta y para hacer alguna película, aunque no siempre. Creo que escribo ahora mucho mejor que antes, porque, como todo en la vida, si escribes todos los días un poco terminas escribiendo bien, como sucede con la fotografía, la pintura, todo; si practicas terminas haciéndolo mejor. Pero bueno, nunca presumo de ser un gran pintor ni escritor, ni me interesa.

¿Encontrarse en permanente ebullición creativa también es un motivo para no volcar la mirada o no revisitarse?

Sí, a mí no me interesa revisitar mi obra, nada. A veces, no tengo más remedio, porque he hecho más de cuarenta películas y, en ocasiones, me reclaman de un festival o me realizan un homenaje y me da vergüenza levantarme y marcharme; no tengo más remedio que verlo. No me gusta nada ver mis películas, siempre estoy pensando en el presente y en el futuro, en lo que vas a hacer, y no en lo que has hecho ya, porque eso es muy aburrido. Es más, a veces las veo y no me parece que sean mías.

¿Qué le ha parecido el trabajo documental sobre su trayectoria implementado por Félix Viscarret en ‘Saura(s)’?

Me pareció bien. Un trabajo muy agradable. Me convenció, vino a mi casa, me habló del proyecto, fue muy simpático y amistoso y dije: “Venga, vamos a lanzarnos a esta aventura”. Lo malo es que ahora hay varias personas que quieren hacer lo mismo y ya me niego. Ese documental está hecho y ya está.

Sobre usted puede componerse un retrato de infatigable y diversificado autor que se adentra en ciertos territorios recurrentes. ¿Qué papel de relevancia concede a la obsesión como elemento de creación?

Creo que eso es muy importante, siempre que eso no te lleve a ausencias. Debe tenerse mucho cuidado con esos límites. Pero las obsesiones son fundamentales en la vida; y no solo eso, sino la pasión por las cosas. Buñuel decía una cosa que a mí me interesaba mucho: “la pasión lo justifica todo”. Si embargo, yo creo que no, que no justifica un crimen, por ejemplo. Para él hasta un crimen, si es pasional, estaba justificado. Yo creo que eso es una barbaridad, sobre todo ahora.

Carlos Saura, en compañía de Juan Pedro Font de Mora, propietario de la Librería Railowsky, y Merche Medina, miembro de la revista Makma y co-directora de Versos y Trazos Editorial, durante la firma de ejemplares del director y escritor aragonés en la 53 Fira del Llibre de Valéncia. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Carlos Saura, en compañía de Juan Pedro Font de Mora, propietario de la Librería Railowsky, y Merche Medina, miembro de la revista Makma y co-directora de Versos y Trazos Editorial, durante la firma de ejemplares del director y escritor aragonés en la 53 Fira del Llibre de Valéncia. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Una de sus pasiones artísticas de fuste profesional, como mencionaba, se encuentra en la fotografía. Sin embargo, no solo le concede relevancia a la composición de la imagen sino a los entresijos de su mecánica, a las entrañas de la cámara fotográfica. 

Sí, siempre he sido muy manitas, muy habilidoso. Durante una temporada construía muebles para mi casa, por ejemplo. Y, sobre todo, llevo muchos años trabajando con los objetivos y las cámaras, desmontándolas, tratando de arreglarlas, aunque a veces no las arreglo, sino que las destruyo (risas). Encuentro fundamental trabajar con las manos, con los dedos. Es una cosa esencial, no solo escribir y pensar, sino que hay que hacer cosas manuales. Esa es una gran ventaja de los pintores, por ejemplo; por eso ellos suelen vivir muchos años en general, porque trabajan de pie, permanecen activos, etc.

¿Qué les aconsejaría al respecto a los nativos digitales?

A los nativos digitales hay que decirles que trabajen con las dos manos. No solamente con la derecha, sino también con la izquierda. Me parece que es muy importante tener ocupadas siempre las dos manos; no perder la manualidad. Es algo que veo en mis propios hijos, especialmente a través de los teléfonos móviles. Aunque he visto a mi hija escribir con las dos manos y no parece una cosa tan fácil.

Esta transformación técnológica aplicada al cine puede convertir a la figura del director en un potencial y verdadero demiurgo, que no solo es capaz de controlar aquellas cuestiones que afectan a la semántica y al contenido de sus creaciones, sino que también se encuentra facultado para dominar todos los elementos técnicos. Sin embargo, usted siempre se ha caracterizado por procurar una férrea autoridad sobre todas las facetas metodológicas que entran en juego durante el rodaje. 

Yo he intentado siempre controlarlo todo. Sobre todo a partir de ‘La caza’, porque yo hice una película anterior, que se llamaba ‘Llanto por un bandido’, que la montaron en Italia y no llevaron a cabo nada de aquello que quería montar. A partir de ahí decidí controlar absolutamente todo, haciendo películas pequeñas que pudiera controlar (aunque he hecho alguna grande); que no se escape nada, ni la música, ni la fotografía. He trabajado con fotógrafos estupendos, pero si hay algo que no me gusta lo digo directamente. No hay nada que no me guste que esté presente en mis películas.

De todos modos, en el cine tienes que delegar. Si tienes un fotógrafo como Vittorio Storaro, que es una maravilla, ya sabes que llegas a un acuerdo con él. Puede haber alguna cosa que no te guste, pero, vamos, pocas cosas, porque ya estamos muy de acuerdo. Es una tranquilidad tener a una persona que es una maravilla iluminando y que sabe iluminar mucho mejor que tú. Yo puedo hacer técnicamente una película en blanco y negro, pero nunca la podría hacer en color; el color es muy complicado.

¿Cómo ha recibido y aplicado esta metamorfosis digital en el universo cinematográfico?

El cine ha cambiado radicalmente, como la fotografía. Las cámaras digitales son cada vez más perfectas. Rodar con cámaras digitales es una comodidad enorme, porque antes se paraba cada diez minutos, había que cambiar el rollo, nunca veías el material hasta que no se positivaba en el laboratorio y, de repente, te llevabas sorpresas, como un micrófono que se veía por ahí y había que cambiar la toma. Ahora con un par de monitores y demás estás viendo y dominando todo ese campo. En ese sentido, como en la fotografía, se ha dado un salto vertiginoso; estoy completamente a favor de estos cambios. No soy como algunos que piensan que todo era mejor antes (eso es una tontería).

El director de cine y escritor aragonés Carlos Saura posa frente al Mercado Central de Valéncia en los instantes previos a su encuentro con el público en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

El director de cine y escritor aragonés Carlos Saura posa frente al Mercado Central de Valéncia en los instantes previos a su encuentro con el público en La Llotgeta. Fotografía: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

 

Carlos Saura se presenta en Valencia con ‘Ausencias’

Ausencias, de Carlos Saura
La Llotgeta (Plaza del Mercado, 4)
Librería Railowsky (Grabador Esteve, 34)
Miércoles 2 de mayo de 2018, a las 19.00 y las 20.30h, respectivamente
Jardines de Viveros. Feria del Libro de Valencia
Jueves 3 de mayo, de 11.30 a 13.00h

El director de cine Carlos Saura presenta en València, en el marco de la Feria del Libro, su novela ‘Ausencias’. Lo hará en tres actos que tendrán lugar en La Llotgeta, a modo de coloquio con el autor, y en la Librería Railowsky, ambos el miércoles 2 de mayo, y en los Jardines de Viveros, donde firmará ejemplares de su libro, el jueves 3.

Carlos Saura (Huesca, 1932) ha dirigido más de 40 películas, entre las que cabe recordar: ‘La caza’; ‘Peppermint frappé’; ‘El jardín de las delicias’; ‘Ana y los lobos’; ‘La prima Angélica’; ‘Cría cuervos’; ‘Elisa, vida mía’; ‘Bodas de sangre’; ‘Carmen’; ‘¡Ay, Carmela!’; ‘Sevillanas;’ ‘Flamenco’; ‘Tango’; ‘Goya en Burdeos’; ‘El séptimo día’; ‘Io, Don Giovanni’ y ‘La jota’.

Saura desarrolla también una constante actividad como novelista, dibujante y fotógrafo. Entre sus novelas publicadas: ‘Pajarico solitario’; ‘Esa luz’; ‘Elisa, vida mía’. De sus libros de fotografías, cabe reseñar: ‘El Rastro’; ‘Flamenco’; ‘Las fotografías pintadas de Carlos Saura’; ‘Saura x Saura’; ‘VanishedSpain / España, años 50′.

‘Ausencias’, la novela que presenta en València, cuenta a su vez con una edición limitada exclusiva de caja-estuche (200 ejemplares numerados) diseñada por Laura Casalis (Franco Maria Ricci Editore). La caja-estuche (25,6 x 34,6 x 3,5 cm.) contiene: Plaquette ilustrada, de 16 páginas con firma autógrafa de Carlos Saura y textos de presentación; carpeta con 28 láminas en color (tamaño 20,5 x 29 cm.) en papel Stucco Sirio de 250 gramos, y ejemplar de la novela ‘Ausencias’ (Madrid, Ediciones Laborinto, 350 páginas).

Carlos Saura nos ofrece en esta novela (mucho más que un thriller) un sobrecogedor juego laberíntico que borra las fronteras entre realidad y ficción. El libro también incluye, como primicia exclusiva, los dibujos en blanco y negro de cámaras fotográficas pertenecientes a la colección del autor y elementos fundamentales en la intriga de una obra en la que también los más grandes fotógrafos (Erich Salomon, Weegee, Diane Arbus, Edward Weston…) tienen un papel estelar.

Carlos Saura. Autorretrato con Ernemann. Por cortesía del autor.

Carlos Saura. Autorretrato con Ernemann. Por cortesía del autor.

Carlos Saura: Retrato de una España fracturada

Carlos Saura fotógrafo: España años 50
Círculo del Arte
C / Princesa, 52. Barcelona
Hasta el 31 de agosto de 2016

El cineasta Carlos Saura (Huesca, 1932) presenta su exposición ‘Carlos Saura fotógrafo. España años 50′, en el espacio Círculo del Arte, situado en pleno corazón de Barcelona, junto al museo Picasso.

La exposición estará acompañada del lanzamiento de su libro fotográfico ‘España años 50′, obra publicada por el Círculo del Arte y La fábrica, teniendo su lanzamiento internacional bajo el título ‘Vanished Spain’, de la prestigiosa editorial Steidl. Como dato de interés que suma valor a la obra, esta edición contiene fotos originales de Carlos Saura, firmadas y numeradas por el cineasta.

El jueves 26 de mayo a las 19.00h fue inaugurada la exposición, con la asistencia de Saura; permitiendo mostrar su faceta como fotógrafo que ha sido eclipsada por su figura como director, siendo uno de los grandes referentes del cine español.

Niños pidiendo limosna, de Carlos Saura.

Niños pidiendo limosna, de Carlos Saura en ‘España años 50′. Imagen cortesía de Círculo del Arte.

Esta publicación permitirá obtener un mayor análisis de sus escenas cinematográficas, especialmente de su cortometraje ‘La tarde de domingo’ (1957) y su primer documental ‘Cuenca’ (1958), realizados durante su paso por el desaparecido Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid, donde se aprecia la clara confluencia de sus fotografias y su visión fílmica.

Monjas viajeras, de Carlos Saura. Imagen cortesía de Círculo del Arte.

Monjas viajeras, de Carlos Saura en ‘España años 50′. Imagen cortesía de Círculo del Arte.

Imágenes de su viaje iniciático por distintos puntos de la España a bordo de su Fiat 600, que vertebran los distintos capítulos de su libro. Madrid, Cantabria, Andalucía, Valencia y un especial interés en Cuenca, son los escenarios elegidos que conforman una importante fuente documental de aquellos años que generan extrañeza e incredulidad ante una mirada crítica actual.

El pan a secas, de Carlos Saura en 'España años 50'. Imagen cortesía de Círculo del Arte.

El pan a secas, de Carlos Saura en ‘España años 50′. Imagen cortesía de Círculo del Arte.

La exposición será de carácter itinerante, pudiéndose disfrutar en el Círculo del Arte hasta el 31 de agosto. Fotografías que, desde un punto de vista intimista y costumbrista, nos permiten reconstruir nuestra memoria histórica. Citando a Saura, “son el testimonio, mi testimonio, de una época de España que ahora parece perdida en los siglos”, lo que ha permitido acercarnos a una España sumida en la postguerra, de miseria y silencio, dejando huella en el imaginario colectivo. 

Alegorías del consumo en la obra de Carlos Saura

Crónicas del No-Tiempo, de Carlos Saura
Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’
C / Cervantes, 16. Villanueva de los Infantes (Ciudad Real)
Hasta el mes de julio de 2016

En un lugar de la Mancha… Villanueva de los Infantes, se encuentra el Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’, que conmemora su quinto aniversario con la exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’ del pintor Carlos Saura, nativo de la localidad, pero criado y residente en Valencia.

La exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’ hace un recorrido por la obra realizada en la última década del pintor. Un recorrido sin orden cronológico que se inicia con el cuadro ‘Arquetipos 2008’. Un acrílico donde se muestra a cinco espectadores con una mirada entre interrogativa y sorprendida al contemplar/se en los bustos expuestos sus propios rostros. Una alegoría de la posición del espectador con respecto a la obra de arte: esto es, el espectador como parte indisoluble de la obra, y la obra como un espacio de disolución para el espectador al abrir cierta interrogación en sus pensamientos, en sus valores prefijados.

Arquetipos, de Carlos Saura, en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Arquetipos, de Carlos Saura, en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

La obra de Carlos Saura y, en concreto, la expuesta en ‘Crónicas del No-Tiempo’, interpela al observador hasta disolverle en la indisoluble interrogación que el contenido y la estética de la representación plantean.

Obras como ‘She loves cakes & dogs’ (2011), ‘La sangre del ídolo’ (2011), ‘El ídolo’ (2010), ‘Star system’ (2010), ‘Reality blinds you’ (2010), ‘Superposición cuántica’ (2010) y ‘Seguridad ficticia’ (2008), representan aspectos y objetos de la realidad financiera, de consumo y mass-mediática de nuestra sociedad neocapitalista posmoderna. Aspectos y objetos convertidos en ídolos que ciegan la verdadera experiencia humana, tal y como reflejan los cuadros y los alegóricos títulos de los mismos.

The Idol, de Carlos Saura, en 'Crónicas del No-tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Fotografía: Begoña Siles.

The Idol, de Carlos Saura, en ‘Crónicas del No-tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Fotografía: Begoña Siles.

La interrogación en la obra de Carlos Saura surge no sólo del contenido de la representación y de sus títulos, sino también de todos esos objetos y de las figuras geométricas que irrumpen en su trabajo. Cierto universo pictórico que entronca, bajo la mirada lúdica del pastiche, con muchos aspectos del capitalismo multinacional asociado a la sociedad de consumo. Unas cualidades temáticas y estilísticas propias del arte posmoderno de las últimas décadas del siglo XX, tal y como señala Frederic Jameson, en su artículo Posmodernismo y sociedad de consumo.

La mirada crítica de Carlos Saura orienta al espectador a interrogarse en la misma dirección que sugiere el inicio del ensayo ‘El malestar en la cultura’ de Freud: “No podemos eludir la impresión de que el hombre suele aplicar cánones falsos en sus apreciaciones, pues mientras anhela para sí y admira en los demás el poderío, el éxito y la riqueza, menosprecia, en cambio, los valores genuinos que la vida ofrece”. ¿Cuáles serían esos valores genuinos que ofrece la vida y que son menospreciados?

The Drama (Key Largo), de Carlos Saura en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

The Drama (Key Largo), de Carlos Saura en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Una pregunta a la cual Carlos Saura intenta dar respuesta. Por una parte, en  los retratos de matemáticos, de físicos y de músicos que componen las series tituladas ‘Science as Art’ y ‘Chronicles of the Nontime I, II y III’, ambas de 2015; y, por otra, en los cuadros dedicados a la naturaleza: a la diosa madre naturaleza -’La Novia del Sol’ (2014), ‘Das Rheingold: Freida III’ (2007) y ‘Erda’ (2011)-  y al mar Mediterráneo -’Autofocus’ (2014), ‘Verdeazul I y II’, (2014), ‘Mediterráneo’ (2013)-.

La ciencia como arte y lo femenino como naturaleza parecen ser los espacios que pueden trascender a la idolatría de los valores económicos y de consumo propuestos por la sociedad neocapitalista. Probablemente por ello, en esa serie de cuadros la mirada pastiche del trazo posmoderno del autor se disimula tras la admiración y fascinación por lo representado: el genio del músico y del científico y la diosa femenina de la naturaleza.

Erda, de Carlos Saura. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Erda, de Carlos Saura. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Ahora bien, la mirada posmoderna de la obra de Carlos Saura retorna al espectador en los cuadros de referencia cinematográfica: ‘The drama (Key largo)’ (2014) -fotograma de la película ‘Cayo Largo’ de John Huston (1948)- ‘Tomato sauce’ (2013) -pintura del rostro de Christopher Lee como Drácula-  y ‘El ataque’ (2013) -’Con la muerte en los talones’ de Alfred Hitchcock (1959)-. En estos cuadros, las escenas cinematográficas se ven invadidas por objetos que deconstruyen hasta la ironía el drama, la angustia y el terror inherentes en la obra fílmica tomada como referencia.

Carlos Saura en su exposición 'Crónicas del No-Tiempo'. Fotografía: Begoña Siles.

Carlos Saura en su exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’. Fotografía: Begoña Siles.

En el universo pictórico de Carlos Saura la alegoría crítica surge de esos objetos que irrumpen en sus cuadros: navajas, tomates, pasteles, tostadoras,  pistolas de juguetes, playmobil, calaveras, planetas, etc… Objetos que se fusionan con el mundo representado en la obra y con el título de la misma para crear la metáfora que moviliza al observador hacia la interrogación.

Reality blinds you, de Carlos Saura en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Reality blinds you, de Carlos Saura en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Begoña Siles

Las alharacas antifranquistas del IVAM

Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo 1964-1976
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 3 de enero de 2016

La represión del régimen franquista sigue siendo objeto de innumerables actos de reprobación, 40 años después de que falleciera el dictador. Actos de reprobación transformados en ejercicios de nostalgia o memoria a favor de quienes combatieron esa represión. Ocurre, sin embargo, que ni durante el largo régimen había tantos antifranquistas como después fueron saliendo a montones tras su muerte, ni ahora se delimitan los periodos de esa ausencia de libertad, metiendo en el mismo saco la dureza de los años 40 y 50, con la más liviana de los 60 y 70.

Intruso, obra de Equipo Crónica. Imagen cortesía del IVAM.

Intruso, obra de Equipo Crónica. Imagen cortesía del IVAM.

Baste como prueba lo que dice el historiador John Hopewell, en relación con la literatura y el cine de esos años terminales del franquismo. Cita los casos de Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, Arde el mar, de Pere Gimferrer, El tragaluz, de Antonio Buero Vallejo, El espíritu de la colmena, de Víctor Erice, o La prima Angélica y Elisa, vida mía, de Carlos Saura. Para a continuación decir: “Obras todas ellas que dejaban en evidencia cómo la censura [franquista] se fue resquebrajando, a partir de los años sesenta, dentro de la industria cultural española en general y en la cinematografía en particular”. Censura que disminuyó “no por razones políticas, sino más bien por una necesidad de competencia económica”.

Reina por un día, de Equipo Realidad. Imagen cortesía del IVAM.

Reina por un día, de Equipo Realidad. Imagen cortesía del IVAM.

La exposición ‘Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo (1964-1976)’, que hasta el 3 de enero permanecerá en el IVAM, se suma a ese tren políticamente correcto de la reprobación del régimen franquista, a la que nadie puede sustraerse dado que viene avalada por el escándalo de la falta de libertad.

Da lo mismo que esa represión fuera virulenta o el canto de sirena que fue en los años referidos en el título de la exposición. El caso es mostrar, bajo ese paraguas abierto no ya para los aguaceros sino para una lluvia cada vez más fina, a quienes crearon obras de una indudable cualidad artística, al margen de los gestos heroicos que algunos les cuelgan para mayor gloria y justificación de su propuesta expositiva o actividades complementarias.

Obra de Rafael Martí Quinto. Imagen cortesía del IVAM.

Obra de Rafael Martí Quinto. Imagen cortesía del IVAM.

Quienes combatieron con sus trabajos artísticos esa represión ya de capa caída, como son los casos de Manuel Boix, Artur Heras, Rafael Armengol, Joan Antoni Toledo, Rafael Calduch, Jorge Ballester, Joan Cardells, Rafael Martí Quinto, Manolo Valdés o Anzo, entre otros, vivirán (no todos, algunos ya han desaparecido) con gratitud esa rememoración, a buen seguro que al margen de tanta medalla honorífica. De manera que para contemplar los más de 200 dibujos, grabados, pinturas, esculturas, revistas, libros y cómics de la exposición, bueno será centrarse en las obras artísticas, obviando el acompañamiento musical de tanta hazaña bélica.

Instalación en la exposición 'Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo 1964-1975', en el IVAM.

Instalación en la exposición ‘Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo 1964-1975′, en el IVAM.

Comisariada por Román de la Calle y Ramón Escrivà, ‘Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo (1964-1975)’ reúne la cultura visual de un tiempo, como explican los comisarios, “en el que la ciudad de Valencia tuvo el mérito de convertirse en la capital de la nueva vanguardia figurativa y de la abstracción normativa”. Y ello por una razón que De la Calle sintetizó así: “Colaboración extraña en esos años”. Colaboración entre artistas de diferentes estilos y críticos de arte empeñados en sumar fuerzas en aras de ese frente común por la cultura. Lo que dio lugar a algo que el catedrático Román de la Calle denominó “políticas culturales transformadoras”. José Miguel Cortés, director del IVAM, dijo en este mismo sentido que “ojalá” volvieran aquellos “años de efervescencia creativa”.

Efervescencia reflejada en los trabajos de Equipo Crónica, Equipo Realidad, Estampa Popular, los grupos Antes del Arte, Ara, Bulto o Escapulari-0, al que se agregan publicaciones de librerías destacadas esos años: Viridiana, Tres i Quatre, Concret, Lauria, Pasaje o Studio. La exposición se nutre de fondos procedentes de la Fundación Martínez Guerricabeitia de la Universitat de Valéncia, de museos como el de Bellas Artes de Valencia o el de Arte Contemporáneo de Alicante, y de las fundaciones Bancaixa y Anzo. La Filmoteca Española contribuye con imágenes del No-Do alusivas al régimen franquista. Régimen que contextualiza, de forma harto simplista, una exposición que brillaría por sí sola enmarcada en ese otro régimen extrañamente colaborativo de tan dispares artistas.

El dictador, obra de Rafael Calduch, en la exposición 'Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo 1964-1976'. Imagen cortesía del IVAM.

El dictador, obra de Rafael Calduch, en la exposición ‘Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo 1964-1976′. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres