Un viaje al corazón del cine

‘Notas a Apocalypse Now. Crónica de un rodaje maldito’, de Eleanor Coppola
Barlin Libros, 2020
Sábado 13 de junio de 2020

El 3 de julio llega la versión definitiva de una obra cumbre de Francis Ford Coppola, ‘Apocalypse Now Final Cut’, más larga que la original, pero más corta que ‘Redux’. Parece una señal o una ironía del destino que, en estos tiempos de pospeste o pospandemia, regrese una de las películas que mejor describe el horror desencadenado por otro de los cuatro terribles jinetes.

No es la única buena noticia para los fans de Coppola y el séptimo arte. El sello independiente valenciano Barlin Libros ha editado por primera vez en España un libro imprescindible: ‘Notas a Apocalypse Now. Crónica de un rodaje maldito’, de Eleanor Coppola. Un viaje al corazón del cine.

El 20 de marzo de 1976 se inició en Filipinas una de las producciones cinematográficas más largas, costosas y accidentadas de la historia. Los cuatro meses previstos se convirtieron en 16, concluyó al 21 de mayo del año siguiente, y el filme no se estrenó hasta mayo de 1979, en el Festival de Cannes. El presupuesto superó los 30 millones de dólares. 

Martin Sheen y Francis Ford Coppola en un receso de la película. Imagen cortesía de Barlin Libros.

Desde el primer momento, Eleanor estuvo al pie del cañón para grabar un documental, ‘Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse’, que ganó un Emmy en 1992. Las notas que tomaba a modo de diario, publicadas por primera vez en 1979, constituyen un relato fascinante que desvela el tormentoso proceso creativo de un director fuera de serie. 

Más que un trabajo periodístico, la obra de Coppola es una narración muy personal que seduce por su fluida prosa e hipnótico ritmo. Al principio, la autora adopta una mirada neutra y objetiva sobre los acontecimientos. Pero a medida que se adentra en una selva de calor húmedo, explosiones y contratiempos, asume un mayor protagonismo.

Eleanor va mostrando las distintas facetas de su personalidad y los conflictos que sufre por la tensión entre su papel de esposa y madre, y su vocación artística. Como madre de familia la vemos consagrada al cuidado de sus hijos –Gio, Roman y Sofía–, que al inicio del rodaje contaban con doce, diez y cuatro años, respectivamente. Como profesional de la cámara reflexiona sobre la magia del cine: «Quizá filmar películas sea un paso adelante hacia la posibilidad de avanzar y retroceder, de entrar y salir en el tiempo», y se debate entre las dudas que le asaltan: «La única forma que tengo de captar la grandiosidad de la realización de ‘Apocalypse Now’ es mostrando los detalles y esperar que den sentido a la imagen global».

 

Marlon Brando caracterizado como el coronel Kurtz en ‘Apocalypse Now’. Imagen cortesía de Barlin Libros.

La autora representa también la imagen de la mujer occidental acomodada imersa en un mundo desconocido: «Mi realidad cotidiana parece una película exótica», afirma. Y lo hace con una gran sensibilidad que le permite captar su belleza y plasmarla en palabras. En su diario ofrece magníficas descripciones de pueblos pintorescos, de las vibrantes escenas de rodaje entre explosiones y deslumbrantes luces. O estampas de un potente primitivismo, como la fiesta de  los indios ifugaos contratados como extras, que culmina con la matanza ritual de varios cerdos y un carabao, que inspiró una impactante escena de la película.

Eleanor no habla mucho de los actores, pero sus comentarios plasman la atmósfera caótica que reinaba en los sets. El alcoholismo de Martin Sheen, que sufrió un infarto en marzo de 1977, la dependencia de Denis Hooper de la cocaína –25 gramos diarios para funcionar–, o el sobrepeso de Brandon, que aterrizó en Filipinas con 136 kilos. 

Del tifón al tigre

La privilegiada perspectiva de Eleanor, testigo del rodaje y esposa del director, le permite acometer una doble tarea: el registro de los hechos y, a la vez el retrato íntimo de una pareja de artistas, su historia de amor y de desencuentros, y también su lucha para sobreponerse a múltiples adversidades. Son conocidas las calamidades que sufrió el costosísimo equipo de rodaje, con escenas multitudinarias que movilizaban hasta un millar de extras y cientos de operarios, efectos especiales carísimos y escenografías espectaculares. Se rodaron nada menos que 457,3 kilómetros de metraje.

El tifón Olga destruyó uno de los sets, hubo problemas con los helicópteros del ejército filipino, que tenía que combatir a la vez una guerrilla, un incendio consumió un gran almacén, y un tigre estuvo a punto de provocar una tragedia. Antes de empezar a rodar, Coppola negoció durante cuatro meses con grandes estrellas a las que deseaba contratar para los papeles de capitan Willard y coronel Kurtz. Steve MacQueen, James Caan, Robert Redford, Jack Nicholson y Al Pacino declinaron la oferta por tener otros proyectos o por temer la dureza de un rodaje en un clima extremo.

Cubierta de ‘Notas a Apocalypse Now’, de Eleanor Coppola. Imagen cortesía de Barlin Libros.

Las primeras escenas se rodaron en Baler, el lugar donde un puñado de españoles, los últimos de Filipinas, resistieron los ataques de lo tagalos, en 1899. Después el equipo se trasladó a Ibar y, al final, a Pagsanjan, donde se construyó el reducto del coronel Kurtz.

Eleanor siguió a su marido en un «viaje personal hacia el yo», siendo su paño de lágrimas, pero también su antagonista. Discutían a menudo y estuvieron a punto de divorciarse. Ella confiesa el conflicto entre su papel de esposa, madre y anfitriona, y sus inclinaciones artísticas siempre subordinadas a los proyectos de su marido. Y aunque lo adora y admira, es muy consciente de sus debilidades. De sus cambios de humor que lo llevan de la depresión a «una especie de histerismo». De sus miedos a arruinarse, a defraudar a sus seguidores, a no tener el tipo de talento que desea tener, a ser incapaz de terminar una historia en la que se había involucrado demasiado.

Eleanor Coppola fue durante parte de su vida un caso paradigmático de apéndice del genio, a la sombra del gran hombre. Pero en este libro refleja el proceso de empoderamiento de una mujer capaz de brillar con luz propia. Lo demostró con varios libros, uno de ellos dedicado a la muerte de su hijo mayor y una película que rodó con más de 80 años, ‘París puede esperar’.

«Me gusta dejar el pasado en el pasado», escribe en sus notas. «Francis, en cambio, se alimenta muchísimo del pasado. Somos tan opuestos. Pasé muchos años resistiéndome a ver las diferencias, enfadándome, demostrando que yo tenía razón y él se equivocaba. Pero ahora disfruto con asombro de la atracción que sienten los polos opuestos. Y más lo quiero».

Francis Ford Coppola dirigiendo una de las últimas escenas de la película. Imagen cortesía de Barlin Libros.

Bel Carrasco

Remando en el mismo barco

Testimonios de parejas dedicadas a la cultura (I)
Fiona Songel (La Primera) y Alberto Haller (Barlin Libros)
María Bastarós y David Pascual (Mr. Perfumme)
12 de mayo de 2020

La magnitud del derrumbe económico provocado por la pandemia es todavía imposible de calcular. Lo que sí se puede augurar es que la cultura, pese a la inyección de 75 millones del Gobierno, va a ser uno de los sectores más afectados. Si ambos progenitores de un núcleo familiar se dedican a ella, la posibilidad de supervivencia se complica gravemente.

MAKMA invita a varias parejas que se encuentran en estas circunstancias a explicar su situación, sus inquietudes y expectativas de cara al futuro. Los primeros que participan en esta serie pertenecen al mundo de las letras. Son la librera de La Primera, Fiona Songel, y Alberto Haller, editor del sello Barlin Libros. También María Bastarós y David Pascual (Mr. Perfumme), escritores y todoterrenos del mundo cultural.

Songel inauguró el pasado otoño, en la calle Guillén de Castro de València, la librería La Primera y Haller, que también tuvo una época de librero, dirige la editorial Barlin Libros, con tres años de vida y 16 títulos, la mayoría ensayos. Entre ellos las sinergias profesionales son constantes. La Primera acoge actos de Barlin Libros y Songel sugiere novedades al editor,  como un libro relacionado con la etapa Greenwich Village de Bob Dylan que saldrá en noviembre.

Fiona Songel y Alberto Haller. Imagen cortesía del autor.

Lo que más preocupa a ambos es «la constante incertidumbre que impide elaborar planes a medio plazo, pues no podemos planear nada en vistas a un futuro si no contamos con un calendario más o menos fiable. El miedo es inevitable, ya que formamos parte de los dos sectores más golpeados tradicionalmente por las instituciones: cultura y autónomos». Sobreponiéndose a la angustia, «lo único que esperamos es poder seguir dedicándonos a hacer y vender libros, a generar y proveer cultura en formato papel».

En cuanto a las medidas que debería tomar el Gobierno para mitigar los daños, proponen «una compra masiva de libros destinados a bibliotecas, acción que beneficiaría al sector y también repercutiría en el resto de la sociedad». 

La sugerencia de Songel y Haller se ha convertido en realidad, pues la Conselleria de Cultura destinará casi un millón de euros a la compra de libros y obras de arte.

La cultura como oenegé

María Bastarós y David Pascual se conocieron, en 2016, en el festival Tenderete. Bastarós ha comisariado numerosas exposiciones de creación contemporánea y compagina esa ocupación con la escritura, además de dar cursos de escritura creativa para Fuentetaja. Con su novela de ficción ‘Historia de España contada a las niñas’ ganó el Puchi Award de 2018 y otros premios. Trabaja en su segunda novela, que saldrá el año que viene. 

Con el nombre Mr. Perfumme, recuerdo de su etapa musical, Pascual ha publicado cinco libros (los últimos, ‘Saber Matar’ y ‘Transirak’), y ha participado en varias obras colectivas. Es coguionista de la película ‘Pobre diablo’, y ha trabajado también como guionista en el documental ‘Mystery of the pink flamingos’. Colabora con el colectivo teatral Colectivo Miss Panamá, y recita a menudo en directo «una cosa un poco loca que se podría decir que son poemas. Más o menos».

María Bastarós y David Pascual. Imagen cortesía del autor.

Juntos han publicado fanzines como ‘Napalm Spring’ y organizado eventos literarios como ‘Aullido, ant-ijam poética’. «Nos leemos el uno al otro y compartimos lecturas e influencias. Vivimos muy pendientes de la literatura, que en nuestra casa es el tema estrella. Compite solo con la comida y con el gato».

De esta situación les preocupa todo en conjunto. «Empezando por el papel de la derecha y la voluntad de la gente de salir a aplaudir a la sanidad pública y luego votar a partidos que no creen en los servicios públicos». A la precariedad del sector cultural se suma ahora «la delicada situación de las librerías y el retraso de los lanzamientos ya planteados por las editoriales». Por otra parte, sostienen que durante el confinamiento se ha generado una visión de la cultura «como una especie de oenegé del entretenimiento, que mantiene el ánimo de la ciudadanía de manera altruista, que invita a la abstracción y es felizmente gratuito, ofrecido por sus propios creadores». 

Sin embargo, opinan, «la cultura de verdad, la que debe protegerse, es incómoda, invita al pensamiento crítico, y para producirla sus creadores deben percibir un sueldo digno que les permita dedicarle el tiempo y la energía que merece».

Sus inquietudes ante el incierto futuro son las mismas de antes, pero más acusadas. «Una sociedad precarizada es una sociedad que no consume cultura, y eso conforma un círculo vicioso que hace que lo único que se produzca sea ‘cultura del entretenimiento'». 

Pese a las crecientes dificultades, esperan salir de esta, aunque laboralmente algo tocados. «Hay una visión romantizada de la creación cultural que es muy nociva y que se ha agudizado durante la crisis del coronavirus. Los trabajadores de la cultura no podemos ser considerados como trabajadores ‘por amor al arte’. Nuestro tiempo y energía no son una ofrenda gratuita a la sociedad ni debe serlo. Queremos vivir como el resto de trabajadores, queremos estabilidad económica y justicia fiscal, queremos cobrar por nuestro tiempo y que los frutos de nuestro trabajo sean debidamente considerados y pagados».

En cuanto a las medidas que el Gobierno debería tomar, proponen que el pago de autónomos se haga en función de lo facturado. «Lo contrario es una injusticia muy grave que nos precariza y convierte la cultura en un territorio hostil para el trabajador, especialmente para quien empieza», concluyen Bastaró y Pascual.

María Bastarós y David Pascual (Mr. Perfumme). Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Memoria documental de los expedientes de la Stasi

‘El expediente. Una historia personal’, de Timothy Garton Ash
Barlin Libros, 2019

Conjeturen sobre las conmociones internas y las penurias consuetudinarias de un inoffizielle estado de sitio, prolongado durante cuatro gélidas décadas en el ventrículo diestro de Europa Central y bajo el acuerdo de cooperación militar del Pacto de Varsovia.

Procuren imaginar a dieciseis millones de habitantes transitando dentro de su convulsa e histórica línea fronteriza, bajo la consabida e injerente custodia de más de 90.000 empleados oficiales y la espeluznante cifra de 180.000 informadores, cuya tarea escrutadora se cierne sobre los sótanos de la moral de los individuos, en pro de un incólume dirigismo ético y político de carácter totalitario.

Elucubren acerca del rictus cotidiano y ceniciento pulverizado como una combustión estequiométrica (neutra, exacta y únicamente factible en laboratorio) que penetra, tóxica, en los alveolos de la razón, ya sojuzgada, y se extiende hasta el infranqueable hormigón armado del Berliner Mauer, que atraviesa, glacial y kilométrico, el crispado devenir de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, hasta un exotérmico y culminante noviembre de 1989: nos encontramos, indubitablemente, en la República Democrática Alemana.

‘Policía del oeste echando un vistazo al lado este del muro’, Berlín, Alemania, 1961. Fotografía: Jürgen Schadeberg.

De este modo, la editorial valenciana Barlin Libros –sello de sobresalientes propósitos, cuyo leitmotiv, postulado por su director Alberto Haller, determina que “para captar todos los matices de nuestra realidad presente, cabe zambullirse en ella no solo desde el ahora, sino indagar bajo las capas y los entresijos de un pasado que nos sugiere, advierte y afecta”– nos conduce a aquellos predios de la mano del historiador y periodista británico Timothy Garton Ash (Londres, 1955), reeditando su conspicuo título ‘El expediente. Una historia personal’, cumplidos veinte años de su primera incursión en el mapa editorial en lengua castellana, bajo el sello de Tusquets, y erigido en una descatalogada rareza de lance hasta la presente primavera. Oportuno anticipo, sin duda, de las conmemoraciones por el treinta aniversario del die Wende (‘El cambio’) o caída del Muro de Berlín.

‘El expediente. Una historia personal’ implica, tal y como indica el subtítulo, adentrarnos en el ubicuo y metódico devenir biográfico de Garton Ash durante la última década de la RDA, los albores de la Deutsche Wiedervereinigung (Reunificación Alemana) y la apertura de los expedientes y archivos secretos del Ministerio para la Seguridad del Estado –órgano de inteligencia de Alemania Oriental, popular y truculentamente conocido como Stasi–; episodios mayúsculos experimentados en primera persona por el acreditado historiador, que suponen un valiosísimo manuscrito de las singularidades políticas (y sus ineludibles consecuencias sociales) de una de las épocas más notablemente documentadas desde sus entrañas oficiales, a las que el escritor londinense procura contrarrestar con el laico testimonio de su investigación.

A lo largo de los quince capítulos que formulan ‘El expediente’, Timothy Garton Ash evoluciona desde su llegada a Berlín Oeste, a finales de los años 70, y su incipiente incursión en el Berlín Oriental en calidad de estudiante universitario, con el propósito, a la postre efímero, de documentar los vestigios de la resistencia al nazismo –“Entre los fantasmas de la Alemania secreta yo buscaba la respuesta a una pregunta personal. ¿Qué es lo que hace que una persona sea un luchador de la resistencia y otra fiel servidor de una dictadura? (…) Hoy en día, después de muchos años de estudio, y después de conocer personalmente a muchos resistentes y a muchos servidores de dictaduras, sigo buscando la respuesta”–.

Cubierta de ‘El expediente. Una historia personal’, de Timothy Garton Ash. Fotografía cortesía de Barlin Libros.

Un desarrollo alumbrado al atesorar en sus manos el expediente ‘OPK.Akte, MfS, XV2889/81’, sumario que le certifica haber sido investigado por la Stasi durante sus consecutivas visitas y residencia intermitente en la República Democrática Alemana, en tanto que “a mí me habían incluido en la categoría 5: ‘Personas que ejecutan misiones de carácter subversivo contra los estados de la comunidad socialista para servicios de inteligencia hostiles, centros de desviacionismo político-ideológico, sionistas, emigrados hostiles, clericales y demás organizaciones’” –razón primera y elemento motriz que posibilita su ulterior revisitación de los hechos y el reencuentro con alguno de los personajes que pueblan, bajo pseudómino, la meticulosa nómina de los Inoffizieller Mitarbeiter (IM) (colaboradores no oficiales de la Stasi)–.

Las tres décadas que nos preceden han portado consigo numerosas y diversas incursiones literarias, ensayísticas o cinematográficas por el mapa capital de la ciudad berlinesa a ambos lados del muro. Debo citar algunas publicaciones en las que un servidor ha tenido ocasión de adentrarse, como ‘Zona de tránsito’, de Julia Franck, ‘La torre’, de Uwe Tellkamp, o ‘El muro de Berlín’, de Frederick Taylor; o filmes y documentales, compartidos de un modo unánime por aquellos inquietos en la materia, como ‘Contra el muro’ y ‘La familia’, de Stefan Weinert, ‘El cielo sobre Berlín’, de Wim Wenders, ‘Al otro lado del muro’, de Christian Schwochow, ‘Bárbara’, de Christian Petzold, y, por supuesto, ‘Good Bye, Lenin!’, de Wolfgang Becker, y ‘La vida de los otros’, de Florian Henckel von Donnersmarck, amén de otros títulos reseñables y las adaptaciones de las novelas de John le Carré, más ajustadas a otros géneros cinematográficos y objeto de una aproximación diversa a la presente.

Sin embargo, son varios los elementos en lid que convierten a ‘El expediente. Una historia personal’ en un documento excepcional. En primer lugar, el carácter metódico de Garton Ash, cuya idiosincrasia académica le hubieron conducido a redactar un pulcro diario personal de su periplo postuniversitario en la RDA, lo que permite al escritor comparar la aséptica pormenorización de detalles mecanografiados en los informes de vigilancia –“Y yo permanezco ahí sentado, frente a la mesa de formica, maravillado ante esta reconstrucción minucionsamente detallada de un día de mi vida, y ante el estilo, que me recuerda una redacción escolar: nunca una frase sin verbo (…)”– y el sucesivo testimonio de los diversos individuos con los que hubo interactuado –revelados, finalmente, en cooperantes de la Stasi–, con el contenido conversacional registrado en su cuaderno de bitácora.

Agentes de la Stasi (Archivo: Simon Menner).

En segundo y excelso término, la determinación del historiador británico por edificar una reconstrucción de los hechos –“averiguar, registrar y reflexionar”–, procurando tomar contacto, más de una década después, con aquellos colaboradores que figuran en su archivo, situando a estos IM ante el turbio espejo de su reciente pasado, aún en pleno cénit de la apertura de expedientes a través de la Junta Gauck –oficialmente Comisionado Federal para la Documentación del Servicio de Seguridad del Estado de la antigua República Democrática Alemana o Comisionado Federal para los Archivos de la Stasi– y sus impopulares y devastadoras consecuencias para quienes figuran en ellos.

Garton Ahs interpela, matiza y equilibra los hechos con la prosodia emocional y la memoria de sus interlocutores; se reafirma en sus primeras impresiones o dubita y empatiza, en algunos casos. Así, “lo que descubres aquí, en los expedientes, es cuán profundamente se ve influida nuestra conducta por las circunstancias (…) Lo que encuentras no es tanto malicia como debilidad humana: una vasta antología de las debilidades humanas. Y cuando hablas con los implicados, lo que descubres no es tanto una deliberada falta de honestidad como la capacidad infinita que tenemos para engañarnos a nosotros mismos.”.

Y, sin embargo, “el pasado nunca es totalmente pasado. Años después, algún suceso medio olvidado, algo que hiciste cuando eras joven, irrumpe de nuevo en tu vida. Quizás en algún lugar esté tu propio hijo, criándose con otro que no es su padre. O un expediente que también va creciendo, y tú sin saberlo…”.

Filas de expedientes de la Stasi en el Comisionado Federal para la Documentación del Servicio de Seguridad del Estado de la antigua República Democrática Alemana.

Jose Ramón Alarcón

Mazower o los grilletes del poder, en Barlin Libros

‘Gobernar el mundo’, de Mark Mazower
Editorial Barlin Libros
Desde el 8 de mayo de 2018

La editorial valenciana Barlin Libros publica ‘Gobernar el mundo’, libro inédito en castellano del historiador británico Mark Mazower, profesor y catedrático por la Universidad de Columbia (NY).

Justo un año después de su lanzamiento a la aventura editorial con la recuperación del clásico ‘La Europa negra’ —también de Mazower—, sobre la historia europea del siglo XX, los valencianos, especializados en traducción de ensayos de autores internacionales, parecen decididos a seguir la senda de acercarnos la obra de uno de los pensadores más importantes del mundo en la actualidad, al publicar otro de sus libros totémicos.

‘Gobernar el mundo’ es una obra de culto, ampliamente valorada en el ámbito anglosajón, que hasta ahora no estaba disponible para el público lector en castellano. Una obra que navega las aguas de diversas disciplinas —como la historia, la ciencia política o las relaciones internacionales—, que nos presenta una visión realista y certera de todos los procesos históricos que han contribuido a dar forma a las instituciones internacionales que nos gobiernan.

Barlin Libros. Makma

Sus páginas dan cuenta del eterno enfrentamiento entre idealismo y realismo, explicando cómo de esta inestable alquimia entre ideas y poder han surgido algunos de los organismos más influyentes e importantes del mundo, tales como la ONU, el Fondo Monetario Internacional o la Organización Mundial del Comercio.

“¿Qué llevó en su momento —se pregunta Mazower—, a las grandes potencias a querer someterse a poderes por encima de sí mismas, que a priori no hacían más que limitar el suyo propio?”. La clave de esta importante obra está en cómo el británico va desgajando el modo en que, de manera nada aparente, las grandes potencias han sabido hacer uso de las instituciones internacionales y su prestigio para imponer condiciones y realidades que de otra manera les habría sido imposible.

El volumen, que aterriza en librerías el 8 de mayo, lo publican los valencianos Barlin Libros: un sello que en apenas un año y con tan solo siete libros en el mercado, ya ha sabido hacerse un hueco en el convulso panorama editorial patrio.

Barlin Libros. Makma

 

De Berlín a Barlín

Barlin Libros
Alberto Haller

Hay que tener un gran amor a los libros para atreverse a crear una editorial en estos tiempos, y en una ciudad periférica como Valencia. Una pasión como la que ha marcado la vida de Alberto Haller, primero como librero en Berlín, y ahora al frente del nuevo sello Barlín especializado en ensayo con vocación universalista y multidisciplinar. De Berlín a Barlín en un salto fonético. “Siempre me ha gustado leer y los libros en sí mismos, soy una especie de fetichista del papel”, dice Haller, que cambió su apellido por el del protagonista de El lobo estepario de Herman Hesse. “Nunca entenderé a los que dicen que los libros son caros; un objeto que, una vez lo tienes, te sirve a ti, a tus hijos, tus nietos, biznietos”.

Barlin Libros busca un hueco “en el mapa de la edición joven, cosmopolita y moderna en castellano”, con dos colecciones, Paisaje y Recóndita, bajo el lema Academia pop, “un término que me acuñé como una especie de faro o guía. Hace referencia a que pretendo evitar que mis libros, aunque sean rigurosos, no resulten áridos para un público no académico. Mi intención es que tiendan a la transversalidad por el tipo de lenguaje que utilicen, la edición y el diseño. Quiero publicar libros atractivos para un sector amplio de lectores, que mantengan el rigor de los buenos estudios. El principal reto al que me enfrento ahora es tener visibilidad. Ganar visibilidad es existir: si no lo logras, no existes”.

Portada de Magia cruda, de Silvia Plath. Imagen cortesía de Barlin Libros.

Portada de Magia cruda, de Silvia Plath. Imagen cortesía de Barlin Libros.

El primer título apareció el pasado 14 de marzo, Magia cruda, una biografía de Sylvia Plath, de Paul Alexander, traducida por el propio Haller y Sonia Bolinches. También en abril La Europa negra, un  estudio sobre la Europa del siglo XX, de Mark Mazower, catedrático de la Universidad de Columbia (Nueva York).  Un libro muy esperado que analiza el contexto político de una Europa que parece reproducir ciertas tendencias ya vividas en los años 30 del pasado siglo.

“La librería Berlín fue mi escuela, una toma de contacto durante tres años, entre 2012 y 2015, con el mundo real, más allá del idealismo que nos persigue a todos los que amamos los libros y las ideas”, dice Haller. “La editorial surgió por una especie de inercia natural. En Holanda conocí la obra La Europa negra y no podía creer que un clásico imprescindible no pudiera encontrarse en España. Tampoco podía creer que sólo hubiera una biografía de Sylvia Plath. Esas dos ideas vinieron de manera natural. Dos ideas muy potentes, pero insuficientes, así que comencé a buscar más textos que me interesaran y se ajustasen a mi línea”.

Portada de Europa negra. Imagen cortesía de Barlin Libros.

Portada de La Europa negra. Imagen cortesía de Barlin Libros.

Para el próximo otoño están programados tres títulos de contenido muy variado. Un libro ilustrado sobre la Transición, de Ana Penyas, ilustradora valenciana galardonada con el premio Salamandra Graphics, En éxtasis, de Joan Oleaque, un estudio sociológico sobre la Ruta del bakalao, y  La época victoriana a través de la literatura, de G.K. Chesterton.

Historiador y politólogo, Haller tiene también una faceta como traductor. Junto a Bolinches tradujo Magia cruda y en solitario un par de textos. “Soy bilingüe, por lo que no me costó demasiado. El secreto para este tipo de trabajo es marcarse unas pautas  y ser constante. Hacer mucha indagación y búsqueda, contextualizar lo que no entiendas. El contexto es la clave.  Y en cuanto al criterio para elegir a los traductores, está claro: criterios profesionales. Cuando busque traductores, les pediré una prueba de traducción. Lo normal en estos casos”.

Los dos primeros títulos de la editorial los conocía de antemano. La biografía de Sylvia Plath por una amiga, y el de Mazower por mi etapa en Holanda. “Entre los libros que sacaré más adelante, hay de todo. Algunos los he conocido a través de agencia, otros indagando en bibliotecas, también voy a hacer libro ilustrado porque conozco a la ilustradora, Anna Penyas. Hay que estar atento a todo lo que se mueve en el mundo de la cultura. Leer la prensa, blogs, revistas, etcétera. Las buenas ideas están en todas partes”, concluye Haller.

Alberto Haller. Imagen cortesía del autor.

Alberto Haller. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco