«¡Mamá, yo a Montanejos ya no voy!»

’50 aniversari. València, seda i foc’, de Francis Montesinos
MuVIM
Quevedo 10, València
Desde el 30 de julio a diciembre de 2020
Viernes 31 de julio de 2020

“El país era marrón o negro, mientras que Ibiza era un mundo de color”. Mundo colorista que a Francis Montesinos le impactó: “Ibiza me marcó mucho por ese otro mundo mágico de libertad que me encontré”. A partir de ahí ya nada sería igual. “¡Mamá, yo a Montanejos ya no voy!”, dice que le espetó a su madre, dando por finalizadas sus estancias en el pueblo castellonense y abiertas las puertas de ese otro universo libertario recién descubierto. La pasión por el diseño y la moda, que su madre precisamente le inculcó simplemente dejándole hacer en su tienda Batallón, donde el entonces chaval se entretenía con bolitas, corchos, papeles y la más diversa pasamanería, ya no dejaría de correr al galope por sus venas.

Detalle de la fotografía de Francis Montesinos, obra de Colita, recogida en la exposición del MuVIM.

Y así, al galope, es como el MuVIM acoge alrededor de 300 piezas de sus 50 años de intensa creatividad al servicio de la moda: “Ha sido el motor de mi vida profesional y personal”, aseguró Montesinos con respecto a esa moda que, repleta de vivos colores y estampados, llena la Sala Alfons Roig del MuVIM. José Vicente Plaza, comisario de la exposición ’50 aniversari. València, seda i foc’, habló de “eclecticismo” en la obra del diseñador valenciano, que vendría a debatirse “entre el punk y la Virgen de los Desamparados”.

Esa mezcla de vanguardia y tradición, que desde sus inicios provocó sorpresa en el mundo de la moda, es lo que ha hecho de Francis Montesinos “un icono, uno de los valencianos que ha creado marca”, apuntó Carmen Ninet, subdirectora del MuVIM, quien se refirió a la tiranía de la moda contra la que el diseñador luchó mediante su “alegría de vestir”. Alegría que chisporrotea en la muestra con grandes hileras de sus más afamados vestidos, que aparece en el MuVIM como antídoto contra el tiempo gris del coronavirus que obligó a aplazar la inauguración de la muestra. “Es un regreso a la normalidad, que esperemos no se trueque”, precisó Ninet.

Vista de la exposición ’50 aniversari. València, seda i foc’, de Francis Montesinos en el MuVIM.

“El nuevo mundo comienza con esta exposición de Francis Montesinos”, ironizó Amador Griñó, jefe de Exposiciones del museo valenciano, espacio que abre así sus puertas a la moda con este recorrido por la insigne trayectoria del diseñador. Una moda que, a juicio de Griñó, guardaba todo su poder “en su caducidad”, porque simplemente con su valor de uso “no podría funcionar”. Montesinos, a rebufo de la máxima de Ralph Lauren (“yo no diseño ropa, diseño sueños”), supo sacarle partido al deseo que anidaba en él, para que mucha gente lo compartiera, hasta el punto, como dijo Plaza, que hay personas que han guardado su ropa “como un fetiche de sus propias vidas”.

El poeta Paco Brines se refiere a la obra del diseñador con estas palabras reproducidas en la nota de prensa: “El festín de los colores, las tentaciones del tacto, el deslumbramiento de la belleza. Una mirada niña, entre pagana y religiosa, se ha transmutado ahora en realización sorprendente y exaltada de la belleza del cuerpo humano”. De nuevo el colorido, a modo de gran “castillo” de fuegos artificiales, el tacto, que invita a restregar entre los dedos las telas de sus vestidos, y la belleza desencadenante, que Christian Dior ligaba al entusiasmo (“no existe belleza sin entusiasmo”), caracterizan la desbordante producción de Montesinos.

Dos piezas de la exposición ’50 aniversari. València, seda i foc’, de Francis Montesinos en el MuVIM.

Brines insiste en ese entusiasmo desde otra óptica más lírica: “Hagamos más hermosos al hombre y a la mujer, detengamos la vida en el filo emocionante de la trastornada juventud”, precisamente la que Montesinos descubrió en Ibiza. “Y advertimos”, concluye Brines, “que, gracias a Francis Montesinos, hemos aprendido a amar más y mejor la vida, porque nos la ha sabido entregar con aquello que la hace más valiosa: su mágica intensidad”. Fotografías, objetos relacionados con el trabajo de la moda, revistas, telas y vestidos muestran esa entrega del apasionado modisto en busca de una belleza que, en su caso, transita por el acto libertario de los primeros hippys y su secuela posterior más castiza que caracterizó a la movida.

Movida en la que se detuvo Montesinos para precisar que, si exceptuamos al manchego Pedro Almodóvar, todos los que la protagonizaron en Madrid fueron en su mayoría valencianos. “Fuimos la bandera de la Modernidad; decir que eras de Valencia te abría las puertas”, explicó quien resumió su actividad con esta frase: “Hablar de moda es hablar de libertad”. De ahí que Ibiza saliera en diversas ocasiones a relucir: “Ibiza ha sido el motor más importante de mi creatividad”.

Vista de la exposición ’50 aniversari. València, seda i foc’, de Francis Montesinos, en el MuVIM.

’50 aniversari: València, seda i foc’ reúne cientos de piezas, de las 800 que fueron almacenadas en Llíria para irla construyendo en la mente antes de su traslado al MuVIM, que a modo de “travelling” perfilan la trayectoria vital y profesional del diseñador. “No es barroca, sino acumulación de la memoria”, subrayó Griñó, para agregar a continuación: “Cada pieza es un trozo de Montesinos”. Trozos de un puzzle cuyo paisaje estaría integrado por su Valencia natal, la Barcelona industrial que después vivió, el Londres hippy, el Madrid de la Movida e incluso el París igualmente transgresor habitado por artistas que, como él, respiraban una libertad que no les cabía en el pecho.

Francis Montesinos aludió al salto que pensaba dar con esta muestra: “Del tour de las colecciones que empiece ahora un tour por los museos”. El punto de partida lo ha establecido el MuVIM: “Este es un trampolín de lujo para el tour de los futuros museos”, destacó Plaza, entre los que están el del Museo del Traje de Madrid o el de la Indumentaria de Barcelona, sin descartar otros con los que ya están en conversaciones. La complejidad de esta primera muestra “específica sobre moda que acoge un museo de estas características en los últimos años”, resaltó Griñó, da pie a esa apuesta por su itinerancia, a falta de la precisión relacionada con los supuestos derechos derivados de esta exposición de salida.

Dos piezas de la exposición ’50 aniversari. València, seda i foc’, de Francis Montesinos, en el MuVIM.

“La obra de Montesinos es un arte que nace y muere entre seda y fuego, tal y como lo hace su tierra, València”, explica el comisario de un artista cuyo discurso aparece enlazado por “la transgresión, la ironía y el folclore”, subrayando “la alegría, la libertad y el Mediterráneo” como constitutivos de su pasión. Pasión que tiene ecos de lo manifestado por el también diseñador Alexander McQueen, quien liga la moda a una forma de escapismo, más que a cierta privación de libertad. Nada de tiranía de la moda, como dejó dicho Ninet, sino de alegre manera de entender la vida a través de las prendas que nos alejan de la desnudez, sin por ello ocultar la naturaleza que, en el caso de Montesinos, emerge exultante mediante sus coloristas estampados.

Francis Montesinos, en su exposición. Fotografía de Raquel Abulaila por cortesía del MuVIM.

Salva Torres

“Los artistas vivimos siempre confinados”

‘La alegría de pintar’, de Olga Sinclair
Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Del 23 de julio al 27 de diciembre de 2020
Viernes 24 de julio de 2020

“Soy hija de un gran maestro”. Olga Sinclair se refiere, claro está, a su padre Alfredo Sinclair, de quien mamó su pasión por la pintura en el caribeño Panamá. Se dice que fue el primer panameño en explorar el expresionismo abstracto, algo que transmitió a su hija, no sin antes recordarle que para llegar a la abstracción primero tenía que hartarse de pintar bodegones. “El artista que no domina el bodegón, no domina la gran pintura”, dice Olga Sinclair que le insistía su padre. Y ella, que ya tenía en vena la sangre pictórica de su progenitor, no ha parado desde entonces de seguir otra de las máximas de su padre: la transformación constante de su pintura. “La vida me pide cambios, nunca reposo”, subraya.

Retrato de Olga Sinclair, junto a una de sus obras, en su exposición ‘La alegría de pintar’ en el MuVIM.

El MuVIM le dedica una exposición en la Sala Parpalló bajo el elocuente título de ‘La alegría de pintar, con obras en su mayoría de gran formato, realizadas en tres meses fruto de su confinamiento en Madrid. “Mi vida ha sido pintar, incluso con alegría dentro del confinamiento”, señala quien, además de mostrar esa alegría trufada de densos claroscuros, asume el legado de su padre en un apartado que contiene algunas de sus obras, al tiempo que exhibe una serie de “piezas domésticas”, a las que aludió Amador Griñó, Jefe de Exposiciones del MuVIM. “Las hice con restos de té de manzanilla, betadine o lavavajillas sobre papel fabriano”, apunta la artista, con respecto a esa serie de obras pequeñas que contrastan con el resto de la producción presentada.

Su pasión por la pintura queda ahí delatada, en los más diminutos detalles, luego ampliada en sus trabajos más contundentes, todos ellos caracterizados por esa alegría colorista, la gestualidad del trazo y una rotunda expresividad. Tan rotunda que, por seguir el halo de otro ilustre caribeño como Bob Marley, diríase que uno se da cuenta de la fuerza de su pintura, porque parece la única opción. Olga Sinclair, continuando los pasos de su padre y tras recalar en Madrid a los 18 años y empaparse de los grandes pintores que descubrió en el Museo del Prado, atesora esa fuerza que traslada a su pintura, porque parece que no le queda otra.

‘Arlequín con mascarilla’, de Olga Sinclair. Imagen cortesía del MuVIM.

Y al igual que Marley dijo que cuando la música llega ya no sientes el dolor, con la obra de Olga Sinclair pasa otro tanto: marcada por la luminosidad caribeña que baña de alegría su producción, el dolor también forma parte subterránea de su obra, que late bajo capas de pintura colorista, siendo el pálpito de ese ritmo apasionado el que contiene la desazón transformándola en un carnaval de rojos, naranjas, lilas, azules y sobre todo amarillos. “Soy puro Caribe, necesito luz”, resalta la artista, quien ante el tríptico ‘Umbras’ dice que empezó “confundida” y luego se fue “aliviando” hasta dar con ese amarillo a modo de luz al final del túnel.

Su confinamiento en Madrid, sin duda productivo, porque de ahí ha salido la obra que ahora expone en el MuVIM, “ha sido como un renacer”, destacando esa espiritualidad profana que atraviesa su trabajo, y que le lleva a señalar: “Me gusta saber que no estamos solos en el universo”. Soledad que también le da pie a manifestaciones como las incluidas en la muestra: “Los momentos de soledad son seductores y temibles convirtiendo el escenario en una parodia sin sentido ni memoria”. Olga Sinclair pinta, conmovida por esos estados de ánimo contradictorios, para aplacar el dolor que subterráneamente recorre igualmente su pintura, con el fin de alcanzar la catarsis que transforma las sombras en una luz resplandeciente.

Obras de Olga Sinclair en ‘La alegría de pintar’ en el MuVIM.

“Pinto porque los espíritus me susurran locamente dentro de mi cabeza, decía El Greco, y creo yo que no son espíritus los que susurran, son las neuronas cansadas de tanto mirar, sin intervenir en el aburrido escenario de lo contemplado, condenado a existir invariablemente, sin un toque placentero de explorar lo intocable, de manejar lo invariable”, apunta en otra cita recogida en la exposición. Su admiración por Francis Bacon, cuya carnalidad abrupta y desgarrada diríase en las antípodas de su pintura festiva, tiene su razón de ser si atendemos a la ejecución plástica que los emparenta: “La energía y la fuerza de Bacon ha dejado huella en mi obra”, reconoce.

Al haber vivido en seis países, Olga Sinclair piensa que cada cultura ha dejado igualmente huella en su trabajo: “Mi pintura es caribeña, con mucho color, pero con una densidad latente europea”. Por eso ‘El prisma de Orión’ (“punto de fuga de la exposición”, precisa Griñó), la única obra pintada con anterioridad al confinamiento, atesora el intenso amarillo del Caribe, salpicado de grises y negros que parecen restos tormentosos en pugna con la luminosidad de un Panamá igualmente contradictorio: tan bello como convulso.

Obras de Alfredo Sinclair, en un apartado de la exposición ‘La alegría de pintar’, de Olga Sinclair en el MuVIM.

Alfredo Sinclair (1914-2014) nació cuando se puso en pie el Canal de Panamá y, justo cuando se celebraba el centenario de ambos, del pintor y del Canal, el artista falleció. Su hija tuvo el honor, por encomienda de la Autoridad del Canal, de conmemorarlo pintando una obra colectiva por obra de la Fundación que lleva su nombre, en la que más de 5.000 niños batieron el récord de realizar una pieza con el mayor número de artistas posible. De nuevo la pasión por la pintura y el arte como motor de cambio, trazando el perfil de una Olga Sinclair que ya piensa en nuevos retos. “Me voy a tender hacia la verticalidad”, dice, señalando el ‘Priapo herido’ que sobresale del conjunto, precisamente por ser la única obra en formato vertical de toda la exposición. “El ser humano tiene que vivir todas las situaciones posibles”, resalta. ‘La alegría de pintar’ es una de ellas, y estará en el MuVIM hasta el 27 de diciembre.

Olga Sinclair en su exposición ‘La alegría de pintar’. Imagen cortesía del MuVIM.

Salva Torres

«La muerte la tengo asumida, la he visto mucho»

Moreatón, de José Morea
Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. València
Hasta el 24 de noviembre de 2019

“Soy cáncer, pues hala, jódete”. José Morea (Chiva, 1951) no puede contener, como sucede en su obra, el desgarro interior que constituye su manera de ser y su forma de pintar. Lo dijo a propósito de un cáncer del que ha sido operado y que, por fortuna, parece controlado, llevándolo al terreno del horóscopo y al del humor negro. “La muerte la tengo asumida, la he visto mucho”, apuntó, recordando la enfermedad y los pocos meses de vida que le daban. Ahora, recién recuperado del “bichito”, como él lo llama, Morea hace acopio de sus 40 años de trabajo en el cubo del MuVIM, allí donde el museo, como recordó la diputada Glòria Tello, “nunca cierra”.

Bajo el título de Moreatón (“suena a maratón”; “no, qué va, se refiere a Tutankamón”, corrigió el artista), José Morea se adentra en la muerte, para dejar testimonio plástico de su visión en una muestra que él calificó de “lúdica y colorista”. Un “cóctel de obras” que repasa de un modo cronológico y como si fuera una “especie de dibujo animado”, lo que ha sido su trayectoria artística, tomando como referencia esa muerte que él desdramatiza. 

Vista interior del cubo donde se expone ‘Moreatón’, de José Morea. Imagen cortesía del MuVIM.

Y es que Morea no entiende la existencia bajo el gran ojo de Dios que aparece en una de las caras del cubo del MuVIM, sino constituida por la misma energía que destila su obra y su manera de entender la vida. Energía diríase volcánica, cuya lava apenas se mantiene apaciguada durante los breves instantes en que le toca explicarla públicamente. Lejos de los focos mediáticos, Morea la emprende a sablazos para depositar en su obra, como si fuera un tigre de Bengala, el fuego interior que anima, y de qué manera, su dilatada producción.

De la muerte, como apunta Vicente Jarque en el escrito que acompaña a la exposición, se ha ocupado el artista de diversas maneras en su trabajo, “a veces en imágenes torvas, o de connotaciones peligrosas o directamente autodestructivas, o en otras en las que manifestaba su asombro antes los mártires, pero siempre sin hacer de ella un drama”. No solo apartándose del drama, sino ocupándose de esa muerte a carcajadas, que resuenan en la explosión cromática que viene a sacudir el conjunto de su obra.

De hecho, el “ojo mesiánico de Dios”, al que aludió el propio artista, lejos de poner su mirada en un supuesto valle de lágrimas, se abre a la visión del espectador, para que sea éste quien pueda acceder al interior del cubo donde están las momias vinculadas a Tutankamón. De ahí la ironía del título expositivo, que si bien alude al Egipto faraónico embalsamador de muertes, tampoco reniega de ese maratón de imágenes que da cuenta de la intensa vida del artista. “La idea de Dios está ahí, pero mostrada con ironía”, señaló Morea, apuntando al “agujero de voyeur” que permite ver lo que el vinilo impide.

Dos obras de la exposición ‘Moreatón’, de José Morea, en el MuVIM. Foto: Makma.

Moreatón tiene su arranque en el escaparate del MuVIM, donde una serie de piezas remiten al posterior desarrollo de la exposición en el cubo exterior. Un cubo forrado con imágenes sobre vinilo que, a modo de gran carrusel o tiovivo, rememoran los diferentes estados de ánimo del artista, plasmados en obras que fueron creadas en lugares tan distantes como Pedralba, Valencia, Madrid, roma, Taormina o Salvador de Bahía, por citar algunos. Como dijo en alguna otra ocasión, “mi vida ha sido de pegar saltos”.

Impulsado por esa energía interior volcánica, Morea ha ido desmitificando no sólo el carácter tenebroso de la muerte, sino el sexo y la religión, por distintas razones. Su cosmogonía, sin duda reflejada en el aluvión de imágenes recogidas en el cubo y que conviene examinar con detenimiento, está más apegada a la tierra que al cielo: “El único título que tengo es el de perito agrícola”, apuntó con ironía. Una tierra llena de sepulturas que remiten a las reliquias de los santos Ambrosio, Gervasio y Protasio de la cripta de la basílica romana de Milán, aludidos por el artista.

“Las momias, en realidad de rostros intercambiables, no transmiten dolor, sino que incitan a la meditación”, señala Jarque. Meditación sobre la vida a través de la muerte que a Morea le ha rondado meses pasados. La “deuda histórica” que, según Amador Griñó, jefe de Programación del MuVIM, tenía el museo con el artista de Chiva queda saldada, mediante una exposición abierta las 24 horas del día y hasta el 24 de noviembre. Exposición en la que el visitante podrá contemplar el pulso de Morea entre eros y tánatos: “Una confrontación de la muerte junto al repaso y celebración de una vida”, precisa Jarque.

José Morea, ante el cubo del MuVIM donde se expone ‘Moreatón’. Foto: Makma.

Salva Torres

Los delantales reivindicativos de Planells

Davantals Vivencials
MuVIM
C/ Quevedo, 10. Valencia
Hasta noviembre de 2019

El MuVIM acoge la obra ‘Davantals Vivencials’, una reflexión sobre la mujer trabajadora de la artista María José Planells, que ocupa el vitral del hall del Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat. Este vitral refuerza la apuesta del museo para hacer visible el trabajo de mujeres creadoras y feministas, como parte del compromiso del programa ‘Friendly Museum’, impulsado por el área de Cultura.

Maria Josep Amigó, vicepresidenta de la Diputación de Valencia, destacó que el vitral tenía, desde el año 2016, «caras de mujeres, de artistas, de creadoras, en definitiva, de trabajadoras”, siendo “un homenaje a las mujeres trabajadoras en general, pero también a aquellas mujeres que trabajan en una cosa tan nuestra como es un almacén de naranjas”.

Obra de María José Planells en el vitral del MuVIM. Imagen cortesía del museo valenciano.

Obra de María José Planells en el vitral del MuVIM. Foto de Abulaila por cortesía del museo valenciano.

Por su parte, el director del MuVIM, Rafael Company, puso de manifiesto el compromiso del vitral del museo, ya que “cada seis meses, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en marzo, y con el Día Internacional de la Lucha Contra la Violencia de Género, en noviembre, cambia para dar visibilidad a las mujeres creadoras y para recordar a la sociedad valenciana las situaciones de desigualdad de género que, aún hoy en día, se siguen dando”. Company quiso recordar a “aquellas personas que no acaban de creer que el feminismo es una lucha social y justa, que sin la lucha feminista gran parte de ellas no tendrían derechos, porque los derechos de las mujeres son producto de esta lucha”.

El jefe de exposiciones del MuVIM, Amador Griñó, recordó que desde el museo “decidimos utilizar este vitral como enseñanza cotidiana no escrita para poner en valor el trabajo de las creadoras”. “La artista analiza con su obra la situación de la mujer trabajadora y, por eso, ha escogido un almacén de naranjas”, agregó. La fotografía de Planells, según palabras de Griñó, “es un canto al empoderamiento de la mujer en esta época de crisis, un recordatorio de la importancia de las mujeres en todos y cada uno de los momentos y ámbitos de nuestra vida”.

María José Planells pretende, con el proyecto ‘Davantals Vivencials’, rescatar una parte de la realidad de las mujeres y mostrarla, evitando que pase desapercibida. Para la artista, el delantal identifica la posición subordinada de la mujer y su tarea, siempre diferenciada de la que hace el hombre. Estos delantales son testimonios de las relaciones entre las mujeres y muestran el trabajo como un factor socializador.

Planells aseguró que la incorporación de la mujer al mundo laboral, aunque en diferentes condiciones de sus compañeros, “supuso un factor socializador que permitió que establecieran amistad entre ellas y compartieran problemas en común”.

Todos los trabajos que las mujeres han desarrollado, y el espacio donde lo han hecho, han servido para aplanar el camino que aún hoy es complicado para muchas de ellas. La ausencia de las mujeres que ya no están -esos delantales vacíos- y al mismo tiempo su propia presencia -porque aún están los delantales esperando a las mujeres que se los ponen cada día- nos sirven para reivindicar el trabajo de las que no están y de las que siguen estando, para continuar la lucha que es necesaria para visibilizar, día tras día, el papel cada vez más relevante de las mujeres en nuestra sociedad.

'Davantals vicencials', de María José Planells, en el MuVIM. Foto de Abulaila por cortesía del museo valenciano.

‘Davantals vicencials’, de María José Planells, en el MuVIM. Foto de Abulaila por cortesía del museo valenciano.

El vitral del MuVIM acoge a tres mujeres valientes

Dones valentes, de Maribel Domènech
Vitral del MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta noviembre de 2018

«Con la traducción al castellano se suele perder ese matiz», aseguró el director del MuVIM, Rafael Company, «pero decir en El Cabanyal que una mujer es ‘valenta’ implica una connotación admirativa. Un modelo a seguir». La obra de Maribel Domènech -artista, doctora en Bellas Artes y catedrática de Escultura de la Universitat Politècnica de València- que ocupará el vitral del museo hasta el mes de noviembre, lleva por título precisamente ‘Dones valentes’. En ella aparecen tres mujeres, las hermanas Martí, protagonizando una cacerolada a la puerta de su casa de El Cabanyal. Una casa sobre la que pendía la amenaza de la desaparición por el plan del anterior equipo de gobierno municipal que pretendía la prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez hasta el mar.

«Cuando se habla de movimientos sociales», apuntó Maribel Domènech, «de salir a la calle para protestar o reivindicar algo, se suele pensar que se trata de acciones protagonizadas por gente joven y mayoritariamente masculina. Pero la realidad es que el grueso de esas reivindicaciones lo conforman mujeres y, en un número significativo, mujeres mayores. En mi obra yo he querido rendir homenaje a esas mujeres mayores que no han perdido el espíritu de lucha y rebeldía».

Obra de Maribel Domènech. Imagen cortesía del MuVIM.

Obra de Maribel Domènech. Imagen cortesía del MuVIM.

Y, como ejemplo paradigmático, la artista mencionó las actuales movilizaciones contra la pérdida de valor adquisitivo de las pensiones. «Vivimos en una sociedad que ensalza la juventud permanente. Parece que con la edad las personas pierden valor, en el doble sentido de la palabra: que dejan de valer y que pierden el coraje. Cuando es exactamente todo lo contrario: como estamos viendo estos días, nuestros mayores son cualquier cosa menos personas pusilánimes. Han demostrado un ímpetu y arrojo admirables. Y que mantiene intacta la capacidad de indignarse contra las injusticias sociales, como la pérdida de valor adquisitivo de las pensiones que se han ganado con mucho esfuerzo a lo largo de su vida», subrayó la artista.

La obra de Maribel Domènech está protagonizada por esas tres mujeres mayores vestidas de negro, de pelo blanco y rostros sonrientes, tocando la cacerola a la puerta de su casa contra la amenaza de derribo de su casa, construida por sus padres en 1908. En las manos llevan objetos cotidianos -mazas, cacerolas, martillos-que en aquellos días «se convirtieron en instrumentos de resistencia», apostilló Domènech. Por eso mismo aparecen destacados en rojo en el vitral. Para la artista, las hermanas Martí representan a todos y todas las vecinas: su actitud, su fuerza y dignidad visibilizan el poder de la resistencia y del movimiento vecinal. Una resistencia que no fue baldía: «La casa se mantiene en pie y allí sigue viviendo la única de las hermanas que sigue viva, Pepa».

Porque no se trataba tan sólo de un edificio, era mucho más: era un lugar de la memoria que atesoraba los recuerdos de varias generaciones de una misma familia. Precisamente, el trabajo artístico de Domènech ha buscado siempre reflexionar sobre «lo íntimo y social de la vida cotidiana». No en balde la artista hace suyo el adagio de la feminista Carol Hanisch, quien en un ensayo publicado en 1970 aseguró que «lo personal es político». Para Maribel Domènech «nuestra acción política como mujeres se configura en las decisiones que tomamos, dentro de la rutina, todos los días. La acción de las hermanas Martí, saliendo a la puerta de su casa para defenderla, era un ejemplo inmejorable de eso».

La muestra del Vitral del MuVIM, comisariada por Elena Plaza, se complementa con ‘Reina 135’ -en alusión a la calle de El Cabanyal y el número de la vivienda- un vídeo de 2001 de Pedro Ortuño en el que aparecen dos de las hermanas Martí -Lola y Antonia- relatando ante las cámaras las vivencias transcurridas en la casa que el plan urbanístico pretendía derribar. Un documental «de gran valor etnográfico», resaltó la artista. Otro vídeo, titulado ‘Acción continua’, repasa a su vez la trayectoria artística de Maribel Domènech.

Homenaje a la galerista Rosalía Sender

Dentro de las actividades de su ‘Setmana de la Dona’, el MuVIM también rindió un homenaje a la galerista Rosalía Sender, mujer trabajadora y políticamente comprometida que ha dirigido durante décadas una galería de arte contemporáneo con su nombre en la ciudad de Valencia. La galerista ha donado al museo un total de 161 obras de su colección particular, en la que se incluyen serigrafías, litografías y obras de artistas valencianos como Genovés, Renau, Equipo Crónica, Carmen Calvo o Rosa Torres, además de obras de Saura y Tàpies, entre otros.

La mayoría de la donación está compuesta por obra gráfica -en muchos casos dedicada personalmente a Rosalía Sender- realizada en las décadas de 1970, 1980 y 1990 por artistas valencianos. Se trata, en palabras de Amador Griñó, jefe de exposiciones del museo, de un «legado sentimental que ofrece una panorámica inmejorable del arte que se produjo en este país sobre todo durante la Transición a la democracia».

La vida de Rosalía Sender es, según Griñó, «todo un ejemplo de compromiso cívico. Tuvo que vivir un penoso exilio después de la guerra civil y, a su vuelta, se implicó personalmente en la resistencia antifranquista, militando primero en la Juventud Socialista Unificada (JSU) y después, hasta 1986, en el PCE. Ambas facetas, la política y la artística, lejos de contradecirse se complementaban: en su galería expuso obras de artistas que habían sido compañeros de clandestinidad».

Obra de Maribel Domènech. Imagen cortesía del MuVIM.

Obra de Maribel Domènech. Imagen cortesía del MuVIM.

Aquellas cabezas rapadas

Jo sóc. Memòria de les rapades, de Art al Quadrat
Sala Alta del MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 1 de abril de 2018

“Yo recuerdo un día, estando en la cola del horno ‘Los amantes’ [Puerto de Sagunto], entró la Guardia Civil y cogió a varias mujeres para llevárselas; todo el mundo permaneció callado, sin protestar, y a continuación se las llevaron y las raparon”. El testimonio de Lola Alonso, recogido en el libro ‘Voces contra el olvido’ e incluido en la exposición ‘Jo sóc. Memòria de les rapades’, es uno de tantos que ha servido a Art al Quadrat para recrear en su exposición del MuVIM la serie de vilezas perpetradas contra numerosas mujeres durante el franquismo.

“El recuerdo de las mujeres a las que se rapaba la cabeza por “rojas” no lo ha podido olvidar”, se añade en el libro. Un recuerdo en el que sin duda sobresale el acto vil de sus ejecutores, pero del que conviene igualmente prestar atención a ese silencio de “todo el mundo” que asistía pasivo, “sin protestar”, ante semejante canallada. Quizás por eso, Rafael Company, director del Museo de la Ilustración y de la Modernidad, amplió el radio de acción de ese maltrato, a modo de advertencia: “No hay sociedad vacunada contra el desastre”.

Gema y Mónica del Rey, Art al Quadrat. Imagen cortesia del MuVIM

Gema y Mónica del Rey, Art al Quadrat. Imagen cortesia del MuVIM

Gema y Mónica del Rey, integrantes de Art al Quadrat, han querido por eso mismo trascender los límites espacio temporales de tan sistemática vileza, con el fin de hacer “memoria del presente”. Una memoria que ellas mismas caracterizaron así: “No es una recreación, sino la reescritura de esa memoria”. El proyecto que presentan en el MuVIM, que reúne fotografías, testimonios escritos y sonoros, e incluso la trenza cortada a una de aquellas rapadas, Marina Torres Esquer, viene precedido de una profunda investigación que culminó en noviembre con una acción performance en Sagunto.

En aquella acción, las hermanas Gema y Mónica del Rey se raparon mutuamente el cabello e hicieron el mismo paseíllo al que obligaban a esas mujeres “rojas”, con el fin de recrear la humillación sufrida. “Eran castigos aleatorios que ocurrían sin sanción jurídica alguna; eran cotidianos”, explicaron las artistas, que rememoran tan singular calvario mediante fotografías tomadas durante su acción en Sagunto. “Las víctimas quedaban marcadas indefinidamente, aunque no tuvieran secuelas físicas, pero sí quedaron grabadas en el imaginario colectivo de toda la población, probablemente para siempre”, recuerda Enrique González Duro en ‘Las rapadas. El franquismo contra la mujer’, también recogido en la exposición.

Art al Quadrat en una imagen de su acción en Sagunto. Imagen cortesía del MuVIM.

Art al Quadrat en una imagen de su acción en Sagunto. Imagen cortesía del MuVIM.

Un imaginario colectivo que Art al Quadrat está poco a poco reconstruyendo gracias a los testimonios de algunas de aquellas mujeres. “Existen en el álbum familiar, pero al ser tan íntimo se guardan. No ha llegado el momento de sacar todo eso con orgullo”, subrayan. Gema y Mónica del Rey están ello: “Vamos a ir ampliando la investigación”. Su intención es evocar lo que subyace en el título de la exposición ‘Jo sóc. Memória de les rapades’, que permanecerá en el MuVIM hasta el 1 de abril: “Aquello que sucedió de forma cotidiana, darle visibilidad hoy”. Actualizarla y que el espectador llegue a encarnar, sentir como propias, aquellas vejaciones.

Susana Blas, comisaria de la muestra, señaló que el rapado no era más que “la punta del iceberg”, bajo el cual se esconden acciones más viles aún, como pueden ser el rapado del pubis e incluso las violaciones. Art al Quadrat pretende sacar a la luz ese oscuro pasado: “Cuanto más se habla del problema menos miedo se tiene”. Company, consciente de los límites de toda exposición, pero también de sus virtudes, agregó: “No se puede reparar el mal, pero es una exposición sanadora”. Amador Griñó, jefe de exposiciones del MuVIM, abundó en ese aspecto sanador del arte, en el sentido de servir de vehículo para “restituir el honor perdido”.

Montaje fotográfico de la exposición de Art al Quadrat en el MuVIM.

Montaje fotográfico de la exposición de Art al Quadrat en el MuVIM.

‘Jo sóc. Memòria de les rapades’ tiene esa doble vertiente de investigación acerca de sucesos ocurridos en el pasado, al tiempo que arroja luz al presente. De hecho, hay una sección compuesta por nueve fotografías, en la que se recrea mediante instantáneas tomadas en la actualidad, los diversas causas por las que eran sometidas al rapado: asistir a ciertos mítines, repartir determinadas hojas, tomar el sol con vestidos de escote o simplemente atreverse a pensar o leer de forma diferente a la estipulada.

“Cuando alguna se había significado por su firmeza de juicio, por su combatividad político-social o por lo llamativo de sus actitudes, era vista como algo fuera de lo común por la gente bien pensante, debiendo ser públicamente corregida para que se arrepintiera”, recoge González Duro. Company apeló a los “esfuerzos útiles” de exposiciones como la de Art al Quadrat, “porque ayudan a pensar en lo que ocurrió”. Incluso fue más lejos: “Intentamos modificar pautas en un sentido humanístico”.

Art al Quadrat en el MuVIM.

Imagen de la exposición de Art al Quadrat. Imagen cortesía del MuVIM.

Salva Torres

El MuVIM, tras la tempestad, sigue trabajando

Reunión de trabajo en el MuVIM
Miércoles 13 de diciembre de 2017

Tras la tempestad viene la calma. O eso parece. Después de que saltara la noticia de que el MuVIM pudiera ser subsede del IVAM, hecho éste que fue categóricamente desmentido tanto por el director del museo de la ilustración, Rafael Company, como por el propio diputado de Cultura, Xavier Rius, ambos responsables continúan dando muestras de normalidad con respecto al funcionamiento del MuVIM.

Como ejemplo, la reunión de trabajo mantenida por Xavier Rius con el equipo directivo del Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat, al que asistieron el propio director del museo, Rafael Company; Carmen Ninet, como subdirectora, y Amador Griñó, jefe de exposiciones.

La reunión ha servido para conocer y perfilar aspectos relativos al programa de exposiciones temporales, así como a las actividades didácticas derivadas. También se abordaron cuestiones relativas a la colaboración con otras personas e instituciones que van a mantener vínculos con el MuVIM durante los próximos meses, bien con la cesión de piezas, bien con la colaboración o participación en varios estudios.

El MuVIM continuará en 2018 manteniendo el mismo presupuesto y algunas mejoras en su personal gestor. Según Company, el museo se continúa vindicando como «un museo activo de las ideas», a la vez que ha incidido en que «estamos ultimando una programación que haremos pública en el mes de enero»

Con esta reunión de trabajo se abordan vectores de proyección para los próximos meses y que quedan orientados a ámbitos como son: la recuperación de la memoria de los valencianos, con estudios y presentaciones de objetos de la iconografía valenciana de los últimos siglos; la colaboración con otras entidades, con la continuación de proyectos como el de fotoperiodismo Fragments, avalado por la Unió de Periodistes; o la presencia de artistas contemporáneos en activo que abordan planteamientos que profundizan en el pensamiento y en la crítica de la sociedad actual.

Según Xavier Rius, «el MuVIM es un escaparate ideal para continuar haciendo una tarea activa en favor de una ciudadanía, a la que debemos facilitar contenidos de calidad, necesariamente más allá del puro entretenimiento». En ese sentido, el MuVIM «resulta, a estas alturas, un escaparate excelente para promover y difundir el conocimiento y educar, tanto en el disfrute estético como en aspectos críticos para con nuestra sociedad».

MuVIM

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El erotismo ‘gandul’ e imprescindible de Messa

Messa. Palpitacions i Art Gandul
MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 5 de febrero de 2017

“¿Por qué no pintar sin pintar?”, se preguntó Francesc Sempere Fernández de Mesa (Albaida 1915-1996), dedicándose a ello durante toda su vida bajo el seudónimo de Messa. “Incorporó la doble ‘ese’ a su firma, escritas al revés, por influencia picassiana”, señaló Artur Heras, comisario de la exposición que le dedica el MuVIM a “un imprescindible del arte valenciano”, subrayó Rafael Company, director del museo. “Artur Heras, otro imprescindible, pone en valor una de las figuras clave del arte contemporáneo valenciano”, afirmó el diputado de Cultura, Xavier Rius.

Instalación de la exposición 'Messa. Palpitacions i Art Gandul' en el MuVIM.

Instalación de la exposición ‘Messa. Palpitacions i Art Gandul’ en el MuVIM.

¿De dónde proviene su carácter de imprescindible? Entre unos y otros fueron localizando ese carácter en su “honestidad”, su “provocación fascinante”, su “humor valenciano en estado puro” y su “retaguardismo”, aludido por Heras, como señal de la forma “singular” que tuvo de experimentar en el marco de las vanguardias. El comisario de la exposición, que recordó la que en 1984 se le hiciera en la Sala Parpalló que por entonces él dirigía, recoge en el catálogo de la muestra: “[Me] pregunto si fue tomado en serio por una sociedad indiferente que ignora, y con frecuencia desprecia, a aquellos de sus miembros que rompen los clichés de la norma dominante”.

Con la exposición ‘Messa. Palpitacions i art Gandul’ se pretende redescubrir la figura de un artista “solitario, incomprendido y desconocido”, según apuntó Amador Griñó, jefe de Programación del MuVIM. Palpitaciones porque, como explicó Heras, “es un término que utilizó [Joan] Fuster para hablar del trabajo de Messa en su casa taller de Albaida, donde transmitía ese pálpito del entusiasmo del joven que se pone a experimentar”. Y arte gandul, porque “es un arte vago literalmente, al aprovecharse de cosas ya hechas por otros”, anticipo de lo que después se ha denominado “apropiacionismo”, apostilló Heras.

Obra de Messa en el MuVIM.

‘De quina dona seran aquestes bragues…’, obra de Messa en el MuVIM.

Las más de 70 obras, algunas inéditas, reunidas en la exposición, reflejan ese carácter singular mediante dibujos, la recreación ambiental de su estudio, repleto de objetos inquietantemente empapelados, su serie de ‘apegasants’ y ‘art gandul’, y sus pinturas blancas. Pinturas que Heras describe así: “Probablemente es el reducto donde Messa proyectó con mayor intensidad una carga erótica idealizada e impregnada de pureza bajo esa piel blanca, fusión entre la casa y el cuerpo humano”.

El ‘Homenatge a Zabaleta’, obra de 1974, resume ese hedonismo provocador de Messa, explicado por su hijo Félix Sempere durante el recorrido expositivo. “La pieza fue prohibida por el entonces gobernador civil Oltra Moltó y en ella se ven los cuatro elementos que componen la siguiente frase: ‘A las tres de la madrugada [por el reloj de la izquierda], cuando la luna está en la cumbre [por el astro lunar de la parte superior], hay más mujeres follando [mujer tumbada con miembro fálico entre las piernas dominando el centro del cuadro] que pucheros en la lumbre [objetos en la parte inferior]”.

'Harem', de Messa, en su exposición en el MuVIM.

‘Harem’, de Messa, en su exposición en el MuVIM.

“El erotismo enroscado de los cuerpos mantiene su regularidad a lo largo de los años”, subraya Heras. Ejemplo de lo cual es la pieza más grande de la exposición titulada ‘Harem’ (1980). “La línea se desplaza libre y fácil sobre el papel en la que, probablemente, sea la acción más hedonista, continuada e invariable en la obra de Messa”, agrega el comisario. “Messa combina un grado de inocencia, de virginidad y de osadía y entusiasmo dentro de la vanguardia”, concluye Heras.

Obras de Messa en su exposición en el MuVIM.

Obras de Messa en su exposición en el MuVIM.

La “fugacidad y pobreza”, términos con los que definió el propio artista su arte gandul, adquieren, tras la vista conjunta de su obra, una permanencia y riqueza que, superado el centenario de su nacimiento, reverdece en la sala Alfons Roig del museo valenciano. “Prisionero y solitario entre gente que no me entiende. Mudo dentro de un bosque humano de árboles que se mueven y emiten sonidos que no entiendo”. Así anticipaba Messa su propio sentimiento a rebufo de una obra desconcertante, que ahora se vuelve “imprescindible” en el MuVIM.

Obra de Messa en su exposición en el MuVIM.

Obra de Messa en su exposición en el MuVIM.

Salva Torres

La tauromaquia sí es un hecho cultural

‘Bous a la paret’ y ‘Pinazo. Del ocaso de los grandes maestros a la juventud artística. Valencia 1912-1927’
MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia

Una selección de carteles sobre el hecho taurino pone al MuVIM en el ojo del huracán. Lo saben tanto su director Rafael Company, como el jefe de Programación, Amador Griñó, y el comisario de la exposición Bous a la paret, Ricard Triviño. Por eso precisaron en todo momento dos cosas: que los carteles proceden del singular Archivo de la Diputación, que custodia cerca de 3.000 de esa temática, y que como “museo de las ideas” ofrece la posibilidad de un “diálogo desde el respeto” en torno a un tema tan “controvertido” como el de la tauromaquia.

Obra de Miquel Barceló en 'Bous a la paret'. MuVIM.

Obra de Miquel Barceló en ‘Bous a la paret’. MuVIM.

La Sala Parpalló acoge medio centenar de esos carteles, desde los clásicos de gran tamaño que anuncian ciertas corridas, a las obras contemporáneas de artistas como Eduardo Arroyo, Miguel Barceló, Manolo Valdés, Ramón Gaya y Miquel Navarro, pasando por el contrapunto crítico de diseñadores como Ajubel, Paco Bascuñán, Ortifus, Belén Payá y Marc Taeger. Todo ello expuesto a modo de tarde taurina, con su coso incluido a modo de instalación, por la que desfilan toros, toreros y artistas encargados de ensalzar mayoritariamente la fiesta, junto al reducido grupo de detractores.

Ricard Triviño resaltó la importancia de la tauromaquia como hecho cultural en tanto “universo de crónica permanente, como se ve ahora con los Sanfermines o la muerte del torero Víctor Barrrio”. Muerte dolida y objeto también de alarde en las redes sociales, con tuits que se alegran de su mortal cogida: “Un asesino menos”, se llega a decir. Triviño, huyendo de la polémica y ciñéndose a su papel de “observador permanente del hecho taurino”, quiso subrayar la importancia de los artistas presentes en la exposición Toros en la pared.

Obra de Ortifus en 'Bous a la paret'. MuVIM.

Obra de Ortifus en ‘Bous a la paret’. MuVIM.

Los carteles de corridas en la Plaza de Toros de Valencia son obra de artistas como Carlos Ruano, José Cros Estrems, Juan Reus, Cecilio Pla o Enrique Pertegás, al que Triviño aludió como autor también de la imagen de portada del catálogo de la exposición. Autores que reclamaban el cartel como reclamo, “aún a riesgo de que ese grito se quedara sin eco entre las montañas del imaginario taurino”, recoge el comisario. El MuVIM se hace eco de ese grito como “muestra de la vigencia estética de la tauromaquia a lo largo de la historia” (Company) y como revelador a su vez de la “historia viva que es” cifrada en su “controversia” (Griñó).

Como controvertido o al menos no del todo reconocido en su día es Ignacio Pinazo, cuyo ‘Año Pinazo’ abre precisamente el MuVIM con la muestra Del ocaso de los grandes maestros a la juventud artística. Valencia 1912-1927.  Su comisario Javier Pérez Rojas, precisó que si bien no fue un “incomprendido”, lo cierto es que no tuvo “la proyección que debía haber alcanzado”. “Si Pinazo hubiera vivido en otro país, hubiera creado escuela”, sentenció.

Pinazo, abundó Pérez Rojas, “es un artista que privilegia, intuye, avanza, lo que viene después”. Pintor naturalista más allá del impresionismo, como lo definió el comisario, al que sin embargo era “difícil de encasillar; muy poliédrico”. La exposición del MuVIM que sirve de arranque a la gran conmemoración por el centenario de su fallecimiento, tendrá continuidad en el IVAM, el Museo de Bellas Artes, el Ayuntamiento de Valencia y la Fundación Bancaja. Un amplio despliegue expositivo para evocar su actualidad, que en el MuVIM tiene carácter de “película que empezamos por el final”.

Pérez Rojas se refería a los años 1912-1927 reflejados en la exposición, previos a su muerte y los posteriores, a modo de contextualización “de lo que fue la vida valenciana en esos años”. Periodo “nebuloso”, en lo que se refiere a la historia del arte, y “más rico y sugerente de lo que se piensa”, destacó Pérez Rojas. Muchas obras de los autores expuestos se verán por primera vez (“casi la mitad”), de un arte “que no envejece y mantiene toda su vigencia”. Antes de finalizar la rueda de prensa, Ricard Triviño quiso dejar constancia que es, además de observador del hecho taurino, un defensor de sus esencias: “La tauromaquia sí es un hecho cultural”.

Obra de Marc Taeger. Imagen cortesía del autor.

Obra de Marc Taeger. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

El MuVIM se hace eco de la República

La modernidad republicana en Valencia. Innovaciones y pervivencias del arte figurativo (1928-1942)
Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 22 de mayo de 2016

“Ha vuelto el MuVIM como museo de las ideas”, subrayó Rafael Company, director del museo valenciano. Y, con él, un sueño hecho realidad: la puesta en valor de La modernidad republicana en Valencia, tal y como reza el título de la exposición que ayer vio la luz. “Soñábamos que en este museo ese periodo histórico [1928-1942] fuera tratado como se merece”. Company no quiso hablar de censura (“quizás sea cuestiones de gusto”), pero manifestó su sorpresa por el salto que se produce durante ese periodo a la hora de dar a conocer la producción artística valenciana. Recuperar esa memoria, en forma de carteles, pinturas y esculturas, ha sido labor del propio Company y de Amador Griñó, en tanto comisarios de la muestra.

Uno de los carteles de la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Uno de los carteles de la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

El diputado de Cultura, Xavier Rius, también habló de esa vuelta del MuVIM. “Es una exposición que marca un cambio de ciclo y de formas”. Atrás, al parecer, quedan los ciclos de Javier Varela, Joan Gregori y Paco Molina, como antecesores de ese otro MuVIM sin ideas o escorado en otra dirección. El nuevo MuVIM arranca con esa recuperación de un periodo olvidado. Y lo hace con más de 200 carteles, pinturas, esculturas y fotografías reveladores del potencial artístico de esa época. “Es un homenaje a todos los artistas con independencia del signo ideológico”, puntualizó Company.

Como recuerda Vicenç Altaió i Morral, en una de las inscripciones de la muestra, “la cultura pasa por encima de las vicisitudes de la fatalidad política”. Y la fatalidad, no exenta de proclamas enfervorizadas, ya sea a favor del pueblo contra la opresión fascista o de la patria amenazada por el fantasma (siguiendo a Marx) del comunismo, está muy presente en La modernidad republicana en Valencia, que lleva por subtítulo Innovaciones y pervivencias en el arte figurativo (1928-1942). Fatalidad o exaltación, en todo caso, “bien pluralista” (Company) y salpicada de artistas de enorme valía, como Josep Renau, Artur Ballester, Manuel Monleón, Carmen Gracia, Rafael Pérez Contel, Alfred Claros, Ricard Boix, Amadeo Roca, Teodoro Andreu o Balbino Giner.

Cartel de la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Cartel de la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

La exposición refleja con todo ese potencial artístico desde la primera dictadura de Miguel Primo de Rivera a la Dictablanda de Dámaso Berenguer, pasando por la República, en sus diferentes fases, hasta la Guerra Civil y posterior dictadura de Franco. Como señaló María José Gil, directora del Archivo de la Diputación de Valencia, los documentos expuestos son “como testigos de la historia”, que gracias al archivo foral “todavía por descubrir” revelan la realidad política y social de tan convulso periodo.

Hay carteles propagandísticos, taurinos, festivos, pinturas y esculturas que vienen a recoger todo el fragor de la época. Destacan sobremanera el de la mujer con bandera republicana proclamando la libertad, ‘La piedad’ de Alfred Claros, el cuadro ‘Bombardeos’ de Eleuterio Bauset, el retrato del Caudillo hecho por Josep Segrelles, ‘La bestia fascista’ de Boix, o el escudo de la España franquista con los retratos de Hitler, Mussolini, Salazar y Franco. También los numerosos carteles, de uno u otro signo, subrayando la exaltación del pueblo con lemas tan llamativos como: “La patria está en peligro. España contra la revolución y sus cómplices”.

La modernidad republicana en Valencia. MuVIM.

La modernidad republicana en Valencia. MuVIM.

“En el campo del arte figurativo convivían diferentes tendencias, desde aquellas que ya apostaban por la innovación, hasta las que mostraban la continuidad del sorollismo o el benlliurismo e, incluso, la pervivencia de tradiciones todavía más antiguas”, explican los comisarios. Un pluralismo estético y, sin duda, ideológico como revelación de un periodo olvidado que el nuevo MuVIM rescata, gracias a los fondos de la propia Diputación, de museos y de colecciones tanto públicas como privadas. Rafael Company, a punto de saltársele las lágrimas, ha visto cumplido el sueño de mostrar a los valencianos aquella modernidad republicana.

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Obra de Eleuterio Bauset, en la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Obra de Eleuterio Bauset, en la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

Imagen de la exposición en el MuVIM.

En primer término, escultura ‘La bestia fascista’, de Manolo Boix, en la exposición del MuVIM.

Salva Torres